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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 9 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minSegunda carta prefatoria
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 min3\. No vemos nada notable en la fuerza lógica del tratado de Eunomio, y por eso emprendemos nuestra Respuesta con justa confianza.
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 min5\. Su peculiar caricatura de los obispos, Eustacio de Armenia y Basilio de Galacia, no está bien lograda.
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 11 min7\. El propio Eunomio prueba que la confesión de fe que hizo no fue recusada.
  6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 9 min8\. Los hechos muestran que los términos de injuria que ha empleado contra Basilio son más apropiados para él mismo.
  7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 8 min10\. Todos sus epítetos insultantes quedan demostrados como falsos por los hechos.
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 min11\. La sofística que emplea para demostrar que nosotros reconocimos que él había sido sometido a juicio
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 min12\. Su acusación de cobardía carece de fundamento: pues Basilio mostró el mayor valor ante el Emperador y sus lugartenientes.
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 8 min13\. Resumen de su enseñanza dogmática. Objeciones a ella en detalle.
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 9 min15\. Obra mal al hacer que solo el ser del Padre sea propio y supremo
  12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 8 min16\. Examen del significado de 'sujeción': en cuanto dice que la naturaleza del Espíritu Santo está sujeta a la del Padre y del Hijo
  13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 11 min18\. No tiene razón para distinguir una pluralidad de seres en la Trinidad. No ofrece demostración de que así sea.
  14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 9 min20\. Yerra al suponer, para explicar la existencia del Unigénito, una 'energía' que produjo la Persona de Cristo.
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 14 min21\. La blasfemia de estos herejes es peor que la incredulidad judía.
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 3 min22\. No tiene derecho a afirmar un mayor y un menor en el ser divino. Una exposición sistemática de la enseñanza de la Iglesia.
  17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 8 min23\. Estas doctrinas de nuestra Fe atestiguadas y confirmadas por pasajes de la Escritura.
  18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 min24\. Su elaborada explicación de grados y diferencias en 'obras' y 'energías' dentro de la Trinidad es absurda.
  19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 7 min25\. Quien afirma que el Padre es 'anterior' al Hijo con cualquier pensamiento de un intervalo debe por fuerza admitir que ni siquiera el Padre está
  20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 11 min26\. No servirá aplicar esta concepción, tal como se ha expuesto arriba, del Padre y del Hijo a la Creación, como insisten en hacer
  21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 7 min27\. Imagina falsamente que las mismas energías producen las mismas obras, y que la variación en las obras indica variación en las energías.
  22. Sesión 22 · Parte 5 · ≈ 11 min28\. Imagina falsamente que podemos tener una serie inalterable de naturalezas armoniosas que existen unas al lado de otras.
  23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 7 min29\. Piensa vanamente que la duda acerca de las energías ha de resolverse por los seres, y a la inversa.
  24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 7 min32\. Su afirmación de que "el modo de la semejanza debe seguir el modo de la generación" es ininteligible.
  25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 7 min33\. Declara falsamente que "el modo de la generación ha de conocerse a partir de la dignidad intrínseca del generador".
  26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 11 min34\. El pasaje en que ataca el ['Ομοούσιον], y la controversia en respuesta al mismo.
  27. Sesión 27 · Parte 6 · ≈ 10 min35\. Prueba de que la enseñanza anomea tiende al maniqueísmo.
  28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 7 min36\. Una repetición pasajera de la enseñanza de la Iglesia.
  29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 6 min37\. Defensa de la afirmación de San Basilio, atacada por Eunomio, de que los términos 'Padre' y 'El Ingenerado' pueden tener el mismo significado.
  30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 9 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
  31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 12 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
  32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
  33. Sesión 33 · Parte 7 · ≈ 11 min39\. Respuesta a la pregunta que siempre formula, «¿Puede ser engendrado el que es?»
  34. Sesión 34 · Parte 7 · ≈ 7 min40\. Su infructuoso intento de ser consecuente con sus propias afirmaciones después de que Basilio lo hubo refutado.
  35. Sesión 35 · Parte 7 · ≈ 13 min41\. Lo que sigue no es lo mismo que aquello a lo que sigue.
  36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 12 minLibro II
  37. Sesión 37 · Parte 8 · ≈ 9 min3\. Gregorio procede a discutir la fuerza relativa del nombre innominable de la Santísima Trinidad y la relación mutua de las Personas
  38. Sesión 38 · Parte 8 · ≈ 8 min5\. Después refuta admirablemente las ininteligibles afirmaciones de Eunomio que sostienen que la esencia del Padre no está separada ni dividida
  39. Sesión 39 · Parte 8 · ≈ 11 min6\. Muestra después la unidad del Hijo con el Padre y la falta de comprensión y de conocimiento en las Escrituras por parte de Eunomio.
  40. Sesión 40 · Parte 8 · ≈ 10 min7\. Gregorio demuestra además que el Unigénito, al ser engendrado no solo del Padre, sino también impasiblemente de la Virgen por el Espíritu Santo
  41. Sesión 41 · Parte 8 · ≈ 7 min7\. Gregorio demuestra además que el Unigénito, al ser engendrado no solo del Padre, sino también impasiblemente de la Virgen por el Espíritu Santo
  42. Sesión 42 · Parte 9 · ≈ 6 min8\. Expone además muy oportunamente el sentido del término «Unigénito,» y del término «Primogénito,» empleado cuatro veces por el Apóstol.
  43. Sesión 43 · Parte 9 · ≈ 11 min9\. Gregorio discute de nuevo la generación del Unigénito, y otros diversos modos de generación, materiales e inmateriales
  44. Sesión 44 · Parte 9 · ≈ 9 min10\. Explica la frase «El Señor me creó,» y el argumento sobre la originación del Hijo
  45. Sesión 45 · Parte 9 · ≈ 8 min10\. Explica la frase «El Señor me creó,» y el argumento sobre la originación del Hijo
  46. Sesión 46 · Parte 9 · ≈ 12 min11\. Tras exponer la excelsa condición del Todopoderoso, la eternidad del Hijo y la frase «se hizo obediente»
  47. Sesión 47 · Parte 9 · ≈ 3 min11\. Tras exponer la excelsa condición del Todopoderoso, la eternidad del Hijo y la frase «se hizo obediente»
  48. Sesión 48 · Parte 10 · ≈ 14 min12\. Así procede a un magnífico discurso sobre la interpretación de «Mediador», «Semejante», «Ingenerado», y de «engendrado»
  49. Sesión 49 · Parte 10 · ≈ 11 min13\. Expone el pasaje del Evangelio, «El Padre no juzga a nadie,» y habla además de la asunción del hombre con cuerpo y alma obrada por el Señor
  50. Sesión 50 · Parte 10 · ≈ 11 min14\. Prosigue discutiendo las opiniones sostenidas por Eunomio y por la Iglesia tocantes al Espíritu Santo
  51. Sesión 51 · Parte 10 · ≈ 5 min14\. Prosigue discutiendo las opiniones sostenidas por Eunomio y por la Iglesia tocantes al Espíritu Santo
  52. Sesión 52 · Parte 11 · ≈ 10 min15\. Por último, expone largamente la necedad de Eunomio, quien a veces habla del Espíritu Santo como creado y como la obra más hermosa del Hijo
  53. Sesión 53 · Parte 11 · ≈ 9 min15\. Por último, expone largamente la necedad de Eunomio, quien a veces habla del Espíritu Santo como creado y como la obra más hermosa del Hijo
  54. Sesión 54 · Parte 11 · ≈ 12 minLibro III
  55. Sesión 55 · Parte 11 · ≈ 10 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
  56. Sesión 56 · Parte 11 · ≈ 13 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
  57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 2 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
  58. Sesión 58 · Parte 12 · ≈ 9 min3\. Muestra luego, a partir del ejemplo de Adán y Abel y de otros ejemplos
  59. Sesión 59 · Parte 12 · ≈ 10 min4\. Así muestra la unidad del Hijo eterno con el Padre
  60. Sesión 60 · Parte 12 · ≈ 9 min5\. Discute la incomprehensibilidad de la esencia divina, y el dicho a la mujer de Samaria, «Vosotros adoráis lo que no sabéis.»
  61. Sesión 61 · Parte 12 · ≈ 12 min7\. Después termina el libro con una exposición de los nombres divinos y humanos del Unigénito
  62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 13 minLibro IV
  63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 3 min1\. El libro cuarto discute la exposición de la naturaleza del «producto de la generación», y de la generación impasible del Unigénito, y el texto
  64. Sesión 64 · Parte 13 · ≈ 8 min2\. Demuestra que Eunomio aplicó al Unigénito términos propios de la existencia de la tierra
  65. Sesión 65 · Parte 13 · ≈ 9 min3\. Después discute de nuevo admirablemente el término [πρωτότοκος] tal como el Apóstol lo emplea cuatro veces.
  66. Sesión 66 · Parte 13 · ≈ 9 min4\. Prosigue de nuevo discutiendo la impasibilidad de la engendración del Señor
  67. Sesión 67 · Parte 13 · ≈ 9 min5\. Muestra de nuevo a Eunomio, constreñido por la verdad, en el carácter de abogado de la doctrina ortodoxa
  68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 11 min6\. Expone luego el argumento sobre el «Engendrado», y el «producto de la hechura», y «producto de la creación»
  69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 7 min6\. Expone luego el argumento sobre el «Engendrado», y el «producto de la hechura», y «producto de la creación»
  70. Sesión 70 · Parte 14 · ≈ 7 min7\. Critica a continuación clara y hábilmente la doctrina de la imposibilidad de comparación con las cosas hechas después del Hijo
  71. Sesión 71 · Parte 14 · ≈ 8 min8\. Prosigue mostrando que no hay «variación» en la esencia del Padre y del Hijo
  72. Sesión 72 · Parte 14 · ≈ 9 min9\. Luego, distinguiendo entre la esencia y la engendración, declara que el lenguaje vacío y frívolo de Eunomio es como un sonajero
  73. Sesión 73 · Parte 15 · ≈ 8 minLibro V
  74. Sesión 74 · Parte 15 · ≈ 9 min2\. Explica después la frase de San Pedro, «A éste Dios le hizo Señor y Cristo.» Y presenta aquí la declaración contraria de Eunomio
  75. Sesión 75 · Parte 15 · ≈ 9 min3\. Una réplica notable y original a estas declaraciones, y una demostración del poder del Crucificado
  76. Sesión 76 · Parte 15 · ≈ 9 min4\. Muestra la falsedad de la calumniosa acusación de Eunomio según la cual el gran Basilio había dicho que «el hombre se había vaciado para hacerse
  77. Sesión 77 · Parte 15 · ≈ 9 min5\. Después muestra que no hay dos Cristos ni dos Señores, sino un solo Cristo y un solo Señor, y que la naturaleza divina
  78. Sesión 78 · Parte 15 · ≈ 4 min5\. Después muestra que no hay dos Cristos ni dos Señores, sino un solo Cristo y un solo Señor, y que la naturaleza divina
  79. Sesión 79 · Parte 16 · ≈ 6 minLibro VI
  80. Sesión 80 · Parte 16 · ≈ 9 min2\. Luego vuelve a mencionar la palabra de San Pedro, «hecho», y el pasaje de la Epístola a los Hebreos
  81. Sesión 81 · Parte 16 · ≈ 10 min3\. Luego da una notable explicación de la palabra del Señor a Felipe, «El que me ha visto
  82. Sesión 82 · Parte 16 · ≈ 9 min4\. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos
  83. Sesión 83 · Parte 16 · ≈ 9 min4\. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos
  84. Sesión 84 · Parte 17 · ≈ 11 minLibro VII
  85. Sesión 85 · Parte 17 · ≈ 8 min1\. El libro séptimo muestra, a partir de diversas afirmaciones hechas a los Corintios y a los Hebreos, y de las palabras del Señor
  86. Sesión 86 · Parte 17 · ≈ 10 min2\. Luego declara que la estrecha relación entre los nombres y las cosas es inmutable, y luego procede en consecuencia, de la manera más excelente
  87. Sesión 87 · Parte 17 · ≈ 6 min4\. Dice que todas las cosas que están en la creación han sido nombradas por el hombre, si, como es el caso
  88. Sesión 88 · Parte 17 · ≈ 7 min5\. Después de mucho discurso acerca de lo realmente existente, de lo ingenerado y de lo bueno
  89. Sesión 89 · Parte 18 · ≈ 9 minLibro VIII
  90. Sesión 90 · Parte 18 · ≈ 8 min2\. Luego trata sobre el «querer» del Padre en cuanto a la generación del Hijo, y muestra que el objeto de esa buena voluntad es desde la eternidad
  91. Sesión 91 · Parte 18 · ≈ 6 min3\. Luego, pasando por alto lo relativo a la esencia del Hijo, por haber sido ya discutido, trata del sentido implícito en la «generación»
  92. Sesión 92 · Parte 18 · ≈ 7 min4\. Además muestra que las operaciones de Dios se expresan mediante ilustraciones humanas
  93. Sesión 93 · Parte 18 · ≈ 12 min5\. Después de mostrar que la Persona del Unigénito y Hacedor de todas las cosas no tiene principio, como tienen las cosas que fueron hechas por Él
  94. Sesión 94 · Parte 18 · ≈ 12 min5\. Después de mostrar que la Persona del Unigénito y Hacedor de todas las cosas no tiene principio, como tienen las cosas que fueron hechas por Él
  95. Sesión 95 · Parte 19 · ≈ 8 minLibro IX
  96. Sesión 96 · Parte 19 · ≈ 8 min2\. Luego muestra ingeniosamente que la engendración del Hijo no es según la frase de Eunomio, «El Padre lo engendró en aquel tiempo en que lo eligió
  97. Sesión 97 · Parte 19 · ≈ 11 min3\. Muestra además que la generación pretemporal del Hijo no está sujeta a las influencias derivadas de la generación ordinaria y carnal
  98. Sesión 98 · Parte 19 · ≈ 13 min4\. Luego, habiendo mostrado que la calumnia de Eunomio contra el gran Basilio, según la cual llamó al Unigénito «Ingenerado,» es falsa
  99. Sesión 99 · Parte 20 · ≈ 9 minLibro X
  100. Sesión 100 · Parte 20 · ≈ 7 min2\. A continuación muestra de manera admirable la Vida eterna, que es Cristo, a los que no le confiesan
  101. Sesión 101 · Parte 20 · ≈ 6 min3\. Muestra después la eternidad de la generación del Hijo y la identidad inseparable de su esencia con Aquel que lo engendró
  102. Sesión 102 · Parte 20 · ≈ 10 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
  103. Sesión 103 · Parte 20 · ≈ 10 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
  104. Sesión 104 · Parte 20 · ≈ 3 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
  105. Sesión 105 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
  106. Sesión 106 · Parte 21 · ≈ 8 min2\. Muestra también con ingenio, a partir del pasaje del Evangelio que habla de «Maestro bueno,» de la parábola de la Viña, de Isaías y de Pablo
  107. Sesión 107 · Parte 21 · ≈ 10 min3\. Luego expone la ignorancia de Eunomio y la incoherencia y absurdidad de sus argumentos al hablar del Hijo como «el Ángel del Existente,» y como
  108. Sesión 108 · Parte 21 · ≈ 9 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
  109. Sesión 109 · Parte 21 · ≈ 9 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
  110. Sesión 110 · Parte 21 · ≈ 3 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
  111. Sesión 111 · Parte 22 · ≈ 10 minLibro XII
  112. Sesión 112 · Parte 22 · ≈ 8 min2\. Luego, refiriéndose a la blasfemia de Eunomio, que había sido refutada por el gran Basilio
  113. Sesión 113 · Parte 22 · ≈ 8 min3\. Continúa luego interpretando de modo notable el lenguaje del Evangelio, «En el principio era el Verbo», y «Vida» y «Luz»
  114. Sesión 114 · Parte 22 · ≈ 9 min4\. De nuevo acusa a Eunomio de haber tomado su término [ἀ γεννησία] de los escritos jeroglíficos y de la mitología e idolatría egipcias
  115. Sesión 115 · Parte 22 · ≈ 9 minRespuesta al segundo libro de Eunomio
  116. Sesión 116 · Parte 23 · ≈ 12 minPrimera parte (¶ 1–15)
  117. Sesión 117 · Parte 23 · ≈ 11 minPrimera parte (¶ 1–15)
  118. Sesión 118 · Parte 23 · ≈ 14 minPrimera parte (¶ 1–15)
  119. Sesión 119 · Parte 23 · ≈ 9 minPrimera parte (¶ 1–15)
  120. Sesión 120 · Parte 24 · ≈ 11 minSegunda parte (¶ 16–35)
  121. Sesión 121 · Parte 24 · ≈ 10 minSegunda parte (¶ 16–35)
  122. Sesión 122 · Parte 24 · ≈ 12 minSegunda parte (¶ 16–35)
  123. Sesión 123 · Parte 24 · ≈ 8 minSegunda parte (¶ 16–35)
  124. Sesión 124 · Parte 25 · ≈ 11 minTercera parte (¶ 36–54)
  125. Sesión 125 · Parte 25 · ≈ 9 minTercera parte (¶ 36–54)
  126. Sesión 126 · Parte 25 · ≈ 13 minTercera parte (¶ 36–54)
  127. Sesión 127 · Parte 25 · ≈ 12 minTercera parte (¶ 36–54)
  128. Sesión 128 · Parte 26 · ≈ 12 minCuarta parte (¶ 55–71)
  129. Sesión 129 · Parte 26 · ≈ 9 minCuarta parte (¶ 55–71)
  130. Sesión 130 · Parte 26 · ≈ 10 minCuarta parte (¶ 55–71)
  131. Sesión 131 · Parte 26 · ≈ 11 minCuarta parte (¶ 55–71)
  132. Sesión 132 · Parte 27 · ≈ 12 minQuinta parte (¶ 72–87)
  133. Sesión 133 · Parte 27 · ≈ 10 minQuinta parte (¶ 72–87)
  134. Sesión 134 · Parte 27 · ≈ 9 minQuinta parte (¶ 72–87)
  135. Sesión 135 · Parte 27 · ≈ 9 minQuinta parte (¶ 72–87)
  136. Sesión 136 · Parte 27 · ≈ 4 minQuinta parte (¶ 72–87)
  137. Sesión 137 · Parte 28 · ≈ 12 minSexta parte (¶ 88–102)
  138. Sesión 138 · Parte 28 · ≈ 11 minSexta parte (¶ 88–102)
  139. Sesión 139 · Parte 28 · ≈ 11 minSexta parte (¶ 88–102)
  140. Sesión 140 · Parte 28 · ≈ 10 minSexta parte (¶ 88–102)
  141. Sesión 141 · Parte 28 · ≈ 6 minSexta parte (¶ 88–102)
  142. Sesión 142 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
  143. Sesión 143 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
  144. Sesión 144 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
  145. Sesión 145 · Parte 29 · ≈ 11 minSéptima parte (¶ 103–119)
  146. Sesión 146 · Parte 29 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

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    TEXTOS — GREGORIO DE NISA

    Índice de la obra

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    Contra Eunomio

    Siglo IV · Traducción castellana directa de la versión inglesa de Moore y Wilson (Nicene and Post-Nicene Fathers)51 minPosición: 0% de esta parteParte 6 de 29 · 35\. Prueba de que la enseñanza anomea tiende al maniqueísmo.Publicado el Actualizado el Ref. ESC-NIS-01

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 9 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 7 minSegunda carta prefatoria
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 min3\. No vemos nada notable en la fuerza lógica del tratado de Eunomio, y por eso emprendemos nuestra Respuesta con justa confianza.
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 9 min5\. Su peculiar caricatura de los obispos, Eustacio de Armenia y Basilio de Galacia, no está bien lograda.
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 11 min7\. El propio Eunomio prueba que la confesión de fe que hizo no fue recusada.
    6. Sesión 6 · Parte 2 · ≈ 9 min8\. Los hechos muestran que los términos de injuria que ha empleado contra Basilio son más apropiados para él mismo.
    7. Sesión 7 · Parte 2 · ≈ 8 min10\. Todos sus epítetos insultantes quedan demostrados como falsos por los hechos.
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 9 min11\. La sofística que emplea para demostrar que nosotros reconocimos que él había sido sometido a juicio
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 min12\. Su acusación de cobardía carece de fundamento: pues Basilio mostró el mayor valor ante el Emperador y sus lugartenientes.
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 8 min13\. Resumen de su enseñanza dogmática. Objeciones a ella en detalle.
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 9 min15\. Obra mal al hacer que solo el ser del Padre sea propio y supremo
    12. Sesión 12 · Parte 3 · ≈ 8 min16\. Examen del significado de 'sujeción': en cuanto dice que la naturaleza del Espíritu Santo está sujeta a la del Padre y del Hijo
    13. Sesión 13 · Parte 3 · ≈ 11 min18\. No tiene razón para distinguir una pluralidad de seres en la Trinidad. No ofrece demostración de que así sea.
    14. Sesión 14 · Parte 3 · ≈ 9 min20\. Yerra al suponer, para explicar la existencia del Unigénito, una 'energía' que produjo la Persona de Cristo.
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 14 min21\. La blasfemia de estos herejes es peor que la incredulidad judía.
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 3 min22\. No tiene derecho a afirmar un mayor y un menor en el ser divino. Una exposición sistemática de la enseñanza de la Iglesia.
    17. Sesión 17 · Parte 4 · ≈ 8 min23\. Estas doctrinas de nuestra Fe atestiguadas y confirmadas por pasajes de la Escritura.
    18. Sesión 18 · Parte 4 · ≈ 11 min24\. Su elaborada explicación de grados y diferencias en 'obras' y 'energías' dentro de la Trinidad es absurda.
    19. Sesión 19 · Parte 4 · ≈ 7 min25\. Quien afirma que el Padre es 'anterior' al Hijo con cualquier pensamiento de un intervalo debe por fuerza admitir que ni siquiera el Padre está
    20. Sesión 20 · Parte 4 · ≈ 11 min26\. No servirá aplicar esta concepción, tal como se ha expuesto arriba, del Padre y del Hijo a la Creación, como insisten en hacer
    21. Sesión 21 · Parte 4 · ≈ 7 min27\. Imagina falsamente que las mismas energías producen las mismas obras, y que la variación en las obras indica variación en las energías.
    22. Sesión 22 · Parte 5 · ≈ 11 min28\. Imagina falsamente que podemos tener una serie inalterable de naturalezas armoniosas que existen unas al lado de otras.
    23. Sesión 23 · Parte 5 · ≈ 7 min29\. Piensa vanamente que la duda acerca de las energías ha de resolverse por los seres, y a la inversa.
    24. Sesión 24 · Parte 5 · ≈ 7 min32\. Su afirmación de que "el modo de la semejanza debe seguir el modo de la generación" es ininteligible.
    25. Sesión 25 · Parte 5 · ≈ 7 min33\. Declara falsamente que "el modo de la generación ha de conocerse a partir de la dignidad intrínseca del generador".
    26. Sesión 26 · Parte 5 · ≈ 11 min34\. El pasaje en que ataca el ['Ομοούσιον], y la controversia en respuesta al mismo.
    27. Sesión 27 · Parte 6 · ≈ 10 min35\. Prueba de que la enseñanza anomea tiende al maniqueísmo.
    28. Sesión 28 · Parte 6 · ≈ 7 min36\. Una repetición pasajera de la enseñanza de la Iglesia.
    29. Sesión 29 · Parte 6 · ≈ 6 min37\. Defensa de la afirmación de San Basilio, atacada por Eunomio, de que los términos 'Padre' y 'El Ingenerado' pueden tener el mismo significado.
    30. Sesión 30 · Parte 6 · ≈ 9 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
    31. Sesión 31 · Parte 6 · ≈ 12 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
    32. Sesión 32 · Parte 6 · ≈ 9 min38\. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.
    33. Sesión 33 · Parte 7 · ≈ 11 min39\. Respuesta a la pregunta que siempre formula, «¿Puede ser engendrado el que es?»
    34. Sesión 34 · Parte 7 · ≈ 7 min40\. Su infructuoso intento de ser consecuente con sus propias afirmaciones después de que Basilio lo hubo refutado.
    35. Sesión 35 · Parte 7 · ≈ 13 min41\. Lo que sigue no es lo mismo que aquello a lo que sigue.
    36. Sesión 36 · Parte 7 · ≈ 12 minLibro II
    37. Sesión 37 · Parte 8 · ≈ 9 min3\. Gregorio procede a discutir la fuerza relativa del nombre innominable de la Santísima Trinidad y la relación mutua de las Personas
    38. Sesión 38 · Parte 8 · ≈ 8 min5\. Después refuta admirablemente las ininteligibles afirmaciones de Eunomio que sostienen que la esencia del Padre no está separada ni dividida
    39. Sesión 39 · Parte 8 · ≈ 11 min6\. Muestra después la unidad del Hijo con el Padre y la falta de comprensión y de conocimiento en las Escrituras por parte de Eunomio.
    40. Sesión 40 · Parte 8 · ≈ 10 min7\. Gregorio demuestra además que el Unigénito, al ser engendrado no solo del Padre, sino también impasiblemente de la Virgen por el Espíritu Santo
    41. Sesión 41 · Parte 8 · ≈ 7 min7\. Gregorio demuestra además que el Unigénito, al ser engendrado no solo del Padre, sino también impasiblemente de la Virgen por el Espíritu Santo
    42. Sesión 42 · Parte 9 · ≈ 6 min8\. Expone además muy oportunamente el sentido del término «Unigénito,» y del término «Primogénito,» empleado cuatro veces por el Apóstol.
    43. Sesión 43 · Parte 9 · ≈ 11 min9\. Gregorio discute de nuevo la generación del Unigénito, y otros diversos modos de generación, materiales e inmateriales
    44. Sesión 44 · Parte 9 · ≈ 9 min10\. Explica la frase «El Señor me creó,» y el argumento sobre la originación del Hijo
    45. Sesión 45 · Parte 9 · ≈ 8 min10\. Explica la frase «El Señor me creó,» y el argumento sobre la originación del Hijo
    46. Sesión 46 · Parte 9 · ≈ 12 min11\. Tras exponer la excelsa condición del Todopoderoso, la eternidad del Hijo y la frase «se hizo obediente»
    47. Sesión 47 · Parte 9 · ≈ 3 min11\. Tras exponer la excelsa condición del Todopoderoso, la eternidad del Hijo y la frase «se hizo obediente»
    48. Sesión 48 · Parte 10 · ≈ 14 min12\. Así procede a un magnífico discurso sobre la interpretación de «Mediador», «Semejante», «Ingenerado», y de «engendrado»
    49. Sesión 49 · Parte 10 · ≈ 11 min13\. Expone el pasaje del Evangelio, «El Padre no juzga a nadie,» y habla además de la asunción del hombre con cuerpo y alma obrada por el Señor
    50. Sesión 50 · Parte 10 · ≈ 11 min14\. Prosigue discutiendo las opiniones sostenidas por Eunomio y por la Iglesia tocantes al Espíritu Santo
    51. Sesión 51 · Parte 10 · ≈ 5 min14\. Prosigue discutiendo las opiniones sostenidas por Eunomio y por la Iglesia tocantes al Espíritu Santo
    52. Sesión 52 · Parte 11 · ≈ 10 min15\. Por último, expone largamente la necedad de Eunomio, quien a veces habla del Espíritu Santo como creado y como la obra más hermosa del Hijo
    53. Sesión 53 · Parte 11 · ≈ 9 min15\. Por último, expone largamente la necedad de Eunomio, quien a veces habla del Espíritu Santo como creado y como la obra más hermosa del Hijo
    54. Sesión 54 · Parte 11 · ≈ 12 minLibro III
    55. Sesión 55 · Parte 11 · ≈ 10 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
    56. Sesión 56 · Parte 11 · ≈ 13 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
    57. Sesión 57 · Parte 11 · ≈ 2 min2\. Luego examina y expone una vez más de manera excelente, apropiada y clara el pasaje «El Señor me creó.»
    58. Sesión 58 · Parte 12 · ≈ 9 min3\. Muestra luego, a partir del ejemplo de Adán y Abel y de otros ejemplos
    59. Sesión 59 · Parte 12 · ≈ 10 min4\. Así muestra la unidad del Hijo eterno con el Padre
    60. Sesión 60 · Parte 12 · ≈ 9 min5\. Discute la incomprehensibilidad de la esencia divina, y el dicho a la mujer de Samaria, «Vosotros adoráis lo que no sabéis.»
    61. Sesión 61 · Parte 12 · ≈ 12 min7\. Después termina el libro con una exposición de los nombres divinos y humanos del Unigénito
    62. Sesión 62 · Parte 12 · ≈ 13 minLibro IV
    63. Sesión 63 · Parte 12 · ≈ 3 min1\. El libro cuarto discute la exposición de la naturaleza del «producto de la generación», y de la generación impasible del Unigénito, y el texto
    64. Sesión 64 · Parte 13 · ≈ 8 min2\. Demuestra que Eunomio aplicó al Unigénito términos propios de la existencia de la tierra
    65. Sesión 65 · Parte 13 · ≈ 9 min3\. Después discute de nuevo admirablemente el término [πρωτότοκος] tal como el Apóstol lo emplea cuatro veces.
    66. Sesión 66 · Parte 13 · ≈ 9 min4\. Prosigue de nuevo discutiendo la impasibilidad de la engendración del Señor
    67. Sesión 67 · Parte 13 · ≈ 9 min5\. Muestra de nuevo a Eunomio, constreñido por la verdad, en el carácter de abogado de la doctrina ortodoxa
    68. Sesión 68 · Parte 13 · ≈ 11 min6\. Expone luego el argumento sobre el «Engendrado», y el «producto de la hechura», y «producto de la creación»
    69. Sesión 69 · Parte 13 · ≈ 7 min6\. Expone luego el argumento sobre el «Engendrado», y el «producto de la hechura», y «producto de la creación»
    70. Sesión 70 · Parte 14 · ≈ 7 min7\. Critica a continuación clara y hábilmente la doctrina de la imposibilidad de comparación con las cosas hechas después del Hijo
    71. Sesión 71 · Parte 14 · ≈ 8 min8\. Prosigue mostrando que no hay «variación» en la esencia del Padre y del Hijo
    72. Sesión 72 · Parte 14 · ≈ 9 min9\. Luego, distinguiendo entre la esencia y la engendración, declara que el lenguaje vacío y frívolo de Eunomio es como un sonajero
    73. Sesión 73 · Parte 15 · ≈ 8 minLibro V
    74. Sesión 74 · Parte 15 · ≈ 9 min2\. Explica después la frase de San Pedro, «A éste Dios le hizo Señor y Cristo.» Y presenta aquí la declaración contraria de Eunomio
    75. Sesión 75 · Parte 15 · ≈ 9 min3\. Una réplica notable y original a estas declaraciones, y una demostración del poder del Crucificado
    76. Sesión 76 · Parte 15 · ≈ 9 min4\. Muestra la falsedad de la calumniosa acusación de Eunomio según la cual el gran Basilio había dicho que «el hombre se había vaciado para hacerse
    77. Sesión 77 · Parte 15 · ≈ 9 min5\. Después muestra que no hay dos Cristos ni dos Señores, sino un solo Cristo y un solo Señor, y que la naturaleza divina
    78. Sesión 78 · Parte 15 · ≈ 4 min5\. Después muestra que no hay dos Cristos ni dos Señores, sino un solo Cristo y un solo Señor, y que la naturaleza divina
    79. Sesión 79 · Parte 16 · ≈ 6 minLibro VI
    80. Sesión 80 · Parte 16 · ≈ 9 min2\. Luego vuelve a mencionar la palabra de San Pedro, «hecho», y el pasaje de la Epístola a los Hebreos
    81. Sesión 81 · Parte 16 · ≈ 10 min3\. Luego da una notable explicación de la palabra del Señor a Felipe, «El que me ha visto
    82. Sesión 82 · Parte 16 · ≈ 9 min4\. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos
    83. Sesión 83 · Parte 16 · ≈ 9 min4\. Luego, volviendo a las palabras de Pedro, «Dios le hizo Señor y Cristo,» las explica hábilmente con muchos argumentos
    84. Sesión 84 · Parte 17 · ≈ 11 minLibro VII
    85. Sesión 85 · Parte 17 · ≈ 8 min1\. El libro séptimo muestra, a partir de diversas afirmaciones hechas a los Corintios y a los Hebreos, y de las palabras del Señor
    86. Sesión 86 · Parte 17 · ≈ 10 min2\. Luego declara que la estrecha relación entre los nombres y las cosas es inmutable, y luego procede en consecuencia, de la manera más excelente
    87. Sesión 87 · Parte 17 · ≈ 6 min4\. Dice que todas las cosas que están en la creación han sido nombradas por el hombre, si, como es el caso
    88. Sesión 88 · Parte 17 · ≈ 7 min5\. Después de mucho discurso acerca de lo realmente existente, de lo ingenerado y de lo bueno
    89. Sesión 89 · Parte 18 · ≈ 9 minLibro VIII
    90. Sesión 90 · Parte 18 · ≈ 8 min2\. Luego trata sobre el «querer» del Padre en cuanto a la generación del Hijo, y muestra que el objeto de esa buena voluntad es desde la eternidad
    91. Sesión 91 · Parte 18 · ≈ 6 min3\. Luego, pasando por alto lo relativo a la esencia del Hijo, por haber sido ya discutido, trata del sentido implícito en la «generación»
    92. Sesión 92 · Parte 18 · ≈ 7 min4\. Además muestra que las operaciones de Dios se expresan mediante ilustraciones humanas
    93. Sesión 93 · Parte 18 · ≈ 12 min5\. Después de mostrar que la Persona del Unigénito y Hacedor de todas las cosas no tiene principio, como tienen las cosas que fueron hechas por Él
    94. Sesión 94 · Parte 18 · ≈ 12 min5\. Después de mostrar que la Persona del Unigénito y Hacedor de todas las cosas no tiene principio, como tienen las cosas que fueron hechas por Él
    95. Sesión 95 · Parte 19 · ≈ 8 minLibro IX
    96. Sesión 96 · Parte 19 · ≈ 8 min2\. Luego muestra ingeniosamente que la engendración del Hijo no es según la frase de Eunomio, «El Padre lo engendró en aquel tiempo en que lo eligió
    97. Sesión 97 · Parte 19 · ≈ 11 min3\. Muestra además que la generación pretemporal del Hijo no está sujeta a las influencias derivadas de la generación ordinaria y carnal
    98. Sesión 98 · Parte 19 · ≈ 13 min4\. Luego, habiendo mostrado que la calumnia de Eunomio contra el gran Basilio, según la cual llamó al Unigénito «Ingenerado,» es falsa
    99. Sesión 99 · Parte 20 · ≈ 9 minLibro X
    100. Sesión 100 · Parte 20 · ≈ 7 min2\. A continuación muestra de manera admirable la Vida eterna, que es Cristo, a los que no le confiesan
    101. Sesión 101 · Parte 20 · ≈ 6 min3\. Muestra después la eternidad de la generación del Hijo y la identidad inseparable de su esencia con Aquel que lo engendró
    102. Sesión 102 · Parte 20 · ≈ 10 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
    103. Sesión 103 · Parte 20 · ≈ 10 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
    104. Sesión 104 · Parte 20 · ≈ 3 min4\. Después de esto muestra que el Hijo, que verdaderamente es y está en el seno del Padre, es simple e incompuesto
    105. Sesión 105 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
    106. Sesión 106 · Parte 21 · ≈ 8 min2\. Muestra también con ingenio, a partir del pasaje del Evangelio que habla de «Maestro bueno,» de la parábola de la Viña, de Isaías y de Pablo
    107. Sesión 107 · Parte 21 · ≈ 10 min3\. Luego expone la ignorancia de Eunomio y la incoherencia y absurdidad de sus argumentos al hablar del Hijo como «el Ángel del Existente,» y como
    108. Sesión 108 · Parte 21 · ≈ 9 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
    109. Sesión 109 · Parte 21 · ≈ 9 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
    110. Sesión 110 · Parte 21 · ≈ 3 min4\. Después de esto, temiendo extender su réplica en exceso, pasa por alto la mayoría de las afirmaciones de su adversario como ya refutadas
    111. Sesión 111 · Parte 22 · ≈ 10 minLibro XII
    112. Sesión 112 · Parte 22 · ≈ 8 min2\. Luego, refiriéndose a la blasfemia de Eunomio, que había sido refutada por el gran Basilio
    113. Sesión 113 · Parte 22 · ≈ 8 min3\. Continúa luego interpretando de modo notable el lenguaje del Evangelio, «En el principio era el Verbo», y «Vida» y «Luz»
    114. Sesión 114 · Parte 22 · ≈ 9 min4\. De nuevo acusa a Eunomio de haber tomado su término [ἀ γεννησία] de los escritos jeroglíficos y de la mitología e idolatría egipcias
    115. Sesión 115 · Parte 22 · ≈ 9 minRespuesta al segundo libro de Eunomio
    116. Sesión 116 · Parte 23 · ≈ 12 minPrimera parte (¶ 1–15)
    117. Sesión 117 · Parte 23 · ≈ 11 minPrimera parte (¶ 1–15)
    118. Sesión 118 · Parte 23 · ≈ 14 minPrimera parte (¶ 1–15)
    119. Sesión 119 · Parte 23 · ≈ 9 minPrimera parte (¶ 1–15)
    120. Sesión 120 · Parte 24 · ≈ 11 minSegunda parte (¶ 16–35)
    121. Sesión 121 · Parte 24 · ≈ 10 minSegunda parte (¶ 16–35)
    122. Sesión 122 · Parte 24 · ≈ 12 minSegunda parte (¶ 16–35)
    123. Sesión 123 · Parte 24 · ≈ 8 minSegunda parte (¶ 16–35)
    124. Sesión 124 · Parte 25 · ≈ 11 minTercera parte (¶ 36–54)
    125. Sesión 125 · Parte 25 · ≈ 9 minTercera parte (¶ 36–54)
    126. Sesión 126 · Parte 25 · ≈ 13 minTercera parte (¶ 36–54)
    127. Sesión 127 · Parte 25 · ≈ 12 minTercera parte (¶ 36–54)
    128. Sesión 128 · Parte 26 · ≈ 12 minCuarta parte (¶ 55–71)
    129. Sesión 129 · Parte 26 · ≈ 9 minCuarta parte (¶ 55–71)
    130. Sesión 130 · Parte 26 · ≈ 10 minCuarta parte (¶ 55–71)
    131. Sesión 131 · Parte 26 · ≈ 11 minCuarta parte (¶ 55–71)
    132. Sesión 132 · Parte 27 · ≈ 12 minQuinta parte (¶ 72–87)
    133. Sesión 133 · Parte 27 · ≈ 10 minQuinta parte (¶ 72–87)
    134. Sesión 134 · Parte 27 · ≈ 9 minQuinta parte (¶ 72–87)
    135. Sesión 135 · Parte 27 · ≈ 9 minQuinta parte (¶ 72–87)
    136. Sesión 136 · Parte 27 · ≈ 4 minQuinta parte (¶ 72–87)
    137. Sesión 137 · Parte 28 · ≈ 12 minSexta parte (¶ 88–102)
    138. Sesión 138 · Parte 28 · ≈ 11 minSexta parte (¶ 88–102)
    139. Sesión 139 · Parte 28 · ≈ 11 minSexta parte (¶ 88–102)
    140. Sesión 140 · Parte 28 · ≈ 10 minSexta parte (¶ 88–102)
    141. Sesión 141 · Parte 28 · ≈ 6 minSexta parte (¶ 88–102)
    142. Sesión 142 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
    143. Sesión 143 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
    144. Sesión 144 · Parte 29 · ≈ 9 minSéptima parte (¶ 103–119)
    145. Sesión 145 · Parte 29 · ≈ 11 minSéptima parte (¶ 103–119)
    146. Sesión 146 · Parte 29 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

    35. Prueba de que la enseñanza anomea tiende al maniqueísmo.

    I, 35

    Oímos a nuestro Señor decir. «Yo y el Padre somos uno,» y se nos enseña en esa declaración la dependencia de nuestro Señor de una causa, y sin embargo la identidad absoluta de la naturaleza del Hijo y del Padre; no dejamos que nuestra idea acerca de ellos se disuelva en una sola Persona, sino que mantenemos distintas las propiedades de las Personas, mientras que, por otra parte, no dividimos en las Personas la unidad de su substancia; y así se evita la suposición de dos principios diversos en la categoría de Causa, y no queda resquicio alguno por donde entre la herejía maniquea. Pues lo creado y lo increado están tan diametralmente opuestos entre sí como lo están sus nombres; y así, si los dos han de ser clasificados como Primeras Causas, el mal del maniqueísmo se introducirá de este modo subrepticiamente en la Iglesia. Digo esto porque mi celo contra nuestros antagonistas me hace escudriñar muy de cerca su doctrina. Ahora bien, creo que nadie negaría que estábamos llevando este escrutinio muy cerca de la verdad al decir que, si lo creado estuviera dotado de igual poder que lo increado, habrá una suerte de antagonismo entre estas cosas de naturaleza diversa, y, mientras ninguna de ellas carezca de poder, las dos se verán llevadas a un cierto estado de mutua discordia; pues por fuerza hemos de permitir que la voluntad corresponda con la naturaleza y esté íntimamente unida a ella; y que, si dos cosas son desemejantes en naturaleza, lo serán también en voluntad. Pero cuando el poder es adecuado en ambas, ninguna desfallecerá en la gratificación de su deseo; y si el poder de cada una es así igual a su deseo, la primacía se convertirá en punto dudoso para las dos; y terminará en una batalla empatada por lo inagotable de sus poderes. Así se infiltrará la herejía maniquea, apareciendo dos principios opuestos con pretensiones contrapuestas en la categoría de Causa, separados y opuestos por razón de la diferencia tanto en naturaleza como en voluntad. Hallarán, por tanto, que la afirmación de la disminución (en el Ser divino) es el comienzo del maniqueísmo; pues su enseñanza organiza una discordia dentro de ese ser, que viene a dar en dos principios rectores, como ha mostrado nuestro análisis; a saber, lo creado y lo increado.
    Pero quizá la mayoría censurará esto por ser una reducción al absurdo demasiado fuerte, y deseará que no lo hubiéramos incluido en absoluto entre nuestras otras objeciones. Sea así; no les contradeciremos. No fue nuestro impulso, sino nuestros propios adversarios, quienes nos forzaron a llevar nuestro argumento a tal minuciosidad de resultados. Pero si no es correcto argumentar así, era aún más conveniente que la enseñanza de nuestros adversarios, que dio ocasión a semejante refutación, no se hubiera oído jamás. Sólo hay un modo de suprimir la respuesta a la mala enseñanza, y es quitar la materia a la que ha de responderse. Pero lo que más placer me daría sería aconsejar a quienes están así dispuestos que se despojen un poco del espíritu de rivalidad, y no sean campeones tan sumamente celosos en favor de las opiniones privadas de las que se han posesionado, y que, convencidos de que la carrera es por su vida (espiritual), atiendan sólo a sus intereses y cedan la victoria a la Verdad. Si, pues, uno cesara de esta lucha ambiciosa y mirara directamente a la cuestión real que tenemos delante, muy pronto descubriría la absurda flagrancia de esta enseñanza.
    Pues supongamos concedido lo que exige el sistema de nuestros adversarios: que el no tener generación es Ser, y de igual modo que la generación es admitida en el Ser. Si, pues, uno siguiera cuidadosamente estas afirmaciones en todo su significado, aun así se reconstruirá la herejía maniquea, dado que los maniqueos suelen tomar como axioma las oposiciones entre bueno y malo, luz y tinieblas, y todas las cosas naturalmente antagónicas por el estilo. Creo que cualquiera que no se contente con una visión superficial del asunto se convencerá de que digo verdad. Veámoslo así. Todo sujeto tiene ciertas características inherentes, por medio de las cuales se conoce la especialidad de esa naturaleza subyacente. Esto es así, tanto si investigamos el reino animal como cualquier otro. El árbol y el animal no se conocen por las mismas marcas; ni las características del hombre se extienden, en el reino animal, a los brutos; ni, de nuevo, los mismos síntomas indican vida y muerte; en todo caso, sin excepción, como hemos dicho, la distinción de los sujetos resiste cualquier esfuerzo por confundirlos y hacer pasar uno por otro; las marcas que observamos en cada cosa no pueden comunicarse de modo que destruyan esa distinción. Sigamos esto al examinar la posición de nuestros adversarios. Dicen que el estado de no tener generación es Ser; y de igual modo hacen del tener generación Ser. Pero así como un hombre y una piedra no tienen las mismas marcas (al definir la esencia de lo animado y la de lo inanimado no darías la misma explicación de cada una), así han de conceder ciertamente que quien es no-generado ha de ser conocido por signos diferentes a los del generado. Examinemos, pues, aquellas cualidades peculiares de la Deidad no-engendrada, que las Sagradas Escrituras nos enseñan que pueden mencionarse y pensarse, sin cometer irreverencia contra Él.
    ¿Cuáles son? Creo que ningún cristiano ignora que Él es bueno, bondadoso, santo, justo y santificado, invisible e inmortal, incapaz de corrupción, cambio y alteración, poderoso, sabio, benéfico, Señor, Juez, y todo lo semejante. ¿Por qué alargar nuestra discusión insistiendo en hechos reconocidos? Si, pues, hallamos estas cualidades en la naturaleza ingenerada, y el estado de haber sido engendrado es contrario en su misma concepción al estado de no haber sido engendrado, aquellos que definen estos dos estados como Ser cada uno de ellos, deben por fuerza conceder que las marcas características del ser engendrado, siguiendo esta oposición existente entre lo engendrado y lo no-engendrado, deben ser contrarias a las marcas observables en el ser no-engendrado; pues si declararan que las marcas son las mismas, esta mismidad destruiría la diferencia entre los dos seres que son sujeto de estas observaciones. Las cosas diferentes han de considerarse como poseedoras de marcas diferentes; las cosas semejantes se conocen por signos semejantes. Si, pues, estos hombres atestiguan las mismas marcas en el Unigénito, no pueden concebir diferencia alguna en el sujeto de las marcas. Pero si persisten en su posición blasfema y mantienen, al afirmar la diferencia de lo engendrado y lo no-engendrado, la variación de las naturalezas, se ve fácilmente lo que ha de resultar: a saber, que, como al seguir la oposición de los nombres, la naturaleza de las cosas que esos nombres indican ha de considerarse en estado de contrariedad consigo misma, hay toda necesidad de que las cualidades observadas en cada una se presenten opuestas entre sí; de modo que se apliquen al Hijo aquellas cualidades que son el reverso de las predicadas del Padre, a saber, de divinidad, santidad, bondad, imperecederidad, eternidad, y de toda otra cualidad que represente a Dios para la mente devota; en efecto, toda negación de éstas, toda concepción que se coloque en oposición al bien, ha de considerarse perteneciente a la naturaleza engendrada.
    Para asegurar la claridad, debemos insistir en este punto. Así como los fenómenos peculiares del calor y del frío — que son por naturaleza opuestos entre sí (tomemos el fuego y el hielo como ejemplos de cada uno), siendo cada uno aquello que el otro no es — están en desacuerdo mutuo, siendo el enfriamiento peculiaridad del hielo y el calentamiento del fuego; así, si de acuerdo con la antítesis expresada por los nombres, la naturaleza revelada por esos nombres se parte en dos, no ha de admitirse que las facultades que acompañan a estos «subcontrarios» naturales sean semejantes entre sí, como tampoco el enfriamiento puede pertenecer al fuego, ni el ardor al hielo. Si, pues, la bondad es inseparable de la idea de la naturaleza no-engendrada, y esa naturaleza se aparta, en razón del ser, como declaran, de la naturaleza engendrada, las propiedades de la primera se apartarán igualmente de las de la última: de modo que, si el bien se halla en la primera, la cualidad opuesta al bien ha de percibirse en la última. Así, gracias a nuestros hábiles sistematizadores, Manes revive con su línea paralela de mal dispuesta frente al bien, y su teoría de poderes opuestos residentes en naturalezas opuestas.
    En verdad, si hemos de decir la verdad con audacia, sin reserva alguna, Manes, que por haber sido, dicen, el primero en atreverse a sostener la visión maniquea, dio su nombre a esa herejía, puede considerarse con justicia el menos ofensivo de los dos. Digo esto, como si uno hubiera de elegir entre una víbora y un áspid por el mayor afecto hacia el hombre; aun así, si consideramos, hay alguna diferencia entre las bestias. ¿No muestra una comparación de doctrinas que aquellos herejes más antiguos son menos intolerables que éstos? Manes pensaba que abogaba en favor del Origen del Bien, cuando representaba que el Mal no podía derivar de allí ninguna de sus causas; así vinculaba la cadena de las cosas que están en la lista de lo malo a un Principio separado, en su carácter de campeón del Omnipotente, y en su piadosa aversión a poner la culpa de cualesquiera aberraciones injustificables sobre esa Fuente del Bien; no percibiendo, con su entendimiento estrecho, que es imposible concebir siquiera a Dios como formador del mal, o, por otra parte, de ningún otro Primer Principio además de Él. Podría haber una larga discusión sobre este punto, pero es ajena a nuestro propósito presente. Mencionamos las afirmaciones de Manes sólo para mostrar que él, al menos, pensaba que su deber era separar el mal de todo lo que tuviera que ver con Dios. Pero el error blasfemo respecto del Hijo, que estos hombres sistematizan, es mucho más terrible. Como los otros, explican la existencia del mal por una contrariedad en cuanto al Ser; pero cuando declaran, además de esto, que el Dios del universo es en realidad el Hacedor de esta producción ajena, y dicen que esta «generación» formada por Él en una substancia posee una naturaleza extraña a la de su Hacedor, exhiben en ello más impiedad que la secta antes mencionada; pues no sólo dan existencia personal a aquello que en su naturaleza se opone al bien, sino que dicen que una Deidad Buena es la Causa de otra Deidad que en naturaleza diverge de la Suya; y casi abiertamente exclaman en su enseñanza que existe algo opuesto a la naturaleza del bien, que deriva su personalidad del bien mismo. Pues cuando sabemos que la substancia del Padre es buena, y por tanto hallamos que la substancia del Hijo, debido a que es desemejante de la del Padre en su naturaleza (que es el principio de esta herejía), se halla entre los predicables contrarios, ¿qué se prueba con ello? Pues nada menos que no sólo subsiste lo opuesto al bien, sino que este contrario proviene del bien mismo. Declaro que esto es aún más horrible que la irracionalidad de los maniqueos.
    Pero si repudian esta blasfemia de su sistema, aunque es la conclusión lógica de su enseñanza, y si dicen que el Unigénito ha heredado las excelencias del Padre, no por ser realmente Hijo Suyo, sino — así place a estos descreídos — por haber recibido Su personalidad mediante un acto de creación, examinemos también esto, y veamos si semejante idea puede ser razonablemente sostenida. Si, pues, se concediera que es como piensan, a saber, que el Señor de todas las cosas no ha heredado por ser Hijo verdadero, sino que gobierna un linaje de cosas creadas, siendo Él mismo hecho y creado, ¿cómo aceptará el resto de la creación este gobierno y no se levantará en revuelta, al verse así arrojada del parentesco a la sujeción y condenada, aunque no está ni un ápice detrás de Él en prerrogativa natural (siendo ambos creados), a servir y doblegarse ante un pariente después de todo? Eso sería como una usurpación, a saber, no asignar el mando a una superioridad de Ser, sino dividir una creación que conserva por derecho de naturaleza privilegios iguales en esclavos y un poder gobernante, una parte al mando, la otra en sujeción; como si, como resultado de una distribución arbitraria, esos mismos privilegios se hubieran amontonado al azar sobre uno que, tras esa distribución, quedó preferido a sus iguales. Ni siquiera el hombre compartió su honor con los brutos, antes de recibir su dominio sobre ellos; su prerrogativa de razón le dio título para mandar; fue puesto sobre ellos a causa de una variación de su naturaleza en dirección a la superioridad. Y los gobiernos humanos experimentan revoluciones tan rápidamente repetidas por esta misma razón: que es impracticable que aquellos a quienes la naturaleza ha dado derechos iguales sean excluidos del poder, sino que su impulso está instintivamente en todos para igualarse con el partido dominante, cuando todos son de la misma sangre. ¿Cómo, además, será verdad que «todas las cosas fueron hechas por Él,» si es verdad que el Hijo mismo es una de las cosas hechas? O bien Él debe haberse hecho a Sí mismo, para que ese texto sea verdad, y así esta irracionalidad que han ideado para dañar nuestra Fe recaerá con toda su fuerza sobre ellos mismos; o bien, si esto es absurdamente antinatural, aquella afirmación de que toda la creación fue hecha por Él se verá privada de fundamento. La retirada de uno hace de «todas» un enunciado falso. De modo que, de esta definición del Hijo como ser creado, se sigue inevitablemente una de dos alternativas viciosas y absurdas: o bien Él no es el Autor de todas las cosas creadas, puesto que Él, quien, insisten, es una de esas obras, debe ser retirado del «todas;» o bien se muestra como hacedor de Sí mismo, puesto que la predicación de que 'sin Él nada fue hecho de lo que fue hecho' no es mentira. Baste esto en cuanto a su enseñanza.
    ¿Cómo, además, será verdad que «todas las cosas fueron hechas por Él,» si es verdad que el Hijo mismo es una de las cosas hechas? O bien Él debe haberse hecho a Sí mismo, para que ese texto sea verdadero, y así este desatino que han ideado para dañar nuestra fe recaerá con toda su fuerza sobre ellos mismos; o bien, si esto es absurdamente antinatural, aquella afirmación de que la entera creación fue hecha por Él quedará demostrada como carente de todo fundamento. La sustracción de uno convierte «todas» en una afirmación falsa. De modo que, de esta definición del Hijo como ser creado, se sigue inevitablemente una de dos alternativas viciosas y absurdas: o bien que Él no es el Autor de todas las cosas creadas, dado que Él, quien, insisten, es una de aquellas obras, debe ser retirado del «todas;» o bien que Él es exhibido como hacedor de Sí mismo, dado que la predicación de que 'sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho' no es mentira. Hasta aquí su enseñanza.

    36. Una repetición pasajera de la enseñanza de la Iglesia.

    I, 36

    Pero si un hombre permanece firme en la sana doctrina, y cree que el Hijo es de naturaleza divina sin mezcla, hallará todo en armonía con las demás verdades de su religión, a saber, que Nuestro Señor es el hacedor de todas las cosas, que es Rey del universo, puesto sobre él no por un acto arbitrario de poder caprichoso, sino gobernando en virtud de una naturaleza superior; y además de esto, hallará que la única Primera Causa, tal como la enseñamos nosotros, no está dividida por desemejanza alguna de substancia en causas primeras separadas, sino que se cree en una sola Divinidad, una sola Causa, un solo Poder sobre todas las cosas, siendo esa Divinidad descubrible por la armonía que existe entre estos seres semejantes, y conduciendo la mente a través de un semejante a otro semejante, de modo que la Causa de todas las cosas, que es Nuestro Señor, resplandece en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo; (pues es imposible, como dice el Apóstol, que el Señor Jesús sea verdaderamente conocido, «sino por el Espíritu Santo []» ); y luego toda la Causa más allá, que es Dios sobre todas las cosas, se halla por medio de Nuestro Señor, que es la Causa de todas las cosas; ni, en verdad, es posible alcanzar un conocimiento exacto del Bien Arquetípico, sino en cuanto aparece en la imagen (visible) de aquel invisible. Pero después de pasar aquella cumbre de la teología, quiero decir el Dios sobre todas las cosas, nos volvemos, por así decir, de nuevo en el estadio de la mente, y corremos a través de ideas conjuntas y afines desde el Padre, por el Hijo, hasta el Espíritu Santo. Pues una vez que nos hemos afirmado en la comprensión de la Luz ingenerada, percibimos en aquel momento desde aquella atalaya la Luz que brota de Él, como el rayo coexistente con el sol, cuya causa está ciertamente en el sol, pero cuya existencia es sincrónica con el sol, no siendo una adición posterior, sino apareciendo a la primera vista del sol mismo: o más bien (pues no hay necesidad de ser esclavos de esta semejanza, y así dar asidero a los críticos para que la usen contra nuestra enseñanza por causa de la insuficiencia de nuestra imagen), no será un rayo del sol lo que percibiremos, sino otro sol que fulgura, como un vástago, del sol ingenerado, y simultáneamente con nuestra concepción del Primero, y en todo semejante a él, en belleza, en poder, en resplandor, en tamaño, en brillo, en todas las cosas a la vez que observamos en el sol. Luego, de nuevo, vemos otra Luz semejante, de la misma manera, no separada por intervalo alguno de tiempo de aquella Luz prole, y mientras resplandece por medio de Ella, trazando sin embargo la fuente de su ser hasta la Luz Primordial; siendo ella misma, no obstante, una Luz que resplandece de manera semejante a la primera concebida, y siendo ella misma una fuente de luz y haciendo todo lo que la luz hace. No hay, en efecto, diferencia alguna entre una luz y otra luz, en cuanto luz, cuando la una no muestra falta ni disminución de gracia iluminadora, sino que por su completa perfección forma parte de la luz suprema de todas, y es contemplada junto con el Padre y el Hijo, aunque contada después de ellos, y por su propio poder da acceso a la luz que se percibe en el Padre y en el Hijo a todos los que son capaces de participar de ella. Hasta aquí sobre esto.

    37. Defensa de la afirmación de San Basilio, atacada por Eunomio, de que los términos 'Padre' y 'El Ingenerado' pueden tener el mismo significado.

    I, 37

    El torrente de su injuria es muy fuerte; la insolencia está en el fondo de todo principio que establece; y la vilificación es puesta por él en lugar de toda demostración de los puntos dudosos; discutamos, pues, brevemente las muchas tergiversaciones acerca de la palabra Ingenerado con las que insulta a nuestro Maestro mismo y a su tratado. Ha citado las siguientes palabras de nuestro Maestro: «Por mi parte, me inclinaría a decir que este título de Ingenerado, por muy apropiado que pueda parecer para expresar nuestras ideas, sin embargo, como no se halla en ninguna parte de la Escritura y como forma el alfabeto de la blasfemia de Eunomio, muy bien puede suprimirse, cuando tenemos la palabra Padre que significa lo mismo; porque Uno que esencialmente y solo es Padre no viene de ningún otro; y lo que no viene de ningún otro equivale al Ingenerado.» Oigamos ahora qué prueba aduce de la 'necedad' de estas palabras: «La precipitación y la deshonestidad descarada le impulsan a introducir en sus intentos esta dosis de palabras usadas anómalamente; se vuelve completamente, porque su juicio vacila y sus facultades de raciocinio son débiles.» Observad cuán bien dirigido es ese golpe; ¡cuán hábilmente, con todo su dominio de la lógica, desmenuza las palabras de Basilio y pone en su lugar una concepción más conforme con la piedad! «Anómalo en la frase,» «precipitado y deshonesto en el juicio,» «vacilante y volviéndose por debilidad de raciocinio.» ¿Por qué esto? ¿Qué ha exasperado a este hombre, cuyo propio juicio es tan firme y cuyo raciocinio tan sólido? ¿Qué es lo que más condena en las palabras de Basilio? ¿Acaso el que acepta la idea del Ingenerado, pero dice que la palabra misma, mal usada por quienes la pervierten, debe suprimirse? Bien, ¿está la Fe en peligro solo en cuanto a las palabras y expresiones externas, y no hemos de tener en cuenta la rectitud del pensamiento que hay debajo? ¿O no nos exhorta más bien la Palabra de Verdad a tener primero un corazón puro de malos pensamientos, y luego, para la manifestación de los afectos del alma, a usar cualesquiera palabras que puedan expresar estos secretos de la mente, sin preocuparnos minuciosamente de este o aquel sonido particular? Porque el hablar de este modo o de aquel no es la causa del pensamiento que hay en nosotros; sino que la concepción oculta del corazón suministra el motivo para tales o cuales palabras; «porque de la abundancia del corazón habla la boca.» Hacemos que las palabras interpreten el pensamiento; no, por un proceso inverso, recogemos el pensamiento de las palabras. Si ambas están a mano, un hombre puede ciertamente estar dispuesto en ambas, en pensar con agudeza y en expresarse con agudeza; pero si una faltara, la pérdida para el iletrado es leve, si el conocimiento en su alma es perfecto en la dirección de la bondad moral. «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí [].» ¿Qué significa eso? Que la actitud recta del alma hacia la verdad es más preciosa que la propiedad de las frases a los ojos de Dios, que oye los «gemidos que no pueden expresarse.» Las frases pueden usarse en sentidos opuestos; la lengua sirve prontamente, a su voluntad, a la intención del que habla; pero la disposición del alma, tal como es, así es vista por Aquel que ve todos los secretos. ¿Por qué, pues, merece ser llamado «anómalo,» y «precipitado,» y «deshonesto,» por ordenarnos suprimir en el término Ingenerado todo lo que puede ayudar en su blasfemia a quienes transgreden la Fe, mientras atiende y acoge todo el sentido de la palabra que puede sostenerse con reverencia? Si en verdad hubiera dicho que no debemos pensar en la Deidad como ingenerada, habría habido alguna ocasión para que se usaran contra él estos y aun peores términos de injuria. Pero si se adhiere a la creencia general de los fieles y admite esto, y luego pronuncia una opinión bien digna de la mente del Maestro, a saber, «Abstente del uso de la palabra, pues en ella, y de ella, se saca la herejía subversiva,» y nos manda acariciar la idea de una Deidad ingenerada por medio de otros nombres—en esto no merece su injuria. ¿No nos enseña la Verdad misma a obrar así, y a no apegarnos ni siquiera a cosas sumamente preciosas, si alguna de ellas tiende a daño? Cuando Él nos manda así cortar el ojo derecho o el pie o la mano, si es que uno de ellos escandaliza, ¿qué otra cosa implica con esta figura, sino que quiere que cualquier cosa, por muy hermosa que parezca, si lleva a un hombre por un uso inconsiderado al mal, permanezca inoperante y fuera de uso, asegurándonos que es mejor para nosotros ser salvados por la amputación de las partes que llevaron al pecado, que perecer por retenerlas?
    ¿Qué dice también Pablo, el seguidor de Cristo? También él, en su profunda sabiduría, enseña lo mismo. Él, que declara que «todo es bueno, y nada debe rechazarse, si se recibe con acción de gracias,» en algunas ocasiones, por causa de la 'conciencia del hermano débil', aparta algunas cosas del número que ha aceptado, y nos manda rechazarlas. «Si,» dice, «la comida hace tropezar a mi hermano, no comeré jamás carne mientras el mundo exista [].» Ahora bien, esto es justamente lo que hizo nuestro seguidor de Pablo. Vio que el poder engañoso de quienes intentan enseñar la desigualdad de las Personas se acrecentaba con esta palabra Ingenerado, tomada en su sentido pernicioso y herético, y por eso aconsejó que, mientras acariciamos en nuestras almas una conciencia devota de esta Deidad ingenerada, no mostremos ningún amor particular por la palabra misma, que era ocasión de pecado para el réprobo; pues que el título de Padre, si seguimos todo lo que implica, nos sugerirá este significado de no haber sido engendrado. Porque cuando oímos la palabra Padre, pensamos al instante en el Autor de todos los seres; pues si Él tuviera alguna causa ulterior que lo trascendiera, no habría sido llamado así con pleno derecho Padre; porque ese título habría tenido que transferirse más arriba, a esa Causa presupuesta. Pero si Él mismo es aquella Causa de la cual todo procede, como dice el Apóstol, es claro que nada puede pensarse más allá de su existencia. Pero esto es creer en esa existencia que no ha sido engendrada. Pero este hombre, que pretende que ni siquiera la Verdad sea considerada más persuasiva que él mismo, no se aquietará con esto; dogmatiza ruidosamente contra ello; se burla del argumento.

    38. Varios modos de refutar sus silogismos capciosos.

    I, 38

    Examinemos, si os place, sus silogismos irrefragables y sus sutiles transposiciones de los términos en sus propias premisas falsas, con las que espera sacudir aquel argumento; aunque, en verdad, temo que la miserable argucia de lo que dice pueda en cierta medida suscitar un prejuicio también contra las observaciones que la corregirían. Cuando los mozalbetes desafían a una pelea, los hombres reciben más censura por su pugnacidad al trabar combate con tales enemigos, que honor por su muestra de victoria. No obstante, lo que queremos decir es esto. Pensamos, en efecto, que las cosas dichas por él, con aquella elocución tan conocida y ya familiar para nosotros, solo por afán de insolencia, están mejor sepultadas en el silencio y el olvido; pueden convenirle a él; pero a nosotros solo nos ofrecen un ejercicio para una paciencia muy sufrida. Ni sería propio, creo, insertar sus expresiones ridículas en medio de nuestra propia controversia seria, y hacer así que este celo por la verdad se evapore en risa grosera y vulgar; pues, en verdad, estar al alcance del oído y permanecer impasible es una imposibilidad, cuando dice con tan sublime y magnífica verbosidad, «Donde las palabras añadidas equivalen a blasfemia añadida, es con la mitad de más tranquilizador callar que hablar.» Ríanse de estas expresiones quienes saben cuáles de ellas son dignas de ser creídas, y cuáles solo de ser reídas; mientras nosotros escudriñamos la agudeza de aquellos silogismos con los que intenta despedazar nuestro sistema.
    Dice, «Si 'Padre' tiene el mismo significado que 'Ingenerado', y las palabras que tienen el mismo significado naturalmente tienen en todos los respectos la misma fuerza, y Ingenerado significa, según confiesan ellos, que Dios viene de la nada, se sigue necesariamente que Padre significa el hecho de que Dios es de ninguno, y no el haber engendrado al Hijo.» Ahora bien, ¿qué necesidad lógica es esa que impide que el haber engendrado un Hijo sea significado por el título «Padre,» si es que ese mismo título en sí mismo no expresa también para nosotros la ausencia de principio en el Padre? Si, en efecto, una idea fuera totalmente destructora de la otra, ciertamente se seguiría, de la naturaleza misma de los contradictorios, que la afirmación de una implicaría la negación de la otra. Pero si no hay nada en el mundo que impida que la misma Existencia sea Padre y también Ingenerado, cuando intentamos pensar, bajo este título de Padre, en la cualidad de no haber sido engendrado como una de las ideas implicadas en él, ¿qué necesidad impide que la relación con un Hijo siga siendo marcada por la palabra Padre? Otros nombres que expresan relación mutua no están siempre confinados a aquellas ideas de relación; por ejemplo, llamamos al emperador autócrata y sin dueño, y llamamos al mismo gobernante de sus súbditos; y, aunque es muy cierto que la palabra emperador significa también el ser sin dueño, no se sigue por ello necesariamente que esta palabra, por significar autócrata y no gobernado, deba dejar de implicar el tener poder sobre los inferiores; la palabra emperador, de hecho, está a medio camino entre estas dos concepciones, y en un momento indica la carencia de dueño, y en otro el gobierno sobre órdenes inferiores. En el caso que nos ocupa, pues, si hay algún otro Padre concebible además del Padre de Nuestro Señor, que estos hombres que se jactan de su profunda sabiduría nos lo muestren, y entonces convendremos con él en que la idea del Ingenerado no puede ser representada por el título «Padre.» Pero si el Primer Padre no tiene causa que trascienda su propio estado, y la subsistencia del Hijo está invariablemente implicada en el título de Padre, ¿por qué intentan asustarnos, como si fuéramos niños, con estos retorcimientos profesionales de premisas, esforzándose por persuadirnos o más bien por seducirnos a la creencia de que, si la propiedad de no haber sido engendrado se reconoce en el título de Padre, debemos separar del Padre toda relación con el Hijo?
    Despreciando, pues, este intento suyo tonto y superficial, confesemos varonilmente nuestra creencia en aquello que ellos aducen como absurdo monstruoso, a saber, que no solo 'Padre' significa lo mismo que Ingenerado y que esta última propiedad establece al Padre como siendo de ninguno, sino también que la palabra 'Padre' introduce consigo la noción del Unigénito, como un relativo ligado a ella. Ahora bien, el siguiente pasaje, que se halla en el tratado de nuestro Maestro, ha sido separado del contexto por este hábil e invencible polemista; pues, al suprimir aquella parte que Basilio añadió a modo de salvaguardia, pensó que haría su propia réplica una tarea mucho más fácil. El pasaje dice así textualmente. «Por mi parte, me inclinaría a decir que este título de Ingenerado, por muy prontamente que parezca acomodarse a nuestras propias ideas, sin embargo, como no se halla en ninguna parte de la Escritura, y como forma el alfabeto de la blasfemia de Eunomio, muy bien puede suprimirse, cuando tenemos la palabra Padre que significa lo mismo, además de introducir consigo, como un relativo ligado a ella, la noción del Hijo.» Este generoso campeón de la verdad, con innato buen sentimiento, ha suprimido esta frase que fue añadida a modo de salvaguardia, quiero decir, «además de introducir consigo, como un relativo ligado a ella, la noción del Hijo;» después de esta mutilación, llega a las manos con lo que queda, y habiendo cortado la conexión del todo viviente, y haciéndolo así, según piensa, una víctima más dócil y atacable de su lógica, extravía a su propio partido con el frío y débil paralogismo de que «aquello que tiene un significado común, en un solo punto, con otra cosa conserva esa comunidad de significado en todo punto posible;» y con esto toma por asalto sus inteligencias superficiales. Pues mientras solo hemos afirmado que la palabra Padre en una cierta significación produce el mismo significado que Ingenerado, este hombre hace completa en todo punto la coincidencia de significados, en total desacuerdo con la acepción común de una y otra palabra; y así reduce el asunto a un absurdo, pretendiendo que esta palabra Padre ya no puede denotar relación alguna con el Hijo, si la idea de no haber sido engendrado es transmitida por ella. Es como si alguien, después de haber adquirido dos ideas acerca de un pan—una, que está hecho de harina, y otra, que es alimento para el consumidor— contendiera con la persona que le dijo esto, usando contra ella el mismo tipo de falacia que Eunomio, a saber, que 'el estar hecho de harina es una cosa, pero el ser alimento es otra; si, pues, se concede que el pan está hecho de harina, esta cualidad en él ya no puede llamarse estrictamente alimento.' Tal es el pensamiento en el silogismo de Eunomio; «si el no haber sido engendrado está implicado por la palabra Padre, esta palabra ya no puede transmitir la idea de haber engendrado al Hijo.» Pero creo que ya es hora de que, a nuestra vez, apliquemos a este argumento suyo aquel período suyo magníficamente redondeado (ya citado). En respuesta a tales palabras, sería adecuado decir que tendría más derecho a ser considerado en su sano juicio si hubiera puesto el límite de tales salvaguardias argumentativas en el silencio absoluto. Pues «donde las palabras añadidas equivalen a blasfemia añadida,» o, más bien, indican que ha perdido por completo la razón, no es solo «con la mitad de más,» sino con el todo de más «tranquilizador callar que hablar.»
    Pero quizá un hombre sería llevado más fácilmente a la verdadera visión mediante ejemplos personales; dejemos, pues, este mirar hacia atrás y hacia delante y este retorcer premisas falsas, y discutamos el asunto de un modo menos erudito y más popular. Tu padre, Eunomio, era ciertamente un ser humano; pero la misma persona era también el autor de tu ser. ¿Usaste, pues, alguna vez también en su caso esta hábil argucia que has empleado; de modo que tu propio 'padre', una vez que recibe la verdadera definición de su ser, ya no puede significar, por ser un 'hombre', relación alguna contigo; 'pues debe ser una de dos cosas, o un hombre, o el padre de Eunomio'?— Bien, entonces, no debes usar los nombres de relación íntima de otro modo que conforme a ese sentido íntimo. Sin embargo, aunque acusarías de calumnia a cualquiera que escarneciera despectivamente contra ti mismo mediante tal alteración de significados, ¿no temes tú escarnecer contra Dios; y estás seguro cuando te ríes de estos misterios de nuestra fe? Así como 'tu padre' indica relación contigo, y al mismo tiempo la humanidad no queda excluida por ese término, y así como nadie en su sano juicio, en lugar de llamar al que te engendró 'tu padre', daría su descripción con la palabra 'hombre', o, a la inversa, si se le preguntara por su género y respondiera 'hombre', afirmaría que esa respuesta le impedía ser tu padre; así, en la contemplación del Todopoderoso, una mente reverente no negaría que con el título de Padre se significa que Él es sin engendración, así como que en otro sentido representa su relación con el Hijo. No obstante, Eunomio, en abierto desprecio de la verdad, afirma que el título ya no puede significar el 'haber engendrado un hijo', una vez que la palabra nos ha transmitido la idea de 'nunca haber sido engendrado'.
    Añadamos la siguiente ilustración del absurdo de sus afirmaciones. Es una con la que todos deben estar familiarizados, incluso los meros niños que están siendo introducidos por un gramático al estudio de las palabras. ¿Quién, digo, no sabe que algunos nombres son absolutos y están fuera de toda relación, y otros expresan alguna relación? De estos últimos, a su vez, hay algunos que se inclinan, según el deseo del que habla, hacia uno u otro lado; tienen en sí una intención simple, pero pueden volverse de modo que se conviertan en nombres de relación. No me detendré en ejemplos ajenos a nuestro asunto. Lo explicaré a partir de las palabras de nuestra Fe misma.
    Dios es llamado Padre y Rey y con otros nombres innumerables en la Escritura. De estos nombres, una parte puede pronunciarse absolutamente, es decir, simplemente como son, y nada más: a saber: «imperecedero,» «eterno,» «inmortal,» y así sucesivamente. Cada uno de estos, sin que introduzcamos otro pensamiento, contiene en sí un pensamiento completo acerca de la Deidad. Otros expresan solo una utilidad relativa; así, Auxiliador, Campeón, Rescatador, y otras palabras de ese significado; si quitas de allí la idea de uno que necesita la ayuda, toda la fuerza expresada por la palabra desaparece. Algunos, por otra parte, como hemos dicho, son a la vez absolutos y están también entre las palabras de relación; 'Dios', por ejemplo, y 'bueno', y muchos otros semejantes. En estos el pensamiento no continúa siempre dentro de lo absoluto. El Dios Universal se convierte a menudo en propiedad del que lo invoca; como nos enseñan los Santos, cuando hacen suyo aquel Ser independiente. 'El Señor Dios es Santo;' hasta aquí no hay relación; pero cuando uno añade al Señor Nuestro Dios, y así apropia el significado en una relación hacia sí mismo, entonces hace que la palabra ya no sea pensada absolutamente. De nuevo; «Abba, Padre» es el grito del Espíritu; es una expresión libre de toda referencia parcial. Pero se nos manda llamar al Padre que está en el cielo, 'Padre Nuestro'. Este es el uso relativo de la palabra. Un hombre que hace suya la Deidad Universal no empaña su suprema dignidad; y de la misma manera no hay nada que nos impida, cuando señalamos al Padre y a Aquel que viene de Él, el Primogénito de toda la creación, significar con ese título de Padre a la vez el haber engendrado a ese Hijo, y también el no ser de ninguna Causa más trascendente. Pues quien habla del Primer Padre se refiere a Aquel que es presupuesto antes de toda existencia, de quien es el más allá. Este es Aquel que no tiene nada anterior a Sí mismo que contemplar, ningún fin en el que haya de cesar. Miremos hacia donde miremos, Él existe igualmente allí para siempre; trasciende el límite de todo fin, la idea de todo principio, por la infinitud de su vida; cualquiera que sea su título, la eternidad debe estar implicada con él.
    Pero Eunomio, versado como está en la contemplación de aquello que escapa al pensamiento, rechaza esta visión de las mentes no científicas; no admitirá un doble significado en la palabra 'Padre': uno, que de Él proceden todas las cosas y al frente de todas las cosas el Hijo Unigénito; el otro, que Él mismo no tiene Causa superior. Puede despreciar la afirmación; pero nosotros afrontaremos su risa burlona y repetiremos lo que ya hemos dicho: que el 'Padre' es el mismo que aquel Ingenerado, y significa a la vez el haber engendrado al Hijo, y representa el ser de la nada.
    Pero Eunomio, contendiendo con esta afirmación nuestra, dice (ahora lo muy contrario de lo que dijo antes), «Si Dios es Padre porque ha engendrado al Hijo, y 'Padre' tiene el mismo significado que Ingenerado, Dios es Ingenerado porque ha engendrado al Hijo, pero antes de engendrarlo no era Ingenerado.» Observad su manera de dar vueltas; cómo despedaza su primera argucia y la convierte en lo muy opuesto, pensando aun así atraparnos en una conclusión de la que no haya escapatoria. Su primer silogismo presentaba el siguiente absurdo: «Si 'Padre' significa el venir de la nada, entonces necesariamente ya no indicará el haber engendrado al Hijo.» Pero este último silogismo, al volver (una premisa) a su contrario, amenaza a nuestra fe con otro absurdo. ¿Cómo, pues, despedaza su anterior conclusión? «Si Él es 'Padre' porque ha engendrado un Hijo.» Su primer silogismo no nos dio nada semejante; al contrario, su inferencia lógica pretendía mostrar que si el no haber sido engendrado del Padre era significado por la palabra Padre, esa palabra no podía significar también el haber engendrado un Hijo. Así, su primer silogismo no contenía indicación alguna de que Dios fuera Padre porque había engendrado un Hijo. No alcanzo a comprender qué significa esta inversión argumentativa y astutamente profesional.
    Pero miremos el pensamiento que hay en ello debajo de las palabras. 'Si Dios es Ingenerado porque ha engendrado un Hijo, no era Ingenerado antes de engendrarlo.' La respuesta a esto es clara; consiste en la simple afirmación de la Verdad de que 'la palabra Padre significa a la vez el haber engendrado un Hijo, y también que el Engendrador no debe pensarse como viniendo Él mismo de causa alguna.' Si miras al efecto, la Persona del Hijo se revela en la palabra Padre; si buscas una Causa anterior, la ausencia de todo principio en el Engendrador se muestra con esa palabra. Al decir que 'Antes de engendrar un Hijo, el Todopoderoso no era Ingenerado', este panfletista se expone a una doble acusación; es decir, de tergiversación nuestra, y de insulto a la Fe. Ataca, como si no hubiera error al respecto, algo que nuestro Maestro jamás dijo, ni nosotros afirmamos ahora, a saber, que el Todopoderoso se hizo con el transcurso del tiempo Padre, habiendo sido antes algo distinto. Además, al ridiculizar el absurdo de esta doctrina fantaseada nuestra, proclama su propio desvarío doctrinal. Suponiendo que el Todopoderoso fue una vez algo distinto, y luego por un avance vino a tener derecho a ser llamado Padre, quiere que antes de esto tampoco fuera Ingenerado, puesto que la no-engendración está implicada en la idea de Padre. La necedad de esto apenas necesita ser señalada; será abundantemente clara para cualquiera que reflexione. Si el Todopoderoso era algo distinto antes de hacerse Padre, ¿qué dirán los campeones de esta teoría, si se les preguntara en qué estado proponen contemplarlo? ¿Qué nombre van a darle en aquella etapa de la existencia; niño, infante, bebé, o joven? ¿Se ruborizarán ante tan flagrante absurdo, y no dirán nada semejante, y concederán que era perfecto desde el principio? Entonces, ¿cómo puede ser perfecto, estando aún incapacitado para hacerse Padre? ¿O no le privarán de este poder, sino que dirán solo que no convenía que hubiera Paternidad simultáneamente con su existencia? Pero si no era bueno ni conveniente que Él fuera desde el principio mismo Padre de tal Hijo, ¿cómo pasó a adquirir aquello que no era bueno?
    Pero, tal como están las cosas, es bueno y conviene a la majestad de Dios que Él llegue a ser Padre de semejante Hijo. Así, harán ver que al principio no participó de ese bien, y mientras no tuvo a este Hijo deberán afirmar (¡que Dios me perdone por decirlo!) que no tenía Sabiduría, ni Poder, ni Verdad, ni ninguna de las otras glorias que, desde diversos puntos de vista, es y es llamado el Hijo Unigénito.
    Pero que todo esto caiga sobre las cabezas de quienes lo iniciaron. Volveremos al punto del que nos habíamos desviado. Dice: «si Dios es Padre por haber engendrado un Hijo, y si Padre significa el ser Ingenerado, entonces Dios no era esto último antes de engendrarlo.» Ahora bien, si aquí pudiera hablarse como se acostumbra hablar de la vida humana, donde es inconcebible que alguien adquiera la posesión de muchas perfecciones todas a la vez, en vez de ir ganando cada uno de los objetos buscados en un cierto orden y sucesión de tiempo —si, digo, pudiéramos razonar así en el caso del Todopoderoso, de modo que dijéramos que poseyó su no-engendración en un momento, y después adquirió su poder, y luego su imperecederidad, y después su Sabiduría, y avanzando así llegó a ser Padre, y después Justo, y luego Eterno, y de ese modo fue entrando en todo lo que entra en la concepción filosófica de Él, en una cierta sucesión—, entonces no sería tan manifiestamente absurdo pensar que uno de sus nombres tiene precedencia sobre otro nombre, y hablar de que fue primero Ingenerado, y después llegó a ser Padre.
    Sin embargo, tal como están las cosas, nadie es tan apegado a la tierra en su imaginación, tan poco iniciado en las sublimidades de nuestra fe, que, una vez que ha aprehendido la Causa del universo, deje de abarcar en un todo colectivo y compacto todos los atributos que la piedad puede dar a Dios; ni conciba, en cambio, un atributo primero y otro posterior, y otro intermedio, que sobrevengan en cierta sucesión. No es posible, en efecto, recorrer en el pensamiento uno de esos atributos y llegar luego a otro, sea realidad o concepción, que haya de aventajar al primero en antigüedad. Todo nombre de Dios, toda concepción sublime de Él, toda expresión o idea que armoniza con nuestras ideas generales acerca de Él, está unida en la más estrecha unión con su semejante; todas esas concepciones se agolpan en nuestro entendimiento en un todo colectivo y compacto, a saber, su Paternidad, y su no-engendración, y su Poder, y su Imperecederidad, y su Bondad, y su Autoridad, y todo lo demás. No puedes tomar uno de esos atributos y separarlo en el pensamiento de los demás por ningún intervalo de tiempo, como si precediera o siguiera a otro; no puede descubrirse en Él atributo sublime o adorable alguno que no se exprese simultáneamente en su eternidad. Pues, así como no podemos decir que Dios no fue jamás bueno, ni poderoso, ni imperecedero, ni inmortal, del mismo modo es una blasfemia no atribuirle siempre la Paternidad, y decir que esta vino después. El que es verdaderamente Padre es siempre Padre; si la eternidad no estuviera incluida en esta confesión, y si una idea neciamente preconcebida recortara y frenara retrospectivamente nuestra concepción del Padre, ya no podría predicarse propiamente de Él la verdadera Paternidad, porque esa idea preconcebida acerca del Hijo anularía la continuidad y eternidad de su Paternidad. ¿Cómo podría pensarse que aquello con lo que ahora es llamado es algo que vino a la existencia después de estos otros atributos? Si, siendo primero Ingenerado, luego se hizo Padre, y recibió ese nombre, no siempre fue enteramente lo que ahora es llamado. Pero aquello que el Dios ahora existente es, Él lo es siempre; no se hace peor ni mejor por adición alguna, no se altera por tomar algo de otra fuente. Es siempre idéntico a Sí mismo. Si, pues, no era Padre al principio, no era Padre después. Pero si se confiesa que es Padre (ahora), volveré al mismo argumento: que, si lo es ahora, siempre lo fue; y que, si siempre lo fue, siempre lo será. Por tanto, el Padre es siempre Padre; y, viendo que el Hijo debe pensarse siempre junto con el Padre (pues el título de padre no puede justificarse si no hay un hijo que lo haga verdadero), todo lo que contemplamos en el Padre ha de observarse también en el Hijo. «Todo lo que el Padre tiene es del Hijo; y todo lo que es del Hijo, lo tiene el Padre.» Las palabras son: "El Padre tiene lo que es del Hijo", y, por tanto, un crítico quisquilloso no tendrá autoridad para encontrar en el contenido de la palabra «todo» la no-engendración del Hijo, cuando se dice que el Hijo tiene todo lo que el Padre tiene; ni, por otra parte, la engendración del Padre, cuando todo lo que es del Hijo se ha de observar en el Padre. Porque el Hijo tiene todas las cosas del Padre; pero Él no es Padre; y, de nuevo, todas las cosas del Hijo se observan en el Padre, pero Él no es Hijo.
    Si, pues, todo lo que es del Padre está en el Unigénito, y Él está en el Padre, y la Paternidad no está disociada del "no haber sido engendrado", por mi parte no alcanzo a ver qué hay que pensar en conexión con el Padre, considerado por Sí mismo, que esté separado por algún intervalo de modo que preceda a nuestra aprehensión del Hijo. Por tanto, podemos afrontar con audacia las dificultades planteadas en ese silogismo capcioso; podemos despreciarlo como un mero espantajo para asustar a los niños, y seguir afirmando que Dios es Santo, e Inmortal, y Padre, e Ingenerado, y Eterno, y todo a la vez; y que, si pudiera suponerse posible que se le quitara uno de estos atributos que la devoción le asigna, todo quedaría destruido junto con ese uno. Nada, por tanto, en Él es más antiguo ni más joven; de lo contrario, se hallaría que Él es más antiguo o más joven que Sí mismo. Si Dios no es todos sus atributos siempre, sino que algo en Él es, y algo otro sólo deviene, siguiendo un cierto orden de sucesión (debemos recordar que Dios no es un compuesto; todo lo que Él es es el todo de Él), y si, según esta herejía, Él es primero Ingenerado y después llega a ser Padre, entonces, dado que no podemos pensarlo en conexión con un amontonamiento de cualidades, no queda más alternativa que el todo de Él sea a la vez más antiguo y más joven que el todo de Él, lo primero en virtud de su no-engendración, lo segundo en virtud de su Paternidad. Pero si, como dice el profeta de Dios, Él «es el mismo», es vano decir que antes de engendrar no era Él mismo Ingenerado; no podemos hallar ninguno de estos nombres, el Padre y el Ingenerado, separado del otro; las dos ideas surgen juntas, sugeridas mutuamente, en el pensamiento del devoto razonador. Dios es Padre desde la eternidad, y Padre eterno, y todo otro término que la devoción le asigna se da en sentido semejante, sin lugar, como hemos dicho, para la mensuración y el flujo del tiempo en el Eterno.
    Veamos ahora los restantes resultados de su pericia en el trato con las palabras; resultados que, según él mismo dice con verdad, son a la vez ridículos y lamentables. Verdaderamente habría que reírse a carcajadas de lo que dice, si no fuera más apropiado un profundo lamento por el error que empapa su alma. Mientras que Padre, según enseñamos, incluye, conforme a uno de sus significados, la idea del Ingenerado, él transfiere la significación plena de la palabra Padre a la de Ingenerado, y declara «Si Padre es lo mismo que Ingenerado, nos es lícito dejarlo de lado y usar Ingenerado en su lugar; así, el Ingenerado del Hijo es Ingenerado; pues así como el Ingenerado es Padre del Hijo, a la inversa el Padre es Ingenerado del Hijo.» Después de esto me invade un sentimiento de admiración por la destreza de nuestro amigo, con la convicción de que la sutilidad polifacética de su formación teológica está muy por encima de la capacidad de la mayoría. Lo que nuestro Maestro dijo estaba contenido en una frase breve: que era posible que con el título de 'Padre' se significara la no-engendración; pero las palabras de Eunomio deben su número no a la variedad de los pensamientos, sino al modo en que cualquier cosa dentro del circuito de nombres semejantes puede darse vuelta. Como el ganado que, con los ojos vendados, da vueltas para mover el molino permanece con todo su andar en el mismo sitio, así él da vueltas y vueltas en torno al mismo asunto, y nunca lo abandona. Una vez dijo, ridiculizándonos, que 'Padre' no significa el haber engendrado, sino el ser desde la nada. De nuevo tejió un dilema semejante: «Si Padre significa no-engendración, antes de engendrar Él no era ingenerado.» Luego, por tercera vez, recurre a la misma treta. «Nos es lícito dejar de lado Padre, y usar Ingenerado en su lugar;» y luego en seguida repite la lógica tantas veces vomitada. «Pues así como el Ingenerado es Padre del Hijo, a la inversa el Padre es Ingenerado del Hijo.» ¡Cuántas veces vuelve a su vómito! ¡Cuántas veces lo suelta de nuevo! ¿No habremos, pues, de molestar a la mayoría de la gente, si arrastramos nuestro argumento en compañía de este necio despliegue de palabras? Tal vez sería más decente guardar silencio en un caso como este; sin embargo, para que nadie piense que rehuimos la discusión por debilidad de argumentos, responderemos así a lo que ha dicho: "No tienes autoridad, Eunomio, para llamar al Padre Ingenerado del Hijo, aun cuando el título de Padre sí signifique que el Engendrador mismo no tiene causa alguna. Pues, como en el ejemplo ya citado, cuando oímos la palabra 'Emperador' entendemos dos cosas: que aquel que tiene preeminencia en autoridad no está sujeto a nadie, y también que gobierna a sus inferiores; así el título de Padre nos suministra dos ideas acerca de la Divinidad: una relativa a su Hijo, y otra relativa a su no depender de causa alguna preconcebible. Pues bien, como en el caso de 'Emperador' no podemos decir que, por estar significadas por ese término dos cosas, a saber, gobernar a los súbditos y no tener a nadie que le preceda, haya justificación para hablar del 'No gobernado de los súbditos', en lugar del 'Gobernante de la nación', ni se nos permite tanto como usar una yuxtaposición de palabras, a imitación de rey de una nación, cual si dijéramos 'sin rey de una nación'; de la misma manera, cuando 'Padre' indica un Hijo, y también representa la idea del Ingenerado, no podemos transferir indebidamente este último significado, de modo que fijemos esta idea del Ingenerado a una relación paternal, y digamos absurdamente 'el Ingenerado es Ingenerado del Hijo.'"
    Él pisa, según piensa, el terreno de la verdad, después de tales expresiones; ha puesto al descubierto la absurdidad de la posición de sus adversarios; cuán jactanciosamente exclama: «¿Y qué pensador cuerdo, dime, quiso jamás que se suprimiera el pensamiento natural, y acogió con gusto lo paradójico?» Ninguno cuerdo, señor consumadísimo; y, por tanto, tampoco nuestro argumento, que enseña que, si bien el término Ingenerado conviene de hecho a nuestros pensamientos, y debemos guardarlo intacto en nuestros corazones, el término Padre es un sustituto adecuado del que tú has pervertido, y conduce la mente en aquella dirección. Recuerda las palabras que tú mismo citaste; Basilio no "quiso que se suprimiera el pensamiento natural, y acogiera lo paradójico", como tú lo expresas; sino que nos aconsejó evitar todo peligro suprimiendo la mera palabra Ingenerado, es decir, la expresión de tantas sílabas, por ser una que había sido malignamente interpretada y, además, no se hallaba en la Escritura; en cuanto a su significado, declara que conviene de la manera más completa a nuestros pensamientos.
    Hasta aquí nuestra exposición. Pero este injuriador de todos los sofistas, que arma por completo su propio argumento con la verdad, y acusa nuestros pecados en lógica, no se ruboriza en ninguna de sus argumentaciones sobre las doctrinas de entregarse a sofismas muy lindos; a la par de aquellas bromas exquisitas que se sueltan para hacer reír a la gente a los postres. Reflexiona sobre el peso del razonamiento desplegado en aquel silogismo complicado; que ahora repetiré de nuevo. «Si 'Padre' es lo mismo que Ingenerado, nos es lícito dejarlo de lado, y usar Ingenerado en su lugar; así, el Ingenerado es Ingenerado del Hijo; pues así como el Ingenerado es Padre del Hijo, así, a la inversa, el Padre es Ingenerado del Hijo.» Pues bien, esto se parece mucho a otro caso como el siguiente. Supongamos que alguien expusiera la opinión recta y sana acerca de Adán; a saber, que no importaba si lo llamábamos «padre del género humano» o «el primer hombre formado por Dios» (pues ambos significan lo mismo), y luego otro, perteneciente a la escuela de razonadores de Eunomio, se lanzara sobre esta afirmación, e hiciera de ella la misma complicación, a saber: Si «primer hombre formado por Dios» y «padre del género humano» son lo mismo, nos es lícito dejar de lado la palabra «padre» y usar «primer formado» en su lugar; y decir que Adán fue el «primer formado,» en lugar del «padre,» de Abel; pues así como el primer formado fue el padre de un hijo, así, a la inversa, aquel padre es el primer formado de aquel hijo. Si esto se hubiera dicho en una taberna, ¡qué risas y aplausos habrían brotado del círculo de bebedores ante tan fina y exquisita broma! Estos son los argumentos en que se apoya nuestro erudito teólogo; cuando asalta nuestra doctrina, realmente necesita él mismo un tutor y un palo que le enseñen que todas las cosas que se predican de alguien no tienen necesariamente, en su significado, respecto a un solo objeto; como es claro por el citado ejemplo de Abel y Adán. Que uno y el mismo Adán es padre de Abel y también hechura de Dios es una verdad; sin embargo, no se sigue que, por ser ambas cosas, sea ambas cosas con respecto a Abel. Así, la designación del Todopoderoso como Padre tiene a la vez el significado especial de esa palabra, es decir, el haber engendrado un hijo, y también el de no haber causa preconcebible alguna del Padre mismo; sin embargo, no se sigue que, al mencionar al Hijo, debamos hablar del Ingenerado, en lugar del Padre, de aquel Hijo; ni, por otra parte, si la ausencia de principio queda sin expresar en referencia al Hijo, que debamos desterrar de nuestros pensamientos acerca de Dios aquel atributo de la no-engendración. Pero él desecha las acepciones usuales, y, como un actor de comedia, hace una broma de todo el asunto, y a fuerza de lo extraño de sus sofismas hace ridículas las cuestiones de nuestra fe. De nuevo debo repetir sus palabras: «Si Padre es lo mismo que Ingenerado, nos es lícito dejarlo de lado, y usar Ingenerado en su lugar; así, el Ingenerado es Ingenerado del Hijo; pues así como el Ingenerado es Padre del Hijo, así, a la inversa, el Padre es Ingenerado del Hijo.» Pero volvamos la risa contra él, invirtiendo su sofisma; así: Si Padre no es lo mismo que Ingenerado, el Hijo del Padre no será Hijo del Ingenerado; pues, teniendo relación sólo con el Padre, será del todo ajeno en naturaleza a aquello que es otro que Padre, y no cuadra con aquella idea; de modo que, si el Padre es algo otro que el Ingenerado, y el título Padre no comprende aquel significado, el Hijo, siendo Uno, no puede repartirse entre estas dos relaciones, y ser a la vez Hijo del Padre y del Ingenerado; y, así como antes era una absurdidad reconocida hablar de la Divinidad como Ingenerado del Hijo, en esta proposición inversa se hallará una absurdidad tan grande llamar al Unigénito Hijo del Ingenerado. De modo que ha de elegir una de dos cosas; o bien el Padre es lo mismo que el Ingenerado (lo cual es necesario para que el Hijo del Padre pueda ser también Hijo del Ingenerado); y entonces nuestra doctrina ha sido ridiculizada por él sin razón; o bien el Padre es algo diferente del Ingenerado, y el Hijo del Padre queda enajenado de toda relación con el Ingenerado. Pero entonces, si se ha de sostener así que el Unigénito no es Hijo del Ingenerado, la lógica apunta inevitablemente a un «Padre engendrado;» pues lo que existe, pero no existe sin engendración, debe tener substancia engendrada. Si, pues, el Padre, siendo según estos hombres otro que Ingenerado, es por tanto engendrado, ¿dónde está su tan cacareada no-engendración? ¿Dónde está aquella base y fundamento de su herética construcción de castillo? El Ingenerado, que hace un momento pensaban que habían aprehendido, los ha eludido, y ha desaparecido del todo bajo la acción de unos pocos silogismos estériles; su pretendida demostración de la Desemejanza, como un mero sueño acerca de algo, se desliza al toque de la crítica, y alza el vuelo junto con este Ingenerado.
    Así sucede que, cuando se acoge una falsedad con preferencia a la verdad, puede ciertamente florecer un poco mediante la ilusión que crea, pero pronto se derrumbará; sus propios métodos de prueba la disolverán. Pero esto lo traemos a colación solo para suscitar una sonrisa ante la muy graciosa venganza que podríamos tomar contra su Desemejanza. Debemos ahora reanudar el hilo principal de nuestro discurso.
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