Sesiones de lectura

Leer por sesiones · 149 sesiones · 0 marcadas como leídas

Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLibro I. Del falso culto de los dioses
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 2. De que hay una providencia en los asuntos de los hombres
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 12 minCapítulo 4. Que el Dios único fue predicho aun por los profetas
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 6. De los testimonios divinos, y de las Sibilas y sus predicciones
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre los testimonios de Apolo y de los dioses
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 8 minCapítulo 9. De Hércules y de su vida y muerte
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 13 minCapítulo 11. Del origen, vida, reinado, nombre y muerte de Júpiter, y de Saturno y Urano
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 11. Del origen, vida, reinado, nombre y muerte de Júpiter, y de Saturno y Urano
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 8 minCapítulo 12. De que los estoicos trasladan a un sistema filosófico las ficciones de los poetas
  11. Sesión 11 · Parte 3 · ≈ 13 minCapítulo 14. Qué enseña acerca de los dioses la historia sagrada de Evémero y Ennio
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 16. Con qué argumento se demuestra que aquellos que se distinguen por una diferencia de sexo no pueden ser dioses
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 18. Sobre la consagración de los dioses, a causa de los beneficios que confirieron a los hombres
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 19. Que es imposible que alguien adore al Dios verdadero junto con falsas deidades
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 21. De ciertas deidades propias de los bárbaros, y de sus ritos sagrados; y de igual modo en cuanto a los romanos
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 21. De ciertas deidades propias de los bárbaros, y de sus ritos sagrados; y de igual modo en cuanto a los romanos
  17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 7 minCapítulo 22. Quién fue el autor de las vanidades antes descritas en Italia entre los romanos, y quién entre las demás naciones
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 23. De las edades de las vanas supersticiones, y de los tiempos en que comenzaron
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 7 minCapítulo 2. Cuál fue la primera causa de hacer imágenes; de la verdadera semejanza de Dios y de su verdadero culto
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 3. Que Cicerón y otros varones doctos erraron al no apartar al pueblo del error
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 4. De las imágenes, y de los ornamentos de los templos, y del desprecio en que aun los mismos paganos las tienen
  22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 5. Que solo Dios, creador de todas las cosas, ha de ser adorado, y no los elementos ni los cuerpos celestes; y se refuta la opinión de los estoicos, que piensan que los astros y planetas son dioses
  23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 6. Que ni el universo entero ni los elementos son Dios, ni están dotados de vida
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Del uso de la razón en la religión; y de los sueños, augurios, oráculos y portentos semejantes
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 12 minCapítulo 9. Del diablo, el mundo, Dios, la providencia, el hombre y su sabiduría
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 9. Del diablo, el mundo, Dios, la providencia, el hombre y su sabiduría
  27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 10. Del mundo, de sus partes, de los elementos y de las estaciones
  28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 11. De los seres vivos, del hombre; Prometeo, Deucalión y las Parcas
  29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 12. Que los animales no fueron producidos espontáneamente, sino por una disposición divina, de la cual Dios nos habría dado el conocimiento, si nos fuera provechoso conocerla
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 14. De Noé, el inventor del vino, que fue el primero en conocer las estrellas, y del origen de las falsas religiones
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la corrupción de los ángeles y de las dos clases de demonios
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 17. Que la astrología, la adivinación y las artes semejantes son invención de los demonios
  33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 18. De la paciencia y la venganza de Dios, del culto de los demonios y de las religiones falsas
  34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 20. De la filosofía y la verdad
  35. Sesión 35 · Parte 7 · ≈ 8 minLibro III. De la falsa sabiduría de los filósofos
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 3. De qué materias consta la filosofía, y quién fue el principal fundador de la secta académica
  37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 5. Que el conocimiento de muchas cosas es necesario
  38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 13 minCapítulo 7. Sobre la filosofía moral y el bien sumo
  39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 9. Del bien sumo, del culto del Dios verdadero y de la refutación de Anaxágoras
  40. Sesión 40 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 11. De la religión, la sabiduría y el bien sumo
  41. Sesión 41 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 13. De la inmortalidad del alma, y de la sabiduría, la filosofía y la elocuencia
  42. Sesión 42 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 14. Que Lucrecio y otros erraron, y el propio Cicerón, al fijar el origen de la sabiduría
  43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 15. El error de Séneca en la filosofía, y de qué modo el discurso de los filósofos está en desacuerdo con su vida
  44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 16. Que los filósofos que dan buenos preceptos viven mal, según el testimonio de Cicerón; por tanto, no debemos consagrarnos tanto al estudio de la filosofía como a la sabiduría
  45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 17. Pasa de la filosofía a los filósofos, comenzando por Epicuro; y cómo consideró a Leucipo y Demócrito como autores del error
  46. Sesión 46 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Los pitagóricos y estoicos, mientras sostienen la inmortalidad del alma, persuaden neciamente a una muerte voluntaria
  47. Sesión 47 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. Cicerón y otros de los más sabios enseñan la inmortalidad del alma, pero de manera incrédula; y que una buena o mala muerte debe sopesarse según la vida anterior
  48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 20. Sócrates tuvo más conocimiento en filosofía que otros hombres, aunque en muchas cosas obró neciamente
  49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 22. De los preceptos de Platón y de las censuras de los mismos
  50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 24. De los antípodas, del cielo y de las estrellas
  51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 26. Solo la instrucción divina otorga la sabiduría; y de cuánta eficacia es la ley de Dios
  52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 28. De la religión verdadera y de la naturaleza. Si la Fortuna es una diosa, y de la filosofía
  53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 29. De la Fortuna otra vez, y de la virtud
  54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 30. Conclusión de las cosas antes dichas; y por qué medios debemos pasar de la vanidad de los filósofos a la verdadera sabiduría, y al conocimiento del Dios verdadero, en el cual solamente están la virtud y la felicidad
  55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 8 minCapítulo 2. Dónde ha de hallarse la sabiduría; por qué Pitágoras y Platón no se acercaron a los judíos
  56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 4. De la sabiduría asimismo, y de la religión, y del derecho de padre y señor
  57. Sesión 57 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 6. Dios omnipotente engendró a su Hijo; y los testimonios de las Sibilas y de Trismegisto acerca de Él
  58. Sesión 58 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 9. Del Verbo de Dios
  59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la causa de la encarnación de Cristo
  60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 13. De Jesús, Dios y hombre; y los testimonios de los profetas acerca de Él
  61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del sacerdocio de Jesús predicho por los profetas
  62. Sesión 62 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 15. De la vida y los milagros de Jesús, y de los testimonios acerca de ellos
  63. Sesión 63 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 16. De la pasión de Jesucristo; que fue anunciada de antemano
  64. Sesión 64 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 17. De las supersticiones de los judíos y de su odio contra Jesús
  65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 18. De la Pasión del Señor, y que fue predicha
  66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 19. De la muerte, sepultura y resurrección de Jesús; y de las predicciones de estos acontecimientos
  67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 21. De la ascensión de Jesús, y de su anuncio profético; y de la predicación y las obras de los discípulos
  68. Sesión 68 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 24. Refutación de los argumentos antes presentados a modo de objeción
  69. Sesión 69 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 25. Del advenimiento de Jesús en la carne y en el espíritu, para que fuera Mediador entre Dios y el hombre
  70. Sesión 70 · Parte 12 · ≈ 5 minCapítulo 26. De la cruz, y otros tormentos de Jesús, y de la figura del cordero bajo la ley
  71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 27. De las maravillas efectuadas por el poder de la cruz, y de los demonios
  72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 9 minCapítulo 28. De la esperanza y de la religión verdadera, y de la superstición
  73. Sesión 73 · Parte 13 · ≈ 10 minCapítulo 30. De evitar las herejías y las supersticiones, y de cuál es la única y verdadera Iglesia Católica
  74. Sesión 74 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 2. Hasta qué punto la verdad cristiana ha sido atacada por hombres temerarios
  75. Sesión 75 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 3. De la verdad de la doctrina cristiana y de la vanidad de sus adversarios; y de que Cristo no fue un mago
  76. Sesión 76 · Parte 13 · ≈ 4 minCapítulo 4. Por qué se publicó esta obra, y de nuevo sobre Tertuliano y Cipriano
  77. Sesión 77 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 5. Había justicia verdadera bajo Saturno, pero fue desterrada por Júpiter
  78. Sesión 78 · Parte 14 · ≈ 7 minCapítulo 7. De la venida de Jesús y su fruto; y de las virtudes y vicios de aquella edad
  79. Sesión 79 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 9. De los crímenes de los impíos y de las torturas infligidas a los cristianos
  80. Sesión 80 · Parte 14 · ≈ 9 minCapítulo 10. De la falsa piedad, y de la religión falsa y verdadera
  81. Sesión 81 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 12. De la verdadera virtud; y de la estimación de un ciudadano bueno o malo
  82. Sesión 82 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 14. De la fortaleza de los cristianos
  83. Sesión 83 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la locura, la sabiduría, la piedad, la equidad y la justicia
  84. Sesión 84 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 16. De los deberes del hombre justo y de la equidad de los cristianos
  85. Sesión 85 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 18. De la justicia, la sabiduría y la locura
  86. Sesión 86 · Parte 15 · ≈ 11 minCapítulo 19. De la virtud y de las torturas de los cristianos, y del derecho de un padre y de un señor
  87. Sesión 87 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del culto de los otros dioses y del Dios verdadero, y de los animales que adoraban los egipcios
  88. Sesión 88 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 22. Del furor de los demonios contra los cristianos, y del error de los incrédulos
  89. Sesión 89 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 23. De la justicia y de la paciencia de los cristianos
  90. Sesión 90 · Parte 16 · ≈ 10 minCapítulo 24. De la venganza divina infligida a los verdugos de los cristianos
  91. Sesión 91 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 3. De los caminos, y de los vicios y las virtudes; y de los premios del cielo y los castigos del infierno
  92. Sesión 92 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 4. De los caminos de la vida, de los placeres y también de las penalidades de los cristianos
  93. Sesión 93 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 5. De la virtud falsa y verdadera; y del conocimiento
  94. Sesión 94 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 6. Del bien sumo y de la virtud, y del conocimiento y de la justicia
  95. Sesión 95 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 7. Del camino del error y de la verdad: que es único, estrecho y escarpado, y tiene a Dios por guía
  96. Sesión 96 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 9. De la ley y el precepto de Dios; de la misericordia y del error de los filósofos
  97. Sesión 97 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 10. De la religión para con Dios y de la misericordia para con los hombres; y del principio del mundo
  98. Sesión 98 · Parte 17 · ≈ 8 minCapítulo 11. De las personas a quienes ha de conferirse un beneficio
  99. Sesión 99 · Parte 17 · ≈ 12 minCapítulo 12. De los géneros de beneficencia y de las obras de misericordia
  100. Sesión 100 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo 13. Del arrepentimiento, de la misericordia y del perdón de los pecados
  101. Sesión 101 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 14. De las afecciones y de la opinión de los estoicos acerca de ellas; y de la virtud, los vicios y la misericordia
  102. Sesión 102 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 16. De las afecciones y de la refutación de la opinión de los peripatéticos acerca de ellas; cuál es el uso adecuado de las afecciones y cuál es su mal uso
  103. Sesión 103 · Parte 18 · ≈ 11 minCapítulo 18. De algunos mandatos de Dios y de la paciencia
  104. Sesión 104 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 19. De las afecciones y su uso; y de las tres Furias
  105. Sesión 105 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 21. De los placeres de los oídos y de la literatura sagrada
  106. Sesión 106 · Parte 19 · ≈ 11 minCapítulo 22. De los placeres del gusto y del olfato
  107. Sesión 107 · Parte 19 · ≈ 8 minCapítulo 24. Del arrepentimiento, del perdón y de los mandamientos de Dios
  108. Sesión 108 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 25. Del sacrificio, de la ofrenda digna de Dios y de la forma de alabar a Dios
  109. Sesión 109 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. Del error de los filósofos, de la sabiduría divina y de la edad de oro
  110. Sesión 110 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 3. De la naturaleza y del mundo; y censura de los estoicos y epicúreos
  111. Sesión 111 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 4. Que todas las cosas fueron creadas para algún uso, aun aquellas que parecen malas; por qué causa el hombre goza de razón en un cuerpo tan frágil
  112. Sesión 112 · Parte 20 · ≈ 12 minCapítulo 5. De la creación del hombre, del ordenamiento del mundo y del bien supremo
  113. Sesión 113 · Parte 20 · ≈ 8 minCapítulo 6. Por qué fueron creados el mundo y el hombre. Cuán inútil es el culto de los dioses falsos
  114. Sesión 114 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 7. De la variedad de los filósofos y de su verdad
  115. Sesión 115 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 9. De la inmortalidad del alma y de la virtud
  116. Sesión 116 · Parte 20 · ≈ 4 minCapítulo 10. De los vicios y las virtudes, y de la vida y de la muerte
  117. Sesión 117 · Parte 21 · ≈ 13 minCapítulo 11. De los últimos tiempos, y del alma y del cuerpo
  118. Sesión 118 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 13. Del alma y de los testimonios acerca de su eternidad
  119. Sesión 119 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 15. De la devastación del mundo y del cambio de los imperios
  120. Sesión 120 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 16. De la devastación del mundo y de sus presagios proféticos
  121. Sesión 121 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 18. De la fortuna del mundo en el último tiempo, y de las cosas predichas por los adivinos
  122. Sesión 122 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21. De los tormentos y castigos de las almas
  123. Sesión 123 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 23. De la resurrección del alma y de las pruebas de este hecho
  124. Sesión 124 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 25. De los últimos tiempos y de la ciudad de Roma
  125. Sesión 125 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 27. Exhortación y confirmación de los piadosos
  126. Sesión 126 · Parte 22 · ≈ 6 minEpítome de las Instituciones Divinas
  127. Sesión 127 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 4.— Los testimonios de los filósofos acerca de la unidad de Dios
  128. Sesión 128 · Parte 22 · ≈ 3 minCapítulo 8.— De Esculapio, Apolo, Marte, Cástor y Pólux, y de Mercurio y Baco
  129. Sesión 129 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 10.— De Júpiter y de su vida licenciosa
  130. Sesión 130 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 20.— De los dioses propios de los romanos
  131. Sesión 131 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24.— Del origen de los ritos sagrados y de las supersticiones
  132. Sesión 132 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26.— Del culto de los elementos y de los astros
  133. Sesión 133 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 29.— De la paciencia y de la providencia de Dios
  134. Sesión 134 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 31.— Del conocimiento y de la suposición
  135. Sesión 135 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 34.— Que los hombres han nacido para la justicia
  136. Sesión 136 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo 37.— De Sócrates y su contradicción
  137. Sesión 137 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo 40.— De la necedad de los filósofos
  138. Sesión 138 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 44.— La doble natividad de Cristo es probada por los profetas
  139. Sesión 139 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 47.— De la resurrección de Jesucristo, del envío de los apóstoles y de la ascensión del Salvador al cielo
  140. Sesión 140 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 50.— Por qué Dios asumió un cuerpo mortal y padeció la muerte
  141. Sesión 141 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 53.— Se examinan y refutan las razones del odio contra los cristianos
  142. Sesión 142 · Parte 24 · ≈ 5 minCapítulo 56.— De la justicia, que es el culto del Dios verdadero
  143. Sesión 143 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 58.— Del verdadero culto de Dios y del sacrificio
  144. Sesión 144 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 61.— De las pasiones
  145. Sesión 145 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 64.— De que las pasiones han de ser dominadas y de que debemos abstenernos de las cosas prohibidas
  146. Sesión 146 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 67.— Del arrepentimiento, de la inmortalidad del alma y de la providencia
  147. Sesión 147 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 69.— De que el mundo fue hecho por causa del hombre, y el hombre por causa de Dios
  148. Sesión 148 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 71.— De los últimos tiempos
  149. Sesión 149 · Parte 25 · ≈ 4 minCapítulo 73.— La esperanza de la salvación está en la religión y en el culto de Dios

Glosario y contexto

Buscar en la lectura

Busca un término para ver el pasaje y su sección.

    TEXTOS — LACTANCIO

    Índice de la obra

    Estás en la parte 11. Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    Instituciones divinas

    Hacia 303–311 · Traducción castellana del inglés de la serie Ante-Nicene Fathers42 minPosición: 0% de esta parteParte 11 de 25 · Capítulo 11. De la causa de la encarnación de CristoPublicado el Actualizado el Ref. ESC-LAC-01

    Leer por sesiones · 149 sesiones · 0 marcadas como leídas

    Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 9 minLibro I. Del falso culto de los dioses
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 2. De que hay una providencia en los asuntos de los hombres
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 12 minCapítulo 4. Que el Dios único fue predicho aun por los profetas
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 9 minCapítulo 6. De los testimonios divinos, y de las Sibilas y sus predicciones
    6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre los testimonios de Apolo y de los dioses
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 8 minCapítulo 9. De Hércules y de su vida y muerte
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 13 minCapítulo 11. Del origen, vida, reinado, nombre y muerte de Júpiter, y de Saturno y Urano
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 11. Del origen, vida, reinado, nombre y muerte de Júpiter, y de Saturno y Urano
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 8 minCapítulo 12. De que los estoicos trasladan a un sistema filosófico las ficciones de los poetas
    11. Sesión 11 · Parte 3 · ≈ 13 minCapítulo 14. Qué enseña acerca de los dioses la historia sagrada de Evémero y Ennio
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 16. Con qué argumento se demuestra que aquellos que se distinguen por una diferencia de sexo no pueden ser dioses
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 18. Sobre la consagración de los dioses, a causa de los beneficios que confirieron a los hombres
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 10 minCapítulo 19. Que es imposible que alguien adore al Dios verdadero junto con falsas deidades
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 9 minCapítulo 21. De ciertas deidades propias de los bárbaros, y de sus ritos sagrados; y de igual modo en cuanto a los romanos
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 21. De ciertas deidades propias de los bárbaros, y de sus ritos sagrados; y de igual modo en cuanto a los romanos
    17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 7 minCapítulo 22. Quién fue el autor de las vanidades antes descritas en Italia entre los romanos, y quién entre las demás naciones
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 23. De las edades de las vanas supersticiones, y de los tiempos en que comenzaron
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 7 minCapítulo 2. Cuál fue la primera causa de hacer imágenes; de la verdadera semejanza de Dios y de su verdadero culto
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 3. Que Cicerón y otros varones doctos erraron al no apartar al pueblo del error
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 4. De las imágenes, y de los ornamentos de los templos, y del desprecio en que aun los mismos paganos las tienen
    22. Sesión 22 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 5. Que solo Dios, creador de todas las cosas, ha de ser adorado, y no los elementos ni los cuerpos celestes; y se refuta la opinión de los estoicos, que piensan que los astros y planetas son dioses
    23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 10 minCapítulo 6. Que ni el universo entero ni los elementos son Dios, ni están dotados de vida
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Del uso de la razón en la religión; y de los sueños, augurios, oráculos y portentos semejantes
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 12 minCapítulo 9. Del diablo, el mundo, Dios, la providencia, el hombre y su sabiduría
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 9. Del diablo, el mundo, Dios, la providencia, el hombre y su sabiduría
    27. Sesión 27 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 10. Del mundo, de sus partes, de los elementos y de las estaciones
    28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 11. De los seres vivos, del hombre; Prometeo, Deucalión y las Parcas
    29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 10 minCapítulo 12. Que los animales no fueron producidos espontáneamente, sino por una disposición divina, de la cual Dios nos habría dado el conocimiento, si nos fuera provechoso conocerla
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 14. De Noé, el inventor del vino, que fue el primero en conocer las estrellas, y del origen de las falsas religiones
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la corrupción de los ángeles y de las dos clases de demonios
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 17. Que la astrología, la adivinación y las artes semejantes son invención de los demonios
    33. Sesión 33 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 18. De la paciencia y la venganza de Dios, del culto de los demonios y de las religiones falsas
    34. Sesión 34 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 20. De la filosofía y la verdad
    35. Sesión 35 · Parte 7 · ≈ 8 minLibro III. De la falsa sabiduría de los filósofos
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 3. De qué materias consta la filosofía, y quién fue el principal fundador de la secta académica
    37. Sesión 37 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 5. Que el conocimiento de muchas cosas es necesario
    38. Sesión 38 · Parte 7 · ≈ 13 minCapítulo 7. Sobre la filosofía moral y el bien sumo
    39. Sesión 39 · Parte 7 · ≈ 8 minCapítulo 9. Del bien sumo, del culto del Dios verdadero y de la refutación de Anaxágoras
    40. Sesión 40 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 11. De la religión, la sabiduría y el bien sumo
    41. Sesión 41 · Parte 8 · ≈ 10 minCapítulo 13. De la inmortalidad del alma, y de la sabiduría, la filosofía y la elocuencia
    42. Sesión 42 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 14. Que Lucrecio y otros erraron, y el propio Cicerón, al fijar el origen de la sabiduría
    43. Sesión 43 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 15. El error de Séneca en la filosofía, y de qué modo el discurso de los filósofos está en desacuerdo con su vida
    44. Sesión 44 · Parte 8 · ≈ 11 minCapítulo 16. Que los filósofos que dan buenos preceptos viven mal, según el testimonio de Cicerón; por tanto, no debemos consagrarnos tanto al estudio de la filosofía como a la sabiduría
    45. Sesión 45 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 17. Pasa de la filosofía a los filósofos, comenzando por Epicuro; y cómo consideró a Leucipo y Demócrito como autores del error
    46. Sesión 46 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 18. Los pitagóricos y estoicos, mientras sostienen la inmortalidad del alma, persuaden neciamente a una muerte voluntaria
    47. Sesión 47 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 19. Cicerón y otros de los más sabios enseñan la inmortalidad del alma, pero de manera incrédula; y que una buena o mala muerte debe sopesarse según la vida anterior
    48. Sesión 48 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 20. Sócrates tuvo más conocimiento en filosofía que otros hombres, aunque en muchas cosas obró neciamente
    49. Sesión 49 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 22. De los preceptos de Platón y de las censuras de los mismos
    50. Sesión 50 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 24. De los antípodas, del cielo y de las estrellas
    51. Sesión 51 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 26. Solo la instrucción divina otorga la sabiduría; y de cuánta eficacia es la ley de Dios
    52. Sesión 52 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 28. De la religión verdadera y de la naturaleza. Si la Fortuna es una diosa, y de la filosofía
    53. Sesión 53 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 29. De la Fortuna otra vez, y de la virtud
    54. Sesión 54 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 30. Conclusión de las cosas antes dichas; y por qué medios debemos pasar de la vanidad de los filósofos a la verdadera sabiduría, y al conocimiento del Dios verdadero, en el cual solamente están la virtud y la felicidad
    55. Sesión 55 · Parte 10 · ≈ 8 minCapítulo 2. Dónde ha de hallarse la sabiduría; por qué Pitágoras y Platón no se acercaron a los judíos
    56. Sesión 56 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 4. De la sabiduría asimismo, y de la religión, y del derecho de padre y señor
    57. Sesión 57 · Parte 10 · ≈ 10 minCapítulo 6. Dios omnipotente engendró a su Hijo; y los testimonios de las Sibilas y de Trismegisto acerca de Él
    58. Sesión 58 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 9. Del Verbo de Dios
    59. Sesión 59 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la causa de la encarnación de Cristo
    60. Sesión 60 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 13. De Jesús, Dios y hombre; y los testimonios de los profetas acerca de Él
    61. Sesión 61 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del sacerdocio de Jesús predicho por los profetas
    62. Sesión 62 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 15. De la vida y los milagros de Jesús, y de los testimonios acerca de ellos
    63. Sesión 63 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 16. De la pasión de Jesucristo; que fue anunciada de antemano
    64. Sesión 64 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 17. De las supersticiones de los judíos y de su odio contra Jesús
    65. Sesión 65 · Parte 12 · ≈ 8 minCapítulo 18. De la Pasión del Señor, y que fue predicha
    66. Sesión 66 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 19. De la muerte, sepultura y resurrección de Jesús; y de las predicciones de estos acontecimientos
    67. Sesión 67 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 21. De la ascensión de Jesús, y de su anuncio profético; y de la predicación y las obras de los discípulos
    68. Sesión 68 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 24. Refutación de los argumentos antes presentados a modo de objeción
    69. Sesión 69 · Parte 12 · ≈ 9 minCapítulo 25. Del advenimiento de Jesús en la carne y en el espíritu, para que fuera Mediador entre Dios y el hombre
    70. Sesión 70 · Parte 12 · ≈ 5 minCapítulo 26. De la cruz, y otros tormentos de Jesús, y de la figura del cordero bajo la ley
    71. Sesión 71 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 27. De las maravillas efectuadas por el poder de la cruz, y de los demonios
    72. Sesión 72 · Parte 13 · ≈ 9 minCapítulo 28. De la esperanza y de la religión verdadera, y de la superstición
    73. Sesión 73 · Parte 13 · ≈ 10 minCapítulo 30. De evitar las herejías y las supersticiones, y de cuál es la única y verdadera Iglesia Católica
    74. Sesión 74 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 2. Hasta qué punto la verdad cristiana ha sido atacada por hombres temerarios
    75. Sesión 75 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 3. De la verdad de la doctrina cristiana y de la vanidad de sus adversarios; y de que Cristo no fue un mago
    76. Sesión 76 · Parte 13 · ≈ 4 minCapítulo 4. Por qué se publicó esta obra, y de nuevo sobre Tertuliano y Cipriano
    77. Sesión 77 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 5. Había justicia verdadera bajo Saturno, pero fue desterrada por Júpiter
    78. Sesión 78 · Parte 14 · ≈ 7 minCapítulo 7. De la venida de Jesús y su fruto; y de las virtudes y vicios de aquella edad
    79. Sesión 79 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 9. De los crímenes de los impíos y de las torturas infligidas a los cristianos
    80. Sesión 80 · Parte 14 · ≈ 9 minCapítulo 10. De la falsa piedad, y de la religión falsa y verdadera
    81. Sesión 81 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 12. De la verdadera virtud; y de la estimación de un ciudadano bueno o malo
    82. Sesión 82 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 14. De la fortaleza de los cristianos
    83. Sesión 83 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la locura, la sabiduría, la piedad, la equidad y la justicia
    84. Sesión 84 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 16. De los deberes del hombre justo y de la equidad de los cristianos
    85. Sesión 85 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 18. De la justicia, la sabiduría y la locura
    86. Sesión 86 · Parte 15 · ≈ 11 minCapítulo 19. De la virtud y de las torturas de los cristianos, y del derecho de un padre y de un señor
    87. Sesión 87 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del culto de los otros dioses y del Dios verdadero, y de los animales que adoraban los egipcios
    88. Sesión 88 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 22. Del furor de los demonios contra los cristianos, y del error de los incrédulos
    89. Sesión 89 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 23. De la justicia y de la paciencia de los cristianos
    90. Sesión 90 · Parte 16 · ≈ 10 minCapítulo 24. De la venganza divina infligida a los verdugos de los cristianos
    91. Sesión 91 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 3. De los caminos, y de los vicios y las virtudes; y de los premios del cielo y los castigos del infierno
    92. Sesión 92 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 4. De los caminos de la vida, de los placeres y también de las penalidades de los cristianos
    93. Sesión 93 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 5. De la virtud falsa y verdadera; y del conocimiento
    94. Sesión 94 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 6. Del bien sumo y de la virtud, y del conocimiento y de la justicia
    95. Sesión 95 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 7. Del camino del error y de la verdad: que es único, estrecho y escarpado, y tiene a Dios por guía
    96. Sesión 96 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 9. De la ley y el precepto de Dios; de la misericordia y del error de los filósofos
    97. Sesión 97 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 10. De la religión para con Dios y de la misericordia para con los hombres; y del principio del mundo
    98. Sesión 98 · Parte 17 · ≈ 8 minCapítulo 11. De las personas a quienes ha de conferirse un beneficio
    99. Sesión 99 · Parte 17 · ≈ 12 minCapítulo 12. De los géneros de beneficencia y de las obras de misericordia
    100. Sesión 100 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo 13. Del arrepentimiento, de la misericordia y del perdón de los pecados
    101. Sesión 101 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 14. De las afecciones y de la opinión de los estoicos acerca de ellas; y de la virtud, los vicios y la misericordia
    102. Sesión 102 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 16. De las afecciones y de la refutación de la opinión de los peripatéticos acerca de ellas; cuál es el uso adecuado de las afecciones y cuál es su mal uso
    103. Sesión 103 · Parte 18 · ≈ 11 minCapítulo 18. De algunos mandatos de Dios y de la paciencia
    104. Sesión 104 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 19. De las afecciones y su uso; y de las tres Furias
    105. Sesión 105 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 21. De los placeres de los oídos y de la literatura sagrada
    106. Sesión 106 · Parte 19 · ≈ 11 minCapítulo 22. De los placeres del gusto y del olfato
    107. Sesión 107 · Parte 19 · ≈ 8 minCapítulo 24. Del arrepentimiento, del perdón y de los mandamientos de Dios
    108. Sesión 108 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 25. Del sacrificio, de la ofrenda digna de Dios y de la forma de alabar a Dios
    109. Sesión 109 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. Del error de los filósofos, de la sabiduría divina y de la edad de oro
    110. Sesión 110 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 3. De la naturaleza y del mundo; y censura de los estoicos y epicúreos
    111. Sesión 111 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 4. Que todas las cosas fueron creadas para algún uso, aun aquellas que parecen malas; por qué causa el hombre goza de razón en un cuerpo tan frágil
    112. Sesión 112 · Parte 20 · ≈ 12 minCapítulo 5. De la creación del hombre, del ordenamiento del mundo y del bien supremo
    113. Sesión 113 · Parte 20 · ≈ 8 minCapítulo 6. Por qué fueron creados el mundo y el hombre. Cuán inútil es el culto de los dioses falsos
    114. Sesión 114 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 7. De la variedad de los filósofos y de su verdad
    115. Sesión 115 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 9. De la inmortalidad del alma y de la virtud
    116. Sesión 116 · Parte 20 · ≈ 4 minCapítulo 10. De los vicios y las virtudes, y de la vida y de la muerte
    117. Sesión 117 · Parte 21 · ≈ 13 minCapítulo 11. De los últimos tiempos, y del alma y del cuerpo
    118. Sesión 118 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 13. Del alma y de los testimonios acerca de su eternidad
    119. Sesión 119 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 15. De la devastación del mundo y del cambio de los imperios
    120. Sesión 120 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 16. De la devastación del mundo y de sus presagios proféticos
    121. Sesión 121 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 18. De la fortuna del mundo en el último tiempo, y de las cosas predichas por los adivinos
    122. Sesión 122 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21. De los tormentos y castigos de las almas
    123. Sesión 123 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 23. De la resurrección del alma y de las pruebas de este hecho
    124. Sesión 124 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 25. De los últimos tiempos y de la ciudad de Roma
    125. Sesión 125 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 27. Exhortación y confirmación de los piadosos
    126. Sesión 126 · Parte 22 · ≈ 6 minEpítome de las Instituciones Divinas
    127. Sesión 127 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 4.— Los testimonios de los filósofos acerca de la unidad de Dios
    128. Sesión 128 · Parte 22 · ≈ 3 minCapítulo 8.— De Esculapio, Apolo, Marte, Cástor y Pólux, y de Mercurio y Baco
    129. Sesión 129 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 10.— De Júpiter y de su vida licenciosa
    130. Sesión 130 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 20.— De los dioses propios de los romanos
    131. Sesión 131 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24.— Del origen de los ritos sagrados y de las supersticiones
    132. Sesión 132 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26.— Del culto de los elementos y de los astros
    133. Sesión 133 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 29.— De la paciencia y de la providencia de Dios
    134. Sesión 134 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 31.— Del conocimiento y de la suposición
    135. Sesión 135 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 34.— Que los hombres han nacido para la justicia
    136. Sesión 136 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo 37.— De Sócrates y su contradicción
    137. Sesión 137 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo 40.— De la necedad de los filósofos
    138. Sesión 138 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 44.— La doble natividad de Cristo es probada por los profetas
    139. Sesión 139 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 47.— De la resurrección de Jesucristo, del envío de los apóstoles y de la ascensión del Salvador al cielo
    140. Sesión 140 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 50.— Por qué Dios asumió un cuerpo mortal y padeció la muerte
    141. Sesión 141 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 53.— Se examinan y refutan las razones del odio contra los cristianos
    142. Sesión 142 · Parte 24 · ≈ 5 minCapítulo 56.— De la justicia, que es el culto del Dios verdadero
    143. Sesión 143 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 58.— Del verdadero culto de Dios y del sacrificio
    144. Sesión 144 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 61.— De las pasiones
    145. Sesión 145 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 64.— De que las pasiones han de ser dominadas y de que debemos abstenernos de las cosas prohibidas
    146. Sesión 146 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 67.— Del arrepentimiento, de la inmortalidad del alma y de la providencia
    147. Sesión 147 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 69.— De que el mundo fue hecho por causa del hombre, y el hombre por causa de Dios
    148. Sesión 148 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 71.— De los últimos tiempos
    149. Sesión 149 · Parte 25 · ≈ 4 minCapítulo 73.— La esperanza de la salvación está en la religión y en el culto de Dios

    Capítulo 11. De la causa de la encarnación de Cristo

    IV, 11

    Cuando los judíos con frecuencia resistían los preceptos saludables y se apartaban de la ley divina, extraviándose tras el culto impío de falsos dioses, entonces Dios llenaba del Espíritu Santo a varones justos y escogidos, constituyéndolos profetas en medio del pueblo, para que por ellos reprendiera con palabras amenazadoras los pecados del pueblo ingrato y, no obstante, los exhortara a arrepentirse de su maldad; pues si no hacían esto y, dejando a un lado sus vanidades, no volvían a su Dios, sucedería que Él cambiaría su alianza, es decir, otorgaría la herencia de la vida eterna a naciones extranjeras y reuniría para sí un pueblo más fiel de entre aquellos que eran extraños por nacimiento. Pero ellos, reprendidos por los profetas, no solo rechazaban sus palabras; sino que, ofendidos porque se les echaba en cara sus pecados, mataban a los propios profetas con torturas estudiadas; todas cuyas cosas están selladas y conservadas en las escrituras sagradas. Pues dice el profeta Jeremías: [] «Os envié a mis siervos los profetas; los envié antes de la luz de la mañana; pero no escuchasteis, ni inclinasteis vuestros oídos para oír, cuando os hablé: vuélvase cada uno de vosotros de su mal camino y de vuestras afecciones más corrompidas; y habitaréis en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres para siempre. No andéis tras dioses extraños para servirlos; y no me provoquéis a ira con las obras de vuestras manos, para que yo os destruya.» También el profeta Esdras, que vivió en tiempos del mismo Ciro por quien los judíos fueron restituidos, habla así: «Se rebelaron contra Ti, echaron tu ley a sus espaldas y mataron a tus profetas que testificaban contra ellos, para convertirlos a Ti.»
    El profeta Elías también, en el tercer libro de los Reyes: «He sentido un gran celo por el Señor Dios de los ejércitos, porque los hijos de Israel te han abandonado, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas; y solo yo he quedado, y buscan mi vida para quitármela.» A causa de estas impiedades suyas los desechó para siempre; y así cesó de enviarles profetas. Pero mandó a su propio Hijo, el primogénito, hacedor de todas las cosas, su propio consejero, que descendiera del cielo, para trasladar la religión sagrada de Dios a los gentiles, es decir, a quienes ignoraban a Dios, y para enseñarles la rectitud que el pueblo pérfido había desechado. Y mucho antes había amenazado que haría esto, como lo muestra el profeta Malaquías [], diciendo: «No tengo complacencia en vosotros, dice el Señor, y no aceptaré ofrenda de vuestras manos; porque desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, mi nombre será grande entre los gentiles.» David también dice en el Salmo decimoséptimo: «Me harás cabeza de las naciones; un pueblo que no he conocido me servirá.» Isaías habla asimismo así: «Vengo a reunir a todas las naciones y lenguas; y vendrán y verán mi gloria; y enviaré entre ellos una señal, y enviaré a los que de ellos escapen a las naciones lejanas que no han oído mi fama; y anunciarán mi gloria entre los gentiles.» Por tanto, cuando Dios quiso enviar a la tierra a uno que había de medir su templo, no quiso enviarlo con poder y gloria celestiales, para que el pueblo ingrato hacia Dios fuera llevado al mayor error y padeciera castigo por sus crímenes, por no haber recibido a su Señor y Dios, como antes habían predicho los profetas que así sucedería. Pues Isaías, a quien los judíos mataron con la mayor crueldad, partiéndolo con una sierra, habla así: [] «Oíd, cielos, y escucha, tierra: porque el Señor ha hablado: engendré hijos y los levanté a lo alto, y ellos me rechazaron. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; pero Israel no ha conocido, mi pueblo no ha entendido.» Jeremías también dice de manera semejante: [] «La tórtola y la golondrina han conocido su tiempo, y los gorriones del campo han observado los tiempos de su venida; pero mi pueblo no ha conocido el juicio del Señor. ¿Cómo decís: Sabios somos, y la ley del Señor está con nosotros? La medida es en vano; los escribas están engañados y confundidos: los sabios están espantados y presos, porque han rechazado la palabra del Señor.»
    Por tanto (como había comenzado a decir), cuando Dios había determinado enviar a los hombres un maestro de justicia, le mandó nacer de nuevo una segunda vez en la carne y ser hecho a semejanza del hombre mismo, a quien había de ser guía, compañero y maestro. Pero como Dios es bondadoso y misericordioso con su pueblo, lo envió a aquellas mismas personas a quienes odiaba, para no cerrarles para siempre el camino de la salvación, sino darles libre oportunidad de seguir a Dios, de modo que, si lo siguieran (como muchos de ellos hacen y han hecho), alcanzaran el premio de la vida, y, si rechazaran a su Rey, incurrieran por su culpa en la pena de muerte. Le ordenó, por tanto, nacer de nuevo entre ellos y de su linaje, no fuera que, si naciera de otra nación, pudieran alegar una excusa justa según la ley para rechazarlo; y al mismo tiempo, para que no hubiera bajo el cielo nación alguna a la que se le negase la esperanza de la inmortalidad.

    Capítulo 12. Del nacimiento de Jesús de la Virgen; de su vida, muerte y resurrección, y de los testimonios de los profetas acerca de estas cosas

    IV, 12

    Por tanto, el Espíritu Santo de Dios, descendiendo del cielo, eligió a la santa Virgen para entrar en su seno. Y ella, llena de la posesión del Espíritu divino, concibió; y sin comercio alguno con varón, su seno virginal fue súbitamente fecundado. Pero si es sabido por todos que ciertos animales suelen concebir por el viento y la brisa, ¿por qué ha de parecer admirable a alguno que digamos que una virgen fue hecha fecunda por el Espíritu de Dios, a quien es fácil cuanto Él quiera? Y esto habría podido parecer increíble si los profetas, muchos siglos antes, no hubieran predicho su cumplimiento. Así habla Salomón:\n «\n El seno de una virgen fue fortalecido, y concibió; y una virgen fue hecha fecunda, y llegó a ser madre por gran piedad.\n»\n Igualmente el profeta Isaías, [\n Isaías 7:14\n] cuyas palabras son estas:\n «\n Por tanto, Dios mismo os dará una señal: He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo; y llamaréis su nombre Emanuel.\n»\n ¿Qué puede haber más manifiesto que esto? Esto era leído por los judíos, que lo negaban. Si alguno piensa que estas cosas son inventadas por nosotros, pregúnteles a ellos, tómelo especialmente de ellos: el testimonio es suficientemente fuerte para probar la verdad cuando es alegado por los enemigos mismos. Pero Él nunca fue llamado Emanuel, sino Jesús, que en latín se dice Salvante, o Salvador, porque viene trayendo salvación a todas las naciones. Mas con este nombre declaró el profeta que Dios encarnado estaba por venir a los hombres. Porque Emanuel significa Dios con nosotros; porque cuando nació de una virgen, los hombres debieron confesar que Dios estaba con ellos, es decir, en la tierra y en carne mortal. Por lo cual dice David en el salmo ochenta y cuatro:\n «\n La verdad ha brotado de la tierra;\n»\n porque Dios, en quien está la verdad, ha tomado un cuerpo de tierra, para abrir un camino de salvación a los de la tierra. De igual modo también Isaías: [\n Isaías 63:10\n]\n «\n Mas ellos no creyeron, y afligieron su Espíritu Santo; y Él se volvió su enemigo. Y Él mismo luchó contra ellos, y se acordó de los días antiguos, que levantó de la tierra a un pastor de las ovejas.\n»\n Pero quién había de ser este pastor, lo declaró en otro lugar, diciendo:\n «\n Alégrense los cielos, y vístanse las nubes de rectitud; ábrase la tierra, y produzca un Salvador. Porque yo, el Señor, lo he engendrado.\n»\n Pero el Salvador es, como antes dijimos, Jesús. Mas en otro lugar el mismo profeta proclamó también así:\n «\n He aquí que nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un Hijo, cuyo dominio está sobre sus hombros, y su nombre es llamado Mensajero del gran consejo.\n»\n Pues por esto fue enviado por Dios Padre: para revelar a todas las naciones que están bajo el cielo el sacro misterio del único Dios verdadero, que fue quitado al pueblo pérfido que tantas veces pecó contra Dios. También Daniel predijo cosas semejantes: [\n Daniel 7:13-14\n]\n «\n Vi,\n»\n dijo,\n «\n en visión nocturna, y he aquí uno como Hijo del hombre que venía con las nubes del cielo, y llegó hasta el Anciano de días. Y los que estaban presentes lo acercaron ante Él. Y le fue dado un reino, y gloria, y dominio; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: y su dominio es eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido.\n»\n ¿Cómo, pues, los judíos confiesan y esperan al Cristo de Dios? Ellos, que lo rechazaron por esto: porque nació de hombre. Porque habiendo sido dispuesto por Dios que el mismo Cristo viniera dos veces a la tierra, una para anunciar a las naciones al único Dios, luego para reinar, ¿por qué quienes no creyeron en su primer advenimiento creen en el segundo?
    Pero el profeta comprende ambos advenimientos en pocas palabras. He aquí, dice, uno como Hijo del hombre que viene con las nubes del cielo. No dijo como Hijo de Dios, sino Hijo del hombre, para mostrar que había de ser revestido de carne en la tierra; que, asumida la forma de hombre y la condición de mortalidad, enseñara a los hombres la rectitud; y que, cumplidos los mandatos de Dios, habiendo revelado la verdad a las naciones, sufriera también la muerte, para vencer y dejar abierto el otro mundo, y así, resucitando al fin, fuera hacia su Padre llevado en alto sobre una nube. Pues añadió el profeta: Y llegó hasta el Anciano de días, y fue presentado ante Él. Llamó Anciano de días al Dios Altísimo, cuya edad y origen no pueden comprenderse; porque Él solo era desde las generaciones, y será siempre por las generaciones. Pero que Cristo, después de su pasión y resurrección, había de ascender a Dios Padre, dio testimonio David con estas palabras en el salmo ciento nueve:\n «\n Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies.\n»\n ¿A quién podía este profeta, siendo él mismo rey, llamar su Señor, que se sentaba a la diestra de Dios, sino a Cristo, el Hijo de Dios, que es Rey de reyes y Señor de señores? Y esto se muestra más claramente por Isaías, cuando dice:\n «\n Así dice el Señor Dios a mi Señor Cristo, cuya diestra yo he sostenido; someteré a las naciones ante Él, y quebrantaré la fuerza de los reyes. Abriré ante Él las puertas, y las ciudades no se cerrarán. Iré delante de Ti, y allanaré los montes; y quebraré las puertas de bronce, y romperé las barras de hierro; y te daré los tesoros escondidos e invisibles, para que sepas que yo soy el Señor Dios, que te llamo por tu nombre, el Dios de Israel.\n»\n Finalmente, a causa de la bondad y fidelidad que mostró hacia Dios en la tierra, le fue dado un reino, y gloria, y dominio; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán; y su dominio es eterno, y aquello que nunca pasará, y su reino no será destruido. Y esto se entiende de dos maneras: que aun ahora tiene un dominio eterno, cuando todas las naciones y todas las lenguas adoran su nombre, confiesan su majestad, siguen su enseñanza e imitan su bondad: tiene poder y gloria, en cuanto todas las tribus de la tierra obedecen sus preceptos. Y también, cuando venga de nuevo con majestad y gloria a juzgar a toda alma y a devolver a los justos a la vida, entonces tendrá verdaderamente el gobierno de toda la tierra: entonces, quitado todo mal de los asuntos de los hombres, surgirá una edad de oro (como la llaman los poetas), es decir, un tiempo de rectitud y de paz. Pero hablaremos de estas cosas más plenamente en el último libro, cuando tratemos de su segundo advenimiento; ahora tratemos de su primer advenimiento, como comenzamos.

    Capítulo 13. De Jesús, Dios y hombre; y los testimonios de los profetas acerca de Él

    IV, 13

    Por tanto, el Dios Altísimo, Padre de todas las cosas, cuando hubo resuelto transferir su religión, envió desde el cielo un maestro de justicia, para que en Él o por medio de Él diera una nueva ley a nuevos adoradores; no como antes lo había hecho, por ministerio de hombre. Sin embargo, fue su voluntad que naciera como hombre, para que en todas las cosas fuera semejante a su supremo Padre. Porque Dios Padre mismo, que es el origen y fuente de todas las cosas, en cuanto carece de padres, es con gran verdad llamado por Trismegisto\n «\n huérfano de padre\n»\n y\n «\n de madre,\n»\n porque no nació de nadie. Por esta razón convenía que también el Hijo naciera dos veces, para que también Él fuera\n «\n huérfano de padre\n»\n y\n «\n de madre.\n»\n Pues en su primer nacimiento, que fue espiritual, fue\n «\n sin madre,\n»\n porque fue engendrado por Dios Padre solo, sin oficio de madre. Pero en el segundo, que fue en la carne, nació del seno de una virgen sin oficio de padre, para que, llevando una sustancia media entre Dios y el hombre, pudiera, por así decirlo, tomar de la mano esta naturaleza frágil y débil nuestra, y elevarla a la inmortalidad. Llegó a ser Hijo de Dios por el Espíritu, e Hijo del hombre por la carne; es decir, Dios y hombre a la vez. El poder de Dios se manifestó en Él, por las obras que realizó; la fragilidad del hombre, por la pasión que sufrió: por qué causa la emprendió, lo diré un poco más adelante. Entretanto, aprendemos por las predicciones de los profetas que fue Dios y hombre a la vez, compuesto de ambas naturalezas. Isaías testifica que era Dios con estas palabras: [\n Isaías 45:14-16\n]\n «\n Egipto se ha fatigado, y la mercancía de Etiopía, y los sabeos, varones de estatura, pasarán a Ti, y serán tus siervos: y caminarán detrás de Ti; en cadenas caerán ante Ti, y te suplicarán, pues Dios está en Ti, y no hay otro Dios fuera de Ti. Porque Tú eres Dios, y no te conocíamos, el Dios de Israel, el Salvador. Serán todos confundidos y avergonzados los que se oponen a Ti, y caerán en confusión.\n»\n Del mismo modo habla el profeta Jeremías:\n «\n Este es nuestro Dios, y no habrá otro que se le compare. Él ha hallado todo el camino del conocimiento, y lo ha dado a Jacob su siervo, y a Israel su amado. Después fue visto en la tierra, y habitó entre los hombres.\n»
    También David, en el salmo cuarenta y cuatro:\n «\n Tu trono, oh Dios, es por siempre y para siempre; cetro de rectitud es el cetro de tu reino. Amaste la rectitud y aborreciste la iniquidad; por tanto, Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría.\n»\n Con cuya palabra muestra también su nombre, pues (como he mostrado arriba) fue llamado Cristo por su unción. Luego, que también fue hombre, lo enseña Jeremías, diciendo:\n «\n Y Él es hombre, ¿y quién lo ha conocido?\n»\n También Isaías:\n «\n Y Dios enviará a ellos un hombre que los salvará, los salvará juzgando.\n»\n Mas también Moisés, en Números, habla así:\n «\n Se levantará una estrella de Jacob, y un hombre brotará de Israel.\n»\n Por lo cual Apolo Milesio, preguntado si era Dios u hombre, respondió de esta manera:\n «\n Fue mortal en cuanto al cuerpo, siendo sabio con obras maravillosas; mas, entregado a las armas bajo jueces caldeos, con clavos y cruz sufrió un fin amargo.\n»\n En el primer verso dijo la verdad, pero engañó con astucia al que preguntaba, que ignoraba por completo el misterio de la verdad. Porque parece haber negado que fuera Dios. Pero cuando reconoce que fue mortal en cuanto a la carne, lo cual también nosotros declaramos, se sigue que en cuanto al espíritu fue Dios, lo cual afirmamos. Pues ¿por qué habría sido necesario hacer mención de la carne, siendo suficiente decir que era mortal? Mas, apremiado por la verdad, no pudo negar la realidad del caso; como aquello que dice, que era sabio.
    ¿Qué respondes a esto, Apolo? Si es sabio, entonces su sistema de enseñanza es sabiduría, y no otro; y son sabios quienes lo siguen, y no otros. ¿Por qué, pues, somos comúnmente tenidos por necios, y visionarios, e insensatos, quienes seguimos a un Maestro que es sabio aun por confesión de los dioses mismos? Porque al decir que obró obras maravillosas, por las cuales especialmente reclamaba fe en su divinidad, ahora parece asentir a nosotros, cuando dice las mismas cosas en que nos gloriamos. Mas, sin embargo, se recobra, y de nuevo recurre a los fraudes demoníacos. Pues cuando se había visto obligado a decir la verdad, aparecía como traidor de los dioses y de sí mismo si no hubiera, con una falsedad engañosa, ocultado aquello que la verdad le había arrancado. Dice, pues, que sí hizo obras maravillosas, pero no por poder divino, sino por magia. ¿Qué admiración que Apolo persuadiera así a hombres ignorantes de la verdad, cuando los judíos, adoradores (como parecían ser) del Dios Altísimo, sostenían la misma opinión, teniendo cada día ante sus ojos aquellos milagros que los profetas les habían predicho como futuros, y sin embargo no pudieron ser inducidos por la contemplación de tales poderes a creer que Aquel a quien veían era Dios? Por esto, David, a quien leían especialmente sobre los demás profetas, en el salmo veintisiete los condena así:\n «\n Págales su merecido, porque no consideran las obras del Señor.\n»\n Tanto David mismo como otros profetas anunciaron que de la casa de este mismo David, Cristo nacería según la carne. Así está escrito en Isaías: [\n Isaías 11:10\n]\n «\n Y en aquel día habrá una raíz de Jesé, y Aquel que se levantará para regir a las naciones, en Él confiarán los gentiles; y su descanso será glorioso.\n»\n Y en otro lugar: [\n Isaías 11:1-2\n]\n «\n Saldrá una vara del tronco de Jesé, y una flor crecerá de su raíz; y el Espíritu de Dios reposará sobre Él, espíritu de sabiduría y de entendimiento, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de piedad; y será lleno del espíritu de temor del Señor.\n»\n Ahora bien, Jesé era el padre de David, de cuya raíz predijo que surgiría una flor; a saber, aquel de quien habla la Sibila,\n «\n Una flor pura brotará.\n»
    También en el segundo libro de los Reyes, el profeta Natán fue enviado a David, que quería edificar un templo para Dios; y esta fue la palabra del Señor a Natán, diciendo:\n «\n Ve y di a mi siervo David: Así dice el Señor Todopoderoso: No me edificarás casa para que yo habite en ella; sino que, cuando se cumplan tus días y duermas con tus padres, levantaré tu descendencia después de ti, y afirmaré su reino. Él me edificará una casa para mi nombre, y yo afirmaré su trono para siempre; y yo seré para Él por padre, y Él será para mí por hijo; y su casa será establecida, y su reino para siempre.\n»\n Pero la razón por la que los judíos no entendían estas cosas era esta: porque Salomón, hijo de David, edificó un templo para Dios, y la ciudad que llamó con su propio nombre, Jerusalén. Por tanto, referían a él las predicciones de los profetas. Ahora bien, Salomón recibió el gobierno del reino de su propio padre. Mas los profetas hablaban de Aquel que nació después de que David durmiera con sus padres. Además, el reino de Salomón no fue eterno; pues reinó cuarenta años. En segundo lugar, Salomón nunca fue llamado hijo de Dios, sino hijo de David; y la casa que edificó no quedó firmemente establecida, como la Iglesia, que es el verdadero templo de Dios, que no consiste de muros, sino del corazón y de la fe de los hombres que creen en Él y son llamados fieles. Pero aquel templo de Salomón, en cuanto fue edificado por mano, por mano cayó. Finalmente, su padre, en el salmo ciento veintiséis, profetizó de esta manera acerca de las obras de su hijo:\n «\n Si el Señor no edifica la casa, en vano han trabajado los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano ha velado el centinela.\n»

    Capítulo 14. Del sacerdocio de Jesús predicho por los profetas

    IV, 14

    De lo cual es evidente que todos los profetas declararon acerca de Cristo que había de suceder en algún tiempo que, naciendo con un cuerpo de la raza de David, edificaría un templo eterno en honor de Dios, que se llama la Iglesia, y congregaría a todas las naciones al verdadero culto de Dios. Esta es la casa fiel, este es el templo eterno; y si alguno no ha sacrificado en este, no tendrá el premio de la inmortalidad. Y puesto que Cristo fue el edificador de este grande y eterno templo, debe tener también en él un sacerdocio eterno; y no puede haber acceso al santuario del templo, ni a la vista de Dios, sino por medio de Aquel que edificó el templo. David en el salmo ciento nueve enseña lo mismo, diciendo:\n «\n Antes del lucero te engendré. El Señor ha jurado, y no se arrepentirá; Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.\n»\n También en el primer libro de los Reyes: [\n 1 Samuel 2:35\n]\n «\n Y me levantaré un Sacerdote fiel, que hará todas las cosas que están en mi corazón; y le edificaré una casa segura; y andará en mi presencia todos sus días.\n»\n Pero quién había de ser este, a quien Dios prometía un sacerdocio eterno, lo enseña Zacarías con gran claridad, mencionando incluso su nombre: [\n Zacarías 3:1-8\n]\n «\n Y el Señor Dios me mostró a Jesús el gran Sacerdote en pie delante del rostro del ángel del Señor, y el adversario estaba en pie a su diestra para resistirle. Y dijo el Señor al adversario: El Señor, que ha elegido a Jerusalén, te reprenda; y he aquí un tizón arrancado del fuego. Y Jesús estaba vestido con ropas inmundas, y estaba en pie delante del rostro del ángel. Y él respondió y habló a los que estaban en pie delante de su rostro, diciendo: Quitadle las ropas inmundas, y vestidle con una vestidura fluida, y poned una mitra hermosa sobre su cabeza; y lo vistieron con una vestidura, y pusieron una mitra hermosa sobre su cabeza. Y el ángel del Señor estaba en pie, y protestó, diciendo a Jesús: Así dice el Señor de los ejércitos: Si andas en mis caminos, y guardas mis preceptos, tú juzgarás mi casa, y te daré a los que caminen contigo en medio de estos que están presentes. Oye, pues, oh Jesús, tú gran Sacerdote.\n»
    ¿Quién, pues, no creería que los judíos fueron entonces privados de entendimiento, quienes, leyendo y oyendo estas cosas, pusieron manos impías sobre su Dios? Pero desde el tiempo en que vivió Zacarías hasta el año decimoquinto del reinado de Tiberio César, en que Cristo fue crucificado, se cuentan casi quinientos años; puesto que floreció en tiempos de Darío y Alejandro, que vivieron no mucho después de la expulsión de Tarquinio el Soberbio. Pero se extraviaron y engañaron de la misma manera, suponiendo que estas cosas se decían acerca de Jesús hijo de Navé, que fue sucesor de Moisés, o acerca de Jesús el sumo sacerdote hijo de Josedec; a quien ninguna de las cosas que el profeta refirió correspondía. Pues nunca fueron vestidos con ropas inmundas, ya que uno de ellos fue príncipe poderosísimo y el otro sumo sacerdote; ni sufrieron adversidad alguna, de modo que fueran considerados como tizón arrancado del fuego; ni estuvieron jamás en presencia de Dios y de los ángeles; ni habló el profeta tanto del pasado como del futuro. Habló, pues, de Jesús el Hijo de Dios, para mostrar que primero vendría en humildad y en la carne. Pues esta es la vestidura inmunda, que Él preparara un templo para Dios, y fuera abrasado como tizón con fuego; es decir, que sufriera torturas de los hombres, y al fin fuera extinguido. Pues un tizón medio quemado, sacado del hogar y extinguido, así se llama comúnmente. Pero de qué manera y con qué mandatos fue enviado por Dios a la tierra, lo declaró el Espíritu de Dios por medio del profeta, enseñándonos que cuando hubiera cumplido fiel y uniformemente la voluntad de su supremo Padre, recibiría el juicio y un dominio eterno. Si, dice, andas en mis caminos, y guardas mis preceptos, entonces juzgarás mi casa. Cuáles eran estos caminos de Dios, y cuáles sus preceptos, no es dudoso ni oscuro. Porque Dios, viendo que la maldad y el culto de los dioses falsos habían prevalecido de tal modo en todo el mundo, que su nombre había sido ya borrado de la memoria de los hombres (pues aun los judíos, a quienes solos se les había confiado el secreto de Dios, habían abandonado al Dios vivo, y, enredados por los engaños de los demonios, se habían extraviado y apartado al culto de las imágenes, y reprendidos por los profetas no quisieron volver a Dios), envió a su Hijo como embajador a los hombres, para apartarlos de su impío y vano culto al conocimiento y culto del Dios verdadero; y también para volver sus mentes de la necedad a la sabiduría, y de la maldad a las obras de rectitud. Estos son los caminos de Dios, en los que le ordenó caminar. Estos son los preceptos que mandó observar. Pero Él mostró fe hacia Dios. Pues enseñó que hay un solo Dios, y que Él solo debe ser adorado. Ni dijo en momento alguno que Él mismo fuera Dios; pues no habría mantenido su fidelidad si, enviado a abolir a los dioses falsos y a afirmar la existencia del único Dios, hubiera introducido otro además de aquel único. Esto habría sido no proclamar a un solo Dios, ni hacer la obra de Aquel que lo envió, sino desempeñar un oficio propio para sí mismo, y separarse de Aquel a quien vino a revelar. Por lo cual, porque fue tan fiel, porque no se arrogó nada en absoluto para sí, a fin de cumplir los mandatos de Aquel que lo envió, recibió la dignidad de Sacerdote eterno, y el honor de Rey supremo, y la autoridad de Juez, y el nombre de Dios.

    Capítulo 15. De la vida y los milagros de Jesús, y de los testimonios acerca de ellos

    IV, 15

    Habiendo hablado del segundo nacimiento, en el cual Él se mostró en carne a los hombres, vengamos a aquellas obras maravillosas, por causa de las cuales, aunque eran señales del poder celestial, los judíos lo tuvieron por mago. Cuando comenzó a llegar a la madurez, fue bautizado por el profeta Juan en el río Jordán, para lavar en el lavacro espiritual no sus propios pecados, pues es evidente que no tenía ninguno, sino los de la carne que llevaba; para que, así como salvó a los judíos sometiéndose a la circuncisión, así también salvara a los gentiles por el bautismo —es decir, por la efusión del rocío purificador. Entonces se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, hoy te he engendrado.» Voz que se halla que fue predicha por David. Y el Espíritu de Dios descendió sobre Él, formado según la apariencia de una paloma blanca. Desde aquel tiempo comenzó a realizar los más grandes milagros, no por artificios mágicos, que nada verdadero y sustancial muestran, sino por la fuerza y el poder celestiales, que habían sido anunciados mucho antes por los profetas que lo proclamaron; obras que son tantas que un solo libro no basta para contenerlas todas. Por tanto, las enumeraré brevemente y en general, sin designación de personas y lugares, para poder llegar a la exposición de su pasión y cruz, hacia la cual mi discurso se ha apresurado largo tiempo. Sus poderes fueron los que Apolo llamó maravillosos: que dondequiera que viajaba, con una sola palabra y en un solo instante, sanaba a los enfermos y a los débiles, y a los afligidos con toda clase de enfermedades; de modo que quienes estaban privados del uso de todos sus miembros, habiendo recibido de pronto fuerza, eran fortalecidos y llevaban ellos mismos sus camillas, en las cuales poco antes habían sido llevados. Pero a los cojos y a los afligidos con algún defecto en los pies, no solo les daba el poder de andar, sino también de correr. Entonces, también, si algunos tenían los ojos cegados en la más profunda oscuridad, les devolvía la vista anterior. También soltó las lenguas de los mudos, de modo que disertaban y hablaban con elocuencia. También abrió los oídos de los sordos y les hizo oír; limpió a los contaminados y a los manchados. Y todas estas cosas las realizó no con sus manos, ni con la aplicación de remedio alguno, sino con su palabra y mandato, como también lo había anunciado la Sibila: «Haciendo todas las cosas por su palabra, y sanando toda enfermedad.»
    Ni, en verdad, es admirable que hiciera cosas admirables con su palabra, puesto que Él mismo era el Verbo de Dios, apoyado en la fuerza y el poder celestiales. Ni fue bastante que diera fuerza a los débiles, integridad de cuerpo a los mutilados, salud a los enfermos y desfallecientes, si no levantaba también a los muertos, como desatados del sueño, y los llamaba de nuevo a la vida.
    Y los judíos, entonces, cuando vieron estas cosas, sostuvieron que habían sido hechas por poder demoníaco, aunque estaba contenido en sus escrituras secretas que todas las cosas habían de suceder así como sucedieron. Leían, en efecto, las palabras de otros profetas y de Isaías, que decían: «Esforzaos, manos que estáis decaídas; y vosotras, rodillas débiles, confortaos. Vosotros que tenéis corazón temeroso, no temáis, no os amedrentéis: nuestro Señor ejecutará el juicio; Él mismo vendrá y nos salvará. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos oirán; entonces saltará el cojo como un ciervo, y la lengua de los mudos hablará claramente: porque en el desierto ha brotado agua, y torrentes en la tierra sedienta.» Pero también la Sibila predijo las mismas cosas en estos versos:—
    Y habrá resurrección de los muertos; y la carrera de los cojos será veloz, y los sordos oirán, y los ciegos verán, los mudos hablarán.
    A causa de estos poderes y obras divinas realizados por Él, cuando una gran multitud lo seguía de mutilados, o enfermos, o de los que deseaban presentar a sus enfermos para ser sanados, subió a un monte desierto para orar allí. Y habiendo permanecido allí tres días, y sufriendo el pueblo hambre, llamó a sus discípulos y preguntó qué cantidad de alimento tenían consigo. Pero ellos dijeron que tenían cinco panes y dos peces en una alforja. Entonces mandó que estos fueran traídos, y que la multitud, distribuida de cincuenta en cincuenta, se recostara [en el suelo]. Cuando los discípulos hicieron esto, Él mismo partió el pan en pedazos y dividió la carne de los peces, y en sus manos ambos se multiplicaron. Y cuando hubo ordenado a los discípulos que los pusieran delante del pueblo, cinco mil hombres quedaron saciados, y además se llenaron doce cestos de los fragmentos que sobraron. ¿Qué puede haber más maravilloso, ya en la narración, ya en la acción? Pero la Sibila había predicho antes que esto sucedería, cuyos versos se relatan con este efecto:—
    Con cinco panes al mismo tiempo, y con dos peces,
    Saciará a cinco mil hombres en el desierto;
    Y después tomando todos los fragmentos que quedan,
    Llenará doce cestos para esperanza de muchos.
    Pregunto, pues, ¿qué podría haber inventado el arte de la magia en este caso, cuya habilidad no sirve para otra cosa que para engañar los ojos? También Él, cuando estaba a punto de retirarse a un monte, como solía, por causa de la oración, ordenó a sus discípulos que tomaran una pequeña barca y fueran delante de Él. Pero ellos, partiendo cuando ya se acercaba la tarde, comenzaron a ser afligidos por un viento contrario. Y cuando estaban ya en medio del mar, entonces, poniendo los pies sobre el mar, [] se acercó a ellos caminando como sobre tierra firme, no como los poetas fingen que Orión camina sobre el mar, quien, mientras parte de su cuerpo estaba hundido en el agua,
    Con su hombro se eleva sobre las olas.
    Y de nuevo, cuando se había dormido en la barca, y el viento había comenzado a bramar hasta el extremo del peligro, despertado del sueño, inmediatamente mandó al viento que callara; y las olas, que eran llevadas con gran violencia, se calmaron, e inmediatamente a su palabra siguió la bonanza.
    Pero quizá las escrituras sagradas hablan falsamente cuando enseñan que había en Él tal poder que, por su mandato, obligaba a los vientos a obedecer, a los mares a servirle, a las enfermedades a retirarse, a los muertos a someterse. ¿Por qué diré que las Sibilas antes enseñaron las mismas cosas en sus versos? Una de ellas, ya mencionada, habla así:—
    Con su palabra calmará los vientos, y apaciguará el mar
    Mientras se enfurece, pisando con pies de paz y en la fe.
    Y de nuevo otra, que dice:—
    Caminará sobre las olas, librará a los hombres de la enfermedad.
    Levantará a los muertos, y ahuyentará muchos dolores;
    Y del pan de una alforja habrá saciedad para los hombres.
    Algunos, refutados por estos testimonios, suelen recurrir a la afirmación de que estos poemas no son de las Sibilas, sino compuestos y forjados por nuestros propios escritores. Pero ciertamente no pensará esto quien haya leído a Cicerón, y a Varrón, y a otros escritores antiguos, que hacen mención de la Sibila eritrea y de las otras Sibilas, de cuyos libros aducimos estos ejemplos; y estos autores murieron antes del nacimiento de Cristo según la carne. Pero no dudo que estos poemas fueron en tiempos anteriores tenidos por delirios, puesto que nadie los entendía entonces. Pues anunciaban algunas maravillas admirables, de las cuales no se significaba ni el modo, ni el tiempo, ni el autor. Finalmente, la Sibila eritrea dice que sucedería que ella sería llamada loca y engañosa. Pero ciertamente
    Dirán que la Sibila
    Está loca y es engañosa; pero cuando todas las cosas sucedan,
    Entonces os acordaréis de mí; y ya nadie
    Dirá que yo, la profetisa del gran Dios, estoy loca.
    Por tanto, fueron descuidadas durante muchas edades; pero recibieron atención después de que el nacimiento y la pasión de Cristo revelaron cosas secretas. Así sucedió también con las palabras de los profetas, que fueron leídas por el pueblo de los judíos durante mil quinientos años y más, y sin embargo no fueron entendidas hasta después de que Cristo las explicó tanto por su palabra como por sus obras. Pues los profetas hablaron de Él; ni las cosas que dijeron pudieron entenderse de modo alguno, a menos que se cumplieran del todo.

    Capítulo 16. De la pasión de Jesucristo; que fue anunciada de antemano

    IV, 16

    Vengo ahora a la pasión misma, que a menudo se nos echa en cara como un reproche: que adoramos a un hombre, y a uno que fue visitado y atormentado con castigo notable; para mostrar que esta misma pasión fue sufrida por Él conforme a un plan grande y divino, y que en ella sola se contienen la bondad, la verdad y la sabiduría. Pues si Él hubiera sido felicísimo en la tierra, y hubiera reinado toda su vida en la mayor prosperidad, ningún sabio lo habría creído Dios, ni lo habría juzgado digno de honor divino; lo cual sucede con los que carecen de la verdadera divinidad, quienes no solo alzan los ojos a riquezas perecederas, y al poder frágil, y a las ventajas que proceden del beneficio ajeno, sino que incluso las consagran, y a sabiendas rinden culto a la memoria de los muertos, adorando la fortuna cuando ya está extinguida, la cual los sabios nunca consideraron objeto de culto ni siquiera cuando estaba viva y presente entre ellos. Pues nada entre las cosas terrenas puede ser venerable y digno del cielo; sino que solo la virtud, y solo la justicia, pueden ser juzgadas un bien verdadero, celestial y perpetuo, porque ni se da a nadie, ni se arrebata. Y puesto que Cristo vino a la tierra, provisto de virtud y rectitud, o más bien, puesto que Él mismo es la virtud, y Él mismo la rectitud, descendió para enseñarla y moldear el carácter del hombre. Y habiendo desempeñado este oficio y embajada de parte de Dios, a causa de esta misma virtud que a la vez enseñaba y practicaba, mereció, y pudo, ser creído Dios por todas las naciones. Por tanto, cuando una gran multitud acudía a Él de continuo, ya por la rectitud que enseñaba, ya por los milagros que obraba, y oía sus preceptos, y creía que había sido enviado por Dios, y que era el Hijo de Dios, entonces los príncipes y sacerdotes de los judíos, excitados por la ira porque eran reprendidos por Él como pecadores, y pervertidos por la envidia, porque, mientras la multitud acudía a Él, se veían despreciados y abandonados, y (lo cual era el colmo de su culpa) cegados por la locura y el error, y olvidados de los maestros enviados del cielo y de los profetas, conspiraron contra Él, y concibieron el impío designio de darle muerte y atormentarlo; de lo cual los profetas habían escrito mucho antes.
    Pues tanto David, al comienzo de sus Salmos, previendo en espíritu qué crimen iban a cometer, dice: Bienaventurado el varón que no anduvo en camino de malos; y Salomón en el libro de la Sabiduría usó estas palabras: [] «Defraudemos al justo, porque nos es molesto, y nos echa en cara nuestras ofensas contra la ley. Hace alarde de tener el conocimiento de Dios; y se llama a sí mismo Hijo de Dios. Ha sido hecho para reprender nuestros pensamientos: nos duele incluso mirarlo; porque su vida no es como la vida de los demás; sus caminos son de otra manera. Somos contados por él como frívolos; se aparta de nuestros caminos como de inmundicia; encomienda grandemente el fin de los justos, y se jacta de tener a Dios por Padre. Veamos, pues, si sus palabras son verdaderas; probemos qué fin tendrá; examinémoslo con reprensiones y tormentos para conocer su mansedumbre, y probar su paciencia; condenémoslo a una muerte vergonzosa. Tales cosas han imaginado, y se han extraviado. Porque su propia locura los ha cegado, y no entienden los misterios de Dios.» ¿No describe acaso aquel impío designio maquinado por los impíos contra Dios, de modo que claramente parece haber estado presente? Pero desde Salomón, que predijo estas cosas, hasta el tiempo de su cumplimiento, transcurrieron mil diez años. Nada fingimos; nada añadimos. Los que realizaron las acciones tenían estos relatos; aquellos contra quienes se hablaban estas cosas los leían. Pero aun ahora los herederos de su nombre y de su culpa tienen estos relatos, y en sus lecturas diarias repiten su propia condenación tal como fue predicha por la voz de los profetas; ni jamás los admiten en su corazón, lo cual es también parte de su condenación. Los judíos, pues, reprendidos a menudo por Cristo, que les echaba en cara sus pecados e iniquidades, y casi abandonados por el pueblo, se sintieron movidos a darle muerte.
    Ahora bien, su humildad los envalentonó para esta acción. Pues cuando leían con cuán grande poder y gloria el Hijo de Dios había de descender del cielo, pero por otra parte veían a Jesús humilde, pacífico, de baja condición, sin hermosura, no creían que Él fuera el Hijo de Dios, ignorando que por los profetas habían sido anunciadas dos venidas suyas: la primera, oscura en la humildad de la carne; la otra, manifiesta en el poder de su majestad. De la primera habla David así en el Salmo setenta y uno: «Descenderá como la lluvia sobre un vellón; y en sus días florecerá la justicia, y abundancia de paz, mientras se levante la luna.» Pues como la lluvia, si cae sobre un vellón, no puede percibirse, porque no hace ruido; así dijo que Cristo vendría a la tierra sin llamar la atención de nadie, para enseñar la justicia y la paz. Isaías habló también así: [] «Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor? Hicimos proclamación delante de Él como niños, y como raíz en tierra sedienta: no tiene forma ni gloria; y lo vimos, y no tenía forma ni hermosura. Mas su forma fue sin honor, y defectuosa más que el resto de los hombres. Es hombre familiarizado con el dolor, y que sabe soportar la enfermedad, porque apartó su rostro de nosotros; y no fue estimado. Él lleva nuestros pecados, y soporta dolor por nosotros; y nosotros pensamos que Él mismo estaba en dolor, y pena, y aflicción. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, por sus llagas somos sanados. Todos nosotros como ovejas nos descarriamos, y Dios lo entregó por nuestros pecados.» Y de la misma manera habló la Sibila: «Aunque objeto de compasión, deshonrado, sin forma, dará esperanza a los que son objeto de compasión.» A causa de esta humildad no reconocieron a su Dios, y entraron en el detestable designio de privar de la vida al que había venido a darles vida.

    Capítulo 17. De las supersticiones de los judíos y de su odio contra Jesús

    IV, 17

    Pero alegaban otras causas para su ira y envidia, que guardaban encerradas dentro de sus corazones: a saber, que destruyó la obligación de la ley dada por Moisés; es decir, que no descansaba en el sábado, sino que trabajaba para bien de los hombres; que abolió la circuncisión; que quitó la necesidad de abstenerse de la carne de cerdo; cosas en las cuales consisten los misterios de la religión judía. Por esta causa, pues, el resto del pueblo, que aún no se había apartado para Cristo, fue incitado por los sacerdotes a considerarlo impío, porque destruía la obligación de la ley de Dios, aunque no lo hacía por su propio juicio, sino según la voluntad de Dios, y conforme a las predicciones de los profetas. Pues Miqueas anunció que Él daría una ley nueva, en estos términos: [] «La ley saldrá de Sión, y la palabra del Señor de Jerusalén. Y juzgará entre muchos pueblos, y reprenderá a naciones fuertes.» Pues la ley anterior, que fue dada por Moisés, no fue dada en el monte Sión, sino en el monte Horeb; y la Sibila muestra que sucedería que esta ley sería destruida por el Hijo de Dios:—
    Pero cuando todas estas cosas que te he dicho se hayan cumplido, entonces toda la ley se cumple con respecto a Él.
    Pero aun el mismo Moisés, por quien fue dada la ley que ellos tan tenazmente mantienen, aunque se han apartado de Dios y no han reconocido a Dios, había predicho que sucedería que un profeta muy grande sería enviado por Dios, el cual estaría sobre la ley, y sería portador de la voluntad de Dios para los hombres. En Deuteronomio lo dejó escrito así: [] «Y el Señor me dijo: Les levantaré un Profeta de entre sus hermanos, como tú; y pondré mi palabra en su boca, y Él les hablará todo lo que yo le mande. Y cualquiera que no escuchare las cosas que aquel Profeta hablare en mi nombre, yo se las demandaré.» El Señor evidentemente anunció por el mismo legislador que estaba a punto de enviar a su propio Hijo, es decir, una ley viva, y presente en persona, y destruir aquella ley vieja dada por un mortal, para que por Aquel que es eterno ratificara de nuevo una ley que era eterna.
    De la misma manera, Isaías profetizó así acerca de la abolición de la circuncisión: «Así dice el Señor a los hombres de Judá que habitan en Jerusalén: Romped vuestro barbecho, y no sembréis entre espinas. Circuncidaos para el Señor vuestro Dios, y quitad los prepucios de vuestro corazón, no sea que mi furor salga como fuego, y arda sin que nadie pueda apagarlo.» También el mismo Moisés dice: [] «En los últimos días el Señor circuncidará tu corazón para que ames al Señor tu Dios.» También Jesús, hijo de Nun, su sucesor, dijo: «Y el Señor dijo a Jesús: Hazte cuchillos de pedernal muy afilados, y siéntate y circuncida a los hijos de Israel por segunda vez.» Dijo que esta segunda circuncisión no sería de la carne, como fue la primera, que los judíos practican aun ahora, sino del corazón y del espíritu, la cual fue entregada por Cristo, que era el verdadero Jesús. Pues el profeta no dice: «Y el Señor me dijo a mí,» sino «a Jesús,» para mostrar que Dios no hablaba de él, sino de Cristo, a quien Dios hablaba entonces. Pues aquel Jesús representaba a Cristo; pues cuando al principio fue llamado Auses, Moisés, previendo el futuro, ordenó que se llamara Jesús; para que, habiendo sido elegido como jefe de la guerra contra Amalec, que era enemigo de los hijos de Israel, pudiera tanto subyugar al adversario por el emblema del nombre, como conducir al pueblo a la tierra de promisión. Y por esta razón fue también sucesor de Moisés, para mostrar que la nueva ley dada por Cristo Jesús había de suceder a la antigua ley que fue dada por Moisés. Pues aquella circuncisión de la carne es evidentemente irracional; ya que, si Dios así lo hubiera querido, habría podido formar al hombre desde el principio de modo que estuviera sin prepucio. Pero era figura de esta segunda circuncisión, significando que el pecho ha de ser puesto al descubierto; es decir, que debemos vivir con un corazón abierto y sencillo, puesto que aquella parte del cuerpo que es circuncidada tiene cierta semejanza con el corazón, y ha de ser tratada con reverencia. Por esta razón ordenó Dios que se pusiera al descubierto, para que con este argumento nos amonestara a no tener el pecho escondido en la oscuridad; es decir, a no velar ninguna acción vergonzosa dentro de los secretos de la conciencia. Esta es la circuncisión del corazón de la cual hablan los profetas, la cual Dios transfirió de la carne mortal al alma, que sola ha de perdurar. Pues deseando promover nuestra vida y salvación según su propia bondad, en aquella circuncisión nos ha propuesto el arrepentimiento, para que, si abrimos nuestros corazones —es decir, si confesamos nuestros pecados y damos satisfacción a Dios— obtengamos el perdón, que es negado a los obstinados que ocultan sus faltas, por Aquel que no mira la apariencia exterior, como hace el hombre, sino los secretos más íntimos del corazón.
    La prohibición de la carne de cerdo tiene también la misma intención; pues cuando Dios les mandó abstenerse de ella, quiso que esto se entendiera especialmente: que se abstuvieran de los pecados y de las impurezas. Porque este animal es sucio e inmundo, y nunca alza los ojos al cielo, sino que se postra en tierra con todo su cuerpo y su rostro: es siempre esclavo de su apetito y de su comida; ni durante su vida puede prestar otro servicio, como lo hacen los demás animales, los cuales o sirven de vehículo para montar, o ayudan en el cultivo de los campos, o arrastran carros con su cuello, o llevan cargas sobre su lomo, o proporcionan abrigo con sus pieles, o abundan en suministro de leche, o vigilan para guardar nuestras casas. Por tanto, Él les prohibió usar la carne del cerdo como alimento, es decir, que no imitaran la vida de los cerdos, que solo son alimentados para la muerte; no sea que, entregándose a su apetito y placeres, fueran inútiles para obrar justicia, y fueran visitados con la muerte. También que no se sumergieran en apetitos torpes, como la puerca que se revuelca en el cieno; ni sirvieran a imágenes terrenas, y así se mancharan con barro: pues se embadurnan con barro los que adoran a los dioses, es decir, los que adoran al barro y a la tierra. Así, todos los preceptos de la ley judía tienen por objeto la exposición de la justicia, puesto que son dados de manera misteriosa, para que bajo la figura de las cosas carnales se conozcan las espirituales.
    0 comentarios
    0 vistas

    Comentarios

    Inicia sesión para dejar un comentario

    No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
    Fin de la parte 11 de 25