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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minLos ciento cuarenta y cuatro mil sellados en el Apocalipsis son conversos a Cristo procedentes del mundo gentil
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minToda la Escritura es Evangelio; pero los Evangelios se distinguen por encima de las demás Escrituras
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minQué bienes se anuncian en los Evangelios
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCómo Jesús mismo es el Evangelio
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minEl Evangelio contiene también las malas acciones cometidas contra Jesús
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 5 minEl Evangelio está en el Antiguo Testamento y, en verdad, en el universo entero
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minEn el tiempo. El principio de la creación
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minDel designio y su ejecución
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minEl título de "Verbo" debe interpretarse por el mismo método que los demás títulos de Cristo
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 8 minCristo como luz: en qué sentido son él y sus discípulos la luz del mundo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCristo como resurrección
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minCristo como maestro y Señor
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 6 minCristo como el viviente y el muerto
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 8 minCristo como Paráclito, como expiación y como potestad de Dios
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 11 minCristo como vara, flor y piedra
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minLibro II
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 9 minDe qué modo el Logos es Dios. Errores que deben evitarse en esta cuestión
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 11 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 1 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 12 minÉl —este— estaba en el principio con Dios
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 8 minDe las cosas que no fueron hechas por medio del Logos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minEl Logos presente en nosotros no es responsable de nuestros pecados
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCómo nadie es justo ni puede decirse verdaderamente que vive en comparación con Dios
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCómo la vida en el Logos sigue el modelo del principio
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 7 minLa vida puede ser también la luz de otros seres
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minLa vida de la que aquí se habla es la vida superior, la de la razón
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCómo las tinieblas no lograron alcanzar la luz
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minArgumento tomado de la oración de José para mostrar que el Bautista pudo haber sido un ángel que se hizo hombre
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minLos profetas dieron testimonio de Cristo y predijeron muchas cosas acerca de él
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 8 minEnumeración de los seis testimonios del Bautista. El "venid y ved" de Jesús. Significado de la hora décima
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 6 minLibro IV
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 10 minLos apóstoles escribieron poco
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 6 minLibro VI
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 9 minCómo conocieron las cosas de Cristo los profetas y los santos del Antiguo Testamento
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 min"La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo"
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 8 minJuan niega ser Elías o "el" profeta. Sin embargo, era "un" profeta
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 12 minDel nacimiento de Juan y de su supuesta identidad con Elías. De la doctrina de la transcorporación
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 3 minJuan es un profeta, pero no el profeta
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 8 minJuan 1:22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minLa opinión de Heracleón sobre la voz y sobre Juan el Bautista
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 11 minJuan 1:24-25. Acerca del bautismo de Juan, del de Elías y del de Cristo
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 7 minCómo responde el Bautista a la pregunta de los fariseos y exalta la naturaleza de Cristo
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minComparación del testimonio de Juan sobre Jesús en los distintos Evangelios
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minSobre el testimonio de Marcos. Qué significan las sandalias del Salvador y desatar sus correas
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 8 minEl cuarto Evangelio habla de una sola sandalia; los demás, de las dos. Significado de esta diferencia
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minEl nombre del lugar donde Juan bautizaba no es Betania, como figura en la mayoría de los ejemplares, sino Betábara
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 7 minEl relato del paso de Israel por el Jordán bajo la guía de Josué es figura de las realidades cristianas y fue escrito para nuestra instrucción
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minSobre el paso de Elías y Eliseo por el Jordán
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 7 minSobre lo que Juan aprendió de Jesús cuando María visitó a Isabel en la región montañosa
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minSe ofrecía un cordero en el sacrificio de la mañana y en el de la tarde. Significado de esto
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 8 minSobre los efectos de la muerte de Cristo, su triunfo posterior y la eliminación de los pecados de los hombres por medio de su muerte
  53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 8 minSe dice que el mundo cuyo pecado es quitado es la Iglesia. Razones para no compartir esta opinión
  54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 6 minLa discrepancia entre Juan y los tres primeros Evangelios en esta parte del relato
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minLa Escritura contiene muchas contradicciones y muchas afirmaciones que no son literalmente verdaderas, sino que deben leerse espiritual y místicamente
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minDistintos relatos de la llamada de Pedro y del encarcelamiento del Bautista. El significado de "Cafarnaúm"
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 6 minHeracleón afirma que no se dice que Jesús hiciera nada en Cafarnaúm. Pero en los otros Evangelios hace allí muchas cosas
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minPor qué se dice que la Pascua es "de los judíos"
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 10 minDe las fiestas celestiales, de las que son tipo las terrenales
  60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 10 minEn los tres primeros Evangelios solo se habla de la Pascua al final del ministerio; en Juan, al principio
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 8 minInterpretación espiritual del relato de la purificación del templo
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 6 minEl relato de Mateo sobre la entrada en Jerusalén. Dificultades que plantea a quienes lo toman literalmente
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 12 minLa asna y el pollino son el Antiguo y el Nuevo Testamento
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 10 minDiversas opiniones de Heracleón sobre la purificación del templo
  65. Sesión 65 · Parte 11 · ≈ 9 minCómo el Padre resucitó al Hijo. La acusación formulada contra Jesús en su proceso se basó en el episodio que ahora examinamos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 8 minEl templo del que habla Cristo es la Iglesia
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 6 minContinuación de la interpretación espiritual de la construcción del templo de Salomón
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 7 minSobre la fe que los discípulos alcanzaron después en las palabras de Jesús
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 4 minAcerca de qué seres necesitaba Jesús testimonio

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    TEXTOS — ORÍGENES DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Comentario al Evangelio de Juan

    Alejandría y Cesarea, desde poco antes de 231 · Traducción castellana directa de la edición de Allan Menzies (ANF)47 minPosición: 0% de esta parteParte 8 de 11 · El cuarto Evangelio habla de una sola sandalia; los demás, de las dos. Significado de esta diferenciaPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ORI-02

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minLos ciento cuarenta y cuatro mil sellados en el Apocalipsis son conversos a Cristo procedentes del mundo gentil
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minToda la Escritura es Evangelio; pero los Evangelios se distinguen por encima de las demás Escrituras
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minQué bienes se anuncian en los Evangelios
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCómo Jesús mismo es el Evangelio
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minEl Evangelio contiene también las malas acciones cometidas contra Jesús
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 5 minEl Evangelio está en el Antiguo Testamento y, en verdad, en el universo entero
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minEn el tiempo. El principio de la creación
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minDel designio y su ejecución
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minEl título de "Verbo" debe interpretarse por el mismo método que los demás títulos de Cristo
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 8 minCristo como luz: en qué sentido son él y sus discípulos la luz del mundo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCristo como resurrección
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minCristo como maestro y Señor
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 6 minCristo como el viviente y el muerto
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 8 minCristo como Paráclito, como expiación y como potestad de Dios
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 11 minCristo como vara, flor y piedra
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minLibro II
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 9 minDe qué modo el Logos es Dios. Errores que deben evitarse en esta cuestión
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 11 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 1 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 12 minÉl —este— estaba en el principio con Dios
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 8 minDe las cosas que no fueron hechas por medio del Logos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minEl Logos presente en nosotros no es responsable de nuestros pecados
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCómo nadie es justo ni puede decirse verdaderamente que vive en comparación con Dios
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCómo la vida en el Logos sigue el modelo del principio
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 7 minLa vida puede ser también la luz de otros seres
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minLa vida de la que aquí se habla es la vida superior, la de la razón
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCómo las tinieblas no lograron alcanzar la luz
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minArgumento tomado de la oración de José para mostrar que el Bautista pudo haber sido un ángel que se hizo hombre
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minLos profetas dieron testimonio de Cristo y predijeron muchas cosas acerca de él
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 8 minEnumeración de los seis testimonios del Bautista. El "venid y ved" de Jesús. Significado de la hora décima
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 6 minLibro IV
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 10 minLos apóstoles escribieron poco
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 6 minLibro VI
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 9 minCómo conocieron las cosas de Cristo los profetas y los santos del Antiguo Testamento
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 min"La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo"
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 8 minJuan niega ser Elías o "el" profeta. Sin embargo, era "un" profeta
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 12 minDel nacimiento de Juan y de su supuesta identidad con Elías. De la doctrina de la transcorporación
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 3 minJuan es un profeta, pero no el profeta
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 8 minJuan 1:22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minLa opinión de Heracleón sobre la voz y sobre Juan el Bautista
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 11 minJuan 1:24-25. Acerca del bautismo de Juan, del de Elías y del de Cristo
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 7 minCómo responde el Bautista a la pregunta de los fariseos y exalta la naturaleza de Cristo
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minComparación del testimonio de Juan sobre Jesús en los distintos Evangelios
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minSobre el testimonio de Marcos. Qué significan las sandalias del Salvador y desatar sus correas
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 8 minEl cuarto Evangelio habla de una sola sandalia; los demás, de las dos. Significado de esta diferencia
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minEl nombre del lugar donde Juan bautizaba no es Betania, como figura en la mayoría de los ejemplares, sino Betábara
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 7 minEl relato del paso de Israel por el Jordán bajo la guía de Josué es figura de las realidades cristianas y fue escrito para nuestra instrucción
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minSobre el paso de Elías y Eliseo por el Jordán
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 7 minSobre lo que Juan aprendió de Jesús cuando María visitó a Isabel en la región montañosa
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minSe ofrecía un cordero en el sacrificio de la mañana y en el de la tarde. Significado de esto
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    53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 8 minSe dice que el mundo cuyo pecado es quitado es la Iglesia. Razones para no compartir esta opinión
    54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 6 minLa discrepancia entre Juan y los tres primeros Evangelios en esta parte del relato
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minLa Escritura contiene muchas contradicciones y muchas afirmaciones que no son literalmente verdaderas, sino que deben leerse espiritual y místicamente
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minDistintos relatos de la llamada de Pedro y del encarcelamiento del Bautista. El significado de "Cafarnaúm"
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 6 minHeracleón afirma que no se dice que Jesús hiciera nada en Cafarnaúm. Pero en los otros Evangelios hace allí muchas cosas
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minPor qué se dice que la Pascua es "de los judíos"
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 10 minDe las fiestas celestiales, de las que son tipo las terrenales
    60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 10 minEn los tres primeros Evangelios solo se habla de la Pascua al final del ministerio; en Juan, al principio
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 8 minInterpretación espiritual del relato de la purificación del templo
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 6 minEl relato de Mateo sobre la entrada en Jerusalén. Dificultades que plantea a quienes lo toman literalmente
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 12 minLa asna y el pollino son el Antiguo y el Nuevo Testamento
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 10 minDiversas opiniones de Heracleón sobre la purificación del templo
    65. Sesión 65 · Parte 11 · ≈ 9 minCómo el Padre resucitó al Hijo. La acusación formulada contra Jesús en su proceso se basó en el episodio que ahora examinamos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 8 minEl templo del que habla Cristo es la Iglesia
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 6 minContinuación de la interpretación espiritual de la construcción del templo de Salomón
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 7 minSobre la fe que los discípulos alcanzaron después en las palabras de Jesús
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 4 minAcerca de qué seres necesitaba Jesús testimonio

    21. El cuarto Evangelio habla de una sola sandalia; los demás, de las dos. Significado de esta diferencia

    VI, 21

    También en cuanto a las sandalias mencionadas en los otros tres Evangelios tenemos una cuestión que considerar: debemos compararlas con la única sandalia nombrada por el discípulo Juan. "No soy digno —leemos allí— de desatar la correa de su sandalia". Quizá fue conquistado por la gracia de Dios y recibió el don de hacer aquello de lo que por sí mismo no habría sido digno: desatar la correa de una de las sandalias, después de haber visto la estancia entre los hombres del Salvador, de la cual da testimonio. Pero no conocía lo que habría de venir después, esto es, si Jesús llegaría también al lugar al que él iría tras ser decapitado en la prisión, o si debía esperar a otro; de ahí que aluda enigmáticamente a esa duda, que más tarde quedó despejada para nosotros, y diga: "No soy digno de desatar la correa de su sandalia". Si alguien considera superflua esta especulación, puede reunir en una sola interpretación las palabras acerca de las sandalias y las relativas a la sandalia, como si Juan dijera: "No soy de ningún modo digno de desatar la correa de sus sandalias, ni siquiera, para empezar, la de una sola de ellas". O bien lo dicho en los cuatro Evangelios puede conciliarse de la siguiente manera: si Juan comprende la estancia de Jesús aquí, pero tiene dudas acerca de lo venidero, dice con toda verdad que no es digno de desatar la correa de sus sandalias; pues, aunque desató la de una sandalia, no desató las dos. Y, por otra parte, también es enteramente cierto lo que dice acerca de la correa de la sandalia, ya que, como vimos, aún duda si Jesús es el que había de venir o si debe esperarse a otro en aquella otra región.

    22. Cómo el Verbo está en medio de los hombres sin que estos lo conozcan

    VI, 22

    En cuanto a las palabras "En medio de vosotros está uno a quien no conocéis", nos llevan a considerar al Hijo de Dios, el Verbo por quien todo fue hecho, pues está presente en sustancia en toda la naturaleza que sirve de fundamento a las cosas, siendo uno con la Sabiduría. Desde el principio penetró toda la creación, de manera que cuanto llegase a ser hecho en cualquier momento lo fuese por medio de Él, y que siempre pudiera decirse con verdad de cualquier cosa: "Todo fue hecho por medio de Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto fue hecho"; y también: "Con sabiduría las hiciste todas". Ahora bien, si penetra toda la creación, está también en quienes preguntan: "¿Por qué bautizas, si no eres el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?". En medio de ellos está el Verbo, que permanece uno y firme, establecido en todas partes por el Padre. O las palabras "En medio de vosotros está" pueden entenderse así: en medio de vosotros, hombres, puesto que sois seres racionales, está aquel de quien la Escritura atestigua que es el principio rector en medio de todo cuerpo y que, por tanto, está presente en vuestro corazón. Así pues, quienes tienen al Verbo en medio de sí, pero no consideran su naturaleza, ni de qué fuente y principio procede, ni cómo les dio la naturaleza que poseen, esos, aunque lo tienen en medio de sí, no lo conocen. Juan, en cambio, lo conocía: las palabras "a quien no conocéis", dirigidas como reproche a los fariseos, muestran que él conocía bien al Verbo que ellos desconocían. Por tanto, el Bautista, puesto que lo conocía, lo vio venir después de él, a Él que ya estaba en medio de ellos; es decir, lo vio morar, después de Juan y de la enseñanza impartida por este en su bautismo, en quienes, conforme a la razón —o al Verbo—, se sometían a aquel rito purificador. Sin embargo, "después" no tiene aquí el mismo sentido que cuando Jesús nos manda ir "detrás" de Él; pues en ese caso se nos ordena seguirlo para que, caminando tras sus pasos, lleguemos al Padre; en el otro, en cambio, significa que, después de las enseñanzas de Juan —puesto que "vino para que todos creyeran por medio de Él"—, el Verbo habita con quienes se han preparado, purificados como están por las palabras menores para recibir al Verbo perfecto. En primer lugar, pues, está el Padre, sin mudanza ni cambio alguno; y después está también su Verbo, siempre ocupado en su obra de salvación y, aun cuando está en medio de los hombres, sin ser comprendido ni siquiera visto. Está asimismo enseñando e invitando a todos a beber de su fuente abundante, pues "Jesús, puesto en pie, clamó diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba".

    23. Interpretación de Heracleón de estas palabras de Juan el Bautista y de la sandalia de Jesús

    VI, 23

    Heracleón, sin embargo, declara que "En medio de vosotros está uno" equivale a "Ya está aquí, y está en el mundo y entre los hombres, y ya se ha manifestado a todos vosotros". Con ello deja de lado el significado también presente en esas palabras: que el Verbo había penetrado el mundo entero. Pues debemos preguntarle: ¿cuándo no está presente y cuándo no está en el mundo? ¿No dice este Evangelio: "En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció"? Por eso no lo conocen aquellos para quienes el Logos es aquel "a quien no conocéis": nunca han salido del mundo, y el mundo no lo conoce. Pero ¿en qué momento dejó de estar entre los hombres? ¿No estaba en Isaías cuando dijo: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido", y "Me manifesté a quienes no me buscaban"? Que digan también si no estaba en David cuando este dijo, no por sí mismo: "Pero Él me estableció como rey en Sion, su monte santo", y pronunció las demás palabras que se dicen en los Salmos en persona de Cristo. ¿Y por qué habría yo de recorrer todos los pormenores de esta demostración, que verdaderamente son difíciles de contar, cuando puedo mostrar con toda claridad que Él siempre estuvo entre los hombres? Esto basta para mostrar que no es acertada la interpretación que Heracleón da de "En medio de vosotros está", cuando afirma que equivale a "Ya está aquí, y está en el mundo y entre los hombres". Nos inclinamos a estar de acuerdo con él cuando dice que "El que viene después de mí" muestra que Juan es el precursor de Cristo, pues en verdad es como un siervo que corre delante de su señor. Las palabras "No soy digno de desatar la correa de su sandalia" reciben, sin embargo, una interpretación demasiado simple cuando se afirma que "con ellas el Bautista confiesa no ser digno ni siquiera del servicio más humilde prestado a Cristo". Tras esta interpretación añade, no sin fundamento: "No soy digno de que por mí descienda de su grandeza y tome la carne como calzado de su pie; acerca de ello no soy capaz de dar explicación ni descripción alguna, ni de desatar el modo en que está dispuesto". Al entender el mundo como su sandalia, Heracleón muestra cierta amplitud de pensamiento, pero inmediatamente después roza la impiedad al declarar que todo esto debe entenderse de la persona a la que, según él, Juan se refiere aquí. Pues considera que es el Demiurgo del mundo quien confiesa con estas palabras ser inferior a Cristo; y esto es el colmo de la impiedad.
    Pues el Padre que lo envió, aquel que es Dios de los vivos —de Abrahán, de Isaac y de Jacob—, como el propio Jesús atestigua, y que es mayor que el cielo y la tierra por ser su Hacedor, es también el único bueno y es mayor que aquel a quien envió. Y aunque, como dijimos, era elevada la idea de Heracleón según la cual el mundo entero era la sandalia de Jesús, creo que no debemos estar de acuerdo con él. Pues ¿cómo puede conciliarse tal idea con "El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies", testimonio que Jesús acepta como dicho acerca del Padre? "No juréis por el cielo —dice—, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies". Si toma el mundo entero por sandalia de Jesús, ¿cómo puede aceptar también el pasaje "¿No lleno yo el cielo y la tierra?", dice el Señor? Vale asimismo la pena indagar si, puesto que el Verbo y la Sabiduría penetran el mundo entero y el Padre estaba en el Hijo, estas palabras deben entenderse como antes hemos expuesto o de esta otra manera: aquel que, desde el principio, estaba rodeado por toda la creación, además de tener en sí al Hijo, concedió al Salvador, como segundo después de Él y como Dios Verbo, penetrar toda la creación. A quienes son capaces de reparar en el movimiento incesante del gran cielo y en cómo arrastra consigo de oriente a occidente tan inmensa multitud de estrellas, a ellos sobre todo les parecerá necesario indagar qué fuerza es esa, cuán grande y de qué naturaleza, que está presente en el mundo entero. Pues afirmar que esa fuerza es distinta del Padre y del Hijo quizá sería contrario a la piedad.

    24. El nombre del lugar donde Juan bautizaba no es Betania, como figura en la mayoría de los ejemplares, sino Betábara

    Demostración de ello. Del mismo modo, en el relato de los cerdos debe leerse "Gergesa" en lugar de "Gerasa". Es preciso prestar atención a los nombres propios en la Escritura, que a menudo están escritos incorrectamente y son importantes para la interpretación.

    VI, 24

    "Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba". Conocemos la lectura que se encuentra en casi todos los ejemplares: "Estas cosas sucedieron en Betania". Parece, además, que esta era la lectura en una época anterior; y en Heracleón leemos "Betania". Estamos convencidos, sin embargo, de que no debemos leer "Betania", sino "Betábara". Hemos visitado aquellos lugares para investigar las huellas de Jesús y sus discípulos, así como las de los profetas. Pues bien, Betania, como nos dice el mismo evangelista, era la aldea de Lázaro, Marta y María; dista quince estadios de Jerusalén, y el río Jordán se encuentra a unos ciento ochenta estadios de ella. Tampoco hay ningún otro lugar del mismo nombre en las cercanías del Jordán; en cambio, se dice que Betábara puede señalarse a orillas de este río y que allí bautizaba Juan. También la etimología del nombre corresponde al bautismo de aquel que preparó para el Señor un pueblo dispuesto para Él, pues significa "Casa de preparación", mientras que Betania significa "Casa de obediencia". ¿En qué otro lugar habría sido apropiado que bautizara quien había sido enviado como mensajero delante de Cristo para preparar su camino, sino en la Casa de preparación? ¿Y qué lugar más apropiado que Betania, la Casa de obediencia, para María, que escogió la buena parte, que no le fue quitada, para Marta, atareada con los preparativos para recibir a Jesús, y para su hermano, a quien se llama amigo del Salvador? Vemos, pues, que quien aspira a una comprensión completa de las Sagradas Escrituras no debe descuidar el examen atento de sus nombres propios. En materia de nombres propios, los ejemplares griegos son a menudo incorrectos, y en los Evangelios su autoridad podría inducir a error. Se dice que el episodio de los cerdos, precipitados por los demonios por una pendiente y ahogados en el mar, ocurrió en la región de los gerasenos. Ahora bien, Gerasa es una ciudad de Arabia que no tiene cerca ni mar ni lago. Los evangelistas no habrían hecho una afirmación tan manifiesta y demostrablemente falsa, pues eran hombres que se informaban cuidadosamente de todo lo relativo a Judea. Pero en unos pocos ejemplares hemos encontrado "en la región de los gadarenos"; respecto de esta lectura, hay que señalar que Gadara es una ciudad de Judea en cuyas cercanías se encuentran las conocidas fuentes termales, pero que allí no hay ningún lago de orillas escarpadas ni mar alguno. Gergesa, en cambio, de donde procede el nombre "gergesenos", es una antigua ciudad próxima al lago llamado hoy Tiberíades, a cuya orilla hay una pendiente escarpada que llega hasta el agua; se señala que desde ella fueron precipitados los cerdos por los demonios. Pues bien, Gergesa significa "morada de los que expulsan", y contiene una referencia profética a la conducta de los habitantes de aquellos lugares con el Salvador, a quien "rogaron que se marchara de sus confines". La misma inexactitud en los nombres propios se observa también en muchos pasajes de la ley y los profetas, como nos hemos esforzado en aprender de los hebreos, comparando nuestros ejemplares con los suyos, avalados por las versiones nunca sometidas a corrupción de Aquila, Teodoción y Símaco. Añadiremos algunos ejemplos para animar a los estudiosos a prestar mayor atención a estos puntos. Uno de los hijos de Leví, el primero, se llama Gesón en la mayoría de los ejemplares, en lugar de Gersón. Su nombre es el mismo que el del primogénito de Moisés; en ambos casos se les dio con razón, pues los dos niños nacieron en tierra extranjera a causa de la estancia en Egipto. El segundo hijo de Judá, por otra parte, recibe entre nosotros el nombre de Annán, pero entre los hebreos el de Onán, "su trabajo". Asimismo, en la relación de las etapas recorridas por los hijos de Israel en Números encontramos: "Partieron de Socot y acamparon en Bután"; pero el texto hebreo, en lugar de Bután, dice Aimán. ¿Y por qué habría de añadir más ejemplos semejantes, cuando cualquiera que lo desee puede examinar los nombres propios y averiguar por sí mismo cómo figuran? Los topónimos de la Escritura merecen especial cautela cuando muchos de ellos aparecen reunidos en una lista, como en el relato del reparto de la tierra en Josué, en el primer libro de las Crónicas desde el comienzo hasta, por ejemplo, el pasaje relativo a Dan, y de igual modo en Esdras. No deben descuidarse los nombres, pues de ellos pueden extraerse indicios que ayuden a interpretar los pasajes donde aparecen. Sin embargo, no podemos abandonar nuestro asunto principal para examinar aquí la filosofía de los nombres.
    Comentario editorial · Betábara: una lectura que defendió Orígenes
    Orígenes corrige aquí el nombre del lugar donde bautizaba Juan (Juan 1:28): la mayoría de sus ejemplares decía «Betania», pero él, que había visitado la zona, no encontró ninguna Betania junto al Jordán y sí un lugar llamado Betábara. Según Wikipedia, su propuesta, y luego la de Juan Crisóstomo, difundió esa lectura, que pasó a varias versiones de la Biblia, entre ellas la inglesa King James. Es también la que trae la Reina-Valera de 1909: «Estas cosas acontecieron en Betábara, de la otra parte del Jordán, donde Juan bautizaba». Otras versiones mantienen «Betania».

    25. Jordán significa "su descenso". Significados espirituales y aplicación de ello

    VI, 25

    Examinemos las palabras del Evangelio que tenemos ante nosotros. "Jordán" significa "su descenso". El nombre "Jared" está, por así decirlo, emparentado etimológicamente con él; también significa "descenso", pues Jared nació de Maleleel, según está escrito en el Libro de Enoc —si alguien está dispuesto a aceptar ese libro como sagrado—, en los días en que los hijos de Dios descendieron hasta las hijas de los hombres. Algunos han supuesto que ese descenso alude enigmáticamente al descenso de las almas a los cuerpos, tomando "hijas de los hombres" como expresión figurada de esta morada terrenal. Si así fuera, ¿qué río será "su descenso", al cual es preciso acudir para purificarse, un río que desciende no con descenso propio, sino con el "suyo", es decir, el de los hombres, sino nuestro Salvador, que separa a quienes recibieron sus heredades de Moisés de quienes obtuvieron su parte por medio de Jesús —Josué—? Su corriente, que fluye hacia abajo, alegra, como hallamos en los Salmos, la ciudad de Dios: no la Jerusalén visible —pues no corre ningún río junto a ella—, sino la Iglesia irreprochable de Dios, edificada sobre el fundamento de los Apóstoles y los Profetas, cuya piedra angular principal es Jesucristo, nuestro Señor. Bajo la figura del Jordán, por consiguiente, debemos entender al Verbo de Dios que se hizo carne y habitó entre nosotros: Jesús, que nos da como herencia la humanidad que asumió, pues ella es la piedra angular principal que, al ser elevada a la divinidad del Hijo de Dios, queda lavada por esa misma asunción y recibe entonces en sí a la paloma pura y sin engaño del Espíritu, unida a ella e incapaz ya de alejarse volando. Pues leemos: "Aquel sobre quien veas descender el Espíritu y permanecer en Él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo". Por tanto, quien recibe al Espíritu que permanece sobre el propio Jesús puede bautizar en ese Espíritu permanente a quienes acuden a él. Juan, en cambio, bautiza al otro lado del Jordán, en las regiones próximas al exterior de Judea, en Betábara, como precursor de aquel que vino a llamar no a los justos, sino a los pecadores, y que enseñó que no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Pues este lavatorio se da para el perdón de los pecados.

    26. El relato del paso de Israel por el Jordán bajo la guía de Josué es figura de las realidades cristianas y fue escrito para nuestra instrucción

    VI, 26

    Ahora bien, es muy posible que alguien no versado en los diversos aspectos del Salvador tropiece con la interpretación que acabamos de dar del Jordán, porque Juan dice: "Yo bautizo con agua, pero el que viene después de mí es más fuerte que yo; él os bautizará con el Espíritu Santo". A esto respondemos que, así como el Verbo de Dios, considerado como bebida, es agua para unos, vino que alegra el corazón del hombre para otros, y sangre para otros más, pues se dice: "Si no bebéis mi sangre, no tenéis vida en vosotros"; y así como, considerado como alimento, se le concibe unas veces como pan vivo y otras como carne, también él, siendo uno y el mismo, es bautismo de agua, bautismo del Espíritu Santo y de fuego y, para algunos, también de sangre. A este último bautismo se refiere, según sostienen algunos, cuando dice: "Tengo un bautismo con que ser bautizado, ¡y cuán angustiado estoy hasta que se cumpla!". Concuerda con ello que el discípulo Juan hable en su Epístola del Espíritu, el agua y la sangre como de una sola cosa. Asimismo, él se declara camino y puerta; pero está claro que no es puerta para aquellos para quienes es camino, ni sigue siendo camino para aquellos para quienes es puerta. Por tanto, todos los que se inician en los rudimentos de los oráculos de Dios y llegan a la voz del que clama en el desierto: "Enderezad el camino del Señor", esa voz que resuena más allá del Jordán, en la casa de la preparación, prepárense para poder recibir la palabra espiritual, que la iluminación del Espíritu hará llegar hasta ellos. Y puesto que ahora, como exige nuestro asunto, estamos reuniendo cuanto se refiere al Jordán, examinemos el "río". Dios, por medio de Moisés, hizo pasar al pueblo por el mar Rojo, convirtiendo las aguas en una muralla a su derecha y a su izquierda, y por medio de Josué lo hizo pasar por el Jordán. Ahora bien, Pablo trata de este pasaje de la Escritura, y su combate no se atiene a su sentido carnal, pues sabía que la ley es espiritual en sentido espiritual. Y nos muestra que comprendía lo que se dice del paso por el mar Rojo cuando escribe en su primera Epístola a los corintios: "No quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, que todos atravesaron el mar y que todos fueron bautizados en Moisés, en la nube y en el mar; que todos comieron el mismo alimento espiritual y bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo". Conforme al espíritu de este pasaje, oremos también para recibir de Dios la comprensión del sentido espiritual del paso de Josué por el Jordán. De este habría dicho también Pablo: "No quiero, hermanos, que ignoréis que todos nuestros padres atravesaron el Jordán y que todos fueron bautizados en Jesús, en el espíritu y en el río". Y Josué, que sucedió a Moisés, era un tipo de Jesucristo, que sucede a la economía divina de la ley y la sustituye por la predicación del Evangelio. Y aun si aquellos de quienes habla Pablo fueron bautizados en la nube y en el mar, hay algo áspero y salado en su bautismo. Todavía temen a sus enemigos y claman al Señor y a Moisés, diciendo: "¿Acaso porque no había sepulcros en Egipto nos has sacado para hacernos morir en el desierto? ¿Por qué nos has hecho esto, sacarnos de Egipto?". Pero el bautismo en Josué, que tiene lugar en aguas muy dulces y potables, es superior en muchos aspectos al anterior, pues para entonces la religión se ha vuelto más clara y ha adquirido un orden conveniente. Porque los sacerdotes y levitas llevan en procesión el arca de la alianza del Señor nuestro Dios, y el pueblo sigue a los ministros de Dios, aceptando también la ley de santidad. Dice, en efecto, Josué al pueblo: "Santificaos para mañana; el Señor hará maravillas entre vosotros". Y manda a los sacerdotes que precedan al pueblo con el arca de la alianza, en lo cual se manifiesta claramente el misterio de la economía divina del Padre con respecto al Hijo, a quien exaltó sobremanera aquel que le confirió esta misión: "Para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre". A esto apuntan las palabras que hallamos en el libro llamado Josué: "Hoy comenzaré a exaltarte ante los hijos de Israel". Y oímos a nuestro Señor Jesús decir a los hijos de Israel: "Acercaos y escuchad las palabras del Señor vuestro Dios. En esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de vosotros"; pues, cuando somos bautizados en Jesús, sabemos que el Dios vivo está en nosotros. En el primer caso celebraron la Pascua en Egipto y luego emprendieron su marcha; con Josué, en cambio, después de cruzar el Jordán el décimo día del primer mes, acamparon en Gálgala, pues había que procurarse una oveja antes de cursar las invitaciones al banquete que seguiría al bautismo de Josué. Entonces los hijos de Israel, puesto que los hijos de quienes habían salido de Egipto no habían recibido la circuncisión, fueron circuncidados por Josué con una piedra muy afilada; el Señor declara que quita el oprobio de Egipto el día del bautismo de Josué, cuando este purificó a los hijos de Israel. Pues está escrito: "Y el Señor dijo a Josué, hijo de Nun: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto". Después celebraron los hijos de Israel la Pascua el día catorce del mes, con mucha mayor alegría que en Egipto, porque comieron panes ácimos hechos con el grano de la tierra santa y alimentos frescos mejores que el maná. Pues, cuando recibieron la tierra de la promesa, Dios no los alimentó con comida más escasa, ni, teniendo por guía a alguien como Josué, recibieron un pan inferior. Esto le resultará claro a quien piense en la verdadera tierra santa y en la Jerusalén de arriba. Por eso está escrito en este mismo Evangelio: "Vuestros padres comieron pan en el desierto y murieron; quien coma de este pan vivirá para siempre". Pues el maná, aunque dado por Dios, era pan de viaje, pan suministrado a quienes todavía estaban sometidos a disciplina, muy apropiado para quienes se hallaban bajo tutores y administradores. Y el nuevo pan que Josué obtuvo del grano segado en aquella región, en la tierra de la promesa, después de que otros trabajaran y sus discípulos recogieran la cosecha, era un pan más lleno de vida, distribuido a quienes, por su perfección, podían recibir la herencia de sus padres. Por ello, quien todavía está sometido a la disciplina de aquel pan puede morir en lo que a él se refiere; pero quien ha alcanzado el pan que viene después, al comerlo, vivirá para siempre. Todo esto lo hemos añadido, a mi juicio no sin pertinencia, a nuestro estudio del bautismo en el Jordán, administrado por Juan en Betábara.

    27. Sobre el paso de Elías y Eliseo por el Jordán

    VI, 27

    Otro punto que no debemos dejar de advertir es que, cuando Elías estaba a punto de ser arrebatado en un torbellino, como si fuera al cielo, tomó su manto, lo dobló y golpeó las aguas, que se dividieron a uno y otro lado; y ambos pasaron, es decir, él y Eliseo. Su bautismo en el Jordán lo hizo más apto para ser arrebatado, pues, como mostramos antes, Pablo da el nombre de bautismo a un paso tan extraordinario por las aguas. Y por este mismo Jordán Eliseo recibe, por mediación de Elías, el don que había pedido al decir: "Que venga sobre mí una doble porción de tu espíritu". Lo que quizá le permitió recibir este don del espíritu de Elías fue haber atravesado el Jordán dos veces: la primera con Elías y la segunda cuando, tras recibir su manto, golpeó las aguas y dijo: "¿Dónde está el Dios de Elías, él mismo?". Y golpeó las aguas, que se dividieron a uno y otro lado.

    28. Naamán el sirio y el Jordán. Ningún otro río tiene la misma virtud curativa

    VI, 28

    Si alguien objetara a la expresión "golpeó las aguas" por la conclusión a la que llegamos antes con respecto al Jordán, a saber, que es un tipo del Verbo que descendió por nosotros, que descendemos, le responderíamos que el Apóstol llama expresamente Cristo a la roca y que esta es golpeada dos veces con la vara para que el pueblo beba de la roca espiritual que lo sigue. El "golpear" de esta nueva dificultad es el de quienes gustan de sugerir algo que contradiga una conclusión antes incluso de haber entendido cuál es la cuestión que se examina. De tales personas Dios nos libra, pues, por una parte, nos da de beber cuando tenemos sed y, por otra, prepara para nosotros en el abismo inmenso y sin caminos una vía por donde pasar, a saber, mediante la división de su Verbo, puesto que es por la razón que distingue y divide como se nos esclarecen la mayoría de las cosas. Pero, para recibir la interpretación correcta de este Jordán, tan bueno para beber y tan lleno de gracia, puede ser útil comparar la purificación de la lepra de Naamán el sirio con lo que se dice de los ríos de la religión de los enemigos de Israel. Se cuenta que Naamán llegó con caballos y carro, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo le envió un mensajero para decirle: "Ve, lávate siete veces en el Jordán; tu carne se restaurará y quedarás limpio". Entonces Naamán se enoja: no ve que nuestro Jordán es el que limpia de la impureza de la lepra a quienes la padecen y les devuelve la salud; es el Jordán quien hace esto, no el Profeta, cuya misión consiste en señalar el medio de curación. Naamán, sin comprender aún el gran misterio del Jordán, dice: "Yo pensaba que sin duda saldría a recibirme, invocaría el nombre del Señor su Dios, pondría la mano sobre la parte afectada y curaría al leproso". Pues poner la mano sobre la lepra y limpiarla es obra que corresponde solo a nuestro Señor Jesús: cuando el leproso acudió a él con fe y le dijo: "Si quieres, puedes limpiarme", no solo respondió: "Quiero; queda limpio", sino que, además de pronunciar esas palabras, lo tocó, y quedó limpio de su lepra. Así pues, Naamán sigue en el error y no advierte cuánto más incapaces son los demás ríos que el Jordán para curar a quien sufre; ensalza los ríos de Damasco, el Arbana y el Farfar, diciendo: "¿No son el Arbana y el Farfar, ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría lavarme en ellos y quedar limpio?". Pues, así como nadie es bueno sino uno, Dios Padre, tampoco entre los ríos hay ninguno bueno sino el Jordán, ni capaz de limpiar de su lepra a quien lava con fe su alma en Jesús. Y esta, supongo, es la razón por la que se cuenta que los israelitas lloraron cuando, sentados junto a los ríos de Babilonia, recordaron a Sion: quienes son llevados cautivos por causa de su maldad, al probar otras aguas después del sagrado Jordán, recuerdan con añoranza su propio río de salvación. Por eso se dice de los ríos de Babilonia: "Allí nos sentamos", evidentemente porque no podían mantenerse en pie, "y lloramos". También Jeremías reprende a quienes desean beber las aguas de Egipto y abandonan el agua que desciende del cielo y recibe su nombre de ese descenso: el Jordán. Dice: "¿Qué tienes tú que ver con el camino de Egipto, para beber el agua del Geón y beber el agua del río?", o, según el texto hebreo, "para beber el agua de Sion". De esta agua hemos de hablar ahora.

    29. El río de Egipto y su dragón, en contraste con el Jordán

    VI, 29

    Que el Espíritu no habla principalmente, en las Escrituras inspiradas, de ríos visibles a los ojos puede deducirse de las profecías de Ezequiel contra el faraón, rey de Egipto: "He aquí que estoy contra ti, faraón, rey de Egipto, gran dragón asentado en medio de los ríos, que dices: "Míos son los ríos, y yo los hice". Pondré garfios en tus quijadas, haré que los peces del río se peguen a tus aletas, te sacaré de en medio de tu río con todos sus peces, y te arrojaré precipitadamente junto con todos los peces del río. Caerás sobre la faz de tu tierra, no serás recogido ni adornado". Pues ¿de qué dragón corporal real se ha dicho jamás que haya sido visto en el río material de Egipto? Considera, en cambio, si el río de Egipto no será la morada del dragón enemigo nuestro, que ni siquiera pudo matar al niño Moisés. Pero, así como el dragón está en el río de Egipto, Dios está en el río que alegra la ciudad de Dios, pues el Padre está en el Hijo. Por eso quienes acuden a lavarse en él se despojan del oprobio de Egipto y quedan más aptos para ser restaurados. Son limpiados de aquella lepra inmunda, reciben una doble porción de dones espirituales y quedan preparados para recibir al Espíritu Santo, puesto que la paloma espiritual no se posa sobre ningún otro río. Así hemos considerado, de un modo más digno de este asunto sagrado, el Jordán y la purificación que en él se da, el lavatorio de Jesús en sus aguas y la casa de la preparación. Saquemos, pues, del río toda la ayuda que necesitemos.

    30. Sobre lo que Juan aprendió de Jesús cuando María visitó a Isabel en la región montañosa

    VI, 30

    "Al día siguiente, Juan ve a Jesús venir hacia él". Tiempo atrás, la madre de Jesús, tan pronto como concibió, se había alojado con la madre de Juan, también encinta por entonces; y el que estaba siendo formado primero comunicó con cierta precisión su propia imagen al que estaba siendo formado después y lo hizo conforme a su gloria. De aquella semejanza exterior resultó que quienes no distinguían entre la imagen misma y lo que está hecho según la imagen creyeran que Juan era Cristo y supusieran que Jesús era Juan resucitado de entre los muertos. Así, ahora, después de los testimonios de Juan acerca de él que hemos examinado, el Bautista ve al propio Jesús venir hacia él. Conviene advertir que, en la ocasión anterior, cuando la voz del saludo de María llegó a oídos de Isabel, el niño Juan saltó en el seno de su madre, la cual recibió entonces el Espíritu Santo, por así decirlo, desde sus fundamentos. Pues sucedió, según leemos, que "cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno; e Isabel quedó llena del Espíritu Santo, alzó la voz con un fuerte grito y dijo", etcétera. De modo semejante, en esta ocasión Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Pues, en las cuestiones de gran importancia, uno recibe primero instrucción por el oído y después las ve con sus propios ojos. Que el Señor, todavía en proceso de formación y en el seno de su madre, al acercarse a Isabel ayudó a Juan a adquirir la forma que habría de tener resultará claro a quien haya comprendido nuestra demostración de que Juan es voz, mientras que Jesús es el Verbo; pues, cuando Isabel quedó llena del Espíritu Santo al oír el saludo de María, surgió en ella una gran voz, como atestiguan las propias palabras: "Y habló con voz fuerte". Está claro que fue Isabel quien hizo esto, quien "habló". Porque la voz del saludo de María, al llegar a oídos de Isabel, llenó a Juan de sí misma; de ahí que Juan salte y su madre se convierta, por así decirlo, en boca de su hijo y en profetisa, clamando con voz fuerte: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre". Vemos ahora claramente qué propósito tuvieron el apresurado viaje de María a la región montañosa, su entrada en la casa de Zacarías y el saludo que dirigió a Isabel: todo ello ocurrió para que comunicase a Juan, todavía en el seno de su madre, parte de la potestad que recibía de aquel a quien había concebido, y para que Juan comunicase también a su madre parte de la gracia profética que le había llegado. Y fue muy apropiado que estos acontecimientos tuvieran lugar en la región montañosa, pues ninguna cosa grande puede hallar cabida en quienes son bajos y por eso pueden llamarse valles. Aquí, pues, después de los testimonios de Juan —el primero, cuando clamó y habló de la divinidad de Jesús; el segundo, dirigido a los sacerdotes y levitas enviados por los judíos desde Jerusalén; y el tercero, en respuesta a las preguntas más incisivas de los enviados por los fariseos—, quien da testimonio ve a Jesús venir hacia él, mientras sigue avanzando y haciéndose mejor.
    Este avance y perfeccionamiento se indican simbólicamente con la expresión "al día siguiente". Pues Jesús vino, por así decirlo, con la iluminación subsiguiente, el día después de lo sucedido antes: no ya solo conocido como quien estaba en medio incluso de aquellos que no lo conocían, sino visto ahora con claridad mientras se acercaba a quien antes había hecho tales declaraciones sobre él. El primer día tienen lugar los testimonios, y el segundo Jesús viene a Juan. El tercero, Juan, que está con dos de sus discípulos y mira a Jesús mientras camina, dice: "He aquí el Cordero de Dios", exhortando así a los presentes a seguir al Hijo de Dios. El cuarto día también se dispuso Jesús a partir hacia Galilea, y aquel que había salido a buscar lo que estaba perdido encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". Y al día siguiente del cuarto, que es el sexto desde el comienzo de los días enumerados, se celebran las bodas de Caná de Galilea, que habremos de considerar cuando lleguemos a ese pasaje. Advierte también que María, la mayor, va a Isabel, la menor, y que el Hijo de Dios va al Bautista; esto debe animarnos a prestar ayuda sin demora a quienes ocupan una posición inferior y a procurar para nosotros mismos una condición moderada.

    31. Sobre el diálogo entre Juan y Jesús en el bautismo, referido solo por Mateo

    VI, 31

    El discípulo Juan no nos dice de dónde viene el Salvador al encuentro de Juan el Bautista, pero lo sabemos por Mateo, que escribe: "Entonces viene Jesús de Galilea al Jordán, donde estaba Juan, para ser bautizado por él". Marcos añade el lugar de Galilea; dice: "Y sucedió en aquellos días que Jesús vino de Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán". Lucas no menciona el lugar de donde vino Jesús, pero, en cambio, nos dice algo que no aprendemos de los demás: que inmediatamente después del bautismo, cuando Jesús salía del agua, se le abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Asimismo, solo Mateo nos habla de cómo Juan trataba de impedirlo y decía al Salvador: "Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?". Ninguno de los otros añadió esto después de Mateo, para no repetir exactamente lo mismo que él. Y la respuesta del Señor —"Permítelo ahora, pues así nos conviene cumplir toda justicia"— también la consignó solo Mateo.

    32. Juan llama a Jesús "Cordero". ¿Por qué designa en particular a este animal? Sobre la tipología de los sacrificios en general

    VI, 32

    "Y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Eran cinco los animales llevados al altar, tres que caminan y dos que vuelan; y parece que vale la pena preguntarse por qué Juan llama cordero al Salvador y no lo designa con el nombre de alguna de esas otras criaturas, y por qué, cuando cada uno de los animales terrestres se ofrece en tres clases, empleó precisamente "cordero" para la clase de las ovejas. Los cinco animales son los siguientes: el novillo, la oveja, la cabra, la tórtola y la paloma. Y, entre los animales terrestres, estas son las tres clases de cada uno: novillo, buey y ternero; carnero, oveja y cordero; macho cabrío, cabra y cabrito. En cuanto a los animales que vuelan, de las palomas solo oímos hablar de dos pichones, y de las tórtolas, solo de una pareja. Por tanto, quien desee comprender con exactitud la razón espiritual de los sacrificios debe indagar de qué realidades celestiales eran estos modelo y sombra, y con qué fin se prescribe el sacrificio de cada víctima; además, debe reunir especialmente los puntos relativos al cordero. Que el principio del sacrificio ha de entenderse en relación con ciertos misterios celestiales se desprende de las palabras del Apóstol, que en alguna parte dice: "Los cuales sirven a una imagen y sombra de las cosas celestiales"; y también: "Era necesario que las representaciones de las cosas celestiales fueran purificadas con estos sacrificios, pero las propias cosas celestiales, con sacrificios mejores". Ahora bien, averiguar todos sus pormenores y exponer, en relación con ellos, el sacrificio de la ley espiritual que tuvo lugar en Jesucristo —verdad más grande de lo que la naturaleza humana puede comprender— no corresponde sino al hombre perfecto, que por el ejercicio tiene los sentidos adiestrados para discernir el bien y el mal y puede decir, movido por su amor a la verdad: "Hablamos sabiduría entre los perfectos". De estas cosas, en verdad, y de otras semejantes podemos decir: "Ninguno de los gobernantes de este mundo las conoció".

    33. Se ofrecía un cordero en el sacrificio de la mañana y en el de la tarde. Significado de esto

    VI, 33

    Hallamos, pues, que el cordero se ofrecía en el sacrificio perpetuo o diario. Así está escrito: "Esto es lo que ofrecerás sobre el altar: cada día, perpetuamente, dos corderos de un año para el sacrificio perpetuo. Ofrecerás un cordero por la mañana y el otro al atardecer, con la décima parte de flor de harina mezclada con aceite batido, la cuarta parte de un hin; y, como libación para el primer cordero, la cuarta parte de un hin de vino. El otro cordero lo ofrecerás al atardecer, conforme al primer sacrificio y su libación. Ofrecerás un aroma agradable, una ofrenda al Señor, un holocausto perpetuo por vuestras generaciones, a la entrada de la tienda del testimonio, delante del Señor, donde me daré a conocer a ti para hablarte. Y allí te esperaré por los hijos de Israel; seré santificado en mi gloria y, mediante la santificación, santificaré la tienda del testimonio". Pero ¿qué otro sacrificio perpetuo puede haber para el ser racional en el mundo del entendimiento sino el Verbo que crece hasta alcanzar la madurez, el Verbo llamado simbólicamente cordero y ofrecido en cuanto el alma recibe la iluminación? Este sería el sacrificio perpetuo de la mañana; y vuelve a ofrecerse cuando llega a su término la estancia del entendimiento entre las cosas divinas. Pues no puede mantener para siempre su trato con las realidades superiores, ya que al alma le ha sido destinado unirse al cuerpo, que es terrenal y pesado.

    34. Los sacrificios matutino y vespertino del santo en su vida de pensamiento

    VI, 34

    Pero, si alguien pregunta qué ha de hacer el santo entre la mañana y la tarde, que observe lo que sucede en el culto y deduzca de ello el principio que busca. En ese caso, los sacerdotes comienzan sus ofrendas con el sacrificio perpetuo y, antes de llegar al sacrificio perpetuo de la tarde, ofrecen los otros sacrificios prescritos por la ley, como el correspondiente a una transgresión, el de las faltas involuntarias, el relacionado con una plegaria por la salvación, el de los celos, el del sábado o el de la luna nueva, entre otros que llevaría demasiado tiempo mencionar. Así también nosotros, comenzando nuestra ofrenda con un discurso acerca de aquel tipo que es Cristo, podemos pasar a tratar otras muchas cuestiones sumamente provechosas. Y, concluyendo aún con las cosas de Cristo, llegamos, por así decirlo, a la tarde y a la noche cuando alcanzamos los aspectos corporales de su manifestación.

    35. Jesús es Cordero con respecto a su naturaleza humana

    VI, 35

    Si indagamos más a fondo el significado de que Juan señale a Jesús diciendo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo", podemos situarnos en la economía divina de la venida corporal del Hijo de Dios a la vida humana; en tal caso, entenderemos que el cordero no es otro que el hombre. Pues el hombre "fue llevado como oveja al matadero y, como cordero mudo ante sus esquiladores", dijo: "Yo era como un cordero manso llevado al matadero". Por eso también se ve en el Apocalipsis a un cordero que está en pie como degollado. Este cordero degollado se ha convertido, por ciertas razones ocultas, en purificación del mundo entero; por amor del Padre a los hombres, aceptó morir por él y nos rescató con su propia sangre de aquel que nos había sometido a su potestad, vendidos bajo el pecado. Y quien condujo a este cordero al matadero fue Dios en el hombre, el gran Sumo Sacerdote, como él mismo muestra con estas palabras: "Nadie me quita la vida, sino que yo la entrego por mí mismo. Tengo potestad para entregarla y tengo potestad para recuperarla".

    36. Sobre la muerte de los mártires considerada como sacrificio y sobre el modo en que obra en beneficio de otros

    VI, 36

    Afines a este sacrificio son los demás de los que son símbolos los sacrificios de la ley; y me parece que también otro género de sacrificio participa de la misma naturaleza: el derramamiento de la sangre de los nobles mártires, a quienes el discípulo Juan vio —y esto no carece de significado— junto al altar celestial. "¿Quién es sabio para entender estas cosas, prudente para conocerlas?". Considerar, siquiera someramente, la razón de los sacrificios que purifican a aquellos por quienes se ofrecen es asunto de una especulación más elevada. Merece atención el sacrificio de la hija de Jefté: al prometerlo mediante un voto, él venció a los hijos de Amón, y la víctima aprobó su voto, pues cuando su padre le dijo: "He abierto mi boca ante el Señor contra ti", ella respondió: "Si has abierto tu boca ante el Señor contra mí, haz lo que prometiste". El relato sugiere que debe de ser muy cruel el ser a quien se ofrecen tales sacrificios por la salvación de los hombres; y necesitamos cierta amplitud de espíritu y alguna capacidad para resolver las dificultades planteadas contra la providencia si hemos de dar razón de estas cosas y reconocer que son misterios que exceden nuestra naturaleza humana. Entonces diremos: "Grandes son los juicios de Dios y difíciles de describir; por eso se han extraviado las almas faltas de instrucción". También entre los gentiles se cuenta que muchos, cuando se declaraba una enfermedad pestilente en su país, se ofrecían como víctimas por el bien público. Que así sucedió lo admite el fiel Clemente basándose en los relatos; de él da testimonio Pablo cuando dice: "También con Clemente y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida". Si en estos relatos hay algo que le parece incongruente a quien se inclina a censurar los misterios revelados a unos pocos, la misma dificultad afecta a la misión encomendada a los mártires; pues Dios quiso que soportásemos todas las terribles afrentas ligadas a confesarlo como Dios, antes que librarnos por breve tiempo de tales padecimientos —que los hombres consideran males— acomodando nuestras palabras a la voluntad de los enemigos de la verdad. Nos vemos, por tanto, llevados a creer que las potestades del mal sufren una derrota por la muerte de los santos mártires; como si la paciencia de estos, su confesión hasta la muerte y su celo por la piedad embotaran el filo del ataque de las potestades del mal contra quien padece y, una vez debilitada y agotada así la fuerza de aquellas, muchos otros a quienes habían vencido levantaran la cabeza y quedaran libres del peso con que antes los oprimían y dañaban. Y los propios mártires ya no están sujetos al sufrimiento, aun cuando no se hayan agotado los agentes que antes causaban daño a otros; pues quien ha ofrecido tal sacrificio vence a la potestad que se le oponía, como puedo mostrar mediante una comparación adecuada a este asunto. Quien destruye un animal venenoso, lo adormece con encantamientos o le quita de algún modo su veneno hace bien a muchos que, de otro modo, habrían sufrido daño por ese animal si no hubiera sido destruido, encantado o privado de su veneno. Más aún: si alguno de los que antes habían sido mordidos llegara a saberlo, se curara de su dolencia y contemplara muerto aquello que le causó el daño, o lo pisara, o lo tocara una vez muerto, o probara una parte de él, entonces ese antiguo paciente debería su curación y su beneficio a quien destruyó el animal venenoso. De un modo semejante debemos suponer que obra la muerte de los santísimos mártires, de la que muchos reciben beneficio por una influencia que no podemos describir.

    37. Sobre los efectos de la muerte de Cristo, su triunfo posterior y la eliminación de los pecados de los hombres por medio de su muerte

    VI, 37

    Nos hemos detenido en este asunto de los mártires y en los relatos de quienes murieron a causa de una peste porque ello nos permite ver la excelencia de aquel que fue llevado como oveja al matadero y permaneció mudo como cordero ante el esquilador. Pues, si hay algún fundamento en esos relatos de los griegos, y si lo que hemos dicho de los mártires está bien razonado —también los Apóstoles fueron, por la misma razón, la inmundicia del mundo y el desecho de todas las cosas—, ¿qué cosas, y cuán grandes, habrán de decirse del Cordero de Dios, sacrificado precisamente para quitar el pecado no de unos pocos, sino del mundo entero, por el cual padeció también? Si alguno peca, leemos: "Tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo el justo; y él es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero", puesto que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes; él borró con su propia sangre el documento escrito que nos era contrario y lo quitó de en medio, para que no pudiera encontrarse ya ni un vestigio siquiera de nuestros pecados borrados, y lo clavó en su cruz; él, tras despojar a los principados y potestades, los exhibió públicamente y triunfó sobre ellos mediante su cruz. Y se nos enseña a alegrarnos cuando padecemos aflicciones en el mundo, sabiendo que el fundamento de nuestra alegría es que el mundo ha sido vencido y manifiestamente sometido a su vencedor. Por eso todas las naciones, liberadas de sus antiguos gobernantes, lo sirven, porque mediante su propia pasión salvó al pobre de su tirano y al necesitado que no tenía quien lo ayudase. Este Salvador, pues, después de humillar al calumniador humillándose a sí mismo, permanece ante el sol visible por generaciones, junto a su ilustre Iglesia, llamada figuradamente la luna. Y, tras destruir a sus enemigos por su pasión, aquel que es fuerte en la batalla y Señor poderoso necesitó, después de sus grandes hazañas, una purificación que solo su Padre podía darle; por eso prohíbe a María que lo toque, diciendo: "No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; pero ve y di a mis discípulos: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios". Y cuando llega cargado de victoria y trofeos, con su cuerpo resucitado de entre los muertos —pues ¿qué otro sentido podemos dar a las palabras "Aún no he subido a mi Padre" y "Subo a mi Padre"?—, ciertas potestades dicen: "¿Quién es este que viene de Edom, con vestiduras rojas de Bosor, este que es hermoso?". Entonces quienes lo escoltan dicen a los que están en las puertas celestiales: "Alzad vuestras puertas, gobernantes; elevaos, puertas eternas, y entrará el rey de la gloria". Pero ellos vuelven a preguntar, al ver, por así decirlo, su diestra roja de sangre y todo su cuerpo cubierto de señales de su valor: "¿Por qué están rojas tus vestiduras y tus ropas como las de quien pisa el lagar cuando se vendimia?". A esto responde él: "Los he aplastado". Por esta causa necesitó lavar "su túnica en vino y su manto en la sangre de la uva". Pues, cuando hubo tomado sobre sí nuestras flaquezas y cargado con nuestras enfermedades, cuando hubo soportado el pecado del mundo entero y concedido beneficios a tantos, quizá recibió entonces aquel bautismo mayor que cualquiera concebible entre los hombres, del que creo que habla al decir: "Tengo un bautismo con que ser bautizado, ¡y cuán angustiado estoy hasta que se cumpla!". Aquí indago con audacia y pongo en cuestión las ideas expuestas por la mayoría de los escritores. Dicen que el mayor bautismo, por encima del cual no puede concebirse ninguno, es su pasión. Pero, si así fuera, ¿por qué habría de decirle después a María: "No me toques"? Más bien debería haberse ofrecido a su tacto una vez recibido, por su pasión, el bautismo perfecto. Pero si sucedió, como dijimos antes, que después de todas sus proezas contra sus enemigos necesitó lavar "su túnica en vino y su manto en la sangre de la uva", entonces iba ascendiendo hacia el viñador de la vid verdadera, el Padre, a fin de que, una vez lavado allí y subido a lo alto, pudiera llevar cautiva a la cautividad y descender trayendo múltiples dones: las lenguas como de fuego, que se repartieron entre los Apóstoles, y los santos ángeles que han de estar presentes con ellos en cada acción y librarlos. Pues antes de estas economías divinas aún no estaban purificados, y los ángeles no podían morar con ellos; quizá tampoco estos desean estar con quienes no se han preparado ni han sido purificados por Jesús. Porque solo por la benignidad de Jesús comió y bebió él con publicanos y pecadores, permitió que la mujer pecadora arrepentida le lavase los pies con sus lágrimas e incluso descendió hasta la muerte por los impíos, sin considerar un botín su igualdad con Dios, sino que se vació a sí mismo y tomó la condición de siervo. Y, al llevar a cabo todo esto, cumple más bien la voluntad del Padre, que lo entregó por los pecadores, que la suya propia. Pues el Padre es bueno, y el Salvador es la imagen de su bondad; al hacer bien al mundo en todas las cosas —ya que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, que antes, por su maldad, era por entero enemigo suyo—, realiza sus buenas obras con orden y sucesivamente, y no convierte de una vez a todos sus enemigos en escabel de sus pies. Porque el Padre le dice a él, Señor de todos nosotros: "Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies". Y así continúa hasta que él venza al último enemigo, la Muerte.
    Y si consideramos qué se entiende por este sometimiento a Cristo y buscamos su explicación principalmente en las palabras "Cuando todo le haya sido sometido, entonces el Hijo mismo se someterá a aquel que le sometió todas las cosas", veremos cómo concuerda esta idea con la bondad del Dios de todas las cosas, pues se trata del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Sin embargo, el Cordero de Dios no quita el pecado de todos los hombres: no quita el de quienes no se afligen ni padecen hasta que les sea quitado. Pues las espinas no solo se clavan, sino que arraigan profundamente en la mano de todo el que, embriagado de maldad, ha perdido la sobriedad, como se dice en los Proverbios: "Crecen espinas en la mano del borracho"; y es difícil siquiera decir cuánto dolor deben de causar a quien ha permitido que semejante crecimiento se produzca en la sustancia de su alma. Quien ha dejado que la maldad se afiance tan profundamente en su alma que esta se convierta en un terreno lleno de espinas debe ser segado por el Verbo de Dios, vivo y poderoso, más afilado que una espada de dos filos y más abrasador que cualquier fuego. A semejante alma debe enviarse el fuego que descubre las espinas y, por su virtud divina, se detiene donde ellas están, sin consumir también las eras ni las mieses en pie. Pero son diversos los modos en que el Cordero quita el pecado del mundo, comenzando a hacerlo mediante su propia muerte: algunos pueden ser comprendidos claramente por la mayoría, mientras que otros quedan ocultos a casi todos y solo los conocen quienes son dignos de la sabiduría divina. ¿Para qué enumerar todas las vías por las que llegamos a creer entre los hombres? Cualquiera que viva en el cuerpo puede verlas por sí mismo. Y también por las vías por las que creemos se quita el pecado: mediante aflicciones, espíritus malignos, enfermedades peligrosas y dolencias graves. ¿Y quién sabe lo que viene después? Lo que hemos dicho no era innecesario: no podíamos pasar por alto una reflexión tan claramente ligada a las palabras "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo", y por ello debíamos prestar cierta atención a esta parte de nuestro asunto. Esto nos ha llevado a ver que Dios reprende a algunos con su ira y los corrige con su enojo, pues es tan grande su amor a los hombres que no deja a ninguno sin reprensión y corrección; así pues, hagamos cuanto esté en nuestra mano para vernos libres de semejantes reprensiones y correcciones mediante las pruebas más dolorosas.
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