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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
  71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
  72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
  73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
  74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
  75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
  76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
  77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
  78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
  80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
  81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
  82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
  83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
  84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
  85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
  86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
  87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
  88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
  89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
  90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
  91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
  92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
  93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
  94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
  95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
  96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
  97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
  98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
  99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
  100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
  101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
  102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
  103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
  104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
  105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
  106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
  107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
  108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
  109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
  110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
  111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
  112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
  113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
  114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
  115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
  116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
  117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
  118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
  119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
  120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
  121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
  122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
  123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
  124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
  125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
  126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
  127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
  128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
  129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
  130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
  131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
  132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
  133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
  134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
  135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
  136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
  137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
  138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
  139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
  140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
  141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
  142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
  143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
  144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
  145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
  146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
  147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
  148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
  149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
  150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
  151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
  152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
  153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
  154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
  155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
  156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
  157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
  158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
  159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
  160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
  161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
  162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
  163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
  164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
  165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
  166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
  167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
  168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
  169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
  170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
  171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
  172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
  173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
  174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
  175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
  176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
  177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
  178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
  179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
  180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
  181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
  182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
  183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
  184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
  185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
  186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
  187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
  188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
  189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
  190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
  191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
  192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
  193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
  194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
  195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
  196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
  197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
  198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
  199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
  200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
  201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
  202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
  203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
  204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
  205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
  206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
  207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
  208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
  209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
  210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
  211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
  212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
  213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
  214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
  215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
  216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
  217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
  218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
  219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
  220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
  221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
  222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
  223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
  224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
  225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
  226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
  227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
  228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
  229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
  230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
  231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
  232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
  233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
  234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
  235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
  236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
  237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
  238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
  239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
  240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
  241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
  242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
  243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
  244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
  245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
  246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
  247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
  248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
  249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
  250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
  251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
  252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
  253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
  254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
  255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
  256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
  257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
  258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
  259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
  260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
  261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
  262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
  263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
  264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
  265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
  266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
  267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
  268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
  269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
  270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
  271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
  272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
  273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
  274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
  275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
  276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
  277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
  278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
  279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
  280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
  281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
  282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
  283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
  284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
  285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
  288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
  289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
  290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
  291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
  292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
  293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
  294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
  295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
  296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
  297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
  298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
  299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
  300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
  301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
  302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
  303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
  304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
  305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
  306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
  307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
  308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
  309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
  310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
  311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
  312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
  313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
  314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
  315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
  316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
  317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
  318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
  319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
  320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
  321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
  322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
  323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
  324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
  325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
  326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
  327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
  328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
  329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

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    TEXTOS — AGUSTÍN DE HIPONA

    Índice de la obra

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    La ciudad de Dios

    413–426 · Traducción castellana directa de la versión inglesa de Marcus Dods (Nicene and Post-Nicene Fathers)42 minPosición: 0% de esta parteParte 33 de 52 · Capítulo 11Publicado el Actualizado el Ref. ESC-AGU-CIV

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
    46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
    47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
    71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
    72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
    73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
    74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
    75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
    76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
    77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
    78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
    80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
    81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
    82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
    83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
    84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
    85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
    86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
    87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
    88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
    89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
    90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
    91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
    92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
    93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
    94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
    95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
    96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
    97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
    98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
    99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
    100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
    101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
    102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
    103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
    104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
    105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
    106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
    107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
    108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
    109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
    110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
    111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
    112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
    113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
    114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
    115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
    116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
    117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
    118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
    119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
    120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
    121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
    122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
    123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
    124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
    125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
    126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
    127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
    128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
    129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
    130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
    131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
    132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
    133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
    134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
    135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
    136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
    137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
    138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
    139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
    140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
    141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
    142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
    143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
    144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
    145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
    146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
    147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
    148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
    149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
    150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
    151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
    152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
    153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
    154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
    155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
    156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
    157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
    158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
    159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
    160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
    161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
    162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
    163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
    164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
    165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
    166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
    167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
    168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
    169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
    170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
    171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
    172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
    173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
    174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
    175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
    176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
    177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
    178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
    179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
    180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
    181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
    182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
    183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
    184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
    185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
    186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
    187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
    188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
    189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
    190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
    191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
    192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
    193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
    194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
    195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
    196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
    197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
    198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
    199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
    200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
    201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
    202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
    203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
    204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
    205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
    206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
    207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
    208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
    209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
    210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
    211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
    212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
    213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
    214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
    215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
    216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
    217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
    218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
    219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
    220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
    221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
    222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
    223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
    224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
    225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
    226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
    227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
    228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
    229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
    230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
    231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
    232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
    233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
    234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
    235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
    236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
    237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
    238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
    239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
    240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
    241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
    242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
    243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
    244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
    245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
    246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
    247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
    248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
    249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
    250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
    251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
    252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
    253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
    254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
    255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
    256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
    257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
    258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
    259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
    260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
    261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
    262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
    263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
    264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
    265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
    266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
    267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
    268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
    269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
    270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
    271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
    272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
    273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
    274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
    275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
    276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
    277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
    278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
    279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
    280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
    281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
    282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
    283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
    284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
    285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
    288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
    289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
    290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
    291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
    292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
    293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
    294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
    295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
    296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
    297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
    298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
    299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
    300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
    301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
    302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
    303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
    304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
    305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
    306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
    307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
    308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
    309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
    310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
    311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
    312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
    313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
    314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
    315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
    316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
    317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
    318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
    319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
    320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
    321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
    322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
    323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
    324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
    325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
    326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
    327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
    328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
    329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

    Capítulo 11

    Que la lengua original en uso entre los hombres fue la que después se llamó hebrea, por Heber, en cuya familia se conservó cuando ocurrió la confusión de lenguas

    XVI, 11

    Por lo cual, así como el hecho de que todos usaran una sola lengua no garantizó la ausencia de hombres contaminados por el pecado en la raza —pues aun antes del diluvio había una sola lengua, y sin embargo todos, salvo la única familia del justo Noé, fueron hallados dignos de destrucción por el diluvio—, así, cuando las naciones, por una impiedad más orgullosa, merecieron el castigo de la dispersión y de la confusión de lenguas, y la ciudad de los impíos fue llamada Confusión o Babilonia, existía todavía la casa de Heber, en la cual sobrevivió la lengua primitiva de la raza. Y por tanto, como ya he mencionado, cuando se hace la enumeración de los hijos de Sem, que fundaron cada uno una nación, se menciona primero a Heber, aunque era de la quinta generación desde Sem. Y porque, cuando las otras razas fueron divididas por sus propias lenguas peculiares, su familia conservó aquella lengua que no sin razón se cree que fue la lengua común de la raza, por esto se la llamó desde entonces hebrea. Pues entonces se hizo necesario distinguir esta lengua de las demás con un nombre propio; aunque, mientras hubo solo una, no tuvo otro nombre que la lengua del hombre, o el habla humana, siendo ella sola hablada por todo el género humano. Alguien dirá: Si la tierra fue dividida por las lenguas en los días de Peleg, hijo de Heber, aquella lengua, que antes era común a todos, debería más bien haberse llamado por Peleg. Pero hemos de entender que el mismo Heber dio a su hijo este nombre Peleg, que significa División; porque nació cuando la tierra fue dividida, es decir, en el momento mismo de la división, y que este es el significado de las palabras: «En sus días fue dividida la tierra.» [] Pues si Heber no hubiera estado todavía vivo cuando las lenguas se multiplicaron, la lengua que se conservó en su casa no habría sido llamada por él. Nos vemos inducidos a creer que esta fue la lengua primitiva y común, porque la multiplicación y el cambio de lenguas se introdujo como castigo, y es conveniente atribuir al pueblo de Dios una inmunidad de este castigo. Ni carece de significado que esta sea la lengua que Abraham retuvo, y que no pudo transmitirla a todos sus descendientes, sino solo a los de la línea de Jacob, quienes de manera distintiva y eminente constituyeron el pueblo de Dios, recibieron sus pactos y fueron progenitores de Cristo según la carne. De la misma manera, el mismo Heber no transmitió aquella lengua a toda su posteridad, sino solo a la línea de la cual brotó Abraham. Y así, aunque no se declara expresamente que, cuando los impíos edificaban Babilonia, quedaba una simiente piadosa, esta indistinción se propone estimular la investigación más bien que eludirla. Pues cuando vemos que originalmente hubo una lengua común, y que Heber es mencionado antes que todos los hijos de Sem, aunque pertenecía a la quinta generación desde él, y que la lengua que los patriarcas y profetas usaron, no solo en su conversación, sino en el lenguaje autoritativo de la Escritura, se llama hebrea, cuando se nos pregunta dónde se conservó aquella lengua primitiva y común después de la confusión de lenguas, ciertamente, como no puede haber duda de que aquellos entre quienes se conservó estaban exentos del castigo que ella encarnaba, ¿qué otra sugerencia podemos hacer, sino que sobrevivió en la familia de aquel cuyo nombre tomó, y que esta es una prueba no pequeña de la justicia de esta familia, que el castigo con que fueron visitadas las otras familias no cayó sobre ella?
    Pero aún se suscita otra cuestión: ¿Cómo fundaron Heber y su hijo Peleg cada uno una nación, si tenían una sola lengua? Pues sin duda la nación hebrea propagada desde Heber por Abraham, y que por medio de él llegó a ser un gran pueblo, es una sola nación. ¿Cómo, pues, se enumera a todos los hijos de las tres ramas de la familia de Noé como fundadores cada uno de una nación, si Heber y Peleg no lo hicieron? Es muy probable que el gigante Nemrod fundara también su nación, y que la Escritura lo haya nombrado aparte a causa de las dimensiones extraordinarias de su imperio y de su cuerpo, de modo que queda el número de setenta y dos naciones. Pero Peleg fue mencionado, no porque fundara una nación (pues su raza y lengua son hebreas), sino a causa del tiempo crítico en que nació, estando entonces dividida toda la tierra. Ni debemos sorprendernos de que el gigante Nemrod viviera hasta el tiempo en que Babilonia fue fundada y ocurrió la confusión de lenguas, y la consiguiente división de la tierra. Pues aunque Heber estaba en la sexta generación desde Noé, y Nemrod en la cuarta, no se sigue que no pudieran estar vivos al mismo tiempo. Pues cuando las generaciones son pocas, viven más tiempo y nacen más tarde; pero cuando son muchas, viven menos tiempo y vienen al mundo más temprano. Hemos de entender que, cuando la tierra fue dividida, los descendientes de Noé que están registrados como fundadores de naciones no solo habían nacido ya, sino que tenían edad para tener familias inmensas, dignas de ser llamadas tribus o naciones. Y por tanto, de ningún modo debemos suponer que nacieron en el orden en que fueron consignados; de lo contrario, ¿cómo pudieron los doce hijos de Joctán, otro hijo de Heber y hermano de Peleg, haber fundado ya naciones, si Joctán nació, como está registrado, después de su hermano Peleg, puesto que la tierra fue dividida en el nacimiento de Peleg? Hemos de entender, por tanto, que, aunque Peleg es nombrado primero, nació mucho después que Joctán, cuyos doce hijos tenían ya familias tan grandes que admitían ser divididas por diferentes lenguas. No hay nada extraordinario en que el último nacido sea nombrado primero: de los hijos de Noé, los descendientes de Jafet son nombrados primero; luego los hijos de Cam, que fue el segundo hijo; y por último los hijos de Sem, que fue el primero y el mayor. De estas naciones los nombres han sobrevivido en parte, de modo que hoy podemos ver de quiénes han brotado, como los asirios de Asur, los hebreos de Heber, pero en parte han sido alterados con el paso del tiempo, de modo que los hombres más doctos, mediante una profunda investigación en los registros antiguos, apenas han podido descubrir el origen, no digo de todas, sino de algunas de estas naciones. Hay, por ejemplo, nada en el nombre de egipcios que muestre que descienden de Misraim, hijo de Cam, ni en el nombre de etíopes que muestre una conexión con Cus, aunque se dice que tal es el origen de estas naciones. Y si hacemos un estudio general de los nombres, hallaremos que más han sido cambiados que los que han permanecido iguales.

    Capítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión

    XVI, 12

    Recorramos ahora el progreso de la ciudad de Dios desde la era del patriarca Abraham, a partir de cuyo tiempo comienza a ser más conspicua, y las promesas divinas que ahora se cumplen en Cristo se revelan más plenamente. Aprendemos, pues, de las indicaciones de la santa Escritura que Abraham nació en el país de los caldeos, tierra perteneciente al imperio asirio. Ahora bien, ya en aquel tiempo las supersticiones impías abundaban entre los caldeos, como entre otras naciones. La familia de Taré, a la cual pertenecía Abraham, era la única en la que sobrevivía el culto del Dios verdadero, y la única, podemos suponer, en la que se conservaba la lengua hebrea; aunque Josué, hijo de Nun, nos dice que aun esta familia servía a otros dioses en Mesopotamia. [] Los otros descendientes de Heber fueron gradualmente absorbidos en otras razas y otras lenguas. Y así, como la única familia de Noé fue preservada a través del diluvio de las aguas para renovar el género humano, así, en el diluvio de superstición que inundó todo el mundo, quedó solo la única familia de Taré, en la cual se conservó la semilla de la ciudad de Dios. Y como, cuando la Escritura ha enumerado las generaciones anteriores a Noé, con sus edades, y explicado la causa del diluvio antes de que Dios comenzara a hablar a Noé acerca de la construcción del arca, se dice: «Estas son las generaciones de Noé;» así también ahora, después de enumerar las generaciones desde Sem, hijo de Noé, hasta Abraham, señala entonces una era diciendo: «Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot. Y murió Harán antes que su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los caldeos. Y Abram y Nacor tomaron para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram era Sarai; y el nombre de la mujer de Nacor, Melcha, hija de Harán, padre de Melcha y padre de Isca.» [] Se supone que esta Isca es la misma que Sara, la mujer de Abraham.

    Capítulo 13

    Por qué, en el relato de la emigración de Taré, al abandonar a los caldeos y pasar a Mesopotamia, no se hace mención de su hijo Nacor

    XVI, 13

    A continuación se relata cómo Taré con su familia dejó la región de los caldeos, vino a Mesopotamia y habitó en Harán. Pero nada se dice de uno de sus hijos llamado Nacor, como si no lo hubiera llevado consigo. Pues la narración dice así: «Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sara su nuera, mujer de Abram su hijo, y los sacó de la región de los caldeos para ir a la tierra de Canaán; y llegaron a Harán y habitaron allí.» [] Nacor y Melcha su mujer no son nombrados aquí en ninguna parte. Pero después, cuando Abraham envió a su siervo a tomar mujer para su hijo Isaac, encontramos escrito así: «Y tomó el siervo diez camellos de los camellos de su señor, y de todos los bienes de su señor, consigo; y se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor.» [] Este y otros testimonios de esta historia sagrada muestran que Nacor, hermano de Abraham, también había dejado la región de los caldeos y establecido su morada en Mesopotamia, donde Abraham habitó con su padre. ¿Por qué, pues, la Escritura no lo mencionó cuando Taré con su familia salió de la nación de los caldeos y habitó en Harán, ya que menciona que tomó consigo no solo a Abraham su hijo, sino también a Sara su nuera y a Lot su nieto? La única razón que podemos pensar es que quizás él había decaído de la piedad de su padre y de su hermano, y se adhirió a la superstición de los caldeos, y después emigró de allí, o por penitencia, o porque fue perseguido como persona sospechosa. Pues en el libro llamado Judit, cuando Holofernes, enemigo de los israelitas, preguntó qué clase de nación era aquella y si debía hacérseles guerra, Aquior, jefe de los amonitas, le respondió así: «Oiga ahora nuestro señor una palabra de la boca de tu siervo, y yo te declararé la verdad acerca del pueblo que habita cerca de ti en esta región montañosa, y no saldrá mentira de la boca de tu siervo. Porque este pueblo desciende de los caldeos, y habitaron antiguamente en Mesopotamia, porque no quisieron seguir a los dioses de sus padres, que eran gloriosos en la tierra de los caldeos, sino que se apartaron del camino de sus antepasados y adoraron al Dios del cielo, a quien conocieron; y los expulsaron de delante de sus dioses, y huyeron a Mesopotamia y habitaron allí muchos días. Y su Dios les dijo que salieran de su habitación y fueran a la tierra de Canaán; y habitaron,» etc., como narra Aquior el amonita. De donde es manifiesto que la casa de Taré había sufrido persecución de los caldeos por la verdadera piedad con que adoraban al único y verdadero Dios.

    Capítulo 14. De los años de Taré, quien completó su vida en Harán

    XVI, 14

    Al morir Taré en Mesopotamia, donde se dice que vivió 205 años, comienzan ahora a señalarse las promesas que Dios hizo a Abraham; pues así está escrito: «Y fueron los días de Taré en Harán doscientos cinco años, y murió Taré en Harán.» [] Esto no debe tomarse como si hubiera pasado allí todos sus días, sino que allí completó los días de su vida, que fueron doscientos cinco años; de otro modo no se sabría cuántos años vivió Taré, puesto que no se dice en qué año de su vida llegó a Harán; y es absurdo suponer que, en esta serie de generaciones, donde se registra cuidadosamente cuántos años vivió cada uno, la edad de él fuera la única no puesta por escrito. Pues aunque algunos a quienes menciona la misma Escritura no tienen registrada su edad, no están en esta serie, en la que el cómputo del tiempo se indica continuamente por la muerte de los padres y la sucesión de los hijos. Porque esta serie, que se da en orden desde Adán hasta Noé, y desde él hasta Abraham, no contiene a nadie sin el número de los años de su vida.

    Capítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán

    XVI, 15

    Cuando, después del registro de la muerte de Taré, padre de Abraham, leemos a continuación: «Y dijo el Señor a Abram: Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre» [], etc., no se ha de suponer, porque esto sigue en el orden de la narración, que también siguió en el orden cronológico de los acontecimientos. Pues si fuera así, habría una dificultad insoluble. Porque después de estas palabras de Dios dichas a Abraham, la Escritura dice: «Y salió Abram, como el Señor le había dicho; y Lot fue con él. Abraham tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán.» [] ¿Cómo puede ser esto verdad si salió de Harán después de la muerte de su padre? Pues cuando Taré tenía setenta años, como se indica arriba, engendró a Abraham; y si a este número añadimos los setenta y cinco años que Abraham contaba cuando salió de Harán, obtenemos 145 años. Por tanto, ese era el número de años de Taré cuando Abraham salió de aquella ciudad de Mesopotamia; pues había alcanzado el septuagésimo quinto año de su vida, y así su padre, que lo engendró en el septuagésimo año de su vida, había alcanzado, como se dijo, su año 145. Por consiguiente, no salió de allí después de la muerte de su padre, es decir, después de los 205 años que vivió su padre; sino que el año de su partida de aquel lugar, siendo su septuagésimo quinto, se infiere sin duda que fue el 145 de su padre, que lo engendró en su septuagésimo año. Y así ha de entenderse que la Escritura, según su costumbre, ha retrocedido al tiempo ya pasado en la narración; así como arriba, cuando mencionó a los nietos de Noé, dijo que estaban en sus naciones y lenguas; y sin embargo después, como si esto también hubiera seguido en orden de tiempo, dice: «Y toda la tierra era de un solo labio y de una sola habla para todos.» [] ¿Cómo, pues, podía decirse que estaban en sus propias naciones y según sus propias lenguas, si había una sola para todos; sino porque la narración retrocede para recoger lo que había pasado por alto? Aquí también, del mismo modo, después de decir: «Y fueron los días de Taré en Harán doscientos cinco años, y murió Taré en Harán,» la Escritura, retrocediendo a lo que había pasado por alto para completar lo que había comenzado acerca de Taré, dice: «Y dijo el Señor a Abram: Sal de tu tierra,» [] etc. Después de estas palabras de Dios se añade: «Y salió Abram, como el Señor le habló; y Lot fue con él. Pero Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán.» Por tanto, esto se hizo cuando su padre estaba en el año 145 de su edad; pues era entonces el septuagésimo quinto de la suya. Pero esta cuestión se resuelve también de otra manera, a saber, que los setenta y cinco años de Abraham cuando salió de Harán se cuentan desde el año en que fue librado del fuego de los caldeos, no desde el de su nacimiento, como si más bien debiera considerarse nacido entonces.
    Ahora bien, el bienaventurado Esteban, al narrar estas cosas en los Hechos de los Apóstoles, dice: «El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes de morar en Harán, y le dijo: Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, y ven a la tierra que te mostraré.» [] Según estas palabras de Esteban, Dios habló a Abraham no después de la muerte de su padre, quien ciertamente murió en Harán, donde su hijo también moraba con él, sino antes de que morara en aquella ciudad, aunque ya estaba en Mesopotamia. Por tanto, ya había salido de los caldeos. De modo que cuando Esteban añade: «Entonces Abraham salió de la tierra de los caldeos y habitó en Harán,» [] esto no señala lo que sucedió después de que Dios le habló (pues no fue después de estas palabras de Dios que salió de la tierra de los caldeos, ya que dice que Dios le habló en Mesopotamia), sino que la palabra «entonces» que usa se refiere a todo aquel período desde su salida de la tierra de los caldeos y su morada en Harán. Asimismo, en lo que sigue: «Y de allí, cuando su padre murió, lo trasladó a esta tierra, en la cual vosotros habitáis ahora, y vuestros padres,» no dice que después de muerto su padre salió de Harán; sino que de allí lo estableció aquí, después de muerto su padre. Ha de entenderse, por tanto, que Dios había hablado a Abraham cuando estaba en Mesopotamia, antes de morar en Harán; pero que vino a Harán con su padre, teniendo presente el precepto de Dios, y que salió de allí en su septuagésimo quinto año, que era el 145 de su padre. Pero dice que su establecimiento en la tierra de Canaán, no su salida de Harán, tuvo lugar después de la muerte de su padre; porque su padre ya había muerto cuando compró la tierra y entró personalmente en posesión de ella. Pero cuando, habiéndose establecido ya en Mesopotamia, es decir, habiendo ya salido de la tierra de los caldeos, Dios dice: «Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre,» [] esto significa, no que debiera sacar su cuerpo de allí, pues eso ya lo había hecho, sino que debiera arrancar su alma. Pues no había salido de allí en su mente, si estaba retenido por la esperanza y el deseo de volver—esperanza y deseo que habían de ser cortados por el mandato y la ayuda de Dios, y por su propia obediencia. No sería ciertamente una suposición increíble que después, cuando Nacor siguió a su padre, Abraham cumpliera entonces el precepto del Señor, de salir de Harán con Sara su mujer y Lot, hijo de su hermano.

    Capítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham

    XVI, 16

    Deben considerarse ahora las promesas de Dios hechas a Abraham; pues en ellas los oráculos de nuestro Dios, es decir, del Dios verdadero, comenzaron a aparecer más abiertamente acerca del pueblo piadoso, al que anunció la autoridad profética. La primera de ellas dice así: «Y dijo el Señor a Abram: Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, y ve a una tierra que te mostraré; y haré de ti una gran nación, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre; y serás bendito; y bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan; y en ti serán benditas todas las tribus de la tierra.» [] Ahora bien, ha de observarse que se prometen dos cosas a Abraham: la una, que su descendencia poseería la tierra de Canaán, lo cual se indica cuando se dice: «Ve a una tierra que te mostraré, y haré de ti una gran nación;» pero la otra, mucho más excelente, no acerca de la descendencia carnal sino de la espiritual, por la cual él es padre, no de la única nación israelita, sino de todas las naciones que siguen las huellas de su fe, la cual fue prometida primero en estas palabras: «Y en ti serán benditas todas las tribus de la tierra.» Eusebio pensó que esta promesa fue hecha en el septuagésimo quinto año de Abraham, como si poco después de hecha Abraham hubiera salido de Harán, porque no se puede contradecir la Escritura en la que leemos: «Abram tenía setenta y cinco años cuando salió de Harán.» Pero si esta promesa se hizo en ese año, entonces, por supuesto, Abraham estaba en Harán con su padre; pues no podía salir de allí a menos que primero hubiera habitado allí. ¿Contradice, pues, esto lo que dice Esteban, «El Dios de la gloria apareció a nuestro padre Abraham, cuando estaba en Mesopotamia, antes de morar en Carán?» [] Pero ha de entenderse que todo tuvo lugar en el mismo año—tanto la promesa de Dios antes de que Abraham morara en Harán, como su morada en Harán, y su salida de allí—no solo porque Eusebio en las Crónicas cuenta desde el año de esta promesa y muestra que después de 430 años tuvo lugar el éxodo de Egipto, cuando se dio la ley, sino porque también el apóstol Pablo lo menciona.

    Capítulo 17

    De los tres reinos más famosos de las naciones, de los cuales uno, a saber, el asirio, era ya muy eminente cuando nació Abraham

    XVI, 17

    Durante el mismo período hubo tres reinos famosos de las naciones, en los cuales floreció principalmente la ciudad de los nacidos de la tierra, es decir, la sociedad de los hombres que viven según el hombre bajo la dominación de los ángeles caídos, a saber, los tres reinos de Sición, Egipto y Asiria. De estos, Asiria era con mucho el más poderoso y sublime; pues aquel rey Nino, hijo de Belo, había sometido a los pueblos de toda Asia excepto la India. Por Asia no me refiero ahora a aquella parte que es una provincia de esta Asia mayor, sino a lo que se llama Asia Universal, que algunos consideran la mitad, pero la mayoría como la tercera parte de todo el mundo—siendo las tres Asia, Europa y África, haciendo así una división desigual. Pues la parte llamada Asia se extiende desde el sur a través del este hasta el norte; Europa desde el norte hasta el oeste; y África desde el oeste hasta el sur. Así vemos que dos, Europa y África, contienen una mitad del mundo, y Asia sola la otra mitad. Y estas dos partes están hechas por la circunstancia de que entre ellas entra desde el océano toda el agua mediterránea, que forma este gran mar nuestro. De modo que, si divides el mundo en dos partes, el este y el oeste, Asia estará en una, y Europa y África en la otra. Así, de los tres reinos entonces famosos, uno, a saber, Sición, no estaba bajo los asirios, porque estaba en Europa; pero en cuanto a Egipto, ¿cómo podía dejar de estar sujeto al imperio que gobernaba toda Asia con la única excepción de la India? En Asiria, por tanto, el dominio de la ciudad impía tenía la preeminencia. Su cabeza era Babilonia—una ciudad nacida de la tierra, nombre muy apropiado, pues significa confusión. Allí reinó Nino después de la muerte de su padre Belo, quien primero había reinado allí sesenta y cinco años. Su hijo Nino, quien, a la muerte de su padre, sucedió en el reino, reinó cincuenta y dos años, y había sido rey cuarenta y tres años cuando nació Abraham, lo cual fue alrededor del año 1200 antes de la fundación de Roma, como otra Babilonia en el occidente.

    Capítulo 18

    De la repetida alocución de Dios a Abraham, en la que prometió la tierra de Canaán a él y a su descendencia

    XVI, 18

    Abraham, pues, habiendo salido de Harán en el septuagésimo quinto año de su propia edad, y en el ciento cuarenta y cinco de su padre, fue con Lot, hijo de su hermano, y Sara su mujer, a la tierra de Canaán, y llegó hasta Siquem, donde de nuevo recibió el oráculo divino, del cual está escrito así: «Y apareció el Señor a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra.» [] Aquí no se promete nada acerca de aquella descendencia en la que es hecho padre de todas las naciones, sino solo acerca de aquella por la que es padre de la única nación israelita; pues por esta descendencia fue poseída aquella tierra.

    Capítulo 19

    De la preservación divina de la castidad de Sara en Egipto, cuando Abraham la llamó no su esposa sino su hermana

    XVI, 19

    Habiendo edificado allí un altar, e invocado a Dios, Abraham partió de allí y habitó en el desierto, y fue compelido por la presión del hambre a pasar a Egipto. Allí llamó a su esposa su hermana, y no dijo mentira alguna. Pues esto era también, porque era de sangre cercana; así como Lot, por razón de la misma cercanía, siendo hijo de su hermano, es llamado su hermano. Ahora bien, no negó que fuera su esposa, sino que guardó silencio al respecto, encomendando a Dios la defensa de la castidad de su esposa, y proveyendo como hombre contra las astucias humanas; porque si no hubiera provisto contra el peligro tanto como podía, habría estado tentando a Dios antes que confiando en Él. Hemos dicho bastante sobre este asunto contra las calumnias de Fausto el maniqueo. Al fin tuvo lugar lo que Abraham había esperado que el Señor hiciera. Pues Faraón, rey de Egipto, que la había tomado para sí como esposa, la devolvió a su marido al ser severamente castigado con plagas. Y lejos esté de nosotros creer que ella fue mancillada por yacer con otro; porque es mucho más creíble que, por estas grandes aflicciones, a Faraón no le fue permitido hacer esto.

    Capítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad

    XVI, 20

    Al regresar Abraham de Egipto al lugar que había dejado, Lot, hijo de su hermano, se apartó de él hacia la tierra de Sodoma, sin quebranto de la caridad. Pues se habían enriquecido, y comenzaron a tener muchos pastores de ganado, y cuando estos contendieron entre sí, evitaron de esta manera la pugnaz discordia de sus familias. En efecto, según van los asuntos humanos, esta causa podría incluso haber dado origen a alguna contienda entre ellos mismos. Por consiguiente, estas son las palabras de Abraham a Lot, cuando tomaba precaución contra este mal, «No haya contienda entre mí y ti, ni entre mis pastores y tus pastores; porque somos hermanos. He aquí, ¿no está toda la tierra delante de ti? Sepárate de mí: si vas a la izquierda, yo iré a la derecha; o si vas a la derecha, yo iré a la izquierda.» [] De esto, quizás, ha surgido una costumbre pacífica entre los hombres, que cuando hay alguna partición de cosas terrenas, el mayor haga la división, el menor la elección.

    Capítulo 21

    De la tercera promesa de Dios, por la cual aseguró la tierra de Canaán a Abraham y a su descendencia a perpetuidad

    XVI, 21

    Ahora bien, cuando Abraham y Lot se hubieron separado, y habitaron aparte, debido a la necesidad de sustentar a sus familias, y no a vil discordia, y Abraham estaba en la tierra de Canaán, pero Lot en Sodoma, el Señor dijo a Abraham en un tercer oráculo, «Alza tus ojos, y mira desde el lugar donde ahora estás, hacia el norte, y hacia África, y hacia el oriente, y hacia el mar; porque toda la tierra que ves, a ti te la daré, y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra: si alguno puede contar el polvo de la tierra, tu descendencia también será contada. Levántate, y recorre la tierra, a lo largo de ella, y a lo ancho de ella; porque a ti te la daré.» [] No aparece claramente si en esta promesa está contenida también aquella por la cual es hecho padre de todas las naciones. Pues la cláusula, «Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra,» puede parecer referirse a esto, siendo dicha por aquella figura que los griegos llaman hipérbole, la cual ciertamente es figurada, no literal. Pero ninguna persona de entendimiento puede dudar de qué manera usa la Escritura esta y otras figuras. Pues aquella figura (es decir, modo de hablar) se usa cuando lo que se dice es mucho mayor que lo que con ella se quiere significar; pues ¿quién no ve cuán incomparablemente mayor debe ser el número del polvo que el de todos los hombres que puede haber desde Adán mismo hasta el fin del mundo? ¡Cuánto mayor, pues, debe ser que la descendencia de Abraham—no solo la que pertenece a la nación de Israel, sino también la que es y será según la imitación de la fe en todas las naciones de todo el ancho mundo! Pues aquella descendencia es ciertamente muy pequeña en comparación con la multitud de los impíos, aunque incluso aquellos pocos por sí mismos forman una multitud innumerable, que por hipérbole es comparada al polvo de la tierra. Verdaderamente aquella multitud que fue prometida a Abraham no es innumerable para Dios, aunque lo sea para el hombre; pero para Dios ni siquiera el polvo de la tierra lo es. Además, la promesa aquí hecha puede entenderse no solo de la nación de Israel, sino de toda la descendencia de Abraham, que puede ser aptamente comparada al polvo por su multitud, porque respecto a ella también hay la promesa de muchos hijos, no según la carne, sino según el espíritu. Pero por eso hemos dicho que esto no aparece claramente, porque la multitud incluso de aquella única nación, que nació según la carne de Abraham por medio de su nieto Jacob, ha crecido tanto que ha llenado casi todas las partes del mundo. Por consiguiente, incluso ella podría por hipérbole ser comparada al polvo por su multitud, porque aun ella sola es innumerable para el hombre. Ciertamente nadie cuestiona que solo aquella tierra es la que se llama Canaán. Pero aquella expresión, «A ti te la daré, y a tu descendencia para siempre,» puede mover a algunos, si por «para siempre» entienden «a la eternidad.» Pero si en este pasaje toman «para siempre» así, como firmemente sostenemos que significa que el comienzo del mundo venidero ha de ordenarse desde el fin del presente, no hay aún dificultad alguna, porque, aunque los israelitas son expulsados de Jerusalén, todavía permanecen en otras ciudades en la tierra de Canaán, y permanecerán hasta el fin; y cuando toda aquella tierra sea habitada por cristianos, ellos también son la misma descendencia de Abraham.

    Capítulo 22

    De la victoria de Abraham sobre los enemigos de Sodoma, cuando libró a Lot del cautiverio y fue bendecido por Melquisedec el sacerdote

    XVI, 22

    Habiendo recibido este oráculo de promesa, Abraham emigró, y permaneció en otro lugar de la misma tierra, es decir, junto a la encina de Mamré, que era Hebrón. Entonces, en la invasión de Sodoma, cuando cinco reyes hicieron guerra contra cuatro, y Lot fue tomado cautivo con los sodomitas vencidos, Abraham lo libró del enemigo, llevando consigo a la batalla trescientos dieciocho de sus siervos nacidos en casa, y ganó la victoria para los reyes de Sodoma, pero no quiso tomar nada del botín que le ofrecía el rey por quien lo había ganado. Fue entonces abiertamente bendecido por Melquisedec, que era sacerdote del Dios Altísimo, acerca del cual muchas y grandes cosas están escritas en la epístola que se inscribe a los Hebreos, que la mayoría dice ser del apóstol Pablo, aunque algunos lo niegan. Pues entonces apareció por primera vez el sacrificio que ahora es ofrecido a Dios por los cristianos en todo el ancho mundo, y se cumple aquello que mucho después del acontecimiento fue dicho por el profeta a Cristo, que aún había de venir en la carne, «Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec,» — es decir, no según el orden de Aarón, pues aquel orden había de ser quitado cuando resplandecieran las cosas que eran intimadas de antemano por estas sombras.

    Capítulo 23

    De la palabra del Señor a Abraham, por la cual se le prometió que su posteridad sería multiplicada según la multitud de las estrellas; creyendo lo cual fue declarado justificado estando aún en la incircuncisión

    XVI, 23

    La palabra del Señor vino a Abraham también en una visión. Pues cuando Dios le prometió protección y galardón sumamente grande, él, estando solícito acerca de la posteridad, dijo que un cierto Eliezer de Damasco, nacido en su casa, sería su heredero. Inmediatamente le fue prometido un heredero, no aquel siervo nacido en casa, sino uno que había de salir del propio Abraham; y de nuevo una descendencia innumerable, no como el polvo de la tierra, sino como las estrellas del cielo,— lo cual más bien me parece una promesa de una posteridad exaltada en felicidad celestial. Pues, en lo que se refiere a la multitud, ¿qué son las estrellas del cielo comparadas con el polvo de la tierra, a menos que alguien dijera que la comparación es semejante en cuanto a que las estrellas tampoco pueden contarse? Pues no ha de creerse que todas ellas pueden verse. Pues cuanto más agudamente las observa uno, más ve. De modo que ha de suponerse que algunas permanecen ocultas a los observadores más agudos, por no hablar de aquellas estrellas que se dice que salen y se ponen en otra parte del mundo muy remota de nosotros. Finalmente, la autoridad de este libro condena a aquellos como Arato o Eudoxo, o cualesquiera otros que se jactan de haber hallado y escrito el número completo de las estrellas. Aquí, ciertamente, está puesta aquella sentencia que el apóstol cita para encomendar la gracia de Dios, «Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia;» para que la circuncisión no se gloríe, y no quiera recibir a las naciones incircuncisas en la fe de Cristo. Pues en el tiempo en que creyó, y su fe le fue contada por justicia, Abraham no había sido aún circuncidado.

    Capítulo 24

    Del significado del sacrificio que se mandó a Abraham ofrecer cuando suplicó ser instruido acerca de aquellas cosas que había creído

    XVI, 24

    En la misma visión, Dios hablándole dice también, «Yo soy Dios que te saqué de la región de los caldeos, para darte esta tierra en herencia.» [] Y cuando Abram preguntó por qué señal podría conocer que la heredaría, Dios le dijo, «Tómame una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, y una tórtola, y un pichón. Y tomó para sí todas estas cosas, y las dividió por la mitad, y puso cada pieza una frente a otra; pero las aves no las dividió. Y las aves de rapiña descendieron,» como está escrito, «sobre los cadáveres, y Abram se sentó junto a ellos. Pero a la puesta del sol, gran temor cayó sobre Abram; y, he aquí, un horror de gran oscuridad cayó sobre él. Y Él dijo a Abram: Sabe de cierto que tu descendencia será extranjera en una tierra no suya, y los reducirán a servidumbre y los afligirán cuatrocientos años: pero a la nación a la cual servirán juzgaré yo; y después saldrán de allí con gran sustancia. Y tú irás a tus padres en paz; conservado en buena vejez. Pero en la cuarta generación volverán acá: porque la iniquidad de los amorreos no está aún completa. Y cuando el sol se ponía, hubo una llama, y un horno humeante, y lámparas de fuego, que pasaron por entre aquellas piezas. En aquel día hizo el Señor un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates: los ceneos, y los cenezeos, y los cadmoneos, y los hititas, y los ferezeos, y los refaítas, y los amorreos, y los cananeos, y los heveos, y los gergeseos, y los jebuseos.» []
    Todas estas cosas fueron dichas y hechas en una visión de Dios; pero llevaría mucho tiempo, y excedería el alcance de esta obra, tratarlas exactamente en detalle. Basta que sepamos que, después que se dijo que Abram creyó en Dios, y le fue contado por justicia, no faltó en la fe al decir, «Señor Dios, ¿por qué señal conoceré que la he de heredar?» pues la herencia de aquella tierra le fue prometida. Ahora bien, no dice, ¿Cómo lo sabré?, como si aún no creyera; sino que dice, «¿Por qué señal lo conoceré,» dando a entender que se le diera alguna señal por la cual pudiera conocer la manera de aquellas cosas que había creído, así como no es por falta de fe que la Virgen María dice, «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» [] pues ella preguntaba acerca del modo en que habría de realizarse aquello que estaba cierta que sucedería. Y cuando preguntó esto, se le dijo, «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.» [] Aquí también, en fin, se dio un símbolo, consistente en tres animales, una becerra, una cabra y un carnero, y dos aves, una tórtola y un pichón, para que supiera que las cosas que no había dudado que sucederían habrían de acontecer conforme a este símbolo. Por tanto, ya sea que la becerra fuera una señal de que el pueblo habría de ser puesto bajo la ley, la cabra de que el mismo pueblo habría de volverse pecador, el carnero de que reinarían (y se dice que estos animales son de tres años por esta razón, que hay tres divisiones notables del tiempo, desde Adán hasta Noé, y desde él hasta Abraham, y desde él hasta David, quien, al ser rechazado Saúl, fue primeramente establecido por la voluntad del Señor en el reino de la nación israelita: en esta tercera división, que se extiende desde Abraham hasta David, aquel pueblo creció como si pasara por la tercera edad de la vida), o bien tenían algún otro significado más adecuado, todavía no tengo duda alguna de que las cosas espirituales fueron prefiguradas por ellos así como por la tórtola y el pichón. Y se dice, «Pero las aves no las dividió,» porque los hombres carnales están divididos entre sí, pero los espirituales de ningún modo, ya sea que se aparten de la bulliciosa conversación de los hombres, como la tórtola, o habiten entre ellos, como el pichón; pues ambas aves son simples e inofensivas, significando que aun en el pueblo israelita, al cual se había de dar aquella tierra, habría individuos que eran hijos de la promesa, y herederos del reino que ha de permanecer en felicidad eterna. Pero las aves de rapiña descendiendo sobre los cadáveres divididos no representan nada bueno, sino los espíritus de este aire, buscando algún alimento para sí mismos en la división de los hombres carnales. Pero que Abraham se sentara con ellos significa que aun en medio de estas divisiones de los carnales, los verdaderos creyentes perseverarán hasta el fin. Y que a la puesta del sol gran temor cayera sobre Abraham y un horror de gran oscuridad, significa que cerca del fin de este mundo los creyentes estarán en gran perturbación y tribulación, de la cual dijo el Señor en el evangelio, «Porque entonces habrá gran tribulación, cual no la hubo desde el principio.» []
    Pero lo que se dice a Abraham, «Sabe de cierto que tu descendencia será extranjera en una tierra no suya, y los reducirán a servidumbre, y los afligirán 400 años,» es clarísimamente una profecía acerca del pueblo de Israel que habría de estar en servidumbre en Egipto. No que este pueblo hubiera de estar en aquella servidumbre bajo los opresivos egipcios por 400 años, sino que se predice que esto tendría lugar en el curso de aquellos 400 años. Pues como está escrito de Taré el padre de Abraham, «Y los días de Taré en Harán fueron 205 años,» [] no porque todos se pasaran allí, sino porque se completaron allí, así se dice aquí también, «Y los reducirán a servidumbre, y los afligirán 400 años,» por esta razón, porque aquel número se completó, no porque todo se pasara en aquella aflicción. Se dice que los años son 400 en números redondos, aunque fueron un poco más—ya sea que cuentes desde este tiempo, cuando estas cosas fueron prometidas a Abraham, o desde el nacimiento de Isaac, como la descendencia de Abraham, de la cual estas cosas se predicen. Pues, como ya hemos dicho arriba, desde el año setenta y cinco de Abraham, cuando le fue hecha la primera promesa, hasta el éxodo de Israel de Egipto, se cuentan 430 años, los cuales el apóstol menciona así: «Y esto digo: que el pacto confirmado por Dios, la ley, que fue hecha 430 años después, no puede anularlo, para hacer de ningún efecto la promesa.» [] Así pues, estos 430 años podrían llamarse 400, porque no son mucho más, especialmente puesto que parte incluso de aquel número ya había pasado cuando estas cosas fueron mostradas y dichas a Abraham en visión, o cuando Isaac nació en el año centésimo de su padre, veinticinco años después de la primera promesa, cuando de estos 430 años quedaban entonces 405, los cuales Dios tuvo a bien llamar 400. Nadie dudará que las otras cosas que siguen en las palabras proféticas de Dios pertenecen al pueblo de Israel.
    Cuando se añade, «Y cuando el sol se estaba poniendo hubo una llama, y he aquí, un horno humeante, y lámparas de fuego, que pasaron por entre aquellas piezas,» esto significa que al fin del mundo los carnales serán juzgados por fuego. Pues así como la aflicción de la ciudad de Dios, tal como nunca fue antes, que se espera que tenga lugar bajo el Anticristo, fue significada por el horror de Abraham de gran oscuridad a la puesta del sol, es decir, cuando el fin del mundo se acerca—así a la puesta del sol, es decir, en el mismísimo fin del mundo, es significado por aquel fuego el día del juicio, que separa a los carnales que han de ser salvados por fuego de aquellos que han de ser condenados en el fuego. Y entonces el pacto hecho con Abraham particularmente expone la tierra de Canaán, y nombra once tribus en ella desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates. No es pues desde el gran río de Egipto, es decir, el Nilo, sino desde uno pequeño que separa Egipto de Palestina, donde está la ciudad de Rinocorura.

    Capítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham

    XVI, 25

    Y aquí siguen los tiempos de los hijos de Abraham, el uno de Agar la sierva, el otro de Sara la libre, de quienes ya hemos hablado en el libro anterior. En cuanto a este asunto, Abraham de ningún modo ha de ser tachado de culpable respecto de esta concubina, pues la usó para engendrar descendencia, no para gratificación de la concupiscencia; y no para insultar, sino más bien para obedecer a su esposa, que supuso que sería consuelo de su esterilidad si podía servirse del vientre fecundo de su sierva para suplir el defecto de su propia naturaleza, y por aquella ley de la que dice el apóstol, «Asimismo tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer,» [] podía, como esposa, servirse de él para engendrar hijos por medio de otra, cuando no podía hacerlo en su propia persona. Aquí no hay concupiscencia desenfrenada, ni lascivia obscena. La sierva es entregada al marido por la esposa por causa de la descendencia, y es recibida por el marido por causa de la descendencia, buscando cada uno, no exceso culpable, sino fruto natural. Y cuando la sierva encinta despreció a su señora estéril, y Sara, con celos mujeriles, echó más bien la culpa de esto a su marido, aun entonces mostró Abraham que no era un amante esclavizado, sino un libre engendrador de hijos, y que al servirse de Agar había guardado la castidad de Sara su esposa, y había complacido la voluntad de ella y no la suya—la había recibido sin buscarla, se había allegado a ella sin apego, la había fecundado sin amarla—pues dice, «He aquí tu sierva está en tus manos; haz con ella lo que bien te parezca;» [] un hombre capaz de usar de las mujeres como debe un hombre—a su esposa con templanza, a su sierva con condescendencia, ¡a ninguna con intemperancia!

    Capítulo 26

    Del testimonio de Dios a Abraham, por el cual le asegura, ya anciano, un hijo de la estéril Sara, y le constituye padre de las naciones, y sella su fe en la promesa por el sacramento de la circuncisión

    XVI, 26

    Después de estas cosas nació Ismael de Agar; y Abraham pudo pensar que en él se había cumplido lo que Dios le había prometido, diciendo, cuando quiso adoptar a su siervo nacido en casa, «No será este tu heredero; sino el que saldrá de tus entrañas, ese será tu heredero.» [] Por tanto, para que no pensara que lo prometido se había cumplido en el hijo de la sierva, «cuando Abram tenía noventa y nueve años, se le apareció Dios y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto, y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.»
    Aquí hay promesas más distintas sobre la llamada de las naciones en Isaac, es decir, en el hijo de la promesa, por el cual se significa la gracia y no la naturaleza; pues el hijo es prometido de un anciano y de una anciana estéril. Porque aunque Dios obra también el curso natural de la procreación, sin embargo, donde la acción de Dios es manifiesta, por la decadencia o el fallo de la naturaleza, la gracia se discierne más claramente. Y como esto había de realizarse no por generación, sino por regeneración, se ordenó entonces la circuncisión, cuando se prometió un hijo de Sara. Y al ordenar que todos, no solo los hijos, sino también los siervos nacidos en casa y los comprados, fueran circuncidados, testifica que esta gracia pertenece a todos. Pues ¿qué otra cosa significa la circuncisión sino una naturaleza renovada al despojarse de lo viejo? ¿Y qué otra cosa significa el octavo día sino Cristo, que resucitó cuando se completó la semana, es decir, después del sábado? Los mismos nombres de los padres son cambiados: todas las cosas proclaman novedad, y el nuevo pacto está prefigurado en el antiguo. Pues ¿qué implica el término antiguo pacto sino el ocultamiento del nuevo? ¿Y qué implica el término nuevo pacto sino la revelación del antiguo? La risa de Abraham es la exultación del que se regocija, no la risa burlona del que desconfía. Y aquellas palabras suyas en su corazón, «¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?» no son palabras de duda, sino de asombro. Y cuando se dice, «Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en la que eres extranjero, toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua,» si a alguien le preocupa si esto ha de tenerse por cumplido, o si su cumplimiento aún ha de esperarse, puesto que ninguna clase de posesión terrenal puede ser perpetua para nación alguna, sepa que la palabra traducida perpetua por nuestros escritores es lo que los griegos llaman αἰώνιον, que deriva de αἰὼν, el término griego para sæculum, una edad. Pero los latinos no se han atrevido a traducir esto por secular, no sea que cambiaran el significado a algo muy diferente. Pues muchas cosas se llaman seculares que en este mundo ocurren de tal modo que pasan incluso en poco tiempo; pero lo que se llama αἰώνιον o no tiene fin, o dura hasta el fin mismo de este mundo.
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