1. Por tanto Santiago, habiendo leído la epístola, mandó llamar a los ancianos; y habiéndola leído ante ellos, dijo: «Nuestro Pedro nos ha encargado estricta y convenientemente acerca del establecimiento de la verdad, que no comuniquemos los libros de sus predicaciones, que nos han sido enviados, a cualquiera al azar, sino a uno que sea bueno y religioso, y que quiera enseñar, y que sea circuncidado, y fiel. Y no todos han de serle entregados de una vez; para que, si fuere hallado imprudente en los primeros, no se le confíen los otros. Por lo cual sea probado no menos de seis años. Y entonces, conforme a la iniciación de Moisés, el que ha de entregar los libros lo lleve a un río o a una fuente, que es agua viva, donde tiene lugar la regeneración de los justos, y hágale, no jurar—pues eso no es lícito—sino estar de pie junto al agua y adjurar, como nosotros mismos, cuando fuimos regenerados, fuimos hechos hacer para no pecar.»
2. «Y diga: 'Pongo por testigos al cielo, a la tierra, al agua, en la cual todas las cosas se comprenden, y además de todos estos, también a aquel aire que todo lo penetra, y sin el cual no puedo respirar, que seré siempre obediente a aquel que me da los libros de las predicaciones; y esos mismos libros que él me diere, no los comunicaré a nadie de manera alguna, ya sea escribiéndolos, o dándolos por escrito, o dándolos a un escriba, ya sea yo mismo o por otro, o por cualquier otra iniciación, o treta, o método, o guardándolos descuidadamente, o poniéndolos delante de alguno, o concediéndole permiso de verlos, o de cualquier modo o manera comunicándolos a otro; a menos que yo averigüe que uno es digno, como yo mismo he sido juzgado, o aún más, y eso después de una probación de no menos de seis años; sino que a uno que sea religioso y bueno, elegido para enseñar, como yo los he recibido, así se los entregaré, haciendo estas cosas también según la voluntad de mi obispo.»
3. «'Mas de otro modo, aunque fuere mi hijo o mi hermano, o mi amigo, o de otra manera en algún modo me perteneciere por parentesco, si fuere indigno, que no le otorgaré el favor, como no es justo; y no seré aterrorizado por maquinaciones ni ablandado por dádivas. Pero si aun alguna vez me pareciere que los libros de las predicaciones que me han sido dados no son verdaderos, no los comunicaré así, sino que los devolveré. Y cuando saliere fuera, los llevaré conmigo, cuantos de ellos posea. Pero si no quisiere llevarlos conmigo, no permitiré que estén en mi casa, sino que los depositaré en mi obispo, teniendo la misma fe, y procediendo de las mismas personas que yo. Pero si me sobreviniere estar enfermo, y en expectación de la muerte, y si fuere sin hijos, obraré de la misma manera. Mas si muriere teniendo un hijo que no sea digno, o que aún no sea capaz, obraré de la misma manera. Pues los depositaré en mi obispo, a fin de que si mi hijo, cuando crezca, fuere digno de la confianza, se los dé como legado de su padre, conforme a los términos de este compromiso.»
4. «'Y que así lo haré, pongo de nuevo por testigos al cielo, a la tierra, al agua, en la cual todas las cosas están envueltas, y además de todos estos, al aire que todo lo penetra, sin el cual no puedo respirar, que seré siempre obediente a aquel que me da estos libros de las predicaciones, y observaré en todas las cosas lo que he comprometido, o aun algo más. A mí, por tanto, guardando este pacto, me cabrá parte con los santos; mas a mí, haciendo algo contrario a lo que he pactado, que el universo me sea hostil, y el éter que todo lo penetra, y el Dios que está sobre todo, a quien nadie es superior, a quien nadie es mayor. Pero si aun llegare yo a conocimiento de otro Dios, ahora juro por él también, sea o no sea, que no obraré de otro modo. Y además de todas estas cosas, si mintiere, seré maldito vivo y muerto, y seré castigado con castigo eterno.»
«Y después de esto, participe de pan y sal con aquel que se los entrega.»