Sesiones de lectura

Leer por sesiones · 215 sesiones · 0 marcadas como leídas

Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 2. Su angustia
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
  41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
  49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
  50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
  58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
  66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
  67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
  68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
  69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
  70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
  71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
  72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
  73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
  74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
  75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
  76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
  77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
  79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
  80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
  81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
  82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
  83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
  84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
  85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
  87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
  88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
  89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
  90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
  91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
  92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
  93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
  94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
  95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
  96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
  97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
  98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
  99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
  100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
  101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
  102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
  103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
  104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
  105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
  106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
  107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
  108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
  109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
  110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
  111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
  112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
  113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
  114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
  115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
  116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
  117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
  118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
  119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
  120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
  121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
  122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
  123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
  124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
  125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
  126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
  127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
  128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
  129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
  130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
  131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
  132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
  133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
  134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
  135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
  136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
  137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
  138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
  139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
  140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
  141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
  142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
  143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
  144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
  145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
  146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
  147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
  148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
  149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
  150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
  151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
  152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
  153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
  154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
  155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
  156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
  157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
  158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
  159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
  160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
  161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
  162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
  163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
  164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
  165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
  166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
  167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
  168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
  169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
  170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
  171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
  172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
  173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
  174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
  175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
  176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
  177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
  178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
  179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
  180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
  181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
  182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
  183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
  184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
  185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
  186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
  187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
  188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
  189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
  190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
  191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
  192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
  193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
  194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
  195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
  196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
  197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
  198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
  199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
  200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
  201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
  202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
  203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
  204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
  205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
  206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
  207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
  208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
  209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
  210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
  211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
  212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
  213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
  214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
  215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

Glosario y contexto

Buscar en la lectura

Busca un término para ver el pasaje y su sección.

    TEXTOS — PSEUDO-CLEMENTE

    Índice de la obra

    Estás en la parte 26. Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    Reconocimientos y Homilías clementinas

    Siglos III–IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa de las Ante-Nicene Fathers35 minPosición: 0% de esta parteParte 26 de 27 · Homilía 19Publicado el Actualizado el Ref. ESC-CLEM-02

    Leer por sesiones · 215 sesiones · 0 marcadas como leídas

    Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 2. Su angustia
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
    41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
    49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
    50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
    58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
    66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
    67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
    68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
    69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
    70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
    71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
    72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
    73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
    74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
    75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
    76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
    77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
    79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
    80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
    81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
    82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
    83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
    84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
    85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
    87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
    88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
    89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
    90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
    91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
    92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
    93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
    94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
    95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
    96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
    97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
    98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
    99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
    100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
    101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
    102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
    103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
    104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
    105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
    106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
    107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
    108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
    109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
    110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
    111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
    112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
    113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
    114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
    115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
    116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
    117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
    118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
    119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
    120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
    121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
    122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
    123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
    124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
    125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
    126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
    127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
    128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
    129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
    130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
    131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
    132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
    133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
    134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
    135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
    136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
    137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
    138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
    139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
    140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
    141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
    142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
    143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
    144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
    145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
    146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
    147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
    148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
    149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
    150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
    151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
    152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
    153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
    154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
    155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
    156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
    157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
    158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
    159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
    160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
    161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
    162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
    163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
    164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
    165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
    166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
    167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
    168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
    169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
    170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
    171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
    172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
    173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
    174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
    175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
    176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
    177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
    178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
    179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
    180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
    181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
    182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
    183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
    184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
    185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
    186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
    187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
    188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
    189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
    190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
    191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
    192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
    193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
    194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
    195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
    196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
    197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
    198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
    199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
    200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
    201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
    202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
    203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
    204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
    205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
    206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
    207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
    208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
    209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
    210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
    211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
    212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
    213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
    214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
    215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

    Homilía 19

    Capítulo I. Simón se propone probar que el Creador del mundo no es irreprensible

    Hom. 19, 1

    [Al] día siguiente, Pedro salió más temprano que de costumbre; y viendo a Simón con muchos otros esperándolo, saludó a la multitud y comenzó a disertar. Pero apenas comenzó, Simón lo interrumpió y dijo: «Deja a un lado esas largas introducciones tuyas y responde directamente a las preguntas que te hago. Puesto que percibo que tú (como sé por lo que oí al principio, que no tienes otro propósito que, con toda clase de artificios, mostrar que el Creador mismo es el único Dios irreprensible),—puesto que, como dije, percibo que tienes un deseo tan decidido de mantener esto, que te atreves a declarar falsas algunas porciones de las Escrituras que claramente hablan contra él, por esta razón he decidido hoy probar que es imposible que él, siendo el Creador de todo, sea irreprensible. Pero esta prueba puedo comenzarla ahora, si respondes a las preguntas que te hago.»

    Capítulo II. Se afirma la existencia del diablo

    Hom. 19, 2

    «¿Sostienes que hay algún príncipe del mal o no? Pues si dices que no lo hay, puedo probarte con muchas afirmaciones, y esas también de tu maestro, que lo hay; pero si admites con sinceridad que el maligno existe, entonces hablaré conforme a esa creencia.» Y Pedro dijo: «Me es imposible negar la afirmación de mi Maestro. Por lo cual admito que el maligno existe, porque mi Maestro, que dijo la verdad en todas las cosas, ha afirmado con frecuencia que existe. Por ejemplo, reconoce que conversó con él y lo tentó durante cuarenta días. Y sé que en otro lugar ha dicho: 'Si Satanás expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, se mantendrá en pie su reino?' Y señaló que vio al maligno caer del cielo como un rayo. Y en otra parte dijo: 'El que sembró la mala semilla es el diablo.' Y de nuevo: 'No deis ocasión al maligno.' Además, al dar un consejo, dijo: 'Sea vuestro sí, sí, y vuestro no, no; porque lo que excede de esto, del maligno procede.' Asimismo, en la oración que nos entregó, tenemos dicho: 'Líbranos del maligno.' Y en otro lugar prometió que diría a los impíos: 'Id a las tinieblas exteriores, que el Padre preparó para el diablo y sus ángeles.' Y para no alargar más esta afirmación, sé que mi Maestro dijo a menudo que existe un maligno. Por lo cual yo también convengo en pensar que existe. Si, pues, en adelante tienes algo que decir conforme a esta creencia, dilo, como prometiste.»

    Capítulo III. Pedro se niega a discutir ciertas cuestiones acerca del diablo

    Hom. 19, 3

    Y Simón dijo: «Puesto que, pues, has confesado con sinceridad, por el testimonio de las Escrituras, que el maligno existe, dinos cómo ha llegado a existir, si es que ha llegado a existir, por quién y por qué.» Y Pedro dijo: «Perdóname, Simón, si no me atrevo a afirmar lo que no está escrito. Pero si dices que está escrito, pruébalo. Pero si, al no estar escrito, no puedes probarlo, ¿por qué hemos de correr el riesgo de manifestar nuestras opiniones acerca de lo que no está escrito? Pues si hablamos con demasiada osadía acerca de Dios, es o porque no creemos que seremos juzgados, o porque creemos que seremos juzgados solo respecto de lo que hacemos, pero no también respecto de lo que creemos y decimos.» Pero Simón, entendiendo que Pedro se refería a su propia locura, dijo: «Permíteme correr el riesgo; pero no hagas de lo que afirmas ser blasfemia un pretexto para retirarte. Pues advierto que quieres retirarte para escapar de la refutación ante la multitud, unas veces como si temieras escuchar blasfemias, y otras sosteniendo que, como nada se ha escrito acerca de cómo, por quién y por qué el maligno llegó a existir, no debemos atrevernos a afirmar más que la Escritura. Por lo cual, como hombre piadoso, afirmas solamente esto: que él existe. Mas con estos artificios te engañas a ti mismo, sin saber que, si es blasfemia inquirir con exactitud acerca del maligno, la culpa recae sobre mí, el acusador, y no sobre ti, el defensor de Dios. Y si el asunto que se investiga no está en la Escritura, y por esto no quieres indagar, hay ciertos métodos satisfactorios que pueden probarte lo que se busca no menos eficazmente que las Escrituras. Por ejemplo, ¿no debe ser el caso que el maligno, de quien afirmas que existe, sea o bien originado o bien no originado?»

    Capítulo IV. Suposiciones acerca del origen del diablo

    Hom. 19, 4

    Y Pedro dijo: «Así debe ser.» Y Simón: «Por tanto, si es originado, ha sido hecho por aquel mismo Dios que hizo todas las cosas, siendo o bien nacido como animal, o emitido sustancialmente, y resultando de una mezcla externa de los elementos. Pues o bien la materia, viva o inanimada, de la que fue hecho estaba fuera de Él, o llegó a ser por Dios mismo, o por sí mismo, o resultó de cosas inexistentes, o es una mera cosa relativa, o existió siempre. Habiendo así, según creo, señalado con claridad todos los modos posibles por los que podemos hallarlo, al recorrer alguno de ellos hemos de hallarlo. Debemos, pues, recorrer cada uno de estos en busca de su origen; y cuando hallemos quién es su autor, habremos de advertir que ese autor es culpable. ¿O cómo te parece a ti el asunto?»

    Capítulo V. Dios no es digno de culpa por permitir la existencia del diablo

    Hom. 19, 5

    Y Pedro dijo: «Es mi opinión que, aunque sea evidente que fue hecho por Dios, no debe culparse al Creador que lo hizo; pues quizá se hallara que el servicio que presta era de absoluta necesidad. Mas, por otra parte, si se probara que no fue creado, en cuanto que existió siempre, tampoco ha de culparse al Creador en este respecto, pues Él es mejor que todos los demás, aun si no ha podido poner fin a un ser que no tuvo principio, porque su naturaleza no lo admitía; o si, pudiendo, no lo aniquila, juzgando injusto poner fin a aquello que no recibió principio, y perdonando a lo que era malo por naturaleza, porque no habría podido llegar a ser otra cosa, aun si lo quisiera. Mas si, queriendo hacer el bien, no puede, aun en este caso es bueno, en cuanto tiene la voluntad, aunque no tenga el poder; y aunque no tenga el poder, es, sin embargo, el más poderoso de todos, en cuanto el poder no queda en manos de otro. Mas si hay algún otro que puede, y sin embargo no lo hace, ha de concederse que, en cuanto pudiendo no lo hace, es malvado en no ponerle fin, como si se complaciera en las obras hechas por él. Pero si ni aun ese otro puede, entonces es mejor aquel que, aunque no puede, no deja de querer beneficiarnos según su capacidad.»

    Capítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo

    Hom. 19, 6

    Y Simón dijo: «Cuando hayas discutido todos los asuntos que te he expuesto, te mostraré la causa del mal. Entonces también responderé a lo que ahora has dicho y probaré que ese Dios que afirmas irreprensible es digno de culpa.» Y Pedro dijo: «Puesto que por lo que dices al comienzo advierto que no pretendes otra cosa sino someter a Dios, como autor del mal, a la culpa, he resuelto acompañarte por todos los caminos que quieras y probar que Dios está enteramente libre de culpa.» Y Simón dijo: «Dices esto como amante de Dios, a quien supones conocer; pero no tienes razón.» Y Pedro dijo: «Pero tú, como malvado y odiando a Dios, a quien no has conocido, profieres palabras blasfemas.» Y Simón dijo: «Recuerda que me has comparado con el autor del mal.» Y Pedro dijo: «Lo confieso: me equivoqué al compararte con el maligno; pues me vi obligado a ello, porque no he hallado a nadie que sea igual a ti, ni peor que tú. Por eso te comparé con el maligno; pues resulta que eres mucho más malvado que el autor del mal. Porque nadie puede probar que el maligno haya hablado contra Dios; pero todos los que estamos presentes te vemos hablar osadamente contra Él.» Y Simón dijo: «Quien busca la verdad no debe complacer a nadie en nada contrario a lo que es realmente verdadero. Pues ¿para qué hace, en absoluto, la indagación? ¿Para qué, pregunto? Porque yo tampoco puedo, dejando de lado la investigación precisa de las cosas, gastar todo mi tiempo en alabar a ese Dios a quien no conozco.»

    Capítulo VII. Pedro sospecha que Simón ni siquiera cree en un Dios

    Hom. 19, 7

    Y Pedro dijo: «No eres tan dichoso como para alabarlo, ni en verdad puedes hacer una buena obra como esta; porque entonces estarías lleno de Él. Pues así dijo nuestro Maestro, que siempre habló la verdad: 'De la abundancia del corazón habla la boca.' Por lo cual tú, abundando en malos propósitos, por ignorancia hablas contra el único Dios bueno. Y no sufriendo todavía lo que mereces sufrir por las palabras que te has atrevido a proferir, o imaginas que no habrá juicio, o acaso piensas que ni siquiera hay un Dios. Por lo cual, no comprendiendo una longanimidad como la suya, avanzas hacia una locura aún mayor.» Y Simón dijo: «No imagines que vas a asustarme para que no investigue la verdad de tus ejemplos. Pues estoy tan ávido de la verdad que por ella no rehuiré pasar peligro. Si, pues, tienes algo que decir acerca de las proposiciones que hice al comienzo, dilo ahora.»

    Capítulo VIII. Pedro se dispone a discutir el origen del diablo

    Hom. 19, 8

    Y Pedro dijo: «Puesto que nos obligas, después de haber hecho investigaciones precisas de los designios de Dios, a aventurarnos a exponerlos, y eso, además, a hombres que no son capaces de comprender a fondo los designios de sus semejantes, por causa al menos de los presentes, yo, en lugar de callar —lo cual sería lo más piadoso—, discutiré los asuntos de que quieres que hable. Convengo contigo en creer que existe un príncipe del mal, de cuyo origen la Escritura no se ha aventurado a decir nada ni verdadero ni falso. Pero sigamos la indagación por muchos caminos, en cuanto a cómo ha llegado a existir, si es un hecho que ha llegado a existir; y de las opiniones que se presentan, elijamos la más reverente, pues, tratándose de opiniones probables, se asume con confianza la que se funda en el principio de que debemos atribuir a Dios lo más reverente; y con mayor razón si, apartadas todas las demás suposiciones, queda todavía una que es adecuada y encierra menos peligro. Pero te prometo, antes de proceder a la indagación, que todo método en la indagación puede mostrar que solo Dios es irreprensible.»

    Capítulo IX. Teorías acerca del origen del diablo

    Hom. 19, 9

    «Pero, como dijiste, si el maligno es creado, o bien ha sido engendrado como un animal, o ha sido emitido sustancialmente por Él, o ha sido compuesto externamente, o su voluntad ha surgido por composición; o sucedió que llegó a existir de cosas inexistentes, sin composición y sin la voluntad de Dios; o ha sido hecho por Dios de aquello que de ningún modo y en ninguna parte existe; o la materia, inanimada o viva, de la que ha surgido estaba fuera de Dios; o él se formó a sí mismo, o fue hecho por Dios, o es una cosa relativa, o existió siempre: pues no podemos decir que no existe, ya que hemos convenido en pensar que existe.» Y Simón dijo: «Bien has distinguido, de modo sumario, todos los modos de dar cuenta de su existencia. Ahora me toca a mí examinar estas diversas ideas y mostrar que el Creador es digno de culpa. Pero es asunto tuyo probar, como prometiste, que él está libre de toda culpa. Aunque dudo que seas capaz. Pues, en primer lugar, si el diablo ha sido engendrado por Dios como un animal, el vicio que hay en él es, en consecuencia, el mismo que el de quien lo emite.» Y Pedro dijo: «De ningún modo. Pues vemos a muchos hombres buenos que son padres de hijos malvados, y a otros malvados que son padres de hijos buenos, y a otros, a su vez, malvados que producen hijos a la vez buenos y malos, y a otros buenos que tienen hijos a la vez malos y buenos. Por ejemplo, el primer hombre que fue creado engendró al inicuo Caín y al justo Abel.» A lo cual Simón dijo: «Obras neciamente al usar ejemplos humanos cuando discurres acerca de Dios.» Y Pedro dijo: «Habla, pues, tú a nosotros acerca de Dios sin usar ejemplos humanos, y sin embargo de modo que lo que digas pueda entenderse; pero no eres capaz de hacerlo.»

    Capítulo X. El Dios absoluto es enteramente incomprensible para el hombre

    Hom. 19, 10

    «Por ejemplo, entonces, ¿qué dijiste al principio? Si el maligno ha sido engendrado por Dios, siendo de la misma sustancia que Él, entonces Dios es malvado. Pero cuando te mostré, con el ejemplo que tú mismo adujiste, que los seres malvados proceden de los buenos, y los buenos de los malvados, no admitiste el argumento, pues dijiste que el ejemplo era humano. Por lo cual ahora no admito que el término 'ser engendrado' pueda usarse con referencia a Dios; pues es propio del hombre, y no de Dios, engendrar. No solo esto; sino que Dios no puede ser bueno ni malo, justo ni injusto. Ni tampoco puede tener inteligencia, ni vida, ni ninguno de los otros atributos que pueden existir en el hombre; pues todos estos son propios del hombre. Y si, en nuestras investigaciones acerca de Dios, no hemos de darle los atributos buenos que pertenecen al hombre, no nos es posible tener pensamiento alguno ni hacer afirmación alguna acerca de Dios; sino que todo lo que podemos hacer es investigar un solo punto, a saber, cuál es su voluntad, la cual Él mismo nos ha permitido aprehender, para que, al ser juzgados, no tengamos excusa respecto de aquellas leyes que no hemos observado, aunque las conocíamos.»

    Capítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios

    Hom. 19, 11

    Y Simón, al oír esto, dijo: «No me obligarás, por vergüenza, a callar en cuanto a su sustancia y a indagar solo su voluntad. Pues es posible tanto pensar como hablar de su sustancia. Me refiero a partir de los atributos buenos que pertenecen al hombre. Por ejemplo, la vida y la muerte son atributos del hombre; pero la muerte no es atributo de Dios, sino la vida, y la vida eterna. Además, los hombres pueden ser a la vez malos y buenos; pero Dios solo puede ser incomparablemente bueno. Y, para no alargar demasiado el asunto, los atributos mejores del hombre son atributos eternos de Dios.» Y Pedro dijo: «Dime, Simón, ¿es atributo del hombre engendrar el mal y el bien, y hacer el mal y el bien?» Y Simón dijo: «Lo es.» Y Pedro dijo: «Puesto que has hecho esta afirmación, debemos asignar a Dios los atributos mejores del hombre; y así, mientras los hombres engendran mal y bien, Dios solo puede engendrar el bien; y mientras los hombres hacen mal y bien, Dios solo se complace en hacer el bien. Así, en lo que respecta a Dios, debemos o bien no predicar ninguno de los atributos del hombre y callar, o es razonable que le asignemos los mejores de los atributos buenos. Y así Él solo es la causa de todos los bienes.»

    Capítulo XII. Dios produjo al maligno, pero no el mal

    Hom. 19, 12

    Y Simón dijo: «Si, pues, Dios es causa solo de lo que es bueno, ¿qué otra cosa podemos pensar sino que otro principio engendró al maligno; o acaso el mal es ingénito?» Y Pedro dijo: «Ningún otro poder engendró al maligno, ni el mal es ingénito, como mostraré en la conclusión; pues ahora mi objeto es probar, como prometí al comienzo, que Dios es irreprensible en todo respecto. Hemos concedido, pues, que Dios posee de manera incomparable los atributos mejores que pertenecen a los hombres. Por lo cual también le es posible haber sido el productor de las cuatro sustancias, a saber, el calor, el frío, lo húmedo y lo seco. Estas, siendo al principio simples y sin mezcla, eran naturalmente indiferentes en su deseo; pero, producidas por Dios y mezcladas externamente, naturalmente llegarían a ser un ser viviente, dotado de libre albedrío para destruir a los que son malos. Y así, puesto que todas las cosas han sido engendradas por Él, el maligno no procede de otra fuente. Ni ha derivado su mal del Dios que ha creado todas las cosas (con quien es imposible que exista el mal), porque las sustancias fueron producidas por Él en estado de indiferencia y cuidadosamente separadas unas de otras; y cuando fueron mezcladas externamente por su arte, surgió por la volición el deseo de la destrucción de los malos. Pero el bien no puede ser destruido por el mal que surgió, aunque este quisiera hacerlo: pues ejerce su poder solo contra los que pecan. Ignorante, pues, del carácter de cada uno, hace su intento contra él, y, convenciéndolo, lo castiga.» Y Simón dijo: «Siendo Dios capaz de mezclar los elementos, y de hacer sus mezclas de modo que produzcan cualesquiera disposiciones que quiera, ¿por qué no hizo la composición de cada uno tal que prefiriera lo bueno?»

    Capítulo XIII. Dios, hacedor del diablo

    Hom. 19, 13

    Y Pedro dijo: «Ahora bien, nuestro objeto es mostrar cómo y por quién vino a existir el maligno, puesto que sí vino a existir; pero mostraremos si vino a existir sin culpa cuando hayamos terminado el asunto que ahora nos ocupa. Luego mostraré cómo y por causa de qué vino a existir, y os convenceré plenamente de que su Creador es sin culpa. Dijimos, pues, que las cuatro sustancias fueron producidas por Dios. Y así, por la voluntad de Aquel que las mezcló, surgió, como Él quiso, la elección de los males. Porque si hubiera surgido contra su determinación, o de alguna otra sustancia o causa, entonces Dios no habría tenido firmeza de voluntad: pues acaso, aunque Él no lo quisiera, podrían surgir continuamente caudillos del mal que guerrearan contra sus deseos. Pero es imposible que esto sea así. Porque ningún ser viviente, y especialmente uno capaz de dar guía, puede surgir por accidente: pues todo lo que es producido debe ser producido por alguien.»

    Capítulo XIV. ¿Es eterna la materia?

    Hom. 19, 14

    Y Simón dijo: «Pero ¿y si la materia, siendo coetánea con Él y poseyendo igual poder, produce como enemiga suya a caudillos que estorban sus deseos?» Y Pedro dijo: «Si la materia es eterna, entonces no es enemiga de nadie: pues lo que existe para siempre es impasible, y lo que es impasible es bienaventurado; pero lo bienaventurado no puede ser receptivo del odio, ya que, a causa de su creación eterna, no teme ser privado de nada. Pero ¿cómo no ama más bien la materia al Creador, cuando evidentemente envía sus frutos para nutrir a todos los que por Él han sido hechos? ¿Y cómo no le teme como a superior, como lo confiesa temblando en los terremotos, y como, aunque sus olas se levantaban, sin embargo, cuando el Maestro navegaba sobre ella y mandó la calma, obedeció al instante y quedó quieta? ¡Cómo! ¿No salieron los demonios por temor y respeto hacia Él, y otros de ellos desearon entrar en los cerdos; pero primero le rogaron antes de ir, claramente porque no tenían poder para entrar ni siquiera en los cerdos sin su permiso?»
    Comentario editorial · Dónde se corta el manuscrito de París
    En este punto, a mitad del capítulo 14 de la homilía XIX, se interrumpe el manuscrito de París que Cotelerio imprimió y que fue durante siglos el único conocido de las Homilías. El resto, hasta la homilía XX, solo está en el manuscrito de la Biblioteca Ottoboniana de Roma, que Dressel editó en 1853 (Smith, en su noticia, y la nota de la propia edición coinciden). Por eso el final de la novela, que incluye la transformación del padre de Clemente en la figura de Simón, se conoció tan tarde. El volumen del ANF traduce ya la obra completa.

    Capítulo XV. El pecado, causa del mal

    Hom. 19, 15

    Y Simón dijo: «Pero ¿y si, siendo sin vida, posee una naturaleza capaz de producir lo que es malo y lo que es bueno?» Y Pedro dijo: «Según esta afirmación, no es ni buena ni mala, porque no actúa por libre elección, pues es sin vida e insensible. Por lo cual es posible percibir distintamente en este asunto cómo, siendo sin vida, produce como si estuviera viva; y siendo insensible, sin embargo, claramente modela formas artísticas tanto en los animales como en las plantas.» Y Simón dijo: «¡Cómo! Si Dios mismo le dio vida, ¿no es entonces Él la causa de los males que produce?» Y Pedro dijo: «Si Dios le dio vida según su propia voluntad, entonces es su Espíritu el que la produce, y ya no es algo hostil a Dios o de igual poder que Él; de lo contrario, es imposible que todo lo hecho por Él sea hecho como Él quiere. Pero dirás: Él mismo es la causa del mal, puesto que Él mismo produce los males por medio de ella. ¿De qué clase son, entonces, los males de que hablas? ¿Serpientes venenosas y plantas mortíferas, o demonios, o cualquiera otra de esas cosas que pueden perturbar a los hombres?—cosas que no habrían sido dañinas si el hombre no hubiera pecado, y por esta razón entró la muerte. Porque si el hombre estuviera sin pecado, el veneno de las serpientes no tendría efecto, ni las actividades de las plantas dañinas, ni habría perturbaciones de demonios, ni el hombre tendría naturalmente ningún otro sufrimiento; sino que, perdiendo su inmortalidad a causa de su pecado, se ha vuelto, como he dicho, capaz de todo sufrimiento. Pero si dices: ¿Por qué, entonces, fue hecha la naturaleza del hombre al principio capaz de muerte? Te digo: a causa del libre albedrío; pues si no fuéramos capaces de muerte, no podríamos, siendo inmortales, ser castigados a causa de nuestro pecado voluntario. Y así, a causa de nuestra exención de sufrimiento, la justicia se debilitaría aún más si fuéramos malvados por elección; pues los que tuvieran malos propósitos no podrían ser castigados, por ser incapaces de sufrir.»

    Capítulo XVI. Por qué se confía poder al maligno

    Hom. 19, 16

    Y Simón dijo a esto: «Me queda una cosa más que decir acerca del maligno. Ciertamente, puesto que Dios lo hizo de la nada, en este respecto es malvado, especialmente porque pudo hacerlo bueno, dándole en su creación una naturaleza en modo alguno capaz de elegir la maldad.» Y Pedro dijo: «La afirmación de que lo creó de la nada, con poder de elección, es semejante a la afirmación que hemos hecho antes: que, habiendo hecho una constitución tal que puede gozarse en los males, Él mismo parece ser la causa de lo que sucedió. Pero, puesto que hay una sola explicación de ambas afirmaciones, mostraremos después por qué hizo que él se gozara en la destrucción de los malvados.» Y Simón dijo: «Si hizo también a los ángeles agentes voluntarios, y el maligno se apartó del estado de justicia, ¿por qué ha sido honrado con un cargo de mando? ¿No es evidente que el que así lo honró se complace en el malvado, precisamente porque lo ha honrado así?» Y Pedro dijo: «Si Dios lo puso por ley, cuando se rebeló, para gobernar sobre los que eran semejantes a él, ordenándole infligir castigo a los que pecan, no es injusto. Pero si es el caso que lo ha honrado incluso después de su rebelión, el que lo honró vio de antemano su utilidad; pues el honor es temporal, y es justo que los malvados sean gobernados por el maligno, y que los pecadores sean castigados por él.»

    Capítulo XVII. El diablo no tiene poder igual al de Dios

    Hom. 19, 17

    Y Simón dijo: «Si, pues, él existe para siempre, ¿no queda así destruido el hecho del gobierno único de Dios, puesto que hay otro poder, a saber, el que se refiere a la materia, que gobierna junto con Él?» Y Pedro dijo: «Si son diferentes en sus sustancias, son también diferentes en sus poderes, y el superior gobierna al inferior. Pero si son de la misma sustancia, entonces son iguales en poder, y son de igual manera buenos o malos. Pero es evidente que no son iguales en poder; pues el Creador puso la materia en aquella forma de mundo en la que quiso ponerla. ¿Es acaso posible, entonces, sostener que existió siempre, siendo una sustancia; y no es la materia, por así decirlo, el almacén de Dios? Pues no es posible sostener que hubo un tiempo en que Dios no poseía nada, sino que Él fue siempre el único soberano de ella. Por lo cual es también soberano único y eterno; y por esto se diría justamente que pertenece a Aquel que existe, gobierna y es eterno.» Y Simón dijo: «¿Qué, entonces? ¿Se hizo a sí mismo el maligno? ¿Y fue Dios bueno de tal manera que, sabiendo que sería causa del mal, no lo destruyó en su origen, cuando pudo haber sido destruido, por no estar todavía perfectamente hecho? Pues si vino a existir súbitamente y completo, entonces por eso está en guerra con el Creador, por haber venido súbitamente a existir poseyendo igual poder que Él.»

    Capítulo XVIII. ¿Es el diablo una relación?

    Hom. 19, 18

    Y Pedro dijo: «Lo que dices es imposible; pues si él hubiera venido a la existencia gradualmente, Él habría podido apartarlo como a enemigo por su propia libre elección. Y, conociendo de antemano que iba a venir a la existencia, no lo habría permitido como bueno, si no hubiera sabido que por causa de él se estaba produciendo lo útil. Y él no pudo haber venido a la existencia súbitamente, completo, por su propio poder. Pues el que no existía no pudo formarse a sí mismo; y ni pudo llegar a ser completo de la nada, ni nadie podría decir con justicia que tenía sustancia, de modo que fuera siempre igual en poder si era engendrado.» Y Simón dijo: «¿Es, pues, una mera relación, y en este sentido malvado?—siendo dañino, como el agua es dañina para el fuego, pero buena para la tierra oportunamente sedienta; como el hierro es bueno para el cultivo de la tierra, pero malo para los homicidios; y la concupiscencia no es mala respecto del matrimonio, sino mala respecto del adulterio; como el homicidio es un mal, pero bueno para el homicida en lo que toca a su propósito; y el engañar es un mal, pero agradable al hombre que engaña; y otras cosas de carácter semejante son buenas y malas de igual manera. De este modo, ni lo uno es malo ni lo otro bueno; pues lo uno produce lo otro. Pues ¿no es cierto que lo que parece hacerse injuriosamente alegra al que lo hace, pero castiga al que lo padece? Y aunque parezca injusto que un hombre, por amor propio, se gratifique por todos los medios a su alcance, ¿a quién, por otra parte, no le parece injusto que un hombre sufra severos castigos a manos de un juez justo por haberse amado a sí mismo?»

    Capítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas

    Hom. 19, 19

    Y Pedro dijo: «Un hombre debe castigarse a sí mismo por la continencia, cuando su concupiscencia quiere apresurarse a la injuria de otro, sabiendo que el maligno puede destruir a los malvados, pues ha recibido poder sobre ellos desde el principio. Y todavía no es esto un mal para los que han obrado mal; pero que sus almas permanezcan castigadas después de la destrucción, tienes razón al pensar que es realmente duro, aunque el hombre preordenado para el mal dijera que es justo. Por lo cual, como he dicho, debemos evitar hacer injuria a otro por causa de un placer de corta duración, para no envolvernos en castigo eterno por causa de un pequeño placer.» Y Simón dijo: «¿Sucede, entonces, que nada hay malo ni bueno por naturaleza, sino que la diferencia surge por la ley y la costumbre? Pues ¿no es costumbre de los persas casarse con sus propias madres, hermanas e hijas, mientras que el matrimonio con otras mujeres está prohibido como sumamente bárbaro? Por lo cual, si no está establecido qué cosas son malas, no es posible que todos esperen el juicio de Dios.» Y Pedro dijo: «Esto no puede sostenerse; pues es evidente para todos que la cohabitación con las madres es abominable, aunque los persas, que son una mera fracción del todo, bajo los efectos de una mala costumbre dejen de ver la iniquidad de su conducta abominable. Así también los britanos cohabitan públicamente a la vista de todos, y no se avergüenzan; y algunos hombres comen la carne de otros, y no sienten repugnancia; y otros comen carne de perros; y otros practican otros hechos innombrables. Así, pues, no debemos formar nuestros juicios con una percepción que por la costumbre se ha pervertido de su acción natural. Pues ser asesinado es un mal, aunque todos lo negaran; pues nadie desea sufrirlo él mismo, y en el caso del robo nadie se alegra de su propio castigo. Si, pues, nadie hubiera de confesar jamás que estos son pecados, es justo aun entonces esperar por necesidad un juicio respecto de los pecados.» Cuando Pedro dijo esto, Simón respondió: «¿Te parece, entonces, que esta es la verdad acerca del maligno? Dime.»

    Capítulo XX. El dolor y la muerte, resultado del pecado

    Hom. 19, 20

    Y Pedro dijo: «Recordamos que nuestro Señor y Maestro, mandándonos, dijo: ‘Guardad los misterios para mí y para los hijos de mi casa.’ Por lo cual también explicó a sus discípulos en privado los misterios del reino de los cielos. Pero a vosotros, que combatís contra nosotros y no examináis otra cosa que nuestras afirmaciones, si son verdaderas o falsas, sería impío exponer las verdades ocultas. Pero para que ninguno de los presentes imagine que estoy inventando excusas porque soy incapaz de responder a las aserciones hechas por ti, te responderé poniendo primero la cuestión: Si hubiera habido un estado de ausencia de dolor, ¿cuál es el significado de la afirmación: ‘El maligno era?’» Y Simón dijo: «Las palabras no tienen significado.» Y Pedro: «¿Es, entonces, el mal lo mismo que el dolor y la muerte?» Y Simón: «Así parece.» Y Pedro dijo: «El mal, pues, no existe siempre; más aún, ni siquiera puede existir de modo substancial; pues el dolor y la muerte pertenecen a la clase de los accidentes, ninguno de los cuales puede coexistir con la fuerza permanente. Pues ¿qué es el dolor sino la interrupción de la armonía? ¿Y qué es la muerte sino la separación del alma del cuerpo? Por tanto, no hay dolor cuando hay armonía. Pues la muerte ni siquiera pertenece en absoluto a las cosas que existen substancialmente: porque la muerte no es nada, como he dicho, sino la separación del alma del cuerpo; y cuando esto sucede, el cuerpo, que por naturaleza es incapaz de sensación, se disuelve; pero el alma, siendo capaz de sensación, permanece en vida y existe substancialmente. Por consiguiente, cuando hay armonía no hay dolor, ni muerte, no, ni siquiera plantas mortíferas ni reptiles venenosos, ni nada de tal naturaleza que su fin sea la muerte. Y por tanto, donde reina la inmortalidad, todas las cosas parecerán haber sido hechas con razón. Y esto sucederá cuando, a causa de la justicia, el hombre se haga inmortal por la prevalencia del reino pacífico de Cristo, cuando su composición esté tan bien ordenada que no dé lugar a impulsos agudos; y su conocimiento, además, será infalible, de modo que no confundirá el mal con el bien; y no sufrirá dolor, de modo que no será mortal.»

    Capítulo XXI. Los usos de la concupiscencia, la ira y el dolor

    Hom. 19, 21

    Y Simón dijo: «Tuviste razón al decir esto; pero en el mundo presente, ¿no te parece el hombre capaz de toda clase de afección —como, por ejemplo, de concupiscencia, ira, dolor y cosas semejantes?» Y Pedro dijo: «Sí; estas pertenecen a las cosas accidentales, no a las que existen siempre, y se hallará que ahora ocurren con ventaja para el alma. Pues la concupiscencia, por la voluntad de Aquel que creó bien todas las cosas, ha sido hecha para surgir dentro del ser viviente, a fin de que, llevado por ella al trato conyugal, aumente la humanidad, de cuya selección surge una multitud de seres superiores aptos para la vida eterna. Pero si no existiera la concupiscencia, nadie se ocuparía del trato con su esposa; mas ahora, por causa del placer y, por así decirlo, gratificándose a sí mismo, el hombre cumple la voluntad de Él. Ahora bien, si un hombre usa la concupiscencia para el matrimonio lícito, no obra impíamente; pero si se precipita al adulterio, obra impíamente, y es castigado porque hace mal uso de una buena ordenanza. Y de la misma manera, Dios ha hecho que la ira se encienda naturalmente dentro de nosotros, para que por ella seamos inducidos a rechazar las injurias. Sin embargo, si alguno le da rienda sin freno, obra injustamente; pero si la usa dentro de los debidos límites, hace lo recto. Además, somos capaces de dolor, para que seamos movidos a compasión ante la muerte de parientes, de una esposa, o de hijos, o de hermanos, o de padres, o de amigos, o de algunos otros, pues, si no fuéramos capaces de compasión, seríamos inhumanos. De igual manera, todas las demás afecciones se hallará que están adaptadas para nosotros, si al menos se considera la razón de su existencia.»

    Capítulo XXII. Pecados de ignorancia

    Hom. 19, 22

    Y Simón: «¿Por qué, entonces, algunos mueren prematuramente, y surgen enfermedades periódicas; y hay, además, ataques de demonios y de locura, y todas las demás clases de aflicciones que pueden castigar gravemente?» Y Pedro dijo: «Porque los hombres, siguiendo su propio placer en todas las cosas, cohabitan sin observar los tiempos propios; y así, el depósito de la semilla, teniendo lugar fuera de tiempo, produce naturalmente una multitud de males. Pues deberían reflexionar que, así como se ha fijado una estación adecuada para plantar y sembrar, así también se han señalado días apropiados para la cohabitación, que deben observarse cuidadosamente. Por eso, alguien bien instruido en las doctrinas enseñadas por Moisés, reprendiendo al pueblo por sus pecados, los llamó hijos de las lunas nuevas y de los sábados. Sin embargo, en el principio del mundo los hombres vivían largo tiempo y no tenían enfermedades. Pero cuando por negligencia descuidaron la observancia de los tiempos propios, entonces los hijos, cohabitando sucesivamente por ignorancia en tiempos en que no debían, colocaron a sus hijos bajo innumerables aflicciones. Por lo cual nuestro Maestro, cuando le preguntamos acerca del hombre ciego de nacimiento que recobró la vista, si había pecado este hombre o sus padres para que naciera ciego, respondió: ‘Ni pecó él en absoluto, ni sus padres, sino para que el poder de Dios se manifestara por medio de él, sanando los pecados de ignorancia.’ Y, en verdad, tales aflicciones surgen a causa de la ignorancia; como, por ejemplo, por no saber cuándo uno debe cohabitar con su esposa, como si ella estuviera pura de su flujo. Ahora bien, las aflicciones que mencionaste antes son resultado de la ignorancia, y no, ciertamente, de maldad alguna que se haya perpetrado. Además, dame al hombre que no peca, y te mostraré al hombre que no sufre; y hallarás que no solo no sufre él mismo, sino que es capaz de sanar a otros. Por ejemplo, Moisés, a causa de su piedad, permaneció libre de sufrimiento toda su vida, y con sus oraciones sanó a los egipcios cuando sufrían a causa de sus pecados.»
    Comentario editorial · Una cita de Juan que solo conserva el manuscrito de Roma
    Al explicar por qué algunos nacen ciegos o enfermos, Pedro cita la respuesta de Jesús a sus discípulos ante el ciego de nacimiento (). Riddle señala que esta cita clara del evangelio de Juan está en la parte del texto que Dressel recuperó del manuscrito de Roma, y que importa porque los autores de la escuela de Tubinga negaban antes que este autor usara el cuarto evangelio.

    Capítulo XXIII. Las desigualdades de la suerte en la vida humana

    Hom. 19, 23

    Y Simón dijo: «Doy por concedido que esto es así: ¿no te parece injustísima la desigualdad de la suerte entre los hombres? Pues uno está en la pobreza, otro es rico; uno está enfermo, otro goza de salud; y hay innumerables diferencias de esta índole en la vida humana.» Y Pedro dijo: «¿No percibes, Simón, que estás otra vez lanzando tus observaciones más allá del blanco? Pues mientras discutíamos sobre el mal, has hecho una digresión y has introducido la cuestión de las anomalías que aparecen en este mundo. Pero hablaré incluso de este punto. El mundo es un instrumento artísticamente dispuesto, para que, para el varón que ha de existir eternamente, la hembra dé a luz hijos justos y eternos. Ahora bien, no habrían podido ser hechos aquí perfectamente piadosos si no hubiera habido necesitados a quienes ayudar. De la misma manera existen los enfermos, para que tengan objetos de su cuidado. Y las demás aflicciones admiten una explicación semejante.» Y Simón dijo: «¿No son desdichados los que viven en condición humilde? Pues están sometidos a la aflicción para que otros se hagan justos.» Y Pedro dijo: «Si su humillación fuera eterna, su desgracia sería muy grande. Pero las humillaciones y las exaltaciones de los hombres ocurren conforme a la suerte; y quien no está contento con su suerte puede apelar, y, juzgando su causa conforme a la ley, puede cambiar su modo de vida por otro.» Y Simón dijo: «¿Qué quieres decir con esa suerte y esa apelación?» Y Pedro dijo: «Ahora estás pidiendo la exposición de otro tema; pero si me lo permites, podemos mostrarte cómo, naciendo de nuevo, cambiando tu origen y viviendo conforme a la ley, obtendrás la salvación eterna.»

    Capítulo XXIV. Simón reprendido por Fausto

    Hom. 19, 24

    Y Simón, al oír esto, dijo: «No imagines que, cuando yo, al preguntarte, asentía contigo en cada tema, pasaba al siguiente como plenamente seguro de la verdad del anterior; sino que parecía ceder ante tu ignorancia, para que tú pasaras al tema siguiente, a fin de que, conociendo toda la extensión de tu ignorancia, pudiera condenarte, no por mera conjetura, sino por pleno conocimiento. Permíteme ahora retirarme por tres días, y volveré y mostraré que no sabes nada.» Cuando Simón dijo esto, y estaba a punto de salir, mi padre dijo: «Escúchame, Simón, un momento, y luego vete adonde quieras. Recuerdo que al principio, antes de la discusión, me acusaste de ser parcial, aunque aún no tenías experiencia de mí. Pero ahora, habiéndote oído discutir por turnos, y juzgando que Pedro lleva ventaja, y atribuyéndole ahora el mérito de decir la verdad, ¿te parece que juzgo correctamente y con conocimiento, o no es así? Pues si dijeras que he juzgado correctamente, pero no estás de acuerdo, entonces eres claramente parcial, puesto que no quieres asentir después de confesar tu derrota. Pero si no he acertado al sostener que Pedro lleva ventaja en la discusión, convéncenos de que no hemos juzgado correctamente, o dejarás de discutir con él ante todos, ya que siempre serás vencido y asentirás, y en consecuencia tu propia alma sufrirá dolor, condenado como estarás, y deshonrado, por tu propia conciencia, aunque no sientas vergüenza ante todos los oyentes como el mayor tormento; pues de hecho te hemos visto vencido, y hemos oído a tus propios labios confesarlo. Finalmente, por tanto, soy de opinión de que no volverás a la discusión, como prometiste; sino que, para que no parezca que has sido vencido, has prometido, al marcharte, que volverás.»

    Capítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal

    Hom. 19, 25

    Y Simón, al oír esto, crujió los dientes de rabia y se fue en silencio. Pero Pedro (pues quedaba aún una parte considerable del día) impuso las manos sobre la gran multitud para sanarla; y, habiéndola despedido, entró en la casa con sus amigos más íntimos y se sentó. Y uno de sus allegados, de nombre Sofonías, dijo: «Bendito sea Dios, oh Pedro, que te eligió y te instruyó para consuelo de los buenos. Pues, en verdad, discutiste con Simón con dignidad y gran paciencia. Pero te rogamos que nos hables del mal; pues esperamos que nos expongas tu propia y genuina creencia acerca de él, no ahora, sin embargo, sino mañana, si te parece bien; pues te disculpamos por la fatiga que sientes a causa de tu discusión.» Y Pedro dijo: «Quiero que sepáis que quien hace algo con placer halla descanso en los trabajos mismos; pero quien no hace lo que desea queda sumamente fatigado por el descanso mismo que toma. Por lo cual me concedéis un gran descanso cuando me hacéis discurrir sobre temas que me agradan.» Contentos, pues, con su disposición, y disculpándolo por su fatiga, le pedimos que aplazara la discusión hasta la noche, cuando solía discurrir para sus amigos genuinos. Y, tras compartir la sal, nos volvimos al sueño.
    0 comentarios
    0 vistas

    Comentarios

    Inicia sesión para dejar un comentario

    No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
    Fin de la parte 26 de 27