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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minIntroducción a El Pedagogo de Clemente de Alejandría
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minPaideía cristiana versus paideía helenística
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minLa moral racional clementina: síntesis de Escritura y filosofía
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minLa economía divina de salvación progresiva
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minEl orden divino en la creación y en la redención
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 12 minCristo: el guía infalible en la oscuridad de la vida
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 5: Todos los que residen en la verdad son niños ante Dios
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 5: Todos los que residen en la verdad son niños ante Dios
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6: La perfección en el bautismo y la condición de "niños" en Cristo
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLa iluminación del alma bautizada
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minLa catequesis conduce a la fe bautismal
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minDe la esclavitud de la Ley a la filiación en Cristo
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como alegoría del Logos-Pastor
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como don de Dios
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como símbolo del Logos
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 6 minRegeneración espiritual y alimentación del Logos
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 7: Jesús, el Pedagogo de la humanidad
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minLa pedagogía del temor y la pedagogía del amor
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 8. Contra quienes estiman que el justo no es bueno
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 11 minEl temor como instrumento pedagógico
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 9. El método pedagógico del Logos: al mismo poder pertenece hacer el bien y castigar justamente
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minLa reprobación y otras formas pedagógicas
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minLa humanidad necesitada del Salvador
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCapítulo 10. El mismo Dios, por mediación del mismo Logos, aparta a la humanidad de los pecados con amenazas y la salva exhortándola
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minContra los que niegan la Providencia activa de Dios
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minDe Moisés a Cristo: la continuidad pedagógica del Logos
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minEl ideal de vida simple y confiada en la Providencia
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minPecar es bestializarse: perder la imagen divina
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minPedagogo: Libro II
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minEl verdadero ágape frente a los banquetes mundanos
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 9 minLa templanza como virtud central
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minModales en la mesa
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 5 minEjemplos apostólicos de sobriedad
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 2: Cómo debe usarse la bebida
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 6 minEfectos benéficos y peligrosos del vino
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minAdvertencias proféticas
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minDecoro en el beber
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 3: Que no hay que buscar la suntuosidad en las posesiones
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 4: Cómo debemos recrearnos en los banquetes
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 4: Cómo debemos recrearnos en los banquetes
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 5: Sobre la risa
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 9: ¿Cómo comportarse en el sueño?
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 10 minCapítulo 10: Sobre la procreación
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 10: Sobre la procreación
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 10 bis: Sobre el lujo en el vestido
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 10 bis: Sobre el lujo en el vestido
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 11: Sobre el calzado
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 12: Que no debemos dejarnos fascinar por las piedras ni los adornos de oro
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12: Que no debemos dejarnos fascinar por las piedras ni los adornos de oro
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 8 minPedagogo: Libro III
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 12 minCapítulo 2: Que no debemos embellecernos artificialmente
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 2: Que no debemos embellecernos artificialmente
  53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 3: Contra los hombres que se embellecen
  54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 3: Contra los hombres que se embellecen
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 3: Contra los hombres que se embellecen
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 4: Con quiénes debemos convivir
  57. Sesión 57 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 5: Cómo debe uno comportarse en los baños
  58. Sesión 58 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 6: Solo el cristiano es verdaderamente rico
  59. Sesión 59 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 7: La frugalidad es buen equipaje para el cristiano
  60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 9: Por qué debe tomarse el baño
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 10: También deben aprobarse los ejercicios gimnásticos para quienes viven según el Logos
  62. Sesión 62 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
  63. Sesión 63 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
  64. Sesión 64 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
  65. Sesión 65 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo 12: Descripción sumaria semejante de la vida mejor, con todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que caracterizan la vida de los cristianos
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 12: Descripción sumaria semejante de la vida mejor, con todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que caracterizan la vida de los cristianos
  68. Sesión 68 · Parte 12 · ≈ 6 minRecepción patrística y legado teológico del Pedagogo
  69. Sesión 69 · Parte 12 · ≈ 6 minAgustín y la tradición occidental: convergencias y divergencias
  70. Sesión 70 · Parte 12 · ≈ 6 minLa Ilustración y la crítica moderna
  71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 3 minValoración de conjunto: un clásico permanentemente relevante

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    TEXTOS — CLEMENTE DE ALEJANDRÍA

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    El Pedagogo

    c. 195 · Logos educador36 minPosición: 0% de esta parteParte 11 de 12 · Capítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejorPublicado el Actualizado el Ref. ESC-PED-01

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minIntroducción a El Pedagogo de Clemente de Alejandría
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minPaideía cristiana versus paideía helenística
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minLa moral racional clementina: síntesis de Escritura y filosofía
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minLa economía divina de salvación progresiva
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minEl orden divino en la creación y en la redención
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 12 minCristo: el guía infalible en la oscuridad de la vida
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 5: Todos los que residen en la verdad son niños ante Dios
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    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6: La perfección en el bautismo y la condición de "niños" en Cristo
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLa iluminación del alma bautizada
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minLa catequesis conduce a la fe bautismal
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minDe la esclavitud de la Ley a la filiación en Cristo
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como alegoría del Logos-Pastor
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como don de Dios
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como símbolo del Logos
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 6 minRegeneración espiritual y alimentación del Logos
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 7: Jesús, el Pedagogo de la humanidad
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minLa pedagogía del temor y la pedagogía del amor
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 8. Contra quienes estiman que el justo no es bueno
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 11 minEl temor como instrumento pedagógico
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 9. El método pedagógico del Logos: al mismo poder pertenece hacer el bien y castigar justamente
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minLa reprobación y otras formas pedagógicas
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minLa humanidad necesitada del Salvador
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCapítulo 10. El mismo Dios, por mediación del mismo Logos, aparta a la humanidad de los pecados con amenazas y la salva exhortándola
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minContra los que niegan la Providencia activa de Dios
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minDe Moisés a Cristo: la continuidad pedagógica del Logos
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minEl ideal de vida simple y confiada en la Providencia
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minPecar es bestializarse: perder la imagen divina
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minPedagogo: Libro II
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minEl verdadero ágape frente a los banquetes mundanos
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 9 minLa templanza como virtud central
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minModales en la mesa
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 5 minEjemplos apostólicos de sobriedad
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 2: Cómo debe usarse la bebida
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 6 minEfectos benéficos y peligrosos del vino
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minAdvertencias proféticas
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minDecoro en el beber
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 3: Que no hay que buscar la suntuosidad en las posesiones
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 4: Cómo debemos recrearnos en los banquetes
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 4: Cómo debemos recrearnos en los banquetes
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 5: Sobre la risa
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 9: ¿Cómo comportarse en el sueño?
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 10 minCapítulo 10: Sobre la procreación
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 10: Sobre la procreación
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 10 bis: Sobre el lujo en el vestido
    46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 10 bis: Sobre el lujo en el vestido
    47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 11: Sobre el calzado
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 12: Que no debemos dejarnos fascinar por las piedras ni los adornos de oro
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12: Que no debemos dejarnos fascinar por las piedras ni los adornos de oro
    50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 8 minPedagogo: Libro III
    51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 12 minCapítulo 2: Que no debemos embellecernos artificialmente
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    59. Sesión 59 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 7: La frugalidad es buen equipaje para el cristiano
    60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 9: Por qué debe tomarse el baño
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 10: También deben aprobarse los ejercicios gimnásticos para quienes viven según el Logos
    62. Sesión 62 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
    63. Sesión 63 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
    64. Sesión 64 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
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    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 12: Descripción sumaria semejante de la vida mejor, con todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que caracterizan la vida de los cristianos
    68. Sesión 68 · Parte 12 · ≈ 6 minRecepción patrística y legado teológico del Pedagogo
    69. Sesión 69 · Parte 12 · ≈ 6 minAgustín y la tradición occidental: convergencias y divergencias
    70. Sesión 70 · Parte 12 · ≈ 6 minLa Ilustración y la crítica moderna
    71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 3 minValoración de conjunto: un clásico permanentemente relevante

    Capítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor

    III, 11

    Por esta razón no es necesario prohibir completamente el uso del oro o de vestidos más delicados, sino más bien frenar los impulsos irracionales, para que no nos arrastren hacia una vida de molicie llevándonos con un desenfreno excesivo. Pues el lujo, cuando se precipita hacia la saturación, es temible: sacude y derriba al auriga, al pedagogo que, desde lejos, tirando de las riendas, conduce y lleva a la salvación al caballo humano —es decir, la parte irracional del alma que se agita en torno a los placeres, a los deseos censurables, a las piedras preciosas, al oro, a los vestidos multicolores y a todo el resto de la ostentación— cuando se torna salvaje. Tengamos presente sobre todo aquello que fue dicho santamente: «Que vuestra conducta entre los gentiles sea buena, a fin de que, a pesar de aquello en que os calumnian como malhechores, al observar vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios.»
    El Pedagogo nos permite, pues, usar vestidos sencillos, de color blanco como ya hemos dicho, a fin de que, familiarizándonos no con el arte multicolor sino con lo que nace de la naturaleza, rechazando todo lo engañoso y contrario a la verdad, abracemos lo único y uniforme de la verdad. Sófocles, censurando a un joven de vida muelle, dice: "Te distingues por tus ropas imitadoras de mujeres". Porque así como hay un atuendo propio del soldado, del marinero y del gobernante, así también hay una vestimenta apropiada para el hombre prudente: la que es libre de artificio, decorosa y limpia.
    Por esto también la ley establecida por Moisés acerca de la lepra rechaza lo multicolor y moteado como si no fuera santo, por su semejanza con las escamas variopintas de la serpiente. Pues bien, considera puro al que ya no está adornado con variedad de colores, sino que se ha blanqueado completamente de pies a cabeza, de principio a fin, para que mediante esta transición desde el cuerpo abandonemos la pasión multicolor y astuta de la mente y amemos el color simple, sin variaciones ni vacilaciones, de la verdad. Y Platón, ese imitador de Moisés en todo, aprueba aquel tejido al que no se ha añadido más labor que la de una mujer prudente; y dice que los colores blancos serían apropiados para la dignidad, tanto en otros contextos como en los tejidos, pero que no deben aplicarse tintes excepto para los adornos de guerra. Por tanto, el blanco es apropiado para gente pacífica y luminosa.
    Así como los signos que están más cerca de las causas, al estar presentes, manifiestan —o más bien revelan— la existencia de lo que los produce (como el humo revela el fuego, y el buen color junto con el pulso regular revelan la salud), así también entre nosotros tal tipo de vestimenta indica el estado del carácter. La sophrosyne es pura y sencilla, ya que la pureza es un hábito que procura una vida limpia y sin mezcla de cosas vergonzosas, y la sencillez es un hábito que elimina lo superfluo. El vestido resistente, especialmente el que no ha sido abatanado, retiene el calor del cuerpo, no porque el vestido tenga en sí mismo el calor, sino porque hace volver el calor que sale del cuerpo y no le proporciona salida; y si algo de calor entrara desde fuera, lo atrapa y lo retiene en sí mismo, y calentado por él, a su vez calienta el cuerpo; por eso debe usarse especialmente en invierno. Y este tipo de vestido es simple. La simplicidad es un hábito libre de lo superfluo que acepta lo que basta para alcanzar una vida conforme a la razón, saludable y bienaventurada, sin que nada falte.
    Que también la mujer use vestidos sencillos y respetables, aunque más delicados de lo que conviene al varón, pero sin ser completamente impúdicos ni que destilen molicie. Que los vestidos sean apropiados a la edad, al rostro, a los lugares, a la naturaleza, a las ocupaciones. Pues el divino apóstol nos aconseja hermosamente revestirnos de Cristo Jesús, y no hacer provisión para la carne en orden a satisfacer los deseos.
    El Logos prohíbe a quienes violentan la naturaleza perforar los lóbulos de las orejas. ¿Por qué no también la nariz? Para que se cumpla aquello que fue dicho: «como anillo de oro en hocico de puerco, así es la belleza de la 4mujer perversa». Porque en general, si alguien piensa que se adorna con oro, es inferior al oro; y quien es inferior al oro no es dueño de sí mismo. ¿Cómo no sería absolutamente absurdo confesarse a sí mismo más desordenado e inferior que las pepitas de Lidia? Así como el oro se contamina con la inmundicia del cerdo cuando este revuelve con su hocico el fango, así también las mujeres excesivamente sensuales, ensoberbecidas por la abundancia, insultan la verdadera belleza al profanarla con las manchas de los placeres eróticos.
    Les permite, pues, llevar un anillo de oro, pero ni siquiera este como adorno, sino para sellar las cosas de la casa que merecen custodia por el cuidado del gobierno doméstico. Porque si todos estuvieran educados por el pedagogo, no habría necesidad de sellos, siendo justos por igual tanto los sirvientes como los amos; pero como la falta de educación da gran impulso hacia la injusticia, necesitamos sellos. Mas hay momento de suavizar el tono. A veces debe perdonarse a las mujeres que no tienen la fortuna de un matrimonio prudente cuando se adornan para agradar a su marido. Que se les establezca como límite el deseo de honra solamente ante sus propios maridos. Yo ciertamente no querría que cultivaran la belleza corporal, sino que atrajera a sus maridos con un amor conyugal prudente, remedio poderoso y justo; sin embargo, puesto que desean la desdicha del alma, que se les proponga —si en verdad quieren ser prudentes— calmar suavemente los impulsos irracionales y los deseos de los varones. Y deben conducirlos tranquilamente hacia la simplicidad mediante una habituación gradual a lo más prudente. Porque la condición digna no se obtiene añadiendo lo pesado, sino eliminando lo superfluo.
    Así pues, deben cortarse de las mujeres, como si fueran veloces alas, las riquezas sensuales que engendran vanidades inestables y placeres vanos, por los cuales, ensoberbecidas y emplumadas, muchas veces se alejan volando del matrimonio. Por eso es necesario recoger a las mujeres de manera ordenada y ceñirlas con un pudor prudente, para que no se deslicen de la verdad por la vanidad. Es hermoso, ciertamente, que los maridos, confiando en sus esposas, les encomienden la administración del hogar como ayudantes dadas para este propósito. Pero si acaso también nosotros, dedicados a la vida pública y administrando ciertos negocios rurales, y muchas veces estando sin las mujeres, necesitáramos sellar algo por seguridad, se nos permite también a nosotros para este único fin un sello; pero deben desecharse los demás anillos, ya que, según la Escritura, "ornamento de oro es la educación para el prudente". Me parece que las mujeres que llevan oro temen que, si alguien les quitara sus joyas de oro, sean consideradas esclavas por no estar adornadas. Pero la nobleza auténtica de la verdad, examinada en lo naturalmente bello según el alma, distingue al esclavo no por la compra y la venta, sino por la mentalidad servil. Mas a nosotros nos conviene no parecer libres, sino ser libres, los que somos educados por Dios e hijos adoptivos de Dios.
    Por eso también la postura, el movimiento, la marcha, el vestido y, en una palabra, toda la vida debe elevarse al máximo hacia la libertad. Pero el anillo no debe llevarlo el varón en la articulación —pues esto es femenino—, sino en el dedo meñique, y en su extremo; pues así la mano será útil para las acciones en que la necesitamos, y el sello no se caerá fácilmente al estar protegido por la mayor unión de la articulación. Que nuestros sellos sean una paloma, o un pez, o una nave impulsada por viento favorable, o una lira musical como la que usó Polícrates, o un ancla de navegante como la que Seleuco grababa en su anillo; y si uno es pescador, recordará al apóstol y a los niños sacados del agua. Porque no deben grabarse rostros de ídolos, a los cuales está prohibido prestar atención, ni tampoco espada o arco para los que persiguen la paz, ni copas para los que practican la sophrosyne. Pero muchos licenciosos tienen grabados a sus amantes o a las heteras, de modo que, ni siquiera queriendo, pueden llegar a olvidar alguna vez las pasiones eróticas por el recuerdo continuo del desenfreno.
    Respecto al cabello, opino lo siguiente: que la cabeza de los varones esté rapada, a menos que tenga cabellos rizados; que la barba sea espesa. Que los cabellos recogidos desde la cabeza no caigan en exceso deslizándose en rizos femeninos, pues basta a los varones tener una hermosa barba. Y si alguien se recorta algo de la barba, no debe rasurarla completamente, pues es un espectáculo vergonzoso y está condenado el corte de la barba a ras de la piel, que se acerca al depilado y al alisado. El salmista, deleitándose con la espesura de la barba, exclama que el ungüento es «cual ungüento que desciende por la barba, la barba de Aarón»; celebrando con la repetición de "barba" la excelencia del rostro, lo llenó de luz con el ungüento del Señor.
    Puesto que el corte no debe hacerse por embellecimiento sino por necesidad, los cabellos de la cabeza deben cortarse para que, al crecer, no caigan sobre los ojos impidiendo la vista, y quizás también los del bigote que se ensucian con la comida; debe recortarse, no con navaja —pues eso es innoble—, sino con las dos tijeras de barbero. Pero los de la barba, que no causan molestia alguna, no deben tocarse, pues producen dignidad en el rostro y son generadores de respeto. Pues a muchos también la apariencia los educa a no pecar por ser fácilmente reconocibles; mas para los que no quieren pecar abiertamente, lo oculto de la apariencia y el no ser conspicuo resulta sumamente agradable, bajo lo cual, ocultándose, disfrutan impunemente del pecado al hacerse semejantes a la mayoría, por poder errar en la ignorancia.
    Así pues, no solo la calvicie muestra al varón austero, sino que también hace insensible al dolor el cráneo al acostumbrarlo tanto al frío como al calor, y rechaza los daños que provienen de estos, que el cabello, absorbiéndolos a manera de esponja, hace caer sobre el cerebro como un daño permanente por la humedad. A las mujeres les basta alisar los cabellos y recoger el pelo sencillamente con algún broche simple junto al cuello, haciendo crecer con cuidado sencillo las cabelleras prudentes hacia una belleza genuina. Pues las trenzas propias de heteras y las ataduras con cadenillas, además de mostrarlas feas, cortan los cabellos arrancándolos con sus arteras trenzas, por las cuales ni siquiera tocan su propia cabeza temiendo deshacer los cabellos; incluso el sueño les sobreviene con temor, no sea que, inadvertidamente, estropeen la forma del peinado.
    Los añadidos de cabellos ajenos deben rechazarse completamente, y es absolutamente impío fabricarse en la cabeza cabelleras extrañas, revistiendo el cráneo con rizos de cadáveres. Pues ¿sobre quién pondrá su mano el anciano? ¿A quién bendecirá? No a la mujer adornada, sino a los cabellos ajenos y, a través de ellos, a otra cabeza. Y si "la cabeza de la mujer es el varón, y la del varón es Cristo", ¿cómo no será impío que ellas incurran en dobles pecados? Pues engañan a los varones por la sustitución de la cabellera, y avergüenzan al Señor —en cuanto de ellas depende— al adornarse como heteras para engañar a la verdad y al blasfemar contra la cabeza que es verdaderamente hermosa.
    Por tanto, no deben teñirse los cabellos ni cambiar el color de las canas, pues tampoco está permitido variar el vestido con colores; y especialmente no debe ocultarse la venerable dignidad de la edad, sino que debe mostrarse bajo la luz de Dios como honor que inspire respeto en los jóvenes. Pues a veces la aparición de las canas, presentándose a modo de pedagogo, ha convertido a los desvergonzados hacia la sophrosyne y ha paralizado con el resplandor de su aspecto la fogosidad juvenil del deseo.
    Pero tampoco deben frotarse los rostros con los artificios de una sabiduría maliciosa. Propongámosles una cosmética prudente: la mejor belleza es, en primer lugar, la del alma —como he señalado muchas veces—, cuando el alma está adornada con el Espíritu Santo y está inspirada por los resplandores que proceden de él: justicia, prudencia, valentía, sophrosyne, amor al bien y pudor, cuyo color florido jamás se ha visto. Luego también cultívese la belleza corporal: la simetría de miembros y partes junto con el buen color. La cosmética de la salud es aquí útil, por la cual se produce la transición de la imagen artificial a lo verdadero según la forma dada por Dios. Es poderosa para embellecer naturalmente la buena mezcla de las bebidas y la medida de los alimentos. Porque no solo mantiene el cuerpo en salud por estos medios, sino que también hace que la belleza resplandezca. Pues del elemento ígneo proviene lo brillante y centelleante, del húmedo lo luminoso y agradable, del seco lo viril y firme, del aéreo lo de buena respiración y equilibrio; de estos elementos se adorna esta armoniosa y bella estatua del Logos. La belleza es la flor noble de la salud: ésta opera en el interior del cuerpo, y aquélla, floreciendo hacia el exterior del cuerpo, muestra manifiesto el buen color.
    Por tanto, los regímenes más bellos y saludables, al ejercitar los cuerpos, producen la belleza genuina y permanente, atrayendo el calor hacia sí tanto toda la humedad como el aire fresco; y el calor produce atracción hacia sí mismo al ser avivado por los movimientos. Y cuando ha atraído, evapora suavemente a través de las carnes mismas el exceso del alimento con cierta cantidad de humedad y por el exceso de calor. Por eso también el alimento anterior es evacuado; pero cuando el cuerpo está inmóvil, la comida ingerida no se adhiere, sino que se desprende, como el pan de un horno frío, ya sea entero o dejando solo el fondo. Razonablemente, pues, a quienes tienen exceso en las evacuaciones les abundan la orina y los excrementos, y también les abundan los demás residuos, y además los sudores, al no ser asimilado el alimento por el cuerpo sino verterse en los residuos.
    De aquí también se desencadenan los impulsos lascivos, al fluir el exceso hacia las partes genitales. Por eso debe disolverse este exceso con movimientos moderados y canalizarse hacia la digestión, mediante la cual la belleza adquiere color rosado.
    Es absurdo que quienes han sido hechos "según imagen y semejanza de Dios", como despreciando el arquetipo, atraigan hacia sí una cosmética extraña, prefiriendo la mala técnica humana a la creación divina. El Pedagogo les ordena acercarse "con vestimenta ordenada y decente, que se adornen a sí mismas con pudor y sophrosyne", sometiéndose a sus propios maridos, para que, si algunos desobedecen al Logos, sean ganados sin palabras por la conducta de las mujeres, dice, "al contemplar vuestra pura conducta en el Logos. Que su adorno no sea el exterior de trenzas y aderezo de oro o vestimenta de ropas, sino el hombre oculto del corazón en lo incorruptible del espíritu manso y tranquilo, que es precioso ante Dios".
    El trabajo personal reporta a las mujeres especialmente la belleza genuina al ejercitar sus cuerpos y al adornarse a sí mismas por sí mismas, no llevando el adorno elaborado por otros —desordenado, servil y propio de heteras—, sino el que es de cada mujer prudente, ejercitado y tejido mediante sus propias manos siempre que haga falta. Porque nunca es apropiado que se muestren adornadas con cosas compradas en el mercado, sino con sus propios trabajos domésticos las que viven conforme a Dios. Pues la más hermosa obra es la mujer hogareña que se reviste a sí misma y a su marido con sus propios adornos, por los cuales todos se alegran: los hijos por su madre, el marido por su mujer, ella por estos, y todos por Dios. En resumen, pues, tesoro de virtud es la mujer valerosa, "que no comió pan ocioso, y sobre su lengua están las normas de misericordia, que abrió su boca con sabiduría y según la ley"; cuyos hijos, al levantarse, la proclamaron bienaventurada, como dice el santo Logos por boca de Salomón, y su marido la alabó. "Porque la mujer piadosa es bendecida, y que ella alabe el temor del Señor". Y de nuevo: "Mujer valerosa es corona para su marido".
    Deben corregirse al máximo también las posturas, las miradas, los pasos y las voces. Pues no como algunas que, imitando la actuación de la comedia y observando los movimientos quebrados de los bailarines, actúan teatralmente en las conversaciones, con sus movimientos afeminados, sus pasos lánguidos y sus voces artificiales, mirando con languidez, ejercitadas como cebo del placer. "Porque miel destila de los labios de la mujer prostituta, que hablando con gracia unta tu garganta; pero al final la encontrarás más amarga que la hiel y más afilada que una espada de doble filo. Pues los pies de la insensatez conducen a quienes la frecuentan con la muerte al Hades". Así pues, la prostituta venció al noble Sansón, y otra mujer lo esquiló. Pero no engañó así a José otra mujer, sino que fue vencida la prostituta egipcia, y la sophrosyne, recibiendo cadenas, se muestra superior al poder liberado.
    Podría aplicarse hermosamente también aquello dicho: "No sé en absoluto susurrar ni, habiendo inclinado el cuello hacia un lado, caminar con quebraduras, como veo a muchos otros aquí, afeminados en la ciudad y depilados". Los movimientos femeniles, las molicie y las afectaciones deben cortarse completamente, pues la vida muelle en el movimiento del caminar y el andar con languidez, como dice Anacreonte, son completamente propios de heteras, al menos así me parece. La comedia dice que las huellas de las heteras dejan atrás juventud y lujo. "Las huellas de la prostituta no se apoyan en la verdad, pues no recorre los caminos de la vida; sus senderos son resbaladizos y difíciles de reconocer". Especialmente debe cuidarse la vista, ya que es mejor resbalar con los pies que con los ojos.
    El Señor cura rápidamente esta pasión: "Si tu ojo te escandaliza, arráncalo", dice, arrancando de raíz el deseo. Las miradas lánguidas y el hacer señas con los ojos, que es parpadear con los ojos, no es otra cosa que fornicar con los ojos cuando el deseo ataca a través de ellos. Porque antes que todo el cuerpo se corrompen los ojos. "El ojo que contempla cosas hermosas alegra el corazón", es decir, el que ha aprendido a contemplar hermosamente alegra; "pero el ojo que hace señas con engaño acumula tristezas para los varones". Así presentan al afeminado Sardanápalo, el rey de los asirios, sentado con las piernas cruzadas sobre un lecho cardando púrpura y mostrando el blanco de los ojos. Las mujeres que practican estas cosas se ofrecen a sí mismas como proxenetas con sus propias miradas. "Porque el ojo es la lámpara del cuerpo", dice la Escritura, a través del cual se iluminan las cosas interiores al ser iluminadas por la luz visible. "Y la prostitución de una mujer está en el levantar de sus ojos".
    "Mortificad, pues, los miembros que están sobre la tierra: fornicación, impureza, pasión, deseo malo y la codicia, que es idolatría, por las cuales viene la ira de Dios", exclama el apóstol; pero nosotros reavivamos las pasiones y no nos avergonzamos. Algunas de ellas, mascando resina de lentisco, andando de un lado a otro, sonríen a los que pasan; otras, como si no tuvieran dedos, se rascan la cabeza con las horquillas que llevan, y se procuran estas hechas de caparazón de tortuga o de marfil o de algún otro animal muerto. Otras, como si tuvieran erupciones para la buena apariencia de los que las ven, adornándose con ungüentos de bellos colores, manchan sus propios rostros.
    A tal mujer el Logos, por boca de Salomón, la llama insensata y atrevida, "que no conoce la vergüenza; se sentó a las puertas de su propia casa en un trono", llamando manifiestamente a los que pasan por el camino, a los que enderezan sus propios senderos, diciendo evidentemente por su apariencia y toda su vida: "¿Quién de ustedes es el más insensato? Que se desvíe hacia mí". Y a los faltos de prudencia los exhorta diciendo: "Toquen con agrado los panes escondidos y el agua dulce robada", refiriéndose a esta Afrodita furtiva.
    Aprovechándose de esto, el beocio Píndaro dice que es "algo dulce la solicitud robada de Cipris". "Pero él no sabe, el miserable, que los nacidos de la tierra perecen junto a ella, y se encontrará con el profundo Hades". Pero salta —dice el Pedagogo—, "no te demores en el lugar, ni fijes tu mirada en ella. Porque así cruzarás el agua ajena y atravesarás el Aqueronte". Por esto dice el Señor por medio de Isaías: "Por cuanto caminaron las hijas de Sión con cuello erguido y con señas de ojos, y en el caminar arrastrando juntos los mantos y jugando con los pies, Dios humillará a las hijas de Sión y descubrirá su apariencia", la apariencia vergonzosa.
    Yo no considero digno que ni siquiera las sirvientas que van a la izquierda de las mujeres o las que las siguen hablen o actúen vergonzosamente, sino que sean moderadas por las amas. Muy censurador, ciertamente, el cómico Filemón dice: "Al salir, detrás de una mujer libre veo a una única sirvienta que la acompaña, hermosa, del Plataico, y a uno que, siguiendo a esta, le guiña el ojo". Pues el desenfreno de la sirvienta se vuelve contra la ama, dando ocasión a quienes intentan las cosas menores de no temer las mayores, al mostrar la ama, por perdonar las cosas vergonzosas, que no condena. El no indignarse con los licenciosos se convierte en prueba clara de una mentalidad que se inclina hacia lo semejante. "Tal la ama —dicen los que hablan en proverbios—, tal la perra".
    Debemos desechar también de nuestro caminar lo maniático, y elegir lo digno y sosegado, no el paso vacilante, ni el tambalearse en los caminos y mirar hacia atrás a los que vienen al encuentro para ver si lo están mirando a uno, como si estuviera desfilando en escena y fuera señalado con el dedo. Ni tampoco deben dejarse empujar cuesta arriba por los sirvientes, como vemos a los más sensuales, que parecen ser robustos pero están destrozados por la debilidad del alma. No debe haber en el rostro del varón noble ningún signo manifiesto de molicie, ni tampoco en ninguna otra parte del cuerpo.
    Que tampoco en movimientos ni en posturas se encuentre jamás la indecencia de la falta de virilidad. Ni tampoco debe usarse a los sirvientes como bestias de carga quien está sano. Porque así como a aquellos se les manda someterse con todo temor a los amos, no solo a los buenos y suaves, sino también a los difíciles, dice Pedro, así también la equidad, la paciencia y la humanidad son apropiadas para los amos. "Porque el fin —dice— es que todos sean de un mismo sentir, compasivos, amantes de los hermanos, misericordiosos, humildes", y lo que sigue a esto, "para que hereden la bendición".
    Parece que Zenón el Citiense esboza una imagen noble y amable de un joven, y así lo esculpe: "Que tenga el rostro limpio, la ceja no caída, ni el ojo abierto de par en par ni quebrado, no el cuello echado hacia atrás, ni los miembros del cuerpo aflojados, sino los elevados semejantes a los tensos, agudeza recta hacia el Logos, retención de lo dicho correctamente, y posturas y movimientos que no den ninguna esperanza a los licenciosos. Que florezca el pudor y la virilidad; que se mantenga alejado el vagabundeo por las perfumerías, talleres de orfebres, comercios de lana y los demás talleres, donde, adornados como heteras, como las que se sientan en las terrazas, pasan el día".
    Que tampoco los varones, perdiendo el tiempo en las barberías y tabernas charlando ociosamente, cesen alguna vez de acechar a las mujeres que pasan, y no se detengan blasfemando para provocar risas. Debe prohibirse también el juego mediante dados, y además la práctica de la codicia mediante los astrágalos, que les gusta practicar. Tales cosas les encuentra como mal pasatiempo la indisciplina del lujo: pues la causa es la ociosidad. Alguien desea lo vano que está fuera de la verdad, pues no es posible de otro modo obtener satisfacción sin daño. La elección de la vida de cada uno de los hombres es imitación de su mentalidad. Pero, según parece, solo las relaciones con hombres buenos son beneficiosas. Al contrario, conociendo que la convivencia con hombres viles es porcina, el sapientísimo Pedagogo por boca de Moisés prohibió al pueblo antiguo participar de carne de cerdo, mostrando que los que invocan a Dios no deben mezclarse con hombres impuros que, a manera de cerdos, disfrutan con los placeres corporales, los alimentos repugnantes y los cosquilleos lascivos, deleitándose en el placer desgraciado de Afrodita. Pero tampoco dice que se coma "milano o alucón que devora pechos o águila"; "no te acercarás —dice— a los que se procuran la vida mediante rapiña". Y las demás cosas se alegorizan de manera semejante.
    ¿Con quiénes, pues, debe uno relacionarse? Con los justos, dice de nuevo alegorizando. "Porque todo lo que tiene pezuña hendida y rumia es limpio", porque lo hendido manifiesta la justicia de equilibrio igual que rumia su propio alimento de justicia, el Logos, que entra desde fuera igual que el alimento mediante la catequesis, pero es enviado desde dentro como desde el vientre de la mente hacia el recuerdo racional. El justo rumia el alimento espiritual teniendo el Logos en la boca, y la justicia tiene pezuña hendida razonablemente, santificando también aquí y enviando al siglo venidero.
    Por tanto, el Pedagogo tampoco nos conducirá a los espectáculos, y no sin razón alguien podría llamar a los estadios y teatros "cátedra de pestilencias". Pues también allí hay consejo malvado como contra el justo, por lo cual maldice la asamblea contra él. Estas reuniones están llenas de mucho desorden e ilegalidad, y los pretextos de la reunión son causa de desorden al juntarse mezcladamente varones y mujeres para la contemplación mutua.
    Allí ya se torna frívola la asamblea. Pues al ser glotona la mirada, se calientan los apetitos, y los ojos, acostumbrándose a mirar más audazmente a los vecinos por tener el ocio permitido, encienden los deseos eróticos. Queden prohibidos, pues, los espectáculos y las audiciones llenos de bufonería y mucha charlatanería. ¿Qué acción vergonzosa no muestran en los teatros? ¿Qué palabras desvergonzadas no profieren los bufones? Los que disfrutan de la maldad en ellos, manifiestamente se llevan a casa las imágenes, y al contrario, los que no se conmueven ni son afectados por estas cosas nunca se equivocarían en los placeres indolentes.
    Porque si dirán que los espectáculos se toman como parte del juego para diversión, yo diría que las ciudades no actúan prudentemente cuando se preocupan incluso por el juego. Pues ya no son juegos las ambiciones despiadadas que matan hasta tal punto, ni las vanas diligencias, ni las ostentaciones irracionales, ni los gastos vanos de la fortuna, ni tampoco las sediciones por estas cosas son ya juegos.
    La indolencia nunca debe comprarse con vanas diligencias. Pues quien tiene sentido nunca preferiría lo placentero antes que lo mejor. "Pero no todos —dice— filosofamos". ¿Acaso tampoco todos seguimos la vida? ¿Qué dices? ¿Cómo, pues, has creído? ¿Cómo todavía amas a Dios y a tu prójimo sin filosofar? ¿Cómo te amas a ti mismo si no amas la vida? "No aprendí letras —dice—". Pero aunque no hayas aprendido a leer, escuchar es inexcusable porque no es enseñable. La fe no es posesión de los sabios según el mundo, sino de los que viven según Dios. Y esta es educada incluso sin letras, y su código, el del iletrado y a la vez divino, se llama amor, composición espiritual. Es posible escuchar la sabiduría divina, y también es posible participar en la vida política, y también no está prohibido conducir las cosas del mundo ordenadamente según Dios.
    Y quien vende algo o compra, que no diga dos precios de las cosas que compra o vende, sino que, diciendo uno solo y practicando decir la verdad, aunque no obtenga ese precio, al obtener la verdad se enriquece en la disposición recta.
    Que se aleje tanto el elogio como el juramento sobre todo lo que se vende, y que se aleje también en las demás cosas el juramento. Y que de esta manera filosofen los comerciantes y los tenderos: "No tomarás el nombre del Señor en vano, porque el Señor no purificará al que toma su nombre en vano". Y a los que actúan contrariamente a esto —los avaros, los mentirosos, los hipócritas, los que comercian con la verdad—, el Señor los expulsó del atrio paterno, no queriendo que la casa de Dios, la santa, fuera casa de comercio injusto, ya de palabras o de posesiones materiales.
    Debe conducirse a la iglesia a la mujer y al varón vestidos decorosamente, con paso sin artificio, abrazando el silencio, habiendo adquirido amor sin hipocresía, puros los cuerpos, puras las mentes, aptos para orar a Dios. Que la mujer tenga más de esto: que esté completamente cubierta, excepto si estuviera en casa. Pues la apariencia es digna e inaccesible a la mirada; y nunca ella se equivocará habiendo puesto delante de los ojos el pudor y el velo, ni llamará a otro a la caída del pecado al desnudar el rostro. Porque esto quiere el Logos, ya que es apropiado para ella orar cubierta. Dicen que la mujer de Eneas, por exceso de dignidad, ni siquiera al ser capturada Troya se descubrió llena de temor, sino que incluso huyendo del incendio permaneció cubierta.
    Convenía que tales se mostraran y se formaran a lo largo de toda la vida los iniciados en Cristo: como se presentan en las iglesias con mayor dignidad; y que sean, no que parezcan ser, tales: así mansos, así reverentes, así amantes. Pero ahora no sé cómo cambian junto con los lugares también las apariencias y los caracteres, como también dicen que los pulpos, asemejándose a las rocas en las que se adhieren, se muestran tales también en el color. Así pues, después de abandonar el lugar, habiendo dejado atrás lo inspirado por Dios de la asamblea, se asemejan a la multitud con la que conviven; o más bien son puestos en evidencia, habiendo dejado atrás la hipocresía fingida de la dignidad, como realmente son sin que se supiera. Y habiendo venerado la palabra sobre Dios, la han abandonado dentro donde la escucharon, pero afuera andan de un lado a otro con los ateos, llenándose de sonidos de instrumentos, gorjeos eróticos, música de flauta, ritmo, embriaguez y toda la agitación del populacho; cantando esto y respondiendo con cantos, ellos mismos que antes celebraban la inmortalidad, al final cantan malvadamente la palinodia más destructiva: "Comamos y bebamos, porque mañana moriremos".
    Estos no morirán verdaderamente mañana, sino que ya han muerto para Dios, sepultando sus propios cadáveres, es decir, enterrándose a sí mismos en la muerte. El apóstol se les opone muy vigorosamente: "No se engañen: ni fornicarios, ni afeminados, ni homosexuales, ni ladrones, ni codiciosos, ni borrachos, ni insultadores", y todo lo demás que les canta, "no heredarán el reino de Dios". Pero si hemos sido llamados al reino de Dios, vivamos dignamente del reino amando a Dios y al prójimo. El amor no se juzga en el beso, sino en la benevolencia. Pero estos no hacen otra cosa que resonar con el beso en las iglesias, sin tener dentro ellos mismos lo que ama. Pues ciertamente también esto ha llenado de sospechas vergonzosas y blasfemias el usar sin medida el beso, que debería ser místico —el apóstol lo llamó santo—, manifestando dignamente del reino que vivamos la benevolencia del alma mediante una boca prudente y cerrada, por la cual especialmente se muestra el carácter apacible. Pero hay también otro beso impuro, lleno de veneno, que finge santidad. ¿No saben que también las tarántulas, con solo tocar con la boca, consumen a los hombres con dolores, y los besos muchas veces inyectan el veneno del desenfreno?
    Nos ha quedado, pues, claro que el beso no es amor, pues "el amor es de Dios". "Este es el amor de Dios —dice Juan—: que guardemos sus mandamientos", no que nos acariciemos unos a otros con la boca, "y sus mandamientos no son pesados". Mas también los saludos de los amados en los caminos, llenos de franqueza insensata, de los que quieren mostrarse abiertamente a los de afuera, no participan de la más mínima gracia. Pues si es justo orar a Dios en el aposento místicamente, sería consecuente también al prójimo, al que se nos manda amar en segundo lugar, mostrarle afecto semejantemente a Dios también místicamente, desde dentro, aprovechando el momento. "Porque la sal de la tierra somos nosotros"; y "quien bendice —dice— al amigo temprano con gran voz, parecerá no diferir de uno que maldice".
    Parece que debe abstenerse sobre todo de la vista de las mujeres. Porque no solo tocando, sino también contemplando es posible pecar, lo cual especialmente debe evitar quien es genuinamente educado.
    "Porque tus ojos miren de frente, y tus párpados asienten a cosas justas". ¿No es posible también habiendo visto mantenerse firme? Pero debe vigilarse la caída. Porque es posible habiendo visto resbalar, pero es imposible sin haber visto desear. Pues no basta a los prudentes solo estar limpios, sino que también debe esforzarse por estar fuera del reproche habiendo excluido toda causa de sospecha para la consumación de la pureza, para que no solo seamos fieles, sino que también parezcamos dignos de fe. Pues ciertamente también esto debe vigilarse, como dice el apóstol, "para que nadie nos censure; porque nos preocupamos por lo bueno no solo ante el Señor, sino también ante los hombres". "Aparta el ojo de la mujer agraciada, y no observes la belleza ajena", dice la Escritura. Y si preguntas la razón, te la explicará: "Porque por la belleza de una mujer muchos se extraviaron, y de esto la amistad se enciende como fuego", conduciendo a fuego incesante por el pecado la amistad que se lanza desde el fuego, la que han llamado pasión erótica.
    Comentario editorial · La metáfora del auriga: el alma tripartita platónica cristianizada
    Clemente retoma aquí la célebre imagen del Fedro de Platón, donde el alma se compara con un carro tirado por dos caballos (uno noble, otro desbocado) y guiado por un auriga que representa la razón. En la versión clementina, el Logos-Pedagogo asume el rol del auriga divino que frena y conduce la parte irracional (pathētikón) del alma humana hacia la salvación.
    Esta apropiación cristiana de la psicología platónica es característica del método clementino: no rechaza la sabiduría griega, sino que la reinterpreta a la luz del evangelio. El caballo desbocado simboliza los deseos materiales y sensuales que amenazan con arrastrar al cristiano hacia la molicie (tryphe), un término técnico griego que denota el lujo excesivo y la vida regalada que corrompe el carácter. La salvación cristiana requiere, pues, el gobierno racional de las pasiones bajo la guía del Logos.
    Comentario editorial · El simbolismo del blanco: pureza, verdad y simplicidad cristiana
    La preferencia por vestidos blancos y simples en Clemente trasciende la mera estética: es un programa espiritual completo. El blanco simboliza la pureza bautismal, la verdad única e indivisible, y la paz cristiana frente al militarismo romano. La referencia a las leyes levíticas sobre la lepra (Levítico 13) muestra cómo Clemente lee el Antiguo Testamento alegóricamente: lo multicolor y moteado representa la duplicidad moral, la mente astuta y serpentina que engaña.
    La afirmación de que "Platón es imitador de Moisés" refleja la teoría de la dependencia filosófica común entre los Padres Apologetas: los griegos habrían tomado sus mejores ideas de las Escrituras hebreas. Esta hipótesis, aunque históricamente insostenible, permitía a los cristianos cultos integrar la filosofía helénica en su cosmovisión sin renunciar a la primacía de la revelación bíblica. Para Clemente, la convergencia entre Moisés y Platón sobre la simplicidad del vestido prueba que la ley natural inscrita en la razón concuerda con la ley revelada.
    Comentario editorial · Sophrosyne
    La sophrosyne (σωφροσύνη) es uno de los conceptos centrales de la ética clementina. Este término griego, prácticamente intraducible, abarca templanza, moderación, autocontrol, prudencia y cordura mental. Para los griegos clásicos era una de las cuatro virtudes cardinales. Clemente la cristianiza convirtiéndola en fruto de la acción pedagógica del Logos: el cristiano educado por Cristo practica sophrosyne no por disciplina estoica, sino por transformación interior operada por el Espíritu.
    Comentario editorial · Jerarquía doméstica y economía del adorno en la Alejandría cristiana
    Este pasaje revela la estructura social de la Iglesia alejandrina primitiva: cristianos prósperos con sirvientes, negocios y haciendas rurales. El anillo con sello (signet ring) no era mero ornamento sino instrumento administrativo esencial en una sociedad donde la alfabetización era limitada y la autenticación de documentos requería impresiones personales en cera.
    La distinción entre libertad aparente y libertad auténtica anticipa debates filosóficos posteriores sobre la libertad interior. Para Clemente, el cristiano verdaderamente libre (eleutheros) no es quien ostenta símbolos externos de status, sino quien ha sido liberado de la esclavitud a las pasiones mediante la paideia del Logos. Esta libertad espiritual trasciende la condición social jurídica: un esclavo cristiano educado por el Pedagogo es más libre que un amo pagano esclavo de sus deseos.
    Comentario editorial · Símbolos para los sellos
    Los símbolos cristianos primitivos en los sellos —paloma (Espíritu Santo), pez (ichthys, acróstico de Jesucristo Hijo de Dios Salvador), nave (Iglesia), ancla (esperanza)— constituyen un vocabulario iconográfico pre-constantiniano. Estas imágenes permitían a los cristianos identificarse discretamente en una sociedad donde la confesión pública podía conllevar persecución. El rechazo de ídolos, armas y copas báquicas marca la separación cultural del cristianismo respecto al paganismo circundante.
    Comentario editorial · Pelucas, bendiciones sacerdotales y la teología paulina del cuerpo
    La prohibición de pelucas (cabelleras postizas) podría parecer un detalle trivial, pero Clemente la carga de significado teológico y sacramental. En el judaísmo y cristianismo primitivo, la imposición de manos (cheirotonía) transmitía bendición y autoridad espiritual. Usar cabello ajeno —probablemente de cadáveres— interferirí a sacramentalmente con esta transmisión, creando una barrera física entre el bendecidor y la persona real.
    La referencia a 1 Corintios 11:3 conecta la cuestión capilar con la cristología paulina: Cristo es cabeza (kephalē) del varón, el varón cabeza de la mujer. Falsificar la cabeza física mediante pelucas simboliza una falsificación espiritual más profunda: pretender ser quien no se es, romper la cadena de autoridad que desciende desde Cristo. Las heteras (cortesanas de lujo) usaban peinados elaborados como marcadores profesionales; una cristiana que los imita confunde las identidades y deshonra su vocación.
    Comentario editorial · Teoría humoral y belleza cristiana: medicina hipocrática cristianizada
    Clemente incorpora aquí la teoría de los cuatro elementos (fuego, agua, tierra, aire) y los cuatro humores (sangre, flema, bilis negra, bilis amarilla) de la medicina hipocrático-galénica. La belleza auténtica no proviene de cosméticos artificiales sino del equilibrio natural (eucrasia) de estos elementos en el cuerpo, logrado mediante dieta apropiada, ejercicio moderado y vida ordenada.
    Esta "cosmética de la salud" contrasta con la "sabiduría maliciosa" de los afeites artificiales. El cuerpo humano es "estatua del Logos" (agalma tou Logou), expresión que eleva el cuerpo físico a dignidad teológica: somos obras de arte divinas que no requieren ni deben ser alteradas por técnicas humanas engañosas. La verdadera belleza "florece" naturalmente desde la salud interior, como manifestación externa del orden espiritual del alma adornada por el Espíritu Santo con las virtudes cardinales.
    Comentario editorial · Contra las conductas teatrales
    La crítica de Clemente a las conductas seductoras y teatrales refleja una tensión cultural profunda: Alejandría era centro cosmopolita con teatro, mimos, y una cultura del espectáculo muy desarrollada. Los cristianos debían navegar entre participar en la vida urbana y mantener una identidad moral distinta. Las referencias a Sansón y José como ejemplos contrastantes muestran cómo Clemente usa la tipología bíblica para enseñar: ambos enfrentaron tentación sexual, pero José resistió mediante sophrosyne mientras Sansón sucumbió.
    Comentario editorial · Zenón de Citio y la apropiación cristiana de la ética estoica
    La cita de Zenón de Citio (fundador del estoicismo, siglo IV-III a.C.) es significativa: Clemente no teme reconocer que los filósofos paganos anticiparon verdades morales cristianas. El ideal del joven estoico —dominio de sí, postura erguida, mirada directa, alejamiento de lugares frívolos— coincide sustancialmente con el del joven cristiano educado por el Pedagogo.
    Esta convergencia se explica, para Clemente, por la doctrina del Logos seminalis: semillas del Logos divino están esparcidas en toda la humanidad, permitiendo que incluso gentiles sin revelación especial alcancen verdades morales parciales. El cristianismo no anula la filosofía sino que la perfecciona y completa. Las virtudes estoicas (ataraxia, apatheia, autodominio) son compatibles con y sublimadas por las virtudes teologales cristianas (fe, esperanza, caridad).
    Comentario editorial · Alegoresis de las leyes levíticas: la pezuña hendida y la rumiación espiritual
    Clemente interpreta alegóricamente las leyes de kashrut (Levítico 11) como código moral simbólico. Los animales con pezuña hendida representan quienes "dividen" correctamente entre bien y mal, ejerciendo discernimiento moral (diakrisis). Los rumiantes simbolizan la meditación repetida de la Escritura: el Logos se "ingiere" mediante catequesis, se "digiere" en el vientre de la mente, y se "rumia" mediante memoria y reflexión constantes.
    Esta técnica hermenéutica, heredada de Filón de Alejandría, permitía a los cristianos cultos mantener continuidad con el Antiguo Testamento sin observar literalmente todas sus prescripciones ceremoniales. La ley dietética se vuelve pedagogía moral: no importa qué comes sino con quién te asocias espiritualmente. La prohibición del cerdo se transforma en rechazo de personas "porcinas" que viven para placeres sensuales.
    Comentario editorial · Teatros y espectáculos
    El rechazo categórico de teatros y espectáculos públicos era común entre los primeros cristianos. Tertuliano escribió un tratado entero (De Spectaculis) condenándolos. Los juegos gladiatorios, carreras de carros y representaciones teatrales a menudo incluían elementos idolátricos, violencia extrema y contenido sexual explícito. Para Clemente, participar en estos espectáculos no es recreación inocente sino formación moral negativa que graba imágenes pecaminosas en el alma.
    Comentario editorial · Hipocresía litúrgica: dignidad en la iglesia, disolución en la calle
    Clemente critica aquí una realidad pastoral persistente: cristianos que se comportan piadosamente durante el culto pero regresan inmediatamente a costumbres paganas al salir. La metáfora del pulpo que cambia de color según la roca subraya la falta de carácter estable. El verdadero cristiano debe "ser, no parecer" (einai, ou dokein) —un ideal griego que Clemente cristianiza.
    La cita de 1 Corintios 15:32 ("Comamos y bebamos...") representa la filosofía hedonista epicúrea que negaba la resurrección. Quienes cantan himnos sobre la inmortalidad en la iglesia pero viven como si no hubiera vida futura son, para Clemente, peores que los paganos coherentes: son hipócritas que blasfeman mediante la contradicción entre confesión y conducta. La llamada es a coherencia integral: que la transformación litúrgica penetre toda la existencia cotidiana.
    Comentario editorial · El ósculo santo
    El ósculo santo (hagios philēma) mencionado por Pablo (Romanos 16:16, 1 Corintios 16:20) era parte del ritual litúrgico primitivo. Sin embargo, ya en el siglo II surgieron preocupaciones sobre abusos: besos excesivos, inapropiados o con intenciones sensuales. Clemente aboga por moderación y autenticidad: el beso debe expresar amor genuino (agapē), no volverse gesto vacío o pretexto para contacto físico inapropiado. Su preocupación refleja los desafíos de comunidades mixtas donde la intimidad ritual podía malinterpretarse.
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