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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 12 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 2 · ≈ 13 minCapítulo I. De la inspiración de la divina Escritura
  3. Sesión 3 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo I. De la inspiración de la divina Escritura
  4. Sesión 4 · Parte 2 · ≈ 12 minCapítulo I. De la inspiración de la divina Escritura
  5. Sesión 5 · Parte 2 · ≈ 12 minCapítulo I. De la inspiración de la divina Escritura
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo I. De la inspiración de la divina Escritura
  7. Sesión 7 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo II. Que la Escritura Divina está cerrada y sellada
  8. Sesión 8 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo III. Por qué los libros inspirados son veintidós en número
  9. Sesión 9 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo V. Qué es "mucho hablar", y cuáles son los "muchos libros"?
  10. Sesión 10 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo VI. Toda la Divina Escritura es un instrumento de Dios, perfecto y apto para su obra
  11. Sesión 11 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo IX. Por qué es que la Divina Escritura usa a menudo el mismo término con significaciones diferentes, aun en el mismo lugar
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo X. Del las cosas en la Divina Escritura que parecen acercarse a ser piedra de tropiezo y roca de escándalo
  13. Sesión 13 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo XII. Que un hombre no debe desmayar al leer la Divina Escritura si no puede comprender los enigmas oscuros y las parábolas que hay en ella
  14. Sesión 14 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo XIV. Aquellos que desean entender correctamente las Divinas Escrituras deben por necesidad conocer los principios lógicos adaptados a su uso
  15. Sesión 15 · Parte 4 · ≈ 12 minCapítulo XV. Respuesta a los filósofos griegos que menosprecian la pobreza de estilo de las Divinas Escrituras
  16. Sesión 16 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo XV. Respuesta a los filósofos griegos que menosprecian la pobreza de estilo de las Divinas Escrituras
  17. Sesión 17 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Acerca aquellos que difaman el cristianismo a causa de las herejías en la Iglesia
  18. Sesión 18 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo XVII. Una respuesta a ciertos filósofos que dicen que da lo mismo si llamamos a Aquel que es Dios sobre todos
  19. Sesión 19 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo XVIII. Una respuesta a aquellos filósofos griegos que profesan saberlo todo, y censuran la fe sencilla del hombre cristiano
  20. Sesión 20 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo XVIII. Una respuesta a aquellos filósofos griegos que profesan saberlo todo, y censuran la fe sencilla del hombre cristiano
  21. Sesión 21 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo XVIII. Una respuesta a aquellos filósofos griegos que profesan saberlo todo, y censuran la fe sencilla del hombre cristiano
  22. Sesión 22 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo XVIII. Una respuesta a aquellos filósofos griegos que profesan saberlo todo, y censuran la fe sencilla del hombre cristiano
  23. Sesión 23 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo XIX. Y de nuevo, anteriormente en el mismo libro, Orígenes dice que nuestra fe en nuestro Señor nada tiene en común con la fe irracional y supersticiosa de los gentiles
  24. Sesión 24 · Parte 7 · ≈ 11 minCapítulo XX. Una respuesta a aquellos que dicen que el mundo entero, incluido el hombre, no fue hecho para el hombre, sino para las criaturas irracionales
  25. Sesión 25 · Parte 7 · ≈ 10 minCapítulo XX. Una respuesta a aquellos que dicen que el mundo entero, incluido el hombre, no fue hecho para el hombre, sino para las criaturas irracionales
  26. Sesión 26 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo XX. Una respuesta a aquellos que dicen que el mundo entero, incluido el hombre, no fue hecho para el hombre, sino para las criaturas irracionales
  27. Sesión 27 · Parte 7 · ≈ 10 minCapítulo XX. Una respuesta a aquellos que dicen que el mundo entero, incluido el hombre, no fue hecho para el hombre, sino para las criaturas irracionales
  28. Sesión 28 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo XX. Una respuesta a aquellos que dicen que el mundo entero, incluido el hombre, no fue hecho para el hombre, sino para las criaturas irracionales
  29. Sesión 29 · Parte 8 · ≈ 12 minCapítulo XXI. Del libre albedrío, con una explicación e interpretación de aquellas palabras de la Escritura que parecen destruirlo
  30. Sesión 30 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo XXI. Del libre albedrío, con una explicación e interpretación de aquellas palabras de la Escritura que parecen destruirlo
  31. Sesión 31 · Parte 8 · ≈ 12 minCapítulo XXI. Del libre albedrío, con una explicación e interpretación de aquellas palabras de la Escritura que parecen destruirlo
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  33. Sesión 33 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo XXI. Del libre albedrío, con una explicación e interpretación de aquellas palabras de la Escritura que parecen destruirlo
  34. Sesión 34 · Parte 9 · ≈ 12 minCapítulo XXII. ¿Qué es la dispersión en la tierra de las almas racionales, es decir, humanas, indicada veladamente en la construcción de la torre y en la confusión de lenguas que allí tuvo lugar?
  35. Sesión 35 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo XXII. ¿Qué es la dispersión en la tierra de las almas racionales, es decir, humanas, indicada veladamente en la construcción de la torre y en la confusión de lenguas que allí tuvo lugar?
  36. Sesión 36 · Parte 10 · ≈ 13 minCapítulo XXIII. Sobre el destino, y cómo, aunque Dios conoce de antemano la conducta de cada uno, la responsabilidad humana permanece la misma
  37. Sesión 37 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo XXIII. Sobre el destino, y cómo, aunque Dios conoce de antemano la conducta de cada uno, la responsabilidad humana permanece la misma
  38. Sesión 38 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo XXIII. Sobre el destino, y cómo, aunque Dios conoce de antemano la conducta de cada uno, la responsabilidad humana permanece la misma
  39. Sesión 39 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo XXIII. Sobre el destino, y cómo, aunque Dios conoce de antemano la conducta de cada uno, la responsabilidad humana permanece la misma
  40. Sesión 40 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo XXIV. Materia no es increada, ni la causa del mal
  41. Sesión 41 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo XXIV. Materia no es increada, ni la causa del mal
  42. Sesión 42 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo XXV. Que la "separación" que surge de la presciencia no suprime el libre albedrío
  43. Sesión 43 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo XXVI. De la cuestión de las cosas "buenas" y "malas"
  44. Sesión 44 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo XXVI. De la cuestión de las cosas "buenas" y "malas"
  45. Sesión 45 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo XXVII. El significado de del endurecimiento del corazón de Faraón por el Señor
  46. Sesión 46 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo XXVII. El significado de del endurecimiento del corazón de Faraón por el Señor
  47. Sesión 47 · Parte 12 · ≈ 3 minLo que dejó la Filocalia

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    TEXTOS — ORÍGENES DE ALEJANDRÍA

    Índice de la obra

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    Filocalia

    Antología compilada probablemente a fines de los años 350 o comienzos de los 360 · Traducción castellana directa de la versión inglesa de George Lewis (1911)41 minPosición: 0% de esta parteParte 3 de 12 · Capítulo II. Que la Escritura Divina está cerrada y selladaPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ORI-06

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 12 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 2 · ≈ 13 minCapítulo I. De la inspiración de la divina Escritura
    3. Sesión 3 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo I. De la inspiración de la divina Escritura
    4. Sesión 4 · Parte 2 · ≈ 12 minCapítulo I. De la inspiración de la divina Escritura
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    7. Sesión 7 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo II. Que la Escritura Divina está cerrada y sellada
    8. Sesión 8 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo III. Por qué los libros inspirados son veintidós en número
    9. Sesión 9 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo V. Qué es "mucho hablar", y cuáles son los "muchos libros"?
    10. Sesión 10 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo VI. Toda la Divina Escritura es un instrumento de Dios, perfecto y apto para su obra
    11. Sesión 11 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo IX. Por qué es que la Divina Escritura usa a menudo el mismo término con significaciones diferentes, aun en el mismo lugar
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo X. Del las cosas en la Divina Escritura que parecen acercarse a ser piedra de tropiezo y roca de escándalo
    13. Sesión 13 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo XII. Que un hombre no debe desmayar al leer la Divina Escritura si no puede comprender los enigmas oscuros y las parábolas que hay en ella
    14. Sesión 14 · Parte 4 · ≈ 11 minCapítulo XIV. Aquellos que desean entender correctamente las Divinas Escrituras deben por necesidad conocer los principios lógicos adaptados a su uso
    15. Sesión 15 · Parte 4 · ≈ 12 minCapítulo XV. Respuesta a los filósofos griegos que menosprecian la pobreza de estilo de las Divinas Escrituras
    16. Sesión 16 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo XV. Respuesta a los filósofos griegos que menosprecian la pobreza de estilo de las Divinas Escrituras
    17. Sesión 17 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Acerca aquellos que difaman el cristianismo a causa de las herejías en la Iglesia
    18. Sesión 18 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo XVII. Una respuesta a ciertos filósofos que dicen que da lo mismo si llamamos a Aquel que es Dios sobre todos
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    23. Sesión 23 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo XIX. Y de nuevo, anteriormente en el mismo libro, Orígenes dice que nuestra fe en nuestro Señor nada tiene en común con la fe irracional y supersticiosa de los gentiles
    24. Sesión 24 · Parte 7 · ≈ 11 minCapítulo XX. Una respuesta a aquellos que dicen que el mundo entero, incluido el hombre, no fue hecho para el hombre, sino para las criaturas irracionales
    25. Sesión 25 · Parte 7 · ≈ 10 minCapítulo XX. Una respuesta a aquellos que dicen que el mundo entero, incluido el hombre, no fue hecho para el hombre, sino para las criaturas irracionales
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    29. Sesión 29 · Parte 8 · ≈ 12 minCapítulo XXI. Del libre albedrío, con una explicación e interpretación de aquellas palabras de la Escritura que parecen destruirlo
    30. Sesión 30 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo XXI. Del libre albedrío, con una explicación e interpretación de aquellas palabras de la Escritura que parecen destruirlo
    31. Sesión 31 · Parte 8 · ≈ 12 minCapítulo XXI. Del libre albedrío, con una explicación e interpretación de aquellas palabras de la Escritura que parecen destruirlo
    32. Sesión 32 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo XXI. Del libre albedrío, con una explicación e interpretación de aquellas palabras de la Escritura que parecen destruirlo
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    34. Sesión 34 · Parte 9 · ≈ 12 minCapítulo XXII. ¿Qué es la dispersión en la tierra de las almas racionales, es decir, humanas, indicada veladamente en la construcción de la torre y en la confusión de lenguas que allí tuvo lugar?
    35. Sesión 35 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo XXII. ¿Qué es la dispersión en la tierra de las almas racionales, es decir, humanas, indicada veladamente en la construcción de la torre y en la confusión de lenguas que allí tuvo lugar?
    36. Sesión 36 · Parte 10 · ≈ 13 minCapítulo XXIII. Sobre el destino, y cómo, aunque Dios conoce de antemano la conducta de cada uno, la responsabilidad humana permanece la misma
    37. Sesión 37 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo XXIII. Sobre el destino, y cómo, aunque Dios conoce de antemano la conducta de cada uno, la responsabilidad humana permanece la misma
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    39. Sesión 39 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo XXIII. Sobre el destino, y cómo, aunque Dios conoce de antemano la conducta de cada uno, la responsabilidad humana permanece la misma
    40. Sesión 40 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo XXIV. Materia no es increada, ni la causa del mal
    41. Sesión 41 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo XXIV. Materia no es increada, ni la causa del mal
    42. Sesión 42 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo XXV. Que la "separación" que surge de la presciencia no suprime el libre albedrío
    43. Sesión 43 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo XXVI. De la cuestión de las cosas "buenas" y "malas"
    44. Sesión 44 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo XXVI. De la cuestión de las cosas "buenas" y "malas"
    45. Sesión 45 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo XXVII. El significado de del endurecimiento del corazón de Faraón por el Señor
    46. Sesión 46 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo XXVII. El significado de del endurecimiento del corazón de Faraón por el Señor
    47. Sesión 47 · Parte 12 · ≈ 3 minLo que dejó la Filocalia

    Capítulo II. Que la Escritura Divina está cerrada y sellada

    Del Comentario al Salmo 1.

    II, 1–4

    Las palabras divinas dicen que las divinas Escrituras han sido cerradas y selladas con la llave de David, y quizá con el sello que se describe como "la impronta de un sello, ofrenda consagrada al Señor", es decir, con el poder de Dios, que dio las Escrituras, siendo el sello el emblema del poder. Ahora bien, Juan interpreta el cerramiento y el sellamiento en el Apocalipsis, cuando dice: "Y al ángel de la iglesia en Filadelfia escribe: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cerrará, y cierra y nadie abrirá: Yo conozco tus obras; he aquí he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar." Y un poco más adelante: "Y vi en la diestra del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos. Y vi a otro, un ángel fuerte, que proclamaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y de desatar sus sellos? Y nadie en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni mirarlo. Y lloraba yo porque nadie fue hallado digno de abrir el libro, ni de mirarlo; y uno de los ancianos me dice: No llores; he aquí, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y sus siete sellos."
    En cuanto al sellamiento solamente, Isaías habla así: "Y todas estas palabras os serán como las palabras de este libro sellado, que los hombres entregan a uno que sabe leer, diciendo: Lee esto; y él dice: No puedo leerlo, porque está sellado; y el libro será entregado en manos de uno que no sabe leer, diciendo: Lee esto; y él dice: No sé leer." Pues debemos considerar que estas cosas se dicen no sólo del Apocalipsis de Juan y de Isaías, sino también de toda la Escritura divina, la cual está sin duda llena de enigmas, parábolas, sentencias oscuras y otras varias oscuridades, difíciles de entender por los hombres, cuyos oídos no alcanzan a percibir más que los débiles ecos de las palabras divinas. Esto era lo que el Salvador quería enseñarnos cuando dijo, puesto que la llave estaba con los escribas y fariseos que no se esforzaban por hallar el modo de abrir las Escrituras: "¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis."
    Luego, tras tratar temas de otra índole, prosigue Orígenes: —
    Ahora que vamos a comenzar nuestra interpretación de los Salmos, precedamos nuestras observaciones con una tradición muy grata acerca de toda la Escritura divina en general, que nos ha transmitido el judío. Aquel gran erudito solía decir que la Escritura inspirada, considerada en su conjunto, era a causa de su oscuridad como muchas habitaciones cerradas con llave en una misma casa. Delante de cada habitación suponía él que se colocaba una llave, pero no la que le correspondía; y que las llaves estaban tan dispersas por todas las habitaciones, sin ajustar a las cerraduras de las distintas habitaciones delante de las cuales se hallaban. Sería una tarea trabajosa descubrir las llaves que se ajustan a las habitaciones a las que estaban destinadas. Así era, decía, con la comprensión de las Escrituras, porque son tan oscuras; la única manera de comenzar a entenderlas era, decía, por medio de otros pasajes que contienen la explicación dispersa por todas ellas. El Apóstol, creo, sugirió tal manera de llegar al conocimiento de las palabras divinas cuando dijo: "Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, comparando lo espiritual con lo espiritual."
    Mucho más adelante, comparando las bendiciones dirigidas a individuos con las dirigidas a más de uno, dice: —
    Si las palabras del Señor son palabras puras, como plata refinada en horno, acrisolada en la tierra, purificada siete veces; igualmente cierto es que el Espíritu Santo las ha dictado, por medio de los ministros del Verbo, con la más escrupulosa exactitud, para que no se nos escape el sentido paralelo que la sabiduría de Dios tuvo constantemente a la vista en todo el alcance de la Escritura inspirada, incluso hasta la mera letra. Y quizá por esto dice el Salvador: "Ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido." Pues si estudiamos la Creación, vemos que la destreza divina se muestra no sólo en el cielo, en el sol, la luna y las estrellas, evidenciándose en todas partes en aquellos cuerpos, sino también sobre la tierra, no menos en la materia más común: de modo que los cuerpos de las más pequeñas criaturas vivientes no son tratados con desprecio por el Creador, mucho menos las almas que existen en ellos, teniendo cada una algún don peculiar, algo para asegurar la seguridad de la criatura irracional. Y en cuanto a las plantas, tampoco se las pasa por alto, pues el Creador es inmanente en cada una, en lo que respecta a raíces, hojas, frutos apropiados y cualidades variadas. Así también concebimos todo lo que ha sido registrado por inspiración del Espíritu Santo, creyendo que la sagrada presciencia ha suministrado por medio de las Escrituras sabiduría sobrehumana a la raza humana, habiendo, por así decirlo, sembrado las semillas de verdades salvadoras, huellas de la sabiduría de Dios, en cada letra en la medida de lo posible.

    II, 5

    En verdad, quien una vez ha aceptado estas Escrituras como procedentes del Creador del mundo, debe estar convencido de que cuantas dificultades confrontan a los que investigan la historia de la creación, dificultades semejantes se hallarán también en el estudio de las Escrituras. Hay, digo, en la creación como en la Escritura, ciertos problemas que los hombres resolvemos con dificultad, o incluso en absoluto; y no debemos por ello culpar al Hacedor del universo porque, digamos, no podamos descubrir por qué fueron creados los basiliscos y otras criaturas venenosas. En la contemplación de la Naturaleza es un acto de piedad que el hombre consciente de la debilidad humana, y que reconoce la imposibilidad de comprender los principios de la destreza divina, aunque los medite con toda diligencia, atribuya a Dios el conocimiento de estas cosas. Él, en el futuro, si se nos juzga dignos, nos revelará todos los misterios que ahora ocupan nuestra reverente atención. De manera semejante, debemos ver que las divinas Escrituras contienen también muchos misterios de los que nos es difícil dar cuenta. En todo caso, que aquellos que, tras abandonar al Creador del mundo y entregarse a un dios de su propia invención, hacen estas profesiones, resuelvan las dificultades que les proponemos; o, al menos, tras tan extraña impiedad, vean cómo pueden con buena conciencia sostener sus especulaciones sobre los asuntos bajo investigación y los problemas que se les presentan. Pues si los problemas no menos permanecen, aunque nuestros adversarios hayan abandonado la Divinidad, ¿no sería piedad mucho mayor contentarnos con nuestra concepción de Dios, siendo el Creador contemplado por las obras de la creación, y abstenernos de proferir opiniones impías y profanas acerca de un Dios tan grande?

    Capítulo III. Por qué los libros inspirados son veintidós en número

    Del mismo volumen sobre el Salmo 1.

    III

    Como tratamos de números, y todo número tiene entre las cosas reales una cierta significación, de la cual el Creador del universo hizo pleno uso tanto en el plan general como en la disposición de los detalles, debemos prestar mucha atención y, con la ayuda de las Escrituras, rastrear su significado y el significado de cada uno de ellos. Ni debemos dejar de observar que no sin razón los libros canónicos son veintidós, según la tradición hebrea, el mismo número que las letras del alfabeto hebreo. Pues así como las veintidós letras pueden considerarse una introducción a la sabiduría y a las doctrinas divinas dadas a los hombres en aquellos caracteres, así los veintidós libros inspirados son un alfabeto de la sabiduría de Dios y una introducción al conocimiento de las realidades.
    Comentario editorial · Por qué veintidós
    Eusebio transcribe el pasaje en que Orígenes, al exponer el Salmo 1, cuenta los libros canónicos «como los han transmitido los hebreos»: son veintidós, igual que las letras de su alfabeto (Historia eclesiástica VI, 25, trad. McGiffert). En esa lista, Jueces y Rut van en un solo libro, y Jeremías, con Lamentaciones y la carta, en otro. Lewis, en una nota que cita a Ryle, dice que Orígenes fue el primero en señalar la coincidencia con las letras, que luego repitieron Atanasio, Gregorio Nacianceno, Hilario, Epifanio y Jerónimo, y que parece de origen griego, pues no figura en la tradición hebrea.

    Capítulo IV. De los solecismos y del estilo pobre de la Escritura

    Del Volumen IV. de los Comentarios sobre el Evangelio según Juan, tres o cuatro páginas desde el comienzo.

    IV, 1–2

    1. Un lector que distingue cuidadosamente el lenguaje, el significado y las cosas en las que se basa el significado, no tropezará con expresiones solecistas , si, al examinarlo, halla que las cosas no son peores por el lenguaje en que están revestidas, particularmente porque los santos escritores confiesan que su palabra no fue en palabras persuasivas de sabiduría, sino en demostración del Espíritu y de poder.
    Luego, después de hablar de los solecismos del Evangelio, prosigue diciendo: —
    2. Puesto que los Apóstoles no eran inconscientes de sus errores, ni ignoraban cuáles eran las cosas que les concernían, dicen que son rudos en la palabra, pero no en el conocimiento: pues hemos de creer que los otros Apóstoles, así como Pablo, habrían dicho lo mismo. Luego está el pasaje: "Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la sobreabundante grandeza del poder sea de Dios, y no de nosotros"; el cual interpretamos del tesoro descrito en otra parte como tesoro de conocimiento y sabiduría oculta, y tomamos los "vasos de barro" en el sentido de la dicción ordinaria y, según la estimación griega, despreciable de las Escrituras, en la cual se ve realmente la excelencia del poder de Dios. Porque los misterios de la verdad y la fuerza de lo dicho, a pesar del lenguaje ordinario, fueron bastante fuertes para llegar a los confines de la tierra, y someter a la palabra de Cristo, no solo las cosas necias del mundo, sino a veces también las sabias. Porque vemos cuál es nuestra vocación: no que no haya ningún sabio según la carne, sino que no hay muchos sabios según la carne. Más aún, Pablo dice que al proclamar el Evangelio debe la entrega del Verbo no solo a los bárbaros, sino también a los griegos, y no solo a los necios, que más fácilmente dan su asentimiento, sino también a los sabios; pues fue hecho por Dios suficiente para ser ministro del nuevo pacto, y para usar la demostración del Espíritu y de poder, para que el asentimiento de los creyentes no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Pues si la Escritura hubiera sido adornada con elegancia de estilo y dicción, como las obras maestras de la literatura griega, tal vez se habría podido suponer que no era la verdad la que se apoderaba de los hombres, sino que la clara secuencia del pensamiento y la belleza del lenguaje ganaban las almas de los oyentes, y los cautivaban con engaño.

    Capítulo V. Qué es "mucho hablar", y cuáles son los "muchos libros"?

    Toda la Escritura inspirada es un solo libro. De la Introducción al Volumen V. de los Comentarios sobre Juan.

    V, 1–4

    I. Puesto que no te contentas con haberte encargado de tu presente obra como capataz de Dios sobre mí, y esperas que aun estando ausente me dedique principalmente a ti y a mi deber para contigo, yo a mi vez, si rehúso la labor y evito el peligro al que están expuestos ante Dios quienes se entregan a escribir sobre temas divinos, podría hallar apoyo en la Escritura para negarme a "hacer muchos libros". Porque Salomón dice en Eclesiastés: "Hijo mío, guárdate de hacer muchos libros: no tienen fin; y el mucho estudio es fatiga de la carne". Si las palabras que tenemos ante nosotros no tuvieran un significado oculto que aún no comprendemos claramente, habríamos quebrantado expresamente el mandamiento al no guardarnos de "hacer muchos libros".
    Luego, después de decir que había escrito cuatro volúmenes completos sobre unos pocos pasajes del Evangelio, prosigue así: —
    2. En lo que respecta a las palabras, hay dos significados posibles del precepto: "Hijo mío, guárdate de hacer muchos libros"; primero, que no se debe tener muchos libros; segundo, que no se debe componer muchos libros; y si lo primero no es lícito, ciertamente no lo es lo segundo; aunque si lo segundo es lícito, no es ciertamente lícito lo primero; de cualquier modo, la lección parece ser que no debemos hacer demasiados libros. Y, ateniéndome a lo que ahora me ha venido a la mente, podría enviarte el pasaje que he citado como disculpa: podría sacar el máximo partido del hecho de que los santos nunca han tenido tiempo libre para componer muchos libros, y, en consecuencia, cesar de componer más para enviarte, como convinimos. Tal vez te impresionaría tanto lo que dijera que me dejarías salirme con la mía. Pero, puesto que un hombre debe investigar la Escritura con buena conciencia, y no pretender apresuradamente entender el significado porque capta el sentido literal, no soporto ofrecer una disculpa irreal, que podrías volver contra mí si quebrantara nuestro acuerdo. Primero, pues, viendo que la historia parece apoyar lo que dice Salomón, en cuanto ningún santo ha publicado numerosos volúmenes y expresado sus pensamientos en muchos libros, algo debe decirse al respecto. Y quien me reprenda por seguir componiendo más libros me dirá que el célebre Moisés dejó solo cinco.
    Luego, después de enumerar a los Profetas y Apóstoles, y mostrar cómo cada uno de ellos escribió poco, o ni siquiera eso, continúa: —
    3. Aunque he dicho todo esto, me da vueltas la cabeza y me siento aturdido al pensar que, al obedecerte, puedo haber desobedecido a Dios y no haber imitado a los santos. Confío en no obrar mal si, en mi sincero afecto por ti y mi ardiente deseo de no causarte dolor en nada, defiendo mi propia causa y baso mi defensa en estos motivos. En primer lugar, adujimos las palabras de Eclesiastés: "Hijo mío, guárdate de hacer muchos libros". Junto a esto pongo la sentencia del mismo Salomón en los Proverbios: "En la multitud de palabras no escaparás del pecado; mas si refrenas tus labios, serás prudente", y pregunto si el mero hablar muchas palabras es mucho hablar, aun si un hombre habla muchas palabras santas y salvadoras. Si esto es así, y quien discute muchas cosas provechosas incurre en una "multitud de palabras", Salomón mismo no escapó del pecado, pues "habló tres mil proverbios; y sus cantares fueron mil cinco. Y habló de los árboles, desde el cedro que está en el Líbano hasta el hisopo que brota de la pared; habló también de las bestias, de las aves, de los reptiles y de los peces". ¿Cómo puede la enseñanza ser eficaz sin muchas palabras de la clase más sencilla? La Sabiduría misma dice a los que perecen: "Prolongué mis palabras hacia vosotros, y no hicisteis caso". Y Pablo parece haber continuado predicando desde la mañana hasta la medianoche, hasta que Eutico, vencido por un sueño profundo, cayó y alarmó a la audiencia, que pensó que estaba muerto.
    4. Pues bien, si es verdad que "en la multitud de palabras no escaparás del pecado"; y si también es verdad que ni Salomón pecó, aunque habló muchas palabras acerca de los temas mencionados, ni Pablo, aunque continuó enseñando hasta la medianoche, debemos investigar qué es "una multitud de palabras", y luego pasar a considerar el significado de "los muchos libros". Todo el Verbo de Dios, digo, el Verbo que en el principio estaba con Dios, no es "una multitud de palabras", pues no es "palabras"; hay un solo Verbo que puede considerarse desde muchos puntos de vista, y cada uno de estos significados es una parte del Verbo entero. Pero en cuanto a las palabras distintas de este Verbo, que pretenden describir o relatar cualquier cosa, aunque podamos creer que son palabras acerca de la verdad, — lo que voy a decir sonará aún más paradójico —, ni una sola de ellas es una palabra, sino que cada una de ellas es palabras. Porque en ninguna parte puede hallarse la unidad, ni la armonía y la unidad, sino que, al estar desgarradas por un conflicto mutuo, su unidad ha perecido; y se dividen en muchas partes, quizá infinitamente numerosas; de modo que, según esto, podemos decir que quien profiere cualquier cosa contraria a la piedad habla mucho, mientras que quien habla las cosas de la verdad, aunque hable de manera tan exhaustiva que no omita nada, habla incluso una palabra, y los santos, poniendo su mira constante en el único Verbo, no caen en el vicio de hablar mucho. Si, entonces, el que haya o no "mucho hablar" depende de las doctrinas y no del número de palabras, veamos si no podemos decir que todo el ámbito de la enseñanza sagrada es un solo libro, y toda otra enseñanza muchos libros.

    V, 5–7

    5. Pero puesto que debo tener prueba de la Divina Escritura, considerad si mi manera más sorprendente de presentarla no es mostrar que la relación de Cristo con nosotros no está contenida en un solo libro, si tomamos los "libros" en el sentido ordinario. Se describe incluso en el Pentateuco; pero también en cada uno de los Profetas, y en los Salmos, y, en general, como dice el Salvador mismo, en todas las Escrituras, a las que Él nos remite, ordenándonos: "Escudriñad las Escrituras, porque pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí". Si, pues, Él nos remite a las Escrituras como dando testimonio de Él, no nos envía a esta o aquella porción particular, sino a todas las Escrituras que hablan de Él, tales como las que en los Salmos llamó "el rollo del libro", diciendo: "En el rollo del libro está escrito de mí". Si alguien toma la frase "en el rollo del libro" como refiriéndose a alguno de los libros que contienen las cosas referentes a Él, quisiera que me dijera por qué prefiere ese libro a cualquier otro. Para justificar a alguien en suponer que la palabra se refiere al Libro de los Salmos mismo, debe señalar que las palabras deberían haber sido: "En este libro está escrito acerca de mí". Pero el hecho es que Él dice que todo es un solo rollo, porque el relato de sí mismo que nos ha llegado se resume en una (declaración: "He venido para hacer tu voluntad"). Y, además, ¿cuál es el significado del libro que Juan vio escrito por delante y por detrás, sellado: que nadie podía leer ni desatar sus sellos, excepto el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cerrará, y cierra y nadie abrirá? Ciertamente, es toda la Escritura la indicada por el "libro"; escrita "por delante" a causa de la interpretación fácil y obvia; "por detrás" a causa del sentido más remoto y espiritual.
    6. Además de esto, debemos observar atentamente si es prueba de que las verdades santas son un solo libro, y las contrarias a éstas muchos, el hecho de que para los vivos hay un solo libro del cual son borrados los que se han hecho indignos de él, como está escrito: "Sean borrados del libro de los vivientes", mientras que para los sujetos a juicio libros son presentados; pues Daniel dice: "El tribunal se sentó y los libros fueron abiertos". A la unidad del libro Divino aun Moisés testifica cuando dice: "Si perdonas a este pueblo su pecado, perdónalos; y si no, bórrame de tu libro que has escrito". Tomo el pasaje de Isaías de la misma manera; pues no es una peculiaridad de su profecía que las palabras del libro estuvieran selladas, y no fueran leídas por el que no era instruido porque no era instruido, ni por el que era instruido porque el libro estaba sellado; sino que incluso esto es cierto de toda la Escritura, que necesita al Verbo que cierra y abrirá; pues "Él cerrará y nadie abrirá", y una vez que Él abre, nadie puede ya asociar las tinieblas con su luz clara; y por esto se dice que Él abrirá y nadie cerrará. Y el pasaje muy similar de Ezequiel, sobre el libro allí mencionado, en el cual estaba escrito "lamentaciones y música y ayes". Pues todo libro contiene el "ay" de los que perecen, y "música" para los que se salvan, y lamentaciones para los que están entre estos extremos. Juan también, cuando dice que comió un rollo del libro, en el cual estaban escritas las cosas pasadas y las venideras, debe haber considerado toda la Escritura como un solo libro, muy dulce cuando un hombre lo entiende al principio y se alimenta de él, pero amargo cuando se revela a la conciencia de todo aquel que ha llegado a conocerlo. Para demostrar esto añadiré una sentencia apostólica no entendida por los seguidores de Marción, quienes por tanto rechazan los Evangelios; pues mientras el Apóstol dice: "Según mi evangelio en Cristo Jesús", y no habla de evangelios, ellos nos objetan, y sostienen que si hubiera varios evangelios el Apóstol no habría usado la palabra en singular. No entienden que, así como Él es uno, así el Evangelio escrito por sus muchos autores es uno en efecto, y el Evangelio verdaderamente entregado por cuatro evangelistas es un solo Evangelio.
    7. Por lo cual, si esto nos ha convencido de lo que significa el un solo libro, y lo que son los muchos, ya no me preocupa tanto la cantidad de lo copiado como su calidad, para que no caiga en la transgresión del mandamiento, si presento como verdad algo contrario a la verdad aun en un solo detalle de lo escrito; pues entonces me mostraré a mí mismo como escritor de muchos libros. Y justamente ahora, cuando, con apariencia de conocimiento, hombres que sostienen opiniones falsas se levantan contra la santa Iglesia de Cristo, y publican libro tras libro que pretende exponer los Evangelios y los escritos apostólicos, si guardamos silencio y no les hacemos frente con las doctrinas verdaderas y sanas, prevalecerán sobre almas glotonas que, por falta de alimento saludable, se precipitan a cosas prohibidas, a manjares completamente impuros y abominables. Por tanto, me parece necesario que quien pueda defender genuinamente la doctrina de la Iglesia y refutar a los que manejan un conocimiento falsamente llamado así, resista las invenciones de los herejes, oponiéndoles la elevación de la predicación del Evangelio, en cuanto está satisfecho con la armonía de doctrinas comunes al Antiguo Testamento y al Nuevo, como respectivamente se les llama. En todo caso, tú mismo, cuando los defensores de la buena causa escaseaban, porque no podías soportar una fe irracional y común, en tu amor por Jesús abrazaste opiniones que después, cuando hubiste ejercitado plenamente el entendimiento que te fue dado, condenaste y abandonaste. Esto lo digo, según mi luz, a modo de excusa para los hombres que pueden hablar y escribir, y también a modo de disculpa para mí mismo, no sea que, al no estar equipado como debe estarlo un hombre a quien Dios hace ministro del Nuevo Testamento, no de la letra, sino del espíritu, me dedique a la composición con demasiada osadía.

    Capítulo VI. Toda la Divina Escritura es un instrumento de Dios, perfecto y apto para su obra

    Del Volumen II. de los Comentarios sobre el Evangelio según Mateo: "Bienaventurados los pacificadores"

    VI, 1–2

    1. Para el hombre que es pacificador de ambas maneras, ya no hay nada torcido ni perverso en los oráculos Divinos, porque todas las cosas son llanas para los que entienden; y puesto que para tal persona no hay nada torcido ni perverso, ve abundancia de paz en todas partes de la Escritura, aun en aquellas partes que parecen no concordar y ser contradictorias entre sí. Pero hay también un tercer pacificador, a saber, el que muestra que lo que a los ojos de otros parece desacuerdo en las Escrituras no lo es realmente, y que prueba que existen armonía y concordia, ya sea entre el Antiguo y el Nuevo, o la Ley y los Profetas, o Evangelio y Evangelio, o Evangelistas y Apóstoles, o Apóstoles y otros Apóstoles. Porque, según el Predicador, todas las Escrituras, palabras de los sabios, son como aguijones y como clavos bien hincados, palabras dadas por las colecciones de un solo pastor, y no hay nada superfluo en ellas. Y el Verbo es "un solo pastor" de las cosas relativas al Verbo, que en verdad suenan discordantes para quienes no tienen oídos para oír, pero en realidad son sumamente armoniosas.
    2. Porque así como las diferentes cuerdas del salterio o de la lira, cada una de las cuales emite una nota propia aparentemente distinta de la de cualquier otra, son consideradas discordantes por un hombre sin oído musical que no entiende la teoría de la armonía, a causa de la diferencia de las notas; así quienes no tienen oídos para detectar la armonía de Dios en las sagradas Escrituras suponen que el Antiguo Testamento no está en armonía con el Nuevo, o los Profetas con la Ley, o los Evangelios entre sí, o un Apóstol con el Evangelio, o consigo mismo, o con los otros Apóstoles. Pero si llega un lector que ha sido instruido en la música de Dios, un hombre que resulta ser sabio en palabra y obra, y por esa razón, tal vez, llamado David, que interpretado es "un diestro tañedor", producirá una nota de la música de Dios, pues habrá aprendido de la música de Dios a guardar el compás, tañendo ora las cuerdas de la Ley, ora las del Evangelio en armonía con ellas, ora las de los Profetas; y cuando se requiere la armonía del buen sentido, pulsa las cuerdas apostólicas templadas para adecuarse a lo anterior, y, de manera semejante, cuerdas apostólicas en armonía con las de los Evangelistas. Porque sabe que toda la Escritura es el único, perfecto y armonioso instrumento de Dios, que mezcla las diferentes notas, para los que desean aprender, en un solo canto de salvación, el cual detiene e impide toda operación de un espíritu maligno, como la música de David aquietó el espíritu maligno en Saúl que lo atormentaba. Observáis, pues, que hay una tercera clase de pacificador: aquel que, manteniéndose cerca de la Escritura, ve la paz que la impregna por todas partes y la otorga a quienes buscan rectamente la verdad y están realmente deseosos de aprender.

    Capítulo VII. Del carácter especial de las personas de la Divina Escritura

    Del pequeño volumen sobre el Cantar de los Cantares, que Orígenes escribió en su juventud.

    VII, 1–2

    1. Quien no comprende el carácter peculiar de las personas en la Escritura, tanto por lo que respecta a los que hablan como a aquellos a quienes se habla, quedará muy perplejo ante lo que lee; se preguntará quién habla, a quién se habla y cuándo deja de hablar el que habla. Pues sucede a menudo que se habla a la misma persona, aunque un tercero le dirija la palabra; o la persona a quien se habla ya no es la misma, y otra distinta retoma lo dicho, mientras sigue hablando la misma persona. Y a veces cambian tanto el que habla como la persona a quien se habla; o, además, aunque ambos permanezcan sin cambio, no está claro que así sea. ¿Necesito buscar un ejemplo de cada una de estas afirmaciones, viendo que los escritos proféticos abundan en semejantes cambios? De hecho, tenemos aquí una causa especial, aunque quizá no reconocida, de la oscuridad de la Escritura. Es también propio de la Escritura saltar súbitamente de un discurso a otro. Los profetas, sobre todo, hacen esto, oscureciendo su sentido y confundiendo más o menos al lector.
    De nuevo, de la Homilía 4 sobre los Hechos: "Era necesario que se cumpliera la Escritura que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas."
    2. En el Salmo donde están escritas las cosas acerca de Judas, podría decirse que no es el Espíritu Santo quien habla, pues las palabras son claramente del Salvador: "No calles, oh Dios, ante mi alabanza; porque la boca del impío y la boca del hombre engañoso se han abierto contra mí", y así sucesivamente, hasta llegar a "Y tome otro su oficio". Ahora bien, si es el Salvador quien dice esto, ¿qué quiere decir Pedro al decirnos que "era necesario que se cumpliera la Escritura que el Espíritu Santo habló antes por boca de David"? Quizá la lección sea algo así. El Espíritu Santo emplea la personificación en los profetas, y si introduce la persona de Dios, no es Dios quien habla, sino que el Espíritu Santo habla como Dios. Y si introduce a Cristo, no es Cristo quien habla, sino que el Espíritu Santo habla como Cristo. Así pues, si presenta la persona de un profeta, o personifica a tal o cual pueblo, o cualquier cosa, es el Espíritu Santo quien idea todas estas personificaciones.

    Capítulo VIII. Que no debemos intentar corregir las frases solecistas de la Escritura, y las que son ininteligibles según la letra

    puesto que contienen gran propiedad de pensamiento para quienes pueden entender. Del Comentario sobre Oseas.

    VIII, 1–3

    1. Puesto que los solecismos en la Escritura, si se toman literalmente, a menudo confunden al lector, de modo que sospecha que el texto no es correcto ni conforme a la propiedad de la razón; y esto hasta tal punto, que algunas personas, a modo de corrección, incluso se atreven a hacer alteraciones y a sustituir otro sentido por el de los pasajes aparentemente inconsistentes, temo que algo semejante pueda suceder con el lenguaje de los pasajes que tenemos delante; estamos, pues, obligados a ver cuál es su sentido oculto. El Profeta, después de usar el plural: "Lloraron y me suplicaron", y de nuevo el plural, mostrando la continuación: "En la casa de On me hallaron", prosigue en singular: "Y allí habló con él". Un lector que eche un vistazo a las palabras tal como están podría suponer que hay un error en la copia, y por tanto escribir el plural en la última cláusula, o cambiar los plurales anteriores al singular. Pues cuando lee: "Lloraron y me suplicaron", y "En la casa de On me hallaron", diría que la cláusula siguiente debería ser: "Allí habló con ellos," es decir, con los que lloraron e hicieron súplica y hallaron a Dios en la casa de On. Pero si consideramos otros pasajes, veremos que ni siquiera aquí hay inconsistencia.
    2. En Génesis, Dios da un mandamiento a Adán, diciendo: "De todo árbol del huerto puedes comer libremente; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comeréis de él; porque el día que de él comáis, ciertamente moriréis". También allí Dios empieza hablando en singular: "De todo árbol del huerto tú puedes comer libremente", pero prosigue en plural: "del árbol del conocimiento del bien y del mal, vosotros no comeréis de él; porque el día que de él vosotros comáis, ciertamente vosotros moriréis". La explicación es que cuando Dios habla del mandamiento que quería que Adán guardara y viviera, manda en singular: "De todo árbol del huerto tú puedes comer libremente"; pues los que andan en los caminos de Dios y guardan sus mandamientos, aunque sean muchos, por razón de tener una misma mente, los muchos son esencialmente uno. Y, por tanto, cuando se da un mandamiento relativo a la bondad, se usa el singular — "Puedes comer libremente"; pero al establecer la ley relativa a la transgresión, Dios ya no usa el singular, sino el plural — "No comeréis; porque el día que de él comáis, ciertamente moriréis".
    3. Y así sucede con el presente pasaje. Cuando todavía lloran y suplican a Dios, se usa el plural: "Lloraron y me suplicaron"; pero cuando hallan a Dios, ya no se usa el plural: "Allí Él habló, no con ellos", sino con él. Porque al hallar a Dios y al oír su Verbo, ya se han vuelto uno. Pues el individuo, cuando peca, es uno entre muchos, separado de Dios y dividido, perdida su unidad; pero los muchos que siguen los mandamientos de Dios son un solo hombre; como también testifica el Apóstol, diciendo: "Porque nosotros, siendo muchos, somos un solo pan, un solo cuerpo"; y de nuevo: "Hay un solo Dios, y un solo Cristo, y una sola fe, y un solo bautismo"; y en otro lugar: "Porque todos nosotros somos un solo cuerpo en Cristo Jesús"; y de nuevo: "Os desposé a todos con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura al Señor". Y que son agradables al Señor y uno, se muestra en la oración del Señor a su Padre por sus discípulos. "Padre santo", dice, "concédeles que, así como yo y tú somos uno, así también ellos sean uno en nosotros". Y además, siempre que se dice que los santos son miembros unos de otros, la única conclusión es que son un solo cuerpo. En El Pastor, de nuevo, donde leemos sobre la edificación de la torre, un edificio compuesto de muchas piedras, pero que parece un solo bloque sólido, ¿cuál puede ser el sentido de la Escritura sino la armonía y unidad de los muchos?

    Capítulo IX. Por qué es que la Divina Escritura usa a menudo el mismo término con significaciones diferentes, aun en el mismo lugar

    De la Epístola a los Romanos, Volumen IX, sobre las palabras: "¿Qué, pues? ¿Es la ley pecado?"

    IX, 1–2

    1. Un solo término, ley, puede usarse, pero el relato escritural de la "ley" no es en todas partes uno y el mismo. El lector debe, por tanto, en cada lugar considerar con sumo cuidado primero el sentido literal de la palabra "ley", y luego su significación especial. Esto es lo que hacemos con la mayoría de las demás palabras; pues hay otros casos de términos escriturales equívocos, que confunden a los lectores que suponen que, por ser la palabra la misma, el sentido debe ser el mismo dondequiera que se encuentre. Ahora bien, la palabra "ley" está destinada a servir no en todas partes al mismo propósito, sino a muchos propósitos; por tanto, dejando de lado los numerosos pasajes que requieren razonamiento cuidadoso porque sugieren una objeción que exige respuesta, expondremos todos aquellos que puedan convencer eficazmente a cualquiera de que la palabra "ley" tiene muchos sentidos. Como ilustración, tomemos lo dicho en la Epístola a los Gálatas. "Todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición: pues está escrito: Maldito todo aquel que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la ley para hacerlas." Es claro que aquí tenemos la ley literal de Moisés, que ordena a los que están bajo ella lo que han de hacer, y prohíbe lo que no deben hacer. Y no menos claro tenemos el sentido del pasaje en la misma Epístola: "La ley fue añadida por causa de las transgresiones, hasta que viniera la descendencia a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles, por mano de un mediador"; y de otro: "De manera que la ley ha sido nuestro tutor para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero ahora que ha venido la fe, ya no estamos bajo tutor. Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús." Y que "ley" denota también los escritos históricos de Moisés podemos colegirlo del pasaje en la misma epístola: "Decidme, los que deseáis estar bajo la ley, ¿no oís la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la sierva, y uno de la libre. Pero el hijo de la sierva nació según la carne; mientras que el hijo de la libre nació mediante la promesa."
    2. Sé que incluso los Salmos son llamados "ley", como es claro por el pasaje: "Para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me odiaron". Más aún, la profecía de Isaías es llamada "ley" por el Apóstol, que nos dice: "En la ley está escrito: Por hombres de lenguas extrañas, y por labios de extranjeros hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor"; y esto es en efecto lo que hallé en la interpretación de Áquila. El término se aplica también al sentido más místico y divino de la ley; como, por ejemplo, "Sabemos que la ley es espiritual". Y además de todo esto, el Verbo sembrado en el alma, evidenciado por las nociones morales comunes al género humano, y en lenguaje escritural "escrito en el corazón", que ordena lo que hemos de hacer y prohíbe lo que no debemos hacer, es llamado "ley". Esto se prueba por las siguientes palabras del Apóstol: "Porque cuando los gentiles, que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, no teniendo ley, son ley para sí mismos; en cuanto muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias". Pues la ley escrita en los corazones de los hombres y en los gentiles que por naturaleza hacen lo de la ley, no es otra que la ley de la moral común escrita por naturaleza en nuestra parte rectora, y que día tras día se vuelve más clara con el perfeccionamiento de la razón. Éste es el sentido de ley en las palabras: "El pecado no se imputa donde no hay ley", y en éstas: "Yo no conocí el pecado sino por la ley". Pues antes de que se diera la ley mosaica, se halla que el pecado fue imputado tanto a Caín como a los que padecieron en el Diluvio, y también al pueblo de Sodoma, y a otros innumerables; y muchos llegaron a conocer el pecado antes de que se diera la ley de Moisés. Y no te sorprendas si se descubren dos sentidos de la una palabra "ley" en el mismo lugar; pues hallaremos este uso en otras partes de la Escritura; por ejemplo: "¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses y luego viene la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, que ya están blancos para la siega". La palabra "siega" se usa dos veces, la primera de la siega "corpórea", la segunda de la espiritual. Y hallarás un paralelo también en el relato de la curación del ciego de nacimiento. El hombre era literalmente ciego, pero el Salvador añade: "Para juicio vine yo a este mundo, para que los que no ven vean, y los que ven se vuelvan ciegos".

    IX, 3

    3. Así pues, sigue siendo tan cierto como siempre que "sin la ley, la ley de la naturaleza, se ha manifestado una justicia de Dios, atestiguada por la ley y los profetas". Y diríamos a los lectores que rehúyen admitir el doble sentido de "la ley", que si hemos de entender que se hace referencia a la misma ley en ambas cláusulas, "Pero ahora, sin la ley, se ha manifestado una justicia de Dios", y "atestiguada por la ley y los profetas", debemos concluir que si la justicia se ha manifestado sin la Ley, no es atestiguada por la Ley; y si es atestiguada por la Ley, no se ha manifestado sin la Ley. La verdad es que la ley de la naturaleza de ningún modo atestigua la justicia de Dios manifestada por Jesucristo, pues es inferior a esa justicia; pero la Ley de Moisés, no la letra, sino el espíritu, sí da testimonio, como también los Profetas conforme al espíritu de la ley, y como lo hace la palabra espiritual en ellos. El lector de la Divina Escritura debe, por tanto, observar cuidadosamente que las Escrituras no usan invariablemente las mismas palabras para denotar las mismas cosas; y hacen el cambio a veces por causa del sentido equívoco de una palabra, a veces en aras del sentido figurado, y a veces porque el contexto exige un matiz diferente en algunos lugares del que la palabra tiene en otros. Si estamos bien en guardia en todo esto, escapamos a muchas equivocaciones y falsas interpretaciones. Debemos, pues, saber que la palabra "ver" no siempre denota la misma cosa, aplicándose a veces a la vista corporal, a veces a nuestro entendimiento. Hablando en general, debemos ser conscientes de que, puesto que el propósito del Espíritu en los Profetas, y del Verbo en los Apóstoles de Cristo, es ocultar y no revelar claramente los pensamientos de la Verdad, surge confusión una y otra vez por el mero enunciado, y no se conserva una secuencia estrecha de pensamiento; el objeto es que ni siquiera los indignos puedan, para juicio de su propia alma, descubrir las cosas que así, para su bien, se les ocultan. Y ésta es a menudo la razón por la que la Escritura, en conjunto, parece carecer de orden y de ilación, particularmente, como dijimos antes, los escritos proféticos y apostólicos; y en los escritos apostólicos, la Epístola a los Romanos, donde las funciones de la Ley se exponen en términos diferentes y se aplican a circunstancias diferentes. El resultado es que Pablo, en la composición de la epístola, no parece ser fiel a su propósito.

    Capítulo X. Del las cosas en la Divina Escritura que parecen acercarse a ser piedra de tropiezo y roca de escándalo

    De la Homilía 39 sobre Jeremías: "El Señor no pudo soportar por causa de la maldad de vuestras obras"

    X, 1–2

    1. Si en algún momento, al leer la Escritura, tropiezas con algo que es una verdadera piedra de tropiezo y roca de escándalo, cúlpate a ti mismo; pues no debes desesperar de hallar en esta piedra de tropiezo y roca de escándalo pensamientos que justifiquen la sentencia: "El que cree no será avergonzado". Cree primero, y hallarás bajo lo que se considera piedra de tropiezo mucha ganancia en piedad. Pues si realmente recibimos un mandamiento de no hablar palabra ociosa, porque daremos cuenta de ella en el día del juicio; y si con toda nuestra fuerza debemos esforzarnos por hacer que toda palabra que sale de nuestra boca sea palabra eficaz, tanto en nosotros que hablamos como en los que oyen, ¿no debemos concluir que toda palabra dicha por los Profetas era apta para obrar? Y no es de extrañar si toda palabra dicha por los Profetas tenía una obra adaptada a ella. Más aún, supongo que toda letra, por extraña que sea, escrita en los oráculos de Dios, realiza su obra. Y no hay ni una jota ni una tilde escrita en la Escritura que, cuando los hombres saben extraer su virtud, no obre su propia obra.
    2. Así como toda hierba tiene su propia virtud, ya sea para la curación del cuerpo o para algún otro propósito, y no a todos es dado conocer el uso de toda hierba, sino que ciertas personas han adquirido el conocimiento mediante el estudio sistemático de la botánica, de modo que pueden entender cuándo ha de usarse una hierba particular, a qué parte ha de aplicarse y cómo ha de prepararse, si ha de hacer bien al paciente; de igual modo sucede en las cosas espirituales: el santo es una especie de herbolario espiritual, que recoge de las sagradas Escrituras toda jota y toda letra común, descubre el valor de lo escrito y su uso, y halla que no hay nada superfluo en las Escrituras. Si deseáis otra ilustración, todo miembro de nuestro cuerpo ha sido designado por Dios para realizar alguna obra. Pero no es dado a todos conocer el poder y el uso de todos los miembros, aun de los más humildes, sino que los médicos expertos anatomistas pueden decir para qué uso destinó la Providencia cada parte, aun la más pequeña. De igual modo, podéis considerar las Escrituras como una colección de hierbas, o como un solo cuerpo perfecto de razón; pero si no eres botánico escritural, ni puedes disecar las palabras de los Profetas, no debes suponer que algo escrito sea superfluo, sino cúlpate a ti mismo y no a las sagradas Escrituras cuando no logras hallar el sentido de lo escrito. Todo esto a modo de prefacio general, aunque puede aplicarse a toda la Escritura; para que los que presten atención a su lectura se guarden de pasar por alto una sola letra sin examen e indagación.

    Capítulo XI. Que nosotros debemos buscar el alimento que provee toda Escritura inspirada

    y no apartarse de los pasajes que los herejes perturban con dificultades mal aconsejadas, ni despreciarlos; antes debemos participar de ellos sin la confusión propia de la incredulidad. Del tomo XX sobre Ezequiel. "Así dice el Señor Dios: He aquí, yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos. ¿Os parece poca cosa haberos apacentado en el buen pasto, sino que habéis de hollar con vuestros pies el resto de vuestro pasto? ¿Y haber bebido de las aguas claras, sino que habéis de enturbiar el resto con vuestros pies? Y en cuanto a mis ovejas, comen lo que habéis hollado con vuestros pies, y beben lo que habéis enturbiado con vuestros pies?"

    XI, 1–2

    Tras dar sus opiniones acerca de las ovejas que son carneros y las ovejas que son cabras, y mostrar que es costumbre de la Escritura a veces clasificar juntas a las ovejas y a las cabras, prosigue así: —
    1. Ahora hagamos todo lo posible por descubrir qué verdades se insinúan en estas palabras. Todo buen pasto, y el estanque de agua clara, representan, supongo, los oráculos de las sagradas Escrituras en su conjunto. El siguiente pensamiento es que, en la medida en que ciertas personas aprueban algunas porciones como provechosas, y rechazan otras por no tener poder salvador, puede decirse que se apacientan en el buen pasto de los pasajes que eligen, beben el agua clara de lo que juzgan mejor, y luego huellan el resto del pasto, y enturbian el resto del agua con sus pies. Estos, digo, son los que aprueban el Nuevo Testamento, pero rechazan el Antiguo; estos son los que sostienen que ciertas partes de los escritos antiguos exhiben más del poder divino y son altamente espirituales, y hacen que otras sean deficientes en estos aspectos. Pero el Pastor llama ovejas suyas a quienes no desdeñan lo hollado por los pies, y no desprecian el agua enturbiada por los pies, de las ovejas censurables, quizá más correctamente llamadas cabras y cabritos; porque no serían ovejas dignas de los carneros a la derecha.
    2. Por nosotros, pues, que profesamos ser ovejas del Pastor, no seamos nunca reacios a apacentarnos en aquellos pasajes que, tomados literalmente, no parecen Escritura, y que a causa de su incongruencia verbal son hollados por hombres que no son capaces ni están dispuestos a usar todo el pasto. Aun suponiendo que alguna agua haya sido enturbiada por sus pies, supongo, quiero decir, que han mezclado con la palabra pura de la Escritura objeciones vergonzosas e inauditas, no nos dejemos disuadir, por la confusión que han introducido en el Verbo, de beber lo que ha sido enturbiado por sus pies. Y observad cuidadosamente que los que enturbian el agua y huellan el pasto son amonestados por ovejas mejores en las palabras: "Y en cuanto a mis ovejas, comen lo que habéis hollado con vuestros pies, y beben lo que habéis enturbiado con vuestros pies." Además, no huellemos nunca el pasto de los Profetas, ni enturbiemos el agua de la Ley; y mientras hay algunos que yerran respecto del pasto del Evangelio y del agua apostólica, de modo que huellan ciertas porciones del campo del Evangelio y se apacientan en otras como en buen pasto, ya sea rechazando todo el pasto apostólico, o aprobando algunas partes y rechazando otras, apacentémonos en todos los Evangelios y no huellemos ninguna parte de ellos, y mientras bebemos de todas las aguas apostólicas, agua clara en la medida en que podamos hacerla tal, guardemos las fuentes, y de ninguna manera las enturbiemos por la incredulidad, que suele confundir las mentes de los hombres que no pueden entender lo que se dice.
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