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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
  71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
  72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
  73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
  74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
  75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
  76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
  77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
  78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
  80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
  81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
  82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
  83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
  84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
  85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
  86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
  87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
  88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
  89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
  90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
  91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
  92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
  93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
  94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
  95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
  96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
  97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
  98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
  99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
  100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
  101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
  102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
  103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
  104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
  105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
  106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
  107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
  108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
  109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
  110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
  111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
  112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
  113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
  114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
  115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
  116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
  117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
  118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
  119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
  120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
  121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
  122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
  123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
  124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
  125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
  126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
  127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
  128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
  129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
  130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
  131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
  132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
  133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
  134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
  135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
  136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
  137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
  138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
  139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
  140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
  141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
  142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
  143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
  144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
  145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
  146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
  147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
  148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
  149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
  150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
  151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
  152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
  153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
  154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
  155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
  156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
  157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
  158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
  159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
  160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
  161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
  162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
  163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
  164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
  165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
  166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
  167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
  168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
  169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
  170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
  171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
  172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
  173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
  174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
  175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
  176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
  177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
  178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
  179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
  180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
  181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
  182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
  183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
  184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
  185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
  186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
  187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
  188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
  189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
  190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
  191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
  192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
  193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
  194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
  195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
  196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
  197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
  198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
  199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
  200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
  201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
  202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
  203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
  204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
  205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
  206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
  207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
  208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
  209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
  210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
  211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
  212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
  213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
  214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
  215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
  216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
  217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
  218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
  219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
  220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
  221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
  222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
  223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
  224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
  225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
  226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
  227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
  228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
  229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
  230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
  231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
  232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
  233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
  234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
  235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
  236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
  237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
  238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
  239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
  240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
  241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
  242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
  243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
  244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
  245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
  246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
  247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
  248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
  249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
  250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
  251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
  252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
  253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
  254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
  255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
  256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
  257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
  258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
  259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
  260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
  261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
  262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
  263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
  264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
  265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
  266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
  267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
  268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
  269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
  270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
  271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
  272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
  273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
  274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
  275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
  276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
  277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
  278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
  279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
  280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
  281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
  282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
  283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
  284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
  285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
  288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
  289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
  290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
  291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
  292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
  293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
  294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
  295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
  296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
  297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
  298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
  299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
  300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
  301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
  302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
  303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
  304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
  305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
  306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
  307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
  308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
  309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
  310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
  311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
  312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
  313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
  314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
  315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
  316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
  317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
  318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
  319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
  320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
  321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
  322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
  323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
  324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
  325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
  326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
  327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
  328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
  329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

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    TEXTOS — AGUSTÍN DE HIPONA

    Índice de la obra

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    La ciudad de Dios

    413–426 · Traducción castellana directa de la versión inglesa de Marcus Dods (Nicene and Post-Nicene Fathers)41 minPosición: 0% de esta parteParte 34 de 52 · Capítulo 27Publicado el Actualizado el Ref. ESC-AGU-CIV

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
    46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
    47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
    71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
    72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
    73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
    74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
    75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
    76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
    77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
    78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
    80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
    81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
    82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
    83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
    84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
    85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
    86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
    87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
    88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
    89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
    90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
    91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
    92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
    93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
    94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
    95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
    96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
    97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
    98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
    99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
    100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
    101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
    102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
    103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
    104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
    105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
    106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
    107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
    108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
    109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
    110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
    111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
    112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
    113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
    114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
    115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
    116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
    117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
    118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
    119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
    120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
    121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
    122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
    123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
    124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
    125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
    126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
    127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
    128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
    129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
    130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
    131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
    132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
    133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
    134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
    135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
    136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
    137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
    138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
    139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
    140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
    141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
    142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
    143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
    144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
    145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
    146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
    147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
    148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
    149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
    150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
    151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
    152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
    153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
    154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
    155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
    156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
    157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
    158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
    159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
    160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
    161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
    162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
    163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
    164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
    165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
    166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
    167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
    168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
    169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
    170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
    171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
    172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
    173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
    174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
    175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
    176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
    177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
    178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
    179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
    180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
    181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
    182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
    183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
    184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
    185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
    186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
    187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
    188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
    189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
    190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
    191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
    192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
    193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
    194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
    195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
    196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
    197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
    198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
    199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
    200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
    201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
    202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
    203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
    204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
    205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
    206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
    207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
    208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
    209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
    210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
    211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
    212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
    213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
    214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
    215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
    216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
    217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
    218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
    219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
    220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
    221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
    222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
    223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
    224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
    225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
    226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
    227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
    228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
    229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
    230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
    231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
    232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
    233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
    234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
    235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
    236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
    237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
    238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
    239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
    240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
    241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
    242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
    243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
    244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
    245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
    246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
    247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
    248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
    249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
    250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
    251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
    252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
    253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
    254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
    255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
    256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
    257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
    258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
    259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
    260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
    261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
    262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
    263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
    264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
    265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
    266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
    267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
    268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
    269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
    270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
    271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
    272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
    273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
    274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
    275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
    276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
    277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
    278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
    279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
    280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
    281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
    282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
    283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
    284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
    285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
    288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
    289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
    290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
    291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
    292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
    293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
    294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
    295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
    296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
    297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
    298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
    299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
    300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
    301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
    302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
    303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
    304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
    305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
    306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
    307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
    308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
    309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
    310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
    311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
    312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
    313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
    314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
    315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
    316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
    317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
    318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
    319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
    320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
    321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
    322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
    323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
    324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
    325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
    326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
    327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
    328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
    329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

    Capítulo 27

    Del varón que había de perder su alma si no era circuncidado al octavo día, por haber quebrantado el pacto de Dios

    XVI, 27

    Cuando se dice, «El varón incircunciso, que no haya circuncidado la carne de su prepucio, aquella alma será cortada de su pueblo, por cuanto quebrantó mi pacto,» [] algunos pueden preocuparse de cómo ha de entenderse esto, puesto que no puede ser culpa del infante cuya vida se dice que ha de perecer; ni el pacto de Dios ha sido quebrantado por él, sino por sus padres, que no cuidaron de circuncidarlo. Pero incluso los infantes, no personalmente en su propia vida, sino según el origen común del género humano, han quebrantado todos el pacto de Dios en aquel en quien todos pecaron. Ahora bien, se llaman muchas cosas pactos de Dios además de aquellos dos grandes, el antiguo y el nuevo, que cualquiera que lo desee puede leer y conocer. Pues el primer pacto, que fue hecho con el primer hombre, es precisamente este: «El día que comas de él, morirás irremisiblemente.» [] De donde está escrito en el libro llamado Eclesiástico, «Toda carne envejece como un vestido; porque el pacto desde el principio es: Morirás de muerte.» [] Ahora bien, como la ley fue dada después más claramente, y el apóstol dice, «Donde no hay ley, no hay prevaricación,» [] ¿sobre qué supuesto es verdad lo que se dice en el salmo, «Yo estimé prevaricadores a todos los pecadores de la tierra,» sino que todos los que son tenidos por culpables de algún pecado son acusados de tratar engañosamente (prevaricando) contra alguna ley? Si por esta razón, entonces, incluso los infantes son, según la verdadera creencia, nacidos en pecado, no actual sino original, de modo que confesamos que tienen necesidad de gracia para la remisión de los pecados, ciertamente ha de reconocerse que en el mismo sentido en que son pecadores son también prevaricadores de aquella ley que fue dada en el Paraíso, según la verdad de ambas Escrituras, «Yo estimé prevaricadores a todos los pecadores de la tierra,» y «Donde no hay ley, no hay prevaricación.» Y así, porque la circuncisión era la señal de la regeneración, y el infante, a causa del pecado original por el cual el pacto de Dios fue primeramente quebrantado, no inmerecidamente había de perder su generación a menos que fuera librado por la regeneración, estas palabras divinas han de entenderse como si se hubiera dicho: Quien no nazca de nuevo, aquella alma perecerá de su pueblo, porque ha quebrantado mi pacto, puesto que también ha pecado en Adán con todos los demás. Pues si hubiera dicho: Porque ha quebrantado este mi pacto, nos habría obligado a entender por él solo el de la circuncisión; pero como no ha dicho expresamente qué pacto ha quebrantado el infante, somos libres de entender que habla de aquel pacto cuya violación puede atribuirse a un infante. Sin embargo, si alguien sostiene que no se dice de otra cosa que de la circuncisión, que en ella el infante ha quebrantado el pacto de Dios porque no es circuncidado, debe buscar algún modo de explicación por el cual pueda entenderse sin absurdo (como este) que ha quebrantado el pacto, porque ha sido quebrantado en él aunque no por él. Sin embargo, también en este caso ha de observarse que el alma del infante, no siendo culpable de ningún pecado de negligencia contra sí misma, perecería injustamente, a menos que el pecado original la hiciera merecedora de castigo.

    Capítulo 28

    Del cambio de nombre en Abraham y Sara, quienes recibieron el don de la fecundidad cuando eran incapaces de regeneración por la esterilidad de una y la vejez de ambos

    XVI, 28

    Ahora bien, cuando se hizo a Abraham una promesa tan grande y clara, en la que se le dijo tan claramente, «Te he puesto por padre de muchas naciones, y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti. Y te daré un hijo de Sara; y lo bendeciré, y vendrá a ser naciones, y reyes de naciones serán de él,» — promesa que ahora vemos cumplida en Cristo — desde entonces en adelante esta pareja ya no se llama en la Escritura, como antes, Abram y Sarai, sino Abraham y Sara, como los hemos llamado desde el principio, pues todo el mundo lo hace ahora. La razón por la que se cambió el nombre de Abraham se da: «Porque,» dice, «te he puesto por padre de muchas naciones.» Esto, pues, ha de entenderse que es el significado de Abraham; pero Abram, como antes se llamaba, significa «padre excelso.» La razón del cambio del nombre de Sara no se da; pero como dicen quienes han escrito interpretaciones de los nombres hebreos contenidos en estos libros, Sara significa «mi princesa,» y Sarai «fuerza.» De donde está escrito en la Epístola a los Hebreos, «Por la fe también la misma Sara recibió fuerza para concebir simiente.» [] Pues ambos eran viejos, como testifica la Escritura; pero ella era además estéril, y había cesado de menstruar, de modo que ya no podía dar a luz hijos aunque no hubiera sido estéril. Además, si una mujer es de edad avanzada, pero aún conserva la costumbre de las mujeres, puede dar a luz hijos de un joven, pero no de un anciano, aunque ese mismo anciano puede engendrar, pero solo de una mujer joven; como después de la muerte de Sara pudo Abraham engendrar de Cetura, porque la halló en edad vigorosa. Esto, pues, es lo que el apóstol menciona como maravilloso, diciendo además que el cuerpo de Abraham estaba ya muerto; [] porque a esa edad ya no podía engendrar hijos de ninguna mujer que conservara solo una pequeña parte de su vigor natural. Por supuesto, hemos de entender que su cuerpo estaba muerto solo para algunos fines, no para todos; pues si lo estuviera para todos, ya no sería el cuerpo envejecido de un hombre vivo, sino el cadáver de un muerto. Aunque esa cuestión, cómo Abraham engendró hijos de Cetura, suele resolverse de esta manera, que el don de engendrar que recibió del Señor permaneció incluso después de la muerte de su esposa, sin embargo creo que la solución de la cuestión que he seguido es preferible, porque, aunque en nuestros días un anciano de cien años no puede engendrar hijos de ninguna mujer, no era así entonces, cuando los hombres vivían aún tanto tiempo que cien años no les traían aún la decrepitud de la vejez.

    Capítulo 29

    De los tres varones o ángeles en quienes se dice que el Señor se apareció a Abraham en el encinar de Mamre

    XVI, 29

    Dios se apareció otra vez a Abraham en el encinar de Mamre en tres varones, que no ha de dudarse que eran ángeles, aunque algunos piensan que uno de ellos era Cristo, y afirman que fue visible antes de encarnarse. Ahora bien, pertenece al poder divino, y a la naturaleza invisible, incorpórea e inmutable, sin cambiarse a sí misma en absoluto, aparecerse incluso a los hombres mortales, no por lo que es, sino por lo que le está sujeto. ¿Y qué no le está sujeto? Sin embargo, si intentan establecer que uno de estos tres era Cristo por el hecho de que, aunque vio a tres, se dirigió al Señor en singular, como está escrito, «Y he aquí que tres varones estaban junto a él; y cuando los vio, corrió a su encuentro desde la puerta de la tienda, y se postró en tierra, y dijo: Señor, si he hallado gracia delante de ti,» [] etc.; ¿por qué no advierten también esto, que cuando dos de ellos vinieron a destruir a los sodomitas, mientras Abraham hablaba aún con uno, llamándolo Señor, e intercediendo para que no destruyera al justo junto con el impío en Sodoma, Lot recibió a estos dos de tal manera que también él en su conversación con ellos se dirigió al Señor en singular? Pues después de decirles en plural, «He aquí, señores míos, apartaos a casa de vuestro siervo,» [] etc., sin embargo después se dice, «Y los ángeles asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas, porque el Señor fue misericordioso con él. Y aconteció que cuando los hubieron sacado fuera, dijeron: Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni te detengas en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. Y Lot les dijo: Te ruego, Señor, ya que tu siervo ha hallado gracia en tus ojos,» [] etc. Y luego, después de estas palabras, el Señor también le respondió en singular, aunque estaba en dos ángeles, diciendo, «He aquí, he aceptado tu rostro,» [] etc. Esto hace mucho más creíble que tanto Abraham en los tres varones como Lot en los dos reconocieron al Señor, dirigiéndose a Él en número singular, aun cuando se dirigían a hombres; pues los recibieron como lo hicieron por ninguna otra razón sino para ministrarles refrigerio humano como a hombres que lo necesitaban. Sin embargo, había en ellos algo tan excelente, que quienes les mostraron hospitalidad como a hombres no pudieron dudar de que Dios estaba en ellos como solía estar en los profetas, y por eso a veces se dirigían a ellos en plural, y a veces a Dios en ellos en singular. Pero que eran ángeles lo testifica la Escritura, no solo en este libro del Génesis, en el que se relatan estos hechos, sino también en la Epístola a los Hebreos, donde al alabar la hospitalidad se dice, «Porque por esto algunos hospedaron ángeles sin saberlo.» [] Por estos tres varones, pues, cuando se prometió de nuevo a Abraham por Sara un hijo Isaac, se dio también un oráculo divino tal que se dijo, «Abraham vendrá a ser una nación grande y numerosa, y en él serán benditas todas las naciones de la tierra.» [] Y aquí se prometen estas dos cosas con suma brevedad y plenitud: la nación de Israel según la carne, y todas las naciones según la fe.

    Capítulo 30

    De la liberación de Lot de Sodoma y de su consumición por fuego del cielo; y de Abimelec, cuya pasión no pudo dañar la castidad de Sara

    XVI, 30

    Después de esta promesa, Lot fue librado de Sodoma, y una lluvia de fuego del cielo redujo a cenizas toda aquella región de la ciudad impía, donde la costumbre había hecho tan prevalente la sodomía como las leyes han hecho en otros lugares otras clases de maldad. Pero este castigo suyo fue un ejemplar del juicio divino venidero. Pues ¿qué significa que los ángeles prohibieran a los que fueron librados mirar atrás, sino que no hemos de volver en corazón a la vida antigua que, regenerados por la gracia, hemos desechado, si pensamos escapar al juicio final? La mujer de Lot, en efecto, cuando miró atrás, quedó inmóvil y, convertida en sal, suministró a los creyentes un condimento para saborear en algo la advertencia que ha de sacarse de aquel ejemplo. Luego Abraham hizo de nuevo en Gerar, con Abimelec, rey de aquella ciudad, lo que había hecho en Egipto respecto de su esposa, y la recibió de vuelta intacta de la misma manera. En esta ocasión, cuando el rey reprendió a Abraham por no decir que era su esposa, y llamarla su hermana, él explicó lo que había temido, y añadió además: «Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre;» [] porque era hermana de Abraham por parte de su padre, y por tanto pariente cercana. Pero su hermosura era tan grande, que aun a aquella edad avanzada podía ser amada.

    Capítulo 31. De Isaac, que nació según la promesa, a quien se le dio el nombre por la risa de ambos padres

    XVI, 31

    Después de estas cosas, nació a Abraham un hijo, según la promesa de Dios, de Sara, y fue llamado Isaac, que significa risa. Pues su padre se había reído cuando le fue prometido, con admiración deleitosa; y su madre, cuando le fue prometido de nuevo por aquellos tres varones, se había reído, dudando por gozo; sin embargo, fue reprendida por el ángel porque aquella risa, aunque era por gozo, no estaba llena de fe. Después fue confirmada en la fe por el mismo ángel. De esto, pues, recibió el niño su nombre. Pues cuando Isaac nació y fue llamado con ese nombre, Sara mostró que su risa no era de reproche burlón, sino de alabanza gozosa; porque dijo: «Dios me ha hecho reír, de modo que todo el que lo oiga se reirá conmigo.» [] Luego, poco después, la esclava fue echada de la casa con su hijo; y, según el apóstol, estas dos mujeres significan los dos testamentos, el antiguo y el nuevo: Sara representa el de la Jerusalén de arriba, es decir, la ciudad de Dios. []

    Capítulo 32

    De la obediencia y la fe de Abraham, que fueron probadas al ofrecer a su hijo en sacrificio, y de la muerte de Sara

    XVI, 32

    Entre otras cosas, de las cuales sería demasiado largo mencionar la totalidad, Abraham fue probado acerca de la ofrenda de su hijo muy amado Isaac, para probar su piadosa obediencia y así darla a conocer al mundo, no a Dios. Ahora bien, no toda tentación es reprensible; puede incluso ser laudable, porque brinda prueba. Y, en la mayor parte de los casos, la mente humana no puede alcanzar el conocimiento de sí misma sino poniendo a prueba sus fuerzas mediante la tentación, por una especie de autointerrogación experimental y no meramente verbal; cuando, si ha reconocido el don de Dios, entonces es piadosa, y es consolidada por la gracia firme y no inflada por vana jactancia. Por supuesto, Abraham jamás pudo creer que Dios se deleitara en sacrificios humanos; sin embargo, cuando el mandato divino tronó, debía ser obedecido, no discutido. Con todo, Abraham es digno de alabanza, porque creyó desde el principio que su hijo, al ser ofrecido, resucitaría; pues Dios le había dicho, cuando él no quería satisfacer el deseo de su mujer echando fuera a la esclava y a su hijo, «En Isaac será llamada tu descendencia.» No hay duda de que Él luego añade: «Y en cuanto al hijo de esta esclava, haré de él una gran nación, porque es tu descendencia.» [] ¿Cómo, pues, se dice «En Isaac será llamada tu descendencia,» cuando Dios llama también a Ismael descendencia suya? El apóstol, al explicar esto, dice: «En Isaac será llamada tu descendencia; es decir, los que son hijos de la carne, esos no son hijos de Dios; sino que los hijos de la promesa son contados como descendencia.» [] Por tanto, para que los hijos de la promesa sean la descendencia de Abraham, son llamados en Isaac, esto es, son reunidos en Cristo por la llamada de la gracia. Por consiguiente, el padre, reteniendo desde el principio la promesa que debía cumplirse por medio de este hijo a quien Dios le había ordenado degollar, no dudó de que aquel a quien en un tiempo creyó imposible de recibir le sería devuelto una vez ofrecido. De este modo debe entenderse y explicarse también el pasaje de la Epístola a los Hebreos. «Por la fe,» dice, «Abraham venció cuando fue probado respecto de Isaac; y el que había recibido la promesa ofreció a su hijo único, de quien se había dicho: En Isaac será llamada tu descendencia; pensando que Dios era poderoso para levantarlo aun de entre los muertos;» por lo cual añade: «de donde también lo recibió en figura.» [] ¿En figura de quién sino de Aquel de quien el apóstol dice: «El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros?» [] Y por esta razón también Isaac mismo llevó al lugar del sacrificio la leña sobre la cual había de ser ofrecido, así como el Señor mismo llevó su propia cruz. Finalmente, puesto que Isaac no había de ser degollado, después de que se le prohibió a su padre herirlo, ¿quién fue aquel carnero con cuya ofrenda se completó aquel sacrificio con sangre típica? Pues cuando Abraham lo vio, estaba enredado por los cuernos en una espesura. ¿Qué representaba, entonces, sino a Jesús, que, antes de ser ofrecido, fue coronado de espinas por los judíos?
    Pero escuchemos más bien las palabras divinas dichas por medio del ángel. Pues la Escritura dice: «Y extendió Abraham su mano para tomar el cuchillo y degollar a su hijo. Y el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: Abraham. Y él dijo: Heme aquí. Y dijo: No pongas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, y no me has rehusado a tu hijo amado.» [] Se dice: «Ahora sé,» es decir, Ahora he hecho que se conozca; pues Dios no ignoraba antes esto. Luego, habiendo ofrecido aquel carnero en lugar de Isaac su hijo, «Abraham,» según leemos, «llamó el nombre de aquel lugar El Señor ve; como se dice hoy: En el monte se ha aparecido el Señor.» [] Como se dice «Ahora sé,» en lugar de Ahora he hecho que se conozca, así aquí «El Señor ve,» en lugar de El Señor se ha aparecido, es decir, se ha hecho visible. «Y el Ángel del Señor llamó a Abraham desde el cielo por segunda vez, diciendo: Por mí mismo he jurado, dice el Señor; porque has hecho esto, y no me has rehusado a tu hijo amado; que bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá por herencia las ciudades de los adversarios; y en tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra, porque obedeciste mi voz.» [] De esta manera, aquella promesa acerca de la llamada de las naciones en la descendencia de Abraham es confirmada incluso por el juramento de Dios, después de aquel holocausto que tipificaba a Cristo. Porque a menudo había prometido, pero nunca había jurado. ¿Y qué es el juramento de Dios, el verdadero y fiel, sino una confirmación de la promesa y una cierta reprensión para los incrédulos?
    Después de estas cosas murió Sara, en el año ciento veintisiete de su vida, y en el ciento treinta y siete de su marido, pues él era diez años mayor que ella, como él mismo dice cuando le es prometido un hijo por ella: «¿A un hombre de cien años le ha de nacer un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años, ha de dar a luz?» [] Entonces Abraham compró un campo, en el cual sepultó a su mujer. Y luego, según el relato de Esteban, se asentó en aquella tierra, entrando entonces en posesión real de ella; es decir, después de la muerte de su padre, de quien se infiere que murió dos años antes.

    Capítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa

    XVI, 33

    Isaac se casó con Rebeca, nieta de Nacor, hermano de su padre, cuando tenía cuarenta años, es decir, en el año ciento cuarenta de la vida de su padre, tres años después de la muerte de su madre. Ahora bien, cuando un siervo fue enviado a Mesopotamia por su padre para traerla, y cuando Abraham dijo a aquel siervo: «Pon tu mano debajo de mi muslo, y te haré jurar por el Señor, el Dios del cielo, y el Señor de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo Isaac de las hijas de los cananeos,» [] ¿qué otra cosa se señalaba con esto, sino que el Señor, el Dios del cielo, y el Señor de la tierra, había de venir en la carne que había de derivarse de aquel muslo? ¿Son estas pequeñas señales de la verdad predicha que vemos cumplida en Cristo?

    Capítulo 34. Qué significa que Abraham se casara con Cetura después de la muerte de Sara

    XVI, 34

    ¿Qué quiso significar Abraham al casarse con Cetura después de la muerte de Sara? Lejos esté de nosotros sospechar de él incontinencia, sobre todo habiendo llegado a tal edad y a tal santidad de fe. ¿O buscaba aún engendrar hijos, aunque retenía con fe aprobadísima la promesa de Dios de que su descendencia sería multiplicada por medio de Isaac como las estrellas del cielo y el polvo de la tierra? Y sin embargo, si Agar e Ismael, como nos enseña el apóstol, significaban el pueblo carnal del antiguo pacto, ¿por qué no pueden Cetura y sus hijos significar también el pueblo carnal que piensa que pertenece al nuevo pacto? Pues ambas son llamadas esposas y concubinas de Abraham; pero Sara nunca es llamada concubina, sino solo esposa. Pues cuando Agar es dada a Abraham, está escrito: «Y Sarai, mujer de Abram, tomó a Agar la egipcia, su sierva, después de haber habitado Abraham diez años en la tierra de Canaán, y la dio a su marido Abram por mujer.» [] Y de Cetura, a quien tomó después de la partida de Sara, leemos: «Volvió Abraham a tomar una mujer, cuyo nombre era Cetura.» [] ¡He aquí! Ambas son llamadas esposas, y sin embargo ambas resultan haber sido concubinas; porque la Escritura dice después: «Y Abraham dio toda su hacienda a Isaac su hijo. Pero a los hijos de sus concubinas dio Abraham dones, y los envió lejos de su hijo Isaac, mientras aún vivía, hacia el oriente, a la tierra oriental.» [] Por tanto, los hijos de las concubinas, es decir, los herejes y los judíos carnales, tienen algunos dones, pero no alcanzan el reino prometido; «Porque los que son hijos de la carne, esos no son hijos de Dios; sino que los hijos de la promesa son contados como descendencia, de quienes se dijo: En Isaac será llamada tu descendencia.» [] Pues no veo por qué Cetura, que se casó después de la muerte de la esposa, haya de ser llamada concubina, sino a causa de este misterio. Pero si alguien no quiere poner tales significados a estas cosas, no tiene por qué calumniar a Abraham. Pues ¿qué si incluso esto fue provisto contra los herejes que habían de ser adversarios de las segundas nupcias, para que se mostrara que no era pecado en el caso del padre de muchas naciones mismo, cuando, después de la muerte de su esposa, se casó de nuevo? Y murió Abraham a los ciento setenta y cinco años, dejando a su hijo Isaac de setenta y cinco años, habiéndolo engendrado a los cien años.

    Capítulo 35

    Qué fue indicado por la respuesta divina acerca de los gemelos aún encerrados en el vientre de Rebeca, su madre

    XVI, 35

    Veamos ahora cómo avanzan desde este punto los tiempos de la ciudad de Dios entre los descendientes de Abraham. En el tiempo desde el primer año de la vida de Isaac hasta el septuagésimo, cuando le nacieron sus hijos, lo único memorable es que, cuando rogó a Dios que su mujer, que era estéril, pudiera dar a luz, y el Señor concedió lo que pedía, y ella concibió, los gemelos saltaron estando aún encerrados en su vientre. Y cuando ella se turbó por esta lucha, y consultó al Señor, recibió esta respuesta: «Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; y el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor.» [] El apóstol Pablo quiere que entendamos esto como un gran ejemplo de gracia; [] pues no habiendo aún nacido los hijos, ni habiendo hecho bien ni mal, el menor es elegido sin ningún mérito y el mayor es rechazado, cuando sin duda, en cuanto al pecado original, ambos eran iguales, y en cuanto al pecado actual, ninguno tenía alguno. Pero el plan de la obra presente no me permite hablar más extensamente de este asunto ahora, y he dicho mucho sobre ello en otras obras. Solo aquella sentencia, «El mayor servirá al menor,» es entendida por nuestros escritores, casi sin excepción, en el sentido de que el pueblo mayor, los judíos, servirá al pueblo menor, los cristianos. Y en verdad, aunque esto podría parecer cumplido en la nación idumea, que nació del mayor (quien tenía dos nombres, siendo llamado tanto Esaú como Edom, de donde el nombre de idumeos), porque había de ser vencida después por el pueblo que surgió del menor, es decir, por los israelitas, y había de quedarles sujeta; sin embargo, es más adecuado creer que, cuando se dijo: «El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor,» aquella profecía significaba algo mayor; ¿y qué es eso sino lo que evidentemente se cumple en los judíos y los cristianos?

    Capítulo 36. Del oráculo y la bendición que recibió Isaac, al igual que su padre, siendo amado por causa de él

    XVI, 36

    Isaac también recibió un oráculo semejante al que su padre había recibido a menudo. De este oráculo está escrito así: «Y hubo hambre sobre la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham. Y fue Isaac a Abimelec, rey de los filisteos, a Gerar. Y se le apareció el Señor y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Y habita en esta tierra, y yo estaré contigo y te bendeciré; a ti y a tu descendencia daré toda esta tierra; y confirmaré mi juramento, que juré a Abraham tu padre; y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia toda esta tierra; y en tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra; por cuanto Abraham tu padre obedeció mi voz y guardó mis preceptos, mis mandamientos, mi justicia y mis leyes.» [] Este patriarca no tuvo ni otra mujer ni concubina alguna, sino que se contentó con los dos gemelos engendrados por un solo acto de generación. Tuvo también miedo, cuando vivía entre extranjeros, de verse en peligro por la hermosura de su mujer, e hizo como su padre llamándola su hermana, y no diciendo que era su mujer; porque era pariente suya cercana por parte de padre y de madre. Ella también quedó intacta de los extranjeros, cuando se supo que era su mujer. Sin embargo, no debemos preferirlo a su padre porque no conoció mujer fuera de su única esposa. Pues sin duda los méritos de la fe y la obediencia de su padre fueron mayores, puesto que Dios dice que es por causa de él que hace bien a Isaac: «En tu descendencia,» dice, «serán benditas todas las naciones de la tierra, porque Abraham tu padre obedeció mi voz y guardó mis preceptos, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.» Y de nuevo en otro oráculo dice: «Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo y te bendeciré y multiplicaré tu descendencia por amor de mi siervo Abraham.» [] De modo que debemos entender cuán castamente actuó Abraham, porque hombres imprudentes, que buscan apoyo para su propia maldad en las Santas Escrituras, piensan que actuó por lujuria. También podemos aprender esto, a no comparar a los hombres por una sola cosa buena, sino a considerar todo en cada uno; pues puede suceder que un hombre tenga algo en su vida y carácter en lo que aventaja a otro, y puede ser mucho más excelente que aquello en lo que el otro lo aventaja a él. Y así, según un juicio sano y verdadero, aunque la continencia sea preferible al matrimonio, un hombre casado creyente es mejor que un continente incrédulo; porque el incrédulo no solo es menos digno de alabanza, sino que es incluso sumamente detestable. Debemos concluir, pues, que ambos son buenos; pero de modo que se sostenga que el hombre casado que es fidelísimo y obedientísimo es ciertamente mejor que el hombre continente cuya fe y obediencia son menores. Pero si son iguales en las demás cosas, ¿quién dudaría en preferir al hombre continente al casado?

    Capítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob

    XVI, 37

    Los dos hijos de Isaac, Esaú y Jacob, crecieron juntos. La primacía del mayor fue transferida al menor por un pacto y acuerdo entre ellos, cuando el mayor codició inmoderadamente las lentejas que el menor había preparado para comer, y por ese precio le vendió su primogenitura, confirmándolo con juramento. De esto aprendemos que no se ha de culpar a una persona por la clase de alimento que come, sino por la codicia inmoderada. Isaac envejeció, y la vejez le privó de la vista. Quiso bendecir al hijo mayor, y en lugar del mayor, que era velludo, bendijo sin saberlo al menor, que se puso bajo las manos de su padre, habiéndose cubierto con pieles de cabrito, como si llevara los pecados de otros. Para que no pensemos que este engaño de Jacob era un engaño fraudulento, en lugar de buscar en él el misterio de una gran cosa, la Escritura ha predicho en las palabras inmediatamente anteriores: «Esaú era cazador astuto, hombre del campo; y Jacob era varón sencillo, que moraba en casa.» [] Algunos de nuestros escritores han interpretado esto como «sin engaño». Pero ya sea que la palabra griega [ἄλαστος] signifique «sin engaño», o «sencillo», o más bien «sin reinar», en la recepción de aquella bendición, ¿qué es el engaño del hombre sin engaño? ¿Qué es el engaño del sencillo, qué la ficción del hombre que no miente, sino un profundo misterio de la verdad? Pero ¿qué es la bendición misma? «Mira,» dice, «el olor de mi hijo es como el olor de un campo lleno que el Señor ha bendecido: por tanto, Dios te dé del rocío del cielo y de la fertilidad de la tierra, y abundancia de trigo y de vino; sírvante naciones, y adórente príncipes; y sé señor de tus hermanos, e inclínense ante ti los hijos de tu madre; maldito sea el que te maldiga, y bendito el que te bendiga.» [] La bendición de Jacob es, por tanto, una proclamación de Cristo a todas las naciones. Esto es lo que ha acontecido y se está cumpliendo ahora. Isaac es la ley y la profecía: incluso por boca de los judíos Cristo es bendecido por la profecía como por quien no sabe, porque ésta misma no es entendida. El mundo, como un campo, se llena del olor del nombre de Cristo: suya es la bendición del rocío del cielo, es decir, de las lluvias de las palabras divinas; y de la fertilidad de la tierra, es decir, de la reunión de los pueblos: suya es la abundancia de trigo y vino, es decir, la multitud que recoge el pan y el vino en el sacramento de su cuerpo y de su sangre. A él sirven las naciones, a él adoran los príncipes. Él es el Señor de sus hermanos, porque su pueblo domina sobre los judíos. A él adoran los hijos de su Padre, es decir, los hijos de Abraham según la fe; porque él mismo es hijo de Abraham según la carne. Maldito el que lo maldice, y el que lo bendice es bendito. Cristo, digo, que es nuestro, es bendito, es decir, verdaderamente anunciado por boca de los judíos cuando, aunque errantes, cantan la ley y los profetas, y piensan que bendicen a otro por quien erróneamente esperan. Así, cuando el hijo mayor reclama la bendición prometida, Isaac se asusta mucho, y se asombra al saber que ha bendecido a uno en lugar del otro, y pregunta quién es; sin embargo no se queja de haber sido engañado; es más, cuando el gran misterio se le revela, en lo secreto de su corazón desecha al punto la ira y confirma la bendición. «¿Quién, pues,» dice, «me ha cazado caza y me la ha traído, y he comido de todo antes de que vinieras, y le he bendecido, y será bendito?» [] ¿Quién no habría esperado más bien aquí la maldición de un hombre airado, si estas cosas se hubieran hecho de manera terrena y no por inspiración de lo alto? ¡Oh cosas hechas, pero hechas proféticamente; en la tierra, pero celestialmente; por hombres, pero divinamente! Si todo lo que es fecundo en tan grandes misterios se examinara cuidadosamente, se llenarían muchos volúmenes; pero la moderada extensión fijada para esta obra nos obliga a apresurarnos hacia otras cosas.

    Capítulo 38

    De la misión de Jacob a Mesopotamia para tomar esposa, y de la visión que vio en sueños por el camino, y de cómo obtuvo cuatro mujeres cuando buscaba una sola esposa

    XVI, 38

    Jacob fue enviado por sus padres a Mesopotamia para tomar allí esposa. Estas fueron las palabras de su padre al enviarlo: «No tomarás esposa de las hijas de los cananeos. Levántate, huye a Mesopotamia, a la casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí para ti esposa de las hijas de Labán, hermano de tu madre. Y mi Dios te bendiga, y te acreciente, y te multiplique; y serás asamblea de pueblos; y te dé la bendición de Abraham tu padre, y a tu descendencia después de ti; para que heredes la tierra en que habitas, la cual Dios dio a Abraham.» [] Ahora entendemos aquí que la descendencia de Jacob se separa de la otra descendencia de Isaac que vino por Esaú. Pues cuando se dice: «En Isaac será llamada tu descendencia», [] por esta descendencia se entiende únicamente la ciudad de Dios; de modo que de ella queda separada la otra descendencia de Abraham, que estaba en el hijo de la esclava, y que estaría en los hijos de Cetura. Pero hasta ahora había sido incierto respecto de los gemelos de Isaac si aquella bendición pertenecía a ambos o sólo a uno de ellos; y si a uno, cuál de ellos era. Esto se declara ahora cuando Jacob es bendecido proféticamente por su padre, y se le dice: «Y serás asamblea de pueblos, y Dios te dé la bendición de Abraham tu padre.»
    Cuando Jacob iba a Mesopotamia, recibió en sueños un oráculo, del cual está escrito así: «Y salió Jacob del pozo del juramento, y fue a Harán. Y llegó a un lugar, y durmió allí, porque el sol se había puesto; y tomó de las piedras del lugar, y las puso a su cabecera, y durmió en aquel lugar, y soñó. Y he aquí una escalera apoyada en la tierra, y su extremo tocaba el cielo; y los ángeles de Dios subían y descendían por ella. Y el Señor estaba sobre ella, y dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; no temas: la tierra en que duermes, a ti te la daré, y a tu descendencia; y tu descendencia será como el polvo de la tierra; y se extenderá hacia el mar, y hacia África, y hacia el norte, y hacia el oriente; y todas las tribus de la tierra serán benditas en ti y en tu descendencia. Y he aquí, yo estoy contigo, para guardarte en todo tu camino por dondequiera que vayas, y te volveré a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho todo lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y ésta es la puerta del cielo. Y se levantó Jacob, y tomó la piedra que había puesto a su cabecera, y la erigió por memorial, y derramó aceite sobre su extremo. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar casa de Dios.» [] Esto es profético. Porque Jacob no derramó aceite sobre la piedra de manera idolátrica, como si la hiciera un dios; ni adoró aquella piedra, ni le ofreció sacrificio. Pero puesto que el nombre de Cristo viene del crisma o unción, ciertamente en esto se representaba algo perteneciente al gran misterio. Y se entiende que el Salvador mismo trae esto a la memoria en el Evangelio, cuando dice de Natanael: «He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño.» [] porque Israel, que vio esta visión, no es otro que Jacob. Y en el mismo lugar dice: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»
    Jacob fue a Mesopotamia para tomar de allí esposa. Y la divina Escritura señala cómo, sin desear ilícitamente a ninguna de ellas, llegó a tener cuatro mujeres, de las cuales engendró doce hijos y una hija; pues había ido a tomar sólo una. Pero cuando una le fue dada falsamente en lugar de la otra, no la despidió después de haberse unido a ella sin saberlo en la noche, para no parecer que la había deshonrado; sino que, como en aquel tiempo, para multiplicar la posteridad, ninguna ley prohibía la pluralidad de esposas, tomó también a aquella a quien solamente había prometido matrimonio. Como ella era estéril, dio su sierva a su marido para tener hijos por medio de ella; y su hermana mayor hizo lo mismo imitándola, aunque había dado a luz, porque deseaba multiplicar la prole. No leemos que Jacob buscara a ninguna más que a una, ni que usara de muchas, salvo con el propósito de engendrar descendencia, salvando los derechos conyugales; y no habría hecho esto si sus esposas, que tenían legítimo poder sobre el cuerpo de su propio marido, no le hubieran instado a ello. Así engendró doce hijos y una hija de cuatro mujeres. Luego entró en Egipto por medio de su hijo José, quien fue vendido por sus hermanos por envidia, y llevado allí, y allí fue exaltado.

    Capítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel

    XVI, 39

    Como dije hace poco, Jacob fue llamado también Israel, nombre que prevaleció más entre el pueblo descendiente de él. Ahora bien, este nombre se lo dio el ángel que luchó con él en el camino de vuelta de Mesopotamia, y que era con toda evidencia un tipo de Cristo. Pues cuando Jacob lo venció, sin duda con su propio consentimiento, para que se representara el misterio, significó la pasión de Cristo, en la que se ve a los judíos venciéndolo. Y sin embargo, suplicó una bendición al mismo ángel que había vencido; y así la imposición de este nombre fue la bendición. Porque Israel significa ver a Dios, lo cual será al fin la recompensa de todos los santos. El ángel también le tocó en el ancho del muslo cuando lo vencía, y de esa manera lo dejó cojo. De modo que Jacob fue a un mismo tiempo bendito y cojo: bendito en aquellos de aquel pueblo que creyeron en Cristo, y cojo en los incrédulos. Porque el ancho del muslo es la multitud de la familia. Pues hay muchos de aquella raza de quienes se dijo proféticamente de antemano: «Y han cojeado en sus sendas.»

    Capítulo 40

    Cómo se dice que Jacob entró en Egipto con setenta y cinco almas, cuando la mayoría de los mencionados nacieron en un período posterior

    XVI, 40

    Se relata que setenta y cinco varones entraron en Egipto junto con Jacob, contándolo a él con sus hijos. En este número sólo se mencionan dos mujeres, una hija y una nieta. Pero cuando se considera el asunto cuidadosamente, no parece que la descendencia de Jacob fuera tan numerosa el día o el año en que entró en Egipto. Se incluyen también entre ellos los bisnietos de José, que no podían haber nacido ya. Pues Jacob tenía entonces ciento treinta años, y su hijo José treinta y nueve; y como es claro que tomó esposa cuando tenía treinta o más, ¿cómo podía en nueve años tener bisnietos por los hijos que tuvo de aquella esposa? Ahora bien, dado que Efraín y Manasés, hijos de José, ni siquiera podían tener hijos, pues Jacob los encontró niños de menos de nueve años cuando entró en Egipto, ¿de qué manera se cuentan no sólo sus hijos sino sus nietos entre aquellos setenta y cinco que entonces entraron en Egipto con Jacob? Pues allí se cuenta a Maquir, hijo de Manasés, nieto de José, y al hijo de Maquir, es decir, Galaad, nieto de Manasés, bisnieto de José; allí también está aquel a quien Efraín, el otro hijo de José, engendró, es decir, Sutela, nieto de José, y Ezer, hijo de Sutela, nieto de Efraín y bisnieto de José, que no podía de ningún modo existir cuando Jacob entró en Egipto y halló allí a sus nietos, los hijos de José, sus abuelos, todavía niños de menos de nueve años. Pero sin duda, cuando la Escritura menciona la entrada de Jacob en Egipto con setenta y cinco almas, no se refiere a un día, o a un año, sino a todo aquel tiempo mientras vivió José, quien fue la causa de su entrada. Porque la misma Escritura habla así de José: «Y habitó José en Egipto, él y sus hermanos, y toda la casa de su padre; y vivió José ciento diez años, y vio a los hijos de Efraín hasta la tercera generación.» [] Es decir, su bisnieto, el tercero desde Efraín; porque la tercera generación significa hijo, nieto, bisnieto. Luego se añade: «Los hijos también de Maquir, hijo de Manasés, nacieron sobre las rodillas de José.» [] Y éste es aquel nieto de Manasés, y bisnieto de José. Pero se emplea el número plural según el uso escriturístico; pues la única hija de Jacob es mencionada como hijas, así como en el uso de la lengua latina liberi se usa en plural para los hijos aunque no haya más que uno. Ahora bien, cuando se proclama la felicidad del propio José, porque pudo ver a sus bisnietos, de ningún modo ha de pensarse que éstos ya existían en el año trigésimo noveno de su bisabuelo José, cuando su padre Jacob vino a él en Egipto. Pero quienes examinan diligentemente estas cosas se equivocarán con menos facilidad, porque está escrito: «Éstos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto junto con Jacob su padre.» [] Pues esto significa que los setenta y cinco se cuentan junto con él, no que todos estuvieran con él cuando entró en Egipto; porque, como he dicho, todo el período durante el cual vivió José, que ocasionó su entrada, se tiene por el tiempo de aquella entrada.

    Capítulo 41. De la bendición que Jacob prometió en Judá, su hijo

    XVI, 41

    Si, a causa del pueblo cristiano en quien la ciudad de Dios peregrina en la tierra, buscamos la carne de Cristo en la descendencia de Abraham, dejando a un lado a los hijos de las concubinas, tenemos a Isaac; si en la descendencia de Isaac, dejando a un lado a Esaú, que es también Edom, tenemos a Jacob, que también es Israel; si en la descendencia del propio Israel, dejando a un lado a los demás, tenemos a Judá, porque Cristo brotó de la tribu de Judá. Oigamos, pues, cómo Israel, al morir en Egipto, al bendecir a sus hijos, bendijo proféticamente a Judá. Dice: «Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano estará sobre la cerviz de tus enemigos; los hijos de tu padre se inclinarán ante ti. Cachorro de león es Judá; de la presa, hijo mío, has subido; se encorvó, se echó como león, y como león viejo, ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga aquel a quien pertenece; y él será la esperanza de las naciones. Atando a la vid su pollino, y a la cepa la cría de su asna; lavará en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto; sus ojos están rojos del vino, y sus dientes blancos de la leche.» [] He expuesto estas palabras al disputar contra Fausto el maniqueo; y creo que basta para hacer brillar la verdad de esta profecía el señalar que la muerte de Cristo está predicha por la palabra acerca de su acto de echarse, y no la necesidad, sino el carácter voluntario de su muerte, en el título de león. Ese poder lo proclama él mismo en el Evangelio, diciendo: «Tengo poder para poner mi vida, y tengo poder para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo la pongo de mí mismo, y la vuelvo a tomar.» [] Así rugió el león, así cumplió lo que dijo. Pues a este poder se refiere lo que se añade acerca de la resurrección: «¿Quién lo despertará?» Esto significa que ningún hombre lo resucitó, sino él mismo, que también dijo de su propio cuerpo: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» [] Y la naturaleza misma de su muerte, es decir, la altura de la cruz, se entiende por la sola palabra «has subido». El evangelista explica lo que se añade: «Al echarte, dormiste», cuando dice: «Inclinó la cabeza y entregó el espíritu.» [] O al menos ha de entenderse su sepultura, en la cual se echó durmiendo, y de la cual ningún hombre lo levantó, como los profetas levantaron a algunos, y como él mismo hizo con otros; sino que él mismo se levantó como del sueño. En cuanto a su vestido, que lava en vino, es decir, que limpia del pecado en su propia sangre, de la cual sangre conocen el misterio los que son bautizados, de modo que añade: «Y su manto en la sangre de la uva», ¿qué es sino la Iglesia? «Y sus ojos están rojos del vino» [éstos son] su pueblo espiritual embriagado con su cáliz, del cual canta el salmo: «¡Y tu cáliz que embriaga, cuán excelente es!» «Y sus dientes blancos de la leche» [] — es decir, las palabras nutritivas que, según el apóstol, beben los niños, por ser aún incapaces de alimento sólido. Y es él en quien estaban reservadas las promesas de Judá, de modo que hasta que vengan, nunca faltarán príncipes, es decir, reyes de Israel, de Judá. «Y él es la esperanza de las naciones.» Esto es demasiado claro para necesitar exposición.

    Capítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos

    XVI, 42

    Ahora bien, así como los dos hijos de Isaac, Esaú y Jacob, presentaron una figura de los dos pueblos, los judíos y los cristianos (aunque en lo que respecta al linaje carnal no fueron los judíos sino los idumeos los que procedieron de la simiente de Esaú, ni las naciones cristianas sino más bien los judíos los que procedieron de la de Jacob; pues la figura vale solo en cuanto a la palabra, «El mayor servirá al menor» []), así sucedió lo mismo con los dos hijos de José; pues el mayor fue figura de los judíos, y el menor de los cristianos. Porque cuando Jacob los bendecía, y puso su mano derecha sobre el menor, que estaba a su izquierda, y su mano izquierda sobre el mayor, que estaba a su derecha, esto le pareció mal a su padre, y él amonestó a su padre tratando de corregir su error y mostrarle cuál era el mayor. Pero él no quiso cambiar sus manos, sino que dijo, «Lo sé, hijo mío, lo sé. También él llegará a ser un pueblo, y también él será engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia llegará a ser multitud de naciones.» [] Y estas dos promesas muestran lo mismo. Pues aquel ha de llegar a ser «un pueblo;» este «multitud de naciones.» ¿Y qué puede haber más evidente que el que estas dos promesas comprenden al pueblo de Israel, y a todo el mundo de la descendencia de Abraham, el uno según la carne, el otro según la fe?
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