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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 2. Su angustia
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
  41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
  49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
  50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
  58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
  66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
  67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
  68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
  69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
  70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
  71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
  72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
  73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
  74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
  75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
  76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
  77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
  79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
  80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
  81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
  82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
  83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
  84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
  85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
  87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
  88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
  89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
  90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
  91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
  92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
  93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
  94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
  95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
  96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
  97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
  98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
  99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
  100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
  101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
  102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
  103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
  104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
  105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
  106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
  107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
  108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
  109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
  110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
  111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
  112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
  113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
  114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
  115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
  116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
  117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
  118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
  119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
  120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
  121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
  122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
  123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
  124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
  125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
  126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
  127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
  128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
  129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
  130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
  131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
  132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
  133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
  134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
  135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
  136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
  137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
  138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
  139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
  140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
  141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
  142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
  143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
  144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
  145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
  146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
  147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
  148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
  149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
  150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
  151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
  152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
  153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
  154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
  155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
  156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
  157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
  158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
  159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
  160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
  161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
  162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
  163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
  164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
  165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
  166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
  167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
  168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
  169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
  170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
  171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
  172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
  173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
  174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
  175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
  176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
  177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
  178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
  179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
  180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
  181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
  182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
  183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
  184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
  185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
  186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
  187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
  188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
  189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
  190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
  191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
  192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
  193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
  194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
  195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
  196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
  197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
  198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
  199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
  200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
  201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
  202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
  203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
  204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
  205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
  206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
  207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
  208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
  209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
  210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
  211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
  212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
  213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
  214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
  215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

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    TEXTOS — PSEUDO-CLEMENTE

    Índice de la obra

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    Reconocimientos y Homilías clementinas

    Siglos III–IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa de las Ante-Nicene Fathers41 minPosición: 0% de esta parteParte 6 de 27 · Capítulo 31. Diligencia en el estudioPublicado el Actualizado el Ref. ESC-CLEM-02

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    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
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    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
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    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
    41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
    49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
    50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
    58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
    66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
    67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
    68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
    69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
    70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
    71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
    72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
    73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
    74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
    75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
    76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
    77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
    79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
    80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
    81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
    82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
    83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
    84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
    85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
    87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
    88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
    89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
    90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
    91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
    92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
    93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
    94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
    95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
    96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
    97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
    98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
    99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
    100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
    101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
    102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
    103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
    104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
    105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
    106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
    107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
    108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
    109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
    110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
    111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
    112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
    113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
    114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
    115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
    116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
    117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
    118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
    119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
    120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
    121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
    122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
    123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
    124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
    125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
    126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
    127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
    128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
    129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
    130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
    131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
    132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
    133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
    134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
    135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
    136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
    137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
    138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
    139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
    140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
    141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
    142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
    143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
    144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
    145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
    146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
    147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
    148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
    149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
    150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
    151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
    152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
    153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
    154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
    155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
    156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
    157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
    158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
    159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
    160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
    161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
    162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
    163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
    164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
    165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
    166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
    167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
    168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
    169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
    170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
    171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
    172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
    173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
    174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
    175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
    176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
    177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
    178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
    179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
    180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
    181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
    182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
    183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
    184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
    185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
    186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
    187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
    188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
    189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
    190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
    191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
    192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
    193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
    194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
    195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
    196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
    197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
    198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
    199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
    200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
    201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
    202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
    203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
    204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
    205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
    206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
    207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
    208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
    209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
    210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
    211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
    212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
    213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
    214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
    215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

    Capítulo 31. Diligencia en el estudio

    Rec. III, 31

    Pero al día siguiente, Pedro, como de costumbre, levantándose antes del alba, nos encontró ya despiertos y dispuestos a escuchar; y así comenzó: [«Os ruego, hermanos míos y consiervos, que si alguno de vosotros no es capaz de despertar, no se atormente por respeto a mi presencia, porque el cambio repentino es difícil; pero si por largo tiempo uno se acostumbra gradualmente, no será penoso lo que viene del uso. Pues no todos tuvimos el mismo entrenamiento; aunque con el tiempo podremos ser moldeados en un solo hábito, pues dicen que la costumbre ocupa el lugar de una segunda naturaleza. Pero pongo a Dios por testigo de que no me ofendo, si alguno no es capaz de despertar; sino más bien por esto: si, cuando alguno duerme toda la noche, no cumple durante el día aquello que omitió en la noche. Pues es necesario atender intensamente y sin cesar al estudio de la doctrina, para que nuestra mente se llene solo del pensamiento de Dios: porque en la mente que está llena del pensamiento de Dios, no se dará lugar al maligno.»]

    Capítulo 32. Instrucción privada de Pedro

    Rec. III, 32

    Cuando Pedro nos habló así, todos nosotros le aseguramos ansiosamente que ya estábamos despiertos, satisfechos con un sueño breve, pero que temíamos despertarlo, porque no correspondía a los discípulos mandar al maestro; [«y sin embargo, oh Pedro, esto mismo casi nos habíamos atrevido a tomarnos por nuestra cuenta, porque nuestros corazones, agitados por el anhelo de tus palabras, expulsaron por completo el sueño de nuestros ojos. Pero de nuevo nuestro afecto hacia ti se opuso, y no nos permitió despertarte violentamente.»] Entonces Pedro dijo: [«Puesto que, pues, afirmáis que estáis voluntariamente despiertos por el deseo de oír, deseo repetiros con más cuidado, y explicar en su orden, las cosas que ayer se dijeron sin arreglo. Y esto me propongo hacer durante estas disputas diarias: que por la noche, cuando se ofrece la privacidad del tiempo y del lugar, yo despliegue en orden correcto, y por una línea recta de explicación, cualquier cosa que en la controversia no haya sido expuesta con suficiente plenitud.»] Y entonces comenzó a señalarnos cómo la discusión de ayer debía haber sido conducida, y cómo no pudo serlo por la contenciosidad o la impericia de su oponente; y cómo, por tanto, solo hizo uso de la afirmación, y solo derribó lo dicho por su adversario, pero no expuso sus propias doctrinas ni completa ni distintamente. Luego, repitiéndonos los diversos asuntos, los discutió en orden regular y con plena razón.

    Capítulo 33. Aprendices y caviladores

    Rec. III, 33

    Pero cuando el día comenzó a clarear, después de orar salió hacia las multitudes y se puso en su lugar acostumbrado, para la discusión; y viendo a Simón de pie en medio de la multitud, saludó al pueblo en su manera usual, y les dijo: Confieso que estoy afligido respecto a algunos hombres, que vienen a nosotros de esta manera para aprender algo, pero cuando comenzamos a enseñarles, profesan que ellos mismos son maestros, y mientras que hacen preguntas como ignorantes, contradicen como entendidos. Pero quizás alguien dirá que el que hace una pregunta, la hace realmente para aprender, pero cuando lo que oye no le parece ser correcto, es necesario que responda, y eso parece ser contradicción lo que no es contradicción, sino investigación ulterior.

    Capítulo 34. Contra el orden es contra la razón

    Rec. III, 34

    [«Que tal persona, pues, oiga esto: La enseñanza de toda doctrina tiene un cierto orden, y hay algunas cosas que deben ser entregadas primero, otras en segundo lugar, y otras en tercero, y así todas en su orden; y si estas cosas son entregadas en su orden, se vuelven claras; pero si son presentadas fuera de orden, parecerán dichas contra la razón. Y por tanto el orden ha de ser observado sobre todas las cosas, si buscamos con el propósito de encontrar lo que buscamos. Pues quien entra rectamente en el camino, observará el segundo lugar en su debido orden, y desde el segundo encontrará más fácilmente el tercero; y cuanto más avanza, tanto más se abrirá ante él el camino del conocimiento, hasta que llegue a la ciudad de la verdad, a la cual se dirige, y a la cual desea alcanzar. Pero el que es inhábil, y desconoce el camino de la investigación, como un viajero en un país extranjero, ignorante y errante, si no quiere emplear a un nativo del país como guía, — sin duda, cuando se haya extraviado del camino de la verdad, permanecerá fuera de las puertas de la vida, y así, envuelto en las tinieblas de la noche negra, caminará por las sendas de la perdición. Por tanto, como si las cosas que han de buscarse, se buscan de manera ordenada, pueden encontrarse más fácilmente, pero el hombre inhábil ignora el orden de la investigación, es justo que el ignorante ceda ante el que sabe, y primero aprenda el orden de la investigación, para que así al fin pueda hallar el método de preguntar y responder.»]

    Capítulo 35. Aprender antes de enseñar

    Rec. III, 35

    A esto respondió Simón: [«Entonces la verdad no es propiedad de todos, sino solo de aquellos que conocen el arte de la disputa, lo cual es absurdo; pues no puede ser, ya que Él es igualmente el Dios de todos, que todos no sean igualmente capaces de conocer su voluntad.»] Entonces Pedro: [«Todos fueron hechos iguales por Él, y a todos ha dado igualmente el ser receptivos de la verdad. Pero que ninguno de los que nacen, nace con educación, sino que la educación es posterior al nacimiento, nadie puede dudarlo. Puesto que, pues, el nacimiento de los hombres mantiene equidad en este respecto, que todos son igualmente capaces de recibir disciplina, la diferencia no está en la naturaleza, sino en la educación. ¿Quién no sabe que las cosas que uno aprende, las ignoraba antes de aprenderlas?»] Entonces Simón dijo [«Dices verdad.»] Entonces Pedro dijo, [«Si, pues, en aquellas artes que son de uso común, uno primero aprende y luego enseña, ¿cuánto más deben aquellos que profesan ser educadores de almas, primero aprender, y así enseñar, para no exponerse a la burla, si prometen proporcionar conocimiento a otros, cuando ellos mismos son inhábiles?»] Entonces Simón: [«Esto es verdad respecto de aquellas artes que son de uso común; pero en la palabra del conocimiento, tan pronto como uno oye, ha aprendido.»]

    Capítulo 36. Auto-evidencia de la verdad

    Rec. III, 36

    Entonces dijo Pedro: [«Si en verdad uno oye de manera ordenada y regular, es capaz de conocer lo que es verdad; pero el que se rehúsa a someterse a la regla de una vida reformada y una conversación pura, que verdaderamente es el resultado propio del conocimiento de la verdad, no confesará que sabe lo que sabe. Pues esto es exactamente lo que vemos en el caso de algunos que, abandonando los oficios que aprendieron en su juventud, se dedican a otras actividades, y a modo de excusar su propia pereza, comienzan a criticar el oficio como inútil.»] Entonces Simón: [«¿Deben todos los que oyen creer que todo lo que oyen es verdad?»] Entonces Pedro: [«Quien oye una exposición ordenada de la verdad, no puede de ninguna manera contradecirla, sino que sabe que lo que se dice es verdad, con tal que además se someta voluntariamente a las reglas de la vida. Pero aquellos que, cuando oyen, no quieren dedicarse a las buenas obras, son impedidos por el deseo de hacer el mal de asentir a aquellas cosas que juzgan ser correctas. De aquí es manifiesto que está en el poder de los oyentes elegir cuál de las dos cosas prefieren. Pero si todos los que oyen obedecieran, sería más bien una necesidad de la naturaleza, que lleva a todos por un solo camino. Pues como nadie puede ser persuadido a hacerse más bajo o más alto, porque la fuerza de la naturaleza no lo permite; así también, si o bien todos se convirtieran a la verdad por una palabra, o bien ninguno se convirtiera, sería la fuerza de la naturaleza la que obligara a todos en un caso, y a ninguno en el otro, a convertirse.»]

    Capítulo 37. Dios justo además de bueno

    Rec. III, 37

    Entonces dijo Simón: [«Infórmanos, pues, qué es lo primero que debe aprender quien desea conocer la verdad.»] Entonces Pedro: Ante todas las cosas debe indagarse qué es posible que el hombre encuentre. Pues por necesidad el juicio de Dios se refiere a esto: si un hombre era capaz de hacer el bien y no lo hizo. Y por tanto los hombres deben indagar si está en su poder, buscando, encontrar lo que es bueno, y hacerlo cuando lo hayan encontrado; porque esto es aquello por lo cual han de ser juzgados. Pero más allá de esto no hay ocasión para que nadie, excepto un profeta, lo sepa: pues ¿qué necesidad hay de que los hombres sepan cómo fue hecho el mundo? Esto, en verdad, sería necesario aprenderlo si tuviéramos que emprender una construcción semejante. Pero ahora nos es suficiente, para la adoración de Dios, saber que Él hizo el mundo; pero cómo lo hizo no es asunto de indagación para nosotros, porque, como he dicho, no nos incumbe adquirir el conocimiento de ese arte, como si fuéramos a hacer algo semejante. Pero tampoco hemos de ser juzgados por esto, por no haber aprendido cómo fue hecho el mundo, sino solo por aquello, si carecemos del conocimiento de su Creador. Pues conoceremos que el Creador del mundo es el Dios justo y bueno, si lo buscamos en las sendas de la justicia. Pues si solo sabemos respecto a Él que es bueno, tal conocimiento no es suficiente para la salvación. Pues en la vida presente no solo los dignos, sino también los indignos, gozan de su bondad y sus beneficios. Pero si creemos que Él es no solo bueno, sino también justo, y si, según lo que creemos acerca de Dios, observamos justicia en todo el curso de nuestra vida, gozaremos de su bondad para siempre. En una palabra, a los hebreos, cuya opinión acerca de Dios era que Él es solo bueno, nuestro Maestro les dijo que buscaran también su justicia; [] es decir, que supieran que Él es bueno ciertamente en este tiempo presente, para que todos vivan en su bondad, pero que Él será justo en el día del juicio, para otorgar recompensas eternas a los dignos, de las cuales los indignos serán excluidos.

    Capítulo 38. La justicia de Dios manifestada en el día del juicio

    Rec. III, 38

    Entonces Simón: [«¿Cómo puede un solo y mismo ser ser a la vez bueno y justo?»] Pedro respondió: [«Porque sin justicia, la bondad sería injusticia; pues es propio de un Dios bueno enviar su sol y su lluvia igualmente sobre justos e injustos; [Mateo 5:45] pero esto parecería injusto si tratara a los buenos y a los malos siempre con la misma fortuna, y no fuera porque lo hace por causa de los frutos, de los cuales pueden disfrutar igualmente todos los que nacen en este mundo. Pero así como la lluvia dada por Dios nutre por igual el trigo y la cizaña, pero al tiempo de la siega las mieses se recogen en el granero, y la paja o la cizaña se queman en el fuego, [] así, en el día del juicio, cuando los justos sean introducidos en el reino de los cielos y los injustos sean arrojados fuera, entonces se manifestará también la justicia de Dios. Pues si Él permaneciera para siempre tratando del mismo modo a malos y buenos, esto no solo no sería bueno, sino incluso inicuo e injusto: que los justos y los injustos fueran tenidos por Él en un mismo orden de mérito.»

    Capítulo 39. La inmortalidad del alma

    Rec. III, 39

    Entonces dijo Simón: [«El único punto sobre el cual quisiera quedar satisfecho es si el alma es inmortal; pues no puedo tomar sobre mí la carga de la justicia si no sé primero lo tocante a la inmortalidad del alma; porque, en verdad, si no es inmortal, la profesión de tu predicación no puede sostenerse.»] Entonces dijo Pedro: [«Investiguemos primero si Dios es justo; porque si esto se averiguara, el orden perfecto de la religión quedaría establecido de inmediato.»] Entonces Simón: [«Con toda tu jactancia de conocer el orden de la discusión, me parece que ahora has respondido contra el orden; porque cuando te pido que muestres si el alma es inmortal, dices que primero debemos investigar si Dios es justo.»] Entonces dijo Pedro: [«Eso es perfectamente recto y regular.»] Simón: [«Quisiera aprender cómo.»]

    Capítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida

    Rec. III, 40

    [«Escucha, pues,»] dijo Pedro: [«Algunos hombres que son blasfemos contra Dios y que pasan toda su vida en la injusticia y el placer mueren en su propio lecho y obtienen sepultura honrosa; mientras que otros que adoran a Dios y mantienen su vida frugalmente con toda honestidad y sobriedad, mueren en lugares desiertos por su observancia de la justicia, de modo que ni siquiera son tenidos por dignos de sepultura. ¿Dónde está, pues, la justicia de Dios, si no hay alma inmortal que sufra castigo en el futuro por las obras impías, o que goce de recompensas por la piedad y la rectitud?»] Entonces dijo Simón: [«Es esto, en verdad, lo que me hace incrédulo: que muchos que obran bien perecen miserablemente, y, por otra parte, muchos malhechores acaban largas vidas en la felicidad.»]

    Capítulo 41. Las cavilaciones de Simón

    Rec. III, 41

    Entonces dijo Pedro: [«Esto mismo que te lleva a la incredulidad nos proporciona una cierta convicción de que habrá un juicio. Pues, siendo cierto que Dios es justo, es consecuencia necesaria que hay otro mundo en el cual cada uno, recibiendo según sus merecimientos, probará la justicia de Dios. Pero si todos los hombres recibieran ahora según sus merecimientos, en verdad pareceríamos engañadores cuando decimos que ha de venir un juicio; y por eso este mismo hecho, que en la vida presente no se da a cada uno retribución según sus obras, proporciona a quienes saben que Dios es justo una prueba indudable de que habrá un juicio.»] Entonces dijo Simón: [«¿Por qué, pues, no estoy persuadido de ello?»] Pedro: Porque no has oído al verdadero Profeta decir: "Buscad primeramente su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." [] Entonces dijo Simón: [«Perdóname si no quiero buscar la justicia antes de saber si el alma es inmortal.»] Entonces Pedro: [«Perdóname tú también esta sola cosa: porque no puedo hacer de otro modo que como me ha instruido el Profeta de la verdad.»] Entonces dijo Simón: [«Es cierto que no puedes afirmar que el alma sea inmortal, y por eso cavilas, sabiendo que, si se probara que es mortal, toda la profesión de esa religión que intentas propagar será arrancada de raíz. Y por eso, en verdad, alabo tu prudencia, aunque no apruebo tu persuasión; pues persuades a muchos a abrazar tu religión y a someterse a la continencia del placer, con la esperanza de bienes futuros; a quienes sucede que pierden el goce de las cosas presentes y son engañados con esperanzas de las futuras. Pues tan pronto como mueren, su alma se extinguirá al mismo tiempo.»]

    Capítulo 42. [«Lleno de toda sutileza y de toda malicia.» ]

    Rec. III, 42

    Pero Pedro, al oírle hablar así, rechinando los dientes, frotándose la frente con la mano y suspirando con profundo dolor, dijo: [«Armado con la astucia de la antigua serpiente, te presentas para engañar a las almas; y por eso, así como la serpiente es más sutil que cualquier otra bestia, confiesas que eres maestro desde el principio. Y además, como la serpiente, quisiste introducir muchos dioses; pero ahora, refutado en eso, afirmas que no hay Dios en absoluto. Pues con ocasión de no sé qué Dios desconocido, negaste que el Creador del mundo sea Dios, y afirmaste que o bien es un ser malo, o que tiene muchos iguales, o, como hemos dicho, que no es Dios en absoluto. Y cuando fuiste vencido en esta posición, afirmas ahora que el alma es mortal, para que los hombres no vivan justa y rectamente con esperanza en las cosas venideras. Pues si no hay esperanza para el futuro, ¿por qué no abandonar la misericordia y entregarse los hombres al lujo y a los placeres, de los cuales es manifiesto que brota toda injusticia? Y mientras introduces una doctrina tan impía en la vida miserable de los hombres, te llamas a ti mismo piadoso y a mí impío, porque, bajo la esperanza de los bienes futuros, no quiero permitir que los hombres tomen las armas y luchen unos contra otros, saqueen y trastornen todo, e intenten cuanto les dicte la concupiscencia. ¿Y cuál será la condición de esa vida que tú introducirías, en la que los hombres atacarán y serán atacados, se enfurecerán y se turbarán, y vivirán siempre en el temor? Pues los que hacen mal a otros deben esperar un mal semejante para sí mismos. ¿No ves que eres promotor de la perturbación y no de la paz, de la iniquidad y no de la equidad? Pero yo he fingido ira, no porque no pudiera probar que el alma es inmortal, sino porque me compadezco de las almas que intentas engañar. Hablaré, pues, pero no como obligado por ti; porque sé cómo debo hablar; y tú serás el único que necesita no tanto persuasión como amonestación sobre este asunto. Pero a los que realmente ignoran esto, los instruiré como es conveniente.»]

    Capítulo 43. Los subterfugios de Simón

    Rec. III, 43

    Entonces dice Simón: [«Si estás airado, no te haré más preguntas, ni deseo oírte.»] Entonces Pedro: [«Si ahora buscas un pretexto para escapar, tienes plena libertad y no necesitas usar ningún pretexto especial. Pues todos te han oído hablar muy mal, y han percibido que no puedes probar nada, sino que solo haces preguntas por afán de contradicción; lo cual cualquiera puede hacer. Pues ¿qué dificultad hay en responder, después de haberse aducido las pruebas más claras: "Nada has dicho al propósito"? Pero para que sepas que puedo probarte en una sola frase que el alma es inmortal, te preguntaré sobre un punto que todos conocen; respóndeme, y te probaré en una sola frase que es inmortal.»] Entonces Simón, que había creído tener, por la ira de Pedro, un pretexto para retirarse, se detuvo a causa de la notable promesa que se le había hecho, y dijo: [«Pregúntame, pues, y te responderé lo que todos saben, para oír en una sola frase, como has prometido, cómo es inmortal el alma.»]

    Capítulo 44. ¿La vista o el oído?

    Rec. III, 44

    Entonces Pedro: [«Hablaré de modo que se te pruebe delante de todos los demás. Respóndeme, pues: ¿cuál de los dos puede persuadir mejor a un hombre incrédulo, ver u oír?»] Entonces dijo Simón: [«Ver.»] Entonces Pedro: [«¿Por qué, entonces, quieres aprender de mí con palabras lo que se te prueba por la cosa misma y por la vista?»] Entonces Simón: [«No sé qué quieres decir.»] Entonces Pedro: [«Si no lo sabes, vete ahora a tu casa, y entrando en la alcoba interior verás una imagen colocada, que contiene la figura de un niño asesinado vestido de púrpura; pregúntale, y él te informará ya oyendo, ya viendo. Pues ¿qué necesidad hay de oír de él si el alma es inmortal, cuando la ves en pie delante de ti? Porque si no existiera, ciertamente no podría ser vista. Pero si no sabes de qué imagen hablo, vayamos inmediatamente a tu casa, con otros diez hombres de los que están aquí presentes.»]

    Capítulo 45. Una estocada certera

    Rec. III, 45

    Pero Simón, al oír esto, y herido por su conciencia, cambió de color y se quedó exangüe; pues temía, si lo negaba, que se registrara su casa, o que Pedro, en su indignación, lo delatara más abiertamente, y así todos supieran lo que él era. Así respondió: [«Te ruego, Pedro, por aquel Dios bueno que está en ti, que venzas la maldad que hay en mí. Recíbeme para el arrepentimiento, y me tendrás como auxiliar en tu predicación. Pues ahora he aprendido en verdad que eres profeta del Dios verdadero, y por eso solo tú conoces las cosas secretas y ocultas de los hombres.»] Entonces dijo Pedro: [«Veis, hermanos, a Simón buscando el arrepentimiento; dentro de poco lo veréis volver de nuevo a su infidelidad. Pues, creyendo que yo soy profeta, por cuanto he revelado su maldad, que él suponía secreta y oculta, ha prometido que se arrepentirá. Pero no me es lícito mentir, ni debo engañar, sea que este infiel se salve o no se salve. Pues pongo por testigos al cielo y a la tierra de que no hablé por espíritu profético lo que dije, y lo que insinué, en cuanto fue posible, a las multitudes que escuchaban; sino que supe por algunos que en otro tiempo fueron compañeros suyos en sus obras, pero que ahora se han convertido a nuestra fe, las cosas que él hacía en secreto. Por tanto, hablé lo que sabía, no lo que preconocía.»]

    Capítulo 46. La ira de Simón

    Rec. III, 46

    Pero cuando Simón oyó esto, asaltó a Pedro con maldiciones y reproches, diciendo: [«¡Oh el más malvado y el más engañoso de los hombres, a quien la fortuna, no la verdad, ha dado la victoria! Pero busqué el arrepentimiento no por falta de conocimiento, sino para que tú, pensando que con el arrepentimiento me convertiría en tu discípulo, me confiaras todos los secretos de tu profesión, y así al fin, conociéndolos todos, pudiera refutarte. Pero como tú entendiste astutamente por qué razón había fingido penitencia, y disimulaste como si no entendieras mi estratagema, para exponerme primero ante el pueblo como inhábil, y previendo luego que, expuesto así ante el pueblo, habría de indignarme por necesidad y confesar que no era verdaderamente penitente, te anticipaste a mí, para poder decir que yo, después de mi penitencia, volvería de nuevo a mi infidelidad, para que parecieras haber vencido por todos lados, tanto si yo continuaba en la penitencia que había profesado como si no continuaba; y así se te creyera sabio, por haber previsto estas cosas, mientras que yo parecería engañado, por no haber previsto tu astucia. Pero tú, previendo la mía, has usado sutileza y me has engañado. Mas, como dije, tu victoria es resultado de la fortuna, no de la verdad; sin embargo, sé por qué no preví esto: porque estuve a tu lado y hablé contigo en mi bondad, y te soporté con paciencia. Pero ahora te mostraré el poder de mi divinidad, de modo que pronto caerás y me adorarás.»]

    Capítulo 47. La jactancia de Simón

    Rec. III, 47

    [«Yo soy el primer poder, que soy siempre y sin principio. Mas, habiendo entrado en el seno de Raquel, nací de ella como hombre, para ser visible a los hombres. He volado por los aires; me he mezclado con el fuego y he sido hecho un solo cuerpo con él; he hecho moverse a las estatuas; he animado cosas sin vida; he convertido piedras en pan; he volado de monte en monte; me he trasladado de un lugar a otro, sostenido por manos de ángeles, y he descendido a la tierra. No solo he hecho estas cosas; sino que aun ahora puedo hacerlas, para probar con hechos a todos que soy el Hijo de Dios, que permanece por toda la eternidad, y que puedo hacer que los que creen en mí permanezcan de igual modo para siempre. Pero tus palabras son todas vanas; ni puedes realizar obras verdaderas como las que ahora he mencionado, así como también el que te envió es un mago, que no pudo librarse a sí mismo del sufrimiento de la cruz.»]

    Capítulo 48. Intentos de provocar un tumulto

    Rec. III, 48

    A este discurso de Simón respondió Pedro: [«No te entrometas en lo que pertenece a otros; pues que eres mago lo has confesado y manifestado por las mismas obras que has hecho; pero nuestro Maestro, que es Hijo de Dios y del hombre, es manifiestamente bueno; y que es verdaderamente el Hijo de Dios ha sido dicho, y se dirá, a aquellos a quienes conviene. Pero si no quieres confesar que eres mago, vayamos, con toda esta multitud, a tu casa, y entonces se verá con evidencia quién es mago.»] Mientras Pedro hablaba así, Simón comenzó a asaltarle con blasfemias y maldiciones, para armar un alboroto y excitar a todos, de modo que no pudiera ser refutado y que Pedro, retirándose por causa de su blasfemia, pareciera vencido. Pero él se mantuvo firme y comenzó a acusarle con más vehemencia.

    Capítulo 49. La retirada de Simón

    Rec. III, 49

    Entonces el pueblo, indignado, arrojó a Simón del patio, y lo expulsó por la puerta de la casa; y solo una persona lo siguió cuando fue echado fuera. Obtenido luego el silencio, Pedro comenzó a dirigirse al pueblo de esta manera: Debéis, hermanos, soportar con paciencia a los hombres malvados, sabiendo que, aunque Dios podría cortarlos, sin embargo los deja permanecer aun hasta el día señalado, en el cual pasará juicio sobre todos. ¿Por qué, pues, no habríamos de soportar nosotros a los que Dios soporta? ¿Por qué no habríamos de soportar con fortaleza las injurias que nos hacen, cuando Aquel que es todopoderoso no toma venganza de ellos, para que se conozcan tanto su propia bondad como la impiedad de los malos? Pero si el maligno no hubiera encontrado a Simón como su ministro, sin duda habría hallado a otro: pues es necesario que en esta vida vengan los escándalos, "pero ¡ay de aquel hombre por quien vienen!" []; y por eso Simón ha de ser más bien llorado, porque se ha convertido en vaso escogido para el maligno, lo cual ciertamente no habría sucedido si no hubiera recibido poder sobre él por sus pecados anteriores. Pues ¿para qué he de decir además que él una vez creyó en nuestro Jesús y fue persuadido de que las almas son inmortales? [] Aunque en esto es engañado por los demonios, sin embargo se ha persuadido a sí mismo de que tiene el alma de un niño asesinado que le sirve en todo aquello para lo que le plazca emplearla; en lo cual verdaderamente, como he dicho, es engañado por los demonios, y por eso le hablé según sus propias ideas: pues ha aprendido de los judíos que el juicio y la venganza han de producirse contra aquellos que se oponen a la fe verdadera y no se arrepienten. Mas aquí hay hombres a quienes, como consumados en crímenes, se les aparece el maligno, para engañarlos, a fin de que jamás se conviertan al arrepentimiento.

    Capítulo 50. Bendición de Pedro

    Rec. III, 50

    [«Vosotros, pues, que por la penitencia os volvéis al Señor, doblad ante Él vuestras rodillas.»] Tras decir esto, toda la multitud dobló las rodillas ante Dios; y Pedro, mirando hacia el cielo, oró por ellos con lágrimas para que Dios, por su bondad, se dignase recibir a quienes a Él se acogían. Y después de orar y de instruirlos para que se reuniesen temprano al día siguiente, despidió a la multitud. Luego, según costumbre, habiendo tomado alimento, nos fuimos a dormir.

    Capítulo 51. La accesibilidad de Pedro

    Rec. III, 51

    Pedro, pues, levantándose a la hora acostumbrada de la noche, nos halló despiertos; y cuando, saludándonos a su manera habitual, hubo tomado asiento, primero de todos Niceta dijo: [«Si me lo permites, señor mío Pedro, tengo algo que preguntarte.»] Entonces Pedro dijo: [«No solo a ti lo permito, sino a todos; y no solo ahora, sino siempre: que cada cual confiese lo que lo mueve y la parte de su mente que está dolorida, para que pueda alcanzar curación. Porque las cosas que se cubren con silencio y no se nos dan a conocer, se curan con dificultad, como dolencias de largo tiempo; y, por tanto, puesto que la medicina del discurso oportuno y necesario no puede aplicarse fácilmente a quienes guardan silencio, cada uno debe declarar en qué aspecto su mente está débil por ignorancia. Pero a quien guarda silencio, solo a Dios corresponde darle remedio. Nosotros, ciertamente, también podemos hacerlo, pero con el paso de mucho tiempo. Pues es necesario que el discurso de la doctrina, procediendo en orden desde el principio y saliendo al encuentro de cada cuestión, manifieste todas las cosas, y resuelva y alcance todas las cosas, aun aquello que cada cual requería en su mente; pero esto, como he dicho, solo puede hacerse en el curso de largo tiempo. Ahora, pues, pregunta lo que quieras.»]

    Capítulo 52. Señales y milagros falsos

    Rec. III, 52

    Entonces Niceta dijo: [«Te doy abundantes gracias, oh clementísimo Pedro; pero lo que deseo aprender es esto: ¿cómo Simón, que es enemigo de Dios, puede hacer tales y tan grandes cosas? Pues, en verdad, no dijo mentira alguna en su declaración de lo que ha hecho.»] Entonces el bienaventurado Pedro respondió así: Dios, que es uno y verdadero, ha resuelto preparar amigos buenos y fieles para su Primogénito; pero, sabiendo que nadie puede ser bueno si no tiene en su poder aquella percepción por la cual puede llegar a ser bueno, para que sean por propia intención lo que elijan ser —y de otro modo no podrían ser verdaderamente buenos si permanecieran en el bien no por propósito, sino por necesidad—, ha dado a cada uno el poder de su propia voluntad, para que sea lo que quiera ser. Y previendo, además, que ese poder de la voluntad haría que unos eligieran cosas buenas y otros cosas malas, y que así el género humano se dividiría necesariamente en dos clases, ha permitido que cada clase elija tanto el lugar como el rey que quiera. Pues el buen Rey se regocija en los buenos, y el maligno en los malos. Y aunque ya te he expuesto estas cosas más ampliamente a ti, oh Clemente, en aquel tratado en el que diserté sobre la predestinación y el fin, conviene sin embargo que ahora aclare también a Niceta, puesto que me lo pregunta, cuál es la razón por la que Simón, cuyos pensamientos van contra Dios, puede hacer tan grandes maravillas.

    Capítulo 53. El amor propio como fundamento de la bondad

    Rec. III, 53

    En primer lugar, pues, es malo, a juicio de Dios, el que no quiere inquirir lo que le es ventajoso a sí mismo. Pues ¿cómo puede amar alguien a otro, si no se ama a sí mismo? ¿O de quién no será enemigo aquel hombre que no puede ser amigo de sí mismo? Para que hubiera, pues, distinción entre los que eligen lo bueno y los que eligen lo malo, Dios ha ocultado lo que es provechoso a los hombres, es decir, la posesión del reino de los cielos, y lo ha guardado y escondido como un tesoro secreto, de modo que nadie pueda alcanzarlo fácilmente por su propio poder o conocimiento. Sin embargo, ha traído la noticia de ello, bajo diversos nombres y opiniones, a través de sucesivas generaciones, al oído de todos: para que cuantos fueran amantes del bien, al oírlo, inquirieran y descubrieran qué es lo provechoso y saludable para ellos; pero que lo pidieran, no de sí mismos, sino de Aquel que lo ha escondido, y rogaran que se les diera el acceso y la vía del conocimiento: vía que se abre solo a aquellos que la aman sobre todas las cosas buenas de este mundo; y bajo ninguna otra condición puede alguien siquiera entenderla, por sabio que parezca; pero los que descuidan inquirir qué es lo provechoso y saludable para sí mismos, como aborrecedores de sí mismos y enemigos de sí mismos, serán privados de sus bienes, como amantes de las cosas malas.

    Capítulo 54. Dios ha de ser amado sobre todas las cosas

    Rec. III, 54

    [«Conviene, pues, que el bueno ame ese camino sobre todas las cosas; esto es, sobre las riquezas, la gloria, el descanso, los padres, los parientes, los amigos y todo lo que hay en el mundo. Mas aquel que ama perfectamente esta posesión del reino de los cielos, arrojará sin duda de sí toda práctica de mal hábito, negligencia, pereza, malicia, ira y cosas semejantes. Porque si alguna de estas prefieres a aquel, como amando los vicios de tu propia concupiscencia más que a Dios, no alcanzarás la posesión del reino celestial; pues verdaderamente es necedad amar cosa alguna más que a Dios. Porque, o son padres, y mueren; o parientes, y no permanecen; o amigos, y cambian. Mas solo Dios es eterno y permanece inmutable. Aquel, por tanto, que no quiere buscar lo que le es provechoso, es malo hasta tal punto que su maldad excede aun al mismo príncipe de la impiedad. Pues este abusa de la bondad de Dios para el propósito de su propia maldad, y se complace a sí mismo; mas aquel descuida los bienes de su propia salvación, para que con su propia destrucción complazca al maligno.»]

    Capítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto

    Rec. III, 55

    Por causa, pues, de aquellos que por descuido de su propia salvación agradan al maligno, y de aquellos que por estudio de su propio provecho buscan agradar al Bueno, diez cosas han sido prescritas como prueba a esta edad presente, según el número de las diez plagas que fueron traídas sobre Egipto. Pues cuando Moisés, según el mandamiento de Dios, exigió al Faraón que dejara ir al pueblo, y en señal de su comisión celestial mostró señales, su vara, arrojada al suelo, se convirtió en serpiente. Y cuando el Faraón no pudo por estos medios ser llevado a consentir, como quien tenía libertad de voluntad, de nuevo los magos parecieron hacer señales semejantes, por permisión de Dios, para que el propósito del rey fuera probado desde la libertad de su voluntad, si creería más bien las señales obradas por Moisés, que era enviado por Dios, o las que los magos más bien parecían obrar que verdaderamente obraban. Pues en verdad debió haber entendido por su mismo nombre que no eran obradores de la verdad, porque no se llamaban mensajeros de Dios, sino magos, como la tradición también lo indica. Además, parecieron mantener la contienda hasta cierto punto, y después confesaron de sí mismos, y cedieron ante su superior. [\n Éxodo 8:19\n] Por tanto, la última plaga es infligida, [] la destrucción de los primogénitos, y entonces Moisés recibe el mandato de consagrar al pueblo por la aspersión de sangre; y así, presentándose dones, con mucha súplica se le pide que parta con el pueblo.

    Capítulo 56. Simón resistió a Pedro, como los magos a Moisés

    Rec. III, 56

    [\n «\n En una transacción semejante veo que estoy ahora mismo empeñado. Pues como entonces, cuando Moisés exhortaba al rey a creer en Dios, los magos se le opusieron con una exhibición fingida de señales semejantes, y así apartaron de la salvación a los incrédulos; así también ahora, cuando he salido a enseñar a todas las naciones a creer en el verdadero Dios, Simón el Mago me resiste, obrando en oposición a mí, como ellos también obraron en oposición a Moisés; para que, cuantos de entre las naciones no usan sano juicio, sean manifestados; pero que sean salvos los que rectamente distinguen señales de señales.\n»\n] Mientras Pedro hablaba así, Niceta respondió: [\n «\n Te ruego que me permitas exponer lo que me venga a la mente.\n»\n] Entonces Pedro, deleitado con el afán de sus discípulos, dijo: [\n «\n Habla lo que quieras.\n»\n]

    Capítulo 57. Milagros de los magos

    Rec. III, 57

    Entonces dijo Niceta: [\n «\n ¿En qué respecto pecaron los egipcios al no creer a Moisés, puesto que los magos obraron señales semejantes, aunque fueran hechas más en apariencia que en verdad? Pues si yo hubiera estado allí entonces, ¿no habría pensado, por el hecho de que los magos hacían cosas semejantes a las que hacía Moisés, o que Moisés era un mago, o que los magos obraban sus señales por comisión divina? Pues no habría pensado probable que las mismas cosas pudieran ser efectuadas por magos, aun en apariencia, que aquel que era enviado por Dios realizaba. Y ahora, ¿en qué respecto pecan los que creen a Simón, puesto que le ven hacer tan grandes maravillas? ¿O no es maravilloso volar por el aire, estar tan mezclado con el fuego que se haga un solo cuerpo con él, hacer andar estatuas, ladrar perros de bronce, y otras cosas semejantes, que ciertamente son suficientemente maravillosas para los que no saben distinguir? Sí, también se le ha visto hacer pan de piedras. Pero si peca el que cree a los que hacen señales, ¿cómo aparecerá que tampoco peca el que ha creído a nuestro Señor por sus señales y obras de poder?\n»\n]

    Capítulo 58. La verdad velada con amor

    Rec. III, 58

    Entonces dijo Pedro: «Bien tomo que traigas la verdad a la regla, y no consientas que los obstáculos de la fe se oculten en tu alma. Pues así podrás fácilmente alcanzar el remedio. ¿Recuerdas que dije que lo peor de todas las cosas es cuando alguno descuida aprender lo que es para su bien?» Niceta respondió: «Lo recuerdo.» Entonces Pedro: «¿Y que también Dios ha velado su verdad, para revelarla a quienes le siguen fielmente?» «Tampoco» —dijo Niceta— «lo he olvidado.» Entonces dijo Pedro: ¿Qué piensas, pues? ¿Que Dios ha sepultado su verdad profundamente en la tierra, y ha amontonado montañas sobre ella, para que sea hallada solo por aquellos que son capaces de cavar en lo profundo? No es así; sino que, así como ha rodeado las montañas y la tierra con la extensión del cielo, así ha velado la verdad con el velo de su propio amor, para que solo aquel pueda alcanzarla que primero haya llamado a la puerta del amor divino.

    Capítulo 59. El bien y el mal en pares

    Rec. III, 59

    [\n «\n Pues, como comenzaba a decir, Dios ha designado para este mundo ciertos pares; y el que viene primero de los pares es del mal, el que viene segundo, del bien. Y en esto se da a todo hombre una ocasión de recto juicio, sea simple o prudente. Pues si es simple, y cree al que viene primero, aunque movido a ello por señales y prodigios, por necesidad, por la misma razón, creerá al que viene segundo; pues será persuadido por señales y prodigios, como antes lo fue. Cuando crea a este segundo, aprenderá de él que no debe creer al primero, que viene del mal; y así el error del primero es corregido por la enmienda del segundo. Pero si no quiere recibir al segundo, porque ha creído al primero, merecidamente será condenado como injusto; pues injusto es que, habiendo creído al primero por causa de sus señales, no crea al segundo, aunque traiga las mismas, o aun mayores señales. Pero si no ha creído al primero, se sigue que puede ser movido a creer al segundo. Pues su mente no se ha vuelto tan completamente inactiva que no pueda ser despertada por la redoblación de las maravillas. Pero si es prudente, puede hacer distinción de las señales. Y si en verdad ha creído en el primero, será movido al segundo por el aumento de los milagros, y por comparación aprehenderá cuáles son mejores; aunque las pruebas claras\n \n de los milagros\n\n son reconocidas por todos los hombres doctos, como hemos mostrado en el orden regular de nuestra discusión. Pero si alguno, como estando sano y no necesitando médico, no es movido al primero, será atraído al segundo por la misma continuación de la cosa, y hará distinción de señales y maravillas de esta manera: aquel que es del maligno, las señales que obra no hacen bien a nadie; pero las que obra el hombre bueno son provechosas a los hombres.\n»\n]

    Capítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos

    Rec. III, 60

    Pues dime, te ruego, ¿de qué sirve mostrar estatuas que andan, perros de bronce o de piedra que ladran, montes que danzan, volar por los aires y demás cosas semejantes que dices que hizo Simón? Pero aquellos signos que son del Bueno se dirigen a utilidad de los hombres, como fueron los que hizo nuestro Señor, que dio vista a los ciegos y oído a los sordos, levantó a los débiles y a los cojos, expulsó enfermedades y demonios, resucitó a los muertos e hizo otras cosas semejantes, como veis que también hago yo. Esos signos, pues, que redundan en provecho de los hombres y les confieren algún bien, no puede hacerlos el maligno, salvo únicamente al fin del mundo. Porque entonces le será permitido mezclar con sus signos algunos buenos, como la expulsión de demonios o la curación de enfermedades; y de este modo, rebasando sus límites y estando dividido contra sí mismo, y peleando contra sí mismo, será destruido. Y por eso ha predicho el Señor que en los últimos tiempos habrá tal tentación que, si fuera posible, aun los mismos elegidos serán engañados; es decir, que por la confusión de las marcas de los signos, aun aquellos que parecen ser expertos en discernir espíritus y distinguir milagros habrán de turbarse.

    Capítulo 61. Los diez pares

    Rec. III, 61

    [\n «\n Los diez pares de que hemos hablado han sido, por tanto, asignados a este mundo desde el principio de los tiempos. Caín y Abel fueron un par. El segundo fue los gigantes y Noé; el tercero, el Faraón y Abraham; el cuarto, los filisteos e Isaac; el quinto, Esaú y Jacob; el sexto, los magos y Moisés el legislador; el séptimo, el tentador y el Hijo del hombre; el octavo, Simón y yo, Pedro; el noveno, todas las naciones, y aquel que ha de ser enviado a sembrar la palabra entre las naciones; el décimo, el Anticristo y Cristo. Sobre estos pares os daremos información más plena en otro momento.\n»\n] Cuando Pedro habló así, Áquila dijo: [\n «\n Verdaderamente hay necesidad de enseñanza constante, para que uno aprenda lo que es verdad acerca de todo.\n»\n]

    Capítulo 62. La vida cristiana

    Rec. III, 62

    Pero Pedro dijo: [\n «\n ¿Quién es el que es ferviente hacia la instrucción, y que estudia con diligencia cada particular, sino aquel que ama su propia alma para salvación, y renuncia a todos los asuntos de este mundo, para tener ocio de atender solamente a la palabra de Dios? Tal es aquel a quien únicamente el verdadero Profeta juzga sabio: aquel que vende todo lo que tiene y compra la única perla verdadera, Mateo 13:46] el que entiende cuál es la diferencia entre las cosas temporales y las eternas, lo pequeño y lo grande, los hombres y Dios. Pues él entiende cuál es la esperanza eterna en presencia del Dios verdadero y bueno. Pero ¿quién es el que ama a Dios, sino el que conoce su Sabiduría? ¿Y cómo puede alguien obtener conocimiento de la Sabiduría de Dios, si no es constante en oír su palabra? De donde viene que conciba amor por Él, y le venere con honra digna, derramando himnos y oraciones ante Él, y descansando en estas cosas con grandísimo deleite, tenga por su mayor daño si en algún momento habla o hace cualquier otra cosa aun por un instante de tiempo; porque, en realidad, el alma que está llena del amor de Dios no puede mirar nada excepto lo que pertenece a Dios, ni, por razón del amor hacia Él, puede saciarse con meditar en aquellas cosas que sabe que le son agradables. Pero los que no han concebido afecto por Él, ni llevan su amor encendido en la mente, están como puestos en tinieblas y no pueden ver la luz; y por tanto, aun antes de comenzar a aprender algo de Dios, inmediatamente desfallecen como agotados por el trabajo; y llenos de cansancio, son al punto arrastrados por sus propios hábitos peculiares hacia aquellas palabras con las que se deleitan. Pues es fatigoso y molesto para tales personas oír algo acerca de Dios; y eso por la razón que he dicho: porque su mente no ha recibido dulzura alguna del amor divino.\n»

    Capítulo 63. Un desertor del campamento de Simón

    Rec. III, 63

    Mientras Pedro hablaba así, amaneció; y he aquí que vino uno de los discípulos de Simón, gritando: [«Te ruego, oh Pedro, que me recibas a mí, miserable, que he sido engañado por Simón el Mago, a quien presté oído como a un dios celestial, a causa de los milagros que le vi hacer. Pero cuando oí tus discursos, comencé a pensar que era un hombre, y ciertamente un hombre malvado; sin embargo, cuando él salió de aquí, yo solo lo seguí, pues aún no había percibido claramente sus impiedades. Pero cuando me vio siguiéndolo, me llamó bienaventurado y me llevó a su casa; y hacia la medianoche me dijo: 'Te haré mejor que todos los hombres, si permaneces conmigo hasta el fin.' Cuando le hube prometido esto, me exigió un juramento de perseverancia; y habiendo obtenido esto, puso sobre mis hombros algunas de sus cosas secretas, contaminadas y malditas, para que yo las llevara, y me ordenó que lo siguiera. Pero cuando llegamos al mar, subió a una barca que casualmente estaba allí y tomó de mi cuello lo que me había ordenado llevar. Y como salió poco después, sin traer nada consigo, debió de arrojarlo al mar. Entonces me pidió que fuera con él, diciendo que iba a Roma y que allí agradaría tanto al pueblo que sería tenido por un dios y públicamente honrado con honores divinos. 'Entonces', dijo, 'si deseas volver aquí, te enviaré de vuelta cargado de todas las riquezas y sostenido por diversos servicios.' Cuando oí esto, y no vi nada en él conforme a esta promesa, sino que percibí que era un mago y un embaucador, respondí: 'Perdóname, te lo ruego; pues tengo un dolor en los pies y, por tanto, no puedo dejar Cesarea. Además, tengo esposa e hijos pequeños, a quienes no puedo abandonar de ninguna manera.' Cuando oyó esto, me acusó de pereza y partió hacia Dora, diciendo: 'Te arrepentirás, cuando oigas qué gloria conseguiré en la ciudad de Roma.' Y después de esto partió para Roma, como dijo; pero yo regresé apresuradamente aquí, rogándote que me recibas en penitencia, porque he sido engañado por él.»]

    Capítulo 64. Declaración de la maldad de Simón

    Rec. III, 64

    Cuando el que había vuelto de Simón hubo hablado así, Pedro le ordenó sentarse en el patio. Y él mismo, saliendo y viendo inmensas multitudes, mucho más numerosas que en los días anteriores, se puso en su lugar acostumbrado; y, señalando al que había venido, comenzó a discurrir de este modo: [«Este hombre a quien os señalo, hermanos, acaba de venir a mí, contándome las malvadas prácticas de Simón, y cómo ha arrojado al mar los instrumentos de su maldad, no inducido a hacerlo por arrepentimiento, sino temiendo que, si era descubierto, fuera sometido a las leyes públicas. Y pidió a este hombre, según me cuenta, que se quedara con él, prometiéndole inmensos dones; y cuando no pudo persuadirlo de hacerlo, lo dejó, reprochándole su pereza, y partió hacia Roma.»] Cuando Pedro hubo manifestado esto a la multitud, el hombre mismo que había vuelto de Simón se levantó y comenzó a exponer al pueblo todo lo referente a los crímenes de Simón. Y cuando se horrorizaron por las cosas que oían que Simón había hecho con sus artes mágicas, Pedro dijo:

    Capítulo 65. Pedro decide seguir a Simón

    Rec. III, 65

    [«No os aflijáis, hermanos míos, por las cosas que se han hecho, sino atended al porvenir: pues lo pasado ya ha terminado; pero las cosas que amenazan son peligrosas para los que se topen con ellas. Porque nunca faltarán ofensas en este mundo, mientras se permita al enemigo obrar según su voluntad; a fin de que los prudentes y los que hayan entendido sus artificios sean vencedores en los combates que él suscita contra ellos; pero que los que descuidan aprender las cosas que atañen a la salvación de sus almas, sean atrapados por él con merecidos engaños. Puesto que, por tanto, como habéis oído, Simón ha salido a ocupar de antemano los oídos de los gentiles que son llamados a salvación, es necesario que yo también siga sus huellas, para que cuantas disputas suscite sean corregidas por nosotros. Pero en la medida en que es justo que se sienta una mayor solicitud por vosotros, que ya estáis recibidos dentro de los muros de la vida —pues si lo que ya se ha adquirido perece, se sufre una pérdida positiva; mientras que, respecto de lo que aún no se ha adquirido, si puede obtenerse, hay tanto de ganancia; pero si no, la única pérdida es que no hay ganancia—, a fin, por tanto, de que seáis más y más confirmados en la verdad, y de que las naciones que son llamadas a salvación no sean en modo alguno impedidas por la maldad de Simón, he tenido a bien ordenar a Zaqueo como pastor sobre vosotros, y quedarme yo mismo con vosotros tres meses; y así ir a los gentiles, no sea que por demorarnos más, y por los crímenes de Simón que acechan en toda dirección, se vuelvan incurables.»]
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