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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 2. Su angustia
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
  41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
  49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
  50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
  58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
  66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
  67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
  68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
  69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
  70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
  71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
  72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
  73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
  74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
  75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
  76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
  77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
  79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
  80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
  81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
  82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
  83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
  84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
  85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
  87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
  88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
  89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
  90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
  91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
  92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
  93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
  94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
  95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
  96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
  97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
  98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
  99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
  100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
  101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
  102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
  103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
  104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
  105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
  106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
  107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
  108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
  109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
  110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
  111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
  112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
  113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
  114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
  115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
  116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
  117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
  118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
  119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
  120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
  121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
  122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
  123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
  124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
  125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
  126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
  127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
  128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
  129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
  130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
  131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
  132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
  133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
  134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
  135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
  136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
  137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
  138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
  139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
  140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
  141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
  142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
  143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
  144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
  145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
  146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
  147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
  148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
  149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
  150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
  151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
  152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
  153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
  154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
  155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
  156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
  157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
  158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
  159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
  160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
  161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
  162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
  163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
  164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
  165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
  166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
  167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
  168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
  169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
  170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
  171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
  172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
  173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
  174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
  175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
  176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
  177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
  178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
  179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
  180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
  181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
  182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
  183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
  184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
  185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
  186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
  187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
  188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
  189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
  190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
  191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
  192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
  193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
  194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
  195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
  196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
  197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
  198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
  199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
  200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
  201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
  202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
  203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
  204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
  205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
  206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
  207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
  208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
  209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
  210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
  211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
  212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
  213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
  214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
  215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

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    TEXTOS — PSEUDO-CLEMENTE

    Índice de la obra

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    Reconocimientos y Homilías clementinas

    Siglos III–IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa de las Ante-Nicene Fathers41 minPosición: 0% de esta parteParte 17 de 27 · Homilía 2Publicado el Actualizado el Ref. ESC-CLEM-02

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    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
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    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
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    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
    41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
    49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
    50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
    58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
    66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
    67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
    68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
    69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
    70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
    71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
    72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
    73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
    74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
    75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
    76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
    77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
    79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
    80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
    81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
    82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
    83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
    84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
    85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
    87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
    88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
    89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
    90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
    91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
    92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
    93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
    94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
    95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
    96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
    97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
    98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
    99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
    100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
    101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
    102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
    103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
    104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
    105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
    106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
    107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
    108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
    109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
    110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
    111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
    112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
    113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
    114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
    115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
    116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
    117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
    118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
    119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
    120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
    121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
    122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
    123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
    124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
    125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
    126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
    127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
    128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
    129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
    130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
    131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
    132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
    133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
    134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
    135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
    136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
    137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
    138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
    139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
    140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
    141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
    142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
    143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
    144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
    145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
    146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
    147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
    148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
    149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
    150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
    151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
    152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
    153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
    154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
    155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
    156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
    157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
    158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
    159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
    160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
    161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
    162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
    163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
    164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
    165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
    166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
    167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
    168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
    169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
    170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
    171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
    172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
    173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
    174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
    175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
    176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
    177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
    178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
    179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
    180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
    181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
    182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
    183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
    184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
    185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
    186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
    187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
    188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
    189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
    190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
    191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
    192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
    193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
    194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
    195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
    196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
    197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
    198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
    199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
    200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
    201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
    202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
    203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
    204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
    205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
    206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
    207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
    208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
    209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
    210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
    211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
    212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
    213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
    214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
    215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

    Homilía 2

    Capítulo I. Los servidores de Pedro

    Hom. 2, 1

    [Por tanto] al día siguiente, yo, Clemente, despertando del sueño antes del alba, y sabiendo que Pedro estaba ya en pie y conversaba con sus servidores acerca del culto de Dios (eran dieciséis, y he tenido a bien consignar sus nombres, tal como después los aprendí, para que vosotros también sepáis quiénes eran. El primero de ellos era Zaqueo, que fue una vez publicano, y su hermano Sofonías; José y su hermano de leche Miqueas; también Tomás y Eliezer los mellizos; también Eneas y Lázaro los sacerdotes; además Eliseo y Benjamín, hijo de Safro; como también Rubilo y Zacarías los constructores; y Ananías y Ageo los de Jamnia; y Niceta y Áquila los amigos), —así, pues, entré y lo saludé, y a petición suya me senté.

    Capítulo II. Una mente sana en un cuerpo sano

    Hom. 2, 2

    Y él, interrumpiendo el discurso en que estaba ocupado, me aseguró, a modo de disculpa, por qué no me había despertado para que oyera sus discursos, asignando como razón la incomodidad de mi viaje. Como deseaba que esta se disipara, me había dejado dormir. «Pues,» dijo, «siempre que el alma está distraída por alguna necesidad corporal, no se acerca debidamente a las instrucciones que se le presentan. Por esta causa no quiero conversar, ni con los que están grandemente afligidos por alguna calamidad, ni con los que están desmedidamente airados, ni con los que se han vuelto al frenesí del amor, ni con los que sufren agotamiento corporal, ni con los que están angustiados por los cuidados de la vida, ni con los que están acosados por otros sufrimientos cualesquiera, cuya alma, como dije, estando abatida y compadeciéndose del cuerpo que sufre, ocupa también en ello su propia inteligencia.»

    Capítulo III. Hombre prevenido vale por dos

    Hom. 2, 3

    «Y no se diga: ¿Acaso no es, pues, propio presentar consuelos y amonestaciones a los que están en alguna mala condición? A esto respondo que, si ciertamente alguno puede, preséntelos; pero si no, aguarde su tiempo. Pues sé que todas las cosas tienen su propia sazón. Por lo cual es propio aplicar a los hombres palabras que fortalezcan el ánimo anticipadamente contra el mal; de suerte que, si en algún tiempo algún mal les sobreviene, la mente, estando prevenida con el recto argumento, pueda sobrellevar lo que le acontece: pues entonces la mente sabe, en la crisis de la lucha, acudir a aquel que la socorrió con buen consejo.»

    Capítulo IV. Una petición

    Hom. 2, 4

    «Sin embargo, he sabido, oh Clemente, que en Alejandría Bernabé te expuso perfectamente la palabra acerca de la profecía. ¿No fue así?» Respondí: «Sí, y de manera excelente.» Entonces Pedro: «Por tanto, no es necesario ocupar ahora con las instrucciones que ya conoces el tiempo que puede servirnos para otras instrucciones que no conoces.» Entonces dije yo: «Has dicho rectamente, oh Pedro. Pero concédeme esto a mí, que me propongo asistir siempre junto a ti, que me expongas continuamente, como a oyente deleitado, la doctrina del Profeta. Pues, aparte de Él, como aprendí de Bernabé, es imposible aprender la verdad.»

    Capítulo V. Excelencia del conocimiento del verdadero Profeta

    Hom. 2, 5

    Y Pedro, muy complacido con esto, respondió: «Ya ha llegado a su término el proceso de rectificación en lo que a ti respecta, pues conoces la grandeza de la profecía infalible, sin la cual es imposible que nadie reciba lo sumamente provechoso. Pues de los muchos y diversos bienes que hay en las cosas que son o que pueden ser, el más bienaventurado de todos —sea la vida eterna, o la salud perpetua, o un entendimiento perfecto, o la luz, o el gozo, o la inmortalidad, o cuanto otro bien supremo haya o pueda haber en la naturaleza de las cosas— no puede poseerse sin conocer primero las cosas como son; y este conocimiento no puede obtenerse de otro modo sino conociendo primero al Profeta de la verdad.»

    Capítulo VI. El verdadero Profeta

    Hom. 2, 6

    «Ahora bien, el Profeta de la verdad es Aquel que siempre conoce todas las cosas —las pasadas como fueron, las presentes como son, las futuras como serán—; sin pecado, misericordioso, a quien solo se ha confiado la declaración de la verdad. Lee, y hallarás que fueron engañados quienes pensaron que habían hallado la verdad por sí mismos. Pues esto es propio del Profeta: declarar la verdad, así como es propio del sol traer el día. Por lo cual, cuantos han deseado conocer la verdad, pero no han tenido la fortuna de aprenderla de Él, no la han hallado, sino que han muerto buscándola. Pues ¿cómo puede hallar la verdad quien la busca desde su propia ignorancia? Y aun si la halla, no la conoce, y pasa de largo junto a ella como si no existiera. Ni tampoco podrá obtener la posesión de la verdad de otro que, de igual modo, le prometa el conocimiento desde la ignorancia; exceptuando solo el conocimiento de la moralidad y cosas de esa índole, que puede conocerse por la razón, la cual ofrece a cada uno el conocimiento de que no debe agraviar a otro, por no desear él mismo ser agraviado.»

    Capítulo VII. La búsqueda de la verdad sin ayuda es inútil

    Hom. 2, 7

    «Todos, pues, cuantos buscaron la verdad, confiando en poder hallarla por sí mismos, cayeron en un lazo. Esto es lo que han sufrido tanto los filósofos de los griegos como los más inteligentes de los bárbaros. Pues, aplicándose a las cosas visibles, han dado decisiones por conjetura sobre las cosas no aparentes, pensando que era verdad lo que en algún momento se les presentaba como tal. Pues, como personas que conocen la verdad, ellos, todavía buscándola, rechazan algunas de las suposiciones que se les presentan y se aferran a otras, como si supieran, mientras no saben, qué cosas son verdaderas y cuáles falsas. Y dogmatizan acerca de la verdad, incluso aquellos que están buscándola, sin saber que quien busca la verdad no puede aprenderla de su propio extravío. Pues ni siquiera, como he dicho, puede reconocerla cuando está junto a él, puesto que no la conoce.»

    Capítulo VIII. La prueba de la verdad

    Hom. 2, 8

    «Y de ningún modo es lo verdadero, sino lo placentero, lo que persuade a todo el que busca aprender de sí mismo. Puesto que, entonces, una cosa place a uno y otra a otro, una cosa prevalece sobre uno como verdad, y otra sobre otro. Pero la verdad es aquello que el Profeta aprueba, no lo que es placentero para cada individuo. Pues lo que es uno sería muchos, si lo placentero fuera lo verdadero; lo cual es imposible. Por lo cual también los filólogos griegos —más bien que filósofos—, discurriendo sobre las cosas por conjeturas, han dogmatizado mucho y diversamente, pensando que la secuencia apta de hipótesis es la verdad, sin saber que, cuando se han asignado a sí mismos comienzos falsos, su conclusión ha correspondido al comienzo.»

    Capítulo IX. «Las cosas débiles del mundo.»

    Hom. 2, 9

    «Por lo cual el hombre debe pasar de largo ante todo lo demás y entregarse solo al Profeta de la verdad. Y todos somos capaces de juzgar de Él, si es profeta, aun siendo del todo indoctos, novicios en sofismas, desconocedores de la geometría y no iniciados en la música. Pues Dios, que cuida de todos, ha hecho más fácil para todos el descubrimiento acerca de Él, a fin de que ni los bárbaros fueran impotentes ni los griegos incapaces de hallarlo. Por tanto, el descubrimiento acerca de Él es fácil; y es así:—»

    Capítulo X. Prueba del Profeta

    Hom. 2, 10

    «Si es un Profeta, y es capaz de saber cómo fue hecho el mundo, y las cosas que hay en él, y las cosas que serán hasta el fin, si nos ha predicho algo, y hemos comprobado que se ha cumplido perfectamente, fácilmente creemos que serán las cosas que Él dice que han de ser, a partir de las cosas que ya han sido; le creemos, digo, no solo como a quien conoce, sino como a quien preconce. ¿A quién, entonces, por limitado entendimiento que tenga, no le parece que conviene, respecto de las cosas que agradan a Dios, creer más que a todos los demás a Aquel que más que todos los hombres conoce, aunque no haya aprendido? Por lo cual, si alguno no quisiera conceder el poder de conocer la verdad a tal persona —quiero decir, a Aquel que tiene preconocimiento por la divinidad del Espíritu que está en Él—, concediendo el poder de conocer a cualquier otro, ¿no está vacío de entendimiento, al conceder a quien no es profeta ese poder de conocer que no concedería al Profeta?»

    Capítulo XI. Ignorancia, conocimiento, preconocimiento

    Hom. 2, 11

    «Por lo cual, antes de todas las cosas, debemos probar al Profeta con todo juicio mediante la promesa profética; y habiendo comprobado que Él es el Profeta, debemos seguir sin vacilar las demás palabras de su enseñanza; y teniendo confianza acerca de las cosas esperadas, debemos conducirnos según el primer juicio, sabiendo que Aquel que nos dice estas cosas no tiene naturaleza de mentir. Por lo cual, si alguna de las cosas que después son dichas por Él no nos parece bien dicha, debemos saber que no es que haya sido dicha mal, sino que nosotros no la hemos concebido rectamente. Pues la ignorancia no juzga al conocimiento, y así tampoco el conocimiento es competente para juzgar verdaderamente el preconocimiento; sino que el preconocimiento ofrece conocimiento a los ignorantes.»

    Capítulo XII. Doctrina del verdadero Profeta

    Hom. 2, 12

    «De aquí, oh amado Clemente, que si quieres conocer las cosas que atañen a Dios, has de aprenderlas de Él solo, porque Él solo conoce la verdad. Pues si algún otro conoce algo, lo ha recibido de Él o de sus discípulos. Y esta es su doctrina y verdadera proclamación: que hay un solo Dios, cuya obra es el mundo; el cual, siendo del todo justo, ciertamente dará en algún tiempo a cada uno según sus obras.»

    Capítulo XIII. Recompensas y castigos futuros

    Hom. 2, 13

    «Pues hay toda necesidad de que quien dice que Dios es por su naturaleza justo crea también que las almas de los hombres son inmortales: pues ¿dónde estaría su justicia, cuando algunos, habiendo vivido piadosamente, han sido maltratados, y a veces arrebatados violentamente, mientras otros que han sido del todo impíos, y se han entregado a una vida lujosa, han muerto la muerte común de los hombres? Puesto que, por tanto, sin contradicción alguna, Dios, que es bueno, es también justo, no se conocerá que es justo de otro modo sino si el alma, tras su separación del cuerpo, es inmortal, de modo que el malvado, estando en el infierno, como quien aquí ha recibido sus bienes, sea allí castigado por sus pecados; y el bueno, que aquí ha sido castigado por sus pecados, sea entonces, como en el seno de los justos, constituido heredero de bienes. Puesto que, por tanto, Dios es justo, nos es plenamente evidente que hay un juicio, y que las almas son inmortales.»

    Capítulo XIV. Justicia e injusticia

    Hom. 2, 14

    «Pero si alguno, según la opinión de este Simón el samaritano, no admite que Dios es justo, ¿a quién entonces puede alguien atribuir la justicia, o la posibilidad de ella? Pues si la Raíz de todo no la tiene, hay toda necesidad de pensar que ha de ser imposible hallarla en la naturaleza humana, que es, por así decirlo, el fruto. Y si se halla en el hombre, ¡cuánto más en Dios! Pero si la justicia no puede hallarse en ninguna parte, ni en Dios ni en el hombre, entonces tampoco la injusticia. Pero existe la justicia, pues la injusticia toma su nombre de la existencia de la justicia; porque se llama injusticia cuando la justicia es comparada con ella y se halla que es opuesta a ella.»

    Capítulo XV. Pares

    Hom. 2, 15

    «De aquí, por tanto, que Dios, enseñando a los hombres respecto de la verdad de las cosas existentes, siendo Él mismo uno, ha distinguido todos los principios en pares y opuestos, siendo Él mismo uno y solo Dios desde el principio, habiendo hecho el cielo y la tierra, el día y la noche, la luz y el fuego, el sol y la luna, la vida y la muerte. Pero al hombre solo entre todas estas cosas lo hizo dueño de sí mismo, teniendo aptitud para ser o justo o injusto. Para él también ha variado las figuras de las combinaciones, poniendo ante él primero las cosas pequeñas y después las grandes, como el mundo y la eternidad. Pero el mundo que ahora es, es temporal; el que será, es eterno. Primero es la ignorancia, luego el conocimiento. Así también ha dispuesto los caudillos de la profecía. Pues, puesto que el mundo presente es femenino, como madre que da a luz las almas de sus hijos, pero el mundo venidero es masculino, como padre que recibe a sus hijos de su madre, por eso en este mundo viene una sucesión de profetas, como hijos del mundo venidero, que tienen conocimiento de los hombres. Y si los hombres piadosos hubieran entendido este misterio, nunca se habrían extraviado, sino que aun ahora habrían sabido que Simón, que ahora esclaviza a todos los hombres, es colaborador del error y del engaño. Ahora bien, la doctrina de la regla profética es como sigue.»

    Capítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios

    Hom. 2, 16

    «Como en el principio Dios, que es uno, como mano derecha e izquierda, hizo primero los cielos y después la tierra, así también constituyó todas las combinaciones en orden; pero sobre los hombres ya no hace esto, sino que varía todas las combinaciones. Pues mientras de Él vienen primero las cosas mayores y después las inferiores, hallamos lo opuesto en los hombres: lo primero peor, y lo segundo superior. Por tanto, de Adán, que fue hecho a imagen de Dios, brotó primero el injusto Caín, y después el justo Abel. De nuevo, de aquel que entre vosotros es llamado Deucalión, fueron enviadas dos formas de espíritus: la impura y la pura, primero el cuervo negro y luego la paloma blanca. De Abraham también, el patriarca de nuestra nación, brotaron dos primicias —Ismael primero, luego Isaac, que fue bendecido por Dios. Y de Isaac mismo, de igual manera, hubo nuevamente dos: Esaú el profano y Jacob el piadoso. Así, primero en el nacimiento, como primogénito en el mundo, fue el sumo sacerdote Aarón, luego el legislador Moisés.»

    Capítulo XVII. Primero lo peor, luego lo mejor

    Hom. 2, 17

    «De igual manera, la combinación respecto de Elías, que había de venir, ha sido de grado diferida a otro tiempo, habiendo determinado disfrutarla convenientemente más adelante. Por lo cual, también, aquel que estaba entre los nacidos de mujer vino primero; luego vino segundo aquel que estaba entre los hijos de los hombres. Sería posible, siguiendo este orden, percibir a qué serie pertenece Simón, que vino antes que yo a los gentiles, y a cuál pertenezco yo, que he venido después de él, y he venido sobre él como la luz sobre las tinieblas, como el conocimiento sobre la ignorancia, como la curación sobre la enfermedad. Y así, como el verdadero Profeta nos ha dicho, un falso profeta debe venir primero de algún engañador; y luego, de igual manera, tras la remoción del lugar santo, el verdadero Evangelio debe ser enviado secretamente al exterior para la rectificación de las herejías que habrá. Después de esto, también, hacia el fin, el Anticristo debe venir primero, y luego nuestro Jesús debe ser revelado como siendo en verdad el Cristo; y después de esto, habiendo brotado la luz eterna, todas las cosas de las tinieblas deben desaparecer.»

    Capítulo XVIII. Error acerca de Simón Mago

    Hom. 2, 18

    «Puesto que, entonces, como he dicho, algunos hombres no conocen la regla de la combinación, por eso no conocen quién es mi precursor Simón. Pues si fuera conocido, no sería creído; pero ahora, no siendo conocido, es creído indebidamente; y aunque sus obras son las de quien odia, es amado; y aunque enemigo, es recibido como amigo; y aunque sea muerte, es deseado como salvador; y aunque fuego, es estimado como luz; y aunque engañador, es creído como hablante de verdad.»
    Entonces yo, Clemente, cuando oí esto, dije: «¿Quién es, pues, te lo ruego, ese que es tal engañador? Quisiera ser informado.» Entonces dijo Pedro: «Si deseas aprenderlo, está en tu poder saberlo de aquellos de quienes yo también obtuve información precisa sobre todos los puntos respecto de él.»

    Capítulo XIX. Justa, una prosélita

    Hom. 2, 19

    «Hay entre nosotros una tal Justa, sirofenicia, de raza cananea, cuya hija estaba oprimida por una grave enfermedad. Y ella vino a nuestro Señor, clamando y suplicando que sanara a su hija. Pero Él, preguntado también por nosotros, dijo: "No es lícito sanar a los gentiles, que son semejantes a perros por usar diversas carnes y prácticas, mientras que la mesa en el reino ha sido dada a los hijos de Israel". Pero ella, oyendo esto, y rogando participar como un perro de las migajas que caen de esta mesa, habiendo cambiado lo que era, viviendo como los hijos del reino, obtuvo la curación para su hija, como pidió. Pues siendo ella gentil, y permaneciendo en el mismo curso de vida, Él no la habría sanado si hubiera permanecido gentil, por no ser lícito sanarla como a gentil.»

    Capítulo XX. Repudiada por la fe

    Hom. 2, 20

    «Ella, por tanto, habiendo adoptado una manera de vivir según la ley, fue, con la hija que había sido sanada, expulsada de su hogar por su marido, cuyos sentimientos se oponían a los nuestros. Pero ella, siendo fiel a sus compromisos, y hallándose en circunstancias acomodadas, permaneció viuda ella misma, pero dio a su hija en matrimonio a cierto hombre que estaba adherido a la verdadera fe, y que era pobre. Y, absteniéndose del matrimonio por causa de su hija, compró dos muchachos y los educó, y los tuvo en lugar de hijos. Y ellos, educados desde su niñez con Simón Mago, han aprendido todas las cosas acerca de él. Pues tal era su amistad, que estaban asociados con él en todas las cosas en las que él quería unirse a ellos.»

    Capítulo XXI. Los hijos adoptivos de Justa, asociados con Simón

    Hom. 2, 21

    «Estos hombres, habiendo encontrado a Zaqueo, que moraba aquí, y habiendo recibido de él la palabra de verdad, y habiéndose arrepentido de sus anteriores innovaciones, y denunciando inmediatamente a Simón como partícipe con él en todas las cosas, tan pronto como yo vine a morar aquí, vinieron a mí con su madre adoptiva, presentados a mí por él, Zaqueo, y desde entonces continúan conmigo, gozando de instrucciones en la verdad.» Cuando Pedro dijo esto, envió por ellos, y les encargó que me relataran con exactitud todas las cosas acerca de Simón. Y ellos, habiendo puesto a Dios por testigo de que en nada falsearían, procedieron con la relación.

    Capítulo XXII. Doctrinas de Simón

    Hom. 2, 22

    Primero comenzó Aquila a hablar de esta manera: «Escucha, oh queridísimo hermano, para que conozcas con exactitud todo acerca de este hombre: de quién es, qué es y de dónde; y qué cosas hace, y cómo y por qué las hace. Este Simón es hijo de Antonio y de Raquel, samaritano de raza, de la aldea de Gitá, que dista seis esquenos de la ciudad. Habiéndose ejercitado mucho en Alejandría, y siendo muy poderoso en magia, y ambicioso, quiere ser tenido por un cierto poder supremo, mayor incluso que el Dios que creó el mundo. Y a veces, dando a entender que él es Cristo, se llama a sí mismo el Excelso. Y emplea este epíteto como dando a entender que permanecerá siempre en pie, y que no tiene causa alguna de corrupción para que su cuerpo caiga. Y ni dice que el Dios que creó el mundo sea el Supremo, ni cree que los muertos resucitarán. Rechaza Jerusalén y pone en su lugar el monte Garizim. En lugar de nuestro Cristo, se proclama a sí mismo. Explica las cosas de la ley por su propia presunción; y dice, ciertamente, que ha de haber juicio, pero no lo espera. Pues si estuviera persuadido de que ha de ser juzgado por Dios, no se atrevería a ser impío contra el mismo Dios. Por lo cual algunos, no sabiendo que, sirviéndose de la religión como de un manto, despoja las cosas de la verdad, y creyendo fielmente la esperanza y el juicio que de algún modo dice que han de venir, se pierden.»

    Capítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista

    Hom. 2, 23

    «Pero que él viniera a ocuparse de las doctrinas de la religión sucedió de esta manera. Había un tal Juan, bautista de día, que era también, según el método de combinación, el precursor de nuestro Señor Jesús; y así como el Señor tuvo doce apóstoles, llevando el número de los doce meses del sol, así también él, Juan, tuvo treinta varones principales, cumpliendo la cuenta mensual de la luna, en cuyo número se hallaba una mujer llamada Helena, para que ni aun esto careciera de un sentido dispensacional. Pues una mujer, siendo la mitad de un hombre, completaba el número imperfecto de la triacóntada; como también sucede con la luna, cuya revolución no completa el curso entero del mes. Pero de estos treinta, el primero y el más estimado por Juan era Simón; y la razón de que no fuera jefe después de la muerte de Juan fue la siguiente:—»

    Capítulo XXIV. Estratagemas electorales

    Hom. 2, 24

    «Él, hallándose ausente en Egipto para practicar la magia, y habiendo sido muerto Juan, Dositeo, deseando el caudillaje, hizo correr falsamente que Simón había muerto y ocupó la cátedra. Pero Simón, volviendo no mucho después, y manteniéndose con firmeza en el puesto como propio, cuando se encontró con Dositeo no le reclamó el lugar, sabiendo que un hombre que ha alcanzado poder más allá de lo que esperaba no puede ser apartado de él. Por lo cual, con fingida amistad, se entrega por un tiempo al segundo lugar, bajo Dositeo. Mas, tomando su puesto a los pocos días entre los treinta condiscípulos, comenzó a hablar mal de Dositeo diciendo que no transmitía las instrucciones correctamente. Y esto dijo que lo hacía, no por falta de voluntad de transmitirlas correctamente, sino por ignorancia. Y en cierta ocasión, Dositeo, advirtiendo que esta artera acusación de Simón estaba disipando la opinión que muchos tenían de él, de modo que no pensaban que él fuera el Excelso, vino encolerizado al lugar acostumbrado de reunión, y hallando a Simón, lo golpeó con un bastón. Pero pareció pasar a través del cuerpo de Simón como si este hubiera sido humo. Entonces Dositeo, confundido, le dijo: "Si tú eres el Excelso, yo también te adoraré". Entonces Simón dijo que lo era; y Dositeo, sabiendo que él mismo no era el Excelso, cayó y lo adoró; y uniéndose a los veintinueve jefes, elevó a Simón a su propio lugar de reputación; y así, no muchos días después, el mismo Dositeo, mientras aquel (Simón) estaba en pie, cayó y murió.»

    Capítulo XXV. El engaño de Simón

    Hom. 2, 25

    «Pero Simón anda en compañía de Helena, y hasta ahora, como veis, está alborotando al pueblo. Y dice que él ha hecho bajar a esta Helena desde los altísimos cielos al mundo; siendo reina, como el ser que todo lo engendra, y sabiduría, por cuya causa, dice él, lucharon griegos y bárbaros, teniendo ante sus ojos solo una imagen de la verdad; pues ella, la que realmente es la verdad, estaba entonces con el dios principal. Además, explicando astutamente ciertas cosas de esta índole, fabricadas con mitos griegos, engaña a muchos; especialmente porque realiza muchas y notables maravillas, de modo que, si no supiéramos que hace estas cosas por magia, nosotros mismos también nos habríamos dejado engañar. Pero así como al principio fuimos colaboradores suyos, mientras hacía tales cosas sin dañar los intereses de la religión; ahora que ha comenzado con locura a intentar engañar a los religiosos, nos hemos apartado de él.»

    Capítulo XXVI. Su maldad

    Hom. 2, 26

    «Pues él comenzó incluso a cometer asesinato, como él mismo nos reveló, como amigo a amigos: que, habiendo separado el alma de un niño de su propio cuerpo mediante horrendos encantamientos, para tenerla como auxiliar en la exhibición de cuanto le pluguiera, y habiendo trazado la imagen del niño, la tiene colocada en la cámara interior donde duerme, diciendo que una vez formó al niño de aire por artes divinas, y que, habiendo pintado su imagen, lo devolvió otra vez al aire. Y explica que realizó la acción así. Dice que el alma primera del hombre, convirtiéndose en naturaleza de calor, atrajo a sí y absorbió el aire circundante, a manera de calabaza; y que luego lo transformó en agua cuando estaba dentro de la forma del espíritu; y dijo que el aire que había en él, que no podía derramarse a causa de la consistencia del espíritu, lo convirtió en naturaleza de sangre, y que hizo que la sangre se solidificara en carne; y que, consolidada así la carne, exhibió a un hombre no hecho de tierra, sino de aire. Y así, habiéndose persuadido de que podía hacer una nueva especie de hombre, dijo que invirtió los cambios y lo restituyó de nuevo al aire. Y cuando contó esto a otros, fue creído; pero por nosotros, que estábamos presentes en sus ceremonias, fue religiosamente descreído. Por lo cual denunciamos sus impiedades y nos apartamos de él.»

    Capítulo XXVII. Sus promesas

    Hom. 2, 27

    Cuando Aquila hubo hablado así, su hermano Nicetas dijo: «Es necesario, oh hermano Clemente, que yo mencione lo que Aquila ha omitido. Pues, en primer lugar, Dios es testigo de que no le asistimos en ninguna obra impía, sino que miramos mientras él las realizaba; y mientras hizo cosas inofensivas y las exhibió, también nosotros nos complacimos. Pero cuando, para engañar a los piadosos, dijo que hacía por medio de la divinidad las cosas que se hacían por magia, ya no lo soportamos, aunque nos hizo muchas promesas, especialmente que nuestras estatuas serían consideradas dignas de un lugar en el templo, y que seríamos tenidos por dioses, y adorados por la multitud, y honrados por reyes, y considerados dignos de honores públicos, y enriquecidos con riquezas sin límite.»

    Capítulo XXVIII. Consejo infructuoso

    Hom. 2, 28

    «Estas cosas, y otras estimadas mayores que estas, nos prometió, con la sola condición de que nos asociáramos con él y guardásemos silencio acerca de la maldad de su empresa, para que el designio de su engaño pudiera prosperar. Pero aun así no quisimos consentir, sino que incluso le aconsejamos que desistiera de tal locura, diciéndole: "Nosotros, oh Simón, recordando nuestra amistad contigo desde la niñez, y por afecto hacia ti, te damos buen consejo. Desiste de ese intento. No puedes ser Dios. Teme a Aquel que verdaderamente es Dios. Reconoce que eres hombre, y que el tiempo de tu vida es corto; y aunque consiguieras grandes riquezas, o incluso llegaras a ser rey, pocas cosas corresponden al corto tiempo de tu vida para el disfrute, y las cosas mal adquiridas pronto huyen y procuran castigo eterno al que se aventura. Por lo cual te aconsejamos que temas a Dios, por quien el alma de cada uno ha de ser juzgada por las obras que aquí ha hecho".»

    Capítulo XXIX. Inmortalidad del alma

    Hom. 2, 29

    «Al oír esto, él se rió; y cuando le preguntamos por qué se reía de que le diéramos buen consejo, respondió: "Me río de vuestra necia suposición, porque creéis que el alma del hombre es inmortal". Entonces dije yo: "No nos admiramos, oh Simón, de que intentes engañarnos, pero estamos confundidos por el modo en que te engañas aun a ti mismo. Dime, oh Simón, aunque ningún otro se haya convencido plenamente de que el alma es inmortal, al menos tú y nosotros deberíamos estarlo: tú, por haber separado una de un cuerpo humano, y haber conversado con ella, y haberle impuesto tus mandatos; y nosotros, por haber estado presentes, oído tus mandatos y presenciado claramente la ejecución de lo ordenado". Entonces dijo Simón: "Sé lo que quieres decir; pero nada sabes de los asuntos sobre los que razonas". Entonces dijo Nicetas: "Si sabes, habla; pero si no sabes, no supongas que podemos ser engañados con que digas que tú sabes y que nosotros no. Pues no somos tan niños como para que siembres en nosotros una astuta sospecha de modo que pensemos que tú conoces cosas inefables, y así nos tomes y nos mantengas sujetos, reteniéndonos por medio del deseo".»

    Capítulo XXX. Un argumento

    Hom. 2, 30

    «Entonces Simón dijo: "Sé que vosotros sabéis que yo separé un alma de un cuerpo humano; pero sé que ignoráis que no es el alma del muerto la que me sirve, pues no existe; sino que un cierto demonio actúa fingiendo ser el alma". Entonces dijo Nicetas: "Muchas cosas increíbles hemos oído en nuestra vida, pero no esperamos oír jamás algo más insensato que este discurso. Pues si un demonio finge ser el alma del muerto, ¿de qué sirve en absoluto el alma, para que haya de ser separada del cuerpo? ¿No estuvimos nosotros mismos presentes y te oímos conjurar el alma del cuerpo? ¿Y cómo sucede que, cuando uno es conjurado, otro que no es conjurado obedece, como asustado? Y tú mismo, cuando alguna vez te preguntamos por qué a veces cesan las conferencias, ¿no dijiste que el alma, habiendo cumplido en la tierra el tiempo que había de pasar en el cuerpo, se va al Hades? Y añadiste que a las almas de los que se suicidan no se les permite venir fácilmente, porque, habiendo vuelto a su morada en el Hades, son guardadas".»

    Capítulo XXXI. Un dilema

    Hom. 2, 31

    Nicetas habiendo hablado así, Aquila a su vez dijo: «Solo esto querría aprender de ti, Simón: ya sea el alma, ya sea un demonio lo que es conjurado, ¿de qué tiene miedo, para que no desprecie la conjuración? Entonces Simón dijo: "Sabe que debe sufrir castigo si desobedeciera". Entonces dijo Aquila: "Por lo tanto, si el alma viene cuando es conjurada, también hay juicio. Por consiguiente, si las almas son inmortales, ciertamente hay también juicio. Pues, como dices que las que son conjuradas para asuntos malvados son castigadas si desobedecen, ¿cómo no temes tú obligarlas, cuando las obligadas son castigadas por su desobediencia? Porque no es de admirar que aún no sufras por tus acciones, viendo que aún no ha llegado el juicio, cuando habrás de sufrir la pena de aquellas obras que has obligado a otros a hacer, y cuando lo que se ha hecho bajo coacción será perdonado, por haberse hecho por respeto al juramento que condujo a la mala acción". Y él, al oír esto, se enfureció, y nos amenazó de muerte si no guardábamos silencio acerca de sus obras.»

    Capítulo XXXII. Los prodigios de Simón

    Hom. 2, 32

    Cuando Aquila hubo hablado así, yo, Clemente, pregunté: «¿Cuáles son, pues, los prodigios que él realiza?» Y me dijeron que hace caminar a las estatuas, que se revuelca sobre el fuego y no se quema; y a veces vuela; y hace panes de piedras; se convierte en serpiente; se transforma en macho cabrío; se vuelve de dos caras; se cambia en oro; abre puertas cerradas; funde hierro; en los banquetes hace aparecer imágenes de toda clase de formas. En su casa hace que los platos se vean llevados por sí mismos para servirle, sin que se vea a portador alguno. Me admiré al oírles hablar así; pero muchos daban testimonio de que habían estado presentes y habían visto tales cosas.

    Capítulo XXXIII. Doctrina de los pares

    Hom. 2, 33

    Dichas estas cosas así, el excelentísimo Pedro mismo procedió a hablar: «Debéis percibir, hermanos, la verdad de la regla de la conjunción, de la cual quien no se aparta no puede ser extraviado. Pues como, según hemos dicho, vemos todas las cosas en pares y opuestos, y como primero es la noche y luego el día; y primero la ignorancia, luego el conocimiento; primero la enfermedad, luego la curación, así también las cosas del error entran primero en nuestra vida, y luego sobreviene la verdad, como el médico ante la enfermedad. Por lo tanto, inmediatamente, cuando nuestra nación amada por Dios estaba a punto de ser rescatada de la opresión de los egipcios, primero se produjeron enfermedades por medio de la vara convertida en serpiente, que fue dada a Aarón, y luego se sobreañadieron remedios por las oraciones de Moisés. Y también ahora, cuando los gentiles están a punto de ser rescatados de la superstición respecto de los ídolos, la maldad que reina sobre ellos ha enviado por anticipado a su aliado como otra serpiente, a este Simón que veis, que obra maravillas para asombrar y engañar, no signos de curación para convertir y salvar. Por lo cual conviene que también vosotros, a partir de los milagros que se hacen, juzguéis a los hacedores, cuál es el carácter del que los realiza y cuál el de la obra. Si hace milagros inútiles, es agente de maldad; pero si hace cosas provechosas, es guía de bondad.»

    Capítulo XXXIV. Milagros inútiles y filantrópicos

    Hom. 2, 34

    «Aquellos, pues, son signos inútiles, los que decís que hizo Simón. Pero yo digo que el hacer caminar a las estatuas, y revolcarse sobre carbones encendidos, y convertirse en dragón, y transformarse en macho cabrío, y volar por el aire, y todas las cosas semejantes, no siendo para curación del hombre, son de naturaleza tal que engañan a muchos. Pero los milagros de la verdad compasiva son filantrópicos, como los que habéis oído que hizo el Señor, y los que yo, después de Él, realizo por mis oraciones; en los cuales la mayoría de vosotros habéis estado presentes: algunos libres de toda clase de enfermedades, y otros de demonios; a algunos les fueron restituidas las manos, y a otros los pies; unos recuperaron la vista, y otros el oído; y todo cuanto el hombre puede hacer, teniendo espíritu filantrópico.»

    Capítulo XXXV. La discusión se aplaza

    Hom. 2, 35

    Cuando Pedro hubo hablado así, hacia el alba entró Zaqueo, nos saludó y dijo a Pedro: «Simón aplaza la investigación hasta mañana; porque hoy es su sábado, que ocurre a intervalos de once días.» A él respondió Pedro: «Di a Simón: cuando quieras; y sabe que siempre estamos dispuestos a encontrarnos contigo, por la divina providencia, cuando lo desees.» Y Zaqueo, oyendo esto, salió para devolver la respuesta.

    Capítulo XXXVI. Todo para bien

    Hom. 2, 36

    Pero él (Pedro) me vio desanimado y preguntó la razón; y habiéndosele dicho que no procedía de otra causa sino del aplazamiento de la investigación, dijo: «Quien ha comprendido que el mundo está gobernado por la buena providencia de Dios, oh amado Clemente, no se aflige por las cosas que de cualquier modo acontecen, considerando que las cosas toman su curso provechosamente bajo la providencia del Gobernante. Por lo cual, sabiendo que Él es justo, y viviendo con buena conciencia, sabe por recta razón sacudir de su alma toda molestia que le sobrevenga, porque, cuando sea completa, ha de redundar en algún bien desconocido. Ahora, pues, que no te aflija el aplazamiento de la investigación por parte de Simón el mago; porque tal vez ha ocurrido por la providencia de Dios para tu provecho. Por lo cual no tendré escrúpulo en hablarte como a amigo mío especial.»

    Capítulo XXXVII. Espías en el campamento enemigo

    Hom. 2, 37

    «Algunos de los nuestros asisten fingidamente a Simón como compañeros, como si estuvieran persuadidos por su error, el más ateo, a fin de que puedan aprender su propósito y revelárnoslo, para que podamos enfrentarnos a este hombre terrible en condiciones favorables. Y ahora he sabido de ellos qué argumentos va a emplear en la discusión. Y sabiendo esto, doy gracias a Dios por una parte, y os felicito por otra, por el aplazamiento de la discusión; pues vosotros, instruidos por mí antes de la discusión sobre los argumentos que han de ser usados por él para la destrucción de los ignorantes, podréis escuchar sin peligro de caer.»

    Capítulo XXXVIII. Corrupción de la Ley

    Hom. 2, 38

    «Pues a las Escrituras se les han añadido muchas falsedades contra Dios por esta causa. El profeta Moisés, habiendo entregado por orden de Dios la ley, con las explicaciones, a ciertos varones escogidos, en número de unos setenta, para que ellos también instruyeran a los del pueblo que quisieran, poco después la ley escrita tuvo añadidas ciertas falsedades contrarias a la ley de Dios, que hizo el cielo y la tierra, y todas las cosas que hay en ellos; atreviéndose el maligno a obrar esto con algún propósito justo. Y esto ocurrió en razón y juicio, para que fueran convictos los que se atrevieran a escuchar las cosas escritas contra Dios, y los que, por amor hacia Él, no solo no creyeran las cosas dichas contra Él, sino que ni siquiera soportaran oírlas en absoluto, aun si resultaran ser verdaderas, juzgando mucho más seguro incurrir en peligro respecto de la fe religiosa, que vivir con mala conciencia a causa de palabras blasfemas.»

    Capítulo XXXIX. Tácticas

    Hom. 2, 39

    «Simón, pues, según he sabido, piensa venir en público y hablar de aquellos capítulos contra Dios que están añadidos a las Escrituras, con el fin de tentar, para seducir a cuantos desdichados pueda, apartándolos del amor de Dios. Pues no queremos decir en público que estos capítulos están añadidos a la Biblia, ya que con ello perturbaríamos a las multitudes indoctas y así cumpliríamos el propósito de este malvado Simón. Porque ellos, no teniendo aún la facultad de discernir, huirían de nosotros como de impíos; o, como si no solo los capítulos blasfemos fueran falsos, se apartarían incluso de la palabra. Por lo cual estamos bajo la necesidad de asentir a los capítulos falsos, y de plantearle a cambio preguntas acerca de ellos, para llevarlo a un aprieto, y de dar en privado una explicación de los capítulos que se dicen contra Dios a los bien dispuestos, después de una prueba de su fe; y de esto no hay más que un camino, y este breve. Es el siguiente.»

    Capítulo XL. Instrucción preliminar

    Hom. 2, 40

    «Pues todo lo que se dice o se escribe contra Dios es falso. Pero que decimos esto verdaderamente, no solo por causa de la reputación, sino por causa de la verdad, te convenceré cuando mi discurso haya avanzado un poco más. Por lo cual, mi amadísimo Clemente, no debes entristecerte de que Simón haya interpuesto un día entre esto y la discusión. Pues hoy, antes de la discusión, serás instruido acerca de los capítulos añadidos a las Escrituras; y luego, en la discusión acerca del único y bueno Dios, Hacedor también del mundo, no debes distraerte. Pero en la discusión incluso te maravillarás de cómo hombres impíos, pasando por alto las multitudes de cosas que se dicen en las Escrituras en favor de Dios, y mirando las que se dicen contra Él, las aducen gustosamente; y así los oyentes, por causa de la ignorancia, creyendo las cosas contra Dios, se convierten en desterrados de su reino. Por lo cual tú, por ventaja del aplazamiento, aprendiendo el misterio de las Escrituras y ganando los medios de no pecar contra Dios, te regocijarás incomparablemente.»

    Capítulo XLI. Preguntar para informarse, no para contradecir

    Hom. 2, 41

    Entonces yo, Clemente, al oír esto, dije: «Verdaderamente me regocijo y doy gracias a Dios, que en todas las cosas hace bien. Sin embargo, él sabe que no podré pensar nada sino que todas las cosas son para Dios. Por lo cual no supongas que hago preguntas, como dudando de las palabras acerca de Dios, o de las que han de decirse, sino más bien para aprender, y así poder yo mismo instruir a otro que esté candidamente dispuesto a aprender. Por lo cual dime cuáles son las falsedades añadidas a las Escrituras, y cómo sucede que sean realmente falsas.» Entonces Pedro respondió: «Incluso aunque no me lo hubieras preguntado, habría continuado en orden y te habría ofrecido la exposición de estas cosas, como te prometí. Aprende, pues, cómo las Escrituras lo desfiguran en muchos aspectos, para que sepas cuando te topes con ellas.»

    Capítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad

    Hom. 2, 42

    «Pero lo que voy a deciros bastará a modo de ejemplo. Pero no creo, querido Clemente, que alguien que posea por poco que sea de amor a Dios y de candor, sea capaz de admitir, o siquiera de oír, las cosas que se dicen contra Él. Pues ¿cómo puede tener un alma monárquica, y ser santo, quien supone que hay muchos dioses, y no uno solo? Pero aun si no hubiera más que uno, ¿quién tendrá celo por ser santo, si halla en Él muchos defectos, ya que esperará que el Principio de todas las cosas, por causa de los defectos de su propia naturaleza, no visitará los crímenes de los demás?»

    Capítulo XLIII. Argumento a priori sobre los atributos divinos

    Hom. 2, 43

    «Por lo cual, lejos esté de nosotros creer que el Señor de todo, que hizo el cielo y la tierra y todas las cosas que hay en ellos, comparta su gobierno con otros, o que mienta. Pues si Él miente, ¿quién dice la verdad? ¿O que hace experimentos como por ignorancia? Pues entonces, ¿quién conoce de antemano? Y si delibera y cambia su propósito, ¿quién es perfecto en entendimiento y permanente en designio? Si Él envidia, ¿quién está por encima de la rivalidad? Si Él endurece los corazones, ¿quién hace sabios? Si Él hace ciegos y sordos, ¿quién ha dado la vista y el oído? Si Él comete hurtos, ¿quién administra justicia? Si Él se burla, ¿quién es sincero? Si Él es débil, ¿quién es omnipotente? Si Él es injusto, ¿quién es justo? Si Él hace cosas malas, ¿quién hará cosas buenas? Si Él hace el mal, ¿quién hará el bien?»

    Capítulo XLIV. Continuación del mismo tema

    Hom. 2, 44

    «Pero si Él desea el collado fructífero, ¿de quién son entonces todas las cosas? Si Él es falso, ¿quién entonces es verdadero? Si Él habita en un tabernáculo, ¿quién es sin límites? Si Él es aficionado a la grosura, y a los sacrificios, y a las ofrendas, y a las libaciones, ¿quién entonces está sin necesidad, y quién es santo, y puro, y perfecto? Si Él se complace en velas y candelabros, ¿quién entonces puso los luminares en el cielo? Si Él habita en sombra, y tinieblas, y tempestad, y humo, ¿quién es la luz que ilumina el universo? Si Él viene con trompetas, y clamores, y dardos, y flechas, ¿quién es la anhelada tranquilidad de todos? Si Él ama la guerra, ¿quién entonces desea la paz? Si Él hace cosas malas, ¿quién hace cosas buenas? Si Él es sin afecto, ¿quién es amante de los hombres? Si Él no es fiel a sus promesas, ¿quién será digno de confianza? Si Él ama a los malvados, y a los adúlteros, y a los asesinos, ¿quién será un juez justo? Si Él cambia de parecer, ¿quién es firme? Si Él elige a hombres malos, ¿quién entonces toma partido por los buenos?»

    Capítulo XLV. Cómo debe pensarse de Dios

    Hom. 2, 45

    «Por lo cual, Clemente, hijo mío, guárdate de pensar de Dios de otro modo, sino que Él es el único Dios, y Señor, y Padre, bueno y justo, el Creador, longánimo, misericordioso, el sustentador, el bienhechor, que ordena el amor a los hombres, que aconseja la pureza, inmortal y que hace inmortales, incomparable, que mora en las almas de los buenos, que no puede ser contenido y sin embargo es contenido, que ha fijado el gran mundo como centro en el espacio, que ha extendido los cielos y solidificado la tierra, que ha almacenado el agua, que ha dispuesto las estrellas en el cielo, que ha hecho fluir las fuentes en la tierra, ha producido las fallas, ha levantado las montañas, ha puesto límites al mar, ha ordenado los vientos y las ráfagas, que por el espíritu de consejo ha guardado a salvo el cuerpo comprendido en un mar sin límites.»

    Capítulo XLVI. El juicio venidero

    Hom. 2, 46

    «Este es nuestro Juez, a quien conviene que miremos y que gobernemos nuestras propias almas, pensando todas las cosas en su favor, hablando bien de Él, persuadidos de que por su longanimidad saca a luz la obstinación de todos, y de que solo Él es bueno. Y Él, al fin de todo, se sentará como Juez justo sobre cada uno de aquellos que han intentado lo que no debían.»

    Capítulo XLVII. Una pregunta pertinente

    Hom. 2, 47

    Cuando yo, Clemente, oí esto, dije: «Verdaderamente, esto es una piedad; verdaderamente esto es devoción.» Y de nuevo dije: «Quisiera aprender, por tanto, por qué la Biblia ha escrito algo de esta clase. Pues recuerdo que dijiste que era para convicción de aquellos que se atrevan a creer cualquier cosa que se diga contra Dios. Pero puesto que nos lo permites, nos aventuramos a preguntar, por mandato tuyo: Si alguien, amadísimo Pedro, quisiera decirnos: 'Las Escrituras son verdaderas, aunque a ti las cosas dichas contra Dios te parezcan falsas', ¿cómo le responderíamos?»

    Capítulo XLVIII. Un caso particular

    Hom. 2, 48

    Entonces Pedro respondió: «Hablas bien en tu pregunta; pues será para tu seguridad. Por tanto, escucha: Puesto que hay muchas cosas que las Escrituras dicen contra Dios, y como el tiempo apremia a causa de la tarde, pregunta respecto de cualquier asunto que te plazca, y te lo explicaré, mostrando que es falso, no solo porque se dice contra Dios, sino porque es realmente falso.» Entonces respondí: «Deseo aprender cómo, cuando las Escrituras dicen que Dios es ignorante, puedes mostrar que Él conoce.»

    Capítulo XLIX. Reducción [a.d.] al absurdo

    Hom. 2, 49

    Entonces Pedro respondió: «Me has presentado un asunto que puede responderse fácilmente. Sin embargo, escucha cómo Dios de nada es ignorante, sino que incluso conoce de antemano. Pero respóndeme primero a lo que te pregunto. El que escribió la Biblia, y contó cómo fue hecho el mundo, y dijo que Dios no conoce de antemano, ¿era un hombre o no?» Entonces dije: «Era un hombre.» Entonces Pedro respondió: «¿Cómo, pues, le fue posible, siendo hombre, saber con certeza cómo fue hecho el mundo, y que Dios no conoce de antemano?»

    Capítulo L. Una respuesta satisfactoria

    Hom. 2, 50

    Entonces yo, percibiendo ya la explicación, sonreí y dije que era profeta. Y Pedro dijo: «Si, pues, era profeta, siendo hombre, de nada era ignorante, por razón de haber recibido de Dios el conocimiento de antemano; ¿cómo, entonces, el que dio al hombre el don del conocimiento anticipado, siendo Dios, habría de ser Él mismo ignorante?» Y yo dije: «Has hablado rectamente.» Entonces Pedro dijo: «Ven conmigo un paso más. Siendo reconocido por nosotros que Dios conoce de antemano todas las cosas, hay toda necesidad de que sean falsas las Escrituras que dicen que Él es ignorante, y verdaderas las que dicen que Él conoce.» Entonces dije yo: «Así debe ser.»

    Capítulo LI. Pesar en la balanza

    Hom. 2, 51

    Entonces Pedro dijo: «Si, por tanto, algunas de las Escrituras son verdaderas y algunas falsas, con buena razón dijo nuestro Maestro: 'Sed buenos cambistas', puesto que en las Escrituras hay algunos dichos verdaderos y algunos espurios. Y a los que yerran por causa de las falsas escrituras, Él mostró adecuadamente la causa de su error, diciendo: 'Por tanto erráis, no conociendo las cosas verdaderas de las Escrituras; por esta razón sois ignorantes también del poder de Dios'.» Entonces dije: «Has hablado muy excelentemente.»

    Capítulo LII. Se niegan los pecados de los santos

    Hom. 2, 52

    Entonces Pedro respondió: «Ciertamente, con buena razón, no creo nada contra Dios, ni contra los justos registrados en la ley, dando por sentado que son imaginaciones impías. Pues, como estoy persuadido, ni Adán fue transgresor, que fue formado por las manos de Dios; ni Noé fue borracho, que fue hallado justo sobre todo el mundo; ni Abraham vivió con tres mujeres a la vez, que, por causa de su sobriedad, fue tenido por digno de una posteridad numerosa; ni Jacob se asoció con cuatro —de las cuales dos eran hermanas—, que fue padre de las doce tribus, y que insinuó la venida de la presencia de nuestro Maestro; ni Moisés fue asesino, ni aprendió a juzgar de un sacerdote idólatra —él, que expuso la ley de Dios a todo el mundo, y por su recto juicio ha sido testificado como fiel administrador.»

    Capítulo LIII. Fin de la conferencia

    Hom. 2, 53

    «Pero de estas y semejantes cosas os daré explicación a su debido tiempo. Por lo demás, puesto que, como veis, la tarde ha venido sobre nosotros, baste por hoy lo que se ha dicho. Pero cuando queráis, y sobre lo que queráis, preguntad con confianza, y con gusto os lo explicaremos al punto.» Habiendo hablado así, se levantó. Y luego, habiendo tomado alimento, nos volvimos a dormir, pues la noche había venido sobre nosotros.
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