Doctrinas de los cainitas
I, 31
Otros, a su vez, declaran que Caín obtuvo su ser del Poder de lo alto, y reconocen que Esaú, Coré, los sodomitas y todos los de esta clase están emparentados consigo mismos. Por esta razón, añaden, han sido atacados por el Creador, y sin embargo ninguno de ellos ha sufrido daño. Pues Sofía tenía por costumbre arrebatarles hacia sí lo que le pertenecía. Declaran que Judas el traidor estaba plenamente instruido en estas cosas, y que él solo, conociendo la verdad como ningún otro, consumó el misterio de la traición; por él todas las cosas, tanto terrenas como celestiales, fueron así sumidas en confusión. Producen una historia ficticia de este género, a la que titulan el Evangelio de Judas.
También he hecho una colección de sus escritos en los que abogan por la abolición de las obras de la Hystera.2982 Además, llaman a esta Hystera la creadora del cielo y de la tierra. Sostienen asimismo, como Carpócrates, que los hombres no pueden salvarse hasta haber pasado por toda clase de experiencias. Un ángel, afirman, los asiste en cada una de sus acciones pecaminosas y abominables, y los incita a aventurarse en la audacia y a incurrir en contaminación. Cualquiera que sea la naturaleza2983 de la acción, declaran que la hacen en nombre del ángel, diciendo: "Oh ángel, uso tu obra; oh poder, realizo tu operación." Y sostienen que esto es "conocimiento perfecto", sin retroceder ante lanzarse a acciones tales que ni siquiera es lícito nombrar.
Era necesario demostrar con claridad que, como lo exhiben sus propias opiniones y reglas, los de la escuela de Valentín derivan su origen de tales madres, padres y antepasados, y también presentar sus doctrinas, con la esperanza de que quizá algunos de ellos, ejercitando el arrepentimiento y volviendo al único Creador y Dios Formador del universo, obtengan la salvación, y de que otros no sean arrastrados en adelante por sus perversas, aunque plausibles, persuasiones, imaginando que obtendrán de ellas el conocimiento de algunos misterios mayores y más sublimes. Pero que más bien, aprendiendo de nosotros con provecho las perversas doctrinas de estos hombres, miren con desprecio sus enseñanzas, al tiempo que compadecen a quienes, aferrándose todavía a estas fábulas miserables y sin fundamento, han llegado a tal grado de arrogancia que se consideran superiores a todos los demás a causa de tal conocimiento, o, como más bien debería llamarse, ignorancia. Ahora han quedado plenamente al descubierto; y el simple hecho de exponer sus sentimientos es obtener una victoria sobre ellos.
Por lo cual me he esforzado en sacar a luz y manifestar claramente la carroña enteramente descompuesta de esta miserable zorrilla.2984 Porque ya no hará falta emplear muchas palabras para derribar su sistema de doctrina, una vez que ha quedado manifiesto a todos. Es como cuando una bestia se oculta en un bosque y, lanzándose desde él, acostumbra destruir multitudes: el que bate los alrededores del bosque y lo explora a fondo, de modo de obligar al animal a salir de su cubil, no se esfuerza por capturarlo, viendo que es en verdad una bestia feroz; pero los presentes pueden entonces vigilar y evitar sus acometidas, y arrojarle dardos por todos lados, y herirla, y finalmente matar a ese bruto destructor. Así, en nuestro caso, puesto que hemos sacado a la luz sus misterios ocultos, que guardan en silencio entre sí, ya no será necesario usar muchas palabras para destruir su sistema de opiniones. Pues ahora está en tu poder, y en el poder de todos tus compañeros, familiarizaros con lo dicho, derribar sus malvadas e indigestas doctrinas y exponer doctrinas conformes a la verdad. Puesto que así es el caso, yo, conforme a la promesa y en la medida de mi capacidad, me esforzaré por derribarlos, refutándolos a todos en el libro siguiente. Aun dar cuenta de ellos es asunto tedioso, como ves.2985 Pero proporcionaré los medios para derribarlos, saliendo al encuentro de todas sus opiniones en el orden en que han sido descritas, a fin de no sólo exponer la bestia salvaje a la vista, sino también infligirle heridas por todos lados.
Comentario editorial · Notas de la edición · I, 31
- 2982. Según Harvey, la Hystera corresponde a las "pasiones" de Ajamot. [Nótese el "americanismo", advocate usado como verbo.]
- 2983. El texto es aquí imperfecto, y la traducción sólo conjetural.
- 2984. [Cant. ii. 15; San Lucas xiii. 32.]
- 2985. [Tenga presente el lector que el griego de este autor original y preciosísimo existe sólo en fragmentos. Estamos leyendo la traducción de una traducción; el latín muy rudo, y el asunto en sí lleno de dificultades. Puede aún descubrirse que algunas de las faltas de la obra no son imputables a Ireneo.]
II, prefacio
En el primer libro, que precede inmediatamente a éste, al exponer la "ciencia falsamente llamada así",2986 te mostré, amigo muy querido, que todo el sistema ideado, de muchas y contrarias maneras, por los de la escuela de Valentín era falso y sin fundamento. Expuse también las doctrinas de sus predecesores, probando que no sólo discrepaban entre sí, sino que mucho antes se habían apartado de la verdad misma. Expliqué además, con toda diligencia, la doctrina y la práctica de Marcos el mago, pues también él pertenece a estos hombres; y examiné con cuidado2987 los pasajes que mutilan de las Escrituras, con miras a adaptarlos a sus propias ficciones. Narré asimismo minuciosamente la manera en que, por medio de los números y de las veinticuatro letras del alfabeto, se esfuerzan audazmente por establecer [lo que consideran] la verdad. He relatado también cómo piensan y enseñan que la creación en general fue formada según la imagen de su invisible Pléroma, y lo que sostienen respecto del Demiurgo, declarando al mismo tiempo la doctrina de Simón el Mago de Samaria, su progenitor, y de todos los que le sucedieron. Mencioné, además, la multitud de aquellos gnósticos que han brotado de él, y señalé2988 los puntos de diferencia entre ellos, sus diversas doctrinas y el orden de su sucesión, mientras expuse todas las herejías que ellos han originado. Mostré, además, que todos estos herejes, tomando origen de Simón, han introducido doctrinas impías e irreligiosas en esta vida; y expliqué la naturaleza de su "redención", y su método de iniciar a los que son hechos "perfectos", junto con sus invocaciones y sus misterios. Probé también que hay un solo Dios, el Creador, y que Él no es fruto de ningún defecto, ni hay nada por encima de Él ni después de Él. En el presente libro, estableceré los puntos que cuadran con mi designio, en cuanto el tiempo lo permita, y derribaré, mediante un tratamiento extenso bajo capítulos distintos, todo su sistema; por lo cual, siendo una exposición y subversión de sus opiniones, he titulado así la composición de esta obra. Pues conviene, mediante una revelación llana y una destrucción de sus conjunciones, poner fin a estas alianzas ocultas,2989 y al Bytos mismo, y obtener así la demostración de que jamás existió en tiempo anterior alguno, ni tiene ahora existencia.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, prefacio
- 2986. 1 Tim. vi. 20.
- 2987. [Nótese este "americanismo".]
- 2988. [Nótese este "americanismo".]
- 2989. Este pasaje es muy oscuro: hemos suplido "et", que, como conjetura Harvey, puede haberse caído del texto.
No hay más que un solo Dios: la imposibilidad de que sea de otro modo
II, 1
Conviene, pues, que comience por la primera y más importante cuestión, es decir, Dios el Creador, que hizo el cielo y la tierra y todas las cosas que hay en ellos (a quien estos hombres llaman blasfemamente fruto de un defecto), y que demuestre que no hay nada ni por encima de Él ni después de Él; ni que, movido por alguien, sino por su propia voluntad libre, creó todas las cosas, puesto que Él es el único Dios, el único Señor, el único Creador, el único Padre, que solo contiene todas las cosas y que Él mismo manda que todas las cosas existan.
Porque ¿cómo puede haber otra Plenitud, o Principio, o Poder, o Dios, por encima de Él, siendo de necesidad que Dios, el Pléroma (la Plenitud) de todas estas cosas, contenga todas las cosas en su inmensidad, y no sea contenido por nadie? Pero si hay algo más allá de Él, entonces no es el Pléroma de todo, ni contiene todo. Pues aquello que declaran estar más allá de Él faltará al Pléroma, o, [en otras palabras,] a aquel Dios que está por encima de todas las cosas. Pero lo que falta, y de algún modo es deficiente, no es el Pléroma de todas las cosas. En tal caso, Él tendría a la vez principio, medio y fin con respecto a los que están más allá de Él. Y si tiene fin respecto de las cosas que están abajo, tiene también principio respecto de las que están arriba. De igual manera, hay una necesidad absoluta de que Él experimente exactamente lo mismo en todos los demás puntos, y sea contenido, limitado y encerrado por las existencias que están fuera de Él. Pues aquel ser que es el fin hacia abajo, necesariamente circunscribe y rodea a aquel que halla su fin en él. Y así, según ellos, el Padre de todas las cosas (es decir, Aquel a quien llaman Proön y Proarjé), con su Pléroma, y el buen Dios de Marción, queda establecido y encerrado en algún otro, y es rodeado desde fuera por otro Ser poderoso, que necesariamente ha de ser mayor, por cuanto lo que contiene es mayor que lo que es contenido. Pero entonces lo que es mayor es también más fuerte, y en mayor grado Señor; y lo que es mayor, y más fuerte, y en mayor grado Señor, ha de ser Dios.
Ahora bien, puesto que existe, según ellos, también algo distinto que declaran estar fuera del Pléroma, al cual sostienen además que descendió aquel poder superior que se extravió, es de todo punto necesario que el Pléroma o contenga lo que está más allá, y sin embargo sea contenido (pues de otro modo no estará más allá del Pléroma; porque si hay algo más allá del Pléroma, habrá un Pléroma dentro de este mismo Pléroma que ellos declaran estar fuera del Pléroma, y el Pléroma será contenido por aquello que está más allá; y con el Pléroma se entiende también el primer Dios); o, de nuevo, han de estar separados entre sí por una distancia infinita —el Pléroma [quiero decir] y aquello que está más allá de él. Pero si sostienen esto, habrá entonces una tercera clase de existencia, que separa por la inmensidad al Pléroma y a aquello que está más allá de él. Esta tercera clase de existencia, por tanto, limitará y contendrá a los otros dos, y será mayor tanto que el Pléroma como que aquello que está más allá de él, por cuanto contiene a ambos en su seno. De este modo, se podría seguir hablando sin fin acerca de las cosas contenidas y de las que contienen. Pues si esta tercera existencia tiene su principio arriba y su fin abajo, hay necesidad absoluta de que esté también limitada por los lados, ya sea comenzando o cesando en otros puntos determinados [donde comienzan nuevas existencias]. Éstas, a su vez, y otras que están arriba y abajo, tendrán sus principios en otros puntos determinados, y así ad infinitum; de modo que sus pensamientos jamás descansarían en un solo Dios, sino que, a consecuencia de buscar más de lo que existe, se extraviarían hacia lo que no tiene existencia, y se apartarían del Dios verdadero.
Estas observaciones son, asimismo, aplicables contra los seguidores de Marción. Pues sus dos dioses serán también contenidos y circunscritos por un inmenso intervalo que los separa entre sí. Pero entonces hay necesidad de suponer una multitud de dioses separados entre sí por una distancia inmensa en todas direcciones, que comienzan unos de otros y terminan unos en otros. Así, por el mismo proceso de razonamiento en que se apoyan para enseñar que hay un cierto Pléroma o Dios por encima del Creador del cielo y de la tierra, cualquiera que elija emplearlo puede sostener que hay otro Pléroma por encima del Pléroma, y por encima de éste otro, y por encima del Bytos otro océano de Divinidad; mientras que del mismo modo se mantienen las mismas sucesiones con respecto a los lados; y así, fluyendo su doctrina hacia la inmensidad, habrá siempre necesidad de concebir otros Pléromas y otros Bytos, de suerte que nunca se detengan en momento alguno, sino que continúen siempre buscando otros además de los ya mencionados. Además, será incierto si estos que concebimos están abajo o son, de hecho, ellos mismos las cosas que están arriba; y, de igual manera, [será dudoso] respecto de las cosas que ellos dicen estar arriba, si están realmente arriba o abajo; y así nuestras opiniones no tendrán conclusión fija ni certeza, sino que necesariamente vagarán tras mundos sin límites y dioses que no pueden numerarse.
Siendo esto así, cada deidad se contentará con sus propias posesiones, y no se moverá por curiosidad alguna respecto de los asuntos de las demás; de otro modo sería injusta y rapaz, y dejaría de ser lo que Dios es. También cada creación glorificará a su propio hacedor, y se contentará con él, sin conocer a ningún otro; de otro modo, con toda justicia sería tenida por apóstata por todas las demás, y recibiría un castigo ricamente merecido. Pues ha de ser o bien que hay un solo Ser que contiene todas las cosas, y formó en su propio territorio todas las cosas que han sido creadas, conforme a su propia voluntad; o bien, de nuevo, que hay numerosos creadores y dioses ilimitados, que comienzan unos de otros y terminan unos en otros por todos lados; y entonces será necesario permitir que todos los demás son contenidos desde fuera por alguien mayor, y que cada uno de ellos está encerrado dentro de su propio territorio y permanece en él. Por tanto, ninguno de todos ellos es Dios. Pues habrá [mucho] que falte a cada uno de ellos, poseyendo [como poseerá] sólo una parte muy pequeña comparada con todos los demás. El nombre del Omnipotente será así llevado a su fin, y semejante opinión caerá por necesidad en la impiedad.
El mundo no fue formado por ángeles, ni por otro ser alguno, contra la voluntad del Dios altísimo, sino que fue hecho por el Padre por medio del Verbo.2990
II, 2
Los que, además, dicen que el mundo fue formado por ángeles, o por cualquier otro hacedor suyo, contra la voluntad de Aquel que es el Padre Supremo, yerran en primer lugar precisamente en esto: en que sostienen que los ángeles formaron una creación tan grande y poderosa contra la voluntad del Dios Altísimo. Esto implicaría que los ángeles eran más poderosos que Dios; o, si no es así, que Él era negligente, o inferior, o no prestaba atención a las cosas que ocurrían entre sus propias posesiones, ya fuesen malas o buenas, de modo que pudiera expulsar y prevenir las unas, mientras alababa y se regocijaba con las otras. Pero si tal conducta no se atribuiría siquiera a un hombre de cierta capacidad, ¡cuánto menos a Dios!
Que nos digan, a continuación, si estas cosas han sido formadas dentro de los límites que están contenidos por Él y en su territorio propio, o en regiones ajenas, que están más allá de Él. Pero si dicen [que estas cosas fueron hechas] más allá de Él, entonces les saldrán al paso todos los absurdos ya mencionados, y el Dios Supremo quedará encerrado por aquello que está más allá de Él, en lo cual será además necesario que halle su fin. Si, por el contrario, [estas cosas fueron hechas] dentro de su propio territorio, será muy vano decir que el mundo fue formado así, dentro de su propio territorio y contra su voluntad, por ángeles que están ellos mismos bajo su poder, o por cualquier otro ser, como si Él mismo no contemplara todas las cosas que acontecen entre sus propias posesiones, o2991 no tuviera conocimiento de las cosas que los ángeles iban a hacer.
Si, no obstante, [las cosas referidas fueron hechas] no contra su voluntad, sino con su consentimiento y conocimiento, como piensan algunos [de estos hombres], los ángeles, o el Formador del mundo [quienquiera que haya sido], ya no serán las causas de aquella formación, sino la voluntad de Dios. Porque si Él es el Formador del mundo, Él también hizo los ángeles, o al menos fue la causa de su creación; y será considerado como hacedor del mundo quien preparó las causas de su formación. Aunque sostengan que los ángeles fueron hechos por una larga sucesión descendente, o que el Formador del mundo [brotó] del Padre Supremo, como afirma Basílides; sin embargo, la causa de las cosas que han sido hechas se remontará siempre a Aquel que fue el Autor de tal sucesión. [El caso está] exactamente como respecto del éxito en la guerra, que se atribuye al rey que preparó las cosas que son causa de la victoria; y, de igual manera, la creación de un estado, o de cualquier obra, se refiere a aquel que preparó los materiales para la realización de los resultados que después se produjeron. Por lo cual, no decimos que fue el hacha la que cortó la madera, ni la sierra la que la dividió; sino que con toda propiedad se diría que el hombre cortó y dividió, el cual formó el hacha y la sierra para este fin, y [que también formó] en fecha mucho más temprana todos los instrumentos con que el hacha y la sierra mismas fueron formadas. Con justicia, por tanto, conforme a un proceso análogo de razonamiento, el Padre de todas las cosas será declarado el Formador de este mundo, y no los ángeles, ni ningún otro [así llamado] formador del mundo, distinto de Aquel que fue su Autor, y que anteriormente2992 había sido la causa de la preparación para una creación de este género.
Esta manera de hablar puede quizá ser plausible o persuasiva para quienes no conocen a Dios, y lo asemejan a hombres indigentes, y a quienes no pueden formar cosa alguna de inmediato y sin ayuda, sino que requieren muchos instrumentos para producir lo que se proponen. Pero no será considerada en modo alguno probable por quienes saben que Dios no necesita de nada, y que Él creó e hizo todas las cosas por su Verbo, sin requerir ángeles que le asistieran en la producción de las cosas hechas, ni poder alguno muy inferior a Él e ignorante del Padre, ni defecto o ignorancia alguna, a fin de que aquel que le conociera pudiera llegar a ser hombre.2993 Antes bien, Él mismo en sí mismo, de una manera que no podemos describir ni concebir, predestinando todas las cosas, las formó como le plugo, otorgando armonía a todas las cosas y asignándoles su propio lugar y el comienzo de su creación. De este modo confirió a las cosas espirituales una naturaleza espiritual e invisible; a las supercelestales, celestial; a los ángeles, angelical; a los animales, animal; a los seres que nadan, una naturaleza adecuada al agua; y a los que viven en la tierra, una apropiada para la tierra; a todos, en fin, una naturaleza adecuada al carácter de la vida que les fue asignada—mientras formaba todas las cosas hechas por su Verbo que jamás se cansa.
Porque esto es una peculiaridad de la preeminencia de Dios: no necesitar de otros instrumentos para la creación de las cosas que son llamadas a la existencia. Su propio Verbo es a la vez apto y suficiente para la formación de todas las cosas, como declara respecto de Él Juan, el discípulo del Señor, "Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada fue hecho."2994 Ahora bien, entre las "todas las cosas" debe quedar abarcado nuestro mundo. Éste, por tanto, también fue hecho por su Verbo, como nos dice la Escritura en el libro del Génesis que Él hizo todas las cosas relacionadas con nuestro mundo por su Verbo. David expresa también la misma verdad [cuando dice]: "Porque Él habló, y fueron hechas; Él mandó, y fueron creadas."2995 ¿A quién, por tanto, creeremos en cuanto a la creación del mundo: a estos herejes ya mencionados que parlotean tan neciamente e inconsistentemente sobre el asunto, o a los discípulos del Señor y a Moisés, que fue a la vez fiel siervo de Dios y profeta? Él narró al principio la formación del mundo con estas palabras: "En el principio creó Dios el cielo y la tierra,"2996 y todas las demás cosas sucesivamente; pero ni dioses ni ángeles [tuvieron parte alguna en la obra].
Ahora bien, que este Dios es el Padre de nuestro Señor Jesucristo, lo ha declarado también Pablo el apóstol, [diciendo:] "Hay un solo Dios, el Padre, que está sobre todas las cosas, y por todas las cosas, y en todos nosotros."2997 Ya he probado, en efecto, que hay un solo Dios; pero lo demostraré además a partir de los apóstoles mismos y de los discursos del Señor. Porque ¿qué clase de conducta sería la nuestra si abandonáramos las palabras de los profetas, del Señor y de los apóstoles, para prestar oído a estos hombres, que no dicen ni una palabra de sentido?
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 2
- 2990. [Este noble capítulo es una especie de homilía sobre Heb. i.]
- 2991. El texto común tiene "ut": preferimos leer "aut" con Erasmo y otros.
- 2992. Vossius y otros leen "primus" en lugar de "prius", pero con autoridad deficiente de ms.
- 2993. Harvey observa aquí: "Grabe pierde el sentido al aplicar a los redimidos lo que el autor dice del Redentor"; pero puede dudarse de que esto sea realmente el caso. Quizá la traducción que hace Massuet de la cláusula, "que fuese formado aquel hombre que lo conocería", sea, después de todo, preferible a la dada arriba.
- 2994. Juan i. 3.
- 2995. Sal. xxxiii. 9, Sal. cxlviii. 5.
- 2996. Gén. i. 1.
- 2997. Ef. iv. 6, difiere algo del Text. Rec. del Nuevo Testamento.
El Bythus y el Pléroma de los valentinianos, así como el Dios de Marción, se demuestran absurdos; el mundo fue creado realmente por el mismo Ser que había concebido su idea, y no fue fruto del defecto o de la ignorancia
II, 3
1. El Bythus, pues, que conciben con su Pléroma, y el Dios de Marción, son inconsistentes. Si en efecto, como afirman, tiene algo subyacente y más allá de sí mismo, que llaman vacuidad y sombra, este vacío queda entonces demostrado ser mayor que su Pléroma. Pero es inconsistente aun hacer esta afirmación: que mientras él contiene todas las cosas dentro de sí mismo, la creación fue formada por algún otro. Porque es absolutamente necesario que reconozcan una cierta existencia vacía y caótica (por debajo del Pléroma espiritual) en la cual este universo fue formado, y que el Propátor dejó a propósito este caos tal como estaba,2998 ya sea conociendo de antemano lo que había de suceder en él, o ignorándolo. Si realmente era ignorante, entonces Dios no será presciente de todas las cosas. Pero ni siquiera [en ese caso] podrán asignar una razón de por qué dejó así este lugar vacío durante tan largo período de tiempo. Si, por el contrario, es presciente, y contempló mentalmente aquella creación que estaba por tener existencia en ese lugar, entonces Él mismo la creó, quien también la formó de antemano [idealmente] en Sí mismo.
2. Cesen, pues, de afirmar que el mundo fue hecho por cualquier otro; porque tan pronto como Dios formó una concepción en su mente, fue también hecho aquello que Él había concebido mentalmente. Porque no era posible que un Ser formara mentalmente la concepción, y otro produjera realmente las cosas que habían sido concebidas por Él en su mente. Pero Dios, según estos herejes, concibió mentalmente o un mundo eterno o uno temporal, ambas suposiciones no pueden ser verdaderas. Sin embargo, si Él lo había concebido mentalmente como eterno, espiritual,2999 y visible, también habría sido formado tal. Pero si fue formado tal como realmente es, entonces Él lo hizo tal, quien lo había concebido mentalmente como tal; o Él quiso que existiera en la idealidad3000 del Padre, según la concepción de su mente, tal como ahora es: compuesto, mudable y transitorio. Puesto que, entonces, es justamente tal como el Padre lo había formado [idealmente] en consejo consigo mismo, debe ser digno del Padre. Pero afirmar que lo que fue concebido mentalmente y precreado por el Padre de todos, tal como ha sido realmente formado, es fruto del defecto y producción de la ignorancia, es hacerse culpable de gran blasfemia. Porque, según ellos, el Padre de todos será así [considerado como] engendrando en su seno, según su propia concepción mental, las emanaciones del defecto y los frutos de la ignorancia, puesto que las cosas que Él había concebido en su mente han sido realmente producidas.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 3
- 2998. En la bárbara versión latina encontramos aquí utrum … an como traducción de ἤ … ἤ en lugar de aut … aut.
- 2999. Hemos traducido el texto tal como se encuentra en los mss. Grabe omite spiritalem et; Massuet propone leer et invisibilem, y Stieren invisibilem.
- 3000. In præsentia: Grabe propone in præscientia, pero sin autoridad de los ms. "El lector", dice Harvey, "observará que hay tres suposiciones propuestas por el autor: que el mundo, como algunos herejes afirmaban, era eterno; que fue creado en el tiempo, sin idea previa de él en la mente divina; o que existió como una porción de los consejos divinos desde toda la eternidad, aunque sin subsistencia temporal hasta el momento de su creación—y de esto habla ahora el autor." Todo el pasaje está expresado de manera sumamente oscura.
Se demuestra lo absurdo del supuesto vacío y defecto de los herejes
II, 4
1. La causa, pues, de tal dispensación por parte de Dios ha de ser indagada; pero la formación del mundo no debe atribuirse a ningún otro. Y todas las cosas han de ser descritas como habiendo sido preparadas de antemano por Dios, de modo que fueran hechas tal como han sido hechas; pero la sombra y la vacuidad no han de ser conjuradas para que existan. Pero ¿de dónde, pregunto, vino esta vacuidad [de la que hablan]? Si fue en verdad producida por Aquel que, según ellos, es el Padre y Autor de todas las cosas, entonces es igual en honor y pariente del resto de los Eones, acaso incluso más antigua que ellos. Además, si procedió de la misma fuente [que ellos], debe ser semejante en naturaleza a Aquel que la produjo, así como a aquellos junto con quienes fue producida. Habrá, por tanto, una necesidad absoluta de que el Bythus del que hablan, junto con Sige, sea semejante en naturaleza a un vacío, es decir, que Él realmente sea un vacío; y que el resto de los Eones, puesto que son hermanos de la vacuidad, estén también desprovistos3001 de sustancia. Si, por otra parte, no ha sido producida así, debe haber brotado de sí misma y haber sido engendrada por sí misma, y en ese caso será igual en edad a aquel Bythus que es, según ellos, el Padre de todos; y así la vacuidad será de la misma naturaleza y del mismo honor que Aquel que es, según ellos, el Padre universal. Porque por necesidad ha de haber sido o producida por alguno, o engendrada por sí misma, y brotada de sí misma. Pero si, en verdad, la vacuidad fue producida, entonces su productor Valentín es también un vacío, como lo son asimismo sus seguidores. Si, por el contrario, no fue producida, sino engendrada por sí misma, entonces aquello que es realmente un vacío es semejante a, y hermano de, y del mismo honor que, aquel Padre que ha sido proclamado por Valentín; mientras que es más antigua, y data su existencia de un período muy anterior, y más exaltada en honor que los restantes Eones del propio Ptolomeo, y de Heracleón, y de todos los demás3002 que sostienen las mismas opiniones.
2. Pero si, llevados a la desesperación respecto de estos puntos, confiesan que el Padre de todas las cosas contiene todas las cosas, y que no hay absolutamente nada fuera del Pléroma (pues es necesidad absoluta que, [si hay algo fuera de él,] esté limitado y circunscrito por algo mayor que sí mismo), y que hablan de lo que está fuera y lo que está dentro con referencia al conocimiento y a la ignorancia, y no con respecto a la distancia local; sino que, en el Pléroma, o en aquellas cosas que son contenidas por el Padre, toda la creación que sabemos que ha sido formada, habiendo sido hecha por el Demiurgo, o por los ángeles, está contenida por la inefable grandeza, como el centro está en un círculo, o como una mancha está en un vestido—entonces, en primer lugar, ¿qué clase de ser debe ser ese Bythus, que permite que una mancha tenga lugar en su propio seno, y permite que otro cree o produzca dentro de su territorio, contra su propia voluntad? Tal modo de obrar conllevaría verdaderamente [la acusación de] degeneración sobre todo el Pléroma, puesto que desde el principio pudo haber cortado aquel defecto, y aquellas emanaciones que derivaron su origen de él,3003 y no haber consentido en permitir la formación de la creación ya sea en ignorancia, o pasión, o defecto. Porque el que puede después rectificar un defecto, y por así decirlo lavar una mancha,3004 pudo en una fecha mucho más temprana haberse cuidado de que ninguna tal mancha se hallara, ni siquiera al principio, entre sus posesiones. O si al principio permitió que las cosas que fueron hechas [fueran como son], puesto que no podían, de hecho, ser formadas de otro modo, entonces se sigue que deben continuar siempre en la misma condición. Porque ¿cómo es posible que aquellas cosas que no pueden al principio obtener rectificación, la reciban posteriormente? ¿O cómo pueden los hombres decir que son llamados a la perfección, cuando los mismos seres que son las causas de las cuales los hombres derivan su origen—ya sea el Demiurgo mismo, o los ángeles—son declarados existir en defecto? Y si, como se sostiene, [el Ser Supremo,] en cuanto es benévolo, al fin se apiadó de los hombres, y les otorgó la perfección, Él debió al principio haberse apiadado de aquellos que fueron los creadores del hombre, y haberles conferido la perfección. De este modo, también los hombres habrían verdaderamente compartido su compasión, siendo formados perfectos por aquellos que eran perfectos. Porque si Él se apiadó de la obra de estos seres, debió mucho antes haberse apiadado de ellos mismos, y no haberles permitido caer en tan terrible ceguera.
3. Su habladuría también acerca de la sombra y la vacuidad, en la cual sostienen que fue formada la creación que nos concierne, será reducida a nada, si las cosas referidas fueron creadas dentro del territorio que es contenido por el Padre. Porque si sostienen que la luz de su Padre es tal que llena todas las cosas que están dentro de Él, y las ilumina todas, ¿cómo puede existir vacío o sombra alguna dentro de aquel territorio que es contenido por el Pléroma y por la luz del Padre? Porque, en ese caso, les corresponde señalar algún lugar dentro del Propátor, o dentro del Pléroma, que no esté iluminado, ni poseído por nadie, y en el cual ya sea los ángeles o el Demiurgo formaron lo que les plugo. Ni será pequeña la cantidad de espacio en la cual tan grande y tal creación puede ser concebida como habiendo sido formada. Habrá, por tanto, una necesidad absoluta de que, dentro del Pléroma, o dentro del Padre de quien hablan, conciban3005 algún lugar, vacío, informe y lleno de tinieblas, en el cual fueron formadas aquellas cosas que han sido formadas. Por tal suposición, sin embargo, la luz de su Padre incurriría en un reproche, como si Él no pudiera iluminar y llenar aquellas cosas que están dentro de Sí mismo. Así, pues, cuando sostienen que estas cosas fueron fruto del defecto y obra del error, introducen además el defecto y el error dentro del Pléroma, y en el seno del Padre.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 4
- 3001. Literalmente, "deberían poseer también una sustancia vacante"
- 3002. El texto tiene "reliquis omnibus", que se referiría a los Eones; pero seguimos la enmienda propuesta por Massuet, "reliquorum omnium", ya que la referencia es manifiestamente a otros herejes.
- 3003. "Ab eo:" algunos refieren "eo" al Demiurgo, pero no es inusual que el traductor latino siga el género griego, aunque sea diferente del de la palabra latina que él mismo ha empleado. Podemos, por tanto, referir aquí "eo" a "labem", que es la traducción del sustantivo neutro ὑστέρημα.
- 3004. Labem se repite aquí, probablemente por error.
- 3005. El latín es fieri eos: Massuet conjetura que el griego había sido ποιεῖσθαι αὐτούς, y que el traductor vertió ποιεῖσθαι como un verbo pasivo en lugar de medio, fieri por facere.
Este mundo no fue formado por otros seres dentro del territorio que es contenido por el Padre
II, 5
1. Las observaciones, pues, que hice hace poco3006 son adecuadas en respuesta a aquellos que afirman que este mundo fue formado fuera del Pléroma, o bajo un "Dios bueno"; y tales personas, con el Padre del que hablan, quedarán del todo cortadas de aquello que está fuera del Pléroma, en lo cual, al mismo tiempo, es necesario que finalmente reposen.3007 En respuesta a aquellos, a su vez, que sostienen que este mundo fue formado por ciertos otros seres dentro de aquel territorio que es contenido por el Padre, todos aquellos puntos que ahora3008 han sido notados se presentarán [como exhibiendo sus] absurdos e incoherencias; y serán compelidos ya sea a reconocer todas aquellas cosas que están dentro del Padre, lúcidas, plenas y enérgicas, o a acusar la luz del Padre como si Él no pudiera iluminar todas las cosas; o, así como una porción de su Pléroma [es descrita tal], el todo de él debe ser confesado como vacío, caótico y lleno de tinieblas. Y acusan a todas las demás cosas creadas como si éstas fueran meramente temporales, o [en el mejor de los casos], si eternas,3009 aun así materiales. Pero3010 éstos (los Eones) deben ser considerados como fuera del alcance de tales acusaciones, puesto que están dentro del Pléroma, o los cargos en cuestión caerán igualmente contra el Pléroma entero; y así el Cristo del que hablan resulta ser el autor de la ignorancia. Porque, según sus afirmaciones, cuando Él había dado forma en cuanto a la sustancia a la Madre que conciben, la arrojó fuera del Pléroma; es decir, la cortó del conocimiento. Aquel, por tanto, que la separó del conocimiento, produjo en realidad la ignorancia en ella. ¿Cómo pudo entonces la misma persona otorgar el don del conocimiento al resto de los Eones, a aquellos que eran anteriores a Él [en producción], y sin embargo ser el autor de la ignorancia para su Madre? Porque Él la puso más allá del ámbito del conocimiento, cuando la arrojó fuera del Pléroma.
2. Además, si explican el estar dentro y fuera del Pléroma como implicando conocimiento e ignorancia respectivamente, como hacen algunos de ellos (puesto que el que tiene conocimiento está dentro de aquello que conoce), entonces deben por necesidad conceder que el Salvador mismo (a quien designan Todas las cosas) estaba en estado de ignorancia. Porque sostienen que, al salir fuera del Pléroma, impartió forma a su Madre [Ajamot]. Si, pues, afirman que todo lo que está fuera [del Pléroma] ignora todas las cosas, y si el Salvador salió a impartir forma a su Madre, entonces Él estaba situado más allá del ámbito del conocimiento de todas las cosas; es decir, estaba en ignorancia. ¿Cómo pudo entonces comunicarle conocimiento a ella, cuando Él mismo estaba más allá del ámbito del conocimiento? Pues también nosotros, declaran ellos, estamos fuera del Pléroma, en cuanto estamos fuera del conocimiento que ellos poseen. Y una vez más: Si el Salvador realmente salió más allá del Pléroma a buscar la oveja que se había perdido, pero el Pléroma es [coextensivo con] el conocimiento, entonces Él se puso a sí mismo más allá del ámbito del conocimiento, es decir, en ignorancia. Porque es necesario o que concedan que lo que está fuera del Pléroma lo está en sentido local, en cuyo caso todas las observaciones antes hechas se levantarán contra ellos; o si hablan de aquello que está dentro con respecto al conocimiento, y de aquello que está fuera con respecto a la ignorancia, entonces su Salvador, y Cristo mucho antes que Él, deben haber sido formados en ignorancia, en cuanto salieron más allá del Pléroma, es decir, más allá del ámbito del conocimiento, para impartir forma a su Madre.
3. Estos argumentos pueden, de la misma manera, adaptarse para enfrentar el caso de todos aquellos que, de cualquier modo, sostienen que el mundo fue formado ya sea por ángeles o por algún otro distinto del verdadero Dios. Porque los cargos que presentan contra el Demiurgo, y aquellas cosas que fueron hechas materiales y temporales, recaerán en verdad sobre el Padre; si en verdad las3011 mismas cosas que fueron formadas en el seno del Pléroma comenzaron con el tiempo de hecho a disolverse, conforme a la permisión y buena voluntad del Padre. El Creador [inmediato], entonces, no es el [real] Autor de esta obra, pensando, como pensó, que la formó muy buena, sino Aquel que permite y aprueba que las producciones del defecto, y las obras del error tengan lugar entre sus propias posesiones, y que las cosas temporales se mezclen con las eternas, las corruptibles con las incorruptibles, y las que participan del error con las que pertenecen a la verdad. Si, empero, estas cosas fueron formadas sin la permisión o aprobación del Padre de todas las cosas, entonces aquel Ser debe ser más poderoso, más fuerte y más regio, que hizo estas cosas dentro de un territorio que propiamente le pertenece (al Padre), y lo hizo sin su permisión. Si, a su vez, como dicen algunos, su Padre permitió estas cosas sin aprobarlas, entonces dio la permisión a causa de alguna necesidad, siendo ya sea capaz de impedir [tal proceder], o no capaz. Pero si en verdad no podía [impedirlo], entonces es débil e impotente; mientras que, si podía, es un seductor, un hipócrita y un esclavo de la necesidad, en cuanto no consiente [a tal curso], y sin embargo lo permite como si consintiera. Y permitiendo que el error surgiera al principio, y siguiera aumentando, se esfuerza en tiempos posteriores por destruirlo, cuando ya muchos han perecido miserablemente a causa del defecto [original].
4. No es decoroso, sin embargo, decir de Aquel que es Dios sobre todas las cosas, puesto que es libre e independiente, que fue esclavo de la necesidad, o que algo sucede con su permisión, y sin embargo contra su deseo; de lo contrario harán a la necesidad mayor y más regia que Dios, puesto que aquello que tiene el mayor poder es superior3012 a todos [los demás]. Y Él debió desde el mismo principio haber cortado las causas de la [imaginada] necesidad, y no haberse permitido quedar encerrado en ceder a aquella necesidad, permitiendo cualquier cosa además de aquella que le convenía. Porque habría sido mucho mejor, más consistente y más divino, cortar al principio el principio de esta clase de necesidad, que después, como movido por el arrepentimiento, esforzarse por extirpar los resultados de la necesidad cuando habían alcanzado tal desarrollo. Y si el Padre de todas las cosas es esclavo de la necesidad, y debe ceder al destino, mientras tolera de mala gana las cosas que se hacen, pero es al mismo tiempo impotente para hacer algo en oposición a la necesidad y al destino (como el Júpiter homérico, que dice de la necesidad: "Te lo he dado de buen grado, aunque con ánimo renuente"), entonces, según este razonamiento, el Bythus del que hablan resultará ser esclavo de la necesidad y del destino.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 5
- 3006. Véase arriba, cap. i.
- 3007. El texto latino aquí es, "et concludentur tales cum patre suo ab eo qui est extra Pleroma, in quo etiam et desinere eos necesse est." Ninguno de los editores advierte la dificultad u oscuridad de la cláusula, pero nos parece absolutamente intraducible. La hemos vertido como si la lectura fuera "ab eo quod,", aunque, si se sigue la construcción estrictamente gramatical, la traducción debe ser, "de Aquel que." Pero entonces, ¿a qué se refiere el "in quo" que sigue? Puede atribuirse ya sea al antecedente inmediato Pléroma, o a Aquel que es descrito como estando más allá de él.
- 3008. Cap. ii., iii., iv.
- 3009. Éste es un pasaje extremadamente difícil. Seguimos la lectura æternochoica adoptada por Massuet, pero Harvey lee æterna choica, y vierte: "Acusan a toda otra sustancia (i.e., espiritual) de las imperfecciones de la creación material, como si la sustancia de los Eones fuera igualmente efímera y choica."
- 3010. La lectura común es "aut"; adoptamos la enmienda conjetural de Harvey de "at".
- 3011. La cláusula anterior es muy oscura; Massuet la lee interrogativamente.
- 3012. El texto tiene "antiquius", literalmente "más antiguo", pero puede verterse aquí como arriba.
Los ángeles y el Creador del mundo no pudieron haber ignorado al Dios Supremo
II, 6
1. ¿Cómo, pues, podrían los ángeles o el Creador del mundo haber ignorado al Dios Supremo, siendo propiedad suya, criaturas suyas y contenidos por Él? Aunque a causa de su superioridad pudo ser invisible para ellos, de ningún modo pudo serles desconocido por causa de su providencia. Porque, aunque es verdad, como ellos declaran, que estaban muy separados de Él por su inferioridad [de naturaleza], sin embargo, como su dominio se extendía sobre todos ellos, les correspondía conocer a su Soberano y saber en particular esto: que Aquel que los creó es el Señor de todo. Pues siendo poderosa su esencia invisible, confiere a todos una profunda intuición mental y percepción de su potentísimo, sí, omnipotente grandeza. Por lo cual, aunque "nadie conoce al Padre sino el Hijo, ni al Hijo sino el Padre, y aquellos a quienes el Hijo quiera revelarlo",3013 todos los seres conocen al menos este hecho: porque la razón implantada en sus mentes los mueve y les revela que hay un solo Dios, el Señor de todo.
2. Y por esta causa todas las cosas han sido [por general consenso] puestas bajo el gobierno de Aquel que es llamado el Altísimo y el Todopoderoso. Invocándole, aun antes de la venida de nuestro Señor, los hombres eran salvados tanto de los espíritus más perversos como de toda clase de demonios y de todo género de poder apóstata. Y esto ocurría, no como si los espíritus terrenales o los demonios le hubieran visto, sino porque conocían la existencia de Aquel que es Dios sobre todo, ante cuya invocación temblaban, como tiembla toda criatura, y principado, y potestad, y todo ser dotado de energía bajo su gobierno. A modo de comparación: ¿acaso quienes viven bajo el imperio de los romanos, aunque jamás hayan visto al emperador y estén muy separados de él por tierra y mar, no saben muy bien, al experimentar su dominio, quién posee el poder principal en el Estado? ¿Cómo, entonces, pudo suceder que aquellos ángeles que eran superiores a nosotros [en naturaleza], o aun Aquel a quien llaman Creador del mundo, no conocieran al Todopoderoso, cuando hasta los animales mudos tiemblan y ceden ante la invocación de su nombre? Y así como, aunque no le han visto, todas las cosas están sujetas al nombre de nuestro Señor,3014 así deben estarlo también al de Aquel que hizo y estableció todas las cosas por su Verbo, ya que no fue otro que Él quien formó el mundo. Y por esta razón aun ahora los judíos ahuyentan a los demonios mediante esta misma adjuración, puesto que todos los seres temen la invocación de Aquel que los creó.
3. Si, pues, rehúsan afirmar que los ángeles son más irracionales que los animales mudos, tendrán que reconocer que éstos, aunque no hubieran visto a Aquel que es Dios sobre todo, debían conocer su poder y su soberanía. Porque resultará verdaderamente ridículo que sostengan que ellos mismos, que habitan sobre la tierra, conocen a Aquel que es Dios sobre todo, a quien jamás han visto, pero no concedan que Aquel que, según su opinión, los formó a ellos y al mundo entero, aunque habita en las alturas y sobre los cielos, conozca aquellas cosas que ellos mismos, aun morando abajo, conocen. [Esto es así], a menos que acaso sostengan que Bythus vive en el Tártaro, debajo de la tierra, y que por eso ellos han alcanzado el conocimiento de Él antes que aquellos ángeles que moran en lo alto. Así se precipitan en tal abismo de locura que declaran al Creador del mundo desprovisto de entendimiento. Son verdaderamente dignos de compasión, pues con tamaña insensatez afirman que Él (el Creador del mundo) no conoció ni a su Madre, ni a su simiente, ni al Pléroma de los Eones, ni al Propátor, ni qué eran las cosas que hizo; sino que éstas son imágenes de aquellas cosas que están dentro del Pléroma, habiendo el Salvador trabajado en secreto para que así fueran formadas [por el Demiurgo inconsciente], en honor de aquellas cosas que están arriba.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 6
- 3013. Mt. xi. 27.
- 3014. Massuet refiere esto al emperador romano.
Las cosas creadas no son las imágenes de los Eones que están dentro del Pléroma
II, 7
1. Mientras el Demiurgo estaba así ignorante de todas las cosas, nos dicen que el Salvador confirió honor al Pléroma por medio de la creación [que él llamó a la existencia] a través de su Madre, en cuanto produjo semejanzas e imágenes de las cosas que están arriba. Pero ya he demostrado que era imposible que existiera algo más allá del Pléroma (región exterior en la que, según nos dicen, se hicieron imágenes de las cosas que están dentro del Pléroma), o que este mundo fuera formado por otro distinto del Dios Supremo. Pero es grato derribarlos por todos lados y probar que son mercaderes de falsedad; digamos, en oposición a ellos, que si estas cosas fueron hechas por el Salvador en honor de las que están arriba, conforme a su semejanza, entonces convenía que duraran siempre, para que las cosas honradas continuaran perpetuamente en honor. Pero si de hecho pasan, ¿de qué sirve este brevísimo período de honor, un honor que en un tiempo no tuvo existencia y que de nuevo vendrá a nada? En ese caso probaré que el Salvador es más bien un aspirante a la vanagloria, que3015 uno que honra las cosas que están arriba. Pues ¿qué honor pueden conferir las cosas temporales a las que son eternas y duran para siempre? ¿O las que pasan a las que permanecen? ¿O las corruptibles a las incorruptibles? —puesto que, incluso entre los hombres, que son mortales, no se da valor a aquel honor que pasa pronto, sino al que dura tanto cuanto le es posible. Pero las cosas que, tan pronto como son hechas, llegan a su fin, justamente se puede decir que más bien han sido formadas para el desprecio de las que se piensa que son por ellas honradas; y que lo eterno es tratado con contumelia cuando su imagen es corrompida y disuelta. Pero ¿y si su Madre no hubiera llorado, ni reído, ni hubiera estado envuelta en desesperación? El Salvador no habría tenido entonces medio alguno para honrar la Plenitud, puesto que su último estado de confusión3016 no tenía sustancia propia con la cual pudiera honrar al Propátor.
2. ¡Ay del honor de la vanagloria, que al instante pasa y ya no aparece! Habrá algún3017 Eón en cuyo caso tal honor no se tendrá en absoluto por haber existido, y entonces las cosas de arriba quedarán sin honor; o será necesario producir una vez más otra Madre llorando y desesperada, para honor del Pléroma. ¡Qué imagen tan disímil y a la vez blasfema! ¿Me decís que una imagen del Unigénito fue producida por el que formó el mundo,3018 a quien3019 queréis que se le tenga por el Nous (la mente) del Padre de todas las cosas, y [sin embargo sostenéis] que esta imagen se ignoraba a sí misma, ignoraba la creación —ignoraba también a la Madre—, ignoraba todo lo que existe y las cosas hechas por ella; y ¿no os avergonzáis cuando, contradiciéndoos a vosotros mismos, atribuís ignorancia aun al propio Unigénito? Porque si estas cosas [de abajo] fueron hechas por el Salvador según la semejanza de las de arriba, mientras que aquel (el Demiurgo) que fue hecho según tal semejanza se hallaba en tan grande ignorancia, necesariamente se sigue que en torno a Él, y conforme a Él, a cuya semejanza fue formado aquel que así ignoraba, existe espiritualmente una ignorancia de la clase en cuestión. Porque no es posible, puesto que ambos fueron producidos espiritualmente, y ni uno ni otro fueron fabricados ni compuestos, que en unos se conservara la semejanza, mientras que en otros la semejanza de la imagen se echara a perder —aquella imagen que fue producida aquí abajo para ser según la imagen de aquella producción de arriba. Pero si no es semejante, la acusación recaerá entonces sobre el Salvador, que produjo una imagen disímil —siendo, por así decir, un artífice incompetente. Porque no está en su poder afirmar que el Salvador no tenía la facultad de producir, puesto que le llaman Todas las cosas. Si, pues, la imagen es disímil, él es un mal artífice, y la culpa recae, según su hipótesis, sobre el Salvador. Si, por el contrario, es semejante, entonces se hallará que la misma ignorancia existe en el Nous (la mente) de su Propátor, es decir, en el Unigénito. El Nous del Padre, en tal caso, se ignoraba a Sí mismo; ignoraba también al Padre; ignoraba, además, las mismas cosas que fueron formadas por Él. Pero si Él tiene conocimiento, necesariamente se sigue también que aquel que fue formado a su semejanza por el Salvador debería conocer las cosas que son semejantes; y así, según sus propios principios, queda derribada su monstruosa blasfemia.
3. Aparte de esto, sin embargo, ¿cómo pueden las cosas que pertenecen a la creación, variadas, múltiples e innumerables como son, ser las imágenes de los treinta Eones que están dentro del Pléroma, cuyos nombres, tal como esos hombres los fijan, he expuesto en el libro que precede a éste? Y no sólo serán incapaces de adaptar la [inmensa] variedad de la creación en general a la [comparativa] pequeñez de su Pléroma, sino que ni siquiera pueden hacerlo respecto de una sola parte del mismo, ya se trate de los seres celestiales o terrestres, o de los que viven en las aguas. Pues ellos mismos atestiguan que su Pléroma consta de treinta Eones; pero cualquiera se encargará de mostrar que, en un solo departamento de esos [seres creados] que han sido mencionados, cuentan no treinta, sino muchos miles de especies. ¿Cómo, entonces, pueden las cosas que constituyen una creación tan multiforme, que son opuestas entre sí por naturaleza, que discrepan entre sí y se destruyen las unas a las otras, ser las imágenes y semejanzas de los treinta Eones del Pléroma, si en verdad, como declaran, éstos, poseyendo una sola naturaleza, tienen propiedades iguales y semejantes, y no muestran diferencias [entre sí]? Pues correspondía, si estas cosas son imágenes de aquellos Eones —en cuanto declaran que algunos hombres son malvados por naturaleza y otros, en cambio, naturalmente buenos— señalar también tales diferencias entre sus Eones, y sostener que algunos de ellos fueron producidos naturalmente buenos, mientras otros naturalmente malos, para que la suposición de la semejanza de estas cosas armonizara con los Eones. Además, ya que en el mundo hay criaturas mansas y otras feroces, algunas inofensivas, mientras otras son dañinas y destruyen a las demás; unas tienen su morada sobre la tierra, otras en el agua, otras en el aire y otras en el cielo; del mismo modo, están obligados a mostrar que los Eones poseen tales propiedades, si es verdad que los unos son las imágenes de los otros. Y además: "el fuego eterno que el Padre ha preparado para el diablo y sus ángeles",3020— deben mostrar de cuál de aquellos Eones que están arriba es imagen; pues él también es contado como parte de la creación.
4. Si, no obstante, dicen que estas cosas son las imágenes del entimema de aquel Eón que cayó en pasión, entonces, en primer lugar, obrarán impíamente contra su Madre, al declararla primera causa de imágenes malvadas y corruptibles. Y además, ¿cómo pueden las cosas que son múltiples, desemejantes y contrarias en su naturaleza ser las imágenes de un solo y mismo Ser? Y si dicen que los ángeles del Pléroma son numerosos, y que las cosas que son muchas son imágenes de éstos —tampoco de este modo será satisfactoria la explicación que den. Pues, en primer lugar, quedan entonces obligados a señalar diferencias entre los ángeles del Pléroma, que sean mutuamente opuestas entre sí, así como las imágenes que existen abajo son de naturaleza contraria entre sí. Y, de nuevo, ya que son muchos, sí, innumerables los ángeles que rodean al Creador, como todos los profetas reconocen —[diciendo, por ejemplo,] "Diez mil veces diez mil estaban junto a Él, y muchos miles de miles le servían",3021— entonces, según3022 ellos, los ángeles del Pléroma tendrán como imágenes a los ángeles del Creador, y toda la creación permanece en imagen del Pléroma, pero de modo que los treinta Eones ya no corresponden a la multiforme variedad de la creación.
5. Aún más, si estas cosas [de abajo] fueron hechas a semejanza de las de arriba, ¿a semejanza de cuáles serán entonces hechas aquéllas a su vez? Porque si el Creador del mundo no formó estas cosas directamente de Su propia3023 concepción, sino que, como un arquitecto sin habilidad, o un muchacho que recibe su primera lección, las copió de arquetipos suministrados por otros, entonces ¿de dónde obtuvo su Bythus las formas de aquella creación que Él produjo al principio? Se sigue claramente que Él debe haber recibido el modelo de algún otro que está sobre Él, y éste, a su vez, de otro. Y no por eso [con estas suposiciones] la charla sobre las imágenes, como sobre dioses, dejará de extenderse hasta el infinito, si no fijamos de una vez nuestra mente en un solo Artífice y en un solo Dios, que de Sí mismo formó las cosas que han sido creadas. ¿O es realmente el caso que, tratándose de meros hombres, se concederá que ellos han inventado por sí mismos lo que es útil para los fines de la vida, pero no se concederá a aquel Dios que formó el mundo, que de Sí mismo creó las formas de las cosas que han sido hechas, y le impartió su ordenada disposición?
6. Pero, de nuevo, ¿cómo pueden estas cosas [de abajo] ser imágenes de las de arriba, siendo realmente contrarias a ellas y no pudiendo en ningún aspecto tener simpatía con ellas? Porque las cosas que son contrarias entre sí pueden ciertamente ser destructivas de aquellas a las que son contrarias, pero de ningún modo pueden ser sus imágenes —como, por ejemplo, el agua y el fuego; o también la luz y las tinieblas, y otras cosas semejantes, jamás pueden ser imágenes una de otra. Del mismo modo, tampoco las cosas corruptibles y terrenas, de naturaleza compuesta y transitoria, pueden ser imágenes de las que, según estos hombres, son espirituales; a menos que se admita que estas mismas cosas son compuestas, limitadas en el espacio y de forma definida, y así ya no espirituales, difundidas y extendidas en vasta extensión, e incomprensibles. Pues por necesidad deben poseer una figura definida y estar confinadas dentro de ciertos límites para ser verdaderas imágenes; y entonces se decide que no son espirituales. Si, empero, estos hombres sostienen que son espirituales, difundidas e incomprensibles, ¿cómo pueden las cosas que poseen figura y están confinadas dentro de ciertos límites ser imágenes de las que carecen de figura y son incomprensibles?
7. Si, pues, afirman que ni según la configuración ni según la formación, sino según el número y el orden de producción, las cosas de arriba son las imágenes [de estas de abajo], entonces, en primer lugar, no debería hablarse de estas cosas [de abajo] como imágenes y semejanzas de aquellos Eones que están arriba. Pues ¿cómo pueden las cosas que no tienen ni la hechura ni la forma de las de arriba ser sus imágenes? Y, en segundo lugar, tendrían que adaptar tanto los números como las producciones de los Eones de arriba, de modo que resultaran idénticos y semejantes a los que pertenecen a la creación [de abajo]. Pero ahora, ya que se refieren a sólo treinta Eones, y declaran que la vasta multitud de cosas que están abarcadas dentro de la creación [de abajo] son imágenes de los que son sólo treinta, con justicia podemos condenarlos como totalmente destituidos de sentido.
Comentario editorial · Notas de la edición · II, 7
- 3015. Harvey supone que el traductor aquí leyó ἤ quam en lugar de ᾗ quâ (gloria); pero Grabe, Massuet y Stieren prefieren suprimir erit.
- 3016. Aquí se hace referencia al supuesto estado miserable de Achamoth como yacente en la región de sombra, vacuidad y, de hecho, no existencia, hasta que fue compadecida por el Cristo de arriba, quien le dio forma en cuanto a la sustancia.
- 3017. Hemos traducido literalmente la muy oscura frase anterior. Según Massuet, el sentido es: "Habrá algún tiempo, o quizás incluso ahora hay, algún Eón totalmente privado de tal honor, puesto que las cosas que el Salvador, para honrarlo, había formado a su imagen, han sido destruidas; y entonces las cosas de arriba permanecerán sin honor", etc.
- 3018. Aquí se refiere al Salvador, como habiendo formado todas las cosas por medio de Achamoth y el Demiurgo.
- 3019. Massuet suprime quem y lee nūn como genitivo.
- 3020. Mt. xxv. 41.
- 3021. Dan. vii. 10, sin concordar ni con el texto griego ni con el hebreo.
- 3022. Esta cláusula es sumamente oscura. Harvey comenta sobre ella lo siguiente: "El razonamiento de Ireneo parece ser éste: según la teoría gnóstica, los Eones y los ángeles del Pléroma eran homogéneos. Eran también los arquetipos de las cosas creadas. Pero las cosas creadas son heterogéneas: por tanto, o estos Eones son heterogéneos, lo que es contrario a la teoría; o las cosas creadas son homogéneas, lo que es contrario al hecho."
- 3023. Literalmente, "de Sí mismo".