Se enumeran aquí algunas otras ventajas de la buena voluntad.
I, 34, § 173
I, 34, § 174
Sobre la fortaleza. Ésta se divide en dos partes: según se refiere a los asuntos de la guerra y a los asuntos de casa. La primera no puede ser virtud si no va unida a la justicia y a la prudencia. La otra depende en gran medida de la paciencia.
I, 35, § 175
I, 35, § 176
I, 35, § 177
I, 35, § 178
Uno de los deberes de la fortaleza es impedir que el débil reciba injuria; otro, refrenar los malos movimientos de nuestra propia alma; un tercero, despreciar las humillaciones y hacer lo recto con ánimo sereno. Todo esto debe cumplirlo claramente todo cristiano, y especialmente el clero.
I, 36, § 179
I, 36, § 180
I, 36, § 181
I, 36, § 182
I, 36, § 183
I, 36, § 184
I, 36, § 185
Debe conservarse un ánimo sereno tanto en la adversidad como en la prosperidad. Sin embargo, hay que evitar las cosas malas.
I, 37, § 186
I, 37, § 187
Debemos fortalecer el ánimo contra las tribulaciones venideras, y edificarlo previéndolas de antemano. Cuán grandes son las dificultades para hacerlo.
I, 38, § 188
I, 38, § 189
I, 38, § 200
I, 38, § 200 (repetido en la edición)
I, 38, § 201
Hay que mostrar fortaleza luchando contra todos los vicios, especialmente contra la avaricia. El santo Job enseña esta lección.
I, 39, § 202
I, 39, § 203
I, 39, § 204
No faltó valor en la guerra a nuestros antepasados, como lo muestra el ejemplo de los antiguos, especialmente por la gloriosa hazaña de Eleazar.
I, 40, § 205
I, 40, § 206
I, 40, § 207
I, 40, § 208
Después de alabar la elevación de ánimo de Judas y de Jonatán, se nos presenta a continuación la constancia de los mártires en soportar los tormentos, la cual no es pequeña parte de la fortaleza.
I, 41, § 209
I, 41, § 210
I, 41, § 211
I, 41, § 212
I, 41, § 213
I, 41, § 214
I, 41, § 215
I, 41, § 216
No se ha de irritar sin necesidad a las potestades. No se debe prestar oídos a la adulación.
I, 42, § 217
I, 42, § 218
Sobre la templanza y sus partes principales, especialmente la tranquilidad del ánimo y la moderación, el cuidado de lo virtuoso y la reflexión sobre lo decoroso.
I, 43, § 219
I, 43, § 220
I, 43, § 221
I, 43, § 222
I, 43, § 223
Cada uno debe aplicarse a los deberes propios de su carácter. A muchos, sin embargo, se lo impide el seguir las ocupaciones de sus padres. Los clérigos proceden de otro modo.
I, 44, § 224
I, 44, § 225
I, 44, § 226
I, 44, § 227
Sobre lo noble y lo virtuoso, y cuál es la diferencia entre ellos, según se expone tanto en los escritores profanos como en los sagrados.
I, 45, § 228
I, 45, § 229
I, 45, § 230
Se da una doble división de lo decoroso. Luego se muestra que lo conforme a la naturaleza es virtuoso, y que lo que no lo es debe ser tenido por vergonzoso. Esta división se explica con ejemplos.
I, 46, § 231
I, 46, § 232
I, 46, § 233
Lo decoroso debe resplandecer siempre en nuestra vida. ¿Qué pasiones, pues, debemos dejar que lleguen a su extremo, y cuáles debemos refrenar?
I, 47, § 234
I, 47, § 235
I, 47, § 236
I, 47, § 237
I, 47, § 238
I, 47, § 239
I, 47, § 240
I, 47, § 241
Se expone de nuevo el argumento para refrenar la ira. Luego se presentan las tres clases de quienes reciben injurias; a la más perfecta de las cuales se dice que llegaron el Apóstol y David. Aprovecha la ocasión para señalar la diferencia entre esta vida y la futura.
I, 48, § 242
I, 48, § 243
I, 48, § 244
I, 48, § 245
I, 48, § 246
I, 48, § 247
I, 48, § 248