Sesiones de lectura

Leer por sesiones · 146 sesiones · 0 marcadas como leídas

Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 9 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minSegunda carta prefatoria
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 min3\. No vemos nada notable en la fuerza lógica del tratado de Eunomio, y por eso emprendemos nuestra Respuesta con justa confianza.
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 min5\. Su peculiar caricatura de los obispos, Eustacio de Armenia y Basilio de Galacia, no está bien lograda.
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 11 min7\. El propio Eunomio prueba que la confesión de fe que hizo no fue recusada.
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 9 min8\. Los hechos muestran que los términos de injuria que ha empleado contra Basilio son más apropiados para él mismo.
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 8 min10\. Todos sus epítetos insultantes quedan demostrados como falsos por los hechos.
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 min11\. La sofística que emplea para demostrar que nosotros reconocimos que él había sido sometido a juicio
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 min12\. Su acusación de cobardía carece de fundamento: pues Basilio mostró el mayor valor ante el Emperador y sus lugartenientes.
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 8 min13\. Resumen de su enseñanza dogmática. Objeciones a ella en detalle.
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 9 min15\. Obra mal al hacer que solo el ser del Padre sea propio y supremo
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 8 min16\. Examen del significado de 'sujeción': en cuanto dice que la naturaleza del Espíritu Santo está sujeta a la del Padre y del Hijo
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 11 min18\. No tiene razón para distinguir una pluralidad de seres en la Trinidad. No ofrece demostración de que así sea.
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 9 min20\. Yerra al suponer, para explicar la existencia del Unigénito, una 'energía' que produjo la Persona de Cristo.
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 14 min21\. La blasfemia de estos herejes es peor que la incredulidad judía.
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 3 min22\. No tiene derecho a afirmar un mayor y un menor en el ser divino. Una exposición sistemática de la enseñanza de la Iglesia.
  17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 8 min23\. Estas doctrinas de nuestra Fe atestiguadas y confirmadas por pasajes de la Escritura.
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 min24\. Su elaborada explicación de grados y diferencias en 'obras' y 'energías' dentro de la Trinidad es absurda.
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 7 min25\. Quien afirma que el Padre es 'anterior' al Hijo con cualquier pensamiento de un intervalo debe por fuerza admitir que ni siquiera el Padre está
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 11 min26\. No servirá aplicar esta concepción, tal como se ha expuesto arriba, del Padre y del Hijo a la Creación, como insisten en hacer
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 7 min27\. Imagina falsamente que las mismas energías producen las mismas obras, y que la variación en las obras indica variación en las energías.
  22. Sesión 22 · Parte 5 · ≈ 11 min28\. Imagina falsamente que podemos tener una serie inalterable de naturalezas armoniosas que existen unas al lado de otras.
  23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 7 min29\. Piensa vanamente que la duda acerca de las energías ha de resolverse por los seres, y a la inversa.
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 7 min32\. Su afirmación de que "el modo de la semejanza debe seguir el modo de la generación" es ininteligible.
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 7 min33\. Declara falsamente que "el modo de la generación ha de conocerse a partir de la dignidad intrínseca del generador".
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 11 min34\. El pasaje en que ataca el ['Ομοούσιον], y la controversia en respuesta al mismo.
  27. Sesión 27 · Parte 6 · ≈ 10 min35\. Prueba de que la enseñanza anomea tiende al maniqueísmo.
  28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 7 min36\. Una repetición pasajera de la enseñanza de la Iglesia.
  29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 6 min37\. Defensa de la afirmación de San Basilio, atacada por Eunomio, de que los términos 'Padre' y 'El Ingenerado' pueden tener el mismo significado.
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 9 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 12 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
  33. Sesión 33 · Parte 7 · ≈ 11 min39\. Respuesta a la pregunta que siempre formula, «¿Puede ser engendrado el que es?»
  34. Sesión 34 · Parte 7 · ≈ 7 min40\. Su infructuoso intento de ser consecuente con sus propias afirmaciones después de que Basilio lo hubo refutado.
  35. Sesión 35 · Parte 7 · ≈ 13 min41\. Lo que sigue no es lo mismo que aquello a lo que sigue.
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 12 minLibro II
  37. Sesión 37 · Parte 8 · ≈ 9 min3\. Gregorio procede a discutir la fuerza relativa del nombre innominable de la Santísima Trinidad y la relación mutua de las Personas
  38. Sesión 38 · Parte 8 · ≈ 8 min5\. Después refuta admirablemente las ininteligibles afirmaciones de Eunomio que sostienen que la esencia del Padre no está separada ni dividida
  39. Sesión 39 · Parte 8 · ≈ 11 min6\. Muestra después la unidad del Hijo con el Padre y la falta de comprensión y de conocimiento en las Escrituras por parte de Eunomio.
  40. Sesión 40 · Parte 8 · ≈ 10 min7\. Gregorio demuestra además que el Unigénito, al ser engendrado no solo del Padre, sino también impasiblemente de la Virgen por el Espíritu Santo
  41. Sesión 41 · Parte 8 · ≈ 7 min7\. Gregorio demuestra además que el Unigénito, al ser engendrado no solo del Padre, sino también impasiblemente de la Virgen por el Espíritu Santo
  42. Sesión 42 · Parte 9 · ≈ 6 min8\. Expone además muy oportunamente el sentido del término «Unigénito,» y del término «Primogénito,» empleado cuatro veces por el Apóstol.
  43. Sesión 43 · Parte 9 · ≈ 11 min9\. Gregorio discute de nuevo la generación del Unigénito, y otros diversos modos de generación, materiales e inmateriales
  44. Sesión 44 · Parte 9 · ≈ 9 min10\. Explica la frase «El Señor me creó,» y el argumento sobre la originación del Hijo
  45. Sesión 45 · Parte 9 · ≈ 8 min10\. Explica la frase «El Señor me creó,» y el argumento sobre la originación del Hijo
  46. Sesión 46 · Parte 9 · ≈ 12 min11\. Tras exponer la excelsa condición del Todopoderoso, la eternidad del Hijo y la frase «se hizo obediente»
  47. Sesión 47 · Parte 9 · ≈ 3 min11\. Tras exponer la excelsa condición del Todopoderoso, la eternidad del Hijo y la frase «se hizo obediente»
  48. Sesión 48 · Parte 10 · ≈ 14 min12\. Así procede a un magnífico discurso sobre la interpretación de «Mediador», «Semejante», «Ingenerado», y de «engendrado»
  49. Sesión 49 · Parte 10 · ≈ 11 min13\. Expone el pasaje del Evangelio, «El Padre no juzga a nadie,» y habla además de la asunción del hombre con cuerpo y alma obrada por el Señor
  50. Sesión 50 · Parte 10 · ≈ 11 min14\. Prosigue discutiendo las opiniones sostenidas por Eunomio y por la Iglesia tocantes al Espíritu Santo
  51. Sesión 51 · Parte 10 · ≈ 5 min14\. Prosigue discutiendo las opiniones sostenidas por Eunomio y por la Iglesia tocantes al Espíritu Santo
  52. Sesión 52 · Parte 11 · ≈ 10 min15\. Por último, expone largamente la necedad de Eunomio, quien a veces habla del Espíritu Santo como creado y como la obra más hermosa del Hijo
  53. Sesión 53 · Parte 11 · ≈ 9 min15\. Por último, expone largamente la necedad de Eunomio, quien a veces habla del Espíritu Santo como creado y como la obra más hermosa del Hijo
  54. Sesión 54 · Parte 11 · ≈ 12 minLibro III
  55. Sesión 55 · Parte 11 · ≈ 10 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
  56. Sesión 56 · Parte 11 · ≈ 13 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 2 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
  58. Sesión 58 · Parte 12 · ≈ 9 min3\. Muestra luego, a partir del ejemplo de Adán y Abel y de otros ejemplos
  59. Sesión 59 · Parte 12 · ≈ 10 min4\. Así muestra la unidad del Hijo eterno con el Padre
  60. Sesión 60 · Parte 12 · ≈ 9 min5\. Discute la incomprehensibilidad de la esencia divina, y el dicho a la mujer de Samaria, «Vosotros adoráis lo que no sabéis.»
  61. Sesión 61 · Parte 12 · ≈ 12 min7\. Después termina el libro con una exposición de los nombres divinos y humanos del Unigénito
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 13 minLibro IV
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 3 min1\. El libro cuarto discute la exposición de la naturaleza del «producto de la generación», y de la generación impasible del Unigénito, y el texto
  64. Sesión 64 · Parte 13 · ≈ 8 min2\. Demuestra que Eunomio aplicó al Unigénito términos propios de la existencia de la tierra
  65. Sesión 65 · Parte 13 · ≈ 9 min3\. Después discute de nuevo admirablemente el término [πρωτότοκος] tal como el Apóstol lo emplea cuatro veces.
  66. Sesión 66 · Parte 13 · ≈ 9 min4\. Prosigue de nuevo discutiendo la impasibilidad de la engendración del Señor
  67. Sesión 67 · Parte 13 · ≈ 9 min5\. Muestra de nuevo a Eunomio, constreñido por la verdad, en el carácter de abogado de la doctrina ortodoxa
  68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 11 min6\. Expone luego el argumento sobre el «Engendrado», y el «producto de la hechura», y «producto de la creación»
  69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 7 min6\. Expone luego el argumento sobre el «Engendrado», y el «producto de la hechura», y «producto de la creación»
  70. Sesión 70 · Parte 14 · ≈ 7 min7\. Critica a continuación clara y hábilmente la doctrina de la imposibilidad de comparación con las cosas hechas después del Hijo
  71. Sesión 71 · Parte 14 · ≈ 8 min8\. Prosigue mostrando que no hay «variación» en la esencia del Padre y del Hijo
  72. Sesión 72 · Parte 14 · ≈ 9 min9\. Luego, distinguiendo entre la esencia y la engendración, declara que el lenguaje vacío y frívolo de Eunomio es como un sonajero
  73. Sesión 73 · Parte 15 · ≈ 8 minLibro V
  74. Sesión 74 · Parte 15 · ≈ 9 min2\. Explica después la frase de San Pedro, «A éste Dios le hizo Señor y Cristo.» Y presenta aquí la declaración contraria de Eunomio
  75. Sesión 75 · Parte 15 · ≈ 9 min3\. Una réplica notable y original a estas declaraciones, y una demostración del poder del Crucificado
  76. Sesión 76 · Parte 15 · ≈ 9 min4\. Muestra la falsedad de la calumniosa acusación de Eunomio según la cual el gran Basilio había dicho que «el hombre se había vaciado para hacerse
  77. Sesión 77 · Parte 15 · ≈ 9 min5\. Después muestra que no hay dos Cristos ni dos Señores, sino un solo Cristo y un solo Señor, y que la naturaleza divina
  78. Sesión 78 · Parte 15 · ≈ 4 min5\. Después muestra que no hay dos Cristos ni dos Señores, sino un solo Cristo y un solo Señor, y que la naturaleza divina
  79. Sesión 79 · Parte 16 · ≈ 6 minLibro VI
  80. Sesión 80 · Parte 16 · ≈ 9 min2\. Luego vuelve a mencionar la palabra de San Pedro, «hecho», y el pasaje de la Epístola a los Hebreos
  81. Sesión 81 · Parte 16 · ≈ 10 min3\. Luego da una notable explicación de la palabra del Señor a Felipe, «El que me ha visto
  82. Sesión 82 · Parte 16 · ≈ 9 min4\. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos
  83. Sesión 83 · Parte 16 · ≈ 9 min4\. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos
  84. Sesión 84 · Parte 17 · ≈ 11 minLibro VII
  85. Sesión 85 · Parte 17 · ≈ 8 min1\. El libro séptimo muestra, a partir de diversas afirmaciones hechas a los Corintios y a los Hebreos, y de las palabras del Señor
  86. Sesión 86 · Parte 17 · ≈ 10 min2\. Luego declara que la estrecha relación entre los nombres y las cosas es inmutable, y luego procede en consecuencia, de la manera más excelente
  87. Sesión 87 · Parte 17 · ≈ 6 min4\. Dice que todas las cosas que están en la creación han sido nombradas por el hombre, si, como es el caso
  88. Sesión 88 · Parte 17 · ≈ 7 min5\. Después de mucho discurso acerca de lo realmente existente, de lo ingenerado y de lo bueno
  89. Sesión 89 · Parte 18 · ≈ 9 minLibro VIII
  90. Sesión 90 · Parte 18 · ≈ 8 min2\. Luego trata sobre el «querer» del Padre en cuanto a la generación del Hijo, y muestra que el objeto de esa buena voluntad es desde la eternidad
  91. Sesión 91 · Parte 18 · ≈ 6 min3\. Luego, pasando por alto lo relativo a la esencia del Hijo, por haber sido ya discutido, trata del sentido implícito en la «generación»
  92. Sesión 92 · Parte 18 · ≈ 7 min4\. Además muestra que las operaciones de Dios se expresan mediante ilustraciones humanas
  93. Sesión 93 · Parte 18 · ≈ 12 min5\. Después de mostrar que la Persona del Unigénito y Hacedor de todas las cosas no tiene principio, como tienen las cosas que fueron hechas por Él
  94. Sesión 94 · Parte 18 · ≈ 12 min5\. Después de mostrar que la Persona del Unigénito y Hacedor de todas las cosas no tiene principio, como tienen las cosas que fueron hechas por Él
  95. Sesión 95 · Parte 19 · ≈ 8 minLibro IX
  96. Sesión 96 · Parte 19 · ≈ 8 min2\. Luego muestra ingeniosamente que la engendración del Hijo no es según la frase de Eunomio, «El Padre lo engendró en aquel tiempo en que lo eligió
  97. Sesión 97 · Parte 19 · ≈ 11 min3\. Muestra además que la generación pretemporal del Hijo no está sujeta a las influencias derivadas de la generación ordinaria y carnal
  98. Sesión 98 · Parte 19 · ≈ 13 min4\. Luego, habiendo mostrado que la calumnia de Eunomio contra el gran Basilio, según la cual llamó al Unigénito «Ingenerado,» es falsa
  99. Sesión 99 · Parte 20 · ≈ 9 minLibro X
  100. Sesión 100 · Parte 20 · ≈ 7 min2\. A continuación muestra de manera admirable la Vida eterna, que es Cristo, a los que no le confiesan
  101. Sesión 101 · Parte 20 · ≈ 6 min3\. Muestra después la eternidad de la generación del Hijo y la identidad inseparable de su esencia con Aquel que lo engendró
  102. Sesión 102 · Parte 20 · ≈ 10 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
  103. Sesión 103 · Parte 20 · ≈ 10 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
  104. Sesión 104 · Parte 20 · ≈ 3 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
  105. Sesión 105 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
  106. Sesión 106 · Parte 21 · ≈ 8 min2\. Muestra también con ingenio, a partir del pasaje del Evangelio que habla de «Maestro bueno,» de la parábola de la Viña, de Isaías y de Pablo
  107. Sesión 107 · Parte 21 · ≈ 10 min3\. Luego expone la ignorancia de Eunomio y la incoherencia y absurdidad de sus argumentos al hablar del Hijo como «el Ángel del Existente,» y como
  108. Sesión 108 · Parte 21 · ≈ 9 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
  109. Sesión 109 · Parte 21 · ≈ 9 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
  110. Sesión 110 · Parte 21 · ≈ 3 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
  111. Sesión 111 · Parte 22 · ≈ 10 minLibro XII
  112. Sesión 112 · Parte 22 · ≈ 8 min2\. Luego, refiriéndose a la blasfemia de Eunomio, que había sido refutada por el gran Basilio
  113. Sesión 113 · Parte 22 · ≈ 8 min3\. Continúa luego interpretando de modo notable el lenguaje del Evangelio, «En el principio era el Verbo», y «Vida» y «Luz»
  114. Sesión 114 · Parte 22 · ≈ 9 min4\. De nuevo acusa a Eunomio de haber tomado su término [ἀ γεννησία] de los escritos jeroglíficos y de la mitología e idolatría egipcias
  115. Sesión 115 · Parte 22 · ≈ 9 minRespuesta al segundo libro de Eunomio
  116. Sesión 116 · Parte 23 · ≈ 12 minPrimera parte (¶ 1–15)
  117. Sesión 117 · Parte 23 · ≈ 11 minPrimera parte (¶ 1–15)
  118. Sesión 118 · Parte 23 · ≈ 14 minPrimera parte (¶ 1–15)
  119. Sesión 119 · Parte 23 · ≈ 9 minPrimera parte (¶ 1–15)
  120. Sesión 120 · Parte 24 · ≈ 11 minSegunda parte (¶ 16–35)
  121. Sesión 121 · Parte 24 · ≈ 10 minSegunda parte (¶ 16–35)
  122. Sesión 122 · Parte 24 · ≈ 12 minSegunda parte (¶ 16–35)
  123. Sesión 123 · Parte 24 · ≈ 8 minSegunda parte (¶ 16–35)
  124. Sesión 124 · Parte 25 · ≈ 11 minTercera parte (¶ 36–54)
  125. Sesión 125 · Parte 25 · ≈ 9 minTercera parte (¶ 36–54)
  126. Sesión 126 · Parte 25 · ≈ 13 minTercera parte (¶ 36–54)
  127. Sesión 127 · Parte 25 · ≈ 12 minTercera parte (¶ 36–54)
  128. Sesión 128 · Parte 26 · ≈ 12 minCuarta parte (¶ 55–71)
  129. Sesión 129 · Parte 26 · ≈ 9 minCuarta parte (¶ 55–71)
  130. Sesión 130 · Parte 26 · ≈ 10 minCuarta parte (¶ 55–71)
  131. Sesión 131 · Parte 26 · ≈ 11 minCuarta parte (¶ 55–71)
  132. Sesión 132 · Parte 27 · ≈ 12 minQuinta parte (¶ 72–87)
  133. Sesión 133 · Parte 27 · ≈ 10 minQuinta parte (¶ 72–87)
  134. Sesión 134 · Parte 27 · ≈ 9 minQuinta parte (¶ 72–87)
  135. Sesión 135 · Parte 27 · ≈ 9 minQuinta parte (¶ 72–87)
  136. Sesión 136 · Parte 27 · ≈ 4 minQuinta parte (¶ 72–87)
  137. Sesión 137 · Parte 28 · ≈ 12 minSexta parte (¶ 88–102)
  138. Sesión 138 · Parte 28 · ≈ 11 minSexta parte (¶ 88–102)
  139. Sesión 139 · Parte 28 · ≈ 11 minSexta parte (¶ 88–102)
  140. Sesión 140 · Parte 28 · ≈ 10 minSexta parte (¶ 88–102)
  141. Sesión 141 · Parte 28 · ≈ 6 minSexta parte (¶ 88–102)
  142. Sesión 142 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
  143. Sesión 143 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
  144. Sesión 144 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
  145. Sesión 145 · Parte 29 · ≈ 11 minSéptima parte (¶ 103–119)
  146. Sesión 146 · Parte 29 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

Glosario y contexto

Buscar en la lectura

Busca un término para ver el pasaje y su sección.

    TEXTOS — GREGORIO DE NISA

    Índice de la obra

    Estás en la parte 16. Explora las secciones. Los tiempos son estimaciones de lectura.

    Contra Eunomio

    Siglo IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa de Moore y Wilson (Nicene and Post-Nicene Fathers)42 minPosición: 0% de esta parteParte 16 de 29 · Libro VIPublicado el Actualizado el Ref. ESC-NIS-01

    Leer por sesiones · 146 sesiones · 0 marcadas como leídas

    Cada sesión lleva a un pasaje del texto completo. Puedes marcarla al terminar; el avance no se deduce de un salto en la página.

    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 9 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minSegunda carta prefatoria
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 min3\. No vemos nada notable en la fuerza lógica del tratado de Eunomio, y por eso emprendemos nuestra Respuesta con justa confianza.
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 min5\. Su peculiar caricatura de los obispos, Eustacio de Armenia y Basilio de Galacia, no está bien lograda.
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 11 min7\. El propio Eunomio prueba que la confesión de fe que hizo no fue recusada.
    6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 9 min8\. Los hechos muestran que los términos de injuria que ha empleado contra Basilio son más apropiados para él mismo.
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 8 min10\. Todos sus epítetos insultantes quedan demostrados como falsos por los hechos.
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 min11\. La sofística que emplea para demostrar que nosotros reconocimos que él había sido sometido a juicio
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 min12\. Su acusación de cobardía carece de fundamento: pues Basilio mostró el mayor valor ante el Emperador y sus lugartenientes.
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 8 min13\. Resumen de su enseñanza dogmática. Objeciones a ella en detalle.
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 9 min15\. Obra mal al hacer que solo el ser del Padre sea propio y supremo
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 8 min16\. Examen del significado de 'sujeción': en cuanto dice que la naturaleza del Espíritu Santo está sujeta a la del Padre y del Hijo
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 11 min18\. No tiene razón para distinguir una pluralidad de seres en la Trinidad. No ofrece demostración de que así sea.
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 9 min20\. Yerra al suponer, para explicar la existencia del Unigénito, una 'energía' que produjo la Persona de Cristo.
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 14 min21\. La blasfemia de estos herejes es peor que la incredulidad judía.
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 3 min22\. No tiene derecho a afirmar un mayor y un menor en el ser divino. Una exposición sistemática de la enseñanza de la Iglesia.
    17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 8 min23\. Estas doctrinas de nuestra Fe atestiguadas y confirmadas por pasajes de la Escritura.
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 min24\. Su elaborada explicación de grados y diferencias en 'obras' y 'energías' dentro de la Trinidad es absurda.
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 7 min25\. Quien afirma que el Padre es 'anterior' al Hijo con cualquier pensamiento de un intervalo debe por fuerza admitir que ni siquiera el Padre está
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 11 min26\. No servirá aplicar esta concepción, tal como se ha expuesto arriba, del Padre y del Hijo a la Creación, como insisten en hacer
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 7 min27\. Imagina falsamente que las mismas energías producen las mismas obras, y que la variación en las obras indica variación en las energías.
    22. Sesión 22 · Parte 5 · ≈ 11 min28\. Imagina falsamente que podemos tener una serie inalterable de naturalezas armoniosas que existen unas al lado de otras.
    23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 7 min29\. Piensa vanamente que la duda acerca de las energías ha de resolverse por los seres, y a la inversa.
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 7 min32\. Su afirmación de que "el modo de la semejanza debe seguir el modo de la generación" es ininteligible.
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 7 min33\. Declara falsamente que "el modo de la generación ha de conocerse a partir de la dignidad intrínseca del generador".
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 11 min34\. El pasaje en que ataca el ['Ομοούσιον], y la controversia en respuesta al mismo.
    27. Sesión 27 · Parte 6 · ≈ 10 min35\. Prueba de que la enseñanza anomea tiende al maniqueísmo.
    28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 7 min36\. Una repetición pasajera de la enseñanza de la Iglesia.
    29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 6 min37\. Defensa de la afirmación de San Basilio, atacada por Eunomio, de que los términos 'Padre' y 'El Ingenerado' pueden tener el mismo significado.
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 9 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 12 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
    33. Sesión 33 · Parte 7 · ≈ 11 min39\. Respuesta a la pregunta que siempre formula, «¿Puede ser engendrado el que es?»
    34. Sesión 34 · Parte 7 · ≈ 7 min40\. Su infructuoso intento de ser consecuente con sus propias afirmaciones después de que Basilio lo hubo refutado.
    35. Sesión 35 · Parte 7 · ≈ 13 min41\. Lo que sigue no es lo mismo que aquello a lo que sigue.
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 12 minLibro II
    37. Sesión 37 · Parte 8 · ≈ 9 min3\. Gregorio procede a discutir la fuerza relativa del nombre innominable de la Santísima Trinidad y la relación mutua de las Personas
    38. Sesión 38 · Parte 8 · ≈ 8 min5\. Después refuta admirablemente las ininteligibles afirmaciones de Eunomio que sostienen que la esencia del Padre no está separada ni dividida
    39. Sesión 39 · Parte 8 · ≈ 11 min6\. Muestra después la unidad del Hijo con el Padre y la falta de comprensión y de conocimiento en las Escrituras por parte de Eunomio.
    40. Sesión 40 · Parte 8 · ≈ 10 min7\. Gregorio demuestra además que el Unigénito, al ser engendrado no solo del Padre, sino también impasiblemente de la Virgen por el Espíritu Santo
    41. Sesión 41 · Parte 8 · ≈ 7 min7\. Gregorio demuestra además que el Unigénito, al ser engendrado no solo del Padre, sino también impasiblemente de la Virgen por el Espíritu Santo
    42. Sesión 42 · Parte 9 · ≈ 6 min8\. Expone además muy oportunamente el sentido del término «Unigénito,» y del término «Primogénito,» empleado cuatro veces por el Apóstol.
    43. Sesión 43 · Parte 9 · ≈ 11 min9\. Gregorio discute de nuevo la generación del Unigénito, y otros diversos modos de generación, materiales e inmateriales
    44. Sesión 44 · Parte 9 · ≈ 9 min10\. Explica la frase «El Señor me creó,» y el argumento sobre la originación del Hijo
    45. Sesión 45 · Parte 9 · ≈ 8 min10\. Explica la frase «El Señor me creó,» y el argumento sobre la originación del Hijo
    46. Sesión 46 · Parte 9 · ≈ 12 min11\. Tras exponer la excelsa condición del Todopoderoso, la eternidad del Hijo y la frase «se hizo obediente»
    47. Sesión 47 · Parte 9 · ≈ 3 min11\. Tras exponer la excelsa condición del Todopoderoso, la eternidad del Hijo y la frase «se hizo obediente»
    48. Sesión 48 · Parte 10 · ≈ 14 min12\. Así procede a un magnífico discurso sobre la interpretación de «Mediador», «Semejante», «Ingenerado», y de «engendrado»
    49. Sesión 49 · Parte 10 · ≈ 11 min13\. Expone el pasaje del Evangelio, «El Padre no juzga a nadie,» y habla además de la asunción del hombre con cuerpo y alma obrada por el Señor
    50. Sesión 50 · Parte 10 · ≈ 11 min14\. Prosigue discutiendo las opiniones sostenidas por Eunomio y por la Iglesia tocantes al Espíritu Santo
    51. Sesión 51 · Parte 10 · ≈ 5 min14\. Prosigue discutiendo las opiniones sostenidas por Eunomio y por la Iglesia tocantes al Espíritu Santo
    52. Sesión 52 · Parte 11 · ≈ 10 min15\. Por último, expone largamente la necedad de Eunomio, quien a veces habla del Espíritu Santo como creado y como la obra más hermosa del Hijo
    53. Sesión 53 · Parte 11 · ≈ 9 min15\. Por último, expone largamente la necedad de Eunomio, quien a veces habla del Espíritu Santo como creado y como la obra más hermosa del Hijo
    54. Sesión 54 · Parte 11 · ≈ 12 minLibro III
    55. Sesión 55 · Parte 11 · ≈ 10 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
    56. Sesión 56 · Parte 11 · ≈ 13 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
    57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 2 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
    58. Sesión 58 · Parte 12 · ≈ 9 min3\. Muestra luego, a partir del ejemplo de Adán y Abel y de otros ejemplos
    59. Sesión 59 · Parte 12 · ≈ 10 min4\. Así muestra la unidad del Hijo eterno con el Padre
    60. Sesión 60 · Parte 12 · ≈ 9 min5\. Discute la incomprehensibilidad de la esencia divina, y el dicho a la mujer de Samaria, «Vosotros adoráis lo que no sabéis.»
    61. Sesión 61 · Parte 12 · ≈ 12 min7\. Después termina el libro con una exposición de los nombres divinos y humanos del Unigénito
    62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 13 minLibro IV
    63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 3 min1\. El libro cuarto discute la exposición de la naturaleza del «producto de la generación», y de la generación impasible del Unigénito, y el texto
    64. Sesión 64 · Parte 13 · ≈ 8 min2\. Demuestra que Eunomio aplicó al Unigénito términos propios de la existencia de la tierra
    65. Sesión 65 · Parte 13 · ≈ 9 min3\. Después discute de nuevo admirablemente el término [πρωτότοκος] tal como el Apóstol lo emplea cuatro veces.
    66. Sesión 66 · Parte 13 · ≈ 9 min4\. Prosigue de nuevo discutiendo la impasibilidad de la engendración del Señor
    67. Sesión 67 · Parte 13 · ≈ 9 min5\. Muestra de nuevo a Eunomio, constreñido por la verdad, en el carácter de abogado de la doctrina ortodoxa
    68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 11 min6\. Expone luego el argumento sobre el «Engendrado», y el «producto de la hechura», y «producto de la creación»
    69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 7 min6\. Expone luego el argumento sobre el «Engendrado», y el «producto de la hechura», y «producto de la creación»
    70. Sesión 70 · Parte 14 · ≈ 7 min7\. Critica a continuación clara y hábilmente la doctrina de la imposibilidad de comparación con las cosas hechas después del Hijo
    71. Sesión 71 · Parte 14 · ≈ 8 min8\. Prosigue mostrando que no hay «variación» en la esencia del Padre y del Hijo
    72. Sesión 72 · Parte 14 · ≈ 9 min9\. Luego, distinguiendo entre la esencia y la engendración, declara que el lenguaje vacío y frívolo de Eunomio es como un sonajero
    73. Sesión 73 · Parte 15 · ≈ 8 minLibro V
    74. Sesión 74 · Parte 15 · ≈ 9 min2\. Explica después la frase de San Pedro, «A éste Dios le hizo Señor y Cristo.» Y presenta aquí la declaración contraria de Eunomio
    75. Sesión 75 · Parte 15 · ≈ 9 min3\. Una réplica notable y original a estas declaraciones, y una demostración del poder del Crucificado
    76. Sesión 76 · Parte 15 · ≈ 9 min4\. Muestra la falsedad de la calumniosa acusación de Eunomio según la cual el gran Basilio había dicho que «el hombre se había vaciado para hacerse
    77. Sesión 77 · Parte 15 · ≈ 9 min5\. Después muestra que no hay dos Cristos ni dos Señores, sino un solo Cristo y un solo Señor, y que la naturaleza divina
    78. Sesión 78 · Parte 15 · ≈ 4 min5\. Después muestra que no hay dos Cristos ni dos Señores, sino un solo Cristo y un solo Señor, y que la naturaleza divina
    79. Sesión 79 · Parte 16 · ≈ 6 minLibro VI
    80. Sesión 80 · Parte 16 · ≈ 9 min2\. Luego vuelve a mencionar la palabra de San Pedro, «hecho», y el pasaje de la Epístola a los Hebreos
    81. Sesión 81 · Parte 16 · ≈ 10 min3\. Luego da una notable explicación de la palabra del Señor a Felipe, «El que me ha visto
    82. Sesión 82 · Parte 16 · ≈ 9 min4\. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos
    83. Sesión 83 · Parte 16 · ≈ 9 min4\. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos
    84. Sesión 84 · Parte 17 · ≈ 11 minLibro VII
    85. Sesión 85 · Parte 17 · ≈ 8 min1\. El libro séptimo muestra, a partir de diversas afirmaciones hechas a los Corintios y a los Hebreos, y de las palabras del Señor
    86. Sesión 86 · Parte 17 · ≈ 10 min2\. Luego declara que la estrecha relación entre los nombres y las cosas es inmutable, y luego procede en consecuencia, de la manera más excelente
    87. Sesión 87 · Parte 17 · ≈ 6 min4\. Dice que todas las cosas que están en la creación han sido nombradas por el hombre, si, como es el caso
    88. Sesión 88 · Parte 17 · ≈ 7 min5\. Después de mucho discurso acerca de lo realmente existente, de lo ingenerado y de lo bueno
    89. Sesión 89 · Parte 18 · ≈ 9 minLibro VIII
    90. Sesión 90 · Parte 18 · ≈ 8 min2\. Luego trata sobre el «querer» del Padre en cuanto a la generación del Hijo, y muestra que el objeto de esa buena voluntad es desde la eternidad
    91. Sesión 91 · Parte 18 · ≈ 6 min3\. Luego, pasando por alto lo relativo a la esencia del Hijo, por haber sido ya discutido, trata del sentido implícito en la «generación»
    92. Sesión 92 · Parte 18 · ≈ 7 min4\. Además muestra que las operaciones de Dios se expresan mediante ilustraciones humanas
    93. Sesión 93 · Parte 18 · ≈ 12 min5\. Después de mostrar que la Persona del Unigénito y Hacedor de todas las cosas no tiene principio, como tienen las cosas que fueron hechas por Él
    94. Sesión 94 · Parte 18 · ≈ 12 min5\. Después de mostrar que la Persona del Unigénito y Hacedor de todas las cosas no tiene principio, como tienen las cosas que fueron hechas por Él
    95. Sesión 95 · Parte 19 · ≈ 8 minLibro IX
    96. Sesión 96 · Parte 19 · ≈ 8 min2\. Luego muestra ingeniosamente que la engendración del Hijo no es según la frase de Eunomio, «El Padre lo engendró en aquel tiempo en que lo eligió
    97. Sesión 97 · Parte 19 · ≈ 11 min3\. Muestra además que la generación pretemporal del Hijo no está sujeta a las influencias derivadas de la generación ordinaria y carnal
    98. Sesión 98 · Parte 19 · ≈ 13 min4\. Luego, habiendo mostrado que la calumnia de Eunomio contra el gran Basilio, según la cual llamó al Unigénito «Ingenerado,» es falsa
    99. Sesión 99 · Parte 20 · ≈ 9 minLibro X
    100. Sesión 100 · Parte 20 · ≈ 7 min2\. A continuación muestra de manera admirable la Vida eterna, que es Cristo, a los que no le confiesan
    101. Sesión 101 · Parte 20 · ≈ 6 min3\. Muestra después la eternidad de la generación del Hijo y la identidad inseparable de su esencia con Aquel que lo engendró
    102. Sesión 102 · Parte 20 · ≈ 10 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
    103. Sesión 103 · Parte 20 · ≈ 10 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
    104. Sesión 104 · Parte 20 · ≈ 3 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
    105. Sesión 105 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
    106. Sesión 106 · Parte 21 · ≈ 8 min2\. Muestra también con ingenio, a partir del pasaje del Evangelio que habla de «Maestro bueno,» de la parábola de la Viña, de Isaías y de Pablo
    107. Sesión 107 · Parte 21 · ≈ 10 min3\. Luego expone la ignorancia de Eunomio y la incoherencia y absurdidad de sus argumentos al hablar del Hijo como «el Ángel del Existente,» y como
    108. Sesión 108 · Parte 21 · ≈ 9 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
    109. Sesión 109 · Parte 21 · ≈ 9 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
    110. Sesión 110 · Parte 21 · ≈ 3 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
    111. Sesión 111 · Parte 22 · ≈ 10 minLibro XII
    112. Sesión 112 · Parte 22 · ≈ 8 min2\. Luego, refiriéndose a la blasfemia de Eunomio, que había sido refutada por el gran Basilio
    113. Sesión 113 · Parte 22 · ≈ 8 min3\. Continúa luego interpretando de modo notable el lenguaje del Evangelio, «En el principio era el Verbo», y «Vida» y «Luz»
    114. Sesión 114 · Parte 22 · ≈ 9 min4\. De nuevo acusa a Eunomio de haber tomado su término [ἀ γεννησία] de los escritos jeroglíficos y de la mitología e idolatría egipcias
    115. Sesión 115 · Parte 22 · ≈ 9 minRespuesta al segundo libro de Eunomio
    116. Sesión 116 · Parte 23 · ≈ 12 minPrimera parte (¶ 1–15)
    117. Sesión 117 · Parte 23 · ≈ 11 minPrimera parte (¶ 1–15)
    118. Sesión 118 · Parte 23 · ≈ 14 minPrimera parte (¶ 1–15)
    119. Sesión 119 · Parte 23 · ≈ 9 minPrimera parte (¶ 1–15)
    120. Sesión 120 · Parte 24 · ≈ 11 minSegunda parte (¶ 16–35)
    121. Sesión 121 · Parte 24 · ≈ 10 minSegunda parte (¶ 16–35)
    122. Sesión 122 · Parte 24 · ≈ 12 minSegunda parte (¶ 16–35)
    123. Sesión 123 · Parte 24 · ≈ 8 minSegunda parte (¶ 16–35)
    124. Sesión 124 · Parte 25 · ≈ 11 minTercera parte (¶ 36–54)
    125. Sesión 125 · Parte 25 · ≈ 9 minTercera parte (¶ 36–54)
    126. Sesión 126 · Parte 25 · ≈ 13 minTercera parte (¶ 36–54)
    127. Sesión 127 · Parte 25 · ≈ 12 minTercera parte (¶ 36–54)
    128. Sesión 128 · Parte 26 · ≈ 12 minCuarta parte (¶ 55–71)
    129. Sesión 129 · Parte 26 · ≈ 9 minCuarta parte (¶ 55–71)
    130. Sesión 130 · Parte 26 · ≈ 10 minCuarta parte (¶ 55–71)
    131. Sesión 131 · Parte 26 · ≈ 11 minCuarta parte (¶ 55–71)
    132. Sesión 132 · Parte 27 · ≈ 12 minQuinta parte (¶ 72–87)
    133. Sesión 133 · Parte 27 · ≈ 10 minQuinta parte (¶ 72–87)
    134. Sesión 134 · Parte 27 · ≈ 9 minQuinta parte (¶ 72–87)
    135. Sesión 135 · Parte 27 · ≈ 9 minQuinta parte (¶ 72–87)
    136. Sesión 136 · Parte 27 · ≈ 4 minQuinta parte (¶ 72–87)
    137. Sesión 137 · Parte 28 · ≈ 12 minSexta parte (¶ 88–102)
    138. Sesión 138 · Parte 28 · ≈ 11 minSexta parte (¶ 88–102)
    139. Sesión 139 · Parte 28 · ≈ 11 minSexta parte (¶ 88–102)
    140. Sesión 140 · Parte 28 · ≈ 10 minSexta parte (¶ 88–102)
    141. Sesión 141 · Parte 28 · ≈ 6 minSexta parte (¶ 88–102)
    142. Sesión 142 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
    143. Sesión 143 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
    144. Sesión 144 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
    145. Sesión 145 · Parte 29 · ≈ 11 minSéptima parte (¶ 103–119)
    146. Sesión 146 · Parte 29 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

    Libro VI

    1. El libro sexto muestra que Aquel que vino para la salvación del hombre no era un mero hombre, como Eunomio, calumniándole falsamente

    afirmó que había dicho el gran Basilio, sino el Hijo Unigénito de Dios, que revistió la carne humana y se hizo mediador entre Dios y el hombre, en quien creemos, como sujeto al sufrimiento en la carne, pero impasible en su Divinidad; y demuestra la calumnia de Eunomio.

    VI, 1

    Pero percibo que, aunque las necesidades del asunto me obligaron a seguir esta línea de pensamiento, me he detenido demasiado en este pasaje. Debo ahora retomar el hilo de sus quejas, para que no pasemos por alto ninguna de las acusaciones que se nos hacen sin dar respuesta. Y propongo en primer lugar examinar este punto: que nos acusa de afirmar que un hombre ordinario ha obrado la salvación del mundo. Pues aunque este punto ya ha sido en cierta medida aclarado por las investigaciones que hemos hecho, aún lo trataremos brevemente una vez más, para que la mente de quienes actúan como jueces sobre esta calumniosa acusación quede enteramente libre de malentendidos. Tan lejos estamos de atribuir a un hombre ordinario la causa de esta grande e inefable gracia, que aun si alguien atribuyera tan gran don a Pedro y a Pablo, o a un ángel del cielo, diríamos con Pablo: «sea anatema.» Pues Pablo no fue crucificado por nosotros, ni fuimos bautizados en un nombre humano. [] Ciertamente la doctrina que nuestros adversarios oponen a la verdad no se fortalece por ello cuando confesamos que el poder salvador de Cristo es más potente que la naturaleza humana — aunque pueda parecerlo, pues su objetivo es mantener en todos los puntos la diferencia de la esencia del Hijo respecto de la del Padre, y se esfuerzan por mostrar la desemejanza de esencia no sólo por el contraste de lo Engendrado con lo Ingenerado, sino también por la oposición de lo pasible a lo impasible. Y mientras esto se mantiene más abiertamente en la última parte de su argumento, también se muestra claramente en su discurso presente. Pues si él critica a quienes refieren la Pasión a la Naturaleza Humana, su intención es ciertamente someter a la Pasión a la Divinidad misma. Pues siendo nuestra concepción doble, y admitiendo dos desarrollos, según se considere que la Divinidad o la Humanidad ha estado en condición de sufrimiento, un ataque a una de estas opiniones es claramente un mantenimiento de la otra. Por consiguiente, si critican a quienes consideran la Pasión como concerniente al Hombre, aprobarán claramente a quienes dicen que la Divinidad del Hijo estuvo sujeta a la pasión, y la posición que estos últimos mantienen se convierte en un argumento a favor de su propia doctrina absurda. Pues si, según su afirmación, la Divinidad del Hijo sufre, mientras que la del Padre se conserva en absoluta impasibilidad, entonces la Naturaleza impasible es esencialmente diferente de aquella que admite la pasión. Viendo, pues, que el dictamen que tenemos ante nosotros, aunque, en lo que se limita al número de palabras, es breve, sin embargo ofrece principios e hipótesis para toda clase de perversidad doctrinal, parecería justo que nuestros lectores requirieran en nuestra respuesta no tanto brevedad como solidez. Nosotros, entonces, ni atribuimos nuestra propia salvación a un hombre, ni admitimos que la Naturaleza incorruptible y Divina sea capaz de sufrimiento y mortalidad; pero, puesto que debemos ciertamente creer las declaraciones divinas que nos dicen que el Verbo que era en el principio era Dios, y que después el Verbo hecho carne fue visto sobre la tierra y conversó con los hombres, admitimos en nuestro credo aquellas concepciones que son consonantes con la declaración divina. Pues cuando oímos que Él es Luz, Poder, Justicia, Vida y Verdad, y que por Él todas las cosas fueron hechas, consideramos todas estas afirmaciones y otras semejantes como cosas que deben creerse, refiriéndolas a Dios el Verbo; pero cuando oímos de dolor, de sueño, de necesidad, de angustia, de ataduras, de clavos, de lanza, de sangre, de heridas, de sepultura, de sepulcro, y todo lo demás de este tipo, aunque en cierta medida se opongan a lo que se ha dicho previamente, no obstante las admitimos como cosas que deben creerse, y verdaderas, teniendo en cuenta la carne; la cual recibimos por fe como unida al Verbo. Pues así como no es posible contemplar los atributos peculiares de la carne como existentes en el Verbo que era en el principio, así tampoco podemos concebir los que son propios de la Divinidad como existentes en la naturaleza de la carne. Como, por tanto, la enseñanza del Evangelio concerniente a nuestro Señor está mezclada, parte de ideas elevadas y divinas, parte de las que son humildes y humanas, asignamos cada frase particular en consecuencia a una u otra de estas Naturalezas que concebimos en el misterio, lo que es humano a la Humanidad, lo que es elevado a la Divinidad, y decimos que, como Dios, el Hijo es ciertamente impasible e incapaz de corrupción; y todo sufrimiento que se afirma de Él en el Evangelio, ciertamente lo obró por medio de su Naturaleza Humana que admitía tal sufrimiento. Pues verdaderamente la Divinidad obra la salvación del mundo por medio de aquel cuerpo que la envolvía, de tal modo que el sufrimiento era del cuerpo, pero la operación era de Dios; y aun si algunos tuercen para apoyo de la doctrina contraria las palabras del Apóstol: «Dios no perdonó a su propio Hijo, []» y: «Dios envió a su propio Hijo,» y otras frases semejantes que parecen referirse, en la cuestión de la Pasión, a la Naturaleza Divina, y no a la Humanidad, no obstante nos negaremos a abandonar la sana doctrina, viendo que Pablo mismo nos declara más claramente el misterio de este asunto. Pues él atribuye en todas partes al elemento Humano en Cristo la dispensación de la Pasión, cuando dice: «pues por cuanto la muerte vino por el hombre, también por el hombre vino la resurrección de los muertos [],» y: «Dios, enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, condenó el pecado en la carne» (pues dice: «en la carne,» no «en la Divinidad»); y: «fue crucificado en debilidad» (donde por «debilidad» quiere decir «la carne»), «pero vive por poder []» (mientras que indica por «poder» la Naturaleza Divina); y: «murió al pecado» (es decir, con respecto al cuerpo), «pero vive para Dios []» (es decir, con respecto a la Divinidad, de modo que por estas palabras se establece que, mientras el Hombre gustó la muerte, la Naturaleza inmortal no admitió el sufrimiento de la muerte); y de nuevo: «Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros [],» dando una vez más el nombre de «pecado» a la carne.

    2. Luego vuelve a mencionar la palabra de San Pedro, «hecho», y el pasaje de la Epístola a los Hebreos

    que dice que Jesús fue hecho por Dios «Apóstol y Sumo Sacerdote»: y, después de dar una respuesta suficiente a las acusaciones que Eunomio le dirige, muestra que el propio Eunomio apoya los argumentos de Basilio, y dice que el Hijo Unigénito, cuando se revistió de la carne, se hizo Señor.

    VI, 2

    Y aunque hacemos estas observaciones de paso, la adición parentética parece, quizás, no menos importante que la cuestión principal que tenemos ante nosotros. Pues, dado que cuando San Pedro dice: «Le hizo Señor y Cristo []», y de nuevo, cuando el Apóstol Pablo dice a los Hebreos que lo hizo sacerdote, Eunomio se aferra a la palabra «hecho» como aplicable a su existencia pretemporal, y piensa con ello establecer su doctrina de que el Señor es una cosa hecha, que escuche ahora a Pablo cuando dice: «Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros []». Si refiere la palabra «hecho», que se usa del Señor en los pasajes de la Epístola a los Hebreos y en las palabras de Pedro, a la idea pretemporal, podría razonablemente referir la palabra en aquel pasaje que dice que Dios lo hizo pecado, a la primera existencia de su esencia, e intentar mostrar con esto, como en el caso de sus otros testimonios, que él fue «hecho», de modo que refiera la palabra «hecho» a la esencia, actuando consecuentemente consigo mismo, y discernir el pecado en esa esencia. Pero si retrocede ante esto por razón de su manifiesta absurdidad, y argumenta que, al decir «Lo hizo pecado», el Apóstol indica la dispensación de los últimos tiempos, que se persuada por el mismo razonamiento de que la palabra «hecho» se refiere a esa dispensación también en los otros pasajes.
    Volvamos, sin embargo, al punto del que nos habíamos desviado; pues podríamos reunir del mismo Escrito incontables otros pasajes, además de los citados, que atañen al asunto. Y que nadie piense que el divino Apóstol está dividido contra sí mismo en contradicción, y que ofrece con sus propias expresiones materia para las disputas de ambos lados a quienes contienden sobre las doctrinas. Pues un examen cuidadoso hallaría que su argumento se dirige con precisión a un único objetivo; y no vacila en sus opiniones: porque, si bien proclama en todas partes la combinación de lo Humano con lo Divino, no obstante discierne en cada uno su propia naturaleza, en el sentido de que mientras la debilidad humana es transformada para mejor por su comunión con lo imperecedero, el poder Divino, por otra parte, no es rebajado por su contacto con la forma humilde de la naturaleza. Por tanto, cuando dice: «No perdonó a su propio Hijo», contrasta al verdadero Hijo con los otros hijos, engendrados, exaltados o adoptados (me refiero a los que fueron traídos a la existencia por su mandato), marcando la especialidad de la naturaleza con la adición de «propio». Y, para que nadie conectara el sufrimiento de la Cruz con la naturaleza imperecedera, da en otras palabras una corrección bastante clara de tal error, cuando lo llama «mediador entre Dios y los hombres []» y «hombre []», y «Dios», para que, del hecho de que ambos se prediquen del único Ser, se pueda tener la concepción adecuada acerca de cada Naturaleza— acerca de la Naturaleza Divina, la impasibilidad; acerca de la Naturaleza Humana, la dispensación de la Pasión. Como su pensamiento, entonces, divide lo que en amor al hombre fue hecho uno, pero se distingue en idea, usa, cuando proclama aquella naturaleza que trasciende y sobrepasa toda inteligencia, el orden más exaltado de nombres, llamándolo «Dios sobre todas las cosas []», «el gran Dios []», «el poder» de Dios, y «la sabiduría» de Dios [], y cosas semejantes; pero cuando alude a toda aquella experiencia de sufrimiento que, por razón de nuestra debilidad, fue necesariamente asumida con nuestra naturaleza, da a la unión de las Naturalezas aquel nombre que se deriva de la nuestra, y lo llama Hombre, no colocando con esta palabra a Aquel que nos presenta en un nivel común con el resto de la naturaleza, sino de modo que la ortodoxia quede protegida en cuanto a cada Naturaleza, en el sentido de que la Naturaleza Humana es glorificada por su asunción, y la Divina no es contaminada por su condescendencia, sino que hace al elemento Humano sujeto a sufrimientos, mientras obra, mediante su poder Divino, la resurrección de aquello que sufrió. Y así, la experiencia de la muerte no se refiere a Aquel que tuvo comunión con nuestra naturaleza pasible por razón de la unión con Él del Hombre, mientras que al mismo tiempo los nombres exaltados y divinos descienden al Hombre, de modo que Aquel que se manifestó en la Cruz es llamado incluso «el Señor de la gloria []», ya que la majestad implicada en estos nombres se transmite de lo Divino a lo Humano por la conmixtión de su Naturaleza con aquella Naturaleza que es humilde. Por esta causa lo describe con lenguaje variado y diferente, a veces como Aquel que descendió del cielo, otras como Aquel que nació de mujer, como Dios desde la eternidad, y Hombre en los últimos días; así también se considera que el Dios Unigénito es impasible, y Cristo capaz de sufrir; ni su discurso habla falsamente en estas declaraciones opuestas, ya que adapta en sus concepciones a cada Naturaleza los términos que le pertenecen. Si, pues, éstas son las doctrinas que hemos aprendido de la enseñanza inspirada, ¿cómo referimos la causa de nuestra salvación a un hombre ordinario? Y si declaramos que la palabra «hecho» empleada por el bienaventurado Pedro no se refiere a la existencia pretemporal, sino a la nueva dispensación de la Encarnación, ¿qué tiene esto que ver con la acusación contra nosotros? Pues este gran Apóstol dice que aquello que fue visto en forma de siervo ha sido hecho, al ser asumido, aquello que Aquel que lo asumió era en su propia Naturaleza. Además, en la Epístola a los Hebreos podemos aprender la misma verdad de Pablo, cuando dice que Jesús fue hecho Apóstol y Sumo Sacerdote por Dios, «siendo fiel al que lo hizo así []». Pues también en aquel pasaje, al dar el nombre de Sumo Sacerdote a Aquel que hizo con su propia Sangre la propiciación sacerdotal por nuestros pecados, no declara con la palabra «hecho» la primera existencia del Unigénito, sino que dice «hecho» con la intención de representar aquella gracia que comúnmente se menciona en conexión con la designación de sacerdotes. Pues Jesús, el gran Sumo Sacerdote (como dice Zacarías), que ofreció su propio cordero, es decir, su propio Cuerpo, por el pecado del mundo; que, por razón de los hijos que participan de carne y sangre, Él mismo de igual modo participó con ellos en sangre (no en cuanto que era en el principio, siendo el Verbo y Dios, y estando en forma de Dios, e igual a Dios, sino en cuanto que se despojó a sí mismo en forma de siervo, y ofreció una oblación y sacrificio por nosotros), Él, digo, se hizo Sumo Sacerdote muchas generaciones después, según el orden de Melquisedec. Ciertamente un lector que tenga más que un conocimiento casual del discurso a los Hebreos conoce el misterio de este asunto. Como, pues, en aquel pasaje se dice que fue hecho Sacerdote y Apóstol, así aquí se dice que fue hecho Señor y Cristo— lo segundo por la dispensación en favor nuestro, lo primero por el cambio y transformación de lo Humano en lo Divino (pues por «hacer» el Apóstol quiere decir «hacer de nuevo»). Así se manifiesta la bellaquería de nuestros adversarios, que tuercen insolentemente las palabras referentes a la dispensación para aplicarlas a la existencia pretemporal. Pues aprendemos del Apóstol a no conocer a Cristo de la misma manera ahora que antes, como Pablo dice así: «Aunque hayamos conocido a Cristo según la carne, ya no lo conocemos así», en el sentido de que un conocimiento nos manifiesta su dispensación temporal, el otro su existencia eterna. Así nuestro discurso ha dado una respuesta no despreciable a sus acusaciones:— que no sostenemos ni dos Cristos ni dos Señores, que no nos avergonzamos de la Cruz, que no glorificamos a un mero hombre como habiendo sufrido por el mundo, que ciertamente no pensamos que la palabra «hecho» se refiera a la formación de la esencia. Pero, siendo tal nuestra opinión, nuestro argumento tiene no pequeño apoyo del propio acusador, donde en medio de su discurso emplea su lengua en un florido ataque contra nosotros, y produce esta frase entre otras:
    «Éste es, pues, el conflicto que Basilio libra contra sí mismo, y claramente parece no haber 'aplicado su propia mente a la intención de los Apóstoles,' ni ser capaz de preservar la secuencia de sus propios argumentos; pues según ellos debe, si es consciente de su carácter irreconciliable, admitir que el Verbo que era en el principio y era Dios se hizo Señor,» o él encaja «afirmaciones que son mutuamente contradictorias.» Pues bien, ésta es en realidad nuestra afirmación que Eunomio repite, quien dice que «el Verbo que era en el principio y era Dios se hizo Señor.» Pues, siendo lo que era, Dios, y Verbo, y Vida, y Luz, y Gracia, y Verdad, y Señor, y Cristo, y todo nombre exaltado y divino, Él se hizo, en el Hombre asumido por Él, que no era ninguno de estos, todo lo demás que el Verbo era, y entre lo demás se hizo Señor y Cristo, según la enseñanza de Pedro, y según la confesión de Eunomio;— no en el sentido de que la Divinidad adquiriera algo por vía de avance, sino que (toda majestad exaltada siendo contemplada en la Naturaleza Divina) Él así se hace Señor y Cristo, no llegando a ninguna adición de gracia en cuanto a su Divinidad (pues la Naturaleza de la Divinidad se reconoce como carente de ningún bien), sino trayendo a la Naturaleza Humana a aquella participación en la Divinidad que se significa por los términos «Cristo» y «Señor.»

    3. Luego da una notable explicación de la palabra del Señor a Felipe, «El que me ha visto

    ha visto al Padre;» y aquí discute excelentemente el padecimiento del Señor en su amor a los hombres, y la impasibilidad, el poder creador y la providencia del Padre, y la naturaleza compuesta de los hombres, y su resolución en los elementos de los que fueron compuestos.

    VI, 3

    Se ha ofrecido suficiente defensa sobre estos puntos, y en cuanto a lo que Eunomio dice por vía de calumnia contra nuestra doctrina, que «Cristo fue vaciado para llegar a ser Él mismo» ha habido suficiente discusión en lo dicho anteriormente, donde se ha mostrado que atribuye a nuestra doctrina su propia blasfemia. Porque no es quien confiesa que la Naturaleza inmutable se ha revestido de lo creado y perecedero el que habla de la transición de semejante a semejante, sino quien concibe que no hay cambio desde la majestad de la Naturaleza a lo más bajo. Pues si, como su doctrina afirma, Él es creado, y el hombre también es creado, la maravilla de la doctrina desaparece, y no hay nada admirable en lo que se alega, puesto que la naturaleza creada llega a ser en sí misma. Pero nosotros, que hemos aprendido de la profecía sobre «el cambio de la diestra del Altísimo,» — y por la «Diestra» del Padre entendemos aquel Poder de Dios, que hizo todas las cosas, que es el Señor (no en el sentido de depender de Él como una parte de un todo, sino como siendo verdaderamente de Él, y sin embargo contemplado en existencia individual)— decimos así: que ni la Diestra varía de Aquel de Quien es Diestra, en cuanto a la idea de su Naturaleza, ni puede hablarse de ningún otro cambio en Ella además de la dispensación de la Carne. Porque en verdad la Diestra de Dios era Dios mismo; manifestado en la carne, visto a través de esa misma carne por aquellos cuya vista era clara; mientras hacía la obra del Padre, siendo, de hecho y en pensamiento, la Diestra de Dios, aunque cambiado, en cuanto al velo de la carne con que estaba rodeado, respecto de lo que se veía, de aquello que Él era por Naturaleza, como sujeto de contemplación. Por eso dice a Felipe, que miraba sólo lo cambiado, «Mira a través de lo cambiado hacia lo inmutable, y si ves esto, has visto a ese Padre mismo, a Quien buscas ver; porque el que me ha visto — no a Aquel que aparece en estado de cambio, sino a mi mismo ser, que estoy en el Padre — habrá visto a ese Padre mismo en Quien yo estoy, porque el mismo carácter de la Divinidad se contempla en ambos [].» Si, pues, creemos que la Naturaleza inmortal, impasible e increada vino a estar en la Naturaleza pasible de la criatura, y concebimos que el «cambio» consiste en esto, ¿con qué fundamentos se nos acusa de decir que Él «fue vaciado para llegar a ser Él mismo,» por parte de quienes no dejan de repetir sus propias afirmaciones sobre nuestras doctrinas? Porque la participación de lo creado con lo creado no es «cambio de la Diestra.» Decir que la Diestra de la Naturaleza increada es creada pertenece sólo a Eunomio, y a quienes adoptan opiniones como las que él sostiene. Pues el hombre con un ojo que mira a la verdad discernirá que la Diestra del Altísimo es tal como ve que es el Altísimo: Increada de Increado, Buena de Bueno, Eterna de Eterno sin perjuicio de su eternidad por estar en el Padre por vía de engendración. Así nuestro acusador, sin darse cuenta, ha estado empleando contra nosotros reproches que propiamente recaen sobre él mismo.
    Pero con respecto a aquellos que tropiezan con la idea de «pasión,» y sobre esta base mantienen la diversidad de las Esencias, argumentando que el Padre, a causa de la exaltación de su Naturaleza, no admite pasión, y que el Hijo, por otra parte, condescendió, a causa de defecto y divergencia, a participar de sus sufrimientos, quiero añadir estas observaciones a lo ya dicho: Que nada es verdaderamente «pasión» lo que no tiende al pecado, ni se llamaría estrictamente con el nombre de «pasión» la rutina necesaria de la naturaleza, considerando la naturaleza compuesta mientras sigue su curso en una especie de orden y secuencia. Pues la concurrencia mutua de elementos heterogéneos en la formación de nuestro cuerpo es una especie de combinación armoniosamente unida a partir de varios elementos disímiles; pero cuando, en el momento debido, se suelta el lazo que unía esta concurrencia de los elementos, la naturaleza combinada se disuelve de nuevo en los elementos de los que fue compuesta. Esto, pues, es más bien una obra que una pasión de la naturaleza. Porque damos el nombre de «pasión» sólo a aquello que se opone al estado virtuoso e impasible, y de esto creemos que Aquel que nos concedió la salvación estuvo en todo momento carente, Quien «fue en todo tentado según nuestra semejanza, pero sin pecado [].» De aquello, al menos, que es verdaderamente pasión, que es una condición enferma de la voluntad, Él no fue partícipe; pues dice «Él no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca []»; pero los atributos peculiares de nuestra naturaleza, que, por una especie de abuso habitual de los términos, se llaman con el mismo nombre de «pasión,» — de éstos, confesamos, el Señor participó: del nacimiento, del alimento, del crecimiento, del sueño y del trabajo, y de todas aquellas disposiciones naturales que el alma suele experimentar respecto de las incomodidades corporales, del deseo de lo que falta, cuando el anhelo pasa del cuerpo al alma, de la sensación de dolor, del temor a la muerte, y de todo lo semejante, salvo sólo aquello que, si se sigue, conduce al pecado. Así, pues, cuando percibimos que su poder se extiende por todas las cosas en el cielo, y en el aire, y en la tierra, y en el mar, cuanto hay en el cielo, cuanto hay debajo de la tierra, creemos que Él está universalmente presente, y sin embargo no decimos que Él sea ninguna de aquellas cosas en las que está (pues no es el Cielo, Quien lo ha señalado con su palmo que lo abarca, ni es la tierra, Quien sostiene el círculo de la tierra, ni tampoco es el agua, Quien abarca la naturaleza líquida), así tampoco decimos que al pasar por aquellos sufrimientos de la carne de los que hablamos Él fue «sujeto a pasión,» sino que, como decimos que Él es la causa de todas las cosas que son, que tiene el universo en su puño, que dirige todo lo que está en movimiento y mantiene sobre fundamento estable todo lo que está quieto, por el poder indecible de su propia majestad, así decimos que Él nació entre nosotros para la curación de la enfermedad del pecado, adaptando el ejercicio de su poder curativo de una manera correspondiente al sufrimiento, aplicando la curación de aquel modo que Él sabía que era para el bien de aquella parte de la creación que sabía que estaba en enfermedad. Y como era conveniente que Él curara los sufrimientos por el tacto, decimos que así lo curó; sin embargo, no debe considerarse por esto que Él mismo era pasible, porque Él es el Sanador de nuestra enfermedad. Pues incluso en el caso de los hombres, el uso ordinario no nos permite afirmar tal cosa. No decimos que quien toca a un hombre enfermo para curarlo sea él mismo partícipe de la enfermedad, sino que decimos que él da al enfermo el beneficio de un retorno a la salud, y no participa de la enfermedad: pues el sufrimiento no lo toca a él, es él quien toca la enfermedad. Ahora bien, si aquel que por su arte obra algún bien en los cuerpos de los hombres no es llamado torpe ni débil, sino que es llamado amante de los hombres y bienhechor y cosas semejantes, ¿por qué calumnian la dispensación para con nosotros como algo mezquino y sin gloria, y la usan para sostener que la esencia del Hijo es «divergente por vía de inferioridad,» sobre la base de que la Naturaleza del Padre es superior a los sufrimientos, mientras que la del Hijo no es pura de pasión? ¿Por qué, si el fin de la dispensación de la Encarnación no era que el Hijo estuviera sujeto al sufrimiento, sino que se manifestara como amante de los hombres, mientras que el Padre también es indudablemente amante de los hombres, se sigue que si uno considera el fin, el Hijo está en el mismo caso que el Padre? Pero si no fue el Padre Quien obró la destrucción de la muerte, no te maravilles—pues también todo juicio lo ha encomendado al Hijo, Él mismo no juzgando a nadie; no haciendo todas las cosas por el Hijo por la razón de que Él sea incapaz de salvar al perdido o juzgar al pecador, sino porque Él hace estas cosas también por su propio Poder, por el cual obra todas las cosas. Entonces los que fueron salvados por el Hijo fueron salvados por el Poder del Padre, y los que son juzgados por Él sufren el juicio por la Justicia de Dios. Porque «Cristo,» como dice el Apóstol, «es la Justicia de Dios [],» que se revela por el Evangelio; y ya mires al mundo como un todo, o a las partes del mundo que componen ese todo completo, todas estas son obras del Padre, en cuanto que son obras de su Poder; y así la palabra que dice tanto que el Padre hizo todas las cosas, como que ninguna de estas cosas que existen llegó a ser sin el Hijo, habla verdaderamente en ambos puntos; pues la operación del Poder tiene relación con Aquel de Quien es el Poder. Así, puesto que el Hijo es el Poder del Padre, todas las obras del Hijo son obras del Padre. Que Él entró en la dispensación de la Pasión no por debilidad de naturaleza sino por el poder de su voluntad, se podrían traer innumerables pasajes del Evangelio para mostrarlo; pero éstos, como el asunto está claro, los omitiré, para que mi discurso no se prolongue deteniéndose en puntos admitidos. Si, pues, lo que sucede es malo, tenemos que separar de ese mal no sólo al Padre, sino también al Hijo; pero si la salvación de los que estaban perdidos es buena, y si lo que tuvo lugar no es «pasión,» sino amor a los hombres, ¿por qué alienáis de nuestra acción de gracias por nuestra salvación al Padre, Quien por su propio Poder, que es Cristo, obró para los hombres su liberación de la muerte?

    4. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos

    y muestra aquí a Eunomio como defensor de la doctrina ortodoxa, y concluye el libro mostrando que los nombres divinos y humanos se aplican, a causa de la conmixtión, a una y otra Naturaleza.

    VI, 4

    Pero debemos volver una vez más a nuestro vehemente escritor de discursos, y retomar de nuevo aquella severa invectiva suya contra nosotros. Nos echa en cara que neguemos que la Esencia del Hijo haya sido hecha, contradiciendo las palabras de Pedro, «Él le hizo Señor y Cristo, a este Jesús a quien vosotros crucificasteis []»; y se muestra muy enérgico en su indignación e improperios sobre este asunto, y además sostiene ciertos puntos con los cuales piensa que refuta nuestra doctrina. Veamos, pues, la fuerza de sus intentos. «¿Quién, por favor, tú, el más temerario de los hombres,» dice, «cuando tiene la forma de siervo, toma la forma de siervo?» «Ningún hombre razonable,» será nuestra respuesta, «usaría un lenguaje de esta clase, salvo el que pueda ser totalmente ajeno a la esperanza de los cristianos. Pero tú perteneces a esa clase, que nos acusa de temeridad porque no admitimos que el Creador sea creado. Porque si el Espíritu Santo no miente cuando dice por el profeta: "Todas las cosas te sirven", y toda la creación está en servidumbre, y el Hijo es, como tú dices, creado, es claramente consiervo con todas las cosas, degradado por su participación en la creación a participar también de la servidumbre. Y a Aquel que está en servidumbre ciertamente le revestirás con la forma de siervo: pues no te avergonzarás, por supuesto, del aspecto de servidumbre cuando reconoces que Él es siervo por naturaleza. ¿Quién es ahora, pregunto, retórico agudísimo mío, el que transfiere al Hijo de la forma servil a otra forma de siervo? ¿El que reclama para Él el ser increado, y con ello prueba que no es siervo, o tú, más bien, que continuamente gritas que el Hijo es siervo del Padre, y estuvo realmente bajo su dominio antes de tomar la forma de siervo? No pido otros jueces; dejo el voto sobre estas cuestiones en tus propias manos. Pues supongo que nadie es tan desvergonzado en su trato con la verdad como para oponerse a hechos reconocidos por pura desvergüenza. Lo que hemos dicho es claro para cualquiera: que por los atributos propios de la servidumbre se señala lo que es por naturaleza servil, y ser creado es un atributo propio de la servidumbre. Así, el que afirma que Él, siendo siervo, tomó sobre sí nuestra forma, es ciertamente el hombre que transfiere al Unigénito de servidumbre a servidumbre.»
    Él intenta, sin embargo, luchar contra nuestras palabras, y dice, un poco más adelante (pues pasaré por alto por ahora sus observaciones intermedias, ya que han sido discutidas más o menos plenamente en mis argumentos anteriores), cuando nos acusa de ser «audaces al decir o pensar cosas imposibles de concebir,» y nos llama «los más miserables,» — añade, digo, esto:— «Porque si no es del Verbo que era en el principio y era Dios de quien habla el bienaventurado Pedro, sino de Aquel que fue 'visto', y que 'se despojó a sí mismo', como dice Basilio, y si el hombre que fue 'visto' 'se despojó a sí mismo' para tomar 'la forma de siervo', y Aquel que 'se despojó a sí mismo' para tomar la forma de siervo, 'se despojó a sí mismo' para venir a ser hombre, entonces el hombre que fue 'visto' 'se despojó a sí mismo', para venir a ser hombre.» Puede ser que el juicio de mis lectores haya detectado inmediatamente en la cita anterior la bellaquería y, al mismo tiempo, la necedad del argumento que sostiene; sin embargo, se añadirá de nuestra parte una breve refutación de lo que dice, no tanto para derribar su torpe sofisma, que de hecho queda derribado por sí mismo para quienes tienen oídos para oír, como para evitar la apariencia de pasar por alto su alegato sin discutirlo, bajo el pretexto de despreciar la inutilidad de su argumento. Consideremos, pues, el asunto de esta manera. ¿Cuáles son las palabras del Apóstol? «Séaos notorio,» dice, «que Dios le hizo Señor y Cristo [].» Luego, como si alguien le hubiera preguntado sobre quién se había derramado semejante gracia, señala como con el dedo al sujeto, diciendo: «este Jesús, a quien vosotros crucificasteis.» ¿Qué dice Basilio sobre esto? Que la palabra demostrativa declara que esa persona fue hecha Cristo, la que había sido crucificada por los oyentes — pues dice, «vosotros crucificasteis,» y era probable que quienes habían exigido el asesinato que se cometió contra Él fuesen oyentes del discurso; pues el tiempo desde la crucifixión hasta el discurso de Pedro no fue largo. ¿Qué alega, entonces, Eunomio en respuesta a esto? «Si no es del Verbo que era en el principio y era Dios de quien habla el bienaventurado Pedro, sino de Aquel que fue 'visto', y que 'se despojó a sí mismo', como dice Basilio, y si el hombre que fue 'visto' 'se despojó a sí mismo' para tomar 'la forma de siervo'» — ¡Detente! ¿Quién dice esto, que el hombre que fue visto se despojó a sí mismo de nuevo para tomar la forma de siervo? ¿O quién sostiene que el sufrimiento de la Cruz tuvo lugar antes de la manifestación en la carne? La Cruz no precedió al cuerpo, ni el cuerpo «la forma de siervo.» Pero Dios se manifiesta en la carne, mientras que la carne que mostró a Dios en sí misma, después de haber cumplido por sí misma el gran misterio de la Muerte, se transforma por la conmixtión en aquello que es exaltado y Divino, haciéndose Cristo y Señor, siendo transferida y cambiada a aquello que era Él, que se manifestó en esa carne. Pero si dijéramos esto, nuestro campeón de la verdad sostiene una vez más que decimos que Aquel que fue mostrado en la Cruz «se despojó a sí mismo» para llegar a ser otro hombre, componiendo su sofisma de la siguiente manera en su formulación:— «Si,» dice él, «el hombre que fue 'visto' 'se despojó a sí mismo' para tomar la 'forma de siervo', y Aquel que 'se despojó a sí mismo' para tomar la 'forma de siervo', 'se despojó a sí mismo' para venir a ser hombre, entonces el hombre que fue 'visto' 'se despojó a sí mismo' para venir a ser hombre.»
    ¡Qué bien recuerda la tarea que tiene ante sí! ¡Cuán pertinente es la conclusión de su argumento! Basilio declara que el Apóstol dijo que el hombre que fue «visto» fue hecho Cristo y Señor, y este claro e ingenioso refutador de sus afirmaciones dice: «Si Pedro no dice que la esencia de Aquel que era en el principio fue hecha, el hombre que fue 'visto' 'se despojó a sí mismo' para tomar la 'forma de siervo', y Aquel que 'se despojó a sí mismo' para tomar la 'forma de siervo', se despojó a sí mismo para llegar a ser hombre.» ¡Estamos vencidos, Eunomio, por esta sabiduría invencible! El hecho de que el discurso del Apóstol se refiera a Aquel que fue «crucificado por la debilidad []» queda ciertamente refutado de modo poderoso cuando aprendemos que si creemos que esto es así, el hombre que fue «visto» se convierte de nuevo en otro, «despojándose a sí mismo» para otro venir a ser del hombre. ¿Nunca dejarás de burlarte de lo que debería estar a salvo de tales intentos? ¿No te sonrojarás al destruir con tan ridículos sofismas el temor reverente que protege los misterios divinos? ¿No te volverás ahora, si nunca antes, a saber que el Dios unigénito, que está en el seno del Padre, siendo Verbo, y Rey, y Señor, y todo lo que es excelso en palabra y pensamiento, no necesita llegar a ser nada que sea bueno, puesto que Él mismo es la plenitud de todos los bienes? ¿Qué es, entonces, aquello en lo que, al cambiarse, llega a ser lo que no era antes? Pues bien, así como Aquel que no conoció pecado se hace pecado, para quitar el pecado del mundo, así, por otra parte, la carne que recibió al Señor llega a ser Cristo y Señor, siendo transformada por la conmixtión en aquello que no era por naturaleza: con lo cual aprendemos que ni Dios habría sido manifestado en la carne, si el Verbo no se hubiera hecho carne, ni la carne humana que lo rodeaba habría sido transformada a lo divino, si aquello que era aparente a los sentidos no hubiera llegado a ser Cristo y Señor. Pero tratan con desprecio la sencillez de lo que predicamos quienes usan sus silogismos para pisotear el ser de Dios, y desean mostrar que Aquel que por la creación trajo a la existencia todas las cosas que son, es Él mismo una parte de la creación, y retuercen, para ayudarse en tal esfuerzo por establecer su blasfemia, las palabras de Pedro, que dijo a los judíos: «Séaos notorio a toda la casa de Israel que Dios le hizo Señor y Cristo, a este Jesús a quien vosotros crucificasteis [].» ¡Ésta es la prueba que presentan para la afirmación de que la esencia del Dios unigénito es creada! ¿Qué? Dime, ¿existían los judíos, a quienes se dirigían las palabras, antes de los siglos? ¿Fue la Cruz antes del mundo? ¿Fue Pilato antes de toda la creación? ¿Existió Jesús primero, y después el Verbo? ¿Fue la carne más antigua que la Divinidad? ¿Trajo Gabriel la buena nueva a María antes de que el mundo existiera? ¿Acaso no tomó el Hombre que estaba en Cristo comienzo por vía de nacimiento en los días de César Augusto, mientras que el Verbo que era Dios en el principio es nuestro Rey, como testifica el profeta, antes de todos los siglos? ¿No ves qué confusión introduces en el asunto, poniendo, como se dice, las cosas al revés? Era el quincuagésimo día después de la Pasión, cuando Pedro predicó su sermón a los judíos y dijo: «A quien vosotros crucificasteis, Dios le hizo Cristo y Señor.» ¿No adviertes el orden de sus palabras? ¿Cuál es lo primero, cuál lo segundo en sus palabras? No dijo: «A quien Dios hizo Señor, vosotros crucificasteis,» sino: «A quien vosotros crucificasteis, Dios le hizo Cristo y Señor»: de modo que queda claro por esto que Pedro no habla de lo que era antes de los siglos, sino de lo que vino después de la dispensación.
    ¿Cómo es, entonces, que no ves que toda la concepción de tu argumento sobre el asunto está siendo derribada, y continúas haciéndote ridículo con tu infantil red de sofismas, diciendo que, si creemos que Aquel que era aparente a los sentidos ha sido hecho por Dios Cristo y Señor, se sigue necesariamente que el Señor una vez más «se despojó a sí mismo» de nuevo para hacerse Hombre, y experimentó un segundo nacimiento? ¿Qué ventaja obtiene tu doctrina de esto? ¿Cómo muestra lo que dices que el Rey de la creación sea creado? Por mi parte afirmo, por el contrario, que nuestra opinión está apoyada por quienes contienden contra nosotros, y que el retórico, en su extrema atención al asunto, no ha visto que al llevar, según suponía, el argumento a un absurdo, está luchando del lado de aquellos a quienes ataca, con las mismas armas que usa para derribarlos. Porque si hemos de creer que el cambio de condición en el caso de Jesús fue de un estado excelso a uno humilde, y si sólo la Naturaleza divina e increada trasciende la creación, él, tal vez, cuando examine a fondo su propio argumento, se pasará a las filas de la verdad y convendrá en que el Increado vino a estar en lo creado, por su amor al hombre. Pero si imagina que demuestra el carácter creado del Señor mostrando que Él, siendo Dios, participó de la naturaleza humana, encontrará muchos pasajes semejantes para establecer la misma opinión que apoyan su argumento de manera similar. Pues puesto que Él era el Verbo y era Dios, y «después,» como dice el profeta, «fue visto sobre la tierra y conversó con los hombres [],» ¡con ello se probará que es una de las criaturas! Y si se considera que esto está fuera de la cuestión, pasajes semejantes tampoco son muy afines al asunto. Porque en sentido es exactamente lo mismo decir que el Verbo que era en el principio se manifestó a los hombres mediante la carne, y decir que siendo en la forma de Dios se revistió de la forma de siervo: y si una de estas afirmaciones no ayuda para el establecimiento de su blasfemia, necesariamente ha de abandonar también la restante. Sin embargo, tiene la bondad de aconsejarnos que abandonemos nuestro error y de señalar la verdad que él mismo sostiene. Nos dice que el Apóstol Pedro declara que fue hecho Aquel que era en el principio el Verbo y Dios. Pues bien, si estuviera inventando sueños para nuestro entretenimiento y dándonos información sobre la interpretación profética de las visiones del sueño, no habría riesgo en permitirle exponer a su gusto los enigmas de su imaginación. Pero cuando nos dice que está explicando las expresiones divinas, ya no es seguro para nosotros dejarle interpretar las palabras como le plazca. ¿Qué dice la Escritura? «Dios hizo Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros crucificasteis [].» Cuando, pues, todo se encuentra que concurre — la palabra demostrativa que denota a Aquel de quien se habla por el Nombre de su Humanidad, la acusación contra los manchados por la culpa de sangre, el sufrimiento de la Cruz —, nuestro pensamiento se vuelve necesariamente hacia lo que era aparente a los sentidos. Pero él afirma que mientras Pedro usa estas palabras es la existencia pretemporal la que es indicada por la palabra «hizo». Ahora bien, podemos permitir con seguridad a las nodrizas y a las viejas bromear con los niños y establecer a su elección el significado de los sueños; pero cuando la Escritura inspirada se nos presenta para su exposición, el gran Apóstol nos prohíbe recurrir a las habladurías de las viejas. Cuando oigo hablar de «la Cruz», entiendo la Cruz, y cuando oigo mencionar un nombre humano, entiendo la naturaleza que ese nombre connota. Así, cuando oigo de Pedro que «éste» fue hecho Señor y Cristo, no dudo que habla de Aquel que había estado ante los ojos de los hombres, puesto que los santos convienen entre sí en este asunto como en otros. Pues, así como dice que Aquel que fue crucificado ha sido hecho Señor, así también Pablo dice que Él fue «exaltado en extremo,» después de la Pasión y la Resurrección, no siendo exaltado en cuanto que es Dios. Porque ¿qué altura hay más sublime que la altura divina, para que diga que Dios fue exaltado a ella? Sino que quiere decir que la bajeza de la Humanidad fue exaltada, indicando la palabra, supongo, la asimilación y unión del Hombre que fue asumido con el estado exaltado de la Naturaleza divina. E incluso si se le concediera licencia para malinterpretar la expresión divina, ni aun así su argumento concluirá de acuerdo con el objetivo de su herejía. Porque concédase que Pedro sí dice de Aquel que era en el principio, «Dios le hizo Señor y Cristo, a este Jesús a quien vosotros crucificasteis,» hallaremos que aun así su blasfemia no gana fuerza alguna contra la verdad. «Dios le hizo,» dice, «Señor y Cristo.» ¿A cuál de las palabras hemos de referir la palabra hizo? ¿Con cuál de las que se emplean en esta frase hemos de conectar la palabra? Hay tres ante nosotros:— «éste,» y «Señor,» y «Cristo.» ¿Con cuál de estos tres construirá la palabra «hizo»? Nadie es tan audaz contra la verdad como para negar que «hizo» se refiere a «Cristo» y «Señor»; pues Pedro dice que Él, siendo ya todo lo que era, fue «hecho Cristo y Señor» por el Padre.
    Estas palabras no son mías: son las de aquel que lucha contra el Verbo. Pues dice, en el pasaje mismo que está ante nosotros para examen, exactamente así:— «El bienaventurado Pedro habla de Aquel que era en el principio y era Dios, y nos expone que fue Él quien llegó a ser Señor y Cristo.» Eunomio, pues, dice que Aquel que era todo lo que era llegó a ser Señor y Cristo, como la historia de David nos cuenta que él, siendo hijo de Jesé y guardador de los rebaños, fue ungido para ser rey: no porque la unción lo hiciera entonces hombre, sino porque él, siendo lo que era por su propia naturaleza, fue transformado de hombre común en rey. ¿Qué se sigue? ¿Queda con ello más establecido que la esencia del Hijo fue hecha si, como dice Eunomio, Dios le hizo, cuando era en el principio y era Dios, tanto Señor como Cristo? Pues el señorío no es un nombre de su ser, sino de su ser en autoridad, y la denominación de Cristo indica su reino, mientras que la idea de su reino es una, y la de su Naturaleza otra. Supongamos que la Escritura dice que estas cosas tuvieron lugar con respecto al Hijo de Dios. Consideremos entonces cuál es la opinión más piadosa y más racional. ¿De quién podemos decir lícitamente que es hecho partícipe de superioridad por vía de avance: de Dios o del hombre? ¿Quién tiene una mente tan pueril como para suponer que la Divinidad pasa a la perfección por vía de adición? Pero en cuanto a la Naturaleza humana, tal suposición no es irrazonable, viendo que las palabras del Evangelio atribuyen claramente a nuestro Señor aumento en lo que respecta a su Humanidad: pues dice, «Jesús aumentaba en sabiduría y en estatura y en gracia.» ¿Cuál es, entonces, la sugerencia más razonable que se deriva de las palabras del Apóstol?: ¿que Aquel que era Dios en el principio llegó a ser Señor por vía de avance, o que la bajeza de la Naturaleza humana fue elevada a la altura de la majestad como resultado de su comunión con lo Divino? Pues también el profeta David, hablando en la persona del Señor, dice: «Yo soy establecido como rey por Él,» con un significado muy cercano a «Yo fui hecho Cristo:» y de nuevo, en la persona del Padre al Señor, dice: «Sé Señor en medio de tus enemigos,» con el mismo significado que Pedro, «Sé hecho Señor de tus enemigos.» Así, pues, el establecimiento de su reino no significa la formación de su esencia, sino el avance a su dignidad, y Aquel que le manda «ser Señor» no ordena que lo no existente venga a la existencia en ese momento particular, sino que da a Aquel que es el dominio sobre los desobedientes; así también el bienaventurado Pedro, cuando dice que uno ha sido hecho Cristo (es decir, rey de todos), añade la palabra «Él» para distinguir la idea tanto de la esencia como de los atributos contemplados en conexión con ella. Pues Él le hizo lo que ha sido declarado cuando ya era lo que es. Ahora bien, si fuera lícito afirmar de la Naturaleza trascendente que llegó a ser algo por vía de avance, como rey de un hombre común, o excelso de humilde, o Señor de siervo, podría ser propio aplicar las palabras de Pedro al Unigénito. Pero puesto que la Naturaleza divina, cualquiera que se crea que es, permanece siempre la misma, estando por encima de todo aumento e incapaz de disminución, nos vemos absolutamente obligados a referir su dicho a la Humanidad. Pues Dios Verbo es ahora, y siempre permanece, aquello que era en el principio, siempre Rey, siempre Señor, siempre Dios y Altísimo, no habiendo llegado a ser ninguna de estas cosas por vía de avance, sino siendo, en virtud de su Naturaleza, todo lo que se declara que es; mientras que, por otra parte, Aquel que, por ser asumido, fue elevado de Hombre a la Divinidad, siendo una cosa y llegando a ser otra, se dice estricta y verdaderamente que ha llegado a ser Cristo y Señor. Pues Él le hizo llegar a ser Señor de ser siervo, Rey de ser súbdito, Cristo de estar en subordinación. Exaltó en extremo lo que era humilde, y dio al que tenía el Nombre humano aquel Nombre que está sobre todo nombre. Y así se produjo aquella mezcla y conjunción inefable de la pequeñez humana con la grandeza divina, por la cual incluso aquellos nombres que son grandes y divinos se aplican propiamente a la Humanidad, mientras que, por otra parte, la Divinidad es llamada con nombres humanos. Pues es la misma Persona la que tiene el Nombre que está sobre todo nombre, y es adorada por toda la creación en el Nombre humano de Jesús. Pues dice: «ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesús es Señor, para gloria de Dios Padre.» Pero baste de estas cosas.
    0 comentarios
    0 vistas

    Comentarios

    Inicia sesión para dejar un comentario

    No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
    Fin de la parte 16 de 29