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  1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
  2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
  3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
  4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
  5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
  6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
  7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
  8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
  9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
  10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
  11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
  12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
  13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
  14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
  15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
  16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
  17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
  18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
  19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
  20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
  21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
  22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
  23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
  24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
  25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
  26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
  27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
  28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
  29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
  30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
  31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
  32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
  33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
  34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
  35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
  36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
  37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
  38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
  39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
  40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
  41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
  42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
  43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
  44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
  45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
  46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
  47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
  48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
  49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
  50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
  51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
  52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
  53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
  54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
  55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
  56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
  57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
  58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
  59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
  60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
  61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
  62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
  63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
  64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
  65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
  66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
  67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
  68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
  69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
  70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
  71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
  72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
  73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
  74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
  75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
  76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
  77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
  78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
  79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
  80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
  81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
  82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
  83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
  84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
  85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
  86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
  87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
  88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
  89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
  90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
  91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
  92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
  93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
  94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
  95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
  96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
  97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
  98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
  99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
  100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
  101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
  102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
  103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
  104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
  105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
  106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
  107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
  108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
  109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
  110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
  111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
  112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
  113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
  114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
  115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
  116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
  117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
  118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
  119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
  120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
  121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
  122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
  123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
  124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
  125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
  126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
  127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
  128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
  129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
  130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
  131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
  132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
  133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
  134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
  135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
  136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
  137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
  138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
  139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
  140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
  141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
  142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
  143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
  144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
  145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
  146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
  147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
  148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
  149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
  150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
  151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
  152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
  153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
  154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
  155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
  156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
  157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
  158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
  159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
  160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
  161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
  162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
  163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
  164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
  165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
  166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
  167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
  168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
  169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
  170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
  171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
  172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
  173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
  174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
  175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
  176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
  177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
  178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
  179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
  180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
  181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
  182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
  183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
  184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
  185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
  186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
  187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
  188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
  189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
  190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
  191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
  192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
  193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
  194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
  195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
  196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
  197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
  198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
  199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
  200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
  201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
  202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
  203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
  204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
  205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
  206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
  207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
  208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
  209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
  210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
  211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
  212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
  213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
  214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
  215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
  216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
  217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
  218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
  219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
  220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
  221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
  222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
  223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
  224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
  225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
  226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
  227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
  228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
  229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
  230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
  231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
  232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
  233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
  234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
  235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
  236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
  237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
  238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
  239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
  240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
  241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
  242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
  243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
  244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
  245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
  246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
  247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
  248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
  249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
  250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
  251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
  252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
  253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
  254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
  255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
  256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
  257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
  258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
  259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
  260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
  261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
  262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
  263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
  264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
  265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
  266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
  267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
  268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
  269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
  270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
  271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
  272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
  273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
  274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
  275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
  276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
  277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
  278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
  279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
  280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
  281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
  282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
  283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
  284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
  285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
  287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
  288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
  289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
  290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
  291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
  292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
  293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
  294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
  295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
  296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
  297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
  298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
  299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
  300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
  301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
  302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
  303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
  304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
  305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
  306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
  307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
  308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
  309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
  310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
  311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
  312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
  313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
  314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
  315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
  316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
  317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
  318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
  319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
  320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
  321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
  322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
  323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
  324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
  325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
  326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
  327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
  328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
  329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

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    TEXTOS — AGUSTÍN DE HIPONA

    Índice de la obra

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    La ciudad de Dios

    413–426 · Traducción castellana directa de la versión inglesa de Marcus Dods (Nicene and Post-Nicene Fathers)42 minPosición: 0% de esta parteParte 44 de 52 · Capítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del AntiguoPublicado el Actualizado el Ref. ESC-AGU-CIV

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    1. Sesión 1 · Parte 1 · ≈ 7 minFicha de la obra
    2. Sesión 2 · Parte 1 · ≈ 8 minLa fuente y su traducción
    3. Sesión 3 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 2
    4. Sesión 4 · Parte 1 · ≈ 8 minCapítulo 5. Declaración de César sobre la costumbre universal de un enemigo al saquear una ciudad
    5. Sesión 5 · Parte 1 · ≈ 6 minCapítulo 9. De las razones por las que se administra juntamente corrección a malos y buenos
    6. Sesión 6 · Parte 1 · ≈ 7 minCapítulo 10. Que los santos nada pierden perdiendo los bienes temporales
    7. Sesión 7 · Parte 1 · ≈ 2 minCapítulo 11. Del fin de esta vida, y si importa que se difiera por largo tiempo
    8. Sesión 8 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la sepultura de los muertos: que el negarla a los cristianos no les causa daño alguno
    9. Sesión 9 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 14. Del cautiverio de los santos, y de que el consuelo divino nunca les faltó en él
    10. Sesión 10 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 16
    11. Sesión 11 · Parte 2 · ≈ 6 minCapítulo 19. De Lucrecia, que puso fin a su vida a causa del ultraje que se le hizo
    12. Sesión 12 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 20. De que los cristianos no tienen autoridad alguna para suicidarse en circunstancia alguna
    13. Sesión 13 · Parte 2 · ≈ 7 minCapítulo 23
    14. Sesión 14 · Parte 2 · ≈ 5 minCapítulo 26. Que en ciertos casos peculiares no deben seguirse los ejemplos de los santos
    15. Sesión 15 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 28
    16. Sesión 16 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 30
    17. Sesión 17 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 33. Que el derrocamiento de Roma no ha corregido los vicios de los romanos
    18. Sesión 18 · Parte 3 · ≈ 7 minLibro II
    19. Sesión 19 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 4
    20. Sesión 20 · Parte 3 · ≈ 6 minCapítulo 6. Que los dioses de los paganos nunca inculcaron santidad de vida
    21. Sesión 21 · Parte 3 · ≈ 7 minCapítulo 9
    22. Sesión 22 · Parte 3 · ≈ 2 minCapítulo 12
    23. Sesión 23 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 13
    24. Sesión 24 · Parte 4 · ≈ 6 minCapítulo 15. De que fue la vanidad, no la razón, la que creó a algunos de los dioses romanos
    25. Sesión 25 · Parte 4 · ≈ 8 minCapítulo 18
    26. Sesión 26 · Parte 4 · ≈ 9 minCapítulo 20
    27. Sesión 27 · Parte 4 · ≈ 10 minCapítulo 22
    28. Sesión 28 · Parte 4 · ≈ 5 minCapítulo 24. De las hazañas de Silas, en las cuales los demonios se jactaban de que él había tenido su ayuda
    29. Sesión 29 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 25
    30. Sesión 30 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 27
    31. Sesión 31 · Parte 5 · ≈ 7 minLibro III
    32. Sesión 32 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 4. De la opinión de Varrón, que es útil para los hombres fingirse descendientes de los dioses
    33. Sesión 33 · Parte 5 · ≈ 7 minCapítulo 8. Si Roma debió haber sido confiada a los dioses troyanos
    34. Sesión 34 · Parte 5 · ≈ 8 minCapítulo 11
    35. Sesión 35 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 14
    36. Sesión 36 · Parte 6 · ≈ 6 minCapítulo 15. Qué manera de vida y muerte tuvieron los reyes romanos
    37. Sesión 37 · Parte 6 · ≈ 12 minCapítulo 16
    38. Sesión 38 · Parte 6 · ≈ 7 minCapítulo 18
    39. Sesión 39 · Parte 6 · ≈ 8 minCapítulo 20
    40. Sesión 40 · Parte 6 · ≈ 2 minCapítulo 22
    41. Sesión 41 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 23
    42. Sesión 42 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la guerra civil entre Mario y Silas
    43. Sesión 43 · Parte 7 · ≈ 6 minCapítulo 30
    44. Sesión 44 · Parte 7 · ≈ 6 minLibro IV
    45. Sesión 45 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 3
    46. Sesión 46 · Parte 7 · ≈ 9 minCapítulo 6
    47. Sesión 47 · Parte 7 · ≈ 7 minCapítulo 9
    48. Sesión 48 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 11
    49. Sesión 49 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 12
    50. Sesión 50 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 16
    51. Sesión 51 · Parte 8 · ≈ 7 minCapítulo 20
    52. Sesión 52 · Parte 8 · ≈ 9 minCapítulo 22
    53. Sesión 53 · Parte 8 · ≈ 6 minCapítulo 24
    54. Sesión 54 · Parte 8 · ≈ 5 minCapítulo 27. De las tres clases de dioses de que ha tratado el pontífice Escévola
    55. Sesión 55 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 29
    56. Sesión 56 · Parte 9 · ≈ 6 minCapítulo 31
    57. Sesión 57 · Parte 9 · ≈ 9 minCapítulo 33
    58. Sesión 58 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre la diferencia en la salud de los gemelos
    59. Sesión 59 · Parte 9 · ≈ 8 minCapítulo 5. De qué manera se convence a los matemáticos de profesar una ciencia vana
    60. Sesión 60 · Parte 9 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la elección de un día para el matrimonio, para plantar o para sembrar
    61. Sesión 61 · Parte 10 · ≈ 11 minCapítulo 9. De la presciencia de Dios y del libre albedrío del hombre, contra la definición de Cicerón
    62. Sesión 62 · Parte 10 · ≈ 7 minCapítulo 10. Si nuestras voluntades están regidas por la necesidad
    63. Sesión 63 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 12
    64. Sesión 64 · Parte 10 · ≈ 9 minCapítulo 13
    65. Sesión 65 · Parte 10 · ≈ 6 minCapítulo 15. De la recompensa temporal que Dios concedió a las virtudes de los romanos
    66. Sesión 66 · Parte 11 · ≈ 11 minCapítulo 18
    67. Sesión 67 · Parte 11 · ≈ 8 minCapítulo 19. Sobre la diferencia entre la verdadera gloria y el deseo de dominar
    68. Sesión 68 · Parte 11 · ≈ 6 minCapítulo 21
    69. Sesión 69 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 23
    70. Sesión 70 · Parte 11 · ≈ 7 minCapítulo 26. Sobre la fe y la piedad de Teodosio Augusto
    71. Sesión 71 · Parte 12 · ≈ 9 minLibro VI
    72. Sesión 72 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 2
    73. Sesión 73 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 4
    74. Sesión 74 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 5
    75. Sesión 75 · Parte 12 · ≈ 6 minCapítulo 6. Sobre la teología mítica, es decir, fabulosa, y la civil, contra Varrón
    76. Sesión 76 · Parte 12 · ≈ 7 minCapítulo 7. Sobre la semejanza y concordancia de las teologías fabulosa y civil
    77. Sesión 77 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 8
    78. Sesión 78 · Parte 12 · ≈ 10 minCapítulo 10
    79. Sesión 79 · Parte 12 · ≈ 4 minCapítulo 11. Qué pensaba Séneca acerca de los judíos
    80. Sesión 80 · Parte 13 · ≈ 6 minLibro VII
    81. Sesión 81 · Parte 13 · ≈ 8 minCapítulo 3
    82. Sesión 82 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 4
    83. Sesión 83 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 6
    84. Sesión 84 · Parte 13 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre el poder de Júpiter, y una comparación de Júpiter con Jano
    85. Sesión 85 · Parte 13 · ≈ 7 minCapítulo 11
    86. Sesión 86 · Parte 13 · ≈ 5 minCapítulo 14. Sobre las funciones de Mercurio y Marte
    87. Sesión 87 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 16. Sobre Apolo y Diana, y los otros dioses escogidos a los que querrían que fueran partes del mundo
    88. Sesión 88 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 18. Una causa más creíble del surgimiento del error pagano
    89. Sesión 89 · Parte 14 · ≈ 10 minCapítulo 21. Sobre la vergüenza de los ritos que se celebran en honor de Líber
    90. Sesión 90 · Parte 14 · ≈ 6 minCapítulo 24
    91. Sesión 91 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 25. La interpretación de la mutilación de Atis que expuso la doctrina de los sabios griegos
    92. Sesión 92 · Parte 14 · ≈ 8 minCapítulo 28. Que la doctrina de Varrón acerca de la teología no es en parte alguna coherente consigo misma
    93. Sesión 93 · Parte 14 · ≈ 2 minCapítulo 31
    94. Sesión 94 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 32
    95. Sesión 95 · Parte 15 · ≈ 8 minCapítulo 35
    96. Sesión 96 · Parte 15 · ≈ 7 minCapítulo 2. Sobre las dos escuelas de filósofos, a saber, la itálica y la jónica, y sus fundadores
    97. Sesión 97 · Parte 15 · ≈ 10 minCapítulo 4
    98. Sesión 98 · Parte 15 · ≈ 9 minCapítulo 6. Sobre el sentido de los platónicos en aquella parte de la filosofía llamada física
    99. Sesión 99 · Parte 15 · ≈ 6 minCapítulo 9. Sobre la filosofía que más se ha acercado a la fe cristiana
    100. Sesión 100 · Parte 16 · ≈ 6 minCapítulo 11. Cómo Platón pudo acercarse tanto al conocimiento cristiano
    101. Sesión 101 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 13
    102. Sesión 102 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 15
    103. Sesión 103 · Parte 16 · ≈ 8 minCapítulo 17
    104. Sesión 104 · Parte 16 · ≈ 7 minCapítulo 20
    105. Sesión 105 · Parte 16 · ≈ 9 minCapítulo 22. Que, a pesar de la opinión de Apuleyo, debemos rechazar el culto de los demonios
    106. Sesión 106 · Parte 17 · ≈ 9 minCapítulo 24
    107. Sesión 107 · Parte 17 · ≈ 7 minCapítulo 25. Acerca de aquellas cosas que pueden ser comunes a los santos ángeles y a los hombres
    108. Sesión 108 · Parte 17 · ≈ 4 minCapítulo 27. De la naturaleza del honor que los cristianos tributan a sus mártires
    109. Sesión 109 · Parte 18 · ≈ 6 minLibro IX
    110. Sesión 110 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 4. La opinión de los peripatéticos y de los estoicos sobre las emociones mentales
    111. Sesión 111 · Parte 18 · ≈ 7 minCapítulo 5
    112. Sesión 112 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 8
    113. Sesión 113 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 10
    114. Sesión 114 · Parte 18 · ≈ 10 minCapítulo 14. Si los hombres, aunque mortales, pueden disfrutar de la verdadera bienaventuranza
    115. Sesión 115 · Parte 18 · ≈ 6 minCapítulo 17
    116. Sesión 116 · Parte 18 · ≈ 9 minCapítulo 21. Hasta qué punto se dignó el Señor darse a conocer a los demonios
    117. Sesión 117 · Parte 19 · ≈ 7 minLibro X
    118. Sesión 118 · Parte 19 · ≈ 6 minCapítulo 2. La opinión de Plotino el platónico acerca de la iluminación desde lo alto
    119. Sesión 119 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 4. Que el sacrificio se debe solo al Dios verdadero
    120. Sesión 120 · Parte 19 · ≈ 9 minCapítulo 7
    121. Sesión 121 · Parte 19 · ≈ 10 minCapítulo 10
    122. Sesión 122 · Parte 19 · ≈ 4 minCapítulo 12. De los milagros obrados por el Dios verdadero por ministerio de los santos ángeles
    123. Sesión 123 · Parte 20 · ≈ 10 minCapítulo 14
    124. Sesión 124 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 17. Sobre el arca de la alianza y las señales milagrosas con que Dios acreditó la ley y la promesa
    125. Sesión 125 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 19
    126. Sesión 126 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 22. De dónde obtienen los santos poder contra los demonios y la verdadera purificación del corazón
    127. Sesión 127 · Parte 20 · ≈ 6 minCapítulo 25
    128. Sesión 128 · Parte 20 · ≈ 7 minCapítulo 26
    129. Sesión 129 · Parte 20 · ≈ 3 minCapítulo 28. De cómo Porfirio ha estado tan ciego como para no reconocer la verdadera Sabiduría: Cristo
    130. Sesión 130 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 29
    131. Sesión 131 · Parte 21 · ≈ 7 minCapítulo 30. Enmiendas y modificaciones de Porfirio al platonismo
    132. Sesión 132 · Parte 21 · ≈ 9 minCapítulo 32
    133. Sesión 133 · Parte 21 · ≈ 6 minLibro XI
    134. Sesión 134 · Parte 21 · ≈ 8 minCapítulo 2
    135. Sesión 135 · Parte 21 · ≈ 5 minCapítulo 5
    136. Sesión 136 · Parte 22 · ≈ 9 minCapítulo 7
    137. Sesión 137 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 10
    138. Sesión 138 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 12
    139. Sesión 139 · Parte 22 · ≈ 7 minCapítulo 14
    140. Sesión 140 · Parte 22 · ≈ 6 minCapítulo 18
    141. Sesión 141 · Parte 22 · ≈ 8 minCapítulo 21
    142. Sesión 142 · Parte 22 · ≈ 5 minCapítulo 23. Del error en que incurre la doctrina de Orígenes
    143. Sesión 143 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 24. De la Trinidad divina y de los indicios de su presencia esparcidos por doquier entre sus obras
    144. Sesión 144 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 26
    145. Sesión 145 · Parte 23 · ≈ 6 minCapítulo 28
    146. Sesión 146 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 30
    147. Sesión 147 · Parte 23 · ≈ 7 minCapítulo 33
    148. Sesión 148 · Parte 23 · ≈ 6 minLibro XII
    149. Sesión 149 · Parte 23 · ≈ 4 minCapítulo 2
    150. Sesión 150 · Parte 24 · ≈ 11 minCapítulo 4
    151. Sesión 151 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 7. Que no debemos esperar encontrar causa eficiente alguna de la voluntad mala
    152. Sesión 152 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 10. De la falsedad de la historia que asigna muchos miles de años al pasado del mundo
    153. Sesión 153 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 13
    154. Sesión 154 · Parte 24 · ≈ 8 minCapítulo 15
    155. Sesión 155 · Parte 24 · ≈ 6 minCapítulo 16
    156. Sesión 156 · Parte 25 · ≈ 9 minCapítulo 18
    157. Sesión 157 · Parte 25 · ≈ 7 minCapítulo 21. Que al principio fue creado un solo individuo, y que en él fue creado el género humano
    158. Sesión 158 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 22
    159. Sesión 159 · Parte 25 · ≈ 8 minCapítulo 26
    160. Sesión 160 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 3
    161. Sesión 161 · Parte 25 · ≈ 6 minCapítulo 5
    162. Sesión 162 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 8. Que los santos, al sufrir la primera muerte por la verdad, quedan libres de la segunda
    163. Sesión 163 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 11. Si uno puede estar a la vez vivo y muerto
    164. Sesión 164 · Parte 26 · ≈ 6 minCapítulo 12
    165. Sesión 165 · Parte 26 · ≈ 9 minCapítulo 16
    166. Sesión 166 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 18
    167. Sesión 167 · Parte 26 · ≈ 7 minCapítulo 20
    168. Sesión 168 · Parte 26 · ≈ 8 minCapítulo 23
    169. Sesión 169 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 24
    170. Sesión 170 · Parte 27 · ≈ 6 minLibro XIV
    171. Sesión 171 · Parte 27 · ≈ 9 minCapítulo 2
    172. Sesión 172 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 4. Qué es vivir según el hombre, y qué es vivir según Dios
    173. Sesión 173 · Parte 27 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del carácter de la voluntad humana que hace que los afectos del alma sean rectos o perversos
    174. Sesión 174 · Parte 27 · ≈ 7 minCapítulo 8
    175. Sesión 175 · Parte 28 · ≈ 11 minCapítulo 9. De las perturbaciones del alma que aparecen como afecciones rectas en la vida de los justos
    176. Sesión 176 · Parte 28 · ≈ 9 minCapítulo 10
    177. Sesión 177 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 12. De la naturaleza del primer pecado del hombre
    178. Sesión 178 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 14. Del orgullo en el pecado, que fue peor que el pecado mismo
    179. Sesión 179 · Parte 28 · ≈ 7 minCapítulo 16
    180. Sesión 180 · Parte 28 · ≈ 3 minCapítulo 19
    181. Sesión 181 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la necia bestialidad de los cínicos
    182. Sesión 182 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 23
    183. Sesión 183 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 24
    184. Sesión 184 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 26. Que hemos de creer que en el Paraíso nuestros primeros padres engendraron hijos sin rubor
    185. Sesión 185 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 28. De la naturaleza de las dos ciudades, la terrena y la celestial
    186. Sesión 186 · Parte 29 · ≈ 7 minCapítulo 2. De los hijos de la carne y de los hijos de la promesa
    187. Sesión 187 · Parte 29 · ≈ 6 minCapítulo 5
    188. Sesión 188 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 7
    189. Sesión 189 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 8. Qué razón tuvo Caín para edificar una ciudad tan pronto en la historia del género humano
    190. Sesión 190 · Parte 30 · ≈ 8 minCapítulo 9. De la larga vida y de la mayor estatura de los antediluvianos
    191. Sesión 191 · Parte 30 · ≈ 9 minCapítulo 12
    192. Sesión 192 · Parte 30 · ≈ 7 minCapítulo 14. Que los años en aquellos tiempos antiguos tenían la misma duración que los nuestros
    193. Sesión 193 · Parte 30 · ≈ 6 minCapítulo 15
    194. Sesión 194 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 16
    195. Sesión 195 · Parte 31 · ≈ 6 minCapítulo 17. De los dos padres y jefes que surgieron de un solo progenitor
    196. Sesión 196 · Parte 31 · ≈ 11 minCapítulo 19. El significado de la traslación de Enoc
    197. Sesión 197 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 21
    198. Sesión 198 · Parte 31 · ≈ 9 minCapítulo 23
    199. Sesión 199 · Parte 31 · ≈ 7 minCapítulo 24
    200. Sesión 200 · Parte 32 · ≈ 8 minCapítulo 27
    201. Sesión 201 · Parte 32 · ≈ 9 minLibro XVI
    202. Sesión 202 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 3. De las generaciones de los tres hijos de Noé
    203. Sesión 203 · Parte 32 · ≈ 6 minCapítulo 4. De la diversidad de las lenguas y de la fundación de Babilonia
    204. Sesión 204 · Parte 32 · ≈ 9 minCapítulo 6. Qué hemos de entender por el hablar de Dios a los ángeles
    205. Sesión 205 · Parte 32 · ≈ 7 minCapítulo 9. Si hemos de creer en los antípodas
    206. Sesión 206 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 11
    207. Sesión 207 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 12. De la era en la vida de Abraham desde la cual comienza un nuevo período en la santa sucesión
    208. Sesión 208 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 15. Del tiempo de la migración de Abraham, cuando, según el mandamiento de Dios, salió de Harán
    209. Sesión 209 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del orden y naturaleza de las promesas de Dios que fueron hechas a Abraham
    210. Sesión 210 · Parte 33 · ≈ 6 minCapítulo 20. De la separación de Lot y Abraham, que acordaron sin quebranto de la caridad
    211. Sesión 211 · Parte 33 · ≈ 9 minCapítulo 23
    212. Sesión 212 · Parte 33 · ≈ 5 minCapítulo 25. De la sierva de Sara, Agar, a quien ella misma quiso que fuera concubina de Abraham
    213. Sesión 213 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 27
    214. Sesión 214 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 29
    215. Sesión 215 · Parte 34 · ≈ 6 minCapítulo 32
    216. Sesión 216 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 33. De Rebeca, nieta de Nacor, a quien Isaac tomó por esposa
    217. Sesión 217 · Parte 34 · ≈ 9 minCapítulo 37. De las cosas místicamente prefiguradas en Esaú y Jacob
    218. Sesión 218 · Parte 34 · ≈ 8 minCapítulo 39. La razón por la cual Jacob fue llamado también Israel
    219. Sesión 219 · Parte 34 · ≈ 2 minCapítulo 42. De los hijos de José, a quienes Jacob bendijo, cambiando proféticamente sus manos
    220. Sesión 220 · Parte 35 · ≈ 6 minCapítulo 43
    221. Sesión 221 · Parte 35 · ≈ 6 minLibro XVII
    222. Sesión 222 · Parte 35 · ≈ 9 minCapítulo 3
    223. Sesión 223 · Parte 35 · ≈ 12 minCapítulo 4
    224. Sesión 224 · Parte 35 · ≈ 13 minCapítulo 5
    225. Sesión 225 · Parte 36 · ≈ 11 minCapítulo 6
    226. Sesión 226 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 8
    227. Sesión 227 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 9
    228. Sesión 228 · Parte 36 · ≈ 9 minCapítulo 11
    229. Sesión 229 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si la verdad de esta paz prometida puede atribuirse a aquellos tiempos ya pasados bajo Salomón
    230. Sesión 230 · Parte 36 · ≈ 6 minCapítulo 16
    231. Sesión 231 · Parte 37 · ≈ 8 minCapítulo 17. De las cosas del Salmo 110 que se refieren al sacerdocio de Cristo, y del Salmo 22 a su Pasión
    232. Sesión 232 · Parte 37 · ≈ 10 minCapítulo 19. Del salmo 69, en el que se declara la obstinada incredulidad de los judíos
    233. Sesión 233 · Parte 37 · ≈ 7 minCapítulo 21. De los reyes posteriores a Salomón, tanto en Judá como en Israel
    234. Sesión 234 · Parte 37 · ≈ 8 minLibro XVIII
    235. Sesión 235 · Parte 37 · ≈ 6 minCapítulo 3
    236. Sesión 236 · Parte 37 · ≈ 5 minCapítulo 6. Quiénes eran reyes de Argos y de Asiria cuando Jacob murió en Egipto
    237. Sesión 237 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 9. Cuándo fue fundada la ciudad de Atenas, y qué razón da Varrón para su nombre
    238. Sesión 238 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 12
    239. Sesión 239 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 14. De los poetas teólogos
    240. Sesión 240 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 18
    241. Sesión 241 · Parte 38 · ≈ 6 minCapítulo 19. De que Eneas vino a Italia cuando Abdón, el juez, gobernaba a los hebreos
    242. Sesión 242 · Parte 38 · ≈ 8 minCapítulo 22. De que Roma fue fundada cuando pereció el reino asirio, en cuyo tiempo reinaba Ezequías en Judá
    243. Sesión 243 · Parte 38 · ≈ 4 minCapítulo 24
    244. Sesión 244 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 26
    245. Sesión 245 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 29. Qué cosas son predichas por Isaías acerca de Cristo y de la Iglesia
    246. Sesión 246 · Parte 39 · ≈ 8 minCapítulo 32. De la profecía que está contenida en la oración y el cántico de Habacuc
    247. Sesión 247 · Parte 39 · ≈ 6 minCapítulo 33
    248. Sesión 248 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 35. De la profecía de los tres profetas, Ageo, Zacarías y Malaquías
    249. Sesión 249 · Parte 39 · ≈ 7 minCapítulo 36. Sobre Esdras y los libros de los Macabeos
    250. Sesión 250 · Parte 39 · ≈ 2 minCapítulo 39. Sobre los caracteres escritos hebreos que aquella lengua siempre poseyó
    251. Sesión 251 · Parte 40 · ≈ 8 minCapítulo 40
    252. Sesión 252 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 42
    253. Sesión 253 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 44
    254. Sesión 254 · Parte 40 · ≈ 6 minCapítulo 46
    255. Sesión 255 · Parte 40 · ≈ 7 minCapítulo 48
    256. Sesión 256 · Parte 40 · ≈ 9 minCapítulo 51. Que la fe católica puede ser confirmada incluso por las disensiones de los herejes
    257. Sesión 257 · Parte 41 · ≈ 10 minCapítulo 53. Del tiempo oculto de la persecución final
    258. Sesión 258 · Parte 41 · ≈ 10 minLibro XIX
    259. Sesión 259 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 2
    260. Sesión 260 · Parte 41 · ≈ 9 minCapítulo 4
    261. Sesión 261 · Parte 41 · ≈ 7 minCapítulo 5
    262. Sesión 262 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 6. Del error de los juicios humanos cuando la verdad está oculta
    263. Sesión 263 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 8
    264. Sesión 264 · Parte 42 · ≈ 11 minCapítulo 11. De la felicidad de la paz eterna, que constituye el fin o la verdadera perfección de los santos
    265. Sesión 265 · Parte 42 · ≈ 6 minCapítulo 13
    266. Sesión 266 · Parte 42 · ≈ 8 minCapítulo 14
    267. Sesión 267 · Parte 42 · ≈ 7 minCapítulo 16. Del gobierno equitativo
    268. Sesión 268 · Parte 43 · ≈ 10 minCapítulo 18. Cuán distinta es la incertidumbre de la Academia Nueva de la certeza de la fe cristiana
    269. Sesión 269 · Parte 43 · ≈ 9 minCapítulo 22
    270. Sesión 270 · Parte 43 · ≈ 6 minCapítulo 23. Lo que cuenta Porfirio sobre las respuestas dadas por los oráculos de los dioses acerca de Cristo
    271. Sesión 271 · Parte 43 · ≈ 8 minCapítulo 24
    272. Sesión 272 · Parte 43 · ≈ 5 minCapítulo 28. El fin de los malvados
    273. Sesión 273 · Parte 43 · ≈ 7 minCapítulo 2
    274. Sesión 274 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo
    275. Sesión 275 · Parte 44 · ≈ 6 minCapítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda
    276. Sesión 276 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 7
    277. Sesión 277 · Parte 44 · ≈ 8 minCapítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo
    278. Sesión 278 · Parte 44 · ≈ 9 minCapítulo 9
    279. Sesión 279 · Parte 44 · ≈ 5 minCapítulo 10
    280. Sesión 280 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 12. Si el fuego que descendió del cielo y los devoró se refiere al castigo final de los impíos
    281. Sesión 281 · Parte 45 · ≈ 8 minCapítulo 14
    282. Sesión 282 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 16. Del cielo nuevo y de la tierra nueva
    283. Sesión 283 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 18. Lo que el apóstol Pedro predijo acerca del juicio final
    284. Sesión 284 · Parte 45 · ≈ 6 minCapítulo 20
    285. Sesión 285 · Parte 45 · ≈ 9 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    286. Sesión 286 · Parte 45 · ≈ 3 minCapítulo 21. Palabras del profeta Isaías acerca de la resurrección de los muertos y del juicio retributivo
    287. Sesión 287 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 22. Qué se entiende por la salida de los buenos para ver el castigo de los impíos
    288. Sesión 288 · Parte 46 · ≈ 9 minCapítulo 24. Pasajes de los Salmos de David que predicen el fin del mundo y el juicio final
    289. Sesión 289 · Parte 46 · ≈ 8 minCapítulo 25
    290. Sesión 290 · Parte 46 · ≈ 6 minCapítulo 27. De la separación de los buenos y los malos, que proclama el poder discriminador del juicio final
    291. Sesión 291 · Parte 46 · ≈ 10 minCapítulo 30
    292. Sesión 292 · Parte 46 · ≈ 4 minLibro XXI
    293. Sesión 293 · Parte 47 · ≈ 7 minCapítulo 2. Si es posible que los cuerpos duren para siempre en el fuego ardiente
    294. Sesión 294 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 4
    295. Sesión 295 · Parte 47 · ≈ 6 minCapítulo 5. Que hay muchas cosas que la razón no puede explicar, y que, sin embargo, son verdaderas
    296. Sesión 296 · Parte 47 · ≈ 11 minCapítulo 6
    297. Sesión 297 · Parte 47 · ≈ 8 minCapítulo 8
    298. Sesión 298 · Parte 47 · ≈ 5 minCapítulo 9. Del infierno y de la naturaleza de las penas eternas
    299. Sesión 299 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 10
    300. Sesión 300 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 12
    301. Sesión 301 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 15
    302. Sesión 302 · Parte 48 · ≈ 7 minCapítulo 17. De quienes imaginan que ningún hombre será castigado eternamente
    303. Sesión 303 · Parte 48 · ≈ 6 minCapítulo 19
    304. Sesión 304 · Parte 48 · ≈ 14 minCapítulo 23. Contra quienes opinan que el castigo ni del diablo ni de los hombres malvados será eterno
    305. Sesión 305 · Parte 48 · ≈ 2 minCapítulo 24
    306. Sesión 306 · Parte 49 · ≈ 6 minCapítulo 25
    307. Sesión 307 · Parte 49 · ≈ 10 minCapítulo 26
    308. Sesión 308 · Parte 49 · ≈ 12 minCapítulo 27
    309. Sesión 309 · Parte 49 · ≈ 7 minLibro XXII
    310. Sesión 310 · Parte 49 · ≈ 8 minCapítulo 2. De la voluntad eterna e inmutable de Dios
    311. Sesión 311 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 5. De la resurrección de la carne, que algunos se niegan a creer, aunque el mundo en general la cree
    312. Sesión 312 · Parte 50 · ≈ 13 minCapítulo 7. Que la creencia del mundo en Cristo es el resultado del poder divino, no de la persuasión humana
    313. Sesión 313 · Parte 50 · ≈ 11 minCapítulo 8
    314. Sesión 314 · Parte 50 · ≈ 10 minCapítulo 8
    315. Sesión 315 · Parte 50 · ≈ 1 minCapítulo 8
    316. Sesión 316 · Parte 51 · ≈ 10 minCapítulo 9
    317. Sesión 317 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 12
    318. Sesión 318 · Parte 51 · ≈ 6 minCapítulo 13. Si los abortos, si se cuentan entre los muertos, no tendrán también parte en la resurrección
    319. Sesión 319 · Parte 51 · ≈ 7 minCapítulo 17. Si los cuerpos de las mujeres conservarán su propio sexo en la resurrección
    320. Sesión 320 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 19
    321. Sesión 321 · Parte 51 · ≈ 9 minCapítulo 21. Del nuevo cuerpo espiritual en el que la carne de los santos será transformada
    322. Sesión 322 · Parte 51 · ≈ 2 minCapítulo 22
    323. Sesión 323 · Parte 52 · ≈ 11 minCapítulo 23
    324. Sesión 324 · Parte 52 · ≈ 7 minCapítulo 24. De los bienes con que el Creador ha colmado esta vida, aun estando ella sujeta a la maldición
    325. Sesión 325 · Parte 52 · ≈ 6 minCapítulo 25
    326. Sesión 326 · Parte 52 · ≈ 10 minCapítulo 27
    327. Sesión 327 · Parte 52 · ≈ 8 minCapítulo 29. De la visión beatífica
    328. Sesión 328 · Parte 52 · ≈ 9 minCapítulo 30. De la felicidad eterna de la ciudad de Dios y del sábado perpetuo
    329. Sesión 329 · Parte 52 · ≈ 2 minLo que dejó la obra

    Capítulo 4. Que las pruebas del juicio final se aducirán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo

    XX, 4

    Las pruebas, pues, de este juicio final de Dios que me propongo aducir se tomarán primero del Nuevo Testamento y después del Antiguo. Porque aunque el Antiguo Testamento es anterior en el tiempo, el Nuevo tiene la precedencia en valor intrínseco; pues el Antiguo hace de heraldo del Nuevo. Citaremos, por tanto, primero pasajes del Nuevo Testamento, y los confirmaremos con citas del Antiguo Testamento. El Antiguo contiene la ley y los profetas; el Nuevo, el evangelio y las epístolas apostólicas. Ahora bien, dice el Apóstol: «Por la ley es el conocimiento del pecado. Pero ahora, sin la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, atestiguada por la ley y los profetas; la justicia de Dios por la fe de Jesucristo para todos los que creen.» [] Esta justicia de Dios pertenece al Nuevo Testamento, y la evidencia de ella existe en los libros antiguos, es decir, en la ley y los profetas. Expongo, pues, primero el asunto y luego llamo a los testigos. Este orden nos manda observar el mismo Jesucristo, diciendo: «El escriba instruido en el reino de Dios es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.» [] No dijo «viejas y nuevas,» lo que ciertamente habría dicho si no hubiera querido seguir el orden del mérito más que el del tiempo.

    Capítulo 5. Los pasajes en que el Salvador declara que habrá un juicio divino al fin del mundo

    XX, 5

    El Salvador mismo, mientras reprendía a las ciudades en las que había hecho grandes obras, pero que no habían creído, y las ponía en comparación desfavorable con ciudades extranjeras, dice: «Mas yo os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para vosotras.» [] Y poco después dice: «De cierto os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti.» [] Aquí predice clarísimamente que ha de venir un día de juicio. Y en otro lugar dice: «Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque se arrepintieron ante la predicación de Jonás, y he aquí uno mayor que Jonás está aquí. La reina del sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque vino de los confines de la tierra para oír las palabras de Salomón, y he aquí uno mayor que Salomón está aquí.» [] Dos cosas aprendemos de este pasaje: que ha de haber un juicio, y que ha de tener lugar en la resurrección de los muertos. Pues cuando habló de los ninivitas y de la reina del sur, ciertamente habló de personas muertas, y sin embargo dijo que se levantarían en el día del juicio. No dijo: «Ellos condenarán,» como si ellos mismos fueran a ser los jueces, sino porque, en comparación con ellos, los otros serán justamente condenados.
    De nuevo, en otro pasaje, en el que hablaba de la mezcla presente y de la futura separación de buenos y malos —separación que se hará en el día del juicio—, adujo una comparación tomada del trigo sembrado y de la cizaña sembrada entre él, y dio esta explicación a sus discípulos: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre,» etc. Aquí, en efecto, no nombró el juicio ni el día del juicio, pero lo indicó mucho más claramente al describir las circunstancias, y predijo que tendría lugar al fin del mundo.
    Del mismo modo dice a sus discípulos: «De cierto os digo que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también sobre doce tronos, juzgando a las doce tribus de Israel.» [] Aquí aprendemos que Jesús juzgará con sus discípulos. Y por eso dijo en otro lugar a los judíos: «Y si yo por Beelzebú echo fuera los demonios, ¿por quién los echan fuera vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.» [] Ni debemos suponer que sólo doce hombres juzgarán con Él, aunque diga que se sentarán sobre doce tronos; porque por el número doce se significa la plenitud de la multitud de los que juzgarán. Pues las dos partes del número siete (que comúnmente simboliza la totalidad), es decir, cuatro y tres, multiplicadas entre sí, dan doce. Porque cuatro por tres, o tres por cuatro, son doce. Hay también otros significados en este número doce. Si ésta no fuera la recta interpretación de los doce tronos, entonces, puesto que leemos que Matías fue ordenado apóstol en lugar de Judas el traidor, el apóstol Pablo, aunque trabajó más que todos ellos, [] no tendría trono de juicio; pero él se considera inequívocamente incluido en el número de los jueces cuando dice: «¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?» [] La misma regla debe observarse al aplicar el número doce a los que han de ser juzgados. Pues aunque se dijo: «juzgando a las doce tribus de Israel,» la tribu de Leví, que es la decimotercera, no quedará por eso exenta del juicio, ni se juzgará sólo a Israel y no a las demás naciones. Y con las palabras «en la regeneración,» ciertamente quiso dar a entender la resurrección de los muertos; pues nuestra carne será regenerada por la incorrupción, como nuestra alma es regenerada por la fe.
    Omito muchos pasajes, porque, aunque parecen referirse al juicio final, examinados más de cerca resultan ambiguos o aluden más bien a otro acontecimiento: ya a aquella venida del Salvador que se realiza continuamente en su Iglesia, es decir, en sus miembros, en la cual viene poco a poco y por partes, puesto que toda la Iglesia es su cuerpo, ya a la destrucción de la Jerusalén terrena. Pues cuando habla incluso de esto, emplea a menudo un lenguaje aplicable al fin del mundo y a aquel último y gran día del juicio, de modo que estos dos acontecimientos no pueden distinguirse a menos que se comparen entre sí todos los pasajes correspondientes sobre el asunto en los tres evangelistas, Mateo, Marcos y Lucas —pues unas cosas son expuestas más oscuramente por un evangelista y más claramente por otro—, para que resulte evidente qué cosas han de referirse a un solo acontecimiento. Esto es lo que me he esforzado por hacer en una carta que escribí a Hesiquio, de feliz memoria, obispo de Salona, y que titulé: «Del fin del mundo.»
    Citaré ahora del Evangelio según Mateo el pasaje que habla de la separación de los buenos de los malos por el eficacísimo y final juicio de Cristo: «Cuando el Hijo del hombre,» dice, «venga en su gloria,... entonces dirá también a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles.» Luego enumera de modo semejante a los malos las cosas que no habían hecho, pero que Él había dicho que habían hecho los de la derecha. Y cuando preguntan cuándo lo habían visto necesitado de esas cosas, responde que, por cuanto no lo hicieron a uno de sus hermanos más pequeños, no lo hicieron a Él, y concluye su discurso con las palabras: «E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.» Además, el evangelista Juan declara con toda claridad que Él había predicho que el juicio tendría lugar en la resurrección de los muertos. Pues después de decir: «El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió;» añade inmediatamente: «En verdad, en verdad os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a juicio, sino que ha pasado de muerte a vida.» [] Aquí dijo que los creyentes en Él no vendrían a juicio. ¿Cómo, pues, serán separados de los malos por el juicio y puestos a su derecha, a menos que en este pasaje se use la palabra juicio por condenación? Porque a ese juicio, en este sentido, no vendrán los que oyen su palabra y creen en Aquel que le envió.

    Capítulo 6. Qué es la primera resurrección y qué la segunda

    XX, 6

    Después añade estas palabras: «En verdad, en verdad os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.» [] Todavía no habla aquí de la segunda resurrección, es decir, de la resurrección del cuerpo, que tendrá lugar al fin, sino de la primera, que es ahora. Para hacer esta distinción dice: «Viene la hora, y ahora es.» Ahora bien, esta resurrección no se refiere al cuerpo, sino al alma. Porque también las almas tienen su propia muerte en la maldad y en los pecados, por la cual son los muertos de quienes los mismos labios dicen: «Dejad que los muertos entierren a sus muertos,» [] — es decir, dejad que los que están muertos en el alma entierren a los que están muertos en el cuerpo. De estos muertos, pues —los muertos en la impiedad y en la maldad—, dice: «Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.» «Los que la oyeren,» es decir, los que obedecen, creen y perseveran hasta el fin. Aquí no se hace diferencia entre buenos y malos. Porque para todos los hombres es bueno oír su voz y vivir, pasando de la muerte de la impiedad a la vida de la piedad. De esta muerte dice el apóstol Pablo: «Por tanto, todos están muertos, y Él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos.» [] Así, todos, sin excepción alguna, estaban muertos en pecados, ya originales o voluntarios, pecados de ignorancia o pecados cometidos contra el conocimiento; y por todos los muertos murió el único que vivía, es decir, el que no tenía pecado alguno, para que los que viven por la remisión de sus pecados vivan, no para sí, sino para Aquel que murió por todos, por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación, a fin de que nosotros, creyendo en Aquel que justifica al impío y siendo justificados de la impiedad o vivificados de la muerte, podamos alcanzar la primera resurrección, que es ahora. Porque en esta primera resurrección no tienen parte sino los que serán eternamente bienaventurados; pero en la segunda, de la que pasa a hablar, todos, como veremos, tienen parte, tanto los bienaventurados como los desdichados. La una es resurrección de misericordia; la otra, de juicio. Y por eso está escrito en el salmo: «De misericordia y de juicio cantaré; a ti, oh Señor, cantaré.»
    Y de este juicio pasó a decir: «Y le ha dado autoridad para ejecutar juicio, por cuanto es el Hijo del hombre.» Aquí muestra que vendrá a juzgar en aquella carne en la que había venido a ser juzgado. Pues para mostrar esto dice: «por cuanto es el Hijo del hombre.» Y luego siguen las palabras que nos interesan: «No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida; y los que hicieron lo malo, a resurrección de juicio.» [] Este juicio lo usa aquí en el mismo sentido que poco antes, cuando dice: «El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no vendrá a juicio, sino que ha pasado de muerte a vida;» es decir., por tener parte en la primera resurrección, mediante la cual se hace en el tiempo presente el tránsito de la muerte a la vida, no vendrá a condenación, la cual menciona con el nombre de juicio, como también en el lugar donde dice: «mas los que hicieron lo malo, a resurrección de juicio,» es decir., de condenación. Por tanto, quien no quiera ser condenado en la segunda resurrección, levántese en la primera. Porque «viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán,» es decir., no vendrán a condenación, que se llama la segunda muerte; a cuya muerte, después de la segunda resurrección, esto es, la corporal, serán arrojados los que no resucitan en la primera resurrección, esto es, la espiritual. Porque «viene la hora» (pero aquí no dice, «y ahora es,» porque vendrá al fin del mundo, en el último y más grande juicio de Dios) «cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán.» No dice, como en la primera resurrección, «Y los que la oyeren vivirán.» Pues no todos vivirán, al menos con aquella vida que es la única que debe llamarse vida, porque ella sola es bienaventurada. Pues alguna clase de vida han de tener para oír y salir de los sepulcros en sus cuerpos resucitados. Y por qué no todos vivirán lo enseña en las palabras que siguen: «Los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida,» — éstos son los que vivirán; «mas los que hicieron lo malo, a resurrección de juicio,» — éstos son los que no vivirán, pues morirán en la segunda muerte. Hicieron lo malo porque su vida fue mala; y su vida fue mala porque no fue renovada en la primera resurrección, esto es, la espiritual, que es ahora, o porque no perseveraron hasta el fin en su vida renovada. Así como hay dos regeneraciones, de las que ya he hecho mención —la una según la fe, y que tiene lugar en la vida presente por medio del bautismo; la otra según la carne, y que se llevará a cabo en su incorrupción e inmortalidad por medio del grande y final juicio—, así hay también dos resurrecciones —la una, la primera resurrección, la espiritual, que tiene lugar en esta vida y nos preserva de venir a la segunda muerte; la otra, la segunda, que no ocurre ahora, sino al fin del mundo, y que es del cuerpo, no del alma, y que por el último juicio enviará a unos a la segunda muerte, y a otros a aquella vida que no tiene muerte.

    Capítulo 7

    Qué se dice en el Apocalipsis de Juan sobre las dos resurrecciones y los mil años, y qué puede sostenerse razonablemente al respecto

    XX, 7

    El evangelista Juan habló de estas dos resurrecciones en el libro que se llama Apocalipsis, pero de tal modo que algunos cristianos no comprenden la primera de las dos, y así tuercen el pasaje en fantasías ridículas. Pues el apóstol Juan dice en el citado libro: «Y vi a un ángel que descendía del cielo... Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección: sobre éstos la segunda muerte no tiene poder, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años.» Quienes, apoyándose en este pasaje, han sospechado que la primera resurrección es futura y corporal, se han dejado mover, entre otras cosas, especialmente por el número de mil años, como si fuera cosa adecuada que los santos disfrutaran así de una especie de descanso sabático durante ese período, un ocio santo tras las fatigas de los seis mil años transcurridos desde que el hombre fue creado y, a causa de su gran pecado, despedido de la bienaventuranza del paraíso a las miserias de esta vida mortal, de modo que, como está escrito: «Un día es para el Señor como mil años, y mil años como un día,» [] siguiera, al cumplirse los seis mil años, como seis días, una especie de sábado del séptimo día en los mil años sucesivos; y que con ese fin resucitan los santos, es decir, para celebrar este sábado. Y esta opinión no sería objetable si se creyera que los gozos de los santos en ese sábado serán espirituales y consecuencia de la presencia de Dios; pues yo mismo sostuve en otro tiempo esta opinión. Pero, como afirman que quienes entonces resuciten disfrutarán del ocio de banquetes carnales desmedidos, provistos de tal cantidad de carne y bebida que no sólo escandaliza el sentimiento de los moderados, sino que supera incluso la medida de la credulidad misma, tales afirmaciones sólo pueden ser creídas por los carnales. A quienes las creen los llaman los espirituales Chiliastas, nombre que podemos reproducir literalmente como Milenarios. Sería un proceso tedioso refutar estas opiniones punto por punto: preferimos proceder a mostrar cómo debe entenderse ese pasaje de la Escritura.
    El Señor Jesucristo mismo dice: «Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no ata al hombre fuerte» —queriendo decir con el hombre fuerte al diablo, porque tenía poder para cautivar al género humano; y queriendo decir con sus bienes que había de tomar, a aquellos que habían sido tenidos por el diablo en diversos pecados e iniquidades, pero que habían de convertirse en creyentes en Él. Fue, pues, para atar a este fuerte que el apóstol vio en el Apocalipsis «un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo y una cadena en su mano. Y prendió,» dice, «al dragón, aquella serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, y lo ató por mil años,» —es decir, frenó y restringió su poder para que no pudiera seducir y apoderarse de quienes habían de ser liberados. Ahora bien, los mil años pueden entenderse de dos maneras, en cuanto se me ocurre: o porque estas cosas suceden en el sexto millar de años o sexto milenio (cuya última parte está transcurriendo ahora), como durante el sexto día, al que ha de seguir un sábado que no tiene tarde, el descanso sin fin de los santos, de modo que, hablando de una parte bajo el nombre del todo, llama a la última parte del milenio —la parte, es decir, que aún había de expirar antes del fin del mundo— mil años; o usó los mil años como equivalente de toda la duración de este mundo, empleando el número de la perfección para señalar la plenitud del tiempo. Pues mil es el cubo de diez. Porque diez por diez da cien, es decir, el cuadrado sobre una superficie plana. Pero para dar a esta superficie altura, y hacerla un cubo, el cien se multiplica de nuevo por diez, lo que da mil. Además, si a veces cien se usa para la totalidad, como cuando el Señor dijo por vía de promesa a quien dejó todo y lo siguió: «Recibirá en este mundo el céntuplo;» [] de lo cual el apóstol da, por así decirlo, una explicación cuando dice: «Como no teniendo nada, pero poseyéndolo todo,» [] —pues ya de antiguo se había dicho: El mundo entero es la riqueza de un creyente—, ¿con cuánta mayor razón se pone mil por la totalidad, ya que es el cubo, mientras que el otro es sólo el cuadrado? Y por la misma razón no podemos interpretar mejor las palabras del salmo: «Se ha acordado de su alianza para siempre, de la palabra que mandó a mil generaciones,» que entendiéndolas como «a todas las generaciones.»
    «Y lo arrojó al abismo,» —es decir, arrojó al diablo al abismo. Por el abismo se entiende la multitud incontable de los malvados cuyos corazones son insondablemente profundos en malignidad contra la Iglesia de Dios; no que el diablo no estuviera allí antes, sino que se dice que es arrojado allí porque, al verse impedido de dañar a los creyentes, toma posesión más completa de los impíos. Pues aquel hombre es poseído más abundantemente por el diablo que no sólo está alienado de Dios, sino que además odia gratuitamente a quienes sirven a Dios. «Y lo encerró, y puso un sello sobre él, para que no engañara más a las naciones hasta que se cumplieran los mil años.» «Lo encerró,» —es decir, le prohibió salir, hacer lo que estaba prohibido. Y la adición de «puso un sello sobre él» me parece significar que se dispuso mantener en secreto quién pertenecía al partido del diablo y quién no. Pues en este mundo esto es un secreto, ya que no podemos saber si incluso el hombre que parece estar firme caerá, o si el que parece yacer se levantará. Pero con la cadena y la prisión de esta interdicción el diablo es prohibido y restringido de seducir a aquellas naciones que pertenecen a Cristo, pero que antes sedujo o tuvo en sujeción. Pues antes de la fundación del mundo Dios eligió rescatar a éstas del poder de las tinieblas, y trasladarlas al reino del Hijo de su amor, como dice el apóstol. [] Pues ¿qué cristiano ignora que seduce naciones aun ahora, y las arrastra consigo al castigo eterno, pero no a los predestinados a la vida eterna? Y que nadie se turbe por la circunstancia de que el diablo seduce a menudo incluso a quienes han sido regenerados en Cristo, y han comenzado a andar en el camino de Dios. Pues «el Señor conoce a los que son suyos,» [] y de éstos el diablo no seduce a ninguno para condenación eterna. Pues es como Dios, de quien nada se oculta ni siquiera de las cosas futuras, que el Señor los conoce; no como hombre, que ve a un hombre en el tiempo presente (si puede decirse que ve a aquel cuyo corazón no ve), pero no se ve ni a sí mismo en cuanto a poder saber qué clase de persona ha de ser. El diablo, pues, está atado y encerrado en el abismo para que no seduzca a las naciones de las cuales se reúne la Iglesia, y que antes sedujo cuando la Iglesia no existía. Pues no se dice «que no deba seducir a hombre alguno,» sino «que no deba seducir a las naciones» —queriendo decir, sin duda, aquellas entre las cuales existe la Iglesia— «hasta que se cumplan los mil años,» —es decir, o lo que queda del sexto día que consiste en mil años, o todos los años que han de transcurrir hasta el fin del mundo.
    Las palabras, «que no deba seducir a las naciones hasta que se cumplan los mil años,» no deben entenderse como indicando que después ha de seducir sólo a aquellas naciones de las que se compone la Iglesia predestinada, y de cuya seducción es restringido por aquella cadena y prisión; sino que se usan conforme a ese uso empleado frecuentemente en la Escritura y ejemplificado en el salmo: «Así nuestros ojos esperan al Señor nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros,» —no como si los ojos de sus siervos ya no esperaran al Señor su Dios cuando tuviera misericordia de ellos. O bien el orden de las palabras es indudablemente éste: «Y lo encerró y puso un sello sobre él, hasta que se cumplieran los mil años;» y la cláusula interpuesta, «que no sedujera más a las naciones,» no ha de entenderse en la conexión en que se encuentra, sino separadamente, y como añadida después, de modo que toda la sentencia pudiera leerse: «Y lo encerró y puso un sello sobre él hasta que se cumplieran los mil años, para que no sedujera más a las naciones,» —es decir, está encerrado hasta que se cumplan los mil años, por esta razón: para que ya no engañe más a las naciones.
    Comentario editorial · Los mil años
    Agustín rechaza la lectura carnal de Apocalipsis 20 (los «milenarios» o quiliastas) y añade que, si los gozos de ese sábado fueran espirituales, la idea no sería reprobable y que él mismo la sostuvo en otro tiempo. Propone dos lecturas de los mil años: el sexto milenio, cuya última parte corre, o la totalidad del tiempo, con el mil como número de plenitud (XX, 7); y en XX, 9 sitúa el reinado de los santos con Cristo en el tiempo presente de la Iglesia. Wikipedia presenta la lectura como la sistematización agustiniana del amilenarismo, dominante en la Edad Media y la Reforma, y dice que Agustín fue antes premilenarista. Otras lecturas de Apocalipsis 20 están en El milenio: cuatro lecturas de Apocalipsis 20.

    Capítulo 8. Del atamiento y desatamiento del diablo

    XX, 8

    «Después de eso,» dice Juan, «debe ser desatado por un poco de tiempo.» Si el atamiento y encierro del diablo significa que se le impide seducir a la Iglesia, ¿su desatamiento debe ser la recuperación de esta capacidad? De ningún modo. Pues la Iglesia predestinada y elegida antes de la fundación del mundo, la Iglesia de la cual se dice: «El Señor conoce a los que son suyos,» jamás será seducida por él. Y sin embargo habrá una Iglesia en este mundo aun cuando el diablo sea desatado, como la ha habido desde el principio, y la habrá siempre, siendo llenados los lugares de los que mueren por nuevos creyentes. Pues poco después dice Juan que el diablo, siendo desatado, arrastrará a las naciones que ha seducido en todo el mundo a hacer guerra contra la Iglesia, y que el número de estos enemigos será como la arena del mar. «Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada: y descendió fuego de Dios desde el cielo y los devoró. Y el diablo que los sedujo fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde están la bestia y el falso profeta, y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.» [] Esto se refiere al juicio final, pero he creído oportuno mencionarlo ahora, no sea que alguien suponga que en ese breve tiempo durante el cual el diablo estará desatado no habrá Iglesia sobre la tierra, ya sea porque el diablo no encuentra Iglesia, o la destruye mediante múltiples persecuciones. El diablo, pues, no está atado durante todo el tiempo que abarca este libro —es decir, desde la primera venida de Cristo hasta el fin del mundo, cuando vendrá la segunda vez—, no atado en este sentido, que durante este intervalo, que lleva el nombre de mil años, no seducirá a la Iglesia, pues ni siquiera cuando sea desatado la seducirá. Pues ciertamente si su atamiento significa que no es capaz o no le está permitido seducir a la Iglesia, ¿qué puede significar su desatamiento sino que es capaz o le está permitido hacerlo? ¡Pero Dios no quiera que tal sea el caso! Sino que el atamiento del diablo es el impedimento del ejercicio de todo su poder para seducir a los hombres, ya sea forzándolos violentamente o engañándolos fraudulentamente para que tomen partido con él. Si durante tan largo período se le permitiera asaltar la debilidad de los hombres, muchísimas personas, tales como Dios no querría exponer a tal tentación, tendrían su fe derribada, o serían impedidas de creer; y para que esto no sucediera, está atado.
    Pero cuando llegue el breve tiempo será desatado. Pues rugirá con toda la fuerza de sí mismo y de sus ángeles durante tres años y seis meses; y aquellos con quienes haga guerra tendrán poder para resistir toda su violencia y estratagemas. Y si nunca fuera desatado, su poder malicioso sería menos patente, y se daría menos prueba de la firme fortaleza de la ciudad santa: en resumen, sería menos manifiesto qué buen uso hace el Todopoderoso de su gran mal. Pues el Todopoderoso no aparta absolutamente a los santos de su tentación, sino que protege sólo a su hombre interior, donde reside la fe, para que por la tentación exterior crezcan en gracia. Y lo ata para que no pueda, en el ejercicio libre y ávido de su malicia, impedir o destruir la fe de aquellos incontables débiles, ya creyentes o aún por creer, de los cuales la Iglesia debe ser aumentada y completada; y al final lo desatará, para que la ciudad de Dios vea cuán poderoso adversario ha conquistado, para gran gloria de su Redentor, Auxiliador, Libertador. ¿Y qué somos nosotros en comparación con aquellos creyentes y santos que entonces existirán, viendo que ellos serán probados por el desatamiento de un enemigo contra el cual nosotros hacemos guerra con el mayor peligro aun cuando está atado? Aunque también es cierto que incluso en este período intermedio ha habido y hay algunos soldados de Cristo tan sabios y fuertes, que si hubieran de estar vivos en esta condición mortal en el tiempo de su desatamiento, guardarían con suma sabiduría contra, y soportarían con suma paciencia, todas sus trampas y asaltos.
    Ahora bien, el diablo fue atado así no sólo cuando la Iglesia comenzó a extenderse más y más ampliamente entre las naciones más allá de Judea, sino que está y estará atado hasta el fin del mundo, cuando ha de ser desatado. Porque aun ahora los hombres son, y sin duda hasta el fin del mundo serán, convertidos a la fe desde la incredulidad en que él los tenía. Y este fuerte es atado en cada caso en que es despojado de uno de sus bienes; y el abismo en que está encerrado no termina cuando mueren aquellos que estaban vivos cuando por primera vez fue encerrado en él, sino que a éstos han sucedido, y hasta el fin del mundo sucederán, otros nacidos después de ellos con un odio semejante a los cristianos, y en la profundidad de cuyos corazones ciegos está continuamente encerrado como en un abismo. Pero es cuestión de si, durante estos tres años y seis meses cuando estará desatado, y rugiendo con toda su fuerza, alguien que no haya creído previamente se adherirá a la fe. Pues ¿cómo en ese caso se sostendrían las palabras: «¿Quién entra en la casa de un fuerte para saquear sus bienes, si primero no ha atado al fuerte?» En consecuencia, este versículo parece obligarnos a creer que durante ese tiempo, corto como es, nadie será añadido a la comunidad cristiana, sino que el diablo hará guerra contra aquellos que se han hecho cristianos previamente, y que, aunque algunos de éstos puedan ser conquistados y desertar al diablo, éstos no pertenecen al número predestinado de los hijos de Dios. Pues no sin razón dice Juan, el mismo apóstol que escribió este Apocalipsis, en su epístola respecto de ciertas personas: «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubieran sido de nosotros, sin duda habrían permanecido con nosotros.» [] ¿Pero qué será de los pequeñuelos? Pues está más allá de toda creencia que en esos días no se encuentren algunos niños cristianos nacidos, pero aún no bautizados, y que no haya también algunos nacidos durante ese mismo período; y si los hay, no podemos creer que sus padres no hallarán algún modo de llevarlos al lavacro de la regeneración. Pero si éste fuera el caso, ¿cómo serían arrebatados estos bienes al diablo cuando está desatado, ya que en su casa nadie entra a saquear sus bienes si no lo ha atado primero? Por el contrario, más bien hemos de creer que en esos días no faltarán ni de los que caen de la Iglesia, ni de los que se adhieren a ella; sino que habrá tal resolución, tanto en los padres para buscar el bautismo de sus pequeñuelos, como en aquellos que entonces crean por primera vez, que conquistarán a aquel fuerte, aun estando desatado —es decir, lo comprenderán vigilantemente y lo soportarán pacientemente, aunque emplee tales astucias y despliegue tal fuerza como nunca antes usó; y así serán arrebatados de él aun estando desatado. Y sin embargo el versículo del Evangelio no será falso: «¿Quién entra en la casa del fuerte para saquear sus bienes, si primero no ha atado al fuerte?» Pues conforme a esta verdadera sentencia se observa ese orden— primero el fuerte atado, y luego sus bienes saqueados; porque la Iglesia es tan aumentada por los débiles y fuertes de todas las naciones lejanas y cercanas, que por su fe robustísima en las cosas divinamente predichas y cumplidas, podrá saquear los bienes incluso del diablo desatado. Pues así como debemos reconocer que, «cuando abunde la iniquidad, el amor de muchos se enfriará,» [] y que aquellos que no han sido escritos en el libro de la vida cederán en gran número a las severas e inauditas persecuciones y estratagemas del diablo ya desatado, así no podemos sino pensar que no sólo aquellos a quienes ese tiempo encuentre sanos en la fe, sino también algunos que hasta entonces estén fuera, se harán firmes en la fe que hasta entonces han rechazado y poderosos para conquistar al diablo aun desatado, ayudándoles la gracia de Dios a entender las Escrituras, en las cuales, entre otras cosas, está predicho ese mismo fin que ellos mismos ven que llega. Y si esto fuera así, su atamiento ha de decirse que precede, para que siguiera un despojo de él tanto atado como desatado; pues de esto se dice: «¿Quién entrará en la casa del fuerte para saquear sus bienes, si primero no ha atado al fuerte?»

    Capítulo 9

    Qué es el reinado de los santos con Cristo durante mil años, y en qué se diferencia del reino eterno

    XX, 9

    Pero mientras el diablo está atado, los santos reinan con Cristo durante los mismos mil años, entendidos del mismo modo, es decir, del tiempo de su primera venida. Pues, dejando de lado aquel reino del cual dirá al fin: «Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino preparado para vosotros» [], la Iglesia no podría llamarse ahora su reino o el reino de los cielos si sus santos no estuvieran ya reinando con Él, aunque de otro modo y muy diferente; pues a sus santos dice: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» []. Ciertamente es en este tiempo presente cuando el escriba bien instruido en el reino de Dios, y del que ya hemos hablado, saca de su tesoro cosas nuevas y viejas. Y de la Iglesia recogerán los segadores la cizaña que Él permitió que creciera junto con el trigo hasta la siega, como explica con las palabras: «La siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles. Así como la cizaña es recogida y quemada en el fuego, así será en el fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino todos los escándalos» []. ¿Puede referirse a aquel reino en el que no hay escándalos? Entonces han de ser recogidos de su reino presente, la Iglesia. Así dice: «El que quebrante uno de estos mandamientos pequeñísimos, y así enseñe a los hombres, será llamado pequeñísimo en el reino de los cielos; pero el que los cumpla y enseñe será llamado grande en el reino de los cielos» []. Habla de ambos como estando en el reino de los cielos, tanto del hombre que no cumple los mandamientos que Él enseña —pues «quebrantar» significa no guardar, no cumplir— como del hombre que cumple y enseña como Él hizo; pero al uno lo llama pequeñísimo, al otro grande. Y añade inmediatamente: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos» —es decir, la justicia de los que quebrantan lo que enseñan; pues de los escribas y fariseos dice en otro lugar: «Porque dicen y no hacen» []—; si, por tanto, vuestra justicia no supera la de ellos, es decir, de modo que no quebrantéis sino que hagáis lo que enseñáis, «no entraréis en el reino de los cielos» []. Debemos entender en un sentido el reino de los cielos en el que existen juntos tanto el que quebranta lo que enseña como el que lo cumple, siendo el uno pequeñísimo y el otro grande, y en otro sentido el reino de los cielos en el que solo entrará quien cumple lo que enseña. En consecuencia, donde existen ambas clases, es la Iglesia tal como es ahora; pero donde solo existirá la una, es la Iglesia tal como está destinada a ser cuando no haya en ella persona malvada alguna. Por tanto, la Iglesia incluso ahora es el reino de Cristo, y el reino de los cielos. En consecuencia, incluso ahora sus santos reinan con Él, aunque de otro modo que como reinarán en el futuro; y sin embargo, aunque la cizaña crece en la Iglesia junto con el trigo, no reinan con Él. Pues reinan con Él quienes hacen lo que dice el apóstol: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Buscad las cosas de arriba, no las de la tierra» []. De tales personas dice también que su conversación está en los cielos []. En fin, reinan con Él quienes están de tal modo en su reino que ellos mismos son su reino. Pero ¿en qué sentido son reino de Cristo aquellos que, por no decir más, aunque están en él hasta que todos los escándalos sean recogidos de él al fin del mundo, buscan sin embargo sus propias cosas en él, y no las cosas que son de Cristo? []
    Es, pues, de este reino militante, en el que todavía se mantiene el conflicto con el enemigo y se hace la guerra contra las pasiones que guerrean, o se les impone gobierno a medida que ceden, hasta que lleguemos a aquel reino pacífico en el que reinaremos sin enemigo, y es de esta primera resurrección en la vida presente, de lo que habla el Apocalipsis en las palabras recién citadas. Pues, después de decir que el diablo es atado por mil años y luego suelto por un breve tiempo, continúa dando un bosquejo de lo que la Iglesia hace o de lo que se hace en la Iglesia en aquellos días, con las palabras: «Y vi tronos, y a los que se sentaron sobre ellos, y se les dio el juicio». No ha de suponerse que esto se refiera al juicio final, sino a los asientos de los gobernantes y a los gobernantes mismos por quienes la Iglesia es ahora gobernada. Y no puede darse mejor interpretación de que el juicio les fue dado que la que tenemos en las palabras: «Lo que atéis en la tierra será atado en el cielo; y lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo» []. De donde el apóstol dice: «¿Qué tengo yo que ver con juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?» [] «Y las almas», dice Juan, «de los que fueron degollados por el testimonio de Jesús y por la palabra de Dios» —entendiendo lo que después dice: «reinaron con Cristo mil años» []—, es decir, las almas de los mártires aún no restituidas a sus cuerpos. Pues las almas de los muertos piadosos no están separadas de la Iglesia, que incluso ahora es el reino de Cristo; de otro modo no se haría memoria de ellos en el altar de Dios al participar del cuerpo de Cristo, ni serviría de nada en el peligro acudir a su bautismo, para no pasar de esta vida sin él; ni a la reconciliación, si por penitencia o mala conciencia alguien pudiera ser separado de su cuerpo. Pues ¿por qué se practican estas cosas, sino porque los fieles, aunque muertos, son sus miembros? Por tanto, mientras estos mil años transcurren, sus almas reinan con Él, aunque todavía no en unión con sus cuerpos. Y por eso en otra parte de este mismo libro leemos: «Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor desde ahora en adelante; sí, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos; porque sus obras los siguen» []. La Iglesia, pues, comienza su reinado con Cristo ahora en los vivos y en los muertos. Pues, como dice el apóstol: «Cristo murió para ser Señor tanto de los vivos como de los muertos» []. Pero mencionó las almas de los mártires solamente, porque quienes han contendido hasta la muerte por la verdad, esos principalmente reinan después de la muerte; pero, tomando la parte por el todo, entendemos las palabras de todos los demás que pertenecen a la Iglesia, que es el reino de Cristo.
    En cuanto a las palabras que siguen: «Y si alguno no ha adorado a la bestia ni a su imagen, ni ha recibido su marca en la frente o en la mano», debemos tomarlas de los vivos y de los muertos. Y qué sea esta bestia, aunque requiere una investigación más cuidadosa, no es sin embargo incompatible con la verdadera fe entenderla de la ciudad impía misma, y de la comunidad de incrédulos puesta en oposición al pueblo fiel y a la ciudad de Dios. «Su imagen» me parece significar su simulación, a saber, en aquellos hombres que profesan creer, pero viven como incrédulos. Pues fingen ser lo que no son, y son llamados cristianos, no por una verdadera semejanza sino por una imagen engañosa. Pues a esta bestia pertenecen no solo los enemigos declarados del nombre de Cristo y de su gloriosísima ciudad, sino también la cizaña que ha de ser recogida de su reino, la Iglesia, al fin del mundo. ¿Y quiénes son los que no adoran a la bestia y a su imagen, sino los que hacen lo que dice el apóstol: «No os unzáis en yugo desigual con los incrédulos» []? Pues tales no adoran, es decir, no consienten, no se someten; ni reciben la marca, el sello del crimen, en la frente por su profesión, en la mano por su práctica. Ellos, pues, los que están libres de estas contaminaciones, ya vivan aún en esta carne mortal, ya estén muertos, reinan con Cristo incluso ahora, durante todo este intervalo que se indica con los mil años, de una manera adecuada a este tiempo.
    «Los demás», dice, «no vivieron». Pues ahora es la hora en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán; y los demás no vivirán. Las palabras añadidas: «hasta que los mil años sean terminados», significan que no vivieron en el tiempo en que debían haber vivido pasando de la muerte a la vida. Y por tanto, cuando llegue el día de la resurrección corporal, saldrán de sus sepulcros, no para la vida, sino para el juicio, es decir, para la condenación, que se llama la segunda muerte. Pues quienquiera que no haya vivido hasta que los mil años sean terminados, es decir, durante todo este tiempo en que la primera resurrección se está realizando—quienquiera que no haya oído la voz del Hijo de Dios, y pasado de la muerte a la vida—, ese hombre ciertamente en la segunda resurrección, la resurrección de la carne, pasará con su carne a la segunda muerte. Pues continúa diciendo: «Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección», o que la experimenta. Ahora la experimenta quien no solo revive de la muerte del pecado, sino que continúa en esta vida renovada. «En estos la segunda muerte no tiene poder». Por tanto lo tiene en los demás, de quienes dijo arriba: «Los demás no vivieron hasta que los mil años fueron terminados»; pues en todo este tiempo intermedio llamado mil años, por vigorosamente que vivieran en el cuerpo, no fueron vivificados para la vida de aquella muerte en que su maldad los tenía retenidos, de modo que por esta vida revivida se hicieran partícipes de la primera resurrección, y así la segunda muerte no tuviera poder sobre ellos.

    Capítulo 10

    Qué ha de responderse a quienes piensan que la resurrección pertenece solo a los cuerpos y no a las almas

    XX, 10

    Hay algunos que suponen que la resurrección puede predicarse solo del cuerpo, y por tanto sostienen que esta primera resurrección (del Apocalipsis) es una resurrección corporal. Pues, dicen, «resurgir» solo puede decirse de cosas que caen. Ahora bien, los cuerpos caen en la muerte. No puede haber, por tanto, resurrección de almas, sino de cuerpos. Pero ¿qué dicen al apóstol que habla de una resurrección de almas? Pues ciertamente fue en el hombre interior y no en el exterior que habían resucitado aquellos a quienes dice: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba» []. El mismo sentido expresó en otro lugar con otras palabras, diciendo: «Que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida» []. Así también: «Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y Cristo te iluminará []». En cuanto a lo que dicen de que nada puede resurgir sino lo que cae, de donde concluyen que la resurrección pertenece solo a los cuerpos, y no a las almas, porque los cuerpos caen, ¿por qué no hacen caso de las palabras: «Los que teméis al Señor, esperad su misericordia; y no os desviéis, no sea que caigáis» [Sirácide 2:7]; y «Para su propio señor está en pie o cae» []; y «El que piensa estar en pie, mire que no caiga» []? Pues supongo que esta caída contra la que hemos de precavernos es una caída del alma, no del cuerpo. Si, pues, el resurgir pertenece a las cosas que caen, y las almas caen, ha de reconocerse que las almas también resucitan. A las palabras: «En ellos la segunda muerte no tiene poder», se añaden las palabras: «sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años»; y esto no se refiere solo a los obispos y presbíteros, que ahora son especialmente llamados sacerdotes en la Iglesia; sino que, como llamamos cristianos a todos los fieles a causa del crisma místico, así llamamos sacerdotes a todos porque son miembros del único Sacerdote. De ellos dice el apóstol Pedro: «Un pueblo santo, un sacerdocio real» []. Ciertamente dio a entender, aunque de paso e incidentalmente, que Cristo es Dios, diciendo sacerdotes de Dios y de Cristo, es decir, del Padre y del Hijo, aunque fue en su forma de siervo y como Hijo del hombre que Cristo fue hecho Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. Pero esto ya lo hemos explicado más de una vez.

    Capítulo 11

    De Gog y Magog, que serán incitados por el diablo a perseguir a la Iglesia, cuando sea suelto al fin del mundo

    XX, 11

    «Y cuando los mil años sean terminados, Satanás será suelto de su prisión, y saldrá a seducir a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, y los reunirá para la batalla, cuyo número es como la arena del mar». Este es, pues, su propósito al seducirlos: reunirlos para esta batalla. Pues incluso antes de esto solía emplear tantas y tan variadas seducciones como podía. Y las palabras «saldrá» significan: irrumpirá del odio oculto a la persecución abierta. Pues esta persecución, que ocurrirá cuando el juicio final sea inminente, será la última que sufrirá la santa Iglesia en todo el mundo, siendo asaltada toda la ciudad de Cristo por toda la ciudad del diablo, tal como cada una existe en la tierra. Pues estas naciones que él llama Gog y Magog no han de entenderse como algunas naciones bárbaras en alguna parte del mundo, ya sean los getas y masagetas, como algunos concluyen por las letras iniciales, u otras naciones extranjeras no bajo el gobierno romano. Pues Juan señala que están extendidas por toda la tierra, cuando dice: «Las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra», y añadió que estas son Gog y Magog. El significado de estos nombres encontramos que es: Gog, «un techo»; Magog, «de un techo»— una casa, por así decirlo, y el que sale de la casa. Son, por tanto, las naciones en las que encontramos que el diablo estaba encerrado como en un abismo, y el diablo mismo saliendo de ellas y yendo adelante, de modo que ellas son el techo, él del techo. O si referimos ambas palabras a las naciones, no una a ellas y otra al diablo, entonces ambas son el techo, porque en ellas el viejo enemigo está actualmente encerrado, y como techado; y ellas serán del techo cuando irrumpan del odio oculto al odio abierto. Las palabras: «Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada», no significan que han venido, o vendrán, a un solo lugar, como si el campamento de los santos y la ciudad amada estuvieran en un solo lugar; pues este campamento no es otra cosa que la Iglesia de Cristo extendida por todo el mundo. Y en consecuencia, dondequiera que esté la Iglesia—y estará en todas las naciones, como se significa con «la anchura de la tierra»—, allí también estará el campamento de los santos y la ciudad amada, y allí será rodeado por la persecución salvaje de todos sus enemigos; pues ellos también existirán junto con ella en todas las naciones—es decir, será angustiada, y apremiada, y encerrada en las estrecheces de la tribulación, pero no abandonará su deber militar, que se significa con la palabra «campamento».
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