Sesiones de lectura

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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minLos ciento cuarenta y cuatro mil sellados en el Apocalipsis son conversos a Cristo procedentes del mundo gentil
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minToda la Escritura es Evangelio; pero los Evangelios se distinguen por encima de las demás Escrituras
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minQué bienes se anuncian en los Evangelios
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCómo Jesús mismo es el Evangelio
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minEl Evangelio contiene también las malas acciones cometidas contra Jesús
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 5 minEl Evangelio está en el Antiguo Testamento y, en verdad, en el universo entero
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minEn el tiempo. El principio de la creación
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minDel designio y su ejecución
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minEl título de "Verbo" debe interpretarse por el mismo método que los demás títulos de Cristo
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 8 minCristo como luz: en qué sentido son él y sus discípulos la luz del mundo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCristo como resurrección
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minCristo como maestro y Señor
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 6 minCristo como el viviente y el muerto
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 8 minCristo como Paráclito, como expiación y como potestad de Dios
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 11 minCristo como vara, flor y piedra
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minLibro II
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 9 minDe qué modo el Logos es Dios. Errores que deben evitarse en esta cuestión
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 11 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 1 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 12 minÉl —este— estaba en el principio con Dios
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 8 minDe las cosas que no fueron hechas por medio del Logos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minEl Logos presente en nosotros no es responsable de nuestros pecados
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCómo nadie es justo ni puede decirse verdaderamente que vive en comparación con Dios
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCómo la vida en el Logos sigue el modelo del principio
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 7 minLa vida puede ser también la luz de otros seres
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minLa vida de la que aquí se habla es la vida superior, la de la razón
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCómo las tinieblas no lograron alcanzar la luz
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minArgumento tomado de la oración de José para mostrar que el Bautista pudo haber sido un ángel que se hizo hombre
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minLos profetas dieron testimonio de Cristo y predijeron muchas cosas acerca de él
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 8 minEnumeración de los seis testimonios del Bautista. El "venid y ved" de Jesús. Significado de la hora décima
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 6 minLibro IV
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 10 minLos apóstoles escribieron poco
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 6 minLibro VI
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 9 minCómo conocieron las cosas de Cristo los profetas y los santos del Antiguo Testamento
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 min"La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo"
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 8 minJuan niega ser Elías o "el" profeta. Sin embargo, era "un" profeta
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 12 minDel nacimiento de Juan y de su supuesta identidad con Elías. De la doctrina de la transcorporación
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 3 minJuan es un profeta, pero no el profeta
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 8 minJuan 1:22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minLa opinión de Heracleón sobre la voz y sobre Juan el Bautista
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 11 minJuan 1:24-25. Acerca del bautismo de Juan, del de Elías y del de Cristo
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 7 minCómo responde el Bautista a la pregunta de los fariseos y exalta la naturaleza de Cristo
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minComparación del testimonio de Juan sobre Jesús en los distintos Evangelios
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minSobre el testimonio de Marcos. Qué significan las sandalias del Salvador y desatar sus correas
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 8 minEl cuarto Evangelio habla de una sola sandalia; los demás, de las dos. Significado de esta diferencia
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minEl nombre del lugar donde Juan bautizaba no es Betania, como figura en la mayoría de los ejemplares, sino Betábara
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 7 minEl relato del paso de Israel por el Jordán bajo la guía de Josué es figura de las realidades cristianas y fue escrito para nuestra instrucción
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minSobre el paso de Elías y Eliseo por el Jordán
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 7 minSobre lo que Juan aprendió de Jesús cuando María visitó a Isabel en la región montañosa
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minSe ofrecía un cordero en el sacrificio de la mañana y en el de la tarde. Significado de esto
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 8 minSobre los efectos de la muerte de Cristo, su triunfo posterior y la eliminación de los pecados de los hombres por medio de su muerte
  53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 8 minSe dice que el mundo cuyo pecado es quitado es la Iglesia. Razones para no compartir esta opinión
  54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 6 minLa discrepancia entre Juan y los tres primeros Evangelios en esta parte del relato
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minLa Escritura contiene muchas contradicciones y muchas afirmaciones que no son literalmente verdaderas, sino que deben leerse espiritual y místicamente
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minDistintos relatos de la llamada de Pedro y del encarcelamiento del Bautista. El significado de "Cafarnaúm"
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 6 minHeracleón afirma que no se dice que Jesús hiciera nada en Cafarnaúm. Pero en los otros Evangelios hace allí muchas cosas
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minPor qué se dice que la Pascua es "de los judíos"
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 10 minDe las fiestas celestiales, de las que son tipo las terrenales
  60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 10 minEn los tres primeros Evangelios solo se habla de la Pascua al final del ministerio; en Juan, al principio
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 8 minInterpretación espiritual del relato de la purificación del templo
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 6 minEl relato de Mateo sobre la entrada en Jerusalén. Dificultades que plantea a quienes lo toman literalmente
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 12 minLa asna y el pollino son el Antiguo y el Nuevo Testamento
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 10 minDiversas opiniones de Heracleón sobre la purificación del templo
  65. Sesión 65 · Parte 11 · ≈ 9 minCómo el Padre resucitó al Hijo. La acusación formulada contra Jesús en su proceso se basó en el episodio que ahora examinamos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 8 minEl templo del que habla Cristo es la Iglesia
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 6 minContinuación de la interpretación espiritual de la construcción del templo de Salomón
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 7 minSobre la fe que los discípulos alcanzaron después en las palabras de Jesús
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 4 minAcerca de qué seres necesitaba Jesús testimonio

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    TEXTOS — ORÍGENES DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Comentario al Evangelio de Juan

    Alejandría y Cesarea, desde poco antes de 231 · Traducción castellana directa de la edición de Allan Menzies (ANF)50 minPosición: 0% de esta parteParte 3 de 11 · Cristo como el viviente y el muertoPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ORI-02

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minLos ciento cuarenta y cuatro mil sellados en el Apocalipsis son conversos a Cristo procedentes del mundo gentil
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minToda la Escritura es Evangelio; pero los Evangelios se distinguen por encima de las demás Escrituras
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minQué bienes se anuncian en los Evangelios
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCómo Jesús mismo es el Evangelio
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minEl Evangelio contiene también las malas acciones cometidas contra Jesús
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 5 minEl Evangelio está en el Antiguo Testamento y, en verdad, en el universo entero
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minEn el tiempo. El principio de la creación
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minDel designio y su ejecución
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minEl título de "Verbo" debe interpretarse por el mismo método que los demás títulos de Cristo
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 8 minCristo como luz: en qué sentido son él y sus discípulos la luz del mundo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCristo como resurrección
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minCristo como maestro y Señor
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 6 minCristo como el viviente y el muerto
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 8 minCristo como Paráclito, como expiación y como potestad de Dios
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 11 minCristo como vara, flor y piedra
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minLibro II
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 9 minDe qué modo el Logos es Dios. Errores que deben evitarse en esta cuestión
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 11 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 1 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 12 minÉl —este— estaba en el principio con Dios
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 8 minDe las cosas que no fueron hechas por medio del Logos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minEl Logos presente en nosotros no es responsable de nuestros pecados
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCómo nadie es justo ni puede decirse verdaderamente que vive en comparación con Dios
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCómo la vida en el Logos sigue el modelo del principio
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 7 minLa vida puede ser también la luz de otros seres
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minLa vida de la que aquí se habla es la vida superior, la de la razón
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCómo las tinieblas no lograron alcanzar la luz
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minArgumento tomado de la oración de José para mostrar que el Bautista pudo haber sido un ángel que se hizo hombre
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minLos profetas dieron testimonio de Cristo y predijeron muchas cosas acerca de él
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 8 minEnumeración de los seis testimonios del Bautista. El "venid y ved" de Jesús. Significado de la hora décima
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 6 minLibro IV
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 10 minLos apóstoles escribieron poco
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 6 minLibro VI
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 9 minCómo conocieron las cosas de Cristo los profetas y los santos del Antiguo Testamento
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 min"La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo"
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 8 minJuan niega ser Elías o "el" profeta. Sin embargo, era "un" profeta
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 12 minDel nacimiento de Juan y de su supuesta identidad con Elías. De la doctrina de la transcorporación
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 3 minJuan es un profeta, pero no el profeta
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 8 minJuan 1:22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minLa opinión de Heracleón sobre la voz y sobre Juan el Bautista
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 11 minJuan 1:24-25. Acerca del bautismo de Juan, del de Elías y del de Cristo
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 7 minCómo responde el Bautista a la pregunta de los fariseos y exalta la naturaleza de Cristo
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minComparación del testimonio de Juan sobre Jesús en los distintos Evangelios
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minSobre el testimonio de Marcos. Qué significan las sandalias del Salvador y desatar sus correas
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 8 minEl cuarto Evangelio habla de una sola sandalia; los demás, de las dos. Significado de esta diferencia
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minEl nombre del lugar donde Juan bautizaba no es Betania, como figura en la mayoría de los ejemplares, sino Betábara
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 7 minEl relato del paso de Israel por el Jordán bajo la guía de Josué es figura de las realidades cristianas y fue escrito para nuestra instrucción
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minSobre el paso de Elías y Eliseo por el Jordán
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 7 minSobre lo que Juan aprendió de Jesús cuando María visitó a Isabel en la región montañosa
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minSe ofrecía un cordero en el sacrificio de la mañana y en el de la tarde. Significado de esto
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 8 minSobre los efectos de la muerte de Cristo, su triunfo posterior y la eliminación de los pecados de los hombres por medio de su muerte
    53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 8 minSe dice que el mundo cuyo pecado es quitado es la Iglesia. Razones para no compartir esta opinión
    54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 6 minLa discrepancia entre Juan y los tres primeros Evangelios en esta parte del relato
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minLa Escritura contiene muchas contradicciones y muchas afirmaciones que no son literalmente verdaderas, sino que deben leerse espiritual y místicamente
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minDistintos relatos de la llamada de Pedro y del encarcelamiento del Bautista. El significado de "Cafarnaúm"
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 6 minHeracleón afirma que no se dice que Jesús hiciera nada en Cafarnaúm. Pero en los otros Evangelios hace allí muchas cosas
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minPor qué se dice que la Pascua es "de los judíos"
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 10 minDe las fiestas celestiales, de las que son tipo las terrenales
    60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 10 minEn los tres primeros Evangelios solo se habla de la Pascua al final del ministerio; en Juan, al principio
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 8 minInterpretación espiritual del relato de la purificación del templo
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 6 minEl relato de Mateo sobre la entrada en Jerusalén. Dificultades que plantea a quienes lo toman literalmente
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 12 minLa asna y el pollino son el Antiguo y el Nuevo Testamento
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 10 minDiversas opiniones de Heracleón sobre la purificación del templo
    65. Sesión 65 · Parte 11 · ≈ 9 minCómo el Padre resucitó al Hijo. La acusación formulada contra Jesús en su proceso se basó en el episodio que ahora examinamos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 8 minEl templo del que habla Cristo es la Iglesia
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 6 minContinuación de la interpretación espiritual de la construcción del templo de Salomón
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 7 minSobre la fe que los discípulos alcanzaron después en las palabras de Jesús
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 4 minAcerca de qué seres necesitaba Jesús testimonio

    35. Cristo como el viviente y el muerto

    I, 35

    En lo dicho acerca del primero y el último, y del principio y el fin, hemos referido estas palabras, en un caso, a las distintas formas de los seres racionales y, en otro, a las distintas maneras de concebir al Hijo de Dios. Así hemos establecido una distinción entre el primero y el principio, entre el último y el fin, y también el significado propio del Alfa y la Omega. No es difícil ver por qué se le llama "el Viviente y el Muerto" y, después de haber muerto, el que vive por los siglos de los siglos. Pues, como su vida originaria no nos socorría, hundidos como estábamos en el pecado, descendió a nuestra condición de muertos para que, habiendo muerto Él al pecado, nosotros, llevando en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, pudiéramos recibir entonces aquella vida suya que permanece para siempre. Porque quienes llevan siempre en su cuerpo la muerte de Jesús obtendrán también la vida de Jesús, manifestada en sus cuerpos.

    36. Cristo como espada

    I, 36

    Los textos del Nuevo Testamento que hemos examinado recogen lo que Él mismo dijo de sí. En Isaías, en cambio, dijo que su Padre había hecho de su boca una espada afilada y que lo había ocultado bajo la sombra de su mano, lo había hecho semejante a una saeta escogida y lo había guardado en la aljaba del Padre; el Dios de todas las cosas lo llamó su siervo, Israel y Luz de los gentiles. La boca del Hijo de Dios es una espada afilada, pues "la palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta separar alma y espíritu, articulaciones y tuétanos, y discierne prontamente los pensamientos y las intenciones del corazón". Y, en efecto, no vino a traer paz a la tierra, es decir, a las cosas corpóreas y sensibles, sino espada, y a cortar, si se me permite decirlo así, la funesta amistad entre el alma y el cuerpo, para que el alma, entregándose al espíritu que se oponía a la carne, pueda entablar amistad con Dios. Por eso, según la palabra profética, hizo de su boca una espada, una espada afilada. ¿Podría alguien contemplar a tantos heridos por el amor divino, como aquella del Cantar de los Cantares que se lamentaba de estar herida —"Estoy herida de amor"—, y hallar la saeta que hirió a tantas almas con el amor de Dios en alguien distinto de aquel que dijo: "Me ha hecho como una saeta escogida"?

    37. Cristo como siervo, como Cordero de Dios y como el hombre a quien Juan no conocía

    I, 37

    Considere cualquiera cómo Jesús estuvo entre sus discípulos, no como el que se sienta a la mesa, sino como el que sirve, y cómo, siendo Hijo de Dios, tomó la condición de siervo por la libertad de quienes estaban esclavizados por el pecado, y no le resultará difícil comprender por qué el Padre le dice: "Tú eres mi siervo", y poco después: "Grande es que seas llamado mi siervo". Pues no vacilamos en afirmar que la bondad de Cristo resplandece con una luz mayor y más divina, y más conforme a la imagen del Padre, porque "se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz", que si hubiera considerado la igualdad con Dios como algo a lo que aferrarse y hubiese rehuido hacerse siervo para salvar al mundo. Por eso dice, queriendo enseñarnos que al aceptar esta condición de servidumbre había recibido un gran don de su Padre: "Y mi Dios será mi fuerza. Y me dijo: Grande es para ti ser llamado mi siervo". Pues, si no se hubiera hecho siervo, no habría levantado a las tribus de Jacob ni vuelto el corazón de los dispersos de Israel, ni tampoco habría llegado a ser luz de los gentiles para llevar la salvación hasta los confines de la tierra. Y no es gran cosa que se haga siervo, aunque su Padre lo llame una gran cosa, si se compara con que se le llame oveja inocente y cordero. Pues el Cordero de Dios se hizo semejante a una oveja inocente llevada al matadero para quitar el pecado del mundo. Aquel que proporciona razón (logos) a todos se hizo semejante a un cordero mudo ante quien lo esquila, para que fuéramos purificados por su muerte, ofrecida como una suerte de remedio contra la potestad adversa y también contra el pecado de quienes abren su entendimiento a la verdad. Pues la muerte de Cristo redujo a la impotencia a las potestades que combaten contra el género humano y, mediante una potestad que nuestras palabras no alcanzan a expresar, liberó del pecado la vida de cada creyente. Puesto que Él quita el pecado hasta que todos los enemigos sean destruidos y, por último, la muerte, para que el mundo entero quede libre de pecado, Juan lo señala y dice: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". No se dice que lo quitará en el futuro, ni que solo ahora lo está quitando, ni que ya lo quitó pero no lo quita ahora. Su acción de quitar el pecado continúa: lo quita de cada persona del mundo hasta que haya sido quitado del mundo entero y el Salvador entregue al Padre el reino preparado y llevado a su consumación, un reino en el que no quede pecado alguno y que, por ello, esté dispuesto a aceptar al Padre como rey y, a su vez, espere recibir, plenamente y en todas sus partes, todo cuanto Dios tiene para otorgar, cuando se cumpla lo dicho: "Para que Dios sea todo en todos". Oímos, además, hablar de un hombre de quien se dice que viene después de Juan, que fue constituido antes que él y existía antes que él. Esto nos enseña que también el hombre del Hijo de Dios, el hombre unido a su divinidad, era anterior a su nacimiento de María. Juan dice que no conoce a este hombre; pero ¿acaso no tuvo que conocerlo cuando saltó de alegría, siendo aún una criatura no nacida en el vientre de Isabel, apenas llegó a los oídos de la esposa de Zacarías la voz del saludo de María? Considerad, por tanto, si las palabras "No lo conozco" pueden referirse al tiempo anterior a su existencia corporal. Aunque no lo conocía antes de que asumiera su cuerpo, sí lo conoció cuando aún estaba en el vientre de su madre; y quizá esté aprendiendo aquí algo nuevo acerca de Él, más allá de lo que antes sabía: que aquel sobre quien descienda y permanezca el Espíritu Santo es quien ha de bautizar con el Espíritu Santo y con fuego. Lo conocía desde el vientre de su madre, pero no lo sabía todo acerca de Él. Tal vez, cuando vio descender al Espíritu y permanecer sobre Él, no sabía aún que era Él quien bautiza con el Espíritu Santo y con fuego. Sin embargo, Juan no sabía que era verdaderamente un hombre, y el primer hombre.

    38. Cristo como Paráclito, como expiación y como potestad de Dios

    I, 38

    Pero ninguno de los nombres que hemos mencionado expresa su representación de nosotros ante el Padre, cuando intercede por la naturaleza humana y la reconcilia con Dios: el Paráclito, la propiciación y la expiación. Recibe el nombre de Paráclito en la Epístola de Juan: "Si alguno peca, tenemos un Paráclito ante el Padre, Jesucristo el justo". Y en la misma epístola se dice que es la expiación de nuestros pecados. Asimismo, en la Epístola a los romanos se le llama propiciación: "A quien Dios presentó como propiciación mediante la fe". De esta propiciación había un tipo en la parte más recóndita del templo, el Santo de los Santos: el propiciatorio de oro colocado sobre los dos querubines. Pero ¿cómo podría ser el Paráclito, la expiación y la propiciación sin la potestad de Dios, que pone fin a nuestra debilidad, se derrama sobre las almas de los creyentes y es dispensada por Jesús, quien, en verdad, es anterior a ella y Él mismo es la potestad de Dios, y hace posible que alguien diga: "Todo lo puedo por Jesucristo, que me fortalece"? Por eso sabemos que Simón el Mago, que se dio a sí mismo el título de "la potestad de Dios llamada Grande", fue destinado a la perdición y la ruina, él y su dinero con él. Nosotros, por el contrario, que confesamos a Cristo como la verdadera potestad de Dios, creemos compartir con Él, en cuanto es esa potestad, todas las cosas en las que reside alguna energía.

    39. Cristo como sabiduría, santificación y redención

    I, 39

    No debemos, sin embargo, pasar por alto que Él es por derecho propio la sabiduría de Dios, y que por eso recibe ese nombre. Pues la sabiduría del Dios y Padre de todas las cosas no conoce su sustancia mediante meras visiones, como los fantasmas del pensamiento humano. Quien sea capaz de concebir una existencia incorpórea de múltiples especulaciones que se extienden hasta la razón de las cosas existentes, viva y, por así decirlo, dotada de alma, verá cuán apropiadamente habla de sí misma la Sabiduría de Dios, que está por encima de toda criatura, cuando dice: "Dios me creó como principio de sus caminos, para sus obras". Mediante este acto creador pudo existir la creación entera, pues no era incapaz de recibir aquella sabiduría divina conforme a la cual fue traída al ser; porque Dios, según el profeta David, hizo todas las cosas con sabiduría. Pero muchas cosas llegaron a existir con ayuda de la sabiduría sin aprehender aquello por lo que fueron creadas; y son en verdad pocas las que aprehenden no solo la sabiduría que les concierne a ellas mismas, sino también la que se refiere a muchas otras cosas: a Cristo, que es la sabiduría en su totalidad. Cada uno de los sabios, en la medida en que acoge la sabiduría, participa en esa medida de Cristo en cuanto Él es sabiduría; del mismo modo que quien ha recibido una gran potestad participa también de Cristo, en cuanto Él es potestad, en la medida en que la posee. Lo mismo ha de pensarse de la santificación y la redención, pues Jesús mismo ha sido hecho para nosotros santificación y redención. Cada uno de nosotros es santificado con esa santificación y redimido con esa redención. Considerad, además, si las palabras "para nosotros", añadidas por el Apóstol, tienen alguna fuerza especial. Cristo, dice, "fue hecho para nosotros por Dios sabiduría, justicia, santificación y redención". En otros pasajes habla de Cristo como sabiduría sin tal precisión, y también como potestad, al decir que Cristo es la potestad de Dios y la sabiduría de Dios, aunque podríamos haber pensado que no era la sabiduría ni la potestad de Dios en sentido absoluto, sino solo para nosotros. Ahora bien, con respecto a la sabiduría y a la potestad, encontramos ambas formulaciones, la relativa y la absoluta; no ocurre así con la santificación y la redención. Considerad, pues, dado que "el que santifica y los que son santificados proceden todos de uno", si el Padre es la santificación de aquel que es nuestra santificación, así como, siendo Cristo nuestra cabeza, Dios es su cabeza. Cristo, en cambio, es nuestra redención porque habíamos caído prisioneros y necesitábamos ser rescatados. No indago acerca de su propia redención, pues, aunque fue tentado en todo como nosotros, no tuvo pecado, y sus enemigos nunca lo redujeron al cautiverio.

    40. Cristo como justicia; como demiurgo, agente del Dios bueno y sumo sacerdote

    I, 40

    Habiendo examinado la distinción entre "para nosotros" y "en sentido absoluto" —la santificación y la redención son "para nosotros" y no absolutas, mientras que la sabiduría y la redención lo son tanto para nosotros como en sentido absoluto—, no debemos omitir la indagación sobre el lugar de la justicia en el mismo pasaje. Que Cristo es justicia para nosotros se desprende claramente de las palabras: "Quien fue hecho para nosotros por Dios sabiduría, justicia, santificación y redención". Y si no hallamos que sea justicia en sentido absoluto, como es en sentido absoluto la sabiduría y la potestad de Dios, entonces debemos indagar si, así como el Padre es santificación para Cristo mismo, también el Padre es justicia para Él. Sabemos que no hay injusticia en Dios: es un Señor justo y santo, sus juicios son justos y, siendo justo, ordena todas las cosas con justicia.
    Los herejes establecieron, para sus propios fines, una distinción entre el justo y el bueno. No expusieron el asunto con mucha claridad, pero consideraban que el Demiurgo era justo, mientras que el Padre de Cristo era bueno. Esa distinción puede, creo yo, si se examina atentamente, aplicarse al Padre y al Hijo: el Hijo es justicia y ha recibido la potestad de ejercer el juicio, porque es el Hijo del Hombre y juzgará al mundo con justicia; el Padre, en cambio, hace el bien a quienes han sido disciplinados por la justicia del Hijo. Esto sucederá después del reino del Hijo; entonces el Padre manifestará en sus obras su nombre de Bueno, cuando Dios llegue a ser todo en todos. Y quizá el Salvador, mediante su justicia, prepara todas las cosas en los momentos oportunos y, mediante su palabra, su ordenación, sus castigos y, si puedo emplear tal expresión, sus auxilios curativos espirituales, las dispone para que reciban al fin la bondad del Padre. Consciente de esa bondad respondió a quien se dirigió al Unigénito con las palabras "Maestro bueno", diciendo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino uno solo: Dios, el Padre". Hemos tratado esto en otro lugar, especialmente al ocuparnos de la cuestión de quién es mayor que el Demiurgo; hemos entendido que Cristo es el Demiurgo y que el Padre es mayor que Él. Tales son, pues, sus grandezas: el Paráclito, la expiación, la propiciación, el que se compadece de nuestras debilidades, que fue tentado en todas las cosas humanas como nosotros, pero sin pecado; y, en consecuencia, es un gran Sumo Sacerdote, pues se ofreció a sí mismo como sacrificio de una vez para siempre, y no solo por los hombres, sino por toda criatura racional. Pues, sin Dios, gustó la muerte por todos. En algunos ejemplares de la Epístola a los hebreos se lee "por la gracia de Dios". Ahora bien, si gustó la muerte por todos sin Dios, murió no solo por los hombres, sino también por todos los demás seres intelectuales; o, si gustó la muerte por todos por la gracia de Dios, murió por todos sin Dios, pues por la gracia de Dios gustó la muerte por todos. Sería, sin duda, absurdo decir que gustó la muerte por los pecados humanos y no por los de cualquier otro ser, aparte del hombre, que hubiera caído en pecado, como, por ejemplo, las estrellas. Pues ni siquiera las estrellas son puras a los ojos de Dios, según leemos en Job: "Las estrellas no son puras ante su mirada", a menos que esto deba entenderse como una hipérbole. Por eso es un gran Sumo Sacerdote: porque restituye todas las cosas al reino de su Padre y dispone que se colme cuanto falte en cada parte de la creación, de modo que todo quede lleno de la gloria del Padre. A este Sumo Sacerdote, conforme a otra manera de concebirlo distinta de las que hemos considerado, se le llama Judá, para que quienes son judíos en lo secreto reciban el nombre de judíos no de Judá, hijo de Jacob, sino de Él, puesto que son sus hermanos y lo alaban por la libertad que han alcanzado. Pues es Él quien los libera, salvándolos de sus enemigos, sobre cuyas espaldas pone su mano para someterlos. Cuando haya puesto bajo sus pies a la potestad adversa y se halle solo en presencia de su Padre, entonces será Jacob e Israel; y así como Él nos hace luz, puesto que es la luz del mundo, también nos hace Jacob, puesto que se le llama Jacob, e Israel, puesto que se le llama Israel.

    41. Cristo como vara, flor y piedra

    I, 41

    Ahora bien, Él recibe el reino del rey que los hijos de Israel designaron cuando instauraron la monarquía sin mandato divino y sin siquiera consultar a Dios. Por eso libra las batallas del Señor y prepara así la paz para su Hijo, su pueblo; quizá sea esta la razón de que se le llame David. Después se le llama vara: eso es para quienes necesitan una disciplina más dura y severa y no se han sometido al amor y a la mansedumbre de Dios. Por ello, si es una vara, ha de "brotar": no permanece en sí mismo, sino que parece salir de su estado anterior. Al brotar, pues, y convertirse en vara, no permanece como vara, sino que después se convierte en una flor que se alza; y, tras haber sido vara, se da a conocer como flor a quienes, por haber sido Él vara, han recibido su visita. Pues "Dios castigará sus iniquidades con una vara", es decir, con Cristo. Pero "no retirará de él su misericordia", porque tendrá misericordia de él: aquel de quien el Hijo tiene misericordia recibe también la misericordia del Padre. Podría darse una interpretación según la cual Él es vara y flor con respecto a distintas personas: vara para quienes necesitan corrección y flor para quienes están siendo salvados; pero prefiero la explicación antes expuesta. Debemos añadir aquí, sin embargo, que quizá, si atendemos al fin, aquel para quien Cristo es vara lo tendrá también como flor, mientras que quien lo recibe como flor no necesariamente ha de conocerlo como vara. Y, sin embargo, así como una flor es más perfecta que otra y se dice que las plantas florecen aun cuando no den un fruto perfecto, los perfectos reciben de Cristo aquello que trasciende la flor. En cambio, quienes lo han conocido como vara participarán, junto con ella, no de su perfección, sino de la flor que precede al fruto. Por último, antes de llegar al término Logos, Cristo era una piedra desechada por los constructores, pero colocada en la cabeza del ángulo; pues las piedras vivas son edificadas sobre las otras piedras de los Apóstoles y profetas como sobre un cimiento, siendo Cristo Jesús mismo, nuestro Señor, la piedra angular principal. Como forma parte del edificio hecho de piedras vivas en la tierra de los vivos, se le llama piedra. Todo esto lo hemos dicho para mostrar cuán caprichoso y carente de fundamento es el proceder de quienes, dados los muchos nombres que recibe Cristo, toman la mera denominación "el Verbo" sin indagar, como hacen con sus otros títulos, en qué sentido se emplea. Ciertamente deberían preguntar qué se quiere decir cuando se afirma del Hijo de Dios que era el Verbo y era Dios, que estaba en el principio con el Padre y que todas las cosas fueron hechas por Él.

    42. De las diversas maneras en que Cristo es el Logos

    I, 42

    Así pues, Cristo recibe el nombre de Luz del Mundo por su acción de iluminar el mundo, del que es luz; y, puesto que hace que quienes se unen sinceramente a Él dejen atrás su condición de muertos, resuciten y se revistan de una vida nueva, se le llama la Resurrección. Del mismo modo, por otras formas de obrar se le llama Pastor y Maestro, Rey y Saeta Escogida, Siervo y, además, Paráclito, Expiación y Propiciación. De igual manera se le llama también el Logos, porque elimina de nosotros todo lo irracional y nos hace verdaderamente racionales, de suerte que hagamos todas las cosas, hasta comer y beber, para gloria de Dios, y que, por medio del Logos, desempeñemos para gloria de Dios tanto las funciones más comunes de la vida como las propias de una etapa más avanzada. Pues si, al participar en Él, resucitamos y somos iluminados, y acaso también reunidos como un rebaño y gobernados, está claro que nos hacemos racionales de un modo divino cuando Él expulsa de nosotros lo que hay de irracional y muerto, puesto que es el Logos (razón) y la Resurrección. Considerad, sin embargo, si todos los hombres participan de algún modo en Él en cuanto Logos. Sobre este punto nos enseña el Apóstol que no se lo debe buscar fuera de quien lo busca y que lo encuentran dentro de sí quienes se proponen hacerlo: "No digas en tu corazón: "¿Quién subirá al cielo?". Esto es hacer bajar a Cristo. O: "¿Quién descenderá al abismo?". Esto es hacer subir a Cristo de entre los muertos. Pero ¿qué dice la Escritura? La Palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón", como si Cristo mismo fuera la Palabra que se dice que ha de buscarse. Pero cuando el Señor mismo dice: "Si yo no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado; ahora, en cambio, no tienen excusa para su pecado", el único sentido que podemos hallar en sus palabras es que el propio Logos afirma que no se puede imputar pecado a aquellos a quienes Él (la razón) no ha llegado plenamente, mientras que son culpables, si pecan, quienes, habiendo participado en Él, obran contra las nociones mediante las cuales manifiesta su plena presencia en nosotros. Solo entendida de este modo es verdadera la sentencia: "Si yo no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado". Si estas palabras hubieran de aplicarse, como opinan muchos, al Cristo visible, ¿cómo sería verdad que no tenían pecado aquellos a quienes Él no vino? En ese caso, todos los que vivieron antes de la venida del Salvador estarían libres de pecado, puesto que Jesús, visible en la carne, aún no había venido. Más aún: todos aquellos a quienes nunca se les ha predicado estarían libres de pecado y, si no tienen pecado, está claro que no están sujetos al juicio. Pero del Logos presente en el hombre, del que hemos dicho que participa todo nuestro linaje, se habla en dos sentidos: primero, como plenitud de las nociones que se alcanza, salvo casos extraordinarios, en todo aquel que supera la niñez; segundo, como consumación, que solo se da en los perfectos. Por tanto, las palabras "Si yo no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado; ahora, en cambio, no tienen excusa para su pecado" han de entenderse en el primer sentido; pero las palabras "Todos los que vinieron antes de mí son ladrones y salteadores, y las ovejas no los escucharon", en el segundo. Pues, antes de que llegue la consumación de la razón, no hay en el hombre nada que no merezca reproche: todo es imperfecto y defectuoso, y de ningún modo puede obtener la obediencia de aquellos elementos irracionales que hay en nosotros y a los que, en sentido figurado, se llama ovejas. Y quizá el primer significado deba reconocerse en las palabras "El Logos se hizo carne", y el segundo, en "El Logos era Dios". Debemos, por consiguiente, considerar qué se puede observar en los asuntos humanos entre la afirmación "El Verbo (razón) se hizo carne" y "El Verbo era Dios". Cuando el Verbo se hizo carne, ¿podemos decir que, en cierta medida, quedó fragmentado y atenuado, y que desde entonces fue recobrando su condición hasta volver a ser lo que era al principio, Dios Verbo, el Verbo con el Padre, el Verbo cuya gloria vio Juan, verdaderamente unigénito, como procedente del Padre? Pero el Hijo también puede ser el Logos (Verbo) porque comunica las cosas secretas de su Padre, que es entendimiento, del mismo modo que el Hijo recibe el nombre de Verbo. Pues así como entre nosotros la palabra comunica lo que percibe el entendimiento, así también el Verbo de Dios, que conoce al Padre, revela al Padre que conoce, ya que ningún ser creado puede acercarse a Él sin un guía. Porque nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo revele; y, en cuanto es el Verbo, es el Mensajero del Gran Consejo, que lleva el gobierno sobre sus hombros, pues entró en su reino soportando la cruz. En el Apocalipsis, además, se dice que Fiel y Verdadero (el Verbo) está sentado sobre un caballo blanco; estos calificativos indican, a mi juicio, la claridad de la voz con que el Verbo de verdad nos habla durante su estancia entre nosotros. No es este el lugar más apropiado para mostrar cómo se emplea con frecuencia la palabra "caballo" en pasajes destinados a alentarnos en el aprendizaje de las cosas sagradas. Solo citaré dos: "El caballo engaña a quien busca salvación" y "Unos confían en carros y otros en caballos, pero nosotros nos alegraremos en el nombre del Señor nuestro Dios". Tampoco debemos pasar por alto un pasaje del salmo cuarenta y cuatro, citado con frecuencia por muchos escritores como si lo entendieran: "Mi corazón ha prorrumpido en una buena palabra; digo mis obras al Rey". Supongamos que es Dios Padre quien habla así: ¿qué es su corazón, para que la buena palabra aparezca conforme a él? Si, como suponen esos escritores, el Verbo (Logos) no necesita interpretación, entonces también el corazón debe tomarse en su sentido natural. Pero es del todo absurdo suponer que el corazón de Dios sea una parte de Él, como el nuestro lo es de nuestro cuerpo. Debemos recordar a esos escritores que, así como cuando se habla de la mano de Dios, de su brazo y de su dedo no entendemos literalmente esas palabras, sino que indagamos en qué sentido cabal podemos tomarlas para que sean dignas de Dios, así también su corazón ha de entenderse como su potestad racional, por la que dispone todas las cosas, y su palabra, como aquello que anuncia lo que hay en ese corazón suyo. Pero ¿quién anuncia el consejo del Padre a aquellas de sus criaturas que son dignas de recibirlo y se han elevado por encima de sí mismas, sino el Salvador? Acaso "ha prorrumpido" no carezca de significado: podrían haberse empleado otros cien términos; podría haberse dicho "Mi corazón ha producido una buena palabra" o "Mi corazón ha pronunciado una buena palabra". Pero cuando se prorrumpe, sale al mundo un soplo que estaba oculto; y así puede ser que el Padre dé a conocer las nociones de la verdad no continuamente, sino, por así decirlo, en una irrupción; y la palabra tiene el carácter de lo que así se produce y, por ello, se llama imagen de Dios invisible. Podemos, pues, mostrar nuestro acuerdo con la interpretación corriente de estas palabras y entender que las pronuncia el Padre. No es, sin embargo, evidente que sea Dios mismo quien anuncia estas cosas. ¿Por qué no podría ser un profeta? Lleno del Espíritu e incapaz de contenerse, hace brotar una palabra acerca de su profecía sobre Cristo: "Mi corazón ha prorrumpido en una buena palabra; digo mis obras al Rey; mi pluma es la lengua de un escritor diligente. Su belleza supera la de los hijos de los hombres". Y luego, dirigiéndose al propio Cristo: "La gracia se ha derramado sobre tus labios". Si el Padre fuera quien habla, ¿cómo podría continuar, después de las palabras "La gracia se ha derramado sobre tus labios", diciendo: "Por eso Dios te ha bendecido para siempre" y, poco más adelante: "Por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría por encima de tus compañeros"? Algunos de los que desean hacer del Padre el hablante pueden apelar a las palabras: "Escucha, hija, mira e inclina tu oído, y olvida a tu pueblo y la casa de tu padre". Podría decirse que el profeta no podía dirigirse a la Iglesia con las palabras "Escucha, hija". No es difícil, sin embargo, mostrar que en los salmos se producen frecuentes cambios de persona, de modo que las palabras "Escucha, hija" podrían proceder del Padre en este pasaje, aunque el salmo en su conjunto no proceda de Él. A nuestra exposición sobre el Verbo podemos añadir aquí este pasaje: "Por la palabra del Señor fueron fundados los cielos, y todo su poder, por el aliento de su boca". Algunos lo refieren al Salvador y al Espíritu Santo. El pasaje, sin embargo, no implica necesariamente más que el hecho de que los cielos fueron fundados por la razón (logos) de Dios, como cuando decimos que una casa se construye según el plano (logos) del arquitecto, o una nave según el plano (logos) del constructor de barcos. Del mismo modo, los cielos fueron fundados —hechos sólidos— por el Verbo de Dios, pues son de una sustancia más divina, que por ello se llama sólida: en su mayor parte tiene poca fluidez y no se disuelve fácilmente como otras partes del mundo, en particular las inferiores. Por esta diferencia se dice de manera especial que los cielos están constituidos por el Verbo de Dios.
    La afirmación, pues, comienza así: "En el principio era el Logos"; debemos tenerla plenamente presente. Pero los testimonios que citamos de los Proverbios nos llevaron a situar primero la sabiduría y a pensar que esta precede al Verbo que la anuncia. Hemos de observar, por tanto, que el Logos está siempre en el principio, es decir, en la sabiduría. El hecho de que esté en la sabiduría, llamada el principio, no impide que esté con Dios y que sea Dios; y no está simplemente con Dios, sino que está en el principio, en la sabiduría, con Dios. Pues continúa: "Él estaba en el principio con Dios". Podría haber dicho: "Estaba con Dios"; pero, así como estaba en el principio, también estaba con Dios en el principio, y "todas las cosas fueron hechas por él" estando en el principio, pues Dios hizo todas las cosas en la sabiduría, como nos dice David. Y para que comprendamos que el Verbo tiene su propio lugar y ámbito definidos, como quien tiene vida en sí mismo (y es una persona distinta), debemos hablar también de potestades, no de potestad. Leemos con frecuencia: "Así dice el Señor de las potestades" (V. A.: "de los ejércitos"); hay ciertas criaturas, racionales y divinas, que reciben el nombre de potestades. Y, entre ellas, Cristo era el más alto y el mejor, y se le llama no solo sabiduría de Dios, sino también su potestad. Así pues, del mismo modo que hay diversas potestades de Dios, cada una con su propia forma, y el Salvador es distinto de ellas, también Cristo, aunque aquello que es Logos en nosotros no esté fuera de nosotros en cuanto a su forma, será reconocido, por lo expuesto hasta aquí, como el Logos que tiene su ser en el principio, en la sabiduría. Baste esto por ahora acerca de las palabras: "En el principio era el Logos".

    Libro II

    II, 1

    1. "Y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios". En la sección precedente, mi venerado hermano Ambrosio, hermano formado según el Evangelio, hemos examinado, hasta donde por ahora nos es posible, qué es el Evangelio, qué es el principio en el que estaba el Verbo y qué es el Verbo que estaba en el principio. Nos corresponde ahora considerar el siguiente punto de nuestra investigación: cómo estaba el Verbo con Dios. Para ello será útil recordar que aquel a quien se llama el Verbo vino a ciertas personas, como en "La palabra del Señor que vino a Oseas, hijo de Beerí", "La palabra que vino a Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén" y "La palabra que vino a Jeremías acerca de la sequía". Hemos de indagar cómo vino este Verbo a Oseas, cómo vino también a Isaías, hijo de Amós, y, asimismo, a Jeremías acerca de la sequía; la comparación puede ayudarnos a descubrir cómo estaba el Verbo con Dios. La mayoría se fijará sencillamente en lo que dijeron los profetas, como si eso fuera la palabra del Señor, o el Verbo, que vino a ellos. Sin embargo, ¿no podría ser que, así como decimos que una persona viene a otra, también el Hijo, el Verbo del que ahora tratamos teológicamente, viniera a Oseas, enviado a él por el Padre? Históricamente, es decir, vino al profeta Oseas, hijo de Beerí; pero, en sentido místico, vino al que ha sido salvado, pues etimológicamente Oseas significa "Salvado"; y vino al hijo de Beerí, nombre que etimológicamente significa "pozos", ya que todo el que es salvado se convierte en hijo de aquella fuente que brota de las profundidades: la sabiduría de Dios. Y de ningún modo es extraño que el santo sea hijo de los pozos. Por sus obras valerosas se le llama a menudo hijo: hijo de la luz, por sus obras que resplandecen ante los hombres; hijo de la paz, por poseer la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento; o, una vez más, hijo de la sabiduría, por el auxilio que esta le presta, pues está escrito que la sabiduría es justificada por sus hijos. Así, quien por el espíritu divino escudriña todas las cosas, incluso las profundidades de Dios, hasta poder exclamar: "¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios!", puede ser hijo de los pozos, a quien viene la palabra del Señor. Del mismo modo, el Verbo viene también a Isaías y le enseña lo que ha de sobrevenir a Judea y Jerusalén en los últimos días; y viene asimismo a Jeremías, elevado por una exaltación divina. Pues IAO significa etimológicamente "elevación", "exaltación". Ahora bien, el Verbo viene a hombres que antes no podían recibir la venida del Hijo de Dios, que es el Verbo; pero no viene a Dios como si no hubiera estado antes con Él. El Verbo estaba siempre con el Padre; por eso se dice: "Y el Verbo estaba con Dios". No vino a Dios, y se emplea precisamente la palabra "estaba" para el Verbo porque estaba en el principio al mismo tiempo que estaba con Dios, sin estar separado del principio ni privado de su Padre. Tampoco comenzó a estar en el principio después de no haber estado en él, ni comenzó a estar con Dios después de no haber estado con Él. Pues antes de todo tiempo y de la era más remota, el Verbo estaba en el principio, y el Verbo estaba con Dios. Así, para averiguar qué significa la expresión "el Verbo estaba con Dios", hemos aducido las palabras empleadas acerca de los profetas, según las cuales vino a Oseas, a Isaías y a Jeremías, y hemos advertido la diferencia, de ningún modo fortuita, entre "vino" y "estaba". Hemos de añadir que, cuando viene a los profetas, los ilumina con la luz del conocimiento y les hace ver cosas que ya tenían ante sí, pero que hasta entonces no habían comprendido. Con Dios, en cambio, es Dios precisamente porque está con Él. Y quizá fue porque percibió cierto orden de esta índole en el Logos por lo que Juan no colocó la cláusula "el Verbo era Dios" antes de "el Verbo estaba con Dios". La secuencia en que dispone sus distintas frases no impide apreciar por separado y plenamente el alcance de cada proposición. Una es "En el principio era el Verbo"; la segunda, "El Verbo estaba con Dios"; y luego viene "Y el Verbo era Dios". Podría pensarse que la disposición de las frases indica un orden: primero tenemos "En el principio era el Verbo"; después, "Y el Verbo estaba con Dios"; y, en tercer lugar, "Y el Verbo era Dios", de modo que se advierta que estar con Dios hace del Verbo Dios.

    2. De qué modo el Logos es Dios. Errores que deben evitarse en esta cuestión

    II, 2

    Observemos ahora el uso que hace Juan del artículo en estas frases. No escribe descuidadamente a este respecto, ni desconoce las sutilezas de la lengua griega. En unos casos emplea el artículo y en otros lo omite. Lo añade a Logos, pero al nombre de Dios solo algunas veces. Emplea el artículo cuando el nombre de Dios se refiere a la causa increada de todas las cosas, y lo omite cuando llama Dios al Logos. ¿Se da entre Logos con artículo y Logos sin él la misma diferencia que observamos entre Dios con artículo y Dios sin él? Hemos de indagarlo. Así como el Dios que está por encima de todo es Dios con artículo y no sin él, "el Logos" es la fuente de aquella razón —logos— que habita en toda criatura racional; a la razón presente en cada criatura no se la llama, como a aquel, el Logos por excelencia. Ahora bien, hay muchos que se preocupan sinceramente por la religión y que aquí caen en gran perplejidad. Temen estar proclamando dos Dioses, y su temor los empuja a doctrinas falsas e impías. O niegan que el Hijo tenga una naturaleza propia distinta de la del Padre, y hacen de aquel a quien llaman Hijo el mismo Dios, salvo por el nombre; o niegan la divinidad del Hijo, le atribuyen una existencia propia y separada y sitúan la esfera de su esencia fuera de la del Padre, de manera que uno y otro resulten separables. A tales personas hemos de decirles que Dios, por una parte, es Dios verdadero por sí mismo —Autotheos—; por eso dice el Salvador en su oración al Padre: "Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero". Todo cuanto está más allá del Dios verdadero, en cambio, llega a ser dios por participación en su divinidad y no debe llamarse sencillamente "el Dios", con artículo, sino más bien "dios", sin artículo. Así, el primogénito de toda la creación, que es el primero en estar con Dios y en atraer hacia sí la divinidad, es un ser de rango más elevado que los otros dioses que están junto a Él y de los cuales Dios es Dios, como está escrito: "El Dios de los dioses, el Señor, habló y convocó a la tierra". Por mediación del primogénito llegaron ellos a ser dioses, pues Él recibió de Dios, en generosa medida, aquello por lo cual habían de ser hechos dioses, y se lo comunicó conforme a su propia largueza. El Dios verdadero, por tanto, es "el Dios", y los formados a semejanza de Él son dioses, imágenes, por así decirlo, de aquel que es su prototipo. Pero la imagen arquetípica de todas esas imágenes es, a su vez, el Verbo de Dios, que estaba en el principio y que, por estar con Dios, es Dios en todo momento; no lo es por sí mismo, sino por estar con el Padre, ni seguiría siendo Dios, si concebimos tal posibilidad, más que permaneciendo siempre en la contemplación ininterrumpida de las profundidades del Padre.

    3. Diversas relaciones del Logos con los hombres

    II, 3

    Es posible que a algunos les desagrade lo que hemos dicho al presentar al Padre como el único Dios verdadero y admitir, además de Él, otros seres que han llegado a ser dioses por participar de Dios. Tal vez teman que la gloria de aquel que supera a toda la creación quede rebajada al nivel de esos otros seres llamados dioses. Ya establecimos una distinción entre Él y ellos al mostrar que Dios Verbo es, para todos los demás dioses, el mediador de su divinidad. A fin de prevenir objeciones, hemos de añadir que la razón presente en toda criatura racional guarda con la Razón que estaba en el principio con Dios, y que es Dios Verbo, la misma relación que Dios Verbo guarda con Dios. La relación del Padre, que es Dios verdadero por sí mismo y el Dios verdadero, con su imagen y con las imágenes de esta —pues de los hombres se dice que son según la imagen, no que sean imágenes de Dios— es la misma que la de Él, el Verbo, con la razón o palabra presente en cada hombre. Cada uno ocupa el lugar de una fuente: el Padre es fuente de la divinidad; el Hijo, de la razón. Así pues, aunque hay muchos dioses, para nosotros hay un solo Dios, el Padre; y aunque hay muchos señores, para nosotros hay un solo Señor, Jesucristo. Del mismo modo, hay muchos Lgoi, pero nosotros, por nuestra parte, rogamos que esté con nosotros aquel único Lgos que estaba en el principio y estaba con Dios: Dios Logos. Pues quien no recibe a este Logos que estaba en el principio con Dios, ni se une a Él tal como se manifestó en la carne, ni participa de alguno de los que participaron de este Logos; o quien, habiendo participado de Él, vuelve a apartarse, tendrá su parte en lo que se considera más opuesto a la razón. Bastará ahora con aclarar lo que hemos deducido de las verdades de las que partimos. Hablamos, primero, de Dios y del Verbo de Dios, y de dioses, es decir, de seres que participan de la divinidad o de seres que son llamados dioses sin serlo. Hablamos asimismo del Logos de Dios y del Logos de Dios hecho carne; de logoi, o seres que participan de algún modo en el Logos; y de otros logoi de segundo o tercer orden, tenidos por logoi además del Logos que los precede a todos, aunque en realidad no lo son. Podría llamárselos "razones irracionales": así como se habla de seres que son llamados dioses sin serlo, junto a esos dioses que no son dioses podrían situarse razones que no son razones. Ahora bien, el Dios del universo es el Dios de los elegidos y, en grado mucho mayor, de los salvadores de los elegidos; es, por tanto, el Dios de los seres que verdaderamente son dioses y, en suma, el Dios de los vivos y no de los muertos. Dios Verbo, en cambio, es quizá el Dios de quienes le atribuyen todo y lo consideran su Padre. Según los relatos de los antiguos, el sol, la luna y las estrellas estaban vinculados a seres que no eran dignos de tener por Dios al Dios de los dioses. Los llevó a esta opinión un pasaje del Deuteronomio que dice aproximadamente así: "No sea que, al alzar los ojos al cielo y ver el sol, la luna y todo el ejército celeste, te extravíes y los adores y les sirvas, pues el Señor tu Dios los ha asignado a todos los pueblos. Pero a vosotros el Señor vuestro Dios no os los ha dado de ese modo". Ahora bien, ¿cómo asignó Dios el sol, la luna y todo el ejército celeste a todas las naciones sin dárselos del mismo modo también a Israel, para que quienes no podían elevarse al reino del entendimiento se vieran inclinados por dioses perceptibles a reflexionar acerca de la divinidad y, vinculándose a ellos por propia voluntad, no cayeran en la idolatría ni en el culto a los demonios? ¿No ocurre que algunos tienen por Dios al Dios del universo, mientras que una segunda clase, después de estos, se une al Hijo de Dios, su Cristo, y una tercera adora el sol, la luna y todo el ejército celeste, apartándose, ciertamente, de Dios, pero con un extravío muy distinto y mejor que el de quienes invocan como dioses obras de manos humanas, de plata y oro, obras del arte humano? Por último están los que se consagran a seres llamados dioses que no son dioses. De igual modo, algunos tienen fe en aquella Razón que estaba en el principio, estaba con Dios y era Dios; así la tuvieron Oseas, Isaías, Jeremías y otros que declararon que la palabra del Señor, o el Logos, había venido a ellos. Una segunda clase está formada por quienes no saben sino de Jesucristo, y de este crucificado: consideran que el Verbo hecho carne es el Verbo entero y no conocen a Cristo sino según la carne. Tal es la gran multitud de quienes son contados entre los creyentes. Una tercera clase se entrega a logoi —discursos— que tienen cierta participación en el Logos, al que consideran superior a toda otra razón: son quienes siguen las escuelas filosóficas honradas y distinguidas entre los griegos. Una cuarta clase, además de estas, es la de quienes ponen su confianza en discursos corruptos e impíos, niegan la providencia, tan manifiesta y casi visible, y reconocen para el hombre otro fin que perseguir distinto del bien. Quizá a algunos les parezca que nos hemos apartado de nuestro tema, pero, a mi juicio, la consideración a la que hemos llegado de cuatro cosas relacionadas con el nombre de Dios y otras cuatro relacionadas con el Logos viene muy a propósito aquí. Estaba Dios con artículo y dios sin artículo; había, además, dioses de dos órdenes, en la cumbre del superior de los cuales se encuentra Dios Verbo, a quien a su vez trasciende el Dios del universo. Y, asimismo, estaba el Logos con artículo y logos sin artículo, correspondientes a Dios en sentido absoluto y a un dios; y los logoi de dos rangos. Algunos hombres están vinculados al Padre y participan de Él; después vienen aquellos que nuestra argumentación pone ahora más claramente de manifiesto: los que han venido al Salvador y permanecen enteramente en Él. En tercer lugar están aquellos de quienes hablamos antes, que tienen al sol, la luna y las estrellas por dioses y se adhieren a ellos. Y, en cuarto y último lugar, quienes se someten a ídolos inanimados y muertos. Hallamos analogías de todo ello en lo que concierne al Logos. Algunos están adornados con el Verbo mismo; otros, con lo que está más próximo a Él y parece ser el Logos original mismo, a saber, quienes no saben sino de Jesucristo, y de este crucificado, y contemplan al Verbo como carne. Y está la tercera clase, tal como la describimos hace poco. ¿Para qué he de hablar de quienes parecen estar en el Logos, pero se han apartado no solo del bien mismo, sino hasta de sus huellas y de quienes participan de él?

    4. Que el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco

    II, 4

    "Él estaba en el principio con Dios". Mediante sus tres proposiciones anteriores, el evangelista nos ha dado a conocer tres aspectos, y ahora los reúne en uno solo al decir: "Este —el Logos— estaba en el principio con Dios". En la primera premisa aprendimos dónde estaba el Logos: estaba en el principio; luego aprendimos con quién estaba: con Dios; y después quién era: era Dios. Ahora señala mediante la palabra "Él" al Verbo que es Dios y reúne en una cuarta proposición las tres precedentes: "En el principio era el Verbo", "El Verbo estaba con Dios" y "El Verbo era Dios". Dice ahora: Él, este Verbo, estaba en el principio con Dios. Puede entenderse "principio" como el principio del mundo, de suerte que aprendamos de lo dicho que el Verbo es anterior a las cosas hechas desde el principio. Pues si "en el principio Dios creó el cielo y la tierra", pero "Él" estaba en el principio, es evidente que el Logos es anterior a cuanto fue hecho al principio: anterior no solo al firmamento y a la tierra seca, sino a los cielos y la tierra. Ahora bien, alguien podría preguntar, y no sin razón, por qué no se dice: "En el principio era el Verbo de Dios, y el Verbo de Dios estaba con Dios, y el Verbo de Dios era Dios". Pero a quien planteara tal pregunta se le podría mostrar que da por supuesta una pluralidad de logoi, quizá distintos entre sí por su especie: uno sería el verbo de Dios, otro acaso el de los ángeles, un tercero el de los hombres, y así sucesivamente. Ahora bien, si tal fuera el caso del Logos, otro tanto ocurriría con la sabiduría y la justicia. Pero sería absurdo que hubiera varias cosas que pudieran llamarse por igual "el Verbo"; y lo mismo valdría para la sabiduría y la justicia. Nos veremos obligados a reconocer que no debemos buscar una pluralidad de logoi, de sabidurías ni de justicias si consideramos el caso de la verdad. Cualquiera reconocerá que solo hay una verdad: jamás podría decirse que existe una verdad de Dios, otra de los ángeles y otra del hombre, pues está en la naturaleza de las cosas que la verdad acerca de cualquier asunto sea una. Ahora bien, si la verdad es una, está claro que su preparación y su demostración, que constituyen la sabiduría, también deben concebirse razonablemente como una sola, puesto que lo que se tiene por sabiduría no puede reclamar con justicia ese nombre cuando no alcanza la verdad, que es una. Y si la verdad es una y la sabiduría una, también será una la Razón —el Logos— que anuncia la verdad y la vuelve sencilla y manifiesta para quienes están dispuestos a recibirla. Decimos esto sin negar en modo alguno que la verdad, la sabiduría y la razón sean de Dios; queremos, más bien, señalar el propósito de que en este pasaje se omitan las palabras "de Dios" y de que la declaración adopte esta forma: "En el principio el Logos estaba con Dios". El mismo Juan le da en el Apocalipsis su nombre con el añadido "de Dios" cuando dice: "Y vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba era llamado Fiel y Verdadero; y con justicia juzga y hace la guerra. Sus ojos son como llama de fuego, y sobre su cabeza hay muchas diademas; tiene escrito un nombre que nadie conoce sino Él mismo. Va vestido con un manto salpicado de sangre, y su nombre es llamado Palabra de Dios. Los ejércitos del cielo lo seguían sobre caballos blancos, vestidos de lino fino y puro. De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones; las regirá con vara de hierro y pisa el lagar del furor de la ira del Dios todopoderoso. Y lleva escrito en su manto y en su muslo un nombre: Rey de reyes y Señor de señores". En este pasaje se habla necesariamente de Logos en sentido absoluto, sin artículo, y también con el añadido "de Dios". Si no se hubiera dado lo primero —es decir, si se hubiera empleado el artículo—, podríamos haber entendido mal su significado y habernos apartado así de la verdad acerca del Logos. Pues si se lo hubiera llamado simplemente Logos, sin decir que era el Logos de Dios, no se nos habría informado claramente de que el Logos es el Logos de Dios. Y, a su vez, si se lo hubiera llamado Logos de Dios sin decir que era Logos en sentido absoluto, podríamos imaginar muchos logoi, según la constitución de cada uno de los seres racionales existentes, y suponer así una pluralidad de logoi propiamente dichos. Por otra parte, al describir en el Apocalipsis al Logos de Dios, el apóstol y evangelista —a quien el Apocalipsis da derecho también al título de profeta— dice que vio al Verbo de Dios en el cielo abierto y que montaba un caballo blanco. Hemos de considerar ahora qué quiere dar a entender al hablar del cielo abierto, del caballo blanco y del Verbo de Dios que lo monta; y también qué significa decir que el Verbo de Dios es Fiel y Verdadero, y que con justicia juzga y hace la guerra. Todo ello contribuirá en gran medida a nuestro estudio acerca del Verbo de Dios. Pues bien, entiendo que el cielo estaba cerrado para los impíos y para quienes llevan la imagen del hombre terreno, y que estaba abierto para los justos y para quienes están adornados con la imagen del celestial. A los primeros, que permanecen abajo y habitan todavía en la carne, les están cerradas las cosas superiores, pues no pueden comprenderlas ni tienen la potestad ni la voluntad de contemplar su hermosura, ya que miran hacia abajo y no se esfuerzan por levantar la vista. Pero a los excelentes, o a quienes tienen su ciudadanía en el cielo, Él les abre con la llave de David las cosas celestiales, las descubre ante sus ojos y, montado en su caballo, se las esclarece por completo. También estas palabras tienen un significado: el caballo es blanco porque es propio del conocimiento superior —la gnosis— ser claro, blanco y lleno de luz. Y sobre el caballo blanco se sienta aquel a quien llaman Fiel, asentado con mayor firmeza y, por así decirlo, con mayor majestad sobre palabras que no pueden ser refutadas: palabras que corren con agudeza y más veloces que cualquier caballo, y en su carrera sobrepasan a toda pretendida palabra que simula ser el Verbo y a toda pretendida verdad que simula ser la Verdad. Al que monta el caballo blanco se lo llama Fiel no por la fe que Él alberga, sino por la que inspira, porque es digno de fe. Ahora bien, el Señor Jehová, según Moisés, es Fiel y Verdadero. Es verdadero también en relación con la sombra, el tipo y la imagen; tal es el Verbo que está en el cielo abierto, pues no está en la tierra del mismo modo que en el cielo: en la tierra se hace carne y habla por medio de la sombra, el tipo y la imagen. Por tanto, la multitud de quienes son tenidos por creyentes son discípulos de la sombra del Verbo, no del verdadero Verbo de Dios que está en el cielo abierto. Por eso dice Jeremías: "El espíritu de nuestro rostro es Cristo el Señor, de quien dijimos: A su sombra viviremos entre las naciones". Así, el Verbo de Dios, llamado Fiel, es llamado también Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra, pues ha recibido de Dios la facultad de juzgar con verdadera rectitud y verdadero juicio, y de asignar a cada criatura existente lo que le corresponde. Pues ninguno de los que poseen cierta participación en la justicia y en la facultad de juzgar puede recibir en su alma copias e impresiones de la justicia y del juicio tan perfectas que no le falte nada de la justicia y la rectitud absolutas, del mismo modo que ningún pintor puede comunicar a una representación todas las cualidades del original. Esta, a mi entender, es la razón por la que David dice: "Ante ti ningún viviente será justificado". No dice "ningún hombre" ni "ningún ángel", sino "ningún viviente", porque, aunque un ser participe de la vida y se haya despojado por completo de la mortalidad, ni siquiera entonces puede ser justificado en comparación contigo, que eres, por así decirlo, la Vida misma. Tampoco es posible que quien participa de la vida y por ello es llamado viviente llegue a ser la vida misma, ni que quien participa de la justicia y por ello es llamado justo se iguale a la justicia misma. Ahora bien, es propio del Verbo de Dios no solo juzgar con justicia, sino también hacer la guerra con justicia, a fin de que, combatiendo a sus enemigos mediante la razón y la justicia, y destruyendo así lo irracional y lo perverso, pueda morar en el alma de quien, para su salvación, por así decirlo, se ha hecho cautivo de Cristo, justificar esa alma y expulsar de ella a todos sus adversarios. Tendremos, sin embargo, una idea más clara de esta guerra que libra el Verbo si recordamos que es embajador de la verdad, mientras que hay otro que pretende ser el Verbo sin serlo, y otra que se llama a sí misma la verdad sin serlo, pues es mentira. Entonces el Verbo se arma contra la mentira, la mata con el aliento de su boca y la aniquila con la manifestación de su venida. Considera si estas palabras del Apóstol a los tesalonicenses pueden entenderse en sentido intelectual. Pues ¿qué es aquello que destruye el aliento de la boca de Cristo, siendo Cristo el Verbo, la Verdad y la Sabiduría, sino la mentira? Y ¿qué es lo que aniquila la manifestación de la venida de Cristo, concebido como sabiduría y razón, sino aquello que se proclama sabiduría cuando, en realidad, es una de las cosas con las que Dios procede según describe el Apóstol: "Prende a los sabios —que no son sabios con la verdadera sabiduría— en su propia astucia"? A lo dicho acerca del jinete del caballo blanco, Juan añade esta admirable afirmación: "Sus ojos son como llama de fuego". Pues así como la llama del fuego es brillante e ilumina, pero al mismo tiempo abrasa y destruye las cosas materiales, así también, si se me permite expresarlo de este modo, son los ojos del Logos con los que ve Él y ve todo el que participa de Él: no solo tienen la cualidad de aprehender las cosas del entendimiento, sino también la de consumir y desechar las concepciones más materiales y groseras, ya que todo cuanto es de algún modo falso huye de la claridad y la ligereza de la verdad. Con un orden muy natural, después de hablar de aquel que juzga con justicia y hace la guerra conforme a sus justos juicios, y de la luz que da tras combatir, el escritor continúa: "Sobre su cabeza hay muchas diademas". Pues si la mentira hubiera sido una sola y de una sola forma, y contra ella hubiera luchado el Verbo Verdadero y Fiel hasta vencerla y ser coronado, naturalmente se le habría concedido una sola corona por su victoria. Pero, puesto que son muchas las mentiras que se presentan como verdad y por combatirlas es coronado el Verbo, muchas son las diademas que rodean la cabeza de quien las ha vencido a todas. Como ha vencido a toda potestad rebelde, muchas diademas señalan su victoria. A continuación se dice que tiene escrito un nombre que nadie conoce sino Él mismo. Pues hay cosas que solo el Verbo conoce: los seres que llegan a existir después de Él poseen una naturaleza inferior a la suya, y ninguno es capaz de contemplar todo lo que Él comprende. Y quizá solo quienes participan de ese Verbo conocen las cosas que permanecen ocultas a quienes no participan de Él. Ahora bien, en la visión de Juan, el Verbo de Dios no está desnudo cuando monta el caballo blanco: lleva un manto salpicado de sangre, pues el Verbo que se hizo carne y por ello murió está rodeado de las señales de que su sangre fue derramada sobre la tierra cuando el soldado le traspasó el costado. De aquella pasión, aun si algún día nos fuera dado llegar a la contemplación más alta y suprema del Logos, no perderemos todo recuerdo ni olvidaremos que nuestro acceso fue posible gracias a su estancia en nuestro cuerpo.
    A este Verbo de Dios lo siguen todos los ejércitos celestiales sin excepción; siguen al Verbo como a su caudillo y lo imitan en todo, especialmente en haber montado también ellos caballos blancos. Para quien comprende, este misterio está abierto. Y así como al fin de todas las cosas desaparecieron el dolor, la aflicción y el llanto, también desaparecieron, supongo, la oscuridad y la duda, al quedar desvelados con precisión y claridad todos los misterios de la sabiduría de Dios. Considera también los caballos blancos de quienes siguen al Verbo y el lino blanco y puro con que iban vestidos. Puesto que el lino procede de la tierra, ¿no podrían esas vestiduras de lino representar las lenguas de la tierra en que se revisten las voces que anuncian las cosas con claridad? Nos hemos detenido largamente en las afirmaciones que acerca del Verbo de Dios se encuentran en el Apocalipsis; importa que tengamos un conocimiento claro de Él.
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