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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
  71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
  72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
  73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
  74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
  75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
  76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
  77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
  78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
  80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
  81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
  82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
  83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
  84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
  85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
  86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
  87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
  88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
  89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
  90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
  91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
  92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
  93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
  94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
  95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
  96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
  97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
  98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
  99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
  100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
  101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
  102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
  103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
  104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
  105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
  106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
  107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
  108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
  109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
  110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
  111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
  112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
  113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
  114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
  115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
  116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
  117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
  118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
  119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
  120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
  121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
  122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
  123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
  124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
  125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
  126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
  127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
  128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
  129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
  130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
  131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
  132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
  133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
  134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
  135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
  136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
  137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
  138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
  139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
  140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
  141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
  142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
  143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
  144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
  145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
  146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
  147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
  148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
  149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
  150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
  151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
  152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
  153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
  154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
  155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
  156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
  157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
  158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
  159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
  160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
  161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
  162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
  163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
  164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
  165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
  166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
  167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
  168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
  169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
  170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
  171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
  172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
  173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
  174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
  175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
  176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
  177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
  178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
  179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
  180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
  181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
  182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
  183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
  184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
  185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
  186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
  187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
  188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
  189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
  190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
  191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
  192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
  193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
  194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
  195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
  196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
  197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
  198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
  199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
  200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
  201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
  202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
  203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
  204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
  205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
  206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
  207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
  208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
  209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
  210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
  211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
  212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
  213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
  214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
  215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
  216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
  217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
  218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
  219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
  220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
  221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
  222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
  223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
  224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
  225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
  226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
  227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
  228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
  229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
  230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
  231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
  232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
  233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
  234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
  235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
  236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
  237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
  238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
  239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
  240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
  241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
  242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
  243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
  244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
  245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
  246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
  247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
  248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
  249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
  250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
  251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
  252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
  253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
  254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
  255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
  256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
  257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
  258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
  259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
  260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
  261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
  262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
  263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
  264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
  265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
  266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
  267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
  268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
  269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
  270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
  271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
  272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
  273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
  274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
  275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
  276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
  277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
  278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
  279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
  280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
  281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
  282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
  283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
  284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
  285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
  288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
  289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
  290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
  291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
  292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
  293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
  294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
  295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
  296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
  297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
  298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
  299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
  300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
  301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
  302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
  303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
  304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
  305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
  306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
  307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
  308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
  309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
  310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
  311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
  312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
  313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
  314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
  315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
  316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
  317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
  318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
  319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
  320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
  321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
  322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
  323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
  324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
  325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
  326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
  327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
  328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
  329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

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    TEXTOS — AGUSTÍN DE HIPONA

    Índice de la obra

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    La ciudad de Dios

    413–426 · Traducción castellana directa de la versión inglesa de Marcus Dods (Nicene and Post-Nicene Fathers)41 minPosición: 0% de esta parteParte 38 de 52 · Capítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombrePublicado el Actualizado el Ref. ESC-AGU-CIV

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
    46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
    47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
    71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
    72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
    73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
    74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
    75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
    76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
    77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
    78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
    80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
    81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
    82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
    83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
    84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
    85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
    86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
    87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
    88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
    89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
    90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
    91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
    92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
    93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
    94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
    95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
    96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
    97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
    98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
    99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
    100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
    101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
    102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
    103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
    104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
    105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
    106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
    107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
    108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
    109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
    110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
    111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
    112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
    113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
    114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
    115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
    116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
    117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
    118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
    119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
    120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
    121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
    122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
    123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
    124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
    125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
    126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
    127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
    128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
    129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
    130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
    131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
    132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
    133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
    134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
    135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
    136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
    137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
    138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
    139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
    140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
    141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
    142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
    143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
    144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
    145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
    146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
    147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
    148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
    149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
    150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
    151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
    152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
    153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
    154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
    155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
    156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
    157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
    158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
    159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
    160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
    161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
    162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
    163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
    164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
    165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
    166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
    167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
    168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
    169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
    170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
    171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
    172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
    173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
    174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
    175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
    176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
    177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
    178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
    179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
    180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
    181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
    182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
    183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
    184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
    185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
    186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
    187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
    188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
    189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
    190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
    191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
    192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
    193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
    194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
    195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
    196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
    197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
    198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
    199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
    200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
    201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
    202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
    203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
    204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
    205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
    206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
    207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
    208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
    209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
    210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
    211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
    212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
    213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
    214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
    215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
    216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
    217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
    218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
    219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
    220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
    221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
    222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
    223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
    224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
    225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
    226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
    227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
    228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
    229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
    230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
    231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
    232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
    233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
    234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
    235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
    236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
    237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
    238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
    239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
    240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
    241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
    242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
    243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
    244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
    245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
    246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
    247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
    248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
    249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
    250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
    251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
    252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
    253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
    254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
    255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
    256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
    257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
    258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
    259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
    260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
    261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
    262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
    263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
    264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
    265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
    266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
    267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
    268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
    269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
    270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
    271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
    272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
    273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
    274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
    275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
    276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
    277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
    278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
    279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
    280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
    281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
    282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
    283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
    284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
    285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
    288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
    289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
    290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
    291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
    292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
    293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
    294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
    295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
    296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
    297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
    298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
    299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
    300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
    301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
    302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
    303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
    304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
    305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
    306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
    307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
    308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
    309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
    310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
    311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
    312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
    313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
    314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
    315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
    316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
    317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
    318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
    319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
    320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
    321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
    322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
    323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
    324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
    325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
    326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
    327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
    328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
    329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

    Capítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre

    XVIII, 9

    Atenas ciertamente derivó su nombre de Minerva, que en griego se llama [᾿Αθηνη], y Varrón señala la siguiente razón por la que fue llamada así. Cuando un olivo apareció repentinamente allí, y brotó agua en otro lugar, estos prodigios movieron al rey a enviar al Apolo délfico a preguntar qué significaban y qué debía hacer. Respondió que el olivo significaba a Minerva, el agua a Neptuno, y que los ciudadanos tenían en su poder nombrar su ciudad como eligieran, según cual de estos dos dioses cuyos signos eran estos. Al recibir este oráculo, Cécrope convocó a todos los ciudadanos de uno y otro sexo para que dieran su voto, pues era entonces costumbre en aquellas partes que las mujeres también participaran en las deliberaciones públicas. Cuando se consultó a la multitud, los hombres dieron sus votos por Neptuno, las mujeres por Minerva; y como las mujeres tuvieron una mayoría de uno, Minerva venció. Entonces Neptuno, irritado, asoló las tierras de los atenienses, levantando las olas del mar; pues los demonios no tienen dificultad en esparcir más ampliamente cualesquiera aguas. La misma autoridad dijo que, para aplacar su ira, las mujeres debían ser castigadas por los atenienses con un triple castigo: que ya no tuvieran ningún voto; que ninguno de sus hijos fuera llamado según el nombre de sus madres; y que nadie las llamara atenienses. Así aquella ciudad, madre y nodriza de las doctrinas liberales y de tantos y tan grandes filósofos, de los cuales Grecia no tuvo nada más famoso y noble, por la burla de los demonios acerca de la contienda de sus dioses, un varón y una hembra, y por la victoria de la hembra mediante las mujeres, recibió el nombre de Atenas; y, al ser dañada por el dios vencido, fue obligada a castigar la misma victoria de la vencedora, temiendo más las aguas de Neptuno que las armas de Minerva. Pues en las mujeres que fueron así castigadas, Minerva, que había vencido, fue vencida también, y ni siquiera pudo ayudar a sus votantes hasta el punto de que, aunque se perdiera en adelante el derecho de votar, y las madres no pudieran dar sus nombres a los hijos, al menos se les permitiera ser llamadas atenienses, y merecer el nombre de aquella diosa a la que habían hecho victoriosa sobre un dios varón dándole sus votos. Qué y cuánto podría decirse sobre esto, si no tuviéramos que apresurarnos a otras cosas en nuestro discurso, es evidente.

    Capítulo 10. Qué refiere Varrón sobre el término Areópago, y sobre el diluvio de Deucalión

    XVIII, 10

    Marco Varrón, sin embargo, no está dispuesto a dar crédito a fábulas mentirosas contra los dioses, no sea que encuentre algo deshonroso para su majestad; y por tanto no admitirá que el Areópago, el lugar donde el apóstol Pablo disputó con los atenienses, recibió este nombre porque Marte, que en griego se llama [ἌΑρης], cuando fue acusado del crimen de homicidio, y fue juzgado por doce dioses en aquel campo, fue absuelto por la sentencia de seis; porque era costumbre, cuando los votos estaban igualados, absolver más bien que condenar. Contra esta opinión, que está muchísimo más difundida, intenta, a partir de noticias de libros oscuros, apoyar otra razón para este nombre, no sea que se piense que los atenienses lo llamaron Areópago de las palabras Marte y «campo», como si fuera el campo de Marte, para deshonra de los dioses, en verdad, de quienes piensa que los pleitos y juicios están muy lejos. Y afirma que esto que se dice de Marte no es menos falso que lo que se dice de las tres diosas, a saber, Juno, Minerva y Venus, cuyo certamen por la palma de la belleza, ante Paris como juez, para obtener la manzana de oro, no solo se relata, sino que se celebra en cantos y danzas en medio del aplauso de los teatros, en obras destinadas a complacer a los dioses que se deleitan en estos crímenes de los suyos, sean reales o fabulosos. Varrón no cree estas cosas, porque son incompatibles con la naturaleza de los dioses y de la moral; y sin embargo, al dar no una razón fabulosa sino histórica para el nombre de Atenas, inserta en sus libros la contienda entre Neptuno y Minerva sobre cuál nombre debía darse a aquella ciudad, que fue tan grande que, cuando contendieron mediante la exhibición de prodigios, aun Apolo no se atrevió a juzgar entre ellos cuando fue consultado; sino que, para poner fin a la contienda de los dioses, así como Júpiter envió a las tres diosas que hemos nombrado a Paris, así los envió a los hombres, cuando Minerva venció por el voto, y sin embargo fue vencida por el castigo de sus propios votantes, pues no pudo conferir el título de atenienses a las mujeres que eran sus amigas, aunque pudo imponerlo a los hombres que eran sus oponentes. En estos tiempos, cuando Cránao reinaba en Atenas como sucesor de Cécrope, como escribe Varrón, pero, según nuestro Eusebio y Jerónimo, mientras Cécrope mismo aún permanecía, ocurrió el diluvio que se llama de Deucalión, porque ocurrió principalmente en aquellas partes de la tierra en las que él reinaba. Pero este diluvio no llegó en absoluto a Egipto ni a sus cercanías.

    Capítulo 11

    Cuándo sacó Moisés al pueblo de Egipto; y quiénes eran reyes cuando murió su sucesor Josué, hijo de Nun

    XVIII, 11

    Moisés sacó al pueblo de Egipto en el último tiempo de Cécrope rey de Atenas, cuando Ascatades reinaba en Asiria, Marato en Sición, Tríopas en Argos; y habiendo sacado al pueblo, les dio en el monte Sinaí la ley que recibió de Dios, la cual se llama Antiguo Testamento, porque tiene promesas terrenales, y porque, por medio de Jesucristo, había de haber un Nuevo Testamento, en el cual se prometiera el reino de los cielos. Pues convenía que se observara en esto el mismo orden que se observa en cada hombre que progresa en Dios, según el dicho del apóstol: «No es primero lo espiritual, sino lo natural», ya que, como él dice, y con verdad, «El primer hombre, de la tierra, es terrenal; el segundo hombre, del cielo, es celestial.» [] Ahora bien, Moisés gobernó al pueblo durante cuarenta años en el desierto, y murió a los ciento veinte años, después de haber profetizado de Cristo mediante los tipos de las observancias carnales en el tabernáculo, el sacerdocio y los sacrificios, y muchas otras ordenanzas místicas. Josué, hijo de Nun, sucedió a Moisés, y estableció en la tierra de promisión al pueblo que había introducido, habiendo conquistado por autoridad divina a los pueblos que antes la poseían. También murió, después de gobernar al pueblo veintisiete años después de la muerte de Moisés, cuando Amintas reinaba en Asiria como decimoctavo rey, Córaco como decimosexto en Sición, Dánao como décimo en Argos, Erictonio como cuarto en Atenas.

    Capítulo 12

    De los ritos de los dioses falsos instituidos por los reyes de Grecia en el período desde la salida de Israel de Egipto hasta la muerte de Josué, hijo de Nun

    XVIII, 12

    Durante este período, es decir, desde la salida de Israel de Egipto hasta la muerte de Josué, hijo de Nun, por medio del cual aquel pueblo recibió la tierra de promisión, los reyes de Grecia instituyeron ritos a los dioses falsos, los cuales, mediante celebración establecida, recordaban la memoria del diluvio, de la liberación de los hombres de él, y de la vida turbulenta que llevaron entonces al emigrar de un lado a otro entre las alturas y las llanuras. Pues aun los Lupercos, cuando ascienden y descienden el camino sagrado, se dice que representan a los hombres que buscaban las cumbres de los montes a causa de la inundación de las aguas, y que volvían a las tierras bajas al retirarse esta. En aquellos tiempos, se dice que Dionisio, que también fue llamado Padre Líber, y fue tenido por dios después de la muerte, mostró la vid a su huésped en el Ática. Entonces se instituyeron los juegos musicales para el Apolo délfico, para aplacar su ira, por la cual pensaban que las regiones de Grecia eran afligidas con esterilidad, porque no habían defendido su templo que Dánao quemó cuando invadió aquellas tierras; pues fueron advertidos por su oráculo que instituyeran estos juegos. Pero el rey Erictonio instituyó primero juegos para él en el Ática, y no solo para él, sino también para Minerva, en cuyos juegos se daba el olivo como premio a los vencedores, porque relatan que Minerva fue la descubridora de aquel fruto, como Líber lo fue de la uva. En aquellos años se alega que Europa fue raptada por Xanto rey de Creta (a quien encontramos que algunos dan otro nombre), y que le dio a luz a Radamanto, Sarpedón y Minos, de quienes se dice más comúnmente que fueron hijos de Júpiter con la misma mujer. Ahora bien, los que adoran a tales dioses consideran lo que hemos dicho sobre Xanto rey de Creta como verdadera historia; pero esto sobre Júpiter, que los poetas cantan, los teatros aplauden y el pueblo celebra, como fábula vacía inventada como razón para juegos para aplacar a las deidades, aun con la falsa atribución de crímenes a ellos. En aquellos tiempos Hércules era tenido en honor en Tiro, pero no era el mismo que aquel de quien hablamos arriba. En la historia más secreta se dice que hubo varios que fueron llamados Padre Líber y Hércules. Este Hércules, cuyas grandes hazañas se cuentan como doce (sin incluir la matanza de Anteo el africano, porque aquel asunto pertenece a otro Hércules), se declara en sus libros que se quemó a sí mismo en el monte Eta, porque no pudo, con aquella fuerza con que había sometido a los monstruos, soportar la enfermedad bajo la cual languidecía. En aquel tiempo se dice que el rey, o más bien tirano Busiris, que se alega fue hijo de Neptuno con Libia, hija de Épafo, ofreció en sacrificio a sus huéspedes a los dioses. Ahora bien, no se debe creer que Neptuno cometió este adulterio, no sea que se acuse a los dioses; sin embargo, tales cosas deben serles atribuidas por los poetas y en los teatros, para que se complazcan con ellas. Se dice que Vulcano y Minerva fueron los padres de Erictonio rey de Atenas, en cuyos últimos años se halla que murió Josué, hijo de Nun. Pero como quieren que Minerva sea virgen, dicen que Vulcano, perturbado en la lucha entre ellos, derramó su semen en la tierra, y por eso el hombre nacido de ella recibió aquel nombre; pues en la lengua griega [ἔρις] es «lucha» y [χθὼν] «tierra», de cuyas dos palabras es compuesto Erictonio. Sin embargo, hay que admitir que los más doctos desaprueban y rechazan tales cosas acerca de sus dioses, y declaran que esta creencia fabulosa se originó en el hecho de que en el templo de Atenas, que Vulcano y Minerva tenían en común, se encontró a un niño expuesto envuelto en las espiras de un dragón, lo cual significaba que llegaría a ser grande, y, como sus padres eran desconocidos, fue llamado hijo de Vulcano y Minerva, porque tenían el templo en común. Sin embargo, aquella fábula explica el origen de su nombre mejor que esta historia. Pero ¿qué nos importa a nosotros? Que la una en libros que dicen la verdad edifique a los hombres religiosos, y la otra en fábulas mentirosas deleite a los demonios impuros. Sin embargo, estos hombres religiosos los adoran como dioses. Aun así, mientras niegan estas cosas acerca de ellos, no pueden limpiarlos de todo crimen, porque a petición suya exhiben obras en las cuales las mismas cosas que sabiamente niegan se hacen vilmente, y los dioses son aplacados con estas cosas falsas y viles. Ahora bien, aunque la obra celebre un crimen irreal de los dioses, deleitarse en la atribución de un crimen irreal es un crimen real.

    Capítulo 13. Qué fábulas se inventaron en el tiempo en que los jueces comenzaron a gobernar a los hebreos

    XVIII, 13

    Después de la muerte de Josué, hijo de Nun, el pueblo de Dios tuvo jueces, en cuyos tiempos fueron alternativamente humillados por aflicciones a causa de sus pecados, y consolados por la prosperidad mediante la compasión de Dios. En aquellos tiempos se inventaron las fábulas acerca de Triptólemo, quien, por mandato de Ceres, llevado por serpientes aladas, repartió grano a las tierras necesitadas al volar sobre ellas; acerca de aquella bestia, el Minotauro, que fue encerrado en el Laberinto, del cual los hombres que entraban en sus inextricables laberintos no podían hallar salida; acerca de los Centauros, cuya forma era una mezcla de caballo y hombre; acerca de Cerbero, el perro de tres cabezas del infierno; acerca de Frixo y su hermana Hele, que huyeron llevados por un carnero alado; acerca de la Gorgona, cuyo cabello estaba compuesto de serpientes, y que convertía en piedra a quienes la miraban; acerca de Belerofonte, que fue llevado por un caballo alado llamado Pegaso; acerca de Anfión, que encantaba y atraía las piedras con la dulzura de su arpa; acerca del artífice Dédalo y su hijo Ícaro, que volaron con alas que se habían ajustado; acerca de Edipo, que obligó a cierto monstruo cuadrúpedo con rostro humano, llamado esfinge, a destruirse arrojándose de cabeza, tras haber resuelto el enigma que solía proponer como insoluble; acerca de Anteo, que era hijo de la tierra, por cuya razón, al caer en la tierra, solía levantarse más fuerte, a quien Hércules mató; y quizá hay otras que he olvidado. Estas fábulas, que se hallan fácilmente en historias que contienen un relato verdadero de los sucesos, nos llevan hasta la guerra de Troya, en la que Marco Varrón cerró su segundo libro acerca de la estirpe del pueblo romano; y están tan hábilmente inventadas por los hombres que no implican escándalo alguno para los dioses. Pero quienes han fingido en cuanto al rapto de Ganimedes, jovencito hermosísimo, por Júpiter, que el rey Tántalo cometió el crimen y la fábula lo atribuyó a Júpiter; o en cuanto a su fecundación de Dánae como lluvia de oro, que significa que la virtud de la mujer fue corrompida por el oro: ya sea que estas cosas se hicieran realmente o solo se fabularan en aquellos días, o se hicieran realmente por otros y se atribuyeran falsamente a Júpiter, es imposible decir cuánta maldad debe haberse dado por supuesta en los corazones de los hombres para que se pensara que podían escuchar tales mentiras con paciencia. Y, sin embargo, las aceptaron de buena gana, cuando, en verdad, cuanto más devotamente adoraban a Júpiter, tanto más severamente debían haber castigado a quienes se atrevían a decir tales cosas de él. Pero no solo no se enojaron con los que inventaron estas cosas, sino que temieron que los dioses se enojaran con ellos si no representaban tales ficciones incluso en los teatros. En aquellos tiempos Latona dio a luz a Apolo, no aquel cuyo oráculo hemos mencionado arriba como tan a menudo consultado, sino aquel que se dice que, junto con Hércules, apacentó los rebaños del rey Admeto; sin embargo, se creyó tan firmemente que era un dios, que muchísimos, en verdad casi todos, creyeron que era el mismísimo Apolo. Entonces también el Padre Líber hizo la guerra en la India y llevó en su ejército a muchas mujeres llamadas bacantes, que eran notables no tanto por su valor como por su furor. Algunos, en verdad, escriben que este Líber fue vencido y atado, y algunos que fue muerto en Persia, señalando incluso dónde fue sepultado; y, sin embargo, en su nombre, como en el de un dios, los demonios inmundos instituyeron las bacanales sagradas, o más bien sacrílegas, de cuya vil desvergüenza el senado, después de muchos años, llegó a avergonzarse tanto que las prohibió en la ciudad de Roma. Los hombres creyeron que en aquellos tiempos Perseo y su esposa Andrómeda fueron elevados al cielo después de su muerte, de modo que no se avergonzaron ni temieron señalar sus imágenes mediante constelaciones y llamarlas por sus nombres.

    Capítulo 14. De los poetas teólogos

    XVIII, 14

    En el mismo período surgieron los poetas, que también fueron llamados teólogos, porque componían himnos acerca de los dioses; pero acerca de dioses tales que, aunque grandes hombres, no eran sino hombres, o los elementos de este mundo que el Dios verdadero hizo, o criaturas que fueron ordenadas como principados y potestades según la voluntad del Creador y su propio mérito. Y si, entre mucho que era vano y falso, cantaron algo del único Dios verdadero, sin embargo, al adorarlo junto con otros que no son dioses, y al mostrarles el servicio que solo a Él se debe, no le sirvieron en absoluto rectamente; e incluso poetas como Orfeo, Museo y Lino no pudieron abstenerse de deshonrar a sus dioses con fábulas. Pero con todo, estos teólogos adoraban a los dioses, y no eran adorados como dioses, aunque la ciudad de los impíos suele, no sé cómo, poner a Orfeo al frente de los ritos sagrados, o más bien sacrílegos, del infierno. La esposa del rey Atamante, que se llamaba Ino, y su hijo Melicertes, perecieron al arrojarse al mar, y fueron, según la creencia popular, contados entre los dioses, como otros hombres del mismo tiempo, [entre los cuales estaban] Cástor y Pólux. Los griegos, en verdad, llamaron a la madre de Melicertes Leucótea, los latinos Matuta; pero ambos la consideraron una diosa.

    Capítulo 15

    De la caída del reino de Argos, cuando Pico, hijo de Saturno, recibió por primera vez de su padre el reino de Laurento

    XVIII, 15

    Durante aquellos tiempos llegó a su fin el reino de Argos, transferido a Micenas, de donde procedía Agamenón, y surgió el reino de Laurento, del cual Pico, hijo de Saturno, fue el primer rey, cuando la mujer Débora juzgaba a los hebreos; pero era el Espíritu de Dios quien la usaba como agente suyo, pues también era profetisa, aunque su profecía es tan oscura que no podríamos demostrar, sin una larga discusión, que fue pronunciada acerca de Cristo. Ahora bien, los laurentes ya reinaban en Italia, de quienes se deriva con bastante evidencia el origen del pueblo romano después de los griegos; sin embargo, el reino de Asiria aún duraba, en el cual Lampares era el vigésimo tercer rey cuando Pico comenzó a reinar en Laurento. Los adoradores de tales dioses pueden ver qué han de pensar de Saturno, padre de Pico, quienes niegan que fuera hombre; de quien algunos también han escrito que él mismo reinó en Italia antes que su hijo Pico; y Virgilio, en su conocido libro, dice:
    Aquella raza indócil, y por las altas montañas
    Dispersa, la asentó y le dio leyes,
    Y llamó a su país Lacio, porque
    Oculto dentro de sus costas moró seguro.
    La tradición dice que las edades de oro puras
    Comenzaron cuando él fue rey.
    Pero ellos consideran estas como ficciones poéticas, y afirman que el padre de Pico fue más bien Estérces, y refieren que, siendo un agricultor habilidosísimo, descubrió que los campos podían fertilizarse con el estiércol de los animales, que se llama stercus por su nombre. Algunos dicen que fue llamado Estercucio. Pero por cualquier razón que eligieran llamarlo Saturno, es sin embargo cierto que hicieron de este Estérces o Estercucio un dios por su mérito en la agricultura; y asimismo recibieron en el número de estos dioses a su hijo Pico, de quien afirman que fue un famoso augur y guerrero. Pico engendró a Fauno, segundo rey de Laurento; y también él es, o fue, un dios para ellos. Estos honores divinos los dieron a hombres muertos antes de la guerra de Troya.

    Capítulo 16

    De Diomedes, quien después de la destrucción de Troya fue puesto entre los dioses, mientras se dice que sus compañeros fueron convertidos en aves

    XVIII, 16

    Troya fue derribada, y su destrucción se cantó en todas partes y se dio a conocer incluso a los niños; pues fue divulgada y esparcida señaladamente, tanto por su propia grandeza como por escritores de excelente estilo. Y esto se hizo en el reinado de Latino, hijo de Fauno, de quien el reino comenzó a llamarse Lacio en lugar de Laurento. Los griegos victoriosos, al abandonar Troya destruida y volver a sus propias tierras, fueron desgarrados y aplastados por calamidades diversas y horribles. Sin embargo, aun de entre ellos aumentaron el número de sus dioses, pues hicieron de Diomedes un dios. Alegan que su regreso a casa fue impedido por un castigo impuesto divinamente, y prueban, no con falsedad fabulosa y poética, sino con atestación histórica, que sus compañeros fueron convertidos en aves. Sin embargo, piensan que, aunque fue hecho dios, no pudo ni devolverles la forma humana por su propio poder, ni obtenerla de Júpiter, su rey, como favor concedido a un nuevo habitante del cielo. Dicen también que su templo está en la isla de Diomedea, no lejos del monte Gárgano en Apulia, y que estas aves vuelan alrededor de este templo y lo veneran con tan maravillosa obediencia, que llenan sus picos con agua y la rocían; y si llegan allí griegos, o nacidos de la raza griega, no solo se están quietas, sino que vuelan a su encuentro; pero si son extranjeros, se lanzan contra sus cabezas y los hieren con golpes tan severos que hasta los matan. Pues se dice que están bastante armados para estos combates con sus picos duros y grandes.

    Capítulo 17. De lo que dice Varrón acerca de las increíbles transformaciones de los hombres

    XVIII, 17

    Para apoyar esta historia, Varrón refiere otras no menos increíbles acerca de aquella famosísima hechicera Circe, que cambió a los compañeros de Ulises en bestias, y acerca de los arcadios, que, por sorteo, cruzaban a nado cierta laguna y allí se convertían en lobos, y vivían en los desiertos de aquella región con bestias salvajes semejantes a ellos. Pero si no se alimentaban de carne humana durante nueve años, eran devueltos a la forma humana al volver a nado por la misma laguna. Finalmente, nombra expresamente a un tal Deméneto, quien, al probar un niño ofrecido en sacrificio por los arcadios a su dios Liceo según su costumbre, fue convertido en lobo, y, restituido a su forma propia en el décimo año, se ejercitó como púgil y resultó vencedor en los juegos olímpicos. Y el mismo historiador piensa que el epíteto Liceo se aplicaba en Arcadia a Pan y a Júpiter por ninguna otra razón que esta metamorfosis de hombres en lobos, porque se pensaba que no podía obrarse sino por un poder divino. Pues al lobo se le llama en griego [λυκὸς], de donde parece formarse el nombre de Liceo. Dice también que los lupercos romanos eran como brotados de la simiente de estos misterios.

    Capítulo 18

    De lo que debemos creer acerca de las transformaciones que parecen suceder a los hombres por arte de los demonios

    XVIII, 18

    Quizá nuestros lectores esperan que digamos algo acerca de este tan gran engaño obrado por los demonios; ¿y qué diremos sino que los hombres deben huir de en medio de Babilonia? [] Pues este precepto profético ha de entenderse espiritualmente en este sentido: que avanzando en el Dios vivo, por los pasos de la fe, que obra por amor, debemos huir de la ciudad de este mundo, que es enteramente una sociedad de ángeles y hombres impíos. Sí, cuanto mayor vemos que es el poder de los demonios en estas profundidades, tanto más tenazmente debemos adherirnos al Mediador mediante el cual ascendemos de estos lugares bajísimos a los más altos. Porque si dijéramos que estas cosas no han de creerse, no faltan incluso ahora algunos que afirmarían que habían oído con la mejor autoridad, o incluso que ellos mismos habían experimentado algo de ese género. En verdad, nosotros mismos, cuando estuvimos en Italia, oímos tales cosas acerca de cierta región de allí donde las taberneras de las posadas, imbuidas en estas artes malvadas, se decía que tenían la costumbre de dar a los viajeros que elegían, o que podían, algo en un trozo de queso con lo cual eran cambiados allí mismo en bestias de carga, y llevaban lo que era necesario, y eran devueltos a su propia forma cuando el trabajo estaba hecho. Sin embargo, su mente no se volvía bestial, sino que permanecía racional y humana, tal como Apuleyo, en los libros que escribió con el título de El asno de oro, ha contado, o fingido, que le sucedió a sí mismo que, al tomar un veneno, se convirtió en asno, conservando su mente humana.
    Estas cosas o son falsas, o tan extraordinarias que con razón no se creen. Pero ha de creerse firmísimamente que Dios todopoderoso puede hacer cuanto le plazca, ya sea castigando o favoreciendo, y que los demonios no pueden lograr nada por su poder natural (pues su ser creado es angélico, aunque hecho maligno por su propia culpa), excepto lo que Él permita, cuyos juicios a menudo están ocultos, pero nunca son injustos. Y en verdad los demonios, si realmente hacen tales cosas como las que se tratan en esta discusión, no crean sustancias reales, sino que solo cambian la apariencia de las cosas creadas por el Dios verdadero para hacerlas parecer lo que no son. Por tanto, no puedo creer que ni siquiera el cuerpo, mucho menos la mente, pueda realmente ser cambiado en formas y lineamentos bestiales por razón, arte o poder alguno de los demonios; sino que el fantasma de un hombre, que aun en el pensamiento o en los sueños pasa por innumerables cambios, puede, cuando los sentidos del hombre están adormecidos o dominados, ser presentado a los sentidos de otros en forma corporal, de algún modo indescriptible que yo desconozco, de manera que los cuerpos mismos de los hombres pueden yacer en algún lugar, vivos, en verdad, pero con sus sentidos encerrados mucho más pesada y firmemente que por el sueño, mientras aquel fantasma, como encarnado en la figura de algún animal, puede aparecer a los sentidos de otros, e incluso puede parecer al hombre mismo que está cambiado, así como puede parecerle en sueños que está cambiado y que lleva cargas; y estas cargas, si son sustancias reales, son llevadas por los demonios, para que los hombres sean engañados al contemplar a un tiempo la sustancia real de las cargas y los cuerpos simulados de las bestias de carga. Pues cierto hombre llamado Prestancio solía contar que a su padre, en su propia casa, le sucedió que tomó aquel veneno en un trozo de queso, y yació en su lecho como si durmiera, mas de ningún modo podía ser despertado. Pero dijo que después de unos días como si despertara, refirió las cosas que había sufrido como si hubieran sido sueños, a saber, que había sido convertido en caballo de carga y, junto con otras bestias de carga, había llevado provisiones para los soldados de lo que se llama la Legión Rética, porque fue enviada a Recia. Y todo esto se halló que había ocurrido tal como lo contó, aunque le había parecido su propio sueño. Y otro hombre declaró que en su propia casa, de noche, antes de dormir, vio a cierto filósofo, a quien conocía muy bien, venir a él y explicarle algunas cosas de la filosofía platónica que antes se había negado a explicar cuando se le pedía. Y cuando le preguntó a este filósofo por qué hacía en su casa lo que había rehusado hacer en la suya, dijo: «No lo hice, sino que soñé que lo había hecho.» Y así, lo que uno veía durmiendo era mostrado al otro despierto mediante una imagen fantasmagórica.
    Estas cosas no nos han llegado de personas que pudiéramos juzgar indignas de crédito, sino de informantes a quienes no podríamos suponer que nos engañan. Por tanto, lo que los hombres dicen y han consignado por escrito acerca de que los arcadios a menudo eran convertidos en lobos por los dioses arcadios, o más bien demonios, y lo que se cuenta en verso acerca de Circe transformando a los compañeros de Ulises, si realmente se hicieron, en mi opinión pueden haberse hecho del modo que he dicho. En cuanto a las aves de Diomedes, puesto que se alega que su raza se ha perpetuado por propagación constante, creo que no fueron hechas por la metamorfosis de hombres, sino que fueron astutamente sustituidas en su lugar al ser ellos retirados, así como la cierva lo fue por Ifigenia, la hija del rey Agamenón. Pues juegos de manos de este género no podrían ser difíciles para los demonios si lo permitiera el juicio de Dios; y puesto que aquella virgen fue hallada viva después, es fácil ver que una cierva había sido astutamente sustituida en su lugar. Pero como los compañeros de Diomedes de repente no aparecieron por ninguna parte, y después no pudieron ser hallados en lugar alguno, destruidos por ángeles vengadores malos, se creyó que habían sido convertidos en aquellas aves, las cuales fueron traídas secretamente de otros lugares donde existían tales aves, y súbitamente sustituidas en su lugar por fraude. Pero que ellas traigan agua en sus picos y la rocíen sobre el templo de Diomedes, y que halaguen a los hombres de raza griega y persigan a los extranjeros, no es cosa maravillosa que se haga por la influencia interna de los demonios, cuyo interés es persuadir a los hombres de que Diomedes fue hecho dios, y así engañarlos para que adoren a muchos dioses falsos, con gran deshonra del Dios verdadero; y para que sirvan a hombres muertos, que ni siquiera en su vida vivieron verdaderamente, con templos, altares, sacrificios y sacerdotes, todo lo cual, cuando es del tipo recto, se debe solo al único Dios vivo y verdadero.

    Capítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos

    XVIII, 19

    Después de la toma y destrucción de Troya, Eneas, con veinte naves cargadas de las reliquias troyanas, llegó a Italia, cuando reinaban allí Latino, en Atenas Menesteo, en Sición Polífides y en Asiria Tautano, y Abdón era juez de los hebreos. A la muerte de Latino, Eneas reinó tres años, continuando los mismos reyes en los lugares arriba nombrados, salvo que Pelasgo era ya rey en Sición, y Sansón era juez de los hebreos, el cual se cree que es Hércules por su prodigiosa fuerza. Ahora bien, los latinos hicieron a Eneas uno de sus dioses, porque a su muerte no fue hallado en parte alguna. Los sabinos colocaron también entre los dioses a su primer rey, Sanco, [Sango], o Santo, como algunos lo llaman. En aquel tiempo Codro, rey de Atenas, se expuso de incógnito a ser muerto por los enemigos peloponesios de aquella ciudad, y así fue muerto. De este modo, dicen, libró a su patria. Pues los peloponesios habían recibido del oráculo la respuesta de que vencerían a los atenienses solo con la condición de que no mataran a su rey. Por tanto, los engañó presentándose con vestido de pobre, y provocándolos, con riña, a que lo mataran. De donde dice Virgilio: «O las querellas de Codro.» Y los atenienses adoraron a este hombre como a un dios con honores sacrificiales. El cuarto rey de los latinos fue Silvio, hijo de Eneas, no de Creúsa, de quien nació Ascanio, el tercer rey, sino de Lavinia, hija de Latino, y se dice que fue su hijo póstumo. Oneo fue el vigésimo noveno rey de Asiria, Melanto el decimosexto de los atenienses, y el sacerdote Elí era juez de los hebreos; y el reino de Sición llegó entonces a su fin, después de haber durado, según se dice, novecientos cincuenta y nueve años.

    Capítulo 20. De la sucesión de la línea de reyes entre los israelitas después de los tiempos de los jueces

    XVIII, 20

    Mientras estos reyes reinaban en los lugares mencionados, terminado el período de los jueces, el reino de Israel comenzó luego con el rey Saúl, cuando vivía el profeta Samuel. En aquella fecha comenzaron aquellos reyes latinos que fueron apellidados Silvios, teniendo ese apellido, además de su nombre propio, de su predecesor, aquel hijo de Eneas que fue llamado Silvio; así como, mucho después, los sucesores de César Augusto fueron apellidados Césares. Rechazado Saúl, para que ninguno de su descendencia reinara, a su muerte le sucedió David en el reino, después de haber reinado cuarenta años. Entonces los atenienses dejaron de tener reyes después de la muerte de Codro, y comenzaron a tener una magistratura para regir la república. Después de David, que también reinó cuarenta años, su hijo Salomón fue rey de Israel, el cual edificó aquel nobilísimo templo de Dios en Jerusalén. En su tiempo fue edificada Alba entre los latinos, desde la cual en adelante los reyes comenzaron a ser llamados reyes no de los latinos, sino de los albanos, aunque en el mismo Lacio. A Salomón le sucedió su hijo Roboam, bajo el cual aquel pueblo fue dividido en dos reinos, y sus partes separadas comenzaron a tener reyes separados.

    Capítulo 21

    De los reyes del Lacio, el primero y el duodécimo de los cuales, Eneas y Aventino, fueron hechos dioses

    XVIII, 21

    Después de Eneas, a quien deificaron, el Lacio tuvo once reyes, ninguno de los cuales fue deificado. Pero Aventino, que fue el duodécimo después de Eneas, habiendo sido abatido en la guerra y sepultado en aquella colina que aún hoy se llama con su nombre, fue añadido al número de tales dioses como ellos se hacían para sí. Algunos, en verdad, no quisieron escribir que había sido muerto en batalla, sino que dijeron que no fue hallado en parte alguna, y que no por su nombre, sino por la posada de las aves, se llamó aquella colina Aventino. Después de esto no se hizo ningún dios en el Lacio excepto Rómulo, el fundador de Roma. Pero se hallan dos reyes entre estos dos, el primero de los cuales describiré en el verso virgiliano:
    «Luego vino aquel Procas, gloria de la raza troyana.»
    Aquel reino, el mayor de todos, el asirio, vio su larga duración terminada en su tiempo, acercándose el tiempo del nacimiento de Roma. Pues el imperio asirio fue transferido a los medos después de casi mil trescientos cinco años, si incluimos el reinado de Belo, que engendró a Nino y, contento con un pequeño reino, fue el primer rey allí. Ahora bien, Procas reinó antes que Amulio. Y Amulio había hecho a la hija de su hermano Númitor, llamada Rea, a quien también se llamaba Ilia, virgen vestal, la cual concibió de Marte dos hijos gemelos, como ellos pretenden, honrando o excusando de este modo su adulterio, añadiendo como prueba que una loba amamantó a los infantes cuando fueron expuestos. Pues piensan que esta clase de bestia pertenece a Marte, de modo que se cree que la loba dio sus ubres a los infantes porque sabía que eran hijos de Marte, su señor; aunque no faltan quienes dicen que cuando los niños, llorando, yacían expuestos, fueron recogidos primero por no sé qué ramera, y mamaron primero de sus pechos (ahora bien, a las rameras las llamaban lupæ, lobas, de donde aún hoy sus viles moradas se llaman lupanaria), y que después llegaron a manos del pastor Faústulo, y fueron criados por Aca, su esposa. Pero ¿qué maravilla hay en que, para reprender al rey que cruelmente había ordenado arrojarlos al agua, Dios se complaciera, después de librarlos divinamente del agua, en socorrer, por medio de una bestia salvaje que daba leche, a estos infantes por quienes tan gran ciudad había de ser fundada? A Amulio sucedió en el reino del Lacio su hermano Númitor, abuelo de Rómulo; y Roma fue fundada en el primer año de este Númitor, quien desde entonces reinó juntamente con su nieto Rómulo.

    Capítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá

    XVIII, 22

    Para ser breves, la ciudad de Roma fue fundada, como otra Babilonia, y, por así decirlo, como hija de la primera Babilonia, por la cual Dios tuvo a bien conquistar el mundo entero y someterlo a lo largo y a lo ancho, reduciéndolo a una sola comunidad de gobierno y de leyes. Pues ya existían pueblos y naciones poderosos y valientes, adiestrados en las armas, que no cedían fácilmente, y cuyo sometimiento implicaba necesariamente gran peligro y destrucción, así como un trabajo grande y espantoso. Pues cuando el reino asirio sometió a casi toda Asia, aunque esto se hizo combatiendo, las guerras no podían ser muy encarnizadas ni difíciles, porque las naciones aún no estaban adiestradas para resistir, y no eran ni tan numerosas ni tan grandes como lo fueron después; por cuanto, después de aquel mayor y en verdad universal diluvio, cuando solo ocho hombres escaparon en el arca de Noé, no había pasado mucho más de mil años cuando Nino sometió a toda Asia, con excepción de la India. Pero Roma no sometió por completo, con la misma rapidez y facilidad, a todas aquellas naciones del oriente y del occidente que vemos puestas bajo el imperio romano, porque, en su crecimiento gradual, en cualquier dirección en que se extendía, las hallaba fuertes y belicosas. En el tiempo en que Roma fue fundada, pues, el pueblo de Israel había estado en la tierra de promisión setecientos dieciocho años. De estos años, veintisiete pertenecen a Josué, hijo de Nun, y después de esto trescientos veintinueve al período de los jueces. Pero desde el tiempo en que los reyes comenzaron a reinar allí, habían pasado trescientos sesenta y dos años. Y en aquel tiempo había en Judá un rey llamado Acaz, o, como otros computan, Ezequías, su sucesor, el rey más bueno y más piadoso, del cual se admite que reinó en los tiempos de Rómulo. Y en aquella parte de la nación hebrea llamada Israel, Oseas había comenzado a reinar.

    Capítulo 23

    De la sibila eritrea, que se sabe que cantó muchas cosas acerca de Cristo más claramente que las otras sibilas

    XVIII, 23

    Algunos dicen que la sibila eritrea profetizó en este tiempo. Ahora bien, Varrón declara que hubo muchas sibilas, y no meramente una. Esta sibila de Eritrea ciertamente escribió algunas cosas acerca de Cristo que son bastante manifiestas, y las leímos por primera vez en lengua latina en versos de mal latín y sin ritmo, por la impericia, como después supimos, de algún intérprete desconocido para mí. Pues Flaciano, varón muy famoso, que fue también procónsul, hombre de elocuencia muy pronta y de mucha erudición, cuando hablábamos acerca de Cristo, sacó un manuscrito griego, diciendo que eran las profecías de la sibila eritrea, en el cual señaló cierto pasaje que tenía las letras iniciales de los versos dispuestas de modo que en ellas se podían leer estas palabras: [᾿Ιησοῦς Χριστος Θεοῦ υιὸς σωτηρ], que significan: «Jesucristo, Hijo de Dios, el Salvador.» Y estos versos, de cuyas letras iniciales se obtiene ese significado, contienen lo que sigue, traducido por alguien al latín en buen ritmo:
    [Ι] El juicio humedecerá la tierra con el sudor de su estandarte,
    [Η] Eternamente perdurable, he aquí que el Rey vendrá a través de los siglos,
    [Σ] Enviado a estar aquí en la carne, y Juez al final del mundo.
    [Ο] Oh Dios, los creyentes y los incrédulos por igual te contemplarán
    [Υ] Exaltado con los santos, cuando al fin terminen los siglos.
    [Σ] Sentadas ante Él están las almas en la carne para su juicio.
    [Χ] Oculta en densos vapores, mientras desolada yace la tierra.
    [Ρ] Rechazados por los hombres son los ídolos y los tesoros largo tiempo ocultos;
    [Ε] La tierra es consumida por el fuego, y escudriña el océano y el cielo;
    [Ι] Saliendo adelante, destruye las terribles puertas del infierno.
    [Σ] Los santos en su cuerpo y alma heredarán la libertad y la luz;
    [Τ] Los culpables arderán en fuego y azufre para siempre.
    [Ο] Revelando las acciones ocultas, cada uno publicará sus secretos;
    [Σ] Los secretos del corazón de cada hombre los revelará Dios a la luz.
    [Θ] Entonces habrá llanto y lamento, sí, y crujir de dientes;
    [Ε] Eclipseado está el sol, y silenciadas las estrellas en su coro.
    [Ο] Pasado y desaparecido está el esplendor de la luz de la luna, derretido el cielo,
    [Υ] Exaltados por Él son los valles, y abatidas las montañas.
    [Υ] Completamente desaparecidas entre los hombres están las distinciones de altos y humildes.
    [Ι] A las llanuras se precipitan las colinas, los cielos y océanos se mezclan.
    [Ο] ¡Oh, qué fin de todas las cosas! La tierra rota en pedazos perecerá;
    [Σ].... Creciendo juntas a la vez, las aguas y las llamas fluirán en ríos.
    [Σ] Sonando la trompeta del arcángel resonará desde el cielo,
    [Ω] Sobre los malvados que gimen en su culpa y sus múltiples dolores.
    [Τ] Temblando, la tierra se abrirá, revelando el caos y el infierno.
    [Η] Todo rey ante Dios estará en aquel día para ser juzgado.
    [Ρ] Ríos de fuego y azufre caerán de los cielos.
    En estos versos latinos se da correctamente el sentido del griego, aunque no en el orden exacto de los versos en relación con las letras iniciales; pues en tres de ellos, el quinto, el decimoctavo y el decimonoveno, donde aparece la letra griega [Υ], no pudieron hallarse palabras latinas que comenzaran con la letra correspondiente y dieran un sentido adecuado. De modo que, si anotamos juntas las letras iniciales de todos los versos de nuestra traducción latina, excepto aquellos tres en los que conservamos la letra [Υ] en su lugar propio, expresarán en cinco palabras griegas este sentido: «Jesucristo, Hijo de Dios, el Salvador.» Y los versos son veintisiete, que es el cubo de tres. Pues tres por tres son nueve; y el nueve mismo, si se triplica, de modo que se eleve del cuadrado superficial al cubo, llega a veintisiete. Pero si juntas las letras iniciales de estas cinco palabras griegas, [᾿Ιησοῦς Χριστος Θεοῦ υἰὸς σωτήρ], que significan: «Jesucristo, Hijo de Dios, el Salvador,» formarán la palabra [ἰχδὺς], es decir, «pez,» en cuya palabra se entiende místicamente a Cristo, porque pudo vivir, es decir, existir, sin pecado en el abismo de esta mortalidad como en la profundidad de las aguas.
    Pero esta sibila, ya sea la eritrea, o, como algunos más bien creen, la cumana, en todo su poema, del cual esto es una porción muy pequeña, no solo no tiene nada que pueda referirse al culto de los dioses falsos o fingidos, sino que más bien habla contra ellos y contra sus adoradores de tal manera que incluso podríamos pensar que debe ser contada entre los que pertenecen a la ciudad de Dios. Lactancio insertó también en su obra las profecías acerca de Cristo de cierta sibila; no dice cuál. Pero he creído conveniente reunir en un solo extracto, que puede parecer largo, lo que él ha consignado en muchas citas breves. Ella dice: «Después Él vendrá a las manos injuriosas de los incrédulos, y darán a Dios bofetadas con manos profanas, y con boca impura escupirán saliva envenenada; pero Él con sencillez entregará su santa espalda a los azotes. Y callará cuando sea golpeado con el puño, para que nadie pueda descubrir qué palabra, o de dónde, viene a hablar al infierno; y será coronado con una corona de espinas. Y le dieron hiel por comida, y vinagre para su sed; extenderán esta mesa de inhospitalidad. Pues tú misma, siendo necia, no has comprendido a tu Dios, engañando las mentes de los mortales, sino que le has coronado con espinas y le has mezclado hiel amarga. Pero el velo del templo se rasgará; y al mediodía será más oscuro que la noche durante tres horas. Y morirá la muerte, tomando sueño por tres días; y luego, volviendo del infierno, primero vendrá a la luz, manifestándose el comienzo de la resurrección a los que han sido vueltos a la vida.» Lactancio se sirvió de estos testimonios sibilinos, introduciéndolos poco a poco en el curso de su discusión según parecían requerirlo las cosas que se proponía probar, y nosotros los hemos puesto en una serie continua, sin interrupción de comentario, cuidando solo de señalarlos con mayúsculas, con tal de que los copistas no descuiden conservarlas en adelante. Algunos escritores, en efecto, dicen que la sibila eritrea no vivió en tiempo de Rómulo, sino de la guerra de Troya.
    Comentario editorial · La sibila eritrea y el acróstico
    Agustín cuenta que Flaciano, procónsul, le mostró un manuscrito griego de las profecías de la sibila eritrea con un pasaje cuyas letras iniciales formaban «Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador»; da los versos en una versión latina, que no reproduce el acróstico en tres de ellos. Varrón, añade, decía que hubo muchas sibilas. Wikipedia indica que los Oráculos sibilinos conservados son una mezcla de textos judíos, gnósticos y cristianos, muy reelaborados, y que un pasaje trae un acróstico cristiano; añade que Agustín, hacia 400, conocía versiones de esas colecciones.

    Capítulo 24

    De que los siete sabios florecieron en el reinado de Rómulo, cuando las diez tribus llamadas Israel fueron llevadas cautivas por los caldeos, y de que Rómulo, al morir, recibió honores divinos

    XVIII, 24

    Mientras reinaba Rómulo, se dice que vivió Tales de Mileto, uno de los siete sabios, que sucedieron a los poetas teológicos, de los cuales Orfeo era el más renombrado, y que fueron llamados [Σοφοί], es decir, sabios. Durante aquel tiempo, las diez tribus, que en la división del pueblo fueron llamadas Israel, fueron conquistadas por los caldeos y llevadas cautivas a sus tierras, mientras las dos tribus llamadas Judá, que tenían la sede de su reino en Jerusalén, permanecieron en la tierra de Judea. Como Rómulo, al morir, no pudo ser hallado en parte alguna, los romanos, como es notorio en todas partes, lo colocaron entre los dioses — cosa que para entonces ya había dejado de hacerse, y que no se hizo después hasta el tiempo de los Césares, y entonces no por error, sino por adulación; de modo que Cicerón atribuye grandes alabanzas a Rómulo, porque mereció tales honores no en tiempos rudos e ignorantes, cuando los hombres eran fácilmente engañados, sino en tiempos ya pulidos y cultos, aunque la sutil y aguda locuacidad de los filósofos aún no había culminado. Pero aunque los tiempos posteriores no deificaron a los muertos, no por eso dejaron de tener y adorar como dioses a los deificados antiguamente; es más, con imágenes, que los antiguos nunca tuvieron, acrecentaron incluso los atractivos de la vana e impía superstición, obrando esto los demonios inmundos en su corazón, y engañándolos también con oráculos mentirosos, de modo que hasta los crímenes fabulosos de los dioses, que no fueron imaginados por una época más culta, se representaban, sin embargo, vilmente en las obras teatrales en honor de estas mismas falsas deidades. Numa reinó después de Rómulo; y aunque había pensado que Roma estaría mejor defendida cuantos más dioses hubiera, sin embargo, al morir, él mismo no fue considerado digno de un lugar entre ellos, como si se supusiera que había atestado el cielo de tal manera que no se podía encontrar un lugar para él allí. Cuentan que la sibila samia vivió mientras él reinaba en Roma, y cuando Manasés comenzó a reinar sobre los hebreos — rey impío, por quien se dice que fue muerto el profeta Isaías.

    Capítulo 25

    Qué filósofos fueron famosos cuando Tarquinio Prisco reinaba sobre los romanos, y Sedecías sobre los hebreos, cuando Jerusalén fue tomada y el templo fue derribado

    XVIII, 25

    Cuando Sedecías reinaba sobre los hebreos, y Tarquinio Prisco, sucesor de Anco Marcio, sobre los romanos, el pueblo judío fue llevado cautivo a Babilonia, y Jerusalén y el templo edificado por Salomón fueron derribados. Pues los profetas, al reprenderlos por su iniquidad e impiedad, predijeron que estas cosas sucederían, especialmente Jeremías, quien incluso indicó el número de años. Se dice que Pítaco de Mitilene, otro de los sabios, vivió en aquel tiempo. Y Eusebio escribe que, mientras el pueblo de Dios estaba cautivo en Babilonia, vivieron los otros cinco sabios, que deben añadirse a Tales, a quien mencionamos arriba, y a Pítaco, para completar los siete. Estos son Solón de Atenas, Quilón de Lacedemonia, Periandro de Corinto, Cleobulo de Lindos y Bías de Priene. Estos florecieron después de los poetas teológicos, y fueron llamados sabios porque aventajaron a los demás hombres en cierta manera de vida digna de alabanza, y resumieron algunos preceptos morales en sentencias epigramáticas. Pero no dejaron a la posteridad monumentos literarios, salvo que se dice que Solón dio ciertas leyes a los atenienses, y que Tales fue filósofo natural y dejó libros de su doctrina en breves proverbios. En aquel tiempo de la cautividad judía florecieron Anaximandro, Anaxímenes y Jenófanes, los filósofos naturales. También vivió entonces Pitágoras, y en este tiempo se usó por primera vez el nombre de filósofo.
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