4. Todo esto lo hemos dicho para mostrar que la fuerza divina que nos concede las Sagradas Escrituras pretende que no captemos solo lo que presenta la letra, pues a veces, atendiendo al sentido literal, tales cosas no son verdaderas, y hasta son absurdas e imposibles; y que algunos elementos de esa clase se entretejen con la historia realmente acontecida y con la legislación útil según el sentido literal. Pero, para que nadie crea que afirmamos esto de todos los pasajes —como si ninguna historia hubiera sucedido porque alguna no sucedió; como si no hubiera que observar literalmente ninguna ley porque alguna resulte absurda o imposible según la letra; como si no fueran verdaderas en el plano perceptible las cosas escritas acerca del Salvador, o como si no hubiera que guardar ninguna de sus leyes y mandamientos—, hemos de decir que algunos relatos son, a todas luces, históricamente verdaderos. Así sucede con que Abraham fue enterrado en la cueva doble de Hebrón, al igual que Isaac y Jacob y la esposa de cada uno de ellos; con que Siquén fue dada en heredad a José; con que Jerusalén es la capital de Judea, donde Salomón construyó un templo a Dios; y con innumerables hechos más. Pues los pasajes históricamente verdaderos son muchos más que aquellos otros entretejidos que poseen solo un sentido espiritual. Y, asimismo, ¿quién no diría que el mandamiento "Honra a tu padre y a tu madre para que te vaya bien" es útil y debe observarse incluso sin ninguna interpretación espiritual, cuando el apóstol Pablo lo cita literalmente? ¿Y qué necesidad hay de hablar de "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio"? También en el evangelio hay mandamientos escritos sobre los que no se plantea si deben observarse literalmente o no, como el que dice: "Pero yo os digo: quien se enoje contra su hermano", y lo que sigue; o "Pero yo os digo que no juréis en absoluto". Y en el apóstol debe observarse el sentido literal de: "Amonestad a los indisciplinados, consolad a los pusilánimes, sostened a los débiles, sed pacientes con todos", aunque quienes se esfuerzan más puedan hallar en cada uno de esos preceptos "profundidades de la sabiduría de Dios" sin dejar por ello de observar el mandamiento según su sentido literal.
5. Con todo, quien procede con rigor se encontrará perplejo ante algunos pasajes, incapaz de decidir sin un examen detenido si una historia aparentemente tal sucedió según la letra o no, o si debe observarse el sentido literal de determinada ley. Por eso quien lee debe seguir cuidadosamente la orden del Salvador: "Investigad las Escrituras", y examinar con atención dónde el sentido literal es verdadero y dónde es imposible; y debe rastrear, en la medida de sus fuerzas y a partir de expresiones semejantes, el sentido que se encuentra disperso por toda la Escritura en los pasajes imposibles según la letra. Así pues, dado que —como resultará claro a quienes la lean— la secuencia literal es imposible, mientras que la principal no solo es posible, sino también verdadera, debemos esforzarnos por captar el sentido completo, uniendo en el plano inteligible la explicación de lo imposible según la letra con los hechos que no solo son posibles, sino también históricamente verdaderos, interpretados alegóricamente junto con aquellos que, atendiendo a la letra, no sucedieron. Pues esta es nuestra posición acerca de toda la divina Escritura: toda ella tiene un sentido espiritual, pero no toda tiene un sentido corporal, ya que en muchos lugares se demuestra que este es imposible.
Por ello, quien se acerca con reverencia a los libros divinos, como escritos divinos, debe prestarles mucha atención. El modo en que nos parece que han de comprenderse es el siguiente:
6. Los textos cuentan que Dios eligió un pueblo de la tierra al que dan varios nombres. Todo ese pueblo se llama Israel, pero también recibe el nombre de Jacob. Cuando, en tiempos de Jeroboam, hijo de Nabat, quedó dividido, las diez tribus que estaban bajo su mando recibieron el nombre de Israel, y las otras dos, junto con la de Leví, gobernadas por los descendientes de David, el de Judá. Toda la región donde habitaban los miembros de aquel pueblo, que Dios les había dado, se llama Judea; su capital es Jerusalén, capital, desde luego, de muchas ciudades, cuyos nombres aparecen dispersos en diversos lugares y reunidos en el libro de Jesús, hijo de Nun. Sentado esto, el apóstol eleva nuestro pensamiento cuando dice en cierto lugar: "Considerad a Israel según la carne", dando a entender que existe también un Israel según el espíritu. Y en otro lugar afirma: "No son los hijos de la carne los que son hijos de Dios" y "No todos los que proceden de Israel son Israel". Tampoco "es judío quien lo es exteriormente, ni es circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; judío es quien lo es en lo oculto, y la circuncisión es la del corazón, según el espíritu y no según la letra". Pues, si se reconoce al judío por lo oculto, hay que entender que, así como existe un pueblo de judíos corporales, existe también un pueblo de "judíos en lo oculto", cuyas almas poseen esa nobleza por ciertas razones inefables. Muchas profecías, además, anuncian lo que sucederá a Israel y a Judá. Y las numerosas promesas escritas para ellos, que atendiendo a la letra son humildes y no muestran elevación alguna ni la dignidad propia de una promesa de Dios, sin duda requieren una interpretación mística. Y si las promesas son inteligibles aunque se expresen mediante realidades perceptibles, tampoco son corporales aquellos a quienes se hacen.
7. Para no prolongar el discurso acerca del "judío en lo oculto" y del israelita que es "hombre interior", aunque lo dicho bastaría para quienes no carecen de perspicacia, volvamos al asunto que nos ocupa y digamos que Jacob es padre de los doce patriarcas; estos, de los jefes de los clanes, y estos últimos, de los israelitas que vinieron después. Ahora bien, los israelitas corporales remontan su ascendencia a los jefes de los clanes; estos, a los patriarcas; y los patriarcas, a Jacob y a quienes lo precedieron. ¿No procederán también los israelitas inteligibles, de quienes eran figura los corporales, de clanes derivados de tribus, y estas de alguien cuyo nacimiento no fue corporal como el de aquellos, sino superior, que nació a su vez de Isaac, descendiente este de Abraham, hasta remontarse todos a Adán, de quien dice el apóstol que es Cristo? Pues toda estirpe inferior a Dios, el Señor de todas las cosas, tuvo su origen en Cristo, que, después de Dios, Señor y Padre de todas las cosas, es padre de toda alma del mismo modo que Adán lo es de todos los hombres. Y si Pablo logró interpretar también a Eva como figura de la Iglesia, nada tiene de extraño que Caín, nacido de Eva, y todos aquellos que después remontan a ella su origen sean caídas de la Iglesia, pues todos procedieron de la Iglesia conforme al designio primero.