Recapitulación y aplicación de los argumentos precedentes
II, 31
Aquellos, pues, que son de la escuela de Valentín, una vez derribados, en realidad queda también subvertida toda la multitud de herejes. Porque todos los argumentos que he presentado contra su Pléroma, y respecto de aquellas cosas que están más allá de él, mostrando cómo el Padre de todas las cosas está encerrado y circunscrito por aquello que está más allá de Él (si es que en verdad hay algo más allá de Él), y cómo hay una necesidad absoluta [según su teoría] de concebir muchos Padres, y muchos Pléromas, y muchas creaciones de mundos, que comienzan con un conjunto y terminan con otro, existiendo por todos lados; y que todos [los seres a que se refieren] continúan en sus propios dominios, y no se entremeten curiosamente con otros, puesto que, en efecto, no existe entre ellos ningún interés común ni comunión alguna; y que no hay otro Dios de todas las cosas, sino que ese nombre pertenece sólo al Todopoderoso;—[todos estos argumentos, digo,] se aplicarán de igual manera contra los que son de la escuela de Marción, y de Simón, y de Menandro, o cualesquiera otros que haya que, como ellos, separan del Padre aquella creación con la que estamos vinculados. Los argumentos, además, que he empleado contra los que sostienen que el Padre de todas las cosas sin duda contiene todas las cosas, pero que la creación a la que pertenecemos no fue formada por Él, sino por un cierto otro poder, o por ángeles que no tienen conocimiento del Propátor, quien está rodeado como un centro por la inmensa extensión del universo, así como una mancha lo está por el manto [que la rodea]; cuando mostré que no es una suposición probable que otro ser distinto del Padre de todas las cosas formara aquella creación a la que pertenecemos,—estos mismos argumentos se aplicarán contra los seguidores de Saturnino, Basílides, Carpócrates y los demás gnósticos, que expresan opiniones semejantes. Aquellas afirmaciones, además, que se han hecho respecto de las emanaciones, y de los Eones, y del [supuesto estado de] degeneración, y del carácter inconstante de su Madre, derriban igualmente a Basílides y a todos los que falsamente se llaman gnósticos, quienes, de hecho, no hacen sino repetir las mismas opiniones bajo nombres distintos, pero transfieren, en mayor medida que los primeros,3261 aquellas cosas que están fuera3262 de la verdad al sistema de su propia doctrina. Y las observaciones que he hecho respecto de los números se aplicarán también contra todos los que se apropian indebidamente de cosas pertenecientes a la verdad para sustentar un sistema de esta clase. Y todo lo que se ha dicho respecto del Creador (Demiurgo) para mostrar que sólo Él es Dios y Padre de todas las cosas, y cualesquiera observaciones que aún hayan de hacerse en los libros siguientes, las aplico contra los herejes en general. A los más moderados y razonables de entre ellos tú los convertirás y convencerás, de modo que ya no blasfemen contra su Creador, Hacedor, Sustentador y Señor, ni atribuyan Su origen al defecto y a la ignorancia; pero a los feroces, terribles e irracionales [de entre ellos] los alejarás lejos de ti, para que ya no tengas que soportar su vana locuacidad.
Además, también serán así refutados los que pertenecen a Simón y a Carpócrates, y si hay otros que se dice que obran milagros—los cuales no realizan lo que hacen ni por el poder de Dios, ni en conexión con la verdad, ni para el bienestar de los hombres, sino para destruir y extraviar a la humanidad, por medio de engaños mágicos y con fraude universal, acarreando así mayor daño que bien a los que creen en ellos, respecto del punto en que los extravían. Porque no pueden dar vista a los ciegos, ni oído a los sordos, ni expulsar toda clase de demonios—[ninguno, en verdad,] salvo los que ellos mismos envían a otros, si es que pueden siquiera hacer esto. Ni pueden curar a los débiles, ni a los cojos, ni a los paralíticos, ni a los afligidos en cualquier otra parte del cuerpo, como se ha hecho a menudo respecto de la enfermedad corporal. Ni pueden suministrar remedios eficaces para aquellos accidentes externos que puedan ocurrir. Y tan lejos están de poder resucitar a los muertos, como el Señor los resucitó, y como los apóstoles hicieron por medio de la oración, y como se ha hecho con frecuencia en la hermandad a causa de alguna necesidad—toda la Iglesia en aquella localidad suplicando [el favor] con mucho ayuno y oración, el espíritu del muerto ha vuelto, y ha sido concedido en respuesta a las oraciones de los santos—que ni siquiera creen que esto pueda hacerse, [y sostienen] que la resurrección de los muertos3263 es simplemente un conocimiento de aquella verdad que proclaman.
Puesto que, por tanto, existen entre ellos error e influencias engañosas, y se realizan impíamente ilusiones mágicas a la vista de los hombres; pero en la Iglesia, la simpatía, la compasión, la firmeza y la verdad, para ayuda y aliento de la humanidad, no sólo se despliegan3264 sin pago ni recompensa, sino que nosotros mismos gastamos en beneficio de otros nuestros propios medios; y puesto que los que son curados con mucha frecuencia no poseen las cosas que necesitan, las reciben de nosotros;—[siendo así el caso,] estos hombres quedan de este modo sin duda probados como totalmente ajenos a la naturaleza divina, a la beneficencia de Dios y a toda excelencia espiritual. Están, en cambio, del todo llenos de engaño de toda clase, de inspiración apóstata, de operación demoníaca y de los fantasmas de la idolatría, y son en realidad los predecesores de aquel dragón3265 que, por medio de un engaño de la misma clase, hará con su cola que una tercera parte de las estrellas caiga de su lugar, y las arrojará a la tierra. Nos conviene huir de ellos como huiríamos de él; y cuanto mayor sea la ostentación con que se dice que realizan [sus maravillas], tanto más cuidadosamente debemos vigilarlos, por estar dotados de un espíritu mayor de maldad. Si alguno considera la profecía referida, y las prácticas diarias de estos hombres, hallará que su modo de obrar es uno y el mismo con el de los demonios.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 31
- 3261. Qui, aunque se halla aquí en todos los mss., parece haber sido justamente suprimido por los editores.
- 3262. La referencia probablemente es a opiniones y teorías de los paganos.
- 3263. Cf. 2 Tim. ii. 17, 18. [Sobre la época subapostólica y este tema de los milagros, Newman, a pesar de su argumentación sofística, bien puede ser consultado por sus referencias, etc. Translation of the Abbé Fleury, p. xi. Oxford, 1842.]
- 3264. "Perficiatur:" es difícil aquí dar una traducción adecuada de esta palabra. Algunos prefieren leer "impertiatur."
- 3265. Rev. xii. 14.
Ulterior exposición de las doctrinas malvadas y blasfemas de los herejes
II, 32
Además, esta opinión impía de ellos respecto de las acciones—a saber, que les incumbe tener experiencia de toda clase de hechos, aun los más abominables—es refutada por la enseñanza del Señor, con quien no sólo es rechazado el adúltero, sino también el hombre que desea cometer adulterio;3266 y no sólo el homicida real es tenido por culpable de haber matado a otro para su propia condenación, sino también el hombre que se enoja con su hermano sin causa: quien mandó [a Sus discípulos] no sólo no odiar a los hombres, sino también amar a sus enemigos; y les ordenó no sólo no jurar en falso, sino ni siquiera jurar en absoluto; y no sólo no hablar mal de sus prójimos, sino ni siquiera llamar a nadie "Raca" y "necio;" [declarando] que de lo contrario estaban en peligro del fuego del infierno; y no sólo no golpear, sino incluso, cuando ellos mismos fueran golpeados, presentar la otra mejilla [a los que los maltrataban]; y no sólo no negarse a devolver la propiedad ajena, sino incluso si la suya propia les fuera quitada, no reclamarla de nuevo a los que se la quitaron; y no sólo no injuriar a sus prójimos, ni hacerles mal alguno, sino también, cuando ellos mismos fueran tratados inicuamente, ser sufridos y mostrar bondad hacia aquellos [que los injuriaban], y orar por ellos, para que por medio del arrepentimiento pudieran salvarse—de modo que en ningún aspecto imitemos la arrogancia, la concupiscencia y el orgullo de otros. Puesto que, por tanto, Aquel de quien estos hombres se jactan como su Maestro, y de quien afirman que tenía un alma mucho mejor y de temple más elevado que las de otros, mandó ciertamente, con mucho empeño, que se hicieran ciertas cosas por ser buenas y excelentes, y que se abstuvieran de ciertas otras no sólo en su perpetración real, sino aun en los pensamientos que conducen a su realización, por ser malas, perniciosas y abominables,—¿cómo, pues, pueden escapar de quedar confundidos, cuando afirman que tal Maestro era de temple más elevado [en espíritu] y mejor que otros, y sin embargo manifiestamente dan instrucción de una clase totalmente opuesta a Su enseñanza? Y, además, si realmente no existiera el bien y el mal, sino que ciertas cosas fueran consideradas justas y otras injustas sólo en opinión humana, Él nunca se habría expresado así en Su enseñanza: "Los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre;"3267 sino que Él enviará a los injustos, y a los que no hacen las obras de justicia, "al fuego eterno, donde su gusano no morirá, y el fuego no se apagará."3268
Cuando además sostienen que les incumbe tener experiencia de toda clase3269 de obra y conducta, de modo que, si es posible, realizando todas durante una sola manifestación en esta vida, puedan [de inmediato] pasar al estado de perfección, no se los halla, en modo alguno, esforzándose por hacer aquellas cosas que acompañan a la virtud, y que son laboriosas, gloriosas y hábiles,3270 las cuales también son aprobadas universalmente como buenas. Porque si es necesario pasar por toda obra y toda clase de operación, ellos deberían, en primer lugar, aprender todas las artes: todas ellas, [digo,] ya se refieran a la teoría o a la práctica, ya se adquieran por abnegación, o se dominen por medio del trabajo, el ejercicio y la perseverancia; como, por ejemplo, toda clase de música, aritmética, geometría, astronomía y todas las que se ocupan de actividades intelectuales: luego, además, todo el estudio de la medicina y el conocimiento de las plantas, para llegar a conocer las que se preparan para la salud del hombre; el arte de la pintura y la escultura, el trabajo en bronce y mármol, y las artes afines: además, [han de estudiar] toda clase de labor campestre, el arte veterinario, las ocupaciones pastorales, los diversos tipos de trabajo especializado, que se dice que abarcan todo el círculo de la actividad [humana]; además, los relacionados con la vida marítima, los ejercicios gimnásticos, la caza, las actividades militares y regias, y cuantos otros pueda haber, de los cuales, con el mayor trabajo, no podrían aprender ni la décima, ni siquiera la milésima parte, en todo el curso de sus vidas. De hecho, lo cierto es que no se esfuerzan por aprender nada de esto, aunque sostienen que les incumbe tener experiencia de toda clase de obra; sino que, apartándose hacia la voluptuosidad, la concupiscencia y acciones abominables, quedan condenados por sí mismos cuando son juzgados por su propia doctrina. Pues, estando destituidos de todas aquellas [virtudes] que se han mencionado, [por necesidad] pasarán a la destrucción del fuego. Estos hombres, mientras se jactan de que Jesús es su Maestro, de hecho emulan la filosofía de Epicuro y la indiferencia de los cínicos, [llamando a Jesús su Maestro,] el cual no sólo apartó a Sus discípulos de las malas obras, sino aun de las [malas] palabras y pensamientos, como ya he mostrado.
Además, mientras afirman que poseen almas de la misma esfera que Jesús, y que son semejantes a Él, a veces incluso sosteniendo que son superiores; mientras [afirman que fueron] producidos, como Él, para la realización de obras tendentes al beneficio y establecimiento de la humanidad, se halla que no hacen nada de la misma clase ni semejante [a Sus acciones], ni cosa alguna que pueda en ningún aspecto compararse con ellas. Y si en verdad han realizado algo [notable] por medio de la magia, se esfuerzan [de este modo] engañosamente en extraviar a los necios, puesto que no confieren ningún beneficio o bendición real a aquellos sobre los cuales declaran que ejercen poder [sobrenatural]; sino que, presentando a meros muchachos3271 [como los sujetos sobre los que practican], y engañando su vista, mientras exhiben fantasmas que al instante cesan, y no duran ni un instante de tiempo,3272 se prueba que son semejantes, no a Jesús nuestro Señor, sino a Simón el mago. Es cierto,3273 además, por el hecho de que el Señor resucitó de entre los muertos al tercer día, y se manifestó a Sus discípulos, y fue recibido arriba en el cielo a la vista de ellos, que, en tanto que estos hombres mueren, y no resucitan, ni se manifiestan a nadie, quedan probados como poseyendo almas en ningún aspecto semejantes a la de Jesús.
Si, no obstante, sostienen que el Señor también realizó tales obras simplemente en apariencia, los remitiremos a los escritos proféticos, y probaremos por ellos tanto que todas las cosas fueron así3274 predichas respecto de Él, y que sin duda tuvieron lugar, como que Él es el único Hijo de Dios. Por lo cual, también aquellos que son en verdad Sus discípulos, recibiendo gracia de Él, realizan [milagros] en Su nombre, para promover el bienestar de los demás hombres, según el don que cada uno ha recibido de Él. Pues algunos ciertamente y en verdad expulsan demonios, de modo que los que han sido así limpiados de espíritus malignos con frecuencia creen [en Cristo] y se unen a la Iglesia. Otros tienen conocimiento previo de las cosas venideras: ven visiones y profieren expresiones proféticas. Otros más, sanan a los enfermos imponiéndoles las manos, y son sanados. Sí, además, como he dicho, los muertos incluso han sido resucitados, y han permanecido3275 entre nosotros durante muchos años. ¿Y qué más diré? No es posible nombrar el número de los dones que la Iglesia, [dispersa] por todo el mundo, ha recibido de Dios, en el nombre de Jesucristo, que fue crucificado bajo Poncio Pilato, y que ella ejerce día a día para beneficio de los gentiles, sin practicar engaño contra nadie, ni tomar recompensa alguna3276 de ellos [a causa de tales intervenciones milagrosas]. Porque así como ella ha recibido gratuitamente3277 de Dios, gratuitamente también ministra [a otros].
Ni tampoco realiza ella cosa alguna por medio de invocaciones angélicas,3278 ni por encantamientos, ni por ninguna otra arte curiosa y malvada; sino que, dirigiendo sus oraciones al Señor, que hizo todas las cosas, con espíritu puro, sincero y recto, e invocando el nombre de nuestro Señor Jesucristo, ella ha acostumbrado obrar3279 milagros para ventaja de la humanidad, y no para inducirlos al error. Si, por tanto, el nombre de nuestro Señor Jesucristo aun ahora confiere beneficios [a los hombres], y cura cabal y eficazmente a todos los que en cualquier lugar creen en Él, pero no el de Simón, ni Menandro, ni Carpócrates, ni el de ningún otro hombre, es manifiesto que, cuando fue hecho hombre, mantuvo comunión con Su propia creación, y3280 hizo todas las cosas verdaderamente por el poder de Dios, según la voluntad del Padre de todas las cosas, como los profetas habían predicho. Pero cuáles fueron estas cosas, se describirá al tratar de las pruebas que se hallan en los escritos proféticos.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 32
- 3266. Mateo v. 21, etc.
- 3267. Mateo xiii. 43.
- 3268. Mateo xxv. 41; Marcos ix. 44.
- 3269. Cf. i. 25, 4.
- 3270. "Artificialia."
- 3271. "Pureos investes," muchachos que aún no han alcanzado la edad de la pubertad.
- 3272. El texto dice "stillicidio temporis," literalmente "una gota de tiempo" ( σταγμῇ χρόνου ); pero el texto original quizás era στιγμῇ χρόνου, "un instante de tiempo." Con cualquiera de las dos lecturas el significado es el mismo.
- 3273. Algunos han considerado que las palabras "firmum esse" son una interpolación.
- 3274. Es decir, como hechas en realidad, y no en apariencia.
- 3275. Harvey anota aquí: "El lector no dejará de notar este testimonio sumamente interesante, de que los χαρίσματα divinos otorgados a la Iglesia naciente no estaban totalmente extinguidos en los días de Ireneo. Posiblemente el venerable Padre habla a partir de su propio recuerdo personal de algunos que habían sido resucitados de entre los muertos, y habían continuado por un tiempo como testigos vivos de la eficacia de la fe cristiana." [Véase cap. xxxi., supra.]
- 3276. Cf. Hechos viii. 9, 18.
- 3277. Mateo x. 8.
- 3278. Grabe sostiene que estas palabras implican que no se practicaban invocaciones de ángeles, buenos o malos, en la Iglesia primitiva. Massuet, por otra parte, mantiene que las palabras de Ireneo han de restringirse claramente a los espíritus malignos, y no tienen relación con la cuestión general de la invocación angélica.
- 3279. Seguimos la lectura común, "perfecit;" pero un ms. tiene "perficit," obra, lo cual se adapta mejor al contexto.
- 3280. Insertamos "et," de acuerdo con la sugerencia de Grabe.
Absurdidad de la doctrina de la transmigración de las almas
II, 33
Podemos subvertir su doctrina acerca de la transmigración de un cuerpo a otro por este hecho: que las almas no recuerdan absolutamente nada de los acontecimientos que tuvieron lugar en sus estados anteriores de existencia. Porque si fueron enviadas con el objeto de que experimentaran toda clase de acciones, por necesidad deben retener el recuerdo de las cosas que se han realizado anteriormente, para que pudieran llenar aquellas en que todavía eran deficientes, y no, revoloteando siempre, sin intermisión, en torno a las mismas ocupaciones, gastar miserablemente en vano su trabajo (pues la mera unión de un cuerpo [con un alma] no podría extinguir del todo la memoria y la contemplación de las cosas que antes se habían experimentado3281), y especialmente porque vinieron [al mundo] precisamente con este propósito. Pues así como, cuando el cuerpo está dormido y en reposo, todo lo que el alma ve por sí misma y hace en una visión, recordando muchas de esas cosas, también lo comunica al cuerpo; y así como sucede que, cuando uno despierta, quizá después de largo tiempo, relata lo que vio en sueños, de igual manera él recordaría sin duda las cosas que hizo antes de venir a este cuerpo particular. Porque si lo que se ve por brevísimo espacio de tiempo, o que se concibe simplemente en un fantasma, y por el alma sola, por medio de un sueño, es recordado después de que ella se ha mezclado de nuevo con el cuerpo y se ha dispersado por todos los miembros, mucho más recordaría ella aquellas cosas en conexión con las cuales permaneció durante tanto tiempo, incluso a lo largo de todo el período de una vida pasada.
2. Con referencia a estas objeciones, Platón, aquel antiguo ateniense, que también fue el primero3282 en introducir esta opinión, al no poder descartarlas, inventó la [noción de una] copa del olvido, imaginando que de este modo escaparía a esta suerte de dificultad. No intentó ninguna clase de prueba [de su suposición], sino que respondió simplemente de manera dogmática [a la objeción en cuestión], que cuando las almas entran en esta vida, son obligadas a beber el olvido por aquel demonio que vigila su entrada [en el mundo], antes de que efectúen una entrada en los cuerpos [que les son asignados]. Se le escapó que [al hablar así] cayó en otra perplejidad mayor. Porque si la copa del olvido, una vez bebida, puede borrar el recuerdo de todas las acciones realizadas, ¿cómo has llegado tú, oh Platón, a conocer este hecho (estando ahora tu alma en el cuerpo), a saber, que antes de entrar en él fue obligada por el demonio a beber una droga productora de olvido? Porque si tú tienes recuerdo del demonio, y de la copa, y de la entrada [en la vida], deberías también estar enterado de otras cosas; pero si, por el contrario, las ignoras, entonces no hay verdad en la historia del demonio, ni en la copa del olvido preparada con arte.
3. En oposición, por otra parte, a los que afirman que el cuerpo mismo es la droga del olvido, puede hacerse esta observación: ¿Cómo sucede, entonces, que aquello que el alma ve por su propia instrumentalidad, tanto en sueños como por reflexión o diligente esfuerzo mental, mientras el cuerpo está pasivo, ella lo recuerda y lo refiere a sus prójimos? Mas, de nuevo, si el cuerpo mismo fuera [la causa del] olvido, entonces el alma, al existir en el cuerpo, no podría recordar siquiera aquellas cosas que se percibieron hace mucho tiempo, ya sea por medio de los ojos o de los oídos; sino que, tan pronto como el ojo se apartaba de las cosas miradas, la memoria de ellas se destruiría sin duda. Pues el alma, al existir en la misma [causa del] olvido, no podría tener conocimiento de ninguna otra cosa que no fuera aquella que veía en el momento presente. ¿Cómo, además, podría llegar a conocer las cosas divinas, y retener el recuerdo de ellas mientras existe en el cuerpo, puesto que, como ellos sostienen, el cuerpo mismo es [la causa del] olvido? Mas también los profetas, cuando estaban sobre la tierra, recordaban igualmente, al volver a su estado ordinario de ánimo,3283 todo aquello que espiritualmente veían u oían en visiones de objetos celestiales, y lo relataban a otros. El cuerpo, por tanto, no hace que el alma olvide aquellas cosas que han sido espiritualmente atestiguadas; sino que el alma enseña al cuerpo y comparte con él la visión espiritual que ha gozado.
4. Porque el cuerpo no está dotado de mayor poder que el alma, puesto que, en efecto, aquél es inspirado, vivificado, acrecentado y mantenido unido por ésta; mas el alma posee3284 y gobierna sobre el cuerpo. Sin duda es retardada en su velocidad, justamente en la proporción exacta en que el cuerpo participa de su movimiento; pero nunca pierde el conocimiento que propiamente le pertenece. Pues el cuerpo puede compararse a un instrumento; mas el alma está dotada de la razón de un artista. Como, por tanto, el artista encuentra que la idea de una obra brota rápidamente en su mente, pero sólo puede ejecutarla lentamente por medio de un instrumento, a causa de la falta de perfecta flexibilidad en la materia sobre la que actúa, y así la rapidez de su operación mental, al mezclarse con la acción lenta del instrumento, produce un género moderado de movimiento [hacia el fin contemplado]; así también el alma, al mezclarse con el cuerpo que le pertenece, queda en cierta medida impedida, mezclándose su rapidez con la lentitud del cuerpo. Sin embargo, no pierde enteramente sus propias facultades peculiares; sino que, mientras, por así decirlo, comparte la vida con el cuerpo, ella misma no cesa de vivir. Así también, mientras comunica otras cosas al cuerpo, ni pierde el conocimiento de ellas, ni la memoria de aquellas cosas que han sido atestiguadas.
5. Si, por tanto, el alma no recuerda nada3285 de lo que tuvo lugar en un estado anterior de existencia, sino que tiene percepción de las cosas que están aquí, se sigue que ella nunca existió en otros cuerpos, ni hizo cosas de las que no tiene conocimiento, ni [una vez] conoció cosas que no puede [ahora mentalmente] contemplar. Mas, así como cada uno de nosotros recibe su cuerpo por la hábil obra de Dios, así también posee su alma. Porque Dios no es tan pobre ni tan falto de recursos, que no pueda conferir su propia alma apropiada a cada cuerpo individual, así como también le da su carácter especial. Y por tanto, cuando el número [fijado de antemano] está completo, [ese número] que Él había predeterminado en su propio consejo, todos los que han sido inscritos para la vida [eterna] resucitarán, teniendo sus propios cuerpos, y teniendo también sus propias almas, y sus propios espíritus, en los cuales habían agradado a Dios. Aquellos, por otra parte, que son dignos de castigo, irán a él, teniendo también ellos sus propias almas y sus propios cuerpos, en los cuales se apartaron de la gracia de Dios. Ambas clases cesarán entonces de engendrar y ser engendrados, de casarse y ser dados en matrimonio; de modo que el número de la humanidad, correspondiente a la preordenación de Dios, habiendo sido completado, pueda realizar plenamente el plan formado por el Padre.3286
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 33
- 3281. Harvey piensa que este paréntesis ha caído fuera de su lugar apropiado, y lo insertaría inmediatamente después del período inicial del capítulo.
- 3282. Es un error de Ireneo decir que la doctrina de la metempsícosis se originó con Platón: fue enseñada públicamente por primera vez por Pitágoras, quien la aprendió de los egipcios. Comp. Clem. Alex., Strom., i. 15: Herodot., ii. 123.
- 3283. "In hominem conversi," literalmente, "volviendo al hombre."
- 3284. "Possidet." Massuet supone que esta palabra representa κυριεύει, "gobierna sobre", y Stieren κρατύνει, gobierna; mientras Harvey piensa que toda la cláusula corresponde a κρατεῖ καὶ κυριεύει τοῦ σώματος, que hemos traducido arriba.
- 3285. Literalmente, nada de las cosas pasadas.
- 3286. El texto latino es aquí muy confuso, pero el original griego de la mayor parte de esta sección se ha conservado felizmente. [Este Padre anticipa aquí en bosquejo muchas ideas que San Agustín corrigió y elaboró después.]
Las almas pueden ser reconocidas en el estado separado, y son inmortales aunque una vez tuvieron principio
II, 34
1. El Señor ha enseñado con grandísima plenitud que las almas no sólo continúan existiendo, no pasando de cuerpo a cuerpo, sino que conservan la misma forma3287 [en su estado separado] que tenía el cuerpo al cual estaban adaptadas, y que recuerdan las obras que hicieron en este estado de existencia, y del que ahora han cesado,—en aquella narración que se registra respecto del hombre rico y de aquel Lázaro que halló reposo en el seno de Abraham. En este relato Él declara3288 que Dives conoció a Lázaro después de la muerte, y Abraham de igual manera, y que cada una de estas personas continuó en su propia posición adecuada, y que [Dives] pidió que Lázaro fuera enviado a aliviarle—[Lázaro], sobre quien él no [antes] concedía siquiera las migajas [que caían] de su mesa. [Nos dice] también de la respuesta dada por Abraham, quien conocía no sólo lo que le concernía a sí mismo, sino también a Dives, y quien ordenó a aquellos que no querían venir a ese lugar de tormento que creyeran a Moisés y a los profetas, y que recibieran3289 la predicación de Aquel que3290 había de resucitar de entre los muertos. Por estas cosas, pues, se declara claramente que las almas continúan existiendo, que no pasan de cuerpo a cuerpo, que poseen la forma de un hombre, de modo que pueden ser reconocidas, y retienen la memoria de las cosas de este mundo; además, que el don de profecía era poseído por Abraham, y que cada clase [de almas] recibe una habitación tal como ha merecido, aun antes del juicio.
2. Pero si algunas personas en este punto sostienen que aquellas almas, que sólo hace poco comenzaron a existir, no pueden durar por mucho tiempo; sino que deben, por una parte, o bien ser no engendradas para ser inmortales, o, si han tenido un principio por vía de generación, morir con el cuerpo mismo—que aprendan que sólo Dios, que es Señor de todos, es sin principio y sin fin, siendo verdaderamente y para siempre el mismo, y permaneciendo siempre el mismo Ser inmutable. Mas todas las cosas que proceden de Él, todo lo que ha sido hecho y es hecho, reciben ciertamente su propio principio de generación, y por esta razón son inferiores a Aquel que las formó, en cuanto no son no engendradas. No obstante, duran y extienden su existencia a lo largo de una larga serie de edades conforme a la voluntad de Dios su Creador; de modo que Él les concede que sean así formadas al principio, y que así existan después.
3. Porque así como el cielo que está sobre nosotros, el firmamento, el sol, la luna, el resto de las estrellas y toda su grandeza, aunque no tenían existencia previa, fueron llamados a ser, y continúan a lo largo de un largo transcurso de tiempo según la voluntad de Dios, así también cualquiera que piense así respecto de las almas y los espíritus, y, de hecho, respecto de todas las cosas creadas, no andará en modo alguno muy descaminado, en cuanto todas las cosas que han sido hechas tuvieron un principio cuando fueron formadas, pero duran mientras Dios quiera que tengan existencia y continuación. El Espíritu profético da testimonio de estas opiniones, cuando declara: "Porque Él habló, y fueron hechos; Él mandó, y fueron creados: Él los ha establecido para siempre, sí, por los siglos de los siglos."3291 Y de nuevo, así habla respecto de la salvación del hombre: "Te pidió vida, y Tú le diste largura de días por los siglos de los siglos;"3292 indicando que es el Padre de todos quien imparte continuación por los siglos de los siglos a los que son salvos. Porque la vida no surge de nosotros, ni de nuestra propia naturaleza; sino que es otorgada según la gracia de Dios. Y por tanto, aquel que preserve la vida que le ha sido otorgada, y dé gracias a Aquel que se la impartió, recibirá también largura de días por los siglos de los siglos. Mas aquel que la rechace, y se muestre ingrato a su Hacedor, en cuanto ha sido creado y no ha reconocido a Aquel que otorgó [el don], se priva a sí mismo de [el privilegio de] continuación por los siglos de los siglos.3293 Y, por esta razón, el Señor declaró a aquellos que se mostraron ingratos hacia Él: "Si no habéis sido fieles en lo poco, ¿quién os dará lo grande?"3294 indicando que aquellos que, en esta breve vida temporal, se han mostrado ingratos a Aquel que la otorgó, justamente no recibirán de Él largura de días por los siglos de los siglos.
4. Pero así como el cuerpo animal ciertamente no es él mismo el alma, sin embargo tiene comunión con el alma mientras Dios quiere; así el alma misma no es vida,3295 sino que participa de aquella vida que Dios le otorga. Por lo cual también la palabra profética declara del hombre primeramente formado: "Fue hecho alma viviente,"3296 enseñándonos que por la participación de la vida el alma llegó a ser viva; de modo que el alma, y la vida que posee, deben entenderse como existencias separadas. Cuando Dios, por tanto, otorga vida y duración perpetua, sucede que aun las almas que no existían previamente deberán desde entonces durar [para siempre], puesto que Dios ha querido tanto que existan como que continúen en la existencia. Porque la voluntad de Dios debe gobernar y regir en todas las cosas, mientras todas las demás cosas ceden ante Él, están en sujeción y dedicadas a su servicio. Hasta aquí, pues, he hablado acerca de la creación y de la duración continuada del alma.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 34
- 3287. Grabe se refiere a Tertuliano, De Anima, cap. vii., como haciendo una declaración similar. Massuet, por otra parte, niega que Ireneo exprese aquí una opinión como la de Tertuliano en el pasaje referido, y piensa que la forma especial (character) mencionada debe entenderse como denotando simplemente propiedades espirituales individuales. Pero sus observaciones no son satisfactorias.
- 3288. Lucas xvi. 19, etc.
- 3289. Con Massuet y Stieren, suplimos aquí esse.
- 3290. Algunos leen resurgeret, y otros resurrexerit; consideramos preferible la primera lectura.
- 3291. Sal. cxlviii. 5, 6.
- 3292. Sal. xxi. 4.
- 3293. Como observa Massuet, esta declaración debe entenderse en armonía con la repetida afirmación de Ireneo de que los malvados existirán en miseria para siempre. No se refiere a la aniquilación, sino a la privación de la felicidad.
- 3294. Lucas xvi. 11, citado libremente de memoria. Grabe, sin embargo, piensa que están citados del Evangelio apócrifo según los egipcios.
- 3295. Comp. Justino Mártir, Dial. c. Tryph., cap. vi.
- 3296. Gén. ii. 7.
Refutación de Basílides, y de la opinión de que los profetas pronunciaron sus predicciones bajo la inspiración de dioses diferentes
II, 35
1. Además, en adición a lo que se ha dicho, el propio Basílides se verá, según sus propios principios, en la necesidad de sostener no sólo que hay trescientos sesenta y cinco cielos hechos en sucesión unos por otros, sino que una inmensa e innumerable multitud de cielos han estado siempre en el proceso de ser hechos, y están siendo hechos, y continuarán siendo hechos, de modo que la formación de cielos de este género no puede nunca cesar. Porque si del eflujo3297 del primer cielo fue hecho el segundo a su semejanza, y el tercero a semejanza del segundo, y así con todos los restantes subsiguientes, entonces se sigue, por necesidad, que del eflujo de nuestro cielo, que él ciertamente llama el último, se forme otro semejante a él, y de aquél a su vez un tercero; y así nunca pueden cesar, ni el proceso de eflujo de aquellos cielos que ya han sido hechos, ni la manufactura de [nuevos] cielos, sino que la operación debe proseguir ad infinitum, y dar lugar a un número de cielos que será del todo indefinido.
2. Los restantes de aquellos que falsamente se llaman gnósticos, y que sostienen que los profetas pronunciaron sus profecías bajo la inspiración de dioses diferentes, serán fácilmente derribados por este hecho: que todos los profetas proclamaron a un solo Dios y Señor, y al mismo Hacedor del cielo y de la tierra, y de todas las cosas que hay en ellos; mientras que además anunciaron el advenimiento de su Hijo, como demostraré a partir de las Escrituras mismas, en los libros que siguen.
3. Sin embargo, si alguno objeta que, en la lengua hebrea, en las Escrituras aparecen expresiones diversas [para representar a Dios], tales como Sabaoth, Eloé, Adonai y todos los demás términos semejantes, esforzándose por probar con ellos que hay diferentes potestades y dioses, que aprendan que todas las expresiones de esta clase no son sino anuncios y apelativos de uno y el mismo Ser. Pues el término Eloé en la lengua judía denota Dios, mientras Elōeim3298 y Eleōuth en la lengua hebrea significan "aquello que contiene todo." En cuanto al apelativo Adonai, a veces denota lo que es nombrable3299 y admirable; pero en otras ocasiones, cuando la letra Dálet en él se duplica, y la palabra recibe un sonido gutural inicial3300—así Addonai—[significa], "Uno que limita y separa la tierra del agua," para que el agua no sumerja posteriormente3301 la tierra. De igual manera también, Sabaoth,3302 cuando se escribe con una Omega griega en la última sílaba [Sabaōth], denota "un agente voluntario;" pero cuando se escribe con una Ómicron griega—como, por ejemplo, Sabaŏth—expresa "el primer cielo." De la misma manera, también, la palabra Jaōth,3303 cuando la última sílaba se hace larga y aspirada, denota "una medida predeterminada;" pero cuando se escribe brevemente con la letra griega Ómicron, a saber Jaŏth, significa "alguien que pone en fuga los males." Todas las demás expresiones igualmente sacan a relucir3304 el título de uno y el mismo Ser; como, por ejemplo (en español3305), El Señor de las Potestades, El Padre de todos, Dios Todopoderoso, El Altísimo, El Creador, El Hacedor, y cosas semejantes. Éstos no son los nombres y títulos de una sucesión de seres diferentes, sino de uno y el mismo, por medio de los cuales el único Dios y Padre es revelado, Aquel que contiene todas las cosas y concede a todos el don de la existencia.
4. Ahora bien, que la predicación de los apóstoles, la enseñanza autoritativa del Señor, los anuncios de los profetas, las declaraciones dictadas de los apóstoles,3306 y la ministración de la ley—todo lo cual alaba a uno y el mismo Ser, el Dios y Padre de todos, y no a muchos seres diversos, ni a uno que deriva su sustancia de dioses o potestades diferentes, sino [que declaran] que todas las cosas [fueron formadas] por uno y el mismo Padre (quien sin embargo adapta [Sus obras] a las naturalezas y tendencias de los materiales con los que trata), las cosas visibles e invisibles, y, en resumen, todas las cosas que han sido hechas [fueron creadas] ni por ángeles, ni por ninguna otra potestad, sino por Dios solo, el Padre—están todas en armonía con nuestras afirmaciones, ha sido, creo, suficientemente probado, mientras que por estos argumentos de peso se ha mostrado que hay un solo Dios, el Hacedor de todas las cosas. Mas para que no se piense que evito aquella serie de pruebas que pueden derivarse de las Escrituras del Señor (puesto que, en efecto, estas Escrituras proclaman mucho más evidente y claramente este mismo punto), dedicaré, para beneficio al menos de aquellos que no aportan una mente depravada a ellas, un libro especial a las Escrituras referidas, que las seguirá fielmente [y las explicará], y expondré claramente a partir de estas divinas Escrituras pruebas para [satisfacer] a todos los amantes de la verdad.3307
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 35
- 3297. Ex defluxu, correspondiente a ἐξ ἀποῤῥοίας en el griego.
- 3298. Eloæ aparece aquí en el texto latino, pero Harvey supone que el griego había sido ᾽Ελωείμ. También observa que Eloeuth ( אֱלָהוּת ) es el término rabínico abstracto, Deidad.
- 3299. Todo lo que puede observarse sobre esto es que los judíos sustituían el término Adonai ( אֲדֹנַי ) por el nombre Jehová, siempre que este último ocurría en el texto sagrado. El primero podría por tanto llamarse nombrable.
- 3300. El texto latino es: "aliquando autem duplicata litera delta cum aspiratione," y Harvey supone que la duplicación de la Dálet daría "a la apenas articulada א un carácter más decididamente gutural;" pero el sentido es sumamente dudoso.
- 3301. En lugar de "nec posteaquam insurgere," Feuardent y Massuet leen "ne possit insurgere," e incluyen la cláusula en la definición de Addonai.
- 3302. El autor está aquí completamente equivocado, y, a pesar de la enérgica reivindicación que Harvey hace de su conocimiento del hebreo, parece claramente traicionar su ignorancia de esa lengua. El término Sabaoth nunca se escribe con Ómicron, ni en la LXX ni por los Padres griegos, sino siempre con Omega ( Σαβαώθ ). Aunque Harvey observa en su prefacio que "Se espera que las realizaciones hebreas de Ireneo ya no sean negadas," aparece bastante, en las etimologías y explicaciones de términos hebreos dadas en este capítulo por el venerable Padre, para impedir tal conclusión; y la observación de Massuet sobre el pasaje parece no improbable, cuando dice: "Sciolus quispiam Irenæo nostro, in Hebraicis haud satis perito, hic fucum ecisse videtur."
- 3303. Probablemente correspondiente al término hebreo Jehová ( יְהֹוָה )
- 3304. Literalmente, "pertenecen a uno y el mismo nombre."
- 3305. "Secundum Latinitatem" en el texto.
- 3306. Las palabras son "apostolorum dictatio," probablemente refiriéndose a las cartas de los apóstoles, a diferencia de su predicación ya mencionada.
- 3307. Esta última frase es muy confusa y ambigua, y los editores arrojan poca luz sobre ella. Hemos procurado traducirla según el texto y la puntuación ordinarios, pero sospechamos fuertemente interpolación y corrupción. Si nos atreviéramos a suprimir "has Scripturas," y conectar "his tamen" con "prædicantibus," se obtendría un sentido mejor, como sigue: "Mas para que no se piense que evito aquella serie de pruebas que pueden derivarse de las Escrituras del Señor (puesto que, en efecto, estas Escrituras exponen mucho más evidente y claramente este mismo punto, al menos para aquellos que no aportan una mente depravada a su consideración), dedicaré el libro particular que sigue a ellas, y," etc.
III, prefacio
Tú me has encomendado ciertamente, mi muy querido amigo, que saque a la luz las doctrinas de los valentinianos, ocultas, como imaginan sus adeptos; que exponga su diversidad y componga un tratado en refutación de ellas. Por tanto, he emprendido —mostrando que proceden de Simón, padre de todos los herejes— exponer tanto sus doctrinas como sus sucesiones, y presentar argumentos contra todos ellos. Por lo cual, puesto que la refutación de estos hombres y su exposición constituyen en muchos puntos una sola obra, te he enviado ciertos libros, de los cuales el primero comprende las opiniones de todos estos hombres, y expone sus costumbres y el carácter de su conducta. En el segundo, a su vez, sus perversas enseñanzas son derribadas y abatidas, y, tales como realmente son, quedan desnudas y expuestas a la vista. Pero en este tercer libro aduciré pruebas tomadas de las Escrituras, para no quedar atrás en nada de lo que me has encomendado; sí, para que, por encima de lo que esperabas, recibas de mí los medios de combatir y vencer a quienes, de cualquier modo, propagan la falsedad. Porque el amor de Dios, siendo rico y sin mezquindad, concede al suplicante más de lo que éste puede pedirle. Recuerda, pues, las cosas que he expuesto en los dos libros precedentes, y, tomándolas en relación con ellas, tendrás de mí una refutación muy copiosa de todos los herejes; y fiel y valientemente les resistirás en defensa de la única fe verdadera y vivificante, que la Iglesia ha recibido de los apóstoles y ha comunicado a sus hijos. Porque el Señor de todas las cosas dio a Sus apóstoles el poder del Evangelio, por medio de los cuales también hemos conocido la verdad, es decir, la doctrina del Hijo de Dios; a quienes también declaró el Señor: "El que os oye, a mí me oye; y el que os desprecia, a mí me desprecia, y a Aquel que me envió".3308
Comentario editorial · Notas de la edición · III, prefacio
- 3308. Lucas x. 16.
Los apóstoles no comenzaron a predicar el Evangelio, ni a poner nada por escrito, hasta que fueron dotados de los dones y del poder del Espíritu Santo. Predicaron a un solo Dios, Hacedor del cielo y de la tierra
III, 1
Nosotros hemos aprendido de ningún otro el plan de nuestra salvación, sino de aquellos por quienes el Evangelio ha llegado hasta nosotros, el cual proclamaron una vez en público y, en un período posterior, por voluntad de Dios, nos lo entregaron en las Escrituras, para que fuera el fundamento y columna de nuestra fe.3309 Porque es ilícito afirmar que predicaron antes de poseer "el conocimiento perfecto", como algunos incluso se atreven a decir, jactándose de ser mejoradores de los apóstoles. Pues, después de que nuestro Señor resucitó de entre los muertos, [los apóstoles] fueron revestidos de poder desde lo alto cuando el Espíritu Santo descendió [sobre ellos], fueron llenos de todos [sus dones] y tuvieron conocimiento perfecto: partieron hasta los confines de la tierra, predicando las buenas nuevas de los bienes [enviados] de Dios a nosotros, y proclamando la paz del cielo a los hombres, quienes ciertamente todos, igual e individualmente, poseen el Evangelio de Dios. Mateo también publicó un Evangelio escrito entre los hebreos3310 en su propio dialecto, mientras Pedro y Pablo predicaban en Roma y ponían los fundamentos de la Iglesia. Después de su partida, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, nos entregó también por escrito lo que Pedro había predicado. También Lucas, compañero de Pablo, puso por escrito en un libro el Evangelio predicado por él. Después, Juan, el discípulo del Señor, que también se había recostado sobre su pecho, publicó él mismo un Evangelio durante su estancia en Éfeso, en Asia.
2. Estos todos nos han declarado que hay un solo Dios, Creador del cielo y de la tierra, anunciado por la ley y los profetas; y un solo Cristo, el Hijo de Dios. Si alguno no está de acuerdo con estas verdades, desprecia a los compañeros del Señor; más aún, desprecia a Cristo mismo, el Señor; sí, desprecia también al Padre, y se condena a sí mismo, resistiéndose y oponiéndose a su propia salvación, como sucede con todos los herejes.
Comentario editorial · Notas de la edición · III, 1
- 3309. Véase 1 Tim. iii. 15, donde estos términos se usan en referencia a la Iglesia.
- 3310. Sobre ésta y otras declaraciones semejantes en los Padres, el lector puede consultar Discussions on the Gospels del Dr. Roberts, en las que se las critica ampliamente, y se sostiene el original griego del Evangelio de San Mateo.
Los herejes no siguen ni la Escritura ni la tradición
III, 2
1. Cuando, sin embargo, son refutados por las Escrituras, se vuelven y acusan a estas mismas Escrituras, como si no fueran correctas ni tuvieran autoridad, y [afirman] que son ambiguas, y que la verdad no puede extraerse de ellas por quienes ignoran la tradición. Pues [alegan] que la verdad no fue transmitida por documentos escritos, sino vivâ voce; por lo cual también Pablo declaró: "Pero hablamos sabiduría entre los perfectos, pero no la sabiduría de este mundo."3311 Y esta sabiduría, cada uno de ellos alega que es la ficción de su propia invención, en verdad; de modo que, según su idea, la verdad propiamente reside unas veces en Valentín, otras en Marción, otras en Cerinto, luego después en Basílides, o incluso ha estado indistintamente en cualquier otro adversario,3312 que nada podía decir tocante a la salvación. Porque cada uno de estos hombres, siendo enteramente de disposición perversa, corrompiendo el sistema de la verdad, no se avergüenza de predicarse a sí mismo.
2. Pero, de nuevo, cuando los remitimos a aquella tradición que procede de los apóstoles, [y] que es preservada por medio de la sucesión de los presbíteros en las Iglesias, objetan contra la tradición, diciendo que ellos mismos son más sabios no meramente que los presbíteros, sino incluso que los apóstoles, porque han descubierto la verdad no adulterada. Pues [sostienen] que los apóstoles mezclaron las cosas de la ley con las palabras del Salvador; y que no sólo los apóstoles, sino incluso el Señor mismo, habló unas veces desde el Demiurgo, otras desde el lugar intermedio, y otras aún desde el Pléroma; pero que ellos mismos, indudablemente, sin mancha y puramente, poseen el conocimiento del misterio oculto: ¡esto es, en verdad, blasfemar contra su Creador de la manera más impudente! Se llega, por tanto, a esto: que estos hombres ahora no consienten ni con la Escritura ni con la tradición.
3. Tales son los adversarios con los que tenemos que habérnoslas, mi muy querido amigo, que se esfuerzan como resbaladizas serpientes por escapar en todos los puntos. Por lo cual hay que oponérseles en todos los puntos, por si acaso, cortándoles la retirada, logramos volverlos a la verdad. Pues, aunque no es cosa fácil para un alma bajo la influencia del error arrepentirse, sin embargo, por otra parte, no es del todo imposible escapar del error cuando la verdad se presenta junto a él.
Comentario editorial · Notas de la edición · III, 2
- 3311. 1 Cor. ii. 6.
- 3312. Ésta es la traducción que da Harvey del latín antiguo, in illo qui contra disputat.
Refutación de los herejes, a partir del hecho de que, en las diversas Iglesias, se mantuvo una sucesión perpetua de obispos
III, 3
1. Está, por tanto, al alcance de todos, en cada Iglesia, que deseen ver la verdad, contemplar claramente la tradición de los apóstoles manifestada en todo el mundo; y estamos en posición de enumerar a aquellos que fueron instituidos por los apóstoles como obispos en las Iglesias, y [de demostrar] la sucesión de estos hombres hasta nuestros tiempos; los que ni enseñaron ni conocieron nada semejante a lo que estos [herejes] desvarían. Pues si los apóstoles hubieran conocido misterios ocultos, que solían impartir a "los perfectos" aparte y en privado del resto, los habrían entregado especialmente a aquellos a quienes también confiaban las Iglesias mismas. Porque deseaban que estos hombres fueran muy perfectos e irreprensibles en todas las cosas, a quienes también dejaban atrás como sucesores suyos, entregándoles su propio lugar de gobierno; los cuales, si desempeñaban sus funciones con honradez, serían un gran bien [para la Iglesia], pero si se apartaban, la calamidad más terrible.
2. Puesto que, sin embargo, sería muy tedioso, en un volumen como éste, enumerar las sucesiones de todas las Iglesias, confundimos a todos aquellos que, de cualquier manera, ya sea por un mal complacerse a sí mismos, por vanagloria, o por ceguera y opinión perversa, se reúnen en asambleas no autorizadas; [esto lo hacemos, digo,] al indicar aquella tradición derivada de los apóstoles, de la muy grande, muy antigua y universalmente conocida Iglesia fundada y organizada en Roma por los dos más gloriosos apóstoles, Pedro y Pablo; así como [al señalar] la fe predicada a los hombres, que llega hasta nuestro tiempo por medio de las sucesiones de los obispos. Porque es asunto de necesidad que toda Iglesia esté de acuerdo con esta Iglesia, a causa de su autoridad preeminente,3313 es decir, los fieles de todas partes, en cuanto que la tradición apostólica ha sido preservada continuamente por aquellos [hombres fieles] que existen en todas partes.
3. Los bienaventurados apóstoles, pues, habiendo fundado y edificado la Iglesia, entregaron en manos de Lino el oficio del episcopado. De este Lino hace mención Pablo en las Epístolas a Timoteo. Le sucedió Anacleto; y después de él, en tercer lugar desde los apóstoles, Clemente recibió en suerte el obispado. Este hombre, como había visto a los bienaventurados apóstoles y había tenido trato con ellos, podría decirse que tenía aún resonando [en sus oídos] la predicación de los apóstoles, y sus tradiciones ante sus ojos. Y no era él solo [en esto], pues quedaban aún muchos que habían recibido instrucción de los apóstoles. En tiempo de este Clemente, habiendo surgido no poca disensión entre los hermanos de Corinto, la Iglesia de Roma despachó a los corintios una carta poderosísima, exhortándolos a la paz, renovando su fe y declarando la tradición que hacía poco había recibido de los apóstoles, proclamando al único Dios omnipotente, Hacedor del cielo y de la tierra, Creador del hombre, que trajo el diluvio, llamó a Abraham, sacó al pueblo de la tierra de Egipto, habló con Moisés, dio la ley, envió a los profetas, y que ha preparado fuego para el diablo y sus ángeles. Por este documento, quienquiera que así lo desee, puede aprender que Él, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, fue predicado por las Iglesias, y puede también comprender la tradición apostólica de la Iglesia, puesto que esta Epístola es más antigua que estos hombres que ahora propagan la falsedad, y que conjuran la existencia de otro dios además del Creador y Hacedor de todas las cosas existentes. A este Clemente sucedió Evaristo. A Evaristo siguió Alejandro; luego, el sexto desde los apóstoles, fue nombrado Sixto; después de él, Telesforo, que fue gloriosamente martirizado; luego Hipino; después de él, Pío; luego, después de él, Aniceto. Habiendo sucedido Soter a Aniceto, Eleuterio ocupa ahora, en el duodécimo lugar desde los apóstoles, la herencia del episcopado. En este orden, y por esta sucesión, la tradición eclesiástica de los apóstoles y la predicación de la verdad han llegado hasta nosotros. Y ésta es la prueba más abundante de que hay una y la misma fe vivificante, que ha sido preservada en la Iglesia desde los apóstoles hasta ahora, y transmitida en verdad.
4. Pero Policarpo también no fue solamente instruido por los apóstoles y conversó con muchos que habían visto a Cristo, sino que fue, por los apóstoles en Asia, nombrado obispo de la Iglesia de Esmirna; a quien yo también vi en mi primera juventud, pues permaneció [en la tierra] muchísimo tiempo, y, siendo ya muy anciano, sufriendo gloriosa y nobilísimamente el martirio,3314 partió de esta vida, habiendo enseñado siempre las cosas que había aprendido de los apóstoles, y que la Iglesia ha transmitido, y que solo ellas son verdaderas. De estas cosas dan testimonio todas las Iglesias asiáticas, así como también aquellos hombres que han sucedido a Policarpo hasta el presente; hombre éste de mucho mayor peso y testigo más firme de la verdad que Valentín, Marción y los demás herejes. Fue él quien, viniendo a Roma en tiempo de Aniceto, hizo que muchos se apartaran de los herejes antedichos hacia la Iglesia de Dios, proclamando que había recibido de los apóstoles esta única y exclusiva verdad, a saber, aquella que es transmitida por la Iglesia.3315 Hay también quienes oyeron de él que Juan, el discípulo del Señor, yendo a bañarse a Éfeso, y advirtiendo que Cerinto estaba dentro, salió corriendo del baño sin bañarse, exclamando: "Huyamos, no sea que hasta el baño se derrumbe, porque Cerinto, el enemigo de la verdad, está dentro." Y el mismo Policarpo respondió a Marción, que lo encontró en una ocasión y le dijo: "¿Me conoces?" "Te conozco, primogénito de Satanás." Tal era el horror que los apóstoles y sus discípulos tenían de mantener siquiera comunicación verbal con los corruptores de la verdad; como también dice Pablo: "Al hombre hereje, después de la primera y segunda amonestación, recházalo; sabiendo que el tal se ha pervertido y peca, condenándose a sí mismo."3316 Hay también una muy poderosa3317 Epístola de Policarpo escrita a los filipenses, de la cual quienes así lo deseen y estén ansiosos por su salvación pueden aprender el carácter de su fe y la predicación de la verdad. Además, la Iglesia de Éfeso, fundada por Pablo, y que tuvo a Juan permaneciendo entre ellos de modo permanente hasta los tiempos de Trajano, es un testigo verdadero de la tradición de los apóstoles.
Comentario editorial · Notas de la edición · III, 3
- 3313. El texto latino de esta cláusula difícil pero importante es: "Ad hanc enim ecclesiam propter potiorem principalitatem necesse est omnem convenire ecclesiam." Tanto el texto como el significado han suscitado aquí mucha discusión. Es imposible decir con certeza de qué palabras del original griego puede ser traducción "potiorem principalitatem". Estamos lejos de estar seguros de que la traducción dada arriba sea correcta, pero no hemos podido pensar en nada mejor. [Una confesión de lo más extraordinaria. Sería difícil encontrar una peor; pero tómese lo siguiente de un católico romano sincero, que es mejor y más literal: "Pues a esta Iglesia, a causa de un principado más potente, es necesario que toda Iglesia (es decir, los que de todas partes son fieles) acuda; en la cual Iglesia, por los que de todas partes, se ha conservado siempre aquella tradición que procede de los apóstoles." (Berington y Kirk, vol. i, p. 252.) Aquí es obvio que la fe se mantuvo en Roma por los que allí acuden de todas partes. Era un espejo del mundo católico, debiendo su ortodoxia a ellos; no el Sol, que dispensa su propia luz a otros, sino el cristal que reúne sus rayos en un foco. Véase la nota al final del libro iii.] Una discusión del tema puede verse en el cap. xii. de St. Hippolytus and the Church of Rome del Dr. Wordsworth.
- 3314. Policarpo sufrió hacia el año 167, en el reinado de Marco Aurelio. Su gran edad de ochenta y seis años implica que fue contemporáneo de San Juan durante casi veinte años.
- 3315. Así el griego. El latín dice: "la cual él transmitió también a la Iglesia."
- 3316. Tito iii. 10.
- 3317. ἰκανωτάτη. Harvey traduce esto por plenamente suficiente, y así parafrasea: Pero su Epístola es plenamente suficiente para enseñar a los que desean aprender.