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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 2. Su angustia
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
  41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
  49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
  50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
  58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
  66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
  67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
  68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
  69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
  70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
  71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
  72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
  73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
  74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
  75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
  76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
  77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
  79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
  80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
  81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
  82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
  83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
  84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
  85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
  87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
  88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
  89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
  90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
  91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
  92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
  93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
  94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
  95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
  96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
  97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
  98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
  99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
  100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
  101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
  102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
  103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
  104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
  105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
  106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
  107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
  108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
  109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
  110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
  111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
  112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
  113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
  114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
  115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
  116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
  117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
  118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
  119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
  120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
  121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
  122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
  123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
  124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
  125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
  126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
  127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
  128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
  129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
  130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
  131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
  132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
  133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
  134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
  135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
  136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
  137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
  138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
  139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
  140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
  141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
  142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
  143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
  144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
  145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
  146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
  147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
  148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
  149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
  150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
  151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
  152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
  153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
  154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
  155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
  156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
  157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
  158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
  159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
  160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
  161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
  162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
  163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
  164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
  165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
  166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
  167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
  168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
  169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
  170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
  171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
  172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
  173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
  174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
  175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
  176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
  177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
  178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
  179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
  180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
  181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
  182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
  183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
  184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
  185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
  186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
  187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
  188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
  189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
  190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
  191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
  192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
  193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
  194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
  195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
  196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
  197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
  198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
  199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
  200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
  201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
  202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
  203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
  204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
  205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
  206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
  207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
  208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
  209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
  210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
  211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
  212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
  213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
  214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
  215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

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    TEXTOS — PSEUDO-CLEMENTE

    Índice de la obra

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    Reconocimientos y Homilías clementinas

    Siglos III–IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa de las Ante-Nicene Fathers31 minPosición: 0% de esta parteParte 12 de 27 · Capítulo 39. Recapitulación del argumento de ayerPublicado el Actualizado el Ref. ESC-CLEM-02

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    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
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    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
    41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
    49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
    50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
    58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
    66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
    67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
    68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
    69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
    70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
    71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
    72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
    73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
    74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
    75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
    76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
    77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
    79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
    80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
    81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
    82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
    83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
    84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
    85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
    87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
    88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
    89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
    90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
    91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
    92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
    93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
    94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
    95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
    96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
    97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
    98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
    99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
    100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
    101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
    102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
    103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
    104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
    105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
    106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
    107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
    108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
    109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
    110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
    111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
    112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
    113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
    114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
    115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
    116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
    117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
    118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
    119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
    120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
    121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
    122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
    123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
    124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
    125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
    126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
    127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
    128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
    129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
    130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
    131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
    132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
    133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
    134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
    135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
    136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
    137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
    138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
    139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
    140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
    141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
    142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
    143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
    144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
    145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
    146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
    147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
    148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
    149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
    150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
    151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
    152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
    153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
    154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
    155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
    156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
    157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
    158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
    159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
    160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
    161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
    162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
    163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
    164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
    165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
    166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
    167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
    168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
    169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
    170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
    171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
    172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
    173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
    174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
    175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
    176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
    177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
    178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
    179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
    180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
    181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
    182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
    183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
    184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
    185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
    186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
    187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
    188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
    189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
    190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
    191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
    192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
    193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
    194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
    195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
    196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
    197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
    198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
    199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
    200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
    201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
    202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
    203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
    204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
    205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
    206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
    207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
    208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
    209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
    210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
    211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
    212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
    213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
    214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
    215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

    Capítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer

    Rec. VIII, 39

    Cuando Pedro hubo hablado así, al punto la multitud comenzó a hacer sitio al anciano. Y cuando este se adelantó, comenzó de este modo: Aunque no recuerdo las palabras del discurso que el joven pronunció ayer, sí tengo presente su contenido y su orden; y por eso juzgo necesario, en atención a quienes no estuvieron presentes ayer, traer a la memoria lo dicho y repetirlo todo brevemente, para que, si algo se me ha escapado, me lo recuerde el que pronunció el discurso, que ahora está presente. Este era, pues, el contenido de la discusión de ayer: que todas las cosas que vemos, en cuanto consisten en cierta proporción, arte, forma y especie, han de creerse hechas por un poder inteligente; pero si es la mente y la razón la que las ha formado, se sigue que el mundo es gobernado por la providencia de la misma razón, aunque las cosas que se hacen en el mundo puedan parecernos no del todo rectamente hechas. Pero se sigue que, si Dios y la mente es el creador de todas las cosas, ha de ser también justo; pero si es justo, necesariamente juzga. Si juzga, es necesario que los hombres sean juzgados según sus obras; y si cada uno es juzgado según sus obras, habrá en algún tiempo una separación justa entre los justos y los pecadores. Esto, pienso, fue la sustancia de todo el discurso.

    Capítulo 40. Génesis

    Rec. VIII, 40

    [«Si, por tanto, puede mostrarse que la mente y la razón crearon todas las cosas, se sigue que todo lo que viene después es también regido por la razón y la providencia. Pero si una naturaleza sin inteligencia y ciega produce todas las cosas, la razón del juicio queda sin duda derribada; y no hay fundamento para esperar castigo del pecado ni recompensa del bien obrar donde no hay juez. Puesto que, entonces, todo el asunto depende de esto y de este punto capital pende, no lo toméis a mal si deseo que esto se discuta y trate algo más plenamente. Porque en esto, por así decir, está cerrada la primera puerta hacia todo lo que se propone, y por eso deseo ante todo que se me abra. Ahora, pues, oíd cuál es mi doctrina; y si alguno de vosotros lo desea, que me responda; porque no me avergonzaré de aprender, si oigo lo que es verdad, ni de asentir al que habla rectamente. El discurso, pues, que pronunciasteis ayer, que afirmaba que todas las cosas consisten por arte, medida y razón, no me persuade plenamente de que la mente y la razón hayan hecho el mundo; porque tengo muchas cosas que puedo mostrar que consisten por competente medida, forma y especie, y que, sin embargo, no fueron hechas por mente y razón. Además, veo que muchas cosas se hacen en el mundo sin orden, consecuencia ni justicia, y que nada puede hacerse sin el curso del génesis. Esto lo probaré clarísimamente después, a partir de mi propio caso.»]

    Capítulo 41. El arco iris

    Rec. VIII, 41

    Cuando el anciano hubo hablado así, Aquila respondió: [«Puesto que tú mismo propusiste que cualquiera que lo desee tenga ocasión de responder a lo que digas, mi hermano Niceta me permite conducir hoy el argumento.»] Entonces el anciano: [«Prosigue, hijo mío, como te plazca.»] Y Aquila respondió: [«Prometiste que mostrarías que hay muchas cosas en el mundo que tienen forma y especie dispuestas por igual razón, las cuales, sin embargo, es evidente que no fueron hechas por Dios como su Creador. Ahora, pues, como has prometido, señala esas cosas.»] Entonces dijo el anciano: [«He aquí que vemos el arco en el cielo tomar forma circular, completado en toda proporción, y tener apariencia de realidad, lo cual tal vez ni la mente pudo construir ni la razón describir; y, sin embargo, no es hecho por mente alguna. He aquí que he expuesto todo en una palabra: ahora respóndeme.»]

    Capítulo 42. Tipos y formas

    Rec. VIII, 42

    Entonces dijo Aquila: Si algo se expresa a partir de un tipo y una forma, al punto se entiende que proviene de la razón y que no pudo hacerse sin mente; puesto que el tipo mismo, que expresa figuras y formas, no fue hecho sin mente. Por ejemplo, si se aplica cera a un anillo grabado, toma la impronta y la figura del anillo, el cual ciertamente carece de sentido; pero entonces el anillo, que expresa la figura, fue grabado por la mano de un artífice, y fueron la mente y la razón las que dieron el tipo al anillo. Así, pues, también el arco se expresa en el aire; porque el sol, imprimiendo sus rayos en las nubes en el proceso de rarefacción, y fijando el tipo de su circularidad en la humedad nubosa, como en cera blanda, produce la apariencia de un arco; y esto, como he dicho, se efectúa por la reflexión del resplandor del sol sobre las nubes, reproduciendo desde ellas el resplandor de su círculo. Ahora bien, esto no sucede siempre, sino solo cuando se presenta la oportunidad por la rarefacción de las nubes humedecidas. Y, en consecuencia, cuando las nubes de nuevo se condensan y unen, la forma del arco se disuelve y desaparece. Finalmente, el arco nunca se ve sin sol y nubes, así como la imagen no se produce a menos que haya el tipo, y cera, o algún otro material. Ni es maravilloso que Dios el Creador hiciera en el principio los tipos, de los cuales puedan ahora expresarse formas y especies. Pero esto es semejante a aquello: que en el principio Dios creó elementos insensibles, de los cuales pudiera servirse para formar y desarrollar todas las demás cosas. Pero aun los que forman estatuas primero hacen un molde de barro o cera, y de él se produce la figura de la estatua. Y después se produce también una sombra de la estatua, la cual sombra lleva siempre la forma y la semejanza de la estatua. ¿Qué diremos, pues? ¿Que la estatua insensible forma una sombra acabada con tan diligente cuidado como la estatua misma? ¿O que el acabado de la sombra ha de atribuirse sin vacilar a aquel que también ha modelado la estatua?

    Capítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios

    Rec. VIII, 43

    [«Si, pues, te parece que esto es así, y que lo dicho sobre este asunto es suficiente, pasemos a indagar otras cosas; o si piensas que algo falta todavía, repasémoslo de nuevo.»] Y el anciano dijo: [«Desearía que repasaras esto de nuevo, puesto que hay muchas otras cosas que veo hechas de manera semejante: pues los frutos de los árboles se producen del mismo modo, bellamente formados y admirablemente redondeados; y la apariencia de las hojas se forma con inmensa gracia, y la verde membrana está tejida con arte exquisito: además, las pulgas, ratones, lagartos y cosas semejantes, ¿diremos que estas son hechas por Dios? Por tanto, de estos objetos viles se deriva una conjetura acerca de los superiores: que de ningún modo están formados por el arte de la mente.»] [«Infieres bien,»] dijo Aquila, [«en cuanto a la contextura de las hojas y en cuanto a los animales pequeños, que de estos se retira la creencia respecto de las criaturas superiores; pero que no te engañen estas cosas, para que pienses que Dios, trabajando por así decir solo con dos manos, no pudo completar todo lo que está hecho; sino recuerda cómo mi hermano Niceta te respondió ayer, y verdaderamente te descubrió el misterio antes de tiempo, como un hijo que habla con su padre, y explicó por qué y cómo se hacen las cosas que parecen inútiles.»]

    Capítulo 44. Ordenado y desordenado

    Rec. VIII, 44

    Entonces el anciano: [«Querría oír de ti por qué esas cosas inútiles son hechas por la voluntad de aquella mente suprema.»] [«Si,»] dijo él, [«te es plenamente manifiesto que en ellas hay obra de mente y de razón, entonces no vacilarás en decir también por qué fueron hechas, y en declarar que han sido hechas rectamente.»] A esto respondió el anciano: [«No soy capaz, hijo mío, de decir que esas cosas que parecen formadas por arte sean hechas por la mente, a causa de otras cosas que vemos hacerse injusta y desordenadamente en el mundo.»] [«Si,»] dice Aquila, [«las cosas que se hacen desordenadamente no te permiten decir que se hacen por la providencia de Dios, ¿por qué las que se hacen ordenadamente no te obligan a decir que se hacen por Dios, y que la naturaleza irracional no puede producir una obra racional? Pues es cierto, y no lo negamos en absoluto, que en este mundo unas cosas se hacen ordenadamente y otras desordenadamente. Las cosas, por tanto, que se hacen racionalmente, cree que se hacen por providencia; pero las que se hacen irracional y desordenadamente, cree que acontecen naturalmente y suceden por accidente. Pero me admiro de que los hombres no perciban que, donde hay sentido, las cosas pueden hacerse ordenada y desordenadamente; pero donde no hay sentido, no puede hacerse ni lo uno ni lo otro; porque la razón hace el orden, y el curso del orden produce necesariamente algo desordenado, si algo contrario acontece para turbar el orden.»] Entonces el anciano: [«Eso mismo quiero que me muestres.»]

    Capítulo 45. Movimientos del sol y de la luna

    Rec. VIII, 45

    Dice Aquila: Lo haré sin demora. Dos signos visibles se muestran en el cielo: uno del sol, otro de la luna; y a estos siguen otras cinco estrellas, cada una describiendo su propia órbita separada. Estos, por tanto, los ha puesto Dios en el cielo, con los cuales se regula la temperatura del aire según las estaciones, y se guarda el orden de las vicisitudes y alternancias. Pero por medio de los mismos signos, si en algún tiempo se envía plaga y corrupción sobre la tierra por los pecados de los hombres, el aire se turba, la pestilencia se trae sobre los animales, el tizón sobre las cosechas, y un año destructivo en todo sentido sobre los hombres; y así es que por unos mismos medios el orden es a la vez guardado y destruido. Pues es manifiesto aun para los incrédulos e inexpertos que el curso del sol, que es útil y necesario al mundo, y que está asignado por la providencia, se guarda siempre ordenadamente; pero los cursos de la luna, en comparación con el curso del sol, parecen a los inexpertos desordenados e inestables en sus crecimientos y menguantes. Porque el sol se mueve en períodos fijos y ordenados: de él proceden las horas, de él el día cuando sale, de él también la noche cuando se pone; de él se cuentan los meses y los años, de él se producen las variaciones de las estaciones; mientras, subiendo a las regiones superiores, templa la primavera; pero cuando llega a la cima del cielo, enciende los calores del verano; de nuevo, descendiendo, produce el temple del otoño; y cuando retorna a su círculo más bajo, nos deja el rigor del frío invernal desde la atadura helada del cielo.

    Capítulo 46. El sol y la luna, ministros tanto del bien como del mal

    Rec. VIII, 46

    Pero sobre estos asuntos discurriremos más extensamente en otro momento. Ahora, entretanto, observamos que, aunque él es aquel buen servidor para regular los cambios de las estaciones, sin embargo, cuando se inflige castigo a los hombres según la voluntad de Dios, arde con más furor y abrasa el mundo con fuegos más vehementes. De manera semejante también el curso de la luna, y aquel cambio que parece desordenado a los inexpertos, está adaptado al crecimiento de las cosechas, del ganado y de todas las criaturas vivientes; pues por sus crecimientos y menguantes, por cierto maravilloso artificio de la providencia, todo lo que nace se nutre y crece; sobre lo cual podríamos hablar más extensamente y desenvolver el asunto en detalle, pero el método de la cuestión propuesta nos llama de nuevo. Sin embargo, con los mismos instrumentos con que se producen, todas las cosas se nutren y se acrecientan; mas cuando, por alguna causa justa, se cambia la regulación del orden establecido, surgen corrupción y enfermedad, para que el castigo venga sobre los hombres por la voluntad de Dios, como hemos dicho arriba.

    Capítulo 47. Castigos sobre justos e impíos

    Rec. VIII, 47

    Pero quizá diréis: ¿Qué hay del hecho de que, en ese castigo común, cosas semejantes acontezcan a los piadosos y a los impíos? Es verdad, y lo confesamos; pero el castigo redunda en ventaja de los piadosos, para que, siendo afligidos en la vida presente, vengan más purificados al futuro, en el cual se les prepara descanso perpetuo, y para que al mismo tiempo aun los impíos saquen algún provecho de su castigo, o bien para que sobre ellos recaiga la justa sentencia del juicio futuro; puesto que en los mismos castigos los justos dan gracias a Dios, mientras los injustos blasfeman. Por tanto, puesto que la opinión de las cosas se divide en dos partes: que unas cosas se hacen por orden y otras contra el orden, debe creerse, por las cosas que se hacen según orden, que hay providencia; pero respecto de las que se hacen contra el orden, debemos indagar sus causas de quienes las han aprendido por enseñanza profética: pues los que se han familiarizado con el discurso profético saben cuándo, y por qué razón, han ocurrido tizón, granizo, pestilencia y cosas semejantes en cada generación, y por qué pecados han sido enviadas como castigo; de donde han sobrevenido al género humano causas de tristeza, lamentaciones y duelos; de donde también ha seguido la enfermedad del temblor, y que esta ha sido desde el principio el castigo del parricidio.

    Capítulo 48. Castigos por los pecados

    Rec. VIII, 48

    [«Pues en el principio del mundo no existía ninguno de estos males, sino que tuvieron su origen en la impiedad de los hombres; y de allí, con el constante aumento de las iniquidades, se ha acrecentado también el número de los males. Mas por esta razón la divina providencia ha decretado un juicio respecto de todos los hombres, porque la vida presente no era tal que a cada uno se le pudiera tratar según sus merecimientos. Aquellas cosas, por tanto, que fueron bien y ordenadamente dispuestas desde el principio, cuando no existían causas de mal, no han de juzgarse por los males que han sobrevenido al mundo a causa de los pecados de los hombres. En fin, como indicio de las cosas que existían desde el principio, se hallan algunas naciones que son ajenas a estos males. Pues los Seres, porque viven castamente, se ven libres de todos ellos; porque entre ellos es ilícito allegarse a una mujer después que ha concebido, o mientras está en su purificación. Allí nadie come carne impura, nadie conoce cosa alguna de sacrificios; todos son jueces para sí mismos según justicia. Por esta razón no son castigados con aquellas plagas de que hemos hablado; viven hasta una extrema vejez y mueren sin enfermedad. Pero nosotros, miserables como somos, morando por así decir con serpientes mortíferas Ezequiel 2:6] —quiero decir, con hombres malvados—, necesariamente sufrimos con ellos las plagas de las aflicciones en este mundo, pero abrigamos esperanza por el consuelo de los bienes venideros.»

    Capítulo 49. Despreciados los preceptos de Dios

    Rec. VIII, 49

    [«Si,»] dijo el anciano, [«aun los justos son atormentados a causa de las iniquidades de otros, Dios, como quien prevé esto, debería haber mandado a los hombres no hacer aquellas cosas de las que se siguiera necesariamente que los justos fuesen afligidos con los injustos; o, si las hicieran, debería haber aplicado al mundo alguna corrección o purificación.»] [«Dios,»] dijo Aquila, así lo mandó, y dio preceptos por medio de los profetas sobre cómo deben vivir los hombres; pero aun estos preceptos los despreciaron: sí, y si alguno deseaba observarlos, a este lo afligían con diversas injurias, hasta que lo apartaban de su propósito de observancia y lo arrastraban a la turba de la infidelidad, haciéndolo semejante a ellos mismos.

    Capítulo 50. El Diluvio

    Rec. VIII, 50

    Por lo cual, en suma, al principio, cuando toda la tierra había sido manchada con pecados, Dios trajo un diluvio sobre el mundo, el cual decís que sucedió en tiempos de Deucalión; y en aquel tiempo salvó a cierto hombre justo, con sus hijos, en un arca, y con él la estirpe de todas las plantas y animales. Y aun los que nacieron de ellos, después de un tiempo, volvieron a hacer obras semejantes a las de sus predecesores; pues aquellas cosas que les habían acontecido fueron olvidadas, de modo que sus descendientes ni siquiera creyeron que el diluvio hubiera tenido lugar. Por lo cual Dios decretó también que no hubiera otro diluvio en el mundo presente, pues de otro modo habría habido uno en cada generación, conforme a la cuenta de sus pecados por causa de su incredulidad; sino que más bien concedió que ciertos ángeles que se complacen en el mal dominaran sobre las distintas naciones— y a ellos se les dio poder sobre los hombres individuales, pero solo con esta condición: si alguno se hubiera sometido primero a ellos pecando— hasta que viniera Aquel que se complace en el bien, y por Él se completara el número de los justos, y por el aumento del número de hombres piadosos en todo el mundo se reprimiera en cierta medida la impiedad, y se diera a conocer a todos que todo lo bueno es hecho por Dios.

    Capítulo 51. Males introducidos por el pecado

    Rec. VIII, 51

    Pero por la libertad de la voluntad, todo hombre, mientras no cree en las cosas venideras, por las malas obras se precipita en males. Y estas son las cosas del mundo que parecen hacerse contra el orden, las cuales deben su existencia a la incredulidad. Por tanto, la dispensación de la divina providencia debe ser admirada también por esto: concedió a aquellos hombres del principio, que andaban por el buen camino de la vida, gozar de bienes incorruptibles; pero cuando pecaron, por el pecado dieron a luz el mal. Y a todo bien se une el mal como por cierta alianza pactada de parte del pecado, puesto que en verdad la tierra ha sido contaminada con sangre humana, y se han encendido altares a los demonios, y han contaminado el aire mismo con el humo inmundo de los sacrificios; y así, al fin, los elementos, corrompidos primero, han entregado a los hombres la culpa de su corrupción, como las raíces comunican sus cualidades a las ramas y al fruto.

    Capítulo 52. [«No hay rosa sin espina.» ]

    Rec. VIII, 52

    Observad, pues, en esto, como he dicho, con cuánta justicia la divina providencia acude en ayuda de las cosas viciadas: que, puesto que los males que habían derivado su origen del pecado estaban asociados a los bienes de Dios, Él asignara dos jefes a estos dos departamentos. Y en consecuencia, a Aquel que se complace en el bien le ha encomendado el orden de las cosas buenas, para que lleve a los que creen en Él a la fe de su providencia; pero a aquel que se complace en el mal, le ha entregado las cosas que se hacen sin orden e inútilmente, de las cuales, por supuesto, la fe en su providencia entra en duda; y así se ha hecho una división justa por un Dios justo. De aquí, por tanto, es que, mientras el curso ordenado de las estrellas produce fe en que el mundo fue hecho por la mano de un artífice, por otra parte, la perturbación del aire, la brisa pestilente, el fuego descontrolado del rayo, arrojan duda sobre la obra de la providencia. Pues, como hemos dicho, todo bien tiene unido su correspondiente mal contrario; como el granizo es opuesto a las lluvias fecundantes, la corrupción del tizón está asociada al rocío suave, los torbellinos de las tormentas están unidos a los vientos suaves, los árboles infructíferos a los fructíferos, las hierbas nocivas a las útiles, los animales salvajes y destructivos a los mansos. Pero todas estas cosas están ordenadas por Dios, porque la elección de la voluntad de los hombres se ha apartado del propósito del bien y ha caído en el mal.

    Capítulo 53. Toda cosa tiene su contrario correspondiente

    Rec. VIII, 53

    [«Por tanto, esta división se mantiene en todas las cosas del mundo; y así como hay hombres piadosos, también los hay impíos; así como hay profetas, también hay falsos profetas; y entre los gentiles hay filósofos y falsos filósofos. También las naciones árabes, y muchas otras, han imitado la circuncisión de los judíos para servicio de su impiedad. Así también el culto de los demonios es contrario al culto divino, el bautismo al bautismo, las leyes a la ley, los falsos apóstoles a los apóstoles, y los falsos maestros a los maestros. Y de aquí es que entre los filósofos unos afirman la providencia, otros la niegan; algunos sostienen que hay un solo Dios, otros que hay más de uno: en resumen, la cosa ha llegado a esto: que mientras los demonios son expulsados por la palabra de Dios, por la cual se declara que hay providencia, el arte mágica, para confirmación de la infidelidad, ha encontrado modos de imitar esto por sus contrarios. Así se ha descubierto el método de contrarrestar el veneno de las serpientes con encantamientos, y la realización de curaciones contrarias a la palabra y al poder de Dios. El arte mágica ha encontrado también ministerios contrarios a los ángeles de Dios, poniendo la invocación de las almas y las ficciones de los demonios en oposición a estos. Y, para no alargar el discurso con una enumeración más extensa, no hay nada absolutamente que favorezca la creencia en la providencia, que no tenga, por otra parte, algo preparado para la incredulidad; y por eso, quienes no conocen esa división de las cosas, piensan que no hay providencia, a causa de aquellas cosas del mundo que son discordantes consigo mismas. Pero tú, padre mío, como hombre sabio, elige de esa división la parte que conserva el orden y favorece la creencia en la providencia, y no sigas solamente aquella parte que va contra el orden y anula la creencia en la providencia.»]

    Capítulo 54. Una ilustración

    Rec. VIII, 54

    A esto respondió el anciano: [«Muéstrame un camino, hijo mío, por el cual pueda establecer en mi mente uno u otro de estos dos órdenes, uno de los cuales afirma y el otro niega la providencia.»] [«Para quien tiene un juicio recto,»] dice Aquila, [«la decisión es fácil. Pues esto mismo que dices, orden y desorden, puede ser producido por un artífice, pero no por la naturaleza insensible. Porque supongamos, a modo de ilustración, que una gran mole fuera arrancada de una roca alta y arrojada de cabeza, y que al chocar contra el suelo se rompiera en muchos pedazos: ¿podría de algún modo suceder que, entre aquella multitud de fragmentos, se hallara siquiera uno que tuviera alguna figura y forma perfecta?»] El anciano respondió: [«Es imposible.»] [«Pero,»] dijo Aquila, [«si está presente un estatuario, él puede, con su mano diestra y su mente razonable, formar la piedra cortada de la montaña en la figura que le plazca.»] El anciano dijo: [«Eso es verdad.»] [«Por tanto,»] dice Aquila, [«cuando no hay mente racional, no puede formarse figura alguna de la masa; pero cuando hay una mente que diseña, puede haber tanto forma como deformidad: por ejemplo, si un artesano corta de la montaña un bloque al que desea dar una forma, primero debe cortarlo informe y tosco; luego, martillándolo y tallándolo gradualmente según la regla de su arte, expresa la forma que ha concebido en su mente. Así, pues, de la informidad o deformidad, por la mano del artesano se alcanza la forma, y ambas proceden del artesano. De igual manera, por tanto, las cosas que se hacen en el mundo son realizadas por la providencia de un artífice, aunque puedan no parecer del todo ordenadas. Y por eso, porque estos dos caminos te han sido dados a conocer, y has oído sus divisiones, huye del camino de la incredulidad, no sea que acaso te lleve a aquel príncipe que se complace en los males; pero sigue el camino de la fe, para que llegues a aquel Rey que se complace en los hombres buenos.»]

    Capítulo 55. Los dos reinos

    Rec. VIII, 55

    A esto respondió el anciano: [«Pero ¿por qué fue hecho aquel príncipe que se complace en el mal? ¿Y de qué fue hecho? ¿O no fue hecho?»] Aquila dijo: [«El tratamiento de ese asunto pertenece a otro momento; pero para que no te vayas del todo sin respuesta a esto, daré algunas indicaciones también sobre este tema. Dios, previendo todas las cosas antes de la creación del mundo, sabiendo que los hombres que habrían de existir se inclinarían algunos ciertamente al bien, pero otros a lo contrario, asignó a los que escogieran el bien a su propio gobierno y su propio cuidado, y los llamó su herencia peculiar; pero entregó el gobierno de los que se apartaran al mal a aquellos ángeles que, no por su sustancia, sino por oposición, no quisieron permanecer con Dios, corrompidos por el vicio de la envidia y de la soberbia. A aquellos, por tanto, los hizo príncipes dignos de súbditos dignos; mas los entregó de tal modo a aquellos ángeles, que no tienen poder de hacer contra ellos lo que quieran, a menos que traspasen los límites que les fueron asignados desde el principio. Y este es el límite asignado: que, a menos que uno haga primero la voluntad de los demonios, los demonios no tienen poder sobre él.»]

    Capítulo 56. Origen del mal

    Rec. VIII, 56

    Entonces el anciano dijo: [«Lo has expuesto excelentemente, hijo mío. Solo queda ahora que me digas de dónde es la sustancia del mal: pues si fue hecha por Dios, el fruto malo muestra que la raíz está en falta; porque parece que ella también es de naturaleza mala. Pero si esta sustancia era coeterna con Dios, ¿cómo puede lo que era igualmente no producido y coeterno estar sujeto a lo otro?»] [«No fue siempre,»] dijo Aquila; [«pero tampoco se sigue necesariamente, si fue hecha por Dios, que su Creador deba ser pensado tal como es aquello que ha sido hecho por Él. Pues en verdad Dios hizo la sustancia de todas las cosas; pero si una mente razonable, que ha sido hecha por Dios, no se aquieta en las leyes de su Creador, y va más allá de los límites de la templanza que le fueron prescritos, ¿cómo recae esto sobre el Creador? O si hay alguna razón más alta que esta, no la conocemos; pues no podemos conocer nada perfectamente, y especialmente acerca de aquellas cosas por cuya ignorancia no hemos de ser juzgados. Pero aquellas cosas por las que hemos de ser juzgados son facilísimas de entender, y se despachan casi en una palabra. Pues casi toda la regla de nuestras acciones se resume en esto: que lo que no queremos sufrir, no lo hagamos a otros. Pues así como no querrías ser matado, debes guardarte de matar a otro; y así como no querrías que tu propio matrimonio fuera violado, no debes mancillar el lecho ajeno; no querrías ser robado, pues tampoco debes robar; y todo asunto de las acciones de los hombres se comprende dentro de esta regla.»]

    Capítulo 57. El anciano no convencido

    Rec. VIII, 57

    Entonces el anciano: [«No tomes a mal, hijo mío, lo que voy a decir. Aunque tus palabras son poderosas, no pueden llevarme a creer que algo pueda hacerse al margen de la Génesis. Pues sé que todas las cosas me han sucedido por la necesidad de la Génesis, y por tanto no puedo ser persuadido de que el hacer bien o el hacer mal esté en nuestro poder; y si no tenemos nuestras acciones en nuestro poder, no se puede creer que haya un juicio venidero por el cual o bien se inflijan castigos a los malos, o bien se otorguen recompensas a los buenos. En suma, puesto que veo que estás iniciado en esta clase de saber, te expondré unas pocas cosas del arte misma.»] [«Si,»] dice Aquila, [«deseas añadir algo de esa ciencia, mi hermano Clemente te responderá con todo cuidado, pues él se ha dedicado más plenamente a la ciencia de las matemáticas. Porque yo puedo sostener por otras vías que nuestras acciones están en nuestro propio poder; pero no debo presumir de aquellas cosas que no he aprendido.»]

    Capítulo 58. Juzgando a Dios

    Rec. VIII, 58

    Cuando Aquila hubo hablado así, entonces yo, Clemente, dije: [«Mañana, padre mío, hablarás como te plazca, y con gusto te escucharemos; pues supongo que también te será grato tener que habértelas con quienes no ignoran la ciencia que profesas.»] Cuando, por tanto, se hubo acordado entre el anciano y yo que al día siguiente sostendríamos una discusión sobre la Génesis —si todas las cosas se hacen bajo su influencia, o si hay algo en nosotros que no sea hecho por la Génesis, sino por el juicio de la mente— Pedro se levantó y comenzó a hablar en este sentido: A mí me parece sumamente admirable que los hombres hagan difíciles con pensamientos y palabras recónditos cosas que fácilmente pueden descubrirse; y especialmente aquellos que se creen sabios y que, queriendo comprender la voluntad de Dios, tratan a Dios como si fuera un hombre, sí, como si fuera algo menos que un hombre: pues nadie puede conocer el propósito o la mente de un hombre a menos que él mismo revele sus pensamientos; y tampoco puede nadie aprender una profesión a menos que durante largo tiempo sea instruido por un maestro. ¡Cuánto más debe ser que nadie pueda conocer la mente o la obra del Dios invisible e incomprensible, a menos que Él mismo envíe un profeta a declarar su propósito y exponer el modo de su creación, en la medida en que a los hombres es lícito aprenderlo! Por tanto, me parece ridículo cuando los hombres juzgan el poder de Dios por vías naturales, y piensan que esto es posible y aquello imposible para Él, o esto mayor y aquello menor, mientras lo ignoran todo; los cuales, siendo hombres injustos, juzgan al Dios justo; inexpertos, juzgan al artífice; corruptos, juzgan al incorruptible; criaturas, juzgan al Creador.

    Capítulo 59. El verdadero Profeta

    Rec. VIII, 59

    Pero no quisiera que penséis que, al decir esto, quito el poder de juzgar acerca de las cosas; sino que doy consejo de que nadie camine por lugares desviados y se precipite en errores sin fin. Y por tanto aconsejo no solo a los sabios, sino ciertamente a todos los hombres que tienen deseo de conocer lo que les es ventajoso, que busquen al verdadero Profeta; pues solo Él conoce todas las cosas, y sabe qué busca cada hombre y de qué modo. Porque Él está dentro de la mente de cada uno de nosotros, pero en aquellos que no tienen deseo del conocimiento de Dios y de su justicia, está inoperante; mas obra en aquellos que buscan lo que es provechoso para sus almas, y enciende en ellos la luz del conocimiento. Por lo cual buscadle ante todo; y si no le halláis, no esperéis aprender nada de ningún otro. Pero pronto es hallado por aquellos que diligentemente le buscan por amor de la verdad, y cuyas almas no son poseídas por la maldad. Pues Él está presente con los que le desean en la inocencia de sus espíritus, los cuales soportan con paciencia y sacan suspiros del fondo de sus corazones por amor de la verdad; pero abandona las mentes malévolas, [], porque como profeta conoce los pensamientos de cada uno. Y por tanto, nadie piense que puede hallarle por su propia sabiduría, a menos que, como hemos dicho, vacíe su mente de toda maldad y conciba un deseo puro y fiel de conocerle. Pues cuando alguien se ha preparado de este modo, Él mismo, como profeta, viendo una mente preparada para Él, por su propia voluntad se ofrece a su conocimiento.

    Capítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas

    Rec. VIII, 60

    Por tanto, si alguno desea aprender todas las cosas, no puede hacerlo discutiéndolas una por una; pues, siendo mortal, no podrá rastrear el consejo de Dios ni escrutar la inmensidad misma. Pero si, como hemos dicho, desea aprender todas las cosas, busque al verdadero Profeta; y cuando le haya hallado, no trate con Él por medio de preguntas, disputas y argumentos; sino que si Él ha dado alguna respuesta o pronunciado algún juicio, no puede dudarse de que ello es cierto. Y por tanto, ante todas las cosas, búsquese al verdadero Profeta, y agárrense sus palabras. Respecto a estas, solo esto debe ser discutido por cada uno: que se cerciore de si son verdaderamente sus palabras proféticas; es decir, si contienen fe indudable de las cosas venideras, si señalan tiempos definidos, si conservan el orden de las cosas, si no relatan como últimas las cosas que son primeras, ni como primeras las que fueron hechas últimas, si no contienen nada sutil, nada compuesto por el arte mágica para engañar, o si no han transferido a sí mismas cosas que fueron reveladas a otros, y las han mezclado con falsedades. Y cuando, habiendo sido discutidas todas estas cosas con recto juicio, se establezca que son palabras proféticas, entonces deben ser creídas de inmediato acerca de todas las cosas sobre las que han hablado y respondido.

    Capítulo 61. La ignorancia de los filósofos

    Rec. VIII, 61

    Porque consideremos con diligencia la obra de la divina providencia. Pues mientras los filósofos han introducido ciertas palabras sutiles y difíciles, de modo que ni siquiera los términos que emplean en sus discursos puedan ser conocidos y entendidos por todos, Dios ha mostrado que quienes se tenían por forjadores de palabras son del todo inhábiles en lo que toca al conocimiento de la verdad. Porque el conocimiento de las cosas que imparte el verdadero Profeta es sencillo, llano y breve; conocimiento del que están enteramente ignorantes esos hombres que andan por lugares desviados y por las pedregosas dificultades de las palabras. Por tanto, para las mentes modestas y sencillas, cuando ven cumplirse lo que fue predicho, es suficiente, y más que suficiente, que reciban certísimo conocimiento de la certísima presciencia; y en lo demás queden en paz, habiendo recibido conocimiento evidente de la verdad. Porque todas las demás cosas se tratan por opinión, en la cual nada puede haber firme. Pues ¿qué discurso hay que no pueda ser contradicho? ¿Y qué argumento existe que no pueda ser derribado por otro argumento? Y de aquí proviene que, con disputación de esta clase, los hombres jamás pueden llegar a un fin de conocimiento y doctrina, sino que hallan el fin de su vida antes que el fin de sus cuestiones.

    Capítulo 62. Fin de la conferencia

    Rec. VIII, 62

    [«Y, por tanto, puesto que entre estos filósofos hay cosas inciertas, debemos acudir al verdadero Profeta. A Él quiso Dios Padre que todos lo amasen, y por ello se ha dignado extinguir por completo aquellas opiniones que tuvieron origen en los hombres, y acerca de las cuales nada hay semejante a la certeza, para que Él, el verdadero Profeta, fuese más buscado, y para que Aquel a quien ellos habían oscurecido mostrase a los hombres el camino de la verdad. Pues por esto también hizo Dios el mundo, y por Él el mundo está lleno; de donde también Él está cerca en todo lugar de los que lo buscan, aunque sea buscado en los confines más remotos de la tierra. Pero si alguno lo busca no puramente, ni santamente, ni fielmente, Él está ciertamente dentro de él, porque está en todas partes, y se halla dentro de las mentes de todos los hombres; mas, como hemos dicho antes, está dormido para los incrédulos, y se le tiene por ausente de aquellos por quienes no se cree su existencia.»] Y cuando Pedro hubo dicho esto, y más en el mismo sentido, acerca del verdadero Profeta, despidió a la multitud; y aunque rogó con gran vehemencia al anciano que se quedase con nosotros, nada pudo lograr; sino que también él se marchó, para volver al día siguiente, según se había convenido. Y después de esto, también nosotros, con Pedro, nos fuimos a nuestro alojamiento, y gozamos de nuestra acostumbrada comida y descanso.
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