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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minIntroducción a El Pedagogo de Clemente de Alejandría
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minPaideía cristiana versus paideía helenística
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minLa moral racional clementina: síntesis de Escritura y filosofía
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minLa economía divina de salvación progresiva
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minEl orden divino en la creación y en la redención
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 12 minCristo: el guía infalible en la oscuridad de la vida
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 5: Todos los que residen en la verdad son niños ante Dios
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 5: Todos los que residen en la verdad son niños ante Dios
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6: La perfección en el bautismo y la condición de "niños" en Cristo
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLa iluminación del alma bautizada
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minLa catequesis conduce a la fe bautismal
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minDe la esclavitud de la Ley a la filiación en Cristo
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como alegoría del Logos-Pastor
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como don de Dios
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como símbolo del Logos
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 6 minRegeneración espiritual y alimentación del Logos
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 7: Jesús, el Pedagogo de la humanidad
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minLa pedagogía del temor y la pedagogía del amor
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 8. Contra quienes estiman que el justo no es bueno
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 11 minEl temor como instrumento pedagógico
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 9. El método pedagógico del Logos: al mismo poder pertenece hacer el bien y castigar justamente
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minLa reprobación y otras formas pedagógicas
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minLa humanidad necesitada del Salvador
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCapítulo 10. El mismo Dios, por mediación del mismo Logos, aparta a la humanidad de los pecados con amenazas y la salva exhortándola
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minContra los que niegan la Providencia activa de Dios
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minDe Moisés a Cristo: la continuidad pedagógica del Logos
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minEl ideal de vida simple y confiada en la Providencia
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minPecar es bestializarse: perder la imagen divina
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 6 minPedagogo: Libro II
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minEl verdadero ágape frente a los banquetes mundanos
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 9 minLa templanza como virtud central
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minModales en la mesa
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 5 minEjemplos apostólicos de sobriedad
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 2: Cómo debe usarse la bebida
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 6 minEfectos benéficos y peligrosos del vino
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minAdvertencias proféticas
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minDecoro en el beber
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 3: Que no hay que buscar la suntuosidad en las posesiones
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 4: Cómo debemos recrearnos en los banquetes
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 1 minCapítulo 4: Cómo debemos recrearnos en los banquetes
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 5: Sobre la risa
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 9: ¿Cómo comportarse en el sueño?
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 10 minCapítulo 10: Sobre la procreación
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 10: Sobre la procreación
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 10 bis: Sobre el lujo en el vestido
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 10 bis: Sobre el lujo en el vestido
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 11: Sobre el calzado
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 12: Que no debemos dejarnos fascinar por las piedras ni los adornos de oro
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12: Que no debemos dejarnos fascinar por las piedras ni los adornos de oro
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 8 minPedagogo: Libro III
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 12 minCapítulo 2: Que no debemos embellecernos artificialmente
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 2: Que no debemos embellecernos artificialmente
  53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 3: Contra los hombres que se embellecen
  54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 3: Contra los hombres que se embellecen
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 3 minCapítulo 3: Contra los hombres que se embellecen
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 4: Con quiénes debemos convivir
  57. Sesión 57 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 5: Cómo debe uno comportarse en los baños
  58. Sesión 58 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 6: Solo el cristiano es verdaderamente rico
  59. Sesión 59 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 7: La frugalidad es buen equipaje para el cristiano
  60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 9: Por qué debe tomarse el baño
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 10: También deben aprobarse los ejercicios gimnásticos para quienes viven según el Logos
  62. Sesión 62 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
  63. Sesión 63 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
  64. Sesión 64 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
  65. Sesión 65 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo 12: Descripción sumaria semejante de la vida mejor, con todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que caracterizan la vida de los cristianos
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 12: Descripción sumaria semejante de la vida mejor, con todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que caracterizan la vida de los cristianos
  68. Sesión 68 · Parte 12 · ≈ 6 minRecepción patrística y legado teológico del Pedagogo
  69. Sesión 69 · Parte 12 · ≈ 6 minAgustín y la tradición occidental: convergencias y divergencias
  70. Sesión 70 · Parte 12 · ≈ 6 minLa Ilustración y la crítica moderna
  71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 3 minValoración de conjunto: un clásico permanentemente relevante

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    TEXTOS — CLEMENTE DE ALEJANDRÍA

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    El Pedagogo

    c. 195 · Logos educador44 minPosición: 0% de esta parteParte 2 de 12 · Capítulo 6: La perfección en el bautismo y la condición de "niños" en CristoPublicado el Actualizado el Ref. ESC-PED-01

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minIntroducción a El Pedagogo de Clemente de Alejandría
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minPaideía cristiana versus paideía helenística
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minLa moral racional clementina: síntesis de Escritura y filosofía
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minLa economía divina de salvación progresiva
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minEl orden divino en la creación y en la redención
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 12 minCristo: el guía infalible en la oscuridad de la vida
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 5: Todos los que residen en la verdad son niños ante Dios
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 5: Todos los que residen en la verdad son niños ante Dios
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 6: La perfección en el bautismo y la condición de "niños" en Cristo
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minLa iluminación del alma bautizada
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minLa catequesis conduce a la fe bautismal
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minDe la esclavitud de la Ley a la filiación en Cristo
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como alegoría del Logos-Pastor
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como don de Dios
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 6 minLa leche como símbolo del Logos
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 6 minRegeneración espiritual y alimentación del Logos
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 7: Jesús, el Pedagogo de la humanidad
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minLa pedagogía del temor y la pedagogía del amor
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 8. Contra quienes estiman que el justo no es bueno
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 11 minEl temor como instrumento pedagógico
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 9. El método pedagógico del Logos: al mismo poder pertenece hacer el bien y castigar justamente
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minLa reprobación y otras formas pedagógicas
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 8 minLa humanidad necesitada del Salvador
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 7 minCapítulo 10. El mismo Dios, por mediación del mismo Logos, aparta a la humanidad de los pecados con amenazas y la salva exhortándola
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minContra los que niegan la Providencia activa de Dios
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minDe Moisés a Cristo: la continuidad pedagógica del Logos
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    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 6 minEl verdadero ágape frente a los banquetes mundanos
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 9 minLa templanza como virtud central
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minModales en la mesa
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 5 minEjemplos apostólicos de sobriedad
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 2: Cómo debe usarse la bebida
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 6 minEfectos benéficos y peligrosos del vino
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minAdvertencias proféticas
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 7 minDecoro en el beber
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    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 10 minCapítulo 10: Sobre la procreación
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    60. Sesión 60 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 9: Por qué debe tomarse el baño
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 2 minCapítulo 10: También deben aprobarse los ejercicios gimnásticos para quienes viven según el Logos
    62. Sesión 62 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
    63. Sesión 63 · Parte 11 · ≈ 12 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
    64. Sesión 64 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 11: Descripción fundamental de la vida mejor
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    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 12: Descripción sumaria semejante de la vida mejor, con todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que caracterizan la vida de los cristianos
    68. Sesión 68 · Parte 12 · ≈ 6 minRecepción patrística y legado teológico del Pedagogo
    69. Sesión 69 · Parte 12 · ≈ 6 minAgustín y la tradición occidental: convergencias y divergencias
    70. Sesión 70 · Parte 12 · ≈ 6 minLa Ilustración y la crítica moderna
    71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 3 minValoración de conjunto: un clásico permanentemente relevante

    Capítulo 6: La perfección en el bautismo y la condición de "niños" en Cristo

    La regeneración bautismal como perfección

    I, 6

    Con razón podemos atacar a los que encuentran satisfacción en las continuas querellas. El nombre de "niños" y de "párvulos" no se nos da por el hecho de haber recibido una enseñanza pueril y despreciable, como alegan calumniosamente los henchidos de saber. Porque, al ser regenerados, hemos recibido lo que es perfecto, lo que constituía el objeto mismo de nuestra afanosa búsqueda. Hemos sido iluminados, es decir, hemos conocido a Dios. Y no es imperfecto quien ha llegado a conocer la suprema perfección. No me llenen de oprobio si les confieso que he conocido a Dios, porque el Logos ha tenido a bien decir: "Este es libre" (Juan 8:36).
    Comentario editorial · La controversia con los gnósticos sobre la perfección
    Clemente responde aquí a maestros gnósticos que consideraban el cristianismo común como una enseñanza elemental e imperfecta, reservando el verdadero conocimiento (gnosis) para una élite espiritual. Los gnósticos dividían a los creyentes en "psíquicos" (almas ordinarias que solo tenían fe simple) y "pneumáticos" (espirituales avanzados con conocimiento superior). Clemente rechaza esta jerarquía: el bautismo otorga desde el inicio la perfección, que consiste en el conocimiento de Dios mediante la iluminación del Logos. No hay grados de cristianos, sino una única regeneración que hace perfectos a todos los bautizados.

    El bautismo de Cristo como paradigma de perfección

    I, 6

    Así, después del bautismo del Señor, se oyó desde el Cielo una voz que daba testimonio del Hijo amado: "Tú eres mi hijo amado, yo te he engendrado hoy" (Marcos 1:11, Salmo 2:7). Preguntemos a los sabios: ¿El Cristo que hoy ha sido reengendrado es ya perfecto, o —lo que sería del todo absurdo— le falta alguna cosa? De darse esto último, forzoso es que aprenda. Pero es imposible que aprenda alguna cosa, porque es Dios. Pues nadie podría ser más grande que el Logos, ni ser maestro del único Maestro.
    ¿Reconocerán, entonces, nuestros adversarios, bien a su pesar, que el Logos, nacido perfecto del Padre perfecto, ha sido reengendrado perfecto según la prefiguración del plan divino? Y si ya era perfecto, ¿por qué, siendo perfecto, se bautizó? Porque convenía —se dice— cumplir la promesa hecha al hombre. De acuerdo, también yo lo admito. ¿Recibió, entonces, la perfección en el momento mismo de ser bautizado por Juan? Es evidente que sí. ¿Y no aprendió de él nada más? No. ¿Recibió la perfección por la sola recepción del bautismo y se santificó por la venida del Espíritu? Así es.
    Lo mismo ocurre con nosotros, de quienes el Señor fue el modelo: una vez bautizados, hemos sido iluminados; iluminados, hemos sido adoptados como hijos; adoptados, hemos sido hechos perfectos; perfectos, hemos sido inmortalizados. Está escrito: "Yo dije: «Dioses sois, e hijos del Altísimo todos»" (Salmo 82:6).
    Comentario editorial · Si Cristo fue bautizado siendo perfecto
    El argumento de Clemente es cristológico: si Cristo, siendo perfecto desde siempre, recibió el bautismo y fue declarado Hijo perfecto en ese momento, entonces el bautismo no añade perfección gradualmente sino que otorga la perfección completa desde el inicio. Cristo es el modelo: lo que fue verdad en su caso lo es también para nosotros.

    Los múltiples nombres del bautismo

    I, 6

    Esta obra recibe diversos nombres: gracia, iluminación, perfección, baño. Baño, por el que somos purificados de nuestros pecados; gracia, por la que se nos perdona la pena por ellos merecida; iluminación, por la que contemplamos aquella santa y salvadora luz, es decir, aquella por la que podemos llegar a contemplar lo divino; y perfección, decimos finalmente, porque nada nos falta. Pues ¿qué puede faltarle a quien ha conocido a Dios? Sería realmente absurdo llamar gracia de Dios a lo que no es perfecto y completo: quien es perfecto concederá, sin duda, gracias perfectas.
    Así como todas las cosas se producen en el instante mismo en que Él lo ordena, así también al solo hecho de querer Él conceder una gracia, esta se sigue en toda su plenitud, pues por el poder de su voluntad se anticipa el tiempo futuro. Además, principio de salvación es la liberación del mal.
    Sólo quienes hemos alcanzado las fronteras de la vida somos ya perfectos, y ya vivimos quienes hemos sido separados de la muerte. Seguir a Cristo es la salvación: "Lo que fue hecho en Él, es vida" (Juan 1:4). "En verdad, en verdad os digo —asegura—, el que escucha mi palabra y cree en quien me ha enviado, tiene la vida eterna, y no es sometido a juicio, sino que pasa de la muerte a la vida" (Juan 5:24).
    Comentario editorial · La terminología bautismal en el cristianismo primitivo
    Clemente recoge aquí cuatro términos tradicionales para el bautismo cristiano: (1) baño (loutron), que enfatiza la purificación externa; (2) gracia (charis), que subraya el don gratuito de Dios; (3) iluminación (photismos), término muy importante en la tradición alejandrina que conecta el bautismo con el conocimiento; (4) perfección (teleiosis), que indica la consumación del proceso salvífico. Esta multiplicidad de nombres refleja la riqueza teológica del sacramento: no es solo una purificación ritual, sino una transformación ontológica completa del creyente que lo hace partícipe de la naturaleza divina.

    Fe, regeneración y perfección instantánea

    I, 6

    De modo que el solo hecho de creer y ser regenerado es la perfección en la vida, porque Dios no es jamás deficiente. Así como su voluntad es su obra y se llama "mundo", así también su decisión es la salvación de los hombres y se llama Iglesia. Él conoce a los que ha llamado, y a los que ha llamado los ha salvado; así, los ha llamado y salvado al mismo tiempo. "Porque vosotros, dice el Apóstol, sois instruidos por Dios" (1 Tesalonicenses 4:9).
    No nos es lícito considerar como imperfecto lo que Dios nos ha enseñado, y esta enseñanza es la salvación eterna del Salvador eterno, al cual sea la gracia por los siglos de los siglos. Amén. El que ha sido regenerado, como el nombre indica, siendo iluminado ha sido liberado al punto de las tinieblas y, por eso mismo, ha recibido la luz.
    Comentario editorial · La regeneración, contra el elitismo gnóstico
    Aquí encontramos la tesis central de Clemente contra el elitismo gnóstico: la regeneración bautismal es instantánea y completa. No hay un proceso largo de ascenso espiritual reservado a unos pocos iniciados. La perfección cristiana no consiste en conocimientos secretos progresivos, sino en la transformación radical que Dios obra en el momento del bautismo.

    La iluminación del alma bautizada

    I, 6

    Como aquellos que, sacudidos del sueño, se despiertan en seguida interiormente, o mejor, como aquellos que intentan quitarse de los ojos las cataratas y no pueden recibir la luz exterior de la que se ven privados, pero desembarazándose al fin de lo que obstruía sus ojos dejan libre su pupila, así también nosotros, al recibir el bautismo, nos desembarazamos de los pecados que, cual sombrías nubes, obscurecían al Espíritu Divino. Dejamos libre, luminoso y sin impedimento alguno el ojo del espíritu, con el único que contemplamos lo divino, ya que el Espíritu Santo desciende desde el cielo para estar a nuestro lado.
    Esta mixtura de resplandor eterno es capaz de ver la luz eterna, pues lo semejante es amigo de lo semejante, y lo santo es amigo de Aquel de quien procede la santidad, que recibe con propiedad el nombre de "luz": "Porque vosotros erais en otro tiempo tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor" (Efesios 5:8), de ahí que el hombre, entre los antiguos, fuera llamado, según creo, "luz".
    Comentario editorial · El platonismo de la iluminación en Clemente
    La imagen del ojo del alma que se desembaraza de obstáculos para ver la luz divina es claramente platónica, tomada de la alegoría de la caverna en la República de Platón. Clemente cristianiza esta filosofía: no es un proceso de ascenso filosófico autodidacta, sino la acción del Espíritu Santo que desciende en el bautismo. La iluminación no es logro humano sino don divino. El principio de que lo semejante conoce lo semejante (similia similibus) también es platónico: solo el alma iluminada puede conocer a Dios que es luz. El bautismo hace posible este conocimiento al transformar al creyente en portador de luz.

    Presente y futuro: ya pero todavía no

    I, 6

    Sin embargo —se dice—, aún no ha recibido el don perfecto. También yo lo admito; con todo, está en la luz y no le sorprende la oscuridad. Ahora bien, entre la luz y la oscuridad no hay nada intermedio. La consumación está reservada para la resurrección de los creyentes, y no consiste en la consecución de otro bien, sino en tomar posesión del objeto anteriormente prometido.
    No decimos que se den al unísono ambas cosas: la llegada a la meta y su previsión. No son, ciertamente, cosas idénticas la eternidad y el tiempo, ni el punto de partida y el fin. Mas ambas se refieren al mismo proceso y tienen por objeto un único ser. Y así puede decirse que el punto de partida es la fe —generada en el tiempo— y el fin es la consecución —para toda la eternidad— del objeto prometido.
    El Señor mismo ha revelado claramente la universalidad de la salvación con estas palabras: "Esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna, y le resucite yo en el último día" (Juan 6:40).
    Comentario editorial · Perfectos ya, pero todavía no
    Clemente mantiene una tensión escatológica saludable: somos perfectos ahora por la fe y el bautismo, pero la consumación plena aguarda la resurrección. No hay contradicción: la perfección presente es real aunque incompleta en su manifestación. La fe es perfecta como don de Dios, pero su objeto (la vida eterna plena) aún no se ha realizado totalmente.

    La fe como perfección del aprendizaje

    I, 6

    En la medida en que es posible en este mundo —que es designado simbólicamente como "el último día", "reservado" hasta que se acabe—, nosotros tenemos la firme convicción de haber alcanzado la perfección. La fe, en efecto, es la perfección del aprendizaje; por eso se nos dice: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna" (Juan 3:36).
    Pues bien, si nosotros, que hemos creído, tenemos la vida, ¿qué otra cosa nos resta por recibir superior a la consecución de la vida eterna? Nada falta a la fe, que es perfecta en sí y acabada. Si algo le faltara, no sería perfecta, ni sería tal fe si cojeara lo más mínimo. Después de la partida de este mundo, los que han creído no tienen ninguna otra cosa que esperar: han recibido las arras aquí abajo y para siempre. Este futuro que ahora poseemos por la fe, lo poseeremos del todo realizado después de la resurrección, de modo que se cumpla la palabra: "Hágase en vosotros según vuestra fe" (Mateo 9:29).
    Donde se halla la fe, allí está la promesa, y el cumplimiento de la promesa es el descanso final; de suerte que el conocimiento está en la iluminación, pero el término del conocimiento es el reposo, objetivo final de nuestro deseo.

    El conocimiento que disipa la ignorancia

    I, 6

    Así como la inexperiencia desaparece con la experiencia y la indigencia con la abundancia, así también, necesariamente, con la luz se disipa la oscuridad. La oscuridad es la ignorancia, por la que caemos en el pecado y nos cegamos para alcanzar la verdad. El conocimiento, por tanto, es la luz que disipa la ignorancia y otorga la capacidad de ver con claridad.
    Puede decirse también que el rechazo de las cosas peores pone de manifiesto las mejores. Pues lo que la ignorancia mantenía mal atado lo desata felizmente el conocimiento. Dichas ataduras quedan rápidamente rotas por la fe del hombre y por la gracia de Dios. Nuestros pecados son lavados por el único remedio curativo: el bautismo del Logos.
    Quedamos lavados de todos nuestros pecados y, de repente, ya no somos malos: es la gracia singular de la iluminación, por la que nuestra conducta ya no es la misma que la de antes del baño bautismal. Y como el conocimiento —que ilumina la inteligencia— surge al mismo tiempo que la iluminación, así, de súbito, sin haber aprendido nada, oímos llamarnos discípulos; la instrucción nos fue conferida anteriormente, pero no puede concretarse en qué momento.
    Comentario editorial · Conocimiento y transformación moral simultáneos
    Para Clemente, a diferencia de los gnósticos, el conocimiento (gnosis) no es información esotérica acumulada lentamente, sino iluminación instantánea que transforma simultáneamente el intelecto y la voluntad. No es posible separar el conocer de Dios del vivir moralmente: ambos son efectos inseparables del mismo acto bautismal. El cristiano no aprende gradualmente a ser bueno después de un largo proceso pedagógico; más bien, es transformado súbitamente por la gracia, aunque luego deba vivir coherentemente con esa transformación. Esta perspectiva optimista del bautismo como regeneración completa contrasta con visiones más pesimistas sobre la persistencia del pecado.

    La catequesis conduce a la fe bautismal

    I, 6

    La catequesis conduce a la fe, y la fe, en el momento del santo bautismo, es ilustrada por el Espíritu Santo. El Apóstol ha explicado con gran precisión que la fe es la única y universal salvación de la humanidad, y que es un don —igual y común para todos— del Dios justo y bueno: "Antes de llegar la fe, estábamos sujetos a la custodia de la ley, a la espera de la fe que había de revelarse. De suerte que la ley fue nuestro Pedagogo para elevarnos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe. Mas, llegada ésta, ya no estamos bajo el Pedagogo" (Gálatas 3:23-25).
    ¿Es que no os dais cuenta de que ya no estamos bajo esta ley, bajo el yugo del temor, sino bajo el Logos de la libertad, el Pedagogo? Más adelante, añade el Apóstol unas palabras que excluyen toda acepción de personas: "Todos, pues, sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque cuantos habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos sois un cuerpo en Cristo Jesús" (Gálatas 3:26-28).

    Igualdad de todos los bautizados ante Dios

    I, 6

    Así pues, no son unos "gnósticos" y otros "psíquicos" en el mismo Logos; todos los que han rechazado la concupiscencia de la carne son iguales y "pneumáticos" ante el Señor. Por otra parte, añade aún el Apóstol: "Todos nosotros hemos sido bautizados en un solo espíritu para formar un solo cuerpo, ya judíos, ya griegos, ya esclavos, ya libres; y todos hemos bebido una única bebida" (1 Corintios 12:13).
    Sin embargo, no está fuera de lugar utilizar el mismo lenguaje de esta gente cuando sostienen que el recuerdo de las cosas buenas es un "pasar por el filtro" del espíritu. Entienden por "filtración" la separación del mal, operación que se consigue por el recuerdo de las cosas buenas. El que llega a recordar el bien se arrepiente necesariamente de sus malas obras; el mismo espíritu, alegan ellos, se arrepiente y se eleva presuroso hacia lo alto. Así también nosotros, cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y renunciamos a sus males pasando "por el filtro" del Bautismo, corremos hacia la luz eterna, como hijos hacia el Padre.
    Comentario editorial · Pneumáticos y psíquicos: un vocabulario gnóstico subvertido
    Clemente utiliza el lenguaje gnóstico (pneumáticos, psíquicos) pero subvierte su significado: no hay élite espiritual ni creyentes de segunda clase. Todos los bautizados son igualmente espirituales (pneumáticos) porque todos han recibido el mismo Espíritu. La diferencia no está en naturalezas ontológicas distintas sino en la respuesta libre a la gracia común.

    Los pequeños que conocen a Dios

    I, 6

    "Jesús, rebosante de gozo bajo la acción del Espíritu Santo, dice: Yo te alabo, Padre, Dios del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, y las ha revelado a los más pequeños" (Lucas 10:21). "Pequeños": así nos llama nuestro Pedagogo y Maestro, a nosotros que estamos mejor dispuestos para la salvación que los sabios de este mundo, quienes por creerse sabios han quedado ciegos.
    Rebosante de júbilo y de alegría, Jesús reclama, como con el balbuceo de los niños: "Así es, Padre, pues así fue tu beneplácito" (Lucas 10:21). Por eso, lo que se mantuvo oculto a los sabios y a los prudentes de este siglo fue revelado a los más pequeños. Y es que son pequeños, sin duda, los hijos de Dios, pues han depuesto al hombre viejo, se han quitado la túnica de la maldad y se han revestido de la incorruptibilidad de Cristo, a fin de que, renovados, pueblo santo, regenerados, conservemos al hombre sin mancha alguna y seamos niños cual criatura de Dios, purificada de la fornicación y del vicio.
    Comentario editorial · La paradoja de la sabiduría infantil
    Clemente desarrolla aquí un tema central del Evangelio: la inversión de valores del Reino. Los cristianos son llamados "pequeños" o "niños" no por ignorancia o inmadurez, sino precisamente porque han alcanzado la verdadera sabiduría que los sabios mundanos no poseen. Esta "niñez" es simultáneamente humildad receptiva y perfección espiritual. Es la actitud del que sabe que no sabe por sí mismo, pero que ha sido iluminado por Dios. El orgullo intelectual de los gnósticos es precisamente lo contrario: creen saber por esfuerzo propio, cuando en realidad permanecen ciegos.

    El doble sentido de "niño" en san Pablo

    I, 6

    Con gran claridad el bienaventurado Pablo nos ha resuelto la cuestión en su Primera carta a los Corintios: "Hermanos, no os comportéis como niños en la cordura; en la malicia, sí comportaos como ellos; mas, en la cordura, como hombres maduros" (1 Corintios 14:20).
    Por otra parte, añade: "Cuando yo era pequeño razonaba como un niño, hablaba como un niño" (1 Corintios 13:11), aludiendo a su vida conforme a la ley; no quiere decir con esto que ya entonces fuese sencillo. Por el contrario, como insensato, perseguía al Logos, pues pensaba como niño y blasfemaba al Logos, porque hablaba como niño.
    En efecto, el término "niño" tiene un doble sentido. Pablo dice de nuevo: "Cuando me hice hombre, acabé con las cosas de niño". No se refiere al escaso número de años, ni a una medida determinada de tiempo, ni a otras enseñanzas secretas de doctrinas propias de hombres adultos y bien formados, cuando afirma haber dejado y superado la niñez y las cosas infantiles. Él llama "niños" a los que viven bajo la ley y están turbados por el miedo, como los niños por el "coco"; llama, en cambio, "hombres" a los que son dóciles al Logos e independientes. Nosotros, que hemos creído, somos salvados por voluntaria elección, y si sentimos temor, ello no es fruto de nuestra insensatez, sino de nuestra cordura.
    Comentario editorial · La dialéctica de niñez y madurez en la pedagogía paulina
    Clemente resuelve una aparente contradicción en Pablo: ¿cómo pueden los cristianos ser simultáneamente "niños" (término positivo) y "hombres maduros" (también positivo), mientras que "niñez" también puede ser negativa? La clave está en distinguir dos tipos de inmadurez: (1) la inmadurez bajo la Ley, caracterizada por el miedo servil y la falta de comprensión (negativa); (2) la "niñez" evangélica de los bautizados, caracterizada por la humildad, docilidad y simplicidad ante Dios (positiva). Los cristianos han superado la primera pero abrazan la segunda. Son maduros respecto a la Ley pero niños respecto a Cristo.

    De la esclavitud de la Ley a la filiación en Cristo

    I, 6

    El mismo Apóstol testifica acerca del particular, al afirmar que los judíos son los herederos según la antigua Alianza, y que nosotros lo somos según la promesa: "«Mientras el heredero es un niño, aunque sea propietario de sus bienes, no se diferencia en nada del esclavo, ya que está bajo la tutela de sus tutores y administradores, hasta la fecha señalada por el padre. Así, nosotros, en nuestra niñez, estábamos sometidos a los elementos del mundo. Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley, y para que recibiéramos la adopción filial" (Gálatas 4:1-5).
    Miren cómo reconoció que eran niños los que estaban bajo el temor y el pecado, y en cambio dio el nombre de "hijos" a los que están bajo la fe, asimilándolos a los adultos para diferenciarlos de los pequeños que están bajo la ley. Dice: "Ya no eres esclavo, sino hijo; y por ser hijo, eres también heredero por medio de Dios" (Gálatas 4:7). Y ¿qué le falta al hijo, después de la herencia?
    Es muy sugestivo interpretar así este pasaje: "Cuando era niño —es decir, cuando era judío: Pablo era, en efecto, de origen hebreo— razonaba como un niño", porque seguía la Ley. "Pero desde que me hice hombre" ya no tengo pensamientos de niño, es decir, de la Ley, sino pensamientos de hombre, es decir, de Cristo, sólo de aquel a quien la Escritura —como apuntábamos más arriba— llama hombre, "he dejado las cosas de niño". En efecto, la condición de niño en Cristo es la perfección en comparación con la Ley.

    La leche de Cristo: interpretación del texto paulino

    I, 6

    Llegados a este punto, debemos abordar la defensa de nuestra condición de niño y tratar, además, de dar una explicación de las palabras del Apóstol: "Os di de beber leche, como criaturas en Cristo; no alimento sólido, pues aún no podíais tomarlo, como tampoco ahora" (1 Corintios 3:2). No creo que deba interpretarse este pasaje en sentido judaico. En efecto, citaré, por contraste, este otro texto de la Escritura: "Os conduciré a una tierra próspera, que mana leche y miel" (Éxodo 3:8).
    La comparación de estos textos revela una seria dificultad de comprensión. Si la infancia con su régimen alimenticio de leche es principio de la fe en Cristo, y se la desprecia como infantil e imperfecta, ¿cómo el supremo reposo del hombre perfecto y gnóstico, que ha ingerido alimento sólido, de nuevo es honrado con leche infantil?
    Quizás el "como", al mostrar una comparación, revela una analogía; a buen seguro, el pasaje debe interpretarse así: "Os di de beber leche en Cristo", y tras una breve pausa, añadir: "como a niños", de modo que esta pausa en la lectura permita esta interpretación: "Os he instruido en Cristo con un alimento simple, verdadero, natural y espiritual". Tal es la substancia nutritiva de la leche que brota de los pechos que rebosan amor; de manera que en conjunto puede entenderse así: como las nodrizas alimentan con su leche a los recién nacidos, así también yo, con el Logos, que es la leche de Cristo, os infundo un alimento espiritual.
    Así pues, la leche perfecta es un alimento perfecto que conduce a la meta sin fin. Por esta razón, para el eterno reposo se promete esta misma leche y miel. Con razón el Señor promete aún leche a los hombres justos, para mostrar que el Logos es, a la vez, alfa y omega, principio y fin. Algo de esto vaticina ya Homero cuando, sin proponérselo, llama a los hombres justos "seres que se alimentan de leche".
    Comentario editorial · El problema exegético de la leche y el alimento sólido
    Los gnósticos interpretaban 1 Corintios 3:2 ("os di leche, no alimento sólido") como prueba de que el cristianismo común era elemental, mientras que ellos poseían la enseñanza avanzada (alimento sólido). Clemente debe resolver esta interpretación sin caer en el elitismo gnóstico. Su solución es ingeniosa: la leche no es inferior al alimento sólido; ambos son el mismo Logos bajo formas diferentes. Además, la tierra prometida que mana "leche y miel" es la consumación escatológica, no un estadio infantil. Por tanto, la leche no puede ser despreciada como alimento inferior.

    Interpretación alternativa: carnales y espirituales

    I, 6

    Pero también puede interpretarse dicho pasaje de la Escritura desde otro punto de vista: "Yo, hermanos, no pude hablaros como a hombres espirituales, sino como a seres carnales, como a niños en Cristo" (1 Corintios 3:1).
    Por carnales puede entenderse los recientes catecúmenos, todavía niños en Cristo. A quienes ya han creído por el Espíritu Santo, los llamó "espirituales", y a los recién catequizados que no han sido purificados, los llamó "carnales". Naturalmente, los llama "carnales" porque, al igual que los paganos, tienen aún pensamientos carnales.
    "Puesto que en vosotros hay envidia y discordia, ¿no sóis acaso carnales, y no os comportáis humanamente?" (1 Corintios 3:3). De ahí que el Apóstol diga: "os di de beber leche", que viene a significar: os he derramado conocimiento, que a través de la catequesis os nutrirá hasta la vida eterna. Ahora bien, la expresión "os di de beber" es el símbolo de una participación perfecta. En efecto, son los adultos los que "beben", los niños, en cambio, "maman".
    Comentario editorial · Varias lecturas de un pasaje paulino
    Clemente ofrece múltiples interpretaciones del pasaje paulino, todas convergiendo en el mismo punto: la leche no es alimento inferior. Ya sea que signifique el Logos mismo, o el conocimiento catequético, o la participación perfecta en Cristo, la leche representa siempre algo completo y perfecto, no algo que deba ser superado.

    La sangre del Logos como verdadera bebida

    I, 6

    "Mi sangre, dice el Señor, es verdadera bebida" (Juan 6:55). ¿Quizá cuando dice: "os di de beber leche", alude a la perfecta alegría en el Logos, que es leche, al conocimiento de la verdad? Y lo que a continuación dice: "no alimento sólido, pues aún no podíais", puede aludir a la clara revelación que, a modo de alimento, se hará cara a cara en la vida futura.
    "Porque ahora vemos, como reflejado 6en un espejo —dice el Apóstol—, mas luego cara a cara" (1 Coringtios 13:12). Y aún añade: "pues ahora no podéis, porque sois carnales", puesto que albergan pensamientos propios de la carne, deseos, amores, celos, cóleras, envidias; no porque aún estemos "en la carne" —como algunos han creído—. Porque con faz angélica veremos cara a cara la promesa.
    Si la promesa se realiza tras nuestra partida de esta tierra, y se refiere a "aquello que jamás ojo alguno vio, ni pasó por mente de hombre" (1 Corintios 2:9), ¿cómo pretenden algunos conocer, sin el concurso del Espíritu, sino mediante el estudio, "lo que jamás oreja oyó", o sólo aquello "que ha sido arrebatado hasta el tercer cielo"? Y aun este ha recibido la orden de callarse.
    Si, por el contrario —como también puede suponerse—, el conocimiento del que se enorgullecen es una sabiduría humana, escuchen la Ley de la Escritura: "Que no se gloríe el sabio en su sabiduría, que el fuerte no se gloríe en su fuerza; el que se gloríe, gloríese en el Señor" (Jeremías 9:23-24). Pero nosotros, "que hemos sido instruidos por Dios", nos gloriamos en el nombre de Cristo.

    La leche como alegoría del Logos-Pastor

    I, 6

    ¿Cómo, pues, no suponer que el Apóstol ha pensado en la "leche de las criaturas" en este sentido? Si los jefes de la Iglesia, a semejanza del buen Pastor, son los pastores y nosotros somos su rebaño, cuando el Apóstol afirma que el Señor es la leche del rebaño, ¿acaso no se expresa así para mantener la coherencia de la alegoría? En este sentido debemos interpretar el citado pasaje: "Os di de beber leche, no alimento sólido, porque aún no erais capaces": esto no significa que se trate de un tipo de alimento distinto de la leche, pues en esencia son lo mismo. Igualmente, el Logos es siempre el mismo: fluido y dulce como la leche, sólido y consistente como el alimento sólido.
    Sin embargo, aunque interpretamos el texto así, podemos pensar que la predicación es leche derramada con largueza, y alimento sólido la fe, que por la catequesis se ha constituido en fundamento; la fe tiene más consistencia que lo que entra por el oído, y se la compara por eso al alimento sólido en cuanto se ha incorporado al alma.
    Comentario editorial · La unidad del alimento espiritual
    La clave de toda la argumentación de Clemente es que leche y alimento sólido no son dos realidades distintas sino la misma realidad (el Logos) bajo diferentes formas o aspectos. Así como físicamente la leche y la carne son transformaciones de la misma substancia (la sangre), espiritualmente son el mismo Cristo-Logos que se adapta a las necesidades del creyente. No hay un evangelio para principiantes y otro para avanzados, sino un único Evangelio que todos reciben completo desde el bautismo, aunque su asimilación y comprensión progresen con el tiempo.

    Carne y sangre: alegorías del Logos

    I, 6

    El Señor nos da a conocer este alimento en el Evangelio de San Juan, mediante símbolos: "Comed mis carnes y bebed mi sangre" (Juan 6:53), dice, aludiendo alegóricamente con las palabras comida y bebida a la manifestación de la fe y de la promesa.
    La Iglesia —que, como el hombre, se compone de múltiples miembros— se reaviva, se desarrolla, se cohesiona y adquiere consistencia por este doble alimento: la fe es su cuerpo, la esperanza su alma. Como también el Señor está constituido de carne y sangre. La esperanza, en realidad, es la sangre de la fe; gracias a ella y al alma se conserva la fe. Y si la esperanza se desvanece, a modo de un flujo de sangre, la vitalidad de la fe desaparece.
    Comentario editorial · La Iglesia alimentada como un cuerpo
    Clemente desarrolla una alegoría compleja: la Iglesia es como un cuerpo que se alimenta de Cristo. La fe es el cuerpo (sólido, estructural), la esperanza es el alma (vital, dinámica). Carne y sangre de Cristo alimentan respectivamente la fe y la esperanza de la Iglesia. Esta unidad orgánica entre Cristo y la Iglesia, mediada por el alimento eucarístico entendido simbólicamente, anticipa desarrollos posteriores de la eclesiología patrística.

    Excurso fisiológico: la naturaleza de la leche

    I, 6

    Pero si los que tienen ganas de disputas siguen sosteniendo que la leche significa las primeras enseñanzas, es decir, los primeros alimentos, mientras que el alimento sólido simboliza los conocimientos espirituales, por más que pretendan situarse en la cima del conocimiento, deben saber que si llaman comida al alimento sólido, a la carne y a la sangre de Jesús, se enfrentan, por su orgullosa sabiduría, a la simplicidad de la verdad.
    La sangre es, sin duda, el primer elemento generado en el hombre; algunos, incluso, se han atrevido a sostener que constituye la substancia del alma. Ciertamente la sangre se altera por una cocción natural, una vez que la madre ha dado a luz. Por una especie de simpatía de ternura palidece y se vuelve blanca, para que el niño no se asuste. La sangre es, además, lo más fluido de la carne; algo así como carne en estado de fluidez; a su vez, la leche es lo más sabroso y refinado de la sangre.
    Este alimento tan apetecible para el recién nacido no es otra cosa sino sangre que se transforma, ya se trate de la sangre aportada al embrión y que le es enviada por el cordón umbilical de la matriz o se trate de la mera sangre menstrual, cuyo ciclo natural ha quedado interrumpido. Y se prepara por una efusión natural de la sangre, cuando Dios —que engendra y alimenta a todos los seres— la hace fluir hacia los pechos ya dilatados y es alterada por un soplo caliente.
    En efecto, en el momento del parto queda cortado el conducto por el que circulaba la sangre hasta el embrión, se produce una interrupción del circuito y la sangre lleva hacia los pechos la dirección de su impulso, y estos se dilatan por hacerse el aflujo muy abundante: y la sangre se transforma en leche de la misma manera que se transforma, en una ulceración, en pus.
    También puede ser que por la dilatación de las venas que hay en los pechos, debida a la distensión del parto, la sangre fluya a los alvéolos naturales de los pechos. Entonces el pneuma impulsado desde las arterias vecinas se mezcla con la sangre que, aun manteniendo íntegra su sustancia, al desbordarse se vuelve blanca y se transforma en espuma por este choque. Experimenta la sangre algo parecido a la mar que, bajo el embate de los vientos, "escupe espuma salina". Con todo, la sangre mantiene su sustancia.
    De manera semejante, también los ríos, en su impetuoso curso, azotados por el viento con el que se funden en toda su superficie, "bullen de espuma"; también nuestra saliva se hace blanca por efecto del pneuma. Partiendo de estos hechos, ¿qué hay de absurdo en pensar que la sangre por efecto del pneuma se transforme en lo más brillante y lo más blanco? Sufre, en efecto, un cambio cualitativo, no sustancial. Con toda seguridad, sería muy difícil encontrar algo más nutritivo, más dulce y más blanco que la leche. Pues bien, el alimento espiritual se le asemeja: es, en efecto, dulce por la gracia, nutritivo como vida, blanco como el día de Cristo, y ha quedado bien claro que la sangre del Logos es como leche.
    Comentario editorial · La fisiología antigua de la lactancia
    Clemente recurre aquí a la ciencia médica de su tiempo, influida por Galeno y la tradición hipocrática. Según esta teoría, la leche materna es sangre menstrual transformada. Durante el embarazo, la sangre menstrual nutre al feto; después del parto, esa misma sangre se desvía hacia los pechos donde, por acción del pneuma (aliento vital) y el calor, se transforma en leche. Este proceso químico natural (sangre → leche) fundamenta la alegoría teológica: la sangre de Cristo (su muerte redentora) se transforma en la leche del Logos (su enseñanza vivificante). No son dos cosas diferentes sino la misma realidad salvífica en dos momentos o formas.

    La leche como don de Dios

    I, 6

    Pues bien, así se le aporta al recién nacido la leche que se preparaba en el parto, y los pechos que hasta entonces se dirigían erguidos hacia el marido se inclinan ahora hacia el niño, aprendiendo a ofrecerle el alimento fácil de digerir elaborado por la Naturaleza para su saludable nutrición. Los pechos no están como las fuentes, repletos de leche ya preparada, sino que, transformando dentro de sí mismos el alimento, elaboran la leche que fluye de ellos.
    Este es el alimento apropiado y conveniente para un niño recién nacido y recién constituido, alimento elaborado por Dios —padre nutricio de todos los seres generados y regenerados—, como el maná que llovía del cielo para los antiguos hebreos, el alimento celeste de los ángeles. Sin duda, las nodrizas también hoy llaman "maná" a los calostros, por homonimia con aquel alimento.
    Las mujeres embarazadas, al llegar a ser madres, manan leche; pero Cristo, el Señor, el fruto de la Virgen, no llamó bienaventurados los pechos de la mujer, ni los juzgó nutricios, sino que cuando el Padre, amante y benigno, esparció como lluvia el Logos, este se convirtió en alimento espiritual para los que practican la virtud.

    La Iglesia virgen y madre

    I, 6

    ¡Admirable misterio! Uno es el Padre de todos, uno el Logos de todos, y uno el Espíritu Santo, el mismo en todas partes; una sola la virgen que se ha convertido en madre: me complace llamarla Iglesia. Esta madre única no tuvo leche, porque es la única que no fue mujer; es al mismo tiempo virgen y madre: íntegra como virgen, llena de amor como madre. Ella llama por su nombre a sus hijos y los alimenta, amamantándolos con la leche santa, con el Logos infantil.
    No tuvo leche porque la leche era ese niño bello e íntimo, esto es, el cuerpo de Cristo. Con el Logos alimenta al joven pueblo que el mismo Señor trajo al mundo con dolor carnal y al que envolvió en pañales con su preciosa sangre. ¡Santo parto! ¡Santos pañales!
    El Logos lo es todo para esa criatura: padre y madre, pedagogo y nodriza. Dice: "Comed mi carne y bebed mi sangre" (Juan 6:53). He aquí el provechoso alimento que el Señor nos depara: nos ofrece su carne y nos derrama su sangre. Nada les falta a los niños para su desarrollo.
    Comentario editorial · La eclesiología maternal de Clemente
    La imagen de la Iglesia como virgen-madre que amamanta a sus hijos con el Logos es una de las más bellas y originales de la patrística temprana. Clemente resuelve la aparente paradoja: la Iglesia no tiene leche propia porque su leche es Cristo mismo. No es una nodriza independiente sino el medio por el cual Cristo se comunica a los creyentes. La virginidad de la Iglesia indica su pureza e integridad doctrinal; su maternidad indica su función generativa y nutricia en el bautismo y la enseñanza. Esta doble característica (virgen y madre simultáneamente) se convertirá en un tema clásico de la eclesiología patrística y medieval.

    El misterio de la encarnación como alimento

    I, 6

    ¡Extraordinario misterio! Se nos manda despojarnos de la vieja corrupción de la carne —como también del viejo alimento— y seguir un nuevo régimen de vida: el de Cristo; y, recibiéndolo, si nos es posible, hacerlo nuestro y meter al Salvador en nosotros para destruir así las pasiones de la carne.
    Pero quizás no quieran entenderlo en este sentido, y prefieran una explicación más común; escuchen, pues, esta: la carne es una alegoría del Espíritu Santo, ya que la carne ha sido creada por Él. La sangre alude alegóricamente al Logos, puesto que, como sangre preciosa, el Logos irriga nuestra vida. La mezcla mutua es el Señor, alimento de las criaturas. El Señor es, en efecto, Espíritu y Logos.
    El alimento, es decir, el Señor Jesús, el Logos de Dios, es el Espíritu hecho carne, carne celeste santificada. El alimento es la leche del Padre, por quien únicamente nosotros, las criaturas, somos amamantados. Y Él, Logos "amado", quien nos alimenta, ha derramado su sangre por nosotros, salvando así a la Humanidad.
    Comentario editorial · Cristo como Espíritu encarnado
    La cristología de Clemente alcanza aquí su expresión más elevada: Cristo como Espíritu encarnado es simultáneamente el alimento (leche/carne/sangre) y quien alimenta. La salvación consiste en incorporar a Cristo a nuestra vida, hacerlo nuestro interiormente, de modo que su vida destruya en nosotros las pasiones de la carne.

    El refugio en el Padre

    I, 6

    Nosotros, que por su mediación hemos creído en Dios, nos refugiamos en el regazo del Padre "que hace olvidar", es decir, en el Logos. Solamente Él, como es natural, ofrece a los pequeños, a nosotros, la leche del amor; y sólo son realmente felices quienes maman de este pecho.
    Por eso dice Pedro: "Despojaos de toda maldad y de todo engaño, de la hipocresía, la envidia y la maledicencia; como niños recién nacidos, desead la leche espiritual, a fin de que, alimentados por ella, crezcáis para la salvación, si es que habéis gustado cuán bueno es el Señor" (1 Pedro 2:1-3). Pero si se les concediera que el alimento sólido es de diferente naturaleza que la leche, ¿cómo no van a caer en contradicción consigo mismos por no haber comprendido las leyes de la naturaleza?

    Observaciones sobre la producción natural de leche

    I, 6

    En invierno, cuando el ambiente hace más compacto el cuerpo y no deja salir al exterior el calor que permanece enclaustrado en él, el alimento digerido y consumido se convierte en sangre que fluye por las venas. Estas, privadas de transpiración, por estar llenas de sangre, se distienden al máximo y laten con fuerza; y es precisamente entonces cuando las nodrizas están repletas de leche.
    Hemos demostrado hace poco que, al dar a luz, la sangre se transforma en leche sin tener lugar una mutación sustancial, como sucede con los cabellos rubios que se tornan blancos al ir envejeciendo. En cambio, en el verano, el cuerpo, al estar más dilatado, deja pasar el alimento con más facilidad y la leche no abunda, porque tampoco abunda la sangre, pues no se retiene todo el alimento.
    Si, pues, la elaboración del alimento deriva en sangre, y esta se convierte en leche, la sangre es preparación de la leche, como la sangre lo es del hombre y el orujo de la vid. Así pues, nada más nacer, somos amamantados con la leche, este alimento del Señor, y del mismo modo, desde el momento en que somos regenerados, recibimos una buena nueva: la esperanza del reposo final en la Jerusalén de lo alto, en donde, según está escrito, manan la leche y la miel. Mediante este alimento material se nos promete también el alimento santo.

    La leche como símbolo del Logos

    I, 6

    Los alimentos, como dice el Apóstol, se destruyen, mas el alimento que proporciona la leche conduce hasta los cielos, convirtiéndonos en ciudadanos de los cielos e incorporándonos al coro de los ángeles. Y como el Logos es "fuente de vida" que brota, y recibe también el nombre de "río de aceite", se comprende que Pablo lo llame alegóricamente "leche", cuando dice: "Os di de beber", porque el Logos, alimento de la verdad, se bebe.
    Ciertamente, puede decirse que la bebida es un alimento líquido; un mismo alimento puede considerarse sólido o líquido, según, claro está, el aspecto que consideremos. Por ejemplo, el queso es coagulación de leche o leche coagulada. No me preocupa ahora la precisión de las palabras; sólo pretendo decir que una única substancia suministra dos tipos de alimento. Así, la leche es de gran provecho para los lactantes y es, a la vez, para ellos, bebida y alimento sólido.
    El Señor ha dicho: "Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis; mi alimento consiste en cumplir la voluntad del que me ha enviado" (Juan 4:32)>. He aquí otro alimento —la voluntad de Dios—, de análogo significado alegórico que el de la leche.
    Con lenguaje figurado, llama "cáliz" al cumplimiento de su Pasión, porque tenía que beberlo y apurarlo hasta el final él solo. Así, para Cristo, el alimento era el cumplimiento de la voluntad del Padre, mientras que para nosotros, pequeños que mamamos del Logos celeste, el alimento es el mismo Cristo. De ahí que la palabra masteyein sea sinónima de "buscar", ya que los pequeños que buscan el Logos se nutren de la leche que les proporcionan los amorosos pechos del Padre.
    Comentario editorial · La flexibilidad del símbolo
    Clemente demuestra aquí su habilidad como exegeta alegórico: la misma realidad (leche) puede interpretarse de múltiples maneras sin perder su unidad esencial. Puede ser líquida o sólida (queso), puede ser alimento de inicio o de consumación (tierra prometida), puede significar el Logos, la fe, la enseñanza o el Espíritu. Esta flexibilidad interpretativa no es arbitrariedad sino reconocimiento de que las realidades espirituales trascienden nuestras categorías lingüísticas y admiten múltiples aproximaciones válidas. El simbolismo bíblico es polivalente pero no contradictorio: todas las interpretaciones convergen en Cristo como único Mediador y Alimento.

    El pan del cielo

    I, 6

    Además, el Logos se llama a sí mismo "pan de los Cielos": "No os dio Moisés el pan del Cielo, sino mi Padre, os da el verdadero pan del Cielo. Porque el pan de Dios es el que desciende del Cielo y da vida al mundo… el pan que yo os daré, es mi carne para la vida del mundo" (Juan 6:32-33).
    Adviertan el sentido místico del "pan", que llama carne, y de la que se dice que resucitará. Como germina el trigo tras la siembra y la descomposición, también su carne mediante el fuego se reconstituye para gozo de la Iglesia, como pan que ha sido cocido.
    Pero mostraremos de nuevo con más detenimiento y claridad estas cuestiones en nuestro tratado Sobre la Resurrección. Porque dijo: "el pan que yo os daré es mi carne", y la carne es irrigada por la sangre, y el vino designa alegóricamente la sangre. Como es sabido, cuando echamos migas de pan a una mezcla de agua y vino, estas absorben el vino y dejan el agua; pues bien, así también la carne del Señor, el pan de los Cielos, absorbe la sangre, y este alimento eleva al hombre para que alcance la incorruptibilidad y deje aquellos deseos carnales que llevan a la corrupción.

    La multiplicidad de nombres del Logos

    I, 6

    De muchas maneras se llama alegóricamente al Logos: alimento, carne, comida, pan, sangre, leche. El Señor es todo beneficio nuestro, pues hemos creído en Él. Que nadie se extrañe si alegóricamente llamamos leche a la sangre del Señor. ¿No se le llama también, mediante una alegoría, vino?
    "El que lava —dice— en el vino su manto y en la sangre de la viña su hábito" (Génesis 49:11). Afirma que en su propia sangre se embellecerá el cuerpo del Logos y que con su espíritu alimentará a los que tengan hambre del Logos.
    Que la sangre es el Logos lo atestigua la sangre del justo Abel, que clama a Dios. En efecto, la sangre jamás puede emitir sonidos, a no ser que por sangre entendamos, alegóricamente, el Logos. Aquel justo antiguo era figura del justo nuevo, y la sangre antigua hablaba por boca de la sangre nueva. Quien clama a Dios es la sangre, que es el Logos, pues revelaba al Logos destinado a sufrir.
    Comentario editorial · Abel y Cristo
    La tipología Abel-Cristo es fundamental en la teología patrística. La sangre de Abel que clama desde la tierra prefigura la sangre de Cristo que habla mejor que la de Abel. Clemente establece que solo el Logos puede "hablar", por tanto cuando la Escritura dice que la sangre de Abel clama, está revelando alegóricamente que Abel es tipo de Cristo, el Logos encarnado cuya sangre verdaderamente habla e intercede.

    Embriología y generación

    I, 6

    Por lo demás, la misma carne y la sangre que en ella hay es irrigada y crece con la leche, como fiel testimonio de amor filial. La formación del embrión se lleva a cabo cuando el esperma se une al residuo purificado que queda después del flujo menstrual. La potencia del esperma, al coagular la naturaleza de la sangre, como el cuajo coagula la leche, elabora la substancia del objeto formado. La mezcla equilibrada germina, mas las situaciones extremas implican el peligro de la esterilidad.
    La semilla de la tierra, inundada por una lluvia excesiva, se echa a perder y, si por la sequedad está falta de humedad, se seca; contrariamente, una humedad viscosa permite la cohesión de la semilla y la hace germinar. Algunos suponen que la semilla del ser vivo es sustancialmente la espuma de la sangre que, agitada violentamente por el calor natural del macho en el momento de la unión, forma espuma y se esparce por las venas espermáticas. De ahí pretende Diógenes de Apolonia que han tomado nombre los aphrodisia.
    Es del todo evidente que la sangre es la substancia del cuerpo humano. Las entrañas de la mujer albergan en primer lugar un conglomerado líquido de aspecto lechoso; luego, este conglomerado se convierte en sangre y después en carne, condensándose en el útero por la acción del pneuma natural y caliente, que configura el embrión y lo vivifica.
    Después del parto, el niño sigue alimentándose aún gracias a esta misma sangre, puesto que el producir leche está en la naturaleza de la sangre y la leche es fuente de nutrición. Por ella se evidencia también que realmente la mujer ha dado a luz y es madre. Con la leche adquiere la mujer el encanto de la ternura maternal. Por esa razón, el Espíritu Santo que estaba en el Apóstol habla misteriosamente por boca del Señor: "Os di de beber leche".

    Regeneración espiritual y alimentación del Logos

    I, 6

    Si, en efecto, hemos sido regenerados en Cristo, el que nos ha regenerado nos alimenta con su propia leche, es decir, el Logos. Y lógico es que todo procreador procure alimento al ser que acaba de generar. Y así como ha sido espiritual para el hombre la regeneración, así también lo ha sido el alimento.
    Hemos sido asimilados a Cristo plenamente: en parentesco por su sangre que nos ha redimido; en simpatía por la alimentación y educación que hemos recibido del Logos; en incorruptibilidad por la formación que nos ha dado. Entre los mortales, educar a los hijos proporciona a menudo más compensaciones que el mero hecho de engendrarlos. Lo mismo es, pues, sangre y leche, símbolo de la Pasión y de las enseñanzas del Señor.
    Por tanto, como niños que somos, podemos gloriarnos en el Señor y exclamar: "Me enorgullezco de haber nacido de un padre tan bueno y de tal sangre". Que la leche procede de la sangre por un proceso de transformación, está más que claro; no obstante, podemos fijarnos, a modo de lección práctica, en los pequeños rebaños de ovejas y de vacas.
    Comentario editorial · La pedagogía como continuación de la generación
    Clemente establece aquí un principio pedagógico fundamental: quien engendra tiene obligación de alimentar y educar. Si Cristo nos ha regenerado en el bautismo, lógicamente debe también nutrirnos y educarnos. Esta continuidad entre generación (bautismo) y educación (pedagogía) es la base de toda la obra El Pedagogo. Cristo no nos regenera para luego abandonarnos, sino que permanece como Pedagogo que nos guía hacia la madurez. La sangre de la redención y la leche de la enseñanza son la misma realidad salvífica en dos momentos: pasión y pedagogía.

    Observaciones sobre la producción estacional de leche

    I, 6

    Durante la estación que nosotros convenimos en llamar primavera, cuando el tiempo es húmedo y la hierba y los pastos son abundantes y frescos, estos animales se hinchan primero de sangre, a juzgar por la distensión de las venas que dilatan los vasos; esta sangre se convierte en leche abundante. En cambio, en verano sucede todo lo contrario, pues la sangre se calienta y se seca por el calor, paralizando dicho proceso de transformación; por tanto, al ordeñar, se obtiene menor cantidad de leche.

    La afinidad de la leche con el agua y el bautismo

    I, 6

    Esta tiene una cierta afinidad natural con el agua, como la tiene el lavado espiritual con el alimento espiritual. Por ejemplo, si a la leche le añadimos un poco de agua fresca, la combinación reporta, al punto, notorios beneficios: la mezcla de la leche con el agua impide que aquella se agríe, porque la leche se digiere, no por "antipatía", sino por "simpatía" con el agua.
    El Logos tiene con el Bautismo la misma afinidad que la leche con el agua. La leche es el único líquido que posee esta propiedad: se mezcla con el agua para purificarnos, como también se recibe el Bautismo para la remisión de los pecados.
    La leche también se mezcla con la miel, buscando un efecto purificador, al tiempo que resulta agradable. El Logos, al mezclarse con el amor del hombre, sana las pasiones y purifica también los pecados. Aquello de que "su voz fluía más dulce que la miel", creo que fue dicho por el Logos, que es miel. En diversos lugares la profecía lo eleva "por encima de la miel y del jugo de los panales".
    Comentario editorial · Bautismo y enseñanza: dos aspectos inseparables
    La afinidad natural de la leche con el agua fundamenta la relación entre bautismo (agua) y pedagogía (leche del Logos). Ambos son inseparables: el bautismo sin instrucción sería estéril, y la instrucción sin bautismo carecería de fundamento regenerativo. Esta unidad sacramental-catequética será característica de la Iglesia antigua: el proceso de iniciación cristiana (catecumenado-bautismo-enseñanza posbautismal) es un todo orgánico. Clemente anticipa aquí la futura práctica de la mystagogia, la explicación de los sacramentos que se daba a los neófitos después del bautismo.

    Transformaciones de la leche y sus significados espirituales

    I, 6

    La leche se mezcla también con el vino dulce, y dicha mezcla resulta saludable; es como si su naturaleza, al mezclarla, se volviera incorruptible: bajo el efecto del vino, la leche se transforma en suero, se descompone, y lo sobrante se desecha. Así la unión espiritual entre la fe y el hombre sometido a las pasiones, convirtiendo en suero los deseos de la carne, confiere al hombre una mayor firmeza para la eternidad, haciéndole inmortal merced a la providencia divina.
    Son muchos los que para alumbrarse utilizan la grasa de la leche, que recibe el nombre de manteca; con ello simbolizan claramente al Logos, rico en aceite: el único, en verdad, que alimenta, fortifica e ilumina a los pequeños.
    Por eso la Escritura dice del Señor: "les dio como manjar los frutos del campo, los alimentó con miel salida de la roca, y aceite sacado de la dura piedra, mantequilla de las vacas, y leche de las ovejas con la grasa de corderos" (Deuteronomio 32:13-14); estos fueron los alimentos que, amén de otros, les proporcionó. Y el profeta, anunciando el nacimiento del niño, manifiesta que "se alimentará de manteca y miel" (Isaías 7:15).

    Contra los que se proclaman perfectos

    I, 6

    A veces me sorprende el hecho de que algunos se atrevan a llamarse "perfectos" y "gnósticos", y llenos de orgullo y arrogancia se consideran superiores al Apóstol. Pablo dice de sí mismo: "No es que ya lo haya conseguido todo o que ya sea perfecto; pero sigo adelante por si logro apresarlo, pues yo, a mi vez, fui apresado por Cristo. Hermanos, estoy convencido de no haber alcanzado aún la meta; una cosa sí hago: olvidando lo que dejo atrás, y lanzándome a lo que me queda por delante, puestos los ojos en la meta, sigo veloz hacia el premio de la soberana vocación en Cristo Jesús" (Filipenses 3:12-14).
    Se considera perfecto por haber abandonado su vida anterior y porque tiende a una vida mejor. Se considera perfecto, no en el conocimiento, sino porque desea la perfección. Por eso añade: "Los que somos perfectos, tenemos tales pensamientos". Es evidente que llama perfección a la liberación del pecado, al resurgimiento de la fe en Aquel que es el único perfecto, al olvido de los pecados cometidos anteriormente.
    Comentario editorial · Contra el orgullo gnóstico
    Clemente cierra el capítulo con una crítica del orgullo gnóstico. Si incluso Pablo, el gran apóstol, no se consideraba perfecto en el sentido de haber llegado al término del camino, ¿cómo pueden los gnósticos pretender serlo? La verdadera perfección cristiana no es posesión de conocimientos secretos ni autosatisfacción espiritual, sino la tensión dinámica del que, olvidando lo pasado, se lanza hacia adelante en pos del premio de la vocación celestial.
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