Uno y el mismo Dios el Padre inflige castigo a los réprobos, y otorga recompensas a los elegidos
IV, 40
1. Es por tanto uno y el mismo Dios el Padre quien ha preparado bienes consigo para aquellos que desean su comunión, y que permanecen en sujeción a Él; y quien tiene el fuego eterno para el cabecilla de la apostasía, el diablo, y aquellos que se rebelaron con él, al cual [fuego] el Señor4425 ha declarado que serán enviados aquellos hombres que han sido apartados por sí mismos a su mano izquierda. Y esto es lo que ha sido dicho por el profeta: "Yo soy un Dios celoso, que hago la paz, y creo cosas malas";4426 haciendo así paz y amistad con aquellos que se arrepienten y se vuelven a Él, y llevándolos [a la] unidad, mas preparando para los impenitentes, aquellos que rehúyen la luz, fuego eterno y tinieblas exteriores, que son males ciertamente para aquellas personas que caen en ellos.
2. Si, no obstante, fuera verdaderamente un Padre quien confiere descanso, y otro Dios quien ha preparado el fuego, sus hijos serían igualmente diferentes [uno del otro]; uno, ciertamente, enviando [hombres] al reino del Padre, pero el otro al fuego eterno. Mas puesto que uno y el mismo Señor ha señalado que toda la raza humana será dividida en el juicio, "como el pastor divide las ovejas de los cabritos",4427 y que a algunos dirá: "Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino que ha sido preparado para vosotros",4428 mas a otros: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, que mi Padre ha preparado para el diablo y sus ángeles",4429 uno y el mismo Padre es manifiestamente declarado [en este pasaje], "haciendo paz y creando cosas malas", preparando cosas adecuadas para ambos; como también hay un Juez enviando a ambos a un lugar adecuado, como el Señor expone en la parábola de la cizaña y el trigo, donde dice: "Así como, por tanto, la cizaña es recogida, y quemada en el fuego, así será en el fin del mundo. El Hijo del hombre enviará sus ángeles, y recogerán de su reino todo lo que escandaliza, y a los que obran iniquidad, y los enviarán al horno de fuego: allí será el llanto y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre".4430 El Padre, por tanto, que ha preparado el reino para los justos, en el cual el Hijo ha recibido a aquellos dignos de él, es Aquel que también ha preparado el horno de fuego, al cual aquellos ángeles comisionados por el Hijo del hombre enviarán a las personas que lo merezcan, según el mandato de Dios.
3. El Señor, ciertamente, sembró buena semilla en su propio campo;4431 y dice: "El campo es el mundo". Mas mientras los hombres dormían, vino el enemigo, y "sembró cizaña en medio del trigo, y se fue".4432 De aquí aprendemos que éste era el ángel apóstata y el enemigo, porque estaba envidioso de la obra de las manos de Dios, y tomó a su cargo convertir esta [obra] en enemistad con Dios. Por esta causa también Dios ha desterrado de su presencia a aquel que de su propia voluntad sembró furtivamente la cizaña, es decir, a quien provocó la transgresión;4433 mas se compadeció del hombre, quien, por falta de cuidado sin duda, pero aun así inicuamente [por parte de otro], se vio envuelto en la desobediencia; y volvió la enemistad con la que [el diablo] había diseñado hacer [al hombre] enemigo de Dios, contra el autor de la misma, apartando su propia ira del hombre, volviéndola en otra dirección, y enviándola en cambio sobre la serpiente. Como también nos dice la Escritura que Dios dijo a la serpiente: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente. Él4434 te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar".4435 Y el Señor recapituló en sí mismo esta enemistad, cuando fue hecho hombre de una mujer, y pisó la cabeza [de la serpiente], como he señalado en el libro precedente.
Comentario editorial · Notas de la edición · IV, 40
- 4425. Matt. xxv. 41.
- 4426. Isa. xlv. 7.
- 4427. Matt. xxv. 32.
- 4428. Matt. xxv. 34.
- 4429. Matt. xxv. 41.
- 4430. Matt. xiii. 40–43.
- 4431. Matt. xiii. 34. [Aplicable al origen de las herejías.]
- 4432. Matt. xiii. 28.
- 4433. El antiguo traductor latino varía respecto de esto (el griego del cual fue recuperado por Grabe de dos antiguas Catenæ Patrum), haciendo que la cláusula corra así: es decir, la transgresión que él mismo había introducido, haciendo que las palabras explicativas se refieran a la cizaña, y no, como en el griego, al sembrador de la cizaña.
- 4434. Siguiendo la lectura de los LXX. αὐτός σου τηρήσει κεφαλήν.
- 4435. Gen. iii. 15.
Aquellos que no creen en Dios, sino que son desobedientes, son ángeles e hijos del diablo, no ciertamente por naturaleza, sino por imitación. Cierre de este libro, y alcance del siguiente
IV, 41
1. Puesto que el Señor ha dicho que hay ciertos ángeles, [es decir, los] del diablo, para quienes está preparado el fuego eterno; y como, además, declara respecto de la cizaña: "La cizaña son los hijos del maligno,"4436 debe afirmarse que Él ha adscrito todos los que son de la apostasía a aquel que es el cabecilla de esta transgresión. Mas Él no hizo ni a los ángeles ni a los hombres así por naturaleza. Pues no hallamos que el diablo haya creado cosa alguna, ya que él mismo es criatura de Dios, como los demás ángeles. Porque Dios hizo todas las cosas, como también dice David respecto de todas las cosas de este género: "Porque Él habló la palabra, y fueron hechos; Él mandó, y fueron creados."4437
2. Puesto que, entonces, todas las cosas fueron hechas por Dios, y puesto que el diablo se ha convertido en causa de apostasía para sí mismo y para otros, justamente la Escritura llama siempre a los que permanecen en estado de apostasía "hijos del diablo" y "ángeles del maligno" (maligni). Pues [la palabra] "hijo," como alguien antes que yo ha observado, tiene un doble significado: uno [es hijo] en el orden de la naturaleza, porque nació hijo; el otro, en cuanto fue hecho tal, es reputado hijo, aunque hay diferencia entre nacer tal y ser hecho tal. Porque el primero ciertamente nace de la persona a la que se refiere; pero el segundo es hecho tal por él, ya sea en cuanto a su creación o por la enseñanza de su doctrina. Pues cuando alguien ha sido instruido por boca de otro, se le llama hijo de quien lo instruye, y a este último [se le llama] padre suyo. Según la naturaleza, entonces —es decir, según la creación, por así decirlo— todos somos hijos de Dios, porque todos hemos sido creados por Dios. Pero en lo que respecta a la obediencia y a la doctrina, no todos somos hijos de Dios: solo lo son aquellos que creen en Él y hacen su voluntad. Y los que no creen y no obedecen su voluntad son hijos y ángeles del diablo, porque hacen las obras del diablo. Y que tal es el caso lo ha declarado en Isaías: "He engendrado y criado hijos, mas ellos se rebelaron contra mí."4438 Y de nuevo, donde dice que estos hijos son extraños: "Hijos extraños me han mentido."4439 Según la naturaleza, pues, son [Sus] hijos, porque así han sido creados; pero en cuanto a sus obras, no son Sus hijos.
3. Porque así como, entre los hombres, los hijos que desobedecen a sus padres, siendo desheredados, son todavía hijos suyos en el orden de la naturaleza, pero por ley son desheredados, pues no llegan a ser herederos de sus padres naturales; así también sucede con Dios: los que no le obedecen, siendo desheredados por Él, han dejado de ser Sus hijos. Por lo cual no pueden recibir Su herencia: como dice David, "Los pecadores se han enajenado desde el seno materno; su ira es a semejanza de la serpiente."4440 Y por eso el Señor llamó a aquellos que sabía que eran linaje de hombres "generación de víboras;"4441 porque a la manera de estos animales andan con sutileza, y dañan a otros. Pues Él dijo: "Guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos."4442 Hablando también de Herodes, dice: "Id y decid a aquella zorra,"4443 apuntando a su malvada astucia y engaño. Por lo cual el profeta David dice: "El hombre, colocado en honra, es hecho semejante a las bestias."4444 Y de nuevo Jeremías dice: "Se han vuelto como caballos, furiosos por las hembras; cada uno relinchó tras la mujer de su prójimo."4445 E Isaías, predicando en Judea y razonando con Israel, los llamó "príncipes de Sodoma" y "pueblo de Gomorra;"4446 dando a entender que eran como los sodomitas en maldad, y que la misma clase de pecados abundaba entre ellos, llamándolos por el mismo nombre a causa de la semejanza de su conducta. Y en cuanto no fueron creados así por naturaleza por Dios, sino que tenían poder también para obrar rectamente, la misma persona les dijo, dándoles buen consejo: "Lavaos, limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras almas ante mis ojos; cesad de vuestras iniquidades."4447 Así, sin duda, puesto que habían transgredido y pecado de la misma manera, recibieron la misma reprensión que los sodomitas. Mas cuando se convirtieran y llegaran al arrepentimiento, y cesaran del mal, tendrían poder para llegar a ser hijos de Dios, y para recibir la herencia de inmortalidad que Él da. Por esta razón, por tanto, Él ha llamado "ángeles del diablo" y "hijos del maligno,"4448 a los que prestan oído al diablo y hacen sus obras. Pero éstos, al mismo tiempo, son todos creados por el uno y mismo Dios. Sin embargo, cuando creen y están sujetos a Dios, y continúan guardando Su doctrina, son hijos de Dios; mas cuando han apostatado y caído en transgresión, son adscritos a su jefe, el diablo —a aquel que primero se convirtió en causa de apostasía para sí mismo, y después para otros.
4. Puesto que las palabras del Señor son numerosas, y todas proclaman a un solo y mismo Padre, el Creador de este mundo, me incumbía también a mí, por su propio bien, refutar con muchos [argumentos] a los que están envueltos en muchos errores, por si de algún modo, al ser confutados con muchas [pruebas], pudieran convertirse a la verdad y salvarse. Pero es necesario añadir a esta composición, en lo que sigue, también la doctrina de Pablo después de las palabras del Señor, para examinar la opinión de este hombre, exponer al apóstol, y explicar todos los [pasajes] que han recibido otras interpretaciones de los herejes, quienes han malentendido por completo lo que Pablo ha hablado, y para señalar la locura de sus insensatas opiniones; y para demostrar a partir de ese mismo Pablo, de cuyos [escritos] nos acosan con preguntas, que ellos son en verdad proferidores de mentira, pero que el apóstol era predicador de la verdad, y que enseñaba todas las cosas conformes a la predicación de la verdad; [a saber,] que era un solo Dios Padre quien habló con Abraham, quien dio la ley, quien envió de antemano a los profetas, quien en los últimos tiempos envió a Su Hijo, y confirió salvación a Su propia obra de sus manos —esto es, la sustancia de carne. Disponiendo, pues, en otro libro, el resto de las palabras del Señor, que Él enseñó acerca del Padre no por parábolas, sino por expresiones tomadas en su significado obvio (sed simpliciter ipsis dictionibus), y la exposición de las Epístolas del bienaventurado apóstol, yo, con la ayuda de Dios, te proporcionaré la obra completa de la denuncia y refutación del conocimiento falsamente llamado; adiestrándome así a mí mismo y a ti en [estos] cinco libros para presentar oposición a todos los herejes.
Comentario editorial · Notas de la edición · IV, 41
- 4436. Mt. xiii. 38.
- 4437. Sal. cxlix. 5.
- 4438. Is. i. 2.
- 4439. Sal. xviii. 45.
- 4440. Sal. lviii. 3, 4.
- 4441. Mt. xxiii. 33.
- 4442. Mt. xvi. 6.
- 4443. Lc. xiii. 32.
- 4444. Sal. xlix. 21.
- 4445. Jer. v. 8.
- 4446. Is. i. 10.
- 4447. Is. i. 16.
- 4448. Mt. xxv. 41, Mt. xiii. 38.
V, prefacio
En los cuatro libros precedentes, mi amigo muy querido, que te presenté, todos los herejes han sido puestos al descubierto, sus doctrinas sacadas a la luz, y refutados estos hombres que han ideado opiniones irreligiosas. [He logrado esto aduciendo] algo de la doctrina peculiar de cada uno de estos hombres, que han dejado en sus escritos, así como empleando argumentos de naturaleza más general y aplicables a todos ellos.4449 Luego he señalado la verdad, y mostrado la predicación de la Iglesia, que los profetas proclamaron (como ya he demostrado), pero que Cristo llevó a perfección, y los apóstoles han transmitido, de quienes la Iglesia, recibiendo [estas verdades], y conservándolas en su integridad (bene) sola por todo el mundo, las ha transmitido a sus hijos. Luego también —habiendo resuelto todas las cuestiones que los herejes nos proponen, y habiendo explicado la doctrina de los apóstoles, y expuesto claramente muchas de aquellas cosas que fueron dichas y hechas por el Señor en parábolas— me esforzaré, en este quinto libro de la obra entera que trata de la denuncia y refutación del conocimiento falsamente llamado, en presentar pruebas del resto de la doctrina del Señor y de las epístolas apostólicas: [así] cumpliendo con tu demanda, como me lo pediste (puesto que en verdad se me ha asignado un lugar en el ministerio de la palabra); y, trabajando por todos los medios a mi alcance para proporcionarte amplia ayuda contra las contradicciones de los herejes, como también para recuperar a los errantes y convertirlos a la Iglesia de Dios, para confirmar al mismo tiempo las mentes de los neófitos, para que conserven firme la fe que han recibido, custodiada por la Iglesia en su integridad, a fin de que de ningún modo sean pervertidos por quienes se esfuerzan en enseñarles falsas doctrinas y apartarlos de la verdad. Te incumbirá, sin embargo, a ti y a todos los que lleguen a leer este escrito, leer con gran atención lo que ya he dicho, para que obtengas conocimiento de los temas contra los que estoy contendiendo. Porque así es como tú los controvertirás de manera legítima, y estarás preparado para recibir las pruebas presentadas contra ellos, desechando sus doctrinas como inmundicia por medio de la fe celestial; sino siguiendo al único Maestro verdadero y firme, el Verbo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, quien, por su amor trascendente, se hizo lo que nosotros somos, para llevarnos a ser lo que Él mismo es.
Comentario editorial · Notas de la edición · V, prefacio
- 4449. Ex ratione universis ostensionibus procedente. Las palabras son muy oscuras.
Sólo Cristo es capaz de enseñar las cosas divinas y de redimirnos: Él, el mismo, tomó carne de la Virgen María, no meramente en apariencia, sino realmente, por la operación del Espíritu Santo, para renovarnos. Críticas a las presunciones de Valentín y Ebión
V, 1
1. Porque de ningún otro modo podríamos haber aprendido las cosas de Dios, si nuestro Maestro, existiendo como el Verbo, no se hubiera hecho hombre. Pues ningún otro ser tenía el poder de revelarnos las cosas del Padre, excepto Su propio Verbo. Porque ¿qué otra persona "conoció la mente del Señor," o quién más "ha llegado a ser Su consejero?"4450 Además, no podríamos haber aprendido de otro modo que viendo a nuestro Maestro, y oyendo Su voz con nuestros propios oídos, para que, habiéndonos hecho imitadores de Sus obras y hacedores de Sus palabras, tengamos comunión con Él, recibiendo incremento del Perfecto, y de Aquel que es anterior a toda la creación. Nosotros —que fuimos creados hace poco por el único Ser bueno y excelente, por Él también que tiene el don de la inmortalidad, habiendo sido formados según Su semejanza (predestinados, según la presciencia del Padre, para que nosotros, que aún no teníamos existencia, llegáramos a ser), y hechos primicias de la creación4451— hemos recibido, en los tiempos conocidos de antemano, [las bendiciones de la salvación] según la ministración del Verbo, que es perfecto en todas las cosas, como Verbo poderoso y hombre verdadero, quien, redimiéndonos con Su propia sangre de una manera conforme a la razón, se dio a Sí mismo como redención por los que habían sido llevados cautivos. Y puesto que la apostasía tiranizó sobre nosotros injustamente, y, aunque éramos por naturaleza propiedad del Dios omnipotente, nos enajenó contra la naturaleza, haciéndonos discípulos suyos, el Verbo de Dios, poderoso en todas las cosas, y no defectuoso en cuanto a Su propia justicia, se volvió justamente contra aquella apostasía, y redimió de ella Su propia propiedad, no por medios violentos, como la [apostasía] había obtenido dominio sobre nosotros al principio, cuando arrebató insaciablemente lo que no era suyo, sino por medio de la persuasión, como convenía a un Dios de consejo, que no usa medios violentos para obtener lo que desea; de modo que ni se infringiera la justicia, ni la antigua obra de las manos de Dios fuera a la destrucción. Puesto que el Señor así nos ha redimido mediante Su propia sangre, dando Su alma por nuestras almas, y Su carne por nuestra carne,4452 y ha derramado también el Espíritu del Padre para la unión y comunión de Dios y el hombre, impartiendo ciertamente Dios a los hombres por medio del Espíritu, y, por otra parte, uniendo al hombre a Dios por Su propia encarnación, y otorgándonos en Su advenimiento inmortalidad duradera y verdadera, por medio de la comunión con Dios, —todas las doctrinas de los herejes caen en ruina.
2. Vanos ciertamente son los que alegan que Él apareció en mera apariencia. Porque estas cosas no se hicieron sólo en apariencia, sino en realidad efectiva. Mas si Él apareció como hombre, cuando no era hombre, ni el Espíritu Santo habría podido reposar sobre Él —cosa que de hecho tuvo lugar— ya que el Espíritu es invisible; ni, [en tal caso], había grado alguno de verdad en Él, pues no era lo que parecía ser. Pero ya he señalado que Abraham y los demás profetas le vieron de manera profética, anunciando en visión lo que había de suceder. Si, pues, tal ser ha aparecido ahora en semblante exterior distinto de lo que era en realidad, se ha hecho una cierta visión profética a los hombres; y debe esperarse otro advenimiento Suyo, en el cual Él será tal como ahora ha sido visto de manera profética. Y ya he probado que es lo mismo decir que Él apareció meramente en apariencia exterior, y [afirmar] que no recibió nada de María. Pues no habría sido uno que poseyera verdaderamente carne y sangre, por las cuales nos redimió, a menos que hubiera recapitulado en Sí mismo la antigua formación de Adán. Vanos, por tanto, son los discípulos de Valentín que proponen esta opinión, a fin de excluir la carne de la salvación, y desechar lo que Dios ha formado.
3. Vanos también son los ebionitas, que no reciben por fe en su alma la unión de Dios y el hombre, sino que permanecen en la vieja levadura del nacimiento [natural], y que no quieren entender que el Espíritu Santo vino sobre María, y el poder del Altísimo la cubrió con su sombra:4453 por lo cual también lo engendrado es cosa santa, y el Hijo del Altísimo, Dios Padre de todos, quien efectuó la encarnación de este ser, y mostró una nueva [clase de] generación; para que así como por la generación anterior heredamos la muerte, por esta nueva generación heredemos la vida. Por tanto, estos hombres rechazan la mezcla del vino celestial,4454 y quieren que sea solamente agua del mundo, no recibiendo a Dios de modo que tengan unión con Él, sino que permanecen en aquel Adán que había sido vencido y fue expulsado del paraíso: no considerando que, como al comienzo de nuestra formación en Adán, aquel aliento de vida que procedía de Dios, habiéndose unido a lo que había sido formado, animó al hombre y lo manifestó como un ser dotado de razón; así también, en [los tiempos del] fin, el Verbo del Padre y el Espíritu de Dios, habiéndose unido con la antigua sustancia de la formación de Adán, hicieron al hombre viviente y perfecto, receptivo del Padre perfecto, para que así como en el [Adán] natural todos estábamos muertos, así en el espiritual todos seamos vivificados.4455 Porque jamás en ningún tiempo escapó Adán de las manos4456 de Dios, a quien el Padre, hablando, dijo: "Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza." Y por esta razón en los últimos tiempos (fine), no por voluntad de la carne, ni por voluntad de hombre, sino por el beneplácito del Padre,4457 Sus manos formaron un hombre viviente, para que Adán pudiera ser creado [de nuevo] según la imagen y semejanza de Dios.
Comentario editorial · Notas de la edición · V, 1
- 4450. Rom. xi. 34.
- 4451. "Initium facturæ," que Grabe piensa que debería traducirse así con referencia a Stg. i. 18.
- 4452. [Compárese Clemente, cap. 49, p. 18, este volumen.]
- 4453. Lc. i. 35.
- 4454. En alusión a la mezcla de agua en el cáliz eucarístico, como se practicaba en estos tiempos primitivos. Los ebionitas y otros solían consagrar el elemento del agua solamente.
- 4455. 1 Cor. xv. 22.
- 4456. A saber, el Hijo y el Espíritu.
- 4457. Jn. i. 13.
Cuando Cristo nos visitó en su gracia, no vino a lo que no le pertenecía; asimismo, derramando su verdadera sangre por nosotros y mostrándonos su verdadera carne en la Eucaristía, confirió a nuestra carne la capacidad de salvación
V, 2
1. E igualmente vanos son los que dicen que Dios vino a lo que no le pertenecía, como si codiciara la propiedad de otro, para entregar a aquel hombre que había sido creado por otro, a aquel Dios que ni había hecho ni formado cosa alguna, y que además estaba privado desde el principio de su propia formación de los hombres. El advenimiento, por tanto, de Aquel a quien éstos presentan como viniendo a lo ajeno no era justo; ni nos redimió verdaderamente con su propia sangre, si no se hizo realmente hombre, devolviendo a su propia hechura lo que se dijo [de ella] en el principio: que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios; no arrebatando con estratagema la propiedad ajena, sino tomando posesión de lo suyo de manera justa y misericordiosa. En cuanto a la apostasía, ciertamente, nos redime justamente de ella con su propia sangre; mas en cuanto a nosotros, que hemos sido redimidos, [lo hace] con gracia. Porque nada le habíamos dado antes, ni desea cosa alguna de nosotros, como si la necesitara; mas nosotros sí necesitamos la comunión con Él. Y por esta razón se derramó a sí mismo con gracia, para reunirnos en el seno del Padre.
2. Pero vanos en todo respecto son los que desprecian toda la dispensación de Dios, rechazan la salvación de la carne y menosprecian su regeneración, sosteniendo que no es capaz de incorrupción. Pues si ésta no alcanza salvación, entonces tampoco el Señor nos redimió con su sangre, ni la copa de la Eucaristía es la comunión de su sangre, ni el pan que partimos la comunión de su cuerpo.4458 Porque la sangre sólo puede provenir de las venas y de la carne, y de todo lo demás que constituye la sustancia del hombre, tal como el Verbo de Dios fue hecho realmente. Con su propia sangre nos redimió, como también declara su apóstol: "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados".4459 Y así como somos sus miembros, somos también alimentados por medio de la creación (y Él mismo nos concede la creación, pues hace salir su sol y envía la lluvia cuando quiere4460). Él ha reconocido la copa (que es parte de la creación) como su propia sangre, con la cual rocía nuestra sangre; y el pan (también parte de la creación) lo ha establecido como su propio cuerpo, del cual da crecimiento a nuestros cuerpos.4461
3. Cuando, pues, la copa mezclada y el pan elaborado reciben el Verbo de Dios, y se hace la Eucaristía de la sangre y del cuerpo de Cristo,4462 de cuyas cosas la sustancia de nuestra carne es acrecentada y sostenida, ¿cómo pueden afirmar que la carne es incapaz de recibir el don de Dios, que es la vida eterna, [esa carne] que es alimentada del cuerpo y de la sangre del Señor y es miembro de Él? —como declara el bienaventurado Pablo en su Epístola a los Efesios: "somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos".4463 No dice estas palabras de un hombre espiritual e invisible, pues un espíritu no tiene huesos ni carne;4464 sino [se refiere a] aquella dispensación [por la cual el Señor se hizo] un hombre real, compuesto de carne, nervios y huesos: aquella [carne] que es alimentada por la copa que es su sangre y recibe crecimiento del pan que es su cuerpo. Y así como un sarmiento de la vid plantado en tierra fructifica a su tiempo, o como un grano de trigo que cae a la tierra y se descompone, resucita con aumento múltiple por el Espíritu de Dios, que contiene todas las cosas, y luego, por la sabiduría de Dios, sirve para uso de los hombres y, habiendo recibido el Verbo de Dios, se convierte en la Eucaristía, que es el cuerpo y la sangre de Cristo; así también nuestros cuerpos, alimentados por ella, depositados en la tierra y sufriendo allí la descomposición, resucitarán a su tiempo señalado, concediéndoles el Verbo de Dios la resurrección para gloria de Dios, el Padre, que da gratuitamente a esto mortal la inmortalidad y a esto corruptible la incorrupción,4465 porque la fuerza de Dios se perfecciona en la debilidad,4466 para que nunca nos envanezcamos, como si tuviéramos vida de nosotros mismos, ni nos exaltemos contra Dios volviéndonos ingratos; sino que, aprendiendo por experiencia que poseemos la duración eterna por el poder excelso de este Ser, no por nuestra propia naturaleza, ni menospreciemos aquella gloria que rodea a Dios tal como es, ni ignoremos nuestra propia naturaleza, sino que conozcamos lo que Dios puede efectuar y qué beneficios recibe el hombre, y así jamás nos extraviemos de la verdadera comprensión de las cosas tal como son, es decir, tanto respecto de Dios como respecto del hombre. ¿Y no podría ser acaso, como ya he observado, que para este fin permitió Dios nuestra disolución en el polvo común de la mortalidad,4467 para que, instruidos de todos los modos, seamos exactos en todo para el futuro, no ignorando ni a Dios ni a nosotros mismos?
Comentario editorial · Notas de la edición · V, 2
- 4458. 1 Cor. x. 16.
- 4459. Col. i. 14.
- 4460. Matt. v. 45.
- 4461. [De nuevo, el autor afirma cuidadosamente que el pan es el cuerpo, y el vino (la copa) es la sangre. Los elementos son santificados, no cambiados materialmente.]
- 4462. El texto griego, del cual permanece aquí una parte considerable, diría: "y la Eucaristía se convierte en el cuerpo de Cristo".
- 4463. Eph. v. 30.
- 4464. Luke xxiv. 39.
- 4465. 1 Cor. xv. 53.
- 4466. 2 Cor. xii. 3.
- 4467. Ésta es la versión libre de Harvey del pasaje, que en griego (como se conserva en la Catena de Juan Damasceno) dice: καὶ διὰ τοῦτο ἠνέσχετο ὁ Θεὸς τὴν εἰς τὴν γῆν ἡμῶν ἀνάλυσιν. En latín: Propter hoc passus est Deus fieri in nobis resolutionem. Véase el libro iii, cap. xx. 2.
El poder y la gloria de Dios resplandecen en la debilidad de la carne humana, pues Él hará nuestro cuerpo partícipe de la resurrección y de la inmortalidad, aunque lo haya formado del polvo de la tierra; también le otorgará el goce de la inmortalidad, así como le concede esta breve vida en común con el alma
V, 3
1. El apóstol Pablo, además, ha señalado del modo más lúcido que el hombre ha sido entregado a su propia debilidad, no sea que, ensoberbecido, se aparte de la verdad. Así dice en la segunda [Epístola] a los Corintios: "Y para que no me enaltezca por la sublimidad de las revelaciones, me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee. Y por esto rogué tres veces al Señor que lo apartara de mí. Pero Él me dijo: Bástate mi gracia; porque la fuerza se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en las debilidades, para que habite en mí el poder de Cristo."4468 ¿Qué, pues? (como algunos exclamarán:) ¿deseaba el Señor, en ese caso, que sus apóstoles sufrieran así maltrato, y que él soportara tal debilidad? Así fue; la palabra lo dice. Porque la fuerza se perfecciona en la debilidad, haciendo mejor hombre a aquel que por medio de su debilidad llega a conocer el poder de Dios. Pues ¿cómo podría un hombre haber aprendido que él mismo es un ser débil y mortal por naturaleza, y que Dios es inmortal y poderoso, si no lo hubiera aprendido por experiencia de lo que hay en ambos? Porque no hay nada malo en aprender las propias debilidades mediante la paciencia; antes bien, tiene incluso el efecto beneficioso de impedirle formarse una opinión indebida de su propia naturaleza (non aberrare in natura sua). Mas el enaltecerse contra Dios y apropiarse de su gloria, volviendo ingrato al hombre, le ha acarreado mucho mal. [Y así, digo, el hombre debe aprender ambas cosas por experiencia], para no quedar destituido de la verdad y del amor ni hacia sí mismo ni hacia su Creador.4469 Pero la experiencia de ambas cosas le confiere el verdadero conocimiento en cuanto a Dios y al hombre, y aumenta su amor hacia Dios. Ahora bien, donde hay un aumento de amor, allí una gloria mayor es obrada por el poder de Dios para los que le aman.
2. Aquellos, por tanto, dejan de lado el poder de Dios y no consideran lo que declara la palabra, cuando se detienen en la debilidad de la carne, pero no toman en consideración el poder de Aquel que la resucita de entre los muertos. Porque si Él no vivifica lo que es mortal, y no devuelve lo corruptible a la incorrupción, no es un Dios de poder. Mas que Él es poderoso en todos estos respectos, debemos percibirlo por nuestro origen, puesto que Dios, tomando polvo de la tierra, formó al hombre. Y ciertamente es mucho más difícil e increíble, a partir de huesos, nervios y venas inexistentes, y del resto de la organización del hombre, hacer que todo esto llegue a ser, y hacer del hombre una criatura animada y racional, que reintegrar de nuevo aquello que había sido creado y después se había descompuesto en tierra (por las razones ya mencionadas), habiendo pasado así a aquellos [elementos] de los cuales fue formado el hombre, que no tenía existencia previa. Pues Aquel que en el principio hizo que tuviera ser quien aún no era, cuando quiso, con mucha más razón restablecerá de nuevo a quienes ya habían tenido existencia, cuando sea su voluntad [que hereden] la vida concedida por Él. Y aquella carne se hallará también apta y capaz de recibir el poder de Dios, la cual en el principio recibió los toques hábiles de Dios; de modo que una parte se convirtió en el ojo para ver; otra, el oído para oír; otra, la mano para palpar y obrar; otra, los tendones extendidos por todas partes y manteniendo unidos los miembros; otra, arterias y venas, conductos para la sangre y el aire;4470 otra, los diversos órganos internos; otra, la sangre, que es el vínculo de unión entre el alma y el cuerpo. Mas ¿para qué continuar [en este tono]? Los números no alcanzarían a expresar la multiplicidad de partes en la estructura humana, que no fue hecha de otro modo sino por la gran sabiduría de Dios. Pero las cosas que participan de la habilidad y de la sabiduría de Dios, participan también de su poder.
3. La carne, por tanto, no está destituida [de participación] en la sabiduría constructiva y en el poder de Dios. Mas si el poder de Aquel que es el dador de la vida se perfecciona en la debilidad —es decir, en la carne—, que nos informen, cuando sostienen la incapacidad de la carne para recibir la vida concedida por Dios, si dicen estas cosas como hombres vivos en el presente y partícipes de la vida, o si reconocen que, no teniendo parte alguna en la vida, son en este momento hombres muertos. Y si realmente son hombres muertos, ¿cómo es que se mueven, hablan y realizan aquellas otras funciones que no son propias de los muertos, sino de los vivos? Pero si ahora están vivos, y si todo su cuerpo participa de la vida, ¿cómo se atreven a afirmar que la carne no está capacitada para ser partícipe de la vida, cuando confiesan que tienen vida en el momento presente? Es como si alguien tomara una esponja llena de agua, o una antorcha encendida, y declarara que la esponja no podría de ningún modo participar del agua, o la antorcha del fuego. De esta misma manera, quienes alegan que están vivos y llevan la vida en sus miembros se contradicen después, cuando presentan estos miembros como incapaces de [recibir] la vida. Pero si la vida temporal presente, que es de naturaleza tan inferior a la vida eterna, puede sin embargo efectuar tanto como para vivificar nuestros miembros mortales, ¿por qué no habría la vida eterna, siendo mucho más poderosa que ésta, de vivificar la carne, que ya ha conversado con la vida y se ha acostumbrado a sustentarla? Pues que la carne puede realmente participar de la vida se demuestra por el hecho de estar viva; porque sigue viviendo mientras es propósito de Dios que así sea. Es manifiesto, asimismo, que Dios tiene el poder de conferirle la vida, puesto que nos concede la vida a nosotros que existimos. Y, por tanto, puesto que el Señor tiene poder para infundir vida en lo que ha formado, y puesto que la carne es capaz de ser vivificada, ¿qué queda que impida su participación en la incorrupción, que es una vida dichosa y sin fin concedida por Dios?
Comentario editorial · Notas de la edición · V, 3
- 4468. 2 Cor. xii. 7–9.
- 4469. Hemos adoptado aquí la explicación de Massuet, quien considera el período precedente como meramente parentético. Tanto Grabe como Harvey, sin embargo, harían enmiendas conjeturales al texto, que nos parecen inadmisibles.
- 4470. Los antiguos supusieron erróneamente que las arterias eran vasos de aire, por el hecho de que estos órganos, después de la muerte, aparecen bastante vacíos, al estancarse toda la sangre en las venas cuando sobreviene la muerte.
Se engañan quienes fingen otro Dios Padre además del Creador del mundo; pues éste habría tenido que ser débil e inútil, o bien maligno y lleno de envidia, si fuera incapaz o no quisiera extender la vida eterna a nuestros cuerpos
V, 4
1. Aquellos que fingen la existencia de otro Padre más allá del Creador, y lo llaman Dios bueno, se engañan a sí mismos; pues lo presentan como un ser débil, inútil y negligente, por no decir maligno y lleno de envidia, en cuanto afirman que nuestros cuerpos no son vivificados por él. Porque cuando dicen de cosas que es manifiesto a todos que permanecen inmortales, como el espíritu y el alma, y otras cosas semejantes, que son vivificadas por el Padre, pero que otra cosa [a saber, el cuerpo] que es vivificada de manera no diferente sino por Dios concediéndole [la vida], es abandonada por la vida, [deben confesar] que esto prueba que su Padre es débil e impotente, o bien envidioso y maligno. Pues ya que el Creador vivifica aquí mismo nuestros cuerpos mortales y les promete la resurrección por los profetas, como he señalado; ¿quién en tal caso se muestra más poderoso, más fuerte o verdaderamente bueno? ¿Es el Creador, que vivifica al hombre entero, o es su Padre, falsamente llamado así? Él finge ser el vivificador de aquellas cosas que son inmortales por naturaleza, a las cuales la vida está siempre presente por su misma naturaleza; pero no vivifica benévolamente aquellas cosas que necesitaban su auxilio para vivir, sino que las deja caer descuidadamente bajo el poder de la muerte. ¿Es acaso que su Padre no les otorga la vida teniendo poder para hacerlo, o es que no posee el poder? Si, por una parte, es porque no puede, entonces, según esa suposición, no es un ser poderoso, ni es más perfecto que el Creador; porque el Creador concede, como debemos percibir, lo que Él no es capaz de dar. Pero si, por otra parte, [no lo concede] teniendo poder para hacerlo, entonces queda probado que no es bueno, sino un Padre envidioso y maligno.
2. Si, además, aducen alguna causa por la cual su Padre no imparte vida a los cuerpos, entonces esa causa debe necesariamente aparecer como superior al Padre, puesto que le impide ejercer su benevolencia; y su benevolencia quedará así probada como débil, a causa de aquella causa que ellos alegan. Ahora bien, todos deben percibir que los cuerpos son capaces de recibir la vida. Porque viven en la medida en que a Dios place que vivan; y siendo así, los [herejes] no pueden sostener que [estos cuerpos] sean completamente incapaces de recibir la vida. Si, por tanto, a causa de la necesidad o de cualquier otra causa, aquellos [cuerpos] que son capaces de participar de la vida no son vivificados, su Padre será esclavo de la necesidad y de esa causa, y por tanto no será un agente libre, teniendo su voluntad bajo su propio control.
La vida prolongada de los antiguos, la traslación de Elías y de Enoc en sus propios cuerpos, así como la preservación de Jonás, de Sadrac, Mesac y Abednego, en medio del peligro extremo, son claras demostraciones de que Dios puede levantar nuestros cuerpos a la vida eterna
V, 5
1. [A fin de saber] que los cuerpos continuaron en existencia por un período prolongado, mientras fue del agrado de Dios que florecieran, lean [estos herejes] las Escrituras, y hallarán que nuestros predecesores avanzaron más allá de setecientos, ochocientos y novecientos años de edad; y que sus cuerpos mantuvieron el paso con la prolongada extensión de sus días, y participaron de la vida mientras Dios quiso que vivieran. ¿Pero por qué me refiero a estos hombres? Porque Enoc, cuando agradó a Dios, fue trasladado en el mismo cuerpo en el cual le agradó, señalando así por anticipación la traslación de los justos. También Elías fue arrebatado [estando aún] en la sustancia de la forma [natural]; exhibiendo así en profecía la asunción de los que son espirituales, y que nada se interponía en el camino para que su cuerpo fuera trasladado y arrebatado. Porque por medio de las mismísimas manos por las cuales fueron modelados al principio, recibieron esta traslación y asunción. Pues en Adán las manos de Dios se habían acostumbrado a poner en orden, a gobernar y a sustentar su propia obra, y a llevarla y colocarla donde les placía. ¿Dónde, pues, fue colocado el primer hombre? En el paraíso ciertamente, como declara la Escritura: "Y plantó Dios un jardín [paradisum] al oriente en Edén, y allí puso al hombre que había formado".4471 Y luego, después, cuando [el hombre] resultó desobediente, fue arrojado de allí a este mundo. Por lo cual también los ancianos que eran discípulos de los apóstoles nos dicen que los trasladados fueron transferidos a aquel lugar (pues el paraíso ha sido preparado para los justos, tales como tienen el Espíritu; en cuyo lugar también Pablo el apóstol, cuando fue arrebatado, oyó palabras que son inefables para nosotros en nuestra condición presente4472), y que allí permanecerán los que han sido trasladados hasta la consumación [de todas las cosas], como preludio de la inmortalidad.
2. Si, no obstante, alguno imagina imposible que los hombres sobrevivan por tan larga extensión de tiempo, y que Elías no fue arrebatado en la carne, sino que su carne fue consumida en el carro de fuego, considere que Jonás, cuando fue arrojado a lo profundo y tragado hasta el vientre de la ballena, fue por mandato de Dios arrojado de nuevo sano y salvo a la tierra.4473 Y luego, de nuevo, cuando Ananías, Azarías y Misael fueron arrojados al horno de fuego calentado siete veces, no sufrieron daño alguno, ni se percibió en ellos olor a fuego. Así, pues, como la mano de Dios estaba presente con ellos, obrando cosas maravillosas en su caso —[cosas] imposibles [de realizar] por la naturaleza del hombre—, ¿qué maravilla era si también en el caso de los trasladados realizaba algo maravilloso, obrando en obediencia a la voluntad de Dios, es decir, del Padre? Ahora bien, éste es el Hijo de Dios, como la Escritura presenta al rey Nabucodonosor diciendo: "¿No echamos a tres hombres atados dentro del horno? y he aquí, veo cuatro varones que caminan en medio del fuego, y el cuarto es semejante al Hijo de Dios".4474 Ni la naturaleza de cosa creada alguna, por tanto, ni la debilidad de la carne, pueden prevalecer contra la voluntad de Dios. Pues Dios no está sometido a las cosas creadas, sino las cosas creadas a Dios; y todas las cosas prestan obediencia a su voluntad. Por lo cual también declara el Señor: "Las cosas que son imposibles para los hombres, son posibles para Dios".4475 Así, pues, como podría parecer a los hombres del día presente, que ignoran la disposición de Dios, cosa increíble e imposible que hombre alguno pudiera vivir tal número de años, sin embargo los que nos precedieron vivieron [hasta tal edad], y los trasladados viven como arras de la futura duración de los días; y [como también podría parecer imposible] que del vientre de la ballena y del horno de fuego salieran hombres ilesos, sin embargo así sucedió, conducidos como por la mano de Dios, con el propósito de declarar su poder: así también ahora, aunque algunos, no conociendo el poder y la promesa de Dios, se opongan a su propia salvación, juzgando imposible para Dios, que resucita a los muertos, tener poder para conferirles duración eterna, sin embargo el escepticismo de hombres de tal calaña no anulará la fidelidad de Dios.
Comentario editorial · Notas de la edición · V, 5
- 4471. Gen. ii. 8.
- 4472. 2 Cor. xii. 4.
- 4473. Jon. ii. 11.
- 4474. Dan. iii. 19–25.
- 4475. Luke xviii. 27.
Dios otorgará la salvación a toda la naturaleza del hombre, compuesta de cuerpo y alma en unión estrecha, puesto que el Verbo la tomó sobre sí, y la adornó con los dones del Espíritu Santo, de quien nuestros cuerpos son, y son llamados, templos
V, 6
1. Ahora bien, Dios será glorificado en la obra de sus manos, ajustándola de modo que sea conforme a su propio Hijo, y modelada según él. Porque por las manos del Padre, es decir, por el Hijo y el Espíritu Santo, el hombre, y no [meramente] una parte del hombre, fue hecho a semejanza de Dios. Ahora bien, el alma y el espíritu son ciertamente una parte del hombre, pero ciertamente no el hombre; porque el hombre perfecto consiste en la mezcla y la unión del alma que recibe el espíritu del Padre, y la adición de aquella naturaleza carnal que fue modelada según la imagen de Dios. Por esta razón declara el apóstol: "Hablamos sabiduría entre los que son perfectos",4476 llamando "perfectas" a aquellas personas que han recibido el Espíritu de Dios, y que por el Espíritu de Dios hablan en todas las lenguas, como él mismo solía hablar. De igual modo también oímos4477 a muchos hermanos en la Iglesia, que poseen dones proféticos, y que por el Espíritu hablan toda clase de lenguas, y sacan a luz para el beneficio general las cosas ocultas de los hombres, y declaran los misterios de Dios; a los cuales también el apóstol llama "espirituales", siendo espirituales porque participan del Espíritu, y no porque su carne haya sido despojada y quitada, y porque se hayan vuelto puramente espirituales. Porque si alguno quita la sustancia de la carne, es decir, de la obra de las manos [de Dios], y entiende lo que es puramente espiritual, ése no sería un hombre espiritual, sino el espíritu de un hombre, o el Espíritu de Dios. Pero cuando el espíritu aquí mezclado con el alma se une a la obra de las manos [de Dios], el hombre es hecho espiritual y perfecto a causa del derramamiento del Espíritu, y éste es el que fue hecho en la imagen y semejanza de Dios. Mas si al alma le falta el Espíritu, quien es tal es ciertamente de naturaleza animal, y quedando carnal, será un ser imperfecto, poseyendo ciertamente la imagen [de Dios] en su formación (in plasmate), pero no recibiendo la semejanza por el Espíritu; y así este ser es imperfecto. Así también, si alguno quita la imagen y deja de lado la obra de las manos, no puede entonces entender que esto sea un hombre, sino o bien alguna parte del hombre, como ya he dicho, o algo distinto del hombre. Porque aquella carne que ha sido modelada no es en sí misma un hombre perfecto, sino el cuerpo de un hombre, y parte de un hombre. Ni tampoco el alma misma, considerada aparte por sí sola, es el hombre; sino que es el alma de un hombre, y parte de un hombre. Ni el espíritu es un hombre, porque se llama espíritu, y no hombre; sino que la mezcla y la unión de todos éstos constituye al hombre perfecto. Y por esta causa el apóstol, explicándose a sí mismo, deja claro que el hombre salvado es un hombre completo a la vez que un hombre espiritual; diciendo así en la primera Epístola a los Tesalonicenses: "Y el Dios de paz os santifique perfectos (perfectos); y vuestro espíritu, y alma, y cuerpo sean guardados enteros sin reprensión para la venida del Señor Jesucristo".4478 Ahora bien, ¿cuál era su objeto al orar para que estos tres —es decir, alma, cuerpo y espíritu— fuesen guardados para la venida del Señor, a no ser que era consciente de la [futura] reintegración y unión de los tres, y [de que habían de ser herederos de] una y la misma salvación? Por esta causa también declara que son "los perfectos" quienes presentan al Señor las tres [partes constitutivas] sin ofensa. Aquellos, pues, son perfectos los que han tenido el Espíritu de Dios permaneciendo en ellos, y han guardado sus almas y cuerpos irreprensibles, reteniendo firmemente la fe de Dios, es decir, aquella fe que está [dirigida] hacia Dios, y manteniendo tratos justos para con sus prójimos.
2. De donde también dice que esta obra de sus manos es "el templo de Dios", declarando así: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno, pues, profana el templo de Dios, Dios le destruirá; porque el templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros".4479 Aquí declara manifiestamente que el cuerpo es el templo en el cual mora el Espíritu. Como también dice el Señor refiriéndose a sí mismo: "Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Esto lo decía", se dice, "del templo de su cuerpo".4480 Y no sólo reconoce él (el apóstol) que nuestros cuerpos son templo, sino incluso templo de Cristo, diciendo así a los Corintios: "¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera?".4481 Dice estas cosas no en referencia a otro hombre espiritual; porque un ser de tal naturaleza nada podría tener que ver con una ramera; sino que declara que "nuestro cuerpo", es decir, la carne que continúa en santidad y pureza, es "miembros de Cristo"; pero que cuando se hace uno con una ramera, se hace miembros de una ramera. Y por esta razón dijo: "Si alguno profana el templo de Dios, Dios le destruirá". ¿Cómo no es, pues, la mayor blasfemia alegar que el templo de Dios, en el cual mora el Espíritu del Padre, y los miembros de Cristo, no participan de la salvación, sino que son reducidos a perdición? Además, que nuestros cuerpos no son resucitados de su propia sustancia, sino por el poder de Dios, lo dice a los Corintios: "El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará por su propio poder".4482
Comentario editorial · Notas de la edición · V, 6
- 4476. 1 Cor. ii. 6.
- 4477. El latín antiguo tiene "audivimus", han oído.
- 4478. 1 Thess. v. 23. [Ya he remitido antes al estudiante a la "Psicología bíblica" del Prof. Delitzsch (traducción), T. & T. Clark, Edimburgo, 1868.]
- 4479. 1 Cor. iii. 16.
- 4480. John ii. 19–21.
- 4481. 1 Cor. iii. 17.
- 4482. 1 Cor. vi. 13, 14.