Introducción y criterios de esta edición
Acompañamiento editorial
| Autor | Gregorio I, llamado Gregorio Magno (hacia 540 – 12 de marzo de 604), obispo de Roma desde el 3 de septiembre de 590 (Wikipedia) |
| Título | Liber regulae pastoralis (también Cura pastoralis, «Cuidado pastoral»); en el NPNF, The Book of Pastoral Rule |
| Destinatario | Juan, obispo de Rávena, a quien responde en la carta que abre el libro I |
| Fecha | Hacia 590–591: Gregorio dice que lo escribió «al comienzo de mi episcopado» (carta a Leandro de Sevilla, citada por Barmby); Wikipedia lo fecha «hacia 590» y, en el artículo sobre Gregorio, «probablemente empezado antes de ser elegido papa y terminado en 591» |
| Género | Tratado sobre el oficio episcopal |
| Estructura | Cuatro libros: I (introducción y 11 capítulos), II (11), III (prólogo y 40) y IV (un solo capítulo, sin título) |
| Extensión | Unas 64 000 palabras de Gregorio en esta edición, más el prefacio de Barmby |
| Traducción | Castellana, automática y directa del inglés de Barmby; no del latín |
| Fuente | Nicene and Post-Nicene Fathers, 2.ª serie, vol. 12 (1895), tal como lo recogen New Advent y CCEL |
| Libro | Capítulos | De qué trata |
|---|---|---|
| I | Introducción y 1–11 | Quién debe llegar al gobierno y quién no: el peso de la autoridad, la huida por humildad, el deseo de preeminencia y las cualidades que se exigen |
| II | 1–11 | La vida del pastor: pureza de pensamiento, ser el primero en la acción, saber callar y hablar, la compasión y la contemplación, la meditación de la Escritura |
| III | Prólogo y 1–40 | Cómo debe enseñar: treinta y seis amonestaciones según el oyente (los pobres y los ricos, los alegres y los tristes, los casados y los solteros…) y cinco capítulos sobre la exhortación en general |
| IV | Único | Volver sobre sí: el predicador que ha hablado bien debe temer que su vida o su palabra lo enaltezcan |
El título, Liber Regulæ Pastoralis, es el adoptado por la Edición Benedictina a partir de varios manuscritos antiguos, siendo la propia designación de Gregorio para su obra cuando la envió a su amigo Leandro de Sevilla;— «Ut librum Regulæ Pastoralis, quem in episcopatus mei exordio scripsi...sanctitati tuæ transmitterem» (Epp. Lib. v., Ep. 49). El anteriormente más usual, Liber Pastoralis Curæ, puede haber sido tomado de las palabras iniciales del propio libro, «Pastoralis curæ me pondera fugere, etc.» El libro fue publicado (según aparece por el pasaje arriba citado en la Epístola a Leandro) al comienzo del episcopado de Gregorio, y (según aparece por sus palabras iniciales) dirigido a Juan, obispo de Rávena, en respuesta a una carta recibida de él. Pero, aunque puesto en forma para un propósito especial en esta ocasión, debe haber sido el resultado de un largo pensamiento anterior, como se evidencia además por el hecho de que en su Magna Moralia, o Comentario al Libro de Job, comenzado y en gran parte escrito durante su residencia en Constantinopla, ya había bosquejado el plan de tal tratado y expresado la esperanza de darle forma algún día. Pues allí encontramos el prólogo al tercer libro de la Regla ya escrito, junto con la mayoría de los epígrafes contenidos en el primer capítulo de ese libro, seguidos por las palabras, «Y en verdad deberíamos haber señalado particularmente cuál debe ser el orden de la amonestación con respecto a cada uno de estos puntos; pero el temor a la prolijidad nos disuade. Sin embargo, con la ayuda de Dios, esperamos completar esta tarea en otra obra, si nos queda todavía un poco de tiempo de esta vida laboriosa» (Moral. Lib. xxx. c. 12 y 13).El libro parece haber sido estimado como merecía durante la vida del escritor. Fue enviado por él, como hemos visto, a Leandro de Sevilla, aparentemente a petición de éste, para beneficio de la Iglesia en España; y se hallará entre las Epístolas una dirigida a Gregorio desde Liciniano, un docto obispo de Cartagena en aquel país, en la que es altamente alabado, aunque se expresa el temor de que la norma requerida en él de idoneidad para el oficio episcopal pudiera resultar demasiado alta para el logro ordinario (Epp. Lib. II., Ep. 54). El emperador Mauricio, habiendo pedido y obtenido una copia de él a Anatolio, diácono de Gregorio en Constantinopla, lo hizo traducir al griego por Anastasio, patriarca de Antioquía, quien personalmente lo aprobó mucho (Epp. Lib. XII., Ep. 24). Parece haber sido llevado a Inglaterra por el monje Agustín. Esto lo afirma Alfredo el Grande, quien, casi trescientos años después, con la ayuda de sus teólogos, hizo una traducción, o más bien paráfrasis, de él en lengua sajona occidental, con la intención, según dice, de enviar una copia a cada obispo de su reino.Antes de esto, hay evidencia de la alta reputación en que el libro era tenido en la Galia. En una serie de concilios celebrados por orden de Carlomagno, en el año 813 d. C.— a saber, en Maguncia, Reims, Tours y Chalons-sur-Seine— se ordenó especialmente a todos los obispos el estudio de él, junto con las Escrituras del Nuevo Testamento y los Cánones de los Padres. También en un Concilio celebrado en Aquisgrán, en el año 836 d. C. Además, por una carta de Hincmar, arzobispo de Reims (845-882 d. C.), parece que una copia de él, junto con el Libro de los Cánones, se entregaba en manos de los obispos ante el altar en su consagración, y que se les amonestaba a conformar sus vidas en consecuencia.La obra es digna de su antigua reputación, siendo la mejor de su género y provechosa para todas las edades. Dos obras similares la habían precedido. Primero, la de Gregorio Nacianceno (c. 362 d. C.), conocida como su segunda oración y llamada [τοῦ αὐτοῦ ἀπολογητικός], que fue escrita, como la del Gregorio posterior, para excusar la renuencia del escritor a aceptar el episcopado y exponer las responsabilidades del oficio. Es obvio, al comparar los dos tratados, que el anterior había sugerido el posterior; y de hecho el Papa Gregorio reconoce su deuda en su prólogo al segundo libro de la Regla. El segundo tratado algo similar había sido el de Crisóstomo, 'De Sacerdotio', en seis libros, c. 382 d. C. También expone las terribles responsabilidades del oficio episcopal; pero no hay indicios de que el papa Gregorio haya extraído de él.Debe observarse que el asunto de todos estos tratados es el oficio del episcopado; no el oficio pastoral o sacerdotal en su sentido más amplio, como hoy se entiende comúnmente: y es digno de notar cuán prominentes son, en la visión de Gregorio, los deberes de la predicación y de la guía espiritual de las almas. Se lo considera, ciertamente, en primer lugar como un oficio de gobierno— locus regiminis, culmen regiminis, lo denotan frecuentemente— y de ahí que el ejercicio de la disciplina aparezca con prominencia; y el pastor principal es visto también como intercesor entre su rebaño y Dios— Véase, p. ej., I. 10— pero es especialmente como maestro y médico de las almas como se habla de él a lo largo del tratado; como uno cuyo deber peculiar es estar versado en todas las formas de enfermedad espiritual, y así poder adecuar su tratamiento a todos los casos, «predicar la palabra, reprender, redargüir, exhortar, con toda paciencia y doctrina», y guiar las almas por la vía de salvación tanto con el precepto como con el ejemplo. Gregorio no había estudiado en vano las Epístolas Pastorales de San Pablo. Notable es, en verdad, su propia y discriminatoria perspicacia, desplegada en todo el libro, sobre los caracteres y motivos humanos, y su percepción de las tentaciones a las que las circunstancias o el temperamento hacen peculiarmente propensos a diversas personas— tanto pastores como miembros de sus rebaños—. No menos sorprendente, en ésta como en otras obras suyas, es su íntimo conocimiento de toda la Sagrada Escritura. La conocía, ciertamente, sólo a través de la versión latina; su conocimiento crítico falla con frecuencia; y abundan interpretaciones místicas traídas de lejos, como las que le deleitaban. Pero como verdadero expositor de su enseñanza moral y religiosa general, bien merece su nombre de uno de los grandes doctores de la Iglesia. Y, además, a pesar de toda su reverencia por los Concilios y los Padres como autoridades supremas en materia de fe, es a la Escritura a la que siempre apela como autoridad final para la conducta y la creencia.
I, introducción
Comentario editorial · El destinatario y la huida
I, 1
I, 2
I, 3
I, 4
I, 5
I, 6
I, 7
I, 8
I, 9
I, 10
I, 11