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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minCómo leer las dos versiones
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 7 minPrefacio
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 12 minLibro I
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 1. Sobre Dios
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 11 minCapítulo 2. Sobre Cristo
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 12 minCapítulo 2. Sobre Cristo
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 minCapítulo 3. Sobre el Espíritu Santo
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 12 minCapítulo 3. Sobre el Espíritu Santo
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 4 minCapítulo 3. Sobre el Espíritu Santo
  11. Sesión 11 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 4. Sobre la deserción o el apartamiento
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 5. Sobre las naturalezas racionales
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el fin o la consumación
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 7. Sobre los seres incorpóreos y corpóreos
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 8. Sobre los ángeles
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 5 minCapítulo 8. Sobre los ángeles
  17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 10 minLibro II
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 2. Sobre la perpetuidad de la naturaleza corporal
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 13 minCapítulo 3. Sobre el principio del mundo y sus causas
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 4. El Dios de la ley y los profetas, y el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el mismo Dios
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 4. El Dios de la ley y los profetas, y el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el mismo Dios
  22. Sesión 22 · Parte 5 · ≈ 11 minCapítulo 5. Sobre la justicia y la bondad
  23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre la encarnación de Cristo
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 11 minCapítulo 6. Sobre la encarnación de Cristo
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre el Espíritu Santo
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 11 minCapítulo 8. Sobre el alma (anima)
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 4 minCapítulo 8. Sobre el alma (anima)
  28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 9. Sobre el mundo y los movimientos de las criaturas racionales, sean buenos o malos, y sobre sus causas
  29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 9. Sobre el mundo y los movimientos de las criaturas racionales, sean buenos o malos, y sobre sus causas
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 9 minCapítulo 10. Sobre la resurrección y el juicio, el fuego del infierno y los castigos
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 10. Sobre la resurrección y el juicio, el fuego del infierno y los castigos
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 11 minCapítulo 11. Sobre las contrapromesas
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 11. Sobre las contrapromesas
  34. Sesión 34 · Parte 7 · ≈ 9 minLibro III
  35. Sesión 35 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 1. Sobre el libre albedrío: solución e interpretación de los pasajes de la Escritura que parecen negarlo
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 11 minCapítulo 1. Sobre el libre albedrío: solución e interpretación de los pasajes de la Escritura que parecen negarlo
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 12 minCapítulo 1. Sobre el libre albedrío: solución e interpretación de los pasajes de la Escritura que parecen negarlo
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  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 2. Sobre las potestades adversas
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  47. Sesión 47 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las potestades adversas
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 3. Sobre la sabiduría triple
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 4. Sobre las tentaciones humanas
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 8 minCapítulo 4. Sobre las tentaciones humanas
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 5. Que el mundo tuvo su comienzo en el tiempo
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  53. Sesión 53 · Parte 9 · ≈ 10 minCapítulo 6. Sobre el fin del mundo
  54. Sesión 54 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 6. Sobre el fin del mundo
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 12 minLibro IV
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 13 minCapítulo 1. Sobre la inspiración divina de la Sagrada Escritura
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada Escritura
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  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 9 minCapítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada Escritura
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 10 minCapítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada Escritura
  61. Sesión 61 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 3. Por qué hay oscuridad en la Sagrada Escritura y por qué algunos pasajes son imposibles o absurdos según el sentido literal
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo 3. Por qué hay oscuridad en la Sagrada Escritura y por qué algunos pasajes son imposibles o absurdos según el sentido literal
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 12 minCapítulo 3. Por qué hay oscuridad en la Sagrada Escritura y por qué algunos pasajes son imposibles o absurdos según el sentido literal
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  66. Sesión 66 · Parte 13 · ≈ 10 minResumen doctrinal acerca del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y de los demás temas tratados en las páginas precedentes
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    TEXTOS — ORÍGENES DE ALEJANDRÍA

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    Sobre los principios

    c. 220–230 · El latín de Rufino y, donde se conserva, el griego en paralelo36 minPosición: 0% de esta parteParte 11 de 13 · Capítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada EscrituraPublicado el Actualizado el Ref. ESC-ORI-01

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    Capítulo 2. Cómo leer y comprender la Sagrada Escritura

    IV, 2, 1 · griego

    1. Después de haber expuesto a grandes rasgos que las Sagradas Escrituras están inspiradas por Dios, es necesario examinar el modo de leerlas y comprenderlas, pues se han cometido muchos errores porque la mayoría no ha encontrado el camino que debe seguir para abordar los textos sagrados.
    En efecto, los duros de corazón e ignorantes de entre los circuncisos no han creído en nuestro Salvador porque piensan que deben atenerse a la letra de las profecías sobre él. Como no lo ven, en el sentido perceptible, "anunciar a los cautivos la liberación", ni edificar la que ellos consideran verdaderamente "ciudad de Dios", ni "destruir los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén", ni "comer mantequilla y miel y, antes de saber rechazar el mal, elegir el bien"; y como además creen que se profetizó que "el lobo", el animal cuadrúpedo, "pacerá con el cordero, que la pantera descansará junto al cabrito, que el ternero, el toro y el león pacerán juntos guiados por un niño pequeño, que el buey y el oso se alimentarán juntos y sus crías crecerán unas junto a otras, y que el león comerá paja como el buey", al no haber visto que nada de esto sucediera de manera perceptible con la venida de aquel a quien nosotros creemos Cristo, no acogieron a nuestro Señor Jesús, sino que lo crucificaron por considerar que se había proclamado Cristo sin serlo.
    Por su parte, quienes pertenecen a las distintas sectas leen: "Un fuego se ha encendido por mi cólera"; "Yo soy un Dios celoso, que castiga los pecados de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación"; "Me arrepiento de haber ungido a Saúl como rey"; "Yo soy Dios, que hago la paz y creo males"; y, en otro lugar: "No hay mal en la ciudad que el Señor no haya hecho"; además de: "Descendieron males del Señor hasta las puertas de Jerusalén" y "Un espíritu maligno procedente de Dios oprimía a Saúl", así como incontables pasajes semejantes. No se han atrevido a negar que las Escrituras procedan de Dios, pero, creyendo que pertenecen al creador a quien sirven los judíos, han pensado que, por ser el creador imperfecto y no bueno, el Salvador vino a anunciar a un Dios más perfecto, que, según dicen, no es el creador; aunque discrepan entre sí acerca de esta cuestión. Y, una vez apartados del creador, que es el único Dios no engendrado, se han entregado a las invenciones: se fabrican relatos acerca de cómo creen que llegaron a existir las cosas visibles y otras invisibles que su imaginación ha forjado.
    Pero también los más simples de quienes se jactan de pertenecer a la Iglesia consideran, con acierto, que nadie es superior al creador, y, sin embargo, se forman de él una idea que no admitirían ni del hombre más cruel e injusto.

    IV, 2, 2 · griego

    2. La causa de las falsas opiniones, impiedades y concepciones vulgares acerca de Dios que hemos mencionado no parece ser otra que no haber comprendido la Escritura conforme a su sentido espiritual, sino haberla entendido atendiendo a la mera letra. Por ello, a quienes están convencidos de que los libros sagrados no son escritos humanos, sino que fueron compuestos bajo la inspiración del Espíritu Santo, por voluntad del Padre de todas las cosas y por medio de Jesucristo, y así han llegado hasta nosotros, hemos de mostrarles los caminos que creemos discernir, ateniéndonos a la regla de la Iglesia celestial de Jesucristo, transmitida por sucesión desde los apóstoles.
    Todos, incluso los más simples entre quienes se acercan a la enseñanza, creen que las divinas Escrituras manifiestan ciertas disposiciones misteriosas; pero los sensatos y libres de presunción reconocen que no saben cuáles son. Así, si alguien plantea preguntas sobre la unión de Lot con sus hijas, sobre las dos mujeres de Abraham, sobre las dos hermanas casadas con Jacob o sobre las dos siervas que tuvieron hijos de él, no responderán sino que se trata de misterios que nosotros no comprendemos. Asimismo, cuando leen la descripción de la construcción del tabernáculo, convencidos de que lo escrito contiene figuras, buscan aquello a lo que puedan aplicar cada uno de sus detalles. No se equivocan al creer que el tabernáculo es figura de algo; pero a veces yerran al aplicar, de manera digna de la Escritura, la explicación de aquello de lo que el tabernáculo es figura. Y afirman que son figuras todos los relatos que parecen narrar matrimonios, nacimientos, guerras o cualesquiera otros sucesos que la mayoría aceptaría como históricos. Pero no suele quedar muy clara la explicación de qué son figuras: unas veces por no tener una preparación suficientemente sólida, otras por precipitación, y otras, incluso cuando alguien está bien preparado y procede con cautela, porque descubrir su significado resulta extraordinariamente difícil para los hombres.

    IV, 2, 3 · griego

    3. ¿Y qué necesidad hay de hablar de las profecías, que todos sabemos llenas de "enigmas" y "palabras oscuras"? Y, si pasamos a los evangelios, su sentido preciso, por ser el pensamiento de Cristo, requiere también la gracia concedida a quien dijo: "Nosotros tenemos el pensamiento de Cristo para conocer lo que Dios nos ha concedido; y de ello hablamos, no con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu". ¿Quién podría leer las revelaciones recibidas por Juan sin asombrarse de que los misterios inefables permanezcan ocultos y, sin embargo, se muestren incluso a quien no comprende lo escrito? Y, a juicio de quien sabe examinar las palabras, ¿qué cartas de los apóstoles podrían parecer claras y fáciles de entender, cuando también allí innumerables pasajes ofrecen apenas una pequeña abertura por la que vislumbrar pensamientos muy numerosos y elevados?
    Por ello, dadas estas circunstancias y los incontables errores que se cometen, no deja de ser arriesgado afirmar a la ligera, al leer, que se comprende aquello para lo que hace falta "la llave del conocimiento", la cual, según dice el Salvador, estaba en manos de "los expertos en la Ley". Y que expliquen quienes niegan que la verdad estuviera entre los que vivieron antes de la venida de Cristo cómo puede decir nuestro Señor Jesucristo que "la llave del conocimiento" estaba en manos de aquellos que, según ellos mismos afirman, no poseían libros que contuvieran los secretos del conocimiento y los misterios perfectos. Pues así reza el pasaje: "¡Ay de vosotros, expertos en la Ley, porque os habéis llevado la llave del conocimiento! Vosotros no entrasteis e impedisteis entrar a quienes querían hacerlo".

    IV, 2, 4 · griego

    4. El camino que, a nuestro juicio, debemos seguir para leer las Escrituras y captar su sentido es el siguiente, que puede rastrearse en las propias palabras sagradas. En los Proverbios encontramos esta instrucción de Salomón acerca de las doctrinas divinas escritas: "Escríbelas también tú de tres maneras, con consejo y conocimiento, para que puedas responder con palabras verdaderas a quienes te interroguen". Por consiguiente, hay que inscribir de tres maneras en la propia alma los sentidos de los escritos sagrados: el más sencillo se edificará a partir de lo que podríamos llamar la carne de la Escritura —nombre que damos a su interpretación inmediata—; quien haya progresado algo más, a partir de lo que sería su alma; y el perfecto, semejante a aquellos de quienes habla el apóstol cuando dice: "Hablamos sabiduría entre los perfectos, pero no sabiduría de este mundo ni de los gobernantes de este mundo, destinados a desaparecer; hablamos la sabiduría de Dios, oculta en el misterio, que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria", a partir de "la ley espiritual", que "contiene una sombra de los bienes futuros". Pues, así como el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu, también lo está la Escritura, dispuesta por Dios para ser dada a los hombres en orden a su salvación.
    Por eso interpretamos también de la siguiente manera lo que se dice en el libro despreciado por algunos, el Pastor, acerca de la orden dada a Hermas de "escribir dos libros" y, después, "comunicar a los presbíteros de la Iglesia" lo que había aprendido del Espíritu. El pasaje dice: "Escribirás dos libros y darás uno a Clemente y otro a Grapta. Grapta amonestará a las viudas y a los huérfanos, Clemente lo enviará a las ciudades de fuera, y tú comunicarás lo aprendido a los presbíteros de la Iglesia". Pues Grapta, que "amonesta a las viudas y a los huérfanos", es la mera letra, que amonesta a las almas todavía niñas, incapaces aún de llamar padre a Dios y por ello llamadas "huérfanas"; amonesta también a las que ya no se unen al esposo contrario a la ley, pero "permanecen viudas" porque todavía no se han hecho dignas del <celestial> "esposo". Clemente, en cambio, que ya va más allá de la letra, envía lo dicho "a las ciudades de fuera", con lo que queremos decir a las almas que están más allá de los pensamientos corporales e inferiores. Pero al propio discípulo del Espíritu se le ordena comunicar lo aprendido, ya no mediante escritos, sino mediante palabras vivas, "a los presbíteros de toda la Iglesia de Dios", encanecidos por la prudencia.
    Comentario editorial · Carne, alma y espíritu de la Escritura
    Aquí se formula la lectura de la Escritura en tres niveles: la Escritura, como el hombre, tiene cuerpo, alma y espíritu, y cada lector la recibe según lo que ha avanzado. Las dos versiones coinciden en lo esencial. El griego apoya la triple lectura en Proverbios, que en la Biblia griega manda escribirlas «de tres maneras» (trichôs), y en un pasaje de El Pastor de Hermas, el libro «despreciado por algunos»: la anciana que se le aparece en la segunda visión le manda escribir dos libritos, uno para Clemente y otro para Grapta, y leer el mensaje a los presbíteros. Orígenes lee en esas tres figuras los tres sentidos.

    IV, 2, 5–6 · griego

    5. Pero, puesto que hay pasajes de la Escritura que carecen por completo de sentido corporal, como mostraremos más adelante, a veces solo hay que buscar, por así decirlo, el alma y el espíritu de la Escritura. Y quizá por eso las tinajas que, según leemos en el Evangelio de Juan, estaban allí "para las purificaciones de los judíos" tenían capacidad "para dos o tres medidas" cada una. Con ello la palabra aludiría a los "judíos en lo oculto" de los que habla el apóstol: se purifican mediante la palabra de las Escrituras, que en unos lugares contiene "dos medidas", es decir, el sentido, por así decirlo, psíquico y el espiritual, y en otros "tres", porque algunos pasajes tienen además un sentido corporal capaz de edificar. Y es razonable que haya "seis tinajas" para quienes se purifican en el mundo, creado en seis días, número perfecto.
    6. Que la primera interpretación también es provechosa, en la medida en que puede serlo, lo atestigua la multitud de quienes han creído de manera sincera y sencilla. Un ejemplo de la explicación elevada, por así decirlo, hasta el alma se encuentra en la Primera Carta de Pablo a los Corintios. Dice: "Está escrito: "No pondrás bozal al buey que trilla"". Y, al explicar esta ley, añade: "¿Acaso se preocupa Dios por los bueyes? ¿O lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros fue escrito que quien ara debe arar con esperanza y quien trilla debe hacerlo con la esperanza de participar en la cosecha". Muchas interpretaciones que circulan entre la multitud, apropiadas para ella y capaces de edificar a quienes no pueden escuchar enseñanzas más elevadas, tienen un carácter semejante.
    La explicación espiritual corresponde a quien es capaz de mostrar de qué realidades celestiales eran "copia y sombra" las cosas a las que daban culto los judíos "según la carne", y de qué "bienes futuros tiene la ley una sombra". En una palabra, siguiendo la declaración del apóstol, hay que buscar en todos los casos "la sabiduría oculta en el misterio, que Dios predestinó antes de los siglos para gloria de los justos y que ninguno de los gobernantes de este mundo conoció". El mismo apóstol, después de citar algunos pasajes del Éxodo y de los Números, dice en otro lugar: "Estas cosas les sucedían como figuras y fueron escritas para nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos". Y ofrece indicios de aquello de lo que eran figuras cuando dice: "Bebían de una roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo". También, al describir el tabernáculo en otra carta, se sirve de estas palabras: "Lo harás todo según el modelo que se te mostró en el monte". Y en la Carta a los Gálatas, como reprochando a quienes creen leer la ley sin comprenderla, considera que no la comprenden cuantos no creen que haya alegorías en lo escrito: "Decidme —afirma—, los que queréis estar bajo la ley, ¿no escucháis la ley? Pues está escrito que Abraham tuvo dos hijos, uno de la sierva y otro de la mujer libre. Pero el de la sierva nació según la carne, y el de la mujer libre, por la promesa. Esto tiene un sentido alegórico, pues estas mujeres son dos alianzas", y así sucesivamente. Hemos de prestar atención a cada una de sus expresiones: dice "los que queréis estar bajo la ley", no "los que estáis bajo la ley", y pregunta "¿no escucháis la ley?", porque "escuchar" se entiende aquí como comprender y conocer. También en la Carta a los Colosenses, al resumir en pocas palabras el propósito de toda la legislación, dice: "Que nadie, pues, os juzgue por la comida o la bebida, ni por fiestas, novilunios o sábados: todo ello es sombra de lo futuro". Y en la Carta a los Hebreos, al hablar de los circuncisos, escribe: "Sirven a una copia y sombra de las realidades celestiales". Así pues, es probable que, por estos pasajes, quienes admiten de una vez por todas que el apóstol es un hombre de Dios no duden de los cinco libros atribuidos a Moisés, aunque quieran saber si también el resto de la historia "sucedía como figura". Conviene atender a lo que dice en la Carta a los Romanos: "Me reservé siete mil hombres que no doblaron la rodilla ante Baal", pasaje que se encuentra en el Tercer Libro de los Reinos y que Pablo entiende referido a los israelitas "elegidos". Así muestra que la venida de Cristo no solo benefició a las naciones, sino también a algunos miembros del linaje divino.

    IV, 2, 7–8 · griego

    7. Sentado esto, hemos de esbozar las formas en que creemos que deben comprenderse las Escrituras. Y, ante todo, hemos de señalar que el propósito del Espíritu que, por providencia de Dios y mediante la "Palabra que estaba en el principio junto a Dios", iluminaba a los servidores de la verdad —profetas y apóstoles— era principalmente revelar los misterios inefables relativos a los asuntos de los hombres —y por hombres entiendo ahora las almas que se sirven de cuerpos—, para que quien pudiera recibir enseñanza, tras "investigar" y entregarse "a las profundidades" del sentido de las palabras, llegase a participar de todas las doctrinas de su designio. Y, puesto que las almas no pueden alcanzar de otro modo la perfección sin la rica y sabia verdad acerca de Dios, entre las enseñanzas relativas a ellas figuran necesariamente en primer lugar las relativas a Dios y a su Unigénito: cuál es su naturaleza, de qué modo es Hijo de Dios, cuáles son las causas de que descendiera hasta asumir carne humana y llegara a ser hombre por completo, en qué consiste su acción, a quiénes alcanza y cuándo tiene lugar. También era necesario que la enseñanza divina incluyera, como asuntos afines, lo referente a los demás seres racionales, tanto los más divinos como los que han caído de la bienaventuranza, y las causas de su caída; asimismo, lo relativo a las diferencias entre las almas y al origen de estas diferencias, a qué es el mundo y por qué llegó a existir y, además, de dónde procede una maldad tan grande y extendida en la tierra, y si se encuentra solo en ella o también en otros lugares. Todo esto es necesario que lo aprendamos.
    8. Propuestas estas cuestiones y otras semejantes al Espíritu que iluminaba las almas de los santos servidores de la verdad, su segundo propósito, pensando en quienes no podían soportar el esfuerzo de descubrir materias tan elevadas, era ocultar la enseñanza acerca de ellas bajo palabras que parecen contener un relato: la narración de la creación de los seres perceptibles, de la formación del hombre y de los descendientes de los primeros hombres a lo largo de muchas generaciones, así como otras historias que cuentan las acciones de los justos y los pecados que en ocasiones cometieron, por ser hombres, o la maldad, el desenfreno y la codicia de los impíos y de quienes viven sin ley. Y, lo que es más sorprendente, mediante las historias de guerras, vencedores y vencidos se esclarecen algunos misterios inefables para quienes pueden examinarlas. Más admirable todavía es que las leyes de la verdad se profeticen mediante una legislación escrita: todo ello quedó consignado en una secuencia con un poder verdaderamente digno de la sabiduría de Dios. Pues también se pretendía que el ropaje de las realidades espirituales —me refiero al sentido corporal de las Escrituras— no fuera en muchos casos inútil, sino que pudiera mejorar a la mayoría según su capacidad.

    IV, 2, 9 · griego

    9. Pero, si la utilidad de la legislación hubiese resultado por doquier evidente a primera vista y el relato histórico hubiese sido siempre coherente y elegante, no habríamos sospechado que las Escrituras pudieran tener otro sentido además del inmediato. Por eso la Palabra de Dios dispuso que en medio de la ley y de la historia se introdujeran ciertos "escándalos", "tropiezos" e "imposibilidades", para que no nos dejásemos arrastrar por completo por la letra, cuya fuerza de atracción no encuentra resistencia, y acabásemos por abandonar enteramente las doctrinas, al no aprender nada digno de Dios, o bien, sin apartarnos de la letra, dejásemos de conocer algo más divino. Hay que saber además que el propósito principal era exponer la secuencia de las realidades espirituales, tanto de los hechos como de lo que debe hacerse. Por eso, cuando la Palabra encontró acontecimientos históricos que podían corresponder a esos misterios, se sirvió de ellos ocultando a la mayoría su sentido más profundo; pero cuando, para narrar la sucesión de las realidades inteligibles, no encontraba entre los hechos una acción que se ajustara a lo que debía expresarse por razones más misteriosas, la Escritura entretejió con la historia cosas que no sucedieron, unas veces imposibles de suceder y otras posibles, pero no sucedidas. A veces se insertan unas pocas palabras que no son verdaderas en el sentido corporal, y otras veces son más numerosas. Algo análogo hemos de admitir en la legislación, donde a menudo se encuentra una utilidad evidente, adecuada a las circunstancias en que se promulgó la ley, pero en ocasiones no se advierte ninguna utilidad. Otras veces se dictan incluso preceptos imposibles, para que los más perspicaces e inquisitivos, al entregarse al examen riguroso de lo escrito, adquieran una convicción fundada de que en esos pasajes hay que buscar un sentido digno de Dios. Y el Espíritu no dispuso esto solo en los escritos anteriores a la venida de Cristo; puesto que es el mismo y procede del único Dios, hizo otro tanto en los evangelios y en los escritos de los apóstoles. Tampoco en estos la historia está exenta por completo de elementos entretejidos que no sucedieron en el sentido corporal, ni la legislación y los mandamientos presentan siempre, en su sentido inmediato, una justificación razonable.
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