158.1 Moisés es para nosotros profético, legislativo, táctico, estratégico, político y filosófico. Cómo era profético se dirá después, cuando tratemos sobre la profecía. La parte táctica es una subdivisión de lo estratégico, y lo estratégico de lo regio. A su vez, lo legislativo es parte 158.2 de lo regio, igual que lo judicial. De lo regio, una parte es divina, como lo que corresponde a Dios y a su santo Hijo, por quienes se otorgan los bienes de la tierra, los exteriores y la perfecta felicidad: "Pidan las cosas grandes", dice, "y las pequeñas se les añadirán." 158.3 Una segunda forma de realeza, después del gobierno puramente racional y divino, es la que usa exclusivamente el elemento irascible del alma para gobernar, según cuya forma Heracles 158.4 reinó sobre Argos y Alejandro sobre los macedonios. Una tercera se propone únicamente vencer y conquistar (sin que importe a tal persona si la victoria es para el mal o para el bien), de la cual se valieron los persas 158.5 cuando hicieron campaña contra Grecia. Pues del elemento irascible, una parte es solo combativa, habiendo establecido el dominio por el dominio mismo, y otra es amante de lo bello, cuando el alma usa el elemento irascible para fines nobles.
159.1 Una cuarta, la peor de todas, es la realeza organizada según los deseos, como la de Sardanápalo y de quienes hacen su fin complacer lo más posible a sus apetitos. 159.2 Tanto de la realeza que vence por virtud como de la que vence por violencia, el instrumento es la táctica, pero diferente según la naturaleza y la materia. En las armas y en los animales de combate, a través de seres animados e inanimados, lo que ordena es el alma y la mente, pero en las pasiones del alma, sobre las que prevalecemos mediante la virtud, lo táctico es el razonamiento, 159.3 que sella el dominio de sí mismo y la templanza junto con la santidad y el conocimiento bueno con verdad, dirigiendo el fin hacia la piedad de Dios. Así, usando la virtud, la prudencia es lo que ordena: la sabiduría ordena las cosas divinas, la política las humanas, 159.4 y la regia todas ellas. Rey, por tanto, es quien gobierna según leyes y posee la ciencia de gobernar a quienes lo aceptan voluntariamente, tal como es el Señor que recibe a quienes creen en él y por medio de él.
159.5 Pues Dios entregó todas las cosas y sometió todo a Cristo nuestro Rey, "para que en el nombre de Jesús toda rodilla se doble, de los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre."