Siglo IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa del NPNF (Oxford, rev. Frederic Gardiner)·41 min·Posición: 0% de esta parte·Parte 7 de 15 · Homilía 12·Publicado el ·Actualizado el ·Ref. ESC-CRI-HEB
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Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y lo bendijo; a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; primeramente, según su interpretación, Rey de justicia, y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
Pablo, queriendo mostrar la diferencia entre la Nueva y la Antigua [Alianza], la siembra por todas partes; y dispara desde lejos, la divulga y la prepara de antemano. Pues ya desde la introducción estableció esta sentencia: que «a ellos ciertamente les habló por profetas, pero a nosotros por el Hijo» [c. i. 1, 2], y a ellos «en muchas ocasiones y de diversas maneras», pero a nosotros por el Hijo. Después, habiendo discurrido acerca del Hijo, quién era Él y qué había obrado, y habiendo exhortado a obedecerle, para que no sufriéramos las mismas cosas que los judíos; y habiendo dicho que Él es «Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec» [], y habiendo deseado muchas veces entrar en [el tema de] esta diferencia, y habiendo empleado mucha preparación; y habiéndolos reprendido como débiles, y de nuevo calmado y restaurado a la confianza; entonces, por fin, introduce la discusión sobre la diferencia [de las dos dispensaciones] a oídos ya en pleno vigor. Porque el que está abatido de ánimo no sería un oyente dispuesto. Y para que entiendas esto, oye lo que dice la Escritura: «No escucharon a Moisés a causa de la angustia de espíritu.» []. Por tanto, habiendo primero disipado su desaliento con muchas consideraciones, unas temibles, otras más suaves, entra desde este punto en la discusión de la diferencia [de las dispensaciones].
2. ¿Y qué dice? «Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo.» Y, lo que es especialmente digno de notarse, muestra que la diferencia es grande por el Tipo mismo. Pues, como he dicho, continuamente confirma la verdad a partir del Tipo, de las cosas pasadas, a causa de la debilidad de los oyentes. «Porque» (dice) «este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y lo bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo.» Habiendo expuesto concisamente toda la narración, la contempló místicamente.
Y primero, a partir del nombre. «Primeramente» (dice) «siendo, según su interpretación, Rey de justicia»: porque Sedec significa «justicia»; y Melchi, «Rey»: Melquisedec, «Rey de justicia.» ¿Ves su exactitud aun en los nombres? Pero ¿quién es «Rey de justicia», sino nuestro Señor Jesucristo? «Rey de justicia. Y después, también Rey de Salem,» por su ciudad, «es decir, Rey de paz», lo cual de nuevo es [propio] de Cristo. Porque Él nos ha hecho justos, y ha «hecho la paz» para «las cosas del cielo y las de la tierra.» [] ¿Qué hombre es «Rey de justicia y de paz»? Ninguno, sino solamente nuestro Señor Jesucristo.
3. Luego añade otra distinción, «Sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote continuamente.» Puesto que entonces se interponía [como objeción] la [palabra] «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec», mientras que él [Melquisedec] estaba muerto y no era «sacerdote para siempre», mira cómo lo explicó místicamente.
'¿Y quién puede decir esto de un hombre?' En realidad no afirmo esto (dice); el sentido es que no sabemos cuándo [o] qué padre tuvo, ni qué madre, ni cuándo recibió su principio, ni cuándo murió. ¿Y qué hay con esto (dirá alguno)? Pues ¿se sigue que, porque no lo sabemos, no murió [o] no tuvo padres? Dices bien: murió y tuvo padres. ¿Cómo, pues, [era él] «sin padre, sin madre»? ¿Cómo «que ni tiene principio de días ni fin de vida»? ¿Cómo? [Pues] por no estar expresado. ¿Y qué con esto? Que así como este hombre es así, porque no se da su genealogía, así es Cristo por la naturaleza misma de la realidad.
Mira el «sin principio»; mira el «sin fin.» Como en el caso de este hombre, no conocemos ni el «principio de días», ni el «fin de vida», porque no han sido escritos; así tampoco los conocemos en el caso de Jesús, no porque no hayan sido escritos, sino porque no existen. Pues aquello ciertamente es tipo, y por eso [decimos] 'porque no está escrito'; pero esto es la realidad, y por eso [decimos] 'porque no existe.' Pues, como también respecto de los nombres (porque allí «Rey de justicia» y «de paz» son apelativos, pero aquí la realidad), así también estos son apelativos en aquel caso, en este la realidad. ¿Cómo, pues, tiene Él un principio? Ves que el Hijo es «sin principio», no en cuanto a no tener causa; (porque esto es imposible: pues tiene Padre; de otro modo, ¿cómo es Hijo?) sino en cuanto a «no tener principio ni fin de vida.»
«Pero hecho semejante al Hijo de Dios.» ¿Dónde está la semejanza? En que no conocemos ni del uno ni del otro ni el fin ni el principio. Del uno, porque no están escritos; del otro, porque no existen. Aquí está la semejanza. Pero si la semejanza existiera en todos los respectos, ya no habría tipo y realidad; sino que ambos serían tipo. [Aquí], pues, como en las representaciones [pinturas o dibujos], hay algo que es semejante y algo que es desemejante. Por medio de las líneas hay ciertamente una semejanza de rasgos, pero cuando se aplican los colores, entonces se muestra claramente la diferencia, tanto la semejanza como la desemejanza.
Hebreos 7:4
Homilía 12, § 4 · Hebreos 7:4
4. «Ahora bien, considerad» (dice) «cuán grande es este hombre a quien aun el patriarca Abraham dio el diezmo de los despojos.» Hasta este punto ha estado aplicando el tipo: de aquí en adelante muestra audazmente que él [Melquisedec] es más glorioso que las realidades judías. Pero si el que lleva un tipo de Cristo es tan superior, no meramente a los sacerdotes, sino aun al mismo progenitor de los sacerdotes, ¿qué se dirá de la realidad? Ves cuán sobreabundantemente muestra la superioridad.
«Ahora bien, considerad» (dice) «cuán grande es este hombre a quien aun el patriarca Abraham dio el diezmo de lo escogido del botín.» Los despojos tomados en batalla son llamados «lo escogido del botín.» Y no puede decirse que se los dio como a quien había tenido parte en la guerra, porque (dice) lo encontró «volviendo de la derrota de los reyes»; pues se había quedado en casa (quiere decir), y sin embargo [Abraham] le dio las primicias de sus trabajos.
Hebreos 7:5-6
Homilía 12, § 4 · Hebreos 7:5-6
Y ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el oficio del sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos hayan salido de los lomos de Abraham.
Tan grande (diría él) es la superioridad del sacerdocio, que quienes por sus antepasados son de la misma dignidad y tienen el mismo progenitor, son sin embargo muy superiores a los demás. En todo caso, ellos «reciben los diezmos» de ellos. Cuando, pues, se encuentra a uno que recibe diezmos de estas mismas personas, ¿no están ciertamente aquellos en el rango de laicos, y él entre los sacerdotes?
Y no solo esto; sino que tampoco era él de la misma dignidad que ellos, sino de otra raza: de modo que no habría dado diezmos a un extraño si su dignidad no hubiera sido grande. ¡Asombroso! ¿Qué ha logrado? Ha dejado en claro un punto mayor que los relativos a la fe que trató en la Epístola a los Romanos. Pues allí ciertamente declara que Abraham es el progenitor tanto de nuestra ciudadanía como de la judía. Pero aquí se muestra extraordinariamente audaz contra él, y demuestra que el incircunciso es muy superior. ¿Cómo, pues, mostró que Leví pagó diezmos? Abraham (dice) los pagó. "¿Y cómo nos concierne esto a nosotros?" Especialmente os concierne a vosotros: porque no diréis que los levitas son superiores a Abraham. [] «Pero aquel cuya descendencia no es contada de entre ellos, recibió diezmos de Abraham.»
Hebreos 7:7
Homilía 12, § 4 · Hebreos 7:7
Y después de esto no pasó simplemente de largo, sino que añadió: «y bendijo al que tenía las promesas.» Puesto que en todo esto se le tenía en reverencia, muestra que [Melquisedec] debía ser reverenciado más que Abraham, por el juicio común de todos los hombres. [] «Y sin contradicción alguna», dice, «el menor es bendecido por el mayor», es decir, en la opinión de todos los hombres, el inferior es bendecido por el superior. Así, pues, el tipo de Cristo es superior aun a «aquel que tenía las promesas.»
Hebreos 7:8-10
Homilía 12, § 4–6 · Hebreos 7:8-10
[] «Y aquí ciertamente hombres mortales reciben diezmos; pero allí, aquel de quien se da testimonio de que vive.» Pero para que no digamos: Dinos, ¿por qué retrocedes tan lejos?, dice [] «Y, por decirlo así» (e hizo bien en suavizarlo) «Leví también, que recibe diezmos, pagó diezmos en Abraham.» ¿Cómo? [] «Porque aún estaba en los lomos de aquel cuando Melquisedec le salió al encuentro», es decir, Leví estaba en él, aunque todavía no había nacido. Y no dijo los levitas, sino Leví.
¿Has visto la superioridad? ¿Has visto cuán grande es el intervalo entre Abraham y Melquisedec, que lleva el tipo de nuestro Sumo Sacerdote? Y muestra que la superioridad fue causada por autoridad, no por necesidad. Pues el uno pagó el diezmo, lo cual indica al sacerdote; el otro dio la bendición, lo cual indica al superior. Esta superioridad pasa también a los descendientes.
De una manera maravillosa y triunfante expulsó el [sistema] judío. Por esta causa dijo: «Os habéis hecho tardos» [], porque quería poner estos cimientos, para que no se apartaran. Tal es la sabiduría de Pablo, que primeramente los prepara bien, y así los conduce a lo que desea. Pues el género humano es difícil de persuadir, y necesita mucha atención, aun más que las plantas. Porque en aquel caso hay [solo] la naturaleza de los cuerpos materiales y la tierra, que cede a las manos de los labradores; pero en este hay voluntad, la cual está sujeta a muchas alteraciones, y ya prefiere esto, ya aquello. Pues rápidamente se vuelve al mal.
5. Por tanto, debemos siempre «guardarnos», no sea que en algún momento nos durmamos. Pues «He aquí» (está dicho) «el que guarda a Israel no se adormecerá ni dormirá» [], y «No permitas que tu pie resbale.» [] No dijo: 'no seas movido', sino «no lo permitas tú», etc. El sufrir depende, pues, de nosotros y no de otro. Porque si estamos firmes y «constantes e inamovibles» [], no seremos sacudidos.
¿Qué, pues? ¿Nada depende de Dios? Todo ciertamente depende de Dios, pero no de modo que nuestro libre albedrío quede impedido. "Si, pues, depende de Dios" (dice uno), "¿por qué nos culpa?" Por esta causa dije: 'de modo que nuestro libre albedrío no quede impedido'. Depende, pues, de nosotros y de Él. Porque primero debemos elegir el bien; y luego Él nos conduce a lo suyo. No se anticipa a nuestra elección, para que nuestro libre albedrío no sea ultrajado. Pero cuando hemos elegido, entonces es grande la ayuda que nos trae.
¿Cómo es, pues, que Pablo dice: «no del que quiere», si depende también de nosotros, «ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia»? []
En primer lugar, no lo introdujo como opinión propia, sino que lo infirió de lo que tenía delante y de lo que se había presentado [en la discusión]. Pues después de decir: «Escrito está: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca» [], dice: «Se sigue, pues, que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.» «Me dirás entonces: ¿Por qué, pues, todavía inculpa?» []
Y en segundo lugar puede darse la otra explicación: que habla de todo como suyo aquel a quien pertenece la mayor parte. Pues nuestro es elegir y querer; pero de Dios es completar y llevar a término. Puesto que, por tanto, la mayor parte es de Él, dice que todo es de Él, hablando según la costumbre de los hombres. Pues también nosotros hacemos así. Quiero decir, por ejemplo: vemos una casa bien construida, y decimos que toda ella es obra del arquitecto; y sin embargo ciertamente no es toda suya, sino también de los obreros, y del dueño que suministra los materiales, y de muchos otros; pero no obstante, como él contribuyó con la mayor parte, llamamos a toda ella suya. Así, pues, [es] también en este caso. Además, con respecto a un número de personas, donde están los muchos, decimos: Todos son; donde pocos, nadie. Así también dice Pablo: «no del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.»
Y en esto establece dos grandes verdades: una, que no debemos ensoberbecernos; aunque corras (diría él), aunque seas muy diligente, no consideres que el buen obrar es tuyo. Pues si no obtienes el impulso que viene de lo alto, todo es en vano. Sin embargo, es muy evidente que alcanzarás aquello tras lo cual te afanas con ardor; mientras corras, mientras quieras.
No afirmó, pues, esto: que corremos en vano, sino que, si pensamos que todo es nuestro, si no asignamos la mayor parte a Dios, corremos en vano. Porque ni Dios ha querido que todo sea suyo, para no parecer que nos corona sin causa; ni tampoco nuestro, para que no caigamos en el orgullo. Pues si cuando tenemos la parte menor, pensamos mucho de nosotros mismos, ¿qué haríamos si todo dependiera de nosotros?
6. Ciertamente Dios ha eliminado muchas cosas con el propósito de cortar nuestra jactancia, y aun así queda la mano altanera. ¡Con cuántas aflicciones nos ha rodeado, para cortar nuestro espíritu soberbio! ¡Con cuántas fieras nos ha cercado! Pues ciertamente cuando algunos dicen: '¿por qué es esto?', '¿de qué sirve esto?', pronuncian estas cosas contra la voluntad de Dios. Él te ha colocado en medio de tan gran temor, y sin embargo ni aun así eres humilde de mente; pero si alguna vez alcanzas un pequeño éxito, te elevas hasta el mismo cielo en orgullo.
Por esta causa [vienen] cambios rápidos y reveses; y sin embargo ni aun así somos instruidos. Por esta causa hay muertes continuas y prematuras, pero pensamos como si fuéramos inmortales, como si nunca hubiéramos de morir. Saqueamos, defraudamos, como si nunca hubiéramos de dar cuenta. Edificamos como si hubiéramos de permanecer aquí para siempre. Y ni siquiera la palabra de Dios, sonando diariamente en nuestros oídos, ni los acontecimientos mismos nos instruyen. No se puede mencionar un día, ni una hora, en que no veamos funerales continuos. Pero todo es en vano: y nada penetra nuestra dureza [de corazón]; ni siquiera somos capaces de hacernos mejores por las calamidades de otros; o más bien, no queremos. Solo cuando nosotros mismos somos afligidos, entonces nos sometemos, y sin embargo, si Dios retira su mano, de nuevo levantamos nuestra mano: nadie considera lo que es propio del hombre, nadie desprecia las cosas de la tierra; nadie mira al cielo. Pero así como los cerdos vuelven la cabeza hacia abajo, inclinándose hacia su vientre, revolcándose en el cieno; así también el gran cuerpo de la humanidad se contamina con la suciedad más intolerable, sin ser consciente de ello.
Homilía 12, § 7 · Hebreos 7:8-10
7. Porque mejor sería contaminarse con barro inmundo que con pecados; porque el que está contaminado con lo uno, lo lava en poco tiempo y se vuelve como uno que nunca desde el principio hubiera caído en aquel lodazal; pero el que ha caído en la fosa profunda del pecado ha contraído una mancha que no se limpia con agua, sino que necesita largo tiempo, y estricto arrepentimiento, y lágrimas y lamentos, y más llanto, y más ferviente, que el que mostramos por los amigos más queridos. Porque esta mancha se nos adhiere desde fuera, por lo cual también la quitamos prontamente; pero la otra se engendra desde dentro, por lo cual también la lavamos con dificultad y nos limpiamos de ella. «Porque del corazón» (está dicho) «salen malos pensamientos, fornicaciones, adulterios, hurtos, falsos testimonios.» [] Por lo cual también dijo el profeta: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio.» [] Y otro: «Lava de maldad tu corazón, oh Jerusalén.» [] (Ves que es a la vez obra nuestra y de Dios.) Y de nuevo: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.» []
Limpiémonos hasta el máximo de nuestro poder. Borremos nuestros pecados. Y cómo borrarlos, lo enseña el profeta, diciendo: «Lavaos, limpiaos, quitad la maldad de vuestras almas de delante de mis ojos.» [] ¿Qué es «delante de mis ojos»? Porque algunos parecen estar libres de maldad, pero solo ante los hombres, mientras que ante Dios son manifiestos como «sepulcros blanqueados.» Por tanto dice: quitadlas de modo que yo las vea. «Aprended a hacer el bien, buscad el juicio, haced justicia al pobre y al humilde.» «Venid ahora, y razonemos juntos, dice el Señor: aunque vuestros pecados sean como la grana, los haré blancos como la nieve; y si fueren como el carmesí, los haré blancos como la lana.» [] Ves que primero debemos limpiarnos nosotros, y luego Dios nos limpia. Pues habiendo dicho primero: «Lavaos, limpiaos», luego añadió: «Yo os haré blancos.»
Que nadie, pues, ni [aun] de aquellos que han llegado a la extrema maldad, desespere de sí mismo. Porque (dice Él) aunque hayas pasado al hábito, sí, y casi a la naturaleza de la maldad misma, no temas. Por tanto, tomando [el ejemplo de] colores que no son superficiales sino casi de la sustancia misma de los materiales, dijo que los llevaría al estado opuesto. Pues no dijo simplemente que nos «lavaría», sino que nos «haría» «blancos como la nieve y como la lana», para presentar buenas esperanzas ante nosotros. Grande es, pues, el poder del arrepentimiento, al menos si nos hace como la nieve y nos blanquea como la lana, aun si el pecado se hubiera apoderado primero y teñido nuestras almas. Trabajemos, pues, con empeño para llegar a estar limpios; nada gravoso ha mandado. «Juzgad al huérfano, haced justicia a la viuda.» [] Ves por todas partes cuán grande cuenta hace Dios de la misericordia y de salir en defensa de los agraviados. Persigamos estas buenas obras, y podremos también, por la gracia de Dios, alcanzar los bienes venideros: de los cuales ojalá todos seamos tenidos por dignos, en Cristo Jesús nuestro Señor, con quien al Padre, juntamente con el Espíritu Santo, sea la gloria, el poder, el honor, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Trabajemos, pues, con empeño por llegar a ser limpios; nada gravoso nos ha impuesto. «Defended al huérfano, haced justicia a la viuda.» [] Ves en todas partes cuán grande cuenta hace Dios de la misericordia y de salir en defensa de los que padecen agravio. Persigamos estas buenas obras, y podremos también, por la gracia de Dios, alcanzar los bienes venideros: de los cuales ojalá seamos todos considerados dignos, en Cristo Jesús, nuestro Señor, con quien al Padre juntamente con el Espíritu Santo, sea la gloria, el poder, el honor, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
Homilía 13
Hebreos 7:11-14
Homilía 13, § 1–3 · Hebreos 7:11-14
Si, pues, la perfección fuese por el sacerdocio levítico (porque bajo él el pueblo ha recibido la ley ), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, hay hecho de necesidad también un cambio de la ley. Porque Aquel de quien se dicen estas cosas pertenecía a otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque es evidente que nuestro Señor nació de Judá, de cuya tribu Moisés nada habló acerca de sacerdotes.
1. «Si, pues,» (dice) «la perfección fuese por el sacerdocio levítico.» Habiendo hablado acerca de Melquisedec, y habiendo mostrado cuán superior era a Abraham, y habiendo expuesto la gran diferencia entre ellos, comienza desde este punto en adelante a probar la amplia diferencia en cuanto a la alianza misma, y cómo el uno es imperfecto y el otro perfecto. Sin embargo, ni siquiera entra todavía en los asuntos mismos, sino que primero contiende sobre el terreno del sacerdocio y del tabernáculo. Porque estas cosas serían más fácilmente recibidas por los incrédulos, cuando la prueba se derivaba de cosas ya admitidas y creídas.
Había mostrado que Melquisedec era muy superior tanto a Leví como a Abraham, siendo para ellos en el rango de los sacerdotes. De nuevo argumenta desde un punto diferente. ¿Qué es, pues, esto? ¿Por qué (dice) no dijo, «según el orden de Aarón»? Y observa, te ruego, la gran superioridad [de su argumento]. Pues de la misma circunstancia que naturalmente excluía su sacerdocio, a saber, que Él no era «según el orden de Aarón», de ella lo establece a Él y excluye a los otros. Pues esto es lo mismo que yo digo (declara); ¿por qué no ha sido hecho «según el orden de Aarón»?
Y la [expresión] «¿qué necesidad había aún?» tiene mucho énfasis. Porque si Cristo hubiera sido «según el orden de Melquisedec» según la carne, y luego después se hubiera introducido la ley, y todo lo que pertenecía a Aarón, uno podría razonablemente decir que esta última, por ser más perfecta, anulaba la primera, puesto que había venido después de ella. Pero si Cristo viene más tarde, y toma un tipo diferente, a saber, el de su sacerdocio, es evidente que es porque aquellos eran imperfectos. Pues (diría) supongamos, por mor del argumento, que todo se ha cumplido, y que no hay nada imperfecto en el sacerdocio. «¿Qué necesidad» había en ese caso de que Él fuera llamado «según el orden de Melquisedec y no según el orden de Aarón»? ¿Por qué dejó de lado a Aarón, e introdujo un sacerdocio diferente, el de Melquisedec? «Si, pues, la perfección,» es decir, la perfección de las cosas mismas, de las doctrinas, de la vida, «hubiese sido por el sacerdocio levítico.»
Y observa cómo avanza por su camino. Había dicho que [Él era] «según el orden de Melquisedec,» dando a entender que el [sacerdocio] «según el orden de Melquisedec» es superior: pues [él era] muy superior. Después muestra esto también por el tiempo, en que Él fue después de Aarón; evidentemente como siendo mejor.
2. ¿Y cuál es el significado de lo que sigue? «Porque» (dice), bajo [o «sobre»] él, el pueblo ha recibido la Ley [o «ha sido legislado»]. ¿Qué es «bajo él» [&c.]? Se ordena por él; por él hace todas las cosas. No puedes decir que fue dada a otros; «el pueblo bajo él ha recibido la ley,» es decir, la ha usado, y la usaba. No puedes decir ciertamente que era perfecto, no gobernaba al pueblo; «han sido legislados sobre él,» es decir, la usaban.
¿Qué necesidad había, entonces, de otro sacerdocio? «Pues cambiado el sacerdocio, necesariamente se hace también un cambio de la ley.» Pero si debe haber otro sacerdote, o más bien otro sacerdocio, necesariamente debe haber también otra ley. Esto es para los que dicen: ¿Qué necesidad había de una nueva Alianza? Pues él ciertamente podría haber alegado también un testimonio de la profecía: «Ésta es la alianza que hice con vuestros padres» [&c.]. [] Pero por el momento contiende sobre el terreno del sacerdocio. Y observa cómo dice esto desde el principio. Dijo: «Según el orden de Melquisedec.» Con esto excluyó el orden de Aarón. Pues no habría dicho «Según el orden de Melquisedec,» si el otro hubiera sido mejor. Si, pues, se ha introducido otro sacerdocio, debe haber también [otra] Alianza; porque ni es posible que haya un sacerdote sin alianza y leyes y ordenanzas, ni que habiendo recibido un sacerdocio diferente, Él use la [alianza] anterior.
En el lugar siguiente, en cuanto al motivo de objeción: «¿Cómo podría Él ser sacerdote si no era levita?» Habiendo derribado esto por lo dicho arriba, ni siquiera piensa que valga la pena responderlo, sino que lo introduce de paso. Dije (quiere decir) que el sacerdocio fue cambiado; por lo tanto, también la Alianza lo es. Y fue cambiado no sólo en su carácter, ni en sus ordenanzas, sino también en su tribu. Pues por necesidad [debe ser cambiado] también en su tribu. ¿Cómo? Porque cambiado el sacerdocio [o «transferido»], de tribu a tribu, de la [tribu] sacerdotal a la real [tribu], para que la misma fuera a la vez real y sacerdotal.
Y observa el misterio. Primero era real, y luego se ha hecho sacerdotal: así, pues, también respecto de Cristo: porque Rey ciertamente era siempre, pero se ha hecho Sacerdote desde el tiempo en que asumió la Carne, en que ofreció el sacrificio. Ves el cambio, y estas cosas mismas que eran motivo de objeción las introduce, como si el orden natural de las cosas las requiriera. «Porque» (dice) «Aquel de quien se dicen estas cosas pertenecía a otra tribu.» Yo mismo también lo digo; sé que esta tribu [de Judá] no tenía nada del sacerdocio. Porque hay una transferencia.
3. Sí, y estoy mostrando también otra diferencia (diría): no sólo por la tribu, ni tampoco sólo por la Persona, ni por el carácter [del Sacerdocio], ni por la alianza, sino también por el tipo mismo. [] Quien fue hecho [«llegó a ser» así], no según la ley de un mandamiento carnal, sino según el poder de una vida indestructible. Él llegó a ser (dice) «sacerdote no según la ley de un mandamiento carnal»: pues aquella ley era en muchos respectos ilegal.
¿Qué es «de un mandamiento carnal»? Circuncida la carne, dice; unge la carne; lava la carne; purifica la carne; afeita la carne; ata sobre la carne; cuida la carne; descansa en cuanto a la carne. Y de nuevo sus bendiciones, ¿cuáles son? Larga vida para la carne; leche y miel para la carne; paz para la carne; lujo para la carne. De esta ley recibió Aarón el sacerdocio; Melquisedec, sin embargo, no así.
Hebreos 7:15-17
Homilía 13, § 3–4 · Hebreos 7:15-17
Y es aún mucho más evidente, si a semejanza de Melquisedec se levanta otro sacerdote.» ¿Qué es evidente? El intervalo entre los dos sacerdocios, la diferencia; cuánto más superior es Él «que fue hecho no según la ley de un mandamiento carnal.» (¿Quién? ¿Melquisedec? No; sino Cristo.) «Sino según el poder de una vida indestructible. Porque Él testifica: Tú eres Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec»; es decir, no por un tiempo, ni teniendo límite alguno, «sino según el poder de una vida indestructible,» es decir, por medio de poder, por medio de «la vida indestructible.
Y sin embargo, esto no se sigue de «quien fue hecho no según la ley de un mandamiento carnal»: pues lo que se seguiría sería decir, «sino según la de uno espiritual.» Sin embargo, por «carnal» dio a entender temporal. Como dice también en otro lugar: ordenanzas carnales impuestas hasta el tiempo de la reforma. []
«Según el poder de la vida,» es decir, porque Él vive por su propio poder.
4. Había dicho que hay también un cambio de ley, y hasta este punto lo ha mostrado; de aquí en adelante indaga la causa, aquello que sobre todo da plena seguridad a las mentes de los hombres, [quiero decir] el conocer a fondo la causa; y nos lleva más a la fe cuando hemos aprendido también la causa, y el principio según el cual [la cosa] acontece.
Hebreos 7:18
Homilía 13, § 4 · Hebreos 7:18
«Porque hay, a la verdad,» (dice) «una abolición del mandamiento anterior, por su debilidad e inutilidad.» Aquí los herejes apremian. Pero escucha atentamente. No dijo «por el mal,» ni «por la maldad,» sino «por la debilidad e inutilidad [del mismo],» sí, y en otros lugares también muestra la debilidad; como cuando dice: «En que era débil por la carne.» [] [La ley] misma, pues, no es débil, sino nosotros.
Hebreos 7:19
Homilía 13, § 4 · Hebreos 7:19
«Porque la Ley nada perfeccionó.» ¿Qué es «nada perfeccionó»? No hizo perfecto a ningún hombre, siendo desobedecida. Y además, incluso si hubiera sido escuchada, no habría hecho perfecto y virtuoso a uno. Pero todavía no dice esto aquí, sino que no tenía fuerza; y con razón. Porque allí se establecían preceptos escritos: Haz esto y No hagas aquello, sólo ordenados, y no dando poder interior. Pero «la Esperanza» no es tal.
¿Qué es «una abolición»? Un desechar. Una «abolición» es una abolición de cosas que están en vigor. De modo que dio a entender que [una vez] estuvo en vigor, pero de ahí en adelante no tuvo valor, ya que no lograba nada. ¿Era, pues, la Ley de ningún provecho? Ciertamente era de provecho, y de gran provecho; pero para hacer perfectos a los hombres no servía. Pues en este respecto dice: «La Ley nada perfeccionó.» Todas eran figuras, todas sombras; circuncisión, sacrificio, sábado. Por tanto, no podían alcanzar a través del alma, por lo cual pasan y gradualmente se retiran. «Pero la introducción de una esperanza mejor lo hizo, por la cual nos acercamos a Dios.»
Hebreos 7:20
Homilía 13, § 5 · Hebreos 7:20
5. [] «Y por cuanto no sin el hacer un juramento.» Ves que el asunto del juramento se vuelve necesario para él aquí. Por eso, por esta razón, trató antes mucho [de ello], cómo Dios juró; y juró en aras de una mayor seguridad [nuestra].
Pero la introducción de una esperanza mejor.» Porque aquel sistema también tenía una esperanza, pero no como ésta. Pues esperaban que, si agradaban [a Dios], poseerían la tierra, que no sufrirían nada temible. Pero en esta [dispensación] esperamos que, si agradamos [a Dios], poseeremos no la tierra, sino el cielo; o más bien (lo cual es mucho mejor que esto) esperamos estar cerca de Dios, venir al trono mismo del Padre, servirle con los Ángeles. Y mira cómo introduce estas cosas poco a poco. Pues arriba dice «la cual entra en aquello que está dentro del velo», [], pero aquí, «por la cual nos acercamos a Dios.
Hebreos 7:21-24
Homilía 13, § 5 · Hebreos 7:21-24
«Y por cuanto no sin un juramento.» ¿Qué es «Y por cuanto no sin un juramento»? Es decir: He aquí otra diferencia también. Y estas cosas no fueron meramente prometidas (dice). «Pues aquellos sacerdotes fueron hechos sin juramento,» [] «pero Éste, con juramento, por Aquel que le dijo: Juró el Señor y no se arrepentirá: Tú eres Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. Por tanto, Jesús fue hecho fiador de una alianza mejor.» Él establece dos puntos de diferencia: que no tiene fin como [la alianza] de la Ley tenía; y esto lo prueba por [el hecho de que es] Cristo quien ejerce [el sacerdocio]; pues dice «según el poder de una vida indestructible.» Y lo prueba también por el juramento, porque «Él juró,» etc., y por el hecho; porque si la otra fue desechada, porque era débil, ésta permanece firme, porque es poderosa. Lo prueba también por el sacerdote. ¿Cómo? Porque Él es Uno [solo]; y no habría Uno [solo], a menos que Él fuera inmortal. Pues como había muchos sacerdotes, porque eran mortales, así [aquí está] El Uno, porque Él es inmortal. «Por tanto, Jesús fue hecho fiador de una alianza mejor,» en cuanto le juró que Él sería siempre [Sacerdote]; lo cual no habría hecho, si Él no estuviera vivo.
Hebreos 7:25
Homilía 13, § 6 · Hebreos 7:25
6. [] «Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.» Ves que dice esto respecto de lo que es según la carne. Pues cuando Él [aparece] como Sacerdote, entonces también intercede. Por lo cual también cuando Pablo dice: «quien además intercede por nosotros» [], insinúa lo mismo; el Sumo Sacerdote intercede. Pues Él «que resucita a los muertos como quiere, y les da vida,» [], y que «así como el Padre» [hace], ¿cómo [es que] cuando hay necesidad de salvar, Él «intercede»? [] El que tiene «todo el juicio,» ¿cómo [es que] Él «intercede»? El que «envía a sus ángeles» [], para que «echen» a algunos en «el horno,» y salven a otros, ¿cómo [es que] Él «intercede»? Por lo cual (dice) «puede también salvar.» Pues por esta causa salva, porque no muere. Puesto que «vive siempre,» no tiene (quiere decir) sucesor; y si no tiene sucesor, puede ayudar a todos los hombres. Pues allí [bajo la Ley], en verdad, el Sumo Sacerdote, aunque era digno de admiración durante el tiempo en que era [Sumo Sacerdote] (como Samuel, por ejemplo, y cualquier otro así), pero después de esto, ya no; porque estaban muertos. Pero aquí no es así, sino que «Él» salva «perpetuamente.»
¿Qué es «perpetuamente»? Insinúa algún misterio. No sólo aquí (dice) sino también allí salva a los que «se acercan a Dios por Él.» ¿Cómo salva? «Viviendo siempre» (dice) «para interceder por ellos.» ¿Ves la humillación? ¿Ves la humanidad? Pues no dice que obtuvo esto intercediendo una vez para siempre, sino continuamente, y siempre que sea necesario interceder por ellos.
«Perpetuamente.» ¿Qué es? No solamente por un tiempo, sino también allí en la vida futura. "¿Necesita, pues, orar siempre? Pero ¿cómo puede [esto] ser razonable? Incluso hombres justos muchas veces lo lograron todo con una sola súplica, ¿y Él está siempre orando? ¿Por qué, entonces, está sentado en el trono con [el Padre]?" Ves que es una condescendencia. El significado es: No temas, ni digas: Sí, Él nos ama en verdad, y tiene confianza ante el Padre, pero no puede vivir siempre. Pues Él sí vive siempre.
Hebreos 7:26
Homilía 13, § 7 · Hebreos 7:26
7. «Porque tal Sumo Sacerdote también nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores.» Ves que todo se dice con referencia a la humanidad. (Pero cuando digo "la humanidad", quiero decir [la humanidad] que tiene Divinidad; no dividiendo [una de la otra], sino dejando [que] supongas lo que es conveniente.) ¿Notaste la diferencia del Sumo Sacerdote? Ha resumido lo dicho antes: «en todo tentado como nosotros, pero sin pecado.» [] «Porque» (dice) «tal Sumo Sacerdote también nos convenía: santo, inocente.» «Inocente»: ¿qué es? Sin maldad: lo que dice otro Profeta: «no se halló engaño en su boca» [], es decir, [Él] no es astuto. ¿Podría alguien decir esto acerca de Dios? ¿Y no se avergüenza uno de decir que Dios no es astuto, ni engañador? Sin embargo, acerca de Él, en cuanto a la Carne, podría ser razonable [decirlo]. «Santo, sin mancha.» Esto, ¿acaso lo diría alguien acerca de Dios? Pues, ¿tiene Él una naturaleza capaz de contaminarse? «Apartado de los pecadores.»
Hebreos 7:27
Homilía 13, § 8 · Hebreos 7:27
8. ¿Acaso esto solo muestra la diferencia, o también el sacrificio mismo? ¿Cómo? [] «No tiene necesidad» (dice) «cada día, como el Sumo Sacerdote, de ofrecer sacrificios por sus pecados; porque esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo.» «Esto,» ¿qué? Lo que sigue suena como un preludio sobre la grandeza sobreabundante del sacrificio espiritual y el intervalo [entre ellos]. Ha mencionado lo relativo al sacerdote; ha mencionado lo relativo a la fe; ha mencionado lo relativo a la Alianza; no del todo, ciertamente, pero lo ha mencionado. Aquí lo que sigue es un preludio sobre el sacrificio mismo. Entonces, no, al oír que es Sacerdote, supongas que está ejerciendo siempre el oficio sacerdotal. Porque lo ejerció una vez, y desde entonces «se sentó.» [] Para que no supongas que está de pie en lo alto y es un ministro, muestra que el asunto es [parte] de una dispensación [o economía]. Pues así como se hizo siervo, también [se hizo] Sacerdote y Ministro. Pero así como después de hacerse siervo no continuó siervo, así también, habiéndose hecho Ministro, no continuó Ministro. Porque no corresponde a un ministro sentarse, sino estar de pie.
Esto, pues, lo insinúa aquí, y también la grandeza del sacrificio, si siendo [solo] uno, y habiendo sido ofrecido una sola vez, logró aquello que todos [los demás] no pudieron hacer. Pero todavía no [trata] de estos puntos.
Hebreos 7:28
Homilía 13, § 8–10 · Hebreos 7:28
«Porque esto hizo,» dice. «Esto»; ¿qué? «Porque» (dice) «es necesario que este [Hombre] tenga también algo que ofrecer» []; no por sí mismo; pues ¿cómo se ofreció a sí mismo? Sino por el pueblo. ¿Qué dices? ¿Y es capaz de hacer esto? Sí (dice). «Porque la Ley constituye sumos sacerdotes a hombres que tienen flaqueza.» [] ¿Y no necesita ofrecer por sí mismo? No, dice. Pues, para que no supongas que las [palabras, «esto»] «lo hizo una vez para siempre,» se dicen también respecto de Él mismo, oye lo que dice: «Porque la Ley constituye sumos sacerdotes a hombres que tienen flaqueza.» Por esto ellos ofrecen continuamente, y por sí mismos. Pero Aquel que es poderoso, Aquel que no tiene pecado, ¿por qué habría de ofrecer por sí mismo, o muchas veces por los demás?
«Pero la palabra del juramento, que vino después de la Ley, [constituye] al Hijo, consagrado para siempre.» «Consagrado»: ¿qué es eso? Pablo no expone los términos comunes de la contraposición; pues después de decir «que tiene flaqueza,» no dijo «el Hijo» que es poderoso, sino «consagrado»: es decir, poderoso, como quien dice. Ves que el nombre Hijo se usa en contraposición al de siervo. Y por «flaqueza» entiende o el pecado o la muerte.
¿Qué es «para siempre»? No solo ahora sin pecado, sino siempre. Si, pues, Él es perfecto, si nunca peca, si vive siempre, ¿por qué habrá de ofrecer muchos sacrificios por nosotros? Pero por ahora no insiste con fuerza en este punto; en lo que sí insiste con fuerza es en que no ofrece por sí mismo.
9. Puesto que, pues, tenemos tal Sumo Sacerdote, imitémosle: caminemos en sus pisadas. No hay otro sacrificio: uno solo nos ha limpiado, y después de esto, el fuego y el infierno. Por eso, en efecto, lo repite una y otra vez, diciendo: «un solo Sacerdote,» «un solo Sacrificio,» no sea que alguno, suponiendo que hay muchos [sacrificios], peque sin temor. Entonces, cuantos hemos sido tenidos por dignos del Sello, cuantos hemos disfrutado del Sacrificio, cuantos hemos participado de la Mesa inmortal, guardemos nuestro noble linaje y nuestra dignidad; porque caer no está exento de peligro.
Y cuantos todavía no han sido tenidos por dignos de estos [privilegios], que tampoco estos se confíen por ello. Pues cuando una persona continúa pecando, con la intención de recibir el santo bautismo en el último aliento, muchas veces no lo obtendrá. Y, creedme, no es para aterraros que digo lo que voy a decir. Yo mismo he conocido a muchas personas a quienes esto les ha sucedido: esperando, en efecto, la iluminación, pecaron mucho, y el día de su muerte se fueron vacíos. Porque Dios nos dio el bautismo para esto: para quitar nuestros pecados, no para aumentarlos. Pero si alguno lo ha empleado como garantía para pecar más, se vuelve causa de negligencia. Porque si no hubiera habido Lavado, habrían vivido con más cautela, al no tener [los medios del] perdón. Ves que nosotros somos quienes hacemos que se diga: «Hagamos el mal para que venga el bien.» []
Por lo cual os exhorto también a vosotros, los no iniciados: sed sobrios. Nadie siga la virtud como un jornalero, nadie como una persona insensata, nadie como tras una cosa pesada y gravosa. Persigámosla, pues, con ánimo pronto y con gozo. Porque aunque no hubiera recompensa reservada, ¿no deberíamos ser buenos? Sin embargo, al menos con recompensa, hagámonos buenos. ¿Y cómo no es esto sino una deshonra y una condenación muy grande? Si no me das recompensa (dice uno), no me hago dueño de mí mismo. Entonces me atrevo a decir algo: nunca serás dueño de ti mismo; no, ni siquiera cuando vivas con dominio propio, si lo haces por recompensa. No estimas en nada la virtud, si no la amas. Pero a causa de nuestra gran debilidad, Dios quiso que por un tiempo se practicara incluso por recompensa; y, sin embargo, ni aun así la perseguimos.
Pero supongamos, si queréis, que un hombre muere después de haber hecho innumerables males, y que también ha sido tenido por digno del bautismo (lo cual, sin embargo, no creo que suceda fácilmente); decidme, ¿cómo partirá de allí? No, ciertamente, llamado a cuenta por las obras que hizo, pero aun así sin confianza; como es razonable. Pues cuando, después de haber vivido cien años, no tiene ninguna obra buena que mostrar, sino solo que no ha pecado, o más bien ni siquiera esto, sino que fue salvo solo por gracia, y cuando ve a otros coronados, en esplendor, y muy aprobados: aunque no caiga en el infierno, decidme, ¿soportará su desaliento?
10. Pero para aclarar el asunto con un ejemplo: supón que hay dos soldados, y que uno de ellos roba, causa daño, defrauda, y que el otro no hace nada de esto, sino que actúa como hombre valiente, hace bien cosas importantes, erige trofeos en la guerra, tiñe de sangre su diestra; luego, cuando llega el momento, supón que (desde el mismo rango en que también estaba el ladrón) es conducido enseguida al trono imperial y a la púrpura; pero supón que el otro permanece allí donde estaba, y solo por la bondad real no paga la pena de sus obras; que esté, sin embargo, en el último lugar, y que sea puesto bajo el Rey. Dime, ¿podrá soportar su desesperación cuando vea a aquel que estaba [clasificado] con él subido hasta las más altas dignidades, y hecho tan glorioso, y dueño del mundo, mientras él mismo permanece abajo, y ni siquiera ha sido librado del castigo con honor, sino por la gracia y la bondad del Rey? Pues aun si el Rey lo perdonara y lo librara de los cargos contra él, aun así vivirá en vergüenza; pues ciertamente ni siquiera los demás lo admirarán: porque en tal perdón no admiramos a los que reciben los dones, sino a los que los otorgan. Y cuanto mayores son los dones, tanto más se avergüenzan quienes los reciben, cuando sus transgresiones son grandes.
¿Con qué ojos, pues, podrá este mirar a los que están en los atrios del Rey, cuando exhiben sus sudores sin número y sus heridas, mientras él no tiene nada que mostrar, y su salvación misma proviene de la mera misericordia de Dios? Pues como si uno rogara por un asesino, un ladrón, un adúltero, cuando iba a ser arrestado, y le mandara quedarse en el pórtico del palacio del Rey, después no podrá mirar a nadie a la cara, aunque haya sido librado del castigo: así es ciertamente el caso de este hombre.
Pues no supongáis, os lo ruego, que porque se llama palacio, todos alcanzan las mismas cosas. Porque si aquí, en los atrios del Rey, están el Prefecto y todos los que rodean al Rey, y también los que ocupan posiciones muy inferiores y el lugar de los llamados decanos (aunque el intervalo sea tan grande entre el Prefecto y el decano), mucho más será así en la corte real de arriba.
Homilía 13, § 10–11 · Hebreos 7:28
Y esto no lo digo por mí mismo. Pues Pablo establece otra diferencia aún mayor que estas. Porque (dice) cuantas diferencias hay entre el sol, la luna, las estrellas y la más pequeña estrella, tantas hay también entre los que están en el reino [de los Cielos]. Y que la diferencia entre el sol y la estrella más pequeña es mucho mayor que la que hay entre el decano (como se le llama) y el Prefecto, es evidente para todos. Pues mientras el sol brilla sobre todo el mundo a la vez y lo ilumina, y oculta la luna y las estrellas, el otro muchas veces no aparece, ni siquiera en la oscuridad. Porque hay muchas estrellas que no vemos. Cuando, pues, veamos a otros volverse soles, y nosotros tengamos el rango de las estrellas más pequeñas, que ni siquiera son visibles, ¿qué consuelo tendremos?
No seamos, os lo ruego, no seamos tan perezosos, no tan inertes; no cambiemos la salvación de Dios por una vida cómoda, sino hagamos negocio con ella y aumentémosla. Pues aunque uno sea catecúmeno, conoce a Cristo, entiende la Fe, es oyente de los divinos oráculos, no está lejos del conocimiento; conoce la voluntad de su Señor. ¿Por qué, pues, procrastina? ¿Por qué demora y pospone? Nada es mejor que una vida buena, sea aquí o allí, sea en el caso del Iluminado o de los catecúmenos.
11. Pues dime, ¿qué mandamiento gravoso hemos impuesto? Ten mujer (se dice) y sé casto. ¿Es difícil? ¿Cómo? Cuando muchos, no solo cristianos sino también paganos, viven castamente sin mujer. Aquello en lo que el pagano sobresale por vanagloria, tú ni siquiera lo guardas por el temor de Dios.
Da (dice) a los pobres de lo que tienes. ¿Es esto gravoso? Pero también en este caso los paganos nos condenan, quienes por sola vanagloria han vaciado todas sus posesiones.
No uses lenguaje torpe. ¿Es difícil? Pues aunque no se hubiera mandado, ¿no deberíamos obrar bien en esto, para evitar parecer degradados? Porque que la conducta contraria es molesta, quiero decir el usar lenguaje torpe, es manifiesto por el hecho de que el alma se avergüenza y se ruboriza si ha sido llevada a decir algo semejante, y no lo haría a no ser que estuviera ebria. Pues cuando estás sentado en un lugar público, aunque lo hagas en casa, ¿por qué no lo haces allí? Por los presentes. ¿Por qué no haces fácilmente lo mismo delante de tu mujer? Para no insultarla. Así, pues, no lo haces para no insultar a tu mujer; ¿y no te ruborizas de insultar a Dios? Porque Él está presente en todas partes y oye todas las cosas.
No seas bebedor, dice. Pues esto mismo por sí mismo, ¿no es un castigo? No dijo: pon tu cuerpo en el potro, sino ¿qué? No le des rienda suelta hasta quitar la autoridad de la mente; al contrario, «no hagáis provisión para sus concupiscencias.» []
No tomes (dice) con violencia lo que no es tuyo; no defraudes; no te perjures. ¡Qué trabajos requieren estas cosas! ¡Qué sudores!
No hables mal de nadie (dice) ni acuses falsamente. Lo contrario, en verdad, es trabajo. Pues cuando has hablado mal de otro, inmediatamente estás en peligro, en sospecha, [diciendo]: ¿Lo oyó aquel de quien hablé? Sea grande o pequeño. Porque si es un hombre grande, inmediatamente estarás ciertamente en peligro; pero si es pequeño, te pagará con otro tanto, o más bien con algo mucho más grave; pues dirá mal de ti en mayor grado. Nada difícil, nada gravoso se nos manda, si tenemos la voluntad. Y si no tenemos la voluntad, aun las cosas más fáciles nos parecerán gravosas. ¿Qué es más fácil que comer? Pero por gran afeminamiento muchos sienten hastío incluso de esto, y oigo a muchos decir que es fatiga aun el comer. Nada de esto es fatigoso si tienes la voluntad. Porque todo depende de la voluntad después de la gracia de lo alto. Queramos las cosas buenas, para que alcancemos también los bienes eternos, en Cristo Jesús nuestro Señor, a quien con el Padre juntamente con el Espíritu Santo sea la gloria, el poder, el honor, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
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