Rec. VII, 37
Entonces dijo Pedro: [«Que no prevalezca contra nosotros el maligno, tomando ocasión del amor de una madre; sino ayunad vosotros, y yo con vosotros, hoy junto con ella, y mañana será bautizada; porque no es justo que los preceptos de la verdad se relajen y debiliten en favor de persona o amistad alguna. No rehuyamos, pues, sufrir junto con ella, porque es pecado transgredir mandamiento alguno. Mas enseñemos a nuestros sentidos corporales, que están fuera de nosotros, a estar sujetos a nuestros sentidos interiores; y no obliguemos a nuestros sentidos interiores, que saborean las cosas de Dios, a seguir a los sentidos exteriores, que saborean las cosas de la carne. Pues para esto también mandó el Señor, diciendo: "Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón". Y a esto añadió: "Si tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y échalo de ti; porque te es provechoso que uno de tus miembros perezca, antes que todo tu cuerpo sea arrojado al fuego del infierno". Mateo 5:28-29] No dice: te ha ofendido, para que entonces deseches la causa del pecado después de haber pecado; sino si te es ocasión de pecado, es decir, que antes de pecar cortes la causa del pecado que te provoca e irrita. Pero que ninguno de vosotros piense, hermanos, que el Señor recomendó cortarse los miembros. Lo que quiere decir es que se debe cortar el propósito, no los miembros, y las causas que atraen al pecado, para que nuestro pensamiento, llevado en el carro de la vista, tienda hacia el amor de Dios, sostenido por los sentidos corporales; y no dar rienda suelta a los ojos de la carne como a caballos lascivos, deseosos de apartar su carrera del camino de los mandamientos, sino someter la vista corporal al juicio de la mente, y no permitir que esos ojos nuestros, que Dios quiso que fueran espectadores y testigos de su obra, se conviertan en alcahuetes del mal deseo. Y por lo tanto, que los sentidos corporales, así como el pensamiento interior, estén sujetos a la ley de Dios, y sirvan a su voluntad, cuya obra reconocen ser.»