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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minLo que se sabe de su vida
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa escuela que cuenta Eusebio
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minEl gnóstico cristiano
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minDios sin nombre, el Logos y el juicio de Focio
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 minLa riqueza y el perdón

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    AUTORES — PATRÍSTICA GRIEGA

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    Clemente de Alejandría y el gnóstico cristiano

    c. 150–c. 215 · Atenas, Alejandría y Capadocia33 minPosición: 0% de esta partePublicado el Actualizado el Ref. AUT-CLEM-01

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minLo que se sabe de su vida
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa escuela que cuenta Eusebio
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minEl gnóstico cristiano
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    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 8 minLa riqueza y el perdón

    Premisa central

    Clemente llama «gnóstico» al cristiano que pasa de la fe al conocimiento, y dice que el conocimiento demuestra con firmeza lo que la fe recibió. De cómo se lea esa frase depende lo que se piense de él: un cristiano que llevó la filosofía griega a la Iglesia, un pensador que se acercó demasiado a los gnósticos que combatía, o un maestro cuyo plan de estudios solo se conserva a medias.
    Ireneo tituló su obra mayor Exposición y refutación de la falsamente llamada gnosis. Unos años después, bajo el emperador Severo, Clemente escribió unos Stromata a los que, según Eusebio, dio este título: «Stromata de notas gnósticas sobre la verdadera filosofía, de Tito Flavio Clemente» (Historia eclesiástica VI, 13, 1). En ellos cita la misma frase de que Ireneo y llama «gnóstico» al cristiano perfecto. Para un lector que acabara de leer a Ireneo, era una provocación o un descuido. El artículo parte de esa tensión: qué quería decir Clemente con «gnosis» y cuánto de lo que escribió se explica por ella.
    Primero, lo que se sabe de su vida, que es poco y casi todo de Eusebio; después, sus obras y el problema de su plan; luego, cinco asuntos: la filosofía como preparación, el gnóstico, la escritura con velos, Dios y el Logos junto con el juicio de Focio, y la riqueza. Cierra con lo que dejó. Las citas de Clemente son de los escritos publicados en el sitio cuando existen, y del inglés de Wilson (Ante-Nicene Fathers, vol. 2) cuando no. Lo que viene de un estudio moderno lleva su autor; la nota final dice qué libros se leyeron enteros, cuáles solo en parte y cuáles faltan en la biblioteca.

    Lo que se sabe de su vida

    Casi todo lo que se cuenta de Clemente sale de Eusebio, y Eusebio lo toma de lo que Clemente dice de sí en sus libros y de dos cartas de Alejandro, obispo de Jerusalén. El nombre completo, Tito Flavio Clemente, está en el título que Eusebio da a los Stromata. Ferguson, en la introducción a su traducción de los libros I–III, observa que es un nombre latino y lo toma como indicio de que un antepasado fue liberto de un T. Flavio Clemente, pariente de emperadores. Nació hacia 150. Epifanio recoge dos tradiciones, una que lo hace ateniense y otra alejandrino (Panarion 32, 6, según Ashwin-Siejkowski y Ferguson); Hadot, citado por Ashwin-Siejkowski, dice que no se sabe, y Osborn y el mismo Ashwin-Siejkowski prefieren Atenas.
    Tampoco nació cristiano. Ferguson lo deduce del Pedagogo, y Méhat, citado por Ashwin-Siejkowski, cree que fue iniciado en los misterios de Eleusis, algo que Eitrem y Mylonas discuten. Clemente no cuenta su conversión, y Ashwin-Siejkowski concluye que pudo ser un proceso largo y no un momento. Lo que sí cuenta es a quién oyó. Al comienzo de los Stromata dice que escribe estas notas «para la vejez» y recuerda a sus maestros:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · Stromata · I, 11.1–11.3Consultar la referencia
    11.1 Esta obra no es una composición elaborada para exhibición, sino que para mí son notas que atesoro para la vejez, un remedio contra el olvido, una imagen sin artificio y un bosquejo de aquellos discursos vivos y llenos de vida que fui digno de escuchar, y de aquellos hombres bienaventurados y verdaderamente memorables.
    11.2 De estos, uno estaba en Grecia, el jónico; otros en la Magna Grecia (uno de ellos era de la Celesiria, otro de Egipto); otros por el Oriente, y de estos uno era de Asiria, otro en Palestina, hebreo de origen. Cuando me encontré con el último —que por su poder era el primero— hallé descanso, habiéndolo cazado en Egipto donde permanecía oculto. Era verdaderamente una abeja siciliana que, recogiendo las flores del prado profético y apostólico, engendraba en las almas de los oyentes un objeto puro de conocimiento.
    11.3 Estos, preservando la tradición verdadera de la enseñanza bienaventurada directamente desde Pedro, Santiago, Juan y Pablo, los santos apóstoles, recibida de hijo a padre (aunque pocos son iguales a sus padres), llegaron con la ayuda de Dios hasta nosotros para depositar aquellas semillas ancestrales y apostólicas.
    Eusebio piensa que el último es Panteno (Historia eclesiástica V, 11, 2: «me parece que alude a la misma persona»), de quien cuenta (V, 10) que estaba al frente de la escuela de los fieles de Alejandría, que se había formado en el estoicismo y que lo enviaron a predicar hasta la India. Felipe de Side, en el siglo V, lo hacía pitagórico (según Ashwin-Siejkowski). Clemente nombra a Panteno una sola vez, como «nuestro Panteno» (Eclogae 56, 2, según Ashwin-Siejkowski), mientras que Eusebio dice que las Hipotiposis lo citan como maestro y recogen sus opiniones y tradiciones (V, 11, 2; VI, 13, 2). Las dos cosas encajan si las Eclogae forman parte de las Hipotiposis, como proponen Nautin y Bucur (según Gibbons).
    Clemente se quedó en Alejandría hasta la persecución de 202–203. Osborn dice que lo expulsó entonces; Ferguson y Tollinton, que no volvió. Tollinton conjeturaba en 1914 que obedeció el consejo de , huir a otra ciudad, y observaba que Clemente elogia a los mártires sin recomendar el martirio; Osborn añade que eligió otro camino hacia la perfección, el de enseñar y escribir. El propio Clemente no da razones.
    Lo que sigue depende de las cartas de Alejandro. En una, a la iglesia de Antioquía, el autor se presenta como «siervo y prisionero de Jesucristo» y dice que la envía «por medio de Clemente, el bendito presbítero» (VI, 11, 5–6). Alejandro había sido obispo en Capadocia antes de pasar a Jerusalén (VI, 11, 1–2). Tollinton y Hägg llevan por eso a Clemente a Capadocia, Hägg incluso a Cesarea, y Ferguson dice que pudo ir; Osborn y Gibbons hablan de una huida a Palestina. Tampoco coinciden en la fecha: la carta se suele poner hacia 211 (Tollinton, Ferguson), Osborn sitúa su muerte entre 211 y 215, Hägg y Gibbons hacia 215, y Ferguson dice que antes de 216 ya había muerto. Osborn recuerda que Koch dudó en 1921 de que Clemente fuera presbítero, y que el uso de ese título en una carta oficial pesa contra esa duda. La otra carta, a Orígenes, lo nombra junto a Panteno:
    Texto de la fuenteEusebio de Cesarea · Historia eclesiástica · VI, 14, 8–9 (carta de Alejandro a Orígenes)Consultar la referencia
    Pues esto, como sabes, era la voluntad de Dios: que la amistad ancestral existente entre nosotros permaneciera inquebrantable; es más, antes bien, que fuera más cálida y más fuerte.
    Pues bien conocemos a aquellos bienaventurados padres que han recorrido el camino antes que nosotros, con quienes pronto estaremos: Panteno, el hombre verdaderamente bienaventurado y maestro, y el santo Clemente, mi maestro y bienhechor, y si hay algún otro semejante a ellos, por medio de los cuales llegué a conocerte a ti, el mejor en todo, mi maestro y hermano.

    La escuela que cuenta Eusebio

    Eusebio presenta una sucesión: Panteno al frente de «una escuela de aprendizaje sagrado» en Alejandría (V, 10, 1), Clemente que lo sucede (VI, 6) y Orígenes, a quien Demetrio confía «la escuela catequística» (VI, 3, 8). Esa imagen de una institución con directores sucesivos se discute desde hace casi un siglo, y Osborn resume el debate. Bardy la desmontó. Van den Hoek (1997) sostiene que hubo en Alejandría una tradición continua de enseñanza cristiana, con la herencia de Filón. Van den Broek (1996) niega la sucesión Panteno–Clemente–Orígenes, que juzga «completamente falsa» al menos hasta el segundo decenio del siglo III; observa que Orígenes nunca menciona a Clemente y sostiene que Eusebio confundió la persecución bajo el prefecto Áquila con la de 202. Ferguson describe el centro como un grupo que se reunía en casa del maestro, no como una institución formal. Osborn añade, con Zuntz, que Alejandría tenía ya a mediados del siglo II un scriptorium y una biblioteca, y concluye que la versión de Eusebio no se sostiene tal cual, pero que hay abundante testimonio de enseñanza cristiana en Alejandría.

    Una serie de libros y un plan

    Eusebio enumera lo que conocía de Clemente (VI, 13): ocho libros de Stromata, otros tantos de Hipotiposis, el Discurso exhortatorio a los griegos, los tres libros de El Instructor, ¿Qué rico se salva?, Sobre la Pascua, discusiones sobre el ayuno y sobre la maledicencia, una exhortación a la paciencia titulada también A los recién bautizados y un Canon eclesiástico o Contra los judaizantes, dedicado a Alejandro. Añade que en los Stromata se sirve de escritos disputados (la Sabiduría de Salomón, Hebreos, las cartas de Bernabé y de Clemente, Judas; VI, 13, 6) y que en las Hipotiposis resumió toda la Escritura canónica, sin omitir las epístolas católicas, Bernabé ni el Apocalipsis de Pedro (VI, 14, 1), un dato para la formación del canon. Hoy se conservan estas:
    ObraQué contieneDónde leerla
    Protréptico («Exhortación a los griegos»)Doce capítulos que llaman a los paganos a dejar los mitos y los misterios por el «canto nuevo» de Cristo.Protréptico, en el sitio.
    PedagogoTres libros sobre la conducta de quien ya cree: comida, bebida, vestido, vida en sociedad.El Pedagogo, en el sitio (faltan II, 7–8).
    Stromata («tapices», miscelánea)Siete libros y un octavo que Osborn describe como un cuaderno de lógica, con apuntes tomados de clases y textos o extraídos más tarde por un copista.Stromata, en el sitio (I–III y IV hasta 41, 4).
    ¿Qué rico se salvará?Homilía sobre Marcos 10, 17-31.No está en el sitio; inglés de Wilson en el ANF 2.
    Adumbrationes, Eclogae propheticae, Extractos de TeodotoRestos de obra exegética: notas sobre cartas católicas en la versión latina de Casiodoro, textos proféticos comentados y extractos de un maestro valentiniano.Las Adumbrationes, en el ANF 2 y en Delphi; las Eclogae, en el ANF 8 según el artículo sobre el gnosticismo; los Extractos valentinianos no están traducidos en la biblioteca.
    La edición del ANF 2, con su introducción, fecha la primera parte de los Stromata hacia 194 y supone que toda la obra estaba escrita antes de que Clemente saliera de Alejandría en 202; es una deducción a partir de Eusebio (VI, 6) y no un dato. Las Hipotiposis se perdieron. Osborn cuenta que en el siglo XVIII un conde francés, d'Antraigues, describió en una carta un ejemplar en el monasterio de San Macario, en el Wadi Natrun, y que él lo buscó en tres visitas sin hallarlo; la cuestión, dice, queda abierta.
    Clemente describe tres oficios del Logos al comienzo del Pedagogo:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · El Pedagogo · I, 1Consultar la referencia
    Pues bien, este guía celestial, el Logos, recibía el nombre de Protréptico cuando nos exhortaba a la salvación —esta es la denominación específica que recibe el Logos encargado de impulsarnos, tomando el todo el nombre de la parte—. Toda religión es, en efecto, protréptica, ya que engendra en el razonamiento afín a ella el anhelo de vida, tanto de la presente como de la futura.
    Pero ahora, actuando simultáneamente como terapeuta y como consejero, aconseja a quien previamente ha convertido y —lo que es más fundamental— promete la curación de las pasiones que habitan en nosotros. Démosle, pues, el único nombre que naturalmente le corresponde: Pedagogo. El Pedagogo es práctico, no metódico; su objetivo es la mejora del alma, no la instrucción; es guía de una vida virtuosa, no de una vida erudita.
    Aunque el mismo Logos es también maestro, no actúa todavía en esa capacidad. El Logos-Maestro expone y revela las verdades dogmáticas; el Pedagogo, en cambio, siendo práctico, primero nos ha exhortado a cultivar una disposición hacia la formación moral, y ahora nos invita a poner en práctica nuestros deberes, prescribiendo los preceptos que deben guardarse intactos y mostrando a quienes vienen después los ejemplos de quienes antes erraron su camino.
    El Logos exhorta, educa y enseña. De ahí la lectura tradicional: el Protréptico y el Pedagogo cumplen los dos primeros oficios y los Stromata el tercero. Osborn cuenta que esa lectura se puso en duda cuando de Faye (1898) pensó que los Stromata eran demasiado poco sistemáticos para ser la obra final, una obra preliminar de quien había querido escribir un tratado ordenado. Heussi, Prat, Munck, Lazzati y Quatember propusieron después otros repartos, entre ellos dos trilogías, y Méhat (1966) sostuvo que el desorden de los Stromata no excluye un orden de enseñanza. Osborn defiende en 1959 que los Stromata son ese libro del maestro: la obra empieza discutiendo si se debe escribir para enseñar, y esa discusión solo tiene sentido si lo que sigue enseña. Heath (2020) los coloca dentro de un proyecto de formación que empieza con el Protréptico y el Pedagogo y que, según su resumen, completaron las Hipotiposis. La discrepancia sigue abierta y depende en parte de un libro perdido.

    La filosofía, preparación para la fe

    Osborn dice que Clemente, más que ningún otro escritor cristiano antiguo, conoció y disfrutó la filosofía y la literatura griegas, y cuenta que cita la Escritura 5.121 veces y a 348 autores clásicos, entre ellos Platón unas 600 veces, Filón unas 300 y Homero unas 240; Ferguson da la misma cifra de autores. Osborn compara ese helenismo con la romanidad que Tertuliano muestra en Cartago. Tertuliano preguntó en la Prescripción (7) qué tienen que ver Atenas y Jerusalén; Clemente ordena la relación en el libro I de los Stromata:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · Stromata · I, 99.2–100.1Consultar la referencia
    Si debemos distinguirnos a causa de los amantes de las acusaciones, diremos que la filosofía es causa conjunta y colaboradora de la aprehensión verdadera, siendo búsqueda de la verdad, y la confesaremos como preparación previa del gnóstico, sin establecer como causa lo que es causa conjunta, ni tampoco lo que es colaborador como lo que sostiene, ni como aquello sin lo cual no se puede prescindir de la filosofía. Puesto que casi todos, sin la educación encíclica y la filosofía helénica, e incluso algunos sin letras, movidos por la filosofía divina y bárbara, hemos recibido en potencia el logos acerca de Dios a través de la fe, 99.2 habiendo sido educados por la Sabiduría que actúa por sí misma.
    Lo que hace algo junto con otro, siendo imperfecto para actuar por sí mismo, lo llamamos colaborador y causa conjunta, denominado así porque es causa junto con otra causa o porque, uniéndose con otra, llega a ser causa, pero por sí mismo no puede 99.3 proveer el resultado según la verdad. Aunque también por sí misma la filosofía una vez justificó a los griegos, no hacia la justicia universal —para la cual se encuentra como colaboradora, así como el primer y segundo escalón para el que sube al piso superior, y el maestro de letras para el que va a filosofar—, ni de modo que por su supresión le falte algo al logos universal o se destruya la verdad. Pues también la vista, el oído y la voz contribuyen hacia la verdad, pero es la inteligencia la que la conoce 99.4 de manera apropiada. Sin embargo, de los colaboradores, unos aportan más poder y otros menos. Desde luego, la claridad coopera para la transmisión de la verdad, y la dialéctica para no caer 100.1 bajo las herejías que nos atacan.
    La filosofía ayuda, no basta y ni siquiera es imprescindible: casi todos, dice, han recibido la fe sin ella. Clemente la llama «don divino concedido a los griegos» (I, 20, 1–2) y responde a los cristianos que la creen obra de un inventor malvado que demostrará, a lo largo de todos los Stromata, que la maldad no puede cultivar nada bueno (I, 18, 3–4). Moisés aporta otro argumento. Gibbons estudia cómo usa la tesis, común a autores judíos, cristianos y paganos, de que las escuelas filosóficas tomaron lo que tenían de los escritos de Moisés, y sostiene que esa tesis justifica su proyecto de escribir y además modela su argumentación filosófica. En los Stromata llega a llamar a Platón «el filósofo hebreo» (I, 10, 2).

    El gnóstico cristiano

    En el libro II de los Stromata Clemente cita , la «falsamente llamada gnosis», y de ahí saca que existe un conocimiento verdadero al que el falso ha desprestigiado:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · Stromata · II, 51.3–52.6Consultar la referencia
    51.3 El gnóstico, pues, está firme en la fe, mientras el que se cree sabio voluntariamente no toca la verdad, habiendo usado impulsos inestables 51.4 y sin fundamento. Justamente, entonces, está escrito: "Salió Caín de la presencia de Dios y habitó en tierra de Naid, frente al Edén." 51.5 Ahora bien, Naid se interpreta como "agitación", y Edén como "deleite". El deleite es la fe, el conocimiento y la paz, de los cuales es expulsado quien desobedece. El que se cree sabio desde el principio ni siquiera quiere escuchar los divinos mandamientos, sino que, como autodidacta desenfrenado, voluntariamente se traslada a la agitación que fluctúa como olas, descendiendo a lo mortal y generado desde el conocimiento 51.6 del Ingenerado, opinando cosas distintas en momentos distintos. "Pero quienes no tienen gobierno caen como hojas." El razonamiento y la facultad rectora que permanece sin tropiezo y conduce el alma se llama timonel de ella. Pues verdaderamente 52.1 el acceso de lo inmutable es hacia lo Inmutable.
    Así Abraham "estaba de pie delante del Señor y acercándose dijo"; y a Moisés se le dice: 52.2 "Pero tú quédate aquí conmigo." Los discípulos de Simón desean 52.3 asemejarse en el modo de ser al que Está de Pie, a quien veneran. La fe, por tanto, y el conocimiento de la verdad disponen al alma que las ha elegido a estar siempre de la misma manera 52.4 e igualmente. Es propio de la falsedad el cambio, la desviación y la apostasía, así como es propio del gnóstico la quietud, 52.5 el descanso y la paz. Así como la arrogancia y la opinión han desacreditado a la filosofía, del mismo modo también el falso conocimiento —el llamado así por homonimia— ha desacreditado al conocimiento, sobre el cual escribe el apóstol: "Oh Timoteo, guarda el depósito, evitando las profanas charlas vacías y las contradicciones de la falsamente llamada gnosis, 52.6 la cual profesando algunos, erraron en cuanto a la fe." Refutados por esta 52.6 declaración, los de las herejías rechazan las epístolas a Timoteo.
    La descripción más precisa del gnóstico está en el libro VII, que el sitio todavía no traduce. El pasaje que sigue es de la versión inglesa de Wilson, y es VII, 10, 57 en la numeración de Osborn y de Hort y Mayor:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · Stromata · VII, 10, 57 (extracto)Ante-Nicene Fathers, vol. 2 (trad. inglesa de William Wilson)Traducción: Traducción de Eusebeia, del inglés
    La fe es, pues, por decirlo así, un conocimiento resumido de lo esencial; y el conocimiento es la demostración fuerte y segura de lo recibido por la fe, edificada sobre la fe por la enseñanza del Señor, que lleva [al alma] a la infalibilidad, a la ciencia y a la comprensión. Y, a mi parecer, el primer cambio saludable es el que va del paganismo a la fe, como dije antes; el segundo, el que va de la fe al conocimiento. Este último, al terminar en el amor, da desde entonces el amante al amado, el que conoce a lo conocido. Y quizá un hombre así haya alcanzado ya el estado de ser «igual a los ángeles».
    Una nota del editor del ANF, Coxe, a la definición de fe como «conocimiento resumido de lo esencial» dice que impide pensar que algo de la fe, es decir, del dogma, pertenezca a un sistema esotérico. Kelly lee lo contrario: Clemente, dice, creía tener acceso a una tradición secreta, que llamaba «gnosis» o paradosis, derivada de los apóstoles, con especulaciones casi gnósticas y reservada a una élite intelectual de la Iglesia, y en un punto parece confundirla con el canon eclesiástico (Early Christian Doctrines, cap. II). Osborn traduce gnostikos por «sabio» o «cristiano completo» para que no se lea como gnóstico de escuela, y su razón es que Clemente buscaba juntar Atenas y Jerusalén y no competir con una gnosis rival.
    La comparación con los gnósticos de escuela es el centro de la discusión. Osborn dice que Clemente muestra más simpatía por las sectas gnósticas que sus contemporáneos, porque al menos veían que había que seguir adelante, y que a la vez las ataca por sus fallos de razón y de conducta. Añade dos datos: Clemente no traza una sucesión de herejías como Ireneo ni vincula herejía y filosofía, y cita a Valentín y a Basílides en apoyo de lo suyo cuando le sirve (III, 59, 3; VI, 53). El artículo sobre el gnosticismo copia de Clemente la carta de Valentín y un pasaje de Epífanes, y cuenta lo que dice de Isidoro; no se repiten aquí. Allí consta también lo que Clemente atribuye a los valentinianos (II, 10): reservar la fe para los «simples» y el conocimiento para sí, porque se creen salvados por naturaleza. Su gnóstico, en cambio, es un cristiano que llega al conocimiento desde la fe y que, según Osborn, está al alcance de todo creyente; la fe, añade, debe crecer hasta el conocimiento.
    Bigg, en las Bampton Lectures de 1886, leyó el plan como una «vía media» entre la Iglesia y el mundo, la gnosis cristiana, y juzgó que Clemente puso el conocimiento por encima del amor como fin, lo que lo deja, según Bigg, en un egotismo que no logra evitar; añadió que no entendió lo que Pablo llama fe (lectura III, pp. 119–121). Osborn, en cambio, lee en Clemente un empeño por juntar Atenas y Jerusalén.

    Escribir con velos

    El comienzo de los Stromata discute si hay que escribir, y Clemente decide que sí, pero de un modo que oculte lo que no debe llegar a cualquiera:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · Stromata · I, 18.1–18.4Consultar la referencia
    18.1 Los Stromata contendrán la verdad mezclada con los dogmas de la filosofía, o más bien velada y cubierta, como con la cáscara lo comestible de la nuez. Pues conviene, creo, que las semillas de la verdad se guarden solo para los agricultores de la fe.
    18.2 No me es desconocido lo que pregonan algunos ignorantes que temen neciamente, diciendo que es necesario ocuparse de lo más necesario y de lo que sostiene la fe, y pasar por alto lo externo y superfluo, argumentando que nos desgastamos en vano y nos detenemos en cosas que nada contribuyen al fin. 18.3 Hay quienes incluso piensan que la filosofía ha entrado en la vida para mal, para ruina de los hombres, por obra de algún inventor malvado.
    18.4 Pero yo demostraré a lo largo de todos los Stromata que la maldad tiene naturaleza mala y nunca podría convertirse en cultivadora de algo bueno, insinuando de algún modo que la filosofía es también obra de la providencia divina.
    Esa decisión es el problema literario más discutido de Clemente, y Osborn recoge las lecturas con sus autores. De Faye vio una obra preliminar y poco sistemática. Méhat contó treinta y tres ocasiones en que Clemente se niega a apartarse de una secuencia de enseñanza (akolouthia) y dedujo un orden que Clemente ve y a nosotros nos cuesta ver. Fortin busca un término medio: Clemente transmite por escrito enseñanzas esenciales con cierta ocultación, mediante símbolos, enigmas, falsedades deliberadas y omisiones, y se apoya en la Carta VII de Platón. Ferguson (1974) lo juzga una libreta de notas que nunca llegó a coherencia. Roberts (1981) lo describe como una forma que exige al lector un esfuerzo propio, el de reunir las alusiones. Itter (2009), por último, sostiene que método y doctrina no se separan: lo esotérico lo es porque solo lo entiende quien hace el recorrido que el libro propone, y el académico que no entra en esa iniciación, dice, no puede juzgar su contenido.
    Heath (2020) cambia la pregunta. Reprocha a la bibliografía que haya tratado la forma de los Stromata como un caso aparte de «diferencia cristiana», y los compara con las miscelánea de Plutarco, Plinio, Aulo Gelio y Ateneo; ve en ellos un instrumento para encontrar al Dios oculto de un modo oculto. Con ella la pregunta incluye qué hacía Clemente con un género que su público conocía, además de si ocultaba algo.

    Dios sin nombre, el Logos y el juicio de Focio

    Clemente trata de Dios sobre todo en el libro V. El pasaje que sigue es V, 12, 81–82 según Osborn, y se lee así en la versión de Wilson:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · Stromata · V, 12, 81–82 (cap. XII en la numeración de Wilson)Ante-Nicene Fathers, vol. 2 (trad. inglesa de William Wilson)Traducción: Traducción de Eusebeia, del inglés
    Este discurso sobre Dios es el más difícil de manejar. Pues, como el principio de todas las cosas es difícil de hallar, es difícil mostrar el principio absolutamente primero y más antiguo, que es causa de que todas las demás cosas sean y hayan sido. ¿Cómo expresar lo que no es género, ni diferencia, ni especie, ni individuo, ni número; más aún, lo que ni es un accidente ni aquello a lo que le sobreviene un accidente? Nadie puede expresarlo rectamente por entero. Por su grandeza se le cuenta como el Todo y es el Padre del universo. No pueden predicarse de él partes, pues el Uno es indivisible; por eso también es infinito, no por inescrutable, sino por no tener dimensiones ni límite. Y por eso no tiene forma ni nombre. Y si lo nombramos, no lo hacemos con propiedad, llamándolo el Uno, o el Bueno, o la Mente, o el Ser mismo, o Padre, o Dios, o Creador, o Señor. No hablamos como quien da su nombre, sino que, por necesidad, usamos buenos nombres, para que la mente tenga en ellos puntos de apoyo y no yerre en lo demás. Pues cada uno por sí solo no expresa a Dios, pero todos juntos indican el poder del Omnipotente. Los predicados se dicen o por lo que pertenece a las cosas mismas o por su relación mutua; pero ninguno de estos es admisible respecto a Dios. Tampoco se le aprehende por la ciencia demostrativa, pues esta depende de principios primeros y mejor conocidos, y nada hay antes del Ingénito.
    Queda, pues, que entendamos lo Desconocido por la gracia divina y por el solo Logos que procede de él, como cuenta Lucas en los Hechos de los Apóstoles que dijo Pablo: «Atenienses, veo que en todo sois muy religiosos. Pues, al pasar y mirar los objetos de vuestro culto, hallé un altar en el que estaba escrito: Al Dios desconocido. Aquel, pues, a quien adoráis sin conocerlo, ese os anuncio» ().
    Hägg (2006) estudia a Clemente como el comienzo de la teología apofática cristiana, que es el título de su libro, y destaca la distinción entre la esencia de Dios, que no se conoce, y su poder, que se conoce por el Hijo (Stromata V, 71, 5). Observa que Clemente toma de Filón la lectura de la «oscuridad» de Moisés como imagen de la inaccesibilidad de Dios; Orígenes la entendió de otro modo, como la ignorancia que el hombre debe vencer, y Gregorio Nacianceno la lee como Clemente (Oración 28, 4). Kelly resume así el cuadro: Dios es trascendente, inefable e incomprensible, «unidad, pero más allá de la unidad»; solo se le conoce por su Logos, que es su imagen y su mente, y el Espíritu es la luz que sale del Logos. Es una trinidad platónica en todos sus rasgos, dice Kelly, que Clemente identifica sin vacilar con el Dios cristiano; distingue con claridad a los tres, de modo que la acusación de modalismo carece de fundamento, y la subordinación aparente no implica desigualdad de ser: se sigue de una jerarquía platónica (cap. V, §6). La lejanía de Dios no excluye el afecto. En ¿Qué rico se salvará? Clemente dice que Dios es amor y que, por amor, se hizo «femenino»: en su esencia inefable es Padre, y en su compasión por nosotros se hizo Madre (XXXVII).
    El Logos es quien se hace hombre. Clemente lo dice así en el primer capítulo del Protréptico:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · Protréptico · 1 (extracto)Consultar la referencia
    Pero si tú no crees a los profetas y consideras mito tanto a los hombres como al fuego, te hablará el Señor mismo: "El cual, existiendo en forma de Dios, no consideró como usurpación el ser igual a Dios, sino que se vació a sí mismo", el Dios misericordioso, anhelando salvar al hombre. Y ya este Logos mismo te habla claramente, avergonzando tu incredulidad. Sí, lo digo: el Logos de Dios, habiéndose hecho hombre, para que ciertamente también tú aprendas de un hombre cómo alguna vez un hombre puede llegar a ser dios.

    Ocho cargos de Focio

    Focio, patriarca de Constantinopla, leyó en el siglo IX las Hipotiposis y resumió lo que le pareció erróneo (Bibliotheca, códice 109). Ashwin-Siejkowski enumera ocho cargos: que Clemente admitía una materia eterna y ideas eternas; que el Hijo de Dios era una criatura; la transmigración de las almas; muchos mundos antes de Adán; una creación de Eva descrita de modo blasfemo y vergonzoso; la unión de ángeles con mujeres, de la que nacieron hijos; que Cristo era docético; y que el Padre tenía dos Logoi. En su estudio de 2010 concluye que la tesis principal de Focio, que Clemente sostuvo opiniones blasfemas en las Hipotiposis, no se puede mantener. Según él, Clemente discutió teorías que después se juzgaron heréticas para rechazarlas o corregirlas en polémica con sus contemporáneos, y Focio malentendió un vocabulario propio de la Alejandría del siglo II. Ashwin-Siejkowski ve además motivos para dudar de la exactitud de Focio y piensa que probablemente modificó las opiniones de Clemente para explicar el origen de controversias de su tiempo, como la iconoclasta. Su balance es que Clemente fue ante todo exégeta y pedagogo y fiel a su Iglesia.
    Los cargos se pueden discutir uno a uno. Edwards (2000) toma el de los dos Logoi, que hace de Clemente un seguidor tardío de la teoría de los apologistas del siglo II, según la cual el Logos, inmanente al Padre, se «emite» como segundo al crear. Edwards arguye que no hay motivos para creer que Clemente la aceptara, que Focio puede haber citado mal y que Clemente enseñó la generación eterna del Logos, quizá como respuesta a los valentinianos. Kelly trata el de docetismo: Clemente no fue docetista y defendió la realidad de la encarnación, pero su ideal griego de la apatheia lo llevó a decir cosas con sonido docético, por ejemplo que Cristo no tuvo las pasiones físicas de un hombre común (cap. VI).

    La riqueza y el perdón

    Clemente se ocupa también de la vida de los cristianos comunes. Osborn describe el Pedagogo como una catequesis, con un cuadro de toda la vida cristiana, y el Protréptico como un manual para los cristianos que llevan el Evangelio a quienes no creen. Kelly dice que Clemente fue más moralista que teólogo sistemático. En los libros II y III del Pedagogo las reglas son concretas: qué comer, qué beber, cómo vestir. ¿Qué rico se salvará? es una homilía sobre , el joven rico, y responde a quienes entendían que el Señor exigía renunciar a toda hacienda. Para Clemente el mandato de vender lo que se tiene no pide tirar los bienes. Pide expulsar del alma las nociones sobre la riqueza, la excitación y el afecto enfermizo hacia ella y las ansiedades, que son «las espinas de la existencia» (XI). Y desarrolla el argumento:
    Texto de la fuenteClemente de Alejandría · ¿Qué rico se salvará? · 14 (cap. XIV en la numeración de Wilson)Ante-Nicene Fathers, vol. 2 (trad. inglesa de William Wilson)Traducción: Traducción de Eusebeia, del inglés
    Las riquezas que benefician también a nuestros prójimos no han de tirarse. Son posesiones en tanto que se poseen, y bienes en tanto que son útiles y Dios las ha dado para el uso de los hombres; están a nuestra mano, puestas bajo nuestro poder como materia e instrumentos para el buen uso de quienes saben usar el instrumento. Si lo usas con arte, es hábil; si te falta arte, se resiente de tu falta de arte, y él mismo queda sin culpa. Tal instrumento es la riqueza. ¿Puedes hacer de ella un uso recto? Sirve a la justicia. ¿La usa uno mal? Es, en cambio, ministra de la injusticia. Pues su naturaleza es servir, no mandar. Lo que de suyo no tiene ni bien ni mal, siendo inculpable, no debe ser culpado; sino aquello que tiene el poder de usarlo bien y mal, por poseer elección voluntaria. Y esto es la mente y el juicio del hombre, que tiene en sí libertad y dominio de sí en el trato con lo que se le ha asignado. Que nadie destruya, pues, la riqueza, antes que las pasiones del alma, que son incompatibles con el mejor uso de la riqueza, para que, haciéndose virtuoso y bueno, pueda hacer buen uso de estas riquezas. La renuncia y la venta de todas las posesiones debe entenderse dicha de las pasiones del alma.
    El tratado termina con la penitencia. Clemente cuenta (XLII) una historia que, dice, «no es un cuento sino un relato», transmitido y confiado a la memoria, sobre el apóstol Juan: un joven encomendado a un obispo que acabó de jefe de bandidos, y el anciano que fue a caballo a buscarlo y lo devolvió a la Iglesia. Eusebio presenta a Ireneo y a Clemente como testigos de que Juan vivió en Asia hasta aquel tiempo (Historia eclesiástica III, 23, 2) y copia el relato de Clemente, a quien cita por el título ¿Qué rico puede salvarse? (III, 23, 5–19; se lee en la Historia eclesiástica del sitio). Clemente lo usa para decir que quien se arrepiente de verdad conserva esperanza de salvación (XL–XLII).

    Lo que dejó

    Sus primeros lectores lo estimaron. Alejandro lo llama «bendito presbítero» y «maestro y bienhechor», y Hägg recuerda que Eusebio, Epifanio, Cirilo de Alejandría y Jerónimo juzgaron sana su doctrina; Ferguson añade que Cirilo lo llama «sobremanera experto en la historia griega» y que Jerónimo notó su conocimiento de la literatura secular. Según Hägg, la situación cambió a fondo hacia el siglo IX. Atribuye el cambio en parte a Focio, y en parte a que se ha leído a Clemente a la sombra de Orígenes, al que se tiene por su discípulo y se toma por el más sistemático de los dos, y a la costumbre de juzgar a los autores anteriores a Nicea con las categorías de después. Cita a Wagner: los teólogos ortodoxos tienden a evitarlo, los católicos se acercan con cautela, los luteranos retroceden y los ingleses lo tratan con más simpatía. Añade que muchos ortodoxos modernos recelan de Orígenes por su opinión sobre el conocimiento de Dios y han extendido el recelo a Clemente, que en ese punto coincide con Gregorio Nacianceno.
    La relación con Orígenes es menos segura de lo que se suele decir. Osborn recoge, de van den Broek, que Orígenes nunca cita a Clemente, y la versión de Eusebio, en que un discípulo sucede a su maestro, se discute. El perfil de Orígenes cuenta su formación. Lo que sí queda es la carta de Alejandro, que pone a Panteno y a Clemente entre los «padres» por cuyo medio llegó a conocer a Orígenes (VI, 14, 9).
    Queda fijado que Clemente es una fuente de erudición: Osborn dice que conserva fragmentos de filósofos que de otro modo se habrían perdido, y el artículo sobre el gnosticismo copia de él la carta de Valentín y un pasaje de Epífanes. Sigue en discusión casi todo lo demás: si escribió una serie de tres obras o dos y un libro perdido; si hablaba de una tradición reservada a pocos; si su gnóstico es un cristiano común más avanzado o una élite; si Focio entendió lo que leyó. Tollinton lo presentó en 1914 como un caso de liberalismo cristiano, y Bray, citado por Hägg, escribió en 2000 que fue el primer cristiano que se tomó en serio la necesidad de reconciliar fe y conocimiento.

    Dónde seguir

    Las obras de Clemente publicadas en el sitio están reunidas en Obras de Clemente de Alejandría: el Protréptico, el Pedagogo y los Stromata. Para el lado de sus adversarios y de los textos que Clemente conserva, el gnosticismo; para su discípulo, el perfil de Orígenes; para Eusebio, la Historia eclesiástica. Si lo que interesa es qué se entendía por fe y regla de fe cuando Clemente escribía, está La regla de fe.
    Nota de lectura · Fuentes de este artículo y sus límites
    Primarios. Con la traducción del sitio, copiados de los escritos publicados: Clemente, Stromata I, 11, 18, 99–100 y II, 51–52 (versión inglesa de Wilson, Delphi); Pedagogo I, 1 y Protréptico 1 (Delphi); Eusebio, Historia eclesiástica VI, 14, 8–9 (McGiffert, NPNF 2, vol. 1), y citados o resumidos de la misma traducción V, 10–11, VI, 1–3, 6, 11, 13–14 y III, 23. Traducidos del inglés de Wilson (ANF 2, vol. 2; con la introducción y las notas del editor Coxe): Stromata V, 12 y VII, 10, y ¿Qué rico se salvará? XI, XIV, XXXVII y XL–XLII. Hort y Mayor (Miscellanies, Book VII, 1902) se usaron para comprobar el pasaje de VII, 10, 57.
    Estudios. Eric Osborn, Clement of Alexandria (Cambridge University Press, 2005), cap. 1, leído entero, y el resto por consulta; Henny Fiskå Hägg, Clement of Alexandria and the Beginnings of Christian Apophaticism (Oxford University Press, 2006), el final del capítulo sobre esencia y poder y «Concluding Remarks»; Piotr Ashwin-Siejkowski, Clement of Alexandria: A Project of Christian Perfection (T&T Clark, 2008), cap. 1 y notas, y Clement of Alexandria on Trial: The Evidence of «Heresy» from Photius' Bibliotheca (Brill, 2010), introducción y conclusión; Alain Itter, Esoteric Teaching in the Stromateis of Clement of Alexandria (Brill, 2009), pasajes sobre la secuencia de las obras y la conclusión; J. M. F. Heath, Clement of Alexandria and the Shaping of Christian Literary Practice (Cambridge University Press, 2020), resumen e introducción; Kathleen Gibbons, The Moral Psychology of Clement of Alexandria (Routledge, 2017), introducción; M. J. Edwards, «Clement of Alexandria and His Doctrine of the Logos» (Vigiliae Christianae 54.2, 2000), resumen y primera parte; John Ferguson, introducción a Stromateis, Books 1–3 (Fathers of the Church 85, 1991); R. B. Tollinton, Clement of Alexandria: A Study in Christian Liberalism (1914), prefacio y capítulo sobre la salida de Alejandría; Charles Bigg, The Christian Platonists of Alexandria (1886), lectura III, pp. 118–121; J. N. D. Kelly, Early Christian Doctrines (4.ª ed., 1968), cap. II (sobre la norma de la doctrina), cap. V, §6 y cap. VI (sobre Clemente y la encarnación).
    Límites. No se leyeron enteros Osborn (salvo el cap. 1), Hägg, Ashwin-Siejkowski, Itter, Heath, Gibbons ni Tollinton, y de Edwards solo el resumen y la primera parte; las lecturas que se les atribuyen están acotadas a esas partes. Faltan en la biblioteca Lilla (1971), Méhat (1966), Völker (1952), Wyrwa (1983), las ediciones de Stählin y de Le Boulluec y el estudio de Casey sobre los Extractos de Teodoto; sus tesis se citan a través de Osborn, Hägg o Ashwin-Siejkowski y no se comprobaron. Los Extractos de Teodoto y la Carta a Teodoro con el «Evangelio secreto de Marcos» no se usan: los primeros no están traducidos en la biblioteca; la segunda, que Morton Smith dijo haber hallado en Mar Saba en 1958 (Clement of Alexandria and a Secret Gospel of Mark, en la carpeta), tiene autenticidad discutida: Itter la toma como indicio compatible con los Stromata y cita a Carlson, The Gospel Hoax (2005), que la juzga una invención de Smith. Las fechas y el lugar de la muerte dependen de la carta de Alejandro (Eusebio VI, 11, 6) y de quien la lea: Osborn y Gibbons dicen Palestina, Tollinton y Hägg Capadocia. No se cotejó nada con el texto griego. Los pasajes de los libros V y VII y de ¿Qué rico se salvará? son una traducción del inglés de Wilson, no del griego, y los copiados del sitio (Stromata, Pedagogo, Protréptico) siguen la versión de ese traductor y, en el caso del Protréptico, la contrastan con Gredos. Las numeraciones de Wilson (por capítulos) y de Stählin (por secciones) no coinciden; cuando el localizador lleva sección (V, 12, 81–82; VII, 10, 57) viene de Osborn, de Hägg o de Hort y Mayor.
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