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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 6 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 2. Su angustia
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
  8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
  15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
  16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
  23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
  24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
  29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
  30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
  31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
  32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
  35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
  36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
  37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
  38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
  39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
  40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
  41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
  42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
  43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
  44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
  45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
  46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
  47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
  48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
  49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
  50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
  51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
  52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
  53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
  54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
  55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
  56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
  57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
  58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
  59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
  60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
  61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
  62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
  63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
  64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
  65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
  66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
  67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
  68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
  69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
  70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
  71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
  72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
  73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
  74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
  75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
  76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
  77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
  78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
  79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
  80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
  81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
  82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
  83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
  84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
  85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
  86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
  87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
  88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
  89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
  90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
  91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
  92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
  93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
  94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
  95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
  96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
  97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
  98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
  99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
  100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
  101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
  102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
  103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
  104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
  105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
  106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
  107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
  108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
  109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
  110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
  111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
  112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
  113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
  114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
  115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
  116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
  117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
  118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
  119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
  120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
  121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
  122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
  123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
  124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
  125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
  126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
  127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
  128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
  129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
  130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
  131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
  132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
  133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
  134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
  135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
  136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
  137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
  138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
  139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
  140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
  141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
  142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
  143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
  144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
  145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
  146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
  147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
  148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
  149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
  150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
  151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
  152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
  153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
  154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
  155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
  156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
  157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
  158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
  159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
  160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
  161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
  162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
  163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
  164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
  165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
  166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
  167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
  168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
  169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
  170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
  171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
  172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
  173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
  174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
  175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
  176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
  177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
  178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
  179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
  180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
  181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
  182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
  183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
  184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
  185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
  186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
  187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
  188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
  189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
  190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
  191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
  192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
  193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
  194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
  195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
  196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
  197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
  198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
  199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
  200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
  201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
  202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
  203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
  204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
  205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
  206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
  207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
  208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
  209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
  210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
  211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
  212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
  213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
  214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
  215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

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    TEXTOS — PSEUDO-CLEMENTE

    Índice de la obra

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    Reconocimientos y Homilías clementinas

    Siglos III–IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa de las Ante-Nicene Fathers41 minPosición: 0% de esta parteParte 5 de 27 · Capítulo 57. La inconsistencia de SimónPublicado el Actualizado el Ref. ESC-CLEM-02

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    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 6 minReconocimientos: prefacio de Rufino
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    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 7. Llegada de Bernabé a Roma
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 10. Trato con Bernabé
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 15. Primera instrucción de Pedro: causas de la ignorancia
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 19. Satisfacción de Pedro
    8. Sesión 8 · Parte 1 · ≈ 3 minCapítulo 23. Continúa la repetición
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 25. Continúa la repetición
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 29. Los gigantes: el diluvio
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 34. Los israelitas en Egipto
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 38. Pecados de los israelitas
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 44. Desafío de Caifás
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 49. Las dos venidas de Cristo
    15. Sesión 15 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 54. Sectas judías
    16. Sesión 16 · Parte 2 · ≈ 2 minCapítulo 60. Refutación de los discípulos de Juan
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 62. La necedad de la predicación
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 68. La regla de fe
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 72. Pedro enviado a Cesarea
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 3. Necesidad de cautela
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 8. Simón Mago: su historia
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 13. Simón Mago: el secreto de su magia
    23. Sesión 23 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 17. Los hombres, enemigos de Dios
    24. Sesión 24 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 21. La justicia, camino hacia el reino
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 22. La justicia; qué es
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 26. Interrupción de Simón
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 31. Paz y guerra
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 36. Altercado
    29. Sesión 29 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 40. Respuesta de Pedro
    30. Sesión 30 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 45. El politeísmo inexcusable
    31. Sesión 31 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 51. El sexto sentido
    32. Sesión 32 · Parte 4 · ≈ 3 minCapítulo 55. Las objeciones de Simón vueltas contra sí mismo
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 57. La inconsistencia de Simón
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 61. La imaginación
    35. Sesión 35 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 66. Existencia y concepción
    36. Sesión 36 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 72. El remedio
    37. Sesión 37 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 15. La arrogancia de Simón
    38. Sesión 38 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 20. Principios comunes
    39. Sesión 39 · Parte 5 · ≈ 6 minCapítulo 25. \[«¿Quién ha resistido a su voluntad?» \]
    40. Sesión 40 · Parte 5 · ≈ 2 minCapítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios
    41. Sesión 41 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 31. Diligencia en el estudio
    42. Sesión 42 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 36. Auto-evidencia de la verdad
    43. Sesión 43 · Parte 6 · ≈ 5 minCapítulo 40. Probado por la prosperidad de los malvados en esta vida
    44. Sesión 44 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 44. ¿La vista o el oído?
    45. Sesión 45 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 50. Bendición de Pedro
    46. Sesión 46 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 55. Los diez mandamientos corresponden a las plagas de Egipto
    47. Sesión 47 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 60. Inutilidad de los milagros fingidos
    48. Sesión 48 · Parte 6 · ≈ 3 minCapítulo 64. Declaración de la maldad de Simón
    49. Sesión 49 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 66. Zaqueo es hecho obispo de Cesarea; se ordenan presbíteros y diáconos
    50. Sesión 50 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 71. Pedro prepara a los de Cesarea para su partida
    51. Sesión 51 · Parte 7 · ≈ 7 minReconocimientos, libro IV
    52. Sesión 52 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 6. Una congregación
    53. Sesión 53 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 13. Origen de la idolatría
    54. Sesión 54 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 19. Los demonios incitan a la idolatría
    55. Sesión 55 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 25. Los seres malos se convierten en bien
    56. Sesión 56 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 31. La idolatría condujo a toda inmoralidad
    57. Sesión 57 · Parte 7 · ≈ 2 minCapítulo 36. Las vestiduras sin mancha
    58. Sesión 58 · Parte 8 · ≈ 7 minReconocimientos, libro V
    59. Sesión 59 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los deseos de la carne han de ser sometidos
    60. Sesión 60 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 13. Invitación a los gentiles
    61. Sesión 61 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 18. Su primera sugestión
    62. Sesión 62 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 23. Tercera sugestión
    63. Sesión 63 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 27. Las criaturas toman venganza de los pecadores
    64. Sesión 64 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 31. El paganismo y sus enormidades
    65. Sesión 65 · Parte 8 · ≈ 2 minCapítulo 36. Conclusión del discurso
    66. Sesión 66 · Parte 9 · ≈ 7 minReconocimientos, libro VI
    67. Sesión 67 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 6. A Dios hay que amarlo más que a los padres
    68. Sesión 68 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 10. Necesidad de las buenas obras
    69. Sesión 69 · Parte 9 · ≈ 2 minCapítulo 15. Ordenación de obispos, presbíteros, diáconos y viudas en Trípolis
    70. Sesión 70 · Parte 10 · ≈ 6 minReconocimientos, libro VII
    71. Sesión 71 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 7. Humildad de Pedro
    72. Sesión 72 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 13. La mendiga
    73. Sesión 73 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 19. Reflexiones de Pedro sobre la historia
    74. Sesión 74 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 25. Viajes
    75. Sesión 75 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«¿Quién puede prohibir el agua?» \]
    76. Sesión 76 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 36. La súplica de los hijos
    77. Sesión 77 · Parte 10 · ≈ 3 minCapítulo 2. Génesis
    78. Sesión 78 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 4. Planteamiento de la cuestión
    79. Sesión 79 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 8. Los instintos
    80. Sesión 80 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 13. Es necesario un Creador
    81. Sesión 81 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 18. El concurso de los átomos no pudo hacer el mundo
    82. Sesión 82 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 23. La providencia en las cosas terrenales
    83. Sesión 83 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 27. El poder del agua
    84. Sesión 84 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 32. Generación
    85. Sesión 85 · Parte 11 · ≈ 3 minCapítulo 36. Disposiciones para mañana
    86. Sesión 86 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 39. Recapitulación del argumento de ayer
    87. Sesión 87 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 43. Cosas aparentemente inútiles y viles hechas por Dios
    88. Sesión 88 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 47. Castigos sobre justos e impíos
    89. Sesión 89 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 52. \[«No hay rosa sin espina.» \]
    90. Sesión 90 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 56. Origen del mal
    91. Sesión 91 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 60. Sus revelaciones no deben ser cuestionadas
    92. Sesión 92 · Parte 13 · ≈ 6 minReconocimientos, libro IX
    93. Sesión 93 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 6. Disposiciones del mundo para el ejercicio de la virtud
    94. Sesión 94 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 10. Estopa embadurnada de betún
    95. Sesión 95 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 14. El conocimiento amortigua las concupiscencias
    96. Sesión 96 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 19. Refutación de la astrología
    97. Sesión 97 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 25. No la génesis, sino el libre albedrío
    98. Sesión 98 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 30. \[«La génesis»\] es incompatible con la justicia de Dios
    99. Sesión 99 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 35. Revelaciones
    100. Sesión 100 · Parte 14 · ≈ 6 minReconocimientos, libro X
    101. Sesión 101 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 5. El bien y el mal
    102. Sesión 102 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 10. Cómo progresar
    103. Sesión 103 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 14. Ningún hombre tiene conocimiento universal
    104. Sesión 104 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 19. Sus destinos
    105. Sesión 105 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 23. ¿Por qué un dios?
    106. Sesión 106 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 29. Alegorías
    107. Sesión 107 · Parte 14 · ≈ 3 minCapítulo 34. Otras alegorías
    108. Sesión 108 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 36. Las alegorías, una ocurrencia tardía
    109. Sesión 109 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 42. Interpretación de la Escritura
    110. Sesión 110 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 48. Errores de los filósofos
    111. Sesión 111 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 53. Una transformación
    112. Sesión 112 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 59. Una escena de duelo
    113. Sesión 113 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 64. Una competencia en mentir
    114. Sesión 114 · Parte 15 · ≈ 4 minCapítulo 69. Acción de gracias de Pedro
    115. Sesión 115 · Parte 16 · ≈ 9 minEpístolas introductorias
    116. Sesión 116 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. La adjuración aceptada
    117. Sesión 117 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una encomienda
    118. Sesión 118 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XI. Dudas que deben ser satisfechas
    119. Sesión 119 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. «Como un pagano y un publicano.»
    120. Sesión 120 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo V. Una resolución
    121. Sesión 121 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo IX. Predicación de Bernabé
    122. Sesión 122 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Clemente instruido por Bernabé
    123. Sesión 123 · Parte 16 · ≈ 5 minCapítulo XIX. El verdadero Profeta
    124. Sesión 124 · Parte 17 · ≈ 6 minHomilía 2
    125. Sesión 125 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo VIII. La prueba de la verdad
    126. Sesión 126 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Los caminos del hombre son opuestos a los de Dios
    127. Sesión 127 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Simón, discípulo del Bautista
    128. Sesión 128 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXIX. Inmortalidad del alma
    129. Sesión 129 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XXXV. La discusión se aplaza
    130. Sesión 130 · Parte 17 · ≈ 6 minCapítulo XLII. Las rectas nociones de Dios son esenciales para la santidad
    131. Sesión 131 · Parte 17 · ≈ 3 minCapítulo L. Una respuesta satisfactoria
    132. Sesión 132 · Parte 18 · ≈ 6 minHomilía 3
    133. Sesión 133 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Artimañas del diablo
    134. Sesión 134 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XVI. Doctrina de la conjunción
    135. Sesión 135 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. Dos clases de profecía
    136. Sesión 136 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Salutación apostólica
    137. Sesión 137 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XXXVII. «A quien conocer es vida eterna.»
    138. Sesión 138 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo XLIII. La presciencia de Dios
    139. Sesión 139 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LI. Su enseñanza acerca de la ley
    140. Sesión 140 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo LX. Ha de nombrarse un sucesor
    141. Sesión 141 · Parte 18 · ≈ 5 minCapítulo LXVIII. «El matrimonio siempre honorable.»
    142. Sesión 142 · Parte 19 · ≈ 6 minHomilía 4
    143. Sesión 143 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Un desafío
    144. Sesión 144 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVI. La maldad de Júpiter
    145. Sesión 145 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XXIII. «¿A dónde iré de tu presencia?»
    146. Sesión 146 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo IV. La empresa de Apión
    147. Sesión 147 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XI. «Toda inmundicia con avidez.»
    148. Sesión 148 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Los filósofos, defensores del adulterio
    149. Sesión 149 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo XXV. Mejor casarse que abrasarse
    150. Sesión 150 · Parte 20 · ≈ 6 minHomilía 6
    151. Sesión 151 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo V. Explicación de Crono y Rea
    152. Sesión 152 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Epítome de la explicación de Apión
    153. Sesión 153 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Ninguna de estas alegorías es coherente
    154. Sesión 154 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XXVI. Pedro llega desde Cesarea
    155. Sesión 155 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro en Sidón
    156. Sesión 156 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XII. Pedro va a Biblos y Trípolis
    157. Sesión 157 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo VII. Moisés y Cristo
    158. Sesión 158 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo XIII. La caída de los ángeles
    159. Sesión 159 · Parte 20 · ≈ 5 minCapítulo XX. Cautivos voluntarios
    160. Sesión 160 · Parte 21 · ≈ 6 minHomilía 9
    161. Sesión 161 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IX. Cómo los demonios adquieren poder sobre los hombres
    162. Sesión 162 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XV. Prueba de los ídolos
    163. Sesión 163 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XXI. Los demonios sometidos al creyente
    164. Sesión 164 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo IV. Fe y deber
    165. Sesión 165 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo X. La idolatría, engaño de la serpiente
    166. Sesión 166 · Parte 21 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Respuesta a los egipcios
    167. Sesión 167 · Parte 21 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Los siervos se convierten en amos
    168. Sesión 168 · Parte 22 · ≈ 6 minHomilía 11
    169. Sesión 169 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Libertad y necesidad
    170. Sesión 170 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Se responden los argumentos en favor de la idolatría
    171. Sesión 171 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. Encantamiento de la serpiente
    172. Sesión 172 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Las buenas obras deben hacerse bien
    173. Sesión 173 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo XXXII. «A quien mucho se le da.»
    174. Sesión 174 · Parte 23 · ≈ 6 minHomilía 12
    175. Sesión 175 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. «No ser servido, sino servir.»
    176. Sesión 176 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIII. Una mujer de espíritu apenado
    177. Sesión 177 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Evasiones
    178. Sesión 178 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXV. Filantropía y amistad
    179. Sesión 179 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XXX. Es necesario que vengan los escándalos
    180. Sesión 180 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo II. Pedro cuenta a Nicetas y a Áquila la historia de Clemente y de su familia
    181. Sesión 181 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo VII. Nicetas cuenta lo que le sucedió
    182. Sesión 182 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo XII. La dificultad resuelta
    183. Sesión 183 · Parte 23 · ≈ 3 minCapítulo XIX. Fin del discurso de Pedro
    184. Sesión 184 · Parte 24 · ≈ 7 minHomilía 14
    185. Sesión 185 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VI. El anciano opone su experiencia personal al argumento de Pedro
    186. Sesión 186 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XI. Discusión sobre la génesis
    187. Sesión 187 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo V. Diferencia entre la religión verdadera y la filosofía
    188. Sesión 188 · Parte 24 · ≈ 7 minCapítulo IX. Las posesiones son transgresiones
    189. Sesión 189 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo IV. Las prevenciones de Fausto están más bien del lado de Simón que del de Pedro
    190. Sesión 190 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo VIII. Simón y Pedro continúan la discusión
    191. Sesión 191 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo XIV. Otros seres llamados dioses
    192. Sesión 192 · Parte 24 · ≈ 3 minCapítulo XX. El carácter de Dios
    193. Sesión 193 · Parte 25 · ≈ 6 minHomilía 17
    194. Sesión 194 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. Pedro sale a responder a Simón
    195. Sesión 195 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo IX. Dios, centro o corazón del universo
    196. Sesión 196 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XIV. La evidencia de los sentidos más digna de confianza que la de la visión sobrenatural
    197. Sesión 197 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XVIII. La naturaleza de la revelación
    198. Sesión 198 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo II. Definición de la bondad y de la justicia
    199. Sesión 199 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo VI. La naturaleza de la revelación
    200. Sesión 200 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo XI. Simón declara expresar sus verdaderos sentimientos
    201. Sesión 201 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo XVI. Estas cosas ocultadas justamente a los sabios
    202. Sesión 202 · Parte 25 · ≈ 2 minCapítulo XXIII. Simón se retira
    203. Sesión 203 · Parte 26 · ≈ 6 minHomilía 19
    204. Sesión 204 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo VI. Pedro acusa a Simón de ser peor que el diablo
    205. Sesión 205 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XI. La aplicación de los atributos del hombre a Dios
    206. Sesión 206 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XV. El pecado, causa del mal
    207. Sesión 207 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XIX. Algunas acciones realmente malvadas
    208. Sesión 208 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo XXII. Pecados de ignorancia
    209. Sesión 209 · Parte 26 · ≈ 2 minCapítulo XXV. Simón se retira; Sofonías pide a Pedro que exponga sus verdaderas opiniones acerca del mal
    210. Sesión 210 · Parte 27 · ≈ 6 minHomilía 20
    211. Sesión 211 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo V. Sofonías sostiene que Dios no puede producir lo que es desemejante de sí mismo
    212. Sesión 212 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo VIII. El origen del Bueno es distinto del origen del Maligno
    213. Sesión 213 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XII. Fausto se aparece a sus amigos con el rostro de Simón
    214. Sesión 214 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo XVII. Los servicios de Anubión a Fausto
    215. Sesión 215 · Parte 27 · ≈ 4 minCapítulo XXII. Apión y Atenodoro vuelven a Simón

    Capítulo 57. La inconsistencia de Simón

    Rec. II, 57

    Entonces Simón: [«¿Yerras tanto, Pedro, que no sabes que nuestras almas fueron hechas por aquel Dios bueno, el más excelente de todos, pero han sido traídas cautivas a este mundo?»] A esto respondió Pedro: [«Entonces no es desconocido de todos, como dijiste hace poco; y sin embargo, ¿cómo permitió el Dios bueno que sus almas fueran tomadas cautivas, si es un poder sobre todas las cosas?»] Entonces dijo Simón: [«Envió a Dios el creador para hacer el mundo; y este, cuando lo hubo hecho, dio a entender que él mismo era Dios.»] Entonces dijo Pedro: [«Entonces no es, como dijiste, desconocido para Aquel que hizo el mundo; ni las almas le son ignorantes, si en verdad fueron arrebatadas de él. ¿Para quién, pues, puede ser desconocido, si tanto el Creador del mundo lo conoce, por haber sido enviado por él, como todas las almas lo conocen, por haber sido violentamente apartadas de él? Además, quisiera que nos dijeras si aquel que envió al creador del mundo no sabía que este no guardaría la fe. Pues si no lo sabía, entonces no era presciente; pero si lo sabía de antemano y lo consintió, él mismo es culpable de este hecho, puesto que no lo impidió; mas si no pudo, entonces no es omnipotente. Pero si, sabiéndolo como bueno, no lo prohibió, resulta ser mejor aquel que se atrevió a hacer lo que quien lo envió no sabía que era bueno.»]

    Capítulo 58. El Dios injusto de Simón

    Rec. II, 58

    Entonces dijo Simón: [«Él recibe a los que quieren venir a él, y les hace bien.»] Respondió Pedro: [«Pero nada hay de nuevo en esto; porque Aquel a quien tú reconoces como Creador del mundo también lo hace.»] Entonces Simón: [«Mas el Dios bueno otorga la salvación con solo ser reconocido; pero el creador del mundo exige además que la ley se cumpla.»] Entonces dijo Pedro: [«¡Él salva a los adúlteros y a los homicidas, si lo conocen; pero a los buenos, sobrios y misericordiosos, si no lo conocen, por no tener noticia alguna de él, no los salva! Grande y bueno es en verdad ese que proclamas, que no es tanto salvador de los malos cuanto uno que no tiene misericordia de los buenos.»] Entonces Simón: [«Es verdaderamente muy difícil para el hombre conocerlo, mientras está en la carne; pues más negro que toda tiniebla, y más pesado que todo barro, es este cuerpo con el que el alma está rodeada.»] Entonces dice Pedro: [«Ese buen Dios tuyo exige cosas difíciles; mas Aquel que es verdaderamente Dios busca cosas más fáciles. Que nos deje, pues, ya que es tan bueno, con nuestro Padre y Creador; y cuando partamos del cuerpo y dejemos esa tiniebla de la que hablas, más fácilmente lo conoceremos; y entonces el alma comprenderá mejor que Dios es su Creador, y permanecerá con Él, y no será ya hostigada con diversas imaginaciones; ni deseará pasarse a otro poder, que no es conocido de nadie sino solo de Simón, y que es de tal bondad que nadie puede llegar a él, ¡a menos que sea primero culpable de impiedad contra su propio padre! No sé cómo este poder puede llamarse bueno o justo, ¡a quien nadie puede agradar sino obrando impíamente contra aquel por quien fue hecho!»]

    Capítulo 59. El Creador, nuestro Padre

    Rec. II, 59

    Entonces Simón: [«No es impío, por causa de mayor provecho y ventaja, huir a aquel que es de gloria más rica.»] Entonces Pedro: [«Si, como dices, no es impío huir a un extraño, es en todo caso mucho más piadoso permanecer con nuestro propio padre, aunque sea pobre. Pero si no piensas que es impío dejar a nuestro padre y huir a otro, por ser mejor que él, y no crees que nuestro Creador lo tome a mal, mucho menos se airará el Dios bueno, porque, cuando éramos extraños para él, no hemos huido a él, sino que hemos permanecido con nuestro propio Creador. Sí, creo que más bien nos alabará tanto más por esto, porque hemos guardado fe con Dios nuestro Creador; pues considerará que, si hubiéramos sido criaturas suyas, nunca habríamos sido seducidos por los halagos de otro para abandonarlo. Pues si alguien, atraído por promesas más ricas, deja a su propio padre y se pasa a un extraño, puede ser que a su vez lo deje, y vaya a otro que le prometa cosas mayores, y esto tanto más cuanto que no es su hijo, puesto que pudo dejar aun a aquel que por naturaleza era su padre.»] Entonces dijo Simón: [«Mas ¿y si las almas proceden de él y no lo conocen, y él es verdaderamente su padre?»]

    Capítulo 60. El Creador, Dios supremo

    Rec. II, 60

    Entonces dijo Pedro: [«Lo presentas como bastante débil. Pues si, como dices, es más poderoso que todos, nunca puede creerse que el más débil arrebató los despojos al más fuerte. Lucas 11:22] O si Dios el Creador pudo por violencia hacer bajar las almas a este mundo, ¿cómo puede ser que, cuando estén separadas del cuerpo y libres de las ataduras de la cautividad, el Dios bueno las llame al sufrimiento del castigo, so pretexto de que ellas, o por su negligencia o por su debilidad, fueron arrastradas a este lugar y envueltas en el cuerpo, como en tinieblas de ignorancia? Me parece que no sabes lo que es un padre y un Dios; pero yo podría decirte de dónde son las almas, y cuándo y cómo fueron hechas; mas no me es permitido ahora revelarte estas cosas a ti, que estás en tal error respecto del conocimiento de Dios.» ] Entonces dijo Simón: [«Tiempo vendrá en que te arrepientas de no haberme entendido al hablar del poder inefable.»] Entonces dijo Pedro: [«Danos entonces, como he dicho a menudo, ya que tú mismo eres un nuevo Dios, o como si tú mismo hubieras descendido de él, algún sentido nuevo, por medio del cual podamos conocer a ese nuevo Dios del que hablas; porque esos cinco sentidos, que Dios nuestro Creador nos ha dado, guardan fidelidad a su propio Creador, y no perciben que haya otro Dios, pues su naturaleza les obliga a ello.»]

    Capítulo 61. La imaginación

    Rec. II, 61

    A esto respondió Simón: [«Aplica tu mente a las cosas que voy a decir, y haz que, caminando por sendas pacíficas, alcance las cosas que demostraré. Escucha, pues, ahora. ¿Nunca lanzaste en pensamiento tu mente hacia regiones o islas situadas lejos, y quedaste tan fijo en ellas, que no podías ver siquiera a las personas que estaban delante de ti, ni saber dónde estabas sentado, a causa del deleite de aquellas cosas que contemplabas?»] Y Pedro dijo: [«Es verdad, Simón, esto me ha ocurrido a menudo.»] Entonces dijo Simón: [«De este modo lanza ahora tu sentido al cielo, sí, por encima del cielo, y mira que ha de haber algún lugar más allá del mundo, o fuera del mundo, en el cual no hay cielo ni tierra, y donde ninguna sombra de estas cosas produce oscuridad; y por consiguiente, puesto que en él no hay cuerpos, ni oscuridad causada por cuerpos, tiene que haber por necesidad una luz inmensa; y considera de qué clase ha de ser esa luz, a la que nunca sucede la oscuridad. Pues si la luz de este sol llena todo este mundo, ¿cuán grande supones que ha de ser aquella luz incorpórea e infinita? Tan grande, sin duda, que esta luz del sol parecería oscuridad y no luz, en comparación.»]

    Capítulo 62. La experiencia de Pedro con la imaginación

    Rec. II, 62

    Cuando Simón habló así, respondió Pedro: [«Escucha ahora con paciencia acerca de ambas cosas, esto es, acerca del ejemplo de extender los sentidos y acerca de la inmensidad de la luz. Sé que yo mismo, oh Simón, algunas veces he extendido en pensamiento mi sentido, como dices, a regiones e islas situadas lejos, y las he visto con mi mente no menos que si hubiera sido con mis ojos. Cuando estaba en Cafarnaúm, ocupado en la pesca, y sentado sobre una roca, teniendo en mi mano un anzuelo atado a un sedal y dispuesto para engañar a los peces, estaba tan absorto que no sentí que un pez se adhiriera a él, mientras mi mente corría con ansia por mi amada Jerusalén, a la que con frecuencia había subido, en vigilia, por causa de las ofrendas y oraciones. Pero estaba también acostumbrado a admirar esta Cesarea, oyendo hablar de ella por otros, y a ansiar verla; y me parecía a mí mismo verla, aunque nunca había estado en ella; y pensaba de ella lo que era propio pensarse de una gran ciudad: sus puertas, murallas, baños, calles, callejuelas, mercados y cosas semejantes, conforme a lo que había visto en otras ciudades; y hasta tal punto me deleitaba la intensidad de tal contemplación, que, como dijiste, ni veía a quien estaba presente y de pie junto a mí, ni sabía dónde estaba yo sentado.»] Entonces dijo Simón: [«Ahora dices bien.»]

    Capítulo 63. El ensueño de Pedro

    Rec. II, 63

    Entonces Pedro: [«En resumen, cuando no percibí, por la ocupación de mi mente, que había atrapado un pez muy grande que estaba prendido del anzuelo, y que, aunque él arrastraba el sedal de mi mano, mi hermano Andrés, que estaba sentado junto a mí, viéndome en un ensueño y casi a punto de caer, hincándome el codo en el costado como si quisiera despertarme del sueño, dijo: '¿No ves, Pedro, qué pez tan grande has atrapado? ¿Estás fuera de ti, que estás así en un estupor de asombro? Dime, ¿qué te pasa?' Pero yo me enojé un poco con él, porque me había apartado del deleite de aquellas cosas que contemplaba; entonces respondí que no padecía mal alguno, sino que estaba contemplando mentalmente la amada Jerusalén, y al mismo tiempo Cesarea; y que, mientras yo estaba ciertamente con él en el cuerpo, en mi mente era llevado enteramente allí. Pero él, no sé de dónde inspirado, pronunció una palabra oculta y secreta de verdad.»]

    Capítulo 64. La reprensión de Andrés

    Rec. II, 64

    'Cesad', dice, 'oh Pedro. ¿Qué es lo que hacéis? Pues los que comienzan a estar poseídos por un demonio, o a ser perturbados en sus mentes, empiezan de esta manera. Primero son arrebatados por fantasías hacia algunas cosas agradables y deleitables; luego se derraman en vanos y afectuosos movimientos hacia cosas que no existen. Ahora bien, esto sucede por una cierta enfermedad de la mente, a causa de la cual no ven las cosas que son, sino que anhelan traer a su vista las que no son. Pero así sucede también a los que sufren frenesí, y les parece a sí mismos ver muchas imágenes, porque su alma, desgarrada y apartada de su lugar por el exceso de frío o de calor, sufre una falla de su servicio natural. Pero también los que están angustiados por la sed, cuando se duermen, les parece a sí mismos ver ríos y fuentes, y beber; pero esto les sucede por estar angustiados por la sequedad del cuerpo no humedecido. Por lo cual es cierto que esto ocurre por alguna dolencia, ya del alma, ya del cuerpo.'

    Capítulo 65. Falacia de la imaginación

    Rec. II, 65

    [«En resumen, para que recibáis la fe del asunto: acerca de Jerusalén, que yo había visto a menudo, dije a mi hermano qué lugares y qué reuniones de gentes me había parecido ver a mí mismo. Pero también acerca de Cesarea, que nunca había visto, sostuve sin embargo que era tal como la había concebido en mi mente y pensado. Pero cuando llegué aquí, y no vi nada en absoluto semejante a aquellas cosas que había visto en fantasía, me culpé a mí mismo, y observé distintamente que le había asignado puertas, y muros, y edificios de otros que había visto, tomando la semejanza en realidad de otros. Ni ciertamente puede nadie imaginar cosa alguna nueva, y de la cual ninguna forma haya existido jamás. Pues aun si alguien modelara con su imaginación toros de cinco cabezas, solo los forma con cinco cabezas a partir de los que ha visto con una sola cabeza. Y vosotros, por tanto, ahora, si verdaderamente os parece percibir algo con vuestro pensamiento, y mirar por encima de los cielos, no hay duda de que los imagináis a partir de aquellas cosas que veis, estando como estáis sobre la tierra. Pero si pensáis que hay fácil acceso para vuestra mente por encima de los cielos, y que sois capaces de concebir las cosas que allí hay, y de aprehender el conocimiento de aquella inmensa luz, pienso que para aquel que puede comprender estas cosas, sería más fácil arrojar su sentido, que sabe ascender allí, al corazón y al pecho de alguno de nosotros que están presentes, y decir qué pensamientos está abrigando en su pecho. Si por tanto podéis declarar los pensamientos del corazón de cualquiera de nosotros, que no está predispuesto a vuestro favor, quizá podamos creeros, que sois capaces de conocer aquellas cosas que están por encima de los cielos, aunque estas sean mucho más elevadas.»]

    Capítulo 66. Existencia y concepción

    Rec. II, 66

    A esto respondió Simón: [«Oh tú que has tejido una red de muchas frivolidades, escucha ahora. Es imposible que cualquier cosa que entre en los pensamientos de un hombre no subsista también en verdad y realidad. Pues las cosas que no subsisten no tienen apariencias; pero las cosas que no tienen apariencias no pueden presentarse a nuestros pensamientos.»] Entonces dijo Pedro: [«Si todo lo que puede entrar en nuestros pensamientos tiene subsistencia, entonces, con respecto a aquel lugar de inmensidad que dices que está fuera del mundo, si uno piensa en su corazón que es luz, y otro que es tinieblas, ¿cómo puede uno y el mismo lugar ser a la vez luz y tinieblas, según sus diferentes pensamientos acerca de él?»] Entonces dijo Simón: [«Dejad pasar por ahora lo que he dicho; y decidnos qué suponéis que está por encima de los cielos.»]

    Capítulo 67. La ley enseña acerca de la inmensidad

    Rec. II, 67

    Entonces dijo Pedro: [«Si creyerais acerca de la verdadera fuente de luz, podría instruiros qué es y de qué suerte es aquello que es inmenso, y daría, no una vana fantasía, sino una cuenta coherente y necesaria de la verdad, y me serviría, no de aserciones sofísticas, sino de testimonios de la ley y de la naturaleza, para que supierais que la ley contiene especialmente lo que debemos creer en cuanto a la inmensidad. Pero si la doctrina de la inmensidad no es desconocida para la ley, entonces ciertamente nada más puede serle desconocido; y por tanto es una suposición falsa vuestra, que hay algo de lo cual la ley no tenga conocimiento. Mucho más nada será desconocido para Aquel que dio la ley. Sin embargo, no puedo deciros nada acerca de la inmensidad y de aquellas cosas que son ilimitadas, a menos que primero o bien aceptéis nuestra cuenta de aquellos cielos que están limitados por un cierto límite, o bien propongáis vuestra propia cuenta de ellos. Pero si no podéis comprender acerca de aquellos que están comprendidos dentro de límites fijos, mucho menos podéis conocer ni aprender nada acerca de aquellos que son ilimitados.»]

    Capítulo 68. El cielo visible y el invisible

    Rec. II, 68

    A esto respondió Simón: [«Me parece que es mejor creer simplemente que Dios es, y que aquel cielo que vemos es el único cielo en todo el universo.»] Pero Pedro dijo: [«No es así; sino que es propio confesar a un solo Dios que verdaderamente es; pero que hay cielos, que fueron hechos por Él, como también dice la ley, de los cuales uno es el superior, en el cual también está contenido el firmamento visible; y que aquel cielo superior es perpetuo y eterno, con aquellos que moran en él; pero que este cielo visible ha de ser disuelto y pasar al fin del mundo, a fin de que aquel cielo que es más antiguo y superior aparezca después del juicio a los santos y a los dignos.»] A esto respondió Simón: [«Que estas cosas sean así, como dices, puede parecer a los que las creen; pero a aquel que busca razones de estas cosas, es imposible que puedan ser producidas de la ley, y especialmente acerca de la inmensidad de la luz.»]

    Capítulo 69. Fe y razón

    Rec. II, 69

    Entonces Pedro: [«No penséis que decimos que estas cosas han de ser recibidas solo por la fe, sino también que han de ser afirmadas por la razón. Pues ciertamente no es seguro confiar estas cosas a la fe desnuda sin razón, puesto que en verdad la verdad no puede ser sin razón. Y por tanto, quien ha recibido estas cosas fortificadas por la razón, jamás puede perderlas; mientras que quien las recibe sin pruebas, por un asentimiento a una simple declaración de ellas, no puede ni guardarlas con seguridad, ni estar cierto de si son verdaderas; porque quien cree fácilmente, también cede fácilmente. Pero quien ha buscado la razón de aquellas cosas que ha creído y recibido, como atado por las cadenas de la razón misma, jamás puede ser arrancado ni separado de aquellas cosas que ha creído. Y por tanto, según cada uno es más ansioso en demandar una razón, tanto más firme será en preservar su fe.»]

    Capítulo 70. Aplazamiento

    Rec. II, 70

    A esto respondió Simón: [«Es una gran cosa lo que prometes, que la eternidad de la luz ilimitada pueda mostrarse a partir de la ley.»] Y cuando Pedro dijo: [«Lo mostraré cuando quieras,»] respondió Simón: [«Puesto que ahora es tarde, estaré a tu lado y te me opondré mañana; y si puedes probar que este mundo fue creado, y que las almas son inmortales, me tendrás para ayudarte en tu predicación.»] Cuando hubo dicho esto, se fue, y le siguió una tercera parte de todo el pueblo que había venido con él, que eran unos mil hombres. Pero los demás, dobladas las rodillas, se postraron ante Pedro; y él, invocando sobre ellos el nombre de Dios, curó a algunos que tenían demonios, sanó a otros que estaban enfermos, y así despidió al pueblo gozoso, mandándoles venir temprano al día siguiente. Pero Pedro, cuando las multitudes se habían retirado, mandó extender la mesa en el suelo, al aire libre, en el patio donde se había celebrado la discusión, y se sentó junto con aquellos once; pero yo cené recostado con algunos otros que también habían comenzado a oír la palabra de Dios, y eran muy amados.

    Capítulo 71. Separación de los impuros

    Rec. II, 71

    Pero Pedro, mirándome con la mayor benignidad, no fuera que acaso aquella separación me causara tristeza, me dice: [«No es por orgullo, oh Clemente, por lo que no como con los que aún no han sido purificados; sino que temo que acaso me dañe a mí mismo, y no haga ningún bien a ellos. Pues esto quiero que sepáis con certeza: que todo aquel que en algún momento ha adorado ídolos, y ha adorado a los que los paganos llaman dioses, o ha comido de las cosas sacrificadas a ellos, no está sin un espíritu inmundo; porque se ha convertido en huésped de demonios, y ha sido partícipe con aquel demonio del cual ha formado la imagen en su mente, ya por temor, ya por amor. 1 Corintios 10:20] Y por estos medios no está libre de un espíritu inmundo, y por tanto necesita la purificación del bautismo, para que el espíritu inmundo salga de él, el cual ha hecho su morada en los más íntimos afectos de su alma, y lo que es peor, no da indicación alguna de que acecha dentro, por temor a ser expuesto y expulsado.»

    Capítulo 72. El remedio

    Rec. II, 72

    [«Porque estos espíritus inmundos aman habitar en los cuerpos de los hombres, para cumplir sus propios deseos mediante su servicio, e, inclinando los movimientos de sus almas hacia aquellas cosas que ellos mismos desean, pueden obligarlos a obedecer sus propias concupiscencias, para que se conviertan enteramente en vasos de demonios. Uno de los cuales es este Simón, que está presa de tal enfermedad, y ya no puede ser sanado, porque está enfermo en su voluntad y propósito. Ni el demonio habita en él contra su voluntad; y por tanto, si alguien quisiera expulsarlo de él, puesto que es inseparable de sí mismo, y, por así decirlo, ya se ha convertido en su misma alma, parecería más bien matarlo, e incurrir en la culpa de homicidio. Que ninguno de vosotros, por tanto, se entristezca por ser separado de comer con nosotros, pues cada uno debe observar que es por justo tanto tiempo cuanto le plazca. Pues quien desea ser bautizado pronto es separado solo por poco tiempo, pero por más tiempo quien desea ser bautizado más tarde. Cada uno, por tanto, tiene en su propio poder pedir un tiempo más corto o más largo para su arrepentimiento; y por tanto está en vosotros, cuando lo deseéis, venir a nuestra mesa; y no en nosotros, que no tenemos permitido tomar alimento con nadie que no haya sido bautizado. Sois más bien vosotros, por tanto, quienes nos impedís comer con vosotros, si interponéis demoras en el camino de vuestra purificación, y diferís vuestro bautismo.»] Habiendo dicho así, y habiendo bendecido, tomó alimento. Y después, cuando hubo dado gracias a Dios, entró en la casa y se acostó; y todos nosotros hicimos lo mismo, porque ya era de noche.

    Reconocimientos, libro III

    Capítulo 1. Perlas a los cerdos

    Rec. III, 1

    Entretanto Pedro, levantándose al canto del gallo, y queriendo despertarnos, nos halló despiertos, ardiendo aún la luz de la tarde; y cuando, según costumbre, nos hubo saludado, y todos nos hubimos sentado, comenzó así. [«Nada es más difícil, hermanos míos, que razonar acerca de la verdad en presencia de una multitud mezclada de gentes. Pues lo que es no puede ser hablado a todos tal como es, a causa de aquellos que oyen malvada y traidoramente; sin embargo, no es propio engañar, a causa de aquellos que desean oír la verdad sinceramente. ¿Qué, pues, hará el que ha de dirigirse a una multitud mezclada? ¿Ocultará lo que es verdadero? ¿Cómo, entonces, instruirá a aquellos que son dignos? Pero si expone la pura verdad a aquellos que no desean obtener la salvación, hace injuria a Aquel por quien ha sido enviado, y de quien ha recibido el mandamiento de no arrojar las perlas de Sus palabras delante de los cerdos y de los perros, Mateo 7:6] quienes, esforzándose contra ellas con argumentos y sofismas, las revuelcan en el fango del entendimiento carnal, y con sus ladridos y respuestas bajas quebrantan y fatigan a los predicadores de la palabra de Dios. Por lo cual yo también, en su mayor parte, usando una cierta circunlocución, procuro evitar publicar el conocimiento principal acerca de la Divinidad Suprema a oídos indignos.» ] Entonces, comenzando por el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo, nos expuso breve y llanamente, de modo que todos al oírlo nos maravillamos de que los hombres hayan abandonado la verdad, y se hayan vuelto a la vanidad.

    Capítulo 12. — Discusión del segundo día

    Rec. III, 12

    Pero cuando hubo amanecido, entró alguien y dijo: [«Hay una grandísima multitud esperando en el patio, y en medio de ellos está Simón, esforzándose por preocupar los oídos del pueblo con persuasiones muy malvadas.»] Entonces Pedro, saliendo inmediatamente, se puso en el lugar donde había disputado el día anterior, y todo el pueblo, volviéndose hacia él con alegría, le prestó atención. Pero cuando Simón percibió que el pueblo se regocijaba a la vista de Pedro, y se movía a amarlo, dijo confundido: [«Me maravillo de la necedad de los hombres, que me llaman mago, y aman a Pedro; cuando, teniendo conocimiento de mí desde antiguo, deberían amarme más bien a mí. Y por tanto, por esta señal, los que tienen sentido pueden comprender que Pedro más bien puede parecer ser el mago, puesto que no se me tiene afecto a mí, a quien casi se debe por el conocimiento, sino que se gasta abundantemente en él, a quien no se debe por familiaridad alguna.»]

    Capítulo 13. Simón, seductor

    Rec. III, 13

    Mientras Simón hablaba en este estilo, Pedro, habiendo saludado al pueblo de su manera acostumbrada, respondió así: [«Oh Simón, a cada uno le basta su propia conciencia para refutarlo; pero si te maravillas de esto, que los que te conocen no solo no te aman, sino que incluso te odian, aprende de mí la razón. Puesto que eres un seductor, profesas proclamar la verdad; y por esta razón tenías muchos amigos que deseaban aprender la verdad. Pero cuando vieron en ti cosas contrarias a lo que profesabas, siendo ellos, como dije, amantes de la verdad, comenzaron no solo a no amarte, sino incluso a odiarte. Pero aun no te abandonaron inmediatamente, porque todavía prometías que podías mostrarles lo que es verdadero. Mientras, pues, nadie estuvo presente que pudiera mostrárselo, te soportaron; pero desde que la esperanza de una instrucción mejor ha amanecido para ellos, te desprecian, y buscan conocer lo que entienden que es mejor. Y tú ciertamente, obrando con artes nefarias, pensaste al principio que escaparías a la detección. Pero eres detectado. Porque eres arrinconado, y, contra tu expectativa, eres hecho notorio, no solo como ignorante de la verdad, sino como no dispuesto a oírla de los que la conocen. Pues si hubieras estado dispuesto a oír, se habría ejemplificado en ti aquel dicho de Aquel que dijo que 'no hay nada oculto que no haya de ser conocido, ni cubierto que no haya de ser revelado.'»] []

    Capítulo 14. Simón reclama el cumplimiento de la promesa de Pedro

    Rec. III, 14

    Mientras Pedro decía estas palabras, y otras del mismo tenor, respondió Simón: [«No quiero que me detengas con largos discursos, Pedro; reclamo de ti lo que prometiste ayer. Dijiste entonces que podías mostrar que la ley enseña acerca de la inmensidad de la luz eterna, y que solo hay dos cielos, y estos creados, y que el superior es la morada de aquella luz, en la cual el Padre inefable habita solo para siempre; pero que según el modelo de aquel cielo está hecho este cielo visible, el cual afirmaste que ha de pasar. Dijiste, por tanto, que el Padre de todos es uno, porque no puede haber dos infinitos; de lo contrario, ninguno de ellos sería infinito, porque en aquello en lo que uno subsiste, pone un límite a la subsistencia del otro. Puesto que, entonces, no solo prometiste esto, sino que eres capaz de mostrarlo a partir de la ley, deja los demás asuntos y emprende este.»] Entonces Pedro dijo: [«Si se me pidiera hablar de estas cosas solo por tu causa, que vienes únicamente con el propósito de contradecir, jamás oirías un solo discurso de mí; pero viendo que es necesario que el labrador, queriendo sembrar buena tierra, siembre algunas semillas, ya en lugares pedregosos, ya en lugares que han de ser hollados por los hombres, ya en lugares llenos de zarzas y espinas (como también nuestro Maestro expuso, indicando con esto las diversidades de los propósitos de las varias almas), no tardaré.»]

    Capítulo 15. La arrogancia de Simón

    Rec. III, 15

    Entonces dijo Simón: [«Me parece que estás enojado; pero si es así, no es necesario entrar en el conflicto.»] Entonces Pedro: [«Veo que percibes que has de ser convencido y deseas escapar cortésmente del combate; pues ¿qué has visto para haberte enojado contra mí, hombre que deseas engañar a tan gran multitud y que, no teniendo nada que decir, finges moderación, y que además mandas, en verdad, por tu autoridad que la controversia se conduzca como a ti te plazca, y no como el orden exige?»] Entonces Simón: [«Me esforzaré en soportar con paciencia tu impericia, para mostrar que tú en verdad deseas seducir al pueblo, pero que yo enseño la verdad. Mas ahora me abstengo de una discusión acerca de aquella luz sin límites. Respóndeme, pues, a lo que te pregunto. Puesto que Dios, como dices, hizo todas las cosas, ¿de dónde viene el mal?»] Entonces dijo Pedro: [«Plantear preguntas de este modo no es propio de un adversario, sino de un discípulo. Si, por tanto, deseas aprender, confiésalo; y primero te enseñaré cómo debes aprender, y cuando hayas aprendido a escuchar, entonces, al punto, comenzaré a enseñarte. Pero si no deseas aprender, como si supieras todas las cosas, primero expondré la fe que predico, y tú también expón lo que piensas que es verdad; y cuando la profesión de cada uno de nosotros haya sido manifestada, que nuestros oyentes juzguen qué discurso está sostenido por la verdad.»] A esto respondió Simón: [«¡Buen chiste es este: he aquí un hombre que se ofrece a enseñarme! No obstante, te soportaré y sufriré tu ignorancia y tu arrogancia. Confieso, pues, que sí deseo aprender; veamos cómo puedes enseñarme.»]

    Capítulo 16. La existencia del mal

    Rec. III, 16

    Entonces dijo Pedro: [«Si verdaderamente deseas aprender, aprende primero esto: con cuánta impericia has formulado tu pregunta; pues dices: Puesto que Dios ha creado todas las cosas, ¿de dónde es el mal? Pero antes de preguntar esto, tres clases de cuestiones deberían haber tenido precedencia: Primera, si existe el mal? Segunda, ¿qué es el mal? Tercera, ¿para quién es, y de dónde?»] A esto respondió Simón: [«¡Oh tú, el más imperito e ignorante! ¿Hay algún hombre que no confiese que hay mal en esta vida? Por lo cual yo también, pensando que tenías al menos el sentido común de todos los hombres, pregunté de dónde es el mal; no como quien desea aprender, pues sé todas las cosas, y menos que de nadie de ti, que no sabes nada, sino para mostrarte ignorante de todas las cosas. Y para que no supongas que es porque estoy enojado que hablo con cierta aspereza, sabe que me mueve la compasión por los presentes, a quienes intentas engañar.»] Entonces dijo Pedro: [«Tanto más malvado eres, si puedes hacer tal mal sin estar enojado; pero donde hay fuego, ha de subir humo. No obstante, te lo diré, no sea que parezca que te replico con palabras, sin responder a las cosas que has dicho desordenadamente. Dices que todos confiesan la existencia del mal, lo cual es verdaderamente falso; pues, en primer lugar, toda la nación hebrea niega su existencia.»]

    Capítulo 17. No admitido por todos

    Rec. III, 17

    Entonces Simón, interrumpiendo su discurso, dijo: [«Hacen bien quienes dicen que no hay mal.»] Entonces Pedro respondió: [«No nos proponemos hablar de esto ahora, sino solo afirmar el hecho de que la existencia del mal no es admitida universalmente. Mas la segunda cuestión que deberías haber preguntado es: ¿qué es el mal? ¿una sustancia, un accidente o un acto? Y otras muchas cosas de la misma índole. Y después de esto, ¿hacia qué, o cómo es, o para quién es malo? ¿Para Dios, para los ángeles o para los hombres; para los justos o para los inicuos; para todos o para algunos; para uno mismo o para nadie? Y luego deberías investigar: ¿de dónde es? ¿De Dios o de la nada? ¿Ha existido siempre, o ha tenido principio en el tiempo? ¿Es útil o inútil? Y otras muchas cosas que exige una proposición de esta clase.»] A esto respondió Simón: [«Perdóname; estaba en un error en cuanto a la primera cuestión; pero supón que ahora pregunto primero si el mal existe o no.»]

    Capítulo 18. El modo de conducir la discusión

    Rec. III, 18

    Entonces Pedro dijo: [«¿De qué modo planteas la cuestión: como quien desea aprender, como quien enseña o por el solo gusto de suscitar la cuestión? Si en verdad como quien desea aprender, tengo algo que enseñarte primero, para que, llegando por las consecuencias y por el recto orden de la doctrina, comprendas por ti mismo qué es el mal. Pero si planteas la cuestión como maestro, no tengo necesidad de ser enseñado por ti, pues tengo un Maestro de quien he aprendido todas las cosas. Mas si preguntas meramente por gusto de suscitar una cuestión y disputar, que cada uno de nosotros exponga primero su opinión, y así debátase el asunto. Pues no es razonable que preguntes como quien desea aprender y contradigas como quien enseña, de modo que, después de mi respuesta, quede a tu discreción decir si he hablado bien o mal. Por lo cual no puedes ocupar el lugar de un contradictor y ser juez de lo que decimos. Y por tanto, como he dicho, si ha de celebrarse discusión, que cada uno exponga sus pareceres; y mientras estemos puestos en conflicto, estos religiosos oyentes serán justos jueces.»]

    Capítulo 19. El deseo de instrucción

    Rec. III, 19

    Entonces Simón dijo: [«¿No te parece absurdo que un pueblo inexperto se siente a juzgar nuestras palabras?»] Entonces Pedro: [«No es así; pues lo que quizá es menos claro para uno puede ser investigado por muchos, porque a menudo incluso un rumor popular tiene aspecto de profecía. Pero además de todo esto, todas estas personas están aquí constreñidas por el amor de Dios y por el deseo de conocer la verdad, y por tanto todos estos han de ser considerados como uno solo, por ser uno y el mismo su afecto hacia la verdad; como, por el contrario, dos son muchos y diversos, si disienten entre sí. Pero si deseas recibir una indicación de cómo todas estas personas que están delante de nosotros son como un solo hombre, considera por su mismo silencio y quietud con cuánta paciencia, como ves, honran la verdad de Dios, aun antes de aprenderla, pues todavía no han aprendido la mayor observancia que le deben. Por lo cual espero, por la misericordia de Dios, que Él acepte el religioso propósito de su mente hacia Él, y dé la palma de la victoria al que predica la verdad, para manifestarles al heraldo de la verdad.»]

    Capítulo 20. Principios comunes

    Rec. III, 20

    Entonces Simón: [«¿Sobre qué asunto deseas que se celebre la discusión? Dímelo, para que yo también defina lo que pienso, y así pueda comenzar la investigación.»] Y Pedro respondió: [«Si en verdad quieres hacer lo que me parece justo, yo querría que se hiciera según el precepto de mi Maestro, quien en primer lugar mandó a la nación hebrea, a la que sabía que tenía conocimiento de Dios y que es Él quien hizo el mundo, no que inquirieran acerca de Aquel a quien conocían, sino que, conociéndole, investigaran su voluntad y su justicia; porque está en poder de los hombres que, escudriñando estas cosas, hallen, hagan y observen aquellas por las que han de ser juzgados. Por tanto, Él nos mandó inquirir no de dónde viene el mal, como tú preguntaste hace poco, sino buscar la justicia del Dios bueno y su reino; y todas estas cosas, dice Él, se os añadirán.»] [] Entonces Simón dijo: [«Puesto que estas cosas son mandadas a los hebreos, como a quienes tienen un recto conocimiento de Dios y opinan que cada uno tiene en su poder hacer aquellas cosas por las que ha de ser juzgado —pero mi opinión difiere de la suya—, ¿por dónde deseas que comience?»]

    Capítulo 21. La libertad de la voluntad

    Rec. III, 21

    Entonces dijo Pedro: [«Aconsejo que la primera investigación sea si está en nuestro poder saber por qué hemos de ser juzgados.»] Pero Simón dijo: [«No; sino acerca de Dios, de quien todos los presentes desean oír.»] Entonces Pedro: [«Admites, pues, que algo está en poder de la voluntad: solamente confiesa esto, si es así, e investiguemos, como dices, acerca de Dios.»] A esto respondió Simón: [«De ningún modo.»] Entonces Pedro dijo: [«Si, pues, nada está en nuestro poder, inútil es para nosotros inquirir algo acerca de Dios, puesto que no está en poder de quienes buscan el hallarlo; por lo cual dije bien que esta debía ser la primera investigación, si algo está en poder de la voluntad.»] Entonces dijo Simón: [«Ni siquiera podemos entender eso que dices, si hay algo en poder de la voluntad.»] Pero Pedro, viendo que se volvía a la disputa y, por miedo a ser vencido, lo confundía todo como si fuera en general incierto, respondió: [«¿Cómo, pues, sabes que no está en poder del hombre conocer algo, puesto que al menos eso mismo lo sabes?»]

    Capítulo 22. La responsabilidad

    Rec. III, 22

    Entonces Simón dijo: [«No sé si siquiera sé esto; pues cada uno, según le está decretado por el destino, o hace, o entiende, o padece.»] Entonces Pedro dijo: [«Mirad, hermanos míos, en qué absurdos ha caído Simón, quien antes de mi venida enseñaba que los hombres tienen en su poder ser sabios y hacer lo que quieren, pero ahora, arrinconado por la fuerza de mis argumentos, niega que el hombre tenga poder alguno de percibir o de obrar; ¡y aun presume de profesarse maestro! Pero dime, ¿cómo, pues, juzga Dios con verdad a cada uno por sus obras, si los hombres no tienen en su propio poder hacer nada? Si esta opinión se sostiene, todas las cosas son arrancadas de raíz; vano será el deseo de seguir el bien; sí, aun en vano administran leyes los jueces del mundo y castigan a los que obran mal, porque no tuvieron en su poder no pecar; vanas también serán las leyes de las naciones que asignan penas a las malas obras. Miserables serán también los que trabajosamente guardan la justicia; pero bienaventurados los que, viviendo en placeres, ejercen tiranía, viviendo en lujo y maldad. Según esto, por tanto, no puede haber ni justicia, ni bondad, ni virtud alguna, ni, como tú querrías, Dios alguno. Mas, oh Simón, sé por qué has hablado así: en verdad porque deseabas evitar la investigación, no fuera que fueses abiertamente refutado; y por eso dices que no está en poder del hombre percibir o discernir nada. Pero si esta hubiera sido realmente tu opinión, ciertamente no te habrías, antes de mi venida, profesado ante el pueblo como maestro. Digo, pues, que el hombre está bajo su propio dominio.»] Entonces dijo Simón: [«¿Qué significa estar bajo su propio dominio? Dinos.»] A esto Pedro: [«Si nada se puede aprender, ¿por qué deseas oír?»] Y Simón dijo: [«No tienes nada que responder a esto.»]

    Capítulo 23. El origen del mal

    Rec. III, 23

    Entonces dijo Pedro: [«Hablaré, no como forzado por ti, sino a petición de los oyentes. El poder de elección es el sentido del alma, que posee una cualidad por la cual puede inclinarse hacia los actos que quiere.»] Entonces Simón, aplaudiendo a Pedro por lo que había dicho, dijo: [«Verdaderamente lo has expuesto magnífica e incomparablemente, pues es mi deber dar testimonio de que hablas bien. Ahora, si me explicas esto que ahora te pregunto, en todo lo demás me someteré a ti. Lo que deseo aprender, pues, es esto: si lo que Dios quiere que sea, es; y lo que no quiere que sea, no es. Respóndeme a esto.»] Entonces Pedro: [«Si no sabes que estás haciendo una pregunta absurda e incompetente, te perdonaré y te lo explicaré; pero si eres consciente de que preguntas sin consecuencia, no haces bien.»] Entonces Simón dijo: [«Juro por la Divinidad Suprema, sea lo que fuere, que juzga y castiga a los que pecan, que no sé qué he dicho sin consecuencia, o qué absurdo hay en mis palabras, es decir, en las que acabo de pronunciar.»]

    Capítulo 24. Dios, autor del bien, no del mal

    Rec. III, 24

    Respondió a esto Pedro: Puesto que, pues, confiesas que eres ignorante, ahora aprende. Tu pregunta exigía de nosotros una respuesta sobre dos cosas contrarias entre sí. Porque todo movimiento se divide en dos partes, de modo que una parte es movida por necesidad y otra por voluntad; y las cosas que son movidas por necesidad están siempre en movimiento; las que son movidas por voluntad, no siempre. Por ejemplo, el movimiento del sol se realiza por necesidad para completar su circuito señalado, y todo estado y servicio del cielo depende de movimientos necesarios. Pero el hombre dirige los movimientos voluntarios de sus propias acciones. Y así hay algunas cosas que han sido creadas para este fin: que en sus servicios estén sujetas a la necesidad y no puedan hacer otra cosa sino la que les ha sido asignada; y cuando han cumplido este servicio, el Creador de todas las cosas, que así las dispuso según su voluntad, las conserva. Pero hay otras cosas en las que hay un poder de voluntad y que tienen libre elección de hacer lo que quieran. Estas, como he dicho, no permanecen siempre en aquel orden en que fueron creadas, sino que, según las lleva su voluntad y las inclina el juicio de su mente, producen o bien o mal; y por tanto Él ha propuesto recompensas a los que obran bien y penas a los que obran mal.

    Capítulo 25. [«¿Quién ha resistido a su voluntad?» ]

    Rec. III, 25

    Dices, por tanto, que si Dios quiere que algo sea, es; y si no lo quiere, no es. Pero si yo respondiera que lo que Él quiere es, y lo que no quiere no es, dirías que entonces Él quiere que sean las cosas malas que se hacen en el mundo, puesto que todo lo que Él quiere es, y todo lo que no quiere no es. Mas si yo hubiera respondido que no es así que lo que Dios quiere sea, y lo que no quiere no sea, entonces me replicarías que Dios habría de ser impotente, si no puede hacer lo que quiere; y estarías tanto más petulante, creyendo que habías alcanzado victoria, aunque no habías dicho nada al caso. Por tanto, eres ignorante, oh Simón, sí, muy ignorante, de cómo actúa la voluntad de Dios en cada caso individual. Pues algunas cosas, como hemos dicho, Él las ha querido de tal modo que no pueden ser de otra manera que como están ordenadas por Él; y a estas no les ha asignado ni recompensas ni castigos; pero a aquellas que ha querido que sean de modo que tengan en su poder hacer lo que quieran, les ha asignado, según sus acciones y sus voluntades, ganar o recompensas o castigos. Puesto que, por tanto, como te he informado, todas las cosas que se mueven se dividen en dos partes, según la distinción que antes expuse, todo lo que Dios quiere es, y todo lo que Él no quiere no es.

    Capítulo 26. No hay bondad sin libertad

    Rec. III, 26

    Respondió a esto Simón: [«¿Acaso no pudo Él hacernos a todos tales que fuéramos buenos y que no tuviéramos en nuestro poder ser de otra manera?»] Pedro respondió: [«También esta es una cuestión absurda. Porque si nos hubiera hecho de naturaleza inmutable e incapaces de ser movidos del bien, no seríamos verdaderamente buenos, porque no podríamos ser otra cosa; y no sería de nuestro propósito que fuéramos buenos; y lo que hiciéramos no sería nuestro, sino de la necesidad de nuestra naturaleza. Pero ¿cómo puede llamarse bueno lo que no se hace de propósito? Y por esta causa el mundo requirió largos períodos, hasta que se completara el número de almas que estaban predestinadas a llenarlo, y entonces aquel cielo visible fuera plegado como un rollo, y lo que es más alto apareciera, y las almas de los bienaventurados, restituidas a sus cuerpos, fuesen introducidas en la luz; mas las almas de los inicuos, por sus acciones impuras, rodeadas de espíritu ígneo, fuesen hundidas en el abismo del fuego inextinguible, para sufrir castigos por toda la eternidad. Que estas cosas son así, nos lo ha testificado el verdadero Profeta; acerca del cual, si deseas saber que es profeta, te instruiré con innumerables declaraciones. Pues de las cosas que fueron dichas por Él, aun ahora se está cumpliendo todo lo que dijo; y las cosas que habló con respecto al futuro se cree que están por cumplirse, porque se da fe al futuro a partir de las cosas que ya han acontecido.»]

    Capítulo 27. El cielo visible: por qué fue hecho

    Rec. III, 27

    Pero Simón, percibiendo que Pedro estaba claramente asignando una razón desde la cabeza de la profecía, por la cual toda la cuestión queda resuelta, declinó que el discurso tomara este giro; y así respondió: [«Respóndeme a las preguntas que te hago, y dime: si ese cielo visible ha de ser disuelto, como dices, ¿por qué fue hecho al principio?»] Pedro respondió: [«Fue hecho por causa de esta vida presente de los hombres, para que hubiera alguna suerte de interposición y separación, no sea que algún indigno vea la morada de los celestiales y la sede misma de Dios, las cuales están preparadas para ser vistas solo por aquellos que son de corazón puro. Mateo 5:8] Pero ahora, es decir, en el tiempo del combate, le ha placido que sean invisibles aquellas cosas que están destinadas como recompensa a los vencedores.» Entonces Simón dijo: [«Si el Creador es bueno, y el mundo es bueno, ¿cómo aquel que es bueno destruirá jamás lo que es bueno? Pero si destruye lo que es bueno, ¿cómo se ha de pensar que Él mismo es bueno? Pero si lo disuelve y destruye como malo, ¿cómo no aparecerá como malo, quien ha hecho lo que es malo?»]

    Capítulo 28. Por qué ha de ser disuelto

    Rec. III, 28

    A esto respondió Pedro: [«Puesto que hemos prometido no huir de tus blasfemias, las soportamos con paciencia, pues tú mismo darás cuenta de las cosas que dices. Escucha, pues, ahora. Si en verdad aquel cielo visible y transitorio hubiera sido hecho por causa de sí mismo, habría alguna razón en lo que dices: que no debe ser disuelto. Pero si no fue hecho por causa de sí mismo, sino por causa de otra cosa, es necesario que sea disuelto, para que aparezca aquello por lo cual parece haber sido hecho. Como podría decir, a modo de ilustración: por más que la cáscara del huevo parezca formada con justicia y cuidado, es sin embargo necesario que se rompa y se abra, para que el polluelo salga de ella, y aparezca aquello para lo cual la forma de todo el huevo parece haber sido moldeada. Así también, por tanto, es necesario que la condición de este mundo pase, para que aquella condición más sublime del reino celestial resplandezca.»]

    Capítulo 29. Las cosas corruptibles y temporales hechas por el Incorruptible y Eterno

    Rec. III, 29

    Entonces Simón: [«No me parece que el cielo, que ha sido hecho por Dios, pueda ser disuelto. Pues las cosas hechas por el Eterno son eternas, mientras que las cosas hechas por uno corruptible son temporales y decadentes.»] Entonces Pedro: [«No es así. En verdad, cosas corruptibles y temporales de todo tipo son hechas por criaturas mortales; pero el Eterno no hace siempre cosas corruptibles, ni siempre incorruptibles; sino que según la voluntad de Dios el Creador, así serán las cosas que Él crea. Pues el poder de Dios no está sujeto a ley, sino que su voluntad es ley para sus criaturas.»] Entonces Simón respondió: [«Te devuelvo a la primera cuestión. Dijiste hace poco que Dios no es visible a nadie; pero cuando aquel cielo sea disuelto, y aquella condición superior del reino celestial resplandezca, entonces aquellos que son puros de corazón Mateo 5:8] verán a Dios; afirmación que es contraria a la ley, pues allí está escrito que Dios dijo: 'Nadie verá mi rostro y vivirá.'» []

    Capítulo 30. Cómo los puros de corazón ven a Dios

    Rec. III, 30

    Entonces Pedro respondió: [«A los que no leen la ley según la tradición de Moisés, mi discurso les parece contrario a ella; pero yo te mostraré cómo no es contradictorio. Dios es visto por la mente, no por el cuerpo; por el espíritu, no por la carne. Por lo cual también los ángeles, que son espíritus, ven a Dios; y por tanto los hombres, mientras son hombres, no pueden verlo. Pero después de la resurrección de los muertos, cuando hayan sido hechos semejantes a los ángeles, Mateo 22:30] podrán ver a Dios. Y así mi afirmación no es contraria a la ley; ni tampoco lo es aquello que dijo nuestro Maestro: 'Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios.' [] Pues Él mostró que vendrá un tiempo en que de los hombres se harán ángeles, quienes en el espíritu de su mente verán a Dios.» Después de estas y muchas dichos semejantes, Simón comenzó a afirmar con muchos juramentos, diciendo: [«Sobre una sola cosa dame razón: si el alma es inmortal, y me someteré a tu voluntad en todas las cosas. Pero sea mañana, porque hoy es tarde.»] Cuando, pues, Pedro comenzaba a hablar, Simón salió, y con él muy pocos de sus asociados; y esto por vergüenza. Pero todos los demás, volviéndose a Pedro, se postraron ante él de rodillas; y algunos de los que estaban afligidos por diversas enfermedades, o poseídos por demonios, fueron sanados por la oración de Pedro, y partieron gozosos, como habiendo obtenido a la vez la doctrina del verdadero Dios, y también su misericordia. Cuando, pues, las multitudes se retiraron, y solo nosotros, sus servidores, permanecimos con él, nos sentamos en lechos colocados en el suelo, reconociendo cada uno su lugar acostumbrado, y habiendo tomado alimento, y dado gracias a Dios, nos fuimos a dormir.
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