107.2 Yo apruebo a Antístenes cuando dice: "A Afrodita la atravesaría con flechas si la capturara, porque ha corrompido a muchas de nuestras mujeres hermosas 107.3 y buenas." Y al amor lo llama enfermedad de la naturaleza. Los desdichados, vencidos por ella, llaman dios a esa enfermedad. Porque se demuestra con esto que los más ignorantes son vencidos por el desconocimiento del placer, que no se debe admitir aunque se le llame dios, es decir, aunque resulte que ha sido dada por Dios para la necesidad 107.4 de la procreación. Y Jenofonte, llamando directamente maldad al placer, dice: "¡Oh desgraciada!, ¿qué bien conoces tú, o qué hermosura contemplas? Tú que ni siquiera esperas el deseo de las cosas placenteras: antes de tener hambre comes, antes de tener sed bebes, y para que 107.5 comas con placer te ingenias cocineros; para que bebas con placer te procuras vinos costosos, y en el verano andas buscando nieve; y para que 108.1 duermas con placer, no solo preparas lechos mullidos, sino también los soportes para los lechos." Por eso, como decía Aristón frente a todo el tetracordio —placer, dolor, temor, deseo—, se necesita mucho ejercicio y lucha, porque estos, estos penetran por dentro hasta las entrañas y agitan el corazón de los hombres.
108.2 Porque incluso de aquellos que creen tener ánimos nobles, el placer los hace de cera, según Platón, porque "cada placer y dolor clava con estacas el alma al cuerpo" 108.3 del que no se separa ni se crucifica a sí mismo de las pasiones. "El que pierda su alma", dice el Señor, "la salvará", ya sea entregándola temerariamente por el Salvador, como él mismo hizo por nosotros, o bien liberándola 108.4 de la comunión con la vida habitual. Porque si quieres liberar y apartar y separar (pues esto significa la cruz) tu alma del deleite y el placer en esta vida, la tendrás 109.1 hallada y reposada en la esperanza que se aguarda. Y esto sería una meditación de la muerte, si quisiéramos contentarnos solamente con los deseos naturales medidos, que no exceden en nada lo natural hacia lo más o hacia lo 109.2 antinatural, donde nace lo pecaminoso. "Es necesario, pues, revestirse de toda la armadura de Dios para que podamos estar firmes contra las asechanzas del diablo, porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para destrucción de fortalezas, destruyendo razonamientos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento 109.3 a la obediencia de Cristo", dice el divino apóstol. Se necesita, pues, un hombre que use sin asombro ni perturbación las cosas de las cuales surgen las pasiones, como la riqueza y la pobreza, la gloria y la deshonra, 109.4 la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, el trabajo y el placer. Porque para que usemos con indiferencia las cosas indiferentes, necesitamos mucha diferenciación, dado que estamos previamente debilitados por mucha enfermedad y perversión de mala conducta 110.1 y crianza con ignorancia desde antes. El simple logos de nuestra filosofía dice que todas las pasiones son adherencias del alma blanda y dócil, y como 110.2 sellos de las potencias espirituales contra las cuales es nuestra lucha. Porque es natural, creo, que las potencias malignas intenten operar algo de su propia condición en cada ocasión, para someter y apropiarse 110.3 de quienes las han renunciado. Se sigue razonablemente que unos son derrotados, pero quienes manejan la lucha de manera más atlética, combatiendo en el pancracio y habiendo avanzado hasta la corona, las mencionadas potencias se rinden entonces en mucha sangre, admirando a los vencedores.