XII, 20
20. Que el cuervo enviado después de cuarenta días no volvió, sea porque lo impidió el agua o porque lo atrajo algún cadáver flotante; así los hombres manchados por el deseo impuro, y por tanto ávidos de las cosas exteriores del mundo, o son bautizados, o son descarriados a la compañía de aquellos para quienes, al estar fuera del arca, es decir, fuera de la Iglesia, el bautismo es destructivo. Que la paloma, cuando fue enviada, no halló descanso y volvió; como en el Nuevo Testamento no se promete descanso a los santos en este mundo. La paloma fue enviada después de cuarenta días, un período que denota la duración de la vida humana. Cuando fue enviada de nuevo después de siete días, denotando la septiforme operación del Espíritu, la paloma trajo una rama de olivo fructífera; así algunos, aun bautizados fuera de la Iglesia, si no carecen de la grosura de la caridad, pueden venir al fin, como al atardecer, y ser introducidos en la única comunión por la boca de la paloma en el beso de paz. Que, cuando fue enviada de nuevo después de siete días, la paloma no volvió; como, al fin del mundo, el descanso de los santos ya no estará en el sacramento de la esperanza, como ahora, mientras en la comunión de la Iglesia beben lo que fluyó del costado de Cristo, sino en la perfección de la seguridad eterna, cuando el reino sea entregado a Dios y al Padre, y cuando, en aquella contemplación sin nubes de la verdad inmutable, ya no necesitemos símbolos naturales.
XII, 21
21. Hay muchos otros puntos que no podemos tratar ni siquiera de esta manera somera. Por qué en el año seiscientos uno de la vida de Noé— es decir, después de cumplidos seiscientos años— se quita la cubierta del arca y se revela, por así decir, el misterio oculto. Por qué se dice que la tierra se secó el día veintisiete del segundo mes; como si el número cincuenta y siete denotara la culminación del rito del bautismo. Pues el día veintisiete del segundo mes es el día cincuenta y siete del año; y el número cincuenta y siete es siete veces ocho, que son los números del espíritu y del cuerpo, con uno de más, para denotar el vínculo de la unidad. Por qué salen juntos del arca, aunque entraron por separado. Pues está dicho: "Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos"; hablándose de los hombres y de las mujeres por separado; lo cual denota el tiempo en que la carne codicia contra el espíritu, y el espíritu contra la carne. Pero salen, Noé y su mujer, y sus hijos y sus mujeres—los hombres y las mujeres juntos. Porque en el fin del mundo, y en la resurrección de los justos, el cuerpo se unirá al espíritu en perfecta armonía, sin ser perturbado por las necesidades y las pasiones de la mortalidad. Por qué, después de salir del arca, solo se ofrecen en sacrificio a Dios animales limpios, aunque en el arca había tanto limpios como inmundos.
XII, 22
22. Luego, además, es significativo que cuando Dios habla a Noé, y comienza de nuevo, por así decir, en orden, mediante repeticiones en formas diversas, para llamar la atención sobre la figura de la Iglesia, los hijos de Noé son bendecidos, y se les dice que llenen la tierra, y todos los animales les son dados por alimento; como se le dijo a Pedro respecto del vaso: "Mata y come". Que se les dice que derramen la sangre cuando comen; para que la vida anterior no quede encerrada en la conciencia, sino que sea, por así decir, derramada en confesión. Que Dios hace el arco, que aparece en las nubes solo cuando brilla el sol, señal de su pacto con los hombres y con todo ser viviente, de que no los destruirá con diluvio; así no perecen por el diluvio, en separación de la Iglesia, aquellos que en las nubes de Dios— es decir, en los profetas y en todas las sagradas Escrituras— disciernen la gloria de Cristo, en lugar de buscar su propia gloria. Los adoradores del sol, sin embargo, no necesitan enorgullecerse de esto; pues han de entender que el sol, como también un león, un cordero y una piedra, se usan como tipos de Cristo porque tienen alguna semejanza, no porque sean de la misma sustancia.
XII, 23
23. Además, los sufrimientos de Cristo a manos de su propia nación son evidentemente denotados por la embriaguez de Noé con el vino de la viña que plantó, y por quedar descubierto en su tienda. Pues la mortalidad de la carne de Cristo fue descubierta, para los judíos tropezadero, y para los griegos locura; pero para los llamados, tanto judíos como griegos, tanto Sem como Jafet, poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. []
Además, los dos hijos, el mayor y el menor, que llevan el manto hacia atrás, son figura de los dos pueblos, y del sacramento de las pasiones pasadas y consumadas del Señor. No ven la desnudez de su padre, porque no consienten en la muerte de Cristo; y sin embargo la honran cubriéndola, como sabiendo de dónde nacieron. El hijo de en medio es el pueblo judío, pues no ocuparon el primer lugar con los apóstoles, ni creyeron después con los gentiles. Vieron la desnudez de su padre, porque consintieron en la muerte de Cristo; y la contaron a sus hermanos de fuera, pues lo que estaba oculto en los profetas fue revelado por los judíos. Y así son siervos de sus hermanos. Pues ¿qué otra cosa es ahora esta nación sino un atril para los cristianos, que lleva la ley y los profetas, y da testimonio de la doctrina de la Iglesia, de modo que honramos en el sacramento lo que ellos manifiestan en la letra?
XII, 24
24. Además, todos han de quedar impresionados, y ser o iluminados o confirmados en la fe, por la bendición de los dos hijos que honraron la desnudez de su padre, aunque apartaron sus rostros, como desagradados por el mal hecho por la viña. "Bendito", dice, "sea el Señor Dios de Sem." Porque aunque Dios es Dios de todas las naciones, aun los gentiles lo reconocen como Dios de Israel en un sentido peculiar. ¿Y cómo se explica esto sino por la bendición de Jafet? La ocupación de todo el mundo por la Iglesia entre los gentiles fue exactamente predicha en las palabras: "Engrandezca Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem." A esto ha de atender el maniqueo. Veis cuál es realmente el estado del mundo. Lo mismo que os asombra y os aflige de nosotros es esto: que Dios está engrandeciendo a Jafet. ¿No habita en las tiendas de Sem?— es decir, en las iglesias edificadas por los apóstoles, los hijos de los profetas. Oíd lo que dice Pablo a los gentiles creyentes: "En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la comunidad de Israel y extraños a los pactos; sin esperanza de la promesa y sin Dios en el mundo." En estas palabras hay una descripción del estado de Jafet antes de habitar en las tiendas de Sem. Pero observad lo que sigue: "Ahora, pues", dice, "ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra del ángulo." Aquí tenemos a Jafet engrandecido, y habitando en las tiendas de Sem. Estos testimonios están tomados de las epístolas de los apóstoles, que vosotros mismos reconocéis, leéis y profesáis seguir. Ocupáis una desdichada posición intermedia en un edificio del cual Cristo no es la principal piedra del ángulo. Pues no pertenecéis al muro de los que, como los apóstoles, siendo de la circuncisión, creyeron en Cristo; ni al muro de los que, siendo de la incircuncisión, como todos los gentiles, están unidos en la unidad de la fe, como en la comunión de la piedra del ángulo. Sin embargo, todos los que aceptan y leen cualesquiera libros de nuestro canon en los que se dice que Cristo nació y padeció en la carne, y que no se unen con nosotros en un velo común con el sacramento de la mortalidad, descubierta por la pasión, pero sin el conocimiento de la piedad y de la caridad dan a conocer aquello de lo que todos nacemos—aunque difieran entre sí, ya sea como judíos y herejes, o como herejes de una u otra clase—son aún todos útiles a la Iglesia, siendo todos igualmente siervos, ya sea dando testimonio o probando alguna verdad. Pues de los herejes está dicho: "Es necesario que haya herejías, para que los que son aprobados entre vosotros se manifiesten." [] ¡Continuad, pues, con vuestras objeciones a las Escrituras del Antiguo Testamento! ¡Continuad, siervos de Cam! Habéis despreciado la carne de la que nacisteis cuando estaba descubierta. Pues no habríais podido llamaros cristianos si Cristo no hubiera venido al mundo, como lo predijeron los profetas, y no hubiera bebido de su propia viña aquella copa que no podía pasar de él, y no hubiera dormido en su pasión, como en la embriaguez de la insensatez que es más sabia que los hombres; y así, en el oculto consejo de Dios, se habría hecho la revelación de aquella debilidad de la carne mortal que es más fuerte que los hombres. Pues si el Verbo de Dios no hubiera tomado sobre sí esta debilidad, el nombre de cristiano, del cual también vosotros os gloriáis, no existiría en la tierra. Continuad, pues, como he dicho. Declarad en burla lo que nosotros podemos honrar con reverencia. Dejad que la Iglesia os use como siervos suyos para manifestar a aquellos miembros que son aprobados. Tan particulares son las predicciones de los profetas respecto del estado y de los sufrimientos de la Iglesia, que podemos hallar un lugar aun para vosotros en lo que se dice del error destructivo por el cual han de perecer los réprobos, mientras los aprobados han de ser manifestados.
XII, 25
25. Decís que Cristo no fue predicho por los profetas de Israel, cuando, de hecho, sus Escrituras abundan en tales predicciones, si tan solo las examinarais con cuidado, en lugar de tratarlas con ligereza. ¿Quién en Abraham deja su tierra y su parentela para hacerse rico y próspero entre extraños, sino Aquel que, dejando la tierra y la patria de los judíos, de los cuales nació en la carne, está ahora extendiendo su poder, como vemos, entre los gentiles? ¿Quién en Isaac llevó la leña para su propio sacrificio, sino Aquel que llevó su propia cruz? ¿Quién es el carnero para el sacrificio, trabado por los cuernos en una zarza, sino Aquel que fue clavado en la cruz como ofrenda por nosotros?
XII, 26
26. ¿Quién en el ángel que lucha con Jacob, por un lado es constreñido a darle una bendición, como el más débil al más fuerte, el vencido al vencedor, y por otro lado le descoyunta el hueso del muslo, sino Aquel que, cuando permitió que el pueblo de Israel prevaleciera contra Él, bendijo a los que entre ellos creyeron, mientras la multitud, como el hueso del muslo de Jacob, cojeaba en su carnalidad? ¿Quién es la piedra puesta bajo la cabeza de Jacob, sino Cristo, la cabeza del hombre? Y en su unción se expresa el mismo nombre de Cristo, pues, como todos saben, Cristo significa ungido. Cristo se refiere a esto en el Evangelio, y lo declara tipo de sí mismo, cuando dijo de Natanael que era un verdadero israelita, en quien no había engaño, y cuando Natanael, apoyando su cabeza, por así decir, sobre esta Piedra, o sobre Cristo, lo confesó como Hijo de Dios y Rey de Israel, ungiendo la Piedra con su confesión, en la cual reconoció a Jesús como Cristo. En esta ocasión el Señor hizo mención apropiada de lo que Jacob vio en su sueño: "De cierto os digo: Veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subiendo y descendiendo sobre el Hijo del hombre." [] Esto vio Jacob, que en la bendición fue llamado Israel, cuando tuvo la piedra por almohada, y tuvo la visión de la escalera que llegaba de la tierra al cielo, sobre la cual los ángeles de Dios subían y descendían. [] Los ángeles denotan a los evangelistas, o predicadores de Cristo. Ascienden cuando se elevan por encima del universo creado para describir la suprema majestad de la naturaleza divina de Cristo como siendo en el principio Dios con Dios, por quien todas las cosas fueron hechas. Descienden para contar que fue hecho de mujer, hecho bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley. Cristo es la escalera que llega de la tierra al cielo, o de lo carnal a lo espiritual: pues con su ayuda los carnales ascienden a la espiritualidad; y de los espirituales puede decirse que descienden a nutrir con leche a los carnales cuando no pueden hablarles como a espirituales, sino como a carnales. [] Hay así tanto un ascenso como un descenso sobre el Hijo del hombre. Pues el Hijo del hombre está arriba como nuestra cabeza, siendo Él mismo el Salvador; y está abajo en su cuerpo, la Iglesia. Él es la escalera, pues dice: "Yo soy el camino." Ascendemos a Él para verlo en los lugares celestiales; descendemos a Él para el alimento de sus miembros débiles. Y el ascenso y el descenso son por Él así como hacia Él. Siguiendo su ejemplo, los que lo predican no solo se elevan para contemplarlo exaltado, sino que se abajan para dar un anuncio llano de la verdad. Así el apóstol asciende: "Si estamos fuera de nosotros, es para Dios"; y desciende: "Si estamos en nuestro juicio, es por vosotros." ¿Y por medio de quién ascendió y descendió? "Porque el amor de Cristo nos constriñe: pues juzgamos así, que si uno murió por todos, luego todos murieron; y que Él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió por ellos y resucitó." []
XII, 27
27. El hombre que no halla placer en estas visiones de la Sagrada Escritura se vuelve a las fábulas, porque no puede soportar la sana doctrina. Las fábulas tienen atractivo para las mentes infantiles en personas de toda edad; pero nosotros, que somos el cuerpo de Cristo, debemos decir con el Salmista: "Oh Señor, los impíos me han hablado cosas placenteras, mas no son según tu ley." En cada página de estas Escrituras, mientras prosigo mi búsqueda como hijo de Adán en el sudor de mi frente, Cristo, abierta o veladamente, me sale al encuentro y me reanima. Donde el hallazgo es laborioso, mi ardor aumenta, y el botín obtenido es devorado con avidez, y escondido en mi corazón para mi sustento.
XII, 28
28. Cristo se me aparece en José, que fue perseguido y vendido por sus hermanos, y tras sus tribulaciones alcanzó honra en Egipto. Hemos visto las tribulaciones de Cristo en el mundo, del cual Egipto era figura, en los padecimientos de los mártires. Y ahora vemos la honra de Cristo en el mismo mundo que Él somete a sí, a cambio del alimento que Él otorga. Cristo se me aparece en la vara de Moisés, que se convirtió en serpiente al ser arrojada a tierra, como figura de su muerte, que vino de la serpiente. De nuevo, al ser tomada por la cola se convirtió en vara, como figura de su retorno, tras el cumplimiento de su obra en su resurrección, a lo que antes era, destruyendo la muerte por su vida nueva, de modo que no quede rastro de la serpiente. Nosotros también, que somos su cuerpo, nos deslizamos en la misma mortalidad por los pliegues del tiempo; pero cuando al fin la cola de este curso de las cosas sea tomada por la mano del juicio para que no avance más, seremos renovados, y resucitando de la destrucción de la muerte, el último enemigo, seremos el cetro de gobierno en la diestra de Dios.
XII, 29
29. De la salida de Israel de Egipto, escuchemos lo que dice el propio apóstol: "No quiero, hermanos, que ignoréis que todos nuestros padres estuvieron bajo la nube, y todos pasaron por el mar, y todos fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron de la misma bebida espiritual. Porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y esa roca era Cristo." [] La explicación de una cosa es llave para el resto. Pues si la roca es Cristo por su estabilidad, ¿no es el maná Cristo, el pan vivo que descendió del cielo, que da vida espiritual a quienes verdaderamente se alimentan de él? Los israelitas murieron porque recibieron la figura solo en su sentido carnal. El apóstol, al llamarlo alimento espiritual, muestra su referencia a Cristo, como la bebida espiritual se explica por las palabras: "Esa roca era Cristo", que lo explican todo. Entonces, ¿no es la nube y la columna Cristo, que por su rectitud y fortaleza sostiene nuestra flaqueza; que brilla de noche y no de día, para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos? En las nubes y el Mar Rojo está el bautismo consagrado por la sangre de Cristo. Los enemigos que siguen detrás perecen, como los pecados pasados son quitados.
XII, 30
30. Los israelitas son conducidos por el desierto, como los bautizados están en el desierto mientras van camino a la tierra de promisión, esperando y aguardando con paciencia lo que no ven. En el desierto hay pruebas severas, no sea que en su corazón regresen a Egipto. Aun así Cristo no los deja; la columna no se aparta. Las aguas amargas son endulzadas por el madero, como los pueblos hostiles se vuelven amistosos al aprender a honrar la cruz de Cristo. Las doce fuentes que riegan las setenta palmeras son figura de la gracia apostólica que riega las naciones. Como siete se multiplica por diez, así el decálogo se cumple en la septiforme operación del Espíritu. El enemigo que intenta detenerlos en su camino es vencido por Moisés extendiendo sus manos en figura de la cruz. Las mordeduras mortales de las serpientes son sanadas por la serpiente de bronce, que fue levantada para que la miraran. El Señor mismo da la explicación de esto: "Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que cree en Él no perezca, mas tenga vida eterna." [] Así en muchas otras cosas podemos hallar una protesta contra la obstinación de los corazones incrédulos. En la Pascua se mata un cordero, que representa a Cristo, de quien se dice en el Evangelio: "¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!" [] En la Pascua los huesos del cordero no debían ser quebrados; y en la cruz los huesos del Señor no fueron quebrados. El evangelista, en referencia a esto, cita las palabras: "Un hueso suyo no será quebrado." [] Los postes fueron marcados con sangre para alejar la destrucción, como las personas son marcadas en sus frentes con el signo de la pasión del Señor para su salvación. La ley fue dada el quincuagésimo día después de la Pascua; así el Espíritu Santo vino el quincuagésimo día después de la pasión del Señor. Se dice que la ley fue escrita con el dedo de Dios; y el Señor dice del Espíritu Santo: "Con el dedo de Dios expulso los demonios." [] Tales son las Escrituras en las que Fausto, después de cerrar los ojos, declara que no puede ver predicción alguna de Cristo. Pero no debemos asombrarnos de que tenga ojos para leer y sin embargo no tenga corazón para entender, puesto que, en lugar de llamar con fe devota a la puerta del secreto celestial, se atreve a obrar con hostilidad profana. Así sea, pues así debe ser. Que la puerta de la salvación esté cerrada para los soberbios. Los mansos, a quienes Dios enseña sus caminos, hallarán todas estas cosas en las Escrituras, y lo que no vean lo creerán por lo que ven.
XII, 31
31. Verá a Jesús conduciendo al pueblo a la tierra de promisión; pues este nombre fue dado al caudillo de Israel, no al principio, ni por azar, sino a causa de la obra a la que fue llamado. Verá el racimo de la tierra de promisión colgando de un palo de madera. Verá en Jericó, como en este mundo perecedero, a una ramera, una de aquellas de quienes el Señor dice que van delante de los soberbios al reino de los cielos, sacando por su ventana una línea escarlata simbólica de sangre, como la confesión se hace con la boca para la remisión de los pecados. Verá los muros de Jericó, como las frágiles defensas del mundo, caer cuando el arca del pacto los rodea siete veces; como ahora en el curso de los siete días del tiempo el pacto de Dios rodea todo el globo, para que al fin la muerte, el último enemigo, sea destruida, y la Iglesia, como una sola casa, sea salvada de la destrucción de los impíos, purificada de la mancha de la fornicación por la ventana de la confesión en la sangre de la remisión.
XII, 32
32. Verá que los tiempos de los jueces preceden a los de los reyes, como el juicio precederá al reino. Y tanto bajo los jueces como bajo los reyes verá a Cristo y a la Iglesia repetidamente prefigurados de muchas y variadas maneras. ¿Quién estaba en Sansón, cuando mató al león que le salió al encuentro al ir a buscar esposa entre extranjeros, sino Aquel que, al ir a llamar a su Iglesia de entre los gentiles, dijo: "¡Tened buen ánimo, yo he vencido al mundo?" [] ¿Qué significa el panal en la boca del león muerto, sino que, como vemos, las mismas leyes del reino terrenal que una vez rugieron contra Cristo han perdido ahora su ferocidad, y se han convertido en protección para la predicación de la dulzura del evangelio? ¿Qué es aquella mujer que audazmente clava las sienes del enemigo con un clavo de madera, sino la fe de la Iglesia derribando el reino del diablo por la cruz de Cristo? ¿Qué es el vellón mojado mientras el suelo estaba seco, y de nuevo el vellón seco mientras el suelo estaba mojado, sino la nación hebrea poseyendo al principio sola, en su institución típica, a Cristo el misterio de Dios, mientras el mundo entero estaba en ignorancia? Y ahora el mundo entero tiene este misterio revelado, mientras los judíos están privados de él.
XII, 33
33. Por mencionar solo unas pocas cosas en los tiempos de los reyes, desde el mismo comienzo, ¿no es el cambio en el sacerdocio, cuando Elí fue rechazado y Samuel elegido, y en el reino, cuando Saúl fue rechazado y David elegido, una clara predicción del nuevo sacerdocio y reino que habían de venir en nuestro Señor Jesucristo, cuando el antiguo, que era sombra del nuevo, fue rechazado? ¿No prefiguró David, cuando comió los panes de la proposición, que no era lícito comer sino a los sacerdotes, la unión del reino y el sacerdocio en una sola persona, Jesucristo? En la separación de las diez tribus del templo mientras dos quedaron, ¿no hay una figura de lo que el apóstol afirma de toda la nación: "Un remanente es salvado por la elección de la gracia?" []
XII, 34
34. En tiempo de hambre, Elías es alimentado por cuervos que traen pan por la mañana y carne por la tarde; pero los maniqueos no pueden percibir en esto a Cristo, que, por así decirlo, tiene hambre de nuestra salvación, y a quien los pecadores acuden en confesión, teniendo ahora las primicias del Espíritu, mientras que al fin, es decir, en la tarde de la edad, tendrán también la resurrección de sus cuerpos. Elías es enviado a ser alimentado por una mujer viuda de otra nación, que iba a recoger dos leños antes de morir, denotando los dos maderos de la cruz. Su harina y su aceite son bendecidos, como el fruto y la alegría de la caridad no disminuyen por el gasto, pues Dios ama al que da con alegría. []
XII, 35
35. Los muchachos que se burlaban de Eliseo llamándolo Calvo, son devorados por fieras, como aquellos que en necedad infantil se mofan de Cristo crucificado en el Calvario son destruidos por los demonios. Eliseo envía a sus siervos a poner su bastón sobre el cadáver, pero no revive; él mismo viene, y se tiende exactamente sobre el cadáver, y este revive: como el Verbo de Dios envió la ley por su siervo, sin provecho alguno para la humanidad muerta en pecados; y sin embargo no fue enviada sin propósito por Aquel que conocía la necesidad de que fuera enviada primero. Luego Él mismo vino, se conformó a nosotros por participación en nuestra muerte, y fuimos reanimados. Cuando cortaban leña con hachas, el hierro, saltando del madero, se hundió en el fondo del río, y subió de nuevo cuando el madero fue arrojado al agua por Eliseo. Así, cuando la presencia corporal de Cristo estaba cortando los árboles infructuosos entre los judíos incrédulos, según el dicho de Juan: "He aquí, el hacha está puesta a la raíz de los árboles," [] por la muerte que infligieron, Cristo fue separado de su cuerpo, y descendió a las profundidades del mundo infernal; y luego, cuando su cuerpo fue puesto en el sepulcro, como el madero sobre el agua, su espíritu regresó, como el hierro al mango, y resucitó. El lector observará cuántas cosas de este tipo se omiten por brevedad.
XII, 36
36. En cuanto a la partida a Babilonia, donde el Espíritu de Dios por el profeta Jeremías les ordena ir, diciéndoles que oren por el pueblo en cuya tierra moran como extranjeros, porque en su paz hallarían paz, y que edifiquen casas, y planten viñas y huertos —el significado figurativo es claro, cuando consideramos que los verdaderos israelitas, en quienes no hay engaño, pasaron en el ministerio de los apóstoles con las ordenanzas del evangelio al reino de los gentiles. Así el apóstol, como un eco de Jeremías, nos dice: "Ante todo, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, y por los que están en autoridad, para que vivamos una vida quieta y pacífica en toda piedad y caridad; porque esto es bueno y agradable ante Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos, y vengan al conocimiento de la verdad." [] En consecuencia, las basílicas de las congregaciones cristianas han sido edificadas por los creyentes como moradas de paz, y las viñas de los fieles han sido renovadas, y se han plantado huertos, donde la principal entre las plantas es el árbol de mostaza, en cuyas amplias ramas el orgullo de los gentiles, como las aves del cielo, en su ambición altanera, se cobija. De nuevo, en el retorno del cautiverio después de setenta años, según la profecía de Jeremías, y en la restauración del templo, todo creyente en Cristo debe ver una figura de nuestro retorno como Iglesia de Dios desde el destierro de este mundo a la Jerusalén celestial, después de que los siete días del tiempo hayan cumplido su curso. Josué el sumo sacerdote, después del cautiverio, que reconstruyó el templo, era figura de Jesucristo, el verdadero Sumo Sacerdote de nuestra restauración. El profeta Zacarías vio a este Josué con vestidura sucia; y después de que el diablo que estaba junto a él para acusarlo fue derrotado, la vestidura sucia le fue quitada, y se le dio un vestido de honor y gloria. Así el cuerpo de Jesucristo, que es la Iglesia, cuando el adversario sea vencido en el juicio al fin del mundo, pasará de los dolores del destierro a la gloria de la seguridad eterna. Este es el canto del Salmista en la dedicación de su casa: "Has tornado mi lamento en alegría; has quitado mi cilicio, y me has ceñido de alegría, para que mi gloria cante alabanzas a Ti, y no calle."
XII, 37
37. Es imposible, en una digresión como esta, referir, aunque sea brevemente, todas las predicciones figurativas de Cristo que se hallan en la ley y los profetas. ¿Se dirá que estas cosas sucedieron en el curso regular de los acontecimientos, y que es mera fantasía ingeniosa hacerlas típicas de Cristo? Tal objeción podría venir de judíos y paganos; pero quienes desean ser considerados cristianos deben ceder ante la autoridad del apóstol cuando dice: "Todas estas cosas les sucedieron como ejemplo;" y de nuevo: "Estas cosas son nuestros ejemplos." Pues si dos hombres, Ismael e Isaac, son tipos de los dos pactos, ¿se puede suponer que no hay significado en el vasto número de particularidades que no tienen valor histórico o natural? Supongamos que viéramos unos caracteres hebreos escritos en el muro de un noble edificio, ¿seríamos tan necios como para concluir que, porque no podemos entender los caracteres, no están destinados a ser leídos, y son mera pintura, sin significado alguno? Así, quien con mente cándida lea todas estas cosas contenidas en las Escrituras del Antiguo Testamento, se verá obligado a reconocer que tienen un significado.
XII, 38
38. Como ejemplo de aquellas particularidades que no tienen significado alguno si no es simbólico: Concediendo que era necesario que la mujer fuese hecha como ayuda idónea para el hombre, ¿qué razón natural puede asignarse para que fuese tomada de su costado mientras dormía? Concediendo que se requería un arca para escapar del diluvio, ¿por qué debería tener precisamente estas dimensiones, y por qué deberían ser registradas para el estudio devoto de las generaciones futuras? Concediendo que los animales fueron llevados al arca para preservar las diversas especies, ¿por qué debería haber siete limpios y dos inmundos? Concediendo que el arca debía tener una puerta, ¿por qué debería estar en el costado, y por qué debería este hecho ser consignado por escrito? Se ordena a Abraham sacrificar a su hijo: podemos conceder que esta prueba de su obediencia era requerida para hacerla conspicua en todas las edades; podemos conceder también que era cosa apropiada que el hijo llevara la leña en lugar del anciano padre, y que al final el golpe fatal fue prohibido, no sea que el padre quedara sin hijo. Pero ¿qué tenía que ver el derramamiento de la sangre del carnero con la prueba de Abraham? O si era necesario para completar el sacrificio, ¿era el carnero en algo mejor por ser atrapado por los cuernos en un zarzal? La mente humana, es decir, una mente racional, es conducida por la consideración de la manera en que estas cosas aparentemente superfluas se mezclan con lo necesario, primero a reconocer su significado, y luego a tratar de descubrirlo.
XII, 39
39. Los judíos mismos, que se burlan del Salvador crucificado en quien creemos, y que por consiguiente no admitirán que Cristo esté predicho en los dichos y hechos registrados en el Antiguo Testamento, se ven obligados a acudir a nosotros para que les expliquemos aquellas cosas que, si no se explican, deben parecer triviales y ridículas. Esto movió a Filón, judío de gran erudición, de quien los griegos dicen que rivaliza con Platón en elocuencia, a intentar explicar algunas cosas sin referencia alguna a Cristo, en quien no creía. Su intento sólo muestra la inferioridad de todas las especulaciones ingeniosas cuando se hacen sin tener presente a Cristo, a quien realmente apuntan todas las predicciones. Cuán verdadero es aquel dicho del apóstol: "Cuando se volvieren al Señor, el velo será quitado." [] Por ejemplo, el arca de Noé es, según Filón, un tipo del cuerpo humano, miembro por miembro: con esta idea muestra que las proporciones numéricas concuerdan perfectamente. Pues no hay razón para que un tipo de Cristo no sea también un tipo del cuerpo humano, ya que el Salvador de los hombres apareció en un cuerpo humano, aunque lo típico del cuerpo humano no sea necesariamente típico de Cristo. Sin embargo, la explicación de Filón falla en cuanto a la puerta del costado del arca. En efecto, por decir algo, hace que esta puerta represente las aberturas inferiores del cuerpo. Tiene el descaro de ponerlo en palabras y por escrito. A la verdad, no conocía la puerta y no podía entender el símbolo. Si se hubiera vuelto a Cristo, el velo habría sido quitado, y habría hallado los sacramentos de la Iglesia manando del costado del cuerpo humano de Cristo. Pues, según el anuncio: "Serán dos en una sola carne", algunas cosas en el arca, que es tipo de Cristo, se refieren a Cristo, y otras a la Iglesia. Este contraste entre las explicaciones que tienen presente a Cristo y todas las demás perversiones ingeniosas es el mismo en cada particular de todas las figuras de la Escritura.
XII, 40
40. Tampoco los paganos pueden negar nuestro derecho a dar un sentido figurado tanto a las palabras como a las cosas, sobre todo porque podemos señalar el cumplimiento de los tipos y figuras. Pues los propios paganos intentan hallar en sus fábulas figuras de verdades naturales y religiosas. A veces dan explicaciones claras, mientras que otras disfrazan su sentido, y lo que es sagrado en los templos se convierte en burla en los teatros. Unen una licencia vergonzosa a una superstición degradante.
XII, 41
41. Además de esta admirable concordancia entre los tipos y las cosas tipificadas, el adversario puede ser convencido por claras indicaciones proféticas, como ésta: "En tu simiente serán benditas todas las naciones." Esto fue dicho a Abraham, [] y de nuevo a Isaac, [] y de nuevo a Jacob. [] De ahí el significado de las palabras: "Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob." [] Dios cumple su promesa a la simiente de ellos bendiciendo a todas las naciones. Con análogo significado, el propio Abraham, cuando hizo jurar a su siervo, le dijo que pusiera la mano debajo de su muslo; [] pues sabía que de allí vendría la carne de Cristo, en quien tenemos ahora, no la promesa de bendición para todas las naciones, sino la promesa cumplida.
XII, 42
42. Quisiera saber, o más bien fuera bueno no saber, con qué ceguera de entendimiento lee Fausto el pasaje en que Jacob llama a sus hijos y dice: "Congregaos, para que os anuncie lo que ha de acontecer en los días postreros. Congregaos y oíd, hijos de Jacob; escuchad a Israel, vuestro padre." Sin duda estas son palabras de profeta. ¿Qué dice, pues, de su hijo Judá, de cuya tribu vino Cristo de la simiente de David según la carne, como enseña el apóstol? "Judá," dice, "te alabarán tus hermanos: tu mano estará sobre la cerviz de tus enemigos; los hijos de tu padre se inclinarán ante ti. Judá es cachorro de león; hijo mío y renuevo: encorvándote, subiste; duermes como león, y como leoncillo, ¿quién lo despertará? No se apartará de Judá el príncipe, ni el caudillo de sus lomos, hasta que venga lo que le está reservado. Él es también el deseo de las naciones: atando a la vid su pollino, y a la cepa la cría de su asna, lavará en vino su vestido, y en sangre de uvas su manto: sus ojos están brillantes por el vino, y sus dientes más blancos que la leche." No hay falsedad ni oscuridad en estas palabras cuando se leen a la clara luz de Cristo. Vemos a sus hermanos los apóstoles y a todos sus coherederos alabándole, buscando no su propia gloria, sino la suya. Vemos sus manos sobre la cerviz de sus enemigos, encorvados e inclinados a tierra por el crecimiento de las comunidades cristianas a pesar de su oposición. Vemos que le adoran los hijos de Jacob, el resto salvado según la elección de la gracia. Cristo, que nació como infante, es el cachorro de león, como se añade: Hijo mío y renuevo, para mostrar por qué este cachorro, de quien se dice en su alabanza: "El cachorro de león es más fuerte que el rebaño," [] es aun en la infancia más fuerte que sus mayores. Vemos a Cristo subir a la cruz, e inclinarse al entregar su espíritu. Vemos que duerme como león, porque en la misma muerte no fue el vencido, sino el vencedor, y como cachorro de león; pues la razón de su nacimiento y de su muerte fue la misma. Y es resucitado de entre los muertos por Aquel a quien ningún hombre ha visto ni puede ver; pues las palabras "¿Quién le despertará?" apuntan a un poder desconocido. No se apartó de Judá el príncipe, ni el caudillo de sus lomos, hasta que en el tiempo debido vinieron aquellas cosas que habían sido guardadas en la promesa. Pues por la historia auténtica de los judíos mismos sabemos que Herodes, bajo el cual nació Cristo, fue su primer rey extranjero. Así, el cetro no se apartó de la simiente de Judá hasta que vinieron las cosas reservadas para él. Luego, como la promesa no es sólo para los judíos creyentes, se añade: "Él es el deseo de las naciones." Cristo ató su pollino —esto es, su pueblo— a la vid, cuando predicó en saco, clamando: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado." Los gentiles sometidos a Él están representados por la cría del asna, sobre la cual también se sentó, conduciéndola a Jerusalén, es decir, la visión de paz, enseñando a los mansos sus caminos. Vemos que lava sus vestidos en vino; porque Él es uno con la Iglesia gloriosa, que se presenta a sí mismo sin mancha ni arruga; a la cual también se le dice por Isaías: "Aunque vuestros pecados sean como la grana, los haré blancos como la nieve." [] ¿Cómo se hace esto sino por la remisión de los pecados? Y el vino no es otro que aquel del cual se dice que es "derramado por muchos para remisión de los pecados." Cristo es el racimo que pendió del madero. Así se añade: "y sus vestidos en sangre de la uva." Además, lo que se dice de sus ojos brillantes por el vino lo entienden aquellos miembros de su cuerpo a quienes se concede, en santa enajenación de la mente respecto de la corriente de las cosas terrenas, contemplar la luz eterna de la sabiduría. Así dice Pablo en un pasaje citado antes: "Si estamos fuera de nosotros, es para Dios." Esos son los ojos brillantes por el vino. Pero añade: "Si estamos en nuestro juicio, es por vosotros." Los pequeñuelos que necesitan ser alimentados con leche no son olvidados, como lo denotan las palabras: "Sus dientes son más blancos que la leche."
XII, 43
43. ¿Qué pueden decir nuestros ilusos adversarios ante ejemplos tan claros, que no dejan lugar a la negación perversa, ni siquiera a la incertidumbre escéptica? Exhorto a los maniqueos a que comiencen a inquirir sobre estas materias y a reconocer la fuerza de estas pruebas, en las que no tengo tiempo de detenerme; ni quiero hacer una selección, no sea que el lector ignorante piense que no hay otras, mientras que el estudiante cristiano podría culparme por la omisión de muchos puntos más notables que los que me ocurren en este momento. Hallaréis muchos pasajes que no requieren una explicación tal como la que aquí se ha dado de la profecía de Jacob. Por ejemplo, todo lector puede entender las palabras: "Fue llevado como cordero al matadero," y toda aquella profecía llana: "Por sus llagas fuimos sanados" — "Él llevó nuestros pecados." [] Tenemos un evangelio poético en las palabras: "Horadaron mis manos y mis pies. Contaron todos mis huesos. Me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes." Aun los ciegos pueden ver ahora el cumplimiento de las palabras: "Todos los confines de la tierra se acordarán y se volverán al Señor, y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti." Las palabras del Evangelio: "Mi alma está triste hasta la muerte," "Mi alma está turbada," son repetición de las palabras del Salmo: "Dormí en la tribulación." ¿Y quién le hizo dormir? ¿Las voces de quiénes clamaron: Crucifícale, crucifícale? El Salmo nos dice: "Los hijos de los hombres, sus dientes son lanzas y saetas, y su lengua espada afilada." Pero no pudieron impedir su resurrección, ni su ascensión sobre los cielos, ni que llenara la tierra con la gloria de su nombre; pues el Salmo dice: "Exaltado seas, oh Dios, sobre los cielos, y tu gloria sobre toda la tierra." Todos han de aplicar estas palabras a Cristo: "El Señor me dijo: Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy. Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra." Y lo que dice Jeremías de la sabiduría se aplica claramente a Cristo: "Jacob lo entregó a su hijo, e Israel a su escogido. Después apareció en la tierra y conversó con los hombres."
XII, 44
44. El mismo Salvador es anunciado en Daniel, donde el Hijo del hombre aparece ante el Anciano de días y recibe un reino sin fin, para que todas las naciones le sirvan. [] En el pasaje de Daniel citado por el propio Señor: "Cuando veáis la abominación desoladora, de la que habló el profeta Daniel, puesta en el lugar santo —el que lee, entienda—," [] el número de las semanas señala no sólo a Cristo, sino al tiempo mismo de su advenimiento. Con los judíos, que esperan a Cristo para la salvación como nosotros, pero niegan que haya venido y padecido, podemos argüir a partir de los acontecimientos reales. Además de la conversión de los gentiles, ahora tan universal, como estaba profetizado de Cristo en sus propias Escrituras, están los sucesos de la historia de los judíos mismos. Su lugar santo ha sido derribado, el sacrificio ha cesado, y el sacerdote, y la antigua unción; todo lo cual fue claramente predicho por Daniel cuando profetizó la unción del Santo de los santos. [] Ahora que todas estas cosas han sucedido, preguntamos a los judíos por el ungido Santo de los santos, y no tienen respuesta que dar. Pero del Antiguo Testamento derivan los judíos todo el conocimiento que tienen de Cristo y de su advenimiento. ¿Por qué preguntan a Juan si él es el Cristo? ¿Por qué dicen al Señor: "¿Hasta cuándo nos tienes en suspenso? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente"? ¿Por qué Pedro, Andrés y Felipe dicen a Natanael: "Hemos hallado al Mesías, que se interpreta Cristo", sino porque este nombre les era conocido por las profecías de sus Escrituras? En ninguna otra nación eran ungidos los reyes y sacerdotes, y llamados Ungidos o Cristos. Ni podía cesar esta unción simbólica hasta la venida de Aquel que así era prefigurado. Pues entre todos sus ungidos esperaban los judíos a uno que había de salvarlos. Pero por el misterioso juicio de Dios fueron cegados; y pensando sólo en el poder del Mesías, no entendieron su flaqueza, en la cual murió por nosotros. En el libro de la Sabiduría está profetizado de los judíos: "Condenémosle a una muerte ignominiosa; porque será probado en sus palabras. Si es verdaderamente el Hijo de Dios, Él le ayudará y le librará de la mano de sus enemigos. Así pensaron, y erraron; porque su maldad los cegó." [] Estas palabras se aplican también a quienes, a pesar de todas estas pruebas, a pesar de tal serie de profecías y de su cumplimiento, todavía niegan que Cristo esté anunciado en las Escrituras. Cuantas veces repitan esta negación, otras tantas podemos aducir nuevas pruebas, con la ayuda de Aquel que ha hecho tal provisión contra la perversidad humana, que no es necesario repetir las pruebas ya dadas.
XII, 45
45. Fausto tiene una objeción evasiva, que sin duda considera una manera ingeniosísima de eludir la fuerza de la más clara evidencia de la profecía, pero de la cual no querría uno hacer caso, porque responder a ella podría darle una apariencia de importancia que realmente no posee. ¿Qué cosa más irracional que decir que es fe débil la que no quiere creer en Cristo sin pruebas? ¿Acaso nuestros adversarios creen por testimonio acerca de Cristo? Fausto quiere que creamos a la voz del cielo, a diferencia del testimonio humano. ¿Pero oyeron ellos esa voz? ¿No ha llegado a nosotros el conocimiento de ella mediante testimonio humano? El apóstol describe la transmisión de este conocimiento cuando dice: "¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin predicador? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Como está escrito: "¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que traen buenas nuevas!"" [] Claramente, en la predicación de los apóstoles había una referencia al testimonio profético. Los apóstoles citaban las predicciones de los profetas para probar la verdad e importancia de sus doctrinas. Pues aunque su predicación iba acompañada del poder de obrar milagros, los milagros habrían sido atribuidos a magia, como algunos aun ahora se atreven a insinuar, si los apóstoles no hubieran mostrado que la autoridad de los profetas estaba a su favor. El testimonio de profetas que vivieron tanto tiempo antes no podía atribuirse a artes mágicas. Acaso la razón por la que Fausto no quiere que creamos a los profetas hebreos como testigos del verdadero Cristo es porque cree herejías persas acerca de un falso Cristo.
XII, 46
46. Según la enseñanza de la Iglesia católica, la mente cristiana ha de ser primero alimentada con la fe sencilla, para que pueda hacerse capaz de entender las cosas celestiales y eternas. Así lo dice el profeta: "Si no creyereis, no entenderéis." La fe sencilla es aquella por la cual, antes de alcanzar la cumbre del conocimiento del amor de Cristo, para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios, creemos que no sin razón fue la dispensación de la humillación de Cristo, en la cual nació y padeció como hombre, anunciada tanto tiempo antes por los profetas a través de una raza profética, un pueblo profético, un reino profético. Esta fe nos enseña que en la necedad que es más sabia que los hombres, y en la flaqueza que es más fuerte que los hombres, están contenidos los medios ocultos de nuestra justificación y glorificación. Allí están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, que no se abren a quien desprecia el alimento transmitido por el pecho de su madre, es decir, la leche de la instrucción apostólica y profética; o a quien, creyéndose demasiado viejo para el alimento infantil, devora veneno herético en lugar del alimento de la sabiduría, para el cual temerariamente se creía preparado. Exigir la fe sencilla es del todo coherente con exigir la fe en los profetas. El uso mismo de la fe sencilla es creer a los profetas al principio, mientras que la comprensión de la persona que habla en los profetas se alcanza después de que la mente ha sido purificada y fortalecida.
XII, 47
47. Pero, se dice, si los profetas predijeron a Cristo, no vivieron de una manera digna de su oficio. ¿Cómo podéis saber si lo hicieron o no? Sois malos jueces de lo que es vivir bien o mal, vosotros cuya justicia consiste en aliviar a un melón inanimado comiéndoselo, en lugar de dar alimento al mendigo hambriento. Basta para los pequeñuelos en la Iglesia católica, que aún no conocen la justicia perfecta del alma humana, ni la diferencia entre la justicia a la que se aspira y la que realmente se alcanza, pensar en aquellos hombres según la sana doctrina de los apóstoles, de que el justo vive por la fe. "Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Pues la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, anunció de antemano a Abraham el evangelio, diciendo: En tu simiente serán benditas todas las naciones." [] Estas son palabras del apóstol. Si vosotros, ante su clara y bien conocida voz, despertarais de vuestros sueños inútiles, seguiríais las pisadas de nuestro padre Abraham, y seríais bendecidos, junto con todas las naciones, en su simiente. Pues, como dice el apóstol: "Recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso, para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado." [] Puesto que la justicia de la fe de Abraham se nos presenta así como ejemplo, para que también nosotros, justificados por la fe, tengamos paz con Dios, debemos comprender su manera de vivir sin censurarla; no sea que, por una separación prematura de la madre Iglesia, resultemos abortos, en lugar de ser dados a luz a su debido tiempo, cuando la concepción ha llegado a su plenitud.
XII, 48
48. Esta es una breve respuesta a Fausto en defensa del carácter de los patriarcas y profetas. Es la respuesta de los pequeñuelos de nuestra fe, entre los cuales me contaría yo mismo, en cuanto que no censuraría la vida de los antiguos santos, aunque no comprendiera su carácter místico. Su vida nos es proclamada con aprobación por los apóstoles en su Evangelio, como ellos mismos en su profecía predijeron a los futuros apóstoles, para que los dos Testamentos, como los serafines, clamasen el uno al otro: "Santo, santo, santo es el Señor Dios de los ejércitos." [] Cuando Fausto, en lugar de la vaga acusación general que hace aquí, condene acciones particulares de la vida de los patriarcas y los profetas, el Señor Dios de ellos, y también nuestro, me asistirá para responder apropiada y convenientemente a cada cargo por separado. Por ahora, el lector debe elegir entre creer la recomendación del apóstol Pablo o las acusaciones de Fausto el maniqueo.