Sesiones de lectura

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Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minDe Trinitate: Una vía de Ascenso hacia lo Inefable
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minOficio del predicador, riesgo del lenguaje y oración de cierre
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minSumario introductorio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minSumario introductorio
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minSumario introductorio
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 10 minSumario introductorio
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 9 minSumario introductorio
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minSumario introductorio
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 9 minLIBRO SEGUNDO
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minSumario introductorio
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 9 minSumario introductorio
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 9 minSumario introductorio
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minSumario introductorio
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minSumario introductorio
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minLIBRO TERCERO
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minSumario introductorio
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 10 minSumario introductorio
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 9 minSumario introductorio
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minSumario introductorio
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minLIBRO CUARTO
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 8 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
  28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minLIBRO QUINTO
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 9 minLIBRO QUINTO
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 9 minLIBRO QUINTO
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 8 minLIBRO QUINTO
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minLIBER SEXTUS
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 9 minLIBER SEXTUS
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minLIBER SEXTUS
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 10 minLIBER SEXTUS
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 5 minLIBER SEXTUS
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 10 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 5 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 10 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 11 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 9 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 11 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 9 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 10 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 9 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 1 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 10 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 10 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  64. Sesión 64 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  65. Sesión 65 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 10 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
  69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
  70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
  71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
  72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
  73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
  74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
  75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 7 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
  76. Sesión 76 · Parte 11 · ≈ 9 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
  77. Sesión 77 · Parte 11 · ≈ 10 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 9 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
  79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 10 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
  80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 9 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
  81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 9 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
  82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 8 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
  83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
  84. Sesión 84 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
  85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
  87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
  88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
  89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
  90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 5 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO

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    TEXTOS — LATÍN ANTE-NICENO / POST-NICENO

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    De la Trinidad (en trabajo)

    c. 356–359 · exilio oriental (Frigia) — voz latina nicerana64 minPosición: 0% de esta parteParte 12 de 12 · LIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJOPublicado el Actualizado el Ref. ESC-HIL-TRIN-01

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minDe Trinitate: Una vía de Ascenso hacia lo Inefable
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minOficio del predicador, riesgo del lenguaje y oración de cierre
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minSumario introductorio
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 minSumario introductorio
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minSumario introductorio
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 10 minSumario introductorio
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 9 minSumario introductorio
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 7 minSumario introductorio
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 9 minLIBRO SEGUNDO
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 9 minSumario introductorio
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 9 minSumario introductorio
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 9 minSumario introductorio
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 9 minSumario introductorio
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minSumario introductorio
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minLIBRO TERCERO
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 9 minSumario introductorio
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 10 minSumario introductorio
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 9 minSumario introductorio
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minSumario introductorio
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minLIBRO CUARTO
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 8 minNota preliminar sobre las visiones narradas en este libro
    28. Sesión 28 · Parte 5 · ≈ 9 minLIBRO QUINTO
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 9 minLIBRO QUINTO
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 9 minLIBRO QUINTO
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 8 minLIBRO QUINTO
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 minLIBER SEXTUS
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 9 minLIBER SEXTUS
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 9 minLIBER SEXTUS
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 10 minLIBER SEXTUS
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 5 minLIBER SEXTUS
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 10 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    40. Sesión 40 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 9 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 5 minLIBRO VII: LA DIVINIDAD DEL HIJO A TRAVÉS DE SU NATURALEZA Y NATIVIDAD
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 10 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 11 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 9 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 11 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 9 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 10 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 9 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 1 minLIBRO VIII: La unidad natural del Hijo y del Padre
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 10 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 10 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    61. Sesión 61 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    62. Sesión 62 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    63. Sesión 63 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    64. Sesión 64 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    65. Sesión 65 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 9 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 10 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minLIBRO IX - LA INDIFERENCIA DE NATURALEZA ENTRE EL PADRE Y EL HIJO
    69. Sesión 69 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
    70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
    71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
    72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
    73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
    74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 9 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
    75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 7 min[LIBER DECIMUS - SOBRE LA PASIÓN Y LA DIVINIDAD DE CRISTO]
    76. Sesión 76 · Parte 11 · ≈ 9 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
    77. Sesión 77 · Parte 11 · ≈ 10 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 9 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
    79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 10 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
    80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 9 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
    81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 9 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
    82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 8 minLIBRO XI - LA FE UNA Y LA DISPENSACIÓN DE LA SUBJECCIÓN
    83. Sesión 83 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
    84. Sesión 84 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
    85. Sesión 85 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
    87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
    88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
    89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 9 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO
    90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 5 minLIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO

    LIBRO XII - LA NATURALEZA ETERNA E INGENITA DEL HIJO

    XII.1 Llegamos finalmente, con la asistencia del Espíritu Santo, al puerto seguro y tranquilo de la fe firme. Y así, como suele suceder muy a menudo a los que son sacudidos por un mar y viento procelosos, que cuando las olas, pesadas y enmarañadas, los detienen a veces cerca de las orillas de los puertos, ese mismo oleaje de una ola inmensa y terrible los impulsa al final hacia un refugio conocido y fiel. Esto es lo que, espero, nos sucederá al esforzarnos en este duodécimo libro contra la tempestad herética: que mientras ofrecemos la nave, protegida contra la oleada de la más grave impiedad, ese mismo oleaje nos lleve hacia el seno de la quietud deseada. Pues para todos aquellos que son arrastrados por el viento incierto de la doctrina, hay miedo, hay peligro, y a menudo también naufragio, porque se defiende bajo autoridad profética que el unigénito Dios es criatura: para que en él no haya natividad, sino creación, porque desde la persona de la Sabiduría se ha dicho: «El Señor me creó al principio de sus caminos». Esta es la mayor oleada de su invierno, esta es la grave ola de un torbellino tortuoso: la cual, habiendo sido evadida por nosotros y quebrada con una navegación segura, nos escolta hasta el puerto mismo, el más seguro, de la costa deseada.
    XII.2 No nos esforzamos, pues, con esperanzas inciertas ni ociosas, al modo de los navegantes que, a veces navegando más por deseos que por confianza, son abandonados o desviados por vientos vagos e inestables. Por lo demás, nos asiste el Espíritu de la fe inseparable, permaneciendo por don del unigénito Dios, y conduciéndonos con curso inmutable hacia la calma: pues no conocemos al Señor Cristo como criatura, porque él mismo no lo es; ni como hechura, porque él mismo es el Señor de todas las hechuras: sino que conocemos a Dios, la propia generación de Dios Padre. Nosotros, ciertamente, todos, según la dignación de la bondad, hemos sido llamados hijos de Dios; pero él es el único hijo verdadero de Dios Padre, y una natividad verdadera y absoluta, permaneciendo solo en la cognición de ambos. Nuestra, en verdad, esta es nuestra única religión: confesar al Hijo no adoptivo, sino nacido; ni elegido, sino generado. Pues no predicamos ni que es hecho, ni que no es nacido: porque ni comparamos al Creador con las criaturas, ni mentimos sobre la natividad sin generación. No es por sí mismo quien es por la natividad. Ni no es nacido quien es hijo. Ni quien es hijo puede ser otra cosa que lo que es hijo, sino naciendo.
    XII.3 Pero para nadie es dudoso que las causas de la impiedad son siempre contrarias y opuestas a las causas de las religiones: ni puede ser piadosamente aceptado lo que se decreta que ha sido aceptado impíamente: para que o estos nuevos enmendadores de la fe apostólica dividan en disputas y repartan en riñas al Espíritu evangélico y profético; o estos hayan profetizado de otra manera y aquellos hayan predicado de otra manera: porque el Apóstol, instruido tanto por la ley, como segregado por la predefinición, y hablando mediante el Cristo que hablaba en él, no habría ignorado la profecía o la habría disuelto sin haberla ignorado: y no habría conocido que Cristo era criatura, a quien llamó creador; y habría prohibido la religión de la criatura, quien amonestó que se debía servir solo al Creador diciendo: «Los cuales cambiaron la verdad de Dios en mentira, y sirvieron a la criatura antes que al Creador, que es bendito por los siglos de los siglos».
    XII.4 ¿Acaso argumenta poco esta impiedad de la falsedad, Cristo Dios hablando en Pablo? ¿Acaso condena poco la mentira de la verdad demutada? Pues todas las cosas fueron creadas por el Señor Cristo: y por ello le es propio el nombre de que es creador. No cae sobre él ni la naturaleza ni la denominación de su eficiencia. Testigo nos es Melquisedec, predicando a Dios creador del cielo y de la tierra así: «Bendito sea Abraham por el Dios altísimo, que creó el cielo y la tierra». Testigo es también el profeta Oseas diciendo: «Firmando el cielo, y creando la tierra, yo el Señor Dios tuyo, cuyas manos crearon toda la milicia del cielo». Testigo también Pedro escribiendo así: «Como fieles creadores encomendando vuestras almas». ¿Por qué imponemos al artífice el nombre de la obra? ¿Por qué llamamos a Dios con nuestros nombres? Creador nuestro es, creador de toda la milicia celestial es.
    XII.5 Estas cosas, cuando se refieren a la fe apostólica y evangélica que deben entenderse sobre el Hijo, por quien fueron hechas todas las cosas; ¿cómo será igualado a esas mismas cosas que realizó, y estará en esa denominación de naturaleza, en la que están todas las cosas? Primero ciertamente el sentido de la humana inteligencia rechaza esto, que el creador sea criatura; porque la creación es mediante el creador. Pues si fuera criatura; también está sujeta a la corrupción, y es obnoxiva a la expectación, y está sujeta a la servidumbre. Pues el mismo bienaventurado apóstol Pablo dice: «Pues la larga expectación de la criatura espera la revelación de los hijos de Dios. Pues la criatura fue sujeta a la vanidad no por voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó en esperanza. Porque la misma criatura será liberada de la servidumbre de la corrupción hacia la libertad de la claridad de los hijos de Dios». Si, pues, Cristo es criatura, es necesario que sea incierto bajo la esperanza de una larga expectación, y su larga expectación espere más bien nuestra expectación, y esperando esas cosas esté sujeta a la vanidad, y mediante la sujeción de la necesidad no sea sujeto por voluntad. Pero cuando está sujeto no por voluntad, es necesario que también sea siervo; y cuando es siervo, permanezca también en la corrupción de la naturaleza. Pues el Apóstol enseña que todas estas cosas son propias de la criatura: de las cuales debiendo ser liberada mediante la larga expectación, resplandecerá según la gloria humana. ¡Y oh imprudente e impía profesión sobre Dios, deputarlo con estos ludibrios mediante la contumelia de la criatura, para que espere, para que sirva, para que sea coaccionado, para que sea conocido, para que deba ser liberado en nuestra, no en su propia [naturaleza], cuando mediante las suyas nosotros somos promovidos hacia algo!
    XII.6 Pero nuestra impiedad procede con un enorme incremento de perfidia mediante esta audacia de voz ilícita: que porque el Hijo sea criatura, el Padre tampoco difiera de la criatura. Pues Cristo permaneciendo en la forma de Dios, tomó la forma de siervo: y quien está en la forma de Dios, si es criatura, Dios no estará lejos de la criatura, porque en la forma de Dios esté la criatura. Pero estar en la forma de Dios, no es otra inteligencia, que permanecer en la naturaleza de Dios: por lo cual también Dios es criatura, porque en su naturaleza esté la criatura. Quien, en verdad, estaba en la forma de Dios, no arrebató ser igual a Dios; porque desde la igualdad de Dios, es decir, desde su forma, descendería a la forma de siervo. Descender, en verdad, desde Dios hacia el hombre, a no ser que vaciándose Dios de la forma de Dios, no pudo. Vaciándose, en verdad, a sí mismo no fue abolido, para que no fuera; cuando era otra cosa de la que había sido. Ni ciertamente desfalleció de sí mismo, quien se vació en sí mismo: cuando la potestad de la virtud permanece también en la potestad de vaciarse a sí mismo; y haber pasado hacia la forma de siervo, no es haber perdido la naturaleza de Dios, cuando haber vaciado la forma de Dios no es otra cosa que virtud de la potestad divina.
    XII.7 Pero que estar en la forma de Dios, no es otra cosa que ser igual a Dios: que la igualdad del honor se deba al Señor Jesucristo, quien está en la forma de Dios, diciendo él mismo: «Para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió». Nunca la diversidad de las cosas, a no ser que también esté en honor diverso. Pues las cosas mismas son de la misma veneración: porque o el sumo honor se diferirá indignamente a los inferiores, o con contumelia de los superiores los inferiores serán igualados a estos en honor. El Hijo, en verdad, si fuera hechura más bien que natividad, mediante la veneración será igualado al Padre; ninguna religión de honor para nosotros es hacia el Padre, cuando tan gran veneración de él nos ha sido impuesta, cuanta es la de la criatura: pero porque al Dios Padre en eso, que de él nació Dios, es igual; es también igual en el honor. Pues es Hijo, no criatura.
    XII.8 Y esta es una voz preclara del Padre sobre él: «Del vientre antes de lucifer te engendré». No se prejuzga, en verdad, a Dios, como hemos dicho ya a menudo, mediante la enfermedad de nuestra inteligencia; para que mediante eso, que dijo que engendró de su vientre, consista de partes internas y externas que se unen mediante los miembros, como orígenes de causas corporales: cuando libre y absoluto fuera de la causa de las necesidades naturales, permaneciendo señor de toda la naturaleza, signifique la propiedad de la natividad de su Unigénito desde la virtud de su naturaleza indemutable. Pues de espíritu naciendo espíritu, aunque nazca de la propiedad del espíritu, mediante la cual él mismo también es espíritu: no tiene, sin embargo, otra causa para eso que nace, que las causas de las causas perfectas e indemutables. Y naciendo de una causa aunque perfecta e indemutable, es necesario que nazca de una causa en la propiedad de la causa misma. La propiedad, en verdad, de las necesidades humanas se contiene dentro de las causas del vientre. Pero para Dios no perfecto de partes, sino indemutable por el espíritu, porque «Dios es espíritu», no es la necesidad natural de las causas internas. Pero porque nos predicaba la natividad del espíritu de espíritu, instituyó nuestro sentido mediante el ejemplo de nuestras causas; no para ejemplo de la natividad, sino hacia la inteligencia de la generación; para que aquel ejemplo no aproveche a la necesidad, sino al sentido. Si, pues, criatura es el unigénito Dios: y ¿qué pretende la significación de la inteligencia, la cual mediante la costumbre de la natividad humana muestra la inteligencia de la divina generación?
    XII.9 Generalmente, pues, mediante estos miembros de nuestros cuerpos, significándonos Dios los momentos de sus operaciones, nos enseñó el sentido de la inteligencia común, cuando dice: «Cuyas manos crearon toda la milicia del cielo»; o de nuevo, «Los ojos del Señor sobre los justos»; o a su vez, «Encontré a David hijo de Jesé varón según mi corazón». Cuando, en verdad, tanto la voluntad se signifique en el corazón, mediante la cual David complació por la probidad de las costumbres, y la cognición de la universalidad por la cual fuera de la ciencia de Dios no hay nada, bajo el vocablo de los ojos se enuncie, y la eficiencia de las obras, porque nada hay que no sea de Dios, mediante el nombre de las manos se entienda: queriendo y proveyendo y obrando Dios todas las cosas, bajo la significación de las causas corporales debe entenderse sin ministerio corporal, ¿cómo ya en eso, que engendró del vientre, no mediante causa corporal de origen humana; se trae también el sentido de la natividad espiritual; cuando mediante las restantes significaciones de los miembros, se demuestra el efecto de las restantes eficiencias también en Dios?
    XII.10 Porque, pues, se propone el corazón hacia la voluntad, los ojos hacia la vista, las manos hacia el efecto, cuando sin embargo más allá de la infecta comparación de las partes Dios y quiere y provee y realiza, y estas mismas cosas mediante el corazón y los ojos y la mano se enuncien: ¿acaso la significación, por la cual engendró del vientre, no es demostración de la verdadera natividad? no porque engendró del vientre, así como tampoco obra mediante la mano, ni ve mediante los ojos, ni quiere mediante el corazón: sino porque mediante la significación de estos verdaderamente todas las cosas y obra y ve y quiere, así mediante la significación del vientre, verdaderamente engendró de sí mismo a quien engendró, no mediante causa del vientre, sino hacia la profesión de la verdad: así como tampoco mediante causas de cuerpos o quiere o ve o obra, sino usa de estas denominaciones de partes, para que mediante los ministerios de los corporales se sienta la virtud de las eficiencias incorporales.
    XII.11 La naturaleza de la costumbre humana, pues, no permite, pero tampoco la sentencia de la doctrina dominica sufre, que el discípulo preceda al maestro, o el siervo mande al señor: porque uno y otro tanto por ignorancia esté sujeto, como ignorante al que sabe; y por condición sea enfermo, como a dominación servidumbre. Las cuales cuando sea el juicio común que así sean; ¿con qué ahora nosotros, mediante ejemplo de temeridad, diremos y estimaremos a Dios criatura, y al hijo hechura: cuando nunca nos habló esto de sí mismo ni el Maestro y Señor siervo y sus discípulos, ni enseñó su natividad como creación o hechura? sino que también el Padre nada nunca otra cosa que al hijo testificó, y el Hijo nada otra cosa que a su propio Dios Padre profesó: nacido ciertamente, no hecho o creado se asertando, así como dice: «Todo el que ama al Padre, ama también al Hijo, quien nació de él».
    XII.12 Hechura, en verdad, son obras de las criaturas, no natividad de la generación. Pues ni el cielo es hijo, o la tierra hijo, o el mundo natividad, de los cuales fue dicho: «Todas las cosas mediante él fueron hechas», y mediante el Profeta: «Obras de tus manos son los cielos»: y mediante el mismo: «Obras de tus manos no omitas». ¿Acaso al pintor la pintura hijo, o la espada al artífice hijo, o al arquitecto la casa hijo? Estas, pues, son obras de los eficientes; pero en verdad para el padre solo, quien de él nace, es hijo.
    XII.13 Y nosotros ciertamente hijos para Dios, pero por hechura hijos. Fuimos, en verdad, alguna vez hijos de la ira; pero hijos para Dios mediante el espíritu de adopción hechos, y decir eso merecemos más bien que nacemos. Y porque todo lo que se hace, antes que se haga, no fue; nosotros cuando no habíamos sido hijos, hacia eso que somos somos efectuados. Antes, en verdad, hijos no éramos: pero después de que merecimos esto somos. Somos, en verdad, no nacidos, sino hechos; ni generados, sino adquiridos. Pues adquirió para sí Dios al pueblo: y mediante esto engendró. Engendrar, en verdad, a Dios hijos, nunca con significación de propiedad conocemos. Pues no dice: A mis hijos engendré y exalté: sino esto solo: Hijos engendré y exalté.
    XII.14 A no ser que en eso que dice: «Mi hijo primogénito Israel», alguien esto que dijo mi primogénito, hacia quitar al Hijo la propiedad de la generación entenderá; para que porque también de Israel dijera mío, la asunción de los hijos hechos fuera usurpada para la propiedad de la natividad? y por ello no sea propio a la natividad de Dios, lo que de él fue dicho: «Este es mi hijo dilecto»; cuando mío también se diga que es propio a aquellos, que está manifiesto que no nacieron. No nacidos, en verdad, ser, aunque se digan que nacieron, vel ex eo se enseña cuando se dice: «Al pueblo que nacerá, al cual hizo el Señor».
    XII.15 Ergo el pueblo Israel nace, para que se haga: ni por eso, porque se dice nacer, no se entiende también que se hace. Pues por adopción es hijo, no por generación; ni para él propiedad, sino denominación es. Pues aunque primogénito mío fue escrito de él; lejos sin embargo y mucho difiere, Hijo mío dilecto, y Hijo mío primogénito. Donde, en verdad, natividad es, allí Hijo mío dilecto: donde, en verdad, elección desde las gentes es, y adopción mediante la voluntad es, allí Hijo mío primogénito. Aquí lo que suyo es, hacia el primogénito es: allí lo que suyo es, hacia el hijo es. Y en la natividad hijo primero suyo y así dilecto; y en la elección hijo primero primogénito, y así después suyo: para que, adoptado desde todos los pueblos hijo Israel propio fuera, lo que primogénito es; nacido en verdad único Dios manifiesto sea propio ser, lo que hijo es. No es, pues, verdadera y perfecta natividad, donde se deputa más bien, que se genera: porque no es ambiguo aquel pueblo, que nace en hijo, y hacerse. Lo que, en verdad, se hace cuando no había sido, y mediante eso, que hecho es, se dice nacer; no es en él verdadera natividad, porque antes otra cosa de la que nació fuera. Y por eso no fue antes de que naciera, es decir, antes de que se hiciera: porque quien desde las gentes hijo es, gente es antes que hijo: y por ello no verdaderamente hijo, porque no siempre hijo. Unigénito, en verdad, Dios ni no fue alguna vez no hijo, ni fue algo antes que hijo, ni nada nada él mismo a no ser hijo. Y así quien siempre es hijo, no dejó eso de sí para la inteligencia, para que alguna vez no fuera.
    XII.16 Y las natividades, en verdad, humanas tienen en el tiempo no haber sido: primero porque todas desde estas todas, que antes no fueron, nazcan. Pues aunque para cada uno de los que nacen de él sea origen quien fue; sin embargo él mismo aquel, de quien nace, no fue antes que naciera. Después él mismo quien nacido es, después de que no fue nació, permaneciendo el tiempo antes, que nace. Naciendo, en verdad, hoy, en eso que fue ayer no fue; y hacia eso que es, desde eso que no fue comenzó, y dentro de nuestra inteligencia es, ayer eso, que hoy nace, no haber sido. Y así su natividad, mediante la cual es, después de eso que no fue permanece; porque hoy primero después del tiempo de ayer es necesario, para que sea para él en el tiempo no haber sido. Y estas cosas, ciertamente, comunes en el origen de las cosas humanas son, para que todas reciban el inicio de sí, cuando antes no hubieran sido: primero ciertamente, como enseñamos, mediante el tiempo, después mediante la causa. Y mediante el tiempo ciertamente no es ambiguo, que las cosas, que ahora comenzaron, antes no fueron: mediante la causa, en verdad, porque a estas no consta por causa ser lo que permanecen. Revolve, pues, todas las causas de los orígenes, y convierte la inteligencia hacia los anteriores: invendrás que nada comenzó mediante la causa, mientras todas las cosas mediante la virtud de Dios hacia eso que son son creadas, no también nacidas desde algo. De lo cual también para cada género mediante la sucesión misma natural es, para que no fuera y comenzara, mientras tanto después del tiempo en el tiempo es: y cuando siempre todas las cosas después del tiempo son, causa de sí también desde las cosas que antes no fueron toman, mientras de estas nacen que no fueron: ipso aquel primer padre del género humano Adán desde la tierra, la cual desde la nada es, y después del tiempo es decir, después del cielo, tierra, día, sol, luna y astros formado, quien también origen no tuvo de nacer y comenzó cuando no había sido.
    XII.17 Pero al unigénito Dios, a quien no precede tiempo anterior, no se deja para que alguna vez no fuera, porque eso mismo alguna vez ya primero es, después el no haber sido ya del tiempo es: y comenzará no después de él el tiempo ser, sino él ser después del tiempo, a quien en eso que antes de que nace no fue, eso mismo en lo que no fue se preferirá. Después quien desde aquel que es nació, entenderse no puede desde eso que no fue haber nacido: porque para él aquel quien es, hacia eso que es, causa es; no también eso que no es, origen de nacer es. Ergo a quien ni en el tiempo es, para que alguna vez no fuera; ni en el padre, es decir, autor es, para que subsista desde nadas: no dejó eso de sí de ocasión, para que o desde la nada nacido fuera, o no fuera antes de que naciera.
    XII.18 No estoy, en verdad, sin saber que la mayoría de ellos, a quienes o por impiedad obtusa mente el sacramento de Dios no capta, o por la dominación del espíritu adverso bajo especie de religión el furor de denostar a Dios es propenso, afirmar a los oídos de los más simples soler: nosotros cuando siempre Filio haber sido decimos, ni algo alguna vez haber sido, lo que no fue; sin natividad a él mediante eso, porque siempre hubiera sido, predicar: porque la opinión del sentido humano no sufra, para que lo que siempre fue, no sea nacido: «nacer en verdad causa sea, para que sea lo que no era: ser en verdad lo que no fue, ninguna otra cosa bajo sentido común ser, que nacer». Añadan, en verdad, estos lo suficientemente argutos y al oído placientes: «Si, dice, nacido es, comenzó; y cuando comenzó, no fue; y cuando no fue, no sufre para que haya sido». Y por ello el discurso de la pía inteligencia ser sostengan, «No fue antes de que naciera: porque para que fuera quien no era, no quien era nacido es». Ni necesitó de natividad quien era, cuando hacia eso para que fuera quien no era nacía.
    XII.19 Y primero debió ser, los hombres que la ciencia de las cosas divinas piadosa preferían, donde la verdad de la predicación evangélica y apostólica prefería, las tortuosas cuestiones de la callada filosofía arrojar, y seguir más bien la fe que en Dios es: porque el sentido enfermo fácilmente mediante el subsidio de su fe el sofisma de la interrogación silogística se desnudara, cuando la captiosa proposición la respuesta simple, y a sí misma según la interrogación de las cosas obediente, hacia el último ya el sentido de su interrogación despojara; para que lo que mediante la profesión hubiera perdido, eso ya la conciencia no tuviera. ¿Qué pues tan necesariamente a la interrogación obedecerá, que cuando desde nosotros se preguntara, ¿Es algo antes de que nace? En nuestra profesión sea, ¿no haber sido antes lo que nace? Ni en la naturaleza o en la necesidad es, para que lo que es nazca: cuando nacer algo por ello tanto para que sea, no porque era necesario es. Lo cual cuando concedido fuera desde nosotros, porque rectamente concedido es; despojados de la conciencia de la fe, capturados ya por impías y ajenas estudios acquiescimos.
    XII.20 Lo cual proveyendo antes el bienaventurado Apóstol Pablo, así como frecuentemente mostramos, para que evitáramos amonestó, diciendo: «Mirad que nadie os despoje mediante la filosofía y vana decepción, según la tradición de los hombres, según los elementos del mundo y no según Cristo, en quien habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente». Debiendo evitarse, pues, la filosofía es, y las tradiciones humanas no tanto deben evitarse los estudios, que refutarse. Ni en verdad a estas así concederse es, casi venzan más bien que engañen: porque nosotros a Cristo virtud de Dios y sabiduría de Dios predicando, justo es que las humanas doctrinas no tanto rechazar, que refutar; y los más simples, para que mediante estas no sean despojados, y obstruir e instruir. Pues cuando puede todas las cosas, en eso mismo todas las cosas sabiamente Dios puede, ni a su virtud razón, ni a la razón virtud se ausenta; oportet a aquellos, que a Cristo predican al mundo, a las irreligiosas doctrinas del mundo e imperfectas mediante la ciencia de la omnipotencia sabia contradecir, según aquel dicho del bienaventurado Apóstol: «Nuestras pues armas no son carnales, sino potentes para Dios, hacia la destrucción de las municiones, razones destruyendo, y toda altura elevada contra la cognición de Dios». La fe no desnuda el Apóstol e inope de la razón dejó: la cual aunque la más potente para la salud sea, sin embargo a no ser que mediante la doctrina sea instruida, tendrá ciertamente entre las adversas un tutelado refugio, no también retendrá constante seguridad de obstar; y será como a los enfermos están después de la fuga los campamentos, no también como teniendo campamentos adest la interrita fortaleza. Deben ser contundidas, pues, las insolentes disputas contra Dios, y deben ser destruidas las municiones de las razones falaces, y los ingenios elevados hacia la impiedad deben ser conteridos, ni con carnales armas, sino con espirituales; ni con terrena doctrina, sino con celestial sabiduría: para que cuanta la discreción de las cosas divinas y humanas es, tanta ultra terrena estudios la razón celestial exceda.
    XII.21 Cese, pues, la solicitud de la perfidia: ni negar nosotros, porque ella misma no entiende, estime, lo que solo desde nosotros bien y se entiende y se cree. Pues ella misma con la enunciación de los sermones cuando nacido profesamos, no sin embargo no nacido predicamos. Ni eso mismo es no nacido y nacer: porque eso de otro, esto en verdad desde nadie es. Y otra cosa es sin autor ser siempre eterno, otra cosa lo que al padre, es decir, autor es coeterno. Donde, en verdad, padre autor es, allí y nativitas es; en verdad donde autor eterno es, allí y la natividad de la eternidad es: porque así como la natividad desde el autor es, así también desde el eterno autor eterna nativitas es. Todo, en verdad, lo que siempre es, también eterno es. Pero sin embargo no todo, lo que eterno es, también innato es. Porque lo que desde el eterno nace, tiene eterno ser lo que nacido es. Lo que, en verdad, no nacido es, eso con la eternidad no nacido es. Lo que, en verdad, desde el eterno nacido es, eso si no eterno nacido es, ya no será también padre quien de la generación es autor. Si algo, pues, a él, quien desde el eterno padre nacido es, desde la eternidad faltare, eso mismo al autor no es ambiguo haber faltado: porque lo que al que engendra es infinito, infinito es también al que nace. Medio, en verdad, algo entre la natividad de Dios hijo, y la generación de Dios padre, ni razón ni sentido admite: porque y en la generación nativitas es, y en la nativitas generación es. Lo que uno y otro sin intervalo de sí es, porque sin uno y otro ni el neutro es. Lo que ergo a no ser desde uno y otro no consiste, eso en todas las cosas a no ser uno y otro no permanece: porque en algo lo otro no se deje, que eso mismo lo otro en algo no pueda ser sin lo otro.
    XII.22 Pero inquierirá alguien incapaz de este divino sacramento, Todo lo que nacido es, no fue: porque en eso nacido es, para que fuera.
    XII.23 ¿Y quién, pues, dudará, que las cosas que en las cosas humanas nacidas son, alguna vez no fueron? Pero otra cosa es desde eso nacer que no fue, otra cosa desde eso nacido ser que siempre es. La infancia, en verdad, toda, cuando antes no hubiera sido, comenzó desde el tiempo. La cual a su vez creciendo en puericia, después también adolescencia forzó hacia el padre. Y no siempre padre es, quien antes en la adolescencia mediante la puericia, y en la puericia mediante la infancia comenzada había profectado. Luego quien no siempre padre es, no siempre y engendró. Donde, en verdad, siempre padre es, siempre y hijo es. Si, pues, tienes en el pensamiento o sentido a Dios, en cuya cognición sacramento propio es lo que Padre es, no siempre padre ser del hijo generado; tienes y en la inteligencia y en la ciencia, no siempre hijo ser quien generado es. Lo cual si siempre al Padre es propio lo que siempre es padre; es necesario siempre al Hijo ser propio lo que siempre es Hijo. ¿Y cómo en nuestro discurso y inteligencia caerá, para que no fuera antes de que naciera, a quien es propio siempre ser lo que nacido es?
    XII.24 La forma, pues, y la imagen del invisible Dios unigénito en sí mismo Dios conteniendo, en todas estas cosas que propias a Dios Padre son, mediante la plenitud de la verdadera en sí divinidad es igualado. Pues, como en los libros anteriores enseñamos, mediante la virtud y la veneración, así como el Padre, tanto honorando como potente es: así también en eso que el Padre siempre es, para él también, en eso que hijo es, al Hijo siempre ser es común. Pues según el dicho a Moisés, «Envióme a vosotros el que es», para Dios propio ser eso que es, no dudando el sentido es: porque eso que es, no puede entenderse y decirse no ser. Ser, en verdad, y no ser contrarias son: ni estas diversas significaciones en uno y mismo vienen; porque permaneciendo otra, la otra no será. Ergo donde es, no puede o sentido o discurso entrar no ser. A nuestro sentido retroactuado y siempre revocado hacia la inteligencia de él quien es desde él eso mismo tantum, lo que es, para él siempre anterior es: porque eso que infinito en Dios es, siempre a sí mismo del infinito sentido nuestro recursu se substrae: para que antes eso, que propio a Dios es, siempre ser, algo otro la intención retroactuada no capte; porque nada otro ultra hacia la inteligencia de Dios, eternidad de proceder, que a Dios siempre ser siempre ocurra. Lo cual ergo y mediante Moisés sobre Dios significado, y mediante sentido común nada otro para nosotros entenderse permitido es, eso mismo al unigénito Dios ser propio Evangelios atestiguan: cuando «en el principio era el Verbo, y cuando esto junto a Dios era Dios Verbo», y cuando «era la luz verdadera» y cuando «unigénito Dios en el seno del Padre es», y cuando «Jesús Cristo sobre todas las cosas Dios es».
    XII.25 Era, pues, y es: porque desde él es, quien lo que es siempre es. Desde él, en verdad, ser, es decir, desde padre ser, nativitas es. Ser, en verdad, siempre desde aquel quien es siempre, eternidad es: eternidad, en verdad, no desde sí, sino desde el eterno. Desde el eterno, en verdad, nada otro, que eterno. Lo que si no eterno; ya ni padre quien de la generación es autor, eterno es. Lo cual cuando a él padre siempre ser, y de este hijo siempre ser sea propio ser, y en eso que es, se significa la eternidad; mediante eso también, a quien lo que es propio es, propio es y eterno. A nadie, en verdad, dudoso es, que generación signifique nativitas, y nativitas manente enseñe, no también no manente. Por lo demás no puede dudarse, que nadie quien era nazca. Pues nacer hacia él no profecta causa, quien por sí mismo permanece eterno. Pero unigénito Dios, quien tanto Sabiduría de Dios y Virtud de Dios y Verbo es, cuando nacido es, al padre atestigua autor. Cuando desde manente nacido es, no es nacido desde la nada. Cuando antes de los tiempos eternos nacido es, todo sentido es necesario que naciendo prevenga. No dejó en los verbos, para que no fuera antes de que naciera. Si, en verdad, al sentido nuestro subyace, para que no fuera antes de que nacido es; ya nativitas de él tanto sentido nuestro como tiempo anterior es: porque todo, lo que no fue, ya y al sentido obnoxio y al tiempo es en esa misma significación en la que no fue; porque no haber sido, parte del tiempo es. Quien, en verdad, desde el eterno es, y siempre fue, ni es sin natividad, ni no fue; mientras y siempre haber sido supra tiempo es, y nacido ser nativitas es.
    XII.26 Nacido, pues, unigénito Dios, pero nacido antes de los tiempos eternos confesamos; porque confesar es necesario, en quien nosotros de las apostólicas y proféticas predicaciones los dichos concluimos: cuando sin embargo el sentido humano la inteligencia de la intemporal nativitas no aprehende, porque algo en las naturalezas terrenas antes de los tiempos nacido ser no conviene. Lo cual cuando así desde nosotros será predicado; ¿cómo a su vez del mismo inteligencia complexu no haber sido antes de que nace diremos, cuando según el Apóstol ante los tiempos eternos es unigénito Dios? Si, pues, nacido antes de los tiempos eternos, no razón de humana inteligencia, sino de prudencia fiel profesión es; porque y nativitas mediante el autor es, y lo que los tiempos excede eterno es, y extra sentido terreno es lo que antes de los tiempos eternos es nacido: ciertamente ya con impía voluntad el sentido de la humana razón exaltamos, para que mediante la inteligencia del mundo no fuera antes de que nace, cuando ultra sentido humano y inteligencia del mundo nace eterno. Eterno, en verdad, es, lo que quiera que el tiempo excede.
    XII.27 Los tiempos, en verdad, todos o por opinión completamos, o por ciencia: cuando lo que ahora es, sabemos no también ayer haber sido, porque lo que ayer hubiera sido, ahora no sea: lo que, en verdad, ahora es, ahora solo sea, no y ayer haber sido. Opinión, en verdad, así las pasadas medimos, para que antes de la ciudad alguna instituida no se dude que el tiempo fue, en el que la ciudad instituida no hubiera sido. Cuando ergo o a nuestra ciencia o opinión subyacen los tiempos, mediante sentido de la humana inteligencia juzgamos; para que de alguna cosa con razón haber dicho se estimemos, no fue antes de que nace, porque el origen de cada una los tiempos siempre antelados prevengan. Pero en verdad cuando en las cosas de Dios, es decir, en la natividad de Dios, nada no hay antes de tiempo eterno; no cae en eso, para que antes de que nacido es, a cada una antes de los tiempos eternos prometido es eterno, sea según el beato dicho del Apóstol en esperanza de la vida eterna, la cual prometió no mendaz Dios ante los tiempos eternos, alguna vez no haber sido se diga: porque entenderse no puede haber comenzado después de algo, quien ser es ante los tiempos eternos confitente.
    XII.28 Si ergo nacer algo antes de los tiempos eternos, ni en las naturalezas humanas es, ni en la inteligencia; y sin embargo en esto sobre las profesiones de Dios se cree ser: ¿cómo eso que sin sentido de inteligencia eterna nacido siempre, es decir, antes de los tiempos eternos ser, la apostólica fe cuando habló así; eso a su vez no haber sido antes de que nace, mediante el sentido de la humana inteligencia, nuestra del tiempo infidelidad elocuencia? cuando lo que antes del tiempo nacido es, siempre es nacido: porque eso que es antes del tiempo eterno, esto siempre es. Lo que, en verdad, siempre es nacido, no admite no haber sido alguna vez: porque haber sido alguna vez no, ya no es siempre ser. Siempre, en verdad, ser, excluye no siempre haber sido. Y excluido eso, mediante eso que siempre es nacido, no siempre haber sido; no cae en el sentido, para que no fuera antes de que nacido es: porque quien ante los tiempos eternos nacido es, nacido ser siempre en el sentido es; cuando sin embargo antes de los tiempos nacido ser no sube al sentido. Pues si, lo que utique conviene, ante la criatura sea invisible o corporal, y ante todos los siglos y tiempos eternos, y ante todo sentido nacido confitente es ser, quien mediante eso, que así nacido es, siempre es; concebir a su vez por ningún sentido es lícito, para que no fuera antes de que nace; porque y ante todo sentido es, quien ante los tiempos eternos nacido es, y en el sentido nunca es a él, quien siempre ser confitente es, no haber sido.
    XII.29 Pero argutamente la calumnia de esta interrogación se antefiere: «Si, dice, en el sentido no cae no haber sido antes de que nace, residuo esto al sentido es, para que quien era nacido sea».
    XII.30 Y al calumniante responderé: ¿Acaso desde mí otra cosa, que nacido, decir recordaré? ¿O acaso ante los tiempos eternos ser, eso mismo sea lo que es, a él quien era nacer? porque nacer lo que era, ya no nacer es, sino a sí mismo mutar naciendo. Nacido, en verdad, siempre ser esto es, el sentido de los tiempos naciendo preceder, ni a la inteligencia abrir alguna vez haber sido no nacido. No es, pues, eso mismo, nacido ante los tiempos eternos siempre ser, y ser antes de que nacer. Nacido, en verdad, ante los tiempos eternos siempre ser, excluye no haber sido antes de que nace.
    XII.31 Por lo demás no deja antes ser que nacer: porque quien ultra el sentido es, en nada subyace al sentido. Pues si ultra el sentido es, nacido siempre ser, no es lícito ya ser después del sentido, no haber sido a él antes de que nace. Cuando, pues, nacido ante los tiempos eternos nacido es, nacido ser siempre en el sentido es; cuando sin embargo antes de los tiempos nacido ser no sube al sentido. Pues si, lo que utique conviene, ante la criatura sea invisible o corporal, y ante todos los siglos y tiempos eternos, y ante todo sentido nacido confitente es ser, quien mediante eso, que así nacido es, siempre es; concebir a su vez por ningún sentido es lícito, para que no fuera antes de que nace; porque y ante todo sentido es, quien ante los tiempos eternos nacido es, y en el sentido nunca es a él, quien siempre ser confitente es, no haber sido. Natus, pues, es, y siempre es: quien nada otro sobre sí sufre entenderse y decirse poder, a no ser nacido. Pues cuando anterior ipso tiempo de los sentidos es, (porque ante el sentido tiempo eterno es;) no admite el sentido sobre sí dijudicante, ser o no haber sido antes de que nace: porque y ser antes de que nace, no es de la natividad; y no haber sido, ya del tiempo es. Ergo y la infinitud de los tiempos eternos lo que es del tiempo, es decir, no haber sido, consume: y la natividad lo que suyo no es, es decir, antes de que nace ser, no sufre. Lo cual si o ser o no haber sido al sentido subyacerá, ya la natividad misma después del tiempo es: porque quien no siempre es, es necesario que comenzó ser después de algo.
    XII.32 Fin, pues, tanto de la fe como del discurso como del sentido es, al Señor Jesús tanto nacido ser, como siempre ser: porque si algo sobre el Hijo la mente retroactuada escudriñará, nada otro al escudriñante sentido, que nacido ser y siempre ser, siempre ocurrirá. Para que así a Dios Padre sea propio sin natividad, así también al Hijo sea debido mediante la natividad siempre ser. Nativitas, en verdad, nada otra cosa que al padre, ni padre otra cosa que la natividad enunciará. Medio, en verdad, nada algo nombres estos, o naturaleza permite. O pues no siempre Padre, si no siempre y Hijo; o si siempre Padre, siempre y Hijo: porque cuanto al Hijo de tiempo, para que no siempre hijo fuera, se negará; tanto al Padre falta, para que no padre siempre sea: para que aunque siempre Dios, no sin embargo y padre en esa infinitud, en la que Dios es, fuera.
    XII.33 También en eso se extiende la profesión de la impiedad, para que no al Hijo los tiempos de la natividad, sino al Padre la generación se atribuya: porque el modo de la generación dentro de la natividad sea los tiempos constituido.
    XII.34 ¿Piadoso para ti y religioso, hereje, estimas, a Dios siempre ciertamente, pero no siempre padre confesar? Lo cual si así sentirte piadoso es, a Pablo de impiedad es necesario, al Hijo ante los tiempos eternos ser diciendo, condenes: también a la misma testante sobre sí Sabiduría, de que ante los siglos fundada sea, crimines: la cual al Padre aderat entonces, cuando el cielo preparaba. Pero tú, para que a Dios inicio atribuyas donde padre es, antes de los tiempos inicio decreta donde comenzados serán: los cuales si comenzados son, mendaz es el Apóstol, quien ea es profesado eterna. Soléis, en verdad, los tiempos desde los solos sol y luna creación numerar, porque escrito de estos sea: «Y sean en signos y tiempos y años». Pero quien ante el cielo es, el cual según vosotros también ante el tiempo es, el mismo y ante el siglo es. Ni solo ante el siglo es, sino también ante las generaciones de las generaciones los siglos precedentes. ¿Qué a los caducos y terrenales, y angustos divinas e infinitas cierras? No sabe Pablo en Cristo a no ser tiempos eternidad. No después de algo ser Sabiduría, sino antes todas las cosas habla. Contigo desde el sol y luna los tiempos instituidos son: a Cristo en verdad David ante el sol permanecer significa diciendo: «Antes del sol nombre de él». Y para que las cosas de Dios mundi istius origen incoadas no arbitrarias, el mismo dice: «Y ante la luna generaciones de las generaciones». Se desprecian aquí los tiempos desde tan grandes varones y profecía espíritu dignos: y nada al sentido humano se deja, en el que sí ante la natividad, la cual tiempos eternos excede se extienda: sino este modo solo tenga la religiosa opinión la fe, para que al Señor Jesucristo unigénito Dios, y hacia perfecta natividad confesión nacido recordara, y en la divinidad veneración no ignore eterno.
    XII.35 Pero somos acusados de mentira, y una junto con nosotros la doctrina de la apostólica predicación se arguye, natividad ciertamente confesa, pero eternidad de la natividad profesa: para que y natividad testara al autor, y eternidad en el sacramento de la divina natividad el sentido de la humana opinión excediera. Profecta, en verdad, contra nosotros de la Sabiduría sobre sí protestación, la cual creada se enseñó a sí misma mediante estos dichos: «El Señor me creó al principio de sus caminos».
    XII.36 ¡Oh miserable de ti, hereje, que vuelves contra la fe de la predicación eclesiástica las armas concedidas a la Iglesia contra la Sinagoga, y arrebatas contra la salvación de todos la doctrina de una inteligencia saludable! Porque con estas palabras sostienes que Cristo es criatura, en lugar de aplastar con estas mismas palabras de la Sabiduría subsistente al judío, que niega la divinidad de Cristo antes de los siglos eternos y su eficacia en todas las obras y enseñanzas de Dios. Dijo ella ahora haber sido creada al principio de los caminos de Dios y en sus obras desde el siglo, para que nadie juzgase que antes de María no existía; pero sin que ese «creada» hubiera de referirse a la inteligencia de la natividad, puesto que fue creada al principio de los caminos y en las obras. Y para que nadie atribuyese ese «principio de los caminos» —que no es sino el comienzo del conocimiento humano acerca de las realidades divinas— a una sujeción temporal de la natividad infinita, declaró haber sido fundada antes de los siglos: de modo que, siendo una cosa ser creada al principio de los caminos y en las obras, y otra ser fundada antes de los siglos, se entendiera que la fundación es anterior a la creación; y que esto mismo, el haber sido fundada antes del siglo, mostrase el sentido sacramental de aquella creación, porque la fundación es antes del siglo, y la creación al principio de los caminos y en las obras es después del siglo. No le queda a la impiedad ni siquiera la excusa de alegar que se trata de un error.
    XII.37 Ya en verdad ne creación y fundación la fe de la divina natividad ofendiera, sigue: «Antes de que la tierra hiciera, antes de que los montes estabilizara, antes de todos los collados engendróme». Ya engendrado es antes de la tierra, quien ante el siglo fundado es: ni solo ante la tierra, sino también ante montes y collados nacido es manifestado: cuando la significación de los collados después de los montes es, la inteligencia de los montes en verdad después de la tierra es. Mediante lo cual estimarse no puede, por ello estas cosas haber sido dichas, para que ante los collados y montes y tierra entenderse que es, quien ea, que ante la tierra y montes y collados son, infinitatis de su eternidad praecelleret.
    XII.38 Pero el sentido nuestro el sermo divino no inope de razón dejó; pues la causa del dicho mediante estas cosas que siguen muestra: «Dios hizo regiones, e inhabitables, y las cumbres que se habitan bajo el cielo. Cuando preparaba el cielo, estaba junto a él, y cuando segregaba su sede. Cuando sobre los vientos fuertes hacía en el sumo nubes, y cuando ciertos ponía fuentes bajo el cielo, y cuando fuertes hacía los fundamentos de la tierra, yo estaba junto a él componiendo». ¿Quién aquí de los tiempos lugar es? ¿O hacia dónde extenderse ultra la infinita del unigénito Dios natividad, de la humana inteligencia el sentido se permite? Pues no mediante estas, cuya creación mente concebimos, comprenderse generación de él puede, quien anterior a estas todas es: para que aunque praestet en el tiempo, no sin embargo infinito sea, a quien esto solo tributado es, para que ante temporales nacido sea. Nam cuando aquellas al tiempo en su constitución subyacen, él sin embargo, aunque anterior a estas todas sea, no sea libre a tiempo: porque temporal de estas constitución tiempo de la natividad de él, quien ante sea nacido, muestra; mientras esto mismo para él tiempo es, que a los temporales se antefiere.
    XII.39 Pero el sermón de Dios y la doctrina de la verdadera sabiduría habla perfecta, y absoluta significa, enseñando que no es anterior a los temporales, sino a los infinitos. Cuando, en verdad, se preparaba el cielo, estaba junto a Dios. ¿Acaso la preparación del cielo para Dios es temporal como repentino cogitación del movimiento de repente en la mente como antes torpe estupefacta subrepticiamente, y humano modo de fabricar cielo gasto e instrumentos buscara? Atquin otro de la profecía el sentido de las operaciones de Dios es, cuando dice: «Por el Verbo del Señor los cielos fueron firmados, y por el espíritu de la boca de él toda la virtud de ellos». Precepto sin embargo de Dios los cielos para que se firmaran necesitaron; nam el aparato y la virtud de ellos en esta imperturbada constitución de su firmeza, no de temperamento de alguna y permistión de materia, sino desde el espíritu del divino boca consiste. ¿Qué ergo es, preparando a Dios cielo la engendrada desde él a la Sabiduría estar; cuando ni la creación del cielo desde la preparación consista, ni naturaleza de Dios sea, en aparato él de cogitar obra demorarse? Nihil enim no siempre junto a Dios estuvo, quidquid en las cosas es: las cuales aunque hacia la creación de sí comenzadas son, no son sin embargo hacia la de Dios o ciencia o potestad incoadas. Y testigo es para nosotros el profeta diciendo: «Dios quien hiciste todas las cosas que futuras son». Las cuales pues futuras son, aunque en eso que creandas son todavía fient, para Dios, a quien en el crearse cosas nada nuevo y repentino es, ya hechas son: mientras tanto de los tiempos dispensación es para que se creen, y ya en la divina virtud de la praevidente eficiencia sean creadas. Y por eso ahora la Sabiduría nacida se ante los siglos enseñando, anterior se no solo estas que creadas son enseña, sino a las eternas coeterna, la preparación ciertamente del cielo, y discreción de la sede de Dios. Pues ni entonces discreta sede es, cuando efecta es: porque otra cosa es discernirse la sede, otra cosa componerse. Ni entonces preparado cielo es, cuando preparado es: pues estaba junto al preparando y discerniendo. Después en verdad componía con el parante: la eternidad su con el preparando adest, y el ministerio cuando con el parante compone mostrando. Por eso ahora también ante la tierra y montes y collados engendrada ser se dijo, porque y a la preparación del cielo haber adest se doceret: para que estas ya entonces, cuando se preparaba el cielo, penes Dios hechas ser mediante eso, porque nada a Dios nuevo es, demostrara.
    XII.40 Perpetua, pues, y eterna de las cosas creandas es preparación: ni mediante partes de las cogitaciones de la universidad de esta cuerpo efecta es, para que primero sobre el cielo sea cogitado, tum después la de la tierra cura y tratado Dios entrara, y cogitado mediante singulares sea, para que primero en llanura se difundiera, después después mejor consejo montes se elevara, de nuevo en verdad también collados se variara, cuarto después habitable también en los mismos cumbres se rindiera, preparado cielo y sede de Dios se segregara, y los vientos exhalaciones nubes en sumo fuertes contuvieran; tunc después ciertos bajo cielo fuentes mearan, ac después fundamentos de la tierra fuertes se confirmaran. Singulares pues estas todas anterior se Sabiduría profesa. Pero cuando todas mediante Dios las que bajo cielo son hechas sean, y componiendo cielo Cristo adfuerat, y la misma praeveniat praeparationis coeli eternidad; no sufre esto estimarse en Dios de menudas cosas particuladas cogitaciones, porque toda de estos preparación a Dios coeterna constituyera. Pues aunque tenga dispensación de sí, según Moisés, del firmamento solidación, arida nudación, mar congregación, astros constitución, aguas tierraque en el lanzarse desde sí animantes generación: pero la del cielo, tierra, restantes elementos creación ni por leve al menos momento de la operación se discierne; porque la de ellos preparación equilibradamente penes Dios de eternidad infinitud consistiera.
    XII.41 Estos pues infinitos y eternos en Dios Cristo cuando adest, sola para nosotros de su natividad permitió conciencia: para que cuanto hacia la fe profectara de Dios entendida natividad, tanto valiera hacia la asumida religión cognita la nativitas eternidad: porque desde aquel quien eterno es padre, ni razón ni sentido admita, a no ser eterno hijo predicarse.
    XII.42 Pero a nosotros nos inquieta el nombre de «creación» y el hecho de que se la profese. Que nos inquiete, en buena hora, el nombre de creación, si es que no se predican a la vez una natividad antes de los siglos y una creación «al principio de los caminos de Dios y en sus obras». Porque la natividad no puede tomarse por creación: la natividad es anterior a toda causa, mientras que la creación se hace por una causa. Existía, pues, ya antes de que el cielo fuese preparado y antes de que el siglo fuese fundado aquel que fue creado al principio de los caminos de Dios y en sus obras. ¿O acaso significan lo mismo ser creado al principio de los caminos de Dios y en sus obras, y nacer antes de todas las cosas? Lo primero tiene su tiempo dentro de unos hechos; lo segundo encierra un sentido que está fuera del tiempo.
    XII.43 ¿O tal vez pretendes que ese «ser creado en las obras» haya de entenderse en el sentido de que fue creado a causa de las obras? Es decir: que Cristo fue creado para que hubiera quien llevase a cabo las obras, de modo que quedara siendo siervo y operario del mundo antes que Señor de la gloria nacido del Padre; y que fuese creado para el ministerio de fabricar el siglo, y no fuese además, y desde siempre, el Hijo del amor y el Rey de los siglos. Pero aunque el sentido común basta para acabar con esa interpretación tuya, la más impía de todas —porque una cosa es ser creado al principio de los caminos de Dios y en sus obras, y otra nacer antes de los siglos—, sin embargo este mismo pasaje sale al paso para que no mientas diciendo que el Señor Cristo fue creado con vistas a la fabricación del mundo, ya que muestra que quien hace y obra el universo es Dios Padre. Y lo declara sin peligro alguno, porque la Sabiduría misma asiste a aquel que preparaba todas las cosas, disponiéndolo todo junto con él. Pues aunque toda la Escritura no calle que el creador del mundo es el Señor Jesucristo, aquí, sin embargo, la Sabiduría, para cegar de raíz la ocasión de la impiedad, ha confesado que el fabricador del mundo es Dios Padre, y a la vez ha enseñado que ella misma no estuvo ausente del que fabricaba, puesto que asistía también al que preparaba. Y mientras el Padre preparaba, la Sabiduría componía con el que preparaba y le asistía: precisamente para que por ello no se la contase entre las cosas creadas a causa de las obras —ya que estuvo presente en la eterna preparación de las obras futuras— y para que no quedara desmentida la Escritura, que dice que componía junto con el que preparaba.
    XII.44 Pero aprende de una vez, hereje, por la revelación de la doctrina católica, qué significa que Cristo fuese creado al principio de los caminos de Dios y en sus obras; conócelo desde el comienzo mismo, y descubre en las palabras de la propia Sabiduría la necedad de tu impía torpeza. Comienza, pues, así: «Si os anunciare lo que cada día sucede, me acordaré de enumerar lo que es desde el siglo». Porque antes había dicho: «A vosotros, hombres, os suplico, y dirijo mi voz a los hijos de los hombres. Aprended sagacidad, sencillos; e ignorantes, aplicad el corazón»; y también: «Por mí reinan los reyes, y los poderosos decretan justicia. Por mí son engrandecidos los príncipes, y por mí los soberanos poseen la tierra»; y de nuevo: «Ando por los caminos de la equidad, y me muevo en medio de las sendas de la justicia, para repartir bienes a los que me aman y llenar de riquezas sus tesoros». No calla, pues, la Sabiduría su obra cotidiana. Y primero exhorta suplicando a todos: pide a los sencillos que aprendan sagacidad y a los ignorantes que apliquen el corazón, para que el lector atento y diligente sopese la fuerza propia y distinta de cada palabra. Enseña, en efecto, que todo se hace, se entiende, se alaba y se alcanza según sus medidas y sus disposiciones; y muestra que dentro de ella se contienen los reinos de los reyes, la prudencia de los poderosos, las obras ilustres de los príncipes y los soberanos que poseen la tierra con derecho. Y muestra igualmente que ella no se mezcla en iniquidades ni toma parte en injusticias; y esto para que, interponiendo en todos las obras de la equidad y de la justicia, provea a los que la aman de bienes eternos y de la opulencia de tesoros incorruptibles. Así pues, tras declarar que va a narrar lo que cada día sucede, promete acordarse también de enumerar lo que es desde el siglo. Y ahora bien: ¿quién será tan romo de entendimiento que juzgue que lo que se recuerda como siendo desde el siglo fue hecho antes del siglo? Porque en aquello que es desde el siglo, toda obra es posterior al siglo; en cambio, lo que es antes del siglo se anticipa a la constitución de un siglo que viene después de él. Habiendo declarado, pues, que se acordaría de referir lo que es desde el siglo, dice la Sabiduría: «El Señor me creó al principio de sus caminos, en sus obras». Este es, por tanto, el sentido de las cosas hechas desde el siglo: no se predica aquí la generación anterior a los siglos, sino que se enseña la dispensación comenzada desde el siglo.
    XII.45 Y hay que indagar qué quiere decir que Dios, nacido antes de los siglos, sea a la vez creado al principio de los caminos de Dios y en sus obras. Porque donde hay una natividad anterior al siglo, hay una eternidad infinita de la generación; pero donde hay una creación desde el siglo, y ésa en los caminos de Dios y en sus obras, allí las obras y los caminos son la causa a la que se ajusta la creación. Y ante todo, puesto que Cristo es la Sabiduría, debe verse si él es el principio del camino de las obras de Dios. A mi juicio no cabe duda, pues él mismo dice: «Yo soy el camino»; y: «Nadie va al Padre sino por mí». El camino es guía de los que caminan, carrera de los que se apresuran, seguridad de los que no saben, y maestra segura de aquello que se ignora y se desea. Es creado, pues, al principio de los caminos, en las obras de Dios, porque es camino y conduce al Padre. Pero hay que buscar la razón de esta creación que es desde el siglo. Pues se trata del último sacramento de la dispensación, en virtud del cual, creado también en un cuerpo, se profesó a sí mismo camino en las obras de Dios. Fue creado, en efecto, en los caminos de Dios desde el siglo, cuando, sometiéndose a la criatura bajo una apariencia visible, asumió la condición de lo creado.
    XII.46 Veamos, pues, en qué caminos de Dios y en qué obras fue creada desde los siglos la Sabiduría que nació de Dios antes de los siglos. Adán oyó en el paraíso la voz de quien se paseaba. ¿Crees que aquel paseo pudo oírse de otro modo que bajo la apariencia de una criatura asumida, de manera que estuviese en alguna criatura aquel a quien se oía caminar? No pregunto bajo qué forma habló a Caín, a Abel y a Noé, ni de qué modo estuvo presente para bendecir también a Henoc. Un ángel habla a Agar: y ese ángel es, sin duda alguna, el mismo Dios. ¿Acaso, cuando se le ve como ángel, tiene la misma apariencia que tiene en aquella naturaleza en la que es Dios? Se muestra bajo apariencia de ángel allí donde luego se recuerda su naturaleza divina. Pero ¿qué digo del ángel? Un hombre viene a Abraham. ¿Acaso, presente bajo el hábito de esa criatura y a la manera de un hombre, es Cristo allí tal como es en cuanto Dios? El hombre habla, asiste corporalmente y toma alimento; y, sin embargo, se le adora como a Dios. El que antes fue ángel es ahora hombre, para que la diversidad misma de la criatura asumida impidiera tener aquella apariencia por la forma natural de Dios. Se presenta también a Jacob en hábito humano, hasta llegar al abrazo de la lucha: traba con él las manos, se afirma sobre sus miembros, se dobla por los costados y se sostiene en todo nuestro movimiento y nuestro andar. Pero ese mismo se muestra después a Moisés como fuego, para que aprendieras a creer que aquella naturaleza creada pertenecía entonces más a una apariencia que a la sustancia de su naturaleza. Tenía allí el poder de arder, pero sin recibir la necesidad natural de quemar: porque el incendio del fuego apareció sin daño alguno de la zarza.
    XII.47 Recorre los tiempos y comprende bajo qué forma fue visto: por Josué hijo de Navé, el profeta que llevaba su mismo nombre; por Isaías, que predica haberlo visto, como lo atestigua también el Evangelio; por Ezequiel, elevado hasta el conocimiento de la resurrección; por Daniel, que confiesa al Hijo del hombre en el reino del siglo eterno; y por todos los demás a quienes se ofreció bajo el hábito de criaturas diversas, en los caminos de Dios y en las obras de Dios, y ciertamente para conocimiento de Dios y para nuestra eternidad. ¿Por qué, entonces, ha de servir esta dispensación de la salvación humana para urdir una injuria tan impía contra la natividad eterna? Esta creación es desde los siglos; pero antes de los siglos hay una natividad infinita. Acúsanos, si quieres, de violentar los textos: pero muéstranos antes que algún profeta, o el Señor, o un apóstol, o palabra alguna de la Escritura haya referido el nombre de criatura a la natividad eterna de la divinidad. Porque en todas aquellas apariciones Dios, que es fuego devorador, está creado de tal modo que consumía esa creación con la misma fuerza con que la asumía: capaz de abolir de nuevo lo que sólo existía para ser contemplado.
    XII.48 Pero a aquella bienaventurada y verdadera natividad de la carne concebida dentro de la Virgen, porque nacía entonces de nuestra criatura, de nuestra naturaleza y de nuestra apariencia, la llamó el Apóstol criatura y hechura. Y ciertamente este nombre le conviene por su verdadera natividad según el hombre, cuando dice: «Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, hecho de mujer, hecho bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiéramos la adopción de hijos». Es, pues, Hijo suyo aquel que es hechura en el hombre y de hombre; y no sólo hechura, sino también criatura, según se dice: «Así es la verdad en Jesús: que os despojéis, en cuanto a vuestra conducta anterior, del hombre viejo, que se corrompe según los deseos del engaño; que os renovéis en el espíritu de vuestra mente, y os revistáis del hombre nuevo, que ha sido creado según Dios». Hay que revestirse, pues, de aquel hombre nuevo que ha sido creado según Dios. Porque el que era Hijo de Dios había nacido también hijo del hombre. Y como no se trataba de la natividad de la divinidad, sino de la criatura de la carne, ese hombre nuevo recibió la denominación propia de su género: creado según el Dios nacido antes de los siglos. Y en qué sentido fue creado según Dios ese hombre nuevo lo muestra añadiendo a continuación: «En justicia, santidad y verdad». Pues no hubo engaño en él; y se hizo para nosotros justicia y santificación, y él mismo es la verdad. De este Cristo, por tanto, nos revestimos: del que, como hombre nuevo, es creado según Dios. [Y es creado según Dios porque, conforme a la justicia, la santificación y la verdad de Dios, fue creado un hombre que no conoció el pecado.]
    XII.49 Si, pues, la Sabiduría, al declarar que se acordaría de las cosas hechas desde el siglo, dijo haber sido creada en las obras de Dios y en los caminos de Dios —y creada de tal manera que enseñase a la vez haber sido fundada antes de los siglos, para que aquella creación asumida, varia y repetida, no pareciese una naturaleza mudada por el sacramento, puesto que la firmeza de una fundación no admite la sacudida de ser arrancada—; y si además, para que esa fundación no pareciese significar otra cosa que la natividad, confesó ante todo haber sido engendrada: ¿por qué se atribuye entonces a la natividad lo que pertenece a la creación? Porque la que fue engendrada antes de todas las cosas es la misma que fue fundada antes de los siglos; y la que fue fundada antes del siglo es la misma que fue creada desde los siglos, al principio de los caminos de Dios y en sus obras. Y todo ello para que se entendiera que la creación desde los siglos difiere de aquella natividad que es antes de los siglos y antes del universo entero. No le queda ya a la impiedad ni siquiera la excusa de alegar que se trata de un error.
    XII.50 Porque, aun cuando la debilidad del entendimiento estorbase al espíritu formarse una opinión religiosa y no le dejase alcanzar ahora cuál es lo propio de la creación, debería al menos, siguiendo la palabra del Apóstol, que atribuye el término «hechura» a una natividad verdadera, haber juzgado que también el nombre de creación había de redundar en favor de la fe en la generación —con ignorancia, si se quiere, pero no con impiedad—. Se ve, en efecto, que el Apóstol, al disponerse a predicar la natividad de uno a partir de uno, esto es, la del Señor concebido de la Virgen sin las pasiones humanas, no dijo sin razón que fue «hecho de mujer» aquel a quien sabía nacido y a quien tantas veces había llamado nacido: para que la natividad mostrase la verdad de la generación, y el término «hecho» atestiguase que esa natividad era de uno a partir de uno; porque el nombre de hechura excluía toda concepción por unión humana, al decirse que había sido hecho de la Virgen aquel de quien no se dudaba que más bien había nacido. Pero mira tú, hereje, hasta qué punto eres impío. Ninguna palabra profética, evangélica ni apostólica ha dicho jamás que Jesucristo fuese creado por Dios antes que nacido de Dios. Tú, en cambio, niegas la natividad y afirmas la criatura; y no en el sentido del Apóstol, que dijo «hecho» para que nadie dudase de que había nacido uno de uno, sino con la más impía de las intenciones: que no subsistiese un Dios por natividad según la naturaleza, sino más bien una criatura sacada de la nada. Éste es el primer veneno de tu desdichada mente: no llamar criatura a la natividad, sino poner la creación en el lugar de la fe en la natividad. Y, sin embargo, decir «creado» para que se reconociese una natividad impasible de Dios, como de uno a partir de uno, sería propio de un ingenio pobre, pero no del todo irreligioso.
    XII.51 Pero nada de esto tolera la fe firme y apostólica. Ella sabe en qué dispensación del tiempo fue creado Cristo, y en qué eternidad anterior a todo tiempo ha nacido. Porque nacido de Dios es Dios, y la verdad de su natividad y la perfección de su generación dan en él una divinidad que no admite ambigüedad. Nada, pues, confesamos en las cosas de Dios sino lo nacido y lo eterno. Y nacido no después de algo, sino antes de todas las cosas: de modo que su natividad atestigüe solamente al autor, sin significar en él nada que venga después de ese autor. Cierto es que, en el modo común de hablar, la natividad es segunda respecto del autor, porque procede de Dios; pero no es separable del autor, porque cuanto nuestro entendimiento pretenda remontarse más allá de la natividad, otro tanto habrá de remontarse necesariamente más allá de la generación. Sólo esto es aquí lenguaje piadoso acerca de Dios: conocer al Padre, y conocer junto con él a aquel que de él es Hijo. Pues no se nos enseña de Dios otra cosa sino que él es Padre del Dios unigénito, y creador. No se extienda, por tanto, la flaqueza humana más allá de sí misma, y diga sólo aquello en lo que únicamente está su salvación: que, antes del sacramento de la carne, del Señor Jesucristo sabe esto solo y siempre, que ha nacido.
    XII.52 Yo, ciertamente, mientras tenga vigor por este espíritu que tú me has concedido, santo Padre, Dios omnipotente, te confesaré así: Dios eterno y, otro tanto, Padre eterno. Y jamás caeré en la necedad y la impiedad de erigirme en juez de tu omnipotencia y de tus sacramentos, anteponiendo este sentir de mi flaqueza a la religiosa estima de tu infinitud y a la fe en la eternidad que me ha sido revelada, hasta llegar a decidir que alguna vez estuviste sin tu Sabiduría, tu Virtud y tu Verbo, el Dios unigénito, mi Señor Jesucristo. Porque ni mi entendimiento, débil e imperfecto por nuestra naturaleza, ni mi palabra prejuzgan nada sobre ti, de modo que la pobreza de la elocuencia estrangule la fe dentro del silencio. Pues aunque en nosotros el verbo, la sabiduría y la fuerza sean obra nuestra y movimiento de nuestro interior, en ti son Dios perfecto: tu Verbo, tu Sabiduría y tu Virtud son una generación acabada, de suerte que sea siempre inseparable de ti aquel que en esos nombres, que son propiedades eternas tuyas, se muestra nacido de ti; y nacido de tal modo que no señale para sí otro autor que tú, sin perder por ello la fe en su infinitud, puesto que se recuerda de él que nació antes de los tiempos eternos.
    XII.53 Muchas cosas de este género has otorgado en los asuntos humanos: de ellas se ignora la causa, pero no se ignora el efecto. Y allí donde hay una ignorancia natural, hay también una fe religiosa. Porque cuando levanté hacia tu cielo estos débiles ojos míos, nada creí sino que aquello era tu cielo. Y al contemplar en él los círculos que llevan los astros, los retornos de los años, las Pléyades, la Osa y el Lucero, y las suertes y oficios diversos de sus ministerios, te reconozco a ti como Dios en aquellas cosas cuya razón no alcanzo. Y cuando vi las admirables crecidas de tu mar, sin haber comprendido ni el origen de sus aguas ni el movimiento de su medida alternancia, abrazando sin embargo la fe de una razón que no me es dado escrutar, tampoco en esas cosas que ignoro te ignoro a ti. Y cuando vuelvo la mente a las tierras, que con fuerzas ocultas disuelven la sustancia de todas las semillas, vivifican lo disuelto, multiplican lo vivificado y consolidan lo multiplicado, nada hallé en ellas que mi entendimiento pudiera comprender; pero mi ignorancia misma sirvió para entenderte a ti, pues, ignorante de la naturaleza que me sirve, sólo por el provecho que me presta llego a comprenderte. Y aun conociéndome a mí mismo, esto es lo que siento: que te admiro tanto más cuanto más ignoro de mí. Porque el movimiento, la razón y la vida de mi mente que discierne los siento sin entenderlos, y al sentirlos te los debo a ti, que por encima del entendimiento me das el origen natural y el gusto de una naturaleza que me deleita. Y puesto que, ignorando lo mío, te entiendo, y entendiéndote te venero, tampoco en lo que es tuyo aflojaré la fe en tu omnipotencia porque no lo sepa; antes bien, que el origen de tu Unigénito ocupe mi entendimiento y lo someta a sí, y haya en mí algo por lo cual yo pueda tender más allá, hacia mi Creador y mi Dios.
    XII.54 Su natividad es anterior a los tiempos eternos. Si hubiera en las cosas algo que se anticipase a la eternidad, habría sin duda algo que excediera el concepto mismo de eternidad. Porque él es cosa tuya y es tu Unigénito: no una porción, no una extensión, no un nombre vacío tomado de la idea de una fabricación, sino Hijo; Hijo Dios verdadero de ti, Dios Padre, y nacido de ti en la unidad de tu naturaleza; y de tal modo ha de confesarse después de ti, que se le confiese contigo, porque tú eres el autor eterno de su origen eterno. Pues en cuanto procede de ti, es segundo respecto de ti; pero en cuanto es tuyo, no es separable de ti: porque nunca puede confesarse que hayas estado sin el que es tuyo, para que no se te acuse de imperfecto mientras no engendrabas, o de haber recibido algo superfluo después de engendrar. Y así, la natividad eterna no conduce sino a esto: a que te conozcamos como Padre eterno del Hijo unigénito nacido de ti antes de los tiempos eternos.
    XII.55 Deber es de mi fe y oficio de mi voz negar que mi Señor y Dios, tu unigénito Jesucristo, sea criatura; y ni siquiera en tu Espíritu Santo, que procede de ti y es enviado por él, consentiré que se comparta ese nombre. Porque grande es en mí la reverencia hacia lo que es tuyo. Y aunque, sabiendo que tú solo eres ingénito y que el Unigénito ha nacido de ti, no me atreva a llamar engendrado al Espíritu Santo, jamás por ello lo llamaré creado. Temo que de esa palabra —común a todas las demás cosas que tú has hecho subsistir— se deslicen ultrajes que lleguen hasta ti mismo. Tu Espíritu Santo escruta y conoce tus profundidades, según el Apóstol, y, como intercesor mío ante ti, habla por mí lo que yo no acierto a decir; ¿y voy yo a llamar creación a la potestad de una naturaleza que permanece de ti por medio de tu Unigénito, y no sólo a llamarla así, sino a infamarla? Nada te penetra sino lo que es tuyo; ni mide el abismo de tu inmensa majestad una fuerza peregrina y ajena a ti. Tuyo es cuanto entra en ti; ni es ajeno a ti aquello que tiene poder para escrutarte.
    XII.56 Inefable es para mí aquel cuyas palabras son para mí inefables. Pues así como en aquello de que tu Unigénito nació de ti antes de los tiempos eternos, cesando toda ambigüedad del lenguaje y toda dificultad del entendimiento, sólo queda en pie que ha nacido, así también, en cuanto a que tu Espíritu Santo procede de ti por medio de él, aunque no lo perciba con el entendimiento, tengo de ello, sin embargo, conciencia cierta. Porque en tus realidades espirituales soy torpe, según dice tu Unigénito: «No te maravilles de que te haya dicho: es necesario que nazcáis de nuevo. El Espíritu sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del agua y del Espíritu Santo». Poseyendo la fe de mi regeneración, no sé cómo la poseo; y lo que ignoro, ya lo tengo. Renazco, en efecto, sin percepción mía, siendo real la eficacia del renacer. Ninguna medida tiene el Espíritu, que habla cuando quiere, lo que quiere y donde quiere. Y de aquel cuya venida y cuya partida se ignoran en su causa, aunque se sienta su presencia, ¿voy yo a contar la naturaleza entre las criaturas y a acotar su origen con una definición? Todas las cosas fueron hechas por el Hijo, que en el principio estaba junto a ti, Dios, el Verbo Dios: así lo dice tu Juan. Y Pablo enumera que todas las cosas fueron creadas en él, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles. Pero aun recordando que todo fue creado en Cristo y por Cristo, acerca del Espíritu Santo juzgó bastante decir que es Espíritu tuyo. Con estos varones, elegidos propiamente por ti, quiero yo sentir de tal manera que, así como, siguiéndolos, nada diré de tu Unigénito más allá de lo que alcanza mi entendimiento sino que ha nacido, así tampoco, siguiéndolos, hablaré de tu Espíritu Santo, más allá de toda opinión del ingenio humano, otra cosa sino que es Espíritu tuyo. Y no haya en mí un inútil combate de palabras, sino la profesión constante de una fe sin vacilación.
    XII.57 Conserva, te ruego, incontaminada esta religión de mi fe, y concédeme, hasta el último aliento de mi espíritu, esta voz de mi conciencia: que mantenga siempre lo que profesé en el símbolo de mi regeneración, cuando fui bautizado en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo; esto es, que te adore a ti, Padre nuestro, y a tu Hijo juntamente contigo, y que merezca recibir tu Espíritu Santo, que procede de ti por medio de tu Unigénito. Porque tengo un testigo idóneo de mi fe en aquel que dijo: «Padre, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo es mío»: mi Señor Jesucristo, que permanece en ti, y de ti, y junto a ti, Dios para siempre, el cual es bendito por los siglos de los siglos. Amén.
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