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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minCómo leer las dos versiones
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minPrefacio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 12 minLibro I
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 1. Sobre Dios
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 11 minCapítulo 2. Sobre Cristo
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 12 minCapítulo 2. Sobre Cristo
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 3. Sobre el Espíritu Santo
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 12 minCapítulo 3. Sobre el Espíritu Santo
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 4 minCapítulo 3. Sobre el Espíritu Santo
  11. Sesión 11 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 4. Sobre la deserción o el apartamiento
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 5. Sobre las naturalezas racionales
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el fin o la consumación
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 7. Sobre los seres incorpóreos y corpóreos
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 8. Sobre los ángeles
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 5 minCapítulo 8. Sobre los ángeles
  17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 10 minLibro II
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 2. Sobre la perpetuidad de la naturaleza corporal
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 13 minCapítulo 3. Sobre el principio del mundo y sus causas
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 4. El Dios de la ley y los profetas, y el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el mismo Dios
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 4. El Dios de la ley y los profetas, y el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el mismo Dios
  22. Sesión 22 · Parte 5 · ≈ 11 minCapítulo 5. Sobre la justicia y la bondad
  23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre la encarnación de Cristo
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 11 minCapítulo 6. Sobre la encarnación de Cristo
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre el Espíritu Santo
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 11 minCapítulo 8. Sobre el alma (anima)
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 8. Sobre el alma (anima)
  28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 9. Sobre el mundo y los movimientos de las criaturas racionales, sean buenos o malos, y sobre sus causas
  29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 9. Sobre el mundo y los movimientos de las criaturas racionales, sean buenos o malos, y sobre sus causas
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 10. Sobre la resurrección y el juicio, el fuego del infierno y los castigos
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 10. Sobre la resurrección y el juicio, el fuego del infierno y los castigos
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 11. Sobre las contrapromesas
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 11. Sobre las contrapromesas
  34. Sesión 34 · Parte 7 · ≈ 9 minLibro III
  35. Sesión 35 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 1. Sobre el libre albedrío: solución e interpretación de los pasajes de la Escritura que parecen negarlo
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 11 minCapítulo 1. Sobre el libre albedrío: solución e interpretación de los pasajes de la Escritura que parecen negarlo
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 12 minCapítulo 1. Sobre el libre albedrío: solución e interpretación de los pasajes de la Escritura que parecen negarlo
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  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 2. Sobre las potestades adversas
  46. Sesión 46 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 2. Sobre las potestades adversas
  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las potestades adversas
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 3. Sobre la sabiduría triple
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 4. Sobre las tentaciones humanas
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 4. Sobre las tentaciones humanas
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 5. Que el mundo tuvo su comienzo en el tiempo
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  53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 6. Sobre el fin del mundo
  54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. Sobre el fin del mundo
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 12 minLibro IV
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 13 minCapítulo 1. Sobre la inspiración divina de la Sagrada Escritura
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada Escritura
  58. Sesión 58 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada Escritura
  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada Escritura
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada Escritura
  61. Sesión 61 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 3. Por qué hay oscuridad en la Sagrada Escritura y por qué algunos pasajes son imposibles o absurdos según el sentido literal
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo 3. Por qué hay oscuridad en la Sagrada Escritura y por qué algunos pasajes son imposibles o absurdos según el sentido literal
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  66. Sesión 66 · Parte 13 · ≈ 10 minResumen doctrinal acerca del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y de los demás temas tratados en las páginas precedentes
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    TEXTOS — ORÍGENES DE ALEJANDRÍA

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    Sobre los principios

    c. 220–230 · El latín de Rufino y, donde se conserva, el griego en paralelo25 minPosición: 0% de esta parteParte 10 de 13 · Libro IVPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ORI-01

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    66. Sesión 66 · Parte 13 · ≈ 10 minResumen doctrinal acerca del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y de los demás temas tratados en las páginas precedentes
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    Libro IV

    Capítulo 1. Sobre la inspiración divina de la Sagrada Escritura

    IV, 1, 1 · griego

    Puesto <que> al examinar cuestiones de tanta importancia no nos contentamos con las nociones comunes ni con la evidencia de lo que vemos, sino que, para demostrar lo que afirmamos, añadimos testimonios tomados de las Escrituras que creemos divinas, tanto de la llamada Antigua Alianza como de la llamada Nueva, y procuramos afianzar nuestra fe mediante la razón, pero aún no hemos tratado de las Escrituras en cuanto divinas, examinemos también brevemente este asunto y expongamos las razones que nos llevan a tenerlas por escritos divinos. Y, antes de recurrir a pasajes de esos mismos escritos y a lo que en ellos se manifiesta, hemos de considerar lo siguiente acerca de Moisés y de Jesucristo, el legislador de los hebreos y el introductor de las doctrinas salvadoras del cristianismo.
    Pues, aunque entre griegos y bárbaros ha habido numerosísimos legisladores y maestros que proclamaban doctrinas con pretensión de verdad, no tenemos noticia de ningún legislador que haya logrado suscitar en las demás naciones el deseo de aceptar sus enseñanzas. Y, por mucho que quienes se profesaban filósofos de la verdad aportasen toda una preparación acompañada de lo que parecía una demostración racional, ninguno ha podido inculcar la verdad que creía poseer a naciones diversas, ni siquiera a grupos numerosos de una sola nación. Ciertamente, tanto los legisladores habrían querido dar vigencia, si hubiera sido posible entre todo el género humano, a las leyes que les parecían buenas, como los maestros habrían querido difundir por toda la tierra habitada lo que imaginaban que era la verdad. Pero, incapaces de atraer a quienes hablaban otras lenguas y pertenecían a las muchas naciones para que observaran sus leyes y aceptaran sus enseñanzas, ni siquiera intentaron hacerlo desde un principio, pues comprendieron, no sin razón, que aquello les era imposible. En cambio, en toda la tierra habitada, entre griegos y bárbaros, incontables personas, abandonando las leyes de sus padres y los dioses que reconocían, se han hecho fervientes observantes de las leyes de Moisés y discípulos de las enseñanzas de Jesucristo; y ello a pesar de que quienes se adhieren a la ley de Moisés son odiados por los adoradores de imágenes, y de que quienes acogen la enseñanza de Jesucristo, además de ser odiados, corren peligro de muerte.

    IV, 1, 2 · griego

    2. Y si consideramos cómo, en poquísimos años, pese a que se conspiraba contra quienes profesaban el cristianismo, algunos eran ejecutados por ello y otros perdían sus bienes, la enseñanza ha logrado, aun sin haber muchos maestros, "ser predicada por toda la tierra habitada", de modo que "griegos y bárbaros, sabios e ignorantes" se han adherido al culto de Dios transmitido por Jesús, no vacilaremos en decir que se trata de algo sobrehumano, pues Jesús enseñó con plena autoridad y con la convicción de que su palabra prevalecería. Por eso sería razonable considerar oráculos sus palabras, como estas: "Por mi causa seréis llevados ante reyes y gobernadores, para dar testimonio ante ellos y ante las naciones"; y: "Muchos me dirán aquel día: "Señor, Señor, ¿no comimos en tu nombre, bebimos en tu nombre y expulsamos demonios en tu nombre?". Y yo les diré: "Apartaos de mí, los que obráis la iniquidad; nunca os conocí"". Podría haber sucedido que pronunciara en vano esas palabras, sin que llegasen a cumplirse; pero, puesto que se ha cumplido lo dicho con tanta autoridad, queda de manifiesto que verdaderamente fue Dios hecho hombre quien transmitió a los hombres doctrinas de salvación.

    IV, 1, 3–4 · griego

    3. ¿Y qué necesidad hay de recordar que se profetizó [acerca de Cristo] que "desaparecerían los gobernantes de Judá" y "los jefes salidos de sus muslos cuando llegase aquel a quien está reservado", es decir, el reino, "y se presentase aquel a quien esperan las naciones"? Pues tanto la historia como lo que hoy vemos muestran claramente que, desde los tiempos de Jesús, ya no ha habido reyes de los judíos y han quedado abolidas todas las instituciones judías de las que se enorgullecían: me refiero al templo, el altar, el culto que allí se celebraba y las vestiduras del sumo sacerdote. Se ha cumplido, en efecto, la profecía que dice: "Durante muchos días permanecerán los hijos de Israel sin rey ni gobernante, sin sacrificio ni altar, sin sacerdocio ni oráculos".
    4. De estos pasajes nos valemos frente a quienes, apremiados por las palabras que Jacob dirige a Judá en el Génesis, sostienen que el jefe de la nación, descendiente del linaje de Judá, gobierna al pueblo y que no cesarán los gobernantes de su descendencia hasta la venida del Cristo que ellos imaginan. Pues, si "durante muchos días permanecerán los hijos de Israel sin rey ni gobernante, sin sacrificio ni altar, sin sacerdocio ni oráculos", y desde la destrucción del templo no hay sacrificio, altar ni sacerdocio, es evidente que "ha desaparecido el gobernante de Judá y el jefe salido de sus muslos". Y puesto que la profecía dice: "No desaparecerá el gobernante de Judá ni el jefe salido de sus muslos hasta que llegue aquello que le está reservado", es evidente que ha llegado "aquel a quien está reservado, aquel a quien esperan las naciones". Esto resulta claro por la multitud de gentes de las naciones que, por medio de Cristo, han creído en Dios.
    También en el cántico del Deuteronomio se anuncia proféticamente que, a causa de los pecados del pueblo anterior, serían elegidas las naciones sin entendimiento, elección que se produjo por obra de Jesús y de nadie más. Dice, en efecto: "Ellos me provocaron a celos con lo que no es dios, me irritaron con sus ídolos; yo los provocaré a celos con lo que no es nación, los irritaré con una nación sin entendimiento". Y podemos comprender con toda claridad de qué modo los hebreos, de quienes se dice que "provocaron a Dios a celos" "con lo que no es dios" y "lo irritaron con sus ídolos", fueron a su vez "irritados" hasta los celos "con lo que no es nación", con la "nación sin entendimiento" que Dios "eligió" mediante la venida de Jesucristo y de sus discípulos. "Consideremos, pues, nuestro llamamiento: no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; antes bien, Dios eligió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y eligió Dios lo de origen humilde, lo despreciado y lo que no es, para dejar sin efecto aquellas cosas que antes eran, y para que no se gloríe" "Israel según la carne" —al que el apóstol llama "carne"— "ante Dios".

    IV, 1, 5 · griego

    5. ¿Y qué necesidad hay de hablar de las profecías sobre Cristo contenidas en los salmos, como aquel cántico titulado "Por el amado", cuya "lengua" se dice que es "pluma de escriba veloz"? "Eres el más hermoso de los hijos de los hombres", porque "la gracia se derramó en tus labios". Prueba de la "gracia derramada en sus labios" es que, al poco tiempo de su enseñanza —pues enseñó alrededor de un año y unos pocos meses—, la tierra habitada se había llenado de su doctrina y del culto de Dios transmitido por él. "En sus días ha brotado la justicia y una paz abundante", que permanece hasta la consumación, llamada "desaparición de la luna"; "y él seguirá dominando de mar a mar y desde los ríos hasta los confines de la tierra habitada". También "se dio una señal a la casa de David": "la virgen" [dio a luz y] "concibió en su vientre y dio a luz un hijo, y su nombre es Emmanuel", que significa "Dios con nosotros". Se ha cumplido, como dice el mismo profeta: "Dios está con nosotros; sabedlo, naciones, y sed vencidas; los fuertes, sed vencidos". En efecto, nosotros, los procedentes de las naciones, hemos sido vencidos y conquistados, cautivados por la gracia de su palabra. También en Miqueas se anunció de antemano el lugar de su nacimiento: "Y tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor entre los gobernantes de Judá; porque de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo Israel". Y, según Daniel, se cumplieron las setenta semanas hasta la llegada de Cristo como jefe. Vino asimismo, conforme al libro de Job, "aquel que sometió al gran monstruo" y "dio autoridad" a sus verdaderos discípulos "para pisar serpientes y escorpiones y todo el poder del enemigo, sin que estos les causen daño alguno".
    Considérese también cómo los apóstoles, enviados por Jesús a anunciar el evangelio, recorrieron todas partes, y se verá que tanto la audacia de la empresa sobrepasa lo humano como su éxito es divino. Y si examinamos cómo personas que oían enseñanzas nuevas y palabras extrañas acogieron a aquellos hombres y, aun queriendo conspirar contra ellos, fueron vencidas por cierta fuerza divina que velaba por los apóstoles, no nos resultará increíble que estos hicieran también prodigios, mientras "Dios daba testimonio de sus palabras mediante señales, portentos y diversos actos de poder".

    IV, 1, 6 · griego

    6. Al demostrar brevemente la divinidad de Jesús y valernos de las palabras proféticas que hablan de él, demostramos a la vez que son inspiradas por Dios las Escrituras que lo profetizan y que los escritos que anunciaron su venida y su enseñanza fueron pronunciados con todo poder y autoridad, y por eso han ganado a los elegidos de entre las naciones. Hay que decir también que el carácter inspirado de las palabras proféticas y el sentido espiritual de la ley de Moisés resplandecieron con la venida de Jesús. Antes de la venida de Cristo no era muy posible ofrecer pruebas manifiestas de que las antiguas Escrituras estaban inspiradas por Dios; pero la venida de Jesús mostró a quienes podían sospechar que la ley y los profetas no eran divinos que, por el contrario, habían sido escritos por gracia celestial. Quien lee con cuidado y atención las palabras proféticas, experimentando en la lectura misma un indicio de inspiración, se convencerá por lo que experimenta de que las palabras que creemos venidas de Dios no son escritos humanos. Y la luz presente en la ley de Moisés, oculta "bajo un velo", resplandeció también con la venida de Jesús, "al retirarse el velo" y llegar poco a poco al conocimiento de "los bienes" cuya "sombra tenía" la letra.

    IV, 1, 7 · griego

    7. Sería demasiado extenso repasar ahora las antiquísimas profecías acerca de cada uno de los acontecimientos futuros, para que quien duda, conmovido por su carácter inspirado, deje atrás toda vacilación y distracción y se entregue con toda el alma a las palabras de Dios. Y si a quienes carecen de preparación no les parece que en cada pasaje haya pensamientos sobrehumanos, nada tiene esto de extraño. También entre las obras de la providencia que alcanza al universo entero, unas se muestran con suma claridad como obras de la providencia, mientras otras permanecen tan ocultas que parecen dar motivo para desconfiar de que Dios gobierne todas las cosas con arte y poder inefables. Pues la disposición ordenada de quien ejerce la providencia no es tan manifiesta en las cosas de la tierra como en el sol, la luna y los astros, ni tan evidente en los sucesos de la vida humana como en las almas y los cuerpos de los animales: quienes los estudian pueden descubrir con gran claridad la finalidad y el propósito de sus impulsos, sus representaciones y su naturaleza, así como de la constitución de sus cuerpos. Pero, así como quienes han aceptado con fundamento la providencia no la dan por perdida a causa de lo que ignoran, tampoco queda invalidada la divinidad que se extiende por toda la Escritura porque nuestra debilidad no sea capaz de advertir en cada expresión el resplandor oculto de las doctrinas depositadas bajo palabras humildes y aparentemente despreciables. "Tenemos, en efecto, un tesoro en vasos de barro para que resplandezca la extraordinaria grandeza del poder de Dios y no" se crea que procede "de nosotros", los hombres. Pues, si los caminos trillados de la demostración humana, consignados en los libros, hubieran conquistado a los hombres, con razón se pensaría que "nuestra fe" descansa "en sabiduría humana" y no "en poder de Dios". Ahora, en cambio, a quien alce los ojos le resulta evidente que "la palabra y la predicación" han prevalecido entre las multitudes "no con persuasivas palabras de sabiduría, sino con demostración de espíritu y de poder". Por eso, movidos por una fuerza celestial, o incluso superior al cielo, a venerar únicamente a quien nos creó, procuremos "dejar atrás la enseñanza elemental acerca de Cristo", es decir, la "instrucción inicial", y "avanzar hacia la perfección", para que también a nosotros se nos comunique la sabiduría que se anuncia a los perfectos. Pues quien la posee declara que "habla sabiduría entre los perfectos", distinta de "la sabiduría de este mundo y de la sabiduría de los gobernantes de este mundo, destinada a desaparecer". Esta sabiduría quedará claramente impresa en nosotros "por la revelación del misterio mantenido en silencio durante tiempos eternos, pero manifestado ahora mediante las Escrituras proféticas y la aparición de nuestro Señor y Salvador Jesucristo; a él sea la gloria por todos los siglos. Amén".
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