No se ha de buscar a Dios por medio de letras, sílabas y números; necesidad de humildad en tales investigaciones
II, 25
1. Si alguno, sin embargo, replicara a estas cosas: "¿Qué, pues? ¿Es acaso cosa vana y accidental que las posiciones de los nombres, la elección de los apóstoles, la obra del Señor y el orden de las cosas creadas sean como son?", nosotros le respondemos: Ciertamente no; sino que con gran sabiduría y diligencia todas las cosas han sido claramente hechas por Dios, ajustadas y preparadas [para sus fines propios]; y su Verbo formó tanto las cosas antiguas como las que pertenecen a los últimos tiempos; y los hombres no deben enlazar esas cosas con el número treinta,3194 sino armonizarlas con lo que realmente existe, o con la recta razón. Ni deben empeñarse en investigar acerca de Dios por medio de números, sílabas y letras. Pues éste es un modo incierto de proceder, a causa de sus variados y diversos sistemas, y porque hoy en día cualquiera puede, de igual manera, idear3195 toda suerte de hipótesis; de modo que3196 pueden derivar argumentos contra la verdad de esas mismas teorías, en cuanto pueden ser torcidas en muchas direcciones distintas. Mas, por el contrario, deben adaptar los números mismos, y aquellas cosas que han sido formadas, a la verdadera regla que tienen delante. Porque la regla3197 no brota de los números, sino los números de la regla; ni Dios deriva su ser de las cosas hechas, sino las cosas hechas de Dios. Porque todas las cosas proceden de un solo y mismo Dios.
2. Pero, puesto que las cosas creadas son varias y numerosas, están ciertamente bien ajustadas y adaptadas al conjunto de la creación; sin embargo, consideradas individualmente, son mutuamente opuestas e inarmónicas, así como el sonido de la lira, que consta de muchas y opuestas notas, produce una única melodía continua, mediante el intervalo que separa una de otra. El amante de la verdad, por tanto, no debe dejarse engañar por el intervalo entre cada nota, ni debe imaginar que una se debía a un artista y autor, y otra a otro, ni que una persona ajustó las cuerdas agudas, otra las graves y otra aún las intermedias; sino que debe sostener que una sola y misma persona [formó el todo], para así demostrar el juicio, la bondad y la destreza exhibidos en toda la obra y [el ejemplar de] sabiduría. También quienes escuchan la melodía deben alabar y ensalzar al artista, admirar la tensión de unas notas, atender a la suavidad de otras, captar el sonido de otras entre ambos extremos, y considerar el carácter especial de otras, de modo que indaguen a qué tiende cada una y cuál es la causa de su variedad, sin dejar nunca de aplicar nuestra regla, ni abandonando al [único3198] artista, ni desechando la fe en el único Dios que formó todas las cosas, ni blasfemando contra nuestro Creador.
3. Si, no obstante, alguno no descubre la causa de todas esas cosas que se convierten en objeto de investigación, reflexione que el hombre es infinitamente inferior a Dios; que ha recibido la gracia sólo en parte, y aún no es igual ni semejante a su Hacedor; y, además, que no puede tener experiencia ni formarse concepción de todas las cosas como Dios; sino que, en la misma proporción en que el que fue formado hoy, y recibió el comienzo de su creación, es inferior a Aquel que es increado y siempre el mismo, en esa proporción es él, en cuanto al conocimiento y a la facultad de investigar las causas de todas las cosas, inferior a Aquel que lo hizo. Porque tú, oh hombre, no eres un ser increado, ni coexististe siempre3199 con Dios, como lo hizo su propio Verbo; sino que ahora, por su excelentísima bondad, recibiendo el comienzo de tu creación, aprendes gradualmente del Verbo las dispensaciones de Dios que te hizo.
4. Conserva, por tanto, el orden propio de tu conocimiento, y no, como ignorante de las cosas realmente buenas, busques elevarte por encima de Dios mismo, pues Él no puede ser superado; ni busques a nadie por encima del Creador, pues no hallarás a tal. Porque tu Formador no puede ser encerrado dentro de límites; ni, aunque midieras todo este [universo], y recorrieras toda su creación, y la consideraras en toda su profundidad, altura y longitud, podrías concebir a ningún otro por encima del Padre mismo. Pues no podrás pensarlo del todo, sino que, entregándote a trenes de reflexión contrarios a tu naturaleza, te mostrarás necio; y si perseveras en tal camino, caerás en la más completa locura, mientras te juzgas más encumbrado y mayor que tu Creador, e imaginas que puedes penetrar más allá de sus dominios.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 25
- 3194. Algunos leen XX., pero XXX. es probablemente lo correcto.
- 3195. Harvey propone "commentitum" en lugar de "commentatum", pero la alteración parece innecesaria.
- 3196. La sintaxis está confusa y el significado oscuro.
- 3197. "Regula."
- 3198. "Errantes ab artifice." Toda la frase es sumamente oscura.
- 3199. Alusión al imaginario Eón Anthropos, que existió desde la eternidad.
"La ciencia envanece, mas el amor edifica."
II, 26
1. Es, por tanto, mejor y más provechoso pertenecer a la clase simple e iletrada, y por medio del amor acercarse a Dios, que, imaginándonos doctos y hábiles, ser hallados [entre los que son] blasfemos contra su propio Dios, en cuanto conjuran a otro Dios como Padre. Y por esta razón exclamó Pablo: "La ciencia envanece, mas el amor edifica":3200 no porque quisiera invectivar contra el verdadero conocimiento de Dios, pues en tal caso se habría acusado a sí mismo; sino porque sabía que algunos, envanecidos por la pretensión de conocimiento, se apartan del amor de Dios e imaginan que ellos mismos son perfectos; por eso, con miras a poner fin al orgullo que sienten a causa de un conocimiento de esta clase, dice: "La ciencia envanece, mas el amor edifica." Ahora bien, no puede haber mayor presunción que ésta: que alguien se imagine ser mejor y más perfecto que Aquel que lo hizo y lo formó, le impartió el aliento de vida y ordenó que esta misma cosa existiese. Es, por tanto, mejor, como ya he dicho, que uno no tenga conocimiento alguno de ninguna razón por la que una sola cosa en la creación ha sido hecha, sino que crea en Dios y permanezca en su amor, que3201, envanecido por un conocimiento de esta clase, se aparte de aquel amor que es la vida del hombre; y que no busque ningún otro conocimiento sino [el conocimiento de] Jesucristo el Hijo de Dios, que fue crucificado por nosotros, antes que por preguntas sutiles y expresiones capciosas caiga en la impiedad.3202
2. Porque ¿qué sucedería si alguno, envanecido gradualmente por intentos de esa clase, dijera, porque el Señor afirmó que "aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados",3203 ponerse a indagar el número de cabellos de la cabeza de cada uno, y esforzarse por investigar la razón por la cual un hombre tiene tantos y otro tantos, puesto que no todos tienen un número igual, sino que se hallan muchos miles y miles con números todavía distintos, por esto: que unos tienen cabezas más grandes y otros más pequeñas, unos cabelleras abundantes, otros escasas, y otros apenas cabello alguno—, y entonces aquellos que imaginan haber descubierto el número de los cabellos se esforzaran por aplicar lo que han concebido para recomendación de su propia secta? ¿O, además, si alguno, a causa de esta expresión que aparece en el Evangelio: "¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Y ni uno de ellos cae a tierra sin la voluntad de vuestro Padre",3204 aprovechara la ocasión para calcular el número de pajarillos cazados cada día, ya en todo el mundo, ya en alguna región particular, e indagar la razón de que ayer fueran capturados tantos, anteayer tantos, y hoy de nuevo tantos, y luego añadiera el número de pajarillos a su [particular] hipótesis, ¿no se extraviaría por completo en ese caso, y arrastraría a una locura absoluta a quienes estuvieran de acuerdo con él, puesto que los hombres en tales asuntos están siempre ansiosos por que se piense que han descubierto algo más extraordinario que sus maestros?3205
3. Pero si alguno nos preguntara si todo número de todas las cosas que han sido hechas y que se hacen es conocido por Dios, y si cada uno de estos [números] ha recibido, según su providencia, aquella cantidad especial que contiene; y si, estando nosotros de acuerdo en que así es, y reconociendo que ni una sola de las cosas que han sido, son o serán hechas escapa al conocimiento de Dios, sino que por su providencia cada una de ellas ha obtenido su naturaleza, rango, número y cantidad especial, y que nada en absoluto ha sido ni es producido en vano o accidentalmente, sino con suma adecuación [al fin propuesto] y en el ejercicio de un conocimiento trascendente, y que fue un admirable y verdaderamente divino entendimiento3206 el que pudo a la vez distinguir y producir las causas apropiadas de tal sistema: si, [digo,] alguno, obteniendo nuestra adhesión y consentimiento a esto, se pusiera a contar la arena y los guijarros de la tierra, sí, también las olas del mar y las estrellas del cielo, y se esforzara por discurrir las causas del número que se imagina haber descubierto, ¿no sería vano su trabajo, y no sería con justicia declarado loco y destituido de razón por todos los dotados de sentido común? Y cuanto más se ocupara, por encima de otros, en cuestiones de esta clase, y cuanto más se imagine descubrir más que otros, llamándolos inhábiles, ignorantes y seres animales, porque no entran en su tan inútil trabajo, tanto más es [en realidad] insensato, necio, herido como por un rayo, ya que en ningún punto se reconoce inferior a Dios; sino que, por el conocimiento que se imagina haber descubierto, cambia a Dios mismo y exalta su propia opinión por encima de la grandeza del Creador.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 26
- 3200. 1 Cor. viii. 1.
- 3201. "Aut"; ἤ habiendo sido así traducido erróneamente en lugar de "quam".
- 3202. [Esto parece anticipar las dialécticas de la escolástica, y su inmensa influencia en la cristiandad occidental, tras la débil adhesión de San Bernardo al sistema bíblico de los antiguos.]
- 3203. Matt. x. 30.
- 3204. Matt. x. 29.
- 3205. [Ilustrado por la historia del pensamiento moderno en Alemania. Véase la meritoria obra del profesor Kahnis, sobre German Protestantism (traducida). Edimburgo, T. & T. Clark, 1856.]
- 3206. "Rationem."
Modo propio de interpretar las parábolas y los pasajes oscuros de la Escritura
II, 27
1. Una mente sana, que no expone a peligro a quien la posee y está consagrada a la piedad y al amor de la verdad, meditará con afán en aquellas cosas que Dios ha puesto dentro del poder de la humanidad y ha sometido a nuestro conocimiento, y avanzará en [el trato con] ellas, haciéndose fácil su conocimiento mediante el estudio diario. Estas cosas son tales como caen [claramente] bajo nuestra observación, y están expuestas con claridad y sin ambigüedad, en términos expresos, en las Sagradas Escrituras. Y por tanto, las parábolas no deben adaptarse a expresiones ambiguas. Porque, si esto no se hace, tanto quien las explica lo hará sin peligro, como las parábolas recibirán de todos una interpretación semejante, y el cuerpo3207 de la verdad permanece entero, con una adaptación armoniosa de sus miembros y sin colisión alguna [de sus diversas partes]. Mas aplicar expresiones que no son claras ni evidentes a las interpretaciones de las parábolas, tales como cada uno descubre por sí mismo según lo lleva su inclinación, [es absurdo.3208] Porque de este modo nadie poseerá la regla de verdad; antes bien, según el número de personas que explican las parábolas, se hallarán los diversos sistemas de verdad, en mutua oposición unos con otros y exponiendo doctrinas antagónicas, como las cuestiones corrientes entre los filósofos gentiles.
2. Según este modo de proceder, por tanto, el hombre estaría siempre indagando pero nunca hallando, porque ha rechazado el método mismo del descubrimiento. Y cuando viene el Esposo3209, aquel que tiene su lámpara sin arreglar y que no arde con el resplandor de una luz constante, es contado entre los que oscurecen las interpretaciones de las parábolas, abandonando a Aquel que por sus anuncios claros imparte gratuitamente dones a todos los que a Él acuden, y queda excluido de su cámara nupcial. Puesto que, por consiguiente, todas las Escrituras, los profetas y los Evangelios pueden ser entendidos clara, inequívoca y armoniosamente por todos, aunque no todos crean en ellos; y3210 puesto que proclaman que un solo Dios, con exclusión de todos los demás, formó todas las cosas por su Verbo, ya visibles o invisibles, celestes o terrenales, en el agua o debajo de la tierra, como he demostrado3211 por las palabras mismas de la Escritura; y puesto que el sistema mismo de la creación al que pertenecemos testifica, por lo que cae bajo nuestra observación, que un solo Ser lo hizo y lo gobierna—, parecerán verdaderamente necios aquellos que cierran sus ojos a una demostración tan clara y no quieren contemplar la luz del anuncio [que se les hace]; sino que se ponen cadenas a sí mismos, y cada uno de ellos imagina, por medio de sus oscuras interpretaciones de las parábolas, que ha hallado un Dios propio. Porque que no hay nada en absoluto dicho abierta, expresamente y sin controversia en parte alguna de la Escritura acerca del Padre concebido por aquellos que sostienen una opinión contraria, ellos mismos lo testifican, cuando afirman que el Salvador enseñó privadamente estas mismas cosas no a todos, sino sólo a ciertos discípulos suyos que podían comprenderlas, y que entendieron lo que Él quería decir por medio de argumentos, enigmas y parábolas. Vienen, [en fin,] a esto: a sostener que hay un Ser que es proclamado como Dios, y otro como Padre, Aquel que es presentado como tal por medio de parábolas y enigmas.
3. Pero, puesto que las parábolas admiten muchas interpretaciones, ¿qué amante de la verdad no reconocerá que afirmar que Dios ha de ser buscado a partir de éstas, mientras abandonan lo cierto, indudable y verdadero, es propio de hombres que se arrojan ansiosamente al peligro y actúan como destituidos de razón? ¿Y no es acaso semejante conducta no edificar la propia casa sobre la roca3212, que es firme, fuerte y está puesta en lugar abierto, sino sobre la arena movediza? De ahí que la ruina de semejante edificio sea cosa fácil.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 27
- 3207. Leemos "veritatis corpus" en lugar de "a veritate corpus" en el texto.
- 3208. Evidentemente ha de suplirse alguna expresión de desaprobación semejante, aunque falta en el texto latino.
- 3209. Matt. xxv. 5, etc.
- 3210. El texto es aquí elíptico, y hemos suplido lo que parece necesario para completar el sentido.
- 3211. Es dudoso si "demonstravimus" o "demonstrabimus" sea la lectura correcta: si lo primero, la referencia será al libro i. 22, o ii. 2; si lo segundo, al libro iii. 8.
- 3212. Matt. vii. 25.
El conocimiento perfecto no puede alcanzarse en la vida presente: muchas cuestiones deben dejarse sumisamente en las manos de Dios
II, 28
Teniendo, pues, la verdad misma como nuestra regla y el testimonio acerca de Dios puesto claramente ante nosotros, no debemos, por ir tras numerosas y diversas respuestas a las preguntas, arrojar lejos el firme y verdadero conocimiento de Dios. Mas es mucho más conveniente que, dirigiendo de este modo nuestras indagaciones, nos ejercitemos en la investigación del misterio y de la dispensación del Dios vivo, y crezcamos en el amor de Aquel que ha hecho y sigue haciendo tan grandes cosas por nosotros; pero jamás caigamos de la fe por la cual se proclama con toda claridad que este Ser es el único verdadero Dios y Padre, que formó este mundo, modeló al hombre, otorgó a su propia creación la facultad de crecer, y lo llamó hacia arriba desde las cosas menores a las mayores que están en su presencia, así como saca a la luz del sol al niño concebido en el seno, y guarda el trigo en el granero después de haberle dado plena fuerza en el tallo. Pero uno y el mismo Creador es quien formó el seno y creó el sol; y uno y el mismo Señor es quien crió el tallo del grano, aumentó y multiplicó el trigo, y preparó el granero.
2. Si, sin embargo, no podemos descubrir explicaciones de todas aquellas cosas de la Escritura que se hacen objeto de investigación, no por eso busquemos ningún otro Dios aparte de Aquel que realmente existe. Porque ésta es la mayor impiedad. Debemos dejar las cosas de esta naturaleza a Dios, que nos creó, estando muy propiamente asegurados de que las Escrituras son en verdad perfectas, pues fueron pronunciadas por el Verbo de Dios y por su Espíritu; pero nosotros, en cuanto que somos inferiores y posteriores en existencia al Verbo de Dios y a su Espíritu, somos por esa misma razón3213 carentes del conocimiento de sus misterios. Y no hay motivo de asombro si esto nos sucede respecto de las cosas espirituales y celestiales, y de las que requieren sernos dadas a conocer por revelación, pues aun muchas de las cosas que están a nuestros mismos pies (me refiero a las que pertenecen a este mundo, que tocamos, vemos y con las que estamos en estrecho contacto) sobrepasan nuestro conocimiento, de modo que aun éstas hemos de dejarlas a Dios. Porque conviene que Él aventaje a todos [en conocimiento]. Pues ¿qué sucede, por ejemplo, si intentamos explicar la causa de la crecida del Nilo? Podemos decir mucho, plausible o no, sobre el asunto; pero lo que es verdadero, cierto e incontrovertible al respecto pertenece sólo a Dios. Además, el lugar de morada de las aves —de aquellas, quiero decir, que vienen a nosotros en primavera y vuelan lejos de nuevo al acercarse el otoño—, aunque es una cuestión relacionada con este mundo, escapa a nuestro conocimiento. ¿Qué explicación, además, podemos dar del flujo y reflujo del océano, aunque todos admiten que debe haber una cierta causa [para estos fenómenos]? ¿O qué podemos decir acerca de la naturaleza de las cosas que están más allá de él?3214 ¿Qué podemos decir, además, acerca de la formación de la lluvia, del relámpago, del trueno, de las masas de nubes, de los vapores, del desencadenarse de los vientos y de cosas semejantes; o contar acerca de los depósitos de nieve, granizo y otras cosas parecidas? [¿Qué sabemos respecto de] las condiciones necesarias para la formación de las nubes, o cuál es la verdadera naturaleza de los vapores en el cielo? ¿Qué hay acerca de la razón por la cual la luna crece y mengua, o cuál es la causa de la diferencia de naturaleza entre las diversas aguas, metales, piedras y cosas semejantes? Sobre todos estos puntos podemos decir ciertamente mucho mientras investigamos sus causas, pero sólo Dios, que las hizo, puede declarar la verdad acerca de ellas.
3. Si, por tanto, aun respecto de la creación, hay algunas cosas [cuyo conocimiento] pertenece sólo a Dios, y otras que están al alcance de nuestro propio conocimiento, ¿qué motivo hay para quejarse si, en cuanto a las cosas que investigamos en las Escrituras (las cuales son enteramente espirituales), podemos por la gracia de Dios explicar algunas de ellas, mientras que otras hemos de dejarlas en las manos de Dios, y esto no sólo en el mundo presente, sino también en el venidero, de modo que Dios enseñe para siempre, y el hombre aprenda para siempre las cosas que Dios le enseña? Como ha dicho el apóstol a este respecto: cuando las demás cosas hayan sido abolidas, entonces estas tres, "fe, esperanza y caridad, permanecerán".3215 Porque la fe, que mira a nuestro Maestro, permanece3216 inmutablemente, asegurándonos que hay un solo Dios verdadero, y que debemos amarle verdaderamente para siempre, puesto que Él solo es nuestro Padre; mientras esperamos recibir siempre más y más de Dios, y aprender de Él, porque Él es bueno y posee riquezas ilimitadas, un reino sin fin y una instrucción que jamás puede agotarse. Si, por tanto, según la regla que he expuesto, dejamos algunas cuestiones en las manos de Dios, conservaremos nuestra fe sin daño y continuaremos sin peligro; y toda Escritura, que nos ha sido dada por Dios, será hallada por nosotros perfectamente coherente; y las parábolas armonizarán con los pasajes que son perfectamente claros; y las afirmaciones cuyo significado es claro servirán para explicar las parábolas; y mediante las múltiples y diversas expresiones [de la Escritura] se oirá3217 en nosotros una sola melodía armoniosa, que alaba con himnos a ese Dios que creó todas las cosas. Si, por ejemplo, alguien pregunta: "¿Qué hacía Dios antes de hacer el mundo?", respondemos que la respuesta a tal pregunta corresponde a Dios mismo. Porque que este mundo fue formado perfecto3218 por Dios, recibiendo un comienzo en el tiempo, nos lo enseñan las Escrituras; pero ninguna Escritura nos revela en qué se ocupaba Dios antes de este acontecimiento. La respuesta, por tanto, a esa pregunta queda en Dios, y no nos es lícito3219 proponer suposiciones necias, temerarias y blasfemas [en respuesta a ella]; de modo que, por imaginarse uno que ha descubierto el origen de la materia, en realidad aparta a Dios mismo, que hizo todas las cosas.
4. Considerad, pues, todos vosotros que inventáis tales opiniones, ya que el Padre mismo es el único llamado Dios, el que tiene existencia real, pero a quien vosotros llamáis Demiurgo; ya que, además, las Escrituras reconocen sólo a Él como Dios; y además aún, ya que el Señor confiesa sólo a Él como su propio Padre y no conoce a ningún otro, como lo mostraré por sus propias palabras, —cuando llamáis a este mismo Ser fruto del defecto y prole de la ignorancia, y lo describís como ignorante de las cosas que están por encima de Él, con las otras múltiples acusaciones que hacéis contra Él—, considerad la terrible blasfemia [de la que sois así culpables] contra Aquel que verdaderamente es Dios. Parecéis afirmar con bastante gravedad y honestidad que creéis en Dios; mas luego, como sois del todo incapaces de revelar ningún otro Dios, declaráis que este mismo Ser en quien profesáis creer es fruto del defecto y prole de la ignorancia. Ahora bien, esta ceguera y este hablar necio os provienen del hecho de que no reserváis nada para Dios, sino que queréis proclamar el nacimiento y la producción tanto del Dios mismo, de su Ennœa, de su Logos, de la Vida y de Cristo; y formáis la idea de éstos sólo a partir de una mera experiencia humana; sin comprender, como dije antes, que es posible, en el caso del hombre, que es un ser compuesto, hablar así de la mente del hombre y del pensamiento del hombre; y decir que el pensamiento (ennœa) brota de la mente (sensus), la intención (entimema) a su vez del pensamiento, y la palabra (logos) de la intención (pero ¿qué logos?3220 pues entre los griegos hay un logos que es el principio que piensa, y otro que es el instrumento por medio del cual se expresa el pensamiento); y [decir] que el hombre unas veces está en reposo y callado, mientras que otras habla y actúa. Mas puesto que Dios es3221 todo mente, toda razón, todo espíritu activo, toda luz, y existe siempre uno y el mismo, así como es beneficioso para nosotros pensar en Dios, y como aprendemos respecto de Él por las Escrituras, tales sentimientos y divisiones [de operación] no pueden atribuírsele convenientemente. Porque nuestra lengua, por ser carnal, no basta para servir a la rapidez de la mente humana, en cuanto que ésta es de naturaleza espiritual, por cuya razón nuestra palabra queda retenida3222 dentro de nosotros, y no se expresa de golpe tal como ha sido concebida por la mente, sino que se profiere mediante esfuerzos sucesivos, según la lengua es capaz de servirla.
5. Mas Dios, siendo toda Mente y todo Logos, dice exactamente lo que piensa y piensa exactamente lo que dice. Porque su pensamiento es Logos, y Logos es Mente, y la Mente que todo lo comprende es el Padre mismo. Aquel, por tanto, que habla de la mente de Dios y le atribuye un origen propio especial, declara que Él es un Ser compuesto, como si Dios fuera una cosa y la Mente original otra. Así también, respecto del Logos, cuando uno le atribuye el tercer3223 lugar de producción desde el Padre; supuesto según el cual ignora su grandeza; y de este modo el Logos ha quedado muy separado de Dios. En cuanto al profeta, declara respecto de Él: "¿Quién contará su generación?"3224 Mas vosotros fingís exponer su generación desde el Padre, y transferís la producción de la palabra de los hombres, que tiene lugar por medio de la lengua, al Verbo de Dios, y así quedáis justamente descubiertos por vosotros mismos como quienes no conocéis ni las cosas humanas ni las divinas.
6. Mas, inflados más allá de la razón [con vuestra propia sabiduría], sostenéis presuntuosamente que conocéis los inefables misterios de Dios; mientras que aun el Señor, el mismo Hijo de Dios, admitió que sólo el Padre conoce el día y la hora misma del juicio, cuando declara abiertamente: "Pero de aquel día y de aquella hora nadie sabe, ni el Hijo, sino sólo el Padre."3225 Si, pues, el Hijo no se avergonzó de atribuir el conocimiento de aquel día al Padre solamente, sino que declaró lo que era verdad al respecto, tampoco nosotros nos avergoncemos de reservar para Dios las cuestiones mayores que puedan ocurrírsenos. Porque ningún hombre es superior a su maestro.3226 Si alguien, por tanto, nos dice: "¿Cómo, pues, fue producido el Hijo por el Padre?", le respondemos que ningún hombre comprende esa producción, o generación, o vocación, o revelación, o con cualquier nombre que uno quiera describir su generación, la cual es de hecho del todo indescriptible. Ni Valentín, ni Marción, ni Saturnino, ni Basílides, ni ángeles, ni arcángeles, ni principados, ni potestades [poseen este conocimiento], sino sólo el Padre que engendró y el Hijo que fue engendrado. Puesto que, por tanto, su generación es inefable, los que se empeñan en exponer generaciones y producciones no pueden estar en su sano juicio, en cuanto que emprenden describir cosas indescriptibles. Porque que una palabra se profiere al mandato del pensamiento y de la mente, ciertamente todos los hombres lo entienden bien. Los que, por tanto, han excogitado [la teoría de] las emanaciones no han descubierto nada grande, ni han revelado ningún misterio abstruso, cuando simplemente han transferido lo que todos entienden al unigénito Verbo de Dios; y a la vez que lo llaman inefable e innombrable, no obstante exponen la producción y formación de su primera generación, como si ellos mismos hubieran asistido a su nacimiento, asemejándolo así a la palabra del hombre formada por emanaciones.
7. Mas no erraremos si afirmamos lo mismo también acerca de la sustancia de la materia: que Dios la produjo. Porque hemos aprendido de las Escrituras que Dios tiene la supremacía sobre todas las cosas. Pero de dónde o de qué manera la produjo, ninguna Escritura lo ha declarado en parte alguna; ni nos corresponde conjeturar, de modo que, según nuestras propias opiniones, formemos infinitas conjeturas acerca de Dios, sino que debemos dejar tal conocimiento en las manos de Dios mismo. De igual manera, también hemos de dejar la causa por la cual, aunque todas las cosas fueron hechas por Dios, algunas de sus criaturas pecaron y se rebelaron contra el estado de sumisión a Dios, y otras, en verdad la gran mayoría, perseveraron y perseveran todavía en [voluntaria] sujeción a Aquel que las formó; y también de qué naturaleza son los que pecaron, y de qué naturaleza los que perseveran, —[hemos de dejar, digo, la causa de estas cosas] a Dios y a su Verbo, a quien sólo Él dijo: "Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies."3227 Mas en cuanto a nosotros, todavía moramos sobre la tierra y aún no nos hemos sentado en su trono. Porque aunque el Espíritu del Salvador que está en Él "escudriña todas las cosas, aun las profundidades de Dios,"3228 en cuanto a nosotros "hay diversidad de dones, diferencias de ministerios y diversidad de operaciones;"3229 y nosotros, mientras estamos sobre la tierra, como también declara Pablo, "conocemos en parte y profetizamos en parte."3230 Puesto que, por tanto, conocemos sólo en parte, debemos dejar toda clase de cuestiones [difíciles] en las manos de Aquel que en cierta medida, [y sólo en esa medida,] nos otorga gracia. Que el fuego eterno, [por ejemplo,] está preparado para los pecadores, lo ha declarado claramente el Señor y lo demuestran las demás Escrituras. Y que Dios conoció de antemano que esto sucedería, lo demuestran asimismo las Escrituras, pues preparó el fuego eterno desde el principio para los que [después] habían de transgredir [sus mandamientos]; pero la causa misma de la naturaleza de tales transgresores no nos la ha informado ninguna Escritura, ni nos la ha dicho un apóstol, ni nos la ha enseñado el Señor. Conviene, por tanto, que dejemos el conocimiento de este asunto a Dios, como el Señor deja el del día y la hora [del juicio], y no lanzarnos a tal extremo de peligro que no dejemos nada en las manos de Dios, aunque hayamos recibido sólo una medida de gracia [de Él en este mundo]. Pero cuando investigamos puntos que están por encima de nosotros, y respecto de los cuales no podemos alcanzar satisfacción, [es absurdo3231] que mostremos tan extremada presunción como para desnudar a Dios y las cosas aún no descubiertas,3232 como si ya hubiéramos hallado, por la vana charla acerca de las emanaciones, a Dios mismo, el Creador de todas las cosas, y afirmáramos que Él derivó su sustancia de la apostasía y de la ignorancia, para urdir así una hipótesis impía en oposición a Dios.
8. Además, no poseen prueba alguna de su sistema, que ha sido inventado por ellos hace poco, apoyándose unas veces en ciertos números, otras en sílabas y otras, a su vez, en nombres; y hay también ocasiones en que, por medio de aquellas letras que están contenidas en letras, por parábolas no propiamente interpretadas, o por ciertas conjeturas [sin fundamento], se esfuerzan por establecer ese relato fabuloso que han ideado. Porque si alguien preguntara la razón por la cual el Padre, que tiene comunión con el Hijo en todas las cosas, ha sido declarado por el Señor como el único que conoce la hora y el día [del juicio], no hallará por el momento ninguna razón más adecuada, ni más conveniente, ni más segura que ésta (puesto que, en verdad, el Señor es el único Maestro verdadero): que aprendamos por medio de Él que el Padre está sobre todas las cosas. Porque "el Padre," dice Él, "es mayor que yo."3233 El Padre, por tanto, ha sido declarado por nuestro Señor como excelente en cuanto al conocimiento; por esta razón, para que también nosotros, mientras estemos ligados al orden de las cosas de este mundo, dejemos el conocimiento perfecto y tales cuestiones [como se han mencionado] a Dios, y no caigamos por casualidad, mientras buscamos investigar la naturaleza sublime del Padre, en el peligro de plantear la cuestión de si hay otro Dios por encima de Dios.3234
9. Mas si algún amante de la disputa contradice lo que he dicho, y también lo que el apóstol afirma: que "conocemos en parte y profetizamos en parte,"3235 e imagina que ha adquirido no un conocimiento parcial, sino universal, de todo lo que existe, —siendo tal como Valentín, o Ptolomeo, o Basílides, o cualquier otro de los que sostienen haber escudriñado las profundidades3236 de Dios—, que no se jacte (revestido de vanagloria) de haber adquirido mayor conocimiento que los demás respecto de las cosas invisibles o que no pueden ser puestas bajo nuestra observación; sino que, haciendo diligente indagación y obteniendo información del Padre, nos diga las razones (que nosotros no conocemos) de las cosas que hay en este mundo, —como, por ejemplo, el número de cabellos de su propia cabeza, y los gorriones que son capturados día tras día, y otros puntos semejantes con los que no estamos familiarizados de antemano—, para que le creamos también respecto de puntos más importantes. Mas si los que son perfectos todavía no entienden las cosas mismas que tienen en sus manos, y a sus pies, y ante sus ojos, y sobre la tierra, y especialmente la regla que se sigue respecto de los cabellos de su cabeza, ¿cómo podemos creerles en cuanto a las cosas espirituales y sobrecelestiales,3237 y aquellas que, con vana confianza, afirman estar por encima de Dios? Cuanto, pues, he dicho acerca de los números, los nombres y las sílabas, y las cuestiones respecto de cosas que están por encima de nuestra comprensión, y acerca de sus exposiciones impropias de las parábolas: [no añado más sobre estos puntos,] ya que tú mismo puedes extenderme sobre ellos.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 28
- 3213. O, "hasta ese grado."
- 3214. Cf. Clem. Rom. Ep. a Cor., c. xx.; y Agustín, De Civit. Dei, xvi. 9.
- 3215. 1 Cor. xiii. 13.
- 3216. "Permanet firma," —sin duda corresponde al μένει del apóstol, 1 Cor. xiii. 13. Harvey comenta aquí que "el autor parece malinterpretar el sentido del apóstol…. Ya no habrá lugar para la esperanza cuando el objeto de las cosas esperadas se haya convertido en asunto de fruición; ni habrá lugar para la fe cuando el alma sea admitida a ver a Dios tal como Él es." Pero los mejores intérpretes modernos adoptan la misma visión del pasaje que Ireneo. Consideran que el νυνὶ δέ de San Pablo no es temporal, sino lógico, y concluyen, por tanto, que el significado es que la fe y la esperanza, así como el amor, perdurarán, en cierto sentido, para siempre. Cf., por ejemplo, Alford, in loc.
- 3217. El texto latino es aquí intraducible. Grabe propone leer: "una consonans melodia in nobis sentietur;"; mientras que Stieren y otros prefieren cambiar αἰσθήσεται por ἀσθήσεται.
- 3218. "Apotelesticos." Esta palabra, dice Harvey, "puede referirse también a la energía vital de la naturaleza, por la cual sus efectos se reproducen perpetuamente en incesante sucesión." Cf. Hipól., Philos., vii. 24.
- 3219. Aquí seguimos a Grabe, que entiende decet. Harvey explica de modo menos simple el muy oscuro texto latino.
- 3220. El término griego λόγος, como es bien sabido, denota tanto ratio (razón) como sermo (discurso). Algunos consideran que el paréntesis anterior es una interpolación.
- 3221. Cf. i. 12, 2.
- 3222. "Suffugatur:" algunos leen "suffocatur;" y Harvey propone "suffragatur," como representante del griego ψηφίζεται. El sentido, en cualquier caso, es que, si bien las ideas se forman instantáneamente en la mente humana, sólo pueden expresarse por medio de palabras de modo fraccionario y mediante emisiones sucesivas.
- 3223. Así: Bythus, Nous, Logos.
- 3224. Isa. liii. 8.
- 3225. Marcos xiii. 32. Las palabras "ni los ángeles que están en el cielo" se omiten aquí, probablemente porque, como de costumbre, el escritor cita de memoria.
- 3226. Cf. Mt. x. 24; Lc. xi. 40.
- 3227. Sal. cx. 1.
- 3228. 1 Cor. ii. 10.
- 3229. 1 Cor. xii. 4, 5, 6.
- 3230. 1 Cor. xiii. 9.
- 3231. Massuet propone insertar estas palabras, y algún suplemento semejante parece claramente necesario para completar el sentido. Pero la frase sigue resultando confusa y dudosa.
- 3232. [Gén. xl. 8; Deut. xxix. 29; Sal. cxxxi.]
- 3233. Juan xiv. 28.
- 3234. [Sobre la gran cuestión de la περιχώρησις, la subordinación del Hijo, etc., Bull ha investigado la doctrina patrística y bien puede ser consultado aquí. Defens. Fid. Nicænæ, sect. iv.; véase también vol. v. 363]
- 3235. 1 Cor. xiii. 9.
- 3236. "Altitudines," literalmente, alturas.
- 3237. [Sabiduría ix. 13, 17. Un pasaje de maravillosa belleza.]
Refutación de las opiniones de los herejes acerca del destino futuro del alma y del cuerpo
II, 29
1. Volvamos, sin embargo, a los puntos restantes de su sistema. Pues cuando declaran3238 que, en la consumación de todas las cosas, su madre volverá a entrar en el Pléroma y recibirá al Salvador como su consorte; que ellos mismos, en cuanto espirituales, cuando se hayan despojado de sus almas animales y se conviertan en espíritus intelectuales, serán los consortes de los ángeles espirituales; pero que el Demiurgo, puesto que lo llaman animal, pasará al lugar de la Madre; que las almas de los justos reposarán psíquicamente en el lugar intermedio; —cuando declaran que lo semejante se reunirá con lo semejante, las cosas espirituales con las espirituales, mientras las cosas materiales continúan entre las que son materiales, de hecho se contradicen a sí mismos, en cuanto ya no sostienen que las almas pasan, por causa de su naturaleza, al lugar intermedio, a aquellas sustancias que son semejantes a sí mismas, sino [que lo hacen] por causa de las obras realizadas [en el cuerpo], puesto que afirman que las de los justos pasan [a aquella morada], pero las de los impíos continúan en el fuego. Porque si es por causa de su naturaleza que todas las almas alcanzan el lugar del refrigerio,3239 y todas pertenecen al lugar intermedio simplemente porque son almas, como siendo así de la misma naturaleza que él, entonces se sigue que la fe es completamente superflua, como lo fue también el descenso3240 del Salvador [a este mundo]. Si, por otro lado, es por causa de su justicia [que alcanzan tal lugar de reposo], entonces ya no es porque sean almas, sino porque son justas. Pero si las almas habrían de perecer a menos que hubiesen sido justas,3241 entonces la justicia debe tener poder para salvar también los cuerpos [que estas almas habitaron]; pues ¿por qué no habría de salvarlos, ya que también ellos participaron de la justicia? Pues si la naturaleza y la sustancia son los medios de salvación, entonces todas las almas serán salvas; pero si lo son la justicia y la fe, ¿por qué no habrían de salvar éstas a los cuerpos que, igualmente con las almas, entrarán3242 en la inmortalidad? Porque la justicia aparecerá, en asuntos de este género, o impotente o injusta, si en verdad salva a algunas sustancias mediante la participación en ella, pero no a otras.
2. Porque es manifiesto que los actos que se consideran justos se realizan en los cuerpos. Por tanto, o bien todas las almas pasarán por necesidad al lugar intermedio, y nunca habrá juicio; o bien también los cuerpos, que han participado de la justicia, alcanzarán el lugar del refrigerio, junto con las almas que de igual modo han participado, si en verdad la justicia es bastante poderosa para llevar allá a aquellas sustancias que han participado de ella. Y entonces la doctrina acerca de la resurrección de los cuerpos, la cual creemos, surgirá verdadera y cierta [de su sistema]; puesto que, [como sostenemos,] Dios, cuando resucite nuestros cuerpos mortales que conservaron la justicia, los hará incorruptibles e inmortales. Porque Dios es superior a la naturaleza, y tiene en Sí mismo la disposición [para mostrar bondad], porque es bueno; y la capacidad de hacerlo, porque es poderoso; y la facultad de llevar plenamente a cabo su propósito, porque es rico y perfecto.
3. Pero estos hombres son en todos los puntos incoherentes consigo mismos, cuando deciden que no todas las almas entran en el lugar intermedio, sino sólo las de los justos. Pues sostienen que, según la naturaleza y la sustancia, tres clases [de ser] fueron producidas por la Madre: la primera, que procedió de la perplejidad, el cansancio y el temor —ésta es la sustancia material; la segunda, de la impetuosidad3243 —ésta es la sustancia animal; pero la que ella dio a luz después de la visión de los ángeles que sirven a Cristo, es la sustancia espiritual. Si, pues, aquella sustancia3244 que ella dio a luz entrará por todos los medios en el Pléroma porque es espiritual, mientras que la que es material permanecerá abajo porque es material, y será totalmente consumida por el fuego que arde dentro de ella, ¿por qué no habría de ir toda la sustancia animal al lugar intermedio, al cual también envían al Demiurgo? Pero ¿qué es lo que entrará dentro de su Pléroma? Pues sostienen que las almas continuarán en el lugar intermedio, mientras que los cuerpos, porque poseen sustancia material, una vez resueltos en materia, serán consumidos por aquel fuego que existe en ella; mas, siendo su cuerpo así destruido, y permaneciendo su alma en el lugar intermedio, ya no quedará parte alguna del hombre para entrar dentro del Pléroma. Pues el intelecto del hombre —su mente, su pensamiento, su intención mental y cosas semejantes— no es otra cosa que su alma; pero las emociones y operaciones del alma misma no tienen sustancia aparte del alma. ¿Qué parte de ellos, entonces, quedará todavía para entrar en el Pléroma? Porque ellos mismos, en cuanto son almas, permanecen en el lugar intermedio; mientras que, en cuanto son cuerpo, serán consumidos con el resto de la materia.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 29
- 3238. Cf. i. 7, 1.
- 3239. "Refrigerium", lugar de refrigerio.
- 3240. Billius, con gran razón aparente, propone leer "descensio" en lugar del ininteligible "discessio" del texto latino.
- 3241. Grabe y Massuet leen, "Si autem animæ perire inciperent, nisi justæ fuissent", en lugar de "Si autem animæ quæ perituræ essent inciperent nisi justæ fuissent", —palabras que desafían toda traducción.
- 3242. El texto es aquí incierto y confuso; pero, como observa Harvey, "el argumento es éste: que si las almas se salvan qua sustancia intelectual, entonces todas se salvan por igual; pero si es por razón de cualesquiera cualidades morales, entonces los cuerpos que ejecutaron los propósitos morales del alma deben ser considerados también herederos de la salvación".
- 3243. "De impetu": se supone generalmente que estas palabras corresponden a ἐκ τῆς ἐπιστροφῆς (comp. i. 5, 1), pero Harvey piensa que ἐξ ὁρμῆς es preferible (i. 4, 1).
- 3244. La sintaxis de esta frase está en total confusión, pero el sentido es sin duda el que se ha dado más arriba.
Absurdidad de que se llamen a sí mismos espirituales, mientras se declara que el Demiurgo es animal
II, 30
1. Siendo tal el estado de la cuestión, estos hombres infatuados declaran que se elevan por encima del Creador (Demiurgo); y, en cuanto se proclaman superiores a aquel Dios que hizo y adornó los cielos, la tierra y todas las cosas que hay en ellos, y sostienen que ellos mismos son espirituales, mientras que de hecho son vergonzosamente carnales a causa de su tan grande impiedad, —afirmando que Aquel, que hizo a sus ángeles3245 espíritus, y está vestido de luz como con un manto, y tiene el círculo3246 de la tierra, por así decirlo, en su mano, ante cuya vista sus habitantes son contados como langostas, y que es el Creador y Señor de toda sustancia espiritual, es de naturaleza animal, —traicionan sin duda y verdaderamente su propia locura; y, como si de verdad hubieran sido heridos por el trueno, aún más que aquellos gigantes de que se habla en las fábulas [paganas], levantan sus opiniones contra Dios, inflados por una vana presunción y una gloria inestable, —hombres para cuya purgación todo el eléboro3247 de la tierra no bastaría, para que se despojaran de su intensa necedad.
2. La persona superior ha de probarse por sus obras. ¿De qué manera, pues, pueden mostrarse superiores al Creador (para que yo también, por la necesidad del argumento en cuestión, descienda al nivel de su impiedad, instituyendo una comparación entre Dios y hombres necios, y, descendiendo a su argumento, pueda a menudo refutarlos con sus propias doctrinas; pero al actuar así, que Dios sea misericordioso conmigo, pues me aventuro a estas afirmaciones no con el fin de compararle a Él con ellos, sino de convencer y derribar sus insensatas opiniones) —ellos, por quienes muchas personas necias sienten tan gran admiración, como si, en verdad, pudieran aprender de ellos algo más precioso que la verdad misma! Aquella expresión de la Escritura, "Buscad, y hallaréis",3248 la interpretan como dicha con este propósito: que descubrieran que están por encima del Creador, llamándose a sí mismos mayores y mejores que Dios, y llamándose espirituales, pero al Creador animal; y [afirmando] que por esta razón se elevan hacia arriba por encima de Dios, puesto que entran dentro del Pléroma, mientras Él permanece en el lugar intermedio. Que prueben, entonces, con sus obras que son superiores al Creador; pues la persona superior debe probarse no por lo que se dice, sino por lo que tiene existencia real.
3. ¿Qué obra, entonces, señalarán como realizada por medio de ellos por el Salvador, o por su Madre, ya sea mayor, más gloriosa o más adornada de sabiduría, que las que han sido producidas por Aquel que fue el ordenador de todo lo que nos rodea? ¿Qué cielos han establecido? ¿Qué tierra han fundado? ¿Qué estrellas han llamado a la existencia? ¿O qué lumbreras del cielo han hecho brillar? Además, ¿dentro de qué círculos las han encerrado? ¿O qué lluvias, heladas o nieves, cada una adecuada a la estación y a cada clima particular, han traído sobre la tierra? Y de nuevo, en oposición a éstas, ¿qué calor o sequedad han puesto frente a ellas? ¿O qué ríos han hecho fluir? ¿Qué fuentes han hecho brotar? ¿Con qué flores y árboles han adornado este mundo sublunar? ¿O qué multitud de animales han formado, unos racionales y otros irracionales, pero todos adornados de belleza? ¿Y quién puede enumerar una por una todas las restantes cosas que han sido constituidas por el poder de Dios y son gobernadas por su sabiduría? ¿O quién puede escrutar la grandeza de aquel Dios que las hizo? ¿Y qué puede decirse de aquellas existencias que están sobre el cielo y no pasan, tales como Ángeles, Arcángeles, Tronos, Dominaciones y Potestades innumerables? ¿Contra cuál de estas obras, entonces, se oponen? ¿Qué tienen semejante que mostrar, como hecho por medio de ellos o por ellos mismos, puesto que también ellos son la Hechura y criaturas de este [Creador]? Porque ya sea que el Salvador o su Madre (para usar sus propias expresiones, probándolas falsas mediante los mismos términos que ellos emplean) usara a este Ser, como sostienen, para hacer una imagen de las cosas que están dentro del Pléroma, y de todos aquellos seres que ella vio sirviendo al Salvador, ella lo usó (al Demiurgo) como siendo [en cierto sentido] superior a sí misma, y más apto para cumplir su propósito por medio de su instrumento; pues de ningún modo formaría las imágenes de seres tan importantes por medio de un agente inferior, sino por uno superior.
4. Porque, [obsérvese,] ellos mismos, según sus propias declaraciones, existían entonces, como una concepción espiritual, a consecuencia de la contemplación de aquellos seres que estaban dispuestos como satélites alrededor de Pandora. Y en verdad continuaron inútiles, no logrando la Madre nada por medio de su instrumento,3249 —una concepción ociosa, que debía su ser al Salvador, y no apta para nada, pues no parece haberse hecho cosa alguna por ellos. Pero el Dios que, según ellos, fue producido, aunque, como argumentan, inferior a ellos mismos (pues sostienen que es de naturaleza animal), fue sin embargo el agente activo en todas las cosas, eficaz y apto para la obra que había de hacerse, de modo que por él fueron hechas las imágenes de todas las cosas; y no sólo fueron formadas por él estas cosas que se ven, sino también todas las cosas invisibles, Ángeles, Arcángeles, Dominaciones, Potestades y Virtudes, —[por él, digo,] como el superior y capaz de servir a su deseo. Pero parece que la Madre no hizo absolutamente nada por medio de su instrumento, como en verdad ellos mismos reconocen; de modo que con justicia se les puede considerar como un aborto producido por el doloroso parto de su Madre. Pues ninguna partera ejerció su oficio sobre ella, y por tanto fueron arrojados como un aborto, inútiles para nada y formados para no realizar obra alguna de la Madre. ¡Y sin embargo se describen como superiores a Aquel por quien tan vastas y admirables obras han sido realizadas y ordenadas, aunque por su propio razonamiento se hallan tan miserablemente inferiores!
5. Es como si hubiera dos herramientas de hierro, o instrumentos, de los cuales uno estuviera continuamente en las manos del artesano y en uso constante, y mediante cuyo uso hiciera cuanto le placía y mostrara su arte y destreza, mientras que el otro permaneciera ocioso e inútil, sin ser llamado jamás a operación, sin que el artesano pareciera hacer nada con él ni usarlo en ninguno de sus trabajos; y luego alguien sostuviera que esta herramienta inútil, ociosa y desempleada era superior en naturaleza y valor a aquella que el artesano empleaba en su obra, y por medio de la cual adquirió su reputación. Un hombre así, si se hallara alguno, sería justamente considerado imbécil y no en su sano juicio. Y así deben ser juzgados quienes hablan de sí mismos como espirituales y superiores, y del Creador como poseído de naturaleza animal, y sostienen que por esta razón ascenderán a lo alto y penetrarán dentro del Pléroma hasta sus propios esposos (pues, según sus propias declaraciones, ellos mismos son femeninos), pero que Dios [el Creador] es de naturaleza inferior, y por tanto permanece en el lugar intermedio, mientras todo el tiempo no presentan prueba alguna de estas afirmaciones: pues el hombre mejor se muestra por sus obras, y todas las obras han sido realizadas por el Creador; pero ellos, no teniendo nada digno de razón que señalar como producido por ellos mismos, están trabajando bajo la mayor y más incurable locura.
6. Si, sin embargo, se esfuerzan por sostener que, mientras todas las cosas materiales, como el cielo y todo el mundo que existe debajo de él, fueron en verdad formadas por el Demiurgo, no obstante todas las cosas de naturaleza más espiritual que éstas —a saber, las que están sobre los cielos, tales como Principados, Potestades, Ángeles, Arcángeles, Dominaciones, Virtudes— fueron producidas por un proceso espiritual de nacimiento (el cual declaran ser ellos mismos), entonces, en primer lugar, probamos por las Escrituras autorizadas3250 que todas las cosas que han sido mencionadas, visibles e invisibles, han sido hechas por un solo Dios. Pues no se ha de depender más de estos hombres que de las Escrituras; ni debemos renunciar a las declaraciones del Señor, de Moisés y del resto de los profetas, que han proclamado la verdad, y dar crédito a ellos, que en verdad no pronuncian nada de carácter sensato, sino que desvarían acerca de opiniones insostenibles. Y, en segundo lugar, si aquellas cosas que están sobre los cielos fueron realmente hechas por medio de su instrumentalidad, entonces que nos informen cuál es la naturaleza de las cosas invisibles, que cuenten el número de los Ángeles y los rangos de los Arcángeles, que revelen los misterios de los Tronos y nos enseñen las diferencias entre las Dominaciones, los Principados, las Potestades y las Virtudes. Pero nada pueden decir acerca de ellos; por tanto, estos seres no fueron hechos por ellos. Si, por el contrario, fueron hechos por el Creador, como realmente fue el caso, y son de un carácter espiritual y santo, entonces se sigue que Aquel que produjo seres espirituales no es Él mismo de naturaleza animal, y así su temible sistema de blasfemia queda derribado.
7. Pues que hay criaturas espirituales en los cielos, todas las Escrituras lo proclaman en alta voz; y Pablo testifica expresamente que hay cosas espirituales cuando declara que fue arrebatado hasta el tercer cielo,3251 y de nuevo, que fue llevado al paraíso y oyó palabras inefables que no es lícito a un hombre pronunciar. Pero ¿de qué le aprovechó eso, ya fuera su entrada en el paraíso o su asunción al tercer cielo, puesto que todas estas cosas están todavía bajo el poder del Demiurgo, si, como algunos se aventuran a sostener, él ya había comenzado3252 a ser espectador y oyente de aquellos misterios que se afirma están por encima del Demiurgo? Porque si es verdad que estaba llegando a conocer aquel orden de cosas que está por encima del Demiurgo, de ningún modo habría permanecido en las regiones del Demiurgo, y eso hasta el punto de no explorar siquiera a fondo ni aun éstas (pues, según su manera de hablar, todavía le quedaban por delante cuatro cielos,3253 si había de acercarse al Demiurgo y contemplar así los siete que yacen debajo de él); sino que podría haber sido admitido, quizá, en el lugar intermedio, es decir, en la presencia de la Madre, para recibir instrucción de ella acerca de las cosas dentro del Pléroma. Porque aquel hombre interior que estaba en él, y hablaba en él, como dicen, aunque invisible, podría haber alcanzado no sólo hasta el tercer cielo, sino incluso hasta la presencia de su Madre. Pues si sostienen que ellos mismos, es decir, su hombre [interior], asciende de inmediato por encima del Demiurgo y parte hacia la Madre, mucho más debió ocurrir esto al hombre [interior] del apóstol; pues el Demiurgo no lo habría impedido, estando, como afirman, él mismo ya sujeto al Salvador. Pero si hubiera intentado impedírselo, el esfuerzo habría sido en vano. Pues no es posible que resultara más fuerte que la providencia del Padre, y eso cuando se dice que el hombre interior es invisible incluso para el Demiurgo. Pero puesto que él (Pablo) ha descrito aquella asunción de sí mismo hasta el tercer cielo como algo grande y preeminente, no puede ser que estos hombres asciendan por encima del séptimo cielo, pues ciertamente no son superiores al apóstol. Si sostienen que son más excelentes que él, que lo prueben con sus obras, pues nunca han pretendido nada semejante [a lo que él describe que le ocurrió]. Y por esta razón añadió: "Si en el cuerpo, o si fuera del cuerpo, Dios lo sabe",3254 para que ni se pensara que el cuerpo era partícipe de aquella visión,3255 como si pudiera haber participado en aquellas cosas que había visto y oído; ni, por otra parte, para que nadie dijera que no fue llevado más alto a causa del peso del cuerpo; sino que, por tanto, se permite incluso sin el cuerpo contemplar hasta ese punto misterios espirituales que son operaciones de Dios, que hizo los cielos y la tierra, formó al hombre y lo puso en el paraíso, de modo que sean espectadores de ellos quienes, como el apóstol, han alcanzado un alto grado de perfección en el amor de Dios.
8. Este Ser, por tanto, también hizo las cosas espirituales, de las cuales, hasta el tercer cielo, el apóstol fue hecho espectador, y oyó palabras inefables que no es posible a un hombre pronunciar, por cuanto son espirituales; y Él mismo otorga3256 [dones] a los dignos según le inclina su disposición, pues el paraíso es suyo; y Él es verdaderamente el Espíritu de Dios, y no un Demiurgo animal, de otro modo nunca habría creado cosas espirituales. Pero si realmente es de naturaleza animal, entonces que nos informen por quién fueron hechas las cosas espirituales. No tienen prueba alguna que puedan dar de que esto se hizo por medio del parto de su Madre, el cual declaran ser ellos mismos. Pues, por no hablar de cosas espirituales, estos hombres no pueden crear ni siquiera una mosca, ni un mosquito, ni ningún otro animal pequeño e insignificante, sin observar aquella ley por la cual desde el principio los animales han sido y son naturalmente producidos por Dios —mediante la deposición de semilla en aquellos que son de la misma especie. Ni nada fue formado por la Madre sola; [pues] dicen que este Demiurgo fue producido por ella, y que él fue el Señor (el autor) de toda la creación. Y sostienen que aquel que es el Creador y Señor de todo lo que ha sido hecho es de naturaleza animal, mientras afirman que ellos mismos son espirituales, —¡ellos, que no son ni los autores ni los señores de obra alguna, no sólo de las cosas que les son extrañas, sino ni siquiera de sus propios cuerpos! Además, estos hombres, que se llaman espirituales y superiores al Creador, sufren a menudo mucho dolor corporal, muy contra su voluntad.
9. Con justicia, por tanto, los convictamos de haberse apartado muy lejos de la verdad. Porque si el Salvador formó las cosas que han sido hechas por medio de él (el Demiurgo), en ese caso se demuestra que no es inferior sino superior a ellos, puesto que se halla que fue el formador incluso de ellos mismos; pues también ellos tienen un lugar entre las cosas creadas. ¿Cómo, entonces, puede argumentarse que estos hombres son ciertamente espirituales, pero que aquel por quien fueron creados es de naturaleza animal? O, de nuevo, si (lo cual es en verdad la única suposición verdadera, como he mostrado con numerosos argumentos de la más clara naturaleza) Él (el Creador) hizo todas las cosas libremente, y por su propio poder, y las dispuso y terminó, y su voluntad es la sustancia3257 de todas las cosas, entonces se descubre que Él es el único Dios que creó todas las cosas, el único Omnipotente, y el único Padre que redondea y forma todas las cosas, visibles e invisibles, las que pueden ser percibidas por nuestros sentidos y las que no, celestiales y terrenales, "por la palabra de su poder";3258 y Él ha ajustado y dispuesto todas las cosas por su sabiduría, mientras contiene todas las cosas, pero Él mismo no puede ser contenido por nadie: Él es el Formador, Él el Constructor, Él el Descubridor, Él el Creador, Él el Señor de todo; y no hay nadie fuera de Él, ni por encima de Él, ni tiene madre alguna, como falsamente le atribuyen; ni hay un segundo Dios, como ha imaginado Marción; ni hay un Pléroma de treinta Eones, que se ha mostrado una suposición vana; ni hay ser alguno como Bythus o Proarjé; ni hay una serie de cielos; ni hay una luz virginal,3259 ni un Eón innombrable, ni, de hecho, ninguna de aquellas cosas que son locamente soñadas por éstos y por todos los herejes. Pero hay un solo Dios, el Creador —Aquel que está por encima de todo Principado, Potestad, Dominación y Virtud: Él es Padre, Él es Dios, Él el Fundador, Él el Hacedor, Él el Creador, que hizo estas cosas por Sí mismo, es decir, por su Verbo y su Sabiduría —el cielo y la tierra, y los mares, y todas las cosas que hay en ellos: Él es justo; Él es bueno; Él es quien formó al hombre, quien plantó el paraíso, quien hizo el mundo, quien dio origen al diluvio, quien salvó a Noé; Él es el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob, el Dios de los vivos: Él es a quien proclama la ley, a quien predican los profetas, a quien revela Cristo, a quien los apóstoles nos dan a conocer3260, y en quien cree la Iglesia. Él es el Padre de nuestro Señor Jesucristo: por medio de su Verbo, que es su Hijo, por Él es revelado y manifestado a todos a quienes es revelado; pues [sólo] le conocen aquellos a quienes el Hijo le ha revelado. Pero el Hijo, coexistente eternamente con el Padre, desde antiguo, sí, desde el principio, revela siempre al Padre a Ángeles, Arcángeles, Potestades, Virtudes y a todos a quienes Él quiere que Dios sea revelado.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 30
- 3245. Sal. civ. 2, 4.
- 3246. Isa. xl. 12, 22.
- 3247. Ireneo estaba evidentemente familiarizado con Horacio; cf. Ars. Poet., 300.
- 3248. Mt. vii. 7.
- 3249. La puntuación es aquí dudosa. Con Massuet y Stieren suprimimos "vel" del texto.
- 3250. O, "las Escrituras del Señor"; pero las palabras "dominicis scripturis" probablemente representan aquí el griego κυρίων γραφῶν, y han de traducirse como arriba.
- 3251. 2 Cor. xii. 2, 3, 4.
- 3252. "Inciperet fieri"; quizá por "futurus esset", había de ser.
- 3253. "Quartum cœlum"; habiendo todavía, según su teoría de los siete cielos, un cuarto más allá de aquel al que San Pablo había penetrado.
- 3254. 2 Cor. xii. 3, citado defectuosamente.
- 3255. Esta es una frase sumamente oscura y difícil. Grabe y algunos de los editores posteriores leen, "uti neque non corpus", haciendo así que Ireneo afirme que el cuerpo sí participó en la visión. Pero Massuet sostiene enérgicamente que esto es contrario al propósito del autor, pues desea mantener, contra una posible objeción de los valentinianos, que Pablo contempló entonces realidades espirituales, y al omitir este "non" antes de "corpus" hace que Ireneo niegue que el cuerpo fuera partícipe de la visión. El punto sólo puede decidirse dudosamente, pero la ingeniosa nota de Massuet nos inclina a su lado de la cuestión.
- 3256. "Præstat dignis": aquí una expresión muy ambigua.
- 3257. Es decir, como nota Massuet, todas las cosas derivan no sólo su existencia, sino también sus cualidades, de su voluntad. Harvey propone leer causa en lugar de substantia, pero el cambio parece innecesario.
- 3258. Heb. i. 3.
- 3259. Es decir, Barbelos: cf. i. 29, 1.
- 3260. "Tradunt"; literalmente, transmiten de mano en mano.