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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
  71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
  72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
  73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
  74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
  75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
  76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
  77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
  78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
  80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
  81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
  82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
  83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
  84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
  85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
  86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
  87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
  88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
  89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
  90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
  91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
  92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
  93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
  94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
  95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
  96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
  97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
  98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
  99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
  100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
  101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
  102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
  103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
  104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
  105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
  106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
  107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
  108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
  109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
  110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
  111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
  112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
  113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
  114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
  115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
  116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
  117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
  118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
  119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
  120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
  121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
  122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
  123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
  124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
  125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
  126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
  127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
  128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
  129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
  130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
  131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
  132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
  133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
  134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
  135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
  136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
  137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
  138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
  139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
  140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
  141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
  142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
  143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
  144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
  145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
  146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
  147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
  148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
  149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
  150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
  151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
  152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
  153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
  154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
  155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
  156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
  157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
  158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
  159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
  160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
  161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
  162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
  163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
  164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
  165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
  166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
  167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
  168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
  169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
  170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
  171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
  172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
  173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
  174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
  175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
  176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
  177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
  178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
  179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
  180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
  181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
  182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
  183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
  184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
  185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
  186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
  187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
  188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
  189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
  190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
  191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
  192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
  193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
  194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
  195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
  196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
  197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
  198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
  199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
  200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
  201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
  202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
  203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
  204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
  205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
  206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
  207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
  208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
  209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
  210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
  211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
  212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
  213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
  214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
  215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
  216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
  217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
  218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
  219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
  220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
  221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
  222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
  223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
  224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
  225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
  226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
  227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
  228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
  229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
  230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
  231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
  232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
  233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
  234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
  235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
  236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
  237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
  238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
  239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
  240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
  241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
  242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
  243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
  244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
  245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
  246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
  247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
  248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
  249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
  250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
  251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
  252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
  253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
  254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
  255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
  256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
  257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
  258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
  259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
  260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
  261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
  262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
  263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
  264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
  265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
  266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
  267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
  268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
  269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
  270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
  271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
  272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
  273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
  274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
  275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
  276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
  277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
  278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
  279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
  280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
  281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
  282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
  283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
  284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
  285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
  288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
  289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
  290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
  291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
  292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
  293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
  294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
  295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
  296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
  297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
  298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
  299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
  300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
  301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
  302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
  303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
  304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
  305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
  306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
  307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
  308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
  309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
  310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
  311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
  312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
  313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
  314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
  315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
  316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
  317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
  318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
  319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
  320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
  321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
  322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
  323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
  324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
  325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
  326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
  327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
  328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
  329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

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    TEXTOS — AGUSTÍN DE HIPONA

    Índice de la obra

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    La ciudad de Dios

    413–426 · Traducción castellana directa de la versión inglesa de Marcus Dods (Nicene and Post-Nicene Fathers)42 minPosición: 0% de esta parteParte 13 de 52 · Libro VIIPublicado el Actualizado el Ref. ESC-AGU-CIV

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
    46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
    47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
    71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
    72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
    73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
    74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
    75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
    76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
    77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
    78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
    80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
    81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
    82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
    83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
    84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
    85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
    86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
    87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
    88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
    89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
    90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
    91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
    92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
    93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
    94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
    95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
    96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
    97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
    98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
    99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
    100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
    101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
    102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
    103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
    104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
    105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
    106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
    107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
    108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
    109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
    110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
    111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
    112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
    113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
    114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
    115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
    116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
    117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
    118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
    119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
    120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
    121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
    122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
    123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
    124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
    125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
    126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
    127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
    128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
    129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
    130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
    131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
    132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
    133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
    134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
    135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
    136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
    137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
    138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
    139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
    140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
    141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
    142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
    143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
    144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
    145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
    146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
    147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
    148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
    149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
    150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
    151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
    152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
    153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
    154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
    155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
    156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
    157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
    158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
    159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
    160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
    161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
    162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
    163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
    164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
    165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
    166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
    167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
    168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
    169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
    170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
    171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
    172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
    173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
    174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
    175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
    176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
    177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
    178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
    179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
    180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
    181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
    182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
    183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
    184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
    185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
    186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
    187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
    188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
    189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
    190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
    191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
    192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
    193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
    194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
    195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
    196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
    197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
    198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
    199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
    200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
    201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
    202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
    203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
    204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
    205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
    206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
    207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
    208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
    209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
    210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
    211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
    212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
    213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
    214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
    215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
    216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
    217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
    218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
    219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
    220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
    221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
    222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
    223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
    224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
    225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
    226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
    227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
    228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
    229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
    230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
    231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
    232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
    233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
    234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
    235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
    236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
    237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
    238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
    239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
    240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
    241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
    242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
    243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
    244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
    245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
    246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
    247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
    248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
    249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
    250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
    251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
    252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
    253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
    254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
    255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
    256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
    257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
    258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
    259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
    260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
    261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
    262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
    263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
    264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
    265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
    266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
    267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
    268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
    269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
    270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
    271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
    272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
    273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
    274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
    275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
    276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
    277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
    278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
    279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
    280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
    281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
    282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
    283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
    284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
    285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
    288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
    289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
    290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
    291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
    292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
    293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
    294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
    295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
    296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
    297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
    298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
    299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
    300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
    301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
    302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
    303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
    304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
    305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
    306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
    307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
    308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
    309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
    310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
    311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
    312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
    313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
    314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
    315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
    316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
    317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
    318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
    319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
    320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
    321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
    322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
    323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
    324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
    325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
    326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
    327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
    328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
    329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

    Libro VII

    Texto de la fuenteEdición de las Nicene and Post-Nicene Fathers · Argumento · VII, argumento
    En este libro se muestra que la vida eterna no se obtiene con el culto de Jano, Júpiter, Saturno y los demás «dioses escogidos» de la teología civil.

    Prefacio

    VII, prefacio

    Será deber de quienes están dotados de entendimientos más ágiles y mejores, para quienes los libros anteriores son suficientes, y aun más que suficientes, para lograr el objeto que se proponen, soportarme con paciencia y ecuanimidad mientras yo intento, con diligencia más que ordinaria, arrancar y erradicar las opiniones depravadas y antiguas contrarias a la verdad de la piedad, que el prolongado error del género humano ha fijado muy profundamente en las mentes sin ilustración; cooperando también en esto, según mi pequeña medida, con la gracia de Aquel que, siendo el Dios verdadero, puede realizarlo, y en cuya ayuda me apoyo en mi trabajo; y, por causa de los demás, no deben juzgar superfluo lo que sienten que ya no les es necesario para sí mismos. Muy grande es la empresa cuando se encomienda a los hombres la divinidad verdadera y verdaderamente santa como aquello que deben buscar y adorar; no, empero, por el vapor transitorio de la vida mortal, sino por la vida eterna, que es la única bienaventurada, aunque también nos sea otorgada por ella la ayuda necesaria para esta vida frágil que ahora vivimos.

    Capítulo 1

    Si, siendo evidente que la divinidad no se ha de hallar en la teología civil, hemos de creer que se halla en los dioses escogidos

    VII, 1

    Si hay alguien a quien el libro sexto, que acabo de terminar, no ha persuadido de que esta divinidad o, por así decir, deidad—pues tampoco nuestros autores dudan en usar esta palabra para traducir con más exactitud lo que los griegos llaman [θεότης]—si hay alguien, digo, a quien el libro sexto no ha persuadido de que esta divinidad o deidad no se halla en aquella teología que llaman civil, y que Marco Varrón ha explicado en dieciséis libros—es decir, que la felicidad de la vida eterna no se puede alcanzar mediante el culto de los dioses tales como los estados han establecido que sean adorados, y en esa forma—, quizás, cuando haya leído este libro, no le quedará nada más que desear para la aclaración de esta cuestión. Pues es posible que alguien piense que al menos los dioses escogidos y principales, a quienes Varrón incluyó en su último libro, y de quienes no hemos hablado suficientemente, deben ser adorados a causa de la vida bienaventurada, que no es otra que la eterna. Acerca de lo cual no digo lo que dijo Tertuliano, quizá con más agudeza que verdad: «Si los dioses se escogen como cebollas, ciertamente los demás se rechazan por malos.» No digo esto, porque veo que aun de entre los escogidos, algunos se escogen para algún oficio mayor y más excelente: como en la milicia, cuando se ha hecho leva de reclutas, se elige de nuevo a algunos de entre ellos para la ejecución de algún servicio militar más importante; y en la iglesia, cuando se eligen personas para ser obispos, ciertamente los demás no son rechazados, puesto que todos los buenos cristianos son llamados con razón elegidos; en la construcción de un edificio se eligen piedras angulares, sin que por ello se rechacen las demás, destinadas a otras partes de la estructura; se eligen uvas para comer, mientras que las otras, que dejamos para beber, no son rechazadas. No hay necesidad de aducir muchos ejemplos, pues la cosa es evidente. Por lo cual, la selección de ciertos dioses de entre muchos no ofrece razón suficiente para despreciar ni al que escribió sobre este asunto, ni a los adoradores de los dioses, ni a los dioses mismos. Debemos más bien procurar saber qué dioses son éstos y con qué fin parecen haber sido escogidos.

    Capítulo 2

    Quiénes son los dioses escogidos, y si se los considera exentos de los oficios de los dioses más comunes

    VII, 2

    Varrón señala, ciertamente, como escogidos a los siguientes dioses, dedicando un libro a este asunto: Jano, Júpiter, Saturno, Genio, Mercurio, Apolo, Marte, Vulcano, Neptuno, Sol, Orco, padre Liber, Tellus, Ceres, Juno, Luna, Diana, Minerva, Venus, Vesta; de los cuales veinte dioses, doce son varones y ocho hembras. ¿Acaso se llaman escogidas estas deidades por sus esferas más altas de administración en el mundo, o porque se han hecho más conocidas para el pueblo y se ha gastado más culto en ellas? Si es por las obras mayores que realizan en el mundo, no deberíamos haberlas hallado entre aquella, por así decir, plebe de deidades, a la que se ha asignado el cuidado de cosas menudas y triviales. Pues, en primer lugar, en la concepción del feto, punto desde el cual comienzan todas las obras que han sido distribuidas con minucioso detalle entre muchas deidades, Jano mismo abre el camino para la recepción del semen; allí está también Saturno, por causa del semen mismo; allí está Liber, que libera al varón con la efusión del semen; allí está Libera, a quien también quieren que sea Venus, que confiere a la mujer este mismo beneficio, a saber, que también ella sea liberada con la emisión del semen—todos éstos son del número de los llamados escogidos. Pero está también la diosa Mena, que preside los menstruos; aunque hija de Júpiter, innoble sin embargo. Y esta provincia de los menstruos el mismo autor, en su libro sobre los dioses escogidos, la asigna a la propia Juno, que es incluso reina entre los dioses escogidos; y aquí, como Juno Lucina, junto con la misma Mena, su hijastra, preside la misma sangre. Hay también dos dioses, sumamente oscuros, Vitumno y Sentino—el uno de los cuales infunde la vida al feto, y el otro la sensación; y, en verdad, otorgan, por innobles que sean, mucho más que todos aquellos dioses nobles y escogidos. Pues, sin duda, sin vida y sin sensación, ¿qué es todo el feto que una mujer lleva en su seno, sino una cosa vilísima y despreciable, no mejor que el limo y el polvo?

    Capítulo 3

    De qué modo no puede aducirse razón alguna para la selección de ciertos dioses, cuando la administración de oficios más excelsos se asigna a muchos dioses inferiores

    VII, 3

    ¿Cuál es, pues, la causa que ha empujado a tantos dioses escogidos a estas obras tan pequeñas, en las cuales son superados por Vitumno y Sentino, aunque poco conocidos y hundidos en la oscuridad, por cuanto confieren los munificentes dones de la vida y de la sensación? Pues el escogido Jano otorga una entrada y, por así decir, una puerta para el semen; el escogido Saturno otorga el semen mismo; el escogido Liber otorga a los varones la emisión del mismo semen; Libera, que es Ceres o Venus, confiere lo mismo a las mujeres; la escogida Juno confiere (no sola, sino junto con Mena, la hija de Júpiter) los menstruos, para el crecimiento de lo concebido; y el oscuro e innoble Vitumno confiere la vida, mientras que el oscuro e innoble Sentino confiere la sensación—cosas estas dos últimas tanto más excelentes que las otras, cuanto ellas mismas son superadas por la razón y el entendimiento. Pues así como las cosas que razonan y entienden son preferibles a las que, sin entendimiento ni razón, como en el caso de las bestias, viven y sienten; así también las que han sido dotadas de vida y sensación son con razón preferidas a las que ni viven ni sienten. Por tanto, Vitumno, dador de vida, y Sentino, dador de sensación, deberían haber sido contados entre los dioses escogidos, antes que Jano, admitidor del semen, y Saturno, dador o sembrador del semen, y Liber y Libera, movedores y liberadores del semen; semilla que no merece consideración si no alcanza vida y sensación. Sin embargo, estos dones escogidos no son dados por dioses escogidos, sino por ciertos dioses desconocidos y, considerando su dignidad, desatendidos. Pero si se responde que Jano tiene dominio sobre todos los comienzos y que, por tanto, no sin razón se le asigna la apertura del camino para la concepción; y que Saturno tiene dominio sobre todas las semillas y que, por tanto, la siembra de la semilla por la cual se genera un ser humano no puede excluirse de su operación; que Liber y Libera tienen poder sobre la emisión de todas las semillas y que, por tanto, presiden las semillas que pertenecen a la procreación de los hombres; que Juno preside todas las purgaciones y los nacimientos y que, por tanto, tiene también a su cargo las purgaciones de las mujeres y los partos de los seres humanos—si dan esta respuesta, hallen respuesta a la cuestión acerca de Vitumno y Sentino: si están dispuestos a que éstos asimismo tengan dominio sobre todas las cosas que viven y sienten. Si conceden esto, observen en qué posición sublime están a punto de colocarlos. Pues brotar de las semillas es en la tierra y de la tierra; pero se supone que vivir y sentir son propiedades aun de los dioses siderales. Pero si dicen que sólo se asignan a Sentino las cosas que cobran vida en la carne y se sustentan con los sentidos, ¿por qué aquel Dios que hizo que todas las cosas vivan y sientan no otorga también a la carne vida y sensación, confiriendo en la universalidad de su operación también a los fetos este don? ¿Y cuál es, entonces, la utilidad de Vitumno y Sentino? Pero si estas cosas, por así decir, extremas e ínfimas, han sido encomendadas por Aquel que preside universalmente la vida y el sentido a estos dioses como a siervos, ¿acaso estos dioses escogidos están tan desprovistos de siervos que no pudieron hallar a alguien a quien aun ellos pudieran encomendar esas cosas, sino que, con toda su dignidad, por la cual, al parecer, son considerados dignos de ser escogidos, se vieron obligados a realizar su obra junto con otros innobles? Juno es reina escogida de los dioses, y hermana y esposa de Júpiter; sin embargo, es Iterduca, la conductora, para los niños, y realiza esta obra junto con una pareja innobilísima—las diosas Abeona y Adeona. Allí han colocado también a la diosa Mena, que da a los niños una buena mente, y no está colocada entre los dioses escogidos; como si pudiera otorgarse a un hombre algo mayor que una buena mente. Pero Juno está colocada entre los escogidos porque es Iterduca y Domiduca (la que conduce a uno en el camino y la que lo conduce de nuevo a casa); como si tuviera alguna ventaja para uno hacer un viaje y ser conducido de nuevo a casa, si su mente no es buena. Y sin embargo, la diosa que otorga ese don no ha sido colocada por los selectores entre los dioses escogidos, aunque en verdad debería haber sido preferida incluso a Minerva, a quien, en esta distribución minuciosa del trabajo, han asignado la memoria de los niños. Pues ¿quién dudará que es mucho mejor tener una buena mente que una memoria tan grande? Porque nadie es malo si tiene buena mente; pero algunos que son muy malos poseen una memoria admirable, y son tanto peores cuanto menos pueden olvidar las cosas malas que piensan. Y con todo, Minerva está entre los dioses escogidos, mientras que la diosa Mena queda oculta entre una multitud sin valor. ¿Qué diré de Virtud? ¿Qué de Felicidad?—acerca de las cuales ya he hablado mucho en el libro cuarto; a las que, aunque las tenían por diosas, no han tenido a bien asignar un lugar entre los dioses escogidos, entre los cuales han dado un lugar a Marte y a Orco, el uno causante de la muerte, el otro receptor de los muertos.
    Puesto que vemos, por tanto, que aun los mismos dioses escogidos trabajan juntamente con los demás, como un senado con el pueblo, en todas aquellas obras minuciosas que han sido repartidas con minucia entre muchos dioses; y puesto que hallamos que cosas mucho mayores y mejores son administradas por ciertos dioses que no han sido considerados dignos de ser escogidos, más que por los que se llaman escogidos, queda que supongamos que fueron llamados escogidos y principales, no por tener oficios más excelsos en el mundo, sino porque les aconteció hacerse más conocidos del pueblo. Y aun el mismo Varrón dice que, de ese modo, la oscuridad les había tocado en suerte a algunos dioses padres y diosas madres, como le toca en suerte al hombre. Si, por tanto, la Felicidad acaso no debió ser puesta entre los dioses escogidos, porque no alcanzaron aquella noble posición por mérito sino por azar, al menos la Fortuna debería haber sido colocada entre ellos, o más bien antes que ellos; pues dicen que esa diosa distribuye a cada uno los dones que recibe, no según arreglo racional alguno, sino según lo determine el azar. Ella debería haber ocupado el lugar más alto entre los dioses escogidos, pues entre ellos es principalmente donde muestra cuánto poder tiene. Pues vemos que han sido escogidos no por alguna virtud eminente o felicidad racional, sino por aquel poder azaroso de la Fortuna que los adoradores de estos dioses piensan que ella ejerce. Pues también aquel elocuentísimo varón Salustio acaso tiene a la vista a los dioses mismos cuando dice: «Pero, en verdad, la fortuna lo gobierna todo; hace todas las cosas famosas u oscuras, según el capricho más bien que según la verdad.» Pues no pueden descubrir una razón por la que Venus haya sido hecha famosa, mientras Virtud ha sido hecha oscura, cuando la divinidad de ambas ha sido solemnemente reconocida por ellos, y no han de compararse sus méritos. De nuevo, si ella ha merecido una posición noble por el hecho de ser muy buscada—pues son más los que buscan a Venus que a Virtud—, ¿por qué se ha celebrado a Minerva mientras Pecunia ha quedado en la oscuridad, aunque en todo el género humano la avaricia atrae a un número mucho mayor que la habilidad? Y aun entre los que son hábiles en las artes, rara vez hallarás a un hombre que no practique su propio arte con el fin de ganancia pecuniaria; y aquello por cuya causa se hace algo, se valora siempre más que aquello que se hace por causa de otra cosa. Si, pues, esta selección de dioses ha sido hecha por el juicio de la multitud necia, ¿por qué no ha sido preferida la diosa Pecunia a Minerva, ya que hay muchos artífices por causa del dinero? Pero si esta distinción ha sido hecha por los pocos sabios, ¿por qué ha sido preferida Virtud a Venus, cuando la razón prefiere con mucho a la primera? En todo caso, como ya he dicho, la propia Fortuna—quien, según los que le atribuyen la mayor influencia, hace todas las cosas famosas u oscuras según el capricho más bien que según la verdad—puesto que ha podido ejercer tanto poder aun sobre los dioses, como para hacer, según su caprichoso juicio, famosos a los que ella quería, y oscuros a los que quería; la propia Fortuna debería ocupar el lugar de preeminencia entre los dioses escogidos, puesto que también sobre ellos tiene tan preeminente poder. ¿O hemos de suponer que la razón por la que no está entre los escogidos es simplemente ésta: que aun la propia Fortuna ha tenido fortuna adversa? Fue, pues, adversa para consigo misma, ya que, ennobleciendo a otros, ella misma ha quedado oscura.

    Capítulo 4

    Los dioses inferiores, cuyos nombres no van asociados a la infamia, han sido tratados mejor que los dioses escogidos, cuyas infamias se celebran

    VII, 4

    Sin embargo, cualquiera que busque con avidez celebridad y renombre podría felicitar a esos dioses escogidos y llamarlos afortunados, si no viera que han sido escogidos más para su perjuicio que para su honor. Pues aquella multitud baja de dioses ha sido protegida por su misma insignificancia y oscuridad de verse abrumada por la infamia. Nos reímos, ciertamente, cuando los vemos distribuidos por la mera ficción de las opiniones humanas, según las obras especiales que se les asignan, como quienes arriendan pequeñas porciones de la renta pública, o como artesanos en la calle de los plateros, donde una vasija, para que salga perfecta, pasa por las manos de muchos, cuando podría haber sido terminada por un solo artífice perfecto. Pero la única razón por la que se consideró necesario el concurso de muchos artífices fue que es mejor que cada parte de un arte sea aprendida por un artífice especial, lo cual puede hacerse con rapidez y facilidad, antes que obligarlos a todos a ser perfectos en un arte en todas sus partes, lo cual sólo podrían alcanzar lentamente y con dificultad. Sin embargo, apenas se encuentra uno de los dioses no escogidos que se haya atraído la infamia con algún crimen, mientras que apenas hay alguno de los dioses escogidos que no haya recibido sobre sí la marca de una infamia notable. Estos últimos han descendido a las obras humildes de los otros, mientras que los otros no han llegado a sus crímenes sublimes. En cuanto a Jano, no acude fácilmente a mi memoria nada infame; y tal vez fue uno de esos que vivió más inocentemente que los demás, y más apartado de las malas acciones y los crímenes. Recibió con bondad y hospedó a Saturno cuando huía; dividió su reino con su huésped, de modo que cada uno tuviera una ciudad para sí, el uno Janículo y el otro Saturnia. Pero aquellos buscadores de toda clase de indecencia en el culto de los dioses lo han deshonrado, a él, cuya vida hallaron menos vergonzosa que la de los otros dioses, con una imagen de monstruosa deformidad, haciéndola a veces con dos caras, y a veces, por así decirlo, doble, con cuatro caras. ¿Acaso quisieron que, como la mayor parte de los dioses escogidos habían perdido la vergüenza por la perpetración de crímenes vergonzosos, su mayor inocencia quedara señalada por un mayor número de caras?

    Capítulo 5. Sobre la doctrina más secreta de los paganos, y sobre las interpretaciones físicas

    VII, 5

    Pero escuchemos sus propias interpretaciones físicas, con las que intentan colorear, como con apariencia de doctrina más profunda, la bajeza de un error miserable. Varrón, en primer lugar, recomienda estas interpretaciones con tanta fuerza que llega a decir que los antiguos inventaron las imágenes, insignias y adornos de los dioses para que, cuando quienes acudían a los misterios las vieran con los ojos del cuerpo, pudieran con los ojos de la mente ver el alma del mundo y sus partes, es decir, los dioses verdaderos; y también que el sentido que pretendían quienes hacían sus imágenes con forma humana parecía ser éste: que la mente de los mortales, que está en un cuerpo humano, es muy semejante a la mente inmortal, así como podrían colocarse vasijas para representar a los dioses, por ejemplo, una vasija de vino podría colocarse en el templo de Líber para significar el vino, siendo lo contenido significado por lo que contiene. Así, por una imagen que tenía forma humana se significaba el alma racional, porque la forma humana es, por así decirlo, la vasija en la que suele estar contenida aquella naturaleza que ellos atribuyen a Dios o a los dioses. Éstos son los misterios de doctrina a los que penetró aquel hombre doctísimo para sacarlos a la luz. Pero, oh hombre agudísimo, ¿has perdido entre esos misterios aquella prudencia que te llevó a formar la sobria opinión de que quienes primero establecieron aquellas imágenes para el pueblo quitaron el temor a los ciudadanos y añadieron error, y de que los antiguos romanos honraron a los dioses más castamente sin imágenes? Pues fue por consideración de ellos por lo que te envalentonaste a decir estas cosas contra los romanos posteriores. Porque si aquellos romanos antiquísimos también hubieran adorado imágenes, tal vez habrías suprimido, por el silencio del temor, todos aquellos sentimientos (sentimientos verdaderos, sin embargo) acerca de la necedad de erigir imágenes, y habrías ensalzado más altamente y con más locuacidad aquellas doctrinas misteriosas que consisten en estas ficciones vanas y perniciosas. Tu alma, tan docta y tan ingeniosa (y por esto me duelo mucho por ti), nunca habría podido por estos misterios alcanzar a su Dios; es decir, al Dios por quien, no con quien, fue hecha, de quien no es parte, sino obra: aquel Dios que no es el alma de todas las cosas, sino que hizo toda alma, y en cuya sola luz toda alma es bienaventurada, si no es ingrata a su gracia.
    Pero lo que sigue en este libro mostrará cuál es la naturaleza de estos misterios y qué valor ha de dárseles. Mientras tanto, este hombre doctísimo confiesa como opinión suya que el alma del mundo y sus partes son los dioses verdaderos; de lo cual percibimos que su teología (a saber, esa misma teología natural a la que concede gran consideración) ha podido, en su integridad, extenderse incluso a la naturaleza del alma racional. Pues en este libro (acerca de los dioses escogidos) dice muy pocas cosas por anticipación acerca de la teología natural; y veremos si ha podido en aquel libro, por medio de interpretaciones físicas, referir a esta teología natural aquella teología civil, acerca de la cual escribió en último lugar al tratar de los dioses escogidos. Ahora bien, si ha podido hacer esto, todo es natural; y en ese caso, ¿qué necesidad había de distinguir tan cuidadosamente la teología civil de la natural? Pero si ha sido distinguida con una distinción verdadera, entonces, puesto que ni siquiera esta teología natural, con la que tanto se complace, es verdadera (pues aunque ha llegado hasta el alma, no ha llegado al Dios verdadero que hizo el alma), ¡cuánto más despreciable y falsa es aquella teología civil que se ocupa principalmente de lo corpóreo, como se mostrará por sus mismas interpretaciones, que ellos han buscado y desentrañado con tanta diligencia, algunas de las cuales necesariamente debo mencionar!

    Capítulo 6

    Sobre la opinión de Varrón de que Dios es el alma del mundo, la cual, sin embargo, en sus diversas partes, tiene muchas almas cuya naturaleza es divina

    VII, 6

    El mismo Varrón, pues, hablando todavía por anticipación, dice que piensa que Dios es el alma del mundo (al que los griegos llaman κόσμος), y que este mundo mismo es Dios; pero como un hombre sabio, aunque consta de cuerpo y mente, recibe sin embargo el nombre de sabio por causa de la mente, así el mundo es llamado Dios por causa de la mente, aunque consta de mente y cuerpo. Aquí parece, al menos en cierto modo, reconocer un solo Dios; pero para introducir más, añade que el mundo está dividido en dos partes, cielo y tierra, que a su vez se dividen cada una en dos partes: el cielo en éter y aire, la tierra en agua y tierra; de todo lo cual el éter es lo más alto, el aire lo segundo, el agua lo tercero, y la tierra lo más bajo. Todas estas cuatro partes, dice, están llenas de almas; las que están en el éter y en el aire son inmortales, y las que están en el agua y sobre la tierra son mortales. Desde la parte más alta de los cielos hasta la órbita de la luna hay almas, a saber, las estrellas y los planetas; y éstos no sólo se entiende que son dioses, sino que se ve que lo son. Y entre la órbita de la luna y el comienzo de la región de las nubes y de los vientos hay almas aéreas; pero éstas se ven con la mente, no con los ojos, y se llaman Héroes, Lares y Genios. Ésta es la teología natural que se expone brevemente en estas afirmaciones anticipadas, y que satisfizo no sólo a Varrón, sino a muchos filósofos además. De esto debo tratar con más cuidado cuando, con la ayuda de Dios, haya completado lo que aún me queda por decir acerca de la teología civil, en lo que concierne a los dioses escogidos.

    Capítulo 7. Si es razonable separar a Jano y a Término como dos deidades distintas

    VII, 7

    ¿Quién, pues, es Jano, con quien comienza Varrón? Es el mundo. Ciertamente, una respuesta muy breve y sin ambigüedad. ¿Por qué, entonces, dicen que los comienzos de las cosas le pertenecen a él, pero los fines a otro a quien llaman Término? Pues dicen que dos meses han sido dedicados a estos dos dioses, con referencia a los comienzos y a los fines: enero a Jano, y febrero a Término, además de aquellos diez meses que comienzan con marzo y terminan con diciembre. Y dicen que ésa es la razón por la que las Terminalia se celebran en el mes de febrero, el mismo mes en que se hace la purificación sagrada que llaman Februo, y del cual el mes deriva su nombre. ¿Acaso los comienzos de las cosas pertenecen al mundo, que es Jano, y no también los fines, puesto que se ha colocado a otro dios sobre ellos? ¿No reconocen que todas las cosas que dicen que comienzan en este mundo también llegan a su fin en este mundo? ¡Qué necedad es darle sólo la mitad del poder en la obra, cuando en su imagen le dan dos caras! ¿No sería una manera mucho más elegante de interpretar la imagen de dos caras decir que Jano y Término son el mismo, y que una cara se refiere a los comienzos y la otra a los fines? Pues el que trabaja debe atender a ambos. Porque quien en todo despliegue de actividad no mira hacia atrás al comienzo, no mira hacia adelante al fin. Por lo cual es necesario que la intención prospectiva esté unida a la memoria retrospectiva. Pues ¿cómo hallará uno la manera de terminar algo, si ha olvidado qué era lo que había comenzado? Pero si pensaron que la vida bienaventurada comienza en este mundo y se perfecciona más allá del mundo, y por esa razón atribuyeron a Jano, es decir, al mundo, sólo el poder de los comienzos, ciertamente deberían haber preferido a Término antes que a él, y no deberían haberlo excluido del número de los dioses escogidos. Sin embargo, aun ahora, cuando los comienzos y los fines de las cosas temporales están representados por estos dos dioses, debería haberse dado más honor a Término. Pues mayor es la alegría que se siente cuando algo se termina; pero las cosas comenzadas son siempre causa de mucha ansiedad hasta que se llevan a su fin, fin que el que comienza algo desea grandemente, fija su mente en él, lo espera, lo anhela; y nadie se alegra jamás de algo que ha comenzado, a menos que sea llevado a su fin.

    Capítulo 8

    Por qué razón los adoradores de Jano han hecho su imagen con dos caras, cuando a veces quisieran que se la viera con cuatro

    VII, 8

    Pero produzcamos ahora la interpretación de la imagen de dos caras. Pues dicen que tiene dos caras, una delante y otra detrás, porque nuestras bocas abiertas parecen asemejarse al mundo: por lo cual los griegos llaman al paladar [οὐρανός], y algunos poetas latinos, dice, han llamado a los cielos palatum [el paladar]; y de la boca abierta, dicen, hay una salida en dirección de los dientes, y una entrada en dirección del gaznate. ¡Mirad a qué ha quedado reducido el mundo por una palabra griega o poética para nuestro paladar! Que se adore a este dios sólo por causa de la saliva, que tiene dos puertas abiertas bajo los cielos del paladar: una por la cual parte de ella puede ser escupida, y otra por la cual parte de ella puede ser tragada. Además, ¿qué hay más absurdo que no encontrar en el mundo mismo dos puertas opuestas entre sí, por las cuales pueda recibir algo en sí o arrojarlo fuera de sí, y buscar en nuestra garganta y gaznate, a los que el mundo no se asemeja en nada, para formar una imagen del mundo en Jano, porque se dice que el mundo se asemeja al paladar, al cual Jano no guarda semejanza alguna? Pero cuando lo hacen de cuatro caras, y lo llaman Jano doble, interpretan esto como referido a las cuatro regiones del mundo, como si el mundo mirara hacia afuera, como Jano a través de sus cuatro caras. Además, si Jano es el mundo, y el mundo consta de cuatro regiones, entonces la imagen del Jano de dos caras es falsa. O si es verdadera, porque el mundo entero se entiende a veces por la expresión oriente y occidente, ¿llamará alguien doble al mundo cuando también se mencionan el norte y el sur, como llaman doble a Jano cuando tiene cuatro caras? No tienen manera alguna de interpretar, en relación con el mundo, cuatro puertas por las cuales entrar y salir, como hicieron en el caso del Jano de dos caras, donde encontraron, al menos en la boca humana, algo que respondía a lo que decían de él; a menos que acuda en su ayuda Neptuno y les entregue un pez, el cual, además de la boca y el gaznate, tiene también las aberturas de las branquias, una a cada lado. Sin embargo, con todas las puertas, ninguna alma escapa a esta vanidad sino aquella que oye a la verdad que dice: «Yo soy la puerta.» []

    Capítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano

    VII, 9

    Pero también muestran a quién quieren que se entienda por Jove (a quien también se llama Júpiter). Es el dios, dicen, que tiene el poder de las causas por las cuales algo llega a ser en el mundo. Y cuán grande es esto, lo testifica aquel nobilísimo verso de Virgilio:
    «Dichoso el que ha aprendido las causas de las cosas.»
    Pero ¿por qué se prefiere a Jano antes que a él? Que aquel hombre agudísimo y doctísimo nos responda a esta pregunta. «Porque», dice él, «Jano tiene dominio sobre las cosas primeras, Júpiter sobre las cosas más altas. Por tanto, Júpiter es tenido merecidamente por rey de todas las cosas; pues las cosas más altas son mejores que las primeras: porque aunque las cosas primeras preceden en el tiempo, las más altas sobresalen por su dignidad.»
    Ahora bien, esto se habría dicho rectamente si las partes primeras de las cosas que se hacen se hubieran distinguido de las partes más altas; como, por ejemplo, es el comienzo de una cosa hecha el partir, y la parte más alta el llegar. El comenzar a aprender es la parte primera de una cosa comenzada; la adquisición del conocimiento es la parte más alta. Y así en todas las cosas: los comienzos son primeros, los fines más altos. Sin embargo, este asunto ya ha sido tratado en relación con Jano y Término. Pero las causas que se atribuyen a Júpiter son cosas que efectúan, no cosas efectuadas; y es imposible que ellas sean impedidas en el tiempo por las cosas que se hacen o se realizan, o por los comienzos de tales cosas; pues lo que hace es siempre anterior a lo que es hecho. Por tanto, aunque los comienzos de las cosas que se hacen o se realizan pertenezcan a Jano, no son, sin embargo, anteriores a las causas eficientes que ellos atribuyen a Júpiter. Pues así como nada tiene lugar sin ser precedido por una causa eficiente, así sin una causa eficiente nada comienza a tener lugar. En verdad, si el pueblo llama Júpiter a este dios, en cuyo poder están todas las causas de todas las naturalezas que han sido hechas y de todas las cosas naturales, y lo adora con tales ultrajes e infames acusaciones, es culpable de un sacrilegio más espantoso que si negara por completo la existencia de cualquier dios. Por tanto, sería mejor para ellos llamar con el nombre de Júpiter a algún otro dios, alguno digno de honores viles y criminales; sustituyendo en lugar de Júpiter alguna ficción vana (como se dice que a Saturno se le dio una piedra para devorar en lugar de su hijo), de la cual pudieran hacer el objeto de sus blasfemias, antes que hablar de ese dios como que a la vez truena y comete adulterio, que gobierna el mundo entero y se entrega a la comisión de tantos actos licenciosos, teniendo en su poder la naturaleza y las causas más altas de todas las cosas naturales, pero no teniendo buenas sus propias causas.
    Seguidamente pregunto qué lugar encuentran ya para este Júpiter entre los dioses, si Jano es el mundo; pues Varrón definió a los dioses verdaderos como el alma del mundo y las partes de ella. Y, por tanto, todo lo que no cae dentro de esta definición ciertamente no es un dios verdadero, según ellos. ¿Dirán entonces que Júpiter es el alma del mundo, y Jano el cuerpo, es decir, este mundo visible? Si dicen esto, no les será posible afirmar que Jano es un dios. Pues incluso, según ellos, el cuerpo del mundo no es un dios, sino el alma del mundo y sus partes. Por lo cual Varrón, viendo esto, dice que piensa que Dios es el alma del mundo, y que este mundo mismo es Dios; pero que, así como un hombre sabio, aunque consta de alma y cuerpo, es llamado sin embargo sabio por el alma, así el mundo es llamado Dios por el alma, aunque consta de alma y cuerpo. Por tanto, el cuerpo del mundo solo no es Dios, sino o bien el alma sola de él, o bien el alma y el cuerpo juntos, pero de tal modo que es Dios no en virtud del cuerpo, sino en virtud del alma. Si, por tanto, Jano es el mundo, y Jano es un dios, ¿dirán, para que Júpiter pueda ser un dios, que él es alguna parte de Jano? Pues suelen más bien atribuir a Júpiter la existencia universal; de donde viene el dicho: «Todas las cosas están llenas de Júpiter.» Por tanto, deben pensar que Júpiter también, para que sea un dios, y especialmente rey de los dioses, es el mundo, para que gobierne sobre los otros dioses, que según ellos son sus partes. En este sentido, también, el mismo Varrón expone ciertos versos de Valerio Sorano en aquel libro que escribió aparte de los demás sobre el culto de los dioses. Estos son los versos:
    Jove omnipotente, progenitor de reyes, y de cosas, y de dioses,
    Y también la madre de los dioses, dios uno y todo.
    Pero en el mismo libro expone estos versos diciendo que, así como el macho emite la semilla y la hembra la recibe, así Júpiter, a quien creían ser el mundo, emite de sí todas las semillas y las recibe en sí mismo. Por cuya razón, dice, Sorano escribió: «Jove, progenitor y madre;» y con no menos razón dijo que uno y todo eran lo mismo. Pues el mundo es uno, y en ese uno están todas las cosas.

    Capítulo 10. Si es apropiada la distinción entre Jano y Júpiter

    VII, 10

    Puesto que, por tanto, Jano es el mundo, y Júpiter es el mundo, ¿por qué son Jano y Júpiter dos dioses, mientras que el mundo no es más que uno? ¿Por qué tienen templos separados, altares separados, ritos diferentes, imágenes desemejantes? Si es porque la naturaleza de los principios es una y la naturaleza de las causas otra, y el uno ha recibido el nombre de Jano y el otro el de Júpiter, ¿acaso, si un hombre tiene dos oficios distintos de autoridad, o dos artes, se habla de dos jueces o de dos artífices porque la naturaleza de los oficios o de las artes es diferente? Así también respecto de un solo dios: si tiene el poder de los principios y de las causas, ¿ha de pensarse por ello que son dos dioses, porque los principios y las causas son dos cosas? Pero si piensan que esto es correcto, afirmen también que Júpiter es tantos dioses cuantos sobrenombres le han dado, a causa de muchas potestades; pues las cosas por las cuales se le aplican estos sobrenombres son muchas y diversas. Mencionaré algunas de ellas.

    Capítulo 11

    Sobre los sobrenombres de Júpiter, que no se refieren a muchos dioses, sino a un solo y mismo dios

    VII, 11

    Lo han llamado Vencedor, Invicto, Opitulo, Impulsor, Estator, Centímpeda, Supinal, Tigilo, Almo, Rumino, y otros nombres que sería largo enumerar. Pero estos sobrenombres se los han dado a un solo dios a causa de causas y potestades diversas, pero no por ello lo han obligado a ser, a causa de tantas cosas, tantos dioses. Le dieron estos sobrenombres porque venció todas las cosas; porque no fue vencido por nadie; porque trajo ayuda a los necesitados; porque tuvo el poder de impulsar, detener, establecer, derribar de espaldas; porque como una viga mantenía unido y sostenía el mundo; porque nutría todas las cosas; porque, como con la ubre, alimentaba a los animales. Aquí percibimos que hay algunas cosas grandes y algunas pequeñas; y, sin embargo, es uno solo quien se dice que realiza todas ellas. Pienso que las causas y los principios de las cosas, por causa de los cuales han pensado que el mundo único es dos dioses, Júpiter y Jano, están más cerca entre sí que el mantener unido el mundo y el dar la ubre a los animales; y, sin embargo, a causa de estas dos obras tan alejadas entre sí, tanto en naturaleza como en dignidad, no ha habido necesidad alguna de que existan dos dioses; sino que un solo Júpiter ha sido llamado, a causa de lo uno, Tigilo, y a causa de lo otro, Rumino. No quiero decir que el dar la ubre a los animales que maman podría haber correspondido a Juno más bien que a Júpiter, especialmente cuando estaba la diosa Rumina para ayudarla y servirla en esta obra; pues creo que puede responderse que la propia Juno no es otra cosa que Júpiter, según aquellos versos de Valerio Sorano, donde se ha dicho:
    Júpiter omnipotente, progenitor de reyes, de cosas y de dioses,
    y también la madre de los dioses, etc.
    ¿Por qué, entonces, se le llamó Rumino, cuando quienes quizá indaguen con más diligencia pueden hallar que él es también aquella diosa Rumina?
    Si, pues, con razón se juzgó indigno de la majestad de los dioses que en una sola espiga un dios tuviera el cuidado del nudo y otro el de la cascarilla, ¿cuánto más indigno de aquella majestad es que una sola cosa, y de la clase más baja, a saber, el dar la ubre a los animales para que se alimenten, esté bajo el cuidado de dos dioses, uno de los cuales es el propio Júpiter, el mismísimo rey de todas las cosas, que hace esto no junto con su propia esposa, sino con alguna innoble Rumina (¡a no ser que él mismo sea Rumina, siendo Rumino para los machos y Rumina para las hembras)! Ciertamente habría dicho que no habían querido aplicar a Júpiter un nombre femenino, si no hubiera sido llamado en estos versos «progenitor y madre», y si no hubiera leído entre sus otros sobrenombres el de Pecunia [dinero], a la que hallamos como diosa entre aquellas deidades menores, como ya he mencionado en el libro cuarto. Pero puesto que tanto los varones como las mujeres tienen dinero [pecuniam], ¿por qué no ha sido llamado tanto Pecunio como Pecunia? Eso es asunto suyo.

    Capítulo 12. Que Júpiter es también llamado Pecunia

    VII, 12

    ¡Con cuánta elegancia han explicado este nombre! «También se le llama Pecunia», dicen ellos, «porque todas las cosas le pertenecen». ¡Oh, qué magnífica explicación del nombre de una deidad! Sí; aquel a quien todas las cosas pertenecen es llamado del modo más vil y más injurioso Pecunia. En comparación con todas las cosas contenidas por el cielo y la tierra, ¿qué son todas las cosas juntas que los hombres poseen bajo el nombre de dinero? Y este nombre, en verdad, se lo ha dado la avaricia a Júpiter, para que quien amara el dinero pudiera creer que amaba no a un dios vulgar, sino al mismísimo rey de todas las cosas. Pero sería cosa muy distinta si se le hubiera llamado Riquezas. Porque una cosa son las riquezas y otra el dinero. Pues llamamos ricos a los sabios, a los justos, a los buenos, que no tienen dinero o tienen muy poco. Porque son más verdaderamente ricos al poseer la virtud, pues con ella, aun respecto de las cosas necesarias para el cuerpo, se contentan con lo que tienen. Pero llamamos pobres a los avaros, que siempre ansían y siempre carecen. Pues pueden poseer una cantidad de dinero tan grande como se quiera; pero, por grande que sea su abundancia, no pueden sino carecer. Y propiamente llamamos rico a Dios mismo; no, sin embargo, en dinero, sino en omnipotencia. Por tanto, los que tienen abundancia de dinero son llamados ricos, pero interiormente necesitados si son avaros. Así también, los que no tienen dinero son llamados pobres, pero interiormente ricos si son sabios.
    ¿Qué, pues, debe pensar el sabio de esta teología, en la cual el rey de los dioses recibe el nombre de aquella cosa «que ningún sabio ha deseado»? Pues si esta filosofía hubiera enseñado algo saludable acerca de la vida eterna, ¡cuánto más apropiadamente habrían llamado a aquel dios que es el gobernante del mundo, no dinero, sino sabiduría, cuyo amor purga de la inmundicia de la avaricia, es decir, del amor al dinero!

    Capítulo 13

    Que cuando se expone qué es Saturno y qué es Genio, se llega a esto: que ambos se muestran como Júpiter

    VII, 13

    Pero ¿por qué hablar más de este Júpiter, con quien quizá han de identificarse todos los demás, de modo que, siendo él todas las cosas, la opinión de que existen muchos dioses quede como mera opinión, vacía de toda verdad? Y todos han de referirse a él, si sus diversas partes y potestades son consideradas como otros tantos dioses, o si el principio de la mente que creen difundido por todas las cosas ha recibido los nombres de muchos dioses a partir de las diversas partes que la mole de este mundo visible combina en sí misma y de la múltiple administración de la naturaleza. Pues ¿qué es también Saturno? «Uno de los dioses principales», dice él, «que tiene dominio sobre todas las siembras». ¿Acaso la exposición de los versos de Valerio Sorano no enseña que Júpiter es el mundo, y que él emite de sí mismo todas las semillas y las recibe de nuevo en sí mismo?
    Él, pues, es aquel en quien está el dominio de todas las siembras. ¿Qué es Genio? «Es el dios que está puesto sobre todas las cosas y tiene el poder de engendrarlas». ¿A quién otro, sino al mundo, creen que tiene este poder, al cual se le ha dicho:
    «Júpiter omnipotente, progenitor y madre?»
    Y cuando en otro lugar dice que el Genio es el alma racional de cada uno, y que, por tanto, existe separadamente en cada individuo, pero que el alma correspondiente del mundo es Dios, vuelve justamente a esto mismo, a saber, que el alma del mundo mismo ha de ser tenida como el genio universal, por decirlo así. Esto es, por tanto, lo que él llama Júpiter. Pues si todo genio es un dios, y el alma de todo hombre es un genio, se sigue que el alma de todo hombre es un dios. Pero si la misma absurdidad obliga a estos mismos teólogos a retroceder ante esto, queda que llamen dios por especial y preeminente distinción a aquel genio al que llaman alma del mundo y, por tanto, Júpiter.

    Capítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte

    VII, 14

    Pero no han hallado cómo referir a Mercurio y a Marte a partes del mundo y a las obras de Dios que están en los elementos; y, por tanto, los han puesto al menos sobre las obras humanas, haciéndolos ayudantes en el hablar y en el hacer guerras. Ahora bien, si Mercurio tiene también el poder del habla de los dioses, gobierna asimismo sobre el rey de los dioses mismo, si Júpiter, al recibir de él la facultad del habla, habla también según le place permitirlo, lo cual es ciertamente absurdo; pero si se considera que se le atribuye solo el poder sobre el habla humana, entonces decimos que es increíble que Júpiter se haya dignado dar la ubre no solo a los niños, sino también a las bestias, de donde ha recibido el sobrenombre de Rumino, y que, sin embargo, no haya querido que el cuidado de nuestro habla, por el cual superamos a las bestias, le perteneciera a él. Y así, el habla misma pertenece a Júpiter y es Mercurio. Pero si se dice que el habla misma es Mercurio, como lo muestran las cosas que de él se dicen a modo de interpretación, pues se dice que ha sido llamado Mercurio, es decir, el que corre entre medias, porque el habla corre entre los hombres; dicen también que los griegos lo llaman [ciertamente corresponde al habla, llamada por ellos ἑρμηνεία]; también se dice que preside los pagos, porque el habla pasa entre vendedores y compradores; las alas, además, que tiene en la cabeza y en los pies, dicen que significan que el habla pasa alada por el aire; también se dice que ha sido llamado mensajero, porque por medio del habla se expresan todos nuestros pensamientos; si, por tanto, el habla misma es Mercurio, entonces, incluso por confesión de ellos mismos, no es un dios. Pero cuando se hacen dioses de seres que ni siquiera son demonios, al orar a espíritus inmundos, son poseídos por quienes no son dioses, sino demonios. De igual manera, como no han podido encontrar para Marte ningún elemento ni parte del mundo en que él pudiera realizar algunas obras de la naturaleza, de cualquier clase que fueran, han dicho que es el dios de la guerra, la cual es obra de los hombres, y no una que ellos consideren deseable. Si, por tanto, la Felicidad diera paz perpetua, Marte no tendría nada que hacer. Pero si la guerra misma es Marte, como el habla es Mercurio, ojalá fuera tan cierto que no hubiera guerra que falsamente se llamara dios, como es cierto que no lo es.

    Capítulo 15. Sobre ciertas estrellas a las que los paganos han llamado con los nombres de sus dioses

    VII, 15

    Pero posiblemente estas estrellas que han sido llamadas con sus nombres son estos dioses. Pues llaman Mercurio a cierta estrella, y asimismo a otra cierta estrella Marte. Pero entre aquellas estrellas que reciben nombres de dioses está la que llaman Júpiter, y sin embargo para ellos Júpiter es el mundo. También está aquella que llaman Saturno, y sin embargo le conceden además una propiedad no pequeña: a saber, todas las semillas. Está también la más brillante de todas ellas, a la que llaman Venus, y sin embargo quieren que esta misma Venus sea también la luna; por no mencionar cómo se dice que Venus y Juno disputan por aquella estrella brillantísima, como por otra manzana de oro. Pues algunos dicen que el Lucero pertenece a Venus, y otros a Juno. Pero, como de costumbre, Venus vence. Pues con mucho el mayor número asigna aquella estrella a Venus, tanto que apenas se encuentra uno de ellos que piense de otro modo. Pero puesto que llaman a Júpiter rey de todas las cosas, ¿quién no se reirá al ver su estrella tan superada en brillo por la estrella de Venus? Pues debería haber sido tanto más brillante que las demás cuanto él mismo es más poderoso. Responden que solo parece así porque está más alta y mucho más lejos de la tierra. Si, por tanto, su mayor dignidad ha merecido un lugar más alto, ¿por qué está Saturno más alto en los cielos que Júpiter? ¿Acaso la vanidad de la fábula que hizo rey a Júpiter no pudo llegar a las estrellas? ¿Y se le ha permitido a Saturno obtener al menos en los cielos lo que no pudo obtener ni en su propio reino ni en el Capitolio?
    Pero ¿por qué Jano no ha recibido ninguna estrella? Si es porque él es el mundo, y todas ellas están en él, el mundo también es de Júpiter, y sin embargo él tiene una. ¿Acaso Jano transigió en su pleito lo mejor que pudo, y en lugar de la única estrella que no tiene entre los cuerpos celestes, aceptó tantas caras en la tierra? Además, si piensan que Mercurio y Marte son partes del mundo solo por causa de las estrellas, para poder tenerlos por dioses, puesto que el habla y la guerra no son partes del mundo, sino actos de los hombres, ¿cómo es que no han hecho altares, ni establecido ritos, ni construido templos para Aries, y Tauro, y Cáncer, y Escorpio, y los demás que cuentan como signos celestes, y que no constan de estrellas únicas, sino cada uno de muchas estrellas, de los que dicen además que están situados por encima de los ya mencionados en la parte más alta de los cielos, donde un movimiento más constante hace que las estrellas sigan un curso invariable? ¿Y por qué no los han contado como dioses, no digo entre aquellos dioses escogidos, sino ni siquiera entre aquellos, por así decir, dioses plebeyos?
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