Como se ha mostrado que quien daña a otro por su propia ventaja sufrirá terrible castigo en su propia conciencia, se infiere que nada es útil a uno que no lo sea del mismo modo a todos. Así, no hay lugar entre los cristianos para la cuestión propuesta por los filósofos sobre dos náufragos, pues deben mostrar amor y humildad a todos.
III, 4, § 24
III, 4, § 25
III, 4, § 26
III, 4, § 27
III, 4, § 28
El hombre recto no hace nada contrario al deber, aun cuando haya esperanza de mantenerlo oculto. Para mostrar esto, los filósofos inventaron la fábula del anillo de Giges. Refutándola, aduce ejemplos conocidos y verdaderos de la vida de David y de Juan el Bautista.
III, 5, § 29
III, 5, § 30
III, 5, § 31
III, 5, § 32
III, 5, § 33
III, 5, § 34
III, 5, § 35
III, 5, § 36
No debemos permitir que la idea de ganancia se apodere de nosotros. Qué excusas alegan los que obtienen ganancias vendiendo grano, y qué respuesta debe dárseles. En relación con esto se ponen ante nuestros ojos ciertas parábolas de los Evangelios y algunos dichos de Salomón.
III, 6, § 37
III, 6, § 38
III, 6, § 39
III, 6, § 40
III, 6, § 41
III, 6, § 42
III, 6, § 43
III, 6, § 44
Los extranjeros jamás deben ser expulsados de la ciudad en tiempo de hambre. En esta materia se aduce el noble consejo de un sabio cristiano, en contraste con el cual se presenta el acto vergonzoso cometido en Roma. Al comparar los dos, se muestra que el primero se combina con lo virtuoso y lo útil, pero el segundo con ninguno de los dos.
III, 7, § 45
III, 7, § 46
III, 7, § 47
III, 7, § 48
III, 7, § 49
Comentario editorial · Hambre en la ciudad y extranjeros expulsados
III, 7, § 50
III, 7, § 51
III, 7, § 52
Que aquellos que anteponen lo virtuoso a lo útil son aceptables a Dios se muestra con el ejemplo de Josué, Caleb y los demás espías.
III, 8, § 53
III, 8, § 54
III, 8, § 55
III, 8, § 56
Los modos de ganar dinero con engaño y deshonestidad son totalmente impropios de los clérigos, cuyo deber es servir a todos. Jamás deben verse envueltos en un asunto de dinero, a menos que afecte a la vida de un hombre. Para ellos se da el ejemplo de David, a fin de que no dañen a nadie, incluso cuando sean provocados; también la muerte de Nabot, para apartarlos de preferir la vida a la virtud.
III, 9, § 57
III, 9, § 58
III, 9, § 59
III, 9, § 60
III, 9, § 61
III, 9, § 62
III, 9, § 63
III, 9, § 64
III, 9, § 65
Se nos advierte, no sólo en la ley civil, sino también en las Sagradas Escrituras, que evitemos el fraude en todo acuerdo, como es claro por el ejemplo de Josué y los gabaonitas.
III, 10, § 66
III, 10, § 67
III, 10, § 68
III, 10, § 69
Habiendo aducido ejemplos de ciertos fraudes hallados en unos pocos pasajes de los retóricos, muestra que éstos y todos los demás son condenados más plena y claramente en la Escritura.
III, 11, § 70
III, 11, § 71
III, 11, § 72
III, 11, § 73
III, 11, § 74
III, 11, § 75
No hemos de hacer promesa alguna que sea mala, y si hemos hecho un juramento injusto, no debemos cumplirlo. Se muestra que Herodes pecó a este respecto. Se condena el voto hecho por Jefté, y también todos los demás que Dios no desea que se le paguen. Finalmente, la hija de Jefté es comparada con los dos pitagóricos y se la antepone a ellos.
III, 12, § 76
III, 12, § 77
III, 12, § 78
III, 12, § 79
III, 12, § 80
III, 12, § 81