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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
  71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
  72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
  73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
  74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
  75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
  76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
  77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
  78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
  80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
  81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
  82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
  83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
  84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
  85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
  86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
  87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
  88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
  89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
  90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
  91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
  92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
  93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
  94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
  95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
  96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
  97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
  98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
  99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
  100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
  101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
  102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
  103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
  104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
  105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
  106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
  107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
  108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
  109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
  110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
  111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
  112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
  113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
  114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
  115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
  116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
  117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
  118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
  119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
  120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
  121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
  122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
  123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
  124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
  125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
  126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
  127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
  128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
  129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
  130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
  131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
  132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
  133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
  134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
  135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
  136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
  137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
  138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
  139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
  140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
  141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
  142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
  143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
  144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
  145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
  146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
  147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
  148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
  149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
  150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
  151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
  152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
  153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
  154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
  155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
  156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
  157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
  158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
  159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
  160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
  161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
  162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
  163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
  164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
  165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
  166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
  167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
  168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
  169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
  170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
  171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
  172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
  173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
  174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
  175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
  176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
  177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
  178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
  179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
  180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
  181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
  182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
  183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
  184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
  185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
  186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
  187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
  188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
  189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
  190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
  191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
  192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
  193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
  194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
  195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
  196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
  197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
  198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
  199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
  200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
  201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
  202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
  203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
  204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
  205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
  206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
  207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
  208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
  209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
  210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
  211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
  212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
  213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
  214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
  215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
  216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
  217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
  218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
  219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
  220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
  221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
  222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
  223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
  224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
  225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
  226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
  227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
  228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
  229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
  230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
  231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
  232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
  233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
  234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
  235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
  236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
  237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
  238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
  239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
  240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
  241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
  242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
  243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
  244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
  245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
  246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
  247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
  248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
  249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
  250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
  251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
  252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
  253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
  254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
  255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
  256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
  257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
  258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
  259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
  260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
  261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
  262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
  263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
  264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
  265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
  266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
  267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
  268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
  269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
  270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
  271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
  272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
  273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
  274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
  275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
  276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
  277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
  278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
  279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
  280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
  281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
  282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
  283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
  284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
  285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
  288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
  289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
  290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
  291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
  292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
  293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
  294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
  295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
  296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
  297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
  298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
  299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
  300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
  301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
  302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
  303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
  304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
  305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
  306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
  307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
  308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
  309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
  310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
  311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
  312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
  313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
  314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
  315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
  316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
  317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
  318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
  319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
  320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
  321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
  322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
  323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
  324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
  325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
  326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
  327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
  328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
  329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

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    TEXTOS — AGUSTÍN DE HIPONA

    Índice de la obra

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    La ciudad de Dios

    413–426 · Traducción castellana directa de la versión inglesa de Marcus Dods (Nicene and Post-Nicene Fathers)41 minPosición: 0% de esta parteParte 39 de 52 · Capítulo 26Publicado el Actualizado el Ref. ESC-AGU-CIV

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
    46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
    47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
    71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
    72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
    73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
    74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
    75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
    76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
    77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
    78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
    80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
    81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
    82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
    83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
    84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
    85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
    86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
    87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
    88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
    89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
    90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
    91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
    92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
    93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
    94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
    95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
    96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
    97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
    98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
    99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
    100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
    101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
    102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
    103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
    104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
    105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
    106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
    107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
    108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
    109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
    110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
    111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
    112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
    113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
    114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
    115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
    116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
    117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
    118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
    119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
    120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
    121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
    122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
    123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
    124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
    125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
    126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
    127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
    128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
    129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
    130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
    131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
    132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
    133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
    134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
    135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
    136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
    137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
    138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
    139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
    140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
    141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
    142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
    143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
    144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
    145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
    146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
    147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
    148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
    149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
    150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
    151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
    152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
    153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
    154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
    155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
    156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
    157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
    158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
    159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
    160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
    161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
    162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
    163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
    164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
    165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
    166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
    167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
    168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
    169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
    170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
    171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
    172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
    173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
    174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
    175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
    176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
    177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
    178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
    179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
    180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
    181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
    182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
    183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
    184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
    185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
    186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
    187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
    188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
    189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
    190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
    191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
    192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
    193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
    194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
    195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
    196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
    197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
    198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
    199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
    200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
    201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
    202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
    203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
    204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
    205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
    206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
    207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
    208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
    209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
    210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
    211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
    212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
    213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
    214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
    215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
    216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
    217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
    218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
    219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
    220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
    221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
    222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
    223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
    224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
    225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
    226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
    227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
    228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
    229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
    230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
    231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
    232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
    233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
    234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
    235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
    236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
    237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
    238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
    239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
    240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
    241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
    242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
    243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
    244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
    245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
    246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
    247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
    248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
    249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
    250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
    251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
    252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
    253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
    254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
    255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
    256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
    257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
    258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
    259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
    260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
    261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
    262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
    263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
    264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
    265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
    266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
    267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
    268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
    269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
    270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
    271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
    272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
    273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
    274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
    275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
    276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
    277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
    278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
    279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
    280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
    281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
    282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
    283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
    284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
    285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
    288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
    289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
    290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
    291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
    292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
    293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
    294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
    295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
    296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
    297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
    298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
    299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
    300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
    301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
    302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
    303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
    304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
    305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
    306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
    307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
    308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
    309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
    310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
    311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
    312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
    313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
    314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
    315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
    316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
    317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
    318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
    319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
    320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
    321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
    322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
    323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
    324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
    325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
    326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
    327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
    328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
    329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

    Capítulo 26

    Que en el tiempo en que se puso fin a la cautividad de los judíos, al cumplirse los setenta años, también los romanos se libraron del dominio de los reyes

    XVIII, 26

    En este tiempo, Ciro, rey de Persia, que también gobernaba a los caldeos y asirios, habiendo aliviado en algo la cautividad de los judíos, hizo volver a cincuenta mil de ellos para reedificar el templo. Solo echaron los primeros cimientos y construyeron el altar; pero, a causa de las invasiones hostiles, no pudieron continuar, y la obra se difirió hasta el tiempo de Darío. Durante ese mismo tiempo se hicieron también las cosas que están escritas en el libro de Judit, el cual, en verdad, se dice que los judíos no recibieron en el canon de las Escrituras. Bajo Darío, rey de Persia, entonces, al cumplirse los setenta años predichos por el profeta Jeremías, se puso fin a la cautividad de los judíos, y fueron restituidos a la libertad. Tarquinio reinaba entonces como el séptimo rey de los romanos. Tras su expulsión, también ellos comenzaron a estar libres del dominio de sus reyes. Hasta este tiempo el pueblo de Israel tuvo profetas; pero, aunque fueron numerosos, los escritos canónicos de solo unos pocos de ellos se han conservado entre los judíos y entre nosotros. Al cerrar el libro anterior, prometí poner algo en este sobre ellos, y ahora lo haré.

    Capítulo 27

    De los tiempos de los profetas cuyos oráculos están contenidos en libros y que cantaron muchas cosas acerca de la llamada de los gentiles en el tiempo en que comenzó el reino romano y llegó a su fin el asirio

    XVIII, 27

    Para que podamos considerar estos tiempos, retrocedamos un poco a tiempos anteriores. Al comienzo del libro del profeta Oseas, que es el primero de los doce, está escrito: «La palabra del Señor que vino a Oseas en los días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.» [] También Amós escribe que profetizó en los días de Uzías, y añade el nombre de Jeroboam, rey de Israel, que vivió al mismo tiempo. [] Isaías, hijo de Amós —ya sea el profeta arriba nombrado, o, como más bien se afirma, otro que no era profeta, sino llamado con el mismo nombre—, pone también al frente de su libro a estos cuatro reyes nombrados por Oseas, diciendo a modo de prefacio que profetizó en sus días. Miqueas nombra también los mismos tiempos como los de su profecía, después de los días de Uzías; [] pues nombra a los mismos tres reyes que nombró Oseas: Jotam, Acaz y Ezequías. Hallamos por sus propios escritos que estos hombres profetizaron contemporáneamente. A estos se añaden Jonás en el reinado de Uzías, y Joel en el de Jotam, que sucedió a Uzías. Pero podemos hallar la fecha de estos dos profetas en las crónicas, no en sus propios escritos, pues ellos mismos nada dicen al respecto. Ahora bien, estos días se extienden desde Procas, rey de los latinos, o su predecesor Aventino, hasta Rómulo, rey de los romanos, o incluso hasta el comienzo del reinado de su sucesor Numa Pompilio. Ezequías, rey de Judá, ciertamente reinó hasta entonces. De modo que así estas fuentes de profecía, por así llamarlas, brotaron a la vez durante aquellos tiempos en que el reino asirio decaía y el romano comenzaba; de modo que, así como en el primer período del reino asirio surgió Abraham, a quien se le hicieron promesas clarísimas de que todas las naciones serían bendecidas en su descendencia, así, al comienzo de la Babilonia occidental, en el tiempo de cuyo gobierno había de venir Cristo, en quien estas promesas debían cumplirse, los oráculos de los profetas fueron dados no solo de palabra, sino también por escrito, como testimonio de que tan gran cosa sucedería. Pues aunque el pueblo de Israel casi nunca careció de profetas desde el tiempo en que comenzó a tener reyes, estos eran solo para su propio uso, no para el de las naciones. Pero cuando comenzó a formarse la Escritura más manifiestamente profética, que había de aprovechar también a las naciones, era conveniente que comenzara cuando fue fundada esta ciudad que había de gobernar a las naciones.

    Capítulo 28. De las cosas pertenecientes al evangelio de Cristo que profetizaron Oseas y Amós

    XVIII, 28

    El profeta Oseas habla tan profundamente que es laborioso penetrar su sentido. Pero, según lo prometido, debemos insertar algo de su libro. Dice: «Y sucederá que en el lugar donde se les dijo: No sois mi pueblo, allí serán llamados hijos del Dios viviente.» [] Los propios apóstoles entendieron esto como testimonio profético de la llamada de las naciones que antes no pertenecían a Dios; y como este mismo pueblo de los gentiles es espiritualmente parte de los hijos de Abraham, y por eso recibe con razón el nombre de Israel, continúa diciendo: «Y los hijos de Judá y los hijos de Israel serán reunidos en uno, y se nombrarán una sola cabeza, y ascenderán de la tierra.» [] Solo debilitaríamos el sabor de este oráculo profético si nos pusiéramos a exponerlo. Basta con que el lector traiga a la memoria aquella piedra angular y aquellos dos muros de separación, el uno de los judíos y el otro de los gentiles, [], y los reconocerá: el uno bajo el nombre de hijos de Judá, el otro como hijos de Israel, apoyándose en una y la misma cabeza, y ascendiendo de la tierra. Pero que aquellos israelitas carnales que ahora no quieren creer en Cristo creerán después, es decir, sus hijos creerán (pues ellos mismos, por supuesto, irán a su propio lugar muriendo), este mismo profeta lo atestigua diciendo: «Porque los hijos de Israel permanecerán muchos días sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin altar, sin sacerdocio, sin manifestaciones.» [] ¿Quién no ve que los judíos están ahora así? Pero oigamos lo que añade: «Y después volverán los hijos de Israel y buscarán al Señor su Dios y a David su rey, y se asombrarán del Señor y de su bondad en los últimos días.» [] Nada es más claro que esta profecía, en la que por David, distinguido con el título de rey, se ha de entender a Cristo, «el cual fue hecho,» como dice el apóstol, «del linaje de David según la carne.» [] Este profeta también predijo la resurrección de Cristo al tercer día, como convenía que fuese predicha, con elevación profética, cuando dice: «Nos curará después de dos días, y al tercer día resucitaremos.» [] De acuerdo con esto, el apóstol nos dice: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba.» [] Amós también profetiza así acerca de tales cosas: «Prepárate, oh Israel, para invocar a tu Dios; porque he aquí, yo formo el trueno y creo el espíritu, y anuncio a los hombres su Cristo.» [] Y en otro lugar dice: «En aquel día levantaré el tabernáculo de David que está caído, y repararé sus brechas; y levantaré sus ruinas, y lo reedificaré como en los días antiguos; para que el resto de los hombres me busque, y todas las naciones sobre las cuales es invocado mi nombre, dice el Señor que hace esto.»

    Capítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia

    XVIII, 29

    La profecía de Isaías no está en el libro de los doce profetas, que son llamados menores por la brevedad de sus escritos, en comparación con los que se llaman profetas mayores porque publicaron volúmenes más extensos. Isaías pertenece a estos últimos; sin embargo, lo relaciono con los dos arriba nombrados, porque profetizó al mismo tiempo. Isaías, pues, junto con sus reprensiones de la maldad, preceptos de justicia y predicciones de males, profetizó mucho más que los demás acerca de Cristo y de la Iglesia, es decir, acerca del Rey y de aquella ciudad que él fundó; de modo que algunos dicen que debería ser llamado evangelista más bien que profeta. Pero, para terminar esta obra, cito aquí solo uno entre muchos. Hablando en persona del Padre, dice: «He aquí, mi siervo entenderá, y será exaltado y glorificado en gran manera. Como muchos se asombrarán de ti.» Esto se refiere a Cristo.
    Pero oigamos ahora lo que sigue acerca de la Iglesia. Dice: «Alégrate, oh estéril, tú que no dabas a luz; prorrumpe y clama, tú que no tenías dolores de parto; porque más son los hijos de la desolada que los de la que tiene marido.» [] Pero esto debe bastar; y algunas cosas en ellas deberían exponerse; sin embargo, pienso que son suficientes aquellas partes que son tan claras que incluso los enemigos se ven obligados, contra su voluntad, a entenderlas.

    Capítulo 30. Qué profetizaron Miqueas, Jonás y Joel en conformidad con el Nuevo Testamento

    XVIII, 30

    El profeta Miqueas, representando a Cristo bajo la figura de un gran monte, habla así: «Sucederá en los últimos días que el monte manifestado del Señor será preparado sobre las cumbres de los montes, y será exaltado por encima de los collados; y los pueblos se apresurarán hacia él. Muchas naciones irán y dirán: Venid, subamos al monte del Señor y a la casa del Dios de Jacob; y Él nos mostrará su camino, y andaremos en sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor. Y Él juzgará entre muchos pueblos, y reprenderá a naciones fuertes lejanas.» [] Este profeta predice el lugar mismo en que nació Cristo, diciendo: «Y tú, Belén, de la casa de Efratá, eres la más pequeña para ser contada entre los millares de Judá; de ti saldrá para mí un jefe, para ser príncipe en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. Por tanto, los entregará aun hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de parir; y el resto de sus hermanos se convertirá a los hijos de Israel. Y él estará en pie, y pastoreará su rebaño con la fuerza del Señor, y con la dignidad del nombre del Señor su Dios; porque ahora será engrandecido hasta los confines de la tierra.» []
    El profeta Jonás, no tanto de palabra como por su propia dolorosa experiencia, profetizó la muerte y resurrección de Cristo mucho más claramente que si las hubiera proclamado con su voz. Pues ¿por qué fue llevado al vientre de la ballena y devuelto al tercer día, sino para ser señal de que Cristo había de volver de las profundidades del infierno al tercer día?
    Me vería obligado a usar muchas palabras explicando todo lo que Joel profetiza para aclarar lo que pertenece a Cristo y a la Iglesia. Pero hay un pasaje que no debo pasar por alto, el cual también citaron los apóstoles cuando el Espíritu Santo descendió de lo alto sobre los creyentes reunidos según la promesa de Cristo. Dice: «Y sucederá después de estas cosas que derramaré mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, y vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones; y aun sobre mis siervos y mis siervas en aquellos días derramaré mi Espíritu.» []

    Capítulo 31. De las predicciones acerca de la salvación del mundo en Cristo, en Abdías, Nahúm y Habacuc

    XVIII, 31

    La fecha de tres de los profetas menores, Abdías, Nahúm y Habacuc, no es mencionada por ellos mismos ni se da en las crónicas de Eusebio y Jerónimo. Pues aunque ponen a Abdías con Miqueas, no aparece por aquella parte de sus escritos en que se anotan las fechas cuándo profetizó Miqueas. Y esto, pienso, ha ocurrido por error suyo al copiar negligentemente obras ajenas. Pero no pudimos hallar a los otros dos ahora mencionados en las copias de las crónicas que tenemos; sin embargo, como están contenidos en el canon, no debemos pasarlos por alto.
    Abdías, en lo que a sus escritos se refiere, el más breve de todos los profetas, habla contra Idumea, es decir, la nación de Esaú, aquel primogénito réprobo de los hijos gemelos de Isaac y nieto de Abraham. Ahora bien, si por aquella figura de dicción en que se pone la parte por el todo, tomamos a Idumea como puesta por las naciones, podemos entender de Cristo lo que dice entre otras cosas: «Pero sobre el monte Sión habrá salvación, y allí habrá un Santo.» [] Y un poco después, al final de la misma profecía, dice: «Y los que sean salvados de nuevo subirán del monte Sión, para defender el monte de Esaú, y será un reino para el Señor.» [] Es muy evidente que esto se cumplió cuando aquellos salvados de nuevo del monte Sión —es decir, los creyentes en Cristo de Judea, entre quienes han de reconocerse principalmente los apóstoles— subieron a defender el monte de Esaú. ¿Cómo podrían defenderlo sino poniendo a salvo, mediante la predicación del evangelio, a aquellos que creyeron para ser «librados del poder de las tinieblas y trasladados al reino de Dios?» [] Esto lo expresó como una inferencia, añadiendo: «Y será para el Señor un reino.» Pues el monte Sión significa Judea, donde se predice que habrá salvación y un Santo, es decir, Cristo Jesús. Pero el monte de Esaú es Idumea, que significa la Iglesia de los gentiles, la cual, como he expuesto, aquellos salvados de nuevo de Sión han defendido para que sea un reino para el Señor. Esto era oscuro antes de que sucediera; pero ¿qué creyente no lo descubre ahora que ya se ha hecho?
    En cuanto al profeta Nahúm, por medio de él dice Dios: «Exterminaré las cosas esculpidas y fundidas; haré tu sepultura. Porque he aquí, ¡cuán veloces son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas y anuncia la paz! Oh Judá, celebra tus días de fiesta y cumple tus votos; porque ya no continuarán más hasta volverse anticuados. Está terminado, está consumado, ha sido quitado. Asciende el que sopla en tu rostro, librándote de la tribulación.» Quien recuerda el evangelio traiga a la memoria quién ha ascendido del infierno y sopló el Espíritu Santo en el rostro de Judá, es decir, de los discípulos judíos; pues estos pertenecen al Nuevo Testamento, cuyos días de fiesta son renovados tan espiritualmente que no pueden volverse anticuados. Además, ya vemos las cosas esculpidas y fundidas, es decir, los ídolos de los dioses falsos, exterminados por el evangelio y entregados al olvido como a la sepultura, y sabemos que esta profecía se cumple en esto mismo.
    ¿De qué otra cosa sino de la venida de Cristo, que había de venir, se entiende que Habacuc dice: «Y el Señor me respondió y dijo: Escribe claramente la visión en una tablilla de boj, para que el que la lea pueda entender. Porque la visión es aún para un tiempo señalado, y surgirá al fin, y no quedará vacía; si tarda, espérala; porque ciertamente vendrá, y no se demorará?» []

    Capítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc

    XVIII, 32

    En su oración, con cántico, ¿a quién sino al Señor Cristo dice:
    «Oh Señor, he oído tu oír, y temí; oh Señor, he considerado tus obras, y me espanté sobremanera?» [] ¿Qué es esto sino la inefable admiración de la salvación de los hombres, preconocida, nueva y repentina?
    «En medio de dos seres vivientes serás reconocido.»
    ¿Qué es esto sino entre los dos testamentos, o entre los dos ladrones, o entre Moisés y Elías que hablaban con Él en el monte?
    «Mientras se acercan los años, serás reconocido; al llegar el tiempo serás mostrado,» no necesita siquiera explicación.
    «Mientras mi alma se turbará ante Él, en la ira te acordarás de la misericordia.»
    ¿Qué es esto sino que Él se pone en lugar de los judíos, de cuya nación era, los cuales se turbaron con gran ira y crucificaron a Cristo, cuando Él, acordándose de la misericordia, dijo:
    Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen? [] «Dios vendrá de Temán, y el Santo desde el monte sombrío y espeso.» [] Lo que aquí se dice, «Vendrá de Temán,» algunos lo interpretan «del sur,» o «del suroeste,» con lo cual se significa el mediodía, esto es, el fervor de la caridad y el esplendor de la verdad.
    «El monte sombrío y espeso» podría entenderse de muchas maneras, pero prefiero tomarlo como la profundidad de las divinas Escrituras, en las cuales Cristo es profetizado: porque en las Escrituras hay muchas cosas sombrías y espesas que ejercitan la mente del lector; y Cristo viene de allí cuando quien tiene entendimiento lo encuentra allí.
    «Su poder cubre los cielos, y la tierra está llena de su alabanza.»
    ¿Qué es esto sino lo que también se dice en el salmo:
    «Exaltado seas, oh Dios, sobre los cielos; y tu gloria sobre toda la tierra?»
    «Su esplendor será como la luz.»
    ¿Qué es sino que la fama de Él iluminará a los creyentes?
    «Cuernos hay en sus manos.»
    ¿Qué es esto sino el trofeo de la cruz?
    «Y ha puesto la firme caridad de su fuerza» [] no necesita explicación.
    «Delante de su rostro irá la palabra, y saldrá al campo tras sus pies.»
    ¿Qué es esto sino que Él debía ser anunciado antes de venir aquí y después de regresar de aquí?
    «Se detuvo, y la tierra se conmovió.»
    ¿Qué es esto sino que «se detuvo» para socorrer, «y la tierra se conmovió» para creer?
    «Miró, y las naciones se derritieron;» es decir, tuvo compasión e hizo penitente al pueblo.
    «Los montes se quebrantaron con violencia;» es decir, por el poder de quienes obran milagros se quebranta la soberbia de los altivos.
    «Los collados eternos se deshicieron;» es decir, son humillados en el tiempo para ser exaltados por la eternidad.
    «Vi sus caminos [hechos] eternos para sus trabajos;» es decir, contemplé su trabajo de amor no dejado sin la recompensa de la eternidad.
    «Las tiendas de Etiopía temerán en gran manera, y las tiendas de la tierra de Madián;» es decir, aun aquellas naciones que no están bajo la autoridad romana, aterradas de repente por la noticia de tus maravillas, se convertirán en pueblo cristiano.
    «¿Te airaste contra los ríos, oh Señor?
    ¿O fue tu furor contra los ríos?
    ¿O tu ira contra el mar?»
    Esto se dice porque Él no viene ahora a condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. [] «Porque montarás sobre tus caballos, y tu cabalgar será salvación;» es decir, tus evangelistas te llevarán, porque son guiados por ti, y tu evangelio es salvación para los que creen en ti.
    «Doblando, doblarás tu arco contra los cetros, dice el Señor;» es decir, amenazarás con tu juicio aun a los reyes de la tierra.
    «La tierra se hendirá con ríos;» es decir, por los sermones de los que te predican que fluyen sobre ellos, se abrirán los corazones de los hombres para hacer confesión, a quienes se dice:
    «Rasgad vuestros corazones y no vuestros vestidos.» [] ¿Qué significa «El pueblo te verá y se dolerá», sino que en el llanto serán bienaventurados? [] ¿Qué es «Dispersando las aguas al marchar,» sino que, caminando en los que por todas partes te proclaman, esparcirás aquí y allí las corrientes de tu doctrina?
    ¿Qué es «El abismo profirió su voz?»
    ¿No es acaso que la profundidad del corazón humano expresó lo que percibía?
    Las palabras, «La profundidad de su fantasía,» son una explicación del versículo anterior, pues la profundidad es el abismo; y «Profi rió su voz» debe entenderse delante de ellos, es decir, como hemos dicho, expresó lo que percibía.
    Ahora bien, la fantasía es la visión, la cual no retuvo ni ocultó, sino que derramó en confesión.
    «El sol se elevó, y la luna se detuvo en su curso;» es decir, Cristo ascendió al cielo, y la Iglesia fue establecida bajo su Rey.
    «Tus saetas irán en la luz;» es decir, tus palabras no serán enviadas en secreto, sino abiertamente.
    Pues Él había dicho a sus propios discípulos:
    «Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz.» [] «Amenazando disminuirás la tierra;» es decir, con esa amenaza humillarás a los hombres.
    «Y con furor derribarás a las naciones;» pues castigando a los que se exaltan a sí mismos, los estrellarás unos contra otros.
    «Saliste para la salvación de tu pueblo, para salvar a tu Cristo; enviaste muerte sobre las cabezas de los impíos.»
    Ninguna de estas palabras requiere explicación.
    «Has levantado las ataduras, aun hasta el cuello.»
    Esto puede entenderse incluso de las buenas ataduras de la sabiduría, para que los pies se pongan en sus grillos y el cuello en su collar.
    «Has quebrantado en asombro de mente las ataduras» debe entenderse así:
    Él levanta las buenas y quebranta las malas, acerca de las cuales se le dice:
    «Has roto mis ataduras,» y aquello «en asombro de mente,» es decir, maravillosamente.
    «Las cabezas de los poderosos se moverán en ello;» a saber, en aquel asombro.
    «Abrirán sus dientes como un pobre que come en secreto.»
    Porque algunos de los poderosos entre los judíos vendrán al Señor, admirando sus obras y palabras, y comerán con avidez el pan de su doctrina en secreto por temor a los judíos, así como el Evangelio ha mostrado que lo hicieron.
    «Y has enviado al mar tus caballos, turbando muchas aguas,» que no son otra cosa que muchos pueblos; porque si todos no se turbaran, algunos no se convertirían con temor, otros perseguidos con furor.
    «Presté atención, y mi vientre tembló a la voz de la oración de mis labios; y el temblor entró en mis huesos, y el hábito de mi cuerpo se turbó debajo de mí.»
    Prestó atención a las cosas que decía, y él mismo se aterrorizó de su propia oración, que había derramado proféticamente, y en la cual discernía las cosas venideras.
    Porque cuando muchos pueblos se turban, vio la tribulación amenazante de la Iglesia, y al instante se reconoció miembro de ella, y dijo:
    «Descansaré en el día de la tribulación,» como uno de aquellos que se gozan en la esperanza, pacientes en la tribulación. [] «Para que yo ascienda,» dice, «entre el pueblo de mi peregrinación,» apartándome por completo del pueblo impío de su parentesco carnal, que no son peregrinos en esta tierra y no buscan la patria de arriba.
    «Aunque la higuera,» dice, «no florecerá, ni habrá fruto en las vides; el trabajo del olivo mentirá, y los campos no darán alimento; las ovejas serán quitadas del alimento, y no habrá bueyes en los establos.»
    Ve que aquella nación que había de matar a Cristo está a punto de perder la abundancia de los bienes espirituales, la cual, en estilo profético, ha expuesto mediante la figura de la abundancia terrenal.
    Y porque aquella nación había de sufrir tal ira de Dios, porque, ignorando la justicia de Dios, quería establecer la suya propia, [] dice inmediatamente:
    «Sin embargo, me alegraré en el Señor; me gozaré en Dios mi salvación.
    El Señor Dios es mi fortaleza, y Él pondrá mis pies en la consumación; me colocará sobre las alturas, para que venza en su cántico,» a saber, en aquel cántico del cual se dice algo semejante en el salmo:
    «Puso mis pies sobre una roca, y enderezó mis pasos, y puso en mi boca un cántico nuevo, un himno a nuestro Dios.»
    Por tanto, vence en el cántico del Señor quien se complace en su alabanza, no en la suya propia; que «el que se gloría, gloríese en el Señor.»
    Pero algunos códices tienen:
    «Me gozaré en Dios mi Jesús,» lo cual me parece mejor que la versión de aquellos que, queriendo ponerlo en latín, no han consignado aquel mismo nombre que para nosotros es más querido y dulce de nombrar.

    Capítulo 33

    Qué dijeron de antemano, por el espíritu profético, Jeremías y Sofonías acerca de Cristo y de la llamada de las naciones

    XVIII, 33

    Jeremías, como Isaías, es uno de los profetas mayores, no de los menores, como los otros de cuyos escritos acabo de dar extractos. Profetizó cuando Josías reinaba en Jerusalén, y Anco Marcio en Roma, cuando ya era inminente el cautiverio de los judíos; y continuó profetizando hasta el quinto mes del cautiverio, como hallamos en sus escritos. Sofonías, uno de los profetas menores, se pone junto con él, porque él mismo dice que profetizó en los días de Josías; pero no dice hasta cuándo. Jeremías profetizó, pues, no solo en los tiempos de Anco Marcio, sino también en los de Tarquinio Prisco, a quien los romanos tuvieron por quinto rey. Pues ya había comenzado a reinar cuando tuvo lugar aquel cautiverio. Jeremías, al profetizar de Cristo, dice: «El aliento de nuestra boca, el Señor Cristo, fue apresado en nuestros pecados,» [] mostrando así brevemente que Cristo es nuestro Señor y que padeció por nosotros. También en otro lugar dice: «Este es mi Dios, y no habrá ningún otro que sea tenido en cuenta en comparación con Él; que ha hallado todo el camino de la prudencia, y lo ha dado a Jacob su siervo, y a Israel su amado: después fue visto en la tierra, y conversó con los hombres.» Algunos atribuyen este testimonio no a Jeremías, sino a su secretario, que se llamaba Baruc; pero más comúnmente se atribuye a Jeremías. De nuevo el mismo profeta dice acerca de Él: «He aquí vienen días, dice el Señor, en que levantaré a David un renuevo justo, y un Rey reinará y será sabio, y hará juicio y justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvo, e Israel habitará confiado: y este es el nombre con que le llamarán, Señor justo nuestro.» [] Y de la llamada de las naciones que había de venir, y que ahora vemos cumplida, habló así: «Oh Señor, Dios mío, y refugio mío en el día de los males, a ti vendrán las naciones desde los confines de la tierra, diciendo: Verdaderamente nuestros padres adoraron imágenes mentirosas, en las cuales no hay provecho.» [] Pero que los judíos, por quienes Él había de ser muerto, no iban a reconocerle, este profeta lo da a entender así: «Pesado es el corazón por encima de todo; y Él es hombre, y ¿quién le conocerá?» [] También es suyo aquel pasaje que he citado en el libro decimoséptimo acerca del nuevo testamento, del cual Cristo es el Mediador. Pues el mismo Jeremías dice: «He aquí, vienen días, dice el Señor, en que completaré sobre la casa de Jacob un nuevo testamento,» y lo demás, que allí puede leerse.
    Por ahora pondré aquellas predicciones acerca de Cristo del profeta Sofonías, que profetizó con Jeremías. «Esperadme, dice el Señor, en el día de mi resurrección, en el futuro; porque es mi determinación congregar a las naciones y reunir los reinos.» [] Y de nuevo dice: «El Señor será terrible sobre ellos, y exterminará a todos los dioses de la tierra; y le adorarán todos los hombres, cada uno desde su lugar, aun todas las islas de las naciones.» [] Y poco después dice: «Entonces volveré a los pueblos una lengua pura, y a su descendencia, para que invoquen el nombre del Señor y le sirvan bajo un mismo yugo. Desde las riberas de los ríos de Etiopía me traerán sacrificios. En aquel día no serás confundida por todas tus invenciones curiosas, que hiciste impíamente contra mí: porque entonces quitaré de ti la soberbia de tu pecado; y ya no te engrandecerás más sobre mi santo monte. Y dejaré en ti un pueblo manso y humilde, y los que queden de Israel temerán el nombre del Señor.» Estos son el remanente del cual el apóstol cita lo que en otro lugar se profetiza: «Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, un remanente será salvo.» Estos son el remanente de aquella nación que han creído en Cristo.

    Capítulo 34. De la profecía de Daniel y Ezequiel, otros dos de los profetas mayores

    XVIII, 34

    Daniel y Ezequiel, otros dos de los profetas mayores, también profetizaron por primera vez en la misma cautividad de Babilonia. Daniel incluso definió por la fecha exacta el tiempo en que Cristo había de venir y padecer. Sería demasiado largo mostrar esto mediante el cómputo, y a menudo lo han hecho otros antes que nosotros. Pero acerca de su poder y gloria habló así: «Vi en visión nocturna, y he aquí, uno semejante al Hijo del hombre venía con las nubes del cielo, y llegó hasta el Anciano de días, y fue traído a su presencia. Y le fue dado dominio, honor y reino; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán. Su poder es poder eterno, que no pasará, y su reino no será destruido.» []
    También Ezequiel, hablando proféticamente en persona de Dios Padre, predice así a Cristo, hablando de Él al modo profético como David, porque asumió carne de la descendencia de David, y a causa de aquella forma de siervo en que se hizo hombre, Aquel que es Hijo de Dios es llamado también siervo de Dios. Dice: «Y pondré sobre mis ovejas un solo Pastor, que las apacentará, a mi siervo David; y Él las apacentará, y Él será su pastor. Y yo, el Señor, seré su Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo, el Señor, he hablado.» [] Y en otro lugar dice: «Y un solo Rey será sobre todos ellos; y ya no serán dos naciones, ni se dividirán más en dos reinos; ni se contaminarán más con sus ídolos, y sus abominaciones, y todas sus iniquidades. Y los salvaré de todos sus lugares de morada en los cuales pecaron, y los limpiaré; y serán mi pueblo, y yo seré su Dios. Y mi siervo David será rey sobre ellos, y habrá un solo Pastor para todos ellos.» []

    Capítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías

    XVIII, 35

    Quedan tres profetas menores, Ageo, Zacarías y Malaquías, que profetizaron al final del cautiverio. De estos, Ageo profetiza más abiertamente de Cristo y de la Iglesia así brevemente: «Así dice el Señor de los ejércitos: Aún un poco de tiempo, y yo sacudiré el cielo, y la tierra, y el mar, y la tierra seca; y moveré a todas las naciones, y vendrá el deseado de todas las naciones.» [Ageo 2:6] El cumplimiento de esta profecía se ve ya en parte, y en parte se espera para el fin. Porque movió el cielo por el testimonio de los ángeles y de las estrellas, cuando Cristo se encarnó. Movió la tierra por el gran milagro de su nacimiento de la virgen. Movió el mar y la tierra seca, cuando Cristo fue proclamado tanto en las islas como en todo el mundo. Así vemos a todas las naciones movidas a la fe; y el cumplimiento de lo que sigue, «Y vendrá el deseado de todas las naciones,» se espera en su última venida. Pues antes de que los hombres puedan desearle y esperarle, deben creer y amarle.
    Zacarías dice de Cristo y de la Iglesia: «Regocíjate mucho, hija de Sión; clama con júbilo, hija de Jerusalén; he aquí, tu Rey vendrá a ti, justo y Salvador; Él, pobre, y montado en un asno, y en un pollino, hijo de asna; y su dominio será de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra.» [] Cómo se hizo esto, cuando el Señor Cristo en su camino usó una bestia de carga de este género, lo leemos en el Evangelio, donde también se cita de esta profecía cuanto parece suficiente para el contexto. En otro lugar, hablando en el Espíritu de profecía al mismo Cristo de la remisión de los pecados por su sangre, dice: «Tú también, por la sangre de tu testamento, has sacado a tus prisioneros de la cisterna en que no hay agua.» [] Pueden sostenerse diversas opiniones, compatibles con la recta fe, sobre lo que quiso decir con esta cisterna. Sin embargo, me parece que ningún significado conviene mejor que el de la profundidad de la miseria humana, que es, por así decirlo, seca y estéril, donde no hay corrientes de justicia, sino solo el barro de la iniquidad. Pues de ella se dice en los Salmos: «Y me sacó de la cisterna de la miseria, y del lodo cenagoso.»
    Malaquías, prediciendo la Iglesia que ahora vemos propagada por Cristo, dice muy abiertamente a los judíos, en persona de Dios: «No me complazco en vosotros, dice el Señor, y no aceptaré ofrenda de vuestra mano. Porque desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, mi nombre es grande entre las naciones; y en todo lugar se ofrecerá sacrificio, y se ofrecerá a mi nombre oblación pura; porque mi nombre será grande entre las naciones, dice el Señor.» [] Puesto que ya podemos ver este sacrificio ofrecido a Dios en todo lugar, desde el nacimiento del sol hasta su ocaso, por el sacerdocio de Cristo según el orden de Melquisedec, mientras que los judíos, a quienes se dijo: «No me complazco en vosotros, ni aceptaré ofrenda de vuestra mano,» no pueden negar que su sacrificio ha cesado, ¿por qué esperan todavía a otro Cristo, cuando leen esto en la profecía y lo ven cumplido, cosa que no podía cumplirse sino por Él? Y poco después dice de Él, en persona de Dios: «Mi pacto fue con Él de vida y de paz; y le di que me temiera con temor, y que tuviera miedo ante mi nombre. La ley de verdad estuvo en su boca; andando en paz conmigo, ha apartado a muchos de la iniquidad. Porque los labios del sacerdote guardarán la ciencia, y buscarán la ley de su boca; porque Él es el Ángel del Señor Todopoderoso.» [] Ni ha de extrañar que Cristo Jesús sea llamado Ángel del Dios Todopoderoso. Pues así como se le llama siervo por la forma de siervo en que vino a los hombres, así se le llama ángel por el evangelio que proclamó a los hombres. Pues si interpretamos estas palabras griegas, evangelio es «buena nueva», y ángel es «mensajero». Y otra vez dice de Él: «He aquí, yo envío mi ángel, y él preparará el camino delante de mi rostro; y el Señor a quien buscáis vendrá súbitamente a su templo, el Ángel del pacto a quien deseáis. He aquí, Él viene, dice el Señor Todopoderoso, y ¿quién podrá soportar el día de su venida, o quién podrá estar en pie cuando Él aparezca?» [] En este lugar ha predicho tanto la primera como la segunda venida de Cristo: la primera, a saber, de la cual dice: «Y vendrá súbitamente a su templo;» es decir, a su carne, de la cual dijo en el Evangelio: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» [] Y de la segunda venida dice: «He aquí, Él viene, dice el Señor Todopoderoso, y ¿quién podrá soportar el día de su venida, o quién podrá estar en pie cuando Él aparezca?» Pero lo que dice: «El Señor a quien buscáis, y el Ángel del pacto a quien deseáis,» significa precisamente que incluso los judíos, según las Escrituras que leen, buscarán y desearán a Cristo. Pero muchos de ellos no reconocieron que Aquel a quien buscaban y deseaban había venido, estando cegados en sus corazones, preocupados con sus propios méritos. Ahora bien, lo que aquí llama pacto, ya sea arriba, donde dice: «Mi pacto había sido con Él,» o aquí, donde le ha llamado el Ángel del pacto, debemos, sin duda, tomarlo como el nuevo testamento, en el cual las cosas prometidas son eternas, y no el antiguo, en el cual son solo temporales. Sin embargo, muchos que son débiles se turban cuando ven prosperar a los impíos en tales cosas temporales, porque las valoran mucho y sirven al Dios verdadero para ser recompensados con ellas. Por esta razón, para distinguir la bienaventuranza eterna del nuevo testamento, que se dará solo a los buenos, de la felicidad terrenal del antiguo, que en su mayor parte se da también a los malos, el mismo profeta dice: «Habéis hecho gravosas para mí vuestras palabras; sin embargo, habéis dicho: ¿En qué hemos hablado mal de ti? Habéis dicho: Necio es todo aquel que sirve a Dios; y ¿qué provecho hay en que guardemos sus observancias, y en que andemos como suplicantes delante del rostro del Señor Todopoderoso? Y ahora llamamos bienaventurados a los extranjeros; sí, todos los que hacen maldades son reedificados; sí, ellos se oponen a Dios y son salvos. Los que temían al Señor dijeron estas quejas cada uno a su prójimo; y el Señor escuchó y oyó; y escribió un libro de memoria delante de Él, para los que temen al Señor y reverencian su nombre.» [] Por aquel libro se entiende el Nuevo Testamento. Finalmente, oigamos lo que sigue: «Y serán una adquisición para mí, dice el Señor Todopoderoso, en el día que yo preparo; y los escogeré como un hombre escoge a su hijo que le sirve. Y volveréis, y discerniréis entre el justo y el injusto, y entre el que sirve a Dios y el que no le sirve. Porque, he aquí, viene el día ardiente como un horno, y los quemará; y todos los extranjeros y todos los que hacen maldad serán estopa; y el día que vendrá los encenderá, dice el Señor Todopoderoso, y no dejará ni raíz ni rama. Y a vosotros que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y la salud estará en sus alas; y saldréis, y saltaréis como becerros sueltos de las ataduras. Y pisotearéis a los impíos, y serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo haga [esto], dice el Señor Todopoderoso.» Este día es el día del juicio, del cual, si Dios quiere, hablaremos más plenamente en su propio lugar.

    Capítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos

    XVIII, 36

    Después de estos tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías, durante el mismo período de la liberación del pueblo de la servidumbre babilónica, Esdras también escribió, quien es histórico más bien que profético, como lo es también el libro llamado Ester, que se halla que narra, para alabanza de Dios, acontecimientos no lejanos de aquellos tiempos; a no ser que quizá deba entenderse que Esdras profetizó acerca de Cristo en aquel pasaje donde, habiéndose suscitado entre algunos jóvenes una cuestión acerca de cuál es la cosa más fuerte, cuando uno dijo "los reyes", otro "el vino", el tercero "las mujeres", que en su mayor parte dominan a los reyes, aquel mismo tercer joven demostró que la verdad vence a todo. Pues consultando el Evangelio aprendemos que Cristo es la Verdad. Desde este tiempo, cuando el templo fue reedificado, hasta el tiempo de Aristóbulo, los judíos no tuvieron reyes sino príncipes; y el cómputo de sus fechas se halla, no en las Sagradas Escrituras que se llaman canónicas, sino en otras, entre las cuales están también los libros de los Macabeos. Estos son tenidos por canónicos, no por los judíos, sino por la Iglesia, a causa de los extremos y admirables sufrimientos de ciertos mártires, quienes, antes de que Cristo viniera en la carne, contendieron por la ley de Dios hasta la muerte y soportaron males gravísimos y horribles.

    Capítulo 37. Que se hallan escritos proféticos más antiguos que toda fuente de la filosofía de los gentiles

    XVIII, 37

    En el tiempo de nuestros profetas, pues, cuyos escritos ya habían llegado al conocimiento de casi todas las naciones, aún no habían surgido los filósofos de las naciones, al menos no los que fueron llamados con ese nombre, el cual se originó con Pitágoras de Samos, que se estaba haciendo famoso en el tiempo en que terminó la cautividad judía. Con mucha más razón, pues, se halla que los demás filósofos son posteriores a los profetas. Pues incluso Sócrates el ateniense, maestro de todos los que entonces eran más famosos, que tenía la preeminencia en aquella parte que se llama moral o activa, se halla después de Esdras en las crónicas. Platón nació también no mucho después, y superó con mucho a los otros discípulos de Sócrates. Si, además de estos, tomamos a sus predecesores, que aún no habían sido llamados filósofos, a saber, los siete sabios, y luego los físicos, que sucedieron a Tales e imitaron su estudiosa investigación de la naturaleza de las cosas, a saber, Anaximandro, Anaxímenes y Anaxágoras, y algunos otros, antes de que Pitágoras se profesara por primera vez filósofo, ni siquiera estos precedieron a todos nuestros profetas en antigüedad de tiempo, puesto que Tales, a quien los otros sucedieron, se dice que floreció en el reinado de Rómulo, cuando la corriente de profecía brotó de las fuentes de Israel en aquellos escritos que se difundieron por todo el mundo. De modo que solo aquellos poetas teológicos, Orfeo, Lino y Museo, y, tal vez, algunos otros entre los griegos, se hallan antes en fecha que los profetas hebreos cuyos escritos tenemos por autoritativos. Pero ni siquiera estos precedieron en el tiempo a nuestro verdadero teólogo, Moisés, quien predicó auténticamente al único Dios verdadero, y cuyos escritos son los primeros en el canon autoritativo; y por tanto los griegos, en cuya lengua aparece principalmente la literatura de esta edad, no tienen motivo para gloriarse de su sabiduría, en la cual nuestra religión, en la que está la verdadera sabiduría, no es evidentemente al menos más antigua, si no superior. Sin embargo, debe confesarse que antes de Moisés ya había habido, no ciertamente entre los griegos, sino entre naciones bárbaras, como en Egipto, alguna doctrina que podría llamarse su sabiduría; de otro modo no se habría escrito en los libros santos que Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios [], como lo fue, cuando, habiendo nacido allí y siendo adoptado y criado por la hija del Faraón, fue también educado liberalmente. Sin embargo, ni siquiera la sabiduría de los egipcios pudo ser anterior en el tiempo a la sabiduría de nuestros profetas, porque incluso Abraham fue profeta. ¿Y qué sabiduría podía haber en Egipto antes de que Isis les hubiera dado las letras, a quien consideraron digna de adorar como diosa después de su muerte? Ahora bien, se declara que Isis fue hija de Ínaco, quien comenzó a reinar primero en Argos cuando se sabe que ya habían nacido los nietos de Abraham.

    Capítulo 38

    Que el canon eclesiástico no ha admitido ciertos escritos a causa de su demasiada antigüedad, no sea que por medio de ellos se inserten cosas falsas en lugar de verdaderas

    XVIII, 38

    Si se me permite recordar tiempos mucho más antiguos, nuestro patriarca Noé fue ciertamente incluso anterior a aquel gran diluvio, y no sin razón podría llamarlo profeta, puesto que el arca que hizo, en la cual escapó con su familia, fue en sí misma una profecía de nuestros tiempos. ¿Y qué decir de Enoc, el séptimo desde Adán? ¿No declara acaso la epístola canónica del apóstol Judas que profetizó? [] Pero los escritos de estos hombres no pudieron ser tenidos por autoritativos ni entre los judíos ni entre nosotros, a causa de su demasiada antigüedad, la cual hizo parecer necesario mirarlos con sospecha, no sea que se presentaran cosas falsas en lugar de verdaderas. Pues algunos escritos que se dice que son suyos son citados por quienes, según su propio capricho, creen con ligereza lo que les place. Pero la pureza del canon no ha admitido estos escritos, no porque se rechace la autoridad de estos hombres que agradaron a Dios, sino porque no se cree que sean suyos. Ni debe parecer extraño que se tengan por sospechosos los escritos para los cuales se reclama una antigüedad tan grande, puesto que en la misma historia de los reyes de Judá e Israel que contiene sus hechos, la cual creemos que pertenece a la Escritura canónica, se mencionan muchísimas cosas que no se explican allí, sino que se dice que se encuentran en otros libros que escribieron los profetas, dándose a veces los nombres mismos de estos profetas, y sin embargo no se encuentran en el canon que recibió el pueblo de Dios. Ahora confieso que la razón de esto me está oculta; solo pienso que incluso aquellos hombres, a quienes ciertamente el Espíritu Santo reveló aquellas cosas que debían tenerse por de autoridad religiosa, pudieron escribir algunas cosas como hombres mediante diligencia histórica, y otras como profetas por inspiración divina; y estas cosas eran tan distintas, que se juzgó que las primeras debían atribuirse a ellos mismos, y las segundas a Dios que hablaba por medio de ellos: y así las unas pertenecían a la abundancia del conocimiento, las otras a la autoridad de la religión. En esa autoridad se guarda el canon. De modo que, si ahora se presentan escritos fuera de él bajo el nombre de los antiguos profetas, no pueden servir ni siquiera como ayuda para el conocimiento, porque es incierto si son genuinos; y por esta razón no se les da crédito, especialmente a aquellos de ellos en los que se hallan algunas cosas incluso contrarias a la verdad de los libros canónicos, de modo que es bien evidente que no les pertenecen.

    Capítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó

    XVIII, 39

    Ahora bien, no debemos creer que Heber, de cuyo nombre se deriva la palabra hebreo, conservó y transmitió a Abraham la lengua hebrea solo como lengua hablada, y que las letras hebreas comenzaron con la entrega de la ley por medio de Moisés; sino más bien que esta lengua, junto con sus letras, fue conservada por aquella sucesión de los padres. Moisés, en efecto, designó a algunos entre el pueblo de Dios para que enseñaran las letras, antes de que pudieran conocer letra alguna de la ley divina. La Escritura llama a estos hombres [γραμματεισαγωγεῖς], que en latín pueden llamarse inductores o introductores de las letras, porque, por así decirlo, las introducen en los corazones de los que aprenden, o más bien conducen a aquellos a quienes enseñan hacia ellas. Por tanto, ninguna nación pudo jactarse frente a nuestros patriarcas y profetas con vanidad malvada alguna por la antigüedad de su sabiduría; puesto que ni siquiera Egipto, que suele gloriarse falsa y vanamente de la antigüedad de sus doctrinas, se halla que haya precedido en el tiempo a la sabiduría de nuestros patriarcas en su propia sabiduría, tal cual es. Ni nadie se atreverá a decir que fueron habilísimos en ciencias maravillosas antes de conocer las letras, es decir, antes de que Isis viniera y se las enseñara allí. Además, ¿qué fue en su mayor parte aquella memorable doctrina suya que se llamaba sabiduría sino astronomía, y tal vez algunas otras ciencias de ese género, que suelen tener más poder para ejercitar el ingenio de los hombres que para iluminar sus mentes con la verdadera sabiduría? En cuanto a la filosofía, que profesa enseñar a los hombres algo que los haga felices, estudios de ese género florecieron en aquellas tierras hacia los tiempos de Mercurio, a quien llamaron Trismegisto, mucho antes que los sabios y filósofos de Grecia, pero aun así después de Abraham, Isaac, Jacob y José, e incluso después del mismo Moisés. En aquel tiempo, en efecto, cuando nació Moisés, se halla que vivió Atlas, aquel gran astrónomo, hermano de Prometeo y nieto materno del Mercurio mayor, de quien aquel Mercurio Trismegisto fue nieto.
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