cómo debe leerse y entenderse; por qué es oscura; y cuál es la razón de la oscuridad en ella, y de lo imposible en algunos casos, o irracional, cuando se toma literalmente. De la obra sobre "Principios" y de varias otras obras de Orígenes.
I, 1–4
El siguiente análisis del esquema de interpretación de Orígenes puede ser útil al lector: —
1. Puesto que, cuando investigamos asuntos de tan gran importancia, no nos contentamos con las nociones comunes y con la luz que dan las cosas visibles, fortalecemos nuestra posición con la evidencia adicional de las Escrituras, que creemos divinas, a saber, tanto la que se llama Antiguo Testamento como la que se llama Nuevo, y nos esforzamos con la ayuda de la razón por confirmar nuestra fe. Pero como todavía no hemos discutido las Escrituras en cuanto a su inspiración divina, reunamos unas pocas observaciones breves sobre ellas, con el fin de mostrar sobre qué fundamentos las consideramos divinas. Y antes de proceder a hacer uso del texto de las Escrituras y de lo que en ellas se revela, deben darse algunos detalles acerca de Moisés y de Jesucristo: el legislador de los hebreos y el Autor de las doctrinas salvadoras del cristianismo. Pues de todos los numerosos legisladores que han surgido entre griegos y bárbaros, no recordamos a ninguno que pudiera inducir a otras naciones a aceptar con afán sus principios; y aunque los profesores de la verdad filosófica hicieron elaborados esfuerzos por establecer su doctrina sobre una base aparente de razón, ninguno de ellos consiguió introducir en distintas naciones la verdad que sostenía, ni influir en un número considerable de una sola nación. Y, sin embargo, los legisladores habrían querido, si hubiera sido posible, imponer las buenas leyes, tal como les parecían, a todo el género humano, y los maestros desearían que lo que imaginaban ser verdad se extendiera por todo el mundo. Pero, conscientes de que no tendrían éxito si invitaban a hombres de lenguas diferentes y de muchas nacionalidades a observar la ley que promulgaban y a aceptar la instrucción que daban, ni siquiera lo intentaron al principio, pues sospechaban sagazmente que el intento acabaría en fracaso. Sin embargo, en toda tierra, griega y bárbara, en todo el mundo, pueden hallarse innumerables adeptos de nuestra fe que han abandonado sus costumbres ancestrales y sus dioses familiares para convertirse en celosos observadores de la ley de Moisés y en discípulos fervientes de Jesucristo; y esto a pesar de que los que se someten a la ley de Moisés son odiados por los adoradores de imágenes, y los que aceptan el Evangelio de Jesucristo no solo son odiados, sino que están en peligro de muerte.
2. Y si nos damos cuenta de en cuán poquísimo tiempo, a pesar de las tramas urdidas contra los profesores del cristianismo, por las cuales unos perecieron y otros perdieron sus posesiones, el Verbo, aunque el número de los predicadores no era grande, ha sido predicado por todas partes en todo el mundo, de modo que griegos y bárbaros, sabios e ignorantes, se someten al temor de Dios por medio de Jesús, si, digo, nos damos cuenta de esto, no vacilaremos en decir que hay algo sobrehumano en el resultado. Pues Jesús enseñó con toda autoridad y persuasión que el Verbo prevalecería, de modo que razonablemente podemos considerar sus palabras como proféticas. Por ejemplo: "Ante gobernadores y reyes seréis llevados por mi causa, para testimonio a ellos y a los gentiles." Y: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no comimos en tu nombre y bebimos en tu nombre? Y yo les diré: Apartaos de mí, obradores de iniquidad; nunca os conocí." Quizá era razonable pensar que dijo estas cosas al azar y que no eran verdaderas; pero cuando las cosas dichas con tal autoridad se cumplieron, es manifiesto que Dios realmente tomó nuestra naturaleza sobre sí y entregó a los hombres doctrinas de salvación.
3. ¿Necesito añadir cómo fue predicho que los príncipes prometidos se apartarían de Judá, y los gobernantes de entre sus muslos, a la venida del Mesías para quien está reservado, a saber, el reino, y al advenimiento de la Expectación de los gentiles? Pues ciertamente está claro por la historia y por lo que vemos hoy que, desde los tiempos de Jesús, no ha habido nadie que se llame rey de los judíos; porque todo aquello de lo que los judíos se enorgullecían, es decir, la organización del templo y del altar, la realización del servicio y las vestiduras del sumo sacerdote, ha sido abolido. Pues se cumplió la profecía que dice: "Los hijos de Israel permanecerán muchos días sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin altar, sin sacerdocio y sin Urim y Tumim." Y volvemos el pasaje anterior contra nuestros adversarios, quienes, perplejos por lo que Jacob dice a Judá en el Génesis, alegan que el etnarca surgido de la familia de Judá es el "gobernador del pueblo", y que su descendencia no faltará hasta la venida del Mesías con que sueñan. Pues si "los hijos de Israel permanecerán muchos días sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin altar, sin sacerdocio y sin Urim y Tumim"; y si desde el tiempo en que el templo fue destruido no ha habido sacrificio, ni altar, ni sacerdocio, está claro que un príncipe ha faltado de Judá, y un gobernante de entre sus muslos. Y puesto que la profecía dice: "No faltará príncipe de Judá, ni gobernante de entre sus muslos, hasta que vengan las cosas reservadas para él", está claro que ha venido Aquel a quien pertenecen las cosas reservadas, a saber, la Expectación de los gentiles. Y esto lo prueba la multitud de los gentiles que han creído en Dios por medio de Cristo.
4. El Cántico del Deuteronomio contiene también una profecía de la futura elección de los gentiles necios a causa de los pecados del antiguo pueblo de Dios, y esto se ha cumplido solo por medio de Jesús. "Porque ellos", así dicen las palabras, "me movieron a celos con lo que no es Dios; me provocaron a ira con sus ídolos. Y yo los moveré a celos con los que no son pueblo; los provocaré a ira con una nación necia." Podemos entender muy claramente cómo los que llevaban el nombre de hebreos y que provocaron a Dios a celos con lo que no es Dios, y lo provocaron a ira con sus ídolos, fueron ellos mismos provocados a celos y movidos a ira con los que no eran pueblo, el pueblo necio, al que Dios escogió por la venida de Cristo y por medio de sus discípulos. "Vemos, pues, nuestra vocación, que no muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles son llamados; sino que Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios escogió lo vil del mundo y lo menospreciado, y lo que no es, para anular lo que es, a fin de que Israel según la carne no se gloríe delante de Dios." Pues cuando el Apóstol usa la palabra "carne" se refiere a "Israel."
Comentario editorial · El esquema que falta
Antes del § 1, Lewis puso un esquema de la interpretación de Orígenes, y el epub deja solo la frase que lo anuncia. Está en la transcripción de tertullian.org. La interpretación se divide en literal (el cuerpo), moral (el alma) y mística (el espíritu). Lo literal es historia real o historia ficticia, que el Espíritu Santo habría inventado para transmitir verdades que las cosas terrenas no podían figurar bastante. Lo místico se parte en alegoría, que prefigura la historia de Cristo y de su Iglesia, y anagogé, que figura las cosas de un mundo superior. En una nota, Lewis cita a Westcott: la anagogé refiere los textos a las regiones celestes, y la alegoría, a los caracteres espirituales que despliega el cristianismo. Orígenes expone esta teoría en Sobre los principios, cuyo libro IV, 1–3 se conserva en griego en la Filocalia (Wikipedia).
I, 5–7
5. Pero ¿qué diremos de las profecías de los Salmos acerca de Cristo? ¿No hay un "cántico" titulado "Para el Amado"? La lengua del Amado es llamada "pluma de un escribiente veloz"; es más hermoso que los hijos de los hombres, porque la gracia se ha derramado en sus labios. Una prueba de la gracia derramada en sus labios es el hecho de que, aunque todo el período de su enseñanza fue tan breve (enseñó durante algo así como un año y unos pocos meses), el mundo se ha llenado de su doctrina y de la religión que trajo. Pues "en sus días florecerá la justicia, y abundancia de paz hasta que no haya luna"; pues este perdurar hasta el fin es el significado de la frase "la luna ya no existirá"; y "tendrá dominio perpetuo de mar a mar, y desde los ríos hasta los confines de la tierra". Y se da una señal a la casa de David; porque la Virgen dio a luz; concibió y dio a luz un hijo, y su nombre es Emanuel, que interpretado es Dios con nosotros. La profecía se cumple, como dice el mismo profeta: "Dios está con nosotros; sed sabias, naciones, y someteos; vosotros los poderosos, someteos." Nosotros, de entre los gentiles, que hemos sido llevados cautivos por la gracia de su Verbo, hemos sido conquistados y nos hemos sometido. Pero incluso el lugar de su nacimiento fue predicho: "Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un gobernador que será pastor de mi pueblo Israel". Y las setenta semanas se cumplieron, como muestra Daniel, cuando vino Cristo, el "gobernador". Y, según Job, vino Aquel que sometió al gran monstruo marino, y que ha dado autoridad a sus verdaderos discípulos para pisar serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo, sin que nada los dañe. Observe un hombre cómo los Apóstoles que fueron enviados por Jesús a proclamar el Evangelio fueron por todas partes, y no podrá dejar de ver su audacia sobrehumana en obediencia al mandato divino. Y si preguntamos cómo fue que los hombres, al oír doctrinas nuevas y palabras extrañas, acogieron a los Apóstoles, y a pesar de su deseo de tramar contra ellos fueron vencidos por un cierto poder divino que guardaba a los hablantes, no dejaremos de creer aunque se nos diga que los Apóstoles obraron milagros, dando Dios testimonio de sus palabras con señales, prodigios y múltiples poderes.
6. Pero al resumir así brevemente las pruebas de la divinidad de Jesús y al hacer uso de las palabras de los profetas acerca de Él, estamos probando al mismo tiempo la inspiración de las Escrituras que profetizan de Él, y estamos mostrando que aquellos escritos que proclaman su venida y su enseñanza fueron entregados con todo poder y autoridad; y decimos que, si han prevalecido sobre la elección de entre los gentiles, es porque fueron inspirados. Pero debemos decir que la divinidad de las expresiones proféticas y el sentido espiritual de la ley de Moisés brillaron por la morada de Jesús en la tierra. Pues no podía haber pruebas claras de la inspiración de las antiguas Escrituras antes de la venida de Cristo. Pero la venida de Jesús llevó a hombres que podían sospechar que la ley y los profetas no eran divinos a la clara confesión de que fueron escritos con ayuda del cielo. Y el lector cuidadoso y atento de las palabras de los profetas, si su celo se enciende siquiera un poco con su lectura, quedará persuadido por su propia experiencia de que lo que creemos palabras de Dios no son composiciones humanas. Y también la luz de la ley de Moisés, aunque había estado oculta por un velo, brilló cuando vino Jesús; pues el velo fue quitado y los bienes prefigurados en las Escrituras fueron revelados gradualmente.
7. Sería una gran empresa relatar ahora las profecías más antiguas, para que, asombrado de su carácter divino, el que duda se someta con plena convicción y propósito concentrado, con toda su alma, a las palabras de Dios. Si, sin embargo, el elemento sobrehumano de las Escrituras no parece en todas partes impresionar al no instruido, no es de extrañar; pues en la obra de la Divina Providencia en todo el mundo, algunas cosas se ven muy claramente como providenciales, mientras otras están tan ocultas que parecen dejar lugar a la duda sobre si Dios, con su inefable destreza y poder, ordena ciertamente el universo. Porque la evidencia de designio en la Providencia no es tan clara en las cosas de la tierra como en el sol, la luna y las estrellas; y no es tan clara en los cambios y azares de los asuntos humanos como en las almas y los cuerpos de los animales, ciertamente cuando el porqué y la razón de sus instintos, impresiones, naturalezas y estructura corporal han sido averiguados por expertos en estas ramas del conocimiento. Pero así como la doctrina de la Providencia no queda destruida por nuestra ignorancia en algunos detalles, una vez que la hemos admitido de una vez por todas, tampoco el carácter divino de la Escritura en su conjunto queda menoscabado, porque nuestra debilidad no puede acercarse en cada frase a la gloria oculta de las verdades escondidas en un lenguaje pobre y despreciable. Porque tenemos un tesoro en vasos de barro, para que la excelsa grandeza del poder de Dios brille y no se piense que proviene de nosotros los hombres. Pues si los trillados métodos de demostración comunes entre los hombres, que encontramos en los estantes de nuestras bibliotecas, hubieran prevalecido sobre los hombres, con razón se habría supuesto que nuestra fe se apoyaba en la sabiduría de los hombres y no en el poder de Dios; pero tal como están las cosas, si un hombre levanta los ojos, será evidente que el Verbo y la predicación han influido en la multitud no con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder. Por lo cual, viendo que un poder celestial, o un poder aun de más arriba de los cielos, nos impulsa a adorar solo al Creador, dejando la palabra del comienzo de Cristo, es decir, dejando la instrucción elemental, esforcémonos por avanzar hacia la perfección, para que la sabiduría hablada a los perfectos nos sea hablada también a nosotros. Pues Aquel que tiene esta sabiduría promete hablarla entre los perfectos, una sabiduría distinta de la sabiduría de este mundo y de la sabiduría del príncipe de este mundo, la cual es reducida a nada. Y esta sabiduría será claramente estampada en nosotros, según la revelación del misterio que ha estado guardado en silencio por los siglos eternos, pero que ahora se ha manifestado, mediante las Escrituras de los profetas y la aparición de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos. Amén.
I, 8–10
8. Ahora que, por así decirlo, apenas hemos echado un vistazo a la inspiración de las divinas Escrituras, debemos pasar al modo de leerlas y entenderlas; pues se han cometido muchísimos errores, porque el método correcto de examinar los textos sagrados no ha sido descubierto por la mayor parte de los lectores. Lectores de corazón endurecido y sin instrucción, pertenecientes a la Circuncisión, no han creído en nuestro Salvador, porque tienen por costumbre seguir la letra desnuda de las profecías acerca de Él, y no lo ven con sus ojos corporales proclamando libertad a los cautivos, ni edificando lo que ellos piensan que es la verdadera ciudad de Dios, ni quitando el carro de Efraín y el caballo de Jerusalén, ni comiendo mantequilla y miel, y antes que sepa o prefiera el mal, eligiendo el bien. Todavía suponen que la profecía declara que el animal de cuatro patas, el lobo, pacerá con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito; y el becerro, el toro y el león pacerán juntos, y que un niño pequeño los guiará; y que la vaca y la osa pacerán juntas, criándose sus crías juntas, y que el león comerá paja como el buey. Como no vieron nada semejante cuando Aquel a quien creemos ser Cristo moró en la tierra, no recibieron a Jesús, sino que lo crucificaron, afirmando que no tenía derecho a llamarse Cristo. Y los herejes, cuando leen las palabras: "Un fuego se enciende en mi ira"; y: "Yo soy un Dios celoso, que visito la iniquidad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y cuarta generación"; y: "Me pesa haber ungido a Saúl por rey"; y: "Yo soy Dios que hago la paz y creo el mal"; y en otro lugar: "¿Sucederá algún mal en la ciudad sin que el Señor lo haya hecho?"; o de nuevo: "El mal ha descendido del Señor a las puertas de Jerusalén"; y: "Un espíritu malo de parte del Señor atormentaba a Saúl"; y a innumerables pasajes semejantes: cuando leen estos, digo, no se atreverán a negar el origen divino de las Escrituras, sino que, creyendo que proceden del Demiurgo, a quien adoran los judíos, y sosteniendo que el Demiurgo es imperfecto y carente de bondad, suponen que nuestro Salvador, mientras moró en la tierra, proclamó a un Dios más perfecto, a quien, por motivos diversos, afirman que no es el Demiurgo. Y habiéndose así apartado de una vez por todas del Demiurgo, que es el único Dios increado, se han entregado a vanas imaginaciones, inventando para sí diversas teorías para explicar el origen de las cosas que se ven y el origen de otras que no se ven, y todo esto es fruto de su propia fantasía. Y sin embargo, de hecho, los menos sofisticados de aquellos que en su autosuficiencia han dejado la Iglesia no admiten un Dios mayor que el Demiurgo, y en esto tienen razón; pero su concepción de Él es tal que desacreditaría a un hombre sumamente cruel e injusto.
9. Ahora bien, la única razón por la cual todos estos de quienes yo he hablado tienen opiniones falsas e impías, o puntos de vista ignorantes acerca de Dios, parece ser que la Escritura no se entiende en su aspecto espiritual, sino que se toma en el mero sentido literal. Por tanto, en atención a aquellos lectores que están persuadidos de que los libros sagrados no son composiciones humanas, sino que fueron escritos y han llegado a nosotros por inspiración del Espíritu Santo, según la voluntad del Padre de todos por medio de Jesucristo, debemos señalar los que parecen ser los métodos correctos, manteniéndonos en la regla de la Iglesia celestial de Jesucristo en sucesión de los Apóstoles. Y que hay ciertas dispensaciones místicas reveladas por medio de las divinas Escrituras lo han creído todos los que han estudiado el Verbo, incluso los lectores más sencillos; pero cuáles son estas dispensaciones, los hombres justos y modestos confiesan que no lo saben. De todos modos, supongamos que un hombre esté perplejo acerca de las relaciones de Lot con sus hijas, o de las dos esposas de Abraham, o del matrimonio de Jacob con dos hermanas, y de las siervas que tuvieron hijos de él; estos lectores dirán que aquí tenemos misterios que no entendemos. Pero supongamos que el pasaje trata de la construcción del tabernáculo, seguros de que la narración es típica, se esforzarán por dar a cada detalle, lo mejor que puedan, un sentido espiritual. En cuanto a su convicción de que el tabernáculo es tipo de algo, no están muy equivocados; pero cuando, sobre esta base, intentan de una manera digna de la Escritura definir la cosa particular de la cual el tabernáculo es tipo, a veces fracasan. Y toda historia ordinaria de matrimonio, de procreación, de guerra, o cualquier suceso histórico que generalmente se consideraría como tal, la declaran típica. Pero cuando llegan a los detalles, sucede a veces, en parte porque no están suficientemente familiarizados con el tema, en parte porque son demasiado precipitados, en parte porque, incluso si un hombre está bien entrenado y es reflexivo, las cosas son extremadamente difíciles de investigar, que ciertos puntos no quedan del todo aclarados.
10. ¿Y por qué hablar de las profecías, que todos sabemos que están llenas de enigmas y sentencias oscuras? Y, pasando a los Evangelios, si hemos de hallar su sentido exacto, en cuanto que ese sentido es la mente de Cristo, se necesita la gracia dada a aquel que dijo: "Nosotros tenemos la mente de Cristo, para que conozcamos las cosas que nos han sido dadas gratuitamente por Dios; las cuales también hablamos, no con palabras que enseña la sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu." Y, además, ¿quién puede leer las cosas reveladas a Juan sin asombrarse de los inefables misterios que en ellas se ocultan, misterios, evidentemente, aunque un hombre no entienda lo que está escrito? En cuanto a las cartas de los Apóstoles, ¿podría algún crítico hallarlas claras y fácilmente inteligibles, viendo que contienen innumerables cosas de la mayor importancia y pensamientos que se agolpan, vistos como a través de una celosía, y de ningún modo fáciles de acceso? Por lo cual, viendo que esto es así, y que muchísimos yerran, es algo peligroso al leer declarar a la ligera que uno entiende lo que requiere aquella llave de la ciencia que estaba en poder de los doctores de la ley. Y desearía que quienes no admiten que los hombres tuvieran la verdad antes de que viniera Cristo nos dijeran qué quiere decir nuestro Señor Jesucristo al afirmar que la llave de la ciencia estaba en manos de los doctores de la ley, pues, según nuestros adversarios, los doctores de la ley no tenían libros que contuvieran los secretos de la ciencia y los misterios completos. Las palabras exactas son estas: "¡Ay de vosotros, doctores de la ley! porque quitasteis la llave de la ciencia; vosotros no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis."
I, 11–12
11. La manera correcta, pues, de leer las Escrituras y extraer su sentido, hasta donde hemos podido descubrir examinando los oráculos mismos, parece ser la siguiente: — Salomón en los Proverbios da una regla acerca de las doctrinas divinas de la Escritura con este efecto: "Anótalas tres veces con consejo y conocimiento, para que puedas responder con palabras de verdad a los que te prueben con preguntas difíciles." El hombre debe, pues, de tres maneras grabar en su propia alma los propósitos de las Santas Escrituras: que los sencillos sean edificados por, por así decirlo, la carne de la Escritura (pues así designamos el sentido primario), los más avanzados por su alma, y los perfectos por la ley espiritual, que tiene sombra de los bienes venideros. Porque el hombre perfecto se asemeja a aquellos de quienes habla el Apóstol: "Sin embargo, hablamos sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría no de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que se desvanecen; sino que hablamos la sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para gloria nuestra," de la ley espiritual que tiene una sombra de los bienes venideros. Así como el hombre consta de cuerpo, alma y espíritu, así también la Escritura, que ha sido concedida por Dios para la salvación de los hombres. Y así explicamos aquel pasaje de El Pastor, — libro que algunos tratan con desprecio, en el que a Hermas se le ordena escribir dos libros y luego leer a los ancianos de la Iglesia lo que ha aprendido del Espíritu. "Escribirás dos libros y darás uno a Clemente y uno a Grapte. Y Grapte amonestará a las viudas y a los huérfanos; Clemente enviará a las ciudades de afuera, y tú leerás a los ancianos de la Iglesia." Grapte, que amonesta a las viudas y a los huérfanos, es la letra desnuda de la Escritura; amonesta a aquellos lectores cuyas almas están en la etapa de la infancia y que todavía no pueden llamar a Dios su Padre, y por eso se les llama "huérfanos"; además amonesta a las almas, que ya no se unen al esposo ilegítimo, sino que permanecen en estado de viudez porque aún no son dignas del verdadero Esposo. Clemente, el lector que ha superado la letra, se dice que envía lo que se dice a las ciudades de afuera, es decir, a las almas que han escapado de los deseos corporales y de los fines inferiores. Y luego se abandona lo escrito, y al discípulo mismo del Espíritu se le ordena "leer" a los ancianos sabios y canosos de toda la Iglesia de Dios con la voz viva.
12. Pero puesto que algunas Escrituras no tienen lo "corporal", como mostraremos en seguida, en tales casos debemos buscar solo el "alma" y el "espíritu". Por ejemplo, esto puede explicar por qué las seis tinajas de piedra que, según se dice, estaban dispuestas conforme a la manera de purificación de los judíos, como leemos en el Evangelio según Juan, contienen dos o tres cántaros cada una: el Verbo insinúa oscuramente a aquellos que eran judíos interiormente, de quienes habla el Apóstol, que estos, en verdad, son limpiados por la palabra de la Escritura, Verbo que a veces contiene dos cántaros, esto es, por así decirlo, el "alma" y el "espíritu" del Verbo; a veces tres; pues algunas Escrituras tienen además de estos dos también la parte "corporal" con su poder de edificación. En cuanto al número, las seis tinajas pueden razonablemente referirse a aquellos que están siendo purificados en el mundo, que fue hecho en seis días, siendo seis un número perfecto.
I, 13–15
13. Que podamos aprovechar el sentido primario de la Escritura, aun sin ir más lejos, es evidente por las multitudes de creyentes sinceros y sencillos. Tomemos, sin embargo, lo que Pablo dice en la primera Epístola a los Corintios como ejemplo de la interpretación superior del "alma". "Está escrito", dice, "No pondrás bozal al buey cuando trilla el grano." Luego, pasando a explicar esta ley, añade: "¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros fue escrito; porque el que ara debe arar con esperanza, y el que trilla, trillar con esperanza de participar." Y, en verdad, muchísimos pasajes interpretados de modo que convengan al gran cuerpo de creyentes, y edificantes para los que no tienen oído para cosas mejores, tienen más o menos el mismo sello. Pero la interpretación espiritual es para el que es capaz de mostrar la naturaleza de las cosas celestiales, de las cuales los judíos según la carne servían a la copia y a la sombra, y cuáles son los bienes venideros de los cuales la ley es sombra. Y en general, según el mandato apostólico, debemos buscar en todas partes la sabiduría en misterio, "la sabiduría que ha estado oculta, la cual Dios predestinó antes del mundo para gloria de los justos; la cual ninguno de los príncipes de este mundo conoció." El mismo Apóstol, refiriéndose a ciertos incidentes en Éxodo y Números, dice en algún lugar: "Estas cosas les sucedieron como figura; y fueron escritas para amonestarnos a nosotros, sobre quienes han llegado los fines de los siglos"; y alude a las cosas de las cuales eran figuras, diciendo: "Porque bebieron de una Roca espiritual que los seguía: y la Roca era Cristo." Y en el bosquejo del tabernáculo que da en otra epístola cita las palabras: "Harás todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el Monte." Además, en la Epístola a los Gálatas, como reprochando a los que piensan que leen la ley aunque no la entienden, y dando su juicio de que cuantos piensan que no hay alegorías en lo escrito no entienden, continúa diciendo: "Decidme, los que deseáis estar bajo la ley, ¿no oís la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva y uno de la libre. Pero el hijo de la sierva nació según la carne, y el hijo de la libre nació por la promesa. Las cuales cosas contienen una alegoría: pues estas mujeres son dos pactos," y así sucesivamente. Debemos notar cuidadosamente exactamente lo que dice*:* "Los que deseáis estar bajo la ley": no "Los que estáis bajo la ley"; y, "¿No oís la ley?": el oír en su juicio es el entender y el conocer. Y también en la Epístola a los Colosenses, donde resume el sentido de toda la entrega de la ley, dice: "Por tanto, nadie os juzgue en comida, ni en bebida, ni en respecto de día de fiesta, ni de luna nueva, ni de sábado: lo cual es sombra de las cosas venideras." Además, en la Epístola a los Hebreos, argumentando acerca de los de la Circuncisión, escribe así: "Los cuales sirven a lo que es copia y sombra de las cosas celestiales." Esto probablemente bastará para quitar todas las dudas respecto de los cinco libros, llamados los Libros de Moisés, de las mentes de aquellos que realmente creen que el Apóstol es un hombre divino; pero quizá deseen saber si el resto de la historia es también figurativo. Ahora bien, debemos notar cuidadosamente que el pasaje en Romanos, tomado del tercer Libro de los Reyes, "Me he reservado siete mil hombres que no han doblado la rodilla ante Baal," fue tomado por Pablo como aplicándose a los israelitas según la elección, porque no solo los gentiles se han beneficiado con la venida de Cristo, sino también algunos de la raza santa.
14. Siendo esto así, debemos esbozar lo que nos parecen las peculiaridades que implica la comprensión de las Escrituras. Y lo primero que hemos de mostrar es que el propósito del Espíritu, Quien, por la providencia de Dios mediante el Verbo, Quien en el principio estaba con Dios, ilumina a los ministros de la verdad, los Profetas y Apóstoles, se dirigió principalmente a los misterios indecibles relacionados con los hombres, — y por hombres quiero decir almas encarnadas, de modo que cualquiera que sea capaz de instrucción, si escudriña las Escrituras y se esfuerza sinceramente por sondear sus profundidades, pueda participar de todos los decretos de Su consejo. Y en cuanto a las almas, puesto que sin la rica y sabia verdad acerca de Dios no pueden alcanzar de ningún modo la perfección, las cosas relativas a Dios y a Su Hijo unigénito deben colocarse en primer plano, a saber, Su naturaleza, en qué sentido es Hijo de Dios, y por qué razones se humilló a Sí mismo y tomó sobre Sí nuestra carne y perfecta humanidad; además, cómo obra, para quiénes y en qué condiciones. Y, por necesidad, si queremos conocer acerca de los seres afines y de las demás criaturas racionales, tanto las más divinas que el género humano como también las que han caído de la bienaventuranza, y las causas de su caída, esto debe introducirse en la revelación divina; y, de manera semejante, si hemos de discutir las diferencias entre las almas y cómo han surgido esas diferencias; o si hemos de indagar qué queremos decir al hablar del "mundo" y preguntar cómo llegó a existir. Hemos de aprender, además, el origen de la grande y terrible maldad que hay en la tierra, y si se halla solo en la tierra o también en otras partes.
15. Ahora bien, mientras el Espíritu que ilumina las almas de los santos ministros de la verdad tenía estos y otros propósitos semejantes en vista, fue, en segundo lugar, Su propósito, por causa de aquellos que no pueden soportar el trabajo de investigar tales misterios, ocultar las doctrinas precedentes en forma narrativa que transmite un relato de las obras visibles de la creación, de la creación del hombre y de los descendientes del primer hombre hasta que se hicieron numerosos; y en otras historias que narran las acciones de hombres justos y los pecados que de vez en cuando cometieron en cuanto hombres, como también la conducta inicua, licenciosa y prepotente de hombres sin ley y sin Dios. Y, por extraño que parezca, por la historia de guerras y vencedores y vencidos, algunos de los misterios inefables son declarados a aquellos que tienen la capacidad de investigar estas cosas. Y, aún más maravilloso, mediante la ley escrita se predicen las leyes de la Verdad; y todos estos asuntos están enlazados por la sabiduría divina con un poder verdaderamente digno de la sabiduría de Dios. Porque era el propósito del Espíritu hacer que incluso la vestidura de las cosas espirituales, me refiero a la parte "corporal" de las Escrituras, fuese en muchos sentidos no inútil, sino capaz de beneficiar a la mayoría de los lectores según su capacidad.
I, 16–18
16. Si el uso de la Ley se hubiera hecho en todas partes perfectamente claro y se hubiera conservado una estricta secuencia histórica, no habríamos creído que las Escrituras pudieran entenderse en otro sentido que el obvio. Por tanto, el Verbo de Dios dispuso que se incrustaran en la Ley y en la parte histórica ciertas piedras de tropiezo, ofensas e imposibilidades, para que no seamos arrastrados de aquí para allá por el mero atractivo del estilo, y así o abandonemos la parte doctrinal por no recibir una instrucción digna de Dios, o nos apeguemos a la letra y no aprendamos nada más divino. Y esto debemos saber: que siendo el propósito principal mostrar la conexión espiritual tanto en los acontecimientos pasados como en las cosas por hacer, dondequiera que el Verbo hallaba acontecimientos históricos capaces de adaptarse a estas verdades místicas, se servía de ellos, pero ocultaba el sentido más profundo a la mayoría; pero donde, al exponer la secuencia de las cosas espirituales, no se relataba ningún acontecimiento real por causa del sentido más místico, la Escritura entreteje lo imaginativo con lo histórico, a veces introduciendo lo completamente imposible, a veces lo posible pero que nunca ocurrió. A veces son solo unas pocas palabras, no literalmente verdaderas, las que se han insertado; a veces las inserciones son de mayor extensión. Y de esta manera debemos entender incluso la entrega de la Ley, pues en ella podemos descubrir con frecuencia el uso inmediato, adaptado a los tiempos en que se dio la Ley; a veces, sin embargo, no aparece ninguna razón buena. Y en otras partes tenemos incluso mandatos imposibles, para lectores de mayor capacidad y para aquellos que tienen más espíritu de indagación; de modo que, aplicándose al trabajo de investigar las cosas escritas, puedan tener una convicción adecuada de la necesidad de buscar en ellas un sentido digno de Dios. Y no solo trató así el Espíritu con las Escrituras antes de la venida de Cristo, sino que, puesto que es el mismo Espíritu y procede del único Dios, ha hecho lo mismo con los Evangelios y los escritos de los Apóstoles; porque ni siquiera ellos son puramente históricos, ya que en el sentido "corporal" se entretejen incidentes que nunca ocurrieron; ni en la Ley y los Mandamientos hace el Espíritu que la razonabilidad sea del todo clara.
17. De todos modos, ¿supondrá algún hombre sensato que hubo un primer día, y un segundo, y un tercero, tarde y mañana, sin sol, ni luna, ni estrellas? ¿y el primero, por así decir, incluso sin un cielo? ¿Y quién es tan necio como para imaginar que Dios, como un labrador, plantó un huerto en Edén al oriente, y puso en él un árbol de la vida, que podía verse y tocarse, de modo que quien gustara del fruto con sus dientes corporales recibía el don de la vida, y además que cualquiera que mascara el fruto de este árbol participaba del bien y del mal? Y si también se dice que Dios paseaba por el huerto al atardecer, y que Adán se escondió bajo el árbol, no supongo que nadie dude de que estos pasajes, mediante una historia aparente, aunque los hechos nunca ocurrieron, revelan figurativamente ciertos misterios. Además, la salida de Caín de la presencia de Dios, si prestamos atención, es un estímulo claro para indagar qué se entiende por "la presencia de Dios" y por el "salir de ella" de un hombre. ¿Para qué decir más? Quienes no están del todo ciegos pueden recoger innumerables ejemplos semejantes de cosas registradas como hechos reales, aunque no literalmente verdaderas. Más aún, los Evangelios abundan en incidentes de la misma clase. Leemos que el Diablo llevó a Jesús a un monte elevado, para mostrarle desde allí los reinos de todo el mundo y su gloria. ¿Quién, salvo un lector descuidado de estas cosas, no condenaría la suposición de que con el ojo corporal, que requería una altura elevada para que se vieran las partes de abajo al pie, Jesús contempló los reinos de Persia, Escitia, India y Partia, y la gloria de sus gobernantes entre los hombres? Y, de manera semejante, el estudiante cuidadoso puede observar otros innumerables casos en los Evangelios, y quedar así convencido de que, junto con los acontecimientos históricos literales verdaderos, se entretejen otros distintos que nunca ocurrieron.
18. Y si llegamos también al código mosaico, muchas de las leyes, en cuanto a su mera observancia literal, parecen irrazonables, y otras imposibles. La prohibición de los milanos, por ejemplo, como alimento es irrazonable, pues nadie, ni en las hambrunas más terribles, se vería llevado a comer esta criatura. Se ordena que los niños de ocho días, si no son circuncidados, sean cortados de su pueblo. Si fuera indispensable una disposición expresa respecto de esos niños, se debería ordenar dar muerte a sus padres; en cambio, la Escritura dice: "Todo varón incircunciso, que no sea circuncidado al octavo día, será cortado de su pueblo". Si deseáis ver algunas disposiciones imposibles, consideremos que el tragélafo es una criatura fabulosa. Y, sin embargo, Moisés nos manda ofrecerlo como animal limpio; por otra parte, no hay caso de que el grifo haya sido domesticado por el hombre, pero el legislador, no obstante, prohíbe que se lo coma. Si examinamos de cerca la famosa ordenanza del sábado: "Estaréis sentados cada uno en su casa; que nadie salga de su lugar en el séptimo día", veremos que no puede guardarse literalmente; pues ninguna criatura viviente puede estar sentada todo el día sin moverse de su asiento. Y por eso, en algunos casos, los de la Circuncisión, y cuantos no desean más luz que la de la mera letra, no van a la raíz de las cosas y, por ejemplo, buscan el sentido de lo que se dice sobre el tragélafo, el grifo y el milano; mientras que en otros casos sofísticamente juegan con las palabras, y te confrontan con tradiciones frías; en cuanto al sábado, por ejemplo, sostienen que el "lugar" de cada hombre es de 2000 codos. Otros, entre ellos Dositeo el Samaritano, condenando tal interpretación, piensan que la persona ha de permanecer hasta la tarde en la postura en que fue hallada en el día de sábado. Ni tampoco puede observarse el mandato de no llevar carga alguna en sábado; y los maestros judíos, en consecuencia, han llegado a extremos muy grandes, pretendiendo que una sandalia de una clase es una "carga", pero no una sandalia de otra clase, estando la una claveteada y la otra sin clavos; y, del mismo modo, lo que se lleva sobre un hombro es una "carga", pero de ningún modo lo que se lleva sobre ambos.
I, 19–22
19. Si investigamos de modo semejante los Evangelios, ¿qué podría ser más irrazonable que el mandato que los lectores simples piensan que el Salvador dio a sus Apóstoles: "No saludéis a nadie en el camino"? Asimismo, lo que se dice de la bofetada en la mejilla derecha es increíble; pues cuando un hombre golpea, si actúa naturalmente, golpea la mejilla izquierda con su mano derecha. Y no podemos tomar literalmente el pasaje del Evangelio en el que se dice que el ojo derecho hace tropezar a uno. Pues aun concediendo la posibilidad de que la vista haga tropezar a alguien, ¿por qué, cuando ven los dos ojos, deberíamos echar la culpa al ojo derecho? ¿Acaso un hombre, cuando se condena a sí mismo por mirar a una mujer para codiciarla, echaría la culpa solo al ojo derecho y se lo arrancaría? Además, el Apóstol establece la ley así: "¿Fue llamado alguno estando circuncidado? No se haga incircunciso". Cualquiera puede ver que el Apóstol tiene en vista algo distinto del contexto literal; pues, en primer lugar, tal inserción, cuando da preceptos acerca del matrimonio y la pureza, ha de parecer sin sentido. Y, en segundo lugar, ¿quién dirá que, para escapar de la deshonra vinculada mayormente con la circuncisión, un hombre hace mal al esforzarse, si puede, por volverse incircunciso?
20. Hemos dicho todo esto para mostrar que el fin del poder divino que nos da las sagradas Escrituras no es seleccionar solo lo que se presenta en sentido literal, pues a veces las cosas seleccionadas, tomadas literalmente, no son verdaderas, sino incluso irrazonables e imposibles; y además, que ciertas cosas están entretejidas en la trama de la historia real y de la Ley, la cual en su sentido literal tiene sus usos. Pero para que nadie nos suponga haciendo una afirmación general y sosteniendo que ninguna historia es real, porque parte de ella es irreal; y que ninguna parte de la Ley debe observarse literalmente, porque una disposición particular, en su redacción, resulte irrazonable o imposible; o que lo que se registra del Salvador es verdadero solo en sentido espiritual; o que no hemos de guardar ley ni mandamiento alguno suyo: para no incurrir en tal imputación, debemos añadir que estamos absolutamente convencidos de la verdad histórica de ciertos pasajes; por ejemplo, que Abraham fue sepultado en la cueva doble de Hebrón, como también Isaac y Jacob, y una esposa de cada uno de estos; y que Siquem fue dada a José por su porción, y que Jerusalén es la capital de Judea, donde el templo de Dios fue edificado por Salomón, y otras innumerables afirmaciones. Pues las cosas que son históricamente verdaderas son muchas más que aquellas relacionadas con ellas que contienen meramente un sentido espiritual. Asimismo, tomad el mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre, para que te vaya bien". ¿Acaso no admitiría cualquiera su utilidad aparte de toda interpretación anagógica, y apoyaría su observancia, viendo que incluso el apóstol Pablo usa las palabras expresas? ¿Y qué diremos de los mandatos: "No matarás", "No cometerás adulterio", "No hurtarás", "No darás falso testimonio"? Además, hay mandatos en el Evangelio acerca de los cuales no hay duda de si han de observarse literalmente o no; por ejemplo, el que dice: "Pero yo os digo que todo aquel que se enoje contra su hermano", y así sucesivamente; y: "Pero yo os digo: No juréis en absoluto". Y debemos atenernos a la letra de las palabras del Apóstol: "Amonestad a los desordenados, alentad a los desalentados, sostened a los débiles, sed pacientes para con todos"; aunque entre los estudiantes más fervientes es posible atesorar todo detalle como la sabiduría profunda de Dios, sin rechazar el sentido literal del mandamiento.
21. Sin embargo, hay lugares donde el lector cuidadoso estará perplejo, porque no puede sin mucho trabajo decidir si trata con historia en el sentido ordinario o no, y si un mandamiento dado debe observarse literalmente o no. El lector, por tanto, debe, siguiendo la exhortación del Salvador a escudriñar las Escrituras, examinar cuidadosamente dónde el sentido literal es verdadero y dónde no puede serlo de ningún modo; y debe, en la medida de su capacidad, comparando pasajes paralelos esparcidos por las Escrituras, rastrear el sentido predominante de lo literalmente imposible. Puesto que, entonces, como resultará claro a los lectores, la conexión literal es imposible, mientras que la conexión principal no es imposible sino incluso verdadera, debemos esforzarnos por captar el sentido general que enlaza de modo inteligible las cosas literalmente imposibles con cosas tales que no solo no son imposibles, sino que son históricamente verdaderas, y capaces de interpretación alegórica, no menos que aquellas que nunca ocurrieron literalmente. Pues, respecto de toda la Escritura divina, sostenemos que toda porción tiene el sentido espiritual, pero no toda porción el "corporal"; pues el sentido "corporal" a menudo se demuestra imposible. El lector cauto debe, por tanto, tener muy presente con gran cuidado que los libros divinos son escritos divinos, y que parece haber una manera peculiar de entenderlos, que describiré ahora.
22. Las palabras inspiradas relatan que Dios escogió a cierta nación sobre la tierra, a la cual llaman con varios nombres. Toda la nación se llama Israel, y también Jacob. Pero tras la división en tiempo de Jeroboam hijo de Nabat, las diez tribus bajo él fueron llamadas Israel, y las otras dos con la tribu de Leví, gobernadas por reyes del linaje de David, fueron conocidas como Judá. Y todo el país habitado por la nación, y dado a ellos por Dios, se llama Judea; y de esta, Jerusalén era la metrópolis, o ciudad madre, es decir, de numerosas ciudades, cuyos nombres, dispersos en muchas partes de la Escritura, están incluidos en una sola lista en el Libro de Josué, hijo de Nun. Siendo esto así, el Apóstol, elevando nuestros pensamientos más alto, dice en alguna parte: "Mirad a Israel según la carne", dando a entender que hay un Israel según el Espíritu. Y en otro lugar dice: "No son los hijos de la carne los que son hijos de Dios; ni todos los que son de Israel son Israel. Ni es judío el que lo es exteriormente; ni es circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, en el espíritu, no en la letra". Pues si el juicio del judío depende del estado interior, debemos entender que, así como hay una raza corporal de judíos, hay una raza de los que son judíos interiormente, y que hay razones secretas por las que las almas poseen este noble linaje. Hay, además, muchas profecías acerca de Israel y Judá que relatan las cosas que les sucederían. Ahora bien, pregunto: ¿acaso tales grandes profecías escritas en su favor, dado que en sentido literal son triviales y no exhiben nada de la alta dignidad de una promesa hecha por Dios, no requieren una interpretación mística? Y si las promesas son espirituales, aunque expresadas por medio de cosas sensibles, también aquellos a quienes se dan las promesas no son "corporales".
I, 23–27
23. Y, para no gastar más tiempo en el argumento acerca del judío que lo es interiormente y del israelita en el hombre interior, habiendo dicho ya bastante para todos salvo para lectores no inteligentes, volvemos a nuestro tema y decimos que Jacob fue padre de los doce patriarcas, ellos progenitores de los príncipes del pueblo, y estos, a su vez, antepasados del resto de Israel. Así, pues, los israelitas "corporales" se remontan hasta los príncipes del pueblo, y los príncipes hasta los patriarcas, y los patriarcas hasta Jacob y aun más atrás; pero en cuanto a los israelitas espirituales, de quienes los "corporales" eran el tipo, ¿no descienden de las "centenas", las "centenas" de las tribus, y las tribus de un solo hombre que no tenía tal descendencia "corporal", sino la mejor, naciendo él también de Isaac, y este de Abraham, remontándose todos hasta Adán, quien, como dice el Apóstol, es Cristo? Pues todas las familias, en su relación con el Dios sobre todos, tuvieron su comienzo más abajo en Cristo, quien, siendo el más próximo al Dios y Padre de todos, es así Padre de toda alma, como Adán es padre de todos los hombres. Y si Eva ha sido hecha por Pablo para representar a la Iglesia, no es maravilla que Caín, que nació de Eva, y todos los que después de él trazan su descendencia de Eva, sean tipos de la Iglesia, en cuanto que en un sentido especial brotaron de la Iglesia.
24. Si nos impresiona lo dicho acerca de Israel, las tribus y las centenas, cuando el Salvador nos dice que no fue enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel, no tomamos las palabras en el mismo sentido que los ebionitas con su pobreza de entendimiento (su pobreza de intelecto les da su nombre, pues "Ebión" es el hebreo para "pobre"), y no suponemos que Cristo vino principalmente a Israel según la carne; pues "no son los hijos de la carne los que son hijos de Dios". Además, el Apóstol da enseñanza semejante acerca de Jerusalén cuando nos dice que "la Jerusalén de arriba es libre, la cual es nuestra madre". Y en otra epístola dice: "Pero os habéis acercado al monte Sion, y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a innumerables huestes de ángeles, a la asamblea general e iglesia de los primogénitos inscritos en los cielos". Si, pues, Israel es una raza de almas, y hay una ciudad, Jerusalén en el cielo, se sigue que las ciudades de Israel y, por consiguiente, toda Judea, tienen por metrópolis la Jerusalén celestial. De acuerdo con esto, todo lo que se predice o dice respecto de Jerusalén, si escuchamos a Dios como Dios, y le oímos hablando desde las profundidades de su sabiduría, debemos entender que las Escrituras se refieren a la ciudad celestial y a toda la región que contiene las ciudades de la tierra santa. Puede ser que estas sean las ciudades a las que el Salvador nos conduce cuando da el mandato de diez o cinco ciudades a los que manejaron satisfactoriamente las minas.
25. Si, pues, las profecías respecto de Judea y Jerusalén, e Israel y Judá y Jacob, en cuanto que no las tomamos en sentido carnal, sugieren misterios como los anteriores, se sigue que las profecías acerca de Egipto y los egipcios, Babilonia y los babilonios, Tiro y los tirios, Sidón y los sidonios, o de cualesquiera otras naciones, no son profecías meramente de los egipcios, babilonios, tirios y sidonios corporales. Porque si hay israelitas "espirituales", se sigue que hay egipcios y babilonios "espirituales". Lo que dice el profeta Ezequiel no puede en absoluto aplicarse a Faraón, rey de Egipto, un gobernante humano pasado o futuro del país, como resultará evidente a los observadores atentos. Del mismo modo, lo que se dice del gobernante de Tiro no puede entenderse de algún gobernante humano futuro de Tiro. Y en cuanto a los muchos pasajes relativos a Nabucodonosor, particularmente en Isaías, ¿cómo podemos tomarlos posiblemente referidos al hombre de ese nombre? Porque el hombre Nabucodonosor no cayó del cielo, ni era Lucifer, ni se levantó temprano sobre la tierra. Y las palabras de Ezequiel acerca de Egipto, en el sentido de que quedaría desolado durante cuarenta años, de modo que no se hallara allí pie de hombre, y que se libraría guerra tan encarnizada en algún momento u otro que por toda la tierra la sangre llegara hasta las rodillas, ¿qué persona sensata las entenderá del Egipto que limita con los etíopes de cuerpos tostados por el sol?
Quizá, así como quienes dejan la tierra al morir la muerte común a todos los hombres son tratados de tal manera que, según las obras hechas en el cuerpo, si son juzgados dignos del lugar llamado Hades, se les asignan lugares diferentes en proporción a sus pecados: así quienes, por así decirlo, mueren allí, descienden a este Hades terrenal, siendo juzgados dignos de las diferentes moradas, mejores o peores, por todo el mundo, y de tener padres de distintas nacionalidades; de modo que un israelita tal vez caiga entre escitas, y un egipcio descienda a Judea. Pero el Salvador vino a reunir a las ovejas perdidas de la casa de Israel; y como muchos de Israel no se sometieron a su enseñanza, también los gentiles están siendo llamados.
Estos misterios están, según pensamos, ocultos en las historias. Porque "el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, el cual un hombre halló y escondió; y gozoso por ello, va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo". Consideremos, pues, si lo evidente en la Escritura, su sentido superficial y fácil, no es semejante a un campo cubierto de toda suerte de plantas; mientras que las cosas secretas, no vistas por todos, sino como sepultadas bajo las cosas que se ven, son los tesoros escondidos de la sabiduría y del conocimiento: los cuales el Espíritu por boca de Isaías llama "oscuros", "invisibles", "ocultos". Han de ser hallados, aunque sólo Dios puede quebrar las puertas de bronce que los ocultan, y destrozar las barras de hierro sobre las puertas; de modo que todas las declaraciones del Génesis acerca de las diferentes variedades reales de almas, y, por así decirlo, semillas de almas, más o menos alejadas de Israel, puedan descubrirse; como también lo que se significa con las setenta almas que descendieron a Egipto, para que allí se hicieran como las estrellas del cielo en multitud. Pero puesto que no todos sus descendientes son la luz del mundo, pues "no todos los que son de Israel son Israel", los setenta llegan a ser incluso como la arena a la orilla del mar, que no se puede contar.
De la Homilía 39 sobre Jeremías.
I, 28–30
Y así como todos los dones de Dios son enormemente mayores que la sustancia mortal, así también la verdadera palabra de sabiduría acerca de todas estas cosas, estando con Dios que hizo que todas estas cosas se escribieran, porque el Padre del Verbo así lo quiso, se hallaría en el alma que con toda diligencia y con pleno consentimiento ha sido completamente purificada de la debilidad humana en la aprehensión de esa sabiduría. Pero si un hombre entra precipitadamente en el asunto, y no conoce el misterio de la sabiduría de Dios y del Verbo que estaba en el principio con Dios y era Dios mismo, y que si hemos de buscar y hallar estas cosas debemos seguir las instrucciones del Verbo que era también Dios, y conformarnos a su sabiduría, forzosamente caerá en fábulas y vanos caprichos e invenciones propias, pues se expone al peligro por su impiedad. Debemos, pues, recordar la admonición del Eclesiastés a tales lectores: "No se apresure tu corazón a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras." Y es conveniente creer que ni una sola tilde de las sagradas Escrituras carece de algo de la sabiduría de Dios; pues Aquel que a mí, simple hombre, me dio el mandamiento: "No te presentarás delante de mí con las manos vacías", ¡cuánto más no dirá nada "vacío"! Cuando los Profetas hablan, es después de recibir de su plenitud; y así todo respira lo que procede de su plenitud; y no hay nada en la Profecía, ni en la Ley, ni en el Evangelio, ni en el Apóstol, que no sea de su plenitud. Y precisamente porque es de su plenitud, respira su plenitud a los que tienen ojos para ver las cosas de esa plenitud, y oídos para oír las cosas de esa plenitud, y una facultad para percibir el dulce aroma de las cosas de esa plenitud. Pero si al leer la Escritura tropezaras alguna vez con un sentido que es piedra de tropiezo y roca de escándalo, cúlpate a ti mismo. No desesperes de hallar sentidos en la piedra de tropiezo y roca de escándalo, para que se cumpla el dicho: "El que cree no se avergonzará." Cree primero, y hallarás debajo de lo que se tiene por tropiezo mucha ganancia en piedad.
Del Comentario al Salmo 50, en el tratamiento alegórico de la primera parte de la historia de Urías.
Si el tratamiento en parte alegórico de la historia parece a alguno forzado, y por tanto no capaz de resolver las dificultades, evidentemente hemos hablado en vano, y debemos buscar alguna otra interpretación adecuada; a menos que, acaso, algún lector con mayor trabajo pueda descubrir una manera de ponerlo todo en orden, explicando tanto el asesinato del hombre como su evidente bondad, puesto que no quiso ir a su casa a descansar cuando el pueblo estaba acampado y luchando contra el enemigo. Pero no sé cómo quienes rehúyen la interpretación alegórica, y piensan que la narración fue escrita por sí misma, se reconciliarán con la voluntad del Espíritu Santo, que consideró dignas de registro tales cosas que justifican la acusación no sólo de libertinaje, sino también de salvajismo e inhumanidad contra David; pues se atrevió a cometer contra Urías un crimen que sería extraordinario incluso en el caso de un hombre de moral media. Diría, sin embargo, que así como los juicios de Dios son grandes e inefables, y parecen ser causa del error de las almas no instruidas, así también sus Escrituras son grandes y llenas de sentidos secretos, espirituales y difíciles de entender. También ellas son inefables, y parecen causar que las almas no instruidas de los herejes yerren al acusar inconsiderada y precipitadamente a Dios a causa de las Escrituras que no entienden, y al caer por ello en el error de inventar otro Dios. El camino seguro es aguardar la interpretación de un expositor del Verbo, y de la sabiduría escondida en un misterio, la cual ninguno de los príncipes de este mundo conoce, según la revelación del misterio que se ha mantenido en silencio por tiempos eternos, pero que ahora se ha manifestado a los Apóstoles y a los semejantes a ellos, tanto por los escritos de los Profetas como por la aparición a ellos de nuestro Salvador el Verbo, que en el principio estaba con Dios.
De la Homilía 5 sobre Levítico, cerca del comienzo.
No percibiendo la diferencia entre el judaísmo visible y el espiritual, esto es, entre el judaísmo exterior y el judaísmo interior, las herejías impías y sin Dios abandonaron el judaísmo y al Dios que nos dio las Escrituras y toda la Ley, e inventaron un dios diferente aparte de Aquel que dio la Ley y los Profetas, aparte del Hacedor del cielo y de la tierra. Sin embargo, no es así; pues el que dio la Ley también dio el Evangelio, el que hizo las cosas visibles también hizo las invisibles. Y las cosas visibles son afines a las invisibles; tan afines que las cosas invisibles de Dios desde la creación del mundo se ven claramente, siendo percibidas por medio de las cosas hechas. Las cosas de la Ley y de los Profetas que se ven son afines a las cosas de la Ley y de los Profetas que no se ven, sino que se entienden. Viendo, pues, que la Escritura misma consta, por así decirlo, de un cuerpo que se ve, y de un alma en él aprehendida por la razón, y de un espíritu, aquel que corresponde a las copias y sombra de las cosas celestiales, invoquemos a Aquel que creó la Escritura con cuerpo, alma y espíritu: el cuerpo para los que nos precedieron, el alma para nosotros, y el espíritu para los que en la edad venidera heredarán la vida eterna y están destinados a alcanzar las cosas celestiales y arquetípicas contenidas en la Ley; y luego busquemos, no la letra, sino el alma de lo que estamos considerando. Entonces, si podemos, ascenderemos también al espíritu, correspondiente a los principios implicados en los sacrificios de los que leemos.