Hom. 2, 24
«Él, hallándose ausente en Egipto para practicar la magia, y habiendo sido muerto Juan, Dositeo, deseando el caudillaje, hizo correr falsamente que Simón había muerto y ocupó la cátedra. Pero Simón, volviendo no mucho después, y manteniéndose con firmeza en el puesto como propio, cuando se encontró con Dositeo no le reclamó el lugar, sabiendo que un hombre que ha alcanzado poder más allá de lo que esperaba no puede ser apartado de él. Por lo cual, con fingida amistad, se entrega por un tiempo al segundo lugar, bajo Dositeo. Mas, tomando su puesto a los pocos días entre los treinta condiscípulos, comenzó a hablar mal de Dositeo diciendo que no transmitía las instrucciones correctamente. Y esto dijo que lo hacía, no por falta de voluntad de transmitirlas correctamente, sino por ignorancia. Y en cierta ocasión, Dositeo, advirtiendo que esta artera acusación de Simón estaba disipando la opinión que muchos tenían de él, de modo que no pensaban que él fuera el Excelso, vino encolerizado al lugar acostumbrado de reunión, y hallando a Simón, lo golpeó con un bastón. Pero pareció pasar a través del cuerpo de Simón como si este hubiera sido humo. Entonces Dositeo, confundido, le dijo: "Si tú eres el Excelso, yo también te adoraré". Entonces Simón dijo que lo era; y Dositeo, sabiendo que él mismo no era el Excelso, cayó y lo adoró; y uniéndose a los veintinueve jefes, elevó a Simón a su propio lugar de reputación; y así, no muchos días después, el mismo Dositeo, mientras aquel (Simón) estaba en pie, cayó y murió.»