Debemos conservar en nosotros la semejanza de las virtudes. Hay que desechar la semejanza del diablo y del vicio, y especialmente la de la avaricia; porque ésta nos priva de la libertad, y despoja de la imagen de Dios a los que viven en medio de vanidades.
I, 49, § 249
I, 49, § 250
I, 49, § 251
I, 49, § 252
I, 49, § 253
I, 49, § 254
Los levitas deben estar del todo libres de todos los deseos terrenos. Cuáles deben ser sus virtudes según el propio Apóstol, y cuán grande debe ser su pureza. También cuál es su dignidad y su deber, para cuyo cumplimiento son necesarias las virtudes principales. Afirma que éstas no fueron desconocidas para los filósofos, pero que erraron en su orden. Algunas son por su naturaleza conformes al deber, aunque por lo que las acompaña se vuelven contrarias al deber. De aquí deduce qué dones exige el oficio de los levitas. Para concluir, añade una exposición de las palabras de Moisés al bendecir a la tribu de Leví.
I, 50, § 255
I, 50, § 256
I, 50, § 257
I, 50, § 258
Comentario editorial · Un solo matrimonio y la ordenación
I, 50, § 259
I, 50, § 260
I, 50, § 261
I, 50, § 262
I, 50, § 263
I, 50, § 264
I, 50, § 265
I, 50, § 266
I, 50, § 267
I, 50, § 268
La felicidad en la vida se alcanza viviendo virtuosamente, puesto que así el cristiano, mientras desprecia la gloria y el favor de los hombres, desea agradar solo a Dios en lo que hace.
II, 1, § 1
II, 1, § 2
II, 1, § 3
Las distintas opiniones de los filósofos sobre el tema de la felicidad. Prueba, primero, por el Evangelio que aquella descansa en el conocimiento de Dios y en la práctica de las buenas obras; luego, para que no se piense que esta idea fue tomada de los filósofos, añade pruebas del testimonio de los profetas.
II, 2, § 4
II, 2, § 5
II, 2, § 6
II, 2, § 7
Se considera y prueba la definición de bienaventuranza tal como se saca de las Escrituras. No puede ser aumentada por la buena fortuna externa, ni debilitada por la desgracia.
II, 3, § 8
II, 3, § 9
El mismo argumento, a saber, que la bienaventuranza no es disminuida ni aumentada por las cosas externas, se ilustra con el ejemplo de los hombres antiguos.
II, 4, § 10
II, 4, § 11
II, 4, § 12
II, 4, § 13
II, 4, § 14
II, 4, § 15
Las cosas que generalmente se consideran buenas son en su mayor parte impedimentos para una vida bienaventurada, y las que se consideran males son los materiales de los que brotan las virtudes. Lo que pertenece a la bienaventuranza se muestra con otros ejemplos.
II, 5, § 16
II, 5, § 17
II, 5, § 18
II, 5, § 19
II, 5, § 20
II, 5, § 21
Sobre lo que es útil: no aquello que es ventajoso, sino aquello que es justo y virtuoso. Se halla en las pérdidas, y se divide en lo que es útil para el cuerpo y lo que es útil para la piedad.
II, 6, § 22
II, 6, § 23
II, 6, § 24
II, 6, § 25
II, 6, § 26
II, 6, § 27
Lo que es útil es lo mismo que lo que es virtuoso; nada es más útil que el amor, el cual se gana mediante la mansedumbre, la cortesía, la benignidad, la justicia y las demás virtudes, como se nos da a entender por las historias de Moisés y David. Finalmente, la confianza nace del amor, y a su vez el amor nace de la confianza.
II, 7, § 28
II, 7, § 29
II, 7, § 30
II, 7, § 31
II, 7, § 32
II, 7, § 33
II, 7, § 34
II, 7, § 35
II, 7, § 36
II, 7, § 37
II, 7, § 38
II, 7, § 39