El santo replica a quienes, a la manera judía, objetan contra el orden de las palabras: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,» con la respuesta de que también el Hijo es puesto muchas veces antes que el Padre; aunque primero señala que ya ha dado respuesta a esta objeción.
V, 9, 115
V, 9, 116
V, 9, 117
Los arrianos se ponen abiertamente del lado de los paganos al atacar las palabras: «El que cree en mí, no cree en mí,» etc. Se despliega el verdadero sentido del pasaje; y para impedir que creamos que el Señor nos prohibía tener fe en Él, se muestra cómo hablaba unas veces como Dios y otras como Hombre. Después de presentar ejemplos de los diversos efectos de esa fe, muestra que otros pasajes determinados también han de tomarse del mismo modo.
V, 10, 118
V, 10, 119
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Debemos referir el hecho de que se diga que Cristo no habla nada de Sí mismo a su naturaleza humana. Después de explicar cómo es recto decir que Él oye y ve al Padre como Dios, demuestra concluyentemente, con gran número de pruebas, que el Hijo de Dios no es una criatura.
V, 11, 132
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Confirma lo ya dicho con la parábola del hombre rico que se fue a una tierra lejana para recibir para sí un reino; y muestra que, cuando el Hijo entregue el reino al Padre, no debemos considerar de modo despectivo el hecho de que se diga que el Padre pone todas las cosas en sujeción debajo de Él. Aquí nosotros somos el reino de Cristo, y estamos en el reino de Cristo. Después estaremos en el reino de Dios, donde la Trinidad reinará junta.
V, 12, 145
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Con el deseo de aprender qué significa la sujeción a Cristo, después de proponer y rechazar diversas ideas de sujeción, recorre las palabras del Apóstol; y así pone fin a las opiniones blasfemas de los herejes sobre esta materia. La sujeción, que se muestra futura, no puede referirse a la Deidad, pues siempre ha habido la mayor armonía de voluntades entre el Padre y el Hijo. También a ese mismo Hijo en su Deidad todas las cosas han sido ciertamente sujetadas; pero se dice que aún no le están sujetas en este sentido, porque no todos los hombres obedecen sus mandatos. Mas después que hayan sido sujetados, entonces también Cristo será sujetado en ellos, y la obra del Padre será perfeccionada.
V, 13, 153
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Continúa la discusión de la dificultad en la que ha entrado, y enseña que Cristo no está sujeto sino sólo según la carne. Cristo, sin embargo, mientras está en sujeción en la Carne, dio aún pruebas de su Deidad. Combate la idea de que Cristo sea hecho sujeto en Esto. La humanidad, en efecto, que Él adoptó, ha sido hasta ahora sometida en nosotros, así como la nuestra ha sido elevada en esa misma humanidad suya. Por último, se nos enseña cuándo tendrá lugar esa misma sujeción de Cristo.
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Retoma brevemente de nuevo los mismos puntos de disputa, y concluye sagazmente, a partir de la unidad del poder divino en el Padre y el Hijo, que todo lo que se dice de la sujeción del Hijo ha de referirse únicamente a su humanidad. Confirma además esto con la prueba del amor, que existe igualmente en uno y otro.
V, 15, 182
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