Sesiones de lectura

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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minLos ciento cuarenta y cuatro mil sellados en el Apocalipsis son conversos a Cristo procedentes del mundo gentil
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minToda la Escritura es Evangelio; pero los Evangelios se distinguen por encima de las demás Escrituras
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minQué bienes se anuncian en los Evangelios
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCómo Jesús mismo es el Evangelio
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minEl Evangelio contiene también las malas acciones cometidas contra Jesús
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 5 minEl Evangelio está en el Antiguo Testamento y, en verdad, en el universo entero
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minEn el tiempo. El principio de la creación
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minDel designio y su ejecución
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minEl título de "Verbo" debe interpretarse por el mismo método que los demás títulos de Cristo
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 8 minCristo como luz: en qué sentido son él y sus discípulos la luz del mundo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCristo como resurrección
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minCristo como maestro y Señor
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 6 minCristo como el viviente y el muerto
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 8 minCristo como Paráclito, como expiación y como potestad de Dios
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 11 minCristo como vara, flor y piedra
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minLibro II
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 9 minDe qué modo el Logos es Dios. Errores que deben evitarse en esta cuestión
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 11 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 1 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 12 minÉl —este— estaba en el principio con Dios
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 8 minDe las cosas que no fueron hechas por medio del Logos
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minEl Logos presente en nosotros no es responsable de nuestros pecados
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCómo nadie es justo ni puede decirse verdaderamente que vive en comparación con Dios
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCómo la vida en el Logos sigue el modelo del principio
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 7 minLa vida puede ser también la luz de otros seres
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minLa vida de la que aquí se habla es la vida superior, la de la razón
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCómo las tinieblas no lograron alcanzar la luz
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minArgumento tomado de la oración de José para mostrar que el Bautista pudo haber sido un ángel que se hizo hombre
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minLos profetas dieron testimonio de Cristo y predijeron muchas cosas acerca de él
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 8 minEnumeración de los seis testimonios del Bautista. El "venid y ved" de Jesús. Significado de la hora décima
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 6 minLibro IV
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 10 minLos apóstoles escribieron poco
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 6 minLibro VI
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 9 minCómo conocieron las cosas de Cristo los profetas y los santos del Antiguo Testamento
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 min"La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo"
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 8 minJuan niega ser Elías o "el" profeta. Sin embargo, era "un" profeta
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 12 minDel nacimiento de Juan y de su supuesta identidad con Elías. De la doctrina de la transcorporación
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 3 minJuan es un profeta, pero no el profeta
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 8 minJuan 1:22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minLa opinión de Heracleón sobre la voz y sobre Juan el Bautista
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 11 minJuan 1:24-25. Acerca del bautismo de Juan, del de Elías y del de Cristo
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 7 minCómo responde el Bautista a la pregunta de los fariseos y exalta la naturaleza de Cristo
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minComparación del testimonio de Juan sobre Jesús en los distintos Evangelios
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minSobre el testimonio de Marcos. Qué significan las sandalias del Salvador y desatar sus correas
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 8 minEl cuarto Evangelio habla de una sola sandalia; los demás, de las dos. Significado de esta diferencia
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minEl nombre del lugar donde Juan bautizaba no es Betania, como figura en la mayoría de los ejemplares, sino Betábara
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 7 minEl relato del paso de Israel por el Jordán bajo la guía de Josué es figura de las realidades cristianas y fue escrito para nuestra instrucción
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minSobre el paso de Elías y Eliseo por el Jordán
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 7 minSobre lo que Juan aprendió de Jesús cuando María visitó a Isabel en la región montañosa
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minSe ofrecía un cordero en el sacrificio de la mañana y en el de la tarde. Significado de esto
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 8 minSobre los efectos de la muerte de Cristo, su triunfo posterior y la eliminación de los pecados de los hombres por medio de su muerte
  53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 8 minSe dice que el mundo cuyo pecado es quitado es la Iglesia. Razones para no compartir esta opinión
  54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 6 minLa discrepancia entre Juan y los tres primeros Evangelios en esta parte del relato
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minLa Escritura contiene muchas contradicciones y muchas afirmaciones que no son literalmente verdaderas, sino que deben leerse espiritual y místicamente
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minDistintos relatos de la llamada de Pedro y del encarcelamiento del Bautista. El significado de "Cafarnaúm"
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 6 minHeracleón afirma que no se dice que Jesús hiciera nada en Cafarnaúm. Pero en los otros Evangelios hace allí muchas cosas
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minPor qué se dice que la Pascua es "de los judíos"
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 10 minDe las fiestas celestiales, de las que son tipo las terrenales
  60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 10 minEn los tres primeros Evangelios solo se habla de la Pascua al final del ministerio; en Juan, al principio
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 8 minInterpretación espiritual del relato de la purificación del templo
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 6 minEl relato de Mateo sobre la entrada en Jerusalén. Dificultades que plantea a quienes lo toman literalmente
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 12 minLa asna y el pollino son el Antiguo y el Nuevo Testamento
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 10 minDiversas opiniones de Heracleón sobre la purificación del templo
  65. Sesión 65 · Parte 11 · ≈ 9 minCómo el Padre resucitó al Hijo. La acusación formulada contra Jesús en su proceso se basó en el episodio que ahora examinamos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 8 minEl templo del que habla Cristo es la Iglesia
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 6 minContinuación de la interpretación espiritual de la construcción del templo de Salomón
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 7 minSobre la fe que los discípulos alcanzaron después en las palabras de Jesús
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 4 minAcerca de qué seres necesitaba Jesús testimonio

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    TEXTOS — ORÍGENES DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

    Estás en la parte 7. Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    Comentario al Evangelio de Juan

    Alejandría y Cesarea, desde poco antes de 231 · Traducción castellana directa de la edición de Allan Menzies (ANF)41 minPosición: 0% de esta parteParte 7 de 11 · Juan 1:22Publicado el Actualizado el Ref. ESC-ORI-02

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minLos ciento cuarenta y cuatro mil sellados en el Apocalipsis son conversos a Cristo procedentes del mundo gentil
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minToda la Escritura es Evangelio; pero los Evangelios se distinguen por encima de las demás Escrituras
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minQué bienes se anuncian en los Evangelios
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCómo Jesús mismo es el Evangelio
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minEl Evangelio contiene también las malas acciones cometidas contra Jesús
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 5 minEl Evangelio está en el Antiguo Testamento y, en verdad, en el universo entero
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minEn el tiempo. El principio de la creación
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minDel designio y su ejecución
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minEl título de "Verbo" debe interpretarse por el mismo método que los demás títulos de Cristo
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 8 minCristo como luz: en qué sentido son él y sus discípulos la luz del mundo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCristo como resurrección
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minCristo como maestro y Señor
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 6 minCristo como el viviente y el muerto
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 8 minCristo como Paráclito, como expiación y como potestad de Dios
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 11 minCristo como vara, flor y piedra
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minLibro II
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 9 minDe qué modo el Logos es Dios. Errores que deben evitarse en esta cuestión
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 11 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 1 minQue el Logos es uno, no muchos. Del Verbo, fiel y verdadero, y de su caballo blanco
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 12 minÉl —este— estaba en el principio con Dios
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 8 minDe las cosas que no fueron hechas por medio del Logos
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 6 minEl Logos presente en nosotros no es responsable de nuestros pecados
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCómo nadie es justo ni puede decirse verdaderamente que vive en comparación con Dios
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCómo la vida en el Logos sigue el modelo del principio
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 7 minLa vida puede ser también la luz de otros seres
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 7 minLa vida de la que aquí se habla es la vida superior, la de la razón
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minCómo las tinieblas no lograron alcanzar la luz
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minArgumento tomado de la oración de José para mostrar que el Bautista pudo haber sido un ángel que se hizo hombre
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minLos profetas dieron testimonio de Cristo y predijeron muchas cosas acerca de él
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 8 minEnumeración de los seis testimonios del Bautista. El "venid y ved" de Jesús. Significado de la hora décima
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 6 minLibro IV
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 10 minLos apóstoles escribieron poco
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 6 minLibro VI
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 9 minCómo conocieron las cosas de Cristo los profetas y los santos del Antiguo Testamento
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 min"La gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo"
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 8 minJuan niega ser Elías o "el" profeta. Sin embargo, era "un" profeta
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 12 minDel nacimiento de Juan y de su supuesta identidad con Elías. De la doctrina de la transcorporación
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 3 minJuan es un profeta, pero no el profeta
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 8 minJuan 1:22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minLa opinión de Heracleón sobre la voz y sobre Juan el Bautista
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 11 minJuan 1:24-25. Acerca del bautismo de Juan, del de Elías y del de Cristo
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 7 minCómo responde el Bautista a la pregunta de los fariseos y exalta la naturaleza de Cristo
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minComparación del testimonio de Juan sobre Jesús en los distintos Evangelios
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 6 minSobre el testimonio de Marcos. Qué significan las sandalias del Salvador y desatar sus correas
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 8 minEl cuarto Evangelio habla de una sola sandalia; los demás, de las dos. Significado de esta diferencia
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minEl nombre del lugar donde Juan bautizaba no es Betania, como figura en la mayoría de los ejemplares, sino Betábara
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 7 minEl relato del paso de Israel por el Jordán bajo la guía de Josué es figura de las realidades cristianas y fue escrito para nuestra instrucción
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minSobre el paso de Elías y Eliseo por el Jordán
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 7 minSobre lo que Juan aprendió de Jesús cuando María visitó a Isabel en la región montañosa
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minSe ofrecía un cordero en el sacrificio de la mañana y en el de la tarde. Significado de esto
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 8 minSobre los efectos de la muerte de Cristo, su triunfo posterior y la eliminación de los pecados de los hombres por medio de su muerte
    53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 8 minSe dice que el mundo cuyo pecado es quitado es la Iglesia. Razones para no compartir esta opinión
    54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 6 minLa discrepancia entre Juan y los tres primeros Evangelios en esta parte del relato
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minLa Escritura contiene muchas contradicciones y muchas afirmaciones que no son literalmente verdaderas, sino que deben leerse espiritual y místicamente
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minDistintos relatos de la llamada de Pedro y del encarcelamiento del Bautista. El significado de "Cafarnaúm"
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 6 minHeracleón afirma que no se dice que Jesús hiciera nada en Cafarnaúm. Pero en los otros Evangelios hace allí muchas cosas
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 6 minPor qué se dice que la Pascua es "de los judíos"
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 10 minDe las fiestas celestiales, de las que son tipo las terrenales
    60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 10 minEn los tres primeros Evangelios solo se habla de la Pascua al final del ministerio; en Juan, al principio
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 8 minInterpretación espiritual del relato de la purificación del templo
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 6 minEl relato de Mateo sobre la entrada en Jerusalén. Dificultades que plantea a quienes lo toman literalmente
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 12 minLa asna y el pollino son el Antiguo y el Nuevo Testamento
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 10 minDiversas opiniones de Heracleón sobre la purificación del templo
    65. Sesión 65 · Parte 11 · ≈ 9 minCómo el Padre resucitó al Hijo. La acusación formulada contra Jesús en su proceso se basó en el episodio que ahora examinamos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 8 minEl templo del que habla Cristo es la Iglesia
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 6 minContinuación de la interpretación espiritual de la construcción del templo de Salomón
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 7 minSobre la fe que los discípulos alcanzaron después en las palabras de Jesús
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 4 minAcerca de qué seres necesitaba Jesús testimonio

    9. Juan 1:22

    VI, 9

    "Le dijeron entonces: ¿Quién eres, para que demos respuesta a quienes nos enviaron? ¿Qué dices de ti mismo?". Las palabras de los emisarios vienen a significar lo siguiente: Sospechábamos quién eras y vinimos a averiguar si era así, pero ahora sabemos que no eres aquel que pensábamos. Nos queda, por tanto, oír lo que dices de ti mismo, para que podamos comunicar tu respuesta a quienes nos enviaron.

    10. Acerca de la voz que es Juan el Bautista

    VI, 10

    "Él dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías". Así como aquel que es propiamente el Hijo de Dios, no siendo otro que el Logos, se sirve, sin embargo, del logos —la razón—, pues era el Logos en el principio, estaba con Dios y era el Logos de Dios, así también Juan, servidor de ese Logos, aunque, si entendemos que la Escritura dice lo que quiere decir, no es otra cosa que una voz, se sirve de su voz para señalar al Logos. Juan, pues, entendiendo de este modo la profecía que acerca de él pronunció el profeta Isaías, dice que es una voz, no que él clame en el desierto, sino que es "la voz de uno que clama en el desierto", a saber, de aquel que, puesto en pie, clamó: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba". Fue él también quien dijo: "Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Todo valle será rellenado y todo monte y collado será rebajado; y todo lo torcido será enderezado". Pues, así como leemos en el Éxodo que Dios dijo a Moisés: "Mira, te he constituido dios para el faraón, y Aarón, tu hermano, será tu profeta", así debemos entender —pues los casos son, cuando menos, análogos, aunque no del todo semejantes— lo que sucede con el Verbo que estaba en el principio, que es Dios, y con Juan. Porque la voz de Juan señala ese Verbo y lo da a conocer. Por ello, es un castigo muy apropiado el que recae sobre Zacarías cuando dice al ángel: "¿Cómo sabré esto? Porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada". Por su falta de fe respecto del nacimiento de la voz, se ve él mismo privado de su voz, como le dice el ángel Gabriel: "He aquí que quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no has creído mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo". Y después, cuando "pidió una tablilla y escribió: Su nombre es Juan; y todos se maravillaron", recuperó la voz, pues "al instante se abrió su boca, se soltó su lengua y habló bendiciendo a Dios". Antes examinamos cómo ha de entenderse que el Logos es el Hijo de Dios y repasamos las ideas relacionadas con ello; y en este punto debe observarse una secuencia semejante de ideas. Juan vino como testigo; era un hombre enviado por Dios para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por medio de él; hemos de entender, por tanto, que era aquella voz, la única digna de anunciar al Logos. Lo comprenderemos rectamente si recordamos lo aducido en nuestra exposición de los textos: "Para que todos creyeran por medio de él" y "Este es aquel de quien está escrito: He aquí que envío mi mensajero delante de tu rostro, el cual preparará tu camino delante de ti". Es adecuado, asimismo, que se diga que es la voz, no de uno que habla en el desierto, sino de uno que clama en el desierto. Quien clama "Preparad el camino del Señor" también lo dice; pero podría decirlo sin clamar. Clama y lo pregona, en cambio, para que lo oigan incluso quienes están lejos del que habla y para que hasta los sordos comprendan la grandeza de las nuevas, pues se anuncian con voz poderosa; así presta ayuda tanto a quienes se han apartado de Dios como a quienes han perdido la agudeza del oído. Esta fue también la razón por la cual "Jesús, puesto en pie, clamó diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba". De ahí también que "Juan diera testimonio de él y clamara diciendo", y que Dios mandara a Isaías clamar, con la voz de uno que decía: "Clama. Y yo dije: ¿Qué he de clamar?". La voz física que empleamos al orar no necesita ser potente ni estrepitosa; aunque no elevemos ningún gran clamor ni grito, Dios nos oirá. Dice a Moisés: "¿Por qué clamas a mí?", cuando Moisés no había clamado en voz alta en absoluto. No consta en el Éxodo que lo hiciera; pero Moisés había clamado poderosamente a Dios en oración con aquella voz que solo Dios oye. Por eso también David dice: "Con mi voz clamé al Señor, y él me escuchó". Y quien clama en el desierto necesita una voz para exhortar al alma privada de Dios y abandonada de la verdad —pues ¿qué desierto hay más terrible que un alma abandonada de Dios y de toda virtud, que aún anda por caminos torcidos y necesita instrucción?— a enderezar el camino del Señor. Y endereza ese camino el hombre que se aparta del sinuoso recorrido de la serpiente, mientras que quien tiene la disposición contraria pervierte su camino. De ahí la reprensión dirigida a un hombre de esa clase y a todos los que se le asemejan: "¿Por qué pervertís los caminos rectos del Señor?".

    11. Acerca del camino del Señor, de cómo es estrecho y de cómo Jesús es el camino

    VI, 11

    Ahora bien, el camino del Señor se endereza de dos maneras. En primer lugar, por la contemplación, cuando el pensamiento se esclarece en la verdad sin mezcla alguna de falsedad; y después, por la conducta, cuando, tras una sana contemplación de lo que debe hacerse, se produce una acción acorde con una sana doctrina de la conducta. Y, para que entendamos con mayor claridad el texto "Enderezad el camino del Señor", convendrá compararlo con lo que se dice en los Proverbios: "No te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda". Pues quien se desvía en cualquiera de las dos direcciones ha dejado de mantener recta su senda y ya no es digno de la mirada divina, puesto que se ha apartado de la rectitud del camino; porque "el Señor es justo, ama la justicia y su rostro contempla la rectitud". Por eso, aquel a quien alcanza esa mirada y que recibe el beneficio de tal atención dice: "La luz de tu rostro ha brillado sobre nosotros, Señor". Pongámonos, pues, como exhorta Jeremías, en los caminos, miremos y preguntemos por las antiguas sendas del Señor; veamos cuál es el buen camino y andemos por él. Así hicieron los apóstoles al detenerse y preguntar por las antiguas sendas del Señor: preguntaron a los Patriarcas y a los Profetas, indagando en sus escritos, y, cuando llegaron a comprenderlos, vieron el buen camino, a saber, Jesucristo, que dijo: "Yo soy el camino"; y anduvieron por él. Pues es un buen camino el que conduce al hombre bueno al buen Padre: al hombre que saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón y que es un siervo bueno y fiel. Este camino es estrecho, ciertamente, porque los muchos, amantes de su carne, no soportan andar por él; pero también se ve oprimido por quienes hacen fuerza para recorrerlo, pues no se lo llama camino que aflige, sino camino afligido. Porque ese camino, que es un camino vivo y siente las cualidades de quienes lo pisan, se ve oprimido y afligido cuando transita por él quien no se ha quitado el calzado de los pies ni ha comprendido verdaderamente que el lugar donde está de pie, o por donde anda, es tierra santa. Y conducirá a aquel que es la vida y que dice: "Yo soy la vida". Pues el Salvador, en quien se reúnen todas las virtudes, presenta muchos aspectos. Para quien, aunque de ningún modo esté cerca de la meta, va avanzando, él es el camino; para quien se ha despojado de todo lo muerto, él es la vida. A quien recorre este camino se le dice que no lleve nada consigo, puesto que el propio camino proporciona pan y todo lo necesario para la vida, los enemigos carecen de poder en él y no necesita bastón; y, como es santo, tampoco necesita calzado.

    12. La opinión de Heracleón sobre la voz y sobre Juan el Bautista

    VI, 12

    Las palabras "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto", etcétera, pueden, sin embargo, entenderse como equivalentes a "Yo soy aquel de quien está escrito lo de la "voz en el desierto"". Entonces Juan sería quien clama, y su voz sería la que clama en el desierto: "Enderezad el camino del Señor". Heracleón, al hablar de Juan y de los profetas, dice, de manera un tanto denigrante, que "el Verbo es el Salvador; la voz, aquella del desierto que Juan interpretó; el sonido, todo el orden profético". A esto podemos responder recordándole el texto "Si la trompeta da un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?", así como el que dice que, aunque alguien conozca los misterios o tenga profecía, si carece de amor es un címbalo que resuena o retiñe. Si la voz profética no es más que sonido, ¿cómo puede nuestro Señor remitirnos a ella, como cuando dice: "Escudriñad las Escrituras, porque pensáis que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio", y "Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí", y "Bien profetizó Isaías acerca de vosotros, diciendo: Este pueblo me honra con los labios"? No sé si alguien puede admitir razonablemente que el Salvador habló así en alabanza de un sonido incierto, ni que las Escrituras a las que se nos remite, como a la voz de una trompeta, puedan prepararnos para nuestra guerra contra las potestades adversas si su sonido emite una voz incierta. Si los profetas carecían de amor y por eso eran bronce que resuena o címbalo que retiñe, ¿cómo nos envía el Señor a su sonido, como pretenden estos autores, como si pudiéramos obtener ayuda de él? Heracleón afirma, en efecto, que una voz, cuando se adapta bien a la palabra, se convierte en palabra, como si alguien dijera que una mujer se transforma en hombre; y no sustenta la afirmación con argumentos. Y, como si estuviera en condiciones de establecer un dogma sobre el asunto y avanzar así, declara que el sonido puede transformarse de modo semejante en voz, y dice que la voz transformada en palabra ocupa la posición de un discípulo, mientras que el sonido que pasa a ser voz ocupa la de un esclavo. Si se hubiera tomado alguna molestia en fundamentar estos puntos, habríamos tenido que dedicar cierta atención a refutarlos; pero, tal como están las cosas, basta la mera negación para refutarlos. Había una cuestión que dejamos pendiente algo más atrás: la del motivo de las declaraciones de Juan. Podemos abordarla ahora. Según Heracleón, el Salvador lo llama profeta y Elías, pero él mismo niega ser cualquiera de los dos. Cuando el Salvador, dice Heracleón, lo llama profeta y Elías, no habla de Juan mismo, sino de lo que lo rodea; pero, cuando lo llama mayor que los profetas y que los nacidos de mujer, describe entonces la condición propia de Juan. En cambio, cuando se pregunta a Juan por sí mismo, sus respuestas se refieren a él, no a lo que lo rodea. Hemos examinado esto con el mayor cuidado posible, comparando cada uno de los términos en cuestión con las afirmaciones de Heracleón, por si no se hubiera expresado con toda exactitud. Pues no hace intento alguno de mostrar por qué las afirmaciones de que es Elías y de que es profeta se aplican a lo que lo rodea, mientras que la de que es la voz de uno que clama en el desierto se aplica a él mismo. Heracleón se limita a ofrecer una ilustración, a saber: lo que lo rodeaba era, por así decirlo, su ropa, algo distinto de él; y, si se le preguntaba por su ropa, si él era su ropa, no podía responder "Sí". Ahora bien, que su condición de Elías, el que había de venir, fuese su ropa apenas concuerda, hasta donde alcanzo a ver, con las opiniones de Heracleón; podría concordar, quizá, con la explicación que nosotros mismos dimos de las palabras "en el espíritu y la potestad de Elías": en cierto sentido, podría decirse que este espíritu de Elías equivale al alma de Juan.
    Pasa luego a intentar determinar por qué los enviados por los judíos para interrogar a Juan eran sacerdotes y levitas, y responde, de ningún modo desacertadamente, que correspondía a tales personas, consagradas al servicio de Dios, ocuparse e indagar acerca de estos asuntos. Cuando añade, sin embargo, que era "porque Juan pertenecía a la tribu de Leví", su reflexión es menos acertada. Nosotros mismos planteamos antes la cuestión y vimos que, si los judíos enviados conocían el nacimiento de Juan, no podían preguntarle si era Elías. Y, asimismo, al tratar la pregunta "¿Eres tú el profeta?",
    Heracleón no considera que la adición del artículo tenga ninguna fuerza particular y dice: "Le preguntaron si era un profeta, deseando conocer este hecho de carácter más general". Además, no solo Heracleón, sino, hasta donde estoy informado, todos los que se apartan de nuestras opiniones, como si no hubiesen sabido resolver una pequeña ambigüedad y establecer la debida distinción, suponen que Juan es mayor que Elías y que todos los profetas. Las palabras son: "Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan"; pero admiten dos sentidos: que Juan es mayor que todos ellos o, por el contrario, que algunos son iguales a él. Pues, aunque muchos de los profetas fueran iguales a él, podría seguir siendo cierto, con respecto a la gracia que le fue concedida, que ninguno de ellos era mayor. Heracleón estima que confirma la opinión de que Juan era mayor el hecho de que "fue anunciado por Isaías", pues Dios no juzgó digno de tal distinción a ningún otro de cuantos pronunciaron profecías. Esta, sin embargo, es una afirmación temeraria que implica cierta falta de respeto hacia lo que se llama Antiguo Testamento e ignora por completo que el propio Elías fue objeto de una profecía. Pues Malaquías profetiza acerca de Elías cuando dice: "He aquí que os envío a Elías, el tisbita, que hará volver el corazón del padre hacia el hijo". También Josías, según leemos en el tercer Libro de los Reyes, fue anunciado por su nombre por el profeta que salió de Judá, pues dijo, estando también Jeroboán junto al altar: "Así dice el Señor: He aquí que le nace un hijo a David; su nombre es Josías". Hay asimismo quienes dicen que Sansón fue anunciado por Jacob cuando dijo: "Dan juzgará a su propio pueblo, como una de las tribus de Israel", pues Sansón, que juzgó a Israel, era de la tribu de Dan. Baste esto como prueba de la temeridad de la afirmación de Heracleón de que solo Juan fue objeto de una profecía, formulada en su intento de explicar las palabras "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto".

    13. Juan 1:24-25. Acerca del bautismo de Juan, del de Elías y del de Cristo

    VI, 13

    Y los enviados eran de los fariseos. Le preguntaron y le dijeron: "¿Por qué bautizas, entonces, si no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?". Quienes habían enviado desde Jerusalén a los sacerdotes y levitas que hicieron esas preguntas a Juan, tras saber quién no era y quién era, guardan un silencio decoroso, como si asintieran tácitamente y dieran a entender que aceptaban lo dicho y veían que el bautismo convenía a una voz que clama en el desierto para preparar el camino del Señor. Pero los fariseos, que son, como indica su nombre, un grupo de personas separadas y sediciosas, muestran que no están de acuerdo con los judíos de la capital ni con los ministros del servicio de Dios, los sacerdotes y levitas. Envían emisarios que formulan reproches y que, en la medida de sus fuerzas, intentan impedirle bautizar; sus emisarios preguntan: "¿Por qué bautizas, entonces, si no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?". Y, si reuniéramos en un solo relato lo escrito en los diversos Evangelios, diríamos que en aquel momento hablaron como aquí se refiere, pero que más tarde, cuando desearon recibir el bautismo, oyeron estas palabras de Juan: "¡Generación de víboras! ¿Quién os ha enseñado a huir de la ira venidera? Dad, pues, frutos dignos de arrepentimiento". Esto es lo que dice el Bautista en Mateo al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a su bautismo sin tener, evidentemente, los frutos del arrepentimiento y jactándose, como fariseos, de tener a Abrahán por padre. Por eso los reprende Juan, que posee el celo de Elías por comunicación del Espíritu Santo. Pues son palabras de reprensión: "No penséis decir dentro de vosotros: Tenemos a Abrahán por padre"; y son palabras de maestro las que pronuncia cuando habla de aquellos que, por la dureza de sus corazones, son llamados piedras incrédulas, y dice que, por la potestad de Dios, esas piedras pueden convertirse en hijos de Abrahán; pues estaban presentes ante los ojos del profeta y no rehuían su mirada divina. De ahí sus palabras: "Os digo que Dios puede suscitar de estas piedras hijos a Abrahán". Y, puesto que acudieron a su bautismo sin haber producido frutos dignos de arrepentimiento, les dice con toda propiedad: "Ya está puesta el hacha a la raíz del árbol; todo árbol que no da buen fruto es cortado y arrojado al fuego". Es como si les dijera: Puesto que habéis acudido al bautismo sin haber producido frutos dignos de arrepentimiento, sois un árbol que no da buen fruto y que debe ser cortado por el hacha agudísima y penetrante del Verbo, que es vivo y poderoso y más afilado que toda espada de dos filos. La opinión que los fariseos tenían de sí mismos queda expuesta también por Lucas en el pasaje: "Dos hombres subieron al templo a orar, uno fariseo y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de este modo: Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros, ni siquiera como este publicano". El resultado de estas palabras es que el publicano baja a su casa justificado antes que el fariseo, y se extrae la enseñanza de que todo aquel que se enaltece es humillado. Acudieron, pues, al bautismo de Juan como hipócritas, conforme a la descripción que de ellos hacían las palabras de reproche del Salvador; y no escapa a la atención del Bautista que tienen bajo la lengua veneno de víboras y veneno de áspides, pues "el veneno de los áspides está bajo su lengua". La imagen de las serpientes indica acertadamente su disposición, que se manifiesta con claridad en su propia pregunta: "¿Por qué bautizas, entonces, si no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?". A estos quisiera yo responderles, si es que el Cristo, Elías y el profeta bautizan, pero la voz que clama en el desierto no tiene autoridad para hacerlo: "Con gran dureza, amigos míos, interrogáis al mensajero enviado delante del rostro de Cristo para prepararle el camino. Todos los misterios relativos a esta cuestión os están ocultos; porque Jesús, que es el Cristo, queráis o no, no bautizaba él mismo, sino sus discípulos, y eso que él mismo era el profeta. Y ¿cómo habéis llegado a creer que Elías, el que ha de venir, bautizará?". No bautizó los leños del altar en tiempos de Acab, aunque necesitaban tal baño para ser consumidos, cuando el Señor se manifestó en el fuego. No: mandó a los sacerdotes que lo hicieran por él, y no una sola vez; pues dijo: "Hacedlo por segunda vez", y lo hicieron por segunda vez; y "Hacedlo por tercera vez", y lo hicieron por tercera vez. Si, pues, en aquella ocasión no bautizó él mismo, sino que dejó la tarea a otros, ¿cómo habría de bautizar en el tiempo del que habló Malaquías? Cristo, por tanto, no bautiza con agua, sino que lo hacen sus discípulos. Se reserva para sí bautizar con el Espíritu Santo y con fuego. Ahora bien, Heracleón toma las palabras de los fariseos como si implicaran claramente que el oficio de bautizar correspondía al Cristo, a Elías y a todo profeta, pues emplea estas palabras: "A los únicos a quienes corresponde bautizar". Lo refuta lo que acabamos de decir y, especialmente, el hecho de que toma la palabra "profeta" en sentido general, ya que no puede demostrar que ninguno de los profetas bautizara. Añade, no sin razón, que los fariseos plantearon la pregunta por malicia y no por deseo de aprender.

    14. Comparación de los testimonios de los cuatro evangelistas sobre Juan el Bautista, las profecías que se refieren a él, sus palabras a la multitud y a los fariseos, etcétera

    VI, 14

    Juzgamos necesario comparar la expresión del pasaje que examinamos con otras semejantes que se encuentran en los Evangelios. Seguiremos haciéndolo punto por punto hasta el final de esta obra, para mostrar que los términos que parecen discrepar están en armonía y explicar los sentidos particulares presentes en cada uno. Así procederemos en el pasaje actual. Juan, el discípulo, pone en boca del Bautista las palabras "La voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor". En Marcos, en cambio, las mismas palabras figuran al comienzo del Evangelio de Jesucristo, de acuerdo con la Escritura de Isaías, del siguiente modo: "El principio del Evangelio de Jesucristo, como está escrito en el profeta Isaías: He aquí que envío mi mensajero delante de tu rostro, el cual preparará tu camino delante de ti. La voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". Ahora bien, las palabras "Enderezad el camino del Señor", que añade Juan, no se encuentran en el profeta. Quizá Juan procuró condensar "Preparad el camino del Señor, enderezad las sendas de nuestro Dios", y por eso escribió "Enderezad el camino del Señor"; mientras que Marcos reunió dos profecías pronunciadas por dos profetas distintos en lugares diferentes y formó con ellas una sola profecía: "Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí que envío mi mensajero delante de tu rostro, el cual preparará tu camino. La voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". Las palabras "La voz de uno que clama en el desierto" están escritas inmediatamente después del relato de la curación de Ezequías, mientras que "He aquí que envío mi mensajero delante de tu rostro" las escribió Malaquías. Lo que aquí hace Juan al abreviar el texto que cita, vemos que también lo hace Marcos en otro punto. Pues, mientras las palabras del profeta son "Preparad el camino del Señor, enderezad las sendas de nuestro Dios", Marcos escribe: "Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". Y Juan practica una abreviación semejante en el texto "He aquí que envío mi mensajero delante de tu rostro, el cual preparará tu camino delante de ti", al no añadir las palabras "delante de ti", que figuran en el original. Pasando ahora a la afirmación "Habían sido enviados por los fariseos y le preguntaron", el examen del pasaje nos ha llevado a situar la pregunta de los fariseos —que Mateo no menciona— antes del episodio narrado por Mateo, cuando Juan vio que muchos fariseos y saduceos acudían a su bautismo y les dijo: "¡Generación de víboras!", etcétera. Pues la secuencia natural es que primero preguntaran y después acudieran. Y hemos de observar que, cuando Mateo cuenta que salieron hacia Juan Jerusalén, toda Judea y toda la región circundante al Jordán, para ser bautizados por él en el Jordán y confesar sus pecados, no fueron estas personas quienes oyeron del Bautista palabra alguna de reproche o refutación, sino solo los muchos fariseos y saduceos a quienes vio acercarse. A ellos fue a quienes dirigió las palabras "¡Camada de víboras!", etcétera. Marcos, por su parte, tampoco consigna que Juan dirigiera palabras de reproche a quienes acudían a él desde toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén, que eran bautizados por él en el Jordán y confesaban sus pecados.
    Esto se debe a que Marcos no menciona que los fariseos y saduceos acudieran a Juan. Otra circunstancia que debemos mencionar es que tanto Mateo como Marcos afirman que, en un caso, toda Jerusalén, toda Judea y toda la región circundante al Jordán y, en el otro, toda la tierra de Judea y todos los habitantes de Jerusalén eran bautizados mientras confesaban sus pecados; pero, cuando Mateo presenta a los fariseos y saduceos acudiendo al bautismo, no dice que confesaran sus pecados, y bien podría ser esta, muy verosímil y naturalmente, la razón por la que fueron llamados "camada de víboras".
    No supongas, lector, que hay algo impropio en que, al examinar la cuestión de los enviados por los fariseos que interrogaron a Juan, aduzcamos también los pasajes paralelos de los otros Evangelios. Pues, si hemos señalado la relación adecuada entre la pregunta de los fariseos, consignada por el discípulo Juan, y su bautismo, del que habla Mateo, difícilmente podíamos dejar de examinar los pasajes en cuestión y recoger las observaciones que suscitan. Lucas, como Marcos, recuerda el pasaje "La voz de uno que clama en el desierto", pero lo presenta así: "La palabra de Dios vino a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la región circundante al Jordán predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados; como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías: La voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". Lucas, sin embargo, añadió la continuación de la profecía: "Todo valle será rellenado, y todo monte y collado será rebajado; lo torcido se volverá recto y los caminos ásperos, llanos, y toda carne verá la salvación de Dios". Escribe, como Marcos, "Enderezad sus caminos", abreviando, como vimos antes, el texto "Enderezad los caminos de nuestro Dios". En la frase "Y todo lo torcido se volverá recto", omite "todo" y cambia la palabra "rectos" del plural al singular. Además, en vez de la expresión "La tierra escabrosa se convertirá en llanura", ofrece "Los caminos ásperos se volverán llanos", y omite "Y se revelará la gloria del Señor", para dar lo que sigue: "Y toda carne verá la salvación de Dios". Estas observaciones sirven para mostrar cómo suelen abreviar los evangelistas las palabras de los profetas. También debe observarse que, según Mateo, las palabras "Camada de víboras", etcétera, fueron dirigidas a los fariseos y saduceos cuando se acercaban al bautismo, siendo estos un grupo distinto del de quienes confesaban sus pecados y a quienes no se dirigieron palabras de esta clase. En Lucas, por el contrario, esas palabras iban dirigidas a las multitudes que salían para ser bautizadas por Juan, y no había dos grupos entre los bautizados, como vimos en Mateo. Pero Mateo, como advertirá el lector atento, no habla de las multitudes en tono elogioso y probablemente pretende que se entienda que las palabras del Bautista "Camada de víboras", etcétera, iban dirigidas también a ellas. Hay otro punto: a los fariseos y saduceos les dice "Dad un fruto", en singular, "digno de arrepentimiento"; pero, al dirigirse a las multitudes, emplea el plural: "Dad frutos dignos de arrepentimiento". Quizá a los fariseos se les exige producir el fruto particular del arrepentimiento, que no es otro que el Hijo y la fe en él, mientras que a las multitudes, que ni siquiera poseen un principio de cosas buenas, se les piden todos los frutos del arrepentimiento, y por eso se emplea con ellas el plural. Además, a los fariseos se les dice: "No penséis decir dentro de vosotros: Tenemos a Abrahán por padre". Pues las multitudes tienen ahora un principio, dado que parecen ser introducidas en el Verbo divino y acercarse a la verdad; y así comienzan a decir dentro de sí: "Tenemos a Abrahán por padre".
    Los fariseos, por el contrario, no empiezan ahora a sostener esto, sino que hace tiempo que lo tienen por cierto. Pero ambos grupos ven a Juan señalar las piedras antes mencionadas y declarar que aun de ellas pueden suscitarse hijos a Abrahán, que salgan de la inconsciencia y de la muerte. Obsérvese, además, cómo a los fariseos se les dice, según la palabra del Profeta: "Habéis comido fruto falso", y su fruto es falso: "Todo árbol que no da buen fruto es cortado y arrojado al fuego"; mientras que a las multitudes, que no dan fruto alguno, se les dice: "Todo árbol que no da fruto es cortado". Pues lo que no da fruto alguno tampoco da buen fruto y, por tanto, merece ser cortado. En cambio, lo que da fruto no da de ningún modo buen fruto, por lo cual también reclama que el hacha lo derribe. Pero, si examinamos más de cerca lo relativo al fruto, hallaremos que es imposible que lo que apenas ha comenzado a cultivarse, aunque no resulte estéril, dé desde el principio buenos frutos. El labrador se conforma con que el árbol recién puesto en cultivo le dé al comienzo los frutos que pueda; después, cuando lo haya podado y formado conforme a su arte, recibirá no los frutos que por azar dio al principio, sino buenos frutos. La propia ley favorece esta interpretación, pues dispone que quien planta espere tres años, durante los cuales pode los árboles sin comer de sus frutos. "Durante tres años —dice—, el fruto será impuro para vosotros y no se comerá; pero en el cuarto año todo el fruto será santo, para alabanza del Señor". Esto explica que se omita la palabra "buen" en las palabras dirigidas a las multitudes: "Todo árbol, por tanto, que no da fruto es cortado y arrojado al fuego". El árbol que sigue dando el mismo fruto que daba al principio es un árbol que no da buen fruto y, por ello, es cortado y arrojado al fuego, puesto que, transcurridos los tres años y llegado el cuarto, no da buen fruto para alabanza del Señor. Al aducir así pasajes de los otros Evangelios, acaso parezca que me aparto del asunto; pero no puedo considerar que sea inútil ni ajeno a nuestro tema. Pues los fariseos, después de los sacerdotes y levitas venidos de Jerusalén, envían a Juan hombres que le preguntan quién es y le interrogan: "¿Por qué bautizas, entonces, si no eres el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?". Hecha esta pregunta, acuden enseguida a bautizarse, según relata Mateo, y entonces oyen palabras apropiadas a su impostura e hipocresía. Pero las palabras que se les dirigen son muy semejantes a las pronunciadas ante las multitudes; de ahí la necesidad de examinar atentamente ambos discursos y compararlos. Mientras nos ocupábamos en ello, surgieron, en el curso de la cuestión, diversos puntos que debíamos considerar. A lo dicho hemos de añadir lo siguiente. En Juan encontramos mención de dos grupos que envían emisarios: uno, el de los judíos que envían sacerdotes y levitas desde Jerusalén; otro, el de los fariseos que quieren saber por qué bautiza. Y hemos visto que, después de interrogarlo, los fariseos se presentan para recibir el bautismo. ¿No será que los judíos que habían enviado la primera misión desde Jerusalén recibieron las palabras de Juan antes que quienes enviaron la segunda, es decir, los fariseos, y por ello llegaron antes que estos? Pues Jerusalén y toda Judea y, en consecuencia, toda la región circundante del Jordán eran bautizadas por él en el río Jordán, confesando sus pecados; o, como dice Marcos: "Salía a él toda la tierra de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados". Ahora bien, ni Mateo presenta a los fariseos y saduceos, a quienes se dirigen las palabras "¡Raza de víboras!", etcétera, como personas que confiesan sus pecados, ni Lucas presenta así a las multitudes que reciben la misma reprensión. Y cabe preguntar cómo, si toda la ciudad de Jerusalén, toda Judea y toda la región circundante del Jordán eran bautizadas por Juan en el Jordán, pudo decir el Salvador: "Vino Juan el Bautista, que ni come ni bebe, y decís que tiene un demonio"; y cómo pudo decir a quienes le preguntaban: "¿Con qué autoridad haces estas cosas? Yo también os haré una pregunta; si me respondéis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde procedía? ¿Del cielo o de los hombres? Y ellos discurren y dicen: Si respondemos: "Del cielo", nos dirá: "¿Por qué no le creísteis?"". La dificultad se resuelve así: los fariseos, a quienes Juan se dirigió, como vimos antes, con su "¡Raza de víboras!", etcétera, acudieron al bautismo sin creer en él, probablemente porque temían a las multitudes y, con su habitual hipocresía ante ellas, juzgaron conveniente someterse al lavatorio para no parecer hostiles a quienes lo hacían. Creían, pues, que su bautismo procedía de los hombres y no del cielo; pero, por miedo a la multitud y a que los apedrearan, temían decir lo que pensaban. No hay, por tanto, contradicción entre las palabras del Salvador a los fariseos y los relatos evangélicos acerca de las multitudes que acudían al bautismo de Juan. Era propio de la desvergüenza de los fariseos afirmar que Juan tenía un demonio, como también afirmar que Jesús había realizado sus obras maravillosas por Beelzebú, príncipe de los demonios.

    15. Cómo responde el Bautista a la pregunta de los fariseos y exalta la naturaleza de Cristo

    Sobre la correa de la sandalia que no es digno de desatar.

    VI, 15

    Juan les respondió diciendo: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis: el que viene después de mí, cuya correa de la sandalia no soy digno de desatar". Heracleón considera que las respuestas de Juan a los enviados por los fariseos no se refieren a lo que estos preguntaban, sino a lo que él deseaba decir; no advierte que así acusa al Profeta de falta de cortesía, al hacerlo responder sobre una cosa cuando se le pregunta por otra, defecto que debe evitarse en una conversación. Nosotros sostenemos, por el contrario, que la respuesta atiende exactamente a la pregunta. Le preguntan: "¿Por qué bautizas, entonces, si no eres el Cristo?". ¿Y qué otra respuesta podía darse sino mostrar que su bautismo era, por naturaleza, algo corporal? "Yo —dice— bautizo con agua": esta es su respuesta a "¿Por qué bautizas?". Y a la segunda parte de la pregunta, "si no eres el Cristo", responde exaltando la naturaleza superior de Cristo: posee tal potestad que es invisible en su divinidad, aunque está presente para todos los hombres y se extiende por el universo entero. Esto indican las palabras: "En medio de vosotros está uno". Los fariseos, además, aunque esperaban la venida de Cristo, no veían en Él nada de la índole que Juan describe; creían que era simplemente un hombre perfecto y santo. Juan reprende, por ello, su ignorancia de la superioridad de Cristo y añade a "En medio de vosotros está uno" la expresión "a quien no conocéis". Y, para que nadie suponga que el Invisible, que se extiende a todos los hombres e incluso al mundo entero, es una persona distinta de aquel que se hizo hombre, apareció en la tierra y convivió con los hombres, añade a "En medio de vosotros está uno a quien no conocéis" estas otras palabras: "El que viene después de mí", es decir, el que ha de manifestarse después de mí. Comprendía bien que la excelencia incomparable de este superaba con mucho su propia naturaleza, aunque algunos dudaban si él sería el Cristo; por eso, deseando mostrar cuán lejos estaba de alcanzar la grandeza de Cristo, para que nadie pensara de él más de lo que veía u oía, prosigue: "No soy digno de desatar la correa de su sandalia". Con ello da a entender, como en un enigma, que no es capaz de resolver ni explicar el razonamiento acerca de la asunción de un cuerpo humano por Cristo, razonamiento anudado y oculto —como la correa de una sandalia— para quienes no lo comprenden; ni, por tanto, de decir nada digno de una venida semejante, condensada como estuvo en un espacio tan breve.

    16. Comparación del testimonio de Juan sobre Jesús en los distintos Evangelios

    VI, 16

    Puesto que examinamos el pasaje "Yo bautizo con agua", quizá no esté fuera de lugar comparar con estas palabras de Juan los pasajes paralelos de los evangelistas. Mateo refiere que el Bautista, al ver que muchos fariseos y saduceos acudían a su bautismo, después de las palabras de reprensión que ya hemos estudiado, prosiguió: "Yo os bautizo con agua para arrepentimiento; pero el que viene después de mí es más poderoso que yo, y no soy digno de llevar sus sandalias. Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego". Esto concuerda con las palabras de Juan en las que el Bautista habla a los enviados por los fariseos de su bautismo con agua. Marcos, a su vez, dice: "Juan predicaba diciendo: Después de mí viene uno más poderoso que yo, y no soy digno de inclinarme para desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con el Espíritu Santo". Y Lucas dice que, como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban en su corazón si acaso Juan sería el Cristo, Juan respondió a todos: "Yo os bautizo con agua; pero viene uno más poderoso que yo, y no soy digno de desatar la correa de su sandalia. Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".

    17. Sobre el testimonio del Evangelio de Mateo

    VI, 17

    Estos son, pues, los pasajes paralelos de los cuatro; intentemos ver con toda la claridad posible qué significa cada uno y en qué difieren entre sí. Comenzaremos por Mateo, de quien la tradición refiere que publicó su Evangelio antes que los demás, para los hebreos, es decir, para los creyentes de la circuncisión. "Yo —dice— os bautizo con agua para arrepentimiento", purificándoos, por así decirlo, apartándoos de los malos caminos y llamándoos al arrepentimiento; pues he venido a preparar para el Señor un pueblo dispuesto para Él y, mediante mi bautismo de arrepentimiento, a preparar el terreno para el que vendrá después de mí y os beneficiará de un modo mucho más eficaz y poderoso de lo que permitirían mis fuerzas. Porque su bautismo no es solo del cuerpo: llena del Espíritu Santo al penitente, y su fuego, más divino, elimina todo lo material y consume cuanto hay de terreno, no solo en quien lo acoge en su vida, sino incluso en quien oye hablar de él a quienes lo poseen. Tan superior a mí es el que viene después de mí que no puedo llevar ni siquiera lo más exterior de las potestades que lo rodean, aquello que más lejos está de Él —pues no se halla abierto y expuesto a la vista de cualquiera—, ni tampoco llevar lo que las sostiene. No sé de cuál de estas cosas debería hablar. ¿Hablaré de mi gran debilidad, incapaz de llevar siquiera aquello de Cristo que, comparado con cuanto hay en Él de más grande, es lo menor, o hablaré de su divinidad trascendente, mayor que el mundo entero? Si yo, que he recibido la gracia de ser considerado digno de una profecía que anunciaba mi llegada a esta vida humana con las palabras "Voz de uno que clama en el desierto" y "He aquí que envío a mi mensajero delante de ti"; si yo, cuyo nacimiento anunció a mi padre, tan avanzado en años y contra toda expectativa suya, Gabriel, que está en presencia de Dios; yo, con cuyo nombre Zacarías recobró la voz y pudo emplearla para profetizar; yo, de quien mi Señor atestigua que entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor, no soy capaz ni siquiera de llevar sus sandalias. Y si no puedo llevar sus sandalias, ¿qué podrá decirse de sus vestiduras? ¿Quién es tan grande como para poder custodiar su manto? ¿Quién puede suponer que comprende el significado contenido en su túnica, que no tiene costura desde arriba porque está tejida de una pieza? Debe observarse que, mientras los cuatro presentan a Juan declarando que ha venido a bautizar con agua, solo Mateo añade "para arrepentimiento", enseñando que el beneficio del bautismo está ligado a la disposición del bautizado: para quien se arrepiente es saludable, pero para quien acude a él sin arrepentirse se convertirá en motivo de mayor condena. Y aquí debemos señalar que, así como las obras maravillosas realizadas por el Salvador en sus curaciones simbolizan a quienes, en cualquier tiempo, son librados por la Palabra de Dios de toda dolencia o enfermedad y, aunque obradas en el cuerpo y productoras de alivio corporal, llamaban también a ejercer la fe a quienes se beneficiaban de ellas, así también el lavatorio con agua, que simboliza la purificación del alma de toda mancha de maldad, es en sí mismo, para quien se entrega a la potestad divina de la invocación de la adorable Trinidad, nada menos que principio y fuente de dones divinos; pues "hay diversidad de dones". Esta interpretación halla confirmación en el relato de los Hechos de los Apóstoles, que muestra que el Espíritu descendió de manera tan manifiesta sobre quienes recibían el bautismo, después de que el agua le hubiera preparado el camino en aquellos que se acercaban debidamente al rito.
    Simón el Mago, asombrado por lo que veía, quiso recibir de Pedro este don; pero, aunque lo que deseaba era bueno, pensó obtenerlo mediante las riquezas injustas. Observemos ahora, de paso, que el bautismo de Juan era inferior al bautismo de Jesús, administrado por sus discípulos. En los Hechos, aquellas personas que habían sido bautizadas con el bautismo de Juan y ni siquiera habían oído que existiera un Espíritu Santo son bautizadas de nuevo por el Apóstol. La regeneración no tenía lugar con Juan, pero sí con Jesús por medio de sus discípulos, y el llamado lavatorio de la regeneración se realiza con la renovación del Espíritu; pues ahora se añade el Espíritu, ya que procede de Dios, está por encima del agua y no viene a todos después del agua. Hasta aquí, pues, nuestro examen de lo dicho en el Evangelio según Mateo.

    18. Sobre el testimonio de Marcos. Qué significan las sandalias del Salvador y desatar sus correas

    VI, 18

    Consideremos ahora lo que dice Marcos. Su relato de la predicación de Juan concuerda con el otro. Las palabras son: "Después de mí viene uno más poderoso que yo", lo cual equivale a "El que viene después de mí es más poderoso que yo". Hay, sin embargo, una diferencia en lo que sigue: "No soy digno de inclinarme y desatar las correas de sus sandalias". Pues una cosa es llevar las sandalias de alguien —evidentemente, ya tendrían que estar desatadas de los pies de quien las calzaba— y otra inclinarse y desatar la correa de sus sandalias. Y de ello se sigue, puesto que los creyentes no pueden pensar que ninguno de los evangelistas incurriera en error ni tergiversara lo sucedido, que el Bautista debió de pronunciar estas dos frases en momentos distintos y quiso expresar con ellas cosas diferentes. No se trata, como algunos suponen, de relatos relativos a un mismo episodio que resultaron distintos por un recuerdo impreciso de ciertos hechos o palabras. Ahora bien, es gran cosa llevar las sandalias de Jesús; gran cosa, inclinarse hacia los aspectos corporales de su misión, hacia lo ocurrido en una región inferior, para contemplar su imagen en la esfera inferior y desatar cada dificultad ligada al misterio de su encarnación: tales dificultades son, por así decirlo, las correas de sus sandalias. Pues una es la atadura de la oscuridad, como una es también la llave del conocimiento; ni siquiera el mayor de los nacidos de mujer es capaz por sí mismo de desatar tales cosas o abrirlas, porque aquel que primero las ató y cerró concede también a quien quiere desatar la correa de su sandalia y abrir lo que Él ha cerrado. Si el pasaje de las sandalias tiene un significado místico, no debemos desdeñar su examen. Considero, pues, que la humanización, por la cual el Hijo de Dios asume carne y huesos, es una de sus sandalias; la otra es el descenso al Hades, sea lo que fuere ese Hades, y el viaje con el Espíritu hasta la prisión. Sobre el descenso al Hades leemos en el salmo decimosexto: "No dejarás mi alma en el Hades"; y acerca del viaje en espíritu a la prisión leemos en la epístola católica de Pedro: "Muerto —dice— en la carne, pero vivificado en el Espíritu; en el cual también fue a predicar a los espíritus encarcelados, que en otro tiempo fueron desobedientes, cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé, mientras se preparaba el arca". Así pues, quien es capaz de exponer dignamente el significado de estos dos viajes es capaz de desatar la correa de las sandalias de Jesús: se inclina con el entendimiento y acompaña a Jesús cuando desciende al Hades, y desciende del cielo y de los misterios de la divinidad de Cristo a la venida que necesariamente realizó entre nosotros al revestirse del hombre, como de sus sandalias. Ahora bien, quien se revistió del hombre se revistió también de los muertos, pues "para esto murió y volvió a la vida Jesús: para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos". Por eso se revistió de unos y otros, de los vivos y de los muertos, es decir, de los habitantes de la tierra y de los del Hades, para ser Señor de muertos y vivos. ¿Quién, entonces, es capaz de inclinarse y desatar la correa de tales sandalias y, una vez desatadas, no dejarlas caer, sino, mediante una segunda facultad que haya recibido, levantarlas y llevarlas, conservando en la memoria su significado?

    19. Lucas y Juan dan a entender que se pueden desatar las correas de las sandalias del Logos sin inclinarse

    VI, 19

    No debemos, sin embargo, dejar de preguntarnos por qué Lucas y Juan reproducen las palabras sin la expresión "inclinarse". Quizá quien se inclina puede desatar en el sentido que hemos expuesto. Por otra parte, puede ser que quien fija los ojos en la altura de la exaltación del Logos logre desatar aquellas sandalias que, cuando uno trata de comprenderlas, parecen estar atadas; de modo que también desate esas sandalias separables del Logos y contemple al Logos despojado de las cosas inferiores, tal como es: el Hijo de Dios.

    20. La diferencia entre no ser "capaz" y no ser "digno"

    VI, 20

    Juan consigna que el Bautista dijo no ser digno; Marcos, que no era capaz; y ambas cosas no son lo mismo. Quien no fuese digno podría, sin embargo, ser capaz, y quien fuese digno podría no ser capaz. Pues, aun si es cierto que los dones se conceden para provecho común y no solo en proporción a la fe, parecería propio de un Dios que ama a los hombres y prevé el daño que ha de causar el surgimiento de una opinión demasiado alta de sí mismo o de la presunción no conceder la capacidad ni siquiera a quien es digno. Pero también es propio de la bondad de Dios que, al conferir sus dones, se gane al destinatario de ellos: se anticipa a quien está destinado a hacerse digno y, aun antes de que lo sea, lo adorna con la capacidad, para que después de adquirirla llegue a ser digno; no ocurre que primero se haga digno y luego se adelante a quien da los dones, los reciba antes de tiempo y así llegue a ser capaz. Ahora bien, en los otros tres evangelistas el Bautista dice que no es capaz, mientras que en Juan dice que no es digno. Pero puede ser que quien antes había declarado no ser capaz llegara después a serlo, aunque quizá no fuese digno; o, por el contrario, que mientras decía no ser digno, y de hecho no lo era, llegara a serlo; a menos que alguien sostenga que la naturaleza humana jamás puede realizar dignamente ese acto de desatar o de llevar y que Juan, por tanto, dice con verdad que nunca llegó a ser capaz de desatar las correas de las sandalias del Salvador, ni tampoco digno de ello. Por mucho que acojamos en nuestro entendimiento, siempre quedarán cosas aún no comprendidas; pues, como leemos en la sabiduría de Jesús, hijo de Sirac: "Cuando un hombre ha terminado, entonces comienza; y cuando cesa, entonces quedará perplejo".
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