Sesiones de lectura

Leer por sesiones · 215 sesiones · 0 marcadas como leídas

Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 2. Su angustia
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
  41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
  49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
  50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
  58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
  66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
  67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
  68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
  69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
  70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
  71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
  72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
  73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
  74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
  75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
  76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
  77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
  79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
  80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
  81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
  82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
  83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
  84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
  85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
  87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
  88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
  89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
  90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
  91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
  92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
  93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
  94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
  95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
  96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
  97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
  98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
  99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
  100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
  101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
  102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
  103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
  104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
  105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
  106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
  107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
  108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
  109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
  110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
  111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
  112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
  113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
  114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
  115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
  116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
  117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
  118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
  119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
  120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
  121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
  122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
  123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
  124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
  125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
  126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
  127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
  128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
  129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
  130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
  131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
  132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
  133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
  134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
  135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
  136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
  137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
  138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
  139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
  140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
  141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
  142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
  143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
  144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
  145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
  146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
  147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
  148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
  149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
  150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
  151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
  152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
  153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
  154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
  155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
  156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
  157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
  158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
  159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
  160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
  161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
  162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
  163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
  164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
  165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
  166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
  167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
  168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
  169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
  170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
  171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
  172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
  173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
  174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
  175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
  176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
  177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
  178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
  179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
  180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
  181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
  182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
  183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
  184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
  185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
  186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
  187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
  188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
  189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
  190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
  191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
  192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
  193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
  194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
  195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
  196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
  197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
  198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
  199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
  200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
  201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
  202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
  203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
  204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
  205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
  206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
  207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
  208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
  209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
  210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
  211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
  212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
  213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
  214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
  215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

Glosario y contexto

Buscar en la lectura

Busca un término para ver el pasaje y su sección.

    TEXTOS — PSEUDO-CLEMENTE

    Índice de la obra

    Estás en la parte 22. Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    Reconocimientos y Homilías clementinas

    Siglos III–IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa de las Ante-Nicene Fathers32 minPosición: 0% de esta parteParte 22 de 27 · Homilía 11Publicado el Actualizado el Ref. ESC-CLEM-02

    Leer por sesiones · 215 sesiones · 0 marcadas como leídas

    Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 2. Su angustia
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
    41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
    49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
    50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
    58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
    66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
    67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
    68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
    69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
    70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
    71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
    72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
    73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
    74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
    75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
    76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
    77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
    79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
    80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
    81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
    82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
    83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
    84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
    85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
    87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
    88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
    89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
    90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
    91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
    92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
    93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
    94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
    95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
    96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
    97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
    98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
    99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
    100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
    101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
    102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
    103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
    104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
    105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
    106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
    107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
    108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
    109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
    110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
    111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
    112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
    113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
    114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
    115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
    116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
    117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
    118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
    119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
    120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
    121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
    122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
    123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
    124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
    125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
    126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
    127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
    128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
    129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
    130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
    131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
    132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
    133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
    134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
    135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
    136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
    137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
    138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
    139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
    140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
    141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
    142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
    143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
    144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
    145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
    146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
    147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
    148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
    149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
    150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
    151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
    152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
    153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
    154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
    155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
    156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
    157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
    158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
    159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
    160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
    161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
    162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
    163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
    164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
    165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
    166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
    167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
    168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
    169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
    170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
    171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
    172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
    173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
    174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
    175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
    176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
    177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
    178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
    179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
    180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
    181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
    182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
    183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
    184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
    185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
    186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
    187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
    188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
    189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
    190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
    191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
    192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
    193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
    194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
    195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
    196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
    197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
    198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
    199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
    200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
    201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
    202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
    203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
    204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
    205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
    206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
    207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
    208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
    209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
    210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
    211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
    212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
    213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
    214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
    215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

    Homilía 11

    Capítulo I. Ejercicios matutinos

    Hom. 11, 1

    [Por tanto] al cuarto día en Trípolis, levantándose Pedro y hallándonos despiertos, nos saludó y salió al estanque, para bañarse y orar; y nosotros también lo hicimos tras él. A nosotros, pues, cuando hubimos orado juntos, y nos sentamos delante de él, nos dio un discurso tocante a la necesidad de la pureza. Y cuando después fue de día, permitió entrar a las multitudes. Entonces, cuando una gran multitud hubo entrado, los saludó según la costumbre, y comenzó a hablar.

    Capítulo II. «Poniendo toda diligencia.»

    Hom. 11, 2

    «Por cuanto, por vuestra prolongada negligencia, para vuestro propio daño, vuestra mente ha hecho brotar muchas concepciones dañinas acerca de la religión, y os habéis vuelto como tierra en barbecho por la desidia del labrador, necesitáis un largo tiempo para vuestra purificación, a fin de que vuestra mente, recibiendo como buena semilla la palabra verdadera que se os imparte, no la ahogue con cuidados malvados, y la haga infructífera respecto de obras que pueden salvaros. Por lo cual, conviene que los que cuidan de su propia salvación oigan más constantemente, para que sus pecados, que se han ido multiplicando por largo tiempo, puedan, en el poco tiempo que queda, ser igualados por el cuidado constante de su purificación. Puesto que, por tanto, nadie conoce el tiempo de su fin, apresuraos a arrancar las muchas espinas de vuestros corazones; mas no poco a poco, pues entonces no podéis ser purificados, porque habéis estado en barbecho por largo tiempo.»

    Capítulo III. «Mirad qué indignación.»

    Hom. 11, 3

    «Pero no de otro modo soportaréis emprender mucho cuidado por vuestra purificación, a menos que os enojéis con vosotros mismos, y os castiguéis por aquellas cosas con las cuales, como siervos inútiles, habéis sido atrapados, consintiendo a vuestros malos deseos, para que podáis dejar entrar vuestra justa indignación sobre vuestra mente, como fuego sobre un campo en barbecho. Si, por tanto, no tenéis fuego justo, quiero decir indignación, contra los malos deseos, aprended de qué bienes habéis sido seducidos, y por quién habéis sido engañados, y para qué castigo estáis preparados; y así, vuestra mente estando sobria, y encendida en indignación como fuego por la enseñanza de Aquel que nos envió, podrá consumir las cosas malas del deseo. Creedme, que si queréis, podéis rectificar todas las cosas.»

    Capítulo IV. La Regla de Oro

    Hom. 11, 4

    «Vosotros sois la imagen del Dios invisible. Por tanto, no digan los que quieren ser piadosos que los ídolos son imágenes de Dios, y por eso es recto adorarlos. Pues la imagen de Dios es el hombre. El que desea ser piadoso hacia Dios hace bien al hombre, porque el cuerpo del hombre lleva la imagen de Dios. Pero no todos llevan aún su semejanza, sino la mente pura del alma buena sí. Sin embargo, como sabemos que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios, os decimos que seáis piadosos hacia él, para que el favor sea contado como hecho a Dios, de quien él es imagen. Por tanto, os conviene dar honor a la imagen de Dios, que es el hombre—de esta manera: alimento al hambriento, bebida al sediento, vestido al desnudo, cuidado al enfermo, refugio al extranjero, y visitar al que está en prisión, para ayudarle como podáis. Y para no hablar largamente, todo bien que cualquiera desea para sí mismo, así lo dé a otro en necesidad, y entonces una buena recompensa podrá serle contada como siendo piadoso hacia la imagen de Dios. Y por semejante razón, si no quiere emprender hacer estas cosas, será castigado como quien descuida la imagen.»

    Capítulo V. Por cuanto lo hicisteis a uno de estos

    Hom. 11, 5

    «¿Puede, por tanto, decirse que, por causa de la piedad hacia Dios, adoráis toda forma, mientras en todas las cosas injuriáis al hombre, que es realmente la imagen de Dios, cometiendo homicidio, adulterio, robo, y deshonrándolo en muchos otros respectos? Pero no debéis hacer ni siquiera una cosa mala por la cual el hombre sea agraviado. Mas ahora hacéis todas las cosas por las cuales el hombre es desanimado, pues la injusticia es también aflicción. Por lo cual, asesináis y despojáis sus bienes, y cuanto más sabéis que no recibiríais de otro. Pero vosotros, seducidos por algún reptil maligno a la malicia, por la sugestión de la doctrina politeísta, sois impíos hacia la imagen real, que es el hombre, y pensáis que sois piadosos hacia cosas insensatas.»

    Capítulo VI. Por qué Dios permite que subsistan los objetos de idolatría

    Hom. 11, 6

    «Pero algunos dicen: Si Él no quisiera que estas cosas existieran, no existirían, sino que Él las quitaría. Mas yo digo que ciertamente así será, cuando todos muestren su preferencia por Él, y así habrá un cambio del mundo presente. Sin embargo, si quisierais que Él obrara así, de modo que ninguna de las cosas que son adoradas subsistiera, decidme qué de las cosas existentes no habéis adorado. ¿No adoran algunos de vosotros el sol, y algunos la luna, y algunos el agua, y algunos la tierra, y algunos las montañas, y algunos las plantas, y algunos las semillas, y algunos también al hombre, como en Egipto? Por tanto, Dios no habría dejado subsistir nada, ni siquiera a vosotros, para que no hubiera ni adorado ni adorador. Verdaderamente esto es lo que la terrible serpiente que se oculta en vosotros querría, y no os perdona. Pero no será así. Pues no es la cosa adorada la que peca; pues sufre violencia a manos del que la adora. Porque aunque juicio injusto sea dictado por todos los hombres, no por Dios. Pues no es justo que el que sufre y el que dispone reciban el mismo castigo, a menos que él reciba voluntariamente el honor que pertenece solo al Más Honorable.»

    Capítulo VII. «Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega.»

    Hom. 11, 7

    «Pero se dirá que los adoradores mismos deberían ser quitados por el Dios verdadero, para que otros no lo hagan. Pero no sois más sabios que Dios, como para darle consejo como uno más prudente que Él. Él sabe lo que hace; pues es longánimo para con todos los que están en impiedad, como padre misericordioso y filántropo, sabiendo que los hombres impíos se vuelven piadosos. Y de aquellos mismos adoradores de cosas viles e insensatas, muchos, volviéndose sobrios, han cesado de adorar estas cosas y de pecar, y muchos griegos se han salvado para orar al Dios verdadero.»

    Capítulo VIII. Libertad y necesidad

    Hom. 11, 8

    «Pero, decís, Dios debería habernos hecho desde el principio de modo que no hubiéramos pensado en absoluto en tales cosas. Vosotros que decís esto no sabéis qué es el libre albedrío, y cómo es posible ser realmente bueno; que el que es bueno por su propia elección es realmente bueno; pero el que es hecho bueno por otro bajo necesidad no es realmente bueno, porque no es lo que es por su propia elección. Puesto que, por tanto, la libertad de cada uno constituye el verdadero bien, y muestra el verdadero mal, Dios ha dispuesto que la amistad o la enemistad estén en cada hombre por ocasiones. Pero no, se dice: todo lo que pensamos Él nos hace pensarlo. ¡Deteneos! ¿Por qué blasfemáis más y más, diciendo esto? Porque si estamos bajo su influencia en todo lo que pensamos, decís que Él es la causa de fornicaciones, concupiscencias, avaricia, y toda blasfemia. Cesad en vuestra maledicencia, vosotros que debéis hablar bien de Él, y otorgar todo honor a Él. Y no digáis que Dios no reclama ningún honor; porque si Él mismo no reclama nada, debéis mirar a lo que es recto, y responder con voz agradecida a Aquel que os hace bien en todas las cosas.»

    Capítulo IX. Dios, un Dios celoso

    Hom. 11, 9

    «Pero, decís vosotros, obramos mejor cuando damos gracias a la vez a Él y a todos los demás. Ahora bien, cuando decís esto, no conocéis la trama que se urde contra vosotros. Pues así como, cuando muchos médicos sin poder prometen curar a un enfermo, el que verdaderamente puede curarlo no aplica su remedio, considerando que, si lo curara, otros se llevarían el mérito; así también Dios no os hace bien cuando se le invoca junto con muchos que nada pueden. ¡Qué! Se dirá: ¿acaso Dios se enfurece por esto, si, cuando Él cura, otro se lleva el mérito? Respondo: Aunque no se indigne, en todo caso no será cómplice del engaño; pues cuando ha conferido un beneficio, el ídolo, que nada ha hecho, recibe el crédito del poder. Pero además os digo: si el que se postra en adoración ante ídolos insensatos no hubiera sido dañado naturalmente, quizá Él (Dios) habría soportado incluso esto. Por tanto, velad para que alcancéis un entendimiento razonable en materia de salvación. Pues Dios, no teniendo necesidad, ni Él mismo necesita algo, ni recibe daño; porque a nosotros corresponde ser aprovechados o perjudicados. Pues de la misma manera que César ni es perjudicado cuando se habla mal de él, ni aprovechado cuando se le da gracias, sino que la salvación sobreviene al que da gracias, y la ruina al que habla mal, así los que hablan bien de Dios en verdad a Él nada le aprovechan, sino que se salvan a sí mismos; y de igual modo, los que blasfeman de Él no le dañan, sino que ellos mismos perecen.»

    Capítulo X. Las criaturas vengan la causa de Dios

    Hom. 11, 10

    «Pero se dirá que los casos no son paralelos entre Dios y el hombre; y admito que no lo son: pues el castigo es mayor para el que es culpable de impiedad contra el mayor, y menor para el que peca contra el menor. Así, pues, como Dios es el más grande de todos, así el que es impío contra Él soportará mayor castigo, por pecar contra el mayor; no porque Él se defienda con su propia mano, sino porque toda la creación se indigna contra él, y naturalmente se venga de él. Pues al blasfemo el sol no le dará su luz, ni la tierra sus frutos, ni la fuente su agua, ni en el Hades el que allí está constituido príncipe dará descanso al alma; pues aun ahora, mientras subsiste la constitución del mundo, toda la creación está indignada contra él. Por lo cual ni las nubes dan lluvias suficientes, ni la tierra frutos, por lo que muchos perecen; sí, aun el aire mismo, inflamado de ira, se vuelve a cursos pestilentes. Sin embargo, cualesquiera bienes que disfrutamos, Él, por su misericordia, obliga a la criatura a nuestros beneficios. Aun así, contra vosotros que deshonráis al Hacedor de todo, toda la creación es hostil.»

    Capítulo XI. Inmortalidad del alma

    Hom. 11, 11

    «Y aunque por la disolución del cuerpo escapéis al castigo, ¿cómo podréis, por la corrupción, huir de vuestra alma, que es incorruptible? Pues el alma incluso del malvado es inmortal, para quien sería mejor no tenerla incorruptible. Pues, castigada con tormento interminable bajo fuego inextinguible, y nunca muriendo, no puede recibir fin de su miseria. Pero quizá alguno de vosotros dirá: "Nos aterrorizáis, oh Pedro". Enseñadnos, pues, cómo podemos callar acerca de estas cosas, y sin embargo deciros las cosas como son, pues de otro modo no podemos decíroslas. Pero si calláramos, seríais atrapados por males mediante la ignorancia. Pero si hablamos, se sospecha que os aterrorizamos con una teoría falsa. ¿Cómo, pues, encantaremos a aquella malvada serpiente que acecha en vuestra alma, y sutilmente insinúa sospechas hostiles a Dios, bajo la apariencia de amor a Dios? Reconciliaos con vosotros mismos; pues para vuestra salvación el recurso es Él con el bien obrar. La concupiscencia irracional en vosotros es hostil a Dios, pues por presunción de sabiduría fortalece la ignorancia.»

    Capítulo XII. Los ídolos inútiles

    Hom. 11, 12

    «Pero otros dicen: Dios no cuida de nosotros. Esto también es falso. Pues si realmente no cuidara, no haría salir su sol sobre buenos y malos, ni enviaría su lluvia sobre justos e injustos. Pero otros dicen: Somos más piadosos que vosotros, puesto que adoramos tanto a él como a las imágenes. No creo que, si uno dijera a un rey: 'Te doy una parte igual de honor a la que doy a cadáveres y a estiércol sin valor', creo que no sacaría provecho. Pero alguno dirá: ¿Llamáis estiércol a nuestros objetos de culto? Digo que sí, pues los habéis hecho inútiles para vosotros al apartarlos para el culto, mientras que su sustancia tal vez habría podido servir para otro propósito, o para el propósito de abono. Pero ahora no es útil ni siquiera para este propósito, puesto que habéis cambiado su forma y la adoráis. ¿Y cómo decís que sois más piadosos, vosotros que sois los más malvados de todos, que merecéis la destrucción de vuestras almas por este único pecado incomparable, a manos del que es verdadero, si permanecéis en él? Pues así como si un hijo, habiendo recibido muchos beneficios de su padre, diera a otro, que no es su padre, el honor debido a su padre, ciertamente es desheredado; pero si vive según el juicio de su padre, y así le agradece sus bondades, con razón es hecho heredero.»

    Capítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría

    Hom. 11, 13

    «Pero otros dicen: Obraremos impíamente si abandonamos los objetos de culto que nos fueron transmitidos por nuestros padres; pues es como la custodia de un depósito. Pero según este principio, ¡el hijo de un ladrón o de un disoluto no debería ser sobrio ni elegir la mejor parte, para no obrar impíamente y pecar por proceder de modo distinto a sus padres! Cuán necios son, pues, los que dicen: Adoramos estas cosas para no ser molestos a Él; como si Dios fuera molestado por los que lo bendicen, y no molestado por los que ingratamente lo blasfeman. ¿Por qué, pues, cuando hay retención de lluvia, miráis solo al cielo y derramáis oraciones y súplicas; y cuando la obtenéis, rápidamente olvidáis? Pues cuando habéis segado vuestra cosecha o recogido vuestra vendimia, repartís vuestras primicias entre esos ídolos que nada son, olvidando rápidamente a Dios vuestro bienhechor; y así vais a bosques y templos, y ofrecéis sacrificios y fiestas. Por lo cual algunos de vosotros decís: Estas cosas han sido excelentemente ideadas para el buen ánimo y el festín.»

    Capítulo XIV. Orgías paganas

    Hom. 11, 14

    «¡Oh hombres sin entendimiento! Juzgad rectamente lo que se dice. Pues si fuera necesario entregarse a algún placer para el refrigerio del cuerpo, ¿acaso sería mejor hacerlo entre los ríos, los bosques y las arboledas, donde hay entretenimientos, convivialidades y lugares sombríos, o donde está la locura de los demonios, cortes de manos, emasculaciones, furor y manía, desgreñamiento del cabello, gritos, entusiasmos y aullidos, y todas aquellas cosas que se hacen con hipocresía para confusión de los irreflexivos, cuando ofrecéis vuestras oraciones prescritas y acciones de gracias incluso a quienes están más muertos que los muertos?»

    Capítulo XV. Los adoradores paganos bajo el poder del demonio

    Hom. 11, 15

    «¿Y por qué os complacéis en estas prácticas? Puesto que la serpiente que acecha en vosotros, que ha sembrado en vosotros concupiscencia infructuosa, no os lo dirá; yo hablaré y lo dejaré consignado. Así está la cosa. Según el culto de Dios, se proclama ser sobrios, ser castos, refrenar la pasión, no hurtar los bienes ajenos, vivir rectamente, con moderación, sin temor, con mansedumbre; más bien abstenerse en las necesidades que suplir las propias faltas arrebatando injustamente la propiedad de otro. Pero con los llamados dioses se hace lo contrario. Y renunciáis a algunas cosas como hechas por vosotros, para admiración de vuestra rectitud; mientras que, aunque hicierais todo lo que se os manda, la ignorancia respecto de Dios es por sí sola suficiente para vuestra condenación. Pero reuniéndoos en los lugares que les habéis dedicado, os deleitáis en embriagaros, y encendéis vuestros altares, cuyo olor difundido por su influencia atrae a los espíritus ciegos y sordos al lugar de su fumigación. Y así, de los presentes, unos son llenados de inspiraciones, otros de extraños demonios, y otros se entregan a la lascivia, y otros al robo y al asesinato. Pues la exhalación de la sangre y la libación del vino satisfacen incluso a estos espíritus inmundos, que acechan dentro de vosotros y os hacen complaceros en las cosas que allí se realizan, y en sueños os rodean de falsas fantasías, y os castigan con miríadas de enfermedades. Pues bajo la apariencia de las llamadas víctimas sagradas sois llenados de demonios terribles, que, ocultándose astutamente, os destruyen, para que no entendáis la trama que se os tiende. Pues, bajo el pretexto de alguna injuria, o amor, o ira, o pena, o estrangulándoos con una cuerda, o ahogándoos, o arrojándoos de un precipicio, o por suicidio, o apoplejía, o alguna otra enfermedad, os privan de la vida.»

    Capítulo XVI. Todas las cosas cooperan para bien a los que aman a Dios

    Hom. 11, 16

    «Pero ninguno de nosotros puede sufrir tal cosa; sino que ellos mismos son castigados por nosotros, cuando, habiendo entrado en alguno, nos suplican que les permitamos salir lentamente. Pero alguno dirá quizá: Incluso algunos de los adoradores de Dios caen en tales sufrimientos. Digo que eso es imposible. Pues es adorador de Dios, de quien hablo, aquel que es verdaderamente piadoso, no uno que lo sea solo de nombre, sino que realmente cumple las obras de la ley que se le ha dado. Si alguno obra impíamente, no es piadoso; de la misma manera que, si el que es de otra tribu guarda la ley, es judío; pero el que no la guarda es griego. Pues el judío cree a Dios y guarda la ley, por cuya fe aleja también otros sufrimientos, aunque sean como montañas y pesados. Pero el que no guarda la ley es manifiestamente un desertor por no creer a Dios; y así, no como judío, sino como pecador, por su pecado es sometido a aquellos sufrimientos que están ordenados para el castigo de los pecadores. Pues, por la voluntad de Dios prescrita desde el principio, el castigo sigue justamente a aquellos que lo adoran a causa de las transgresiones; y esto es así, para que, habiendo ajustado cuentas con ellos mediante el castigo por el pecado como por una deuda, pueda presentar puros en el juicio universal a aquellos que se han vuelto a Él. Pues así como los malvados aquí gozan de lujo para pérdida de las bendiciones eternas, así se envían castigos a los judíos que transgreden, para un ajuste de cuentas, a fin de que, expiando aquí su transgresión, sean allí liberados de los castigos eternos.»

    Capítulo XVII. Hablar la verdad en amor

    Hom. 11, 17

    «Pero vosotros no podéis hablar así; pues no creéis que las cosas sean entonces como decimos; quiero decir, cuando haya recompensa para todos. Y por esto, ignorando vosotros lo que es ventajoso, sois seducidos por los placeres temporales para no asir las cosas eternas. Por lo cual intentamos haceros exhibiciones de lo que es provechoso, para que, convencidos de las promesas que pertenecen a la piedad, por buenas obras heredéis con nosotros el mundo sin dolor. Hasta que nos conozcáis, no os enojéis con nosotros, como si habláramos falsamente de las cosas buenas que deseamos para vosotros. Pues las cosas que nosotros consideramos verdaderas y buenas, esas no hemos tenido escrúpulo en traeros, sino que, por el contrario, nos hemos apresurado a haceros coherederos de cosas buenas, que hemos considerado tales. Pues así es necesario hablar a los incrédulos. Pero que realmente decimos la verdad en lo que hablamos, no podéis saberlo de otro modo sino escuchando primero con amor a la verdad.»

    Capítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente

    Hom. 11, 18

    «Por lo cual, en cuanto al asunto presente, aunque de diez mil maneras la serpiente que acecha en vosotros, sugiriendo razonamientos malvados y obstáculos, desea atraparos, tanto más debéis resistirle y escucharnos asiduamente. Pues os conviene, deliberando, como quienes han sido gravemente engañados, saber cómo debe ser encantada. Pero de ningún otro modo es posible. Y por encantamiento quiero decir poneros vosotros mismos por la razón en oposición a sus malos consejos, recordando que por la promesa de conocimiento trajo la muerte al mundo al principio.»

    Capítulo XIX. No paz, sino espada

    Hom. 11, 19

    «Por lo cual el Profeta de la verdad, sabiendo que el mundo estaba muy en el error, y viéndolo alineado del lado del mal, no quiso que hubiera paz para él mientras permaneciera en el error. De modo que hasta el fin se opone a todos los que están en concordia con la maldad, poniendo la verdad frente al error, enviando como fuego sobre los sobrios, a saber, ira contra el seductor, que es comparada a una espada, y al presentar la palabra destruye la ignorancia mediante el conocimiento, cortando, por así decir, y separando a los vivos de los muertos. Por tanto, mientras la maldad es vencida por el conocimiento legítimo, la guerra se ha apoderado de todos. Pues el hijo sumiso es, por causa de la salvación, separado del padre incrédulo, o el padre del hijo, o la madre de la hija, o la hija de la madre, y los parientes de los parientes, y los amigos de los compañeros.»

    Capítulo XX. ¿Y si ya está encendido?

    Hom. 11, 20

    «Y que nadie diga: ¿Cómo es justo esto, que los padres sean separados de sus hijos, y los hijos de sus padres? Es justo, incluso enteramente. Pues si permanecieran con ellos, y, después de no aprovecharles nada, fueran también destruidos junto con ellos, ¿cómo no es justo que el que desea salvarse sea separado del que no quiere, sino que desea destruirlo junto consigo? Además, no son los que juzgan mejor los que desean ser separados, sino que desean quedarse con ellos, y aprovecharles mediante la exposición de cosas mejores; y por tanto los incrédulos, no queriendo escucharles, les hacen la guerra, desterrándolos, persiguiéndolos, odiándolos. Pero los que sufren estas cosas, compadeciéndose de los que están atrapados por la ignorancia, por la enseñanza de la sabiduría oran por los que maquinan el mal contra ellos, habiendo aprendido que la ignorancia es la causa de su pecado. Pues el Maestro mismo, clavado en la cruz, oró al Padre para que el pecado de los que lo mataban fuera perdonado, diciendo: 'Padre, perdónalos sus pecados, porque no saben lo que hacen'. Ellos también, pues, siendo imitadores del Maestro en sus sufrimientos, oran por los que maquinan contra ellos, como se les ha enseñado. Por tanto, no son separados como odiando a sus padres, puesto que hacen oraciones constantes incluso por aquellos que no son ni padres ni parientes, sino enemigos, y se esfuerzan por amarlos, como se les ha mandado.»

    Capítulo XXI.—«Si yo soy padre, ¿dónde está mi temor?»

    Hom. 11, 21

    «Pero decidme, ¿cómo amáis a vuestros padres? Si, en verdad, lo hacéis considerando siempre lo que es recto, os felicito; pero si los amáis como sucede, entonces no es así, pues entonces por una pequeña ocasión podéis convertiros en sus enemigos. Pero si los amáis inteligentemente, decidme, ¿qué son los padres? Diréis que son las fuentes de nuestro ser. ¿Por qué, pues, no amáis la fuente del ser de todas las cosas, si en verdad habéis elegido hacer esto con recto entendimiento? Pero ahora diréis de nuevo: no lo hemos visto. ¿Por qué, pues, no lo buscáis, sino que adoráis cosas insensatas? ¿Y qué? Si incluso os fuera difícil saber qué es Dios, no podéis dejar de saber qué no es Dios, de modo que razonéis que Dios no es madera, ni piedra, ni bronce, ni ninguna otra cosa hecha de materia corruptible.»

    Capítulo XXII. «Los dioses que no hicieron los cielos.»

    Hom. 11, 22

    «Pues ¿no están ellos grabados con hierro? ¿Y no ha sido ablandado por el fuego el hierro que graba? ¿Y no se extingue el fuego mismo con agua? ¿Y no tiene el agua su movimiento del espíritu? ¿Y no tiene el espíritu el principio de su curso en el Dios que ha hecho todas las cosas? Pues así dijo el profeta Moisés: "En el principio hizo Dios el cielo y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas." Este Espíritu, al mandato de Dios, como su mano, hace todas las cosas, dividiendo la luz de las tinieblas, y después del cielo invisible desplegando el visible, para que los lugares de arriba sean habitados por los ángeles de la luz, y los de abajo por el hombre, y todas las criaturas que fueron hechas para su uso.»

    Capítulo XXIII. «A quien mucho se le da.»

    Hom. 11, 23

    «Pues por ti, oh hombre, mandó Dios que las aguas se retirasen de la faz de la tierra, para que esta pudiera darte frutos. E hizo cursos de agua para proveerte fuentes y para que se descubrieran lechos de ríos y pululasen los animales; en una palabra, para proveerte de todas las cosas. ¿No es, pues, por ti por quien soplan los vientos, caen las lluvias y cambian las estaciones para producir frutos? Además, por ti el sol y la luna, con los demás cuerpos celestes, cumplen sus salidas y sus puestas; y los ríos y lagunas, con todas las fuentes, te sirven. Por lo cual, oh insensato, así como se te ha dado mayor honor, así para ti, ingrato, se ha preparado mayor castigo por el fuego, porque no quisiste conocer a Aquel a quien ante todas las cosas te correspondía conocer.»

    Capítulo XXIV. «Nacidos del agua.»

    Hom. 11, 24

    «Y ahora, a partir de las cosas inferiores, aprended la causa de todo, razonando que el agua lo hace todo, y que el agua recibe la producción de su movimiento del espíritu, y el espíritu tiene su principio en el Dios de todo. Y así deberíais haber razonado, para que por la razón pudierais llegar a Dios; para que, conociendo vuestro origen y naciendo de nuevo por el agua primogénita, seáis constituidos herederos de los padres que os engendraron para la incorrupción.»

    Capítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien

    Hom. 11, 25

    «Por tanto, venid prontamente, como un hijo a un padre, para que Dios atribuya la ignorancia como causa de vuestros pecados. Pero si, después de ser llamados, no queréis o tardáis, seréis destruidos por el justo juicio de Dios, no queriendo vosotros, a causa de vuestro no querer. Y no penséis que, aunque fuerais más piadosos que todos los piadosos que jamás existieron, si no estáis bautizados, habréis de alcanzar esperanza. Pues tanto más, por esto mismo, sufriréis mayor castigo, porque habéis hecho obras excelentes no excelentemente. Porque el bien obrar es excelente cuando se hace como Dios lo ha mandado. Pero si no queréis ser bautizados según su beneplácito, servís a vuestra propia voluntad y os oponéis a su consejo.»

    Capítulo XXVI. El bautismo

    Hom. 11, 26

    «Pero quizá alguien dirá: ¿Qué contribuye a la piedad el ser bautizado con agua? En primer lugar, porque haces lo que agrada a Dios; y en segundo lugar, naciendo de nuevo para Dios por el agua, por razón del temor cambias tu primera generación, que es de concupiscencia, y así puedes alcanzar la salvación. De otro modo es imposible. Pues así nos lo ha jurado el Profeta, diciendo: “En verdad os digo: Si no fuereis regenerados por el agua viva en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, no entraréis en el reino de los cielos.” Por tanto, acercaos. Pues allí hay algo misericordioso desde el principio, llevado sobre el agua, que libra del castigo futuro a los bautizados con la triple invocación bienaventurada, ofreciendo como dones a Dios las buenas obras de los bautizados, siempre que se hagan después del bautismo. Por tanto, huid a las aguas, pues solo ellas pueden apagar la violencia de los fuegos. El que no quiere venir ahora a ellas lleva aún el espíritu de contienda, por lo cual no se acercará al agua viva para su propia salvación.»

    Capítulo XXVII. Todos necesitan el bautismo

    Hom. 11, 27

    «Por tanto, acercaos, seáis justos o injustos. Porque si sois justos, solo falta el bautismo para la salvación. Pero si sois injustos, venid a ser bautizados para la remisión de los pecados antes cometidos por ignorancia. Y al injusto le queda que su bien obrar después del bautismo sea según la proporción de su anterior impiedad. Por lo cual, seáis justos o injustos, apresuraos a nacer para Dios, porque la tardanza trae peligro, por no estar revelada la predeterminación de la muerte; y mostrad por el bien obrar vuestra semejanza con el Padre, que os engendra por el agua. Como amante de la verdad, honra al Dios verdadero como a tu Padre. Pero su honor es que viváis como Él, siendo justo, querría que vivierais. Y la voluntad del Justo es que no hagáis mal. Y el mal es homicidio, odio, envidia y cosas semejantes; y de estas hay muchas formas.»

    Capítulo XXVIII. La purificación

    Hom. 11, 28

    «Sin embargo, es necesario añadir a estas cosas algo que no tiene comunidad con el hombre, sino que es propio del culto de Dios. Me refiero a la purificación: no acercarse un hombre a su propia mujer cuando ella está en la separación, pues así lo manda la ley de Dios. ¿Y qué? Si la pureza no se añade al servicio de Dios, os revolcaríais placenteramente como las moscas del estiércol. Por lo cual, como hombres que tenéis algo más que los animales irracionales, a saber, la racionalidad, purificad vuestros corazones del mal con razonamiento celestial y lavad vuestros cuerpos en el baño. Pues la purificación según la verdad no consiste en que la pureza del cuerpo preceda a la purificación del corazón, sino en que la pureza siga a la bondad. Pues también nuestro Maestro, tratando con algunos de los fariseos y escribas que hay entre nosotros, que son separados, y que como escribas conocen las cosas de la ley más que otros, los reprobó como hipócritas, porque limpiaban solo lo que aparece a los hombres, pero omitían la pureza del corazón y lo que solo Dios ve.»

    Capítulo XIX. Pureza exterior e interior

    Hom. 11, 19

    «Por tanto, Él usó de esta memorable expresión, diciendo la verdad con respecto a los hipócritas de ellos, no con respecto a todos. Pues a algunos dijo que se les debía obediencia, porque estaban encargados de la cátedra de Moisés. Sin embargo, a los hipócritas dijo: "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de suciedad. ¡Fariseo ciego!, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera quede limpio." Y en verdad: pues cuando la mente es iluminada por el conocimiento, el discípulo puede ser bueno, y entonces sigue la pureza; porque del entendimiento interior se produce un cuidado bueno del cuerpo exterior. Y así como de la negligencia respecto del cuerpo no puede producirse el cuidado del entendimiento, así el hombre puro puede purificar lo de fuera y lo de dentro. Y el que, purificando lo de fuera, lo hace mirando a la alabanza de los hombres, y por la alabanza de los que miran, nada tiene de Dios.»

    Capítulo XXX. «Todo lo puro.»

    Hom. 11, 30

    «Pero ¿a quién no le es manifiesto que es mejor no tener trato con una mujer en su separación, sino estando purificada y lavada? Y también después de la cópula es propio lavarse. Pero si os molesta hacer esto, traed a la memoria cómo seguíais las partes de la pureza cuando servíais a ídolos insensatos; y avergonzaos de que ahora, cuando es necesario alcanzar, no digo más, sino alcanzar la entera y única pureza, seáis más perezosos. Considerad, pues, a Aquel que os hizo, y entenderéis quién es el que arroja sobre vosotros esta pereza respecto de la pureza.»

    Capítulo XXXI.— «¿Qué hacéis más que los demás?»

    Hom. 11, 31

    «Pero alguno de vosotros dirá: ¿Acaso debemos hacer todo cuanto hacíamos cuando éramos idólatras? Os digo: No todas las cosas; pero cuanto hicisteis bien, debéis hacerlo ahora, y más; pues cuanto en el error se hace bien, depende de la verdad, así como si algo se hace mal en la verdad, proviene del error. Recibid, pues, de todas partes las cosas que son vuestras, y no las ajenas, y no digáis: Si los que están en error hacen algo bien, no estamos obligados a hacerlo. Pues, por este principio, si alguno que adora ídolos no comete homicidio, nosotros deberíamos cometer homicidio, porque el que está en error no lo comete.»

    Capítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»

    Hom. 11, 32

    «No; antes bien, si los que están en error no matan, no nos airémos; si el que está en error no comete adulterio, no codiciemos ni en lo más mínimo; si el que está en error ama a quien lo ama, amemos incluso a quienes nos odian; si el que está en error presta a quienes tienen, demos a quienes no tienen. Indudablemente debemos —nosotros, que esperamos heredar la vida eterna— hacer cosas mejores que las buenas obras que hacen quienes solo conocen la vida presente, sabiendo que si sus obras, juzgadas con las nuestras en el día del juicio, fueran halladas iguales en bondad, nosotros tendremos vergüenza y ellos perdición, por haber obrado contra sí mismos por el error. Y digo que seremos avergonzados por esto: porque no hemos hecho más que ellos, aunque hemos conocido más que ellos. Y si seremos avergonzados si mostramos un bien obrar igual al suyo, y no más, ¿cuánto más si mostramos menos que su bien obrar?»

    Capítulo XXXIII. La reina del sur y los hombres de Nínive

    Hom. 11, 33

    «Y que en el día del juicio las obras de quienes han conocido la verdad serán comparadas con las buenas obras de quienes estuvieron en el error, el que no miente nos lo ha enseñado Él mismo, diciendo a quienes descuidaron venir a escucharlo: "La reina del sur se levantará con esta generación y la condenará, porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y he aquí uno mayor que Salomón está aquí", y no le creéis. Y a los del pueblo que no quisieron arrepentirse ante su predicación les dijo: "Los hombres de Nínive se levantarán con esta generación y la condenarán, porque oyeron y se arrepintieron con la predicación de Jonás; y he aquí uno mayor está aquí, y nadie cree." Y así, oponiendo a toda su impiedad a aquellos de entre los gentiles que han hecho el bien, para condenar a quienes, poseyendo la verdadera religión, no habían obrado tan bien como los que estaban en el error, exhortó a los que tienen razón no solo a hacer igual que los gentiles cuantas cosas son excelentes, sino más que ellos. Y este discurso me ha sido sugerido tomando ocasión de la necesidad de respetar la separación y de lavarse después de la cópula, y de no negar tal pureza, aunque quienes están en el error hagan lo mismo; puesto que quienes en el error hacen el bien, sin salvarse, sirven para condenación de quienes están en el culto de Dios y obran mal, porque su respeto por la pureza es por el error, y no por el culto del verdadero Padre y Dios de todo.»

    Capítulo XXXIV. El trabajo diario de Pedro

    Hom. 11, 34

    Dicho esto, despidió a las multitudes; y según su costumbre, habiendo participado del alimento con los más queridos para él, se fue a descansar. Y haciendo y discurriendo así día tras día, fortalecía con firmeza la ley de Dios, desafiando a los pretendidos dioses con la pretendida [génesis], y argumentando que no hay automatismo, sino que el mundo es gobernado según la providencia.

    Capítulo XXXV. «Guardaos de los falsos profetas.»

    Hom. 11, 35

    Entonces, cumplidos tres meses, me mandó ayunar durante varios días, y después me llevó a las fuentes que están junto al mar, y me bautizó como en agua perenne. Así, pues, mientras nuestros hermanos se alegraban por mi regeneración concedida por Dios, no muchos días después se volvió a los ancianos en presencia de toda la iglesia, y les encargó diciendo: «Nuestro Señor y Profeta, que nos ha enviado, nos declaró que el maligno, habiendo disputado con Él cuarenta días y no habiendo prevalecido nada contra Él, prometió que enviaría apóstoles de entre sus súbditos para engañar. Por lo cual, sobre todo, acordaos de evitar a todo apóstol, maestro o profeta que no compare primero con exactitud su predicación con la de Santiago, que fue llamado hermano de mi Señor, y a quien fue confiada la administración de la iglesia de los Hebreos en Jerusalén, y esto aunque venga a vosotros con testigos; no sea que la maldad que disputó cuarenta días con el Señor y nada prevaleció, después, como rayo que cae del cielo sobre la tierra, envíe un predicador para vuestro daño, como ahora ha enviado a Simón sobre nosotros, predicando, bajo pretexto de la verdad, en el nombre del Señor, y sembrando el error. Por lo cual Aquel que nos ha enviado dijo: "Muchos vendrán a mí con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis."

    Capítulo XXXVI. Despedida de Trípolis

    Hom. 11, 36

    Habiendo hablado así, envió heraldos delante a Antioquía de Siria, mandándoles que lo esperaran allí de inmediato. Entonces, cuando ellos partieron, Pedro, habiendo expulsado enfermedades, sufrimientos y demonios de grandes multitudes que se persuadieron, y habiéndolas bautizado en las fuentes que están junto al mar, y habiendo celebrado la Eucaristía, y habiendo designado como obispo suyo a Maroones, que lo había recibido en su casa y que ya estaba perfeccionado, y habiendo apartado doce ancianos, y habiendo señalado diáconos, y habiendo dispuesto lo relativo a las viudas, y habiendo hablado sobre el bien común lo que era provechoso para el orden de la iglesia, y habiéndoles aconsejado obedecer al obispo Maroones, cumplidos ya tres meses, se despidió de los de Trípolis de Fenicia y emprendió viaje a Antioquía de Siria, acompañándonos todo el pueblo con el debido honor.
    0 comentarios
    0 vistas

    Comentarios

    Inicia sesión para dejar un comentario

    No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
    Fin de la parte 22 de 27