III, 1.1–3.2
1.1 Los seguidores de Valentino, trayendo desde lo alto las uniones conyugales a partir de las emanaciones divinas, aprueban el matrimonio. Los discípulos de Basílides, por su parte, cuando los apóstoles preguntaron si acaso no sería mejor no casarse, afirman que el Señor respondió: "No todos comprenden esta palabra, pues hay eunucos: unos desde el nacimiento, 1.2 otros por necesidad." Interpretan este dicho de la siguiente manera: algunos tienen desde el nacimiento una aversión natural hacia la mujer, y quienes hacen uso de esta disposición natural obran correctamente al no casarse. 1.3 Estos, dicen, son los eunucos de nacimiento. Los eunucos por necesidad son aquellos ascetas del teatro que, por la atracción de la gloria, se dominan a sí mismos; y los que han sido castrados por algún infortunio se han convertido en eunucos por necesidad.
1.4 Así pues, quienes se hacen eunucos por necesidad no lo hacen conforme a la razón. Pero los que se han hecho eunucos a sí mismos por causa del reino eterno, tomando esta decisión debido a las consecuencias que acarrea el matrimonio, temen —según dicen— 2.1 la preocupación por el sustento de lo necesario. Y cuando el apóstol dice "mejor es casarse que arder", significa: no arrojes tu alma al fuego, aferrándote noche y día y temiendo no caer de la continencia. Pues el alma que lucha por mantenerse firme 2.2 queda dividida de su esperanza. "Mantente firme, pues" —dice textualmente Isidoro en sus obras Éticas— "frente a una mujer combativa, para que no seas arrancado de la gracia 2.3 de Dios; y habiendo extinguido el fuego, ora con conciencia limpia. Pero cuando tu acción de gracias" —dice— "decaiga en súplica, y ya no pidas lo que debes lograr sino simplemente no caer, 2.4 cásate. Pero si alguien es joven o pobre o débil, y no quiere casarse conforme a la razón, que no se separe del hermano. Que diga: 'He entrado en el santuario, 2.5 nada puede afectarme.' Pero si tiene alguna sospecha, que diga: 'Hermano, impón tu mano sobre mí para que no peque', y recibirá ayuda tanto intelectual como sensible. Que solo quiera completar lo bueno, 3.1 y lo conseguirá. Pero a veces con la boca decimos: 'No queremos pecar', mientras que la mente se inclina hacia el pecado. Tal persona, por temor, no hace lo que quiere, para que no se le impute 3.2 el castigo. La naturaleza humana tiene algunas necesidades que son a la vez naturales, mientras que otras son solo naturales. Vestirse es necesario y natural; el acto sexual es natural, pero no necesario."
Comentario editorial · Quién era Isidoro
El Isidoro mencionado aquí es el hijo y discípulo del influyente líder gnóstico Basílides, quien estableció una importante escuela gnóstica en Alejandría durante el siglo II. Clemente cita la obra de Isidoro titulada Éticas no para aprobarla, sino como parte de su estrategia habitual de exponer y refutar las enseñanzas heréticas.
La perspectiva de Isidoro sobre el matrimonio y la sexualidad refleja la visión gnóstica basilidiana, que consideraba el mundo material como defectuoso o inferior, creado por un demiurgo menor en lugar del Dios supremo. Esta cosmología influía directamente en su ética: el cuerpo y sus deseos eran vistos con profunda ambivalencia. Isidoro propone un compromiso pragmático con los deseos carnales —casarse cuando la continencia se vuelve insostenible— para poder mantener una "conciencia limpia" en la oración.
Clemente rechaza esta visión por considerar que reduce el matrimonio a una mera concesión a la debilidad humana, en lugar de reconocerlo como una institución divina con valor propio. A lo largo de los Stromata, Clemente argumentará que el matrimonio cristiano, vivido con templanza y orientado hacia Dios, es una vocación legítima y honorable, no simplemente un remedio inferior para quienes no pueden alcanzar la continencia perfecta. La secta basilidiana, fundada por el padre de Isidoro, persistió hasta el siglo IV, pero sus enseñanzas fueron consistentemente rechazadas por los Padres ortodoxos como Clemente.
III, 3.3–4.3
3.3 He citado estas declaraciones para refutar a los basilidianos que no viven rectamente, como si tuvieran licencia para pecar debido a su perfección, o como si de todos modos fueran a salvarse por naturaleza aunque ahora pequen, debido a su elección innata, puesto que 3.4 ni siquiera los fundadores de sus doctrinas les permiten hacer las mismas cosas que ellos hacen. Que no se encubran, pues, bajo el nombre de Cristo y vivan más licenciosamente que los más desenfrenados entre los paganos, atrayendo blasfemia sobre el nombre. Pues tales personas son "falsos apóstoles, obreros fraudulentos", cuyo fin 4.1 será conforme a sus obras. La continencia es, por tanto, el menosprecio del cuerpo según la confesión hacia Dios. Pues no solo en lo relativo a los placeres sexuales, sino también respecto a todas las demás cosas que el alma desea perversamente sin contentarse 4.2 con lo necesario, la continencia tiene su ejercicio. Hay continencia en la lengua, en la posesión, en el uso y en el deseo. Esta no solo enseña a ser templados, sino que nos otorga 4.3 la templanza misma, siendo poder y gracia divina. ¿Qué opina, pues, nuestra doctrina sobre el tema propuesto? Debemos decirlo: nosotros declaramos bienaventurados a quienes tienen el don de la continencia y a quienes esto les ha sido concedido por Dios; admiramos la monogamia y la dignidad del matrimonio único, diciendo que es necesario compartir los sufrimientos y llevar las cargas unos de otros, no sea que quien parece estar firme también caiga. Y sobre el segundo matrimonio, si alguien arde, dice el apóstol, que se case.
III, 5.1–9.3
5.1 Los seguidores de Carpócrates y Epifanes sostienen que las mujeres deben ser comunes, de donde ha surgido la mayor 5.2 blasfemia contra el nombre. Este Epifanes, de quien se conservan los escritos, era hijo de Carpócrates y de una madre llamada Alejandrina; por parte de padre era alejandrino, y por parte de madre, natural de Cefalenia. Vivió en total diecisiete años, y se le rinde culto como dios en Same de Cefalenia, donde se le ha edificado y consagrado un templo de piedras pulidas, altares, recintos sagrados y un museo. Los cefalenios se reúnen en el templo cada luna nueva para celebrar su cumpleaños, ofrecen sacrificios apoteósicos a Epifanes, 5.3 hacen libaciones, banquetean y cantan himnos. Fue educado por su padre tanto en la educación general como en las doctrinas de Platón, e introdujo el conocimiento monádico, del cual proviene 6.1 la herejía de los carpocracianos. En su tratado Sobre la justicia, este Epifanes dice que la justicia de Dios es una especie de comunión con igualdad. "Pues el cielo, extendido por igual en todas direcciones, abarca circularmente toda la tierra; la noche muestra igualmente todas las estrellas; y al sol, causa del día y padre de la luz, Dios lo ha derramado desde lo alto de manera igual sobre toda la tierra para todos los que pueden ver; y todos ven en común, 6.2 puesto que no hace distinción entre rico o pobre, pueblo o gobernante, necios y sabios, mujeres y varones, libres y esclavos. Ni siquiera hace diferencia alguna con los animales irracionales, sino que derramándolo igualmente como bien común sobre todos los seres vivientes, tanto buenos como malos, establece la justicia de manera que nadie pueda tener más ni quitarle 6.3 al prójimo para tener él el doble de su luz. El sol hace brotar alimento común para todos los animales; y siendo la justicia común dada igualmente a todos, las crías de los bueyes nacen semejantes a los bueyes, las de los cerdos como los cerdos, las de las ovejas como las 6.4 ovejas, y así todos los demás. Pues en ellos se manifiesta la justicia como comunidad. Además, según la comunidad, todo se siembra igualmente según su especie, y el alimento común se concede sobre la tierra a todos los animales que pastan, y a todos por igual, sin estar sujeto a ninguna ley, sino presente para todos 7.1 en justicia mediante la provisión del que lo da y lo dispensa, de manera conforme a todos. Pero ni siquiera los actos de generación tienen una ley escrita (pues habrían sido copiados), sino que siembran y engendran por igual, teniendo una comunión implantada por la justicia. El Creador y Padre de todas las cosas, legislando con su justicia, dio el ojo igualmente y en común a todos para ver, sin hacer distinción entre mujer y varón, entre racional e irracional, y en suma sin distinción alguna, sino que mediante la igualdad y la comunidad distribuyó 7.2 la vista, concediéndola de manera semejante a todos con un único mandato. Pero las leyes", dice, "al no poder castigar la ignorancia de los seres humanos, les enseñaron a transgredir. Pues la propiedad privada de las leyes cortó y devora la comunión de la ley divina", sin comprender el dicho del apóstol que afirma 7.3 que "por la ley conocí el pecado". "Lo mío y lo tuyo", dice, "entraron mediante las leyes, de modo que ya no se disfrutan en común 7.4 ni los frutos de la tierra ni las posesiones, ni siquiera el matrimonio. Pues Dios hizo comunes para todos las vides, que no rechazan ni al gorrión ni al ladrón, e igualmente el trigo y los demás frutos. La comunión, al ser transgredida, engendró al ladrón de animales y 8.1 frutos y de todo lo relativo a la igualdad. Así pues, Dios hizo todo común para el ser humano, y unió a la mujer con el varón en común, y de manera semejante unió a todos 8.2 los animales, manifestando la justicia como comunión con igualdad. Pero los nacidos de esta manera rechazaron la comunión que causó su nacimiento, y dicen: 'Quien tomó una mujer, que la tenga', cuando todos podrían 8.3 tener comunión, tal como hizo evidente en los demás animales." Después de decir esto textualmente, añade de nuevo de manera similar con estas mismas palabras: "Pues implantó en los varones el deseo vigoroso y más intenso para la continuidad de las especies, deseo que ni ley ni costumbre ni ninguna otra cosa 8.4 entre las existentes puede hacer desaparecer, porque es decreto de Dios." Y ¿cómo podrá aún este ser examinado en nuestra doctrina, cuando derriba abiertamente tanto la ley como el evangelio mediante estas afirmaciones? Pues la una dice: "No cometerás adulterio", 8.5 y la otra: "Todo el que mira con deseo ya adulteró." Porque el "no desearás", dicho por la ley, muestra que el único Dios es proclamado a través de la ley, los profetas y el evangelio. Pues dice: 8.6 "No desearás lo del prójimo." Pero el prójimo no es el judío para el judío —pues ese es hermano e identidad del espíritu—, queda entonces que el prójimo es el gentil. ¿Pues cómo no sería prójimo quien puede participar del espíritu? Porque Abraham es padre no solo de los hebreos, sino también 9.1 de los gentiles. Ahora bien, si la adúltera y el que fornica con ella son castigados con la muerte, es evidente que el mandamiento que dice "no desearás la mujer del prójimo" se refiere a los gentiles, para que alguien, absteniéndose según la ley tanto de la mujer del prójimo como de la hermana, escuche directamente del Señor: "Pero yo digo: no desearás." La adición de la partícula "yo" muestra 9.2 la operación más directa del mandamiento. Y que blasfeman contra Dios tanto Carpócrates como Epifanes, quien en ese celebérrimo libro, el Sobre la justicia, digo, 9.3 añade textualmente de esta manera: "De ahí que hay que escuchar como ridícula esta palabra del legislador que dice: 'No desearás'; y aún más ridículo cuando añade 'lo del prójimo'. Pues el mismo que dio el deseo como lo que mantiene la generación, ordena quitarlo sin haberlo quitado de ningún animal. Y lo de 'la mujer del prójimo', forzando la comunidad hacia la propiedad privada, lo dijo de manera todavía más ridícula."
Comentario editorial · Epifanes y su tratado Sobre la justicia
Epifanes desarrolla en su tratado Sobre la justicia una doctrina radical de "comunismo absoluto" o "anarquismo místico" fundamentada en una teología gnóstica de la naturaleza. Su argumento central sostiene que la verdadera justicia divina se manifiesta en la igualdad perfecta observable en el cosmos: el sol brilla por igual sobre todos, la tierra produce alimento común para todos los seres, y los animales se reproducen sin restricciones legales. Para Epifanes, el pecado original no fue la desobediencia en el Edén, sino la introducción posterior de las leyes humanas que establecieron la propiedad privada mediante los conceptos de "mío" y "tuyo". Esta privatización, argumenta, "cortó y devoró" la comunión natural instituida por Dios, creando ladrones, desigualdad y transgresión donde antes existía armonía comunitaria.
La conclusión más escandalosa de esta filosofía es la abolición del matrimonio monógamo. Epifanes considera que el matrimonio exclusivo constituye una forma ilegítima de propiedad privada sobre las mujeres, contradiciendo el impulso sexual que Dios implantó universalmente para la procreación. Su propuesta de "comunidad de mujeres" no surge de análisis económico o político, sino de un antinomianismo gnóstico: la convicción de que las leyes del mundo material, creadas por un dios inferior, deben ser transgredidas para alcanzar la verdadera libertad espiritual. Clemente cita extensamente estas doctrinas no para aprobarlas, sino para refutarlas como blasfemias que contradicen directamente tanto la Ley mosaica ("No cometerás adulterio") como las enseñanzas de Cristo, quien lejos de abolir la ley moral, la intensificó al interiorizar la prohibición del adulterio hasta incluir el deseo mismo.
III, 10.1–11.2
10.1 Y estas doctrinas profesan los ilustres carpocracianos. De estos y de algunos otros émulos de males semejantes se dice que, reuniéndose para banquetes (pues yo no llamaría ágape a su asamblea), hombres y mujeres juntos, después de saciarse (pues "en la hartura está Afrodita", como dicen), habiendo apartado con el apagado de la lámpara la luz que delataría su vergüenza, esta justicia fornicaria suya, se mezclan como quieran, con quienes quieran, habiendo practicado en tal ágape la comunión, y ya de día exigen de las mujeres que deseen la obediencia a la ley carpocrática —pues no es lícito decir divina—. Tales prácticas creo que Carpócrates debería legislar para la lujuria de perros, cerdos y cabras.
10.2 Me parece también que malinterpretó a Platón cuando en la República dice que las mujeres sean comunes a todos: comunes antes del matrimonio para los que van a pedirlas, tal como también dice que el teatro es común para los espectadores, pero que cada una pertenece a cada uno cuando la ha tomado primero, 11.1 y la casada ya no es común. Janto, en su obra titulada Mágica, dice que los magos se unen con sus madres, hijas y hermanas, siendo lícito unirse, y que las mujeres son comunes no por violencia ni a escondidas, sino con el consentimiento de ambos, cuando 11.2 uno quiere casarse con la mujer del otro. A propósito de estas y de herejías semejantes, creo que Judas dijo proféticamente en su epístola: "De igual manera también estos, delirando en sueños" (pues no se aplican en vigilia a la verdad) "hasta su boca habla cosas arrogantes."
III, 12.1–13.3
12.1 Ahora bien, si tanto Platón como los pitagóricos —al igual que posteriormente los seguidores de Marción— consideraron mala la generación (aunque de ningún modo esto implicaría que Platón propusiera que las mujeres fueran comunes), los marcionitas sostienen que la naturaleza es mala por provenir de una materia mala y de un demiurgo justo. 12.2 Por esta razón, no queriendo llenar el mundo creado por el demiurgo, desean abstenerse del matrimonio, oponiéndose a su propio creador y apresurándose hacia el que llamó, que según ellos es bueno pero no el Dios verdadero en otro sentido. De ahí que, no queriendo dejar nada propio aquí, no practican la continencia por decisión moral sino por odio hacia el creador, negándose a usar 12.3 las cosas por él creadas. Pero estos, en impía rebeldía contra Dios, apartándose de los razonamientos según la naturaleza y despreciando la paciencia y bondad de Dios, aunque no quieren casarse, sin embargo utilizan los alimentos creados y respiran el aire del demiurgo, siendo ellos mismos obras suyas y permaneciendo en lo que es suyo; y proclaman el conocimiento extraño, como dicen, aun cuando deberían estar agradecidos al Señor del mundo 13.1 por haber sido evangelizados aquí. Pero contra estos discutiremos con toda precisión cuando tratemos el tema de los principios. Los filósofos que mencionamos, de quienes los marcionitas aprendieron impíamente que la generación es mala y de lo cual se enorgullecen como si fuera doctrina propia, no quieren que esta sea mala 13.2 por naturaleza, sino para el alma que contempla la verdad. Pues traen el alma aquí siendo divina, como a un lugar de castigo que es el mundo, y según ellos las almas encarnadas deben 13.3 purificarse. Esta doctrina ya no es propia de los marcionitas, sino de quienes sostienen que las almas se encarnan, transmigran y se transfieren de un cuerpo a otro, sobre lo cual habrá otra ocasión para hablar cuando tratemos acerca del alma.
III, 14.1–21.1
14.1 Heráclito, por ejemplo, parece censurar la generación cuando dice: "Nacidos, quieren vivir y tener sus destinos mortales, o más bien descansar, 14.2 y dejan hijos para que nazcan nuevos destinos." Y evidentemente coincide con él Empédocles, quien dice: "Lloré y me lamenté al ver el lugar desconocido." Y también: "Pues de seres vivos hacía formas muertas, cambiando sus apariencias." Y de nuevo: "¡Ay, ay, miserable raza de mortales, ay desdichada! De qué contiendas y de qué gemidos habéis nacido."
14.3 Y también la Sibila dice: "Hombres mortales y carnales, que no sois nada", de manera semejante al poeta que escribió: "Nada más débil que el hombre alimenta la tierra."
15.1 Y ciertamente también Teognis muestra que la generación es mala diciendo de este modo: "De todos los que habitan sobre la tierra, lo mejor es no haber nacido ni haber visto los rayos del ardiente sol; y una vez nacido, atravesar cuanto antes las puertas del Hades."
15.2 Y de acuerdo con ellos también el poeta trágico Eurípides escribe: "Pues deberíamos, reuniéndonos en asamblea, llorar al que nace por todas las desgracias a las que va, y al que muere y ha cesado en sus trabajos, despedirlo de casa con alegría y elogios."
15.3 Y de nuevo dice cosas semejantes de esta manera: "¿Quién sabe si vivir es en realidad morir, y morir es vivir?"
16.1 Lo mismo que estos parece hacer también Heródoto al presentar a Solón diciendo: "Oh Creso, todo hombre es calamidad." Y el relato sobre Cleóbis y Bitón no quiere decir otra cosa sino censurar la generación y elogiar la muerte.
16.2 "Cual la generación de las hojas, tal también la de los hombres",
16.3 dice Homero. Y Platón en el Crátilo atribuye a Orfeo el discurso sobre el castigo del alma en el cuerpo, diciendo así: "Pues algunos afirman que el cuerpo es tumba del alma, como si estuviera sepultada 16.4 en lo que ahora existe. Y porque mediante este el alma señala lo que señala, también por esto se llama correctamente sêma (tumba/signo). Pero parecen haberle puesto este nombre especialmente los seguidores de Orfeo, como si el alma estuviera pagando la pena por aquellas cosas por las cuales 17.1 la paga." Es digno también recordar la expresión de Filolao, pues el pitagórico dice así: "Atestiguan también los antiguos teólogos y adivinos que por ciertas penas el alma está unida al cuerpo 17.2 y como en una tumba está en este sepultada." Pero también Píndaro, hablando de los misterios de Eleusis, añade: "Bienaventurado quien, habiendo visto aquellas cosas, desciende bajo la tierra; conoce el fin de la vida, conoce el principio dado por los dioses."
17.3 Y Platón, consecuentemente, en el Fedón no vacila en escribir de este modo: "Y quienes nos instituyeron estos ritos iniciáticos no eran personas insignificantes", hasta 17.4 "habitará con los dioses." ¿Y qué cuando dice: "Mientras tengamos el cuerpo y nuestra alma esté mezclada con semejante mal, jamás poseeremos suficientemente aquello que deseamos"? ¿Acaso no insinúa que la generación es causa de los mayores 17.5 males? Y en el Fedro confirma: "Pues corren peligro cuantos se dedican rectamente a la filosofía de que pase desapercibido a los demás que no practican otra cosa 18.1 sino morir y estar muertos." Y de nuevo: "¿Acaso no es aquí también donde el alma del filósofo desprecia especialmente el cuerpo y huye de él, 18.2 buscando llegar a ser ella misma por sí misma?" ¿Y acaso no concuerda con el divino apóstol que dice: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?", a menos que diga tropológicamente "cuerpo de muerte" refiriéndose a la complicidad de los arrastrados 18.3 hacia el mal? Y aparece aborreciendo la unión sexual, que es principio de la generación, incluso antes que Marción, 18.4 en el libro primero de la República. Pues elogiando la vejez añade: "Bien sabe que, en cuanto las demás pasiones del cuerpo se marchitan, tanto más crecen los deseos 18.5 y placeres relativos a las palabras." Y al recordar el uso de los placeres sexuales dice: "Calla, hombre; con mucho gusto me he escapado de eso, como quien escapa de un amo rabioso y salvaje."
19.1 Y de nuevo en el Fedón, censurando la generación, escribe: "Pues la doctrina que se dice en los arcanos acerca de estas cosas es que los hombres estamos en una especie de prisión." 19.2 Y otra vez: "Pero quienes parezcan haber vivido de manera eminentemente piadosa, estos son los que se liberan y se separan de estos lugares en la tierra como de cárceles, y ascienden 19.3 a la morada pura." Pero a pesar de pensar así, percibe que el gobierno del mundo está bien dispuesto y dice: "No es lícito entonces liberarse a sí mismo de esta 19.4 ni escapar." Y, para decirlo brevemente, no dio ocasión a Marción para considerar mala la materia, habiendo dicho piadosamente 19.5 sobre el mundo estas cosas: "Pues del que lo constituyó posee todos los bienes; pero de la condición anterior provienen cuantos males e injusticias ocurren en el cielo; de aquella condición él mismo los tiene y los produce 20.1 en los seres vivientes." Y aún más claramente añade: "De estas cosas es causa para él lo corpóreo de su composición, lo congénito con la antigua naturaleza, porque participaba de mucho desorden antes de llegar al cosmos 20.2 presente." Y no menos en Las Leyes se lamenta por el género de los hombres diciendo así: "Los dioses, compadecidos del género de los hombres nacido para el sufrimiento, les ordenaron como respiros de sus trabajos 20.3 las celebraciones festivas." Y en la Epínomis recorre también las causas de la compasión y dice estas cosas: "Que desde el principio el nacer es difícil para todo ser viviente: primero participar de la condición de los embriones, luego nacer y además ser alimentado y educado; todo se realiza a través de infinitos trabajos, 21.1 como todos decimos." ¿Y qué? ¿Acaso no llama también Heráclito "muerte" a la generación, de manera semejante a Pitágoras y al Sócrates del Gorgias, cuando dice: "Muerte es todo cuanto vemos al despertar; todo cuanto vemos al dormir es sueño"?
Comentario editorial · Por qué acumula tantas citas
La estrategia argumentativa de Clemente en este capítulo se revela aquí con claridad: toda esta acumulación de citas pesimistas de filósofos y poetas griegos —Heráclito, Empédocles, Eurípides, Platón— no pretende validar el rechazo de la creación, sino demostrar que Marción de Sinope (c. 85-160 d.C.) no es más que un plagiario ignorante de la filosofía pagana.
Marción fue el hereje más influyente del siglo II, fundador de una iglesia rival que perduró hasta el siglo V. Su doctrina central era un dualismo radical: creía en dos dioses completamente distintos. El primero, el Dios Creador del Antiguo Testamento, era un dios inferior, justo pero cruel, responsable del mundo material, el cuerpo humano y la ley mosaica —en esencia, el autor del mal y del sufrimiento. El segundo, el Dios Supremo del Nuevo Testamento, era un Dios de amor puro, totalmente ajeno al mundo material, que envió a Jesús para rescatar a la humanidad de la tiranía del Creador.
Esta cosmología tenía consecuencias éticas radicales: si el mundo material es obra de un dios malo, entonces la procreación —que perpetúa la existencia corporal— es un acto de cooperación con ese dios inferior, aprisionando más almas en la carne corrupta. Por eso Marción exigía a sus seguidores un ascetismo estricto: celibato absoluto, prohibición del matrimonio, rechazo de la procreación. Para los marcionitas, tener hijos era traicionar al Dios supremo.
Cuando Clemente menciona que Platón aborrecía la pasión sexual "incluso antes que Marción" (18.3), está usando una ironía devastadora: esta idea que Marción presenta como revelación cristiana superior ya la tenía un filósofo pagano, pero de forma más moderada y sensata. Y cuando afirma que Platón "no dio ocasión a Marción para considerar mala la materia" (19.4), está atacando el núcleo del marcionismo: a diferencia de Marción, Platón —aunque crítico con el cuerpo— siempre afirmó que el cosmos fue ordenado por un buen demiurgo, no por un dios maligno. Marción malinterpretó a Platón, ignorando los pasajes donde este muestra piedad y respeto por el orden del mundo, y así construyó su herética doctrina.
III, 21.2
21.2 Pero basta ya de esto. Cuando tratemos acerca de los principios, entonces examinaremos también estas contradicciones que insinúan los filósofos y que los seguidores de Marción enseñan como doctrina. Sin embargo, creo haber demostrado con claridad que Marción tomó desagradecida e ignorantemente de Platón los fundamentos de las doctrinas extrañas.
III, 22.1–23.3
22.1 Pero que prosiga nuestro discurso sobre la continencia. Decíamos que los griegos, sospechando del mal uso, dijeron muchas cosas contra la generación de los hijos, y que los seguidores de Marción, habiendo recibido estas cosas impíamente, 22.2 son ingratos con el demiurgo. Pues dice la tragedia: "Mejor es no haber nacido que nacer para los mortales. Luego, con amargas angustias doy a luz hijos; y habiéndolos dado a luz, si doy a luz necios, me lamento vanamente; pero viendo a los malos, o si los buenos perecen, si incluso están a salvo, derribo mi desdichado corazón por el temor. ¿Por qué, pues, esto es bueno? ¿No basta que un alma sufra y que sobre esta tenga trabajos?"
22.3 Y todavía de manera semejante: "A mí me parece ahora y desde antaño que los hombres nunca debieron engendrar hijos, viendo en cuántos trabajos los engendramos."
22.4 Y en las siguientes palabras reconduce claramente la causa de los males a los principios, diciendo así: "Oh nacido para ser desgraciado y haber actuado malamente, te hiciste hombre y tomaste la desgracia de la vida de allí de donde comenzó para todos este éter que alimenta dando alientos a los mortales. Pues tú que eres mortal, no juzgues mal las cosas mortales."
23.1 Y de nuevo devuelve cosas semejantes a estas de este modo: "De los mortales ninguno es dichoso ni feliz, pues jamás nació alguien sin dolor."
23.2 Y luego otra vez: "¡Ay, ay! ¡Cuántas son las suertes de las desgracias mortales, cuántas las formas, y nadie podría decir su término!"
23.3 Y todavía de manera semejante: "Pues entre los mortales no hay nada que sea feliz hasta el final."
Comentario editorial · Excurso: el pesimismo antiguo sobre el nacer
Clemente de Alejandría, en su afán por refutar al gnóstico Marción, nos lega un catálogo del pesimismo antiguo sobre la procreación. Irónicamente, al hacerlo, preserva los argumentos que resuenan con una fuerza asombrosa en los debates contemporáneos sobre la ética de traer nueva vida al mundo. Estas citas trágicas no son meras lamentaciones arcaicas; son la semilla de una pregunta radical: ¿Es moralmente justificable crear una nueva vida sabiendo que inevitablemente implicará sufrimiento?
1. El Antinatalismo Filosófico: "Mejor es no haber nacido"
La frase de la tragedia, "Mejor es no haber nacido que nacer para los mortales" (22.2), es la tesis central del antinatalismo, una corriente filosófica que sostiene que la procreación es un acto moralmente incorrecto. El filósofo contemporáneo David Benatar es su exponente más conocido. Su argumento se basa en una "asimetría fundamental" entre el placer y el dolor:
- La presencia del dolor es mala.
- La presencia del placer es buena.
- La ausencia de dolor es buena, incluso si nadie la disfruta.
- La ausencia de placer no es mala, a menos que exista alguien que esté siendo privado de ese placer.
Desde esta perspectiva, al no nacer, una persona se ahorra todo el dolor y sufrimiento de la vida (lo cual es bueno) y no se pierde de nada, porque no existe para experimentar la "pérdida" del placer (lo cual no es malo). Al nacer, en cambio, se le garantiza el sufrimiento, como lamentan los poetas citados por Clemente: "jamás nació alguien sin dolor" (23.1) y "los engendramos en cuántos trabajos" (22.3).
Las tragedias griegas personifican este argumento. La madre que sufre por el temor a que sus hijos sean "necios", "malos" o "perezcan" (22.2) está describiendo la carga existencial que Benatar sistematiza: traer a alguien a la existencia es imponerle un riesgo inmenso de daño sin su consentimiento.
2. Del Dilema de Nacer al Debate sobre el Aborto
Aunque los textos no mencionan el aborto, la lógica subyacente nos lleva directamente a ese debate. Si la premisa es que imponer una vida de sufrimiento es un mal, entonces evitar que esa vida comience podría ser visto como un acto de compasión.
El "Daño Procreativo": La bioética contemporánea discute el concepto de "wrongful life" o "vida indebida", demandas legales (generalmente sin éxito) en las que un individuo argumenta que nunca debería haber nacido debido a condiciones de sufrimiento extremo. La pregunta ética es: ¿existe un punto en el que la calidad de vida es tan baja que la no-existencia habría sido preferible? Los poetas griegos parecen afirmarlo de manera universal: "¡Cuántas son las suertes de las desgracias mortales, cuántas las formas, y nadie podría decir su término!" (23.2).
Decisión y Prevención: En la era de los diagnósticos prenatales, los padres enfrentan dilemas que los antiguos no podían imaginar. La decisión de interrumpir un embarazo por una malformación grave o una enfermedad incurable se enmarca en esta lógica: ¿es un acto de misericordia evitar una vida que, con toda probabilidad, estará dominada por el dolor? Esta no es una justificación universal del aborto, sino un análisis de cómo la ética de la prevención del sufrimiento, presente en las citas de Clemente, se manifiesta en las decisiones reproductivas modernas.
3. Respuestas Filosóficas al Pesimismo Existencial
Por supuesto, esta visión pesimista no es la única. La filosofía contemporánea ofrece poderosas refutaciones, tal como Clemente ofreció la suya desde la teología.
El Existencialismo: El Valor Creado en la Lucha: Filósofos como Albert Camus o Jean-Paul Sartre estarían de acuerdo con los griegos en que la existencia es fundamentalmente "absurda" y llena de sufrimiento. Sin embargo, su conclusión es la opuesta al antinatalismo. Es precisamente en la confrontación con este sufrimiento y esta falta de sentido inherente donde el ser humano crea su propio valor y significado. Como Sísifo, que encuentra un propósito en su tarea inútil, el valor de la vida no está en la ausencia de dolor, sino en la rebelión y la afirmación de la libertad frente a él. La vida, para un existencialista, no es algo que se nos impone, sino un proyecto que debemos realizar.
El Humanismo: La Búsqueda de la Felicidad: El humanismo secular, aunque reconoce el sufrimiento, ve la vida como la única oportunidad para experimentar la alegría, el amor, el conocimiento y la belleza. Sostiene que, aunque "entre los mortales no hay nada que sea feliz hasta el final" (23.3), los momentos de felicidad y realización hacen que la lucha valga la pena. El objetivo no es evitar la vida, sino mejorarla, reducir el sufrimiento a través de la razón, la ciencia y la compasión.
En conclusión, Clemente de Alejandría, al intentar silenciar una herejía, nos abre una ventana a la perenne angustia humana sobre la existencia. Las lamentaciones de los poetas trágicos son el eco antiguo de nuestros debates más modernos. Nos recuerdan que la pregunta sobre si vale la pena vivir —y, por extensión, si vale la pena dar vida— no es una invención contemporánea, sino una herida abierta en el corazón de la condición humana, tan relevante hoy en una clínica de bioética como lo fue en el escenario de la antigua Atenas.
III, 24.1–24.3
24.1 Por esta razón dicen también que los pitagóricos se abstienen de los placeres sexuales. Pero a mí me parece, por el contrario, que se casaban por causa de la procreación, pero que querían dominarse del placer 24.2 derivado de los actos sexuales después de la procreación. Por eso prohíben místicamente usar habas: no porque la legumbre produzca gases, sea difícil de digerir y cause sueños perturbados, ni tampoco porque el haba se asemeje a la cabeza humana según aquel versillo: "Es lo mismo comer habas que las cabezas de los padres"; sino más bien porque las habas, al ser comidas, hacen estériles a las mujeres.
24.3 Teofrasto, en efecto, en el libro quinto de las Causas de las plantas refiere que las cáscaras de las habas, colocadas alrededor de las raíces de los árboles recién plantados, secan los brotes; y también las aves domésticas, alimentándose continuamente de estas, se vuelven estériles.
III, 25.1–25.7
25.1 De los que provienen de la herejía ya mencionamos a Marción el Póntico, quien por oposición al demiurgo 25.2 rechaza el uso de las cosas del mundo. Pero resulta que la causa de su continencia —si es que esto debe llamarse continencia— es el propio demiurgo, contra el cual este gigante teómaco, creyendo oponerse, es continente sin quererlo, 25.3 mientras denigra tanto la creación como la criatura. Y aunque ellos hacen uso de la palabra del Señor que dice a Felipe: "Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú sígueme", que consideren que Felipe también llevaba 25.4 la misma forma de carne, sin tener un cadáver contaminado. ¿Cómo entonces, teniendo un cuerpecito, no tenía un cadáver? Porque resucitó del sepulcro del Señor tras haber dado muerte a las pasiones, 25.5 y vive para Cristo. Mencionamos también la comunidad ilegal de mujeres según Carpócrates. Pero habiendo tratado 25.6 sobre el dicho de Nicolás, omitimos esto: Dicen que este, teniendo una esposa hermosa, después de la ascensión del Salvador, al ser reprochado por los apóstoles por celos, conduciendo a su esposa al centro 25.7 les permitió casarse con ella a quien quisiera. Dicen que esta acción era consecuente con aquella palabra de que "es necesario abusar de la carne", y siguiendo lo que se hizo y lo que se dijo de manera simple y sin examen, los que siguen su herejía fornican desenfrenadamente.
III, 26.1–26.3
26.1 Pero yo me he enterado de que Nicolás no tuvo trato con ninguna otra mujer aparte de aquella con quien se casó, y que de sus hijos, las mujeres 26.2 envejecieron vírgenes y el hijo permaneció incorrupto. Siendo así las cosas, fue un rechazo de la pasión aquella exposición pública de la esposa celada ante los apóstoles, y la continencia respecto de los placeres obsesivamente buscados enseñaba el abusar de la carne. Pues no quería, creo, según el mandamiento del Salvador, servir a dos señores: al placer 26.3 y a Dios. Dicen también que Matías enseñó así: combatir contra la carne y abusar de ella, sin concederle nada para placer licencioso, pero hacer crecer el alma mediante fe y conocimiento.
III, 27.1–28.6
27.1 Hay quienes proclaman a Afrodita Pandemo como comunión mística, 27.2 ultrajando también el nombre. Pues se dice que "hacer" el mal es "obrar" mal, así como también hacer algo bueno se llama homónimamente "obrar"; y de manera semejante la comunión es buena en la distribución de dinero, alimento y vestido, pero algunos 27.3 han llamado impíamente "comunión" a cualquier tipo de unión sexual. Cuentan que uno de ellos se acercó a una virgen nuestra, hermosa de aspecto, y le dijo: "Está escrito: 'A todo el que te pida, dale'". Pero ella respondió con mucha dignidad, sin comprender 27.4 la desvergüenza del hombre: "Pero habla con mi madre sobre el matrimonio." ¡Oh impiedad! También falsean las palabras del Señor los compañeros de la desvergüenza, los hermanos de la lujuria, oprobio no solo de la filosofía sino de toda la vida, los que falsifican la verdad, o más bien la destruyen en cuanto les es 27.5 posible. Pues estos triplemente miserables celebran como misterio la comunión carnal y sexual, y piensan que esta 28.1 los conducirá al reino de Dios. Tal comunión introduce en los lupanares, y ciertamente tendrían como compañeros los cerdos y los cabros, y entre sus mayores esperanzas estarían las prostitutas que presiden el burdel, recibiendo desenfrenadamente a todos los que quieran.
28.2 Pero ustedes no aprendieron así a Cristo, si es que lo escucharon y en él fueron enseñados, conforme está la verdad en Cristo Jesús: que se despojaran del viejo hombre 28.3 según la conducta anterior, que se corrompe según los deseos del engaño; renuévense en el espíritu de su mente y vístanse del nuevo hombre, el creado según Dios en justicia y santidad 28.4 de la verdad, según la semejanza de lo divino. "Sean, pues, imitadores de Dios como hijos amados, y caminen en amor, así como Cristo los amó y se entregó a sí mismo por nosotros 28.5 como ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda impureza o avaricia, que ni siquiera se nombre entre ustedes, como conviene 28.6 a los santos; tampoco obscenidad ni necedad." Pues enseñando el apóstol a practicar la pureza también en el habla, escribe: "Esto sepan y conozcan: que todo fornicario", y lo demás hasta "antes bien, también reprendan."
III, 29.1–33.5
29.1 Les surgió la doctrina de cierto libro apócrifo, y ciertamente citaré el pasaje que es madre de su desvergüenza. Ya sea que ellos mismos sean los autores del libro (observa la desvergüenza, si mienten también sobre Dios por incontinencia), o que al encontrarse con otros hayan entendido este magnífico 29.2 dogma al haberlo escuchado de manera tergiversada. El pasaje dice así: "Todas las cosas eran uno. Pero cuando a su unidad le pareció no estar sola, surgió de él una exhalación, y se unió con ella e hizo al amado. Pero de este surgió de él una exhalación con la cual se unió e hizo poderes que no podían ser vistos ni oídos, 29.3 hasta que cada uno tuviera nombre propio." Pues si también estos, como los valentinianos, propusieran uniones espirituales, quizá alguien aceptaría su interpretación. Pero elevar la comunión del ultraje carnal 30.1 a profecía santa es propio de quien ha renunciado a la salvación. Tales doctrinas profesan también los seguidores de Pródico, que falsamente se proclaman a sí mismos gnósticos, diciéndose hijos por naturaleza del Dios primero. Abusando de su noble nacimiento y libertad, viven como quieren; y quieren vivir en el placer, habiendo decidido no ser dominados por nada, como señores del sábado y nacidos por encima de todo linaje, hijos 30.2 reales; y para un rey, dicen, la ley es no escrita. En primer lugar, entonces, no hacen todo lo que quieren, pues muchas cosas los impedirán tanto al desear como al intentar; y lo que hacen no lo hacen como reyes sino como esclavos azotados: pues fornican en secreto, temiendo ser capturados 30.3 y evitando ser condenados y temiendo ser castigados. ¿Y cómo es libre la incontinencia y el lenguaje obsceno? Pues "todo 31.1 el que peca es esclavo", como dice el apóstol. Pero ¿cómo vive según Dios quien se ha entregado a todo deseo, cuando el Señor 31.2 dijo: "Pero yo digo: no desearás"? ¿Y es que alguien quiere pecar voluntariamente y establece como doctrina el adulterio, vivir en deleites y arruinar los matrimonios ajenos, cuando incluso compadecemos a los demás 31.3 que pecan involuntariamente? Y aunque hayan llegado como extranjeros al mundo, 31.4 si no son fieles en lo ajeno, no tendrán lo verdadero. ¿Acaso un extranjero ultraja a los ciudadanos y los trata injustamente, y no vive más bien como transeúnte, usando lo necesario 31.5 sin ofensa para los ciudadanos? ¿Y cómo, haciendo las mismas cosas que los odiados por los gentiles por no hacer lo ordenado por las leyes —es decir, los injustos, incontinentes, codiciosos y adúlteros—, dicen que solo ellos han conocido 31.6 a Dios? Pues deberían, incluso estando presentes en lo ajeno, vivir bien, 32.1 para que verdaderamente muestren lo regio. Pero ya se han vuelto odiosos tanto a los legisladores humanos como a la ley divina, habiendo elegido vivir ilegalmente. En efecto, el que atravesó al fornicario es mostrado bendecido 32.2 por Dios en el libro de Números. Y "si decimos", dice Juan en su epístola, "que tenemos comunión con él, es decir, con Dios, y caminamos en las tinieblas, mentimos y no hacemos la verdad. Pero si caminamos en la luz como él está en la luz, tenemos comunión con él, y la sangre 33.1 de Jesús su hijo nos limpia de todo pecado." ¿En qué, entonces, son mejores que los mundanos los que practican tales cosas y son semejantes a los peores de los mundanos? Pues semejantes son, creo, en naturalezas quienes 33.2 son semejantes también en acciones. Y de aquellos sobre quienes pretenden ser superiores por noble nacimiento, también deben ser superiores en costumbres, para que 33.3 escapen del encierro en la prisión. Pues verdaderamente, como dijo el Señor: "Si su justicia no es mayor que la de los escribas 33.4 y fariseos, no entrarán en el reino de Dios." Sobre la continencia de los alimentos se muestra en Daniel. Y para decirlo brevemente, cantando David sobre la obediencia dice: "¿Con qué corregirá el joven su camino?", e inmediatamente escucha: "Guardando 33.5 tu palabra con todo el corazón." Y Jeremías dice: "Así dice el Señor: No caminen según los caminos de los gentiles."
III, 34.1–34.2
34.1 De aquí, movidos algunos miserables y despreciables, dicen que el ser humano fue formado por diferentes poderes: que lo que está hasta el ombligo es obra de arte más divina, pero lo de abajo es 34.2 de factura inferior, por lo cual desean la unión sexual. Pero se les oculta que también las partes superiores apetecen el alimento y algunos se entregan a la gula. Y contradicen también a Cristo, que dijo a los fariseos que el mismo Dios hizo tanto al hombre exterior como al interior. Pero además el apetito no es del cuerpo, aunque ocurra a través del cuerpo.
III, 34.3–37.5
34.3 Otros, a quienes también llamamos Antitactas, dicen que Dios, el Padre de todas las cosas, es naturalmente nuestro, y todas las cosas que ha hecho son buenas. Pero uno de los que han sido hechos por él sembró la cizaña, generando la naturaleza de los males, con los cuales ciertamente nos envolvió a todos 34.4 oponiéndonos al Padre. Por eso también nosotros nos oponemos a este en venganza del Padre, actuando contra la voluntad del segundo. Puesto que este dijo "no cometerás adulterio", nosotros, dicen, adulteremos para destruir su mandamiento.
35.1 Les diríamos también a estos que hemos recibido que los falsos profetas y cuantos fingen la verdad se conocen por sus obras. Pero sus obras son calumniadas: ¿cómo dirán todavía que se aferran 35.2 a la verdad? Pues o no hay nada malo y ya no es digno de reproche aquel a quien acusan como opuesto a Dios, ni se ha convertido en hacedor de ningún mal (pues el árbol se destruye junto con el fruto), o, si el mal existe en realidad, que nos digan qué afirman que son los mandamientos dados sobre la justicia, sobre la continencia, sobre la paciencia, sobre la longanimidad y cosas semejantes a estas: ¿malos o buenos?
35.3 Y si fuera malo el mandamiento que prohíbe hacer la mayoría de las cosas vergonzosas, la maldad legislará contra sí misma para su propia destrucción, lo cual es imposible. Pero si es bueno, oponiéndose a los mandamientos buenos 36.1 confiesan oponerse al bien y practicar lo malo. Pero además el Salvador mismo, al único que pretenden obedecer, prohibió odiar y ultrajar, y dice: "Procura reconciliarte con tu adversario 36.2 mientras caminas con él." Por tanto, o negarán también la exhortación de Cristo oponiéndose al que se opuso, o haciéndose 36.3 amigos de este no se opondrán. ¿Y qué? ¿Acaso no saben, nobles (pues así les diría como si estuvieran presentes), que luchando contra los mandamientos que están bien se oponen a su propia salvación? Pues no destruyen lo que ha sido ordenado 36.4 útilmente, sino a ustedes mismos. Y el Señor dijo: "Brillen sus buenas obras", pero ustedes hacen manifiestas 36.5 sus obscenidades. Por lo demás, si quieren destruir los mandamientos del legislador, ¿por qué intentan destruir "no cometerás adulterio" y "no corromperás niños" y cuanto contribuye a la continencia, por su propia incontinencia, pero no destruyen el invierno hecho por él para hacer verano en medio del invierno, ni hacen la tierra navegable y el mar transitable, como los historiadores dicen que quiso hacer 37.1 el bárbaro Jerjes? ¿Y por qué no se oponen a todos los mandamientos? Pues cuando dijo "Creced y multiplicaos", los opuestos no deberían usar en absoluto la unión sexual; y cuando dijo "Les di todo para alimentos y disfrutes", no deberían 37.2 disfrutar de nada. Pero también cuando dice "ojo por ojo", no deberían devolver oposición por oposición; y cuando ordenó al ladrón devolver el cuádruple, deberían incluso dar más 37.3 al ladrón. Y semejantemente también, oponiéndose al mandamiento "Amarás al Señor", no deberían amar ni siquiera al Dios de todas las cosas; y de nuevo, cuando dice "No harás imagen tallada ni fundida", debían 37.4 también adorar las imágenes talladas. ¿Cómo, entonces, no son impíos al oponerse, como dicen, al demiurgo, pero haber imitado las mismas cosas que las prostitutas y los adúlteros?
37.5 ¿Y cómo no perciben que hacen mayor a quien consideran débil, si lo que él quiere es lo que sucede, y no aquello que quiso el bueno? Pues, al contrario, es mostrado débil por ustedes mismos su padre, como dicen.
III, 38.1–39.3
38.1 Recogen también estos algunos pasajes, entresacando y cosiendo mal versos de secciones proféticas 38.2 dichos alegóricamente, tomándolos literalmente. Pues dicen que está escrito: "Se opusieron a Dios y se salvaron." Y algunos añaden "al dios desvergonzado"; y reciben este oráculo como consejo dado y consideran 38.3 salvación para sí oponerse al demiurgo. Pues no está escrito "al dios desvergonzado". Pero aunque así fuera, entiendan, insensatos, que el llamado diablo es "desvergonzado", ya sea como calumniador del 38.4 ser humano, o como acusador de los pecadores, o como apóstata. En efecto, el pueblo sobre el cual fue dicho el pasaje, siendo castigados por sus pecados y soportándolo con dificultad y gimiendo, murmuraron el dicho mencionado: que las demás naciones que transgreden no son castigadas, pero solo ellos son cortados en cada cosa; de manera que también Jeremías dijo: "¿Por qué prospera el camino de los impíos?" Semejante a esto es lo que está en Malaquías, 38.5 lo antes mencionado: "Se opusieron a Dios y se salvaron." Pues los profetas, al ser inspirados, no solo dicen que oyen algo de Dios, sino que también ellos mismos son mostrados anunciando por contraposición lo que el pueblo murmura, presentando como objeciones algunas cuestiones planteadas por los hombres, 39.1 de las cuales es precisamente este dicho propuesto. ¿Y acaso no escribe el apóstol en la epístola a los Romanos dirigiéndose contra estos: "Y no como nos calumnian y como algunos dicen que nosotros decimos: 'Hagamos lo malo para que venga lo bueno', cuyo juicio es 39.2 justo"? Estos son los que tuercen las Escrituras con el tono de voz en la lectura hacia sus propios placeres, y mediante cambios de algunas acentuaciones y puntuaciones fuerzan lo ordenado con sensatez 39.3 y provechosamente hacia sus propios deleites. "Los que irritan a Dios con sus palabras", dice Malaquías, "y dijeron: '¿En qué lo hemos irritado?' En que dicen ustedes: 'Todo el que hace lo malo es bueno delante del Señor, y en ellos él se complació.' Y: '¿Dónde está el Dios de la justicia?'"
Comentario editorial · ¿Quiénes eran los Antitactas?
El nombre "Antitactas" (del griego Antitaktai) significa literalmente "los que se oponen" o "los adversarios". Eran una secta gnóstica que llevaba el dualismo a su conclusión más extrema y antinómica (contraria a la ley).
Su teología: un dualismo radical
Creían en un Dios supremo bueno, el verdadero Padre de la humanidad. Sin embargo, sostenían que uno de los seres creados por este Dios se rebeló y "sembró la cizaña", creando la naturaleza del mal. Este ser rebelde era el Demiurgo, el creador del mundo material y autor de la Ley del Antiguo Testamento. Para ellos, la humanidad estaba atrapada en el mundo material de este Demiurgo maligno.
Su ética: la rebelión como acto de piedad
Su solución no era la ascética o la purificación, sino la oposición directa. Creían que honraban al Padre bueno "vengándose" del Demiurgo mediante la violación sistemática de sus mandamientos. Puesto que el Demiurgo dio la Ley a través de Moisés, su "deber espiritual" era romper cada uno de sus preceptos. Como dice Clemente: "Puesto que este dijo 'no cometerás adulterio', nosotros, dicen, adulteremos para destruir su mandamiento". Para ellos, el adulterio no era pecado, sino un acto de guerra espiritual.
La refutación de Clemente
Clemente expone la absurdidad lógica de su sistema: si el mandamiento es malo, el Demiurgo legisla contra sí mismo (imposible); si es bueno, ellos admiten practicar el mal. Además, demuestra su hipocresía: solo se oponen a los mandamientos que restringen sus deseos licenciosos. Si fueran coherentes, no deberían procrear ("Creced y multiplicaos"), ni comer ("Les di todo para alimentos"), ni vengarse ("ojo por ojo"), e incluso deberían adorar ídolos (prohibidos por el Demiurgo). Su "teología" es solo una justificación para la inmoralidad.
Los Antitactas representan para Clemente el ejemplo perfecto de una herejía que, bajo el pretexto de una gnosis superior, pervierte la verdad para justificar una vida de libertinaje, siendo la antítesis del verdadero gnóstico cristiano que busca la semejanza con Dios a través de la virtud y la obediencia.