Y además te informamos de que hemos decidido también otras cosas para el buen orden y la estabilidad de los asuntos eclesiásticos, estando persuadidos de que tu santidad las aceptará y ratificará cuando te sean comunicadas. La antigua costumbre, que la santa Iglesia de Dios en Constantinopla tenía de ordenar metropolitanos para las provincias de Asia, Ponto y Tracia, la hemos ratificado ahora por los votos del Sínodo, no tanto para conferir un privilegio a la Sede de Constantinopla como para proveer al buen gobierno de aquellas ciudades, a causa de los frecuentes desórdenes que surgen a la muerte de sus obispos, quedando entonces el clero y el laicado sin guía y perturbando el orden eclesiástico. Y esto no ha escapado a tu santidad, particularmente en el caso de Éfeso, que a menudo te ha causado molestia. Hemos ratificado también el canon de los 150 santos Padres que se reunieron en Constantinopla en tiempo del gran Teodosio de santa memoria, que ordena que después de tu santísima y apostólica Sede, la Sede de Constantinopla tenga la precedencia, siendo colocada en segundo lugar: pues estamos persuadidos de que con tu acostumbrado cuidado por los demás has extendido a menudo ese prestigio apostólico que te pertenece, también a la iglesia de Constantinopla, en virtud de tu gran desinterés en compartir todos tus propios bienes con tus parientes espirituales. Por consiguiente, dígnate, santísimo y bendito padre, aceptar como deseo tuyo y como conducente al buen gobierno las cosas que hemos resuelto para la eliminación de toda confusión y la confirmación del orden eclesiástico. Porque los delegados de tu santidad, los piadosísimos obispos Pascasino y Lucentio, y con ellos el justo presbítero Bonifacio, intentaron vehementemente resistirse a estas decisiones, por un fuerte deseo de que también esta buena obra partiera de tu previsión, a fin de que el establecimiento del buen orden, así como el de la fe, se pusiera a tu cuenta. Pues nosotros, atendiendo debidamente a nuestros devotísimos y amantes de Cristo Emperadores, que se deleitan en ello, y al ilustre senado y, por así decir, a toda la ciudad imperial, consideramos oportuno aprovechar la reunión de este sínodo ecuménico para la ratificación de tu honor, y corroboramos con confianza esta decisión como si fuera iniciada por ti con tu acostumbrado celo protector, sabiendo que todo éxito de los hijos redunda en gloria del padre. Por tanto, te rogamos que honres nuestra decisión con tu asentimiento, y así como nosotros hemos cedido a la cabeza nuestro acuerdo en las cosas honorables, así también la cabeza cumpla para los hijos lo que es justo. Pues así se tratará con la debida consideración a nuestros piadosos Emperadores, que han ratificado como ley la sentencia de tu santidad, y la Sede de Constantinopla recibirá su recompensa por haber mostrado siempre tal lealtad en materia de religión hacia ti, y por haberse unido a ti con tanto celo en pleno acuerdo. Mas para que sepas que nada hemos hecho por favor ni por odio, sino guiados por la voluntad divina, te hemos dado a conocer todo el alcance de nuestras actas para fortalecer nuestra posición y para ratificar y establecer lo que hemos hecho.